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El espíritu y la ciencia

EL ESPÍRITU Y LA CIENCIA

Se acerca el tiempo en que las revelaciones espirituales, descubran al hombre la senda luminosa que lo lleve a conocer los misterios de la Creación. La luz de mi Espíritu le revelará la forma de adquirir la verdadera ciencia, que le permitirá ser reconocido y obedecido por las criaturas que le rodean y por los elementos naturales. Así se cumplirá mi Voluntad de que el hombre llegue a enseñorearse de la Tierra, cuando su espíritu, iluminado por la conciencia, haya impuesto su potestad y su luz sobre las flaquezas de la materia.

Cuando el mundo atraviesa por una Era de desorientación y no comprende los misterios que entraña la vida espiritual, viene la claridad de mi Palabra a iluminarle. Los científicos consagran todo su tiempo y su fuerza mental, para descubrir en la Naturaleza la respuesta a muchas interrogaciones y dudas que la vida les presenta, y ella responde a ese llamado, para dar testimonio de su Creador, que es fuente inagotable de sabiduría y amor.

Mas no confiéis sólo en los conocimientos humanos, porque la luz de la mente es limitada para conducir al espíritu a la presencia de Dios. Bien están los estudios útiles de la ciencia, la dedicación con que habéis penetrado en ella, mas cuando lo hagáis con amor y respeto, para llevar un buen fruto a los labios de vuestros hermanos, vosotros mismos saborearéis su dulzura: Unid los frutos de la ciencia con los del espíritu.

El amor os dará la inspiración para dignificar y superar vuestra ciencia, cuando comprendáis que esos conocimientos son tan solo un destello de mi Sabiduría.

De cierto os digo que después de esta Era de ciencia materializada y egoísta, vendrá un tiempo en que los científicos sabrán penetrar en los arcanos de la naturaleza, preparados espiritualmente con la oración, revestidos de humildad y respeto, inspirados en ideas y propósitos nobles, elevados, humanos.

A grandes pasos se acerca la humanidad hacia el fin de este mundo creado por la ciencia del hombre, de este mundo falso y superficial, y será el hombre quien por su propia mano destruya la obra que su orgullo y su codicia construyeron. Luego vendrá el silencio, la meditación y con ello, la regeneración y los propósitos e ideales elevados. Ante los hombres, se abrirá una nueva Era y en ella penetrará la humanidad purificada en el dolor y acrisolada por la experiencia. Un nuevo mundo se presentará ante ellos, un mundo guiado por el espíritu, iluminado por la conciencia, encauzado por mi Ley.

Existen muchas formas de hacer el bien, de consolar y servir, y todas son expresiones del amor, que es sabiduría del espíritu. Unos podrán ir por el camino de la ciencia, otros por el del espíritu, algunos por el del sentimiento, y el conjunto de todos formará la armonía espiritual: Yo hablo a vuestra conciencia, a vuestro espíritu y a vuestra razón.

Contemplo un mundo transformado por la ciencia humana, ésta es su Era, el tiempo de su reinado. ¡Una nueva Babel ha sido levantada, una nueva torre de soberbia y vanidad; desde su altura desafían los hombres mi Poder y humillan a los débiles! Ese no es el camino para llegar a Mí, no porque Yo desconozca la ciencia, ya que ella es sabiduría que he puesto en la mente humana, sino por el mal uso que de ella se ha hecho.

Os confié la ciencia como un árbol al que deberíais cultivar con amor, respeto y celo, para que de él brotasen frutos de buen sabor. ¿Creéis haber cultivado bien ese árbol? No, porque sus frutos han sido de destrucción y de dolor, y en lugar de dar vida han sembrado la muerte.

¡Qué equivocada está la ciencia humana! Mas a pesar de ello, Yo la bendigo, cuando está encauzada para beneficio de la humanidad.

Ahora vengo a hablaros del espíritu, de una vida superior, que está más allá de todo lo que es materia. Este es el tiempo en que se hablará mucho de espíritu y ciencia. La ciencia no es sólo privilegio de los que se preparan materialmente para estudiarla, porque es luz que brota del espíritu y está en todos mis hijos. Por eso no penséis que mi Palabra tiene por sistema juzgar mal vuestras obras o condenar lo que haya logrado vuestra ciencia. No, discípulos, no soy Yo quien os dice que estáis a un paso del abismo, son los hechos, los resultados de vuestra falta de espiritualidad.

Si los hombres de ciencia que mueven y transforman el mundo, estuviesen inspirados en el bien, ya habrían descubierto todo cuanto les tengo reservado y no esa mínima parte con la que tanto se han envanecido.

Salomón fue llamado sabio, porque sus juicios, consejos y sentencias, estaban revestidos de sabiduría. Mas ese varón siendo rey, se postraba humildemente a su Señor pidiendo sabiduría, poder y protección, reconociendo que sólo era mi siervo y ante Mí depositaba su cetro y su corona. Si así hiciesen los sabios, los científicos, los gobernantes, ¡cuán grande sería su sabiduría!, ¡cuántas enseñanzas aún desconocidas, les revelaría mi Arcano!

Ya veis cómo vosotros, humildes materialmente, habéis recibido muchas lecciones que no os han revelado los sabios ni los científicos.

Ahora bien, ¿a qué llaman los hombres sobrenatural, si todo en Mí y en mi creación es natural? ¿No serán más bien las obras imperfectas de los hombres las sobrenaturales, ya que lo natural sería que siempre obrasen bien, procediendo de quien vienen y poseyendo los atributos que en sí llevan? Llamáis sobrenatural a todo lo que desconocéis o miráis envuelto en misterio, pero cuando vuestro espíritu conquiste con méritos su elevación, encontrará que todo en la Creación es natural. En mi Obra perfecta, es el pecado el antinatural. Si unos siglos atrás se hubieran anunciado a la humanidad los adelantos y descubrimientos que en estos tiempos ha logrado el hombre, hasta los científicos habrían dudado y hubieran considerado como sobrenaturales tales maravillas. Ahora que habéis evolucionado, aunque os maravilláis, los contempláis como obras naturales.

Espiritualistas y materialistas han existido siempre en la humanidad, así como también la lucha de ideas entre unos y otros, pugnando cada uno por demostrar que posee la verdad. Mi Presencia espiritual en este tiempo ha venido a contestar todas vuestras interrogaciones y a probaros que ni los que han luchado por la espiritualidad ni los que proclaman como única verdad el conocimiento material, tienen razón; los primeros han pecado de fanáticos y los segundos de necios. No se han dado cuenta de que unos y otros llevan una parte de esa verdad, que no han sabido armonizar, conciliar y unir con amor.

Cuando mi Palabra llegue a todos mis hijos, en los hombres de ciencia será como un rayo de luz que ilumine su mente. Y cuando descubran la alianza que existe entre Dios y el hombre, habrán dado un paso de adelanto que será en beneficio de las nuevas generaciones, porque todo marchará en perfecta armonía. Hombres y acontecimientos evolucionan hacia la perfección, sin detener su marcha. Escuchando mi Enseñanza podréis comprender y hasta presentir, el caos de ideas que se aproxima.

Cuando ya no sea la mente la que lleve al espíritu a observar o a profundizar en la ciencia, sino el espíritu el que eleve y guíe a la mente, el hombre descubrirá lo que ahora le parece inescrutable y que, sin embargo, está destinado a conocer, al espiritualizar su inteligencia. Entonces veréis que en el conocimiento de la vida, en la experiencia acumulada, está la verdadera ciencia, en la que está la luz eterna del espíritu.

El hombre ha desarrollado su ciencia y siente que ha llegado a un límite, mas no es que el conocimiento pueda tener límites, es que me he interpuesto en el camino del científico, para hacerlo meditar sobre su obra, hacerle oír la voz de su conciencia y esperar su rectificación.

Cuando el hombre aplique su ciencia al bien de sus hermanos, la naturaleza desbordará sobre él sus secretos y como sierva quedará a sus pies; la Fuente de la Vida, le revelará grandes misterios, para que edifique un mundo fuerte en la ciencia del bien, en la justicia y en el amor.

Al hombre le fue revelado el principio de ciencias, cuyo don todos poseéis. Esta Doctrina es una ciencia superior que os enseña a perfeccionar al espíritu; no tiene límites, es Universal, en ella encontraréis el verdadero conocimiento de la vida espiritual y de la vida material. Hoy os digo que materia y espíritu no son fuerzas opuestas, entre ambas debe existir armonía.

Yo he enviado grandes espíritus a la Tierra para que os revelen la vida espiritual, aquélla que se encuentra sobre la naturaleza, más allá de vuestra ciencia. Y por medio de esas revelaciones, ha sido presentida la existencia de un Ser universal, creador, omnipotente y omnipresente, quien reserva una existencia al hombre después de su muerte corpórea: la vida eterna del espíritu.

La ciencia es luz, vida, salud y paz, ¿es esto el fruto de vuestra ciencia? No, humanidad, por eso os digo que mientras no dejéis que la luz de la conciencia detenga la reaciedad de vuestro entendimiento, vuestras obras no podrán tener un principio elevado, espiritual; nunca pasarán de ser obras humanas.

La ciencia verdadera, la del bien, está en Mí y Yo soy quien la inspira a los que me han ofrecido su mente como un depósito para mis Revelaciones.

La prueba de que vuestro adelanto científico no ha tenido por móvil el amor de los unos a los otros, es la degeneración moral de los pueblos, es la guerra fratricida, es el hambre y la miseria que reinan por doquiera, es la ignorancia espiritual.

Recordad que soy el principio y el fin. Yo he dado luz a los hombres y me he recreado en sus obras cuando las han puesto al servicio del bien, del desarrollo del espíritu y la mente, mas cuando han puesto sus dones al servicio del mal y de la vanidad, entonces han torcido la senda y me han desconocido. Pero mi Voluntad ha sido servirme de ellos para llevar a cabo mis planes Divinos, tomándolos como instrumentos de mi Justicia.

Analizad la ciencia de estos tiempos y veréis que sus frutos son amargos, porque el hombre ha penetrado sin respeto en mis Arcanos y sólo cree en lo que ve y en lo que palpa, mas todo lo que está más allá de su comprensión, lo niega.

Cuando la humanidad creía que sólo existía lo que sus ojos alcanzaban a descubrir, concebía a un Dios limitado, pero a medida que su mente fue profundizando en las diferentes ciencias, su universo se fue ensanchando ante su vista, y la grandeza y omnipotencia de Dios fueron creciendo ante le inteligencia maravillada del hombre. Por eso he traído a vosotros en este tiempo una enseñanza que esté de acuerdo con la evolución que habéis alcanzado.

El desarrollo de la ciencia humana, es prueba de que el espíritu ha evolucionado y en cada Era ha ido dejando la huella de su adelanto. Día llegará en que las mismas ciencias colaboren con el progreso del espíritu, porque todo está destinado a ese fin.

La ciencia no se detendrá en su camino y el científico penetrará en mi Doctrina para estudiarla y se maravillará con mis Revelaciones, e inspirado por ellas, hará obras benéficas que llevarán al adelanto y al progreso al espíritu.

Señalados están aquéllos que van a morar el mundo en el tiempo de gracia, y lo que fue valle de lágrimas, campo de destrucción y de muerte, será convertido en valle de paz.

Será el tiempo propicio para el desarrollo y florecimiento de los dones. Entonces la ciencia no se interpondrá al avance del espíritu y Yo le concederé penetrar aún más en mis Arcanos, donde le esclareceré grandes misterios, para beneficio de la humanidad.

En todos los tiempos los hombres de ciencia han desmentido y combatido mis Revelaciones y manifestaciones espirituales. Mas Yo no combato la ciencia, porque YO SOY LA CIENCIA. Soy quien la inspira al hombre para beneficio y recreo de él mismo. En verdad os digo que quien toma la ciencia para causar mal, ése no ha sido inspirado por Mí.

Mientras los científicos tratan de explicarlo todo a través de sus conocimientos materiales, Yo revelo a los humildes la vida espiritual, la vida esencial, en la cual está el por qué, la razón y la explicación de todo lo que existe.

La ciencia va a detenerse. Muchos sabios se confundirán y encontrarán inútil su saber, porque el conocimiento adquirido no les habrá conducido al bienestar y a la paz del espíritu. Cuando lleguen a esa conclusión, me buscarán, anhelarán conocer la esencia y la finalidad de la vida espiritual y me pedirán, humildemente, penetrar en mis Arcanos, y Yo les concederé ir hasta donde sea mi Voluntad.

Os quiero grandes de entendimiento, sabios en las enseñanzas que os he inspirado teniendo siempre por faro a vuestra conciencia en todos vuestros pasos: entonces veréis desarrollarse las virtudes en vuestro espíritu y también contemplaréis cómo llega la salud y la fuerza a vuestra materia. El Árbol de la Ciencia según lo han cultivado los hombres no se encuentra dando buenos frutos a la humanidad, mas Yo voy a daros el agua cristalina del amor, para que lo reguéis y veáis cuán diferente va a ser la cosecha de ese mismo árbol.

Antes de que descubráis en mi Enseñanza el secreto para cultivar el Árbol de la Ciencia, éste será azotado por fuertes huracanes que harán caer hasta el último de sus malos frutos y lo dejarán limpio. Después de ese vendaval, comenzará a brillar en vuestro espíritu una nueva luz, la cual se reflejará en todas las sendas de la vida humana: el día en que los hombres inspiren su ciencia y su progreso en el amor, harán de este mundo un paraíso lleno de vida, luz y salud, nunca antes soñado.

Cuando la vida del hombre se desarrolle en un ambiente de paz, su ciencia será más profunda y su inspiración más elevada.

Concebid una humanidad que consagre su ciencia y talento al servicio de ella misma, que sin fanatismo ni idolatría rinda culto agradable a Dios, que los placeres sean saludables y sus goces sanos al cuerpo y al espíritu; así tendréis un mundo nuevo, moral, científico y espiritualmente elevado.

Y cuando la espiritualidad sea en el corazón de la humanidad, verá que su pensamiento se eleva hacia otros mundos y los sentirá penetrar en su corazón. Entonces habrá alcanzado una elevación tan grande que le permitirá sentir la presencia del Reino de los Cielos.

¡Mi paz sea con vosotros!

La familia

LA FAMILIA

La primera institución en el mundo fue el matrimonio, consagrada por el Padre desde que habitasteis por vez primera la Tierra. A través de los tiempos, mi Ley y mis Revelaciones os han confirmado lo elevado de esa misión, cuyas bases son el amor y la comprensión.

En el hombre y la mujer he derramado dones preciosos para que logren su perfeccionamiento. Quiero que edifiquéis sobre bases firmes el futuro de la humanidad. Yo, que presido vuestros actos, os bendeciré y multiplicaré vuestra simiente.

De la dicha de ser padre, quise participaros y os hice padres de los hombres, para que forjaseis seres semejantes a vosotros, en los que encarnarían los espíritus destinados por Mí. Si en lo Divino y eterno existe amor maternal, quise que en la vida humana existiese un ser que lo representara: la mujer. Sobre el varón y la mujer he derramado sabiduría y amor, he puesto en sus hombros una cruz y les he marcado un destino perfecto.

He ahí dos seres que sólo unidos podrán sentirse completos, perfectos y felices, porque con su armonía formarán una sola carne, una sola voluntad y un solo ideal.

La ley del matrimonio descendió, como una luz que habló a través de la conciencia de los primeros, para que reconociesen que esa unión significa un pacto con el Creador. El fruto fue el hijo, en el que se fundieron la sangre de sus padres como una prueba de su unión indisoluble. Esa dicha que el padre y la madre sienten cuando han dado un hijo al mundo, es semejante a la que el Creador gozó cuando se hizo Padre y dio vida a sus hijos muy amados.

Todos los cargos que os doy son de gran trascendencia y responsabilidad; mientras a unos les concedo la paternidad, a otros los convierto en guías espirituales de una porción o en gobernantes de un pueblo. Bendito aquel que se eleve más allá de la materia y busque en Mí la fuerza y la luz, pues estará en comunicación conmigo y Yo le sostendré en todas sus pruebas, a través del cumplimiento de su misión.

En el Segundo Tiempo por medio de Jesús, gusté de visitar a las familias. Mi presencia en los hogares santificaba aquella unión y bendecía sus frutos. Hablaba a la niñez, a la juventud, a los hombres de edad madura y a los ancianos; al mancebo, a la doncella, al padre de familia, a la esposa y a la madre, porque era menester reconstruirlo todo y dar nuevas luces sobre la forma de vivir en este mundo, que es una etapa de la vida espiritual.

Yo enaltezco al varón y dignifico el lugar de la mujer, santifico el matrimonio y bendigo a la familia. En este tiempo vengo con espada de amor a colocar todas las cosas en su sitio, las cuales fueron puestas fuera de él por el hombre.

Haced de vuestro hogar un segundo templo, de vuestros afectos un segundo culto. Si queréis amarme, amad a vuestra esposa y a vuestros hijos, porque también de ese templo brotarán grandes obras, pensamientos y ejemplos.

El destino de los padres y de los hijos está en Mí, mas a unos y a otros toca ayudarse mutuamente en sus misiones y restituciones.

¡Cuán liviana seria la cruz y llevadera la existencia, si todos los padres y los hijos se amasen! Las pruebas más grandes, serían atenuadas por el cariño y la comprensión. Su conformidad ante la voluntad Divina, la verían recompensada con la paz.

Padres de familia: evitad errores y malos ejemplos. No os exijo perfección, solamente amor y caridad para vuestros hijos. Preparaos de espíritu y materia, porque en el Más Allá, grandes legiones de espíritus esperan el instante de encarnar entre vosotros.

Quiero una nueva humanidad que crezca y se multiplique no sólo en número sino en virtudes, para que contemple cercana la Ciudad prometida y sus hijos alcancen a morar en la Nueva Jerusalén. Quiero que se llene la Tierra de hombres de buena voluntad que sean frutos de amor.

Yo he colocado a la mujer a la diestra del hombre para endulzar su existencia, para llenarla de encanto. Es el hombre en la vida de la mujer, escudo y guardián, porque en él he puesto mi luz, mi Ley, mi Fuerza. Así os he unido en este mundo, trazándoos el camino que debéis seguir.

Mujeres benditas: entre el espíritu del varón y el vuestro no existe diferencia, aunque físicamente seáis distintos y también distinta la misión del uno y de la otra. Tomad como maestro de vuestro espíritu a Cristo y seguidle por la senda trazada con su amor; haced vuestra su palabra y abrazaos a su cruz. Estoy hablando a vuestro espíritu con la misma palabra que entrego a los hombres, porque espiritualmente sois iguales. Sin embargo, cuando vuestro corazón busque un modelo a quien imitar, cuando necesitéis de ejemplos perfectos en qué apoyaros para perfeccionaros en la vida, recordad a María y observadla a lo largo de su jornada en la Tierra.

En mi nuevo apostolado estará la mujer al lado del varón, lo mismo la doncella que la madre, porque vuelvo a deciros que es a vuestro espíritu al que busco.

Desde antes que llegaseis a la Tierra, Yo ya conocía vuestra trayectoria e inclinaciones y, para ayudaros en vuestra jornada, puse en vuestro camino, lo mismo del hombre que de la mujer, a un corazón que con su amor iluminara vuestro sendero. Así he querido ayudaros, para que no estéis solos y lleguéis a ser un báculo de fe, de fuerza moral y de caridad para todos los que os rodean.

No pretexten los padres que por cumplir con los deberes de familia, no puedan hacer el bien a los demás. No me digan los varones que se sienten incapaces para enseñar a practicar mi Ley. A todos os señalo en vuestro camino las ocasiones en que debéis sembrar mi Semilla, sin desatender vuestros deberes. Servidme y Yo os serviré.

Se presentan ante Mí un mancebo y una doncella, para pedirme que su unión sea bendecida y sancionada por mi Amor.

Yo os recibo, hijos míos. Venís a celebrar vuestra unión y os digo: Ha mucho tiempo que estáis unidos espiritualmente, pero es menester que los hombres celebren un acto que atestigüe la comunión, el matrimonio de dos seres, para que sea reconocido y respetado espiritual y humanamente.

No asistís a una ceremonia, venís a recibir una caricia, un consejo de Padre y una enseñanza de Maestro.

Sois dos espíritus, dos corazones, que os uniréis para formar un solo ser y una sola voluntad. Habéis estado distantes en diferentes mundos y al llegar a la Tierra, primero el uno y después la otra, os he probado en vuestro amor y en vuestra paciencia. Habéis sabido cumplir vuestras promesas, venciendo con amor y fe todos los obstáculos.

Estáis ante la presencia de vuestro Señor, que engalana vuestro espíritu y lo fortalece, para que cumpláis con esta delicada misión que os señalo, la más sublime que he dado al hombre en la Tierra.

Vais a penetrar en esa institución de amor, de sacrificio y vida, de obediencia al destino y de renunciaciones en cumplimiento de un ideal. Venís en pos de la luz y ésta la derramo a raudales sobre vosotros, para que vuestro paso sea firme en la nueva senda.

Varón: Los dones que concedí al primer hombre en la Tierra, los he dado a vos: el talento, la voluntad y la energía; también la fuerza y la simiente de vida. Lleváis simbólicamente en vuestra diestra una espada y en la siniestra un escudo, porque la vida terrestre es una lucha en la cual los hombres sois soldados, guardianes de la paz, de la justicia y la virtud, defensores de la humanidad. Yo os hago soldado de esta lucha y pongo a vuestra diestra, junto a vuestro corazón, a una doncella. Ella es espiritual, moral y corporalmente, una flor cultivada por Mí en un jardín codiciado por las pasiones humanas, el cual María, la Madre Divina, cuida y protege siempre, y riega con las aguas cristalinas y puras de su virginidad y castidad.

Me habéis pedido con humildad esta flor y Yo os la entrego con amor. Esto es lo más grande que puede poseer el hombre en esta vida. No estáis ya ligados a vuestros padres, porque para cumplir este destino os alejáis de ellos y quedáis en la senda de la lucha. Vuestros hijos también, cuando sea llegado el tiempo de ir en busca de su destino, se alejarán de vosotros, abandonarán el hogar paterno y sólo quedará cerca del corazón del hombre, la compañera de su vida, la mujer que eligió, la que habrá compartido sus alegrías y sufrimientos, y cuya unión sólo la muerte puede separar. Es mi Verbo de amor el que os está enlazando y dando fuerza a vuestro propósito.

¡Levantad vuestra frente, caminad con paso firme; sed el uno para el otro como un báculo! Sed un manto amoroso que enjugue el llanto, os digo a los dos, porque espiritualmente ambos sois iguales, no existe sexo o diferencia en el espíritu, no está ninguno de los dos antes que el otro.

Ser hombre para un espíritu, es prueba a que os someto. Ser mujer para un espíritu, significa responsabilidad y abnegación. En el hombre está la fuerza y debe usar siempre la comprensión; en la mujer, preparada con ternura y sensibilidad, anidan el amor y el sacrificio: el uno y la otra se complementan. De esa unión, de esa comunión de espíritus y cuerpos, de esa semilla y de esa tierra fecunda, brota la vida como un río inagotable.

Yo os bendigo y os uno con mi abrazo de Maestro, con mi ósculo Divino. Os dejo como un ejemplo, porque llegáis con preparación espiritual y con respeto. El pueblo os sirve de testigo y a él hago responsable de vosotros. Quiero que ellos, con su elevación en este instante, siembren de ventura vuestro sendero, gocen siempre al mirar en vosotros la sonrisa y la paz, y os bendigan en vuestra multiplicación, como Yo os bendigo. Esta es mi Voluntad.

No ha sido la mano de un ministro la que ha sancionado vuestra unión, sino mi Ley eterna, mi Amor.

María os bendice también, os da calor y ternura y os invita a ir por la senda de la virtud paso a paso, con esa humildad y paciencia de que os ha dado ejemplo siempre. Yo os bendigo y os uno.

He aquí, discípulos, mis últimas manifestaciones por el conducto humano. Me preguntáis: -¿Cómo celebraremos en el futuro el acto de la unión matrimonial? Y Yo os contesto: Hacedlo en el seno de vuestra congregación; uníos delante de los que se hayan preparado como apóstoles de esta Doctrina. Mas no os unirán ellos, porque este cargo no lo he conferido a hombre alguno. Yo poseo vuestro destino y vuestra alianza quedará escrita imborrablemente en el Libro eterno.

Vendrán hermanos vuestros de diferentes religiones a escudriñaros, y mientras unos comprenderán la verdad de este acto espiritual, otros se escandalizarán. Pero vosotros demostraréis con vuestras obras virtuosas, que habéis sido bendecidos por Mí y vuestra unión es indisoluble.

Todavía la elevación e intuición del hombre no es tan grande, como para contemplar que dos seres se unen en santo lazo en mi Nombre, sin haber sido unidos por un ministro. Pero ese tiempo vendrá y entonces no habrá duda en el hombre ni en la mujer, cuando se encuentren. Ellos conocerán la hora destinada por Mí y sabrán prepararse, para penetrar con firmeza y confianza en su unión matrimonial, y la sociedad no los juzgará mal por no haber sido sancionada por un ministro ante un altar. Volveréis a ser como en los tiempos patriarcales, en que la unión de los seres sé hacia espiritualmente.

Ese tiempo llegará, mas por ahora, mientras el mundo se eleva en espíritu, practicad como os he enseñado en este día, con la mayor fraternidad, espiritualidad y regocijo.

Cuando los hombres de paz y buena voluntad abunden en la Tierra, veréis florecer mis Divinas instituciones y mis leyes endulzarán vuestra vida. Los tiempos de paz, concordia y bienestar, volverán sin mengua de vuestra civilización y vuestra ciencia. Antes bien os digo, que si el hombre ha descubierto mucho y ha arrancado a la naturaleza sus secretos, aun en medio de su impreparación y carencia de amor y caridad, ¡cuánto más alcanzará, cuando se eleve a Mí y me pida la luz en su ser, para hacer grandes obras en bien de la humanidad! Yo les concederé transformar este mundo en un valle de luz, de redención y bienestar para todos mis hijos, porque quiero que poseáis mi Sabiduría y mi Paz.

Enseñad a los niños a dar sus primeros pasos en su vida. Facilitadles el camino para que ellos puedan elevarse, encontrarme y amarme.

Tened en cuenta que en cada nueva generación que surja entre vosotros, irá siendo mayor el adelanto espiritual. Haced uso de la intuición para guiarles y no les deis malos ejemplos ni frutos vanos.

Yo aconsejo a los padres de familia, que así como se preocupan por el futuro material de sus hijos, lo hagan también por su futuro espiritual, para que cumplan la misión que hayan traído al mundo. Pensad que esos seres, antes de encarnar, ya han orado por vosotros, os han protegido y ayudado en vuestra lucha; ahora os corresponde a vosotros sostenerlos en los primeros pasos que, a través de la carne frágil, van dando en la Tierra. Haced que ellos penetren en el camino de mi Ley. Despertad sus sentimientos, reveladles sus dones e inducidles siempre al bien.

¡Ah, si desde sus primeros pasos en la Tierra escuchasen en los labios de sus padres una doctrina sabia, fortificante y consoladora, cuánto ayudaría esto a su espíritu para guiarlo hacia Mí!

El niño intuye que es impotente para luchar por si mismo y deposita toda su confianza en sus padres. Nada teme cuando se encuentran a su lado, sólo espera y sabe que nada le faltará. Luego va descubriendo que en ellos existe una fuente de saber, de ternura y de vida, y que en su compañía llega a experimentar la felicidad.

Discípulos: explicad mi Palabra y mis Lecciones a la niñez, mi Doctrina no distingue edades ni sexos: es para el espíritu. Simplificadles mi Enseñanza para que esté al alcance de su mente, pero nunca olvidéis que la mejor forma de educarlos, será a través de la virtud de vuestra vida, en la que ellos verán obras de caridad y paciencia, de humildad y espiritualidad. Ésa será la mejor forma de doctrinar.

Explicadles que la oración es el lenguaje en que me habláis de vuestras cuitas y me dais gracias. Habladles de Jesús, de María y de todos los hombres y mujeres que han traído al mundo un mensaje de luz; así les trazaréis el camino que conduce a Mí.

Hoy me escuchan los niños en el mismo lenguaje que vosotros, porque su espíritu es grande y pueden comprenderme, porque no es a la carne a la que vengo a hablar, sino al espíritu. Por eso os repito: No menospreciéis a los niños, ¡hacedlos venir! Su espíritu está hambriento y voy a cultivarlo en igual forma que a vosotros. Son las generaciones del mañana las que han de poner, sobre los cimientos vuestros, una piedra más en la edificación de mi Obra.

Gozad de la presencia de los niños, en quienes habitan ya los espíritus que anuncié a la humanidad para este tiempo y cuya misión de paz y de luz, se manifiesta en sus hechos, desde sus primeros pasos. Velad por que en ellos se cumpla mi Promesa. Ellos son esperanza y cimiento de futuras generaciones y su destino será dar testimonio a los que esperan ansiosamente las señales de que el Reino prometido está cerca.

Debéis preocuparos por transmitir a vuestros hijos, pureza y sensibilidad para el conocimiento espiritual; ellos os lo agradecerán, porque supisteis brindarles un cuerpo exento de pasiones, una mente despejada, un corazón sensitivo y un espíritu despierto al llamado de su conciencia.

En los jóvenes, podréis ver en su energía, en sus ilusiones y ambiciones, la presencia de un espíritu en la plenitud de su lucha en la Tierra, en esa edad en que el espíritu combate sin tregua, contra las pasiones de la carne y los peligros que lo acechan. Para ellos, tened comprensión, sabed ayudarlos y velad para que salgan adelante en su difícil jornada.

He hablado directamente a la juventud para orientarla en el incierto camino de su vida, porque Yo la contemplo como una frágil barquilla en medio de un mar embravecido y, para ayudarla, he presentado ante sus ojos mi Obra, como un faro luminoso que la guíe al puerto de salvación.

La juventud en este tiempo es la que se encuentra más alejada de Mí. Encended en ella el amor a sus semejantes, inspiradles grandes y nobles ideales, porque será la que el mañana, luche por alcanzar una existencia en la que brillen la justicia, el amor y la sagrada libertad del espíritu. Para que broten de vosotros los hijos de la luz, alimentaos sólo de verdad y rechazad todo lo que no encierre pureza. Ya es tiempo de que purifiquéis vuestra simiente, para que forméis una familia fuerte de espíritu y materia. La práctica de la moral, de la virtud y la espiritualidad, os librarán de las enfermedades del cuerpo y del reclamo de la conciencia.

Mi Obra requiere que los discípulos, sepan dar testimonio con la limpidez y verdad de sus actos.

Tened caridad de vuestros hijos. Si pudieseis contemplar por un momento a esos espíritus, os sentiríais indignos de llamaros sus padres. No les deis malos ejemplos, cuidaos de hacer escándalo delante de ellos. Guiadles con celo, enseñadles a cumplir con las leyes del espíritu y de la materia y, si ellos las Infringen, corregidles, porque vosotros como padres me representáis en la Tierra.

El padre de familia me ha buscado para comunicarme sus problemas y preocupaciones, porque sus hijos desconocen su autoridad, le vuelven la espalda y desobedecen el consejo paternal. Debo advertiros que es muy delicado el cargo que lleváis así como pesada vuestra cruz; mas si sabéis apurar con fe y paciencia vuestro cáliz, me iréis imitando en el camino y vuestros hijos no se perderán.

Ved por doquiera los hogares destruidos, las mujeres en el camino del vicio y los niños sin padre. ¿Cómo podrán existir en esos corazones la ternura y el amor? Hay hogares en los cuales los hijos, en su niñez y otros en su juventud, sufren al ser testigos de la división entre sus padres. Yo os estoy dando tiempo para que os arrepintáis de vuestras faltas. Reconstruid con obras, palabras y pensamientos lo que habéis destruido, dando a la honestidad y a la virtud el valor que tienen. Que aquellos que han caído en el vicio, se levanten venciendo las flaquezas de la materia, imponiendo la voluntad y la fuerza del espíritu hasta ponerse a salvo. Huid de los vicios, varones, para que vuestra sangre sea semilla fértil y sus frutos agradables al Padre.

Mujeres: Os estoy preparando para que deis al mundo hijos de paz y buena voluntad. A las que sois estériles, os digo: Orad, no sintáis vergüenza por vuestra expiación. Sed conformes, porque no sabéis si es mi Voluntad, que Yo os sorprenda y haga que sintáis en vuestro seno los latidos de un nuevo ser.

Procread hijos perfectos a imitación de vuestro Creador, que sólo seres perfectos ha formado en su amor Divino.

Afirmad vuestra planta en la senda de mi Ley y dejad brillar en vuestro corazón la flama de la fe. El espíritu tendrá que buscar, como barca salvadora, el verdadero culto del espíritu y su corazón se refugiará en el hogar, que es el segundo templo en la vida del hombre.

Honrad con vuestra vida recta y virtuosa, a quienes por mi Voluntad os dieron la existencia y mañana vuestros hijos lo harán con vosotros.

No solamente me glorificáis con obras espirituales, también vuestras obras humanas lo hacen. ¿Cómo podríais honrar a vuestro Padre celestial, sin antes haberlo hecho con vuestros padres en la Tierra? ¿Cómo tratáis de ver a la humanidad como hermana vuestra, si antes no amáis a vuestra familia?

Los actos y los secretos de los demás, respetadlos, porque no os corresponde juzgarlos.

Yo prefiero hombres caídos en el pecado para levantarlos, que hipócritas que aparentan pureza y sin embargo pecan. Prefiero un gran pecador pero sincero, a la pretensión de una falsa virtud. Si queréis engalanaros, que sea con la sinceridad y la verdad.

No desconozcáis vuestros deberes, pensad que vuestra cruz no es pesada si sabéis llevarla con sumisión y amor. Quiero veros sonreír y vivir en paz, quiero ver en vuestros hogares las más sanas alegrías.

Os he dicho que la mujer es el corazón del hombre. He ahí por qué he santificado el matrimonio, porque en la unión de esos dos seres, espiritualmente iguales pero corporalmente diferentes, se encuentra el estado perfecto.

Haced del hogar un santuario, para que cuando penetren los seres invisibles, que vagan turbados en el Valle Espiritual, encuentren en vosotros la luz y la paz que buscan y se eleven al Más Allá.

Bienaventurado el corazón de la esposa, porque es refugio del hombre. Bendito el corazón de la madre, porque es manantial de ternura para sus hijos; mas también os digo, que son benditas las vírgenes que saben amparar bajo su manto a los necesitados, porque su ternura será como un desposorio y una maternidad que están más allá de lo humano. ¡Cuán pocas han sabido renunciar a los deberes del mundo por cumplir con los del espíritu!

La lucha espiritual de este tiempo la miráis reflejarse en muchos hogares: matrimonios que no comparten las mismas ideas: unos, en los cuales me sigue el varón, otros, en que la mujer arrostra todo por venir en pos de Mí, llena de fe. Concluid por comprender, que todos amáis a un mismo Dios y no riñáis por la diferencia de forma en que unos y otros lo hacéis. Es menester que lleguéis a comprender, que hay seres en los que las creencias, las tradiciones y costumbres, han echado raíces tan hondas, que no os será fácil arrancarlas en el primer momento en que les doctrinéis. Yo os aconsejo tener paciencia.

Si encuentro apagado el fuego del hogar, llamaré al esposo y le diré: ¿Por qué no encendéis el fuego del amor que es la llama que da vida a vuestra unión? ¿Por qué os habéis apartado del camino y habéis arrojado la cruz? ¿No tuvisteis valor para apurar las últimas gotas de acíbar que quedaban en el cáliz? Volved a tomar el camino en que Yo os puse, sólo allí me encontraréis para premiar vuestra fe, vuestra obediencia y fortaleza.

A la esposa la tocaré en las fibras más delicadas del corazón y le preguntaré: Mujer, ¿acaso creéis encontrar, fuera del sendero de vuestro deber, la paz que anheláis? No, no os engañéis. El mérito vuestro consistirá en llevar, con abnegación y paciencia hasta el fin, la cruz que Yo deposité en vuestros hombros.

¡Cuánto padece el Espíritu Divino cuando encuentra en los hogares la desunión, la mala voluntad y la falta de caridad! Si volvéis al camino del amor, al instante sentiréis la paz de mi Presencia. No quedará ningún corazón en quien no me haga sentir, para invitarlo a la reconciliación, al amor y a la paz.

Entre vosotros están los que llegaron como parias y ahora se sientan a mi mesa. Entre la multitud se encuentran los que estaban ciegos y hoy ven la luz; contemplo también a los que eran mudos para la palabra de amor y caridad y que hoy, ya convertidos, son mis servidores; están los que eran sordos y no escuchaban la voz de la conciencia, pero que han recobrado ese don, oyendo la voz del Juez Supremo y han aprendido a oír la queja de los que sufren.

Descubro entre estas multitudes a la mujer adúltera y también a la pecadora arrepentida, ambas acusadas y señaladas por quienes muchas veces me ofenden más que ellas; mas Yo les perdono y les digo que no vuelvan a pecar. Habéis expiado vuestras faltas y Yo os consuelo para que os levantéis fuertes en el camino.

Mujer: Vos llegasteis con los ojos y el corazón cansados de llorar, y cuando creíais no tener más lágrimas, oísteis mi Palabra y vuestras mejillas volvieron a ser surcadas por el llanto: pero ahora fue llanto de esperanza y de ternura. ¿Quién había llegado al fondo de vuestro corazón antes del día en que oísteis mi Voz?

Yo he querido crear entre vosotros una familia unida, fraternal y hospitalaria, para que los viajeros buscadores de paz y caridad, penetren en vuestros hogares, deseosos de compartir el amor que en vosotros he derramado.

En la Tierra tenéis un refugio: vuestro hogar, esa institución es imagen del Universo, de su seno tomaréis fuerzas para luchar. Haced que vuestro hogar tenga algo de templo, que vuestro techo sea acogedor y vuestra mesa fraternal.

Llevad en el espíritu la paz que os habla de luz, de moral y de virtudes. Anhelad llegar a ese estado de elevación y dejad de ser cautivos de las pasiones de la materia. Desde el principio de la humanidad, han sido pocos los que han buscado la paz o los que han permanecido en ella, porque el hombre la busca sólo cuando el dolor lo ha vencido.

Discípulos: A pesar de que muchos de vosotros habéis llegado a la ancianidad con el corazón y la mente llenos de experiencia, al escuchar en este tiempo mi Palabra y recibir mis nuevas Revelaciones, tuvisteis que confesar que ante mi Sabiduría sólo erais párvulos. Como no sabéis el tiempo de vida que os conceda, es menester que os levantéis desde este instante al cumplimiento de vuestra misión, y por larga que sea vuestra jornada, siempre estará llena de alicientes para que lleguéis hasta la meta.

Os he hecho recorrer el camino de la restitución y de la evolución, para que a vuestro paso vayáis dejando toda imperfección y mancha. ¿No veis cómo las aguas de los ríos, ennegrecidas por el cieno, llegan a purificarse en su rauda corriente? De cierto os digo que de igual manera acontecerá con vuestro espíritu. Yo soy vuestro destino, todos volveréis a Mí mediante la obediencia a mi Ley.

Os encargo que cumpláis todo compromiso y promesa que hagáis, para que os reconozcan por la verdad que emana de vuestro espíritu y la sinceridad de vuestro corazón. Nunca rompáis un pacto sagrado, como son el del matrimonio, el de la paternidad y el de la amistad.

Cambiad vuestras ambiciones de poderío y superioridad, por anhelos sanos del espíritu y encontraréis que vuestro trabajo, os proporciona satisfacciones y alegrías legítimas.

He aquí el concierto de mi Palabra impregnado de amor, alentando a vuestro espíritu en su camino. Soy la estrella que os guía hacia la Tierra Prometida.

¡Mi paz sea con vosotros!

La armonía

LA ARMONÍA

Soy vuestro Padre que trabaja incansablemente para lograr que reine la amistad entre todos mis hijos, los que habitan la Tierra y los que moran en otros mundos. Vengo a pediros también vuestra reconciliación Conmigo.

El secreto de la felicidad que os revelé en Jesús se encuentra en el amor, esa fuerza que todo lo mueve os conducirá a la fraternidad.

Aunque vivís en el mundo podéis hacer vida espiritual, porque la espiritualidad no consiste en apartarse de lo que corresponde a la materia, sino en armonizar con las leyes humanas y Divinas. El estado natural del ser humano es el de la bondad, el de la paz interior.

Si os disponéis a hacer mi Voluntad, lograd primero vuestra concordia y luego armonizad con toda mi Obra.

La armonía espiritual con todos los seres os dará grandes conocimientos y propiciará la comunicación con mi Espíritu, acortará distancias y borrará fronteras.

¡Pero cuán lentamente evolucionáis! ¡Cuántos siglos han pasado desde que habitáis este planeta y no habéis alcanzado a comprender vuestra misión espiritual! El espíritu tiene vida eterna, reconocedle sus derechos y vivid en armonía con él.

Estáis viviendo un tiempo de caos, la semilla de la desunión se ha multiplicado en la Tierra. El corazón no está de acuerdo con la mente, el cuerpo no está en paz con el espíritu y ambos no se unifican con la conciencia. Cuando el amor y espiritualidad lleguen a ser la esencia de vuestra vida, mi Sabiduría se desbordará en el espíritu de mis hijos.

En este tiempo no sellaréis con sangre vuestra obra. El mundo no tiene sed de vuestra sangre, su sed es de verdad, de amor y caridad.

Amadme, armonizad con todo y con todos. El sitio y la forma en que viváis os será indiferente, porque lo que importará será vuestra elevación espiritual.

Luchad por identificaros unos con otros, combatid el odio en que habéis vivido, hasta exterminarlo. Procurad que el bien se establezca en el mundo, que vuestra vida se vea ennoblecida por la práctica de mi Doctrina, de la que emanan la Ley de amor y la justicia. Entonces habréis luchado por la más noble de todas las causas y vuestro espíritu se habrá acercado a Mí.

Unificaos en anhelos e ideales con vuestros hermanos de enseñanza, aunque os encontréis distantes: es mi Voluntad que vuestro espíritu se encuentre unido a ellos y todos viváis en comunión Conmigo.

Vengo a preveniros de los peligros que os acechan, porque formáis parte de mis huestes de luz y de paz, las cuales irán siempre unidas a mis ejércitos espirituales. Por cada uno de vosotros irá una multitud de seres invisibles como guardianes y protectores. Todos llevarán la misión de unirse a vosotros para alcanzar el ideal supremo de la paz Universal y de esa unión nacerá una fuerza que os hará invencibles.

No vengo a pedir a los hombres la unificación de costumbres, de leyes materiales o de conocimientos sobre ciencias, pues llegará el día en que la conveniencia hará que los pueblos se unan. Lo que vengo a inspiraros es la armonía espiritual, la unión de pensamientos; quiero que toda la humanidad llegue a conocer y practicar la oración espiritual en la que todos podáis elevaros interiormente y recibir de mi Espíritu el pan de vida eterna.

Fijaos en las aves: en todos los parajes de la Tierra cantan con uniformidad y sencillez. Puedo deciros que todas esas criaturas se conocen y entienden mejor que vosotros. ¿Por qué? Porque viven dentro del camino que les he trazado, mientras vosotros, cuando no invadís los campos que no os pertenecen, os alejáis del verdadero sendero que es el del espíritu y una vez perdidos en el materialismo, no podéis entender la enseñanza espiritual que es Divina y eterna.

Quiero que transforméis la Tierra de valle de lágrimas en un mundo de felicidad, donde os preocupéis por practicar el bien y vivir dentro de mi Ley, que unáis la vida espiritual con la humana de tal manera que no existan fronteras entre una y otra.

En mi Espíritu existe un himno que nadie conoce ni en el cielo ni en la Tierra. Ese canto será escuchado en todo el Universo cuando el dolor, la miseria y el pecado hayan quedado exterminados. Aquellas Divinas notas encontrarán eco en todos los espíritus y en ese canto de armonía y felicidad se unirán el Padre y los hijos. Yo os digo que hasta las piedras hablarán cuando esa armonía ilumine la vida de los hombres.

Cuando exista concordia entre el espíritu, el cuerpo y la conciencia, habrá semejanza con la perfección que existe en Dios, y surgirá una sola voluntad: la de alcanzar la cumbre de la evolución espiritual.

En la lucha entre el espíritu y la materia, la antigua batalla de lo eterno y lo temporal, ¿quién creéis que será el vencedor? Ciertamente el triunfador será el espíritu, quien después de haber sido esclavo del mundo, dominará las pasiones humanas.

En medio de esa contienda, os parece que un poder extraño y malévolo os indujese a cada paso a alejaros de la lucha y os invitara a continuar por la senda de la materialidad. Yo os digo que no hay más enemigo ni más tentación que vuestra debilidad. La materia es sensible a cuanto le rodea, débil para ceder, fácil para caer y entregarse, pero todo aquel que logre dominar sus impulsos y pasiones, brillará espiritualmente.

Ved cómo el hombre lleva dentro de sí mismo a su propio tentador; cuando llegue a vencerlo habrá ganado la batalla.

Cuando el espíritu llega a la Tierra a encarnar, viene animado de los mejores propósitos de consagrar su existencia al Padre, de agradarlo en todo y de ser útil a sus semejantes; pero una vez que se ve aprisionado en la materia, tentado y probado en mil formas, se debilita y cede a las tentaciones, se torna egoísta y termina por amarse a sí mismo sobre todas las cosas y sólo por instantes da oído a la conciencia donde se encuentran escritos el destino y las promesas.

El espíritu se siente atado a la carne, al mundo y al dolor; esos obstáculos son los medios para probar la fe, el amor y la perseverancia en el bien; pero cuando llega a elevarse sobre la materialidad del mundo y la reaciedad de la materia, contempla la vida a través de la verdad y distingue lo real de lo falso.

Éste es el tiempo en que reconoceréis las potencias del espíritu y las facultades de la materia sin confundir unas y otras.

La fuerza del espíritu es superior a la carne. La envoltura es nada más el instrumento que os he dado para vuestro tránsito temporal. La cárcel en que vive el espíritu va a abrir en este tiempo sus puertas y a daros libertad para que viváis en Mí.

Mi Enseñanza no sólo está destinada al espíritu, también debe llegar al corazón, para que tanto la parte espiritual como la corporal puedan armonizar.

Espíritu, mente y sentimientos, encontrarán la verdadera armonía cuando mi Doctrina, como luz de un nuevo día, llegue a despertar a esta humanidad dormida.

Dejad que el impulso generoso y noble de hacer el bien se desborde y manifieste. Es el espíritu quien va a entregar su mensaje, porque ha encontrado preparado y dispuesto a su cuerpo al que se ha unido en una sola voluntad.

Todavía tendréis que limpiar mucho vuestro corazón para que lo hagáis digno depositario de mi Palabra. Cumplid con humildad, respeto y caridad vuestros deberes y entonces recogeréis de las más pequeñas tareas terrestres un fruto de paz y dulzura. Pero además de esos amores, afectos y lazos que os unen, Yo os pido dedicación y tiempo para vuestro espíritu, quien preside todos los actos de vuestro corazón, de vuestra mente y de todo vuestro ser.

Dad a lo Divino el lugar más elevado de vuestro espíritu y a la materia lo que a ella corresponde. Cuando seáis justos en la vida y vuestro paso sea firme, la duda y la incertidumbre desaparecerán, para dar paso a la fe verdadera.

Vuestro cuerpo es como avecilla viajera cuyo vuelo tiene poca duración, ave que sin saber canta su vida temporal y perecedera. En cambio el espíritu es el ave invisible al mundo, blanca y luminosa, que se eleva más y más según va evolucionando; para él no existen las edades, los años ni los siglos, su ideal es alcanzar la armonía con lo eterno.

Formad de espíritu y materia un solo cuerpo y una sola voluntad. Sabed usar el libre albedrío y llevaréis una vida útil y armoniosa.

Cumplid con las leyes divinas y las del mundo: que el espíritu no se interponga en los deberes de la materia ni ésta impida al espíritu el cumplimiento de su misión.

Cuando logréis ese equilibrio, veréis cuán fácil es la existencia y qué llano el camino, y cuando lleguéis a los umbrales de la vida espiritual, no habrá resistencia en el uno ni en la otra: ni deseará el espíritu alargar la vida del cuerpo ni éste retener por más tiempo al espíritu.

Me preguntáis si debéis despreciar la vida material y olvidar todo lo que amáis en la Tierra para servirme mejor, a lo cual os contesto que debéis analizar mi Enseñanza para daros cuenta que tal cosa sería un error.

No os pido que os apartéis de las cosas del mundo, puesto que en él vivís y debéis cumplir sus leyes; sólo os digo que toméis lo indispensable para las necesidades de vuestro cuerpo, de tal manera que el espíritu se sienta libre y cumpla su gran destino.

¿Cómo concebís que os prohíba lo que la vida os ofrece, si he creado la naturaleza para sustento y recreo de mis hijos? De todo podéis tomar, pero hacedlo con medida. Si os he hablado de apartaros del materialismo, me he referido a todo lo superfluo y malo. Lo que hagáis fuera de las leyes que rigen al espíritu o a la materia, es en perjuicio de ambos.

Mi Doctrina ha enseñado siempre al hombre a no ser esclavo del materialismo, pero nunca os he dicho que despreciéis los bienes de la Tierra. Tampoco os quiero ver enfermos, andrajosos o hambrientos. Amad la Tierra y sus maravillas, sus bellezas, sus goces, con ese sentimiento con que debéis amar todo lo que he creado; pero estad preparados para renunciar a todo cuando sea preciso: no olvidéis nunca que vuestro espíritu es pasajero en esta vida y tendrá que retornar a la morada de la que añoráis espiritualmente su paz.

Quiero que aprendáis a armonizar de tal manera vuestra lucha material con vuestra misión espiritual, que podáis tener en el mundo lo necesario y dejéis que el espíritu disponga de tiempo para practicar sus dones y desempeñar su misión. El amor debe ser inspiración y principio de todas vuestras labores.

Yo bendigo vuestra lucha interior porque es signo de que sentís amor por Mí y que habéis encontrado verdad y justicia en mi Palabra.

¿Qué debéis hacer para dar el primer paso firme en la espiritualidad? Meditar profundamente en mi Palabra y después orar con toda vuestra fe. De esa preparación comenzará a surgir una fuerza interior y se iniciará una lucha incesante del espíritu con la envoltura, hasta lograr ser guiados por la voz de la conciencia en perfecta armonía.

Cuando los hombres me amen, sean indulgentes entre sí y exista humildad en el corazón, desaparecerá la bruma que os impide mirar el camino. La materia, espiritualizada por la práctica de mi Doctrina, será como una sierva dócil a los dictados de la conciencia.

El espíritu se hace sentir a través de las manifestaciones humanas, pero nunca usa la violencia para someter a la materia, espera que ésta se una a su voluntad con una obediencia consciente que los lleve a la armonía y al orden.

¿Creéis que es mi Voluntad que el cuerpo sea enemigo del espíritu?  No, me contestáis; pero así ha marchado siempre. Sólo mis Enseñanzas podrán llevaros a la concordia y a la reconciliación interior de vuestro ser.

Ya os he dicho que el espíritu es antes que la materia, como el cuerpo es antes que el vestido. Haced dócil al cuerpo para que no sea un obstáculo para vuestro adelanto, sino el mejor instrumento y colaborador en el desempeño de su misión.

El corazón, la mente y los sentidos, son puerta abierta para que las pasiones del mundo azoten al espíritu. Estad alerta. Yo os exhorto a una penitencia bien entendida, en la que os eximáis de todo lo perjudicial por saludable y placentero que os parezca.

Por ahora os digo: grande es la obra que tenéis que desarrollar por conducto del cuerpo que os he confiado, él es vuestro báculo y debéis conducirlo sabiamente.

Os ha parecido la naturaleza material opuesta a la espiritual, sin embargo, cuando en vosotros lleguen a armonizar ambas, veréis que la parte material es como un espejo límpido que refleja en toda su belleza lo espiritual y aun lo Divino.

Luchad por la armonía y unificación interior para que podáis hacer mi Voluntad. Si hoy sois más materia que espíritu, mañana triunfará lo eterno sobre lo pasajero.

Comprended que cuando el hombre llegue a guiarse por la inspiración de la conciencia y sujete todos sus actos a ese mandato superior, será como si naciera dentro de él un hombre nuevo.

Ajustad cada uno de vuestros actos a lo que os señale la conciencia, para que ellos encierren justicia. Respetad a vuestros gobernantes, responded a sus llamados y trabajad con ellos por el bien de todos.

Respetad las creencias religiosas de vuestros hermanos y cuando penetréis en sus iglesias, descubríos con sincero recogimiento, sabiendo que en todo culto estoy presente. No desconozcáis al mundo por seguirme ni os apartéis de Mí pretextando que tenéis deberes terrenales, aprended a fundir ambas leyes en una sola.

Os acercáis a un tiempo en el que sabréis dar al espíritu en justicia lo que le corresponde y al cuerpo lo que a él pertenece. Tiempo de elevación, de culto libre de fanatismo en el que sabréis orar antes de cada empresa y velar por lo que os he confiado.

Además del reposo después de la lucha, es menester la meditación; elevaos para formular vuestro plan antes de emprender una nueva obra.

Velad por la salud de vuestro cuerpo, buscad su conservación y fortaleza. Mi Doctrina os aconseja que tengáis caridad de vuestro espíritu y de vuestro cuerpo, porque se complementan y necesitan; la espiritualidad bien entendida os dará fuerza y salud y las nuevas generaciones que de vosotros broten, cumplirán su delicada misión.

Ya veis que mi Enseñanza no se concreta solamente al espíritu, sino también a la vida humana, a la moral del hombre para que lleve una vida digna, grata y provechosa.

Recordad que os he dicho que dignifiquéis a la familia, que améis a vuestros padres, que los esposos se amen, que el hombre no vea en la mujer a una sierva sino a una digna compañera; que ésta vea en el hombre a su baluarte, a su escudo; que los padres traigan al mundo hijos sanos a los que guíen por el sendero del bien. No os sorprendáis si os digo nuevamente que si el César os pide tributo, cumpláis con él, porque también es ley que pesa sobre el hombre.

Tomad las herramientas de labranza y arrancad a la tierra sus tesoros y sus frutos de amor. Si atendéis vuestros deberes espirituales os será fácil el trabajo material.

No hagáis ostentación de vuestras virtudes, guardad celosamente vuestras obras, ah donde sólo Yo pueda miradas y vuestro ejemplo de humildad alentará a vuestros hermanos a imitaros.

Sed equitativos y justos, dad lo necesario tanto a vuestro espíritu como a vuestro cuerpo.

De las satisfacciones de la carne participa el espíritu, así como en sus sufrimientos se acrisola. También el ser humano es sensible a los deleites y a las penas del espíritu: mientras están enlazados forman un solo ser.

Existe perfección en la criatura humana, por eso Cristo, el Verbo, vino a encarnar en un cuerpo de hombre semejante al vuestro. Cuando el espíritu tome su verdadero sitio en el hombre, éste tendrá semejanza con Cristo, en su amor y sabiduría.

Para todos llegará el momento en que el espíritu sienta deseo ferviente de triunfar sobre la materia; muchos que lo han hecho, se modelaron en el crisol del sufrimiento y escalaron la altura espiritual. Ellos han sido en la Tierra benefactores, guías y maestros.

El reino del espíritu es infinito y para lograr la elevación que le permita gozarlo y vivirlo, es menester conocer el camino para ascender a él. Mientras el espíritu se encuentra unido a la materia, no puede saber qué altura ha alcanzado.

Hay muchos viajeros extraviados, muchos seres perdidos entre tinieblas de ignorancia, porque son más carne que espíritu, más mentira que verdad. En ellos el vencedor ha sido la materia y el vencido el espíritu; es a estos perdidos a quienes vengo a invitar al banquete del amor, donde mi mesa Celestial espera a todos para librarlos de su amargura y soledad.

Cuando los hombres en vez de discutir mis Leyes las cumplan con obediencia, harán de este mundo un paraíso semejante a aquél que gozaron los primeros hombres con su inocencia y obediencia, antes de que lo mancharan con pensamientos y actos impuros.

Habéis sido formados con perfección. Os he iluminado para que apreciéis la grandeza de mi Creación. También os estoy enseñando a valorizar los elementos de la naturaleza, en los que se manifiestan mi Poder, mi Sabiduría y mi Justicia. En ellos existe una completa armonía.

Cuando la humanidad conozca la verdad y guíe sus pasos hacia ella, encontrará la concordia de la vida espiritual con la naturaleza material que le rodea y no necesitará buscar orientación entre sus hermanos ni consultar los libros ni los astros. Yo hablo al espíritu por medio de la conciencia y el que la escucha, se rige con sabiduría y sabe vivir y cumplir mi Voluntad.

Quiero hacer de vosotros un pueblo fuerte, que se levante luchando y defendiendo la verdad, que aprenda a vivir en armonía con toda la creación y marche al compás de los tiempos para que llegue al final del camino en la hora propicia.

Mirad la magnificencia que os rodea: las montañas simbolizan altares en perpetuo homenaje al Creador, el astro Sol, es como inmensa lámpara alumbrando la vida de los seres, las aves elevan al Padre su canto armonioso como una plegaria, y en medio de ese esplendor, vuestro espíritu se extasía ante la plenitud de la Divina presencia.

El hombre es obra perfecta del Creador. Yo vengo a mostrar al espíritu el camino de su perfeccionamiento, por eso también hablo a la mente, a la razón y aun a los sentidos.

Este tiempo es de sorpresas y revelaciones, en el que todas las potencias y sentidos espirituales despertarán. Escuchad, meditad, ascended de párvulos a discípulos. Estudiad la naturaleza y asomaos al Universo que os habla con voz de maestro, porque en todo estoy presente. Observad con amor y comprobaréis que todo os señala el camino de la verdad.

¡Cuán hermoso ejemplo de armonía os ofrece el Cosmos! Astros luminosos vibran en el espacio alrededor de los cuales giran otros en perfecto orden. Yo soy la estrella que da vida y calor a los espíritus, mas cuán pocos van por su trayectoria y qué numerosos los que giran fuera de su órbita.

La naturaleza que os he confiado es fuente de vida y salud. Tomad de sus elementos y viviréis sin aflicciones; tendréis fuerza, salud, alegría y vuestro espíritu cumplirá mejor su destino.

No vengo a privaros de nada de lo que os brindan los elementos naturales para la conservación de la salud, el sustento y el bienestar; por el contrario, así como os ofrezco el pan del espíritu y os invito a aspirar esencias Divinas, os digo que aprovechéis cuanto os ofrece el mundo, para que logréis la armonía con todo lo que os rodea.

En la creación hay vida y sensibilidad: hasta los minerales perciben el toque Divino. Todas las criaturas se recrean en sí mismas que es como deleitarse en mi Divinidad.

El astro rey es la imagen de un padre que entrega a sus hijos vida, energía, calor y luz. La Tierra es como una madre cuyo regazo es fuente inagotable de caricias; ella tiene el manto que protege al huérfano, el seno que alimenta y el albergue confortable para sus hijos; su arcano ha revelado grandes secretos a los hombres y en su faz se han reflejado siempre la castidad y la belleza.

Mi Doctrina viene a enseñaros a emplear los elementos y fuerzas de la naturaleza para buenos fines, pero cuidaos de convertirlos de amigos y hermanos, en jueces que os castiguen severamente, porque con toda vuestra ciencia no seréis capaces de contenerlos. Cuando el hombre toma esas fuerzas con fines egoístas se convierte en víctima de su temeridad e ignorancia.

Dulcificad vuestro corazón amando a vuestros hermanos y a todo lo creado. Buscad la reconciliación y la paz entre todos sí no queréis que os exterminen los cataclismos que vosotros mismos estáis provocando.

La ciencia y el poder humano han invadido la Tierra, los mares y el espacio, pero esa fuerza y ese saber no armonizan con la naturaleza que es la expresión del Amor Divino y se manifiesta en vida, belleza y perfección.

Cuando la humanidad sea obediente a las leyes naturales, todo volverá a ser paz, abundancia y felicidad.

La Tierra está bendita y es pura, son los hombres los que la han mancillado; si fuera culpable, ya la hubiese destruido y os hubiera enviado a otro mundo. Por eso os digo que debéis trabajar por su restauración para que este planeta os brinde nuevamente la paz, la prosperidad y el progreso verdadero.

La naturaleza puede ser para los hombres lo que ellos quieran: un paraíso pródigo en bendiciones, en caricias y sustento o un desierto árido en donde reinen el hambre y la sed; un maestro de sabias e infinitas revelaciones sobre la vida, el bien y el amor o un juez inexorable ante las profanaciones, desobediencias y errores vuestros.

La naturaleza sorprende al hombre de ciencia al revelarle secretos y misterios que lo maravillan, voces que hablan de una sabiduría y un poder que supera todos los conocimientos humanos. Si queréis buscar mi Presencia dentro de ella, hacedlo; Yo sé que a cada pregunta que le hagáis tendréis una respuesta porque me encuentro en todas y cada una de mis Obras.

El hombre todavía no conoce su morada, la Tierra le reserva aún muchas sorpresas y no le ha dado todo cuanto lleva en su seno. Habéis logrado avanzar en conocimientos científicos, pero os alejáis cada vez más de la vida natural y al mismo tiempo de la espiritual.

Yo os anuncio que de los reinos naturales, brotarán lecciones a torrentes hasta hoy contenidas, de sus entrañas surgirán voces de justicia; en los espacios habrá estremecimientos y los mundos que giran distantes del vuestro enviarán mensajes.

Como si todas las criaturas se dieran cita en este instante para unirse en un homenaje al Padre, así contemplo a todos los mundos y seres unidos ante mi mirada; escucho su voz cuando me invocan y el himno de los que me glorifican.

La naturaleza es un templo del Creador donde todo se eleva a Él para rendirle culto. Ahí, lejos del egoísmo y del materialismo, el hombre podrá recibir directamente y con toda pureza la irradiación Divina.

Por un camino de luz envié a vuestro espíritu a morar en el mundo y por el mismo retornará a Mí. Antes de enviaros a la Tierra os doté de una brújula e hice aparecer una estrella en el infinito, para que guiasen vuestros pasos. Esa brújula es vuestra conciencia y la estrella vuestro destino espiritual. Por eso cuando abandonáis las leyes de armonía que rigen todo lo que os rodea, hasta el polvo de la tierra os parece hostil y no es que la naturaleza se declare en contra vuestra, sino sois vosotros los que no armonizáis con ella.

Sensibilizad vuestro espíritu y vuestros sentidos. Dejad que la materia tome parte en ese concierto y se sature de las emanaciones que la naturaleza le brinda. La vida material es también un manantial de bendiciones, calor y energía; es consuelo y caricia, sustento y paz.

¿Qué es la naturaleza si no una criatura que también evoluciona, se purifica, se desarrolla y perfecciona, a fin de albergar en su seno a los hombres del mañana? ¡Cuántas veces resentís sus transiciones normales y las atribuís erróneamente a castigos de Dios, sin daros cuenta que ella evoluciona al mismo tiempo que vosotros! Pronto tendréis suficientes conocimientos para armonizar de tal manera con todo lo que os rodea, que nada os afecte, que nada os agobie ni enferme, porque habréis logrado elevaros sobre lo material.

Buscad mi Presencia en mis Obras y allí me encontraréis; tratad de oírme y me escucharéis en la voz que surge de todo lo creado, porque Yo me manifiesto lo mismo en un cuerpo celeste, en el furor de una tempestad, que en la dulce luz de una aurora; hago oír mi Voz en el melodioso trino de un ave y me expreso por medio del aroma de las flores. Cada una de mis Manifestaciones, cada obra, os habla a todos de amor, de armonía, de sabiduría…

No sólo de las cosas materiales vive el hombre: el ser encarnado necesita del pan del espíritu. Cuando lleguéis a ser hombres de buena voluntad, vuestra vida llegará a armonizar con la perfección de toda la creación, alcanzaréis la luz del verdadero conocimiento y el fruto de vuestras obras os dará eterna paz.

Quiero que en vuestro espíritu siempre haya luz, inspiración y amor, que la mente y el corazón sean espejo del espíritu y en él se reflejen las virtudes y se traduzcan en ideas y sentimientos nobles. Entonces veréis cuán hermosa es la armonía entre los deberes del espíritu y los del mundo. Al final podréis comprobar que toda la vida con sus pruebas y lecciones tiene una sola meta: el perfeccionamiento, para alcanzar la verdadera dicha.

Tomad de la naturaleza lo necesario para vuestra vida material y elevaos a Mí, en busca del sustento espiritual. Una nueva vida espera a los hombres. No es que la naturaleza vaya a transformarse, sino que la humanidad se espiritualizará y todo lo verá a través del amor, la fe y la caridad. Hoy sentís y juzgáis todo lo que os rodea por medio de una mente materializada y de un corazón egoísta, por eso os parece un valle de pecado y errores. Mas si dejáis que el espíritu se eleve, descubriréis bellezas en todo lo que os rodea y tendréis que confesar ante vuestro Padre que habéis sido sordos, ciegos e insensibles a su Divina Presencia, manifiesta en todo lo que existe.

Cuando el hombre haga mi Voluntad, los elementos se inclinarán ante él como siervos; pero mientras persista en su desobediencia, esos mismos elementos se desencadenarán haciéndole sentir su falta de armonía con lo creado.

Yo sólo os he dado pruebas de amor. Os envié a la Tierra que es semejante a una madre fecunda, amorosa y tierna; os di el fuego de la vida, el aire que es aliento del Creador y el agua, fecundidad y frescura.

¿Cuándo llegaréis a limpiaros interiormente? Empezad por el corazón y la mente que es de donde provienen los malos pensamientos y las malas obras; después surgirá victorioso vuestro espíritu.

¡Ah, si desde que se abren vuestros ojos para contemplar la luz del día, luchaseis por alcanzar el verdadero equilibrio entre el espíritu y el cuerpo, comprenderíais cuán bella es la existencia que el Creador os ha dado y que os conduce a la vida eterna!

A través de mi Palabra presentís la armonía entre el Padre y todo lo creado, comprendéis que soy la esencia que alimenta a todos los seres y que vosotros sois parte de Mí mismo.

Yo os hago saber quiénes sois para que, comprendiéndolo, seáis humanitarios y caritativos no sólo con vuestros semejantes, sino también con los demás reinos y especies, pues todas son mis criaturas.

En ellas encontraréis ejemplos de sabiduría que, aplicados a vuestra vida, os harán recoger buenos frutos. Imitad la armonía con que vive cada especie, su actividad, su gratitud y fidelidad, ya que son criaturas mías que os he dejado por compañía. Cuando cumpláis mi Ley y os dejéis llevar por la voz de la conciencia, como ellas se dejan guiar por el instinto, conoceréis la verdadera paz espiritual que os llevará a la multiplicación de vuestros bienes, a la abundancia y al progreso espiritual y humano.

Cuando el hombre sea grande y elevado gracias al cumplimiento de la Ley y viva en armonía con su espíritu, cuando en su ser exista una sola voluntad, se sentirá unido a la vida Universal y en todo sitio gozará de la presencia del Señor.

Si os atormenta la incertidumbre, retiraos a la soledad de los campos y ahí, en medio de la naturaleza, donde sólo tengáis como testigos a la campiña, a las montañas o al firmamento, interrogad al Maestro, profundizaos en su Palabra y presto vendrá a vosotros su dulce respuesta; entonces os sentiréis inspirados, llenos de un goce espiritual desconocido. Así, dejaréis de ser los hombres de poca fe, sabiendo que toda palabra que viene de Dios encierra verdad; para descubrir su esencia es menester penetrar en ella con recogimiento y pureza como en un santuario.

Entonces confesaréis que en el desierto de esta vida jamás os faltó el maná, que el pozo de Jacob aún vierte aguas cristalinas, pues el Señor hace cada día un milagro para que la humanidad no perezca de hambre o de sed.

Buscad los goces sanos que no perturban al espíritu y en ellos me encontraréis. Mas si podéis sonreír en medio de vuestros sufrimientos, ¡bienaventurados seáis!

¡He aquí mi Presencia! ¡He aquí el poder de mi Espíritu hecho ley en vosotros, con ella estoy unificando a todos mis hijos! Yo haré surgir la flama de amor en todos los corazones para que se fundan en uno solo.

¡Mi paz sea con vosotros!

A los discípulos II

A LOS DISCÍPULOS II

Yo he venido en este tiempo para hablar a la humanidad, después vendrá el vuestro; mas si cerraseis vuestros labios y no dieseis a conocer mi Doctrina, las piedras hablarán y los elementos os despertarán.

Ha llegado la hora en que los hombres rompan por sí mismos sus cadenas, arranquen la venda de oscuridad de sus ojos y busquen el camino verdadero.

La humanidad espera la llegada del amigo, del hermano, del consejero que le indique por dónde debe dirigir sus pasos para llegar a puerto seguro. De este pueblo surgirán los heraldos, los profetas de mi Nueva Palabra, los labriegos y sembradores de esta Doctrina de amor y espiritualidad.

Contemplo al hombre espiritualmente ignorante, rodeado de prejuicios que lo acechan y amenazan, pero mi Luz le está despertando.

Ciertamente todo ha evolucionado en su vida: su ciencia, su forma de pensar y vivir, sus conocimientos, sus conquistas y ambiciones; sólo ha descuidado la parte espiritual. No ha querido comprender que el espíritu está sujeto a una superación constante. Por eso vive la humanidad en un estancamiento de hace muchos siglos.

Mientras la naturaleza avanza paso a paso, sin detenerse, dentro de su ley de incesante evolución hacia la perfección, el hombre se ha quedado atrás, estacionado, de ahí las pruebas y tropiezos que encuentra en su camino. Porque en vez de armonizar con el ambiente que le rodea, en vez de enseñorearse de todo por medio de la elevación espiritual, ha alimentado las bajas pasiones, la codicia, el orgullo y el odio y, sin darse cuenta, él mismo se ha castigado.

El que anhele salir de ese estancamiento, que se revista de amor, se sature de caridad y haga acopio de humildad y paciencia; que sea presto en perdonar y oportuno para aliviar las penas de sus hermanos, y verá cómo sus obras conmoverán y estremecerán al más duro y reacio.

Por eso es preciso que pronto llegue mi Doctrina al corazón de la humanidad, no importa que al principio sea origen de rivalidades o luchas. Siempre han chocado la luz y las tinieblas, la verdad y lo falso, el bien y el mal. Así como las sombras de la noche se disipan ante la luz del nuevo día, así se apartará la maldad de los hombres ante mi mensaje de Amor.

Vosotros iréis en busca de vuestro destino, cuando sintáis todo el peso de vuestro cargo. En ese tiempo de entrega, no limitéis la caridad, mas tampoco lleguéis al sacrificio, porque podríais cansaros y abandonar la cruz.

De todo os prevengo y preparo, para que sepáis extender mis Enseñanzas con verdadera limpidez.

Yo quiero hacer de todos vosotros, los discípulos amados que aprendan a corregir sin herir ni juzgar a nadie, aquéllos que sepan curar una herida sin hacerla sangrar, que sepan perdonar sin causar humillaciones. Cuando ya estéis preparados, os enviaré a las naciones como consejeros, como emisarios de paz, como heraldos de la buena nueva, como dignos discípulos de quien tanto os ha enseñado.

La forma de extender esta luz tiene dos aspectos: uno, completamente espiritual a través del pensamiento, de la oración, con lo que iréis estableciendo un ambiente de espiritualidad, y el otro, espiritual y humano, por medio de la palabra, de la presencia material, de la explicación de mi Enseñanza. Recordad el ejemplo de Jesús.

No temáis no ser comprendidos. La Torre de Babel aún está en pie, pero mi pueblo ya está surgiendo en el mundo y tiene la misión de empezar a destruir esa torre de divisiones, diferencias y orgullo.

Mi Luz llegará en el momento oportuno a pueblos, naciones y hogares, cuando ya se le esté esperando, cuando los corazones estén en vigilia, recordando mis promesas: cuando hayan despertado de su profundo sueño de grandeza y materialismo.

No os acobarde perder la vida, discípulos, porque debo deciros que en este tiempo no será con vuestra sangre con lo que deis testimonio de mi Verdad. Los tiempos pasan, las costumbres cambian, los hombres evolucionan. Ahora os pedirán amor, caridad, sinceridad, como pruebas para creer en la verdad de mi Doctrina.

¿Queréis saber cómo lograréis que vuestro testimonio sea tomado como verdadero? Sed sinceros con vosotros, nunca digáis que poseéis lo que no tengáis, ni tratéis de dar lo que no hayáis recibido, Enseñad sólo lo que sepáis, testificad únicamente lo que hayáis visto, mas si os preguntasen algo que no podáis contestar, callad, pero nunca mintáis.

Nuevamente os digo: que vuestro Sí sea siempre Sí y vuestro NO sea siempre NO y así seréis fieles a la verdad. Tampoco juréis, porque quien dice la verdad, no necesita de juramentos para hacerse creer, ya que en sus obras llevan la luz. No juréis por Dios ni por María, tampoco por vuestros padres ni por vuestra vida. Vuelvo a deciros que vuestras obras serán las que den testimonio de vuestras palabras, y unas y otras darán testimonio de Mí.

¿Recordáis a mis apóstoles de aquel tiempo que no se concretaron a dar testimonio con la palabra, sino que con sus hechos, con su vida y su sangre, lo sellaron?

Habrá quienes se sorprendan cuando vean que mis discípulos de este tiempo, cumplen con la ley del trabajo material, cuando miren que tienen esposa o esposo, hijos y familia, y que saben recrearse en la contemplación de los frutos de la naturaleza, a la que aman como a una madre. También se maravillarán cuando vean que han dominado los obstáculos y han hecho brillar la razón, la fraternidad y la justicia.

No os parezca difícil ni menos imposible el establecimiento de mi Doctrina en el mundo, porque Yo he fertilizado las tierras y la semilla que os he confiado es fecunda.

Yo os he anunciado que el reino celestial encontrará asiento en el corazón de los hombres. ¿Quién podrá destruir el templo interior que habéis edificado en vuestro espíritu? ¡Cuán grande es la lucha que os espera!

Pronto llegará al mundo el conocimiento de que el pueblo de Israel ha vuelto a la Tierra, encarnado en distintas naciones y que de él voy a servirme; sabrá que no sois descendientes de aquel pueblo por la sangre, sino por el espíritu y, como en los tiempos pasados, testigo de mi Venida y mis Manifestaciones.

Preparaos cuando estéis a prueba y Yo hablaré por vuestro conducto, y si esa preparación es además de limpia, sencilla y pura, veréis mis prodigios. Los que van a llevar consuelo a los hombres y fuerza a los débiles, deberán estar iluminados por la luz de la experiencia y fortalecidos en la lucha; que no tiemblen ante la desgracia de un semejante, que no huyan del dolor cuando las manos de sus hermanos se tiendan hacia ellos en demanda de caridad.

Es mi Voluntad que en la misma forma en que os doy mi Enseñanza, la transmitáis a vuestros hermanos, sencilla y clara. Nunca discutáis al enseñarla ni censuréis lo que no conocéis a fondo. Haced que vuestros pensamientos sean blancos como lirios y vuestras obras tengan la fragancia de las flores.

Como el que va a una fuente por agua para regar sus tierras, así viene a Mí la humanidad ante la manifestación de mi Palabra. Cada quien tiene una porción, una familia o un pueblo a quien alimentar espiritualmente, y sabe que sólo en Mí puede encontrar el agua cristalina, que haga florecer y fructificar satisfactoriamente sus tierras.

Mi Doctrina necesita hombres de buena voluntad, fuertes y leales, sensibles al dolor ajeno y celosos del cumplimiento a mi Ley, para que sean mis enviados que traspasen fronteras, crucen países y vayan sembrando el conocimiento de este Mensaje Divino; hombres que vayan a explicar el porqué de las pruebas, de mi justicia, de las guerras, de la destrucción y el dolor, que además enseñen la forma segura de encontrar la paz, la salud y la felicidad.

Cuando os hayáis encontrado dentro de vosotros, habréis alcanzado la preparación para dar a conocer mi Enseñanza como maestros. Oiréis la voz de la conciencia, y la venda que os ocultaba la verdad, caerá ante vuestros ojos. No necesitaréis hablar mucho para convencer. Si estáis verdaderamente preparados, vuestra palabra, además de ser sencilla, será breve. No necesitaréis conocer la ciencia para contestar al científico ni saber teología para contestar al teólogo. Una palabra de luz lo ilumina todo y Yo quiero que de vuestros labios broten palabras de luz.

Cada labriego llevará un destello de mi Verbo en sus labios, y en su espíritu el libro de mi Sabiduría que le hará recordar mis Divinas Enseñanzas. Ese libro, inspirado por Mí, será celosamente formado por mis discípulos y en él encontrará el pueblo un baluarte, porque su poder será grande.

Os estoy enseñando para que seáis el buen sabor de la Tierra, para que vayáis a endulzar la vida de los hombres con la buena nueva de que el Maestro, se ha manifestado en este tiempo y ha dejado su palabra como una herencia, para que todos se sustenten de ella y vivan eternamente.

Este cumplimiento espiritual no os impide el desempeño de ninguno de los deberes humanos. Nadie intente complicar la sencillez de mi Doctrina. Entregad la esencia de mi Enseñanza y dejad que en ella se inspiren los hombres.

Velad por vuestra heredad, por vuestros dones, porque estáis destinados a enseñar a la humanidad la Doctrina de la Espiritualidad.

Voy a concederos un tiempo de paz, un tiempo de alejamiento de la vida terrestre, para que podáis estudiar, y entonces, preparados ya, deis principio al cumplimiento de vuestra misión.

El don de intuición os guiará en esos tiempos, para que sepáis a qué sitio y por cuál camino tendréis que ir. No estarán solos los discípulos, sobre ellos irá una legión de Espíritus de Luz en su ayuda, y sobre todos, Elías, el pastor espiritual, iluminará los senderos y cuidará sus ovejas. Mi Voluntad se pondrá de manifiesto en vuestras obras.

Tomad la esencia de esta enseñanza y principiad por sembrar unión en el seno de vuestras familias, luego procurad la armonía entre las congregaciones y, una vez unidos por lazos espirituales, dejad que de vosotros irradie hacia el exterior paz y bienandanza.

Cuando sea recibido mi nuevo mensaje por la humanidad, sentirá un estremecimiento de gozo que la hará encaminarse a la espiritualidad, por medio de la cual se sentirá más próxima a su Señor.

Yo os he dado el idioma Universal con el cual os sabréis entender unos y otros, aquél que expresa el espíritu por medio del amor.

En aquel tiempo, a través de Jesús, no tomé el lenguaje de los sabios, de los filósofos o científicos para hablaros del Reino de los Cielos, tomé de vuestro lenguaje las formas más sencillas, porque son las que mejor expresan las Enseñanzas Divinas. Os hablé en parábolas, tomando las cosas que os eran familiares para que, a través de ellas, conocieseis el sentido de la vida espiritual.

¿Quiénes de los hijos de este pueblo, serán los que lleven esta semilla hasta los confines de la Tierra? No lo sabéis, pero sí os revelo que sois el principio de la siembra en este tiempo. Estoy entresacando a los que he de enviar a las naciones como emisarios de mi Enseñanza.

Esta cruz que pongo en vuestros hombros, no la debéis tomar como un fardo, es una cruz blanca y fácil de llevar; mis huestes espirituales estarán velando por vosotros y si os levantáis en la lucha, abandonando lo que os pertenece en la Tierra, a imitación de mis apóstoles de aquel tiempo, Yo os entregaré todo lo necesario para que vayáis a convertir a la humanidad, como los nuevos intérpretes, videntes y profetas de la verdad.

Cuando ya no oigáis mi Palabra por medio del portavoz, cada uno de vosotros deberá tomar a la congregación que le sea señalada, como a su propia familia, para enseñarla y guiarla. Practicad en vuestros hermanos la caridad, corregidlos con amor y sabiduría, hacedles respirar un ambiente de paz y mi Espíritu se desbordará en bendiciones.

Después de que la Tierra haya sido tocada de un polo a otro y de que toda nación, institución y hogar, hayan sido juzgados hasta su raíz, iréis en mi Nombre a llevar esta Doctrina a todo lugar.

En apariencia serán necesidades materiales las que os guíen a otros lugares, pero la verdad será que fue vuestra misión la que os llevó a mostraros las tierras sin cultivo o a medio cultivar, para que en ellas depositarais la semilla bendita que os he entregado.

Veréis entonces cómo muchos que nunca me escucharon, se levantarán como grandes apóstoles, llenos de fe, de amor y ahínco, olvidando temores y prejuicios, y penetrarán doquiera se abra una puerta para dar testimonio de mi Palabra. No temerán a sectas y religiones, porque antes que considerarlas enemigas, las verán como hermanas.

En el mundo los hombres ya están en espera de la llegada de los apóstoles de la paz y la luz, los que serán sanos de corazón, humildes de espíritu y sabrán esparcir la semilla con gozo y fe. Voy a dejaros en mi lugar. Los labios de los portavoces van a callar, pero quedarán vuestros labios preparados y vuestro espíritu inspirado.

El trabajo en mis tierras es duro pero lleno de satisfacciones. La lucha será grande, intensa, pero fructífera, porque la tierra es fértil en este tiempo, pero antes de vuestra llegada será removida, para que pueda recibir la semilla.

Quiero que la única insignia que ostenten mis emisarios sea la verdad, ella es la llave, el escudo y la espada.

¿Qué necesitáis para enseñar mi Doctrina? Amar. Imposible es que seáis misioneros de Cristo si no tenéis amor en vuestro corazón. Todos llegaréis a Mí y será por amor.

Ahora os toca tomar la cruz que antes dejasteis a otros, debéis vivir vuestra propia pasión, para que alcancéis la más alta elevación del espíritu. Vuestra misión es la de esparcir luz y paz entre vuestros hermanos, como rocío fecundo y vivificante.

A nadie hablaréis con severidad, porque no es así como los convertiréis. Aprenderéis que al pecador no se le injuria para corregir su falta. Observad que si a las fieras les habláis con amor, ellas humillan su cerviz. Si aquél a quien habláis tuviere algunos méritos, decídselo. Si en él encontráis alguna virtud entre muchos defectos, no le habléis de éstos sino de la virtud para estimularlo e impulsarlo al bien. Que sea el amor el que os guíe, a fin de que lleguéis a convertiros en verdaderos mensajeros del Consolador.

Cuando vayáis a convencer al incrédulo, habladle con obras como os he enseñado, pero también con silencio; sed intuitivos mas no inoportunos. Si os preparáis, si sabéis perseverar, vuestra mirada será penetrante y no dejaréis pasar un instante oportuno en el que debáis dar a vuestra obra el último toque con vuestro cincel.

También os digo que no podrá decirse discípulo mío, aquél que tomare mi Palabra como una espada para herir a su hermano o como un cetro para humillarle, así como aquél que se exaltare al hablar de mi Doctrina y perdiere la calma, porque no levantará ninguna simiente de fe. Discípulo preparado será el que al verse atacado en su fe, en lo más sagrado de sus creencias, sepa permanecer sereno, porque será como un faro en medio de la tempestad.

Vuestra materia es frágil y piensa en el descanso, mas para el espíritu el descanso sería su mayor castigo, ya que su premio es la actividad, el trabajo, la lucha: en ello glorifica a su Padre, que nunca descansa, que nunca duerme y nunca se cansa. La fatiga no existe en el espíritu que está en plena evolución, tampoco la noche, el hambre ni la sed.

También os digo: Bastará que vuestro espíritu llegue ya preparado al Más Allá, para que él, sin turbarse, lo comprenda todo y me diga: Padre mío, hoy mis alas se abren para conquistar el infinito y puedo amarlo y comprenderlo todo, con la luz que me entregaste a través de los tiempos: señálame mi tarea, mi misión. ¿Acaso sabéis si vosotros, que hoy os sentís pequeños, iréis a otros mundos como grandes espíritus, como profetas o maestros inspirados en las obras bellas del Universo?

Si anheláis la paz para un pueblo, no es necesario que vayáis hasta él, haced la paz en vuestro corazón o en vuestro hogar y esto bastará para que reflejéis en el espíritu de ese pueblo la concordia y la unificación.

Llegará la hora en que deis testimonio de mi Comunicación. La humanidad me pedirá pruebas para creer, mas Yo le diré: He aquí a estos discípulos a quienes he hecho penetrar en una nueva vida, ellos son la prueba del poder de mi Enseñanza; mi Palabra ha forjado a su espíritu y hoy se encuentran preparados para llevar mi Doctrina a los pueblos de la Tierra.

Hacen falta en el mundo grandes explicadores de mi Doctrina, buenos intérpretes de mis Enseñanzas. Id por todas partes y entregad mi Palabra, mi Amor, mi Sabiduría. Llevad la buena nueva a las naciones, extended el mensaje por doquiera, pero no os disperséis antes de sentiros fuertes, estudiad antes de partir a otras comarcas, para que seáis luz en el camino de vuestros hermanos.

Si vosotros que habéis recibido esta enseñanza, la abrazáis con amor y la dais a conocer como os he enseñado, de cierto os digo que vuestra simiente alcanzará hasta la séptima generación.

Los primeros surcos ya fueron abiertos, la semilla ha caído en su seno. Hoy son unos cuantos los que saben que he estado entre vosotros, pero mañana, el mundo lo sabrá, y cuando analice lo que aconteció alrededor de mi llegada, de mi permanencia y mi partida en este tiempo, confesará que no vine secretamente, ni en silencio, y que desde el oriente hasta el occidente, di pruebas y señales al mundo, cumpliendo así una promesa dada a la humanidad desde la antigüedad.

No os estacionéis ni tampoco caminéis de prisa, medid vuestros pasos y cada uno de ellos afirmadlo en el estudio y la meditación. No sabéis cuándo llegaréis al triunfo en vuestra lucha, porque de generación en generación seguiréis trabajando para lograr que la espiritualidad sea en la humanidad. Vosotros cruzaréis las fronteras y los mares, iréis a provincias, comarcas y naciones a dar a conocer mi Verdad.

He visto a los que en silencio consuelan y sanan a los enfermos, a los que sin alarde saben dar la palabra precisa que salva, orienta y fortalece. ¡Benditos seáis!

¡Cuán pronto veréis que fructifica mi Palabra en muchos pueblos que hoy creéis duros de corazón y muy distantes de la espiritualidad!

En todas las naciones de la Tierra se encuentran diseminados los profetas de mi Doctrina, hombres de espíritu elevado a quienes he dado una espada de luz, para combatir toda falsa teoría o doctrina y así sólo perduren aquéllas que tengan por cimiento el amor y la verdad.

Soy el Padre Universal, mi Amor desciende a todos los corazones. He venido a todos los pueblos de la Tierra, mas si he señalado a esta nación para entregar mi Palabra y mis Revelaciones, es porque la he encontrado humilde, porque he observado las virtudes de sus moradores. He hecho encarnar en ella a espíritus elevados de mi Pueblo, mas no todos están aquí, porque Yo les he enviado a todo el mundo y se comunican conmigo de ESPÍRITU A ESPÍRITU. Llegará el día, en que vosotros os cruzaréis en su camino y vuestra mirada espiritual descubrirá en ellos al hermano, lleno de fortaleza y virtud.

Por eso no os sorprendáis cuando os digan que fuera de esta nación también mi Rayo se ha hecho palabra. Sabed que mi Amor lo abarca todo y que mi Obra restauradora es Universal. Desde el principio tengo preparada la heredad para cada una de las naciones del mundo. ¿Cómo podéis concebir que pudiese descuidar a otras comarcas si todos sois mis hijos? Yo he venido a salvar a todas las criaturas.

La luz ha pasado simbólicamente de oriente a occidente, y ahora este mensaje irá de occidente a oriente, y se fundirán los dos en uno solo en el conocimiento de la verdad. Y cuando os hayáis unificado, reconoceréis que la sabiduría no proviene de los hombres sino del Espíritu Divino.

Este pueblo que estoy doctrinando, no será por ello más grande que los demás, pero sí más responsable por lo que en él he depositado. Cada pueblo trae una misión a la Tierra y vuestro destino, es el de ser entre la humanidad el profeta de Dios, el faro de la fe y el camino de la perfección.

Recordad cómo en el Segundo Tiempo, la simiente que Jesús sembró en aquella nación germinó con más fuerza en otros pueblos, tan sólo por el testimonio de mis apóstoles.

Hombres y mujeres de tierras lejanas, vendrán a vosotros y se convertirán en mis discípulos, mas cuando se sientan llenos de luz, retornarán a sus naciones para llevar a ellas mi Doctrina.

Se avecina el tiempo en que surjan profetas y se levanten pueblos que os sorprendan por su espiritualidad y el desarrollo de sus dones, así comprobaréis que mi Espíritu está sobre todos. También os sorprenderá que la palabra en todos los recintos de esta nación, tiene la misma esencia y el fruto es de igual sabor.

Orad por las naciones, que Yo velaré por vosotros.

¡Despertad! El sol ha aparecido en el horizonte y os invita a la faena. Yo soy ese Sol y mi Venida en este tiempo ha sido un nuevo amanecer para vosotros. Que ninguno dude si podrá o no ser útil en mi campiña.

Os he llamado para que seáis labriegos en mis tierras y que extendáis por todas partes esta semilla, y no puedo equivocarme. No es una obra superior a vuestras fuerzas la que he venido a confiaros, pero mientras mayor seáis en número y más grande vuestra unión, el peso de vuestra cruz será menor. Antes de enviar a vuestro espíritu a este planeta, le fueron mostradas las tierras, se le dijo que vendrá a sembrar la paz, que su mensaje sería elevado, y vuestro espíritu se regocijó y prometió ser fiel y obediente a su misión.

La voz que escucháis es la del Espíritu de Verdad y si ella no fue oída en todas las naciones, fue porque los hombres no estaban preparados, porque fueron soberbios a la voz de mi llamado, dejando que sólo me escuchara el pobre, el hambriento y el desnudo.

He escogido esta nación y me place que de ella salgan mis labriegos a esparcir la semilla. Os estoy preparando para que seáis maestros, mas no jueces de vuestros hermanos. No olvidéis que os dejo como servidores, no como señores.

Hoy estáis desunidos, mas cuando las doctrinas materialistas lleguen a amenazar con destruiros, entonces llegaréis a identificaros todos los que penséis y sintáis con el espíritu. Cuando ese tiempo llegue, Yo os daré una señal para que podáis reconoceros, algo que todos podáis ver y oír en la misma forma. Así, cuando deis testimonio unos a otros, os maravillaréis y exclamaréis: Es el Señor quien nos ha iluminado.

Meditad profundamente en mi Palabra y después orad con toda vuestra fe y vuestras potencias. De esa preparación, comenzará a surgir una fuerza interior que iniciará una lucha incesante con la envoltura. Se enfrentará el espíritu a la materia, tratando de hacer oír la voz de la conciencia y de acallar la voz de la carne, y surgirá la luz…

A vosotros, mis pequeños discípulos, no os toca realizar la transformación de la humanidad, porque es una obra superior a vuestras fuerzas, pero debéis extender este Mensaje Divino, que habrá de apartar a los hombres de los grandes errores en que han vivido.

Esta labor de sembrar la semilla espiritual en tierras áridas, requiere de fe, amor y esfuerzo, como todas las grandes obras, por lo cual os digo, que no debéis dudar ni un instante de la realización de mis planes. Lanzaos a la lucha con preparación, desarrollad vuestros dones, dad brillo a vuestras armas; no rehuyáis las pruebas, porque ellas dan temple y fortaleza al espíritu.

Yo soy el Árbol y vosotros seréis los frutos por los que la humanidad habrá de reconocerme. Cuando en vuestras obras exista dulzura y vida, habréis dado fiel testimonio de Quien os ha doctrinado y agraciado con la savia del amor y la verdad.

No será necesario que hagáis una vida mística para agradarme, ni nadie será obligado a seguirme, porque esas obras no serían recibidas por Mí. Al Padre llegan tan solo las ofrendas de buena voluntad, los impulsos sinceros, el amor espontáneo. Tampoco quiero que me sirváis por temor a un castigo; ya es tiempo de que sepáis que Dios no castiga a sus hijos. Vivid ampliamente vuestra vida, serena y pacientemente, para que demostréis vuestra fe. Nada temáis, Yo estoy con vosotros. Si sois fuertes, podréis ver caer vuestra ciudad piedra tras piedra y no os amedrentaréis; porque dentro de vosotros está el Poder Divino, esa parte de mi Espíritu que hay en vosotros, y con él podéis construir grandes obras en vuestro corazón y en vuestros hermanos, dar alegría a los tristes, enjugar lágrimas, levantar el ánimo al caído… La obra que edifiquéis con fe y amor, será grande e indestructible.

Entonces triunfará mi Doctrina y crecerá el número de los que me siguen, que llevarán un estandarte de paz, unión y buena voluntad.

El que rechazare esta palabra me habrá rechazado a Mí, y el que la aceptare me habrá aceptado, porque en su esencia me he manifestado en este tiempo a los hombres, en ella está presente mi Espíritu; por eso os digo que quien recibiere mi Palabra, ése reconocerá mi Voz, me abrirá las puertas y me tendrá dentro de sí.

Quiero que al final de los tiempos, todos seáis iguales en torno a mi mesa. Por eso, cuando los hombres os admiren, hacedles comprender que todos estáis donados en forma igual.

Llegará el día en que muchos de vosotros saldréis de esta nación, para llevar mi Palabra de amor a otras comarcas. Id como buenos sembradores. Conquistad para Mí el mayor número de corazones que podáis.

En el Primer Tiempo el Padre ungió a Leví, para que de él brotaran los servidores del culto divino y fueran los intérpretes de mi Inspiración y mi Ley, ahora sois vosotros mis servidores, quienes iréis a las naciones a esparcir mi Doctrina, porque mi Obra será reconocida Universalmente.

No os pido que me dediquéis todo vuestro tiempo, porque os he confiado deberes y responsabilidades en la Tierra; pero es menester que comprendáis que el cuerpo humano que tanto amáis, no es sino la envoltura del espíritu, es la materia en la cual se despiertan todas las pasiones y su fin está en este mundo.

Nada tenéis que temer del mundo por ser mis discípulos. No por ser humildes vais a ser indigentes, no confundáis la humildad del espíritu con la pobreza de la materia. No vais a perder vuestros derechos humanos, por el contrario, quien comprende y aplica a su vida la espiritualidad, es dueño de cuanto le rodea, y vive y goza con mayor intensidad que quien sólo ve y siente lo material.

Buscad en este camino la elevación de vuestro espíritu, pero huid de las adulaciones y honores terrestres, sabed que entre vosotros no se destacarán nombres, sino las obras del pueblo en su conjunto. La memoria del que sembró buena simiente será respetada, bendecida y su ejemplo, imitado: ése será su único monumento en la Tierra.

El que persiga los honores y alabanzas del mundo, aquí los tendrá, pero de nada le servirán el día de su entrada en el mundo espiritual. El que vaya en pos de la riqueza material, aquí tendrá su retribución, porque fue a lo que aspiró, mas en el Más Allá no tendrá derecho de reclamar compensación alguna para su espíritu. Y por el contrario, el que siempre haya renunciado a los halagos y favores, el que haya amado limpia y desinteresadamente a su hermano, ése no pensará en recibir galardones, porque no vivió para la satisfacción propia, sino para la de sus semejantes. Para él, ¡cuán grande será la paz y la felicidad cuando llegue al seno del Padre!

Todos buscan en el mundo un horizonte de paz y no lo encuentran, porque no existe fraternidad entre los hombres, sólo les alienta el presentimiento de que, sobre el haz de la Tierra, ha de existir un lugar de paz. Ese punto será esta nación, la cual será vista desde la distancia como una estrella luminosa. Ésa es la responsabilidad de este pueblo, el cual debe prepararse espiritual y materialmente para dar ejemplo de fraternidad, elevación y caridad.

Sed humildes y no hagáis guerra por causa de mi Doctrina. Por conducto vuestro hablaré a la humanidad, porque cada uno de mis escogidos deberá ser un portavoz de mi Doctrina, un emisario de buena voluntad.

Si os conmueve el dolor de los enfermos que han sufrido las inclemencias de la guerra y queréis enviarles un poco de paz y consuelo, buscad al enfermo más próximo, tomadlo como una representación de aquéllos y depositad en él la caridad en nombre mío, y Yo estaré acariciando y sanando a los enfermos en esas naciones.

Vengo depurando a mis discípulos y apartando sus imperfecciones, pero esto no será solamente en vuestras prácticas espirituales, sino también en vuestros hogares. Yo he surgido como un torbellino y mi fuerza hace caer todos los malos frutos, quedando entre el follaje sólo aquéllos que darán buena simiente, porque se acerca el tiempo de prueba en que la humanidad venga a escudriñaros.

Yo he venido una vez más a establecer mi Reino en el espíritu del hombre y a hacer con él un pacto de amor y de justicia, como estaba escrito. En todo el mundo levantaré hombres y mujeres, por los cuales me manifestaré. Entended que he venido a renovar y a purificarlo todo.

Concluiréis por comprender que el dolor, en muchas formas, ha sido el cincel que ha estado modelando a vuestro espíritu para el desempeño de su misión.

El tiempo del despertar para cada espíritu está señalado: Yo os prometo que todo aquel que se prepare, me verá en todo mi esplendor. Pedid y se os dará. Todo lo que deseéis en caridad para vuestros hermanos, pedídmelo. Orad, unid vuestro ruego al del necesitado y os concederé lo que solicitáis.

Muchos de aquéllos en quienes practiquéis la caridad, harán lo que vosotros no pudisteis hacer y, a su vez, a quienes ellos ayuden, harán más de lo que ellos hicieron. Por eso os he dicho que los últimos serán los primeros.

Yo me recrearé con vuestras reuniones, me haré sentir en vuestro corazón y en vuestro espíritu, y me derramaré en caridad en muchas formas, alentando y premiando vuestra fe y espiritualidad.

La luz, el amor y la justicia que existen en mi Doctrina, abrirán caminos, destruirán murallas de ignorancia y borrarán fronteras. Todo quedará preparado para la unificación de los pueblos. Nada pendiente o inconcluso dejará el espíritu sobre la Tierra.

Cuando la unión y la fraternidad sean practicadas entre vosotros, será el tiempo de los grandes prodigios, en que mi Voz será escuchada por toda la humanidad.

¡Mi paz sea con vosotros!

A los discípulos I

A LOS DISCIPULOS – I

A través de los tiempos y en todos los pueblos de la Tierra han surgido apóstoles del bien, que han manifestado la elevación de su espíritu, a través de diversas misiones que les he encomendado. Todos ellos han sido enviados míos, porque el bien procede de una sola fuente: mi Espíritu.

De esos enviados, unos han sido sembradores espirituales, otros han llevado la luz a la ciencia y otros, con su sentido de lo bello, han llevado mi mensaje de Amor a la humanidad en obras hermosas. A unos les habéis llamado apóstoles, a otros sabios, a unos más genios; mas no ha habido uno que no haya recibido de Mí el mensaje que había de llevar a los hombres.

Discípulos amados: si os preparáis en mi Nombre, Yo os inspiraré palabras y acciones que sorprenderán a la humanidad; vuestra mente iluminada descubrirá en el espíritu y en la naturaleza, todo lo que hay de grande y perfecto en mi Creación, entonces conoceréis plenamente vuestros dones y seréis grandes en obras de amor y caridad.

La práctica de mi Doctrina deberá llevaros al retorno de la vida sencilla, pero a la vez daréis un paso hacia adelante en el conocimiento espiritual. Amad, sed virtuosos y tendréis en vosotros todas mis complacencias.

Voy a confiaros extensas tierras para que las cultivéis y es necesario que estéis fuertes y preparados para no desmayar en el trabajo. Cada uno debe ser un labriego afanoso en la campiña, para lo cual deberá aprender a sembrar, cultivar y cosechar, alentado por mis Enseñanzas.

No temáis retornar a la lucha desnudos, sin calza ni alforja, porque lo que habéis derramado entre vuestros hermanos, Yo os lo devolveré multiplicado y os colmaré de gracias.

Os he llamado labriegos, porque os he dado la semilla, el agua, las tierras y las herramientas de labranza, para que llevéis la esencia de mi Palabra a la humanidad. El sentido figurado en que os hablo es sencillo, para que podáis comprender mis Lecciones.

Es el tiempo de la siega, en el que recogeréis lo que habéis sembrado. Yo os daré un tiempo más para que volváis a sembrar, cuando eso sea, tomad de la buena semilla y cultivadla con amor.

Comprended que más que seguirme vosotros, soy Yo quien os ha seguido a través de los tiempos para señalaros vuestra misión y enseñaros a cumplir mi Ley.

A cada quien le he asignado la porción que debe guiar y esa misión no termina con la muerte del cuerpo. El espíritu, lo mismo en la Tierra que en el Valle Espiritual, sigue sembrando, cultivando y cosechando.

He formado mi nuevo apostolado con hombres y mujeres, ya que no sólo el hombre ha sabido interpretar mi Ley. La mujer, dotada de bellos sentimientos, ha sido siempre colaboradora en mi Obra de redención. También en ella hago descansar en este tiempo la responsabilidad del buen cumplimiento de mis Mandatos. Yo dejo a ambos velando, unidos en esta causa.

Varones y mujeres, niños, jóvenes y ancianos formarán el apostolado de Cristo en este Tiempo, mas de cierto os digo que más que corazones, son espíritus a los que vengo buscando. Aunque no toda la humanidad está escuchando mi Palabra, siente mi Presencia en esta hora trascendental. Los padres de familia en su hogar, los enfermos en su lecho de dolor, los hambrientos de justicia, los castigados por los hombres, los que no llevan paz en su corazón, los ofendidos, los pobres de espíritu, penetrad todos mis hijos en el silencio de mi Santuario, para que escuchéis la voz de vuestro Señor que os dice: La paz sea con vosotros.

Los que enseñen en el mundo mi Doctrina, tendrán que ser conocedores del ser humano, no sólo en lo que corresponde al espíritu, sino también a la materia. Para ser maestros en espiritualidad, tenéis que ser perseverantes, pacientes, estudiosos y observadores. Un consejo para que sea acertado, una palabra para que resuelva un problema, un juicio para que sea recto, una enseñanza para que sea persuasiva, tendrán que provenir de un espíritu acrisolado en la experiencia, fortalecido en la lucha y purificado en el bien.

Todo el que en este tiempo quiera seguirme, tendrá que abandonar algo para ir con paso firme en pos de mi huella. Unos dejarán posesiones materiales, otros olvidarán falsos amores, habrá quienes desciendan de sus altos sitiales y tronos, mientras otros abandonarán sus altares. Detrás, quedarán las pasiones, las vanidades, los malsanos y fugaces placeres.

La vida es una maestra que convierte a los párvulos en discípulos, para que éstos sean consejeros y guías de sus hermanos, con la luz, el saber y la experiencia que os proporciona.

De discípulos os tornaréis en defensores de la verdad, con armas que os harán invencibles: el amor, la caridad, el perdón, la sinceridad, la mansedumbre, el celo por lo justo y lo bueno.

Cuando ya estéis así preparados, cuando hayáis sido pulidos por el fino cincel de mi Justicia y de mi Amor, os enviaré a vuestros hermanos con este mensaje de sabiduría, consuelo y esperanza. ¿Quién podrá resistir la fuerza de la verdad que brote de vuestras palabras? ¿Quién no se sentirá cautivado ante la persuasión de vuestros consejos y ejemplos?

Seréis hombres de buena voluntad, corazones celosos de la pureza de mi Doctrina, para hacerla llegar limpia a la humanidad. Los que se levanten como emisarios llevarán dulzura en su palabra y en sus obras, nunca amargura. Sus ojos sabrán llorar por el dolor ajeno y sus sienes se blanquearán cuando sepan sufrir por sus hermanos. Vivirán y morirán amando, perdonando y bendiciendo y llegarán al final de su camino sin amarguras ni fatiga.

Penetrad con amor en el estudio de mi Doctrina, porque se acerca el tiempo en el que no tendréis más guía que vuestra conciencia, ni más Pastor que mi Espíritu. No os dividáis, formad una sola familia, sólo así podréis ser fuertes. Quiero que convirtáis en amigos a vuestros enemigos y que os hagáis reconocer, sanando enfermos y rescatando perdidos.

No os pido todo vuestro tiempo para el desempeño de esta misión. Me basta con que dediquéis unos minutos del día al estudio de mi Palabra, que realicéis una buena obra o que en alguna forma deis un paso adelante en el camino de superación espiritual.

Desprendeos de lo superfluo, abandonad los entretenimientos inútiles, no engañéis a vuestro corazón ni a vuestros sentidos con falsas bellezas o insanas impresiones. Si vais a hablar de paz, llevadla en vuestro corazón; si vais a hablar de Mí y de mi Obra, estudiad primero para que nunca deforméis la verdad, pero no vayáis a creeros sus únicos poseedores, porque pecaríais de ignorancia y fanatismo. Quiero que al mismo tiempo que prediquéis mi Enseñanza, sepáis encontrar la verdad en vuestros hermanos: unos tendrán mucha luz, otros sólo un átomo, pero en todos encontraréis mi Presencia, porque todos sois mis hijos.

Cuando tratéis de exhortar al bien a un pecador, no lo amenacéis con el dolor en caso de no regenerarse, porque le infundiríais aversión a mi Doctrina. Mostrad al verdadero Dios, que es todo amor, caridad y perdón.

¿No recordáis que os he dicho que seréis el sabor espiritual de la humanidad? ¿Qué más podéis ambicionar en la Tierra que ser consejeros, guías y doctores espirituales de los necesitados?

La caridad es una de las flores más bellas del amor y esa virtud quiero que brille en vosotros, para que derrame su esencia entre vuestros hermanos.

Los espíritus que hoy son pequeños por su escasa evolución, mañana serán grandes mediante su esfuerzo en el camino del bien. Si a vosotros os he hecho primeros, ha sido por vuestra fidelidad, pero conservad esta gracia siempre. Vuestras tierras de labranza son pequeñas aún y corta vuestra siembra. Sed siempre humildes, no deis cabida a la vanidad y seréis grandes delante del Padre.

En el seno de toda religión se encuentran enviados míos, pero no serán ellos los que abran mi Arcano. A los que he enviado para esta misión, reciben mi Sabiduría por inspiración; los que no son mis siervos, han tomado el conocimiento de los libros; mientras unos oran y aman, otros leen y estudian, mas nunca logrará alcanzar la mente, la elevación que obtiene el espíritu. Los primeros cuando hablan, persuaden, conmueven, acarician y sanan; los segundos sorprenden, son admirados, pero no consuelan, ni salvan.

Todo el que abrace su cruz, que ame mi Ley y propague esta semilla, será llamado labriego de mi campiña, apóstol de mi Obra e hijo de este pueblo, aun cuando no me haya oído a través de esta manifestación.

En varias naciones aparecerán profetas hablando de mi Manifestación y de mi Presencia entre vosotros; les debéis reconocer porque son mis enviados. Mas aprended a distinguirlos de los profetas falsos que también surgirán, su palabra será de aparente luz pero en su fondo llevará confusión.

Hoy os digo: Las profecías que contienen mis nuevas Lecciones, se enlazarán con las antiguas, porque todas os hablan de una sola revelación.

Trabajad sin cansaros, enseñad, haced obras que conviertan y, ya que hayáis resucitado a la vida de la gracia, velad por los enfermos, orad por los que no lo hacen y fortaleced a los que atraviesan grandes pruebas.

¡Cuántas oportunidades tenéis a cada paso de ser buenos y útiles para vuestros semejantes! Cada hogar es un campo propicio para sembrar mi semilla; cada ciudad y cada pueblo, son tierras sedientas de caridad y amor. Yo os vengo a convertir en sembradores, para que llevéis el consuelo y la paz a la humanidad.

Mi Doctrina tiende a formar en vosotros, a seres que se distingan por su elevación, virtud y sabiduría. ¡Cuán grande será vuestro gozo y vuestra paz interior, cuando logréis ese adelanto!

Ved al Maestro una vez más rodeado de sus discípulos. Quiero hacer de cada uno de vosotros un apóstol y de cada apóstol, un maestro.

Os he confiado una joya de incalculable valor, para que la hagáis brillar ante la humanidad, no la ocultéis ni os despojéis de ella. Mi Palabra es tesoro Divino que no debéis guardar sólo para vosotros. No os convirtáis en los ricos avaros, porque creyendo tener mucha sabiduría nada tendréis. De cierto os digo que el egoísmo en el espíritu, es ignorancia.

Mi Obra es más blanca que el copo de la nieve y más pura que el agua de vuestros manantiales: así quiero que la conservéis hasta el final de la jornada.

He dejado que los hombres cultiven diversos árboles y he visto que la mayoría de sus frutos, han sido amargos y de ellos han hecho comer a la humanidad. Vengo a confiaros el Árbol de la Vida Eterna cuyo fruto dulcísimo os da salud, alegría y paz.

Los que sueñan con lo eterno, los que aman lo verdadero, los que anhelan elevarse sobre las miserias de la vida humana, los que tienen caridad de su espíritu, los que prefieren el atavío espiritual a las galas del cuerpo, serán los que abracen con fervor esta Obra. No he venido sólo a aliviar vuestros dolores y a libraros de vuestras enfermedades, mi Enseñanza encierra algo más que la liberación del dolor: la vida eterna.

Estoy justificando mi Presencia entre vosotros con mi Enseñanza, alguno dirá: Maestro, es difícil practicar vuestra Doctrina y quizá impropia de esta Era materialista. Mas Yo os digo: eso mismo dijeron en el Segundo Tiempo de mi Palabra y sin embargo los gentiles, los paganos, fueron los que más pronto se convirtieron a ella.

Cada Era ha traído a los hombres nuevas luces para la mente y el espíritu. Disponeos todos a recibir mis Mensajes, porque un nuevo tiempo abre sus puertas y es mucho lo que tenéis que ver y conocer.

Discípulos: vosotros tenéis el deber sagrado de hacer comprender esta Doctrina a los que llamo párvulos. Para ser mis discípulos no es suficiente entender, debéis también dar la mano al que no ha logrado aún interpretar mi Enseñanza. Daos cuenta de que mis párvulos están necesitados de vuestras explicaciones y experiencia.

Yo formaré en este tiempo un pueblo que sea celoso de mi Ley, amante de la verdad y la caridad. Ese pueblo será como un espejo en el que los demás podrán ver reflejados sus errores. No será juez de nadie, pero sus virtudes, obras y cumplimiento, irán tocando al espíritu de todos los que se crucen en su camino e irán señalándoles sus faltas a mi Ley.

Los hombres se preguntarán: ¿Quiénes son éstos que sin tener templos saben orar espiritualmente? ¿Quién ha enseñado a estas multitudes a orar, sin que sientan la necesidad de construir altares para su culto? ¿De dónde han salido estos caminantes y misioneros que, a semejanza de las aves, no siembran ni cosechan, ni hilan y sin embargo subsisten? Yo les responderé: Estas multitudes que gozan haciendo el bien, no han sido enseñadas por maestros o ministros de ningún culto de la Tierra, no existe un solo hombre en vuestro mundo, que sepa enseñar el culto de Dios, bajo la verdadera espiritualidad. No es en el esplendor de las ceremonias, ni en la riqueza o el poder terrenal donde radica la verdad, mi Doctrina busca como templo a los corazones limpios, nobles y sinceros, amantes de lo puro y elevado.

Aquéllos que vean la fructificación de mi Obra, sabrán que el mérito no fue sólo de los últimos, sino una labor en la que los esfuerzos y sacrificios de los primeros, se enlazaron con la labor de los postreros, para llevar al triunfo una Doctrina espiritual encomendada a todos por el Maestro.

Necesitáis ser un pueblo fuerte para que triunféis y nada os dará mayor fuerza, que el cumplimiento de mi Ley. Muchas tentaciones, persecuciones y asechanzas vendrán sobre vosotros, pero de todo ello saldréis triunfantes si confiáis en Mí, si permanecéis unidos y si perseveráis en la práctica de mi Enseñanza.

Los que en este tiempo me hayan recibido en su espíritu, serán responsables de este Divino Legado, el cual será transmitido fielmente de generación en generación, hasta que lleguen aquéllas en quienes habrá de florecer la Doctrina del amor y la sabiduría. A vosotros, que habéis tenido por Maestro al Espíritu Santo, os hago responsables de la paz.

Hoy no me he concretado a hablaros solamente del tiempo presente; mucho me he referido a los tiempos pasados y os he anticipado acontecimientos del futuro: os he descubierto lo que os habían ocultado y he rectificado lo que estaba alterado.

Que no espere el mundo un nuevo Mesías: si os prometí volver, también os di a entender que mi venida sería espiritual. Mi Obra vendrá a coronar el esfuerzo de todos aquellos que han vivido en vigilia, esperando mi retorno; esclarecerá muchos de los misterios que el hombre aún no ha logrado comprender y será un arma poderosa en manos de aquéllos que aman el bien y la justicia.

Dejad ya de vivir en un mundo de incertidumbre. No debéis, ni como hombres ni como espíritus, ignorar la verdad. ¿Cómo queréis triunfar en la lucha material, sin conocer la vida espiritual? ¿Cómo queréis ser sanos, sabios y fuertes, si os obstináis en cerrar los ojos a la luz eterna? ¡No viváis ya a media luz! ¡Despertad y venid a la luz plena! ¡Dejad de ser pequeños y creced espiritualmente!

En este tiempo, como lo prometí a Abraham y a su descendencia, seréis tan numerosos como las estrellas del cielo, como las arenas del mar, y llevaréis mi bendición a hogares, pueblos y países, donde tienen hambre de paz, de justicia y de verdad.

Al ascender del portavoz mi rayo Divino, mi inspiración descenderá sobre vosotros para que comprendáis mi Palabra.

Dejo mi amor entre mi pueblo, como testimonio de mi Presencia.

El que ha recibido simbólicamente la marca espiritual en su frontal en este tiempo, antes ya fue Conmigo en las Eras anteriores: por ello le llamo trinitario, porque lleva la simiente de las tres lecciones.

A ellos he entregado la misión de despertar a la humanidad, de conducirla por el camino de la elevación espiritual que os acerca a Mí y os convierte en verdaderos hermanos.

Estos señalados por mi amor sólo se les distingue por la espiritualidad en su vida, en sus obras, por su forma de pensar y comprender las revelaciones Divinas. No son idólatras ni frívolos: parece que no practican ninguna religión y, sin embargo, de ellos se eleva un culto interior entre su espíritu y el Mío. Diseminados se encuentran en el mundo, cumpliendo con la misión de orar por la paz y trabajar por la fraternidad de los hombres. No se conocen unos a otros, pero intuitivamente van cumpliendo con su destino de hacer luz en la senda de sus hermanos.

Los 144,000 señalados serán soldados de paz, maestros en mi Sabiduría, doctores para sanar todos los males, consoladores y profetas. Recordad el miraje de Juan mi apóstol y resurgid, pueblo, no olvidéis que os he llamado los hijos de la luz. Pero no sólo los marcados la poseerán, cualquiera que siga mis Enseñanzas tendrá los mismos dones e igual potestad.

Sólo Yo sé por qué en todos los tiempos os he señalado, sólo Yo conozco vuestro destino y restitución y es por eso, que siempre mi Justicia os toca, para que permanezcáis alejados de la maldad.

La marca es el signo invisible por medio del cual podrá cumplir su misión el discípulo; quien la lleve con amor, con respeto, celo y humildad, podrá comprobar que es una gracia Divina que le hace superior al dolor, que le ilumina en las grandes pruebas, que le revela profundos conocimientos y donde quiera rompe barreras para seguir su camino, por lo que os digo que un marcado es un mensajero, un enviado y un instrumento mío.

Los señalados con la luz del Espíritu Santo son como barquillas salvadoras, guardianes, consejeros y baluartes. Les he dotado de luz en su espíritu, de fuerza, de bálsamo de curación, de llaves del trabajo y les he preparado para vencer obstáculos que para otros son insuperables.

No es necesario que ostenten títulos del mundo para hacer reconocer sus dones. No conocen ciencias y son doctores, no conocen leyes y son consejeros; son pobres de los bienes de la Tierra y sin embargo, pueden hacer mucho bien a su paso.

No os faltará guía un solo instante, ya que mi Palabra no ha sido vaga o imprecisa, sino una Doctrina definida y perfecta. Sobre vosotros velará siempre el espíritu de Elías, quien vino en este tiempo a despertar al mundo y aparejar los caminos para que la humanidad llegue ante mi Presencia espiritual.

Sed obedientes y escalad paso a paso, hasta llegar a la cúspide de la montaña: ahí espero a los señalados de las doce tribus del nuevo pueblo de Israel, 12,000 de cada tribu, en representación de la humanidad. ¡Cuánto tendréis que crecer en sabiduría, amor y virtud, para que seáis luz en el camino de vuestros hermanos! ¡Qué destino tan hermoso os ha deparado vuestro Padre!

Todos tenéis el mismo origen, todos poseéis los dones del Espíritu Santo y llegaréis al mismo fin, mas os he nombrado mi pueblo, porque sois como hermanos mayores entre la humanidad, que tenéis la misión de llevar la simiente de amor a todo espíritu. De Mí brotasteis como simiente virgen y habréis de volver a mi seno, como semilla multiplicada en número infinito, pero limpia como la original.

Israel llamo al pueblo a quien estoy congregando en torno a mi nueva revelación, porque nadie mejor que Yo sabe qué espíritu mora en cada uno de los llamados de este tiempo. Israel tiene un significado espiritual: es el pueblo de Dios del que formáis parte.

Sois el pueblo espiritual que comprenderá el misterio de la escala que Jacob contempló a través de un sueño. El nombre de este pueblo surgirá nuevamente en la Tierra, en su verdadera esencia espiritual.

Esta porción que formáis, es sólo una mínima parte del pueblo de Dios que está diseminado en el Universo, y al que amo igual que a vosotros.

El mundo verá surgir al Israel espiritual, el que dará testimonio de la reencarnación del espíritu. Al principio, provocará contiendas y originará lucha de ideas, pero luego establecerá la paz, que lo hará permanecer sereno e inmutable.

Los dones de intuición, revelación e inspiración, estarán despiertos en el espíritu del nuevo Israel, porque a través de él serán recibidos mis Mensajes. Los hombres que formen el nuevo pueblo no serán escogidos en la Tierra, sino que por mi amor, ya irán señalados en su espíritu, como seres evolucionados que no podrán perderse en la senda que les he trazado.

Hoy os digo: convertíos en los guías de la humanidad. Dadle este pan de vida eterna, mostradle esta Obra Espiritual, para que las diferentes religiones se espiritualicen en mi Doctrina y el Reino de Dios sea, sobre todos los hombres.

Yo os he enseñado a vivir en armonía conmigo y a ser humildes y sencillos en todos vuestros actos y pensamientos. Sois los indicados para llevar a vuestros hermanos el consuelo, el aliento y el amor de mi Espíritu.

Uníos para que forméis un pueblo fuerte, el nuevo Israel, que sepa abrirse paso a través de persecuciones, vicisitudes y obstáculos. Id en ayuda de la humanidad, preparad su sendero, fortificad su fe y llenad de esperanza su corazón. Hablad íntimamente con vosotros, examinaos, gobernad con amor la envoltura, guiad sus pasos y formad de espíritu y materia, un solo cuerpo y una sola voluntad. Someteos a la Ley: usad el libre albedrío para amar sin límite y hacer una existencia útil y armoniosa. Cumplid con las leyes del espíritu y las del mundo, que ambas Yo las he dictado y son perfectas.

He dispuesto todo para que lleguéis a poseer todos los dones espirituales. He ofrecido a vuestro espíritu el pan de los Ángeles y a vuestra materia, los frutos de la naturaleza creada por Mí. Habéis venido a la Tierra a concluir el trabajo empezado, para perfeccionar vuestro espíritu.

Yo anuncié que mi pueblo surgiría nuevamente en el mundo, cuando la humanidad estuviese bebiendo su mayor cáliz de amargura; por eso estoy enviando a la Tierra a mis emisarios, a mis labriegos, soldados y profetas, porque el tiempo de la lucha se aproxima.

Mi pueblo, vuelvo a deciros, no es sólo éste que me escucha a través de los portavoces, está diseminado en toda la Tierra y sus hijos serán, todos los que den testimonio de mi verdad, todos los que abran brechas de luz al espíritu, todos los que combatan la mala yerba y anuncien el Tercer Tiempo. El que se prepare, oirá mi Voz, porque mi Verbo es Universal.

En esta palabra está mi Ley, porque contiene amor y justicia. En ella está el nuevo maná que os sustenta y os permitirá llegar a la nueva Jerusalén. Esa Ciudad no está en la Tierra, existe en la Mansión Espiritual. A ella llegaré entre vosotros, como en aquel día en que las multitudes cubrían con sus mantos el suelo, cantaban himnos y agitaban palmas; y me recibiréis en vuestro corazón, para celebrar la entrada triunfal del Maestro en Jerusalén. Cuando esto sea, ya no volveré a partir de vuestro seno. El pacto del nuevo pueblo de Israel con mi Espíritu, será para siempre.

Todos los destinos son diferentes, pero os llevan al mismo fin. A unos les están reservadas unas pruebas, a otros unas muy diferentes. Una criatura recorre un camino, otra sigue distinto derrotero. Ni todos habéis surgido a la vida en el mismo instante, ni todos retornaréis en el mismo tiempo. Unos caminan delante, otros detrás de aquéllos, pero la meta a todos os está esperando. Ninguno sabe quién está cerca ni quién viene distante, porque aun sois pequeños para tener ese conocimiento.

He señalado el destino a cada espíritu, su principio y su final están en Mí. Librará una batalla tras otra, mas en todos sus pasos me encontrará y mi Amor le fortalecerá siempre. El Padre no se apartará del hijo y cuando haya retornado al seno Divino, habrá fiesta en los cielos y alegría en este mundo. Entonces, Maestro y discípulo volverán a encontrarse.

Todos estáis iluminados por mi Sabiduría y hasta el más apartado rincón de la Tierra, donde haya un discípulo mío, allí estará mi Espíritu derramando luz y fortaleza, resolviendo problemas y obstáculos. A vosotros sólo os toca hacer una mínima parte de esta obra de regeneración y espiritualidad entre la humanidad. Mañana, dejaréis vuestro puesto y otros vendrán a seguir vuestra labor. Éstos llevarán la Obra un paso más allá y de una generación a otra, se irá cumpliendo mi Palabra. Al final, todas las ramas se unirán al árbol, todos los hombres se unirán en un solo pueblo y la paz reinará en la Tierra.

Os dice esto el Maestro para que no dejéis transcurrir las horas, los días y los años, sin hacer algo que pueda recoger vuestro espíritu mañana, cuando sea la hora llegada de entregar la cosecha.

Permaneced preparados, atentos, para que podáis oír las voces de los que os llaman, de los que os solicitan y para que sepáis resolver sus necesidades espirituales. Quiero hacer de vosotros un pueblo sano de espíritu y materia, porque sois el escogido, el testigo de mis Manifestaciones y habéis venido en esta etapa, a cumplir una delicada misión y a preparar el camino de las nuevas generaciones. Conforme os vayáis transformando, Yo os iré revelando todos los dones y potestades que poseéis. No rehuyáis las pruebas que os envíe, porque ellas son el cincel que esculpe y pule vuestro espíritu. Cuando el discípulo haya alcanzado la gracia de ser maestro, su presencia y sus palabras serán dulces y gratas. Su palabra demostrará que tiene profundo conocimiento de lo que habla y que una Luz Divina le inspira.

Es necesario que surjan en la Tierra los sembradores de la verdad, esparciendo mi Bálsamo por todos los caminos.

Vuestro destino es armonizar con todo lo creado. Ésa es la más grande de todas las leyes, porque en ella encontraréis la comunión perfecta con Dios y con sus obras. En el mundo los hombres se necesitan unos a otros; ninguno está de más y ninguno de menos. Todas las vidas son necesarias unas a otras para complemento y armonía del conjunto. Forjad un pueblo obediente con vuestra unión espiritual, cuya defensa para toda asechanza sea la oración.

Conoced a fondo la responsabilidad que tenéis entre todos los pueblos de la Tierra, para que sepáis cumplir vuestra misión, ahora que el tiempo es propicio. Aprended a perdonar los defectos de vuestros hermanos y si no podéis corregidos, por lo menos tended sobre ellos un velo de indulgencia.

Cuando de lo más profundo de vuestro corazón me digáis: Maestro, soy tu siervo, estoy presto a obedecer tu voluntad; ése será el instante en que verdaderamente comenzaré a manifestarme entre vosotros.

He aquí una más de mis Lecciones; para que la comprendáis mejor, analizadla con el espíritu, más que con la mente.

¡Mi paz sea con vosotros!

Los Tres Tiempos

LOS TRES TIEMPOS

De tiempo en tiempo he descorrido los velos de mi Arcano, de acuerdo con vuestra evolución. Éste en que vivís, es uno más de los viajes de desarrollo que habéis hecho a este mundo para perfeccionaros.

La voz que escucháis, es la misma que oyeron los primeros moradores de la Tierra. El cincel que labró mis mandamientos en el monte Sinaí, es el mismo que ahora viene a grabar en vuestro corazón mis Pensamientos Divinos.

La sangre de vuestro Salvador, que fue resurrección y vida, es la que vierto ahora en la esencia de esta palabra. Y la profecía y potestad con que Elías asombró a los hombres, son las mismas que habéis tenido presentes en este tiempo.

Cuando mis discípulos de aquel tiempo vieron transfigurarse a su Maestro en el monte Tabor, estando Moisés a su diestra y Elías a su siniestra, se sorprendieron ante la visión incomparable que presenté ante sus ojos. Ellos escucharon una voz que les decía: Éste es mi Hijo amado, en quien he puesto mis complacencias, a Él oíd. Hoy vengo a esclareceros el significado de aquella visión: Cada Enviado ha tenido su tiempo para comunicar a la humanidad el Mensaje Divino, las revelaciones y profecías, para ayudaros a cumplir la misión que entregué al espíritu desde que brotó de Mí. ¡Si la humanidad comprendiese que el sentido de aquella manifestación encerraba un mensaje para los hombres de este tiempo, cuán grande sería su adelanto!

Moisés, Jesús y Elías, han iluminado a vuestro espíritu para que lleguéis a contemplar al Padre en todo su esplendor. He ahí a los tres Enviados por los cuales habéis recibido las máximas revelaciones espirituales. Mosaísmo, Cristianismo y Espiritualismo, he ahí tres lecciones y una sola Doctrina: la del amor.

Ahora os invito nuevamente a escalar el monte de perfección, que es mi Obra, por la senda del amor, de la caridad y la humildad. Es el nuevo monte Tabor, en donde se funde mi Enseñanza de los tres tiempos en una sola esencia.

Yo he marcado el tiempo de mis Manifestaciones en las Tres Eras. Desde el primer hombre hasta el nacimiento de Jesús fue la primera Era de la humanidad, una larga etapa de pruebas, luchas y experiencias para vuestro espíritu, en la que os di a conocer la Ley a través de Moisés.

Jesús marcó el principio de la segunda Era y el hombre se conmovió al sentirse cerca del Verbo y recibir de Él su ejemplo perfecto, y su lección de amor. Su estancia en este mundo fue breve, un corto tiempo y tornó al Padre, de donde había venido. Él escogió y preparó a los elegidos para llevar su Palabra hasta los confines de la Tierra. Esa etapa terminó en 1866, cuando aparecieron las señales de la nueva Era, la tercera, un nuevo ciclo en el cual mi Espíritu Santo ha venido a entregaros la simiente, la luz y la gracia, en su sentido espiritual.

Sentid en vuestra vida la presencia de los Enviados del Padre; ellos no han muerto, todos viven para iluminar el camino de los hombres, para que se entreguen con amor al cumplimiento de su misión.

Hoy me manifiesto sobre la nube en cumplimiento de mi Palabra. Vengo lleno de majestad, rodeado de mis emisarios espirituales de gran luz. Yo os prometí al Consolador y he venido a vosotros al haberse cumplido las señales precursoras: cuando la paz se viere amenazada y se oyeren rumores de guerra, cuando todo fuera confusión y dolor y del corazón del hombre hubiere huido el amor y la caridad.

Heme aquí entre vosotros. No tomé forma corpórea. Vengo en espíritu y para que me contempléis y comprendáis, es menester que estéis preparados y dispuestos.

Os dije en aquel tiempo que el templo de Salomón, con ser a los ojos humanos tan regio y magnífico, podía destruirlo y volver a construirlo en tres días. Los hombres no comprendieron el sentido espiritual de aquellas palabras. Ahora os digo: En la Tercera Era, en el tercer día, estoy reedificando mi Templo en vuestro espíritu. He venido a recoger la hoja olvidada de mi Doctrina y os estoy recordando y esclareciendo mi pasada lección.

En el Primer Tiempo, en vuestra infancia espiritual, conocisteis al Padre como Guía y Legislador. Mi voz se escuchó en el Tabernáculo. Envié espíritus iluminados que os indicaron el camino y patriarcas que os dieron ejemplo. En vuestra vida había sencillez y en vuestro corazón candor. Estabais tan cerca de la naturaleza, que en ella sentíais mi Presencia y vuestro espíritu se extasiaba en la contemplación de sus maravillas.

Mis manifestaciones han estado siempre al alcance del entendimiento humano, pero en aquellos primeros pasos del camino de evolución, vuestra comprensión era débil aún.

Escogí a Moisés, quien había de representarme en la Tierra, y por su conducto os hice llegar mis Mandatos.

Moisés: Mira a tu pueblo, es el mismo que guiaste a través del desierto; diseminado y errante va por el mundo. Mientras unos han comprendido que la Tierra de Promisión está en mi seno y a ella se llega por el amor, otros se han adueñado del mundo como si fuese su última morada y su única posesión. Éstos no han creído en el Mesías ni han sentido la presencia del Espíritu de Verdad. Ve a ellos en espíritu y señálales nuevamente el camino de la patria celestial; hoy te digo que el pueblo de Israel surgirá en este tiempo espiritualmente y será una antorcha luminosa en medio de la humanidad.

En la Segunda Era hice encarnar mi Verbo en Jesús de Nazaret, porque el egoísmo y la maldad habían germinado en el corazón y en el entendimiento del hombre. Os di mis Lecciones de amor, para que pudieseis interpretar y cumplir la Ley.

Un mundo nuevo se abrió ante vuestro espíritu. A través de Jesús os mostré todo mi Amor, mi Sabiduría y mi Caridad. Él apuró el cáliz del dolor para enseñaros el camino y rescataros del pecado. Era necesario que os recordase que debéis sufrir por amor, para llegar a Mí.

Mi Enseñanza, elevada y profunda, fue expresada en forma sencilla y simple, para que los hombres la comprendieran.

Fueron doce los discípulos que esparcieron mi Doctrina por el mundo. En este tiempo, doce mil de cada tribu del Israel espiritual, darán a conocer mi Enseñanza a toda la humanidad.

No vengo a desconocer ninguna de las enseñanzas que os legué en aquel tiempo, por el contrario, vengo a recordároslas y a darles su justa explicación. Ahora quiero que vuestro corazón sea pan y vino para vuestros hermanos, para que los iluminéis y resucitéis a la verdad.

Una gran parte de le humanidad se nombra cristiana, pero si en verdad lo fuese, ya habría vencido su materialidad con amor, con humildad y espíritu de paz. Mi Doctrina no está en el corazón de los hombres, está guardada en libros, y Yo por libro os traje mi Vida, mi Palabra y mis Obras.

Del tiempo en que escribí con sangre en vuestra conciencia mi Ley de amor y de justicia, al presente en que vivís, encuentro evolucionado vuestro espíritu, su capacidad de comprensión es mayor y sus facultades y potencias están preparadas para recibir mis nuevas Revelaciones. Mi Doctrina, fue la preparación para que la humanidad hiciese su entrada en el campo espiritual.

Todo cuanto Jesús os enseñó con sus obras, fue la confirmación de la Ley que habíais recibido por medio de Moisés. Mas no todo estaba dicho ni todo estaba revelado. Faltaba que Elías, en cumplimiento a las profecías y a mi Palabra, viniese a preparar nuevamente mi llegada como lo hiciera a través de Juan el Bautista en el Segundo Tiempo. Una vez más fue la voz que clamaba en el desierto, la que preparaba a los hombres para la inminente llegada del Señor, en esta Era.

De todas partes surgieron voces que anunciaban mi llegada. La naturaleza, estremecida en su seno, conmovió la Tierra; la ciencia se abismó ante nuevas revelaciones; el Valle Espiritual se precipitó sobre los hombres. Y a pesar de ello, la humanidad permaneció sorda ante aquellas voces, heraldos de una nueva Era.

Elías, en este tiempo, se ha manifestado como Enviado y Percusor del Espíritu Santo y ha dicho a través del entendimiento humano: “Tened caridad con vuestros hermanos y veréis a mi Padre en todo su esplendor”.

Sólo a vosotros os ha sido revelada la gran misión de Elías, sus atributos y perfección. Él guiará a la humanidad y la hará llegar a Mí. A él fue confiada la llave para abrir la Era de la espiritualidad.

Mi Ley y mi Palabra, con sus revelaciones y profecías, forman el Arca de la Nueva Alianza, en la que se unificará el espíritu de la humanidad. El que penetre en ella con respeto, espiritualidad y amor, encontrará en su fondo mi Sabiduría y todos los dones del espíritu. En vuestros momentos de meditación y estudio, sentiréis llegar a lo más intimo de vuestro ser, una luz superior que lo aclara todo, una influencia paternal que os envuelve y una voz que os hablará con perfección. Será la luz de mi Inspiración que llega a vosotros en una verdadera comunicación espiritual.

Soy el Espíritu de Verdad, la sabiduría Divina que viene a aclarar todos los misterios. He llegado a los hombres en cumplimiento a mi promesa hecha a la humanidad. Estáis viviendo la Era en la cual habrían de realizarse estas manifestaciones, porque ya estáis preparados espiritualmente para recibirlas.

Vengo a manifestarme a través de la conciencia, vengo en la luz que ilumina la mente, en el efluvio que sólo el corazón sabe sentir, en la esencia de mi Palabra que es el pan del espíritu.

Es el tiempo del despertar, de la plenitud espiritual, en el cual todos seréis soldados, todos seréis labriegos, discípulos de mi Doctrina. Estoy abriendo el Libro de la Vida, mostrándoos las nuevas lecciones que os hablan de la proximidad de mi Espíritu y de la Era de paz que os espera después de vuestra purificación.

Os he dejado caminar por todos los senderos, para que probéis los diferentes frutos y, finalmente, os he llamado para deciros: Heme aquí entre vosotros. Nadie es nuevo en este camino, a nadie he sorprendido con mis Revelaciones.

Si en el Segundo Tiempo mi nacimiento en cuanto hombre fue un milagro de amor, y mi ascensión espiritual, después de mi muerte corpórea, fue un prodigio, de cierto os digo que mi comunicación en este tiempo a través del entendimiento humano, es una gracia Divina que he concedido al mundo.

Un humilde rincón de la Tierra fue elegido por Mí para manifestarme; hombres y mujeres sencillos fueron escogidos en este tiempo para que sirviesen de medio para mi comunicación. Aquel primer grupo se convirtió en multitud y más tarde en un pueblo.

La luz de mi Doctrina unirá a la humanidad. Mi Palabra brillará en todo entendimiento y hará desaparecer diferencias de credos y cultos.

Quien no haya conocido antes al Padre como amor, sacrificio y perdón, conózcalo ahora espiritualmente para que le ame y le venere.

Bienaventurado el que crea en esta palabra, porque él llegará a la cima del Monte y habrá reconocido que esta es la forma más sutil y elevada de cuantas ha empleado el Padre para hablar a sus hijos.

Pero no ha de cerrarse el libro con esta página. Yo seguiré escribiendo nuevas e incontables lecciones para vosotros, continuaré derramando luz para que penetréis en mi Palabra y veáis en ella siempre la misma esencia, el mismo amor.

Estad preparados, porque muchos van a negar que me comunico por el entendimiento humano, mas os digo en verdad: Dios ha hablado a través del hombre en las Tres Eras, no es la primera vez que esto acontece. A ellos decidles que, desde el principio de los tiempos, las profecías, inspiraciones y revelaciones dadas a la humanidad, han sido recibidas por mediación humana y han guiado a los hombres de todos los tiempos.

La lección que en este tiempo he venido a daros, es un nuevo testamento que quedará unido a los que habéis recibido en los tiempos pasados, porque los tres forman una sola revelación.

No sintáis ser los iniciadores de esta Obra espiritual, sois los continuadores de esfuerzos anteriores, realizados por vuestros hermanos en Eras pasadas.

Se acerca un tiempo de lucha, una gran batalla necesaria para el establecimiento de mi Doctrina entre la humanidad. Entonces se unificarán en una sola esencia el Antiguo Testamento con el Segundo y el Tercero. A muchos esto les parecerá imposible, pero para Mí es lo más natural, justo y perfecto.

No os extrañe que la fusión de los Tres Testamentos no se lleve a cabo en la nación señalada en el Tercer Tiempo para recibir estas revelaciones; tampoco la unión del Primer Testamento con el Segundo se verificó en Judea.

Si queréis que las nuevas generaciones acepten este mensaje, respetad vosotros los testamentos pasados. Debéis someter a vuestra sensibilidad espiritual, la interpretación y el análisis que los demás hagan de mi Doctrina y, si los veis justos, tomadlos. Si otros se adelantan a vosotros a comprender, sed imparciales y conceded el primer lugar a aquéllos que antes de vosotros, se desvelaron y supieron descubrir, en el fondo de mi Obra, su verdad y su luz.

Hoy, mientras unos me aman en Jehová y desconocen a Cristo, otros me aman en Cristo, ignorando a Jehová; mientras unos reconocen mi existencia como Espíritu Santo, otros por mi Trinidad, discuten y se dividen.

Las pruebas despertarán al mundo. La buena nueva llegará a todos y sabrán que he venido a dejar un testamento más y a juzgar su obra.

El fin de una Era y el principio de otra, ha ocasionado la crisis y el caos que padecéis. Es lo mismo que acontece a un enfermo grave: cuando se acerca el alivio, más parece que es la muerte la que ha llegado. Cuanto mayor sea esta crisis entre la humanidad, mayor será después su salud; en verdad os digo que hace millares de años que os lo había anunciado. Ahora debéis prepararos, fortaleceros en la fe y disponeros a la batalla, y en esta forma saldréis triunfantes.

Para que brote de vuestros labios sólo esencia y verdad, limpiad el vaso por dentro y por fuera, y derramaos en vuestros hermanos sin limitaciones. No seáis avaros; imitadme, que siendo el dueño de todo, todo os lo doy. Sed intermediarios míos ante vuestros hermanos y trabajad incansablemente en la obra de restauración universal.

El egoísmo, la soberbia, el vicio, la mentira y todo cuanto ha ensombrecido vuestra vida, caerán como ídolos rotos a los pies de quienes les rindieron culto, para dar paso a la verdad y a la virtud.

Estáis contemplando el amanecer del nuevo Tiempo en que la claridad espiritual brillará intensamente y transformará vuestra vida. El principio de él será de grandes luchas, de intensos sufrimientos, confusiones y pugnas, pero todo esto habrá de pasar y se hará la paz y, como consecuencia de ella, vendrá el desarrollo del espíritu, que manifestará su adelanto en obras plenas de fe, amor y espiritualidad.

Recordad que os dije: El árbol por su fruto será reconocido. Dejad que mi Palabra pase por vuestro corazón y llegue al espíritu: él os dirá de quién viene este mensaje.

Vengo a llenar de inspiración vuestro entendimiento y a hacer brotar palabras de amor de vuestros labios. No es vuestra mente la que revela al espíritu estas enseñanzas, sino mi Espíritu quien inspira a la mente humana el conocimiento espiritual y Divino. Por eso os digo que en este tiempo, no serán los teólogos, sino mis nuevos discípulos los que aprenderán a estar en contacto conmigo, para escuchar mi Voz y sentir mi Fuerza, para percibir la caricia y el arrullo del Padre.

A este nuevo tiempo le llamarán la Era del Espíritu Santo, el tiempo de la espiritualidad, cuya claridad será vista por todos y bajo cuya luz se unirá la humanidad, no en una religión de hombres que acoja a unos y rechace a otros, que proclame a los suyos su verdad y se la niegue a los demás, sino en una Doctrina que no hace distinciones y que a todos recibe con amor en su seno.

Este tiempo se significará por el desarrollo de los dones del espíritu, los que transformarán radicalmente la vida humana cuando mi Ley se establezca en la Tierra. Pronto reconocerán todos los pueblos que cada una de mis Revelaciones, ha sido un peldaño de la escala espiritual que he tendido, para que ascendáis a Mí.

Paso a paso irán despertando los hombres a una nueva vida llena de promesas: la vida espiritual. Elías irá delante de vosotros como una antorcha iluminando vuestro camino.

Sois creación de mi Caridad infinita y os llevaré hasta el final de vuestro destino. Ninguna obra Divina puede quedar sin concluir.

Os hablo para el presente y para el futuro. Os estoy preparando y despertando con mi Palabra, para que levantéis vuestra planta y llevéis a todos vuestros hermanos mi Obra Divina, mis Revelaciones de los Tres Tiempos, para que seáis los verdaderos trinitarios, porque habéis estado con el Padre en las tres Eras, habéis sido testigos de sus tres manifestaciones, de sus tres revelaciones.

El Valle Espiritual se acercará aún más a los hombres, para darles testimonio de su existencia. Por todos los caminos surgirán señales, pruebas y mensajes, que hablarán insistentemente de que un nuevo Tiempo ha comenzado.

Aquí tuvisteis al enviado del Tercer Tiempo, a Roque Rojas, por cuyos labios habló Elías, quien vino a preparar la llegada de la Nueva Era. Tenéis a los portavoces por cuyo conducto vibra mi Palabra. En otras partes, bajo diversas formas, recibirán mi Mensaje que habrá de ser su preparación espiritual, como lo ha sido para vosotros esta comunicación.

En todos los tiempos he sembrado y cultivado mi Simiente en el corazón de los hombres. No será en vano mi siembra en este tiempo. En el reducido número de corazones que se preparen, yo derramaré mi Gracia a raudales para formar los cimientos de un mundo nuevo.

Mi Reino se acerca a vosotros a grandes pasos, como esos vientos que lo arrasan todo. Así también esta Doctrina llega como un vendaval de luz y de amor que todo lo transforma y conmueve. El Reino del Espíritu Santo, de la elevación espiritual, de la paz y el amor, llegará a establecerse en el corazón del hombre, en la base de todas las instituciones, en el seno de todas las naciones y las razas.

La infancia y adolescencia espiritual ya las habéis pasado y hoy os encontráis en los umbrales de una nueva edad, en la que alcanzaréis la madurez, la plenitud. En corto tiempo se abrirá entre vosotros la Era de la Gracia, en ella me encontraréis, no a través de ritos ni ceremonias ni por el entendimiento del hombre, sino en vuestro propio espíritu.

La Luz del Espíritu Santo, mi Sabiduría, reinará pronto en esta Era iluminando el pensamiento de la humanidad necesitada de espiritualidad, sedienta de verdad y hambrienta de amor. Os estoy iluminando, para que penetréis en el sentido de todo cuanto os he revelado. No os traigo un fruto de distinto sabor, mi Enseñanza es la misma que siempre os he entregado.

En verdad os digo que esta palabra llegará hasta los confines de la Tierra, porque nada es imposible para Mí.

Preparad vuestras pupilas, para que miréis lo que acontece en las regiones espirituales y anunciéis al mundo que he descendido a iluminar a todo espíritu.

Voy a dejar a la humanidad un libro como testamento de mi Amor, en el que cada página será un faro que alumbre su camino, éste lo uniréis a los libros escritos por Moisés, por mis profetas y apóstoles, y a las obras de mis discípulos de todos los tiempos. Este libro estará dividido en tres partes y encontraréis que la primera habla de la Ley, la segunda del Amor y la tercera de la Sabiduría. Entonces comprenderéis que la Ley es la que conduce, el Amor el qué eleva y la Sabiduría la que perfecciona.

Estas revelaciones os han sido entregadas en perfecto orden para iluminar la vida humana: Os di la lección de amor, cuando ya teníais un amplio conocimiento de la Ley y recibiréis la sabiduría plena, cuando viváis en armonía con las enseñanzas que encierra el amor Divino. Así podréis entender lo pasado por lo presente y confirmar lo presente con las enseñanzas de los tiempos pasados, y tendréis todo el conocimiento y la preparación para penetrar en la senda espiritual que conduce a la vida eterna.

La lección que en este tiempo he venido a daros, quedará unida a las anteriores, porque las tres forman una sola revelación. Mi Luz iluminará el entendimiento de los hombres destinados a unir en un solo libro todas mis Enseñanzas. Mis siervos espirituales guiarán la mano de mis elegidos, para que en ese libro no exista mancha alguna.

Reconoced que la Enseñanza entregada a vosotros en tres tiempos, ha tenido los mismos principios y que sólo la forma exterior de mis Manifestaciones ha cambiado. Hoy me presento entre vosotros como Padre, como Hijo y como Espíritu Santo, en esencia, presencia y potencia.

Por diferentes entendimientos os he venido a dar en este tiempo mi nueva Palabra, para que confirméis que lo que he dicho por una boca, lo he ratificado por todas.

Mañana será mi Inspiración la que ilumine a cada espíritu en una comunicación íntima entre el Padre y sus criaturas. Sois los hijos de la luz y no podréis perderos del camino.

Hasta la última de mis Profecías se cumplirá en este tiempo. Os dejo mis Tres Testamentos formando uno solo.

¡Mi paz sea con vosotros!

Virtudes, potencias y atributos

VIRTUDES, POTENCIAS Y ATRIBUTOS

Reconoced en vosotros la semejanza que tenéis Conmigo, para que en cada una de vuestras obras esté mi Imagen.

Abrid vuestros ojos, penetrad con la mirada espiritual y contemplad mi esplendor. Mirad cómo se abre la puerta que dejará pasar a los SIETE ESPÌRITUS que he confiado a la humanidad, siete virtudes, las cuales es mi Voluntad que alienten siempre en vosotros: el amor, la humildad, la paciencia, el orden, la serenidad, la perseverancia y la caridad. Todas ellas elevan, purifican y perfeccionan al espíritu. Dejad que aniden en vuestro corazón y experimentaréis la felicidad. Ése es vuestro tesoro, la herencia que buscabais, las virtudes que estaban ocultas y olvidadas.

Debo deciros que aún son débiles vuestros cimientos, porque no vivís de acuerdo con mi Ley: sólo sobre una verdadera moral y una virtud acrisolada, podréis levantar vuestro templo interior.

Las virtudes han sido menospreciadas, pero ha llegado el tiempo en que comprendáis que sólo ellas os salvarán y llenarán de satisfacciones. Si ponéis de vuestra parte todo vuestro amor para que ellas florezcan, tendréis el mérito de haber preparado el camino para el advenimiento de las nuevas generaciones, que traerán al mundo un mensaje de felicidad.

Voy a convertir los corazones en fuentes de caridad inagotable, a llenar de inspiración las mentes y de verbo los labios, voy a daros la potestad para disipar las tinieblas y vencer el mal. Entonces veréis surgir en vosotros las virtudes que permanecían ignoradas en el espíritu. ¿Quién cerrará la puerta al que llame, poseyendo tales atributos? ¿Qué caminos podrán parecerle escabrosos y largos, a quien goce de mi fortaleza? ¿Qué tiempos podrán parecerle inclementes, si sobre los mismos elementos tiene potestad?

Es mi Voluntad llevaros a vivir en otros planos, donde vibraréis en armonía con los espíritus elevados, para que sigáis escalando la montaña de la elevación espiritual sin deteneros. Cuando os levantéis dispuestos a seguirme, no volveréis a ser indolentes ni apuraréis ya el cáliz de amargura, amaréis la vida y estaréis unidos a todos vuestros hermanos.

Yo recibo a los que elevan a Mí un canto de esperanza y fe. Bendito sea el que tenga por ideal seguir mis pasos y engrandecer su espíritu.

Me habéis encontrado dentro de vosotros, en la morada donde siempre he habitado; habéis descubierto allí un santuario, el cual guarda un altar de amor, una ofrenda de humildad y una lámpara cuya flama no apagarán ni las más violentas tempestades: la fe.

Hoy Cristo os dice: el milagro de transformarse por mi Palabra, se hace realidad a través de la fe. Para alentaros en esta virtud y probaros la verdad de mi Palabra, realizaré ante vosotros esas obras que llamáis milagros o prodigios y que son el premio para quienes saben penetrar con paso firme en mi camino.

La fe es una fuerza que levanta, transforma e ilumina; por ella puede el hombre remontarse hasta la altura del Creador; es la mirada espiritual que ve más allá del corazón y la mente y descubre la verdad.

Fortaleced vuestro espíritu en mis Enseñanzas y comprobaréis que cuando existe fe, no puede haber cansancio, temor ni cobardía. Cuando seáis firmes en esa virtud, no necesitaréis palpar con los sentidos de la carne, la presencia del mundo espiritual que vibra sin cesar en torno de vosotros, porque entonces será el espíritu el que la perciba con su sensibilidad sutil.

Tened fe, aunque sea del tamaño del grano de la mostaza, y veréis grandes prodigios. Hoy os digo como en el Segundo Tiempo: ordenad a una montaña que cambie de lugar y seréis obedecidos. Mandad que la furia de los elementos cese, y lo veréis realizado; decid en mi Nombre a un enfermo que sane y se verá libre de enfermedad. Pero no es suficiente que digáis: Tengo fe. Con ello no basta. La fe es indispensable, pero debéis revestiros de fortaleza y llevar mi Palabra no solo en los labios, sino en vuestras obras.

En verdad os digo que lo imposible no existe. Cuando estéis enfermos, habladme con verdadera fe y confianza, y Yo, que habito en cada uno de vosotros, que sé lo que necesitáis y sentís, os daré según sea mi Voluntad.

Volverán a hablar los mudos y a ver los ciegos, a caminar los paralíticos y a resucitar los muertos. Estos milagros serán espirituales para unos y materiales para otros. Sorprenderé a los hombres de ciencia, y al preguntar éstos, cómo han logrado mis enviados el prodigio, por toda respuesta declararán que ha sido por medio de la oración y la fe.

Cuando sintáis el temple necesario para tomar la cruz, id a los hogares y llevad mi Palabra, cruzad los caminos y surcad los mares. Yo iré delante de vosotros preparando el sendero.

Os dejo como antorchas entre la humanidad. Por vuestras obras se encenderá la fe en muchos corazones.

He aquí entre vosotros a los hijos de la duda junto a los hijos de la fe; los que me desconocen y los que me siguen: unos apegados al materialismo y otros esforzándose por lograr la espiritualidad. He aquí la primera causa de vuestra división en este tiempo.

Yo soy el consuelo y la luz del mundo. Os sigo en vuestra fe o en vuestra duda, porque sé que el que me niegue, al fin será conmigo, abrumado por el peso de la verdad. Pero Yo os digo, que más vale estar llenos de incertidumbres y negaciones, que de afirmaciones falsas o mentiras que toméis como verdades. Menos daño os hace la negación sincera, que nace de la duda o la ignorancia, que la afirmación hipócrita de una falsedad. Es mejor la duda limpia, de quien tiene hambre de saber y comprensión, que la firme creencia en un mito cualquiera. Es mejor la Incertidumbre desesperada que a gritos pide la luz, que la firmeza fanática.

Hoy abundan por doquiera los increyentes, los desconfiados y amargados. Son rebeldes que muchas veces ven más claro que los demás: que no sienten el ritualismo, ni les convencen las afirmaciones de quienes dirigen espiritualmente a la humanidad: porque sus complicadas teorías no llenan su corazón sediento de aguas puras que calmen su angustia. Ésos que juzgáis rebeldes, tienen en sus preguntas más luz que los que, creyéndose grandes o sabios, las contestan. Sienten, ven, palpan, oyen y entienden con más claridad, que muchos que se dicen maestros en las lecciones divinas.

La contienda se aproxima. Lucharán la fe de unos, contra el escepticismo de otros; la moral de unos, contra la maldad de otros. Y como en los tiempos pasados, mi caridad estará con los hijos que confíen en Mí, para ayudarlos a realizar obras prodigiosas, en espera de que los desobedientes a mi Ley, comprendan su error.

En estos tiempos ya no debéis ser los hombres de fe ciega, que no razonan ni analizan. Vuestro espíritu ha crecido y quiere saber, quiere profundizarse en todo conocimiento, el tiempo es propicio y os he enviado mi Luz como Espíritu de Verdad, para esclarecer y explicar todos los misterios, como os lo había prometido en el Tiempo pasado.

Vuestra fe será verdadera cuando esté cimentada en la verdad. No caminéis entre la duda y la fe, porque nunca podrán ser firmes vuestros pasos ni sólidas vuestras determinaciones. Tampoco me pidáis pruebas para creer, porque no sabéis en qué forma mi Justicia podrá probaros.

No os deis por vencidos, no os confeséis nunca fracasados, no os dobleguéis ante el peso de vuestros sufrimientos, tened siempre encendida ante vosotros la lámpara de vuestra fe: esta virtud y vuestro amor os salvarán.

El que tiene fe, lleva paz y bondad en su corazón, es rico espiritualmente y de nada carecerá su materia, porque nadie ha sido nunca defraudado en su fe.

Mi Doctrina no sólo enseña a tener fe en el poder del Padre, sino a que tengáis fe en vosotros. Quien sea mi verdadero discípulo, recibirá siempre la luz y la fuerza de su Señor.

Tener fe y practicar el amor y la espiritualidad, harán invencibles a los apóstoles del Tercer Tiempo. Esos atributos estuvieron presentes en todos mis siervos, que desde los primeros tiempos testificaron mi Existencia, mi Ley y mi Verdad.

La serenidad y la paz es de los hombres de fe, de los conformes con la voluntad de su Padre, los que en lugar de pedir me dan gracias, porque el que pide, no ha reconocido que le he dado lo suficiente, y el que me da gracias, es que está convencido de que tiene más de lo que merece.

Sed humildes, sencillos, modestos, pero revelad siempre una fe firme y un celo inquebrantable para defender mi Doctrina. Venid a Mí, humanidad. Yo soy el Consolador prometido que en este tiempo de caos os ha traído un mensaje de paz. Por lo mucho que habéis llorado y sufrido, derramo en vosotros mi Consuelo y mi Amor.

¡Cómo se ensombrece el camino del que apaga su lámpara de fe o pierde la confianza en Mí! Vosotros, que estáis velando, orad por el mundo que duerme.

Soy el defensor de los débiles que oran en medio de su impotencia e ignorancia. Soy la esperanza que calma al que sufre; soy el dulce Pastor que acaricia suavemente a la oveja que gime en su dolor y la consuela.

Ayer pensabais en la muerte, porque habíais perdido la esperanza y la fe; no había en vuestro ser la luz que os guiara por el sendero de la vida verdadera.

Hoy os digo: no debilitéis en la fe ni en la esperanza. Tened siempre presente que en Mi habéis tenido vuestro principio y que el fin, lo tendréis también en Mí que soy la eternidad, porque no existe la muerte del espíritu.

Alimentad siempre en vosotros la esperanza de un mañana mejor. No os dejéis invadir por la melancolía y la desesperación: buscad en Mí la respuesta a vuestras dudas y pronto os sentiréis iluminados por una nueva revelación; la luz de la fe y la esperanza se encenderá dentro de vuestro espíritu. Entonces seréis baluarte de los débiles.

Quiero que estéis fuertes, que no retrocedáis al primer tropiezo, ni temáis a ningún enemigo. Os preparo para que hagáis prodigios y convirtáis a vuestros hermanos en mis seguidores.

Preparaos, id en mi Nombre a propagar esta Doctrina, enjugad el llanto de los que sufren, dad valor al débil, levantad al caído y rescatad al perdido. Llevad la luz por doquiera. Muchos me reconocerán en su vida humana y otros, cuando se encuentren en el Valle Espiritual.

Calla vuestro labio y no se queja el espíritu en este instante, toda la amargura la convertís en esperanza en Mí y en perdón para vuestros hermanos. Pero Yo no vengo sólo a traeros bellas esperanzas, sino a concederos grandes realidades.

Mirad cómo los hombres, viviendo en el tiempo de la luz, van tropezando y cayendo como si caminasen en tinieblas. Ha vuelto el caos, porque la virtud no existe y donde no hay virtud, no puede haber verdad. Mirad sus heridas, sentid su desconsuelo, asomaos a su espíritu y si tenéis amor y caridad hacia ellos, si probáis su cáliz de amargura, lloraréis de dolor y os sentiréis llenos de piedad. Surgirá entonces en vuestro corazón, un impulso noble y elevado que os moverá a ser los sembradores incansables de esta simiente en el mundo.

¿Sabéis cuál es la virtud por la cual pueden alcanzar los hombres mayor gracia? La caridad, porque ella ennoblece su corazón y da ocasión al espíritu para desbordarse de amor hacia sus semejantes. Muchas veces la entregaréis secretamente, sin ostentación, pero habrá ocasiones en que tenga que ser vista por vuestros hermanos para que aprendan a impartirla.

¿Queréis conquistar espíritus? Llegad a ellos con el bálsamo de mi Palabra y la unción de vuestra caridad. Los campos están llenos de miseria, dolor y enfermedad, que sólo esperan una semilla y un poco de riego para florecer. Dad a la humanidad el secreto de la salud y la felicidad, decidle que es menester que vuelva a la sencillez, a la pureza de pensamientos y a la oración, y en esa práctica encontrará todo cuanto pueda desear. Siempre que extendáis vuestra mano para entregar caridad, descenderá mi efluvio y percibiréis que el ambiente se satura de exquisito perfume, que emanará de vuestras buenas obras. No habrá uno de vosotros, por duro que sea su corazón, que en esos instantes no se dulcifique.

Yo traigo para la humanidad, una enseñanza que la llevará a la realización de obras de verdadera caridad, de utilidad espiritual, obras por las cuales serán los hombres recordados y bendecidos por las generaciones futuras. Sólo la huella de las obras que encierran verdad, será imperecedera en el mundo, porque se aproxima la hora del juicio en que toda obra que no esté fincada sobre cimientos de verdad, será destruida.

Formad un pueblo unido, fraternal y amante de la verdad y las buenas prácticas, que sepa regocijarse con la llegada de nuevos hermanos, que les dé la bienvenida con una sonrisa en los labios, con verdadera caridad en el corazón y con una oración en el espíritu. Les daréis la enseñanza que habéis acumulado, les enseñaréis el verdadero sendero, el que Yo os he trazado. No Importa que vuestros conocimientos aún no sean muy profundos, si vuestra caridad es grande, haréis verdaderos prodigios.

He querido formar con vosotros una verdadera familia, en la que todos os améis y ayudéis en vuestros sufrimientos, para que aprendáis a hacer caridad. Y cuando ese sentimiento se haya desarrollado y madurado en vuestro corazón, sepáis levantaros en el camino de la lucha a ofrecer sus frutos a los necesitados de amor y de luz.

Dad oportunidad a vuestro espíritu de que se recree en la contemplación de las bellezas del espíritu y en la práctica de las Leyes Divinas. No toméis la vida humana ni el trabajo material como los únicos medios para tener bienestar. No os encerráis en el amor de vuestra familia, porque vuestras tierras son más extensas. El egoísmo no es semilla de Dios, mientras éste exista, el dolor perdurará.

El discípulo que cimiente su labor en la práctica de la caridad verdadera, que además de llevar el alivio a los males del cuerpo, encienda la luz de la fe e imparta conocimientos espirituales, aquél que olvidado de sí mismo, consagre unos instantes al servicio de sus semejantes, ése hará sentir mi Doctrina y mi Presencia en sus hermanos, a través de sus obras: su parcela será fértil y su cosecha buena y abundante.

Es necesario que aprendáis a mirar fuera de vosotros, más allá de vuestros afectos; haced que la bondad despierte en vuestro corazón para que podáis cumplir con el máximo mandamiento de amaros, que está escrito en vuestra conciencia.

La verdadera caridad, es la mejor dádiva que podáis entregar a los necesitados. El que siente piedad por el que sufre, ése merece llamarse siervo de Dios.

Hay muchos espíritus que sufren, infinidad de seres que esperan una mano compasiva que los sane, una palabra de consuelo o un ejemplo que los redima. Yo os he donado con un caudal de bienes espirituales, para que calméis el hambre de amor, de sinceridad y justicia que padece la humanidad.

Aprended a dar sin esperar recompensa alguna, haced la caridad y seguid adelante. Todo lo que hagáis en mi Nombre lo veréis realizado y en ello tendréis el mejor pago.

La compensación existe en toda mi Obra. Quien da, recibe; quien niega, al fin tendrá que perecer de necesidad. Cuanto más deis, más veréis multiplicada vuestra heredad; cuanto más améis, más grandes seréis en la virtud. Quiero que comprendáis mi Doctrina, cuyos cimientos son el amor y la caridad.

Si no tenéis en lo material, nada que compartir con vuestros hermanos, dejad que vuestro espíritu ofrezca de lo mucho que posee, mas reconoced que cuando sea necesario que vuestra caridad se dé en forma material, no dejéis pendiente el cumplimiento de este deber.

Ved cómo cuanto os rodea, cumple con la misión de dar. Los elementos, los astros, todos los seres, desde lo más grande hasta lo imperceptible, tienen el don y el destino de dar. ¿Por qué queréis libraros de esta obligación si sois los más dotados de la gracia Divina de amar? Dad sin condición, siempre tendréis algo que dar.

Es necesario que intiméis con el que sufre y lo comprendáis. Sentid el dolor de los demás y dejad de ser indiferentes a las pruebas por las que atraviesa la humanidad, sin hacer distinciones de color, lengua o ideología. Debéis contemplar en cada uno de vuestros semejantes, la imagen de vuestro Padre, que es Universal.

Os estoy acercando al culto espiritual, simple y sencillo, para que en vez de perderos en prácticas externas, os concretéis a cumplir con lo esencial, que es la caridad.

Vengo a invitaros para que brilléis Conmigo, para que seáis la luz del mundo, mis colaboradores en esta divina tarea, para que preparéis la sementera con piedad y misericordia, como Yo os he enseñado.

El mundo se encuentra cansado de palabras, doctrinas y filosofías, hambriento de amor, por eso os digo que una obra de caridad, aunque sea pequeña, pero sincera, sentida y verdadera, podrá más que mil sermones o discursos de bellas palabras, pero vacías y faltas de verdad y amor.

A todos os he dado el pan, sin embargo, a unos los contemplo satisfechos y a otros hambrientos. Es porque no compartís el fruto de vuestro trabajo ni vuestro hogar, con los demás. Cuidaos de entregar una caridad aparente, no llevéis en vuestro corazón el egoísmo. Haced cuanto bien podáis, sin interés personal. Tenéis que olvidaros de vosotros, para pensar en los demás.

Pedidme y Yo haré prodigios entre la humanidad. Si me pedís fuerza, llevadla. Si necesitáis bálsamo, recibidlo. Si tenéis un problema grave, Yo os concedo la solución. Si me presentáis pobrezas, llevad las llaves del trabajo y el pan de cada día. Si tenéis amargura, enjugad en mi manto vuestras lágrimas, sentid mi Caricia y levantaos a la vida espiritual con nuevas fuerzas.

No pongo limites a nadie, mi Obra la daréis a conocer de acuerdo con vuestra preparación. La práctica de la caridad será para vosotros la mejor experiencia y por esa virtud, os elevaréis hasta la cumbre de la espiritualidad.

A vuestro paso vais a encontrar cuadros de miseria y dolor, vais a cruzaros con los muertos vivientes, con los poseídos por seres en tiniebla, con los que tienen el corazón empedernido y han caído, víctimas de sus pasiones. Llegad hasta ellos, no temáis al contagio ni a las malas influencias. No olvidéis que estáis protegidos por mi gracia. Id a su encuentro y por medio de vuestros consejos y oraciones, hacedlos llegar al Doctor de los doctores. Entonces ellos, vosotros y Yo, seremos uno en esa hora de comunión espiritual.

Discípulos: Los que sabéis de privaciones, de frío y orfandad, que vibráis junto con la humanidad que tiene hambre y sed de justicia, venid a Mí y juntos visitemos en espíritu a los enfermos, a los tristes, a los pobres y olvidados del mundo y llevemos el alivio a sus necesidades.

No dejéis para el último momento la práctica de la caridad, no sea que lleguéis con muy escasos méritos, ante la puerta del Reino del Espíritu y no podáis entrar.

Bienaventurado el que se desprenda de lo que lleva en su alforja, porque la caridad que entregue a su hermano le será multiplicada.

Os dejo esta lección que encierra ley y justicia, para que imitando a vuestro Maestro, llevéis la paz donde esté la guerra y la caridad donde exista el egoísmo. Sed en la vida de vuestros hermanos, como estrellas que guíen sus pasos.

He venido una vez más a los humildes, porque son los que entienden mejor mis Palabras.

Estos pobres a quienes no ha deslumbrado el falso brillo del mundo, son los que tienen intuición, los que presienten, los que sueñan, los que dan testimonios espirituales; Yo los he buscado para abrir ante sus ojos el libro de la sabiduría, colmando así sus anhelos de saber; les he hecho sentir mi Presencia y la proximidad del Mundo Espiritual, como un premio a su esperanza y a su fe.

La humildad es luz del espíritu, la carencia de ella es oscuridad en él. La vanidad es fruto de la ignorancia. El que lleva en su ser verdadera modestia y humildad espiritual, es grande por sus virtudes.

En este tiempo asombraré nuevamente al mundo con mi humildad, de la que os he dado las primeras pruebas, buscando en vosotros la sencillez y el recogimiento, para manifestar mi Mensaje.

Esta forma de comunicación, es una prueba de humildad que he dado a mis hijos. A Cada paso os enseño esta virtud, porque es una de las que más debe practicar el espíritu. A unos les he dado un origen humilde en el mundo, para que imiten en su vida al Maestro, a otros, les he proporcionado comodidades materiales y abundancia, para que también imiten a Cristo Jesús, que siendo Rey, supo dejar su solio para venir a servir a los pobres, a los enfermos y a los pecadores.

Nunca consideréis inferior a nadie, porque todos, después de lograr los méritos necesarios, llegaréis a la mayor altura espiritual.

¿Cuándo seréis capaces de descender de vuestro trono para confundiros con los pobres y necesitados, a darles calor y sustento? En verdad os digo, que tan grande es el mérito del que sabe descender de su posición para servir a sus semejantes, sean los que fueren, como del que se eleva desde su vida humilde e ignorada hasta la altura de los justos, por el camino del amor.

Cuando tendáis la mano a vuestro hermano, no os sintáis superiores a él, sensibilizad vuestro corazón y sabed ser comprensivos. No sólo goza el que recibe la prueba de afecto, la ayuda o el consuelo, sino también el que lo da, porque sabe que sobre él, hay Uno que le ha dado pruebas de amor y humildad. Mientras más deis, más tendréis en vuestra alforja. En cambio, si nada compartieseis de lo que habéis recibido del Padre, vuestro espíritu quedará desnudo y el corazón vacío.

Tened siempre presente que todos sois iguales ante Mí, que tuvisteis el mismo principio y llegaréis al mismo fin, aunque exteriormente cada destino sea diferente.

Amad, para que seáis amados; perdonad, para que seáis dignos de ser perdonados. Estad dispuestos a inclinaros ante aquéllos que han sido vuestros siervos, para que os probéis en vuestra humildad; pero no confundáis la humildad con la pobreza material, porque vais a encontrar a muchos pobres que llevan soberbia en su corazón.

El orgullo y la vanidad, pertenecen al mundo, son propios de la materia y con ellos baja el hombre al sepulcro. El espíritu sólo conserva lo que puede llevar a las alturas, lo que puede resplandecer en la luz.

He puesto grandeza en el hombre, pero no la que él busca en el mundo, la grandeza de que os hablo está en el amor, en la humildad y la caridad.

Destruid vuestro orgullo, para que os volváis humildes ante vuestros hermanos; en la humildad encontraréis el triunfo del espíritu y en la vanidad, su derrota.

Rechazad la adulación, porque es arma que destruye vuestros sentimientos nobles, espada que puede dar muerte a la fe que he encendido en vuestro corazón.

No seáis frívolos ni vanidosos, no améis los primeros lugares, como lo hacían los fariseos, para enseñorearse ante el pueblo y recibir honores. Sed humildes delante de los que se sienten superiores, y aquél que ante vosotros se considere pequeño, hacedle comprender que no es menos que vos.

Todos seréis grandes cuando alcancéis la verdadera humildad, cuando practiquéis el verdadero amor.

¿De qué podéis envaneceros si nada es vuestro en la Tierra? Yo todo os lo confié, en la misma forma en que lo hace con sus labradores el que da sus tierras a sembrar: reparte entre ellos la responsabilidad del cultivo y el cuidado de su campiña, para luego, al recoger la cosecha, dar a cada quien la parte que le corresponde.

Mientras los pueblos tuvieron por ideal el trabajo, la lucha y el progreso, supieron de la abundancia, del esplendor y el bienestar; mas cuando el orgullo les hizo sentirse superiores, cuando su ideal de superación fue cambiado por la ambición insaciable de desearlo todo para sí, comenzaron a destruir paso a paso cuanto habían construido, y acabaron por hundirse en el abismo; por lo cual os digo, que es justo que surja en el mundo un pueblo de grandes ideales, el cual, consciente siempre de sus buenas obras, no se envanezca de ellas.

Del verdadero conocimiento de mi Doctrina nacerá en vosotros la humildad, porque os sentiréis pequeños ante vuestro Creador y, a pesar de ello, tan agraciados y donados por Él, que no osaréis levantar vuestra mirada al Padre, si consideráis que se encuentra impura.

Cuanto más pequeños os creáis, más grandes seréis. No está la grandeza en la soberbia y la vanidad. No busquéis para vuestra envoltura un trono, ni un nombre que os distinga de los demás, sed uno más entre los hombres.

Sed humildes ante vuestro Señor y seréis grandes en espíritu. Los hombres os dirán que, mientras Yo os hago postreros, ellos os harán primeros y grandes en la Tierra, más no les creáis.

Los que alcancen la mayor comunicación espiritual con mi Divinidad serán los más humildes. En este camino de humildad, existen placeres, satisfacciones y tesoros de gran valor para el espíritu. Bienaventurado el que sepa estimarlos.

El Tabernáculo y la Ley están en vuestro corazón. A vosotros, mis pequeños, os revelaré lo que los sabios no han llegado a comprender.

Aprended a ser los últimos, para que seáis los primeros ante Mí. Os quiero humildes de corazón, sencillos y virtuosos. No os dejéis seducir por las falsas glorias de la Tierra, que sólo sirven para desviar al espíritu del camino recto. Buscad siempre el sitio donde podáis ser útiles y no el que os haga aparecer como notables. Haced que la verdadera modestia os acompañe siempre.

Experimentad en vuestro corazón el gozo de sentiros amados por vuestro Padre, quien no ha venido nunca a humillaros con su grandeza, sino a manifestaros su humildad perfecta.

Si os he hecho primeros, no os convirtáis en postreros, ocupad vuestro lugar y conservad esta gracia hasta el final de vuestro destino.

Vengo a enseñaros a bendecir de corazón y espíritu a todo y a todos. ¿Qué pasaría si los hombres se bendijesen aun sin haberse visto nunca? Reinaría la paz perfecta en la Tierra y sería inconcebible la guerra. Para que ese milagro se realice, es menester la perseverancia en la virtud.

Sólo debe hablar de virtud quien la haya practicado en su camino y sepa sentirla. Mi discípulo deberá ser limpio de corazón y espíritu en la Tierra, para serlo después en el Valle Espiritual.

Cuando seáis fuertes de espíritu, sabréis descender a los abismos a rescatar a los perdidos, sin temor de quedaros ahí: mientras más grande sea el abismo en que hayan caído vuestros hermanos, mayor deberá ser vuestra paciencia y caridad para ellos; podréis cruzar por lagos de fango sin mancharos y navegar por mares tempestuosos, sin temor a zozobrar.

¿No os creéis capaces de realizar grandes acciones el mañana? ¿No creéis que las nuevas generaciones den a mi Doctrina una mejor interpretación y un fiel cumplimiento? Comprended que si no fuese así, no os estuviese hablando, aconsejando y enseñando.

No os impacientéis. No queráis que mis Palabras se cumplan de inmediato. Algunas de ellas se realizarán pronto y otras, a lo largo del tiempo.

Haced que la sinceridad y la verdad sean siempre en vuestros actos, que la humildad sea siempre en vuestra vida. Veréis entonces cómo la verdadera virtud, habitará en vuestro corazón y vuestros hermanos podrán testificar que sois mis discípulos.

¡Mi paz sea con vosotros!

Los dones espirituales

LOS DONES ESPIRITUALES

Desde el instante de vuestra formación, fueron depositados los dones en vosotros, pero era necesario que evolucionaseis para que comenzaran a manifestarse.

A fin de que el ser humano descubriera las potencias que lleva dentro de él, ha sido menester que me aproxime a despertarlo de su letargo espiritual y recordarle que no sólo es materia, ni es pequeño y menos paria.

Largo es el desarrollo de los dones del espíritu, tanto, que una sola existencia en la Tierra no es suficiente para su desenvolvimiento. En cada encarnación, dais un paso hacia la perfección y vuestro espíritu se manifiesta cada vez con mayor sabiduría.

Ahora os encontráis en preparación: ya os fueron revelados todos los dones que poseéis y se os dio a conocer la misión que habréis de cumplir.

Ya fuisteis probados para haceros dignos de recibir esta revelación Divina, os resta tan solo iniciar vuestro desarrollo, con la confianza de que vuestro espíritu estará iluminado por la luz de la conciencia, que siempre os dirá lo que debéis hacer.

Todos habéis brotado de Mí con iguales dones. No he distinguido a unos de otros. Cada espíritu tiene las facultades suficientes para lograr su propia evolución.

Hoy habéis comprendido que la imagen del Creador la lleváis en vosotros, puesto que poseéis algo de cada una de las potencias y atributos de la Divinidad, como son la vida, el amor, la conciencia, la voluntad, la razón y la fuerza. También habéis sentido que ante la Justicia del Amor de Dios, todos sois iguales y estáis donados con la misma gracia.

Yo seré quien descubra las virtudes, bellezas, poderes y maravillas, que se encuentran ocultos en vuestro espíritu: estáis recogiendo los últimos frutos de Eras anteriores. Los niños y los jóvenes, los adultos y los ancianos, tendrán manifestaciones que a algunos les parecerán extrañas, pero al analizarlas, las mirarán como algo natural en la vida superior del hombre, hablarán de enseñanzas profundas, tendrán mirajes espirituales y sueños proféticos y se propagará el don de curación por toda la Tierra.

Este es el tiempo que anunció Joel: hoy mi Espíritu está derramado sobre toda carne y sobre todo espíritu. He aquí un pueblo que nace y crece en el silencio y cuyos hijos vierten palabras del Espíritu Santo, transmiten mensajes espirituales y con su mirada, traspasan los umbrales del Más Allá y perciben los acontecimientos del futuro. De cierto os digo, que esta simiente está esparcida en todo el mundo y nadie podrá destruirla.

Hoy despiertan las multitudes ante mi nueva Palabra y ha principiado en mis discípulos un desarrollo espiritual. La intuición ha brillado en su ser, la inspiración ha acariciado su mente, la videncia ha iluminado su vista en el momento de la oración y le ha revelado el futuro. El don de curar, ya sea con la palabra, la unción y aun con el pensamiento, ha brotado de lo más íntimo de su corazón y muchos dones más se han manifestado en los discípulos de esta Obra.

Muchas potencias han permanecido dormidas en vuestro ser, en espera de que mi Voz venga a despertarlas. Desarrollad vuestros dones, para que os guíen por el sendero de la luz y vuestros pensamientos, palabras y obras, lleven siempre la esencia que emana del espíritu.

El hombre ya está recibiendo mensajes por medio de sueños espirituales y en formas diversas. Los acontecimientos de este tiempo hablan al espíritu; él siente que ha penetrado ya en una Era de gran trascendencia, de plenitud espiritual. Vosotros sois los portadores de esta revelación, de esta semilla de Amor Divino que iréis a sembrar en las tierras que ya antes he fecundado con mi Sabiduría.

¿No miráis a los enfermos que llegan a mi Presencia, cómo recobran la salud y la alegría? ¿No presentís una ayuda invisible que levanta a los que habían caído en error? ¿No os dais cuenta que han llegado ante Mí los pobres de espíritu y al serles revelados sus dones, se convierten en mis labriegos y son buscados por las multitudes, necesitadas de bálsamo y de paz?

Vosotros seréis los heraldos que anuncien a los pueblos mis órdenes y revelen a la humanidad el Divino mensaje del que sois portadores. Inspiración e intuición, don de palabra, curación, profecía, revelación y comunicación espiritual: He ahí algunos de los dones que he derramado sobre vosotros y al practicarlos, harán de los hombres una nueva humanidad. Para lograr esto, orad, tened fe, estudiad mi Palabra y revestíos de fortaleza. En verdad os digo, que sois más fuertes de lo que creéis. Penetrad en el fondo de mi Doctrina, practicadla y os iréis aproximando a la comunicación con mi Espíritu.

Estoy dando señales de mi nueva manifestación, a través de la intuición y de los sueños. En todos los pueblos de la Tierra, el eco de mi Palabra se escucha ya cercano. Esta luz significa para el espíritu el camino de su liberación; esta Doctrina viene a ofrecerle los medios para elevarse sobre la vida humana y ser guía de todas sus obras, señor sobre sus sentimientos y no esclavo ni víctima de sus flaquezas.

Todavía vivís una Era en que necesitaréis de los libros que serán el testimonio de mis Manifestaciones, pero se aproxima el tiempo de los intuitivos, de los que hablen por inspiración, de los que reciban la luz del saber en la oración, de los que sin aprender en el mundo, tengan más sabiduría que los hombres de ciencia.

¡Cuántos corazones van llorando en silencio sus penas, sin que nadie lo haya advertido! ¡Cuántas amarguras ocultas tras una sonrisa que vosotros no sabéis interpretar, porque no siempre vuestros hermanos os confían sus secretos!

¿Cómo poder penetrar en ellos sin lesionarlos ni profanar su intimidad? Por medio del don de la intuición, del que he hecho poseedores a todos los hombres. La intuición es videncia, presentimiento y profecía, que aclaran la mente y hacen latir el corazón ante los mensajes y voces recibidos del infinito.

Toda criatura tiene en sí misma los medios y atributos que le he concedido para salvarse. Yo os daré un tiempo de calma, para que meditéis después de mi partida y será entonces cuando la intuición comenzará a brillar poco a poco ante vosotros, bajo distintas formas.

El pueblo de Israel por el espíritu ha despertado y está velando por los que duermen, pues así hacedlo siempre. Voy a convertirlas rocas en tierras fértiles, voy a sembrar en ellas mi semilla en el tiempo propicio; Yo sé el momento: cuando el corazón esté preparado y el espíritu hambriento de recibir la luz de esta Doctrina. Vosotros haced lo mismo con vuestros hermanos.

Dejad que los dones de vuestro espíritu se manifiesten: la intuición y la revelación, guiarán vuestros pasos hacia el camino certero.

Os he confiado el don de la palabra porque soy el Verbo eterno que no cesa de manifestarse. Ese Verbo se derramará por vuestros labios y si hoy son torpes para expresar los conceptos e inspiraciones que os concedo, pronto serán elocuentes y dóciles, fieles intérpretes de mi Divino Mensaje. Será un don que os maravillará y los hombres gozarán al escucharos, al sentir en vuestra palabra mi Presencia. Ahora vuelvo a deciros: “De la abundancia que haya en vuestro corazón y espíritu, hablarán vuestros labios”.

La Tierra se estremecerá de un cabo al otro y es necesario que haya, en esos días de tiniebla, hombres llenos de fe que sean como antorchas que alumbren el camino de los demás.

¿Quiénes de vosotros, al escuchar las voces de contusión, de angustia y dolor de los hombres, pretenderá volverles la espalda y huir, desconfiando del poder de sus dones para salvarlos? ¿No recordáis que en mi Palabra os he dicho que en la hora de prueba, seré Yo quien hable por vuestros labios y manifieste mi Poder en vuestras obras?

Hablaréis como os he enseñado: no brotará de vosotros el verbo florido sin esencia que usan los hombres. Dejad que sea la palabra humilde, sencilla y sincera, la que haga conmover todas las fibras sensibles del que la reciba.

Comprendedme, cimentad vuestra fe sobre el estudio de mi Enseñanza, para que nada pueda destruirla. No calléis vuestros labios por temor a la censura, ni ocultáis a vuestros hermanos que Yo he venido a doctrinaros en este tiempo. Desarrollad el don de la palabra y dejad que vuestro corazón desborde el amor y la sabiduría que os he confiado, Yo os dejaré a la humanidad como planta tierna que necesita de riego y de cuidados.

El don de la palabra será en todos y a través de él, explicaréis fácilmente mi Doctrina, consolaréis el corazón de los hombres y les daréis el pan espiritual que necesitan.

La inspiración de uno será confirmada por el otro y, así, surgirá la fe en los discípulos.

Analizad mi Enseñanza, alcanzad la luz por medio de la oración, haced del bien vuestra norma y cuando menos esperéis, os veréis sorprendidos por inspiraciones que serán verdaderas revelaciones de mi Espíritu. La sabiduría es vuestra mayor heredad, ella constituye vuestra gloria y felicidad eterna. Así como para vuestra mente formé un mundo de inagotables enseñanzas, para vuestro espíritu hice un cielo de infinita sabiduría. Haceos dignos de que os revele los misterios que esperan en mi Arcano el instante de salir a la luz.

La luz Divina brillará en plenitud en mis discípulos. Ellos sanarán invocando mi nombre y su oración tendrá potestad para apaciguar los elementos y combatir las epidemias.

Mi Palabra es bálsamo de curación, sanad con ella, sentidla y ponedla en práctica. Cada palabra es una gota de la fuente de vida. ¿Por qué si me lleváis en vosotros, estáis enfermos, sufrís y lloráis? Examinaos y corregid lo que haya que enmendar, limpiad todo cuanto sea necesario.

Yo modelo vuestra imagen interior, aquella que escondéis a los hombres, pero que a Mí no podéis ocultarme. Vosotros, modelad vuestro exterior de tal manera, que vuestra faz sea un reflejo fiel del espíritu; entonces existirán en vuestros actos sinceridad y verdad.

A todos os he confiado el don de curación, con él podéis hacer milagros en los enfermos del cuerpo y del espíritu y cumpliréis una de las misiones más hermosas entre la humanidad. Mirad vuestro planeta convertido en valle de lágrimas, ved cuántos enfermos cerca de vosotros, cuántos poseídos que no reciben caridad: no hay un hogar libre de enfermedades y aflicciones. He ahí las tierras preparadas para sembrar mi Doctrina de amor, haced uso de vuestros dones y llevadles el consuelo.

Escuchad: no hay motivo para que estéis enfermos si cumplís con la Ley. En la vida del hombre debe haber salud, alegría, felicidad.

Mentes, corazones y cuerpos enfermos, el Maestro os dice: pedid a vuestro espíritu que sane vuestras dolencias y os ayude en vuestras flaquezas. La práctica de la moral, de la virtud y de la espiritualidad, os librarán de las enfermedades de la materia y del reclamo de la conciencia. Cuando descubráis, a través de vuestro espíritu, el origen de vuestras aflicciones y pongáis todos los medios para combatirlas, sentiréis en plenitud la Divina fuerza y conquistaréis la salud. Vengo a dar luz al espíritu, a despertarlo, a encender su fe y librarlo de todo mal, para que después él se encargue de fortalecer y sanar al cuerpo.

Dije a los hombres que en Mí creyeron en el Segundo Tiempo: “Tu fe te ha salvado”. Así lo declaré, porque la fe es una potencia curativa, es una fuerza que transforma y una luz que destruye las tinieblas. Siempre tened fe y haced méritos para que seáis dignos de que se haga el prodigio.

En aquel tiempo os enseñé a curar. Jesús era el bálsamo, su palabra sanaba al que la escuchaba, su mano entregaba la salud al que tocaba, su mirada impartía consuelo al que la recibía. Esos milagros, sólo con amor y caridad los realizaréis vosotros.

Id a vuestros hermanos, como Jesús, llevando antes que la palabra, el bálsamo, y, ¿cuál es el bálsamo, oh, discípulos? ¿Acaso el agua de los manantiales bendecida y transformada en medicina para los enfermos? No, mis hijos. Ese bálsamo de que os hablo está en vuestro corazón: es el amor; ahí lo he depositado como esencia preciosa que brotará inagotablemente. Cuando lo derraméis sobre los enfermos, no serán vuestras manos las que unjan, sino el espíritu inundado de amor y caridad. El verdadero bálsamo, aquél que sana todos los males, brota del amor.

Así como la sangre corre por vuestras venas y vivifica todo el cuerpo, así mi fuerza, como un torrente de vida, pasa a través de vuestro espíritu. Sanad a los enfermos en mi Nombre y llevad con humildad vuestra misión. Cuando Yo señale el término de la vida de vuestros hermanos, no me pidáis que alargue su existencia, dejadme esa causa a Mí, que Yo respondo de ello. Os digo también que no es necesario que el cuerpo esté enfermo para que deje de vivir, basta que el corazón se detenga, cuando la hora sea marcada.

Mi Palabra unge, acaricia y fortalece. Aprended a sentirla, para que después unjáis con mi Verdad y mi Amor a los enfermos que encontréis en vuestro camino. Amad con el espíritu, con el corazón y con la mente y tendréis el poder suficiente para sanar, no sólo las enfermedades del cuerpo, sino las grandes angustias del espíritu, sus turbaciones y remordimientos.

Limpiad a los que se han manchado, descubridles los dones del espíritu y conducidlos a Mí. Los sanaréis con vuestra ternura, con la influencia positiva que ejerzáis, con la regeneración que les inspiréis a través del conocimiento de mi Doctrina.

Cuando un médico llega al lecho del dolor, el enfermo deposita en él toda su fe, en lugar de orar ante el Padre y pedirle la luz para el hombre de ciencia y el bálsamo para él. Ellos se olvidan de que la salud y la vida de ambos dependen de Mí. Vosotros ya sabéis que la sabiduría del espíritu es superior a la ciencia humana: la inteligencia sólo descubre lo que el espíritu te revela.

Llamáis fluido a esa fuerza con que los seres espirituales sanan vuestras dolencias físicas o morales. Y en verdad, en ese fluido está el bálsamo, el mismo con el que Jesús dio vista al ciego, movimiento al paralítico, voz al mudo: con él curó al leproso y resucitó al muerto.

Mi Arcano sólo espera vuestra preparación para desbordarse en salud, fortaleza y luz.

El espíritu tiene la facultad de intuir el futuro, el don de conocer su destino; él sabe que al final del camino recorrido, dentro de la obediencia a la Ley, habrá de llegar al paraíso del espíritu, que es el estado de elevación, pureza y perfección que al fin alcanzará.

El don de la profecía, por medio de la videncia, os descubrirá misterios no revelados aún; eso lo lograréis por la elevación y la espiritualidad; pero el vidente no deberá ser nunca juez o delator de sus hermanos.

¿Os maravilláis al escuchar la descripción de un miraje por medio de la videncia, o de la fuerza profética de un sueño? De cierto os digo que apenas habéis empezado a vislumbrar, lo que otros mirarán plenamente en el futuro.

Si os dije en los tiempos pasados que todo ojo me vería, con ello os he querido anunciar que todos conoceréis la verdad. Ahora os digo, que cuando ascendáis por la escala de perfección, me contemplaréis en todo mi Esplendor. Entonces me veréis caminando delante de vosotros como lo hace el pastor con sus ovejas y oiréis mi Voz que os alienta en vuestro camino.

Todos podéis decir en este tiempo que me habéis visto, unos con el corazón, otros con la mente y otros con el espíritu. Me he dejado mirar bajo distintas formas, para que deis testimonio de mi venida en este tiempo.

¡Oh, profetas del Tercer Tiempo! Preparaos, para que miréis lo que a los señalados les será dado contemplar. Yo soy el eterno milagro, el que da luz a vuestro entendimiento y conmueve vuestro corazón para encauzarlo por el camino del bien. Vengo a daros el fruto de vida, dulce y agradable al espíritu, comed de él.

Bienaventurado el que no me ha pedido el don de la videncia para creer, porque ése me ha visto con los ojos de su fe.

La historia recogió los nombres de los profetas de la antigüedad. Hoy os digo que las profecías de mi nuevo Mensaje, se enlazarán con las de los primeros tiempos; porque todas os hablan de una sola revelación.

El don de la profecía, la intuición y el presentimiento, lo he derramado sobre vuestro espíritu, para que recibáis por ese conducto mis mandatos y orientaciones.

Os tengo reservado un número infinito de señales, manifestaciones y prodigios, los cuales veréis más con vuestra mirada espiritual que con la de la materia.

Es necesario que comprendáis, que los tiempos en que los hombres buscaban mi Voz, mi Lenguaje y mis Mensajes, a través de las manifestaciones de la naturaleza, han pasado. Hoy estáis capacitados para comunicaros espiritualmente Conmigo y recibir mis Revelaciones, por medio de las potencias del espíritu y no por los sentidos del cuerpo.

Ciertamente os digo que los elementos de la naturaleza siguen dando voces a la humanidad, poniéndola a prueba, despertándola y purificándola; esto se debe al materialismo de los hombres, porque sólo son sensibles a lo que perciben con sus sentidos. Mas cuando el hombre se haya espiritualizado y sea sensible a las manifestaciones superiores, la naturaleza con todos sus elementos se aquietará y mostrará una completa armonía con todos los seres.

Ya están llegando al mundo mis enviados, los que en la hora propicia habrán de arrancar de los ojos de los hombres la venda de oscuridad, los que defenderán la verdad con obras de amor, mas ¿quién los ha descubierto? ¿Quién presiente en los niños de hoy a los profetas y apóstoles del mañana? Muy pocos. Pero hoy os aclaro: No sólo son enviados míos los que traen mensajes para el espíritu: todo aquél que entre la humanidad siembre el bien, en cualquiera de sus formas, es enviado mío y estará dando testimonio de mi Verdad.

Os he hablado a través de sueños a los que llamáis revelaciones, más debéis saber que todo conocimiento que procede de Mí, es una revelación.

Anunciad que han sido derramados entre la humanidad, todos los dones y facultades del espíritu y enseñad la forma de desarrollarlos y ponerlos en práctica.

Educad vuestro entendimiento y enseñadlo a despojarse de toda idea superflua en el momento de vuestra comunión espiritual. Cuando logréis esa preparación, todos los dones se manifestarán en vosotros: la inspiración y la revelación, la intuición y el poder curativo, la palabra y muchos atributos más que os mostrarán, cada uno, su esencia y su misión.

Si las facultades del espíritu han estado adormecidas hace tiempo, despertarán a mi llamado y harán que los hombres practiquen la espiritualidad, con todos sus prodigios, maravillas y revelaciones. Cuando os sintáis en armonía Conmigo, recibiréis vitalidad y fuerza, conocimiento e inspiración.

Para que mi Doctrina brille a través de los actos de vuestra vida, debéis consagrar parte de vuestro tiempo al estudio y desarrollo de los dones espirituales, que sólo esperan el momento propicio para manifestarse. Vuestros dones no tienen límite: mientras más ayudéis a los demás, más se multiplicará vuestra heredad.

Si en vuestra labor espiritual tuvieseis grandes triunfos, no os envanezcáis, antes bien sentíos satisfechos porque habéis sido mi instrumento para manifestarme a vuestros hermanos.

De una generación a otra se irán manifestando más grandes y claros los dones del espíritu, y ello será el testimonio de cuanto os anuncié en los tiempos pasados y vengo a confirmar en éste.

Sembradores amados: llevad por el mundo mi Paz y Amor, llevad el bálsamo en la oración, en el pensamiento, en la palabra, en la mirada, en una caricia, en todo vuestro ser, y vuestra jornada espiritual en la Tierra será pródiga en satisfacciones.

Surgirán los analizadores de mis Enseñanzas, los videntes de mirada limpia y palabra convincente, los que practiquen una forma más espiritual de sanar. El bálsamo de curación que en vosotros he depositado, llegará primero al espíritu del enfermo, ayudándolo a levantar su cuerpo decaído y enseñándole la forma de vencer los sufrimientos y dominar las pasiones, para recobrar la libertad y la salud verdaderas.

Hoy vengo a hablaros de los dones espirituales, para que conozcáis el éxtasis, en el que escucharéis la Voz Divina y se hará transparente lo que os parecía impenetrable.

Ese estado de elevación no puede ser privilegio sólo de algunos, es un don que está latente en todo espíritu. Siempre me ha sido grato servirme de aquéllos que han sabido hacer uso de esa gracia. Hoy vuelvo a deciros: Para que el éxtasis sea perfecto, antes tenéis que pasar por la vigilia, como los justos en los primeros tiempos.

He preparado los ojos del espíritu para que podáis mirarme y he conservado puros los sentimientos de vuestro corazón, para servirme de ellos. Vuestros dones están latentes y mi Palabra sólo viene a despertarlos, para que deis principio al cumplimiento de vuestra misión.

Nadie como el hombre podrá reflejar al Creador: su mente es el espejo de la razón Divina, su corazón es fuente donde guardo el amor, su conciencia es luz de mi Espíritu.

Sed sensibles a toda inspiración mía, dejadme manifestar a través de vosotros, que vuestros labios expresen mi Sabiduría y mis Palabras de consuelo lleguen al oído de los que sufren, que vuestras manos me sirvan para acariciar y vuestros ojos para mirar con ternura y piedad.

Una aureola de luz habrá de envolver a mis discípulos cuando se levanten a esparcir el conocimiento que les he revelado: para entonces ya habréis reconocido el poder de mi Palabra.

Mis enviados estarán cumpliendo misiones en todas partes, en el seno de toda congregación, de toda institución. Si su mente y su corazón ignoran el encargo espiritual que están realizando, su espíritu estará consciente de cuanto haga y él será el que presienta el destino que ha venido a cumplir a la Tierra.

No temáis presentar ante el mundo vuestra misión, no ocultéis vuestros dones, porque ellos, tarde o temprano se manifestarán. Yo os anuncio que esta humanidad, que por largo tiempo nada más ha creído en lo que toca, ve y comprende con su entendimiento limitado, se espiritualizará y sabrá mirarme y buscar en Mí la verdad.

En todos los caminos del mundo se encuentran los que me buscan, me siguen y me aman: discípulos, profetas y precursores; por eso quiero que vosotros les sirváis de ejemplo y ante ellos, seáis reconocidos como mis enviados.

Visitad hogares, acercaos al lecho del enfermo, ayudad a los que sufren en presidios y lugares de expiación, id en mi Nombre y consolad a todos.

Para probaros que vuestros dones espirituales están nuevamente con vosotros, os he dicho: Extended vuestra mano en mi Nombre cuando estén desatados los elementos y veréis que ellos os obedecen.

Os habéis elevado y vislumbráis ya la vida espiritual: sentís por momentos la paz del Reino que os espera. Tenéis potestad para vencer las pruebas y un antídoto contra todo mal. Usad vuestras facultades, Yo cultivaré vuestras virtudes, las haré crecer y de ellas me serviré.

Entonces podréis ver las primeras luces del Gran Día anunciado por los profetas de los tiempos pasados, y podréis sentir cómo desciendo en espíritu para hablaros de la vida eterna que a todos espera.

El hombre escudriñará mi Palabra en busca de errores e imperfecciones, pero la sabiduría que encierra destruirá su duda y al fin la aceptará como revelación Divina.

Cerca del año dos mil empezarán a manifestarse los dones espirituales en la humanidad, los que darán testimonio de mi Palabra.

Orad, velad e interceded por el mundo y cuando llegue el tiempo de la lucha, levantaos y esparcid mi Luz. Derramad fortaleza y consuelo, apartad las enfermedades, haced prodigios, para que cuando lleguéis al final de vuestra jornada, os presentéis ante Mí en paz y llenos de méritos. Las puertas del Reino están abiertas en espera de vosotros.

¡Mi paz sea con vosotros!

La Doctrina Espiritual

LA DOCTRINA ESPIRITUAL

Os fue prometido el Espíritu de Verdad para que os esclareciera las lecciones pasadas. Hoy he venido a entregaros todo lo que corresponde a este tiempo.

Estoy llamando a las puertas del corazón del hombre. A unos los encuentro preparados, a otros durmiendo, porque se han estacionado en las distintas doctrinas y se han desviado del camino. Mas ha llegado el tiempo en que mi campana sonora hace el llamado a todos.

El único Mesías es el que hoy os habla, a través de estos portavoces por los que os transmito mi Palabra. No os sorprendáis cuando os digo, que esta Doctrina regirá los destinos de la humanidad.

Las revelaciones Divinas, la Ley, mi Doctrina y mis Manifestaciones, os han dado a entender, desde el principio que el hombre es un ser sujeto a evolución.

Yo os digo que aquella doctrina que despierte al espíritu, que haga luz en él, que lo desarrolle y le revele sus atributos, que lo levante cada vez que tropiece y lo haga caminar hacia adelante sin detenerse, esa doctrina estará inspirada en la verdad.

No vengo creando una nueva religión entre vosotros, ni esta Doctrina viene a desconocer a las religiones existentes. Es mi Palabra un mensaje de Amor Divino para todos y un llamado a los espíritus.

Quien comprenda el propósito Divino y cumpla mis Preceptos, se sentirá guiado hacia el progreso y el mejoramiento de su espíritu; mientras el mundo no penetre en la senda de la espiritualidad, la paz estará muy lejos de ser una realidad.

Os he dado una Doctrina, que a través de los tiempos os he venido explicando, para que rija como ley vuestra vida humana y afirme a vuestro espíritu en el camino que conduce a la vida eterna.

De mi Ley, que es semejante a un árbol, los hombres han cortado ramas que son las sectas y religiones, las cuales al quedar desprendidas han perdido su savia y su sombra ha sido escasa.

Hoy vengo a deciros que no os he revelado mi Doctrina sólo para que viváis bien en la Tierra: Ella es el camino que conduce al espíritu a la parte más alta, a las regiones más elevadas del amor, de la sabiduría y la armonía con todos los seres.

Las religiones no han cumplido con la misión de conducir a los espíritus a los umbrales de la eternidad, para su perfeccionamiento. El espíritu ignora el camino que ha de recorrer al desprenderse de este mundo, tropieza por falta de luz y busca nuevamente la vida que dejó.

La enseñanza que Yo os he traído, es un camino de luz, de revelación, de profunda sabiduría para todos, de caridad y amor. Para no desviarse del sendero se requiere de sacrificio, de renunciación y perseverancia Soy el Consolador prometido, el Espíritu de Verdad anunciado, que vendría a decíroslo todo. La preparación se ha iniciado ya y llegan los tiempos en que seréis aquellos que, teniendo fuerza en el espíritu, guíen a sus hermanos con nobleza y sencillez en su corazón.

Hoy desciende mi Luz en forma vibrante e inspiradora a manifestarse en palabra humana, la que se ha convertido en Doctrina que os ayuda a la elevación de vuestro espíritu, por lo que la habéis llamado ESPIRITUALISMO. Pero nunca os detengáis en nombres o definiciones, lo importante de mi Doctrina es su esencia y su verdad.

Me preguntáis, ¿qué pretendo al manifestarme a la humanidad en este tiempo? Y Yo os contesto: lo que busco es vuestro despertar a la luz, vuestra espiritualidad y unificación, porque mientras unos han procurado los tesoros del espíritu, otros se han consagrado a amar las riquezas del mundo: espiritualismo y materialismo en pugna constante, espiritualistas y materialistas que nunca han podido entenderse entre sí…

Esta Doctrina no es una teoría, es una enseñanza práctica, tanto para la vida humana, como para la del espíritu. No busquéis otra enseñanza más completa y perfecta. Os acompaña desde antes de llegar a la Tierra, os sigue a través de la jornada sobre este mundo y se funde con vuestro espíritu cuando él se eleva a su siguiente morada. Es el camino trazado al hombre, por el cual llegará a conocer, servir y amar a su Creador; es el libro que enseña a amar al Padre en sus propios semejantes, es la Ley que dicta lo puro, lo bueno, lo perfecto.

También os digo: mi Palabra no sólo habla al espíritu, también a la mente, a la razón y aun a los sentidos. Así como os enseño a vivir espiritualmente, vengo a hacer luz en toda ciencia y conocimiento; llego al corazón del hombre para inspirarlo a vivir en este planeta una vida grata, digna y provechosa.

Discípulos: esta Doctrina no necesita de ritos ni ceremonias. La figura, la expresión, la forma, el objeto que necesitabais para impresionar vuestros sentidos, han quedado aparte, porque mi Palabra tiene la suficiente fuerza para que os elevéis hacia la perfección.

Éste es el tiempo en que todo entendimiento y espíritu recibirán mi Luz. Las religiones y doctrinas alcanzarán la completa lucidez en su seno y os sorprenderéis, cuando veáis los pasos de espiritualidad que darán vuestros hermanos sin haber escuchado esta palabra.

Mi obra espiritual es la Doctrina que sin saber anhela la humanidad, porque encierra el amor, la paz, la luz y la justicia, de todo lo cual tienen hambre y sed los hombres; no os lleva al misticismo ni al fanatismo, simplemente os aconseja la simplificación del culto a Dios y la más pura elevación del espíritu.

He aquí los cambios que se verificarán por causa de mi Doctrina: El poder material quedará aniquilado, la ciencia confundida, la soberbia humillada y las pasiones retenidas.

El espíritu de la humanidad, que ya se encuentra desarrollado, pronto comprenderá y asimilará las revelaciones de mi Doctrina. Detrás del materialismo, de los intereses y vanidades, se encuentra el espíritu que está en espera de mi llegada.

Cuando vayáis al mundo, procurad que la semilla que sembréis sea pura como Yo os la he confiado. Encontraréis hombres que piensan de modo diferente al de vosotros, que sienten y viven en forma distinta y que además, sus costumbres y leyes, sus doctrinas y ritos, tienen raíces muy profundas en su corazón. Entregad la simiente sin distinción alguna.

Vendrá la lucha de ideas y doctrinas. Unas se apegarán en parte a mi Ley, otras se apartarán por completo de estos principios. Yo permitiré que se enfrenten unas a otras y luchen. En esa contienda veréis a las grandes religiones usar más de la fuerza y la injusticia que del amor y la caridad: la derrota será en todas, porque la verdad tiene sus propias armas para defenderse, que están dentro de la misma verdad. Y cuando de los hombres surja esta pregunta: ¿En dónde está la verdad? Responderéis vosotros: En el amor.

En todas partes del mundo están diseminados los discípulos del Espíritu Santo, hombres preparados que contribuyen a lograr la paz de la humanidad. Mas os digo que la unión entre ellos, no se hará por medio de la organización de una nueva iglesia, porque su fuerza y unión serán de pensamiento, de ideal y de obras, y de esta manera serán invencibles porque la fuerza la habrán tomado de mi Espíritu.

Discípulos: Si mi venida fue anunciada que sería en medio de guerras y elementos desatados, es porque mi Presencia había de ser oportuna en horas de crisis para la humanidad. Y aquí tenéis el cumplimiento de cuanto os dije de mi nueva venida. Vengo a los hombres cuando un mundo agoniza y en sus estertores estremece y sacude la Tierra, para dar paso a una nueva humanidad. Por ello mi llamado en el Tercer Tiempo es de amor, amor que encierra e inspira justicia, fraternidad y paz.

Esta es la Doctrina que vengo sembrando en el corazón del pueblo Espiritualista Trinitario  Mariano. Espiritualista, porque recibe la luz de mi Espíritu, que lo eleva sobre todo lo humano; Trinitario, porque me reconoce bajo las tres fases en las que me he manifestado a la humanidad, y Mariano, porque busca y ama a María como Ternura Divina, como escala que lo eleva hacia el Padre, como la intercesora que lo conforta, consuela y purifica.

Por eso cuando os pregunten qué quiere decir Espiritualismo, decid que es la Doctrina del Espíritu Santo, la Doctrina de la Espiritualidad. Y si os preguntan qué es Espiritualidad, decid que es elevación de pensamiento, limpieza en las obras y en las palabras, vida elevada y generosa.

Yo os he enseñado a buscar la verdad en la sencillez. Los que viven estudiando las escrituras de los tiempos pasados y que se han dividido en sectas y congregaciones, debido a las diferentes formas de interpretación, encontrarán en la espiritualidad la verdadera esencia que nunca habían contemplado.

Bajo la sombra de mi Doctrina no se construirán tronos, desde los cuales puedan los hombres juzgar o dominar a los espíritus de sus hermanos. Sólo Yo puedo juzgar con justicia perfecta a un espíritu.

Preparad vuestro entendimiento para que analicéis con rectitud mi Palabra. Ya os he dicho que mis discípulos serán los que den una justa interpretación a las lecciones que, en esta Era y en los tiempos pasados, os ha revelado vuestro Señor. El que analice con sentido espiritual, ése será el que se acerque a la verdad.

Cuando mis discípulos crucen los caminos del mundo, comenzará el despertar espiritual de las religiones y sectas estacionadas hace mucho tiempo.

Ésta es una etapa en que mi Espíritu está hablando incesantemente a la conciencia, al espíritu, a la razón y al corazón de la humanidad. Mi Voz llega a los hombres a través de pensamientos y pruebas.

Buscad la esencia de mi Obra y dejaos de deliberaciones superfluas.

Principiad por limpiaros de manchas y así no mancillaréis lo que es diáfano y puro, y estimularéis a vuestros hermanos a corregir sus imperfecciones. Amaos como os enseñó Jesús. Apartad el egoísmo, prescindid aun de vuestra personalidad, si fuere necesario.

Mi Enseñanza no es solamente conocimiento, es caricia y consuelo.

Mi Caridad se extiende a todos los que sufren, a los que van derramando lágrimas, a los que van soportado injusticias. Ella conforta a la madre y a la esposa, cuida de la doncella, fortalece al mancebo y sostiene al anciano, y viene a encender la luz de la esperanza en todos.

Los buenos sembradores jamás se distinguirán por algo exterior o material. Ni hábitos, ni insignias, ni ninguna forma especial de hablar habrá en ellos. Todo será en sus actos, sencillez y humildad; sin embargo, si por algo se distinguiesen, será por su caridad y espiritualidad.

Tampoco quiero que encerréis vuestro culto en recintos materiales, porque vuestro espíritu se sentiría aprisionado y no le dejaríais abrir sus alas para conquistar la eternidad. El altar que os dejo para que celebréis el culto que Yo espero de vosotros, es la vida sin limitación alguna, porque existe en mi Espíritu que es eterno.

Mi Palabra de hoy es la misma de los tiempos pasados, sólo es diferente la manifestación. Mañana no os hablaré en la misma forma en que lo hago ahora, porque las costumbres de los pueblos cambian de acuerdo con su evolución, mas siempre estaré con vosotros.

Os he dicho que veréis surgir espiritualistas por todo el mundo, aunque no hayan escuchado esta palabra y, cuando observéis sus prácticas y escucháis sus palabras, os quedaréis asombrados al ver la intuición y la visión tan clara que de mi Doctrina han tenido.

Ya os he dicho que mi Obra no viene a borrar una sola de las palabras que Cristo predicó en aquel Tiempo. Si verdaderamente penetráis en el sentido de esta Doctrina, veréis como mi Palabra de ahora es la explicación o aclaración de cuanto os dije. Pero también os he traído lecciones que no conocíais. Os vengo a entregar mi sabiduría, porque os aproximáis a la plenitud del tiempo en que el espíritu del hombre logrará su liberación, su elevación y su predominio sobre la materia.

Ninguno diga que la vida espiritual era un misterio antes de que Yo viniese en este tiempo a esclarecerla con mis nuevas Revelaciones. Os repito que a través de los tiempos, muchas enseñanzas os fueron entregadas ya, aunque no las supisteis comprender; pero es hasta ahora, cuando comienzan los hombres a interesarse por descubrir y descifrar cuanto encierran las revelaciones de los tiempos pasados para relacionarlas con los acontecimientos del presente. Ya sabéis entonces que cuando digáis Espiritualismo, estaréis hablando de la revelación espiritual que a través de los tiempos os he hecho.

No temáis al juicio y a la censura de los hombres. A Mí también en este tiempo me llevarán a juicio, a la discusión, al cadalso, mas no a la muerte. No será vencida mi Obra, mi Luz ni mi Verdad. Esta Doctrina se manifestará a pesar de la incomprensión, de la desobediencia, de la incredulidad y las ingratitudes humanas.

Mi Espíritu y mi Doctrina seguirán manifestándose y avanzando de corazón en corazón, de espíritu en espíritu, de pueblo en pueblo y de mundo en mundo, porque no hay fuerza, no hay poder ni barrera, que pueda detener a mi Espíritu, no hay sombra que pueda opacar mi Luz Universal. Yo seré siempre sabiduría y amor.

Os hablo de ESPIRITUALISMO como la revelación que os esclarece la vida del espíritu, que os enseña a comunicaros con vuestro Padre y os eleva sobre la vida material. Os digo nuevamente que el ESPIRITUALISMO no es nuevo ni pertenece a este tiempo, ha sido una revelación que he venido mostrando a la humanidad, de acuerdo con su evolución espiritual, a través de los tiempos.

La luz que irradia esta Enseñanza, está alumbrando al espíritu de la humanidad, y cuando los hombres lleguen a tener verdadero conocimiento del tiempo que están viviendo, sabrán distinguir con claridad su esencia que brillará sobre todas vuestras religiones. Me preguntáis: Maestro, ¿las religiones no encierran la VERDAD? A lo cual Yo os digo, que si en ellas existiera toda la VERDAD, sólo habría una, porque una sola es la verdad. Cada una encierra una parte de esa luz, son sólo caminos que conducen al espíritu y lo acercan a la fuente del saber. La verdad absoluta no la posee ningún hombre ni está contenida en ningún libro. Esa divina claridad, esa fuerza omnipotente, ese amor infinito, esa justicia perfecta, esa sabiduría sin límites, está en Dios. Él es la única verdad.

Comprended mi lección: cada religión es una forma de entender la verdad, pero no la Verdad misma. Por eso veis las diferencias que existen entre unas y otras; si ellas encerrasen la suprema Verdad, todas serían iguales y formarían una sola idea, un solo camino para llegar a Mí.

Mas vendrá el instante en que la necesidad de unirse, como una fuerza poderosa e irresistible, las aproxime, para aportar cada una su simiente en un anhelo de armonizar todas. Para ello sobrevendrán luchas, controversias y confusiones, para que lleguen todas a la única conclusión: la de aceptar la Verdad inmutable de mi Existencia y de mi Ley.

Al final de la lucha, los hombres ya en paz consigo mismos y con sus semejantes, comprenderán que para alcanzar la meta del saber y experimentar la verdadera paz, es indispensable vivir en comunión con la Ley Divina, que procede del amor del Creador. Al mismo tiempo comprenderán que no es necesario profesar tantas y tan diversas religiones para poderse conservar en el bien, sino que, para lograr la armonía verdadera y tener una moral que esté más allá de lo simplemente humano, bastará con llevar en el corazón la palabra de Cristo, su Doctrina, y que para abrazarla, tendrá que vivirla y amarla con sencillez y humildad.

De cierto os digo que si el orgullo germina en vuestro corazón, no seréis verdaderos discípulos del Espíritu Santo. El materialismo, el egoísmo y el amor al mundo, serán las fuerzas que se levanten en contra de esta revelación, que no es nueva ni distinta de la que os he traído en los tiempos pasados, porque es la esencia de la Ley y la Doctrina, que os fueron reveladas en el Primero y Segundo tiempos.

Cuando la humanidad comprenda la verdad de esta enseñanza, su justicia y los infinitos conocimientos que revela, desechará de su corazón todo temor, todo prejuicio y la tomará como norma de su vida.

Vendrán los teólogos de este tiempo a escudriñar mi Palabra y las nuevas escrituras y preguntarán: ¿Quién eres tú, que así has hablado? En la misma forma en que se levantaron los escribas y fariseos de aquel tiempo para decirme: ¿Quién eres Tú, que vienes a desconocer y a cambiar la Ley de Moisés? Entonces les haré comprender que las tres revelaciones son la Ley única que siempre he venido a enseñar y a darle cumplimiento.

No sólo este pueblo ha tenido profetas y enviados, a todos les he confiado emisarios para despertarlos. Por la luz y la verdad de sus palabras, podréis juzgar sus doctrinas. Unos llegaron antes del Mesías, otros han sido posteriores a mi presencia en cuanto hombre, pero todos han llevado un mensaje espiritual a los hombres. Esas doctrinas al igual que ésta, han sufrido profanaciones, porque cuando no se ha alterado su esencia, se les ha mutilado.

Una sola verdad he revelado a la humanidad a través de enviados y profetas, ¿por qué han de tener los pueblos diferente concepto acerca de la verdad, de la moral y de la vida?

Esa verdad será restablecida y su luz resplandecerá con tanta fuerza que les parecerá a los hombres como algo nuevo, siendo la misma luz que siempre ha iluminado el camino de evolución de mis hijos.

Viene el tiempo de controversias en el que los hombres pondrán de manifiesto su inteligencia y su elocuencia. Volverá a ponerse a discusión mi Palabra del Segundo Tiempo, y también se analizarán las diversas interpretaciones que a ella se han dado. De ese torbellino surgirá la luz y muchos velos quedarán descorridos; la hipocresía será abatida por la verdad.

Es mi voluntad que los hombres lleguen a la unificación de ideas y de culto espiritual, porque algo trascendental tengo reservado para ellos cuando esto sea.

Estudiad, asimilad y vivid mis Enseñanzas, para que nada tengáis que temer de los sabios, de los científicos y letrados. Orad, para que de vuestra boca emane mi Sabiduría infinita.

Borrad de los hombres la impresión errónea que se han formado de las doctrinas espirituales, cuando se ha mezclado la superchería y el engaño. Presentad mi Doctrina en toda su pureza y majestad, para que ella borre de la humanidad la ignorancia y el fanatismo.

Éste es el tiempo de la comprensión, de la iluminación del espíritu y de la mente, en que el hombre al fin me buscará espiritualmente, porque reconocerá que Dios no es persona ni imagen, sino Espíritu Universal, ilimitado y absoluto.

Esta Doctrina, conocida por unos cuantos e ignorada por la humanidad, pronto llegará como bálsamo sobre todos los que sufren, para impartir consuelo, encender la fe, destruir tinieblas e infundir esperanza. Ella os eleva sobre el pecado, la miseria, el dolor y la muerte.

No podría ser de otra manera porque soy Yo el Consolador prometido quien la ha revelado.

La humanidad, espiritualmente, se encuentra dividida en religiones, sectas, doctrinas e ideologías y Yo demostraré el poder de mi Palabra uniéndolas. Aunque ya os he dicho que antes que esto sea, el mundo se depurará y los espíritus se estremecerán, como los bosques al soplo del huracán.

Por muchas sendas vienen los hombres en mi busca; son las diferentes religiones que existen en la Tierra y, dentro de ellas, los que más cerca me sienten son los que llevan mayor espiritualidad, los que van sembrando amor a su paso.

Discípulos: la palabra que en este tiempo os he dado, no debéis tomarla como el fundamento de una nueva religión, porque ella es sólo la explicación de la Ley que desde los primeros tiempos os revelé. Esta Doctrina no viene a desconocer a las religiones existentes, cuando ellas estén basadas en mi Verdad. Éste es un mensaje de Amor Divino para todos, un llamado a todas las instituciones.

Quien comprenda mis Propósitos y cumpla mis Preceptos, se sentirá guiado hacia el progreso y evolución de su espíritu. Pensad que si se tratase de una religión, estaría destinada solamente a quienes la profesasen, pero siendo ella la luz infinita de Dios, brilla y desciende sobre todos, sin distinción de pueblos, razas, lenguas o credos. Ante Mí sólo existe un culto que es el del amor, el amor al Padre, a los semejantes y a todo cuanto ha brotado de Mí.

Me preguntáis: ¿En quién está la verdadera sabiduría? Y Yo os digo: En Dios. Alguno más me pregunta: ¿Cuál es la verdadera religión? Y el Maestro os contesta: Quien me ame y ame a su hermano, ha encontrado la verdad y ha cumplido con la Ley.

Toda mi Ley se condensa en dos preceptos: El amor a Dios y el amor al prójimo. Ése es el camino.

En verdad, no serán las doctrinas de los hombres las que hagan la paz en el mundo y salven de su abismo a esta humanidad. Unas antes y otras después, todas las religiones y sectas irán llegando ante el templo invisible, el del Espíritu Santo que está presente en mi Obra, firme como una columna que se eleva al infinito en espera de los hombres de todos los pueblos y linajes. Después, todos se levantarán unidos en una misma Ley y tendrán igual forma de rendir culto a su Padre.

Una parte de mi Luz está en cada multitud, en cada congregación. Nadie se ufane por lo tanto de poseer toda la verdad. Debéis unir los conocimientos del uno con los del otro y así con todos. Entonces, de esa armonía brotará una luz clara, purísima, que es la que habéis buscado en el mundo sin haberla encontrado. Lo que quiero daros a entender es que todo aquel que reciba esta enseñanza, deberá también unirse e identificarse espiritualmente con todos, sin que la diferencia exterior de los diversos cultos, sea el obstáculo que os impida reconocer y amar a vuestros semejantes como hermanos en Mí.

No sólo vosotros me invocáis, también vuestros hermanos a través de distintas religiones están llamándome. No únicamente vengo a vosotros; Yo, el Espíritu Consolador, doy paz a todo corazón y espíritu necesitado. No juzguéis a las demás doctrinas como imperfectas, concretaos a obrar bien.

La unificación de las religiones será cuando el espíritu de la humanidad se eleve por encima de materialismos, tradiciones, prejuicios y fanatismo; entonces los hombres se habrán unido espiritualmente en un solo culto: El bien, por amor a Dios y al prójimo.

En ese momento, penetrará la humanidad en un periodo de perfeccionamiento.

Cuando los hombres que buscan la luz a través de ceremonias y actos litúrgicos, prescindan de todo rito y culto exterior, al instante verán surgir ante ellos, en plenitud, la luz de la verdad, como un cesto milagroso de panes y de peces, que se desbordará inagotable ante la avidez de las muchedumbres.

Velad, porque pronto vendré como Juez sobre toda secta y religión y, a cada guía, a cada pastor y ministro, le preguntaré qué ha hecho de los espíritus que le he confiado, qué ha hecho de mi Ley y mi Doctrina.

Amados míos: Yo os digo que debéis enseñar a los hombres a pensar, que los hagáis meditar, que los ayudéis a analizar. El rito, la forma, la tradición, lo externo, ya no pueden satisfacer a los espíritus en la Era presente; para que se sientan seguros en su camino, para que en las horas de prueba no crean que están solos, es menester darles luz, esencia, verdad.

Un pueblo me ha recibido en este tiempo y a él le he confiado esta página de mi Sabiduría, pero en ella hay un mensaje para cada una de las religiones que existen sobre la Tierra.

Mi Luz iluminará todos los senderos y las sectas y religiones verán ante sí un solo camino: la Ley de amor del Espíritu Divino. Ésa será la Doctrina Universal que unificará a todos los espíritus. Vosotros respetaréis la fe y la creencia de todos, recordando que Yo, vuestro Dios, os recibí sin distinción de cultos ni de credos. Ya llegaréis a comprender que esta Doctrina no es para materializarla con símbolos, sino para sentirla en el espíritu. Ofreced al Padre el culto interior, que es el verdadero, el que se hace sin ostentaciones, sin hipocresía, sin intereses terrenales.

El buen discípulo será aquel que aun en su pobreza de bienes materiales se sienta señor, rico y feliz, sabiendo que su Padre le ama, que tiene hermanos a quienes amar y que las riquezas del mundo son relativas junto a las del espíritu. También será buen discípulo el que, siendo dueño de bienes materiales, sepa emplearlos con buenos fines, tomándolos como medios para desempeñar una importante misión en la Tierra.

¿Cuándo sabréis ser los dignos poseedores de vuestra heredad, estimar cada gracia y darle a todo, su justo valor en la vida?

Amaos unos a otros, no os moféis del falso dios que adora vuestro hermano, ni desmintáis su doctrina por errónea que sea. Si vosotros queréis que os respeten y os sigan, antes debéis respetar. No tengáis temor a nadie, porque Yo os he entregado la verdad y el don de la palabra para defenderos. Levantaos, hablad y convenced a vuestros hermanos. En la palabra están el bálsamo, el amor, la fuerza y la vida. En ella está la potestad para que os levantéis a la lucha.

Cuántas doctrinas, cuántos cultos a Dios e ideas nuevas sobre lo espiritual y sobre la vida humana vais a encontrar. Cada una os mostrará una parte buena y justa y otra errónea. Donde encontréis errores, ignorancia o maldad, extended como un manto de luz la esencia de mi Doctrina, que no puede llevar impureza ni error. ¿Qué es lo que llega a Mí de todo ello? La necesidad espiritual de mis hijos, su átomo de amor.

Yo vengo a todos y los recibo por igual.

Las religiones duermen el sueño de los siglos, sin dar un paso adelante y cuando despiertan de su letargo, es sólo para agitarse en su interior, sin atreverse a romper el cerco que han creado con sus tradiciones.

Voy a escoger de las sectas que los hombres han formado, que son ramas del Árbol de la Vida, a los ansiosos de espiritualidad, a los que pronuncian con unción mi Nombre y me presentan actos de amor, de humildad y reconocimiento. Vengo como el buen pescador en busca de corazones, y si hoy el número de los que me siguen es corto, mañana se multiplicará. Serán los humildes, los pobres, los sencillos e ignorados, los primeros que vengan a Mí en busca de luz, de ambiente puro, de verdad y progreso. Serán ellos los que den la campanada de alerta a sus hermanos, al sentir la llegada de los tiempos de mis nuevas Revelaciones.

No habrá poder humano que extinga la luz que he hecho surgir en esta Era entre vosotros, como en aquel tiempo no pudieron los hombres callar la voz de Cristo, y la sangre derramada por ellos, seguirá hablando por una eternidad.

Ved cómo mi Palabra no es ni podrá ser una religión; esta Obra es el camino luminoso en donde habrán de unirse espiritualmente todas las ideas y los credos para llegar a Mí.

Yo no vengo a censurar vuestras creencias cuando están encaminadas a la verdad, mas los errores sí vengo a combatirlos en quienes se encuentren. Encaminaos todos al mismo fin, conciliando y armonizando vuestro culto espiritual.

Aprended a distinguir los diversos caminos que existen, así como a respetar las diferentes misiones que vuestros hermanos desempeñan; para ello necesitáis ser de entendimiento amplio, de juicio recto, de ánimo sereno y mirada profunda.

En torno a esta luz se unirán los hombres, se reconciliarán los pueblos, se perdonarán los enemigos y por ella se comprenderá la esencia de la Doctrina que vine a enseñaros con palabras y obras, hace casi dos mil años.

Analizad mis Lecciones y decidme si esta palabra podrá encerrarse en una de vuestras religiones. Yo os he revelado su carácter y su esencia Universal, que no se concreta tan solo a porciones de la humanidad, sino que traspasa la órbita de vuestro mundo, para abarcar el infinito con todas sus moradas.

Practicad mi Doctrina con pureza, ella será el eslabón espiritual que unificará a los pueblos y razas, porque mi Palabra de amor es Ley Universal.

Velad, porque vosotros aunque ignorados y humildes, poseéis la luz con la cual podréis librar de la oscuridad a los que caminan como ciegos, mostrándoles un cielo despejado y un futuro mejor.

Cuando los hombres se acerquen a preguntaros cuál es vuestra ideología, les mostraréis esta página de Amor Divino, con vuestras obras, palabras y escritos.

A los discípulos del Espíritu Santo les está encomendada esta tarea. Trabajad y veréis coronados vuestros esfuerzos.

Mi Doctrina viene a abrir un campo infinito de adelanto al pensamiento y al corazón, para que podáis elevaros por el camino de la sabiduría.

Este mensaje es para todos los pueblos; la esencia de esta Obra, será la base sobre la que descansen todas las leyes, para que el mundo penetre en un periodo de conciliación, fraternidad y reconstrucción.

Sólo con armas de amor podrán los hombres derribar las barreras que hoy los dividen. Solamente así conseguirán los mandatarios de los pueblos, unir a los hombres de estos tiempos. Entonces se verá al fuerte tendiendo la mano al débil, y éste, al levantarse, ayudando al fuerte, unidos ambos como una sola familia: la familia de Cristo, aquélla que sabe su destino y el fin que le espera: la eternidad en Mí.

No están solos mis discípulos para esparcir mi Doctrina; también mis huestes espirituales se encuentran diseminadas por el mundo, preparando mentes y corazones para proseguir mi Obra entre la humanidad.

A vosotros que estáis recibiendo esta palabra, os toca presentar mi Obra en toda su sencillez, espiritualidad y pureza, sin dar lugar a que caigáis en el error de crear nuevas tradiciones, ritos o símbolos que os alejen del verdadero camino.

No deseo esclavizaros con mi Enseñanza, porque en ella no existen dogmas, sentencias ni anatemas. Quiero que lleguéis a Mí por amor, por méritos, por fe, por convencimiento.

El espíritu tiene un sentido superior que le permite descubrir lo verdadero, lo puro, lo perfecto; pero es menester que se desarrolle para no caer en confusiones. De cierto os digo que no volveré a comunicarme en la forma en que me habéis tenido, ni aquí ni en otros pueblos; extended por la Tierra el testimonio de mi Palabra y la humanidad creerá en mi Mensaje.

La Doctrina Espiritual no estaciona al espíritu ni detiene la evolución del hombre, por el contrario, lo libera de temores y prejuicios y le hace contemplar el camino de luz que lo conduce a Mí.

Surgirán aquellos que mezclen mi Enseñanza con doctrinas humanas.

¡Vivid alerta! Yo os anuncio que llegará el tiempo en que veáis aparecer muchos espiritualismos y debéis estar preparados para descubrir en quiénes existe la verdad y en quiénes la impostura.

Veréis falsas comunicaciones atribuidas a Mí, rumores de enviados divinos que traen mensajes al mundo y muchas doctrinas confusas e indefinidas. Todo ello será producto de la gran confusión espiritual que la humanidad ha venido preparando.

Se acerca la batalla final, después de la cual quedará establecida una sola Doctrina. De todo el poderío de las religiones no quedará piedra sobre piedra. Y, ¿qué harán las multitudes después? ¿Qué harán los rebaños sin pastor y sin aprisco? Es entonces cuando las ovejas busquen en la cumbre del Monte a su Pastor y será cuando venga mi Reino sobre todos; llegaré entre nubes, según mi promesa, de acuerdo a la palabra de mis profetas y todo ojo pecador y no pecador me contemplará. Mi Doctrina se extenderá de corazón a corazón y de pueblo en pueblo, y éstos, se levantarán en pos del Espíritu Santo que ha abierto su Arcano para revelar su sabiduría y depositarla en todos los hombres de buena voluntad.

Para ese tiempo no habrá necesidad de que mi Doctrina ostente un nombre, porque el mundo estará cumpliendo mis Leyes. Seréis soldados de mi Ley y sembradores de la espiritualidad. Mas desde ahora os declaro que esta Doctrina no tendrá su asiento en la Tierra ni como representante a ningún hombre, su gobierno no será de este mundo y vuestro único guía lo tendréis en Cristo, a través de vuestra conciencia.

Cuando tengáis ya un conocimiento completo de lo que habéis recibido, os levantaréis sin demora a esparcir este mensaje, cuyo contenido pertenece a toda la humanidad. Yo haré que mi Doctrina se extienda por doquier, como el aire se introduce en todo lugar, como la luz disipa toda tiniebla para iluminar al mundo. Así se difundirá mi Obra, penetrará en toda congregación, llegará a todo hogar y a todo corazón; cruzará por los caminos, atravesará los desiertos y los mares y cubrirá este mundo, porque la Era de la luz ha llegado para toda la humanidad.

Y si en aquellos tiempos la palabra de Cristo conmovió en sus cimientos la vida de los hombres, ahora esta luz hará estremecer sus fibras más sensibles.

Preparaos, porque vais a ser testigos de grandes acontecimientos espirituales. Hasta aquí, ésta ha sido una etapa de preparación, ahora viene el tiempo de enfrentaros al mundo.

Cuando esta Doctrina reine en todos los corazones, el hombre habrá puesto los cimientos de su verdadera paz. Será la fructificación de la semilla que Yo sembré desde el Segundo Tiempo.

Sirva esta lección de hoy como voz de alerta para quienes la han escuchado, para que inspirándose en ella, se revistan de energía, de celo, de amor y fe y nazca en su corazón el noble ideal de convertirse en mis verdaderos discípulos.

¡Mi paz sea con vosotros!

Los templos del espíritu

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Cada hijo de Dios vive y se manifiesta «dentro» de su Espíritu Divino. No sólo cada hijo, toda la Creación. Nada existe fuera de su Espíritu, todo lo envuelve, todo es manifestación de Su poder, de la vida que es Él.

Donde quiera se encuentra la manifestación de la vida. Ni si acaso la Creación material muere, no es posible porque ella procede de la manifestación de la vida de su Creador. Existe la desintegración como un medio de lo que «muere» en el Universo, lo que es en él al desintegrarse, de nuevo regrese a la Creación que lo sustento. Así ella se multiplica una y otra vez. Su energía, su vitalidad, sus elementos se multiplican por medio de la desintegración.
Cuántas veces el espíritu ha contemplado desintegrarse en la madre Naturaleza los cuerpos que se le ha confiado. Cuántas veces de la Madre Naturaleza, él ha obtenido otro cuerpo, para manifestarse otra vez en el plano de las formas.
Mas el espíritu ha manchado la Madre de donde procede los elementos de su cuerpo, de donde toma vitalidad. Ha adulterado con su libre albedrío la armonía que existe en ella. La ha ensuciado, la ha menospreciado, la ha profanado una y otra vez al paso del tiempo. ¿Será necesario decir que si la madre Naturaleza se encuentra corrompida, los cuerpos de donde toman los espíritus para manifestarse en este plano, no se hallen corrompidos?
No hay carne sana en este plano. El espíritu ha manchado su Naturaleza terrenal, y él recibe las consecuencias de su libre albedrío. ¿Cómo quieren gozar los espíritus de salud en su carne, si su templo terrenal se encuentra adulterado? ¿Cómo quieren gozar de salud, cuando incesantemente adúltera y corrompe las leyes de la Naturaleza?
Nadie se salva de esa corrupción. Ni los poderosos lo harán, ni quienes se nombran los grandes genios de la ciencia. ¿Acaso no vendrán nuevamente a este mundo en otra carne? Sí, como todos. Y como todos recibirán las consecuencias de su libre albedrío al haber adulterado, corrompido la armonía de su templo terrenal.
Si los espíritus de esta morada y otras que existen en la Creación, no pueden armonizar con el orden establecido de sus moradas donde habitan, ¿podrán armonizar con algo mucho mayor, como lo es con el orden establecido en el Universo? No. Es necesario que el espíritu comprenda su responsabilidad que le corresponde en la Creación, sólo así podrá obtener mayores méritos y por ellos cargos más sublimes.
El espíritu debe armonizar con cada templo que le pertenece. No solamente tiene por templo el Universo, sino también su morada. Su carne, su hogar con quienes convive y llama familia. Su corazón también es templo.
Cuando los hombres en sus religiones van a sus templos para adorar a Dios. Esos templos son respetados lo más posible por los hombres. Cuidan el espacio, lo respetan, entre unos y otros existe amabilidad y concordia. El instante llegará en que el espíritu de la humanidad en su conjunto, no sólo vea espacios como templos, sino todo. Su comprensión espiritual le dirá con mucha razón,… todo es Templo del Creador.

El Espíritu de Verdad

EL ESPÍRITU DE VERDAD

Os estoy hablando espiritualmente, DESDE LA NUBE que contemplaron en Betania mis discípulos del Segundo Tiempo, en el momento de mi ascensión. Ahora desciendo en la misma forma, en Espíritu, invisible para los ojos humanos. Esa nube es el símbolo del infinito, desde donde os envío un rayo de luz que ilumina el entendimiento de los portavoces.

Cuando alguno de mis discípulos me preguntaba si volvería entre vosotros, no tuve motivo alguno para ocultarlo y les declaré que mi retorno, sería en un tiempo de pruebas para la humanidad, el cual sería precedido de grandes sucesos y trastornos en los distintos órdenes de vuestra vida.

Ahora os digo que todas las señales anunciadas se han manifestado en este tiempo y no ha faltado ninguno de los acontecimientos que os predije.

Aquí tenéis a mi Espíritu comunicándose por vosotros y a mi Mundo Espiritual hablando por vuestra boca.

Cuando llegué, ya los espíritus y corazones habían sido preparados por el espíritu de Elías, el precursor de Dios en todas las Eras. Nadie me esperaba, encontré frío vuestro corazón, apagada la lámpara de amor; estabais durmiendo el sueño de varios siglos. Sólo unos cuantos despertaron ante el llamado del emisario, que se acercó a vosotros para anunciaros que Yo estaba tocando a las puertas de vuestro corazón.

Ved como una a una, las profecías se van cumpliendo. Éste es el tiempo que anunciaron mis profetas y el que Yo os predije en mi Palabra.

Si escudriñáis los acontecimientos que han conmovido a vuestro mundo en el pasado siglo, cuyas fechas quedaron escritas en vuestros anales, comprenderéis que en verdad, cuanto fue anunciado a través de Jesús, tuvo fiel cumplimiento. Cuando mi Rayo estaba próximo a descender al entendimiento humano, la naturaleza se conmovió y los elementos desatados estremecieron a los hombres, despertaron a los pueblos y asombraron a los científicos.

Os profeticé que volvería, cuando la humanidad se encontrase en su mayor altura de maldad y confusión. Es por eso que, al contemplar los hombres que su ciencia y su maldad habían dado un fruto que se encontraba en plena madurez, presintieron que algo Divino estaba por manifestarse. Ese presentimiento se debió a que mi Presencia espiritual habla siempre a cada espíritu y mi Justicia de Padre se estaba manifestando entre la humanidad. ¿Quién de los humanos hace dos mil años, imaginaba al mundo actual que habéis hecho con la fuerza de vuestra inteligencia? Nadie, por eso muchas de las profecías que anunciaron la transformación de este mundo en que vivís, no fueron creídas. Ahora os estoy hablando de las que precederán a la gran batalla espiritual y después al tiempo de paz. La luz de la profecía vuelve a hacerse sentir entre la humanidad.

Quiero que abráis vuestros ojos a la realidad, para que oréis por el mundo. Aquel tiempo que fue anunciado en otras Eras, en que surgiría la batalla del bien contra el mal, es éste; no vayáis a dormir en espera de otra Era. Sois los hijos de la luz a quienes os estoy revelando grandes enseñanzas, para que seáis antorchas de fe entre la humanidad. Profetas, iluminados y videntes, percibieron mi venida en Espíritu, contemplaron el Libro que se abría, para derramar su contenido sobre el entendimiento de los hombres y confirmaron la presencia del Mundo Espiritual cerca de la humanidad. Vieron el nuevo Monte donde el Señor habría de venir a reunir a su pueblo. Mas en verdad os digo que así como vosotros me habéis sentido, así llegarán hombre tras hombre, pueblo tras pueblo, conforme vaya acercándose a cada uno el tiempo de su despertar.

Elías trajo al mundo la revelación de la forma en que vendría a comunicarme con los hombres: iluminó un entendimiento, el de Roque Rojas, para hablar a través de sus labios, en estado de inspiración.

Hoy os anuncio que llegarán ante estas congregaciones, hombres y mujeres de otras razas hablando otras lenguas: a todos recibiréis. En verdad os digo que si en la casa del Señor no hay extranjeros, ni extraños en su mesa, tampoco vosotros, que sois mis hijos, debéis distinguir por esa causa a quienes son vuestros hermanos. Yo seré siempre delante de vosotros. El que esté limpio me verá y ése será su premio; el que lleve manchas en su corazón, también me verá y ésa será su salvación.

Mi Lección de amor ha llegado a todos los hombres para ser conocida bajo muchas formas.

También en este tiempo como aquél en que vine en Jesús, mientras mi Rayo descendía entre mis discípulos para darles mi Mensaje por vez primera, los grandes, los sabios y los teólogos, dormían profundamente. Ése fue un instante de gozo para mi Espíritu, al veros congregados ante el Arca de la Nueva Alianza. Nuevamente os vine a trazar mi huella de amor, a sustentaros con mi Palabra y a engalanar vuestro espíritu con mis Bendiciones.

Fue un día que Elías preparó y esperó mucho, en el que su espíritu se regocijó grandemente. El primero de septiembre de 1866, mi Espíritu vino sobre la nube simbólica a prepararos para recibir la nueva lección. Después, en 1884, principié a daros mi Enseñanza. No llegué en cuanto hombre como en el Segundo Tiempo, sino espiritualmente, limitado en un rayo de luz que posé sobre el entendimiento humano. Ése es el medio elegido por mi Voluntad para hablaros en este tiempo, es ahora la voz humana de estas criaturas la que llega a vuestros oídos y es menester espiritualizarse para encontrar la esencia Divina en mi Palabra, en donde estoy presente.

Desde aquel instante se han estado cumpliendo muchas profecías y promesas hechas por el Padre a los hombres hace miles de años. Un día en que el humilde recinto de Roque Rojas se encontraba pletórico de congregantes, descendió Elías a iluminar la mente de su portavoz, e inspirado por Mí, ungió a siete de aquellos creyentes a quienes les dio la representación de los Siete Sellos, simbólicamente. Más tarde, cuando llegó el instante prometido de mi Comunicación, fue el de Damiana Oviedo el primer entendimiento en recibir la luz de mi Rayo Divino, como premio a su perseverancia y preparación, y por su conducto anuncié los tiempos de prueba que han llegado a vosotros.

Las naciones se encuentran en guerra, y el hambre y la peste se cierne sobre la humanidad. Los elementos de la naturaleza están desatados. Yo dije por conducto del primer portavoz: “Los tiempos cambiarán y cuando veáis que la ciencia humana da grandes señales de adelanto, vosotros debéis hacer penitencia y aprender de Mí, para llevar un mensaje de paz a la humanidad.”

Así como en el Segundo Tiempo encontré regazo de mujer, en este tiempo descansé en el corazón limpio y puro de Damiana Oviedo. Su regazo de doncella fue maternal para aquellas congregaciones y por su conducto preparé a los guías, a los portavoces y a los labriegos. La dejé llegar a los umbrales de la ancianidad y le dije: “Vos, que habéis sido como fuente de amor y habéis dejado encendida en los corazones una antorcha de fe, descansad”. Ella me pidió venir en espíritu a trabajar, porque fue celosa de mi Ley y no quiso que ésta fuese mancillada, y Yo se lo concedí.

Es Damiana la casta doncella que en representación de María, ha venido en este Tiempo a entregaros ternura y caricia. Bienaventuradas las doncellas que caminen por esta huella, porque en ellas derramaré mi Gracia. Y a todos vosotros os digo, que mi anhelo Divino es convertiros en discípulos, porque quiero dejaros como maestros entre la humanidad.

Desde el principio de mi Comunicación por conducto de Damiana Oviedo, la esencia de esta palabra no ha variado jamás, pero, ¿dónde están las primeras lecciones? Aquellos escritos se encuentran ocultos. Es necesario que esas enseñanzas salgan a la luz, para que mañana deis testimonio de cómo fue el principio de esta manifestación. Así llegaréis a poseer el libro completo de mi Enseñanza en este Tiempo y conoceréis mi primera lección, su contenido y el de la última que os entregaré en el año de 1950, cuando esta etapa finalice.

¿Quiénes de los que moran hoy en la Tierra, perciben que una nueva Era ha sido abierta ante la humanidad? Ciertamente sólo quienes han escuchado esta palabra, saben que ha nacido un nuevo tiempo: el del Espíritu Santo. En él sólo he manifestado una parte de mi Obra, mas no será todo mi Mensaje; pues llegará el tiempo en que la humanidad alcanzará mayor perfección y claridad, al comunicarse de ESPÍRITU A ESPÍRITU con el Padre.

Cuando en el segundo Tiempo aparecí por última vez ante mis discípulos, vieron cómo una nube envolvía la silueta del Maestro, elevándolo al infinito. Ahí recibieron la promesa de que Cristo volvería a los hombres, en la misma forma intangible en que lo vieron partir. Entonces comprendieron que el Maestro volvería espiritualmente. Con el mismo solemne silencio con que ascendí en la nube en aquel Tiempo, desciendo ahora sobre vosotros; mas no todos me han visto ni escuchado, porque muy pocos han estado preparados. Soy el Espíritu de Verdad, la sabiduría de Dios, quien llega a vosotros para esclareceros las lecciones pasadas. Ahora os digo que en esta Palabra, he venido a entregar todo lo que corresponde a este tiempo.

He aquí mi resurrección en el tercer día como Espíritu Santo, en que reuniré a todos los hombres en un solo apostolado.

Oíd esta Palabra, penetrad en su sentido y buscad su esencia. Nadie debiera sorprenderse de mi Comunicación y mi Presencia en esta forma, porque fue profetizada por Mí a través de Jesús. Aquí me tenéis, en Espíritu, enviándoos mi Palabra desde la nube luminosa, humanizándola a través de estos portavoces, como una lección preparatoria para la comunicación perfecta a la que todos habréis de llegar.

Hoy os pregunto: ¿Esperará el mundo nuevas manifestaciones y continuará aguardando mi llegada? ¿Hará lo que aquel pueblo que sigue esperándome? Si las señales y pruebas se han cumplido y no he aparecido en la sinagoga ni surgido en iglesia alguna, ¿No presiente el mundo que en algún sitio he de estar manifestándome, porque no puedo faltar a mi Palabra?

Yo soy el Consolador, el Espíritu de Verdad prometido. Desde los tiempos de los patriarcas estaba anunciado este tiempo en que los hombres apurarían el cáliz más amargo. El Consolador había de venir entre vosotros para acompañaros en la hora de prueba.

Mi Promesa en aquel tiempo no fue para un solo pueblo, sino para toda la humanidad, por lo que os digo ahora, que mi Luz no sólo ha descendido entre estos discípulos que me escuchan a través de los portavoces, sino que bajo mil formas me presento en la senda de todos los hombres, para hacerles sentir la llegada de un nuevo tiempo.

La forma que elegí para comunicarme con los hombres de esta Era, a muchos ha sorprendido, atreviéndose aun a juzgarla, sin haber meditado antes en mis revelaciones pasadas.

Yo os digo que cualquier forma que hubiese escogido para comunicarme, habría confundido a todos los que no hubiesen estado preparados para recibirme. En cambio, para el que ha sabido mantenerse en vigila, ninguna forma que Yo hubiese empleado para mi Manifestación le habría sorprendido, porque a través de cualquiera me hubiese sentido.

Todos los que me han creído en este tiempo, sin darse cuenta me estaban esperando espiritualmente.

El Espíritu de Verdad y Consolación, es el mismo Espíritu de Dios que palpitó en Jesús. Soy el mismo de aquel tiempo, vosotros sois los mismos, mi Enseñanza la misma también; sin embargo, vuestra evolución es mayor y por eso buscáis un culto más perfecto para elevarlo a vuestro Creador.

Esta irradiación, lo mismo se manifiesta sobre el espíritu que sobre la materia, lo mismo sobre los mundos que sobre los hombres y todos los seres de la creación. Es espiritual sobre el espíritu, es material sobre la materia, es inteligencia sobre el entendimiento, es amor en los corazones. Es ciencia, talento y reflexión; es intuición y está sobre los sentidos de todos los seres, según su orden, su condición, su especie y su grado de adelanto. Pero en principio es sólo uno: Dios, y su esencia, una sola, el amor. ¿Qué imposible puede haber entonces para que Yo ilumine la mente de estas criaturas y os envíe mi Mensaje espiritual?

En verdad os digo que mi Luz, como un relámpago, ha cruzado de oriente a occidente, sin que el mundo se percatara de ello. Mi Voz ha descendido sobre toda la humanidad. Un nuevo apostolado ha surgido entre este pueblo, formado por corazones sencillos y humildes, pero llenos de amor y fe para seguirme. He venido a reconstruir mi Templo, un templo sin muros ni torres, inmaterial, porque está en el espíritu del hombre.

¡Oh, discípulos! Al ascender mi Rayo Divino, mi Paz quedará en vosotros; mas hoy os dice el Maestro: ¡Alerta, pueblo!, no es éste el tiempo de dormir. Los vientos huracanados os azotarán a cada instante y es menester que permanezcáis firmes. Es tiempo de juicio y meditación. Se hallan desatados en el mundo la peste, el hambre, la guerra, la muerte y todas las calamidades visibles e invisibles. Orad y trabajad en silencio, no apaguéis vuestra lámpara ni escondáis los dones que poseéis. Estad siempre dispuestos a recibir al que llame a vuestra puerta y estaréis imitando a la virgen fiel de mi Parábola, aquélla que supo esperar al Casto Esposo con su lámpara encendida.

Aquí tenéis, discípulos amados, la voz del Espíritu de Verdad, la manifestación espiritual de Dios a través de vuestro entendimiento. Mi Luz se limita en vibraciones que se traducen en palabras de sabiduría y amor.

Benditos sean los que sepan encontrar mi Esencia y la separen de las imperfecciones del lenguaje humano, porque ellos serán mis mejores intérpretes. Dejad que esa esencia quede guardada en vuestro corazón, para que me llevéis con vosotros y en cada uno haya un consejero, un guía, un doctor.

Lecciones ocultas saldrán a la luz y enseñanzas desconocidas os serán reveladas. Muchos misterios se disiparán, mas estas revelaciones sólo las encontraréis en esta palabra, que es espada de luz que destruye las tinieblas.

La espiritualidad que imparte mi Doctrina, os hará escuchar mi Voz en los instantes de soledad o de dolor y os dará fuerzas desconocidas en las horas de prueba. Cuando el murmullo del mundo haya fatigado vuestra mente y sintáis tristeza, escucharéis desde el infinito mi concierto celestial. Y cuando salgáis de vuestro arrobamiento, os preguntaréis: ¿En qué libro he aprendido esto? Y Yo os contestaré: En el libro de mi Sabiduría y de mi Amor.

Vosotros que oís mi Palabra, no sois los únicos que recibís mensajes espirituales. Yo sé en donde se encuentran otros de mis nuevos discípulos, aquéllos que se preparan con amor para recibir, por inspiración, mis Pensamientos Divinos e intuitivamente saben qué tiempo es éste. Sabed que unos han sido preparados en una forma, otros en otra, pero todos coincidirán en la verdad que es una sola. Unos y otros, se reconocerán en la espiritualidad de sus obras de amor y caridad.

No sólo me escuchan quienes concurren a estos recintos, también presencian estas manifestaciones y reciben mi Luz grandes legiones de seres espirituales. Entre ellos se encuentran los que fueron en la Tierra vuestros padres, vuestros compañeros, vuestros hijos: todos vais ascendiendo por la escala de evolución.

En verdad os digo que entre estas multitudes no hay uno solo que haya llegado por casualidad. Nuevamente os aseguro que la hoja del árbol no se mueve sin mi Voluntad. En la vida de cada uno de vosotros, existe una causa por la cual habéis venido de diversos caminos, religiones y doctrinas, para que deis fe de mi Palabra.

Cuando meditéis sobre las enseñanzas que he venido a daros, sobre la Era que vivís y la forma en que me manifiesto, comprobaréis que tanto mi llegada, como el tiempo que durará mi Manifestación y el día en que esta cese, estuvo rodeado de gran número de acontecimientos y hechos sorprendentes, tanto en la vida humana como en el ámbito espiritual.

Extenso os ha parecido el tiempo de mi predicación, de 1884 hasta 1950. Han transcurrido 66 años en los cuales os he confiado mi Caridad y he derramado mis complacencias para que me reconozcáis como amor y estéis capacitados para dar cumplimiento a mi Ley.

Ved los frutos que mi Doctrina está dando. Los enfermos desahuciados por la ciencia, sanan; los perversos se arrepienten, los viciosos se regeneran, los escépticos se hacen fervientes, los materialistas se espiritualizan.

Os he dicho que llegará el día en que con la mirada, con la palabra o el pensamiento, llevaréis a cabo obras sorprendentes. Los pensamientos unificados de una multitud, serán capaces de destruir las malas influencias y derribar a los ídolos de sus pedestales.

Una nueva Era se ha abierto ante la humanidad. En el ambiente espiritual hay gozo y fiesta, porque mi Espíritu se ha derramado sobre todo espíritu y sobre toda carne.

El mañana, mi Doctrina será conocida en todo el orbe, será proclamada como verdadera y será ancla de salvación, puerto acogedor, estrella que guía a los caminantes y reino de paz para el Universo, porque ésta es mi Voluntad.

Desde mi Reino de perfección desciendo a vosotros para que en cada morada sea escuchada mi Voz.

Os he prometido que si dos o tres os reunís en el nombre del Padre, mi presencia será con vosotros y mis Pensamientos Divinos se convertirán en palabras para consolaros y fortaleceros.

El Verbo es vida, amor, verdad, mas de todo ello sólo un átomo puede recibir el portavoz: pero ahí, en ese rayo de luz, podréis encontrar lo infinito, lo absoluto, lo eterno. Para hablaros de Mí, lo mismo puedo hacerlo a través de grandes obras que de pequeñas o limitadas manifestaciones. Yo en todo estoy, todo habla de Mí: tan pequeño es lo grande como grande es lo pequeño. Sólo hace falta que el hombre observe, medite y estudie, para percibirme.

Ante el prodigio de mi Presencia, el sordo ha oído, el ciego ha visto, el corazón endurecido se ha sensibilizado, el espíritu muerto a la vida de la gracia, ha resucitado.

He venido a hablaros por medio de vuestro entendimiento, porque la mente de hombre es el espejo de la razón Divina, el cerebro es el aparato perfecto hecho por el Creador, en el que se manifiesta la inteligencia, que es la luz del espíritu.

Ese aparato es un modelo que jamás podréis igualar con toda vuestra ciencia. Tomaréis su forma y construcción para imitarlo en vuestras creaciones, pero jamás llegaréis a la perfección que tienen las obras de vuestro Padre.

Me estoy comunicando por medio del entendimiento humano, pero es el espíritu el que recibe la luz de mi Inspiración, la que al pasar por la mente se hace idea y al llegara los labios del portavoz se transforma en palabra.

Os estoy hablando de acuerdo con vuestra capacidad, según la preparación de cada congregación. Me ha placido comunicarme por medio del hombre y mi determinación es perfecta. Conozco al hombre porque lo he creado. Lo encuentro digno porque es mi hijo, porque de Mí brotó. Puedo servirme de él porque para eso lo formé, y puedo manifestar mi Gloria por su conducto, porque lo creé para glorificarme en él.

El portavoz, para ser digno de recibir y transmitir mis Pensamientos Divinos, tuvo antes que luchar contra la materialidad y las tentaciones del mundo, renunciar a su propia personalidad y castigar su vanidad; ha hecho una entrega total de su ser en los momentos de prestar su entendimiento a la inspiración Divina, y esto ha permitido que de sus labios broten palabras de sabiduría, de ternura, de justicia y de paz.

Ésta ha sido la forma intermedia elegida por Mí para hablaros, antes de que llegue el tiempo de la comunicación espiritual entre los hijos y el Padre. Os digo intermedia, porque ni vine en cuanto hombre, visible y tangible como en aquel Tiempo, ni absolutamente en espíritu, sino comunicado por medio de entendimientos iluminados por Mí. Las razones que tuve para elegir este medio, fueron mi Amor, mi Justicia y mi deseo de que el espíritu humano llegue a comunicarse directamente con su Padre. Esta forma es tan solo el preludio de la verdadera comunicación espiritual de los hombres con su Creador, cuando llenos del Espíritu de Verdad converséis conmigo, de ESPÍRITU A ESPÍRITU.

Ahora sabéis que el hombre puede reconocer a su Dios, sin necesidad de recurrir a la exaltación de los sentidos para percibir a través de ellos lo espiritual. Es en la sencillez de la forma donde brillan más la verdad y la luz de mi Palabra.

Soy Yo, el Señor, quien os habla, no os extrañe que me comunique con vosotros, porque así lo he hecho desde que formé el primer hombre. Meditad un poco, volved vuestro pensamiento al pasado, repasad la historia y me encontraréis comunicándome a cada paso con la humanidad.

No todos recibirán esta manifestación. El número de mis discípulos destinados a escuchar mi Enseñanza a través del portavoz es muy reducido, mas de cierto os digo, que si estos testigos se saben preparar, la humanidad escuchará mi Palabra a través de sus labios. todos sabrán que el Espíritu Santo estuvo doctrinándoos a través del entendimiento humano.

Bajo formas infinitas puedo comunicarme con los hombres. Si a vosotros lo hago por medio del portavoz humano, a otros les hablo en su conciencia.

No os afirméis en la creencia de que es menester de sitios precisos para mi comunicación, ni de que se requiera de vestiduras especiales o actitudes determinadas para que Yo me manifieste. Días vendrán en que mi inspiración sea con vosotros en cualquier sitio y en cualquier hora, delante de distintas multitudes ante las cuales expresaréis mi Pensamiento con palabras y lenguas que todos entenderán.

Todos los misterios se disiparán a su debido tiempo, que os baste saber por ahora, que entre la naturaleza Divina y la humana, existen muchas otras de las cuales me sirvo para mis altos fines.

Estoy entregándoos este mensaje que a su tiempo llevará al despertar espiritual de las naciones, enseñando a los hombres a distinguir lo espiritual de lo simplemente humano, y a separar lo límpido, lo elevado, lo puro y luminoso, de todo lo que encierre imperfección, impureza o mentira.

Pasará esta etapa de mi comunicación y entonces vosotros, iluminados por la Luz de mi Espíritu Santo, sabréis distinguir claramente en dónde está la esencia de mi Palabra y cuál es la imperfección humana. Y como hacen los labriegos en la Tierra, que al recoger su cosecha de trigo saben separar la paja, así vosotros, apartaréis el trigo de mi enseñanza y lo guardaréis en el granero de vuestro corazón, y la paja, que es la imperfección de los portavoces, quedará en el olvido, mientras la esencia de mis Lecciones permanecerá eternamente en vuestro espíritu.

A los que no acierten a comprender que tan sólo iluminando estos cerebros con un rayo de mi Luz, puedan expresar tanto saber en la palabra y derramar tanta esencia en los que me escuchan, Yo les digo que tampoco el Astro Rey, como llamáis al Sol, precisa de llegar hasta la Tierra para iluminarla, bastándole la luz que desde la distancia envía a vuestro planeta, para bañarlo de claridad, de calor y vida.

Yo os pregunto: ¿Qué pasaría si de pronto contemplaseis mi Luz en todo su esplendor? Os cegaríais. ¿Y si escuchaseis mi Voz en toda su potencia? Perderíais la razón. Si en el portavoz por el que me comunico, descargara todo mi Poder, ¿qué sería de él? Su materia desaparecería. Aceptad que el Padre se limite para ser comprendido, sentido y contemplado por los hombres, porque aun dentro de esta limitación, Él es perfecto, sabio e infinito.

En los instantes en que escucháis mi Palabra, no sólo el espíritu de este pueblo se estremece, sino todos aquellos seres que en el Valle Espiritual necesitan también de la luz Divina; a ellos llegan la esencia y la inspiración de mis Mensajes, porque mi Voz es Universal y su eco alcanza a todos los mundos y moradas donde habite un hijo de Dios. Yo envío a cada mundo un rayo de mi Luz. A vosotros os he hecho llegar esta luz en forma de palabra humana, a otras moradas les llega por medio de inspiración.

Ya os he dicho que vuestro espíritu siempre se ha comunicado conmigo, pero hasta ahora no habéis alcanzado el pleno conocimiento de esa comunicación. Hoy os he convertido en portavoces del Verbo Eterno, para deciros que de esta comunicación a la de ESPÍRITU A ESPÍRITU, hay solamente un paso, para que os esforcéis en alcanzarla. En este tiempo me manifestaré lo mismo en los hombres que en las mujeres, en los jóvenes que en los niños y en los ancianos. Si hubiese mil entendimientos preparados, por los mil al mismo tiempo me comunicaría.

El hombre se ha servido de su ingenio y de su ciencia para transmitir sus pensamientos salvando distancias, ¿Cómo habéis podido pensar que Dios no pudiera comunicaros un mensaje por medio de un aparato humano, sensitivo e Inteligente?

Si encontráis imperfecciones en esta palabra, atribuidlos al entendimiento por el que me comunico, tomando en cuenta que a estos portavoces los he entresacado de los rudos e ignorantes, mas cuando penetréis en el fondo de mi Enseñanza, no vayáis a convertiros en jueces de ellos, sólo Yo podré juzgarlos. Juzgad mi Obra, mas a ellos dejadlos en paz.

He llamado pedestales a estos conductos, porque son la base donde descansa la luz y la fuerza para daros mi Enseñanza. Mañana, vosotros seréis los verdaderos pedestales, los verdaderos portavoces de mi Palabra, la que entregaréis con toda limpidez.

Al cesar de comunicarme en esta forma, habrá terminado esta etapa de preparación. Yo sellaré el entendimiento de los que me han servido y les daré un descanso en la jornada, mas seguirán siendo instrumentos de una manifestación más elevada. Y de la misma manera que el Verbo no volvió a encarnar después de haber sido en Jesús, esta manifestación de mi Espíritu por conducto del hombre no se repetirá. Sólo quedará mi Luz irradiando desde el Infinito, para guiaros espiritualmente por el camino verdadero.

Os estoy liberando del materialismo para que llevéis la buena nueva a los corazones. El Pacto de la Alianza que os une a Mí, nunca podrá ser destruido; en él habrán de reconocerse todos los hijos del Padre como hermanos, no sólo por el origen, sino por el amor.

En este tiempo, mi pacto con vosotros no será sellado con sangre. Ahora quiero que os levantéis por amor, guiados por la conciencia y por el ideal de alcanzar la espiritualidad. En este tiempo, no será la sangre del inocente la que selle esta alianza, sino la irradiación de mi Espíritu y vuestra preparación las que se fundan en un solo rayo de luz.

Guardad la esencia de mi Palabra, para que cuando ya no escucháis esta enseñanza, sintáis que, en lo más profundo de vuestro corazón, resuena la palabra que eleva e invita a penetrar en comunión directa con vuestro Señor.

El tiempo en que os entregue mi Doctrina por conducto del hombre, está señalado. Después, vuestra fe, intuición y confianza en Mí, os dirán que estoy cerca de vosotros, que estoy dentro de vuestro espíritu. Es mi Voluntad que, al cesar mi manifestación y la del Mundo Espiritual, desaparezcan de entre vosotros los nombramientos que habéis tenido y os aproximéis más los unos a los otros, para que nadie se crea superior ni tampoco inferior.

Cuando llegue la hora de cerrar esta etapa de comunicación, ya os habré dado todo lo que necesitáis para vuestra jornada espiritual. Nada os faltará.

Así como en aquel tiempo dije a mis apóstoles que iban a quedarse en el mundo como ovejas entre lobos, a fin de que viviesen siempre alerta, ahora a vosotros os digo que os preparéis, que veléis y oréis, porque habrá quienes se levanten en contra de vosotros, empleando como arma la traición y usando todos los medios para confundiros.

Ninguno será sorprendido: todos sabéis que es tiempo de lucha. Si esta forma de comunicación con vosotros fuese la más elevada que los hombres pudiesen alcanzar, la daría a conocer en toda la Tierra y una vez establecida, no tendría fin. Pero como ésta, a través del portavoz humano, es solamente la preparación para la comunicación perfecta de ESPÍRITU A ESPÍRITU, le he concedido sólo un tiempo y le he marcado su término que será 1950.

¡Qué solemnidad en esa hora postrera! ¡Cuánta luz sobre este pueblo! El Reino de los Cielos se aproximará a vuestro espíritu con su eterna invitación a morar en él. Los espíritus grandes, los fuertes, los seres de Luz, verdaderos sabios en el reino espiritual, estarán presentes en aquellos instantes.

Los precursores, los profetas, los que en otros tiempos trajeron mensajes Divinos a la Tierra, harán acto de presencia, porque mí Palabra ha sido para todos los espíritus. Aquellos seres serán representantes de las distintas moradas que existen en el Universo.

He querido que al final de este tiempo en que me estoy comunicando, forméis una verdadera familia en la que se amen los unos a los otros, que el dolor de uno sea sentido por los demás, como corresponde a verdaderos hermanos que han brotado de un mismo Padre. Cuando alcancéis este ideal, vuestra fuerza será invencible.

Ahora os preparo para que después de mi partida seáis fuertes en las vicisitudes que os acecharán. El Verbo seguirá vibrando espiritualmente en vosotros y os seguiré revelando grandes enseñanzas. Cuando os reunáis a conversar sobre manifestaciones espirituales, sentiréis el calor del Maestro y el dulce peso de su mano que se posará en vuestra cabeza.

Estos recintos han sido humildes albergues consagrados al recogimiento, a la espiritualidad y a la preparación, para recibir el mensaje Celestial. Cuando ya no vibre mi Palabra en ellos, os reuniréis para dar lectura a mis Cátedras, de las cuales entenderéis muchas enseñanzas que antes no alcanzasteis a comprender. Los videntes contemplarán la silueta del Maestro, que como Espíritu Santo os hará nuevas revelaciones. Ahí, en vuestro seno, aliviarán su dolor los enfermos y recobrarán la vida los moribundos, el triste hallará consuelo y el desesperado la calma.

Con el ejemplo de vuestra vida doctrinaréis. He querido daros parte de la labor en esta Obra, para que amando a vuestros hermanos me améis a Mí. Yo haré lo demás.

Mi voz es el cantar de los cantares que vibra en los cielos y cuyo eco es escuchado en la Tierra. Cuando este canto cese de oírse por los labios de mis portavoces, haré que lo sigáis escuchando en lo más recóndito de vuestro corazón, al comunicaros espiritualmente Conmigo.

El discípulo que verdaderamente se prepare, tendrá siempre el testimonio a flor de labio y le será imposible ocultar la verdad que heredó de su Maestro; la luz será en él y todo su ser será un testimonio viviente de mi Palabra y mis Obras.

Trabajad por la unificación de este pueblo, que abarque tanto lo espiritual como lo humano, para que vuestra labor, plena de armonía e igualdad, sea la prueba de que a todos, en diferentes recintos y en diversas comarcas, os doctrinó un solo Maestro: Dios.

Mi palabra dada en el Segundo Tiempo ha llegado hasta los confines de la Tierra; recordad que ésa fue la señal que os di para que mi nueva venida fuese sentida por todos los hombres.

Ahora, mi llamado de amor es precursor de grandes acontecimientos para la humanidad. Estos mensajes son destellos de la sabiduría que se manifestará en el futuro en los hombres. Es el principio del despertar de todos los espíritus, la preparación para la Era de la Espiritualidad, el tiempo en el que os redimiréis en el amor de vuestro Padre.

He vuelto a vosotros en espíritu, vengo a mostrarme con toda sencillez y, para ser creído, os he permitido que me contempléis, unos con la mirada espiritual, otros por medio de la fe, otros en la luz de la conciencia.

La finalidad de mi Doctrina es la salvación moral y espiritual de la humanidad. Para ayudaros en vuestra elevación, mi Espíritu se encuentra irradiando esta luz. Ése es el objeto de mi Mensaje. Pero esta voz no os ha dicho: tenéis que obedecer esta palabra. Yo sólo os aconsejo: buscad la verdad, id en pos del amor, tras de la paz y si esto lo encontráis en mi Enseñanza que escucháis, quedaos, mas sino los habéis sentido aquí, seguid buscando.

En esta Era, es Cristo en Espíritu quien os da su lección, no es Elías: él como precursor sólo preparó los caminos. De cierto os digo que este tiempo de trascendencia en la Tierra, lo es también en todo el Universo y que mientras a vosotros os hablo en esta forma, en otros mundos y valles, me hago sentir también. Mi Espíritu es omnipresente.

De todo os hablaré en esta palabra, porque a mi Doctrina no ha de faltarle un solo capítulo. De todo os Instruiré, para que no tengáis mañana dudas ni incertidumbre alguna.

Encuentro que la humanidad, está practicando el culto a mi Divinidad en distintas formas y os digo que Yo no reconozco religiones que sean mayores o menores, os he enseñado el amor y existe tan solo una verdad. No creáis que es una iglesia o un determinado sacerdote, quien ha de redimir a la humanidad; soy Yo, el sabio y amoroso Pastor, que os cuida, os consuela y os ama, para enseñaros el camino de la verdad.

Quiero que aprendáis a no ser ligeros en vuestros juicios, ni a dejaros llevar fácilmente de la primera impresión. Cuando analicéis mi Palabra o hagáis juicios sobre doctrinas, filosofías, revelaciones espirituales o científicas, reconoced que lo que sabéis, no es lo único que existe y que la verdad que habéis asimilado, es una mínima parte de la Verdad absoluta, que se manifiesta en formas diferentes, muchas de ellas desconocidas para vosotros.

Mi Doctrina originará grandes revoluciones en el mundo; habrá grandes transformaciones en las costumbres e ideas, y hasta en la naturaleza habrá cambios. Todo esto señalará la entrada de una nueva Era para la humanidad. Y los espíritus que en breve tiempo enviaré a la Tierra, hablarán de todas estas profecías para ayudar a la restauración y elevación de este mundo: ellos explicarán mi Palabra y analizarán los hechos.

Para que comprendáis que no soy ajeno a vuestro dolor, os digo en verdad que no existe otro ser más sensible que el Espíritu Divino. ¿Quién dio sensibilidad a los seres? ¿Qué podéis hacer de bueno que no me haga gozar? ¿y qué podéis hacer de malo que no sea para Mí como una herida? He aquí por qué os digo que nuevamente la humanidad me ha crucificado.

Si en ocasiones os repito la misma lección, mirad que siempre os la doy en forma diferente, para que la comprendáis mejor.

Escuchad: una fuente de agua cristalina tendrá que reflejar fielmente la luz del sol, mientras que otra de aguas turbias, no lo podrá hacer. Así es vuestro espíritu; a vosotros toca limpiar la fuente y llenarla luego de agua transparente.

El Reino de los Cielos no será vuestro en un momento, es necesario llegara él paso a paso. La luz del Sol no cubre la Tierra de pronto, va apareciendo lenta y suavemente, sin violencia, hasta despertaros de vuestro sueño con dulzura. Así debe ser vuestro despertar espiritual.

Quiero dejaros en mis últimas cátedras, un sabor celestial en vuestro corazón, para que me recordéis con amor a cada paso y que de vuestra memoria, surjan mis Palabras como voces de alerta, como bendiciones, como inspiración y bálsamo. Entonces evocaréis con emoción este tiempo de enseñanzas, y al llegar a la comprensión de que verdaderamente el Verbo desató el Libro de los Siete Sellos en su sexto capitulo, comprenderéis también que Elías fue mi precursor.

Hoy que el Maestro está con vosotros, mirad en Él al Padre de todos los seres. No me llaméis ya Jesús de Nazaret, ni Rabí de Galilea, ni Rey de los judíos, porque Yo no procedo de ningún pueblo o punto de la Tierra, ni vengo en cuanto hombre, vengo en Espíritu y mi naturaleza es Divina.

Algunos creen que ha sido demasiado elevado lo que he concedido a vosotros en esta Era y suponen que no se podrá ir a más, a lo cual debo deciros que esto que habéis visto y escuchado, es sólo una pequeña visión de lo que en el futuro tendréis, cuando, vencidos todos los prejuicios y liberados el espíritu y la mente, hayáis dado mayores pasos de adelanto.

Mi palabra es Universal, pero si no es escuchada por todo el mundo es por su materialismo, que como venda de oscuridad cubre sus ojos, y su oído espiritual ha perdido la sensibilidad para escuchar mi Verbo.

Cada espíritu es un templo del Señor, cada mente una morada del Altísimo; cada corazón un santuario del Pastor Divino que conduce a sus ovejas hacia la vida eterna. A todos os he hablado. A nadie le he dado de comer aparte ni le he dejado fuera; a todos los he sentado a mi mesa y en ella he repartido por igual el pan y el vino.

No quiero que vayáis a quedaros sin recibir hasta la última de las lecciones que he de entregaros. Os daré a conocer mi Obra de este tiempo desde la primera hasta la última parte, para que os sintáis capacitados para presentar a la humanidad, el testimonio de mi Palabra con obras de amor.

Mi Doctrina en este tiempo conmoverá a la humanidad. La falsedad dejará caer su máscara, la verdad brillará y se impondrá sobre la mentira que envuelve a este mundo.

No es mi última enseñanza ésta que ilumina la Tercera Era: lo espiritual no tiene fin. Mi Ley siempre está brillando como un sol divino en todas las conciencias. El estancamiento o la decadencia, sólo es propia de los humanos y ella es siempre el resultado de sus vicios y flaquezas. Cuando la humanidad finque su vida sobre cimientos espirituales y lleve en sí el ideal de elevación que os inspira mi Doctrina, habrá encontrado el camino del progreso y la perfección y nunca más se apartará de la senda que la conduce a Mí.

¡Mi paz sea con vosotros!

Elías, Precursor y Enviado

ELÍAS, PRECURSOR Y ENVIADO

En cada Era y en cada revelación Divina aparece Elías ante vosotros como precursor. Pero hoy os digo aún más: Antes de que el hombre viniese a morar este planeta, Elías vino para darle ambiente espiritual, para inundar con la esencia de su espíritu todos los ámbitos de esta morada y dejarla convertida, no solamente en un paraíso material, sino también, en un santuario espiritual.

Mas para que pudieseis dar testimonio de la existencia de Elías lo envié en el Primer Tiempo a encarnar, Él fue uno de aquellos espíritus extraordinarios de esa Era, que sorprendió a la humanidad con sus obras y palabras. Elías es el más grande de los profetas que han venido a la Tierra.

Muchos fueron entonces los prodigios que realizó y con ellos conmovió a los hombres; pero a pesar de ello, hubo de volver a este mundo en otro tiempo, en otra materia y con otro nombre, para ser el precursor del Mesías. Fue Juan, llamado el Bautista, quien anunció la proximidad del Reino de los Cielos y preparó los corazones para recibir la presencia del Verbo Divino entre los hombres.

Cuando Juan contempló en Jesús la luz de su mirada, la serenidad de su faz y la majestad que irradiaba, reconoció al Anunciado por las profecías y ante Él exclamó: “Éste es Aquél de quien no soy digno de atar las correas de sus sandalias”.

Mis discípulos me preguntaron: ¿Por qué dicen los escribas que es menester que Elías venga primero? Y les respondí: “En verdad Elías vendrá primero y restituirá todas las cosas, más Yo os digo que Elías ya vino y no lo reconocieron, antes hicieron en él cuanto quisieron”. Yo les hablaba de Juan el Bautista.

Ese profeta y precursor de Cristo, ha vuelto entre vosotros en este tiempo: vino antes de que mi Rayo se comunicara por el entendimiento humano para anunciaros que la llegada del Espíritu Santo estaba próxima.

Es el espíritu de Elías quien abrió las puertas de esta Era, en la cual os he revelado las nuevas enseñanzas contenidas en la sexta página del Libro de los Siete Sellos, cuya luz iluminará hasta el último rincón de la Tierra.

¿Qué venía a revelaros el Sexto Sello? ¿Qué mensaje guardaba el libro en su seno? La vida espiritual, el conocimiento de vosotros, la revelación de todos vuestros atributos y potencias, la forma de desarrollar los dones espirituales, la comunicación espiritual a través de la mente y de ESPÍRITU A ESPÍRITU.

¡Pocos supieron sentir la presencia del enviado Divino! Una vez más fue la voz que clamaba en el desierto y nuevamente preparó el corazón de los hombres para la inminente llegada del Espíritu de Verdad. Para que la voz y los pasos de Elías fueran escuchados y sentidos en un mundo sordo a toda manifestación espiritual, preparé un varón, quien al llegar a la madurez de su edad, dejó manifestar la luz de aquel gran espíritu.

Fue Roque Rojas, el que en 1866 dio a conocer al mundo que una nueva Era se abría para la humanidad, regida por la misma Ley que el Padre ha revelado en todos los tiempos.

Los primeros oyentes, los primeros testigos de esa manifestación, se sorprendieron al escuchar que la palabra que Roque Rojas pronunciaba, llena de promesas y esperanza, no era de él sino de Elías.

Por su conducto fueron consagrados los que habían de ser los primeros portavoces. Muchas profecías quedaron así cumplidas. Roque Rojas, fue profeta, portavoz y vidente. Sus manos repartieron bálsamo, sus labios hablaban de lecciones proféticas y consejos llenos de consuelo, su mente sabía concebir grandes inspiraciones y podía elevarse en el éxtasis de los justos, de los apóstoles y los profetas.

Entonces comenzaron a llegar, para encarnarse, los espíritus de los ciento cuarenta y cuatro mil señalados que vendrían a cumplir una grande y delicada misión entre la humanidad.

Así he formado ahora, con espíritus que en otros tiempos pertenecieron a las doce tribus de Israel, las nuevas familias, en cuya mesa se sientan los que fueron simiente de la tribu de Rubén, junto a los de Leví o Zabulón, para borrar fronteras, limites y cismas. Con esto os muestro mi Justicia Divina.

Vosotros me decís: Maestro, en estos tiempos hemos carecido de grandes ejemplos para seguir tu huella. Y Yo os digo: ¡Tomad de Roque Rojas el buen ejemplo! Él es una imagen de Elías, él veló por vosotros como pastor, consagró su vida a mi servicio y mostró su limpidez, elevación y amor, porque supo conservarse fiel a la misión que le confié en este Tiempo.

Hoy el mundo ignora estas enseñanzas, más cuando el momento sea llegado, la Buena Nueva será en toda la humanidad. Por el don de intuición presiente el hombre la trascendencia espiritual de esta Era; hay muchos que alcanzan a ver ya en los grandes acontecimientos de este tiempo, la confirmación y el cumplimiento de las profecías de los tiempos pasados.

Cuando la oscuridad que ha envuelto a los hombres se disipe y haya luz en los espíritus, sentirán la presencia de Elías, porque él ha vuelto espiritualmente, ha venido para anunciar mi llegada, como precursor de mi Comunicación por el entendimiento humano, como un rayo de luz en medio de una tormenta, seguido de sus huestes, de sus grandes legiones de espíritus de Luz, que lo siguen como la oveja sigue a su pastor. Él fue de un lugar a otro de la Tierra haciendo luz en los senderos oscuros, rescatando a los que se han perdido, despertando a los que duermen en la ignorancia, unificando a los que se han desconocido y ordenándolo todo, porque éste es su tiempo. Lentamente va despertando el espíritu de la humanidad al escuchar en su conciencia el eco de la campana que le llama: es el espíritu de Elías que viene a aparejar los caminos, a inspiraros para que interpretéis con claridad mis Revelaciones. Él está tocando a todo corazón y espíritu, para despertaros a la luz de este nuevo amanecer.

Elías, profeta, precursor, enviado y pastor espiritual, pondrá de manifiesto una vez más, la falsedad de los ídolos y deidades que los hombres han creado. Ante el ara invisible invocará mi Poder y nuevamente el rayo de mi Justicia, descenderá a destruir el paganismo y la maldad de los hombres. ¿Y cuáles son esos ídolos de que os hablo? El mundo, la carne, el fanatismo religioso, el dinero, los vicios… Elías es, en este tiempo, como un astro luminoso que ha llegado a preparar el entendimiento humano para la comunicación de mi Divinidad con los hombres. Fue su voz la que primero se hizo oír por este medio, porque es mi Precursor.

Así como Moisés libró a Israel del yugo de Egipto y lo trasladó a las tierras de Canaán, Elías en este tiempo os libertará de las tinieblas del mundo, para llevaros a la luz del Reino Espiritual, la Nueva Tierra Prometida.

Elías es el gran espíritu que, en su humildad, se nombra siervo del Padre y por su conducto, como por el de otros grandes espíritus, muevo el universo espiritual y llevo a cabo mis grandes y altos designios. Sí, mis discípulos, tengo a mi servicio a una multitud de grandes espíritus que rigen la creación.

Éste es el tiempo en que el espíritu de Elías vibra en el Universo, iluminando a los mundos y a todos los espíritus, despertando a los que duermen y resucitando a los muertos a la vida de la gracia.

En Elías podéis encontrar explicada y comprobada la Ley de la reencarnación que tanto combaten los hombres. Es él a quien le di la llave para abrir las puertas del Mundo Espiritual de Luz, a fin de que sus moradores tuvieran acceso al mundo material, así como permití a los hombres que penetrasen con su espíritu en el más allá, para que hubiese aproximación y armonía entre unos y otros.

Cuando este pueblo se haya unido y preparado, Elías anunciará a la humanidad el resurgimiento del pueblo del Señor. Ahora pensad cuán grande deberá ser la lucha para que logréis que vuestra vida sea un ejemplo para la humanidad. En esa jornada, sentid la presencia espiritual de Elías, que es quien os guía, os alienta e inspira.

Cuando Yo termine de hablaros a través del entendimiento humano, Elías seguirá haciendo luz en el camino de la humanidad. Mañana, vendrán los hombres a los que les bastará el estudio de vuestros testimonios, para convencerse de la verdad de esta Obra y propagar a los cuatro vientos que el Consolador ha estado entre vosotros.

Bienaventuradas las naciones que reciban el llamado del Padre a través de Elías, porque ellas quedarán unidas a Mí por la Ley de Justicia y Amor. Así, serán llevadas al campo de la lucha donde combatirán contra la maldad, el materialismo y la mentira. En esa batalla, verán los hombres de este tiempo los nuevos milagros y entenderán el sentido espiritual de la vida, que les habla de inmortalidad y de paz.

Ésta es la Era de Elías, quien ha llegado a vosotros en espíritu, preparando todas las sendas, derribando obstáculos, haciendo luz en las tinieblas, rompiendo cadenas de ignorancia y mostrando el camino de la luz a todos los espíritus.

¡Mi paz sea con vosotros!

Los Siete Sellos

LOS SIETE SELLOS

Voy a abrir mi Arcano en este día, voy a descorrer un velo y a revelaros un secreto, para que llevéis esta enseñanza a la humanidad.

En esta Era en que el Espíritu de Verdad irradia su luz sobre todo espíritu, vengo a mostraros la esencia que encierra EL LIBRO DE LOS SIETE SELLOS y esclareceros su misterio.

Es el libro que estoy grabando en vuestro espíritu, es la interpretación Divina de la Ley que recibió la humanidad desde los primeros tiempos: el libro de vuestra historia, de la profecía, de la revelación y la justicia.

¿Quién de mis hijos podía haber abierto ese libro? Nadie, ni siquiera los espíritus justos os podían revelar su contenido, porque lo que el libro guardaba era la sabiduría de Dios.

Sólo Cristo, el Verbo, el Amor Divino, fue digno de hacerlo; pero aun así, era necesario esperar a que los hombres tuvieran el justo desarrollo, que les permitiera conocer lo que mi Sabiduría guardaba para ellos: tuvieron que transcurrir cinco etapas de pruebas, de lecciones, experiencias y evolución.

Este tiempo, cuya aurora ha brillado en el infinito, es la sexta etapa en que se inicia la vida espiritual de la humanidad, Era de luz, de revelaciones, de cumplimiento de antiguas profecías y olvidadas promesas. Es el Sexto Sello, que al desatarse, desborda su contenido en vuestro espíritu.

Tiempo de preparación ha sido éste en que el Padre, seguido de sus huestes espirituales, ha abierto ante vosotros el Libro de la Sabiduría Divina, para que este pueblo se convierta en el discípulo del Espíritu Santo, en el apóstol fuerte que lleve con el ejemplo, el pensamiento y la palabra, mi Obra al corazón de la humanidad.

Fue el espíritu de Elías el que abrió las puertas de esta Era, en la cual os he revelado las nuevas enseñanzas contenidas en la sexta página del Libro de la Vida, cuya luz iluminará hasta el último rincón de la Tierra.

Mas, ¿qué son los Siete Sellos? ¿Qué es el Sexto Sello? ¿Podríais responder con certeza a estas preguntas que el Maestro os hace?

Discípulos: De Mí han brotado las tres naturalezas: la Divina, la espiritual y la material, tres reinos que forman uno solo, que simbolizan los tres tiempos en los que se consuma la obra del perfeccionamiento espiritual. Ese desarrollo se ha llevado a cabo en siete etapas, de las cuales la última es la mansión perfecta del espíritu.

La primera de estas etapas de evolución espiritual, está representada por Abel, el primer ministro del Padre, quien ofreció su holocausto a la Divinidad. Él es el símbolo del sacrificio y fue víctima de la envidia.

La segunda la representa Noé. Es el símbolo de la fe. Él construyó el arca por inspiración Divina y llevó a los hombres a penetrar en ella para que alcanzasen su salvación. Ante él se levantaron las multitudes con la duda, la burla y el paganismo en su espíritu. Mas Noé dejó su simiente de fe.

La tercera está representada por Jacob, él simboliza la fuerza, es Israel, el fuerte. Él vio espiritualmente la escala por la que todos ascenderéis para sentaros a la diestra del Creador. Ante Jacob se levantó el Ángel del Señor para poner a prueba su fuerza y perseverancia.

La cuarta está simbolizada por Moisés: representa la Ley, que fue escrita para la humanidad de todos los tiempos. Él fue quien, con su fe inmensa, rescató al pueblo para conducirlo por el camino de salvación a la Tierra Prometida.

La quinta etapa esta representada por Jesús, el Verbo Divino, el Cordero Inmolado, quien os ha hablado en todos los tiempos y lo seguirá haciendo. Él es el amor, y por amor se hizo hombre para habitar en su morada, sufrió el dolor de ellos, mostró a la humanidad el sendero del sacrificio, por el cual ha de alcanzar la redención de todos sus pecados. Vino como Maestro a enseñar a nacer en la humildad, a vivir en el amor, a llegar hasta el sacrificio y a morir amando, perdonando y bendiciendo.

La sexta etapa la representa Elías. Es el símbolo del Espíritu Santo. Él es quien va simbólicamente sobre su carro de fuego, llevando la luz a todas las naciones y a los diferentes mundos desconocidos por vosotros, pero conocidos por Mí, porque Yo soy el Padre de todos los mundos y de todas las criaturas. Esta es la etapa que estáis viviendo, la de Elías, es su luz la que os ilumina. Él representa las enseñanzas que estaban ocultas y que en este tiempo están siendo reveladas.

La séptima está representada por vuestro Padre. Yo soy el final, la culminación de la evolución. En esta etapa viviréis el tiempo de la gracia, el Séptimo Sello.

He aquí descifrado el misterio de los Siete Sellos, he aquí por qué os digo que este tiempo es el Sexto, porque cinco de ellos ya pasaron, el Sexto se encuentra desatado y el Séptimo aún permanece cerrado, su contenido todavía no llega, falta tiempo para que esa etapa aparezca delante de vosotros; mas cuando llegue, habrá gracia, perfección y paz; pero para llegar a ella, ¡cuánto tendrá que llorar el hombre para purificar su espíritu! Cuando cese la purificación, la maldad será retenida, habrán cesado las guerras entre los hombres y no habrá perturbaciones ni perversidad; entonces vendrá el reino de la paz y de la gracia, en el que alcanzará la humanidad en plenitud, su progreso espiritual y su comunicación con el Padre será directa.

Dejad que la luz del Sexto Sello os alumbre. Sólo Yo podré decir cuándo termina la sexta etapa para dar principio la séptima. En este tiempo, a pesar de estar bañados con la luz de mi Espíritu, aún no os habéis despojado del pecado, ni habéis alcanzado la perfección que lograréis, cuando os comuniquéis de ESPÍRITU A ESPÍRITU con mi Divinidad. Vuestros hijos, las generaciones venideras, alcanzarán esa limpidez y serán mis discípulos que conversarán con su Maestro; ellos serán verdaderos profetas en los caminos del mundo, vivirán en paz y en armonía con todas las leyes, y llegarán a crear la verdadera morada del espíritu del hombre en la Tierra.

En verdad os digo que para que estas profecías se cumplan, muchos soles pasarán, muchas aguas caerán de los cielos, infinidad de años transcurrirán y serán olvidados por los hombres, y numerosas generaciones también, pero llegará al fin el tiempo en que el Padre corone su Obra en este planeta.

Llevad esta enseñanza sencilla y diáfana como la luz del día, transparente como las aguas, para que, en el silencio de vuestra alcoba, en el recogimiento de la noche, analicéis y meditéis en lo que os he revelado y podáis recrearos con su perfección.

El Sexto Sello se encuentra desatado y el Libro abierto ante vosotros, el candelero alumbra el Universo y el Verbo Divino como lengua de fuego, os habla desde el infinito; es la voz del Cordero Inmolado la que sorprende a los hombres, les ilumina y levanta a la vida de la gracia, es Él quien os revela estas enseñanzas y descifra los misterios.

Por ahora Yo recibo a estas multitudes en representación de la humanidad, no sólo del presente, sino de todas las generaciones que a través de seis etapas espirituales han habitado la Tierra.

Hoy se abre al mundo una nueva Era en la que el hombre buscará mayor libertad para su pensamiento, en la que pugnará por romper las cadenas de esclavitud que su espíritu ha arrastrado. Y todo aquel que por un instante, llegase a experimentar la felicidad de sentirse libre para meditar, para escudriñar y practicar lo que haya comprendido, jamás volverá voluntariamente a su cautiverio, porque ya sus ojos contemplaron la luz y su espíritu se extasió ante las revelaciones Divinas.

Éste es el tiempo esperado por la humanidad para recibir la Gran Revelación, para que comprenda todo cuanto he manifestado a través de los tiempos.

¿Qué guarda en su seno el Sexto Sello del Libro, en donde están escritos vuestros nombres y destinos? Encierra pruebas muy grandes y hermosas revelaciones de sabiduría. La llegada del Consolador significa para vosotros el principio de una nueva etapa de evolución de la humanidad. Ha quedado abierto el Juicio Divino para todos los hombres: cada vida, cada obra, cada pensamiento, son juzgados estrictamente. Es la terminación de los tiempos de pecado y el despertar del hombre para que logre la armonía de su espíritu con toda la creación. Es la preparación de la Era en que el Cordero ha de abrir el Séptimo Sello, el cual traerá los últimos residuos del cáliz de amargura, pero también el triunfo de la verdad, del amor y de la Justicia Divina.

Yo os digo una vez más que el número de mis discípulos no se reduce a los que me han escuchado a través de estos portavoces. Mis siervos se encuentran en diversos puntos de la Tierra y tienen la misión de preparar los caminos y limpiar los campos, donde más tarde habrán de llegar los sembradores. Yo les fortalezco y bendigo, porque su jornada es penosa y su senda está erizada de espinos, pero ellos saben que han sido enviados por Mí y están dispuestos a llegar al final del camino, en cumplimiento de su misión.

Los hombres que no saben de mi Comunicación, me esperan sin sentir que estoy entre ellos. Estoy delante de sus ojos y no me ven, les hablo y no oyen mi voz: y cuando por un instante llegan a mirarme, me niegan. Mas Yo sigo dando testimonio de Mí y a los que me esperan los sigo esperando. Y en verdad que las señales de mi Manifestación en esta Era han sido grandes: la sangre de los hombres derramada a torrentes hasta empapar la tierra, ha marcado el tiempo de mi Presencia entre vosotros como Espíritu Santo.

El nuevo tiempo os tiene reservados muchos adelantos en vuestra evolución: la obediencia a la Voluntad Divina, la sensibilidad para interpretar la inspiración espiritual, la comunicación con el Padre y con el Mundo Espiritual a través del pensamiento.

Por ahora vuestra fe es pequeña y vuestro presentimiento nada os dice acerca de la batalla que se aproxima, por lo que es menester que os diga que, bajo la luz que difunde el Sexto Sello, se unirán todas las creencias, religiones y sectas de la Tierra, para rendir un solo culto al Dios único que todos buscan.

La virtud se manifiesta solamente en las pruebas. Era menester que el hombre fuese probado y acrisolado, porque el espíritu en su principio, en su inocencia, carecía de méritos, de experiencia y desarrollo. Así, de escalón en escalón, irá ascendiendo hasta subir los siete peldaños de la escala de perfección y llegar a mi Presencia, lleno de luz, perfeccionado en todas sus potencias, evolucionado por el desarrollo de sus dones, lleno de conocimientos y plenamente consciente de dónde había brotado, cuál era el fin para el que había sido creado y a dónde había de retornar. Si en el Primer Tiempo fuisteis párvulos y en el Segundo discípulos, en éste estáis recibiendo la preparación para convertiros en maestros. Ése es mi plan Divino: vosotros sois mis colaboradores y llegaréis a reinar conmigo cuando logréis la verdadera espiritualidad.

Los Siete Sellos son vuestra vida, vuestra historia, vuestras luchas, triunfos y caídas; vuestros sufrimientos y combates y al final, vuestra redención, llena de gloria, que será como un festín espiritual cuando lleguéis a la diestra de vuestro Señor.

Vuestro espíritu ha escrito sus jornadas, su historia, en el Gran Libro de la Vida, el Libro de los Siete Sellos. Ahí están anotados por Mí todos vuestros actos, cada uno de vuestros pasos, pensamientos y palabras; los grandes hechos del espíritu, las grandes vicisitudes y pruebas.

Mucho habéis vivido, pero vuestra materia no lo sabe. Si ella ha olvidado los primeros pasos de la infancia, ¿cómo ha de conocer la evolución del espíritu a través de su larga jornada? ¡Cuán poco ha podido revelar el espíritu a su materia! Todavía no os lo he concedido por vuestra falta de evolución.

Si estudiáis la revelación de los Siete Sellos entregada a Juan, mi discípulo, hallaréis sólo pecado, profanación y adulterio en las naciones del mundo. Ahí está la historia de vuestras guerras, de todas las miserias y tribulaciones que los hombres han sufrido por causa de su infidelidad a la Ley y su flaqueza, ahí está la justicia que ha seguido a cada una de sus obras.

Desempeñad vuestra misión en este tiempo y cuando lleguéis al final de la jornada, os encontraréis ante una gran puerta cerrada que podréis abrir porque tendréis la llave. Detrás de esa puerta estoy Yo, esperándoos. La llave ajena no os servirá para abrir la puerta, ni tampoco podréis pasar del primero al tercer peldaño de la escala, sin antes haber estado en el segundo, y así hasta el último, porque los siete peldaños significan el camino de perfeccionamiento espiritual, que todos debéis recorrer.

En verdad todavía tendréis que ver pasar grandes acontecimientos en este mundo, para que lleguéis a vislumbrar el tiempo de paz. Todavía el Sexto Sello se encuentra abierto y muchas páginas he de pasar para que el Séptimo sea abierto entre vosotros.

¡Cuán grandes han sido las lecciones y pruebas que el espíritu ha tenido que vencer para pasar de un sello a otro! ¡Cuántos méritos ha tenido que hacer! Y falta aún el de la culminación: el Séptimo Sello. Yo os preparo desde ahora para que escaléis el siguiente peldaño. En cada etapa habéis encontrado una gracia para vuestro espíritu, que os ha servido para dar el siguiente paso, hasta que lleguéis a mi Presencia y veáis el cumplimiento de mis Promesas.

¿Cuál es por ahora la misión de mis siervos en esta etapa? Orar, meditar, regenerarse, sembrar unión, paz y luz espiritual, desarrollar vuestras facultades y potencias; luchar por vuestra elevación, destruir la ignorancia, el fanatismo, el vicio, en una palabra: el mal, que en tantas formas se manifiesta entre la humanidad.

Cuando los hombres hayan dejado su lucha fratricida, cuando el perdón y la caridad se hayan extendido de corazón en corazón, y la sangre y las lágrimas ya no corran en mis hijos, entonces se hará el gran silencio en el que os comunicaréis conmigo de ESPÍRITU A ESPÍRITU.

Entonces Yo desataré el último Sello, el Séptimo, en cuya etapa los hombres se amarán como os enseñé cuando estuve en la Tierra.

Ese silencio de que os hablo será Universal, los elementos se aquietarán y la persecución a mi Doctrina se detendrá. Entonces testificaréis ante la humanidad asombrada, que es el final de una etapa y el principio de otra, les llevaréis la luz y destruiréis su confusión.

Mi Justicia sabiamente va acercando a la humanidad hacia la nueva revelación. La vida, como un maestro, enseña y corrige sin cesar; las pruebas harán llegar mi Voz a través de la conciencia. Es mi Voluntad que, cuando el Séptimo Sello sea desatado, la comunicación de ESPÍRITU A ESPÍRITU sea practicada por la humanidad, para que esté en comunión constante con su Señor.

¡Cuántas religiones, doctrinas y sectas van a caer bajo la espada de luz de mi Verdad, y cuántas ciencias y teorías, van a quedar sepultadas en el olvido, será entonces cuando el nuevo día asome y se haga el silencio y la paz en los corazones!

Esta humanidad, indiferente a toda inspiración Divina, no se da cuenta que está en los umbrales del tiempo más trascendental para su espíritu, mas ya despertará de su letargo cuando contemple los anuncios que aún faltan, de mi Presencia entre los hombres en todo mi Esplendor, porque todos tendréis que estar velando cuando el Séptimo Sello se abra para entregaros su luz.

Por ahora estoy preparando con mi Palabra a este pueblo, para que se levante inspirado en la verdad, enseñando a sus hermanos las lecciones de amor de mi Doctrina. Este rayo de luz ha sido tan solo de preparación, como la luz de la alborada cuando anuncia el nuevo día.

Más tarde os llegará mi Luz de lleno, alumbrando vuestra existencia y alejando hasta la última sombra de ignorancia y pecado.

Cuando el Séptimo Sello quede cerrado, junto con los otros seis, quedará terminado el Libro, que ha sido el juicio de Dios sobre las obras de los hombres. Entonces abrirá el Padre un libro en blanco para anotar en él la resurrección de los muertos, la liberación de los oprimidos, la regeneración de los pecadores, el triunfo del bien sobre el mal.

Aquí tenéis en breves y sencillas palabras, como siempre se ha manifestado el Verbo de Dios, algo de lo que anhelabais saber sobre los Siete Sellos del Libro de la Sabiduría y de la Justicia Divina. Habéis oído, ahora entended, porque tendréis que revelar, profetizar y enseñar. Guardad esta enseñanza que encierra la esencia de mis Revelaciones, profecías y análisis que os he dado en este tiempo; cuando la hayáis estudiado profundamente, os dispondréis a ponerla en práctica, haréis cambiar vuestra vida, amaréis todas mis Manifestaciones, buscaréis estar siempre en contacto conmigo y pondréis los cimientos de un nuevo mundo, que estará regido por mis Leyes y en el que seré conocido, respetado y obedecido.

¡Mi paz sea con vosotros!

La reencarnación

LA REENCARNACIÓN

Yo soy luz, sencillez y verdad. No veáis misterios donde todo es claridad. Voy revelando mi Sabiduría al espíritu, a medida que avanza y se espiritualiza.

Os digo que no existe un solo ser que haya venido al mundo, sin haber vivido antes en otras moradas. El espíritu no nace al mismo tiempo que la envoltura, ni el principio de la humanidad fue el del espíritu.

La existencia del hombre en la Tierra es sólo un instante en la eternidad, un soplo de vida que alienta por un tiempo al ser humano y luego se aparta, para después volver y poseer un nuevo cuerpo.

Para vuestro desarrollo y perfeccionamiento, tenéis que habitar este mundo cuantas veces os sea necesario. Para que el espíritu sea grande, sabio y virtuoso, es menester que viva muchas experiencias.

Una sola existencia en el mundo no es suficiente para conocer todo lo que tengo que revelaros. Si la ciencia humana no la podéis asimilar sin recorrer un extenso camino, menos podréis poseer el conocimiento espiritual sin una completa evolución.

Así podréis conocer, en diferentes etapas, la riqueza y la pobreza, la salud y la enfermedad; el egoísmo y la soberbia y también el perdón, la nobleza y la generosidad.

Habéis tenido existencias de bienestar y complacencias, de esplendor y placeres, otras de vicisitudes y fracasos. Unas os han servido de experiencia, otras de expiación; algunas para el desarrollo de la mente, otras para el de los sentimientos, y ésta que ahora tenéis, para la elevación del espíritu.

Todo lo habéis conocido y poseído, por eso, si muchos de vosotros miráis que no tenéis riquezas ni esplendores, ni títulos, no lo lamentéis, porque era necesario que perdieseis lo superfluo. Si os hubiera dado todo en esta vida, ya no estaríais deseando ascender un escalón más. En esa forma, lo que no habéis alcanzado en una existencia, lo buscáis en la siguiente y lo que no obtenéis en aquélla, os lo ofrecerá otra más elevada, y así hasta el infinito en el camino sin fin del espíritu. Ésta es la razón de vuestras reencarnaciones. Nacisteis de la mente paterna y materna de Dios, inocentes y limpios; pero no es lo mismo ser puros y sencillos, que grandes y perfectos; como si comparáis a un niño que acaba de nacer, con un hombre experimentado.

La idea de la muerte o del castigo eterno, queda destruida ante esta revelación y tanto el espíritu como el corazón humano, se elevan para glorificar la bondad Divina, cuando comprenden esta verdad.

La carne es de este mundo y en él queda, mientras el espíritu se levanta libre de sus ataduras y vuelve a la vida de donde brotó. Lo que habéis llamado la resurrección de la carne, es la reencarnación del espíritu y si unos creen que es una teoría humana y otros que es una nueva revelación, Yo os digo que este conocimiento principié a darlo al mundo desde los orígenes de la humanidad, pruebas de ello podréis encontrarlas en el texto de las Escrituras, que son un testimonio de mis Obras.

También os digo que éste es el tiempo de la resurrección de los muertos, porque mi Luz viene a encender la fe de los que perecen entre tinieblas de remordimientos, desesperación y amargura.

En aquel tiempo dije a Nicodemo, que me había buscado de buena fe: Lo que es nacido de la carne, carne es, y lo nacido del espíritu, espíritu es. No os sorprendáis si os digo que os es necesario nacer otra vez. ¿Quién comprendió aquellas palabras? Yo os di a conocer en ellas que una vida humana no es suficiente para entender una sola de mis lecciones, ni para apreciar la sabiduría que encierra la existencia, que es una enseñanza constante de belleza, armonía y perfección.

El hombre era pequeño en un principio. Su inteligencia estaba de acuerdo con la vida primitiva que llevaba, pero Yo quise que se desarrollara por sí mismo, que conociera el camino del bien y el del mal, y descubriese dentro de él su esencia espiritual, que supiera de dónde viene y a dónde va y que reconociera las facultades y potencias que le habrían de conducir al estado perfecto.

Sólo al cuerpo le corresponde desintegrarse después de que ha cumplido su misión, pero la luz de la inteligencia, la razón, la voluntad, los sentimientos, no mueren jamás, porque forman parte del espíritu que tiene vida inmortal.

He principado por haceros saber quiénes habéis sido y quiénes sois ahora, para después daros una idea de quiénes seréis el mañana.

En todos los tiempos, aun en los más remotos de la historia de la humanidad, habéis tenido grandes ejemplos de hombres de espíritu elevado. ¿Cómo podríais explicaros esto, si antes no hubiesen ellos pasado por diferentes reencarnaciones que les ayudasen a evolucionar? Por eso veis que el adelanto del hombre de este tiempo es mayor que en las Eras anteriores, porque es el espíritu el que ha recogido un cúmulo de experiencias.

Todo el que ha sido llamado para cumplir una misión, está a tiempo de comprender estas lecciones. No es la primera vez que su espíritu cruza por este planeta o recibe la luz de una revelación Divina; pero su pasado se oculta tras el velo de la materia.

En el Más Allá, los espíritus también gozan de libre albedrío. Algunos se desvían del camino, mientras otros perseveran en el bien y logran elevarse, pero llegado el instante marcado, los que están destinados a encarnar, descienden a la Tierra, unos para cumplir una noble misión, otros para expiar faltas anteriores y pasar por una restitución. Según queráis ver esta vida, así se os presentará: como un paraíso para algunos o un valle de lágrimas para otros. Pero al comprender la misericordia del Padre, sólo veréis una existencia maravillosa sembrada de bendiciones y enseñanzas para el espíritu.

La decadencia, la vejez y la muerte, no pertenecen al espíritu, sino la evolución, la experiencia y el desarrollo, logrados a través de la lucha y las pruebas.

Si observáis vuestra vida a través de los tiempos, encontraréis que la lucha del espíritu ha sido constante desde el principio, necesaria para vuestro adelanto, como indispensable es el fuego para acrisolar el oro. Pero las repetidas reencarnaciones no dan la perfección absoluta al espíritu por muy elevado que se encuentre. Aún estará esperándolo el Valle Espiritual con sus moradas en número infinito, para adquirir nuevas enseñanzas, revelaciones y maravillas.

Cuando hayáis recorrido el camino y lleguéis a los umbrales de lo puro y perfecto, estaréis comprendiendo el porqué de vuestra existencia y habitaréis verdaderamente en la luz.

No hace falta que os diga cuándo fue vuestro nacimiento espiritual, ni cuándo la primera vez que pisasteis el polvo de este mundo, como tampoco es necesario que os revele cuántas veces habéis estado en él, ni quiénes habéis sido en otras encarnaciones. Mi Doctrina no viene a descubriros lo que os está reservado hasta el final del camino. Mi Obra viene sólo a mostraros el sendero por el cual podéis llegar por medio de la elevación a la cumbre del saber espiritual.

A las generaciones venideras si les será dado, por gracia de mi Espíritu, la facultad de recordar sus vidas anteriores, conocer su pasado, porque esto será útil a su espíritu. Si no os lo he concedido a vosotros, es porque todavía descubro vuestra fragilidad.

Mientras evolucionáis en diferentes vidas, miráis que mi Obra permanece inmutable, inalterable, a través de los tiempos. Es que Yo siempre os manifiesto mi Amor de Padre, mi Paciencia sin límites, mis Obras y Ejemplos.

Mi Palabra está revelando al mundo la verdad, la justicia y el amor que existen en el prodigio de la reencarnación, sin embargo, el hombre la combatirá y le dará un cariz de doctrina falsa y extraña. A vosotros os bastará con saber que es verdad, para que una luz se encienda en vuestro corazón y admiréis mi amorosa Justicia. Comparad las teorías y diversas interpretaciones que las religiones han dado a estas enseñanzas e inclinaos por aquélla que sea más clara y encierre mayor justicia. De cierto os digo que ésta es una de las revelaciones que más conmoverá al espíritu en este tiempo.

Sabios y teólogos tendrán que rectificar sus conocimientos ante la verdad que estoy revelándoos. Éste es el tiempo en que la humanidad abrirá sus ojos a la luz de mi Sabiduría, luz que he hecho Doctrina para que a través de ella resucitéis espiritualmente a la vida verdadera.

He dado la oportunidad al espíritu para que no se limite nunca en la pequeñez de la materia a su efímera existencia, porque siempre encontrará una puerta abierta que le presenta el Padre para su salvación. Así el espíritu demuestra su gran superioridad sobre la carne y todo lo terreno, venciendo a la muerte, sobreviviendo a un cuerpo y a cuantos le sean confiados; vencedor del tiempo, de los escollos y las tentaciones. La materia tampoco desaparece: se desintegra y se confunde con los elementos de la naturaleza, de donde la hago surgir nuevamente para dotarla de espíritu.

Mi juicio en cada uno de mis hijos, por medio de la reencarnación, es perfecto e inexorable. Sólo Yo sé juzgaros, porque cada destino es incomprensible para los hombres.

Y después de tantas luchas y vicisitudes y tanto caminar, llegarán los espíritus ante Mí, llenos de sabiduría por la experiencia adquirida, purificados por el dolor, elevados por los méritos, pero sencillos y gozosos como niños.

Antes de daros estas revelaciones, os fueron necesarias muchas vidas, para que al pediros la lección anterior, vuestro espíritu supiese contestar y cuando le hiciese nuevas revelaciones, las comprendiera.

El hombre engendra hijos de su carne, pero Yo soy quien distribuye los espíritus en las familias, en los pueblos, en las naciones, en los mundos y en esa justicia impenetrable para el humano, se manifiesta mi Amor. ¡Por cuántas pruebas tendréis que pasar! ¿Quién puede saber si ese leproso que os ha tendido su mano y del cual os habéis apartado, fue en otra encarnación vuestro padre o vuestro hijo?

Éste es el tiempo en que haré encarnar en la Tierra a todos los espíritus que forman mi pueblo, para que con obras de amor y caridad den a la humanidad testimonio de la verdad sobre la vida espiritual. Vosotros venís a testificar mi Presencia: es una de las misiones que siempre habéis tenido.

Vengo a enseñaros que el amor Divino no tiene limitaciones y que a través de la reencarnación se manifiesta mi Justicia. Por medio de esta ley, no existe falta, por grave que sea, que merezca el castigo eterno.

Mas para llegar a Mí tendréis que reparar todos vuestros errores.

Con cuánto temor escuchan algunos de vosotros mi Palabra. Es que saben que está inspirada por el Espíritu de Verdad y entre los presentes hay quienes supieron del fin de Sodoma y Gomorra y que más tarde vieron la destrucción de Jerusalén. Por eso os he dicho que aquéllos y vosotros sois los mismos.

Sobre esta enseñanza descansará la primera lección que deis a vuestros futuros discípulos. Les haréis escalar paso a paso desde el primer tramo del camino de evolución.

Esta revelación estremecerá al mundo, hará revolución entre los hombres y en ella encontrarán la explicación de muchas dudas y la fuerza espiritual para llegar al fin de la jornada, porque es Ley de Amor.

¡Mi paz sea con vosotros!

La oración

LA ORACIÓN

Me preguntáis en qué consiste la oración y Yo os digo: en permitir que vuestro espíritu se eleve libremente a Mí con plena confianza y fe, para recibir en el corazón y la mente el efluvio Divino. Ése es el medio que he concedido al hombre para acercarse a su Creador.

Aprended a orar y meditar a la vez, para que surja en vosotros el conocimiento de la verdad. Con la oración se adquiere sabiduría y a través de ella descubre el hijo el lenguaje para conversar con su Dios.

Velad siempre, pues no basta un instante de oración para salvarse, sino una vida de perseverancia, paciencia y obras elevadas.

Cuando el espíritu logra armonizar con la mente y alcanza la comunicación con el Padre, se siente inspirado para esparcir el bien, para llevar un destello de luz al necesitado, una gota de bálsamo al enfermo, un hálito de vida al que desfallece.

¡Cuántos hombres han encontrado en medio de la guerra el secreto de la oración, aquélla que nace del corazón como un llamado imperioso, como una imploración, y cuando han visto realizado el milagro, han sabido que la forma de hablar a Dios no requiere de palabras, sino de elevación espiritual!

Cuando oréis, buscadme en el infinito, más allá de todo lo que es material y cuando retornéis a vuestro mundo, miraréis disipadas vuestras dudas y podréis derribar los obstáculos que no os permitían mirar con claridad el futuro. Entonces no seréis ya azotados por las vicisitudes, porque estaréis aprendiendo a comunicaros y a vivir en armonía conmigo.

¿Por qué aprisionáis a vuestro espíritu con pensamientos materiales, cuando él tiene un mundo de luz más allá de todo lo terreno? ¿Por qué sujetáis al espíritu a la vida humana, cuando él tiene un espacio infinito para desenvolverse?

No habéis logrado penetrar todavía en esos mundos del pensamiento y del espíritu, porque os ha faltado elevación. Cuando aprendáis a orar, podréis llegar espiritualmente a los umbrales de la eternidad, donde no pasa el tiempo y todo es paz y beatitud. Yo os digo que entonces seréis semejantes a los ángeles.

La oración no es sólo petición o intercesión, sino elevación y contemplación; si la practicáis así, vuestro espíritu penetrará en el éxtasis, que es el estado más alto que podréis alcanzar, para fundiros en mi Espíritu que es fuente de vida.

¿Qué podéis ocultarme que no conozca? Abridme vuestro corazón y si al elevaros llegáis a perder la noción del tiempo, esa será señal de espiritualidad. Toda la naturaleza eleva un himno de amor a su Creador, mas de cierto os digo que halaga más a mi Espíritu vuestra oración, por sencilla que sea. Todo lo creado tiene una ofrenda para Mí. También Yo tengo un presente de amor para cada una de mis criaturas.

Os estoy enseñando una forma de prepararos que os permita realizar cada día obras inspiradas en nobles sentimientos.

Examinaos diariamente y veréis cómo mejora vuestra forma de pensar, de vivir, de hablar y de sentir.

Yo contemplo los balbuceos del hombre que intuye la verdadera forma de orar. Él siente mi Presencia al elevarse, sabe que escucho su sollozo cuando llora y su alegría interior al darme gracias. Me habla entonces en un lenguaje cuya hermosura no se encuentra en ninguno de vuestros idiomas.

Cuando abráis vuestros ojos a la luz de un nuevo día, aproximaos a Mí a través del pensamiento; inspiraos en mi Doctrina para formular vuestros propósitos y levantaos a luchar llenos de fortaleza y de fe.

La oración verdadera es aquélla que nace espontánea del corazón. Ése es el lenguaje que Yo entiendo, el de la verdad y la sinceridad.

Os estoy enseñando que la oración debe ser breve y sentida, sencilla en la forma y profunda en su fondo: aquélla que brota de lo más puro de vuestro espíritu. En ella hallaréis consuelo, inspiración y fuerza. Yo os daré la dulce satisfacción de hablar íntimamente conmigo, sin testigos ni mediadores: Dios y vuestro espíritu, reunidos en ese momento de confidencias y comunión espiritual.

Todos aquellos que han alcanzado prodigios y han dado pruebas de poder espiritual, así han orado. Así lo hizo Jesús en el Huerto de los Olivos y ante el sepulcro de Lázaro. Ahora os digo: orad en el huerto de la espiritualidad, para que os saturéis de mi Fuerza y podáis resistir el peso de vuestra cruz. Entonces comprenderéis la oración de Jesús en sus horas de agonía y cómo venció a la muerte.

Cuando penetréis espiritualmente en el silencio de vuestro santuario interior, ahí me encontraréis y en ese estado de elevación el espíritu se saturará de conocimientos. A ese santuario sólo tendréis acceso cuando os hayáis preparado.

¿Qué sabéis del poder de la oración y de la fuerza del pensamiento? El espíritu y la mente, unidos al orar, crean en el hombre un poder superior a toda fuerza humana. La oración os hará fuertes e insensibles al dolor.

Se acerca el tiempo en que sabréis dar al espíritu el lugar que le corresponde, porque vendrá a vosotros una Era de verdadera oración, de culto libre de misticismo en el que sabréis velar por la limpidez de mi Doctrina. El discípulo ya no podrá equivocarse, porque antes de emprender una obra interrogará al Maestro para hacer sólo la voluntad Divina. Así podrá descubrir dentro y fuera de él, mundos desconocidos, luces y verdades que rodean su existencia.

Hoy sólo escucha las voces de la naturaleza y del mundo, mañana podrá percibir mensajes del Reino Espiritual; más tarde oirá la voz de su Señor en una comunicación sin limites, de ESPÍRITU A ESPÍRITU.

He visto que para orar buscáis la soledad, y hacéis bien en ello cuando tratéis de lograr la inspiración; mas también os digo que podéis elevaros en cualquier situación en que os encontréis. Invocad mí ayuda en los trances difíciles, sin perder la serenidad y la confianza en vosotros; tened fe en que mi presencia os acompañará.

Practicad la oración, aun cuando ésta dure solamente cinco minutos; pero no sólo os concretéis a orar, sino salid de vuestro santuario interior y dejad en vuestros hermanos una prenda de verdadera fraternidad, un beneficio o un mensaje.

Yo soy poder, por lo tanto, una de vuestras oraciones, uno de vuestros pensamientos, puedo transformarlo en algo tangible y visible ante vuestros hermanos.

De cierto os digo que si ya estuvieseis unidos en espíritu, bastaría vuestra oración para detener a las naciones que se preparan para lanzarse unas contra otras; destruiríais los odios, seríais como espada invisible venciendo a los fuertes y como poderoso escudo defendiendo a los débiles.

Éste es el tiempo en que los hombres van a comenzar a conocerse espiritualmente. Ya se encuentran ante el Arcano, donde hallarán la explicación de los misterios que hasta hoy no han podido descifrar.

Pedid y se os dará. El hijo tiene derecho a pedir a su Padre, y Él, a su vez, tiene el deber de atender al hijo.

Aprended a sentir y a vivir las penas de aquéllos que, por estar distantes, no podéis mirar, de quienes habitan en otras comarcas o naciones, de los que moran en otros mundos o en el Valle Espiritual. No temáis si en vuestra oración os olvidáis de vosotros y sólo pedís por los demás. Sabed que quien ora por sus semejantes, lo hace por él mismo.

Yo entiendo lo que cada uno de vosotros me hace presente, sin necesidad de palabras ni pensamientos. El lenguaje del espíritu está más allá de vuestros idiomas. ¿Cómo va a expresar la materia lo que siente el espíritu? Siempre hablará mejor al Padre una lágrima que nadie ve, un dolor que me ofrecéis en silencio y apuráis con paciencia, o el fruto de vuestras obras calladas.

La pobreza espiritual de los hombres y sus tropiezos en la Tierra, provienen de la forma imperfecta de orar, por eso es necesario que este conocimiento lo llevéis a toda la humanidad.

Tiempo es aún de que meditéis y os preparéis, porque el mundo llegará a interrogaros y no sólo escudriñará mi Palabra, sino los beneficios que ella ha dejado en vosotros.

Cuando enseñéis a orar, debéis probar la verdad, la fuerza y la eficacia de la oración espiritual. Vais a sanar al enfermo con vuestra elevación, a llevar la paz donde impere la discordia, a salvar a quien se encuentre en peligro. Entonces sí seréis creídos y querrán imitaros; vuestra enseñanza despertará la fe en los corazones, maravillados ante la verdad de las pruebas; cuando eso sea, abriré los caminos y haré el llamado a las multitudes.

Trabajad unidos y haced todo lo que os he encomendado, mas velad y orad para que no caigáis en tentación; si no lo hacéis así, vosotros mismos destruiréis vuestra obra.

Educad al entendimiento, enseñándolo a despojarse de toda idea superflua en el instante de vuestra comunión espiritual. Antes de tomar una determinación o si os sentís abatidos, elevaos en oración, para que recibáis de vuestro Padre la iluminación que os permita distinguir con claridad lo que os conviene. En los momentos de dificultad decidme, como os enseñé en el Segundo Tiempo: ¡Padre, hágase tu Voluntad!

Doquiera podréis comunicaros con vuestro Señor, no importa el lugar donde os encontréis, ya sea en la cumbre de una montaña o en la profundidad de un valle; en la inquietud de una ciudad, en la paz del hogar o en medio de la lucha.

Si me buscáis en el interior de vuestro santuario, en el silencio de vuestra elevación, veréis abrirse las puertas del recinto universal e invisible, el cual lleváis en el espíritu.

Uníos en oración todos los que anheláis alcanzar una vida mejor y todos los que vivís atormentados por la confusión que reina en el mundo. Id preparándoos para la llegada de mi Reino entre vosotros: sed precursores y emisarios de mi Paz.

Dejad por unos instantes la Tierra y venid a Mí en espíritu. Por muchos siglos ha equivocado la humanidad la forma de practicar la oración desconociendo los deleites que ella proporciona, como fuente de salud y bienestar.

¡Ah, si los hombres de este tiempo comprendiesen el poder de la oración, cuántas obras sorprendentes realizarían!

Mis siervos de los tiempos pasados, Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, dieron pruebas imborrables del poder de la oración, quedando su forma de orar como un ejemplo para todas las generaciones. Ellos sabían que llevaban en el fondo de su ser el templo del Señor. El camino que eligieron para aproximarse a Mí fue el de la fe. Una fe en mi Presencia, en mi Justicia, en mi Providencia y mi Amor.

Sin la fuerza de la oración, no podréis resistir las pruebas ni ayudar a vuestros hermanos.

Dos requisitos tan sólo necesitáis para que vuestra oración os acerque verdaderamente a Mí: Vuestra manera de vivir, recta, útil, inspirada siempre en el bien y una fe, de tal manera grande, que os dé fuerza para libraros de los peligros y elevaros sobre toda miseria humana.

Pedid por la humanidad antes que por vosotros. Ella es como un náufrago en medio de un mar de tinieblas y tribulaciones que, en su confusión, no encuentra el faro que ha de iluminarla para ponerse a salvo. Ese faro lo lleva dentro de sí, es la conciencia.

Habéis elevado vuestro pensamiento a Mí en el silencio de la noche, para pedirme la paz y el bálsamo de curación para la humanidad. Os he visto llorar por el dolor ajeno, benditos seáis. ¡No sabéis cuánto alcanza el mundo por vuestra oración!

Orad no sólo en vuestras horas de congoja, sino también en los momentos de alegría. A Mí nada más me ofrecéis lágrimas, penas y tristezas, pero en vuestras alegrías me olvidáis.

Velad siempre, sed como las aves que anuncian el nuevo día, despertad a los que duermen, para que ellos reciban la luz y escuchen la voz del Creador.

Yo os permitiré penetrar en los lugares de dolor, miseria y confusión, para que en ellos seáis mis emisarios y entreguéis la paz y la concordia. Si en esa labor espiritual lleváis el ideal de armonía y fraternidad que os he enseñado, seréis como un ejército que combatirá por la salvación de la humanidad.

Entrad con paso firme en el tiempo de vuestros hechos, en el tiempo de vuestra lucha, pero hacedlo con la sencillez con que enseñé a las multitudes cuando me siguieron al desierto, al valle o a la montaña.

Cuando veáis desatados los elementos, orad por todos, no penséis sólo en vosotros. Pedid por la paz, pues grandes desastres os amenazan, mas no queráis penetrar en mis altos Juicios. Dejad que Yo, con sabiduría y amor, corte de raíz los malos árboles y toque con rigor a las instituciones que han tomado el camino torcido. Ese tiempo está cercano. Yo os prevengo para que viváis alerta y contempléis el cumplimiento de estas profecías.

¿No os dais cuenta de que algo superior está impidiendo que se desencadene en vuestro mundo la guerra más inhumana de todas las que habéis sufrido? ¿No comprendéis que en ese milagro influyen millones de oraciones de hombres, mujeres y niños que, con su espíritu preparado, combaten la influencia de la guerra? Seguid orando y velando. Poned en ese acto toda la fe de que seáis capaces, y sobre la guerra, el dolor y la miseria, tended un manto de paz y caridad con vuestros pensamientos, como un escudo que proteja a vuestros hermanos.

Todo lo que no esté a vuestro alcance, confiadlo al Mundo Espiritual y los seres de luz completarán vuestra obra: así todo será orden, armonía y espiritualidad.

Estad alerta, la lucha se acerca y el adversario se aproxima. No será el faraón del Primer Tiempo ni el césar del Segundo, los que traten de reduciros a la esclavitud temerosos de vuestro desarrollo y de vuestra luz, serán las tinieblas de todos los siglos las que os amenacen y envuelvan: para esa lucha os he dado una espada de luz.

Yo os he preparado y fortalecido para ese tiempo, os he enseñado a orar de ESPÍRITU A ESPÍRITU, para que uséis la oración como arma y protección.

¿Qué puede deteneros en vuestro camino? ¿Qué temores abrigáis? Orad y destruiréis los obstáculos, tened fe y lo difícil lo haréis posible.

Oración, meditación y elevación, son elementos que deben incorporarse a vuestra vida diaria, como parte esencial de ella, para que alcancéis la serenidad y la paz.

Los velos que os habían impedido comprender el significado de mis Enseñanzas, serán descorridos y contemplaréis en el interior del Tabernáculo Eterno, el Arcano del Señor, de donde brota la verdadera sabiduría: en él está todo el pasado, el presente y el futuro de los seres, ahí está el maná del espíritu, el pan de vida eterna, del cual os dije a través de Jesús: “quien de él comiere, no morirá jamás”.

En el Segundo Tiempo, uno de mis discípulos me preguntó cómo debían orar y les enseñé la manera de elevarse al Padre. Ahora os digo: inspiraos en esa oración, en su sentido, humildad y fe, para que vuestro espíritu se comunique con el mío. En aquella oración os enseñé una forma sencilla de hablarme, de elevar a Mí una plegaria de amor, de respeto, conformidad y confianza.

Yo no borro de vuestro corazón aquella oración modelo, sólo os enseño que en vez de hablarme con los labios lo hagáis con el pensamiento y os inspiréis en ella para formular vuestras propias oraciones: que sea el espíritu el que hable con su propio lenguaje. Si la esencia de esa oración se hubiera practicado en verdad, de generación en generación, los hombres habrían alcanzado mayor espiritualidad, su comunicación espiritual conmigo les hubiera servido para edificar un mundo más justo, más hermoso y elevado que el que han creado con su apego a los bienes del mundo.

Yo os enseñé la palabra poderosa, maestra, aquella que verdaderamente os acerca a Mí al pronunciarla con unción y respeto, con elevación y amor, la palabra PADRE; entonces las distancias desaparecen, los espacios se acortan, porque en ese instante de comunicación de ESPÍRITU A ESPÍRITU, ni Yo estoy lejos de vos, ni vosotros os encontraréis lejos de Mí. Orad así y recibiréis en abundancia el beneficio de mi Amor.

¡Cuán distinta es vuestra forma actual de orar si la comparáis con la que empleabais antes de oír esta palabra! Hoy vivís la Era de la oración espiritual.

Aún sois párvulos y no siempre acertáis a comprender mi Lección, mas por lo pronto habladme con el corazón, con vuestro pensamiento y Yo os responderé en lo más profundo de vuestro ser. Mi mensaje se manifestará en vuestra conciencia con una voz clara, sabía y amorosa, la cual poco a poco iréis percibiendo y a la que más tarde os acostumbraréis.

Bienaventurados los que practican en esa forma la oración, porque ellos sienten mi Presencia. Pero Yo recibo todas las oraciones, sea cual fuere la forma: sólo veo en ellas la necesidad y el amor con que me buscáis.

Mañana, cuando ya vuestra oración no sea para pedir que sane vuestros males, sino para recrearos en vuestra comunión conmigo, el espíritu viajará por regiones desconocidas para la mente. A unas llevaréis la luz, de otras traeréis mensajes, de otras más recibiréis fortaleza y deleites para el espíritu. Ésta es la comunicación que el Padre espera del espíritu de sus hijos: la ofrenda de amor que hasta ahora no habéis querido darle.

Penetrad al éxtasis espiritual y entonces lograréis que despierten los sentidos superiores, que surja la intuición, la inspiración brille, el futuro se presienta y la mirada espiritual palpe lo distante y logre lo que antes os parecía inalcanzable.

Lejos estáis todavía de haber alcanzado la perfección, mas id tras ella sin deteneros, soñad con lo elevado de vuestra misión y haced de la verdad vuestro ideal. En mi Espíritu existen dones y misiones que han estado esperando la hora de vuestra preparación, para fortalecer vuestro espíritu y convertiros en profetas y maestros.

María, vuestra Madre Celestial, es poseedora de dones y gracias que vosotros conocéis. Orad ante ella, buscad su ayuda y su intercesión y en verdad os digo que por ese camino, presto llegarán a Mí vuestras peticiones.

Es tiempo de orar. Los hogares que viven en paz deben orar por los que se encuentran destrozados. Las viudas que han encontrado resignación y consuelo, deben acompañar a las que van sin rumbo soportando su dolor. Bendecid con la oración y enviad pensamientos de luz a vuestros hermanos.

Cuando oréis, consagrad ese momento a la comunión con el Padre, olvidad vuestros cuidados y dejad que vuestra voluntad sea la mía. Abandonaos en el Amor Divino y realizaréis prodigios como mis discípulos en el Segundo Tiempo.

No dejéis pendiente nada en el mundo. Amad a la humanidad como a vuestra propia familia. Orad por todos, por distantes que estén. Sanad a los enfermos. Dejad con vuestra vida una estela de luz. Velad, para que recibáis mi Inspiración y entreguéis el mensaje a vuestros hermanos.

No os dé vergüenza llorar. Todos sois niños delante de Mí. Dejad correr las lágrimas, haced que salga el dolor y penetre la alegría. Esas lágrimas hablan más que todas las palabras y dicen más que todos los pensamientos. En ellas hay sinceridad, humildad, gratitud, contrición y promesas.

Al que sienta el dolor de su semejante, al que viva la aflicción de su hermano, le será concedido que sean mitigadas sus pruebas.

Siempre que necesitéis un confidente, un amigo bondadoso, buscadme y depositad en Mí vuestras penas; Yo os aconsejaré el mejor camino y os daré la solución que buscáis.

Son pocos los que saben orar para gozar y muchos los que oran para llorar; a éstos les digo: haced de vuestras tristezas un canto de fe y esperanza tan grande, que podáis sorprenderos al ver cómo vuestro llanto se convierte en un himno de amor y de paz.

¡Mi Paz sea con vosotros!

El amor

EL AMOR

Escucho a los hombres hablar de ley, de justicia, de paz, de igualdad y fraternidad. Y Yo os digo, que donde no haya amor, no habrá verdad ni justicia y mucho menos paz.

El amor es la esencia de mi Espíritu, de él surgió toda la Creación: es el principio y fin de toda mi Obra.

¡Con cuánta ternura desciendo entre vosotros, sin detenerme a juzgar vuestras faltas! En mi Amor se lava el que lleva alguna mancha, se redime el pecador y despierta el que duerme.

¡Amadme siempre, no cambiéis del amor a la frialdad! Quiero contemplaros siempre creyentes, siempre elevados espiritualmente.

Un solo idioma os doy para que extendáis mi Palabra: el del amor espiritual, el cual será entendido por todos los hombres. Un lenguaje dulce al oído y grato al corazón, que irá derribando piedra por piedra la torre de Babel, porque todos os entenderéis como hermanos.

Yo os digo que en la medida que améis, será la fuerza y la luz que poseáis. Levantaos a una vida útil y fecunda. Ayer no erais capaces de dirigir vuestros propios pasos, ahora podréis guiar multitudes.

La vida de Jesús, que estuvo tan cerca de vosotros en aquel tiempo, ha sido un ejemplo para los hombres de todas las Eras. En una frase sencilla, os dejó el más grande precepto, que encierra el secreto de la felicidad: amaos los unos a los otros. Llegará la hora en que todos los hombres se unifiquen en la verdad de este mandamiento.

Mi Doctrina os hace sentirme próximo, como un Padre amoroso y no como un Dios lejano, que es como me contempla la mayor parte de la humanidad.

Mi Amor se extiende sobre vosotros, como la alondra que abre sus alas para cubrir a sus polluelos.

Quien no me ama con elevación y pureza, carece del verdadero saber; en cambio el que lo hace con todas las potencias de su espíritu, ése llevará en sí la luz de la sabiduría y sentirá que es dueño de su destino.

El amor y la sabiduría jamás están separados, pues el uno es parte de la otra. ¿Cómo es que el hombre pretende apartarlos, si ambos son la llave que abrirá las puertas del Arcano, para poder penetrar en la esencia de mi Palabra? Quien me ame en verdad, llegará a ser el sabio que comprenda primero al mundo y después abarque al Universo. En el amor está mi Sabiduría, mi Fuerza y mi Verdad.

En todos los tiempos habéis tenido guías en el mundo que os han enseñado, a través de la sabiduría, la fuerza del amor. Han venido a daros ejemplo de virtud y humildad, al cambiar su vida de errores y pecados, por una existencia consagrada al bien y a la caridad.

Si me tenéis por poderoso, mi Poder está fincado en el amor. Si me reconocéis como Juez, mi Justicia se basa también en el amor. Si sabéis que soy eterno, mi Eternidad proviene del amor, que es vida y hace inmortales a los espíritus.

Saturaos de amor, sentidlo espiritualmente para que así lo manifestéis a vuestros hermanos. Todo será renovado, para que las nuevas generaciones encuentren la tierra preparada para el cumplimiento de su misión espiritual.

Ya os encontráis en el tiempo en que los hombres sienten la inquietud de conocer la vida espiritual.

Espiritualizaos y no necesitaréis de los bienes de la Tierra para impartir la caridad. Ved cómo de este pueblo de menesterosos y humildes, he entresacado a mis discípulos, convirtiéndolos en consejeros, doctores y confidentes de los que sufren. De su amor ha brotado inagotablemente el bálsamo de curación, de sus labios antes torpes, ha surgido la palabra de luz que orienta, regenera y convence.

Yo os he enseñado el amor desinteresado. Os he mostrado mi Amor de padre, de amigo y de hermano. Así quiero que os améis, que sintáis por vuestro semejante verdadera caridad, que levantéis al caído, que perdonéis siempre. No escojáis a quiénes amar, hacedlo con todos sin distinción alguna.

Quiero que también me améis en la obra perfecta de mi Creación: en el agua cristalina de los arroyuelos, en el verdor de los campos, en el aire que acaricia vuestras mejillas, en el firmamento saturado de estrellas. Bendecidlo todo en el nombre del Padre Creador. Bendecir es sentir el bien, es impregnarlo todo de pensamientos de amor.

Si los rayos del sol os han quemado, venid a descansar bajo la sombra de este árbol. Aquí vengo a revelaros el poder del amor que redime, purifica y da paz, el que aproxima a los unos y a los otros: el que os acerca al Creador para fundiros en la armonía Universal, en la que se unirán todos los seres en una sola familia.

Hoy he venido a revelaros un amor que está más allá de lo humano, más allá del amor por los vuestros, por la patria y por vosotros, el que unirá a todos los hombres, a todos los espíritus y a todos los mundos.

Por medio de él, lograréis la comunicación con todos los seres; ante él, desaparecerán las diferencias de razas, lenguas y linajes y aun las que existen en la escala de evolución espiritual. Quiero que vuestro amor llegue a ser Universal, que germine primero en vosotros y después lo llevéis a todo lo creado.

Mucho os he hablado de amor, mas grabad en vuestro corazón la lección de este día: El amor Universal.

Acercaos a Mí, hijos amados, descansad de vuestro peregrinaje. Mis brazos se abren para estrecharos: descansad en ellos. Llegáis ante el Padre en busca de calor. Soy vuestro confidente, depositad en Mí vuestras cuitas, amarguras e inquietudes; me complazco escuchando hasta el más íntimo latido de vuestro corazón. Mucho habéis bebido el cáliz de amargura, ahora tomad leche y miel que vengo a ofreceros en esta Palabra.

¿Por qué os hablo así, hijos míos? Porque os amo, porque quiero ver en vuestra faz la sonrisa y en vuestro espíritu la paz. Vengo a consolaros, a sanaros y a perdonaros. Lo mismo tengo caridad para el ferviente que para el incrédulo.

Venid a Mí si estáis cansados. Vengo a libraros del pesado fardo que lleváis, para que carguéis en su lugar la cruz del cumplimiento de mi Ley de Amor.

Al enfermo que ha perdido toda esperanza de salud, lo sano y lo levanto a la vida verdadera. Derramo en él el bálsamo, aquél que sana todos los males y brota del amor. Sanad en Mí, olvidad pesares y amad.

Quien tiene amor, lo tiene todo: quien dice amor, lo dice todo. Niñez bendita: conozco vuestra oración y escucho vuestro lenguaje. No os toman en cuenta los mayores, porque os juzgan pequeños y débiles, ignorando al espíritu que habita en vosotros. Dejad que los niños vengan a Mí, os vuelvo a decir. Dejad que los jóvenes se acerquen al Maestro a recibir la lección.

Doncellas: Yo os comprendo. Vuestro corazón se ha abierto a la vida, como se abre la corola de las flores. Soñáis con el amor, con la ternura y la dicha. A esto os digo: bien está que soñéis, pero debéis prepararos para cumplir la sublime misión que os espera. Mucho tenéis que fortaleceros para cumplir vuestro destino: la maternidad; pero si vuestro corazón ama, hallaréis el báculo y el consuelo para vuestra jornada.

Ancianidad: os encontráis doblegada bajo el peso del tiempo y de la lucha. Vuestros labios callan, vuestro corazón se entristece. Mucho habéis aprendido en el camino de la vida, pero no podéis aspirar ya a las glorias del mundo, porque la juventud quedó atrás y sólo ponéis la esperanza en la vida espiritual. Os sentís inútiles, pero sabéis que en vuestro corazón arde una luz y existe un libro: el de vuestra experiencia. Conversad conmigo, mirad cómo os envuelve mi Amor. Tiempo ha que estoy llamando a vuestra puerta, reconoced mi Voz por su dulzura, no os aletarguéis y al abrir encontréis que estáis al final del camino y que vuestro tiempo ha terminado. Esperad con preparación la hora del llamado, pero no os inquietéis; en el Más Allá os espera una nueva vida: la juventud eterna. Lo que habéis labrado espiritualmente en la Tierra lo guardaré en mi granero, como parte de vuestra cosecha.

Pecadores: llorad ante el Maestro, para que vuestras lágrimas de arrepentimiento os purifiquen; pero que ese llanto sea verdadero, como lo fue en Magdalena y se convierta en amor como el de aquella pecadora arrepentida.

Humanidad: buscad la gloria en mi Amor, porque de él se derivan todas las virtudes. Sólo la bondad puede daros paz, alegría y verdadero saber. Velad y orad. Mi Amor os acompaña eternamente. Venid a Mí, hambrientos y sedientos de justicia, enfermos, pobres de espíritu e incomprendidos. Venid los tristes que anhelan la ternura, los que habéis sufrido el maltrato de vuestros semejantes. Yo os haré sentir la ternura de mi Palabra y apartaré vuestro dolor para convertiros en los hijos de la paz y de la fe. A todos recibo.

No penséis que sois débiles, sois el mismo pueblo de los tiempos pasados. Pueblo fuerte, valeroso, barquilla salvadora para el náufrago; buen compañero de viaje, amigo y ejemplo para vuestros hermanos. A vosotros os he confiado siempre la misión de amar.

El cincel de mi Palabra pule y da forma a vuestro corazón. Estoy escribiendo en él la palabra amor, aquélla que será vuestra mejor defensa y os llevará a todos al Reino de la luz.

Yo soy vuestro Padre y en mi Amor infinito no distingo a ninguno de vosotros. No hay seres desamparados sobre la Tierra. No debéis temer a la miseria, ésta es pasajera si sabéis orar y tener paciencia como Job. Volverá la abundancia y no tendréis palabras con qué darme gracias.

Hay quienes me dicen: Padre, ¿cómo podré ser tu discípulo si soy un ser insignificante que vive sólo entregado al trabajo material? A ellos les digo: Aun dentro de ese trabajo aparentemente sin importancia, podéis amar a vuestros semejantes, si lo hacéis con el deseo de servirlos. Cuando cada hombre trabaje con la idea de hacer el bien y de unir su esfuerzo al de los demás, desaparecerá la miseria y será hermosa la vida de mis hijos.

Todos debéis saber que nadie puede bastarse a sí mismo, porque necesita de los demás. Todos estáis ligados íntimamente a una misión Universal que debéis cumplir unidos, pero no sólo por deberes materiales, sino por altos ideales, por verdadero amor. El fruto será entonces en beneficio de todos.

Soy el sembrador de amor y vosotros mis tierras de labranza. Quiero que aprendáis a amar, que ese sentimiento convertido en piedad os lleve a los enfermos, a los necesitados de consuelo, a los que han perdido la fe.

Preparad vuestro corazón a semejanza de una fuente. Recibid mi Amor que es como agua cristalina y desbordadlo a través de vuestras obras.

Me preguntáis cómo he podido descender hasta vosotros. ¡Ah, hijos míos! ¿No habéis visto alguna vez a una madre descender a la sórdida prisión donde un hijo implora su presencia? Sólo ella podría deciros cómo escuchó la voz del hijo extraviado que la llamaba, esperando sentir su ternura y confiando en que alcanzaría su perdón.

Si las aves en los campos, las flores en los valles y aun las rocas en las entrañas de la tierra, reciben el efluvio de amor y vida de su Padre, ¿cómo podéis pensar que os niegue la gracia de mi Amor, cuando lleváis en vuestro ser un fragmento de mi Espíritu?

Yo, en quien se resumen todos los amores. ¿Podría permanecer insensible al clamor de vuestro espíritu? Vengo a daros todo lo necesario para vuestro bien. Quiero que aprendáis a conversar conmigo.

Vengo a escuchar vuestras peticiones y hasta la más débil de vuestras quejas. Mas no penséis que sólo a vosotros he venido, porque el clamor de la humanidad llega a la altura de mi Solio como un grito angustioso, implorando ayuda. Yo desciendo hacia todos.

Vienen a oírme los que han burlado las leyes Divinas y humanas, lo que han apagado la fe de los corazones. Mi palabra ha tocado la fibra más sensible de su corazón y se han regenerado. Es el milagro del amor, no tan solo de la palabra, porque cuántas veces los hombres han hablado en forma más florida que estos humildes portavoces, pero la esencia de estas palabras, sólo del Amor Divino puede brotar.

Cuando Yo debiera ser vuestro primer amor, me dejáis al último, porque los amores terrenos, las ilusiones y pasiones, os alejan de Mí.

Habéis creído amarme sobre todo lo creado y tendréis que convenceros de que me habéis dejado como vuestro último amor.

¡Oh, humanidad, creación bendita, si supieseis cómo os ama vuestro Padre! Os perdéis y vengo en busca de vosotros; me buscáis y os abro las puertas de salvación; me llamáis y respondo al instante. Mas si no me sentís, ni me escucháis, ni me veis, es que no os habéis preparado.

¿Hasta cuándo haréis uso del poder del amor? Muchas de las obras que el hombre me muestra y a las cuales ha consagrado su vida, su fuerza y su orgullo, no tienen como principio el amor y la justicia, y toda obra que no tenga esas bases, será destruida y sólo dejará como fruto la luz de la experiencia.

Ved que os amo infinitamente, porque Yo sé que detrás de un pecador, está un espíritu que necesita luz y que al encontrarme, ya no se perderá jamás.

¡Levantaos, humanidad, éste es el camino y la razón de vuestra vida!

¡Uníos pueblos con pueblos, amaos todos! ¡Cuán delgado es el muro que divide un hogar de otro, y sin embargo cuán distantes espiritualmente se encuentran sus moradores! Y en las fronteras de vuestras naciones. ¡Cuántas condiciones para dejar pasar al que llamáis extranjero! Y si esto hacéis entre humanos, ¿qué habéis hecho con los que se encuentran en el Valle Espiritual? Habéis puesto entre ellos y vosotros un velo de olvido o una densa niebla que os mantiene separados. A ellos, amadlos también.

He alimentado a vuestro espíritu con el pan de los ángeles y a vuestra materia con los frutos de la naturaleza. Habéis tenido oportunidad de venir a la Tierra a concluir una labor empezada, para perfeccionar vuestro espíritu. Todo os lo he dado, porque os amo y quiero que estéis conmigo en la vida de perfección.

Este mensaje de amor y caridad, que os he traído en el tiempo propicio para vuestra salvación, en su oportunidad lo daréis a conocer a la humanidad.

Al espíritu le corresponden los más elevados y puros amores, mas también en la materia deposité un corazón para que amara y le di sentidos para que a través de ellos gozara de cuanto le rodea. El amor humano es bendecido por Mí, cuando está inspirado por el espíritu. Por eso os he dicho que de las uniones plenas de comprensión espiritual, brotarán buenos frutos.

El amor es el idioma universal del espíritu, pero también el amor humano habla con pensamientos y hechos, sin necesidad de palabras. Si esto hacen ahora los hombres, ¿cómo será su lenguaje espiritual cuando se hayan perfeccionado?

Yo confié al espíritu la vida humana para poner a prueba su amor: para eso formé al hombre y a la mujer. Sólo unidos en el amor podrán ser fuertes y felices y para ello instituí el matrimonio.

Vuestro espíritu se sirve de la materia para amar en el mundo, pero si amáis sólo por la ley de la naturaleza, vuestro amor será pasajero, limitado: mas si lo hacéis espiritualmente, ese sentimiento se asemejará al del Padre, que es eterno e infinito.

Del amor que os he dado, pocas pruebas me presentáis. De todos los afectos humanos el que más se acerca al amor Divino es el maternal, porque en él existen el desinterés, la abnegación y el sacrificio.

No os extrañéis si mi Amor, a pesar de vuestras imperfecciones, os siga por doquier. Todos sois mis hijos. En este mundo habéis tenido un reflejo del amor Divino en el amor de vuestros padres: a ellos respetad y obedeced.

Amad, humanidad, aunque sea a vuestra manera, pero amad siempre. Quiero igualdad entre mis hijos, como la prediqué en el Segundo Tiempo, pero no como la conciben los hombres: Yo les inspiro la igualdad por el amor, haciéndoles comprender que todos son hermanos, hijos de un mismo Padre.

Es verdad que el camino que os he trazado no es una senda placentera, sino una vida de renunciaciones, pero no es de sacrificio. Entregar amor y caridad no significa dolor, sino alegría y vida para el espíritu. Yo os ofrezco ese deleite para que conozcáis el verdadero placer espiritual.

Amad a vuestros semejantes, con el mismo amor que he venido a enseñaros sabiendo que procedéis de Mí, que habéis sido formados de la misma esencia. Así como en el principio habéis estado en el Padre, en el final también lo estaréis.

De vuestras obras buenas tomo sus méritos, aun de aquéllas que consideráis muy pequeñas, porque sólo Yo puedo juzgar su verdadero valor. El que ama y sirve a la humanidad, me está amando y sirviendo.

En vuestro mundo, donde tanto se ha combatido el bien, donde se ha profanado lo más sagrado y se ha rechazado lo lícito y justo, se establecerá la Ley del amor y el hombre tendrá su justa compensación al recobrar el supremo don del espíritu: la paz.

Venid a Mí los que traéis una pena escondida en el corazón. Meditad y orad para que os fortalezcáis en el propósito de perdonar, si os sentís ofendidos.

El perdón, que nace del amor, posee una fuerza poderosa para convertir, regenerar y transformar al pecador en virtuoso.

Aprended a perdonar y tendréis en vuestro mundo el principio del reinado de la paz. Si mil veces fuese necesario perdonar, mil veces debéis hacerlo. Una reconciliación oportuna, evita que apuréis el cáliz de amargura.

Si vuestro hermano os ofendió, perdonadle, tal vez no sepa lo que ha hecho. En cambio, si vosotros que lleváis la luz de mi Enseñanza aún ofendéis, no podréis decir que sois inocentes.

¿Por qué os hacéis justicia y ocupáis mi lugar de Juez? El único que sabe aquilatar vuestras obras, es el Padre. Si queréis apartar de vuestro hermano las manchas que lleva en su espíritu, antes tenéis que desmancharos. Si queréis ser perdonados, antes debéis perdonar.

No miréis enemigos sino hermanos en todos los que os rodean. No pidáis castigo para nadie; sed indulgentes para que deis ejemplo y no haya remordimiento en vuestro espíritu. Cerrad vuestros labios y dejad que Yo juzgue vuestra causa.

En verdad os digo, que la humanidad en este tiempo no conoce la fuerza del perdón y los milagros que obra. Cuando tenga fe en mi Palabra, se convencerá de esta verdad.

En Jesús, el mundo vio a un padre que todo lo da por sus hijos, sin pedir nada a cambio; un padre que perdona con infinito amor las más grandes ofensas, sin ejercer nunca venganza y en lugar de quitarle la vida al hijo que le ofende, le perdona y le traza el camino de su redención.

Yo dije en la cruz: ¡Perdónales, Padre, que no saben lo que hacen! Hoy vuelvo a decir al hombre, que aún no sabe lo que hace.

¡Cuántos milagros se operaron bajo el influjo del perdón del Maestro! Es que su perdón era verdadero y su juicio perfecto. Pero ya os he dicho que debéis comprender que mi Perdón no os evita las consecuencias de vuestras faltas, porque los errores son vuestros. Mi Perdón os estimula, os consuela, para que al fin vengáis a Mí y os reciba en mi regazo. No olvidéis que la mancha a pesar del perdón, queda impresa en vuestro espíritu y vosotros tendréis que lavarla con méritos, para corresponder así a mi amoroso perdón.

Muchos que han recibido una ofensa, se han ofuscado y han devuelto golpe por golpe. Los ha vencido la tentación. Otros, cuando han sido ofendidos, han callado sus labios y contenido sus impulsos, y me han dicho: Señor, me han ofendido, pero antes que vengarme, he perdonado. Mas Yo he descubierto en ellos el deseo de que mi Justicia se descargue sobre su hermano. Estos, se encuentran en plena lucha. Pero los que a imitación de Jesús, al ser ofendidos, se elevan a Mí con sincero amor y me dicen: -Señor, perdónales, me han herido, pero te pido les entregues tu caridad; éstos, han vencido y Yo les bendigo.

Cuando sepáis recibir el golpe en la mejilla derecha y en señal de perdón, amor y humildad, presentéis la izquierda a vuestro ofensor, ya podéis confiar en que comenzáis a ser mis discípulos. Hasta que surja el perdón entre los hombres, cesarán sus guerras fratricidas y nacerá la unión entre las naciones.

Bendito aquél que soporte con fortaleza la humillación y sepa perdonar a quien lo ha ofendido, porque Yo lo justificaré, mas ¡Ay, de los que juzgan los actos de sus hermanos, porque ellos a su vez serán juzgados!

Ahora bien, cuando al ser ofendido devolvéis el golpe y ambos se arrepienten, no retengáis por orgullo vuestra mano, sed el primero en tenderla como prueba de humildad. Y no temáis humillaros, porque Yo os digo el que tal cosa hiciere en el mundo, será ensalzado en el cielo.

No sabéis si ese perdón sea el precio de vuestra salvación. Hoy vengo a deciros: ¿No quisierais al menos una vez en vuestra existencia, llevar a la práctica el perdón, a fin de que os deis cuenta de los milagros que él opera? En verdad os digo que en el mismo instante en que otorguéis el perdón a quien os haya ofendido, sentiréis mi paz en plenitud, porque en ese momento vuestro espíritu se habrá unido al mío y Yo extenderé mi manto para cubriros con mi Amor.

No juzguéis a vuestro hermano, antes conoceos vosotros mismos, y si encontráis alguna mancha, limpiadla. Sólo tendrá derecho a juzgar aquél que lo haga con amor y sepa corregir y enseñar. Sólo Yo puedo juzgaros, porque en vuestro mundo no encuentro a un solo justo que sepa hacerlo.

Si el asesino de vuestro padre se viera perseguido por la justicia humana y llamara a vuestra puerta pidiéndoos protección, ¿le concederíais albergue sin delatarle, en señal de perdón? Ésa es la prueba que pido ahora, al que quiera ser discípulo del Espíritu Santo en este tiempo.

Yo bendeciré a mis discípulos cada vez que perdonen y colmaré de bendiciones a quienes hayan sido perdonados por vosotros.

El acto de perdonar encierra nobleza, amor y comprensión. Ya sabéis entonces cómo debéis comportaros en vuestra vida, si queréis ser verdaderamente los hijos de la luz.

El perfeccionamiento del espíritu se alcanza en la práctica del amor, que es un compendio de todos los atributos de mi Divinidad.

El amor debe brotar natural y espontáneamente, germinar y florecer. Así como los frutos de la tierra llevan dentro la semilla como germen de vida, así en el espíritu el amor es germen de eternidad. He ahí que vosotros nacisteis y existís por amor y sois perdonados por amor.

A los hombres que quieren ser poderosos por la fuerza material, voy a demostrarles que sólo por la bondad, que es emanación del amor, se puede ser grande en verdad. La verdadera paz está cimentada en el amor.

El corazón del pecador es más sensible al toque de mi Palabra. Ha pecado, porque en su vida le ha faltado amor, pero cuando ha escuchado mi Voz que le perdona y sana sus heridas, siente el llamado Divino y experimenta la presencia de su Maestro. Así van por el mundo muchos hombres que buscan una luz redentora, un consuelo para su pena, una frase que alivie su dolor. Buscan a alguien que los encamine a una vida mejor, mas no lo encuentran en el mundo y se encierran en si mismos. Esos corazones sólo los abre la llave del amor que Yo poseo y vengo a confiar a todo aquel que me diga: – Maestro, quiero seguirte.

Dejad que el Maestro os guíe en todos vuestros actos, palabras y pensamientos. Seguid su ejemplo y el amor Divino se manifestará en vosotros. ¡Oh, varones y mujeres del mundo, que habéis olvidado lo único que puede haceros sabios y felices: el amor, que todo lo inspira, que todo lo puede y lo transforma! Vivís dentro del dolor, porque no practicáis el amor que vengo a enseñaros. Hay quienes me aman y no lo saben; otros creen amarme y de ello hacen alarde, y no me aman.

He aquí el camino, venid por él y os salvaréis. En verdad os digo, que no es menester haberme escuchado en este tiempo para alcanzar la salvación. todo hombre que en su vida practique mi Ley, dará testimonio de Mí con sus obras y Yo le recibiré.

No espere vuestro espíritu recoger en el mundo recompensa a sus buenas obras, porque no habéis venido a la Tierra a recibir amor, sino a sembrarlo. Toda semilla que sembréis con amor, la recibiréis multiplicada.

Amad, desechad el odio, sed clementes con vuestros semejantes; practicad la caridad y me estaréis sirviendo. Voy a hacer llegar a todas las naciones mi Doctrina.

Todo está dispuesto para que mis designios se realicen y la prueba más grande de mi Poder, será la de transformar el egoísmo y el odio de los hombres en sincero amor.

¡Mi paz sea con vosotros!

La Ternura Divina

LA TERNURA DIVINA

Con cuánto gozo me recibe vuestro corazón. Es que antes vuestra Madre Divina os ha preparado con su amor.

El ejemplo de María y el de Jesús, están unidos en la obra de redención, y ya que ahora los hombres no han sabido establecer la alianza con su Señor, el nombre de María será el símbolo de su unificación: en Ella se hará la Nueva Alianza en este tiempo.

Debéis saber que si Cristo es el Verbo de Dios, María es la Ternura Divina y desde el infinito, junto a la cruz que nuevamente me habéis preparado, Ella extiende su amor sobre vosotros y os dirige su mirada maternal plena de perdón.

Sobre María, su concepción, su pureza y su maternidad, ¡cuántas teorías y confusiones han creado los hombres!

María encarnó en el Segundo Tiempo para representar la maternidad Divina; fue ejemplo de humildad, abnegación y amor. Muchos han desconocido su virtud, su virginidad; si estudiaran las escrituras y analizaran su encarnación, llegarían a saber que María es esencialmente Divina, su espíritu es Uno con el Padre y el Hijo. ¿Por qué juzgarla humana si es la hija predilecta, anunciada a la humanidad desde el principio de los tiempos, como la criatura pura en quien encarnaría el Verbo Divino?

Hoy vengo en espíritu y no podrá llamarme la humanidad el hijo del carpintero, ni en aquel tiempo hubo justicia para juzgarme así. José, el patriarca, fue en la senda de la virgen y del niño, sólo un ángel guardián visible a los ojos de los hombres.

Muchos siglos han pasado desde que me hice hombre y habité entre vosotros, y todavía vuestra mente no alcanza a comprender la verdad sobre la concepción de María, sobre mi naturaleza humana y mi Espíritu Divino. Mas cuando dejéis a vuestro espíritu elevarse a las regiones de la luz, iluminados por una sabiduría superior a la de vuestra razón y vuestra ciencia, sabréis por el espíritu toda la verdad.

Yo he venido en este tiempo a descorrer el velo de muchos misterios, mediante el conocimiento de las enseñanzas espirituales.

No sólo Yo me he manifestado ahora, también Ella, vuestra dulce Madre; porque éste es el último tiempo en que Dios se ha materializado a través del entendimiento humano, para ser oído y sentido por el hombre.

Sobre la cima de la montaña, donde se encuentra el Maestro, también está María, la Madre Universal. Buscadla y hallaréis en Ella la escala que os conducirá a la perfección.

Hoy conoceréis su voz de Madre, que es arrullo, calor y protección para todas sus criaturas. María es el arca que encierra muchos dones y gracias no reveladas aún.

El mensaje de María es como un manto de consuelo y de ternura, en este tiempo de tribulaciones que atraviesa la humanidad. En el Segundo Tiempo hubo de venir a la Tierra para dar a conocer la esencia maternal, ofreciendo su seno virginal para que en ella encarnara el Verbo. Mas no terminó allí su misión. Más allá de este mundo está su morada, desde la cual extiende su manto sobre todos sus hijos.

El amor de María es vuestro baluarte; con Ella os reunís como los hijos se congregan en torno a la madre. Oíd su dulce Palabra, conmoveos y arrepentíos, para que penetre en vosotros su luz y su Ternura. Una vez así preparados, prometed ante Cristo, ante María y delante de Elías, que formaréis un solo cuerpo y una sola voluntad, que lucharéis incansablemente por arrancar de vuestro corazón el egoísmo, el odio y fanatismo. Si cumplís esa promesa, ante el Arca de la Nueva Alianza, Yo haré que sea menos doloroso vuestro paso por el mundo.

Desde el principio de los Tiempos os fue profetizada la venida del Mesías; también María os fue anunciada y prometida.

El amor eterno, cuya esencia está en el Padre, encarnó en María, la doncella que era flor de pureza e inocencia.

Los que niegan su maternidad Divina, desconocen una de las más hermosas revelaciones que el hombre ha recibido.

Los que reconocen la divinidad de Cristo y niegan la de María, no saben que se están privando de poseer la esencia más tierna y dulce que existe en mi Espíritu. ¿No consideráis justo que al que crea en Mí y me ame, también deba hacerlo con todo lo que Yo amo?

María sabía quien era y cuál la misión de su Hijo. Y en vez de hacer ostentación de aquella gracia, se declaraba tan solo una sierva del Altísimo, un instrumento de los designios del Señor.

María, mujer, es la representación del amor maternal. María, espíritu, es la Ternura Divina que descendió a la Tierra para dar a los hombres su ejemplo de elevación y humildad. En la eternidad, sus brazos abiertos esperan amorosamente la llegada de sus hijos, ella es ejemplo de pureza, obediencia y humildad. Cada una de esas virtudes, es un peldaño en la escala por donde Yo descendí al mundo para hacerme hombre en el seno de aquella mujer. Esa escala es la misma que os presento ahora, para que a través de ella ascendáis hasta Mí, transformándoos de hombres en espíritu de luz.

Cuando María escuchó las palabras que le anunciaban que en su seno concebiría al Mesías, sólo hubo en su corazón sumisión y gozo, porque sabía que en ella debían cumplirse los designios del Padre: recibir en su seno la semilla Divina.

Su obra fue callada y humilde, por eso fue grande como mujer y como madre: aceptó su gran destino, sin ninguna vacilación, por amor a la humanidad; pasó por el mundo en silencio, llenando de paz los corazones, intercediendo por los necesitados, derramando su perdón y piedad sobre los hombres y orando por todos.

El Maestro le dedicó una de sus ultimas palabras: Madre, ¡he ahí a tu hijo! Y a Juan, el discípulo: Hijo, ¡he ahí a tu madre! Con estas expresiones dejó a Juan en representación de la humanidad y preparó en el corazón de los hombres un santuario de amor y de respeto para María, la Madre amantísima. Ella quedó entre los discípulos por un tiempo, hasta que empezaron a extender la buena nueva por el mundo; fue entonces cuando María volvió al seno del Padre, de donde había venido.

María es parte de mí Espíritu. ¿No habéis reconocido en mi Palabra su ternura y su gracia? En esta Palabra hablan el Padre y la Madre, unidos en una perfecta conjunción Divina.

EI espíritu de María es un ejemplo perfecto de sumisión y mansedumbre. En Ella se cumplieron las profecías que anunciaban que el Mesías nacería de una virgen y, después de cumplida su misión en la Tierra, quedó como Madre espiritual de la humanidad.

Mujeres del mundo: imitad a María, evocad el tiempo en que vivió en la Tierra como mujer y como madre, entonces sentiréis vuestro espíritu lleno de fortaleza.

Ella es el modelo perfecto para vosotras, pues vuestra misión es noble y delicada hasta el sacrificio. La mujer despierta al amor el corazón del niño, encauza los sentimientos del hijo por la senda del bien, enjuga sus lágrimas y lo consuela en sus sufrimientos. Es la madre quien enseña al hombre la primera oración, revelándole la existencia del Creador. La sombra de la madre acompaña al hombre hasta el final de la jornada, como María acompañó al hijo amado hasta el pie de la cruz, donde recibió sus despojos.

El que cree en la pureza de María, reconoce que Ella fue elegida por voluntad Divina para ser un ejemplo de ternura y castidad. Vosotros, los nuevos discípulos ante la cátedra Divina, ¿pensáis que os vaya a dejar solos cuando cese mi Manifestación a través del portavoz? No, hijos míos, vuestra madre os sostendrá en la prueba. En los días en que os sintáis solos y me creáis ausente, aunque esté más cerca que nunca de vosotros, su amor os ayudará a sentiros fuertes y a penetrar en el verdadero sentido de mi Enseñanza.

Yo soy semilla de eternidad, María es el riego Divino. He ahí al Padre y a la Madre velando por su Obra; junto a la Palabra del Maestro está su Palabra de Madre; ante la presencia del Juez, Ella es la intercesora.

Amadla e invocad su nombre y sentiréis su Presencia. En verdad os digo que María vela por vosotros y os acompaña eternamente.

Si la buscáis en la soledad de la noche, allí en el Cosmos, encontraréis su imagen. Si la buscáis en la fragancia de las flores, allí la hallaréis y en el corazón de vuestra madre también la tendréis. María es la esencia femenina Universal que podréis descubrir en todas las obras de la Creación. Ya podréis comprenderme cuando os hablo de mi Amor hecho hombre y de mi Ternura hecha mujer. En verdad os digo que doquiera se manifieste mi Espíritu, ahí estarán presentes el amor y la dulzura de María.

En este tiempo os envío mi Luz, para que levantéis en vuestro corazón un santuario y dediquéis vuestra más tierna ofrenda a vuestra Madre Divina, entonces llevaréis dignamente el nombre de Marianos.

En aquel tiempo, Juan, mi discípulo, vio en forma de símbolos los grandes misterios Divinos. Después de una gran señal, contempló a una mujer vestida de sol y la luna debajo de sus pies y sobre su sien había una corona formada por doce estrellas. Aquella mujer sentía dolores de parto y cuando el dolor era más intenso, vio Juan a la maldad en forma de dragón acechándola, esperando sólo el nacimiento del hijo para devorarlo. Era María en el Tercer Tiempo, próxima a dar a luz al pueblo Mariano y la maldad acechándolo en el momento de su nacimiento.

Hoy os digo: el pueblo Mariano ha surgido ya sobre el haz de la Tierra y se encuentra recibiendo su escudo y su espada de amor, para penetrar en la gran batalla.

¿Veis cómo la misión de María no terminó en el Segundo Tiempo? A Ella le está reservada una nueva Era, en la que hablará de ESPÍRITU A ESPÍRITU a la humanidad.

Habéis reconocido que esta palabra viene de Mí y buscáis también el calor y la ternura del amor maternal. ¿No habéis percibido en esta Enseñanza del Maestro la caricia y el amor de la Madre? Sí buscáis a María, la encontraréis en mi Palabra, la que os bendice y acaricia a cada instante.

En Mí hablan el Padre y la Madre, en Mí hablan todos los amores. Si me buscáis en mi Verbo que he derramado en todos los tiempos, encontraréis todo lo que ambicionáis. No habrá vacío en vuestro corazón, en Mí encontraréis al Padre, al amigo, al hermano, al maestro, más también a la madre. Yo soy el amor perfecto, el amor de los amores.

Vosotros buscáis a María como intercesora, la invocáis en vuestras penas y su amor desciende sobre todo el género humano.

Amparaos en su ternura. Yo le he confiado a la humanidad como una hija y Ella siempre ha velado por su salvación. Los ojos que se han preparado para mirar desde la Tierra los Valles Espirituales, la ven descender de la escala de perfección a vuestro mundo llena de gracia, y los corazones sensibilizados por mi Palabra sienten su presencia. Doncellas, esposas y madres, que tenéis el corazón traspasado por el dolor, por la ausencia de un ser amado, nombrad a María, vuestra dulce consejera, amadla con el pensamiento, recibidla en el espíritu y seréis consoladas.

Cuando os levantáis por los caminos para predicar mi Enseñanza, tropezaréis con duros corazones que han cerrado su puerta, para no dejar penetrar ni el amor de María ni su nombre. Para muchos esa esencia sublime no existe. ¿Qué haréis? ¿Vais por la fuerza a derribar aquella puerta para hacer penetrar la Enseñanza Mariana en ellos? ¡No!

Os he dicho que solamente vais a exponer mi Obra, a presentar mi Lección, pero hablaréis en una forma tan elevada, con tanto corazón y tanta verdad, que muchos de aquellos espíritus reacios se convertirán y dirán: En verdad, el espíritu de la Madre flota en el universo, la Doctrina es clara y comprensible, como una fuente de vida que invita a beber, pero nadie está obligado a tomar de ella.

María, a los pies de Jesús en el madero, estuvo sin exhalar una sola queja ni un reproche para esta humanidad. Por eso ante el Padre fue grande como mujer y como Espíritu, porque es la esencia de la maternidad Universal que existe en Dios. En esta hora bendita dejo ese amor impreso en vosotros, porque sois el pueblo Mariano del Tercer Tiempo, que hará reconocer a la humanidad presente y de los tiempos futuros, la existencia de ese amor, de esa fragancia, de esa ternura infinita, de esa intercesión y de esa virginidad incomprendida por los hombres.

A Ella, que está en Mí y en toda la creación, mi Voz le dice: ¡Quedad siempre como Madre Universal! Y a vosotros, que representáis a la humanidad de éste y de otros tiempos, os digo: ¡He ahí a vuestra Madre!

¡Mi paz sea con vosotros!

El Divino Maestro

EL DIVINO MAESTRO

Venid a Mí. Soy Cristo, el amor eterno, el faro luminoso que desde el principio alumbra todos los senderos.

Los profetas anunciaron la venida del Mesías y mantuvieron encendida la esperanza en los corazones. Cuando fue llegado el tiempo, me mostré al mundo a través de Jesús. ¡No todos los que me escucharon aceptaron que fuese el Verbo Divino, cuya presencia abarca todas las Eras! ¿Cómo iban a reconocer al Salvador en el humilde nazareno, sencillo y amoroso, si ellos lo esperaban arrogante y soberbio?

Ahora sabéis por qué Jesús, aun diciendo que nada podía hacer si no era Voluntad de su Padre, en realidad todo lo podía, porque fue obediente y porque se hizo siervo de la Ley y de los hombres. Él sabía que esa humildad, esa unidad con el Padre, lo hacía todopoderoso ante la humanidad. ¡He ahí la transfiguración que da el amor, la humildad y la sabiduría!

¿Quiénes me reconocieron en aquel tiempo? Los pecadores, a quienes perdoné, los hambrientos y sedientos de justicia, los ansiosos de verdad, de espiritualidad, a quienes manifesté mi Sabiduría y mi Amor. ¿Quiénes no me reconocieron? Los poderosos de la Tierra, los teólogos, los fariseos, y para muchos que no creyeron ni me reconocieron, mi Palabra fue causa de confusión.

Yo os digo en verdad que no sólo descendí para dar vista a los ciegos, limpiar a los leprosos o resucitar a los muertos. Vine en busca del espíritu adormecido de los hombres, para levantarlo a la verdadera vida y entregarle el más preciado tesoro: la verdad.

Cuando Jesús tuvo que enfrentarse a las preguntas y juicios de los incrédulos, dio cátedra de verdadero saber, porque en Él brillaba la luz del Padre y de sus labios brotaba la palabra poderosa que no se aprende en el mundo.

Hoy os habla el Verbo, el mismo que habló en Jesús en aquel tiempo, porque el Verbo es omnipresente; lo mismo se manifestó por boca de profetas y apóstoles, como ahora lo hace por estos portavoces. Y cuando hayáis penetrado en el tiempo de la elevación, lo hará directamente a través de vuestro espíritu.

Jesús hombre, nació, vivió y murió; mas respecto a Cristo, Él no nació en el mundo, ni murió, porque Él es el Espíritu del amor, la Palabra Divina, la Sabiduría y la Vida eterna.

Nuevamente vengo a mostrar mi mansedumbre y mi amor. En aquel tiempo, para daros pruebas de humildad en Jesús, hube de llamarme “el Hijo del Hombre”. Ahora, no es Jesús de Nazaret el que se presenta delante de vosotros, es Cristo, el Maestro en Espíritu, el que se manifiesta con gran majestad.

La noche en que nació Jesús, fueron los corazones de los humildes y sencillos pastores de Belén, los que rebosaban de alegría al saber de la llegada del Salvador. Mientras mi Espíritu se llenaba de gozo por haber venido a morar entre los hombres, los que tenían en sus manos las profecías que hablaban del Mesías, dormían profundamente, insensibles a mi Presencia, ajenos a los acontecimientos de ese tiempo. Ahí empezó mi calvario.

Me limité en aquel cuerpo, viví como hombre, cumplí las Leyes Divinas y humanas y sentí los rigores de esa vida; trabajé para labrar el pan, pero sobre todos esos deberes, entregué al mundo mi Mensaje de amor y sabiduría.

Aquella carne en que viví, fue obra del Espíritu Santo. Este misterio pertenece a mis Íntimos juicios. Yo os digo en verdad que las Obras Divinas no pueden ser juzgadas por la mente humana.

Ya sabéis que el Espíritu Divino es inmortal, mas aquella carne fue limitada, sensible al dolor físico y mortal por naturaleza; por eso elegí ese medio para manifestarme al mundo y ofrecerle mi vida, mi ejemplo y mi sacrificio verdadero, y enseñarle el camino que conduce a la salvación.

Os había sido prometido el Salvador en un hombre justo, limpio y puro, era natural que su cuerpo proviniese de un seno casto. La promesa fue cumplida en María, llamada bendita entre las mujeres, quien dejó en la humanidad su ejemplo y su ternura. Aquel pueblo tuvo conocimiento de que el Mesías había sido concebido por gracia Divina.

Dejad de escudriñar la encarnación de Jesús; ese estudio no os revelará la sutileza de ese cuerpo: perfecto, pero humanizado y sensible.

Si todas las maravillas de la naturaleza, son la materialización de pensamientos Divinos, ¿no pensáis que en aquel cuerpo se plasmó un pensamiento sublime del amor del Padre?

Jesús consagró su infancia y su juventud a la oración y a la caridad, en tanto llegaba la hora de anunciar la proximidad del Reino de los Cielos. Jesús niño dejó asombrados a los doctores de la Ley; Jesús predicador os legó grandes revelaciones para todos los tiempos; Jesús redentor, selló sus palabras con su sangre y su sacrificio.

Buscad la esencia de mi Palabra de aquel tiempo y decidme si ella puede proceder de alguna doctrina o ciencia humana. Yo vine a enseñar lo que no era conocido en la Tierra; si hubiese tomado la sabiduría de los hombres, de aquellos maestros hubiese entresacado a mis discípulos y no de hombres rudos e ignorantes para formar mi apostolado.

Me preguntáis qué puedo deciros de las doctrinas y filosofías de aquellos pueblos y Yo os digo que son inspiraciones del espíritu, pero no mi suprema verdad.

Durante mi predicación, supe estrechar la mano del amigo, me recreé con la gallardía y nobleza del mancebo y con la pureza de corazón de la doncella. Me llené de satisfacción al contemplar la abnegación y el sacrificio de las madres y la fortaleza de los hombres. Os enseñé el amor a Dios y el cumplimiento de su Ley; os dije cómo debíais amar a vuestros padres, a vuestros hermanos y a vuestros hijos; os hablé del amor entre esposos; os mostré el camino limpio del trabajo, del respeto y la caridad de los unos a los otros. Os invité a vivir en perfecta comunión con el Padre y en armonía con la naturaleza. Cuando los pequeñuelos venían a Mí y me abrían su corazón para pedirme alguna gracia, Yo les acariciaba y bendecía. Y cuando mis discípulos trataban de apartarlos, creyendo que con su presencia me faltaban al respeto, hube de decirles: Dejad a los niños que vengan a Mí, porque es menester que tengáis su pureza y sencillez, para que seáis dignos de penetrar al Reino de los Cielos.

¡Ah, si los hombres hiciesen mi Voluntad imitando a Jesús, qué grandes y hermosas serían las manifestaciones de vuestro espíritu, en obras, palabras y pensamientos!

En aquel tiempo fui el Sembrador y aún sigo cultivando mi Simiente. Después vendré por el fruto para deleitarme eternamente y no volveré a decir: “Tengo hambre” o “Tengo sed”, porque al fin seré amado por mis hijos como Yo les amo.

Mi Palabra de ahora no borrará la que os di en aquel tiempo. Pasarán las Eras, mas las palabras de Jesús no pasarán. Hoy vengo a explicaros el contenido espiritual de las enseñanzas que no lograsteis comprender.

A través de Jesús os enseñé a dar a Dios el culto que a Él corresponde y también al mundo un tributo: el cumplimiento de sus leyes. Para los hombres de hoy nada más existen deberes materiales y a su Señor nada tienen que ofrecerle; si al menos dieseis al mundo lo justo, vuestras penas serían menores, pero habéis dictado leyes que os han convertido en esclavos y os debilitan sin daros nada a cambio.

Yo vine a probaros la fuerza del amor, mi Doctrina y ejemplos quedaron impresos en vuestra conciencia; con amor vencí al dolor y a la muerte. Jesús, el Cristo, en su perfección, dominó la materia y por eso realizó los milagros que conocéis. Era el Espíritu el que a través de aquel cuerpo se manifestaba. Evolucionad, para que también dobleguéis a la materia y vuestro espíritu se manifieste a través de ella.

Jesús os enseñó a practicar la caridad y la mansedumbre, a gozar de vuestras sanas alegrías, a perdonar a vuestros enemigos, a respetar a vuestros semejantes, a huir de la mentira y amar la verdad.

Cuando bendije unos cuantos panes y peces y los hice repartir, la escasa provisión alcanzó para todos. Ése fue un milagro de amor, una lección inmortal para la humanidad materializada de todos los tiempos.

Cuántos milagros de amor y cuántos prodigios de fe hizo Jesús entre las multitudes! Hoy os digo que no existe milagro que no tenga una razón lógica y natural. Nada hay sobrenatural ni contradictorio en la creación.

Conoced la Ley, amad el bien, conceded a vuestro espíritu la santa libertad de elevarse espiritualmente y me estaréis amando. ¿Queréis un modelo perfecto de cuanto debéis hacer para llegar a Mí? Imitad a Jesús, amadme en Él, buscadme a través de Él: venid a Mí por su Divina huella, mas no cambiéis por formas o ritos la práctica de sus Enseñanzas, amadme en el Maestro de sabiduría.

Jamás ofrecí a los pobres una moneda porque no la tuve, sin embargo, Yo les brindaba la salud que a ningún precio habían encontrado y les llevaba al camino de la luz, del consuelo y la alegría.

Muchos de los que fueron en busca de Jesús con la esperanza de recibir riquezas del mundo o poderes temporales, se sintieron defraudados al ver que el Rey que los profetas habían anunciado que salvaría a aquel pueblo, no llevaba corona ni cetro y sus manos estaban vacías.

Si queréis meditar sobre mi manifestación en cuanto hombre, recordad mis Enseñanzas, mis Obras, para que reconozcáis la lección de amor que os di al hacerme semejante a vosotros, después, mediante la práctica de las virtudes, os elevaréis para ser semejantes a Mí.

Fue hasta después de mi ascensión, cuando los hombres comenzaron a comprender que el Cristo anunciado por los profetas era el que había hablado en Jesús. Por eso vuelvo a deciros que Cristo no nació en vuestro mundo, porque Él es antes de todos los mundos; quien nació fue Jesús, el hombre, el cuerpo bendito que fue mi instrumento e intérprete, para que la humanidad pudiese verme y escucharme.

Discípulos amados: Hoy es otro lugar del mundo donde me presento, pero sois el mismo pueblo, los mismos espíritus. Ahora no me rodean aquellos discípulos amados, hoy son muchedumbres a las que estoy preparando. A vosotros que sois mis nuevos discípulos, os digo: Lo que veáis que hago con vosotros, hacedlo con vuestros hermanos, nunca os creáis los primeros sino los últimos. Si en aquel tiempo los hombres se maravillaron de la humildad en que nací, en este tiempo también se sorprenderán cuando sepan el medio humilde que elegí para entregaros mi Palabra.

Cristo es el AMOR; ese amor no está ni antes ni después de ninguna otra potencia, está fundido en todas, para formar lo absoluto, lo divino, lo perfecto.

El que os habla, es el mismo Maestro que en el Segundo Tiempo os prometió un reinado de paz, de amor, de ventura y justicia. Soy el mismo Cristo que ha manifestado la verdad a través de los tiempos, porque mis Lecciones son eternas e inmutables. Así como una sola es la verdad, una sola es la esencia Divina que os he dado en las diferentes Eras, así la llaméis Ley, Doctrina o Revelación.

Mi Doctrina os enseña que mientras más se posee, más se está obligado a dar, y que mientras mayor se es, más humilde se debe ser. En este Tiempo el triunfo será de quienes imiten a Jesús en sus obras, porque las armas con que lucharéis, serán las mismas que os mostró en aquel tiempo.

Si os dije: “Yo soy la luz del mundo”, quiero que vosotros seáis también un faro de luz en la vida de vuestros hermanos, que vuestra presencia sea benéfica siempre y vuestra influencia saludable, que vuestros pensamientos sean limpios y vuestros sentimientos sanos. Ya veréis entonces cuán fácil es la vida, qué llevadera la lucha en la Tierra y qué grato servir a vuestros semejantes. Entonces habréis llegado a ser, por méritos, LOS HIJOS DE LA LUZ.

Mientras estéis en el mundo, recordadme en la cruz perdonando, bendiciendo y sanando a mis verdugos, para que en vuestro camino bendigáis a quienes os ofendan y hagáis todo el bien que podáis a quienes os hayan causado mal. Quien obre así, será mi discípulo y sus dolencias serán breves, porque Yo le fortaleceré en las pruebas.

Yo me mostré en aquel tiempo como el Dios de las obras, no sólo de las palabras. Ahora os digo: La sangre del Cordero no sólo trazó el sendero de evolución a los seres de este mundo, sino también a los del valle espiritual. Cumplida la misión de amor de Jesús, su cuerpo fue sepultado para dar término a su misión en cuanto hombre, pero las entrañas de la tierra no podían guardar aquel cuerpo que no les pertenecía; aquellas células que sólo vibraron para amar, se esparcieron en el infinito para caer después como lluvia de vida sobre toda la humanidad.

La Tierra no conserva ninguna huella material de su paso, porque fue mi Voluntad borrar toda señal; quise que el recuerdo de mi Palabra quedase plasmado en la conciencia de mis hijos, que el camino de amor, de luz y sacrificio que os tracé, quedase grabado en el espíritu, en lo más puro de cada hombre.

Os he recordado lecciones de aquel tiempo, para que las unáis a mis nuevas Revelaciones y con ellas iluminéis a la humanidad.

Después de mi partida los hombres me reconocieron, mi semilla germinó y se extendió a otras naciones, mis perseguidores fueron después mis discípulos.

Con cuánta dulzura y amor propagaron mi Doctrina los primeros maestros del Cristianismo. La fuerza de su palabra estuvo en la verdad de sus obras. El testamento que les confié fue para los hombres de todas las razas. De ese pueblo surgieron apóstoles y mártires que hicieron vida ejemplar, que supieron sembrar la semilla de amor que iluminó la vida de la humanidad. Una nueva Era se iniciaba, un camino claro se abría para todos: la senda que conduce a la perfección.

La Doctrina de Jesús conmovió las raíces más profundas del corazón humano, jamás fue tan clara la Ley de Dios, ni tan comprensible para todos. Al hombre le parecía vivir en un mundo antes desconocido, porque viendo no miraban y oyendo no escuchaban. Pero llegué a darles la vista y el oído, la voz, la voluntad y el entendimiento, para que su espíritu se liberara de las ataduras de la carne y pudiera cumplir su alta misión.

Hoy os digo, que si no podéis hacer obras perfectas como las que hice en Jesús, al menos os esforcéis en vuestra vida por acercaros a ellas. A Mí me basta contemplar un poco de buena voluntad para imitarme y algo de amor a vuestros semejantes, para que os ayude y manifieste mi Gracia y mi Poder en ese momento. Cuando entre vosotros empiecen a surgir aquéllos que, impasibles ante la injuria, amen y perdonen al que les ha herido, entonces estaréis en el principio del reinado de Cristo.

Cuando el hombre, cansado de luchar y sufrir, sienta que ya no tiene fuerzas para salvarse a sí mismo, verá maravillado que del fondo de su misma flaqueza, de su desesperación y desengaño, surge una fuerza desconocida que emana del espíritu, el que, al liberarse, se levantará de su mundo de vanidades, egoísmo y mentira, para decir: Ahí está Cristo, Él vive, en vano hemos querido destruirle, vive y viene a salvarnos con su amor.

Casi veinte siglos han transcurrido desde que el mundo dejó de escucharme, sin saber que ni un instante me he apartado de él ni he dejado de hablarle un solo momento.

“Amaos los unos a los otros”, fue el último mandamiento que dejé a mis discípulos de aquel tiempo. En él, reuní todos los preceptos, todas las máximas y proverbios, para que supieseis que el amor es la fuerza que rige la vida.

Ya sabéis que Cristo, el Amor Divino, es el mismo Padre. Jesús fue el hombre perfecto que os trajo mi Mensaje de Sabiduría. Él fue la más alta expresión de la espiritualidad: por eso es llamado EL DIVINO MAESTRO.

¡Mi paz sea con vosotros!

Libre albedrío

EL LIBRE ALBEDRÍO

En el espíritu del hombre, la criatura predilecta, he puesto mi Luz Divina y lo he cultivado con amor infinito.

Os hice libres para que fueseis semejantes al correr de las aguas, al crecer de las plantas y al cantar de las aves; no para que tomaseis los caminos del mal, sino el de vuestro perfeccionamiento por medio del amor y la perseverancia en el cumplimiento de la Ley.

La razón para dotaros de libre albedrío fue el amor. Quise sentirme amado por mis hijos, pero no por ley sino por sentimiento espontáneo que brotara libremente de vosotros.

Yo podía haberos obligado a cumplir mis Mandatos, pero en ello no habría mérito alguno. He dejado que las pruebas de la vida sabiamente os marquen el camino con su certera enseñanza, en las que el dolor, como un maestro, os guíe y la luz de la conciencia os lleve a conocer y a aceptar vuestro destino.

En mi Amor infinito os di libertad y permití que escudriñaseis mis Obras; dejé que tomaseis de todo lo creado y a pesar de que habéis abusado de esa libertad, hoy vengo a haceros sentir mi Caricia y mi Perdón.

Concedí al hombre libertad de pensar y actuar, para que se sintiese dueño de sus actos y cumpliera la Ley por convicción; quise que sus méritos fueran legítimos.

Estáis en la Era de la luz, tiempo en que habréis de romper las cadenas que os han atado y en el que podréis extender las alas de vuestro espíritu para volar libremente hacia el infinito en busca de la verdad.

¿Quiénes son los que han forjado en el mundo las cadenas para los espíritus? ¿Quiénes los que cautivan y atemorizan a los hombres con amenazas y anatemas? Los malos ministros y guías espirituales de la humanidad, quienes se dejan sorprender por el materialismo para conducir por falsos caminos al espíritu del hombre.

Meditad profundamente sobre la finalidad de mi nueva manifestación y quedaréis convencidos de que vengo a liberaros de los señores del mundo y también de las cadenas de la ignorancia y del fanatismo.

Os concedí la libertad del espíritu desde el instante en que brotasteis de Mí. Siempre he venido a proponeros mi Ley de Amor, nunca a imponerla. Jamás he castigado a un espíritu porque no me ame o porque no cumpla mis Mandatos. Yo nunca castigo a mis hijos, solamente los pruebo, los amonesto y les proporciono los medios para su redención.

En aquel tiempo en que me humanicé en Jesús, no obligué a los que me escucharon a que creyeran en Mí ni opuse resistencia cuando me juzgaron. Dejé que hicieran su voluntad para después hacer la mía sobre ellos.

Espiritualidad es libertad. Los que me escuchan ahora y han comprendido el sentido de esta Doctrina, se sienten libres para luchar contra todo prejuicio y dar testimonio de que éste, es el tiempo en que Dios ha venido a establecer nuevamente comunicación entre Él y el hombre.

Muchos me escuchan con júbilo en su corazón, pero hay quienes al oír mi Palabra se sienten invadidos por una gran tristeza; éstos son los que, a semejanza de los israelitas en Egipto, recuerdan su esclavitud y traen aún en su ser las señales del látigo, pero Yo contemplo su hambre de libertad y de luz y esto es lo que vengo a ofrecerles.

No os sintáis siervos o esclavos: sed libres para amar y trabajar dentro de mi Obra. Yo soy la luz que ilumina los caminos y vosotros los caminantes que elegís la senda. Podéis libremente escoger el camino, pero mi deber de Padre es mostraros el verdadero, el más corto, aquél que ha estado siempre iluminado por mi Luz.

El hombre ha vivido en el atraso porque teme pensar y creer por sí mismo. Prefiere someterse al criterio de otros, privándose así de su libertad para conocerme.

Cuando los hombres sometan su libertad a la conciencia y obren de acuerdo con la voluntad Divina, sentirán que la carga de la vida se hace ligera y que nada fatiga al cuerpo ni al espíritu.

Debéis saber que el libre albedrío y la influencia de la materia, representan una prueba a la que está sujeto vuestro espíritu. Si él ha sido vencido en todos los tiempos, su derrota no es definitiva, porque del fondo del abismo en que ha caído, se levantará cuando no pueda soportar más su hambre, su sed y su desnudez. Mas el dolor será su salvación y la voz de su conciencia lo mantendrá velando y buscando su regeneración. Entonces resurgirá fuerte y luminoso, ferviente e inspirado, utilizando nuevamente sus dones y potencias, pero ya no con la libertad de aplicarlos al bien o al mal, sino consagrándolos tan solo al cumplimiento de las Leyes Divinas.

Todo lo creado por Mí es perfecto, armonioso y bello. Las flores de los campos me ofrecen su aroma: ése es su destino del cual no podrían apartarse porque les falta el espíritu y por lo tanto el don de la libertad.

Las aves me brindan sus cantos, mas no podían hacer algo distinto pues para eso fueron creadas y no poseen libre albedrío.

Cuando el hombre sea obediente a mi Ley de Amor como las aves y las flores, hará uso correcto del libre albedrío y no se desviará del sendero del perfeccionamiento. El espíritu ocupará el lugar que le corresponde y la materia también; ambos escucharán la voz de la conciencia y dejarán conducirse por ella; la armonía que existirá entonces en el hombre, será la misma que hay en todo lo creado.

He dado a mis hijos libertad para obrar y luz en la conciencia para tomar el buen camino, dones que están en el espíritu antes del nacimiento del hombre y después de su transición a la vida espiritual.

Mi Luz les ha hecho comprender que el espíritu es libre de creer, de ascender o descender, de acercarse o alejarse de Mí, porque es la forma de acumular méritos verdaderos ante su Padre.

No es éste un nuevo derrotero, sino una parte del camino que siempre os he trazado. Estudiad, penetrad en mis Palabras y reconoceréis que encierran verdad.

Quiero contemplar un pueblo sin ritos, reglamentos ni dogmas, que sepa conducirse por el camino recto y que viva dentro de mi Doctrina perfecta.

Vengo a libraros nuevamente de la esclavitud, de las tentaciones y los vicios que son como el faraón tirano y cruel que os ha cargado de cadenas. Esta nueva liberación mañana la celebrará la humanidad, pero no con festines sino con verdadero amor espiritual.

Hoy todavía el hombre necesita de ministros, de jueces y maestros, mas cuando sus condiciones espirituales y morales se hayan elevado, no necesitará ya de esos báculos ni de esas voces, porque dentro de él lleva un juez, un guía y un maestro.

A vuestro paso encontráis a los pequeños seres inferiores y decís: Padre, ¿por qué a ellos no les permites pecar y en cambio a tus hijos espirituales, que somos nosotros, si nos dejas hacerlo? ¡Ah, pequeños, que osáis formular tan insensatas preguntas a vuestro Señor! ¿Qué no miráis que esas criaturas sólo tienen una morada que es la Tierra y es justo que en ella tengan su gloria y su gozo? ¿No estáis viendo que las induce a cumplir su destino una fuerza que es la ley de la naturaleza? Si viven dentro de esa ley, tienen que gozar de cuanto ella encierra que es amor, bienestar, actividad y vida.

Yo os he sorprendido también envidiando la felicidad y la paz en que viven esas criaturas. Os he visto desear la alegría que existe en los nidos donde las aves han formado su hogar y os he oído decir: ¿Acaso esos seres merecen mayores bendiciones que los hijos de Dios? Estudiad mis Enseñanzas y encontraréis la respuesta.

El destino de los seres inferiores está en la Tierra; ahí empieza y ahí termina. En cambio, el destino del espíritu principió en Mí y no terminará en el mundo, porque cuando penetre en la vida espiritual, irá de una mansión a otra descubriendo nuevos mundos de sabiduría, amando y gozando más.

Vosotros los hombres tenéis la oportunidad de conocer algo que está más allá de la naturaleza material: la vida espiritual. Por eso vengo a señalaros el camino que debéis transitar dentro del libre albedrío. Siempre os diré que ese camino es de perfección, que no termina con la muerte corporal sino que se prolonga más allá de vuestra vida en el mundo.

Si analizáis estas enseñanzas, concluiréis por reconocer que todo vive, camina y crece bajo un mandato supremo. Llegaréis a descubrir también, que en medio de la creación surge el hombre, distinto a todas las demás criaturas, porque en él existen la razón, el libre albedrío y la voluntad.

Yo permití que la Ciencia descubriera que en toda la creación hay energía, movimiento y evolución y, ¿podría haberlo hecho el hombre si hubiera carecido de libertad para investigar, estudiar y meditar? ¿Podríais también haber reconocido esta comunicación espiritual si os hubieseis sentido vedados para estas manifestaciones?

A nadie he obligado a que abandone el camino que haya elegido. Al que ha querido escudriñar, se lo he permitido; al que ha deseado deleitarse se lo he consentido; mas a todos les he mostrado mi Ley, la única, para que no se extravíen de la senda señalada por Mí.

Ved cómo del mal uso del libre albedrío han provenido todos los errores, caídas y pecados de la humanidad; pero son equivocaciones pasajeras ante la justicia y la eternidad del Creador, porque después se impondrá la conciencia sobre las flaquezas de la materia y sobre la debilidad del espíritu.

Hoy los pueblos comen las migajas de la mesa de los reyes y señores, mientras éstos se engrandecen acumulando riquezas con el pan de sus siervos; pero siendo duros los mendrugos de los pobres, no son tan amargos como los manjares que comen los poderosos. Unos y otros son víctimas, por eso ha sido menester que venga a liberarlos.

¿Recordáis el cáliz de amargura que bebía Israel cuando gemía en la esclavitud de Egipto? Fue necesario que surgiera Moisés para llevarlo a la liberación. ¿Recordáis también cuando el pueblo se encontraba cautivo y humillado en su misma patria, y cómo estaban las demás naciones a la llegada del Mesías? También en este tiempo será preciso que antes de la liberación conozcan los hombres la miseria, la opresión y la injusticia, para que al fin se levanten a buscar una vida mejor.

Así como vuestro cuerpo para vivir busca el aire, el sol, el agua y el pan, también el espíritu necesita del ambiente propicio, de la luz y del sustento propios de él. Cuando se ve privado de libertad para buscar ese alimento, se debilita, se marchita y entorpece.

¡Ved cómo también el espíritu puede ser un paralítico! El mundo esta lleno de ellos, así como de ciegos, sordos y enfermos del espíritu. Si carecieseis de libertad para desarrollaros, no creceríais en sabiduría, en fuerza ni en virtud.

Cuando esta humanidad se despoje de su materialismo y comience a reconocer cuán alejada de Mí ha vivido, dirá desde lo más profundo de su corazón: ¡Cuán necios y torpes hemos sido al entregarnos voluntariamente a las pasiones para ser esclavos de ellas!

Yo he dado libertad al hombre, he iluminado su horizonte y le he apartado barreras y obstáculos que le impedían crecer, pero por tantos beneficios tiene también grandes responsabilidades.

Os dejo libres, caminad por donde mejor queráis, pero pensad que os conviene más transitar por la senda del amor y la verdad. Si mi Palabra a través del portavoz no os convence, buscadme donde me sintáis plenamente en vuestro corazón.

No temáis a la lucha por sembrar y extender esta enseñanza, ya muchos pueblos respetan el derecho sagrado de pensar libremente. Más tarde conocerán los hombres la libertad de espíritu, que hasta ahora no ha experimentado la humanidad.

Llegará el momento en que la confusión sea grande en el mundo y después de ese tiempo de pruebas, principiará el hombre a practicar la libertad espiritual.

La planta de los hombres pisoteará sus ídolos de ayer; desengañados destruirán sus recintos de vanidad, de pompa y falso esplendor. Los autores de obras doctrinarias que han confundido a la humanidad, las llevarán por sí mismos al fuego. Nadie podrá detener el torrente que habrá de formar la humanidad cuando se levante en pos de su libertad de pensamiento y espíritu.

Yo os anuncio que vendrán tiempos propicios para la espiritualidad. Hoy solamente encontráis obstáculos y cadenas que os impiden pensar, mas llegará la hora de la liberación espiritual para todos y entonces vuestro pensamiento y palabra serán como una corriente de agua cristalina que ha de bañar los campos de esta humanidad.

Ya está próxima vuestra liberación. En pos de ese ideal trabajan multitud de seres anhelosos de respirar un ambiente de fraternidad, pureza y salud.

He venido a librar de su yugo a los espíritus, comenzando por derrumbar tronos e imperios y hacer caer cetros y coronas. Sed libres, no busquéis aquí vuestro reino ni vuestra gloria; no hagáis de los humildes vuestros siervos ni seáis esclavos de la frivolidad. Aquí no está el reino de vuestro espíritu ni su galardón.

Israel se inmortalizó por liberarse del yugo del faraón; los cristianos por predicar la doctrina del amor. Así se inmortalizarán ahora los que practiquen la espiritualidad.

Todo el que se prepare sentirá mi Presencia en su espíritu y, al fin, el hombre obedecerá mi Ley, entenderá el libre albedrío y hará obras justas.

Cuando améis la verdad, será bella vuestra existencia y cuando logréis esa santa libertad que he venido a otorgaros, viajaréis con el pensamiento a través de mundos, espacios y cielos.

Es mi Espíritu el que habla al Universo. Vengo a hacer luz en donde visteis misterios en otro tiempo: es la aurora de un nuevo día para todos los hombres. Vengo a salvaros de falsos temores, a destruir vuestras dudas y a haceros libres de entendimiento y espíritu. Ésta es mi Voluntad.

¡Mi paz sea con vosotros!

La Conciencia

LA CONCIENCIA

Yo doté a vuestro espíritu de fuerza, inteligencia y voluntad. En mi Amor infinito le confié un cuerpo para que, a través de él, encontrase el medio eficaz y perfecto para desarrollarse.

Como Padre previsor, sabiendo que surgiría en el interior del hombre la lucha entre el bien y el mal, encendí en él una luz que a lo largo de la vida fuese su juez interior que valorizara cada una de sus obras, su consejera y guía que lo orientara siempre al bien. Esa Luz es la conciencia.

Ahí tenéis las tres partes que forman al hombre, sus tres naturalezas: cuerpo, espíritu y conciencia, en una unión perfecta, en la que el espíritu triunfará ante las pruebas, las pasiones y tempestades del mundo y llegará a poseer el Reino espiritual.

En la conciencia tenéis la chispa Divina que jamás se apaga, al juez a quien no se puede sobornar, al faro que nunca cambia de sitio, al guía que jamás equivoca el camino. Ante la debilidad de la materia, está la fortaleza del espíritu guiado por esa luz que es Amor, Sabiduría y Justicia.

Si os hubiese negado uno solo de esos atributos, no tendría derecho a reclamar los errores cometidos en vuestra vida; por eso debéis saber que no podría existir un ser humano, que no estuviese dotado de espíritu y conciencia.

¿Por qué no siguió el hombre desde su principio los dictados de esa voz Interior? porque no había evolucionado todavía para comprender y cumplir los mandatos que ella le inspiraba y, en esa forma, dominar las pasiones de la materia.

El que obra mal, no es que carezca de oídos para percibir esa voz: los ha cerrado para no escuchar su propio juicio. No es que no tenga ojos para contemplar el buen camino, voluntariamente se hace ciego para caminar y tomar un sendero que ha creado bajo su voluntad.

Después de mucho luchar, se doblegará la materia ante la verdad eterna. El hombre al fin alcanzará la sensibilidad espiritual que hasta ahora no ha logrado. Hacia ese punto marcháis todos sin daros cuenta, mas cuando miréis en la Tierra el triunfo del bien y la justicia, entenderéis el porqué de tantos combates y pruebas.

No os sintáis débiles, ignorantes o enfermos. No sois pequeños, puesto que lleváis la fuerza y la luz de que os doté: no sois inocentes porque a través de la conciencia os dais cuenta perfecta de lo que hacéis. Y si os sentís enfermos, es porque os habéis alejado de las principales fuentes de vida: la comunicación espiritual conmigo y el contacto con la naturaleza.

¿Quién guía, orienta y aconseja al espíritu durante su libre trayecto en el mundo, para no perderse en el camino? La conciencia.

Cuando el hombre ha descendido al abismo, hasta allí le ha seguido esa voz interior, que pronto se hará oír en el mundo con una fuerza tan grande que no la podéis imaginar.

Os alejasteis de Mí en virtud de vuestro libre albedrío, pero retornaréis inducidos por la conciencia.

Doquiera estéis, me tenéis en vosotros: todos lleváis en lo más íntimo un altar Indestructible. El tabernáculo es el espíritu y el arca la conciencia, ella es como un templo que nadie podrá profanar, en el que habito y de donde sale mi Voz. Allí está mi Ley iluminando al hombre.

No vayáis a transformar ese santuario en tribunal, porque vuestro dolor será muy grande.

Ante ese altar interior lloráis vuestras faltas y malas obras, arrepentidos por la desobediencia a mis Enseñanzas. Allí se destruirá vuestra arrogancia y dejaréis de consideraros superiores por la raza o el poder humano. Entonces vendrán las renunciaciones y la restitución, y, como fruto legítimo de las obras de amor y humildad, la paz.

El hombre nunca ha sabido penetrar en ese santuario, porque al cuidar su personalidad, procura los medios de evadir la voz sabia que le habla en todo momento. Cuando el espíritu sepa elevarse sobre su materialidad, podrá al fin detenerse ante el umbral de ese templo y postrarse, oírse a sí mismo, examinar sus obras y escuchar interiormente mi Voz que le habla como padre, como maestro y como juez.

La hora del examen de conciencia se acerca para toda la humanidad: allí estarán los sabios, los teólogos, los científicos, los poderosos de la Tierra, los ricos y los jueces, preguntándose a sí mismos cuál ha sido la obra espiritual, moral o material que han realizado. Ellos reconocerán que a pesar de la gloria que tuvieron en el mundo, les faltaba algo para llenar el vacío que había en su espíritu, el que sólo puede alimentarse con los frutos de una vida espiritual fecunda.

¿Cuáles son las facultades y atributos que permiten al hombre escuchar la voz de su conciencia? La intuición, la razón y los sentimientos.

Yo os digo: vivid de acuerdo con esa voz interior para que, llegado el instante de vuestro juicio, podáis responder de vuestros actos. De Mí no esperéis castigo. Cada quien es su propio juez. Sed por lo tanto jueces de vuestras acciones, sabiendo que la voz de la conciencia siempre os hablará con verdad. Ella os hará comprender si sois lentos para caminar, si vais de prisa o si estáis estacionados; pero por mucha comprensión que tengáis del valor de vuestras obras, en ese juicio definitivo sólo el Padre, que es el supremo Juez, podrá dar el fallo.

Meditad unos momentos cada día, juzgaos y formad un propósito de mejoraros. Servidme y estaréis en paz con vuestra conciencia.

Si aún haciendo ese diario examen no tomáis el buen sendero, seréis responsables de vuestros errores y tropiezos.

Cuando os alejáis del camino y olvidáis vuestra misión, sentís una inquietud que no os deja punto de reposo. Esa intranquilidad, nace del reclamo de vuestra conciencia, en la que están escritos indeleblemente mi Ley y vuestros cargos. Intimad con ella, es la voz amiga, dejaos conducir por ese guía interno y de cierto os digo que vendrá a vosotros una profunda paz y una satisfacción verdadera.

Los tiempos en que necesitabais de un guía espiritual en el mundo, han pasado; desde ahora, todo el que penetre en este sendero no tendrá más camino que el de mi Ley, ni más guía que su propia conciencia. Pero no por eso dejará de haber varones y mujeres de gran luz y fortaleza, que ayuden con su ejemplo e inspiración a sus hermanos.

No vengo a juzgaros por vuestros actos, sino por la intención con que los realizáis. Estoy en vuestra conciencia y más allá de ella. No vayáis nunca a cerrar vuestros oídos a esa voz, porque podría abrirse un precipicio ante vuestros pies y ya puestos en la pendiente seria difícil que os detuvieseis.

Cuando acariciáis a un niño desvalido, socorráis a un necesitado o protegéis a un indefenso, ¿no habéis escuchado interiormente una voz que os bendice y anima a continuar por esa senda? ¿De dónde proviene ella?, de la conciencia, en la que está la luz del Padre que premia al hijo cuando sabe imitarlo. ¡Dejad que esa voz os dicte siempre la forma en que debéis entregar la caridad, y si en ella va la necesidad de despojaros de algo vuestro, no os duela hacerlo! Tended la mano a quien lo necesite y sentiréis la dicha en vuestro espíritu.

Velad por vuestras obras, palabras y pensamientos; que no sea el hombre el que juzgue vuestras imperfecciones, sino el Maestro el que os corrija.

Fortaleceos en mi Palabra, para que lleguéis a mirar con verdadera caridad a vuestros hermanos y no seáis jueces del pecador, del vicioso, del fanático, porque recordaréis mis Palabras de aquel tiempo: el que se encuentre limpio de culpa, que arroje la primera piedra. Debo deciros que vuestra responsabilidad crece a medida que aumentan vuestros conocimientos, porque vais siendo cada vez más sensibles a los dictados de esa voz que es fuego de amor que consume toda impureza. No vengo a reclamaros: la conciencia será la que señale las faltas o méritos de vuestras obras. Si no queréis caer en errores en la práctica de mi Doctrina, analizad vuestros actos por medio de ese juez infalible; orad y meditad y él os hablará con verdadera sabiduría; si os reclama, buscad la mancha y borradla.

¡Cuán fácil será para los hombres entenderse, cuando penetren en meditación y escuchen la voz de su razón superior, a la que no han querido oír! Ya no tarda mucho la victoria absoluta de la conciencia.

La conciencia no quedará en la Tierra, sino vendrá con el espíritu para mostrarse ante él como un libro de sabias y profundas lecciones. Ella será semejante a una espada de luz que luchará denodadamente, impidiendo que el espíritu se turbe. Cuando él se serene y pueda juzgar su pasado, una sucesión de mirajes pasarán por su memoria espiritual y sabrá distinguir lo justo y provechoso de lo falso e impuro.

Después de analizar todos los actos de vuestra vida, ninguno se sentirá juzgado con exceso de rigor o sobra de benevolencia. Muchas de vuestras obras que en el mundo os habían parecido perfectas, dignas de ser presentadas al Señor, os resultarán pequeñas en ese juicio. ¿Quién hizo justicia entonces? ¿No fue el mismo espíritu quien formuló su juicio?

¡Cuánto anhela el Padre que todos os sintáis delante de Mí como hijos muy amados y no como reos! Siempre que dejáis la Tierra y os presentáis a darme cuenta del cumplimiento de vuestra misión, os sentís abatidos bajo los cargos que os hace la conciencia. Ya es tiempo de que lleguéis entonando un himno de triunfo, para que podáis decir a vuestro Padre: -Señor, todo está consumado.

Mi Lección está siendo escrita en vuestra conciencia: ahí está el arca que guarda mi Ley. Y cuando los tiempos pasen y estas horas de recreo espiritual que tenéis con vuestro Maestro queden distantes, la esencia de mi Palabra vibrará llena de vida en vuestro espíritu, fresca, palpitante de amor y sabiduría.

Mi Voz está llamando a las grandes multitudes, porque para muchos espíritus se está acercando el final de su peregrinaje. Ese abatimiento, ese hastío, esa tristeza que llevan en el corazón, son la prueba de que anhelan ya una morada más alta, un mundo mejor; pero es necesario que la última etapa de su vida en la Tierra, la vivan obedeciendo los dictados de la conciencia, para que la huella de sus pasos sea de bendición para las generaciones venideras.

La conciencia será por fin escuchada y obedecida; los llamados del espíritu serán atendidos; los anhelos espirituales serán tomados en cuenta y respetados, y en todas partes brillará el deseo ferviente de conocer a Dios y sentirlo, de acercarse a Él y no separarse más.

¡Cuán lejos de la realidad se encuentran en estos momentos millones de seres que sólo viven para su presente material! ¿Cómo podrán abrir sus ojos a la realidad? Solamente escuchando esa voz interior que, para ser oída, requiere de la concentración, de la meditación y la oración.

Si escucháis la voz de la conciencia como os he enseñado, vuestra comunión conmigo será eterna: no habrá nada ni nadie que aleje a los discípulos de su Maestro.

Esa voz siempre os guiará al bien, mas si escuchaseis una que os guiase hacia el mal, ésa no es la de vuestra conciencia, es la voz de vuestras pasiones que os inspira la materia.

Confesaos delante de Mí, ante quien no podéis ocultar una sola de vuestras faltas, y sentiréis a través de la conciencia mi Divina absolución. El hombre volverá a oír mi Voz que lo invita a cumplir la Ley para morar conmigo: ése es el único camino para llegar a Mí.

Las puertas del Reino se encuentran abiertas en espera de todo el que quiera penetrar en él. Bendito el que busca estar en paz consigo mismo. Bendito el que siembra la semilla de la paz en su camino.

Tened siempre presente esta enseñanza, elevad la razón a la altura de la conciencia, porque sólo ella conoce la esencia del espíritu. Si así lo hacéis, vuestra existencia en la Tierra será un perpetuo edén.

¡Mi paz sea con vosotros!

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