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El Diablo y el Infierno no existen

El Diablo y el Infierno no existen

He aquí una más de mis lecciones, mas para que la comprendáis mejor, analizadla con vuestro espíritu y no tanto con vuestra mente.

Ya es tiempo que interpretéis justamente el contenido de todas mis parábolas y enseñanzas que por medio de símbolos os he revelado. Quienes se han aproximado más a la verdad, son los que han encontrado el sentido espiritual de mis enseñanzas. A causa de la interpretación material que las mentes humanas han dado a mis revelaciones, muchas creencias sobre la vida espiritual están tan alejadas de la verdad.

¿Cómo podrán los hombres dar así una justa interpretación a lo que he llamado «Reino de los Cielos? ¿Cómo podrán conocer mi justicia, mientras crean que existe un infierno como el que su imaginación a forjado?

Mi palabra no desciende a atacar creencia alguna, solamente viene a explicar el contenido de todo aquello que no ha sido debidamente interpretado y que por lo tanto, ha producido confusiones que se han transmitido de generación en generación entre la humanidad.

He venido a aclarar muchas mentiras que la humanidad ha tomado como verdades.

Las antiguas creencias, figuras, formas y nombres simbólicos con que los hombres de los tiempos pasados representaron al mal, dándole forma humana y concediéndole existencia espiritual, creencias que han llegado hasta las presentes generaciones deben desaparecer, porque sin daros cuenta habéis creado con ellas mitos y cultos supersticiosos, indignos de la evolución espiritual que el hombre ha alcanzado en este tiempo. ¡Qué distinta es la realidad espiritual en comparación a la que los hombres han imaginado! Ni mi justicia es como creéis, ni existe el castigo divino, ni es el Cielo como vosotros pensáis, ni se logra en la forma tan fácil y rápida como imagináis, como tampoco la expiación espiritual es como decís, ni la tentación es un espíritu.

En algunas ocasiones, mis profetas al hablar de la vida espiritual, lo hicieron a través de formas humanas y de objetos conocidos por vosotros. Pero ahora debéis comprender que todo ello era sólo un significado, un símbolo, un sentido divino, una revelación que tuvo que ser expresada a vosotros bajo una forma alegórica, ya que no os encontrabais capacitados para comprender otra más elevada.

Qué interpretación tan material habéis dado a mis revelaciones del Primero y Segundo Testamentos!

Cuántas torcidas interpretaciones han dado los hombres a las lecciones divinas. Me hacen aparecer como un juez de monstruosa crueldad. Cuántos absurdos ha creado la mente humana y luego los ha impuesto como la suprema verdad.

¡Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno? (Mateo 23:33)

¡Mi justicia a nadie condena y menos eternamente!

Cuán deforme e imperfecto es ese Dios en la forma en que tantos lo imaginan; qué injusto, monstruoso y cruel. Reuniendo todos los pecados y crímenes que hayan cometido los hombres, no pueden compararse con la perversidad que significa el castigo del infierno para toda la eternidad al cual, según ellos, condena Dios a los hijos que pecan. ¿No os he explicado que el atributo más grande de Dios es el amor? ¿No creéis, entonces, que un tormento eterno sería la negación absoluta del atributo divino del amor eterno?

¿Cómo concebís que Yo hubiese puesto en la senda de los hombres a un ser infinitamente más poderoso que ellos, para que les estuviese tentando sin cesar y que al final los empujase a la perdición eterna? De Dios no pueden brotar demonios; a éstos los habéis forjado con vuestra mente. El concepto que tenéis de ese ser que a cada paso me ponéis por adversario, es falso. Cuán erróneamente se ha interpretado la existencia del príncipe de las tinieblas. Cuántos han llegado a creer más en su poder que en el mío.

Los hombres de hoy no pueden pensar en Dios sin materializarlo en alguna forma; no pueden hablar de tentaciones sin personificar la influencia del mal en un ser cuya misión es perder a los espíritus, y tampoco pueden pensar en la expiación del que ha pecado, sin imaginar el castigo del fuego del infierno, el cual jamás ha existido.

Sobre estas tres confusiones que dominan la mente de la humanidad, os digo que, si creéis que Dios es el Espíritu Santo, no tienen por qué buscarlo en formas materiales, puesto que es Espíritu; y que ese ser imaginario a quien llamáis Lucifer o Satanás, no existe sino en la mente de quienes no han podido interpretar espiritualmente mis palabras, revelaciones y mensajes de los tiempos pasados.

El hombre es el que con su imaginación ha creado la muerte y además ha creado infiernos y glorias según su pobre entendimiento: ¿Qué conceptos justos podrá tener de mi existencia, de mi justicia y de la verdad sobre la vida eterna? Sólo confusión hay en el corazón de la humanidad, y esa confusión forma parte de los cimientos donde descansan las creencias de las mayorías. ¿Qué futuro le espera a la humanidad si persiste en apartarse del camino verdadero? Sólo miseria, turbación y dolor, de lo cual tiene un anticipo en la vida llena de vicisitudes que lleva en la Tierra.

¿Qué lograría de vosotros si en verdad os diese como castigo el fuego eterno? Que blasfemaseis eternamente en contra de un Dios a quien juzgaríais injusto, cruel y vengativo.

No alimentéis más la idea que existe entre la humanidad acerca del infierno, porque no hay más infierno en este mundo, que la vida que habéis creado con vuestras guerras y odios, y en el más allá no existe más fuego que el remordimiento del espíritu, cuando la conciencia le muestra sus errores.

Yo no creé la muerte ni el infierno, porque al concebir mi Espíritu la idea de la creación, sólo sentí amor y de mi seno sólo brotó vida; si la muerte y el infierno existiesen, entonces tendrían que ser obras humanas, por pequeñas; y ya sabéis que nada de lo humano es eterno.

Os digo que con mi palabra, aboliré en este tiempo el infierno que los hombres a través de religiones y erróneas interpretaciones, han forjado para inspirar temor y poner una venda de ignorancia a la humanidad.

Mucho os hablé en tiempos pasados de ese fuego, de ese juicio, de esa expiación; mas las figuras con las que eran representadas estas enseñanzas las tomasteis en sentido material y vuestra imaginación desvirtuó la realidad de esas revelaciones.

El infierno es el símbolo de las grandes penas, de los terribles remordimientos, de la desesperación, del dolor y la amargura de los que han pecado grandemente y de cuyas consecuencias se librarán mediante la evolución de su espíritu hacia el amor.

No solamente vengo a libraros de errores y prejuicios que afectan vuestra vida en el mundo, sino también vengo a deciros que la condenación eterna como os la han descrito, no existe, porque el espíritu no puede sufrir la pena física que produce dolor en la materia; el dolor del espíritu proviene de que contemple sus acciones a la luz de la conciencia, la cual lo hace mirar y comprender con claridad todos los errores e imperfecciones cometidas.

¿Cómo podrá perderse irremisiblemente para Mí un espíritu, si lleva en sí un destello de mi luz que jamás se extingue y doquier que vaya me tiene delante? Por muy larga que sea su reaciedad o muy duradera su turbación, nunca serán esas tinieblas más largas que mi eternidad.

¿Cómo condenar al hombre al exterminio o al dolor eterno, cuando su pecado sólo es pasajero y es producto de su ignorancia? ¿Cómo condenar a un ser que en si lleva mi propia naturaleza divina?

...¿Quién de nosotros habitará con las llamas eternas? (Isaías 33:14)

¡Mi justicia a nadie condena y menos eternamente!

¿Qué valor tendría mi Ley y mi Doctrina si no fuesen capaces de salvar del error y del pecado a los espíritus? ¿Y que objeto habría tenido mi presencia como hombre en el mundo, si iba a haber muchos que habrían de perderse para siempre en una expiación sin fin? ¡Qué mal pensáis de Mí y de mi justicia los que decís conocerme y amarme! ¿Habéis olvidado que os di mi vida por salvaros? ¡Mi amor si es infinito y eterno!

para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. (Mateo 5:45)

Cree el hombre que los cielos están tan distantes y altos, que es muy difícil que Yo me manifieste entre esos pequeños y es porque tienen una vaga noción de lo que es y de lo que quiere decir Cielo. Ignoran que Cielo es para el espíritu el estado de perfección, de pureza y de luz a que todo espíritu debe llegar y no un sitio determinado en el espacio.

Ese infinito de que os hablo, nunca lo podréis medir con vuestra mente. Ese infinito os habla de ternura, de luz, de pureza, de sabiduría, de amor, de perfección, porque todo ello no tiene principio ni fin, ya que son atributos de Dios. El Cielo es el estado de perfección; Yo os lo he simbolizado como una inmensa y blanca ciudad que tenéis que conquistar con vuestro valor, con vuestra fe y con vuestra voluntad inquebrantable.

El Cielo es la felicidad suprema a dónde llega un espíritu por el camino de su perfeccionamiento, por lo cual deberá elevarse tanto en sabiduría y amor que le permita alcanzar tal estado de pureza, a donde no llega el pecado ni el dolor. Deseáis salvaros y queréis escapar de las expiaciones del espíritu con conocer el Cielo; mas Yo os digo que es bien pequeño el esfuerzo que hacéis por lograr todo esto y que muchas veces, en vez de buscar los medios que podrían ayudaros a conseguirlo, huis de ellos.

El espíritu, a medida que se eleva, amplía el mundo o mansión en que habita; así, al llegar a su perfección, dominará el infinito, podrá ir a todas partes, todo en él será luz, armonía con su Padre y con todos sus hermanos. Ese será su Cielo, esa será su gloria. ¿A qué más puede aspirar el espíritu, que a la paz eterna, a la sabiduría, a la felicidad de amar y saberse amado?

La gloria, en cambio, simboliza la felicidad y la paz verdadera, es para aquellos que se han apartado de las pasiones del mundo para vivir en comunión con Dios.

No limitéis más lo infinito y lo divino. ¿No comprendéis que si el Cielo fuese como creéis, una mansión, una región o un sitio determinado entonces ya no sería infinito? Ya es tiempo de que concibáis lo espiritual de una manera más elevada, aunque vuestra idea no alcance a abarcar toda la realidad, pero que al menos se aproxime a ella.

Yo no tengo un sitio determinado o limitado para habitar en el infinito, porque mi presencia está en todo lo que existe, lo mismo en lo divino, que en lo espiritual o en lo material. De Mí no podréis decir en qué dirección está mi Reino, y cuando elevéis vuestra mirada a las alturas, señalando hacia los “cielos”, hacedlo sólo como algo simbólico, porque vuestro planeta gira sin cesar y en cada movimiento os presenta nuevos cielos y nuevas alturas. Con todo esto quiero deciros que entre vosotros y Yo, no existe ninguna distancia y que lo único que os separa de Mí son vuestras obras ilícitas que ponéis entre mi Ley perfecta y vuestro espíritu.

Tened siempre presente que el espíritu que alcanza los altos grados de la bondad, de la sabiduría, de la pureza y el amor, está más allá del tiempo, del dolor y de las distancias. No está limitado a habitar un sitio, puede estar en todas partes, y encontrar en todo un supremo deleite de existir, de sentir, de saber, de amar y saberse amado. ¡Ese es el Cielo del espíritu!

Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. (Apocalipsis 21:1)

Del llamado Diablo

Libro de la Vida Verdadera

Del llamado Diablo

Si me preguntáis: “¿Cuáles fueron las armas con las que doté a la humanidad para luchar contra las fuerzas o influencias del mal?” Os diré que fueron la oración, la perseverancia en la Ley, la fe en mi palabra, el Amor de los unos para con los otros. 2-40-70

Sólo la oración podrá daros intuición y sensibilidad, fuerza e inspiración para sosteneros en la diaria y constante lucha contra el mal. 2-40-78

Os he hablado acerca de las fuerzas e influencias del mal, ¿y acaso os he hecho mención de algún espíritu?, ¿lo he nombrado por ventura? “No”, me decís. Mas debo aclararos en este tiempo, que no existe ningún espíritu que represente o que sea el origen del mal. 2-40-79

Las antiguas creencias, figuras, formas y nombres simbólicos con que los hombres de los tiempos pasados representaron el mal, dándole forma humana y concediéndole existencia espiritual, creencias que han llegado hasta las presentes generaciones deben desaparecer, porque sin daros cuenta habéis creado con ellas mitos y cultos supersticiosos, indignos de la evolución espiritual que el hombre ha alcanzado en este tiempo. 2-40-80 Leer Más