Enseñanza 090
1. Soy el Caminante que está llamando a las puertas de vuestro corazón, llamo y no sabéis quién es, abrís y no me reconocéis. Como el caminante que llega a una aldea y no tiene quien le conozca, como el extranjero que penetra en tierra extraña y no es entendido en su idioma, así me presento entre vosotros. ¿Hasta cuándo sentiréis mi presencia, oh, humanidad? ¿Hasta cuándo me reconoceréis como en aquellos tiempos fue reconocido José por sus hermanos en Egipto?
2. José, hijo de Jacob, había sido vendido por sus propios hermanos a unos mercaderes que se dirigían a Egipto. José era aún pequeño y ya había dado pruebas de un gran don de profecía; la envidia se apoderó de sus hermanos, quienes se deshicieron de él creyendo no volverle a ver. Mas el Señor, que velaba por su siervo, le protegió y le hizo grande ante el faraón de Egipto.
Muchos años después, cuando el mundo fue azotado por la sequía y el hambre, Egipto, guiado por los consejos e inspiraciones de José, almacenó suficientes provisiones para resistir la prueba. Fue entonces cuando los hijos de Jacob llegaron en busca de alimento a Egipto. Grande fue su asombro cuando reconocieron a su hermano José convertido en ministro y consejero del faraón. Al verlo, cayeron de hinojos a sus pies, arrepentidos de su falta, y reconocieron que las profecías de su hermano se habían cumplido. Aquél a quien daban por muerto estaba ahí delante de ellos lleno de poder, de virtud y de sabiduría. Leer Más