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¿Qué es la Conciencia?

¿Qué es la Conciencia?

El ser humano está formado de espíritu, conciencia y materia, y es la conciencia mi propia voz, por eso es menester que el hombre sepa que me lleva en sí, que en su espíritu y en la luz de su conciencia tiene la presencia pura de lo divino.

Debéis comprender que no existe ni ha existido un ser humano en quien no haya estado un espíritu animándole, ni ha existido jamás un espíritu que careciese de conciencia.

Es la conciencia la expresión más pura y elevada del espíritu. Es la conciencia, que le hace ser entre todas las criaturas que le rodean, la primera, la más grande y la más noble. Ella es la que eleva al espíritu a una vida superior por sobre la materia y sus pasiones.

Libertad para actuar, o sea, el libre albedrío, y la luz de la conciencia para distinguir el bien del mal, son dos de los mayores dones con que mi amor de Padre heredó a vuestro espíritu. ¿Cómo se puede saber lo que es bueno y lo que es malo? Yo soy la justicia divina y como tal me manifiesto en cada uno de vosotros por medio de la conciencia. Por ella podéis saber si el camino en el que transitáis es lícito o lo habéis equivocado.

Que diferente será la conducta de los que habiendo rechazado de su corazón toda buena simiente, han consagrado su ser a una vida egoísta, a una vida materialista y perversa, cuando han llegado a mirar hacia su interior, cuando han tenido un instante de comunicación con la conciencia, se han contemplado en aquel espejo que nunca se empaña, que nunca miente y se han horrorizado del monstruo que en sí llevan y al cual no pueden reconocer como obra de ellos mismos.

Si por un instante escuchasen la voz de la conciencia y de la razón, ella los derribaría de su pedestal, mas al perverso no le agrada conocerse tal cual es, y cuando por un instante contempla al hombre miserable que lleva dentro, prefiere dirigir su pensamiento a otro punto, no le agrada contemplar y valorizar sus errores. La conciencia nunca se equivoca, porque es mi propia voz, es luz de mi Espíritu Divino, ella es como un espejo en el cual se contempla vuestro espíritu.

El mundo es valle de expiación en el que así como se peca, también se purifica; de cierto os digo que el Más Allá es diferente a lo que en la Tierra conocéis, porque el que llega a él envuelto en pecado e impurezas tiene que sufrir dolores infinitamente más grandes que aquellos que sufrió como humano; porque ya en espíritu, la conciencia se hace oír con más claridad por el espíritu, el cual al encontrarse ante tanta pureza quisiera desaparecer o por lo menos volver al mundo material que dejó, donde según él, no se notaban sus múltiples imperfecciones.

¡Cuán decisiva será en ese instante la voz de vuestra conciencia!, porque nadie podrá callar la voz de ese juez que vive unido indisolublemente a vuestro espíritu. Analizaréis todos los actos de vuestra vida y ninguno se sentirá juzgado con exceso de rigor o sobra de benevolencia.

Y aquel instante puede ser el de la suprema felicidad para el espíritu, o también de mucho dolor, al comprobar sus faltas y ver sus manchas, que le harán desear una nueva materia, como una oportunidad para empezar el camino.

¡Cuán dichoso se sentirá vuestro espíritu en el Más Allá si su conciencia le dice que en la Tierra sembró la semilla del amor! Todo el pasado se hará presente delante de vuestros ojos y cada miraje de lo que fueron vuestras obras, os dará un gozo infinito.

Cuando comprendáis que en la conciencia está vuestro verdadero valor, viviréis en armonía con todo lo creado por vuestro Padre. Entonces, la conciencia embellecerá la pobre vida humana, pero antes será necesario que el hombre se aleje de todas las insanas pasiones, para seguir el sendero de la justicia y la sabiduría.

Al hombre le falta saber mirarse en su interior, examinar sus actos y sus pensamientos. ¿Nada os reclama esa voz interior? ¿Sentís verdadera paz, o vivís engañados con un falso razonamiento? ¡Ah, hombres de la Tierra, hasta cuándo escucharéis el mensaje de esa voz interior de la conciencia que a cada paso se levanta para reprochar vuestros actos indignos!

Cuando el espíritu sienta que está frente a la conciencia, que le reclama sus errores, ése ser se siente sin fuerzas para escucharse a sí mismo, quisiera no haber existido nunca, porque ante sí, en un instante, pasa delante de su mente toda su vida, y de la cual ha llegado por fin a rendir cuentas.

Bendeciré a Jehová que me aconseja; aun en las noches me enseña mi conciencia. (Samos 16:7)

De los símbolos, ritos y más…

De los símbolos, tradiciones, rutina, idolatría y más…

En el Primer Tiempo conocisteis los símbolos: El tabernáculo o santuario que guardaba el arca donde estaban guardadas las tablas de la ley. Cuando aquellos símbolos hubieron cumplido su misión, mi voluntad los borró de la tierra, los ocultó de la vista de los hombres para que el mundo no cayera en idolatría, pero el sentido o esencia de aquellas lecciones la dejé escrita en la conciencia de mis siervos. En el Segundo Tiempo, después de consumado el sacrificio de Cristo, hice desaparecer el símbolo más grande del cristianismo: la cruz, junto con la corona, el cáliz y todo cuanto podía haber sido objeto de fanática adoración por parte de la humanidad.

Bien está que al iniciaros en cada una de las tres revelaciones que a la humanidad he entregado, se os hayan sido permitidos algunos símbolos y algunos actos para facilitar vuestra comprensión y asimilación de las divinas enseñanzas, mas no para que las conservaseis perpetuamente y mucho menos para que les adoraseis. Esa ha sido siempre la causa de vuestro estancamiento espiritual y la razón por la cual he venido en todos los tiempos a rescataros del camino incierto para conduciros al verdadero sendero de la luz.

Los símbolos religiosos deberán desaparecer, por que es menester que el hombre no me limite, para que su obra sea digna del Padre. Los símbolos son imágenes caídas que ya no deben existir en el culto de la humanidad en su edad de luz.

No profanéis más lo divino, porque en verdad os digo, que es mucha la ingratitud con que os mostráis ante Dios, cuando hacéis esas prácticas externas que habéis heredado de vuestros primeros hermanos y en las que os habéis fanatizado.

El símbolo de la cruz

El mundo cristiano adoptó como símbolo la cruz, porque en aquel madero Jesús derramó su sangre y expiró en cuanto hombre, consumando en ella su obra de redención. Desde entonces, la cruz quedó como símbolo de amor y de perdón divinos. Ella ha sido estandarte de luchas de ideas entre la humanidad; y ahora que ha pasado una Era desde aquel sacrificio, me presento nuevamente en el mundo, ya no como hombre sino en Espíritu y en verdad os digo, que ya no es necesaria para Mí esa cruz.

Ya no la cargaré sobre mis hombros, ya no veréis al Rabí ensangrentado y coronado de espinas, con su cuerpo flagelado, mojando con su sangre los pedruscos del camino. Ya no contemplaréis sus ojos abatidos por el sufrimiento, inspirando piedad a unos y terror a otros. No le veréis llegar a la cima del monte, para ser clavado en su cruz entre los malhechores.

La cruz, que era afrenta y vergüenza para el que en ella moría, quedó convertida en el símbolo del sacrificio por amor. Esto no lo imaginaron siquiera quienes me persiguieron y escogieron para Mí la muerte mas ignominiosa, para dejar satisfecha su crueldad, porque las turbas necesitaban acusar y condenar al que nada había hecho contra ellas, a quien fue para todos bondad, consuelo y perdón. El hombre estaba en un abismo desde el cual no concebía el bien, el amor que Yo vine a mostrarle con mi sacrificio.

En el Segundo Tiempo la humanidad me dio una cruz de madera a cuyo martirio los hombres me sentenciaron, pero sobre mi Espíritu llevé otra más pesada y más cruenta: la de vuestras imperfecciones y la de vuestra ingratitud.

En este tiempo no he venido como hombre, y no será sobre Mí la cruz, ahora soy Yo quien coloca sobre vuestro corazón, una cruz de amor para que sigáis mis pasos. Esa cruz pertenece a los grandes por el espíritu, a los que llegan a sentirse saturados por el fuego del verdadero amor.

El madero horizontal es el pecado del mundo, que se interpone al madero vertical. Este asciende y señala las alturas, mas el pecado es siempre la barrera para elevarse a lo divino.

¿De qué sirve que el símbolo del cristianismo, o sea la cruz, se encuentre por millones en la Tierra, si los hombres no son de buena voluntad, ni se aman los unos a los otros? Yo no os juzgaría si de la Tierra hicieseis desaparecer hasta la última cruz con que simbolizáis vuestra fe cristiana, y en cambio, sustituyeseis ese símbolo con el amor verdadero de los unos hacia los otros; porque entonces vuestra fe y vuestro culto exterior pasarían a ser culto y fe del espíritu, que es lo que Yo espero de vosotros.

¡Si al menos vuestros cultos y vuestros símbolos tuviesen la fuerza para impedir vuestras guerras, para no dejaros caer en el vicio, para manteneros en paz! Pero, mirad como estáis pasando por sobre todo lo que decís que es sagrado; mirad cómo estáis pisoteando lo que habéis tenido como divino.

¡Más os valiera, vuelvo a deciros, no tener un solo templo, ni un altar, ni un símbolo o imagen en toda la Tierra!, pero que supieseis orar con el espíritu, que supieseis amar a vuestro Padre, y creer en Él sin necesidad de representantes, y que os amaseis como os he enseñado en mi Doctrina. Entonces estaríais a salvo, estaríais caminando en la senda trazada con mis huellas de sangre, huellas con las que vine a sellar la verdad de mis enseñanzas.

El mundo me desconoció como Jesús, me enclavó en el madero y más tarde convirtió la cruz en objeto de idolatría y ante él se postró para implorar perdón. Hoy os encontráis alimentando el materialismo, el odio y la mala voluntad. La humanidad se encuentra hoy viviendo en la tercera altura de la perversidad.

No hagáis el símbolo de la cruz materialmente, puesto que me encuentro crucificado en vosotros mismos.

En vez de recordarme en los tormentos y en la agonía de Jesús, ¿por qué no os acordáis de mi resurrección, plena de luz y gloria?

Los hombres no han comprendido la grandeza de aquella lección, y por doquiera levantan la imagen del crucificado, que representa una vergüenza para esta humanidad, la cual sin amor ni respeto hacia Aquél a quien dice amar, le sigue crucificando e hiriendo diariamente al herir el corazón de sus hermanos, por quienes dio el Maestro su vida.

A Jesús el Cristo, lo vio sufrir la humanidad y si su enseñanza y testimonio es creído por vosotros, ¿para qué seguirlo crucificando en vuestras esculturas? ¿No os bastan los siglos que lleváis de exhibirlo como la víctima de vuestra maldad?

De las conmemoraciones y tradiciones

Sabed, mis nuevos discípulos, que vuestro homenaje y vuestro tributo al Señor deben de ser constantes, sin esperar fechas o días determinados para ofrecerlos, como constante es el amor de vuestro Padre para vosotros; mas si queréis saber cómo debéis recordar cada día mis obras de amor, sin caer en fanatismo, Yo os lo diré: vuestra vida debe ser un continuo homenaje a quien lo ha creado todo, amándoos los unos a los otros.

Recordad en vuestras conmemoraciones, que Yo, el Divino Maestro, por amor hacia vosotros, dejé el Reino Espiritual, haciéndome hombre para habitar con vosotros, que dejé mi Reino para mostrarme en vuestro mundo como un ser al servicio del necesitado; que estando en Cristo, el Padre de todo lo creado, llegué entre vosotros, para ser el más humilde y para consagraros toda mi vida.

No perseveró la humanidad en mi enseñanza y prefirió tomar mi nombre para crear religiones según su interpretación y conveniencia. Yo abolí tradiciones y le enseñé la Doctrina del amor, y hoy venís a Mí, para presentarme ritos vanos y ceremonias que en nada benefician al espíritu. Si no existe espiritualidad en vuestras obras, no puede haber verdad y lo que no tiene verdad no llega a vuestro Padre.

Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición. (Marcos 7:9)

Dejad de ser los conservadores de tradiciones y ritos fanáticos. Practicad mi palabra con pureza, porque os he dicho que ella será el eslabón espiritual que unificará a los pueblos y a las razas, porque mi palabra de amor es Ley universal.

Buscadme con el espíritu, sin deteneros en rutinarias tradiciones, ni ritos simbólicos. Buscadme en vuestro corazón y en él me hallaréis, porque el corazón ama, sufre y siente.

Significado del pan y el vino

En el Segundo Tiempo, doce discípulos estuvieron Conmigo en la última cena; ahora invito a toda la humanidad a tomar el pan del espíritu, cuya explicación os doy ahora. Cuando Jesús celebró con sus discípulos aquella pascua, según la tradición de aquel pueblo, les dijo: Algo nuevo vengo a revelaros, tomad de este vino y comed este pan, que representan mi sangre y mi cuerpo, y haced vosotros esto en memoria mía. A medida que los siglos pasaron, los pueblos divididos en religiones, dieron diferente interpretación a mi palabra.

Hoy vengo a deciros cuál fue mi sentir en aquella hora, en aquella cena, donde cada palabra y cada acto de Jesús, fue lección de un libro de profunda sabiduría y de infinito amor. Si tomé el pan y el vino, fue para haceros comprender que ellos son semejantes al amor, que es el sustento y la vida del espíritu, y si os dije: «Haced esto en memoria mía», quise decir que amaseis a vuestros hermanos con un amor semejante al de Jesús, entregándoos como verdadero sustento a la humanidad.

Jesús no sólo os entregó su palabra; sus enseñanzas y obras no fueron tan solo parábola o sentido figurado. Si a sus discípulos, por encontrarse doctrinados, les representó con pan y con vino su cuerpo y su sangre, al siguiente día delante de un pueblo, entregó su cuerpo y derramó toda su sangre, para dar a comer el pan de vida eterna, el del amor perfecto, a toda la humanidad.

Hoy no vengo a representar mi cuerpo y mi sangre con el pan y el vino, ni vengo como hombre a derramar mi sangre y a entregaros mi cuerpo en una cruz; éste es otro tiempo. Ahora vengo en Espíritu, y es a vuestro espíritu al que hablo de su misión espiritual, porque ya está capacitado para comprender las enseñanzas pasadas y también las nuevas revelaciones. Estoy preparando mi Templo en vuestro corazón. Como hombre tuve forma, como Dios no la tengo; he aquí que no hay más cuerpo en Mí que mi verdad, ni más vino que el de mi amor.

¡Si supieseis guardar en vuestro corazón todas mis palabras, cuán ricos seríais de los tesoros del espíritu, cuán fuertes e iluminados; pero es frágil vuestra memoria y vuestro corazón! Dejad que mi palabra y su esencia, que son el símbolo de mi cuerpo y de mi sangre, y que son la imagen del pan y del vino que ofrecí a mis discípulos en la última cena, penetren en vuestro espíritu.

En este Tercer Tiempo, ya no habéis menester de símbolos, porque mi cuerpo y mi sangre que son amor, os los estoy ofreciendo espiritualmente en mi enseñanza. Ahora quiero que vuestro corazón sea pan y vino para vuestro hermano, amándolo, iluminándolo, resucitándolo a la verdad y al amor.

En ningún tiempo he venido como ministro, nunca he celebrado ritos ante vosotros. Yo sólo he sido el Maestro que os ha dado sus lecciones en sentido figurado. Todo rito que de estas enseñanzas hagáis será estéril, si en vuestra vida no lleváis a la práctica mis enseñanzas y ejemplos; he ahí lo difícil para vosotros, mas en ello es donde existe el mérito. Quiero que toméis de mi palabra su esencia que es el alimento de todo espíritu. En ella encontraréis el pan de la vida, el vino de la alegría espiritual, el fruto del verdadero amor.

Vengo borrando formas, ritos y tradiciones, para que os concretéis al cumplimiento de la Ley y no hagáis lo que en los tiempos pasados que os entregasteis con todo vuestro entusiasmo a las tradiciones y festines, haciendo a un lado la Ley.

Ahí se ha mostrado débil el hombre, incapaz de vencer con voluntad los prejuicios que lo agobian. Ahí se ha visto que es esclavo de torcidas interpretaciones.

El hombre es esclavo de la voluntad de otros, víctima de anatemas, de condenas y amenazas. Mas, ¿qué se ha logrado con ello? Que abandone todos sus anhelos por comprender y alcanzar el más elevado conocimiento que el hombre debe poseer, impedirse a sí mismo el poder llegar a esclarecer lo que absurdamente ha considerado siempre un misterio: La vida espiritual.

Cuando los escribas y los fariseos observaron los actos de Jesús y los encontraron que diferían de los suyos, dijeron que la Doctrina que predicaba, iba en contra de la Ley de Moisés. Es que ellos estaban confundiendo la Ley con las tradiciones, mas Yo les probé que no había venido a transgredir la Ley que el Padre había revelado a Moisés, sino a darle cumplimiento con palabras y obras.

Es menester que lleguéis a comprender que hay seres en los que las creencias, las tradiciones y las costumbres han echado raíces tan hondas, que no os será fácil arrancarlas en el primer momento en que les doctrinéis. Tened paciencia y en el transcurso de los años lo lograréis.

De las supersticiones

Ahora he venido a despojaros del fanatismo y supersticiones, a recordaros el culto espiritual hacia vuestro Padre. Es necesario que hagáis un minucioso examen de vuestras prácticas para que vayáis destruyendo todo vestigio de idolatría, de fanatismo religioso, de supersticiones y creencias impropias de esta obra.

Quiero que el conocimiento de todo lo fundamental dentro de mi Obra sea poseído por todos, que el fanatismo y la idolatría desaparezcan; que no existan las supersticiones entre vosotros; que lleguéis a ofrecerme el culto más sencillo, exento de ritos y de inútiles ceremonias, para practicar solamente mi verdad.

De los ritos

Conoced la Ley, amad el bien, practicad el amor y la caridad, conceded a vuestro espíritu la santa libertad de elevarse hacia su morada y me estaréis amando. ¿Queréis un modelo perfecto de cuanto deberéis hacer y de lo que debéis ser para llegar a Mí? Imitad a Cristo, amadme en Él, buscadme a través de Él, venid a Mí por su divina huella. Mas no me améis en su forma corpórea o en su imagen, ni cambiéis por ritos o formas la práctica de sus enseñanzas, porque os eternizaréis en vuestras diferencias, en vuestra enemistad y en vuestro fanatismo.

Si amáis, no necesitaréis cultos materiales ni ritos, porque llevaréis la luz que ilumina vuestro templo interior, ante el cual se romperán las olas de todas las tormentas que os pudiesen azotar y se destruirán las tinieblas de la humanidad.

De tiempo en tiempo la humanidad fue evolucionando en sus creencias y en el conocimiento de lo espiritual, perfeccionando su culto iluminado por inspiraciones divinas. Sin embargo, todavía en este tiempo muchos de mis hijos solo me sienten a través de formas, ritos, imágenes y símbolos. Es que el espíritu distraído aún con las tradiciones, se conforma con lo poco que alcanza con su escasa elevación, pero ha llegado para él la hora de la inquietud ante los misterios, experimentando necesidades y atravesando pruebas como nunca las había encontrado en su camino; entonces despertará y se levantará a preguntar, a escudriñar como ya lo hizo cuando quiso conocer el por qué de la vida en la Tierra.

De las ofrendas

En los tiempos pasados recibí de vuestro espíritu todas las ofrendas que me presentó, aun cuando en ellas hubiese mucho de ignorancia y de imperfección. Ahora sólo lo que sea puro, sincero, verdadero, podrá llegar a Mí.

¿Miráis cuan bellas son esas flores de vuestros huertos, que a veces me ofrecéis? De cierto os digo que ni esa ofrenda debo recibir en este tiempo, porque esas flores no son obra vuestra, sino mía y lo que a Mí debéis ofrecer, son las flores espirituales de vuestro corazón, es decir, vuestras buenas obras, vuestras oraciones limpias, vuestras virtudes. No os engañéis más, ya no tratéis de suplir con lo exterior lo que debe ser profundamente espiritual. No temáis, derribar el cerco, no temáis enfrentaros a la verdad. La gloria es sólo de los valerosos y fervientes.

Cuando destruyáis todo fanatismo y toda idolatría en vuestro corazón y aprendáis a orar de espíritu a Espíritu, habréis llegado ante el verdadero altar del Señor, aquel que no es de este mundo. En ese altar podréis depositar vuestra ofrenda, que será la de vuestras buenas obras, y que ante Mí será más hermosa que las flores de vuestros jardines, porque las buenas obras de vuestro espíritu nunca se marchitarán.

Cuando os hablo de cultos y de ofrendas, con la claridad con que manifiesto mi palabra, ¿sentís dolor porque os aparto de vuestras pasadas creencias? Es que en mi palabra existe un bálsamo y una luz que no deja que en ningún entendimiento surja alguna confusión ni se lastime ningún corazón. No me sentiré ofendido si no me ofrecéis altares ni flores o si no me encendéis lámparas, porque lo que he buscado todo tiempo en el corazón del hombre, es el altar espiritual.

Las flores son las ofrendas de los huertos y de los valles, cuya fragancia y perfume, llega hasta Mí como un tributo de amor. No usurpéis entonces a los valles y a los huertos sus ofrendas. No encendáis más lámparas que la de la fe en mi Divinidad, porque de nada os servirá encender lamparillas de aceite si está en tinieblas vuestro corazón.

Os he dicho: concentraos en el fondo de vuestro corazón para que contempléis, no con los ojos de la materia sino con los del espíritu, lo infinito e insondable. Entonces, ante tanta gracia recibida de mi caridad no pretenderéis demostrar vuestra gratitud con ofrendas materiales.

De los cánticos

Os he traído el culto sencillo, aquel que no tiene ritos ni ceremonias y que sin embargo se eleva más allá del humo del incienso, más allá del eco de los cánticos: el culto del amor, de la caridad y de la fraternidad.

¿De qué os sirven cánticos, oraciones y ritos, si en vuestro interior sólo ocultaseis bajas pasiones? Tengo sed de vuestro amor, no del incienso. Menos lágrimas y más luz, es lo que deseo que haya en vuestra existencia.

Vengo a vosotros, ya que no sabéis llegar hasta Mí, y os enseño que la oración más agradable que llega al Padre, es aquélla que en silencio se eleva de vuestro espíritu. No son los cánticos ni las palabras las que halagan a mi Divinidad.

Ved en cuántas confusiones ha caído esta humanidad, pero ha llegado la luz de un nuevo día y con ella nada podrá ocultarse ni empañarse.

Entre la humanidad existen muchos incrédulos que no se satisfacen con la esencia de mi palabra los que no sintiendo una fe verdadera en mi manifestación espiritual, me buscan en el materialismo, en los cánticos y rezos materiales, en los ritos y en las ceremonias, porque aún sus espíritus no se han fortalecido en la verdad y por esta causa se alejan de Mí.

A vosotros os digo: no quiero que el mañana por vuestra falta de preparación os vayáis a sentir como huérfanos y vayáis a imitar a las multitudes que se reúnen en sus templos de cantera y se conforman con ceremonias y cánticos materiales.

Del fanatismo

Muchos han vivido en la ignorancia, alimentando el fanatismo religioso y por ello poco han adelanto en la evolución de su espíritu.

El fanatismo domina la vida de los hombres, fanatismo religioso, fanatismo por sus razas, fanatismo por la gloria y el poder del mundo y fanatismo por sí mismos. Es menester que destruyáis vuestra ignorancia, de la cual proviene el fanatismo religioso, la idolatría y la superstición.

Ved cómo la mala simiente se ha multiplicado entre vosotros, hasta casi ocultar la verdadera semilla. La mentira, la superstición, la hipocresía, el lucro, las malas influencias, el fanatismo y todas las impurezas, han sido la mala hierba que ha cundido entre la humanidad a la cual quisiera ver libre de toda lacra.

Analizad mi palabra, a fin de que podáis espiritualizaros, porque si no penetráis al fondo de esta Doctrina, podréis caer en un nuevo fanatismo. Comprended, discípulos, que en la espiritualidad no tiene cabida el fanatismo, ni el prejuicio, la idolatría o la superstición. Espiritualismo quiere decir elevación; espiritualidad significa libertad del espíritu, porque quien la alcanza, se ha desmaterializado, se ha emancipado de las pasiones de la carne, ha pasado por el sacrificio y por la renunciación bien entendida.

De la rutina

Mientras las religiones permanezcan sumergidas en su sueño y no rompan su rutina, no habrá despertar en el espíritu, ni conocimiento de los ideales espirituales; y por lo tanto, no podrá haber paz entre los hombres, ni aparecerá la caridad; no podrá brillar la luz que resuelve los graves conflictos humanos.

El hombre se ha estancado moral y espiritualmente, ha forjado un culto hacia Mí y una forma de vivir que cree son las mejores, y ha caído en una rutina que hastía y fatiga su espíritu, fanatizándolo en ritos y ceremonias materiales. En cambio ved el nivel de evolución en que se encuentran los reinos que forman la Naturaleza material, ved su orden, su armonía y su perfección.

¿Por qué os olvidáis que he venido lleno de amor a perdonar vuestras faltas y a daros oportunidad de empezar una nueva vida? ¿Por qué caéis en rutina, si os estoy preparando para que transitéis por el camino de evolución, en donde estáis descubriendo nuevos y vastos horizontes y alicientes sin fin para el espíritu?

No debiera sorprenderos este tiempo envueltos en rutina y menos ocupados en lo superfluo.

No os hundáis en la rutina, comprended cuando ha llegado el tiempo de dar un paso más en el sendero. No os adelantéis a darlo, mas tampoco os retardéis en hacerlo. La forma de no estacionaros, es la de apegaros a mi palabra, apartándoos de todo acto exterior con el que quisierais sustituir al verdadero cumplimiento de mi enseñanza.

De la penitencia

Sólo la regeneración y el ideal de perfeccionamiento os podrán hacer volver al camino de la verdad. Quiénes sintiéndose intérpretes de la Ley de Dios os digan que a vuestra perversidad y rebeldía le esperan sufrimientos infernales y que sólo demostrando vuestro arrepentimiento, mortificando e hiriendo vuestras carnes y presentando a Dios ofrendas materiales, Él os perdonará y os llevará a su Reino, en verdad os digo que están en confusión. La única penitencia que os pido, es que dominéis el egoísmo, para que sirváis con pureza y buena voluntad a vuestros semejantes.

Haced comprender a vuestros hermanos que no necesitan mortificar o lacerar su cuerpo para conmover a mi Espíritu, para despertar mi piedad o mi caridad. Quienes se procuran sufrimientos y penitencias corporales, es porque no tienen la menor noción de cuáles son las ofrendas más agradables para Mí; ni tienen idea de mi amor ni de la misericordia de vuestro Padre.

¿Creéis que sea necesario para Mí, ver en vuestros ojos las lágrimas y en vuestro corazón el dolor, para apiadarme de vosotros? Eso sería atribuirme dureza, insensibilidad, indiferencia, egoísmo, y, ¿concebís estos defectos en el Dios que amáis? Ya no es el tiempo de penitencias, ni de ceremonias o ritos para poderos comunicar conmigo, para poder creer que me estáis glorificando y agradando.

De la idolatría

Y habló Dios todas estas palabras, diciendo: Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso,… (Éxodo 20:1-5)

El materialismo ha envuelto a la humanidad. De muchos corazones se ha borrado mi Nombre, los hombres se olvidan de orar, que es la forma espiritual de conversar con Dios. Mi Doctrina y mis ejemplos a través de Jesús se han olvidado y quienes tratan de perseverar en mis lecciones y de cumplir con mi Ley, lo hacen por medio de cultos idólatras, buscándome a través de formas e imágenes hechas por la mano del hombre. ¿Es así como debe cumplirse mi Ley?

No deseo el sacrificio de vuestras vidas, ni que me ofrezcáis las flores o los frutos de vuestros huertos, porque ellos son mi obra y ningún mérito hacéis con dármelos. No es mi voluntad que hagáis imágenes con vuestras propias manos y después las adoréis, ni que edifiquéis otra torre de Babel, llenos de vanidad y de soberbia. Lo que anhelo que me ofrezcáis, es un santuario que llegue hasta Mí, formado con vuestras obras de amor, oraciones y palabras nacidas de vuestro corazón y entregadas en mi Nombre a los espíritus hambrientos de verdad: Este es el culto que os pido.

¿No decís que soy Omnipotente, que estoy en todas partes, que doquiera os escucho? Es por eso que siempre os he dicho que doquiera que estéis me tenéis con vosotros. Entonces, ¿por qué si soy omnipotente me buscáis en objetos hechos por vuestras manos? ¿Por qué tenéis que penetrar en determinados recintos para decir: aquí está el Señor, porque ésta es su casa, cuando sabéis que soy universal? ¿Por qué os dejáis deslumbrar con festines y ornamentos si sabéis que en el esplendor de la Naturaleza y en el santuario interior de vuestro espíritu habito y me manifiesto Yo?

Os estoy doctrinando para que os apartéis del materialismo y dejéis de ser los fanáticos e idólatras; para que no adoréis ni rindáis culto a objetos materiales hechos por las manos humanas. No quiero que existan en vuestro corazón raíces de idolatría, de fanatismo, de cultos falsos; no me presentéis ofrendas que no llegan a Mí, sólo os pido vuestra regeneración y vuestro cumplimiento en la espiritualidad.

Recordad al profeta Elías que dio testimonio del Dios verdadero en el Primer Tiempo. El pueblo de Israel cayó en idolatría y adoraba a un dios pagano. Elías, para convencerle de su error y de su impiedad, dijo a los sacerdotes del ídolo en presencia del pueblo congregado en un monte: «Haced vosotros un holocausto con leña y colocad sobre él a la víctima. Yo formaré igualmente otro holocausto. Invocad los nombres de vuestros dioses y Yo invocaré el nombre de mi Señor y el Dios que enviare fuego para consumir a la víctima, ese será reconocido como el Dios verdadero».

El ídolo permaneció sordo a las súplicas de sus sacerdotes; Elías les decía: «Gritad más alto para que vuestro dios os oiga, para que despierte, pues tal vez está durmiendo». Cuando los idólatras consideraron inútiles sus esfuerzos, el profeta se entregó a la oración rogando a su Señor que se mostrase como el Dios viviente y verdadero. Acababa Elías de pronunciar su oración, cuando descendió un rayo del cielo y consumió a la víctima del holocausto.

Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja. Viéndolo todo el pueblo, se postraron y dijeron: ¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios! (1ª de Reyes 18: 38-39)

El pueblo reconoció la impostura de los sacerdotes de Baal y al mismo tiempo reconoció que Jehová, el Dios de Elías, era el único y verdadero.

Los ídolos de ellos son plata y oro, Obra de manos de hombres. Tienen boca, mas no hablan; tienen ojos, mas no ven; orejas tienen, mas no oyen; tienen narices, mas no huelen; manos tienen, mas no palpan; tienen pies, mas no andan; no hablan con su garganta. Semejantes a ellos son los que los hacen, y cualquiera que confía en ellos. (Salmos 115:4-8)

La insensatez de la idolatría

Los formadores de imágenes de talla, todos ellos son vanidad, y lo más precioso de ellos para nada es útil; y ellos mismos son testigos para su confusión, de que los ídolos no ven ni entienden. ¿Quién formó un dios, o quién fundió una imagen que para nada es de provecho? He aquí que todos los suyos serán avergonzados, porque los artífices mismos son hombres. Todos ellos se juntarán, se presentarán, se asombrarán, y serán avergonzados a una.

El herrero toma la tenaza, trabaja en las ascuas, le da forma con los martillos, y trabaja en ello con la fuerza de su brazo; luego tiene hambre, y le faltan las fuerzas; no bebe agua, y se desmaya. El carpintero tiende la regla, lo señala con almagre, lo labra con los cepillos, le da figura con el compás, lo hace en forma de varón, a semejanza de hombre hermoso, para tenerlo en casa. Corta cedros, y toma ciprés y encina, que crecen entre los árboles del bosque; planta pino, que se críe con la lluvia. De él se sirve luego el hombre para quemar, y toma de ellos para calentarse; enciende también el horno, y cuece panes; hace además un dios, y lo adora; fabrica un ídolo, y se arrodilla delante de él. Parte del leño quema en el fuego; con parte de él come carne, prepara un asado, y se sacia; después se calienta, y dice: ¡Oh! me he calentado, he visto el fuego; y hace del sobrante un dios, un ídolo suyo; se postra delante de él, lo adora, y le ruega diciendo: Líbrame, porque mi dios eres tú. No saben ni entienden; porque cerrados están sus ojos para no ver, y su corazón para no entender. No discurre para consigo, no tiene sentido ni entendimiento para decir: Parte de esto quemé en el fuego, y sobre sus brasas cocí pan, asé carne, y la comí. ¿Haré del resto de él una abominación? ¿Me postraré delante de un tronco de árbol? De ceniza se alimenta; su corazón engañado le desvía, para que no libre su alma, ni diga: ¿No es pura mentira lo que tengo en mi mano derecha? (Isaías 44:9-20)

En verdad os digo que el mundo ignora muchas lecciones espirituales de mi Doctrina, porque en lugar de buscar la interpretación de mis enseñanzas para luego practicarlas, se ha conformado con ritos y tradiciones. Por eso es que las grandes pruebas han surgido entre la humanidad y aparecen conflictos a los que los hombres no encuentran solución.

El amor de Dios por la humanidad

El amor de Dios para la humanidad

Guardad silencio ante el altar del Universo, para que vuestro espíritu pueda conversar con vuestro Padre Dios y Creador, en el más hermoso de los lenguajes: el del amor.

¿Creéis acaso que contemplando al mundo y a sus moradores en la altura de perversidad en que se encuentran y necesitándome como me necesitan, los abandonase? Pensad en esto, porque os he sorprendido hablando y pensando así.

Si soy vuestro Padre, comprended que necesariamente tengo que sentir lo que los hijos sientan, sólo así comprenderéis que mientras cada uno de vosotros sufre y siente su propio dolor, el Espíritu Divino sufre con el dolor de todas sus criaturas.

Cuando estáis tristes, tiernamente recojo vuestras lágrimas, cuando os tortura una pena, me acerco para aliviarla. Tengo la misión de salvar a la humanidad y de redimir hasta el último de los hombres; no os extrañe, que de vez en cuando venga a llamar a vuestras puertas para solicitar que me deis albergue.

Es necesario que comprendáis que he venido a romper las cadenas que os han convertido en esclavos del dolor, a liberaros de sufrimientos que vosotros mismos os habéis forjado y que habéis hecho más duraderos porque repetís vuestros errores e imperfecciones. Pero si vosotros sois necios en el mal, Yo soy constante en mi amor por salvaros; y si fueseis a los antros del fango o del más profundo abismo de vuestras pasiones, ahí llegaré a buscar a los perdidos para llevarlos al Reino de la Luz. Mas necesitáis ser humildes y justos para que mi simiente florezca en vosotros. Algunos me dicen en su corazón: Señor, ¿cómo puedes descender así hasta nuestro corazón? ¡Ah, hijos míos! ¿No habéis visto alguna vez a una madre descender al sórdido suburbio donde algún hijo suyo gime y la implora, perdido en el cieno o en la miseria?

Sólo esas madres pueden deciros cómo sintieron que los latidos del corazón del hijo extraviado les llamaba, implorando su presencia y su ternura, confiando en que alcanzarían su perdón. Y Yo que soy Aquél en quien se resumen todos los amores, en quien está el amor de todos los padres y de todas las madres. ¿Podría permanecer insensible al llamado de vuestro espíritu? ¿Dejaría de acudir al sitio, sea el que fuere, en uno de mis hijos se encontrara perdido y me llamara? ¡Cuán poco es lo que sabéis de Mí, a pesar de que os he manifestado mi amor en tantas y tan infinitas formas!

¿A qué se debe tanta paciencia y tanto amor divino? Y os contesto: muchos habéis sido padres en la Tierra y todos habéis sido hijos, ¿qué padre ha deseado el dolor para el hijo, aun cuando de él haya recibido la mayor ofensa, la más cruel ingratitud? En el corazón de aquel padre se ha abierto una profunda herida, el dolor lo ha embargado y a veces hasta el enojo ha turbado su mente, pero ha bastado una palabra de arrepentimiento de aquel hijo o un acto de humildad, para que lo estreche contra su corazón. Si eso hacéis los humanos, ¿por qué os extraña que os ame y os perdone con perfección?

Os amo, y si un paso os alejáis de Mí, ese mismo doy Yo para acercarme a vosotros. Si me cerráis las puertas de vuestro templo, llamaré a ellas hasta que abráis para penetrar en él.

Ni uno solo de vuestros sollozos deja de escucharse en el Cielo, ninguna oración deja de hallar eco en Mí, ninguna de vuestras aflicciones o trances difíciles pasan desapercibidos para mi amor de Padre. Todo lo sé, lo escucho, lo veo y en todo estoy.

Dadme las tinieblas de vuestros sufrimientos, Yo las convertiré en claridad de paz; dadme vuestros sollozos y lágrimas. Entregadme vuestras penas, dadme vuestras tristezas y no os acordéis más de ellas.

¿Os parece extraño que os procure con tanto afán? Es que no tenéis verdadero conocimiento de lo que es mi amor por vosotros, o de lo que significáis para Mí, porque os habéis formado un concepto muy pobre respecto de vuestro Padre.

Entre Dios y sus criaturas, existen lazos que nunca podrán romperse, pero si los hombres se sienten distanciados de su Padre celestial, es por su falta de espiritualidad o por su falta de fe.

Ved cuánto amor hay en vuestro Dios, que siendo toda omnipotencia, no se detiene para limitarse, para que podáis sentirlo y contemplarlo. Que se multiplica para mostraros que no sólo es vuestro Hacedor y Juez, sino al mismo tiempo vuestro Padre, vuestro Amigo, vuestro Hermano y vuestro Maestro.

Ved que soy amor infinito, sublime y santo, que a todos amo, mas os digo: Amad, como el Padre os ama y os seguirá amando en todos los tiempos. Sois parte de mi Espíritu, sois algo de mi ser. ¿Está mal que os busque con tanto afán y tanto amor? Nadie podrá impedir que os ame.

Humanidad: Yo sólo sé deciros que lo que es mío no lo dejaré perder, y vosotros sois míos. Os amo desde antes que fueseis y os amaré eternamente. Ni la muerte, ni la falta de amor podrá destruir el lazo que os une a Mí.

He ahí que vosotros nacisteis por amor, existís por amor, sois perdonados por amor y seréis en la eternidad por amor.

El amor habrá de venceros al fin y por el amor me conoceréis.

Encontrándome en las afueras de una aldea, llegó ante Mí el emisario de un poderoso, quien me dijo: Señor: ¡Cuánto he tenido que andar para llegar hasta vos! Yo le dije: “Bienaventurados el que me busca, porque siempre me hallará”.

Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. (Lucas 11: 9-10)

¿Cómo he de dejar sin cubrir bajo mi caridad a todo el Universo? Si a vosotros que sois ahora criaturas humanas, vengo a enseñaros el amor universal. ¿Cómo podría el Maestro solamente fijarse en unos, olvidando a otros?

Si alguno de vosotros sintiere envidia de su hermano juzgándole más querido del Maestro y ambos reclamasen su sitio a mi diestra, les diría: No soy quien debe sentaros a mi diestra; es algo que toca a cada quien labrarse por sus propios méritos. En verdad os digo que no podría amar más a un hijo que a otro.

Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante él y pidiéndole algo. Él le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda. (Mateo 20: 20-28)

El Diablo y el Infierno no existen

El Diablo y el Infierno no existen

He aquí una más de mis lecciones, mas para que la comprendáis mejor, analizadla con vuestro espíritu y no tanto con vuestra mente.

Ya es tiempo que interpretéis justamente el contenido de todas mis parábolas y enseñanzas que por medio de símbolos os he revelado. Quienes se han aproximado más a la verdad, son los que han encontrado el sentido espiritual de mis enseñanzas. A causa de la interpretación material que las mentes humanas han dado a mis revelaciones, muchas creencias sobre la vida espiritual están tan alejadas de la verdad.

¿Cómo podrán los hombres dar así una justa interpretación a lo que he llamado «Reino de los Cielos? ¿Cómo podrán conocer mi justicia, mientras crean que existe un infierno como el que su imaginación a forjado?

Mi palabra no desciende a atacar creencia alguna, solamente viene a explicar el contenido de todo aquello que no ha sido debidamente interpretado y que por lo tanto, ha producido confusiones que se han transmitido de generación en generación entre la humanidad.

He venido a aclarar muchas mentiras que la humanidad ha tomado como verdades.

Las antiguas creencias, figuras, formas y nombres simbólicos con que los hombres de los tiempos pasados representaron al mal, dándole forma humana y concediéndole existencia espiritual, creencias que han llegado hasta las presentes generaciones deben desaparecer, porque sin daros cuenta habéis creado con ellas mitos y cultos supersticiosos, indignos de la evolución espiritual que el hombre ha alcanzado en este tiempo. ¡Qué distinta es la realidad espiritual en comparación a la que los hombres han imaginado! Ni mi justicia es como creéis, ni existe el castigo divino, ni es el Cielo como vosotros pensáis, ni se logra en la forma tan fácil y rápida como imagináis, como tampoco la expiación espiritual es como decís, ni la tentación es un espíritu.

En algunas ocasiones, mis profetas al hablar de la vida espiritual, lo hicieron a través de formas humanas y de objetos conocidos por vosotros. Pero ahora debéis comprender que todo ello era sólo un significado, un símbolo, un sentido divino, una revelación que tuvo que ser expresada a vosotros bajo una forma alegórica, ya que no os encontrabais capacitados para comprender otra más elevada.

Qué interpretación tan material habéis dado a mis revelaciones del Primero y Segundo Testamentos!

Cuántas torcidas interpretaciones han dado los hombres a las lecciones divinas. Me hacen aparecer como un juez de monstruosa crueldad. Cuántos absurdos ha creado la mente humana y luego los ha impuesto como la suprema verdad.

¡Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno? (Mateo 23:33)

¡Mi justicia a nadie condena y menos eternamente!

Cuán deforme e imperfecto es ese Dios en la forma en que tantos lo imaginan; qué injusto, monstruoso y cruel. Reuniendo todos los pecados y crímenes que hayan cometido los hombres, no pueden compararse con la perversidad que significa el castigo del infierno para toda la eternidad al cual, según ellos, condena Dios a los hijos que pecan. ¿No os he explicado que el atributo más grande de Dios es el amor? ¿No creéis, entonces, que un tormento eterno sería la negación absoluta del atributo divino del amor eterno?

¿Cómo concebís que Yo hubiese puesto en la senda de los hombres a un ser infinitamente más poderoso que ellos, para que les estuviese tentando sin cesar y que al final los empujase a la perdición eterna? De Dios no pueden brotar demonios; a éstos los habéis forjado con vuestra mente. El concepto que tenéis de ese ser que a cada paso me ponéis por adversario, es falso. Cuán erróneamente se ha interpretado la existencia del príncipe de las tinieblas. Cuántos han llegado a creer más en su poder que en el mío.

Los hombres de hoy no pueden pensar en Dios sin materializarlo en alguna forma; no pueden hablar de tentaciones sin personificar la influencia del mal en un ser cuya misión es perder a los espíritus, y tampoco pueden pensar en la expiación del que ha pecado, sin imaginar el castigo del fuego del infierno, el cual jamás ha existido.

Sobre estas tres confusiones que dominan la mente de la humanidad, os digo que, si creéis que Dios es el Espíritu Santo, no tienen por qué buscarlo en formas materiales, puesto que es Espíritu; y que ese ser imaginario a quien llamáis Lucifer o Satanás, no existe sino en la mente de quienes no han podido interpretar espiritualmente mis palabras, revelaciones y mensajes de los tiempos pasados.

El hombre es el que con su imaginación ha creado la muerte y además ha creado infiernos y glorias según su pobre entendimiento: ¿Qué conceptos justos podrá tener de mi existencia, de mi justicia y de la verdad sobre la vida eterna? Sólo confusión hay en el corazón de la humanidad, y esa confusión forma parte de los cimientos donde descansan las creencias de las mayorías. ¿Qué futuro le espera a la humanidad si persiste en apartarse del camino verdadero? Sólo miseria, turbación y dolor, de lo cual tiene un anticipo en la vida llena de vicisitudes que lleva en la Tierra.

¿Qué lograría de vosotros si en verdad os diese como castigo el fuego eterno? Que blasfemaseis eternamente en contra de un Dios a quien juzgaríais injusto, cruel y vengativo.

No alimentéis más la idea que existe entre la humanidad acerca del infierno, porque no hay más infierno en este mundo, que la vida que habéis creado con vuestras guerras y odios, y en el más allá no existe más fuego que el remordimiento del espíritu, cuando la conciencia le muestra sus errores.

Yo no creé la muerte ni el infierno, porque al concebir mi Espíritu la idea de la creación, sólo sentí amor y de mi seno sólo brotó vida; si la muerte y el infierno existiesen, entonces tendrían que ser obras humanas, por pequeñas; y ya sabéis que nada de lo humano es eterno.

Os digo que con mi palabra, aboliré en este tiempo el infierno que los hombres a través de religiones y erróneas interpretaciones, han forjado para inspirar temor y poner una venda de ignorancia a la humanidad.

Mucho os hablé en tiempos pasados de ese fuego, de ese juicio, de esa expiación; mas las figuras con las que eran representadas estas enseñanzas las tomasteis en sentido material y vuestra imaginación desvirtuó la realidad de esas revelaciones.

El infierno es el símbolo de las grandes penas, de los terribles remordimientos, de la desesperación, del dolor y la amargura de los que han pecado grandemente y de cuyas consecuencias se librarán mediante la evolución de su espíritu hacia el amor.

No solamente vengo a libraros de errores y prejuicios que afectan vuestra vida en el mundo, sino también vengo a deciros que la condenación eterna como os la han descrito, no existe, porque el espíritu no puede sufrir la pena física que produce dolor en la materia; el dolor del espíritu proviene de que contemple sus acciones a la luz de la conciencia, la cual lo hace mirar y comprender con claridad todos los errores e imperfecciones cometidas.

¿Cómo podrá perderse irremisiblemente para Mí un espíritu, si lleva en sí un destello de mi luz que jamás se extingue y doquier que vaya me tiene delante? Por muy larga que sea su reaciedad o muy duradera su turbación, nunca serán esas tinieblas más largas que mi eternidad.

¿Cómo condenar al hombre al exterminio o al dolor eterno, cuando su pecado sólo es pasajero y es producto de su ignorancia? ¿Cómo condenar a un ser que en si lleva mi propia naturaleza divina?

...¿Quién de nosotros habitará con las llamas eternas? (Isaías 33:14)

¡Mi justicia a nadie condena y menos eternamente!

¿Qué valor tendría mi Ley y mi Doctrina si no fuesen capaces de salvar del error y del pecado a los espíritus? ¿Y que objeto habría tenido mi presencia como hombre en el mundo, si iba a haber muchos que habrían de perderse para siempre en una expiación sin fin? ¡Qué mal pensáis de Mí y de mi justicia los que decís conocerme y amarme! ¿Habéis olvidado que os di mi vida por salvaros? ¡Mi amor si es infinito y eterno!

para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. (Mateo 5:45)

Cree el hombre que los cielos están tan distantes y altos, que es muy difícil que Yo me manifieste entre esos pequeños y es porque tienen una vaga noción de lo que es y de lo que quiere decir Cielo. Ignoran que Cielo es para el espíritu el estado de perfección, de pureza y de luz a que todo espíritu debe llegar y no un sitio determinado en el espacio.

Ese infinito de que os hablo, nunca lo podréis medir con vuestra mente. Ese infinito os habla de ternura, de luz, de pureza, de sabiduría, de amor, de perfección, porque todo ello no tiene principio ni fin, ya que son atributos de Dios. El Cielo es el estado de perfección; Yo os lo he simbolizado como una inmensa y blanca ciudad que tenéis que conquistar con vuestro valor, con vuestra fe y con vuestra voluntad inquebrantable.

El Cielo es la felicidad suprema a dónde llega un espíritu por el camino de su perfeccionamiento, por lo cual deberá elevarse tanto en sabiduría y amor que le permita alcanzar tal estado de pureza, a donde no llega el pecado ni el dolor. Deseáis salvaros y queréis escapar de las expiaciones del espíritu con conocer el Cielo; mas Yo os digo que es bien pequeño el esfuerzo que hacéis por lograr todo esto y que muchas veces, en vez de buscar los medios que podrían ayudaros a conseguirlo, huis de ellos.

El espíritu, a medida que se eleva, amplía el mundo o mansión en que habita; así, al llegar a su perfección, dominará el infinito, podrá ir a todas partes, todo en él será luz, armonía con su Padre y con todos sus hermanos. Ese será su Cielo, esa será su gloria. ¿A qué más puede aspirar el espíritu, que a la paz eterna, a la sabiduría, a la felicidad de amar y saberse amado?

La gloria, en cambio, simboliza la felicidad y la paz verdadera, es para aquellos que se han apartado de las pasiones del mundo para vivir en comunión con Dios.

No limitéis más lo infinito y lo divino. ¿No comprendéis que si el Cielo fuese como creéis, una mansión, una región o un sitio determinado entonces ya no sería infinito? Ya es tiempo de que concibáis lo espiritual de una manera más elevada, aunque vuestra idea no alcance a abarcar toda la realidad, pero que al menos se aproxime a ella.

Yo no tengo un sitio determinado o limitado para habitar en el infinito, porque mi presencia está en todo lo que existe, lo mismo en lo divino, que en lo espiritual o en lo material. De Mí no podréis decir en qué dirección está mi Reino, y cuando elevéis vuestra mirada a las alturas, señalando hacia los “cielos”, hacedlo sólo como algo simbólico, porque vuestro planeta gira sin cesar y en cada movimiento os presenta nuevos cielos y nuevas alturas. Con todo esto quiero deciros que entre vosotros y Yo, no existe ninguna distancia y que lo único que os separa de Mí son vuestras obras ilícitas que ponéis entre mi Ley perfecta y vuestro espíritu.

Tened siempre presente que el espíritu que alcanza los altos grados de la bondad, de la sabiduría, de la pureza y el amor, está más allá del tiempo, del dolor y de las distancias. No está limitado a habitar un sitio, puede estar en todas partes, y encontrar en todo un supremo deleite de existir, de sentir, de saber, de amar y saberse amado. ¡Ese es el Cielo del espíritu!

Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. (Apocalipsis 21:1)

Los espíritus aún faltos de luz

De los seres a quienes les falta luz espiritual

Existen fuerzas invisibles a la mirada humana e imperceptibles a la ciencia del hombre, que influyen constantemente en vuestra vida. Las hay buenas e insanas, las hay de luz y también oscuras.

Unas y otras vibraciones invaden el espacio, luchan entre sí, esas influencias lo mismo brotan de espíritus encarnados que de seres sin materia, porque lo mismo en la Tierra que en el Más Allá, existen espíritus de luz así como espíritus turbados.

Hombres y pueblos han sucumbido bajo el poder de esas influencias sin que la humanidad repare en ello. Enfermedades raras y desconocidas, son producidas por ellas, las cuales, han abatido a los hombres y han confundido a los científicos.

¡Cuántos misterios existen aún para el hombre, está rodeado de seres invisibles e impalpables, los cuales ya deberían ser visibles para él! ¿Por qué os sorprendéis de que se presenten entre vosotros seres que habitaron la Tierra hace miles de años? ¿Qué es el tiempo en el mundo espiritual? Nada.

En este tiempo es mayor la influencia del mal que la del bien; por lo tanto, la fuerza que domina en la humanidad es la del mal, del que se derivan el egoísmo, la mentira, la lujuria, el orgullo, el materialismo y el placer de hacer daño.

De aquél mundo invisible que palpita y vibra en vuestro propio mundo, parten influencias que tocan a los hombres, ya sea en su mente, en sus sentimientos o en su voluntad, convirtiéndolos en siervos sumisos, en esclavos, en instrumentos, y en víctimas. Por doquiera surgen manifestaciones espirituales y sin embargo, el mundo sigue sin querer darse cuenta de lo que rodea a su espíritu.

Estas manifestaciones que día a día aumentan, llegarán a abrumar en tal forma a los hombres, que al fin vencerán el escepticismo de la humanidad. Ahora que el hombre cree encontrarse en la cumbre del saber, es cuando ignora que está en el abismo.

¿De dónde surgen esas influencias? Del espíritu, de la mente, de los sentimientos. La causa que motiva la presencia de los espíritus turbados, sin paz y sin luz, entre vosotros, son los malos pensamientos, las malas palabras, las bajas pasiones, las malas costumbres, los vicios; todo ello es una fuerza que los atrae. Son seres ya sin cuerpo, que en su turbación buscan cuerpos ajenos para expresarse a través de ellos, pero por su turbación y su influencia lo único que logran es perturbar la paz, nublar la mente o enfermar a aquellos a quienes se acercan.

De ese desequilibrio provienen las enfermedades, los errores y las bajas pasiones que atormentan al hombre hasta vuestros días.

Todo espíritu encarnado o desencarnado, al pensar, emana vibraciones; todo sentimiento ejerce una influencia. Podéis estar seguros que el mundo está poblado de esas vibraciones, por lo que debéis comprender fácilmente que donde se piensa y se vive en el bien, tienen que existir fuerzas e influencias saludables y que donde se vive fuera de las leyes y normas que señala el bien, la justicia y el amor, tienen que existir fuerzas maléficas.

Los espíritus en tiniebla, cruzándose en el camino espiritual de la humanidad, la confunden induciéndole a la idolatría, al paganismo y al fanatismo. Un hombre entregado a una vida de pecado, es capaz de arrastrar tras de sí una legión de seres en tiniebla, que harán que a su paso vaya dejando una estela de influencias maléficas.

Seres de luz al servicio de la Obra divina y otros rebeldes e ignorantes surgieron por doquier y aparecieron entre aquella humanidad los poseídos, a quienes la ciencia no acertaba a liberar y eran repudiados por el pueblo. Ni los doctores de la Ley, ni los científicos, acertaban a devolver la salud a aquellos enfermos.

Pero este género no sale sino con oración y ayuno. (Mateo 17:21)

Mas todo estaba dispuesto por Mí, para enseñaros y daros pruebas de amor y os concedí a través de Jesús la curación de esas criaturas, con asombro de muchos. Los incrédulos, los que habían oído hablar de la potestad de Jesús y sabían de sus milagros, buscaban las pruebas más difíciles para hacerlo vacilar un instante y demostrar que no era infalible; y esta liberación de los poseídos, el hecho de volverlos a su estado de seres normales con sólo dirigirles una palabra de orden, para que aquellos seres espirituales recibiesen la luz y unos y otros quedasen libres de su pesada carga, confundió a aquéllos. Ante este poder, los fariseos, los científicos, los escribas y publicanos tuvieron diferentes reacciones.

Unos reconocían la potestad de Jesús, otros atribuían su poder a extrañas influencias, otros nada acertaban a decir; pero los enfermos que habían sido sanados bendecían su nombre; unos habían sido poseídos por un solo espíritu, otros por siete como María de Magdala y otros por un número tan grande, que ellos mismos decían ser una legión.

Y le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y respondió diciendo: Legión me llamo; porque somos muchos. (Marcos 5:9)

Ahora llamadme brujo y hechicero porque os hablo de estas revelaciones. Yo sólo vengo a salvar a unos y a otros de las tinieblas, del dolor y de la muerte, porque Yo soy la luz que brilla delante de los hombres y de las legiones de espíritus turbados. ¿Quiénes me reconocerán primero?

Muchas manifestaciones fueron miradas en ese tiempo con regocijo y fe de muchos, y otros, reacios e incrédulos para la vida espiritual, dudaron y negaron esta verdad; pero mis huestes espirituales que estuvieron desatadas, eran atraídas por la luz que irradiaba el Maestro.

Y se difundió su fama por toda Siria; y le trajeron todos los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos; y los sanó. (Mateo 4:24)

Esos espíritus son el símbolo de la enfermedad, los habitantes de las sombras, los que no saben ni lo que es vida ni lo que es muerte.

No existe en la Tierra cáliz más amargo ni dolor más intenso que el de los espíritus turbados, el no poder comprender lo que acontece a su alrededor, los remordimientos, Los tropiezos, la nostalgia de lo que abandonaron, la soledad, el silencio y la impotencia para elevarse, constituyen el fuego donde habrán de purificarse hasta alcanzar la luz.

¡Cuán fácilmente muere el cuerpo!, pero qué difícil es para el espíritu que no supo prepararse, poder librarse de la turbación. Cuando el espíritu se deja dominar por la influencia de cuanto le rodea en la Tierra, llega a identificarse a tal grado con su materia que se olvida de su verdadera naturaleza, se aleja de la vida espiritual al grado de serle ajena, y es por eso que cuando su cuerpo muere, tiene que turbarse o confundirse.

Mientras unos en su confusión quedan adheridos a su cuerpo muerto, otros, conservando en su espíritu las impresiones de su envoltura, creen seguir siendo humanos sin poder elevarse hacia la morada que les corresponde quedando atados a los que en el mundo amaron.

Son aquellos, que conservan las miserias e impresiones que en ellos dejó la materia y la vida terrestre; luchan entre las dos fuerzas que les atraen, la espiritual y la material, porque aún sienten el apego y el amor por las satisfacciones de este mundo.

Su intención, es dominar a los hombres convirtiéndolos en esclavos e instrumentos de su voluntad, en fin, no dejarse despojar de lo que han creído siempre suyo: el mundo.

Humanidad: siempre habéis presentido la existencia de seres invisibles que vagan por el espacio, que a veces se acercan a vosotros, que os rodean y pensando que pueden ser espíritus que sufren, habéis tratado de hacer algo por ellos. La intención ha sido buena, pero siempre os ha faltado el conocimiento para que aquella caridad resultase efectiva. Hasta ahora, no sabéis la forma verdadera de hacer luz en los seres turbados o presas del remordimiento.

Debéis saber cuál es la causa de que esos seres, hermanos vuestros, penetran en vuestra vida material y qué es lo que debéis hacer para libraros de sus malas influencias, haciendo al mismo tiempo, luz en aquellos espíritus dignos de vuestra caridad.

Les habéis ofrecido ceremonias y dádivas materiales y aunque se ha logrado tranquilizar vuestro corazón, ellos nada han recibido, porque lo del mundo ya no les pertenece, ya no llega a ellos. Esos seres buscan caridad espiritual, consuelo, amor, comprensión y luz, que es conocimiento, más ¿cómo poder ofrecerles una ayuda espiritual? Mi palabra viene a ilustraros sobre la forma de hacer la caridad a aquellos a quienes ni siquiera contempláis.

Si en verdad queréis hacer un bien a vuestros hermanos espirituales librándoos a la vez de sus malas influencias, debéis orar por ellos, con oración sentida, plena de piedad, y de elevados pensamientos.

Si sentís que en vuestra vida humana se manifiestan en alguna forma, presentadles buenos ejemplos y buenas obras, para que en ellas tomen luz para su espíritu. Dejad que os vean sanar enfermos, que os contemplen perdonar a quien os haya ofendido, que vean brillar nobles ideas en vuestra mente y que sólo escuchen buenas palabras.

No os estoy autorizando a que materialicéis en alguna forma a aquellos seres, por el contrario, os inspiro la forma de que les conduzcáis hacia la espiritualidad y a que apartéis de ellos sus confusiones y tinieblas por medio de vuestras oraciones, cuyos pensamientos e ideas hagan luz en sus entendimientos.

Para que esta humanidad pueda defenderse y librarse de las malas influencias, necesita tener conocimiento de la verdad que le rodea, necesita aprender a orar con el espíritu y también saber de cuantos dones está revestido su ser, para poder emplearlos como armas en esta gran batalla del bien contra el mal, de la luz contra las tinieblas, de la espiritualidad contra el materialismo.

Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. (Efesios 6:12)

Velad y orad, no sólo por los peligros materiales, sino también por las acechanzas que vuestros ojos no alcanzan a distinguir, aquellas que provienen de seres invisibles.

¿Queréis gozar de la influencia de los seres espirituales de luz y libraros de quienes habitan en las sombras de su materialismo y de su confusión? Pues Yo os digo que el secreto consiste en llevar una vida tranquila, sencilla, en vivir con amor, con limpidez y en cultivar en vuestro hogar la simiente de la virtud.

Dedicad siempre en vuestras oraciones un pensamiento en favor de aquellos que sin ser vistos por los ojos del cuerpo, lloran cerca de vosotros; pero no tratéis de llegar a ellos, o de obligarlos a manifestarse.

De cierto os digo que sólo las armas de la oración y la virtud os pueden servir para ayudar a esos seres, vuestros hermanos. Si vosotros inventáis otras prácticas para sustituirlas, seréis víctimas de tales influencias, y en vez de hacer luz en vuestro camino, iréis aumentando las tinieblas.

Las armas que os doy, no son de las que arrancan la vida, no ciegan a nadie, no derraman sangre, ni causan dolor, no dejan viudas ni huérfanos a su paso, ni dejan hogares sumidos en la desolación, puesto que las armas que Yo os he dejado son: La perseverancia en la Ley de Dios, vuestro Padre Creador, el amor de los unos a los otros, la caridad, el perdón, para que con su ayuda podáis luchar por cambiar las malas influencias en vibraciones de luz.

El que lucha con estas armas no sólo a sí mismo se liberta, sino también salva y liberta a sus hermanos quienes reciben la luz y renacen a la vida y al amor.

Buscad con la oración a esos seres, porque su luz y su fuerza no les bastan aún para romper las cadenas que les atan a este mundo.

Vuestra voz resonará donde ellos habitan y los hará despertar de su profundo sueño. Les hará llorar y lavarse con el llanto del arrepentimiento, entonces comprenderán sus pasadas vanidades, sus errores, sus pecados.

En verdad os digo que tales seres no son malos, que sólo son espíritus turbados a los que les falta un instante de lucidez para tornarse en mansas ovejas.

No son demonios, son seres imperfectos, turbados, confundidos, oscurecidos por el dolor, por el materialismo, la envidia o el rencor.

Si vosotros os habéis imaginado que los seres en turbación, son como monstruos, Yo sólo los veo como criaturas imperfectas, a las cuales les tiendo mi mano para salvarles, porque también son mis hijos muy amados.

Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos. Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso. (Lucas 6:35-36)

No os asombréis si os digo que su naturaleza es la misma que tiene vuestro espíritu y la misma que tienen aquellos seres llamados ángeles por vosotros.

Cuando Cristo expiró en cuanto hombre, el Espíritu Divino hizo luz en las moradas espirituales y en los mismos sepulcros, de donde salieron los espíritus que junto a sus cuerpos dormían el sueño de la muerte.

Seres materializados, perturbados y enfermos, perdidos del camino, atados con cadenas de remordimientos, arrastrando fardos de iniquidad y otros espíritus que creían estar muertos y estaban adheridos a su cuerpo. Todos salieron de su letargo, y se levantaron a la vida; pero antes de abandonar esta Tierra, fueron a dar testimonio de su resurrección y de su existencia.

Esos seres vagaron esa noche por el mundo haciéndose visibles a las miradas humanas como un testimonio de que el Redentor es vida para todos los seres y de que el espíritu es inmortal. Sólo Cristo pudo iluminar aquellas tinieblas, sólo su voz pudo resucitar a aquellos espíritus que dormían para su evolución.

y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos. (Mateo 27:52-53)

Yo permití estas manifestaciones para que el mundo medite y conozca que el espíritu no muere jamás.

En el Segundo Tiempo habiendo liberado a un poseído, los que miraban aquello, decían que Jesús tenía pacto con el espíritu del mal; en cambio el espíritu que atormentaba a aquel hombre me habló diciéndome: Yo te conozco quién eres, el Santo de Dios.

Pero había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, que dio voces, diciendo: !Ah!, ¿qué tienes con nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios. Pero Jesús le reprendió, diciendo: ¡Cállate, y sal de él! Y el espíritu inmundo, sacudiéndole con violencia, y clamando a gran voz, salió de él. (Marcos 1:23-26)

Sin embargo, también había quienes maravillados por esas obras, decían: ¿Con qué autoridad y potencia manda a los seres inmundos y ellos le obedecen? No sabían que ese don está en todos y esas armas todos las lleváis.

Y todos se asombraron, de tal manera que discutían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es esta, que con autoridad manda aun a los espíritus inmundos, y le obedecen? (Marcos 1:27)

Yo sané a los enfermos desahuciados por la ciencia, porque sus enfermedades eran sobrenaturales, porque pertenecían a la naturaleza espiritual. Liberté a los poseídos por las grandes legiones de espíritus turbados y los que en Mí creían se levantaron glorificando mí nombre y reconociendo mi poder.

Esos espíritus que no pertenecen ya a la vida humana, llegan a los hombres y aún conviven con ellos: de esto os di muchas lecciones en el Segundo Tiempo aprovechando los casos en que me eran presentados algunos poseídos; pero aquel pueblo y sus sacerdotes no supieron comprender el sentido de aquellas revelaciones y me juzgaron según su mala fe.

Ahora vengo a ampliar mi lección para que seáis poseedores de este conocimiento y a daros armas para que luchéis y venzáis en esta confusión.

Yo mismo volví después de la crucifixión para dar testimonio de mi verdad y vencer la incredulidad de la humanidad y aun entre mis discípulos me presenté para demostrar que soy la vida y mi vida está en toda la creación. (Marcos 16:12-13) (Lucas 24:13-49)

Estudiad profundamente mis palabras y no tratéis de hacer ciencias de mis enseñanzas, ni a valeros de lo que Yo he enseñado, para libraros sin amar a los que llegasen a perturbaros, porque caeréis junto con ellos en las tinieblas.

Si no llegáis a conocer esta realidad, nunca podréis libraros de aquellas asechanzas, ni podréis hacer nada en beneficio de los grandes necesitados; seréis unos y otros enfermos que continuamente se contagien sus males.

Meditad en la finalidad de mis enseñanzas y en todo lo que abarca mi palabra con su luz, para que dejéis de imaginaros como únicos habitantes de esta morada.

Las legiones de espíritus que vagan errantes por el mundo, llamando en distintas formas a las puertas del corazón de la humanidad, son voces que quieren deciros que despertéis, que abráis vuestros ojos a la realidad, que os arrepintáis de vuestros errores y que os regeneréis, para que más tarde, cuando dejéis vuestra materia en el seno de la tierra, no tengáis que llorar como ellos su soledad, su ignorancia y su materialismo.

¡He ahí la luz surgiendo de las mismas tinieblas!

Cuántos espíritus, que vagan en el espacio, quisieran hacerse oír de los hombres, para decirles: «No perdáis vuestro tiempo como yo lo perdí».

Los seres de luz

Los seres de luz

Os habéis empeñado en ignorar la vida espiritual de vuestros hermanos a quienes llamo ángeles o protectores. Esa vida palpita sin cesar dentro y fuera de vosotros, sin imaginaros que estáis tan íntimamente ligados a ella, como lo estáis al aire que respiráis.

Unos llaman invisible a aquel mundo, otros dicen que habitan en el «más allá» y, ¿por qué? Sencillamente porque carecen de fe para ver y comprender esa vida espiritual, de la cual os sentís extraños de su mundo y que deberíais sentir muy próximo a vuestro corazón.

Para que la fe de la humanidad se afirmara en el conocimiento de la existencia espiritual de los ángeles, en los tiempos pasados os fueron concedidas algunas manifestaciones de esos hermanos vuestros, enviados del Padre.

Llegaron pues los dos ángeles a Sodoma a la caída de… (Génesis 19:1)

Cuando os hablo de mi mundo espiritual, me refiero a aquellas legiones de seres obedientes que como verdaderos siervos, sólo hacen lo que la voluntad de su Señor les ordena. Ésos son a los que he enviado entre vosotros, para que sean los consejeros, los guardianes, los doctores y verdaderos hermanos.

Hoy ignoráis la bendita influencia que ejercen entre la humanidad, mas cuando tengáis sensibilidad para percibir las inspiraciones y mensajes que os envían, comprenderéis el sinnúmero de ocupaciones y obras nobles a que ellos dedican su existencia.

Ya que os hablo de la bondad y elevación de esos seres, debo deciros que ellos, como vosotros, también tuvieron desde un principio el don del libre albedrío, es decir, verdadera y santa libertad de acción que es prueba del amor del Creador hacia sus hijos. Ellos hicieron buen uso de este don y hoy viven solamente para hacer el bien.

Están limpios y pueden hablar de limpidez; me aman y os aman, por lo tanto, tienen derecho a hablar de amor, están saturados de salud y por esa causa pueden impartir salud a los enfermos.

He dejado a vuestra diestra un ángel guardián, que conoce vuestra vida. Él tiene la misión de guiaros, y de libraros de los peligros.

Tenéis muchos amores tras el velo de la materia; pero vosotros no los conocéis ni sabéis de qué manera os aman desde el Más Allá. ¡Tenéis tantos hermanos y tantos amigos en el valle espiritual a quienes no conocéis! ¡Qué hermosa es la misión que desempeñan, y cómo les dificultáis su labor! Nunca os portéis como ingratos ante ellos, ni seáis sordos a sus inspiraciones, porque vuestras fuerzas no os bastarán para haceros salir avante en todas las pruebas de la vida.

¡De cuántos abismos y peligros os han salvado, de cuántas malas determinaciones os han hecho desistir! ¡Cuánto os aman y protegen esos hermanos vuestros, y cómo influyen benéficamente en la humanidad! Aquél mundo es mayor y más hermoso que éste que con vuestros ojos contempláis. Es un mundo de luz y armonía perfecta.

¿A qué ha venido el Mundo Espiritual de Luz en este tiempo? A explicar con su palabra y sus obras mi Doctrina, a enseñaros a interpretar mis revelaciones y a ayudaros a comprender su esencia. Jamás os han dado enseñanzas superfluas; ni han descubierto lo que aún no es tiempo de que conozcáis; nunca han venido a despertar vuestra curiosidad ni a sugeriros ciencias ni poderes misteriosos. Su elevación y su luz no puede permitirles caer en vulgares materializaciones, porque han hecho de la Ley de amor el ideal de su espíritu.

Ese Mundo Espiritual vino por mandato divino a comunicarse en forma humana por breve tiempo, para dejar la impresión de su elevada fraternidad, el testimonio de su existencia y la prueba de su presencia entre los hombres.

Si la humanidad de ahora no fuese tan insensible, recibiría constantemente mensajes del Mundo Espiritual y comprobaría que los seres humanos, jamás están solos. Ciertamente que ellos, los ángeles de luz, vuestros hermanos, acuden a vuestro llamado, que interpretan vuestros deseos y os imparten su ayuda, porque su misión está inspirada en la caridad; pero aquella ayuda no la habéis logrado con vuestra espiritualidad, sin embargo, os bastará orar y evocar sus consejos, mas hacedlo con pureza, para que sintáis su influencia, y no dudéis de su presencia.

Tenéis tan cerca al mundo de los espíritus virtuosos que vienen en vuestra ayuda, que sólo basta invocarles a través de la oración con fe y respeto, y recibiréis sus beneficios. Llamadlos sin distinción ninguna, en medio de una limpia espiritualidad, libre de fanatismo y supersticiones.

Os digo esto, porque muchas veces confundís la elevada espiritualidad con prácticas materiales, que en vez de aproximaros hacia ellos, más bien los alejáis. Creéis que al invocarlos es más eficaz llamarlos con algún nombre que atraerlos con una oración. Creéis que hay mejor preparación en vosotros si les invocáis encendiendo un cirio u orando en voz alta, y eso no debe ser.

Mis ángeles están diseminados en el Universo, cumpliendo mis mandatos de ordenar y volver todo a su cauce. Y cuando todos hayan cumplido, la ignorancia habrá desaparecido, el mal no existirá y sólo el bien reinará en la Tierra.

¿Les habéis reconocido? Es el Mundo Espiritual que ha venido entre vosotros a dar testimonio de mi presencia entre la humanidad.

Os he prometido enviar a morar entre vosotros a los espíritus de grande luz, que esperan tan sólo el momento de encarnar y cumplir una gran misión de restauración.

Cuando aquellos seres habiten este mundo, ¿qué tendréis que enseñarles? Nada, porque ellos vendrán a enseñar, no a aprender. Os maravillaréis de escucharles desde la infancia hablando de enseñanzas profundas, sosteniendo conversaciones con los hombres de ciencia y con los teólogos, asombrando con su experiencia a los ancianos y aconsejando la buena senda a la juventud y a la niñez.

¿Por ventura será vuestro hogar el que reciba la presencia de aquellos seres de luz? Si estáis preparados os elegiré; si no lo estáis, buscaré corazones dispuestos y ahí les enviaré.

Mañana, cuando el conocimiento sobre la vida espiritual se haya extendido por el Orbe, reconocerá la humanidad la importancia de esos seres y los bendecirán.

¡Cuántas veces los apóstoles, los profetas y los enviados del Señor hablaron al mundo bajo la influencia del Mundo Espiritual, sin que la humanidad se diera cuenta de ello!

No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles. (Hebreos 13:2)

La Virgen María

¡La Virgen María, la Ternura Divina!

Quiero hablaros de María, mi Madre en cuanto hombre y Madre espiritual de vosotros.

Es menester que el corazón humano conozca a fondo el precioso mensaje que su Espíritu trajo al mundo.

Yo, el Verbo, me hice hombre en el Segundo Tiempo, para mostraros mi divino amor; no desdeñé vivir entre vosotros en carne humana. Quise ser hijo de esta humanidad, para sentirme más suyo, para que me viera más cerca; aquella mujer que ofreció su seno, para que en él se hiciera hombre el Verbo, era por su pureza e inocencia, el templo digno de quien la había elegido como madre humana. María era la flor de un linaje preparado por el Señor, muchas generaciones antes que Ella naciera.

Y Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo (Mateo 1:1-16)

Sólo Ella podía haber llevado en su seno la semilla de Dios; y ser digna de quedar como Madre espiritual de la humanidad.

Cuando aquella mujer hubo llegado a su edad de doncella, fue desposada. El Padre le envío un ángel para anunciarle su misión. Mas, ¿cómo sorprendió a la virgen desposada? Orando, y al encontrarla preparada, le dijo: “Salve, oh María, el Señor es contigo, bendita Tú entre las mujeres» que has hallado gracia delante de Dios. No temas, que tu seno concebirá a Aquél que ha de reinar en la casa de Jacob y su reinado no tendrá fin”.

Su paso por el mundo, aunque más largo que el mío, porque llegó antes y se fue después, fue corto; sus palabras breves y dulces fueron una caricia celestial. El mundo vio con indiferencia su paso por la Tierra, mas en verdad os digo, que hoy conoceréis su dulce voz de Madre, que es arrullo, consuelo, esperanza y bálsamo.

Unos la reconocen, otros la niegan, sin embargo, Ella, tierna y amorosa, extiende su divino manto sobre el Universo, también salva y redime, si en cuanto a mujer, su vientre fue el arca donde estuvo depositado el cuerpo de Jesús, ¡Cuánto no guardará su Espíritu para todos sus hijos!

María no es solamente la mujer que en el Segundo Tiempo concibió al Redentor. Yo digo a toda la humanidad, a todas las sectas y religiones, a todas las razas y a todos los seres, que la Virgen María es la esencia maternal divina que siempre ha existido en Mí; es la esencia femenina Universal que podéis descubrir y contemplar en todas las obras de la Creación; es el Espíritu maternal, es la intercesión y el seno que amamanta.

María, representa la pureza, la obediencia, la fe, la ternura y la humildad. Cada una de esas virtudes es un peldaño de la escala por donde Yo descendí al mundo para hacerme hombre.

Es la misma que os presento para que a través de Ella ascendáis. María es el seno materno, buscadla y me encontraréis a Mí. Ella es la esposa de mi pureza, y de mi santidad; es mi Hija al hacerse mujer y mi Madre al concebir al Verbo encarnado.

María es el Espíritu fundido de tal manera a la Divinidad, que constituye una de sus partes como lo son sus tres fases: El Padre, el Verbo y la luz del Espíritu Santo. Así María es el Espíritu de Dios que se manifiesta y representa la Ternura Divina.

¿Por qué juzgarla humana, si fue la hija predilecta, anunciada a la humanidad desde el principio de los tiempos como la criatura en quien se encarnaría el Verbo Divino?

Ella está en el mismo Padre y vino a encarnarse sólo para cumplir aquella hermosa y delicada misión y, ¿aquel corazón de Madre insigne se concretó a amar solamente a su Hijo amantísimo? No, en verdad. A través de aquel pequeño corazón humano, se manifestó el corazón maternal en consuelo y en palabras sublimes, en consejos, en caridad, en prodigios, en luz, y en verdad.

Desde el principio de la humanidad, os fue profetizado el advenimiento del Mesías, también la Virgen María os fue anunciada y prometida.

Esa mujer, esa virgen, es María, la que volverá a concebir en su seno, no a un nuevo Redentor, sino a un mundo de hombres que en Ella se sustenten de amor, de fe y de humildad.

Siglos antes de mi presencia a través de Jesús, el profeta Isaías dijo: Por lo tanto el Señor os dará esta señal, he aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo que se llamará Emmanuel. Con esta profecía entre otras anunció mi advenimiento.

Por tanto el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz, un hijo y llamará su nombre Emmanuel (Isaías 7:14)

En Nazareth vivía una flor de pureza y de ternura, una virgen desposada, llamada María que era precisamente la anunciada por el profeta Isaías, para que de su seno surgiese el fruto de la Vida Verdadera.

Sólo de una flor pura como Ella podía brotar el fruto que diera la redención a la humanidad.

Desde el Primer Tiempo, los patriarcas y profetas hablaron del Advenimiento del Mesías. Mas Él, no vino solamente en Espíritu, vino a encarnarse, a hacerse hombre, a tomar carne de una mujer. La esencia maternal divina tuvo que encarnarse también, y a hacerse mujer, como una flor de pureza; para que de su corola brotase la fragancia, el perfume del Verbo de Dios que fue Jesús.

Ella es modelo perfecto para toda mujer, porque la misión de todas ellas es delicada, noble y abnegada hasta el sacrificio.

La mujer despierta el corazón del niño al amor, encauza los sentimientos del hijo por la senda del bien, enjuga sus lágrimas cuando llora y lo consuela cuando sufre. Es la madre quien enseña al hijo la primera oración y le revela la existencia del Creador.

¿Veis esas flores que ocultan con humildad su belleza? Así fue y así es María: un caudal inagotable de belleza para el que sabe mirarla con limpidez y respeto, y un tesoro de bondad y de ternura para todos los seres.

Si la buscáis en la soledad de la noche, en el silencio que nada perturba, allí en el cosmos, la encontraréis, y si la buscáis en la fragancia de las flores, y en el corazón de vuestra madre, allí la tendréis. Si la queréis encontrar en la pureza de la doncella, allí la miraréis también, y así como en tantas obras donde se refleja la imagen del eterno femenino que existe en Dios y está en toda la Creación.

María pasó por el mundo en silencio, pero llenando de paz los corazones, intercediendo por los necesitados, orando por todos y finalmente derramando sus lágrimas de perdón y de piedad sobre la ignorancia y la maldad de los hombres. ¿Por qué no buscar a María si queréis llegar al Señor, si a través de Ella recibisteis a Jesús?

Nada tiene de extraño que en este Tiempo la busquéis para que os guíe y os acerque a Dios.

¡Cuán profundo ha sido el dolor que el mundo ha clavado en el corazón de su Madre y con cuánta ternura Ella esconde sus lágrimas, para mostraros tan sólo la dulzura de su sonrisa y lo amoroso de sus caricias! Siempre entre mi justicia inexorable y los pecados de los hombres se levanta su intercesión.

Buscadla espiritualmente; no pongáis delante de vosotros imagen alguna para sentirla cerca. Ella es la ternura de Dios, que habéis visto manifestarse en todos los tiempos. Es vuestra intercesora divina. Amadla, para que Yo pueda decirle nuevamente: «¡Madre, he ahí a tu hijo!»

De su virginidad incomprendida

Muchos siglos han pasado después de que con mi presencia iluminé a la humanidad y cuando tratan de comprender la verdad sobre la concepción de María, sobre mi naturaleza humana y mi esencia espiritual, la mente turbada de muchos hombres, no han podido comprender, ni su corazón envenenado han concebido aquella verdad.

María fue enviada para manifestar su virtud, su ejemplo y Divinidad perfecta. No fue una mujer más entre la humanidad. Fue una mujer distinta y el mundo contempló su vida, conoció su manera de pensar y de sentir, supo de la pureza y gracia de su espíritu y cuerpo. Ella es ejemplo de sencillez, de humildad, abnegación y amor. Y a pesar de que su vida ha sido conocida por el mundo de aquel tiempo y de las siguientes generaciones, hay quienes desconocen su virtud y su virginidad. No se explican el hecho de que haya sido virgen y madre y es que el hombre es incrédulo por naturaleza y no ha comprendido las obras divinas con el espíritu preparado.

¿Cómo es posible que haya quien pueda pensar que María, en cuyo seno se formó el cuerpo de Jesús y a cuyo lado vivió el Maestro, pudiese carecer de elevación espiritual, de pureza y santidad?

Quienes se levanten desconociendo la pureza y perfección de María son torpes, porque en su ignorancia desafían a Dios negando su poder.

Si estudiaran las escrituras y analizaran la encarnación de María y la vida de sus antecesores, llegarían a saber quién es Ella.

Los que niegan la divina Maternidad de María, desconocen una de las más hermosas revelaciones que Dios ha hecho a los hombres.

Los que reconocen la Divinidad de Cristo y niegan a María, no saben que se están privando de poseer la esencia más tierna y dulce que existe en Mí.

¡Cuántas teorías y confusiones han forjado los hombres! Sobre su maternidad, su concepción y su pureza, ¡cuánto han blasfemado!

Los hombres, sin respeto y sin amor, han osado juzgar la vida de los seres más elevados que Dios ha enviado entre la humanidad, tomando mi propia palabra, como base para sus razonamientos. Si en cierta ocasión llamé a mis discípulos hermanos, no fue la única, ni a ellos solamente a quienes así llamé.

María en su seno virgen llevó el cuerpo de Jesús. La Madre purísima, la azucena sin mancha, fue la encarnación de la ternura materna que en lo divino existe. ¿Por qué Jesús llamándose el hijo de Dios, no había de llamar hermanos a los hombres cuando ellos también son hijos de Dios? ¿Cuándo tendréis la elevación suficiente que os permita dar su justo sentido a lo divino y a lo humano? Comprended que es la única forma de que sepáis dónde están los errores y dónde brilla la verdad.

María; es la pureza incomprendida por la humanidad, virginidad que no puede ser analizada por la mente materializada de los hombres y que sólo puede ser sentida por aquel que se purifique en sus sentimientos.

Si en la Tierra su corazón se sintió lacerado muchas veces hasta la muerte, también en espíritu había de experimentar el dolor de ver su nombre y su pureza profanados por las blasfemias, dudas, juicios y burlas de los hombres materializados.

Si grande concibió al Maestro, así tiene que ser la que se hizo Madre humana para traerlo al mundo.

Sabía María que iba a concebir a un Rey más poderoso y grande que todos los reyes de la Tierra, y ¿acaso por ello se coronó reina entre la humanidad?

¿Acaso sus labios pregonaron por las plazas, por las calles, por los hogares humildes o en los palacios, que Ella iba a ser la Madre del Mesías, y que el Unigénito del Padre iba a brotar de su seno? No, la más grande humildad, mansedumbre y gracia hubo en Ella.

Su corazón de Madre humana fue dichoso y desde antes de dar a luz, y después, a lo largo de la vida de su hijo, fue madre amantísima, que conocía espiritualmente el destino de Jesús, la misión que había de desempeñar entre la humanidad y para que había venido. Jamás se opuso a ese destino, porque Ella es parte de la misma obra.

Si a veces derramó su llanto, era llanto de madre humana, era carne que sentía el dolor de su propio hijo. Más, ¿fue discípula del Maestro, su Hijo? No, nada tenía María que aprender de Jesús.

Jamás la ostentación fue en Ella, jamás turbó la palabra del Maestro, pero así como fue a los pies del pesebre que le sirvió de cuna, así fue a los pies de la cruz donde expiró Jesús, dando el último suspiro en cuanto hombre.

María, a los pies de Jesús el Cristo, estuvo sin exhalar una sola queja ni un reproche para aquella humanidad. Por eso ante el Padre fue grande como mujer, porque es el Espíritu de la maternidad universal que existe en Dios.

María me sentía en su Espíritu, no llevaba luto por Mí, no lloraba la muerte de Jesús, su dolor era por toda la humanidad. No tiene reproches para los que le han causado tanto dolor, ni una queja en contra de los que sacrificaron al Hijo muy amado; sólo su amor y su perdón a la humanidad coronan la obra de redención de su Unigénito. Es vuestra Madre Celestial a quien dejo entre vosotros para que la escuchéis y en su regazo os consoléis.

¿No estuvieron juntos Madre e Hijo en la hora suprema de la muerte de Jesús? ¿No se mezclaron en aquel instante la sangre del Hijo, con las lágrimas de la Madre?

María estuvo ahí sin exhalar una sola queja ni un reproche para aquella turba. Por eso es fue grande como mujer, porque es el Espíritu universal.

¡María, es la Ternura Divina! La ternura de Dios

Dicho esto, comprended cuándo os hablo de mi amor hecho hombre y mi ternura hecha mujer.

¡Cuánto ha llorado María sobre vuestra miseria! ¡Cuánto es lo que debéis a su ternura y a su amor! Lo mismo a los que la llaman como a los que la ignoran, a todos les hace sentir su calor maternal y la dulzura infinita de su caricia. En verdad os digo, que antes que los espíritus lleguen a Mí, tienen que encontrar en su camino a María la divina Madre.

El que me ame, antes tendrá que amar todo lo que es mío, todo lo que Yo amo.

Si estudiáis las profecías de los tiempos pasados, comprobaréis que estaba anunciada mi nueva manifestación. ¿También la presencia de María estaría anunciada? De cierto os digo, que si interpretaseis bien las profecías de Juan el Apóstol, encontraríais que su presencia había de ser también en este tiempo.

Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. (Apocalipsis 12:1-17)

Para que Ella fuese tenida en cuenta por la humanidad, y para que sea también amada y su ejemplo no se borre del corazón de los hombres, Jesús el Divino Maestro, sangrando en el madero, dedicó una de sus siete palabras diciéndole: “Madre, ¡he ahí a tu hijo! Y diciendo al hijo, que en ese instante era Juan, el apóstol del Señor: Hijo, ¡he ahí a tu Madre!»

Con esto quiso el Maestro dejar a Juan, representando a la humanidad y crear en el corazón de los hombres un santuario de amor y de respeto para la Madre Universal.

Os bendigo diciéndoos que, doquiera se recuerde la Natividad de Jesús, estará presente el dulce manto de vuestra Madre Celestial, quien se hizo mujer para que, a través de su seno, pasara Dios al hacerse hombre.

Enseñanza de la Virgen María, la Ternura Divina

He aquí a la sierva del Señor entre sus hijos, manifestándoles una vez más mi amor y mi ternura, trayendo a vosotros el recuerdo de mi Hijo muy amado, su memoria y su nombre. Yo os saludo en el nombre del Espíritu Santo. Bienvenido seáis ¡oh, pueblo amante de la verdad! que tenéis sed de espiritualidad, en el nombre de mi Hijo que me inspiró en la cruz vuestra guía y protección. Noche de recuerdo es ésta, en que acompañáis con vuestro corazón a María de Jericó, la madre solitaria en aquel día de dolor.

María, que sufre en el presente, tanto como en aquel Segundo Tiempo, por el desvío y desconsuelo de los hombres, piensa en todos vosotros. Y la naturaleza, también sensible al dolor divino, manifiesta su pena. El sol se ha puesto triste esta tarde como todas las tardes de recordación. La Tierra está triste como el alma de todos los hombres y vosotros vivís en estos momentos la pasión del Redentor. Jesús era humilde, Jesús era todo amor, ternura y misericordia; tenía su corazón, su mirada y sus manos suaves, Él era como un lirio. Su voz era dulce y bondadosa a los que le oían y su palabra iluminaba como una estrella a los que lo rodeaban. Hablaba de cosas bellas, santas y buenas a los niños que le escuchaban, pues solía platicarles del reino de su Padre, se sentían transportados al oír la promesa de habitar después de esta vida en un mundo mejor. Su protección era la de un amante Pastor y su enseñanza la del mejor de los Maestros. Los niños lo amaban, gozaban cuando la mano de Jesús pasaba suavemente por sus cabezas y en su faz se veía la felicidad cuando eran mirados por Él. ¡Cuánto amó a los hombres y cuánto amó a los niños!

Jesús brillaba más que los rayos del sol, porque de Él se desprendía una luz divina que embellecía su ser. Su mirada no era como la de los demás hombres, como la de los otros maestros, sino que penetraba en los corazones vivificándoles y bendiciéndolos.

Sus ojos siempre serenos y tristes tenían un mensaje secreto, profundo, sublime, para la humanidad. Su voz tenía una armonía tan dulce y desconocida, que arrullaba y llamaba a los niños sus amigos. Los niños cuando se acercaban a Mí, buscándolo, me decían: buscamos a nuestro amigo Jesús, y era verdadero amigo de la niñez. ¡Cuántas cosas bellas mis ojos contemplaron y cómo me alegré de ser madre de Jesús! Después de mi embeleso y éxtasis con que miraba a mi Hijo, viéndolo tornarse de niño en adolescente, presentía el fin que le esperaba cuando hubiera concluido su misión.

Él como Maestro, desde su niñez me decía: «Mira Madre la limpidez de esa fuente, de la cual toman agua para cultivar el jardín y cuánta belleza después en las flores cuando llega la primavera. Así es el corazón del que ama, siempre dispuesto a dar sus mejores aguas y el pensamiento a dar sus primeras luces». Así amo a la humanidad, un canto eterno de amor hay dentro de Mí. Más allá de Jerusalén hay también otros hombres que viven como éstos y mi Padre, es el Padre espiritual de todos, también a ellos llegará su divino mensaje. El hablaba con una seguridad tan grande desde pequeño y me decía: «Mi Padre me habló esta noche y a Mí ha llegado su mensaje secreto: Lo he sentido en mi corazón.»

Una belleza muy grande lo cubría, cuando elevaba su Espíritu haciendo comunión con el Padre y después, cuando lleno del Espíritu Divino se encontraba e iba en busca de los tristes, de los enfermos, de sus labios parecían brotar rayos de claridad, de luz divina. Su lenguaje sencillo hacía que todos le comprendieran.

Su vida fue ejemplo de espiritualidad y Yo la feliz madre de aquel hijo que el cielo me había dado, lo acompañé en su tránsito por el mundo. Después de mi gozo, fue el sufrimiento; mas el hijo y la madre acataron la voluntad divina. Y aquel Jesús tan dulce, tan tierno, que amó tanto a los hombres, fue por ellos crucificado y cuando fue depositado en mis brazos no había donde poner en Él un dedo, porque todo su cuerpo había sido herido. Entonces contemplé cuán duro es el corazón del hombre y qué ciega es la humanidad que sabe levantar sobre un trono al que no lo merece y aquel que sólo vino a enseñar y a ser ejemplo, fue burlado y sacrificado.

Sus manos que acariciaron tanto, fueron traspasadas por clavos. Sus enemigos, a pesar de su ofuscación, muchas veces oyéndolo hablar lo admiraron; y es que dentro de ellos le reconocían pero callaban por no confesar que les había cautivado. Dentro de ellos le admiraban y fuera le despreciaban. Él lo sabía todo y no tuvo para ellos reproche alguno. Amó tiernamente a sus discípulos, aún a Judas que lo entregó. Habló a sus discípulos como nadie ha hablado en este mundo y muchas veces ellos que convivieron con Él y conocían su lenguaje, no comprendían su sentido y se preguntaban unos a otros el significado de sus palabras. Y es que les hablaba con tanta perfección, como Dios, que ellos como hombres no alcanzaban a comprenderlo.

Cuántas veces a la caída de la tarde, siendo niño Jesús, le estrechaba en mis brazos y conversaba con Él. Le hablaba de Dios o de los anuncios de los profetas, diciéndole: «Los profetas, han enseñado que el Hijo de Dios vendrá a salvar a los hombres» y entonces para no revelar por humildad su misión, permanecía silencioso y fingía dormir. Yo continuaba diciendo: Sabemos que un profeta ha de venir cuando el mundo duerma espiritualmente y esté entregado a su pecado a anunciar la proximidad del Reino de los Cielos y Él sabía quién era ese profeta, mas parecía abstraerse en profundos pensamientos y no atender a mis palabras. Otras veces le hablaba de su nacimiento, diciéndole que hasta Él habían llegado tres sabios para rendir el tributo de su amor y solo sonreía.

Muchas veces lo sorprendía hablando con alguien que Yo no veía. El sabía que era el Hijo de Dios, Yo también lo sabía y muy poco hablaba de lo que ambos conocíamos. Los sabios “magos” atestiguaron que Él era el Mesías. En el templo dijeron: «He aquí al Enviado», y Él no habló de estas cosas hasta que fue llegado el momento de su predicación. Cuando un pobre llamaba a la puerta de aquella morada humilde, pidiendo caridad, mi hijo acariciaba su cabeza y le decía: Yo he venido a vosotros para haceros dueños de un Reino, y hablaba a aquel largamente, entonces aquel menesteroso olvidaba su pobreza y se alejaba satisfecho.

Jesús tenía tanto poder, que cuando decía a los hombres: Seguidme, ellos lo seguían dejando las cosas materiales. Porque el que le había oído, ya no podía vivir sin su palabra. Olvidaban sus afectos y necesidades porque su palabra era cautivadora, llena de verdad, de ese amor y caridad de que está siempre hambrienta la humanidad. Cuando conversaba Conmigo me decía que el amor del Padre Celestial es el primero y último amor. Que Él es principio y fin de toda criatura y que, lo que de Él procede a Él tiene que volver. Cuando oraba, parecía transportarse a otras regiones y después de volver de su éxtasis me decía: Madre, en breve partiré porque hay misiones que mi Padre me ha confiado y voy a cumplirlas. La humanidad me llama, me necesita y debo ir a ella a dar lo que el Padre me ha ordenado.

Su corazón siempre compasivo, se complacía en consolar lo mismo a los hombres que a los seres inferiores, también necesitados de amor. El venía curando y restaurando seres y cosas y al paso de su mano las heridas se cerraban.

Los hombres palparon sus prodigios. Siendo niño todavía, se acercó a Él un anciano y le dijo: Sé que posees ciertas virtudes y vengo a Ti en busca de ayuda, mi siembra se marchita por falta de agua; yendo en pos del anciano llegó a aquellos campos y después de elevar sus ojos al cielo habló algunas palabras y las aguas cayeron a torrentes fecundando los campos. Aquél anciano recogió abundante cosecha y el sembrador me dijo: Este niño tiene una virtud que el cielo le ha dado, pues nunca mis campos produjeron tanto, ni mis graneros fueron tan llenos. Y la Madre era feliz mirando el cumplimiento de la palabra de Dios y la obediencia de mi hijo. Yo también necesitaba verlo, oírlo y estar cerca de Él para ser dichosa.

Aquel niño convertido más tarde en Maestro, habló en parábola para instruir a sus discípulos conforme a su entendimiento; habló de la eternidad, de las leyes del Padre y de su plan perfecto. Y cuántas veces por hablar y preparar a los corazones, olvidaba que no había llevado un pan a sus labios. No descansó en su tarea, pues decía que debía dar a los hombres lo que era de los hombres. Y después de leer en el corazón de los que le habían oído y saber que muy pocos le comprendían, ¿creéis pueblo, que su mirada era alegre? Jesús tenía su mirada bella pero siempre triste.

Cuando lo llevaron al Calvario y su cuerpo fue sólo una herida, yo pregunté: ¿Qué ha hecho a los hombres sino darles la fragancia de su exquisito corazón? Por eso al presentir Él, todo lo que había de ser, su mirada triste parecía ocultar un secreto. Habló también de un tiempo en que Él enviaría rayos de luz sobre los hombres y es lo que tenía reservado para el tiempo presente, la irradiación de su Espíritu. Esta es la forma en que habría de comunicarse con vosotros, para elevaros con su palabra divina y consumar su obra. Amados míos: ¿Cómo estaría el corazón de la Madre en aquel día de dolor? Yo sabía por las profecías que el Hijo de Dios sería sacrificado, por eso cuando Él se ausentaba para ir a predicar, mi alma angustiada preguntaba si le habían visto, y me decían: ¿Quién eres tú que has perdido a tu hijo? Soy la Madre de Jesús, y contestaban: Anda predicando el Reino de Dios en la conciencia del hombre. Y predicaba así: «El Reino de Dios dentro del corazón del hombre limpio y justo se encuentra». Y el Reino vino a ellos y teniéndolo en Jesús no lo reconocieron.

¡Oh, Hijo mío, en quien se ocultó el Verbo Divino, te recuerdo como niño, te admiro como Verbo y te amo como Enviado! ¡Los que te escucharon como hombre en el Segundo Tiempo y hoy te oyen como Espíritu Divino, te recordarán siempre!

Su palabra es semilla que florece en los cielos y será fruto en la Tierra. Dios en los cielos se sirve de los ángeles para llevar a cabo sus designios y en la Tierra se sirve de los hombres. Amado mío: fue tu vida una constante entrega a tus hijos. Consagraste tu vida a los pobres, a los enfermos, a los pecadores, y tus labios que hablaban tanto de amor, se cerraron por causa de la incomprensión humana. Tu sed era de amor y caridad entre los hombres y no supieron calmarla, porque la sed de la humanidad es de guerras y de pasiones terrestres y sólo el agua de gracia apartará la sed que los consume. Falta luz en la Tierra porque no quiere el hombre esa iluminación divina. Las virtudes se apagan poco a poco y sólo persiguen esa falsa luz que da la ciencia, y Tú vienes a hablarles de esa luz que no se extingue jamás. Su última mirada fue tan triste…Madre, me dijo: ¡Ahí tienes a tu hijo! Yo amé a Juan y lo tomé desde esa hora como mi hijo, pues tenía en su virtud semejanza con Jesús. Fue báculo en mi ancianidad.

Aquella voz cesó en aquel día y Yo con todo mi amor no pude cerrar sus heridas.

Su alma y su cuerpo estaban destrozados. Heridas sobre heridas sufrió en su martirio. En esta noche Yo os bendigo, madres. Os deseo que nunca oigáis el grito de una turba enloquecida pidiendo que vuestro hijo muera en la cruz. ¿Podéis imaginar lo que pasaba en el alma de María?

¡Que nunca sepáis de esas cosas, oh, madres, porque si tuvieseis que soportar esta prueba no la resistiríais! Sus últimas miradas fueron para alentar mi corazón desgarrado. ¡ Aliento mío, causa de mi felicidad y mi dolor! Yo bendigo a tus hijos, Jesús, a tus discípulos, y como sucesora tuya, seguiré instruyéndolos. Bendigo el género humano y en este día mi caridad sea con las madres que van por el camino de flores y de espinas.

¡Mi Paz Dejo en Vosotros!

¿Quién es el profeta Elías, Tisbita?

¿Quién es el Profeta Elías Tisbita?

He aquí a Elías, aquel que junto a Moisés y Jesús, contemplaron los discípulos en una visión espiritual sobre el Monte Tabor. Esta es su Era. Fortaleced vuestro espíritu con el calor de su presencia y despertad a la esperanza y a la verdadera fe.

Aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó a Pedro, a Juan y a Jacobo, y subió al monte a orar. Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente. Y he aquí dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés y Elías; (Lucas 9: 28-30)

Elías es el rayo de Dios, cuya luz viene a disipar vuestras tinieblas y a libertaros también de la esclavitud de este tiempo que es la del pecado, y quién guiará vuestro espíritu a través del desierto hasta llegar a la Tierra Prometida en el seno de Dios.

Porque éste es de quien está escrito: He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz, El cual preparará tu camino delante de ti. (Mateo 11:10) (Malaquías 3:1)

También ahora, como en el Primer Tiempo, viene a desempeñar una misión semejante, a derribar los ídolos de sus altares para enseñar al mundo el verdadero culto espiritual.

Elías y los profetas de Baal

Cuando llegó la hora de ofrecerse el holocausto, se acercó el profeta Elías y dijo: Jehová Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que Tú eres Dios de Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas. Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el corazón de ellos. Entonces cayó fuego de Jehová y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja. Viéndolo todo el pueblo, se postraron y dijeron: ¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios! Entonces Elías les dijo: Prended a los profetas de Baal, para que no escape ninguno. Y ellos los prendieron; y los llevó Elías al arrollo de Cisón, y allí los degolló. (1ª de Reyes 18: 36-40)

Elías es con vosotros y su luz os inspira para que terminéis de construir en vuestro corazón el verdadero santuario, como también os dio valor para que derrumbaseis de su pedestal a vuestros ídolos. El rayo de Elías ha venido siempre a exterminar la idolatría, la superstición, la ignorancia y ha hecho que los hombres reconozcan el poder del Dios de Verdad.

Sí, Elías está entre vosotros y volverá a poner a prueba a los sacerdotes de los falsos dioses y les enseñará nuevamente quién es el verdadero Dios y cómo debe adorarse. Mas no viene Elías a hacerse hombre; no es indispensable el cuerpo humano para poder manifestarse un espíritu en la Tierra y menos el de Elías, que posee la llave que abre las puertas para la comunicación entre un mundo y otro.

En verdad él fue uno de aquellos espíritus extraordinarios que sorprendió y asombró a los hombres por sus manifestaciones, por sus obras, por sus palabras; un varón que sin ser hombre de ciencia tenía en sus manos los elementos; un ser que siendo humano, sabía sobreponerse a la muerte y pasar sobre ella; un hombre que con su invocación atraía los elementos para sorprender la incredulidad y el materialismo de la humanidad.

Entonces Elías Tisbita, que era de los moradores de Galaad. Dijo a Acab: Vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra. (1ª de Reyes 17:1)

Ved cuántas y cuán grandes lecciones os ha traído siempre Elías, cómo ha venido a enseñar a vuestro espíritu; mirad cómo en todos los tiempos ha venido a daros a conocer grandes manifestaciones de difícil explicación para vosotros; mas todos aquellos conocimientos que no hubierais comprendido en los tiempos pasados, ahora, en este Tercer Tiempo, os serán explicados por el mismo Elías, quien viene con la misión de restituir todo a su verdadero sentido.

En cada Era y en cada revelación aparece El Profeta Elías. ¿Quién ha sentido su presencia?

Os fue concedido habitar en el mundo en esta Tercera Era, que será la de la perfección, la cual abrió Elías manifestando su espíritu por medio del entendimiento humano, y os anunció mi comunicación bajo la misma forma.

En apariencia se levantarán por sí solos los hombres buscando la paz y la verdad, mas de cierto os digo, que el espíritu de Elías se mostrará delante de los pueblos y naciones, y les hará el llamado hacia la libertad.

Muchas serán las amarguras que tendrán que sufrir los hombres para ver llegar ese tiempo, mas vosotros que lo esperáis no debéis temer, porque en vuestras luchas o en vuestra soledad, siempre hay una estrella luminosa que alumbra vuestro sendero y esa estrella es Elías.

¿Qué es la reencarnación del espíritu?

¿Qué es la reencarnación del espíritu?

La reencarnación es la oportunidad que Dios, en su amorosa justicia, ofrece al espíritu, para que recobre su pureza y retorne al verdadero camino. Esa es la forma en que puede aprovechar la experiencia recogida en su peregrinaje.

La reencarnación es un don que Dios ha concedido a vuestro espíritu para que no se limite nunca a la pequeñez de la materia, a su efímera existencia en la Tierra, a sus naturales debilidades; si no que, procediendo el espíritu de una naturaleza superior, pueda tomar cuantas materias le sean necesarias para el desempeño de sus grandes misiones en el mundo.

La intuición de ello la conservan todos los hombres; en todos los pueblos de la Tierra presienten el misterio que encierra el pasado, presente y futuro de cada espíritu. Para unos es teoría, para otros es posibilidad, para otros fantasía, otros lo niegan rotundamente. Sin embargo, los encuentro pensativos en torno a esta verdad.

¿Quién sois? ¿Qué sois? ¿Quién creéis ser? ¿Qué sentís ser? ¿Acaso la materia que desciende al sepulcro o el espíritu que se eleva hacia la eternidad, hacia el infinito?

La materia es sólo la vestidura temporal del espíritu, la que cambia cuantas veces le es necesario para sus experiencias, su evolución o expiación.

La existencia de un hombre en la Tierra es sólo un instante en la eternidad, un soplo de vida que alienta por un tiempo al ser humano y luego se aparta para después volver a alentar a un nuevo cuerpo.

El cuerpo es de este mundo y en él queda, mientras el espíritu se levanta libre y vuelve a la vida de donde brotó.

«Lo que es nacido de la carne, carne es; lo que es nacido de mi Espíritu, espíritu es». (Juan 3:6)

La resurrección de la carne es la reencarnación del espíritu y si unos creen que esa es una teoría humana y otros piensan que es una nueva revelación, de cierto os digo que este conocimiento, lo di al mundo desde el principio de la humanidad; prueba de ello pueden encontrarla, en el texto de las Escrituras que son un testimonio de mis obras.

Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella. (Génesis 28:12)

¿Sabéis que significado encierra aquella Escala que en sueños contempló Jacob? Esa Escala representa la vida y la evolución de los espíritus. El cuerpo de Jacob dormía en el momento de la revelación; pero su espíritu se encontraba despierto. El se había elevado hacia el Padre, buscando como medio la oración y al penetrar su espíritu en las regiones de luz. Recibió un mensaje celestial que quedará como un testamento de revelaciones y verdades espirituales para su pueblo, que es toda la humanidad, porque Israel no es nombre material sino espiritual.

Jacob veía que aquella escala estaba apoyada en la Tierra y que su cúspide tocaba el cielo; esto indica el camino de elevación espiritual que empieza en la Tierra a través de la carne y termina fundiendo su luz y su esencia con la de su Padre, fuera de toda influencia material.

Vio el patriarca que por aquella escala subían y descendían ángeles, representando ello, el incesante encarnar y desencarnar, el continuo ir y venir de los espíritus en pos de luz, o también en misión de restituir y de purificarse, para elevarse un poco más al retornar al mundo espiritual. Es el camino de evolución espiritual que conduce al perfeccionamiento, por eso Jacob contempló en la cumbre de la escala la forma representativa de Jehová, indicando que Dios es la meta de vuestra perfección, de vuestras aspiraciones y el supremo galardón de infinitos goces, como compensación a las arduas luchas, a los prolongados sufrimientos y a la perseverancia por llegar al seno del Padre.

En las vicisitudes y en las pruebas, el espíritu encontró siempre la oportunidad de hacer méritos para ascender. Ahí, en cada prueba, ha estado siempre representada la Escala de Jacob, invitándoos a subir un peldaño más. Ésta es una gran revelación, porque en ella se os habla de la vida espiritual en un tiempo en el que apenas se iniciaba el despertar del espíritu hacia el culto a lo divino, a lo elevado, a lo puro, bueno y verdadero.

Ese mensaje no es tan sólo para una familia, ni siquiera para un solo pueblo; su esencia es espiritual y por lo tanto tiene universalidad. Por eso mismo la voz del Padre dijo a Jacob: «Yo soy Jehová, el Dios de Abraham y el Dios de Isaac, la tierra en que os encontráis os la daré a vos y a vuestra simiente y esa simiente será como el polvo del mundo y os extenderéis hacia el occidente y al oriente, y al norte y al mediodía, y todas las familias de la Tierra serán benditas en vos y en vuestra simiente».

Este mensaje os podrá parecer de poca importancia en apariencia, pero es profundamente infinito en su contenido espiritual. Mas, ¿cómo podrían los hombres encontrar su esencia, si no la han valorizado, si huyen de toda señal o revelación espiritual? He tenido que ser Yo mismo quien viene a daros la interpretación de aquel mensaje que os di en otro tiempo, cuando apenas se iniciaba el despertar del espíritu en el mundo, para alentaros en vuestra misión.

En verdad os digo, que sois como los arroyos que a veces desvían su cauce, pero que al fin van a desembocar al mar, que es su meta.

Los ríos todos van al mar, y el mar no se llena; al lugar de donde los ríos vinieron, allí vuelven para correr de nuevo. (Eclesiastés 1:7)

Una sola existencia en la Tierra, por ser tan breve comparada con la vida espiritual, no puede ser decisiva sobre la eternidad de un espíritu, o sea que ni será suficiente para que uno de vosotros alcance dentro de ella la perfección, que os lleve directamente al Reino de la más alta espiritualidad que es a lo que llamáis Cielo, como tampoco los errores de una vida en la Tierra podrán determinar que un espíritu se pierda en las tinieblas o en el dolor por una eternidad.

Esta revelación, estremecerá al mundo, hará revolución entre los hombres y con ello alcanzarán la explicación de muchos misterios y la fortaleza para su espíritu, porque es Ley de amor y en ella está mi luz. Ahora el mundo sabrá la verdad sobre la resurrección de la carne, que es la reencarnación del espíritu.

Reencarnar: Volver al mundo material para nacer de nuevo en cuanto hombre o mujer; surgir el espíritu en un cuerpo humano para continuar una misión, Esa es la verdad sobre la resurrección de la carne, de que os han hablado, dándoles tan torcidas como absurdas interpretaciones.

El misterio de la resurrección de la carne, lo ha esclarecido la revelación de la reencarnación del espíritu. Debéis saber que la finalidad de esta Ley de amor y de justicia, es la de que vuestro espíritu se perfeccione, de que no se pierda jamás, porque siempre encontrará una puerta abierta como oportunidad que le da el Padre para su salvación.

He aquí la resurrección de la carne, mas no en la forma en que fue concebida por la humanidad. La carne, al quedar inerte, va a las entrañas de la tierra mientras el espíritu parte al más allá en espera de que mi justicia le envíe a encarnar en un nuevo cuerpo; en esta forma espíritu y materia vuelven a unirse en este mundo, mas no en el valle espiritual.

¿Cómo han podido creer que en el día del juicio resuciten los cuerpos de los muertos y se unan a sus espíritus para penetrar en el Reino de Dios? ¿Cómo pueden interpretar así lo que en otros tiempos se os enseñó?

Mas en este tiempo ha llegado esta revelación a vuestro espíritu en un grado mayor de evolución y en breve será comprendida como una de las leyes más justas y amorosas del Creador.

No basta a vuestro espíritu una sola materia en su existencia eterna como tampoco es suficiente para vuestro cuerpo un solo vestido durante su vida en este mundo. Por ello, la reencarnación del espíritu es necesaria para su evolución. En cada etapa conocéis la riqueza y la pobreza, la salud y todas las enfermedades que afligen a la humanidad; conocéis el egoísmo, la soberbia, la inquietud y falta de caridad y también el perdón y el amor, la nobleza y la generosidad.

Hoy estáis cubiertos aún con el velo de la ignorancia, de materialismo y de fanatismo religioso, lleno de falsos temores y prejuicios, por lo que cuando llega una prueba a vuestra vida y no le encontráis alguna causa clara, clamáis, diciendo: Pero, ¿qué he hecho yo para que así se me castigue? Sin saber que a veces mi justicia tarde siglos y hasta Eras para llegar a un espíritu. Mi justicia siempre llega y aunque en apariencia llegue tarde o fuera de tiempo, lo cierto es que se manifiesta siempre en forma sabia, perfecta e inexorable.

No crean que las consecuencias de una desobediencia, se palpan inmediatamente; no, lo que sí os digo es que tarde o temprano tendrán que responder de vuestras obras. A veces llegará a parecerles que vuestra falta no tuvo consecuencias en vista de que el tiempo pasa y mi justicia no da señal alguna, pero debéis saber que como juez soy inexorable y que, llegado vuestro juicio, abriréis vuestros ojos ante la luz de la conciencia.

Si sabéis valorizar las lecciones que la vida os da, alcanzaréis la evolución de vuestro espíritu y comprenderéis la finalidad de la lucha que os va forjando, el dolor que os pulimenta, el trabajo que ennoblece, el saber que ilumina y el amor que eleva. El que practique mi Ley, puede dejar de venir a reencarnar en este planeta; mas aquél que en su última reencarnación deje huella de sangre o de maldad, ése tiene que tornar a esta Tierra a reparar errores, a reconstruir lo destruido, a dar vida a lo que dejó inerte, a perdonar a los que no perdonó. En una palabra: a restituir. Aquí tienen el último tiempo para reparar sus faltas, ya que estáis sujetos a la ley de evolución.

Evolución: palabra que estará en los labios de la humanidad cuando se ocupe de su espíritu, porque significa progreso, elevación, transformación y perfeccionamiento.

Las ciencias, las religiones y los teólogos no podrán descubrir en este tiempo cómo obra mi justicia. Cada corazón humano es una prueba viviente de mi justicia y de mi sabiduría.

A veces en el corazón de un miserable se oculta el espíritu del que en otro tiempo llevó corona sobre su cabeza, o en un presidiario se esconde el que en otra vida privó de su libertad a un pueblo. A veces le corresponde habitar en un ser cuyo corazón encierra gran rebeldía y entonces le parece difícil manifestar su luz. Ese corazón será su crisol y su prueba en la vida y si logra someterle y persuadirle de que sólo estando en armonía materia y espíritu puede el hombre encontrar la paz, entonces habrá triunfado de su prueba y podrá aspirar a un mundo más elevado.

Esa es mi justicia, que siempre os da la oportunidad de reparar la falta o de rectificar el error. Mi juicio en cada espíritu, por medio de esta ley, es perfecto e inexorable.

Sólo Yo sé juzgarlos, porque cada destino es incomprensible para los hombres. Así, nadie es descubierto ni delatado ante los demás.

El tiempo de la restitución y de la purificación tenía que llegar aunque para ello tuvieran que pasar siglos sobre el mundo y vuestro espíritu tuviese que aguardar esa hora. Y ese tiempo ha llegado, es éste, comprendedlo, vividlo y aprovechadlo.

El pasado de vuestro espíritu, es desconocido, para vosotros. ¿Quiénes fuisteis antes de esta vida, quiénes sois en la presente y quiénes serán en el futuro? Estos son los misterios que sólo al Juez Divino corresponde saber. Por ahora solo debéis comprender el verdadero significado de la ley de reencarnación que os he revelado como una suprema verdad.

Si por un instante Yo quitara el velo que impide a vuestra mente conocer vuestro pasado, en verdad os digo que caeríais postrados ante mi presencia, agobiados de arrepentimiento ante vuestras ingratitudes, desobediencias, infidelidades y falta de fe en mi Obra. Por esto, no os he permitido hasta ahora saber quiénes sois espiritualmente ni quienes habéis sido en sus vidas anteriores.

Viendo esto sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma? Entonces volviéndose él (Jesús el Cristo) los reprendió, diciendo: Vosotros nos sabéis de que espíritus sois. (Lucas 9: 54-55)

Por lo tanto, todas aquellas ideas con que algunos de vuestros hermanos quieran sorprenderos, hablándoos de vuestro pasado o de vuestro futuro en la vida del espíritu, desechadlas, ya que esto es desconocido para vuestra mente.

Ahí podrán encontrar la causa por la que el espíritu olvida su pasado. Desde el instante en que encarna en una criatura inconsciente, recién nacida y se funde en ella, inicia una vida junto con aquel ser. Del espíritu sólo quedan dos atributos presentes: La conciencia y la intuición, pero la personalidad, las obras hechas y el pasado, temporalmente quedan ocultos. Así ha sido dispuesto por el Padre. ¿Qué sería del espíritu que ha venido de la luz de una elevada morada a habitar entre miserias de este mundo, si recordara sus vidas anteriores? ¡Cuántas vanidades habría entre los hombres al serles revelada la grandeza que en otra vida existió en su espíritu!

¿Alguno de vosotros cree que su presente existencia es la primera que vive en la Tierra? Muy poco es lo que os he permitido conocer acerca de lo que habéis sido a través de los tiempos, porque no quiero que vosotros penetréis en el santuario, en la intimidad de mis altos juicios; no quiero que hagáis de las enseñanzas de la vida espiritual, nuevas ciencias que tan sólo os conduzcan a la curiosidad y a la pérdida de tiempo. Entre la humanidad, hay algunos que supieron del fin de Sodoma y Gomorra y que más tarde vieron la destrucción de Jerusalén.

En este mundo, descubro a seres que otro tiempo cruzaron el desierto en pos de una promesa divina, que oyeron la voz del Señor sobre un monte; también descubro a otros que vivieron en el tiempo de Jesús el Cristo, vieron sus obras y escucharon su palabra, que le siguieron al desierto y comieron de los panes y peces que dio a comer a la multitud cuando ascendieron a la montaña para oír aquella voz, y a los que anduvieron entre las turbas gritando el día de su crucifixión.

También descubro a los que en otro tiempo, fueron doctores de ley o científicos; ahora traen su mente despierta para el saber espiritual, convencidos de que en el limitado saber humano no encontrarán la Suprema verdad.

En este mundo se encuentran muchos de los que fueron poderosos y ricos en la Tierra, y ahora han venido a saber de la pobreza y la humildad, Yo los bendigo por su conformidad y por su anhelo de perfeccionamiento. Ahí tenéis una prueba de mi amorosa justicia al hacerlos venir nuevamente a la Tierra para mostrarles una página más del libro de la sabiduría eterna.

Comparad esta forma de restitución con la del eterno castigo en el fuego eterno del infierno, forma de la que se valen los hombres para amedrentar al espíritu de la humanidad. Decidme, ¿cuál de estas dos formas os da la idea de una justicia divina, perfecta y misericordiosa? Una revela crueldad, rencor sin limite, venganza; la otra encierra tan sólo perdón, caridad, esperanza de alcanzar la vida eterna. ¡Cuán grande es la deformación que han sufrido mis enseñanzas por causa de las malas interpretaciones!

La idea de la muerte o de la condenación eterna, queda destruida ante esta revelación. Si en los primeros tiempos no se os descubrió esto, fue porque no estabais preparados para saberlo.

Para las generaciones del futuro está reservada esa gracia, a las que el conocimiento de su pasado no les causará impresión y vosotros seréis para ellas como un libro abierto. Serán esos espíritus los reveladores de muchos misterios, los que vengan a aclarar la vida del espíritu a través de sus propias vidas materiales, los que hablen a este mundo de otros mundos y de ese camino tan largo que es el de la vida espiritual.

Cuando miréis a los niños, hacedlo con respeto, porqué no sabéis qué espíritu se oculta en ellos; mas de lo que podéis estar seguros, es de que en cada uno de esos pequeños seres existe un pasado que es toda una historia, toda una vida de evolución.

Os he prometido enviar a morar entre vosotros a los espíritus de luz, ellos esperan tan sólo el momento para reencarnar y cumplir una gran misión de restauración. Cuando aquellos seres habiten este mundo, ¿qué tendréis que enseñarles? Nada, porque ellos vendrán a enseñar, no a aprender. Os maravillaréis de escucharles desde la infancia hablando de enseñanzas profundas, sosteniendo conversaciones con los hombres de ciencia y con los teólogos, asombrando con su experiencia a los ancianos y aconsejando la buena senda a la juventud y a la niñez.

Bienaventurado el hogar que reciba en su seno a uno de estos espíritus. ¡Cuán graves serán los cargos que se hagan a quienes traten de impedir el cumplimiento de mis enviados!

Mucho van a padecer ellos por causa de la maldad de los hombres; mas no será nada nuevo, ya que ninguno de los enviados de Dios ha escapado a la persecución, a la burla y a las ofensas.

No sabéis en que caminos de la vida humana tendrán que surgir, mas Yo os digo que unos aparecerán en el seno de las grandes religiones, donde lucharán por la unificación y la armonía espiritual de toda la humanidad. Otros se levantarán entre los hombres de ciencia para mostrar con el fruto de sus inspiraciones que la verdadera finalidad de la ciencia, es la de perfeccionamiento espiritual del hombre y no su miseria y destrucción. Y así en cada sendero aparecerán mis siervos llevando en su corazón mi Ley y testificando con palabras y obras todo lo que os he venido a hablar en este tiempo.

¡Cuántas lecciones os he dado para que aprendáis a amar! ¡Cuántas oportunidades vidas y reencarnaciones os ha proporcionado la misericordia divina! La lección se ha repetido cuantas veces ha sido necesaria, hasta que ha sido aprendida. Una vez cumplida, no existe razón para ser repetida porque tampoco podrá ser olvidada.

He concedido a vuestro ser la oportunidad de reparar errores, purificar y perfeccionar a vuestro espíritu en vez de castigaros o condenaros como solías pensar antes. En ello debéis comprender mi amor infinito. Vuestro deber, para no hablar de castigo, es reparar, restaurar, restituir y saldar hasta la última cuenta. Nadie, ni vuestro Padre Celestial, ni vuestros hermanos de la Tierra o del valle espiritual, harán lo que sólo vosotros debéis hacer.

Las reencarnaciones han pasado sobre vosotros y muchos no habéis estimado la gracia infinita y el amor que os ha concedido el Padre, vuestro Dios.

Mirad que mientras mayor sea el número de oportunidades, mayor será vuestra responsabilidad y si estas no son aprovechadas, en cada una irá en aumento la restitución y la justicia; ese es el fardo cuyo peso insoportable muchos seres no se explican y sólo mi Doctrina os puede revelar.

Muchos de vosotros ya no tendréis una nueva oportunidad de venir a la Tierra, a reparar sus faltas, no poseerán ese instrumento que hoy llevan y que es el cuerpo, en el que se apoya el espíritu. Es menester que comprendáis que el venir al mundo es un privilegio para el espíritu, que nunca es un castigo; por tanto, debéis aprovechar esta gracia.

No porque el Padre os conceda más de una oportunidad para el desempeño de vuestra misión, desaprovechéis la que hoy tienen, porque nadie sabe el número de existencias que mi justicia le asigne.

Si bien es cierto que mi justicia os ofrece nuevas ocasiones para borrar manchas y reparar errores, también es cierto que en cada oportunidad aumenta el número de pruebas, y que los trabajos y sufrimientos son más intensos cada vez, como grandes fueron los errores cometidos.

¿Habrá quién, después de escuchar este mensaje, lo rechace como lección inútil o falsa? Yo os digo que sólo aquel que llegare a encontrarse en un grado de materialismo extremo o de ciego fanatismo, puede rechazar esta luz sin que su espíritu se conmueva. ¿Quién es aquel que pueda pensar que, una sola existencia humana puede bastar a un espíritu para su desarrollo total y su perfeccionamiento espiritual?

¡Ah hombres, que se ocupan demasiado de la vida humana, creyéndose que son eternos en la Tierra, y no saben que a causa de vuestra materialidad, tienen que venir en nuevas materias al mundo, a dar el paso que en la ocasión anterior no supieron dar! Si pronto aprenden mis lecciones, no tendréis por qué sufrir, ni por qué llorar. Un ser que en la Tierra aprovecha las lecciones en ella recibidas, podrá volver al mundo, pero siempre será con mayor adelanto y en mejores condiciones.

En verdad os digo, que la vida en la Tierra es un grado más en la escala de evolución. ¿Por qué no lo entendéis así, para que aprovechéis todas sus lecciones? Es la razón por la que muchos tienen que volver a ella, una y otra vez: porque no comprendieron ni sacaron utilidad de su vida anterior.

Si habéis de volver al mundo una o algunas veces más, que sea para que recojáis frutos agradables, cultivados por vosotros con anterioridad, para que vuestro espíritu experimente la satisfacción de tener ante sí la oportunidad de concluir alguna obra empezada.

¡Qué doloroso es para el que tiene que retornar y encuentra que la labor que apenas dejó empezada, ahora tendrá que verla unida a nuevas misiones, responsabilidades y trabajos!

Muchas reencarnaciones tampoco le dan la perfección absoluta a un espíritu; por muy elevado que éste se encuentre. Después de su última estancia en la Tierra, aún le espera el valle espiritual con sus moradas en número infinito, sus nuevas enseñanzas, revelaciones, y maravillas. Y en todo esto, ¿no descubrís mi amor?

No olvidéis que vuestra existencia no está limitada por vuestra materia, por lo tanto al acabar ésta, no muere vuestro espíritu, ya que él tiene semilla de eternidad.

Sólo os pido que deis un paso en cada reencarnación, pero que sea un paso firme hacia la perfección; entonces será vuestro espíritu el que advierta su adelanto, manifestándose cada vez con mayor sabiduría a través de aquellos cuerpos que le vayan siendo confiados.

Extenso es el camino por el cual llegaréis a la plenitud de la luz. Ningún ser tiene un camino más largo que el de la reencarnación del espíritu en el cual el Padre, el Divino Escultor que pule y modela a vuestro espíritu, le da la forma perfecta.

Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo: Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras. Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda. Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla. Entonces vino a mí palabra de Jehová, diciendo: ¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel?, dice Jehová. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh, casa de Israel. (Jeremías 18-6)

Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir? (Job 14:14)

De la soledad espiritual

De la soledad espiritual

Envío mis palabras a todos aquellos cuyo corazón y espíritu se encuentra abatido por las penas y el dolor.

En mi palabra existe la miel para endulzar vuestra existencia y apartar para siempre la amargura, que ha sido en todos los tiempos el triste sabor de vuestra vida.

Deseo que el incomprendido por la humanidad, se sienta comprendido por Mí. ¿Por qué os veo caminar cabizbajos como fracasados? ¿Estáis cansados de esta vida? Pues descansad un instante y decidme vuestras penas.

Venid a Mí siempre que os encontréis afligidos por las penas, siempre que necesitéis un confidente, o un amigo bondadoso, buscadme y os aconsejaré el mejor camino.

Cuando el dolor os agobie y las penas de la vida aniquilen vuestros sentidos, no dudéis de Mí. A los que sufren y sollozan, a los que se nombran desheredados, a los que dicen que su estrella no brilla y a los que lamentan haber venido a la vida para llorar, os digo, no perdáis la esperanza de llegar a sentirme, porque la esperanza procede de la fe, es la fuerza que produce aquello que nombráis milagros.

¿Por qué caéis en el abismo de la desesperación y de la desconfianza? Tomadme como vuestro confidente y depositaré en vosotros la paz. No os deis por vencidos, no os confeséis nunca fracasados. Todos necesitáis la palabra de aliento que venga a reanimaros; si os llamáis incomprendidos, os digo que conozco todo lo que pasa en vuestro interior y os daré la solución que buscáis.

Vengo como Padre para que en Mí encuentren calor los que en el mundo han carecido de amor, de afecto y de ternura. Vengo como Doctor para que depositéis en Mí vuestras dolencias, cuitas y todos los sufrimientos recónditos que han enfermado al espíritu y al cuerpo.

Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy en angustia; se han consumido de tristeza mis ojos, mi alma también y mi cuerpo. Porque mi vida se va gastando de dolor, y mis años de suspirar; se agotan mis fuerzas a causa de mi iniquidad, y mis huesos se han consumido. (Salmos 31:9)

Vengo como amigo para que me confiéis vuestros más íntimos secretos, luchas y anhelos. Todos tenéis una herida, ¿quién como Yo para penetrar en vuestro interior? Sé de vuestra amargura, tristeza y desaliento ante tanta injusticia e ingratitud que existe en el mundo; sé de la fatiga de los que han vivido y luchado mucho y cuya existencia es para ellos como un pesado fardo; sé del vacío de los que se van quedando solos en esta vida. A todos os digo: Pedid que se os dará, porque a eso he venido, a daros según necesitéis de Mí, ya sea compañía, paz o tranquilidad.

Mis palabras son gotas de rocío que descienden al corazón, porque lo encuentro marchito, pero sabed que no me concreto a sentir vuestras aflicciones, sino que vengo a remediarlas, y ofreceros al mismo instante un sustento y un aliciente.

Vengo a mostrarme como Padre, jamás indiferente a vuestros sufrimientos y siempre indulgente y misericordioso ante vuestras imperfecciones. Lo mismo el hombre solitario e incomprendido, que el hombre convertido en esclavo de pasiones o vicios, que la mujer abandonada o la doncella temerosa de enfrentarse a la vida. Lo mismo el padre o la madre que me presentan sus problemas, que el huérfano que no tiene amparo en el mundo. A todos les escucho y les toco el corazón con el fino cincel de mi palabra. Sois como avecillas perdidas que en vez de trinar, gimen angustiosamente.

Quiero que adquiráis sensibilidad espiritual, para que con ello endulcéis vuestra tristeza. Si las fieras en las selvas, las aves en el espacio y las flores en los valles, reciben a cada instante el amor y vida de su Padre, ¿cómo será posible que lleguéis a pensar que Yo os niegue un sólo segundo la gracia de mi amor cuando lleváis en vuestro ser un fragmento de mi propia Divinidad?

Todo ser humano siente vivir dentro de sí a su propio espíritu y siente a veces el anhelo que una mano invisible se tienda sobre él. Cuando la pena invade su corazón, levanta su vista al cielo en busca de resignación y grita desde lo más profundo de su ser para ser oído.

El corazón que no ha sabido de ternura, de comprensión o de cariño, de pronto se siente envuelto en la ternura de mi palabra con un amor infinito y siente desbordar el torrente de su dolor contenido por mucho tiempo. En estos instantes, dejad en Mí toda queja y dolor.

Dejaos envolver en Mí, para que olvidéis tristezas, lutos, miserias y lágrimas y dejéis de ser los parias del mundo.

Seres enfermos, tristes y necesitados de amor espiritual: Veréis cómo la serenidad del espíritu aquieta el mar tempestuoso de vuestras pasiones.

¿Por qué lloráis? No siempre sabéis la causa, a veces es porque la lucha ha sido cruenta, a veces porque la vida os ha azotado con ingratitudes, desengaños, fracasos, enfermedades o lutos; pero hay ocasiones en que sin tener ninguno de esos motivos, habéis llorado mucho.

Yo sé el por qué de ese llanto sin motivo aparente, Yo conozco su origen, es vuestro espíritu el que llora. Cada lágrima es un caudal de ternura contenida, de dolor por sentirse cautivo, de arrepentimiento por los errores cometidos, de pena por haber debilitado, de tristeza por el tiempo perdido. ¿Qué sabe de todo esto la materia? Por eso es que muchas veces habéis creído que llorasteis sin motivo.

¿Es una falta llorar delante de Mí? En verdad os digo que, quien no experimentase esa necesidad de desahogar una pena o de expresar una suprema alegría, es que en lugar de corazón tiene una piedra, porque no siente en ninguna forma mi presencia.

Llorad, porque también el llanto es un medio que he otorgado al hombre para que se purifique y se libre del fardo que le agobia. Veréis cómo después os sentiréis más libres, más ligeros, limpios y fuertes, llenos de ánimo y de fe para emprender nuevamente el camino de vuestra vida.

El llanto en los instantes de vuestra meditación, es prueba de sincera emoción y cada lágrima es más elocuente que mil palabras, de las más hermosas y expresivas de vuestro idioma; pero no en todos se manifiesta por medio de lágrimas el llanto del espíritu, el arrepentimiento o el gozo. En muchos de mis hijos ese sentimiento es interior, oculto, callado, visible sólo para Mí. Ellos parecerán insensibles o impasibles, pero su corazón es tanto o más sensible que quienes exteriorizan sus sentimientos.

No temáis llorar delante de Mí, varones, que las lágrimas no sólo son del niño o de la mujer; bienaventurados los que lloren delante de Mí, porque mi mano enjugará su llanto y mi palabra de consuelo descenderá a su corazón. Hombres y mujeres que mucho habéis llorado en la vida, a vosotros está dedicada esta lección. Veréis qué consuelo tan dulce penetra en lo más recóndito de vuestro ser y una sensibilidad que nunca antes habíais experimentado, sorprenderá vuestras fibras dormidas dejándoos sentir mi presencia, así, en vuestras penas, alegrías y en los momentos de paz.

De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará; pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo. (Juan 16:20)

Bienaventurados los que saben llorar de amor, porque ésa es la prueba de que su espíritu y su corazón viven en armonía. Son los instantes de vuestra meditación, la hora propicia para que comprendáis y sintáis mi amor, el momento en que casi sin daros cuenta, se abre vuestro corazón como una flor y de vuestros ojos brota dulcemente el manantial del llanto. Esas lágrimas hablan más que todas las palabras y dicen más que todos los pensamientos. En ellas hay sinceridad, humildad, amor, gratitud, contrición y promesas. Al oírme hablar así os sentís comprendidos y amados por Mí.

No debéis blasfemar en la dura caminata, cada nuevo dolor es una nueva luz en vuestro corazón, cada prueba hará brotar en vuestro ser las flores de la experiencia. Comprended que si el dolor llega hasta vosotros, es porque lo necesitabais; también debéis comprender que si la alegría llega a posesionarse de vosotros, era porque también la estabais necesitando.

Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar. (Eclesiastés 3:1-4)

Benditos aquellos que callan sus penas y en cambio hacen partícipes a sus hermanos de todas sus alegrías, aunque éstas sean muy pequeñas.

Sí, a todos os contemplo y a todos os escucho; sé vuestros nombres, conozco todas vuestras necesidades, oigo vuestro clamor y vuestras peticiones y recibo de todos las súplicas y las ofrendas. Sí, sois mis hijos porque de mi Espíritu brotasteis, ¿cómo no he de conoceros y amaros?

Entonces la virgen se alegrará en la danza, los jóvenes y los viejos juntamente; y cambiaré su lloro en gozo, y los consolaré, y los alegraré de su dolor. (Jeremías 31:13)

Dejad que vuestra fe hable

Dejad que vuestra fe hable, y el cielo os contestará

Quiero que sepáis lo que es la fe, para que comprendas que quien la posee, es dueño de un tesoro incomparable.

El que vive iluminado por esa luz interior, por pobre que le considere el mundo, nunca se sentirá paria, abandonado, débil, ni perdido; su fe en Dios, en la vida, en su destino, y aún en el mismo, jamás lo dejarán caer en la lucha.

Cuántos se engañan a sí mismos con una falsa fe, porque jamás han sabido mirar ni sentir con el espíritu y se han conformado con creer que tienen fe, y éstos son los que en la primera prueba dudan, se desconciertan o se confunden y muchas veces concluyen negando.

Ahora estáis ante un tiempo en el que no sólo creeréis por fe, por esa vista superior del espíritu, sino que también tendréis una comprensión que será superior a la de vuestro humano entendimiento, porque será el espíritu el que se ilumine con la sabiduría espiritual.

No quiero que viváis engañados con un escaso conocimiento de lo que es la verdadera fe, por eso Yo repruebo a quienes predican una fe ciega, una fe sin conocimiento, adquirida por temores y supersticiones.

…para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios. (1ª de Corintios 2:5)

La verdadera fe es la mirada espiritual que ve más allá del corazón y de la mente. Yo he sorprendido muchas veces a los hombres abatidos y tristes, creyéndose impotentes para librarse del yugo que para ellos significa en este tiempo la vida. Y por eso he venido a sorprenderos gratamente con mi palabra que viene a infundiros fe, valor, alegría y esperanza.

Para los seres humanos, sobre todo cuando viven horas dolorosas, hay instantes que les parecen siglos, porque no saben revestirse de esperanza, de fe y de paciencia. ¿Por qué hay ocasiones en que me llamáis con desesperación creyendo que no os escucho? Si alguno se sintiera fatigado o que su fe es débil, llámeme, ore, y Yo estaré a su lado al instante.

Dije a los hombres que en Mí creyeron en aquel Tiempo: «Tu fe te ha salvado». Así lo declaré porque la fe es una potencia curativa, es una fuerza que transforma y su luz destruye las tinieblas.

Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan. ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? (Santiago 2:14-20)

Tened fe del tamaño del grano de la mostaza y veréis realizarse grandes prodigios. Hoy busco a los que no han comprendido el sentido de la vida, a los que se debilitan en cada empresa, y en cada propósito y les digo: La fe os dará una fuerza invencible y una luz que no se extinguirá jamás.

Vosotros sólo poseéis el presente, mas Yo sé por dónde cruzaréis el mañana, por lo tanto confiad en mí. Bendito sea el que tiene fe, mas también bendigo al que viene a Mí, pidiéndome ese precioso don. La fe os salvará, os he dicho siempre. En los trances difíciles, en las grandes pruebas, todo el que ore y confíe será salvo.

¿Por qué caéis a veces en el abismo de la desesperación y de la desconfianza, sabiendo que os amo y que tenéis toda mi protección? En mi camino nadie sucumbe y aunque hay ocasiones en que el hombre cae doblegado por el peso de la cruz, una fuerza superior le levanta y le da ánimos, esa fuerza proviene de la fe.

¿Acaso no vive dentro de vosotros la esperanza que os anima para aguardar un mañana mejor? Existen quienes olvidando a su espíritu, solamente piden para su materia pan, salud o trabajo y en todos obro un prodigio, porque ésos también serán testimonios que mañana enciendan la fe y esperanza en el corazón de vuestros hermanos. Mas no me pidáis tan poco, eso que os parece mucho, pronto termina; mejor pedidme beneficios eternos, bienes espirituales. Yo, por añadidura, os daré lo del mundo. Más tengo que daros que vosotros que pedirme, por lo tanto no os conforméis con tan poco. Recordad que os he dicho: «No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que viene de Dios».

Deducid de mis palabras que lo que quiero de vosotros es confianza, fe, optimismo, calma y fortaleza, que a pesar de vuestras penalidades no haya amargura en vuestro corazón.

No privéis a vuestro corazón de todas aquellas alegrías sanas que aunque fugaces, las podéis disfrutar. Comed en paz vuestro humilde pan y de cierto os digo que lo encontraréis más dulce y sustancioso.

A pesar de cuanto os hablo, existen quienes hoy creen y mañana no, porque tienen sus horas para creer y sus horas para dudar. Mientras existan la duda y la debilidad que lucha por venceros, no podrá haber verdadera fe en vosotros. La fe se siente, es el impulso que os hace poner en práctica una idea sin temor a fracasar. Es la mirada espiritual que alcanza a contemplar la verdad.

Aprended de Mí que jamás he dudado de vosotros. Yo veo que dudáis del poder del amor, que dudáis de la fuerza de la fe; que dudáis hasta de vosotros mismos. ¿Qué podéis hacer con tanta duda? Yo sí creo en vosotros, conozco la simiente que hay en cada hijo mío, porque Yo lo formé, porque le di vida con mi amor.

Cuando carecéis de fe, o ésta es muy débil, sin daros cuenta a cada paso me vais negando, y en muchas de vuestras obras vais dando testimonio en contra mía; os digo esto para que observéis bien vuestros actos y midáis sus efectos, no sólo materiales sino también espirituales.

Considerad que si en vez de dudas y desconfianzas, llegáis a depositar toda vuestra fe en vuestro Padre, Él os iluminará a cada instante y os fortalecerá en cada una de vuestras pruebas.

No queráis que repita mis palabras del Segundo Tiempo y que os diga, que sois hombres de poca fe.

Él les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza. (Mateo 8:26)

¿Qué os falta entonces, para poder obrar prodigios? Que crezca vuestra fe, que aumente, que se desborde, y entonces no serán miserias las que vengáis a presentarme, ni lágrimas las que me ofrezcáis, sino acción de gracias, satisfacción, conformidad, confianza, alegría, fortaleza y esperanza.

¿Qué es la Espiritualidad?

¿Qué es la espiritualidad?

La finalidad de mi palabra es la de mostraros el camino certero por donde debéis transitar para alcanzar la verdadera espiritualidad, por la cual lograréis no solamente la tranquilidad del corazón, sino la paz de vuestro espíritu. Ya que a los valores materiales les habéis dado mayor importancia de la que poseen y en cambio de la vida espiritual ya nada queréis saber y ha llegado a tanto vuestro amor al mundo, que hasta lucháis cuanto es posible por ignorar todo lo que se refiere a la espiritualidad, por creer que este conocimiento es contrario a vuestro progreso en el mundo.

Sólo la luz de la vida espiritual, os revela la verdad, con ella podéis comprender cuanto deseáis y necesitáis saber.

La verdadera espiritualidad no puede admitir ninguna especie de idolatría o prejuicios. Espiritualidad quiere decir armonía del espíritu y de la materia, observancia de las leyes divinas y humanas, sencillez y pureza en la vida, fe absoluta y profunda en el Dios verdadero, alegría de servir a Dios en vuestros semejantes.

Espiritualidad es claridad, es sencillez, es culto al amor, es lucha por alcanzar la perfección del espíritu, es elevación de los sentimientos, bondad del corazón, rectitud en los actos. Es limpieza en las obras y en las palabras, vida elevada y generosa.

Espiritualidad es libertad, es la armonía con todo cuanto os rodea. Todo esto, significa desarrollo de todas las facultades del hombre, tanto las que corresponden a su parte humana, como las que vibran más allá de los sentidos del cuerpo y que son las potencias, atributos, facultades y sentidos del espíritu.

Quienes vivan y sientan la espiritualidad bien entendida, les dará fuerza y salud, por lo que nunca dejarán de sentir la verdadera paz y hasta cuando duerman su sueño será tranquilo y reparador.

¿Cómo podéis lograr la espiritualidad? Yo os digo, procurando ser justos en todos vuestros actos, practicando la caridad con vuestros hermanos, amando y perdonando.

¿No deseáis sanar las enfermedades del espíritu así como las del cuerpo? De cierto os digo, que podéis y debéis hacerlo, y esto es posible, practicando la verdadera espiritualidad, entonces veréis realizarse verdaderas maravillas y prodigios.

Vuestro camino ya no será pesado, las tentaciones ya no os harán caer en las profundidades del abismo, ya sabréis tomar de este mundo lo estrictamente justo, lo lícito e indispensable, dando con ello libertad a vuestro espíritu para lograr un mundo mejor.

Cuando despertéis a la espiritualidad, comprenderéis que las tinieblas son débiles ante la luz, el odio es un átomo frente a la fuerza irresistible del amor, y el materialismo se empequeñece ante los dones del espíritu. Por medio de ella, se logra un grado de elevación que permite al hombre concebir ideas elevadas, más allá de lo que puede su mente presentir.

La semilla de la espiritualidad, que siempre he sembrado en el mundo, es la que una vez más os recuerdo en este tiempo. Esa semilla encierra el secreto de una vida mejor. Imaginad el adelanto de una humanidad cuya moral proceda de la espiritualidad; una humanidad sin limites ni fronteras, compartiendo fraternalmente todos los medios de vida que la Tierra ofrece a sus hijos. Tratad de imaginar lo que será la ciencia humana, cuando ella tenga por ideal el amor de los unos a los otros.

Pensad en lo grato que será para Mí recibir de los hombres el culto del amor, de la fe, de la obediencia y de la humildad, a través de su vida sin que tengan que recurrir a ritos ni a cultos externos.

¡Ah, si en toda vuestra vida supieseis conservar pureza en la verdadera espiritualidad sin caer en fanatismo; cuán grande sería vuestra evolución!

Yo no os aparto de vuestro cumplimiento en el mundo, porque también ahí tenéis deberes sagrados, pero os digo que no deis al mundo más importancia que a vuestro desarrollo espiritual.

Espiritualidad es cuanto os pido en este tiempo a los hombres, y dentro de lo lícito, verán cumplidos sus más grandes ideales y resueltos sus más grandes conflictos.

Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual. (Colosenses 1:9)

La humanidad comprenderá que los bienes espirituales son indispensables en la vida del hombre, bienes que no se pueden adquirir con monedas, sino preparación espiritual. ¡Hoy es el dolor, el que os purifica, mañana será vuestra espiritualidad!

Análisis espiritual de la Biblia

Análisis espiritual de la Biblia

A quienes estudian las escrituras de los tiempos pasados, les digo que sólo con espiritualidad en su vida, podrán encontrar la verdad que existe en aquel lenguaje.

Muchas veces enseñáis conceptos erróneos por falta de estudio y penetración en lo espiritual, por eso os encargo que os dediquéis a la meditación de mi enseñanza, para que ya no hagáis obras que creyéndolas buenas, ante el Padre son imperfectas.

Reconoced que los responsables de que la humanidad comprenda con claridad el sentido espiritual de mis enseñanzas presentes y pasadas, sois todos los que sentís en el espíritu el hambre de saber, los que habéis penetrado por los caminos del estudio, de la meditación y del análisis. De los que sólo viven de ritos, ceremonias y cultos materiales no puedo decir lo mismo, ellos se satisfacen con lo superficial, porque aún no han conocido el sabor del fruto.

Si a vuestras manos llegasen alterados los escritos de mis discípulos que en el Segundo Tiempo (Segundo Testamento) os legaron mi palabra, Yo haré que reconozcáis cuáles son las verdaderas palabras de Jesús, la conciencia que es mi voz divina, descubrirá como falsas, las que no estén en armonía con el concierto divino de mi amor.

No caigáis en teologías complicando lo simple, no imitéis a quienes pretendan aprisionar a Dios, en un libro material, porque jamás como humanos, lograréis escudriñar a Dios.

Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. (Juan 16: 12-13)

Os doy mi palabra con la misma esencia con que os hablé en el Segundo Tiempo y he venido a recordaros muchas de mis enseñanzas que habíais olvidado, o de las cuales os habéis apartado debido a erróneas interpretaciones de vuestros antepasados.

Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber. (Juan 16:14-15)

Los hombres interpretaron mal mi Ley y falsearon mis enseñanzas; por eso en este tiempo vengo a derramar mi luz en todo espíritu y en toda mente para que la lección que os he dado a través de la vida lleguéis a entenderla.

Una nueva lección os he entregado; con ella he destruido conceptos erróneos porque habíais materializado enseñanzas anteriores. Ved que os hablo en múltiples formas; una misma lección os la enseño de distintas maneras, para que ninguno se quede sin comprender mi palabra.

Quiero que lleguéis a comprender la importancia que tiene el estudio y análisis de mi palabra, ya que cada frase encierra cuando no una revelación, una profecía; cuando no un juicio, una lección para vuestro espíritu.

Entonces respondiendo Jesús, les dijo: ¿No erráis por esto, porque ignoráis las Escrituras, y el poder de Dios? (Mateo 12:24)

Quienes den a mi Obra la importancia que ella encierra en este Tercer Tiempo y se profundicen en el análisis de mi palabra, verán el florecimiento y el desarrollo de muchos dones que estaban latentes en su ser.

Mucho os hablé en tiempos pasados de ese fuego, de ese juicio, de esa expiación; mas las figuras con las que eran representadas estas enseñanzas las tomasteis en sentido material y vuestra imaginación desvirtuó la realidad de esas revelaciones.

Cuántas torcidas interpretaciones han dado los hombres a estás lecciones divinas. Me hacen aparecer como un juez de monstruosa crueldad.

¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo! Hebreos 10:31

Cuántos absurdos ha creado la mente humana y luego los ha impuesto como la suprema verdad.

Cuando vine en Jesús a habitar entre los hombres, sólo cuando fue necesario tomé la esencia de aquellas escrituras, del sentido de aquellas obras para dar mis lecciones; lo material y lo superfluo jamás lo ensalcé. ¿No recordáis que mencioné al justo Abel, que ponderé la paciencia de Job y mencioné la sabiduría y el esplendor de Salomón? ¿Verdad que en muchas ocasiones recordé a Abraham y hablé de los profetas, y que refiriéndome a Moisés os dije que Yo no venía a borrar la Ley que él recibió, sino a darle cumplimiento?

Ahora que he venido a vosotros con una extensa lección espiritual, os he venido enseñando y recordando lo que fue, los ejemplos que no debéis olvidar, las lecciones que tiene vida eterna; pero vuelvo a deciros, también ahora sólo os he hablado de lo espiritual. No penséis que os prohíbo la lectura de aquel libro de los primeros tiempos, no, sabed que Yo dije: «Escudriñad las escrituras», y añado ahora: «Antes de leer, orad, para que cuando escudriñéis, halléis verdadera luz y no os confundáis como muchos se han confundido, dando una falsa interpretación a lo sucedido». Leed, escudriñad, mas el análisis lo encontraréis en mi palabra del Tercer Tiempo.

Y estos eran más nobles que los que estaban en Tesálonica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las escrituras para ver si estas cosas eran así. (Hechos 17:11)

Todo cuanto en ellas es fue revelado, tiene un sentido divino, aunque os parezca que en algunas ocasiones están hablando de la vida humana; buscad su esencia y encontraréis que siempre os están mostrando la vida espiritual.

No os detengáis, demasiado en analizar la letra, que es lo superficial, porque ella puede llevaros a la confusión, penetrad al significado de la palabra y ahí hallaréis la verdad. Procurad que vuestro análisis sea sencillo, como lo es mi palabra, y no compliquéis lo que es diáfano, puro y natural.

Meditación y oración es lo que se requiere para el estudio de las lecciones divinas. Quien así busque mi luz, en verdad os digo que pronto la hallará. Ya os he enseñado que con oración se adquiere sabiduría.

He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría. (Salmos 51:6)

El discípulo que de esta manera analice mi palabra y que en esta forma consulte a su Maestro, será el que siempre acierte con la verdad y nunca se confunda.

Llegará el día en que vuestra sensibilidad para lo espiritual os haga descubrir fácilmente la esencia que contiene toda palabra que ha brotado de Mí.

Mi palabra de este tiempo no borra las palabras que os dije en el Segundo Tiempo. (Segundo Testamento) Pasarán los tiempos, los siglos y las eras, mas las palabras de Jesús no pasarán. Hoy vengo a explicaros y a revelaros el contenido de lo que os dije entonces y que no comprendisteis.

¡Cuántos hay que creyendo conocer las Escrituras, nada conocen, porque nada han entendido! ¡Y cuántos hay que creyendo haber encontrado el lenguaje de la creación, viven confundidos!

Estudiad con amor y buena voluntad mis enseñanzas y llegaréis a entender cuanto os he revelado a través de los tiempos.

En verdad os digo, que vosotros y todos los que penetren al fondo de esta palabra, serán los verdaderos intérpretes de las Escrituras.

El testimonio de lo que aquel pueblo vio y vivió, pasó a la historia y se escribió en textos que han conocido todas las generaciones hasta vuestros días; pero aquellos testimonios, han encontrado ahora a los hombres sin fe ni preparación espiritual, a los que para creer, necesitan pensar, analizar y escudriñar, sometiendo todo a su ciencia, a su razón y a su lógica; estos han dudado, otros se han confundido, algunos han negado y ha habido quien se ha burlado.

Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente. (Efesios 4:17)

Es menester que Yo os diga que el testimonio de los hombres que me siguieron fue verdadero, lo que legaron a la posteridad fue cierto; ellos explicaron las lecciones recibidas a través de su fe sencilla e inocente, tal como la vieron y como estudiaron todo lo sucedido.

Cada uno de aquellos hechos, de aquellas obras y pruebas de que os hablan los antiguos, encierra una verdad, una luz, una revelación. Aquellos creyeron sin escudriñar porque palparon los hechos. A vosotros toca creer analizando, para extraer el contenido espiritual de lo que os ha sido revelado.

Todo tiene una explicación tan sencilla y tan clara; pero vuelvo a deciros que es menester que para encontrarla, el espíritu se adelante a meditar.

Es natural que, quienes tratan de encontrar la divina verdad buscándola con su pobre mente, no den tres pasos sin que hayan tropezado o encontrado el abismo. El camino de la verdad sólo el espíritu puede encontrarlo.

Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. (1 de Corintios 2:10-14)

Esta luz os librará de la ignorancia y de la mentira; bajo su claridad, cuánta falsedad, cuánto adulterio e impostura quedarán al descubierto. iAy, de los que han adulterado la ley! ¡Ay, de los que han ocultado o falseado la verdad! No se imaginan cómo será su juicio.

No todos los que andan por calles y caminos, hablando de los acontecimientos de los tiempos pasados, interpretando profecías o explicando revelaciones, son mis enviados, porque muchos por vanidad, por despecho o por intereses humanos, han tomado aquellas enseñanzas para ofender y juzgar, para humillar o herir y aun para matar.

Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos; (1ª de Pedro 2:15)

Teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; (Efesios 4:18)

Necesario es que esta luz que tan dulcemente ha llegado hasta vuestro corazón, se extienda de un punto al otro del orbe para que los hombres se acuerden que Cristo no hiere, ni humilla y menos entrega muerte; porque Él es la vida, el pan, la salud, el consuelo, y de todo esto hoy se encuentra menesterosa la humanidad.

El discípulo espiritual debe buscar siempre la esencia de mis obras, para que descubra la verdad en mis mensajes divinos. Veréis entonces cuan sencillo es encontrar el sentido de todo aquello que unos envuelven en el misterio y otros complican con sus teologías.

Espiritualidad quiere decir sencillez; ¿por qué complicar entonces lo que es simple, claro y diáfano como la luz?

Mi palabra de los tiempos pasados no ha sido debidamente interpretada, mas la semilla está en el espíritu y ahí será cultivada por Mí.

No despreciéis lo escrito en otros tiempos, porque seríais fanáticos; no os dejéis dominar por las pasiones, y aprended a respetar a vuestros hermanos que en otros tiempos escribieron con su amor, con fe y aun con su sangre, páginas de ese libro en el cual están los nombres y los ejemplos de los que han dado testimonio de mi verdad.

Estudiad e interpretad bien mis enseñanzas, porque de no hacerlo así, caeríais en fanatismo debido a la mala interpretación que le deis a mis lecciones de espiritualidad, y ésta que es elevación, no admite errores.

En todos los tiempos los hombres han falseado mi verdad y han ocultado mi Ley a la humanidad.

Ahora, he visto que la Doctrina que os enseñé en el Segundo Tiempo se encuentra oculta, imperfectamente interpretada y no conforme a la evolución espiritual que tenéis ahora, sino adecuada al entendimiento de los hombres de hace muchos siglos.

Si adulteráis mi palabra o no la interpretáis debidamente, entonces mi lección en vuestros labios no será sustento para vuestros hermanos.

Os estoy entregando mi nuevo Mensaje para que él os facilite comprender toda la Revelación anterior.

Os estoy hablando con suma claridad, aun usando el sentido figurado, porque sé que así podréis entenderme mejor. En el Segundo Tiempo, cuando hablaba a las multitudes, muchas veces lo hice por medio de parábolas para que me comprendieran, mas cuando sólo me dirigía a mis discípulos, lo hacía con lenguaje sencillo, pero profundo en su enseñanza.

Por eso, entended que cuando hablo por medio de parábolas y empleo el sentido figurado, es para que los postreros, los torpes de entendimiento o los que aún tienen poco evolucionado su espíritu, alcancen a comprender todo el significado de mi enseñanza; cuando os hago revelaciones sin emplear el sentido figurado, están dirigidas para aquellos cuyo desarrollo y conocimiento de las lecciones espirituales, les permite entender mejor.

Mas la confusión de que os hablo vendrá porque los que han interpretado aquellas revelaciones, han impuesto a la humanidad sus análisis y éstos han sido en parte acertados y en parte erróneos. También será porque aquella luz espiritual de mis enseñanzas, fue ocultada a los hombres y a veces se les ha dado a conocer adulterada. Por eso ahora que ha llegado el tiempo en que mi luz ha venido a sacaros de las tinieblas de vuestra ignorancia, muchos hombres han negado que ésta pueda ser la luz de la verdad, ya que no concuerda, según su criterio, con lo que antes os había enseñado.

 entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, (2 de Pedro 1:20)

Os aseguro que ninguna de mis palabras se perderá y que los hombres de este tiempo, llegarán a saber qué fue lo que os dije en los tiempos pasados. Entonces dirá el mundo cuando conozca el Espiritualismo: en realidad, ya todo lo había dicho Jesús.

Efectivamente: todo lo dije ya, aun cuando de muchas de las verdades reveladas, sólo os manifesté el principio de ellas; os las dejé para que empezaseis a entenderlas, porque en aquel tiempo aún no estaba capacitada la humanidad para comprender todo lo que ahora he venido a mostraros en plenitud.

Cierta ocasión se encontraba Jesús con un hombre que era entendido en Ley y el Maestro contestando a las preguntas de aquél, le hizo una revelación. Entonces el hombre, asombrado ante lo que nunca había imaginado, dijo a Jesús: Señor, ¿pero cómo puede ser esto? A lo que el Divino Maestro respondió: ¿Si no podéis creer en las cosas terrenas que os digo, como llegaréis a creer en las lecciones celestiales? (Juan 3:1-15)

Mas ya es tiempo de que me entendáis, porque el espíritu evolucionado del hombre, puede recibir aquella luz intensa de la Divinidad que todo lo revela, lo descubre y lo explica y a lo cual llamáis la luz del Espíritu Santo o sea el Espíritu de Verdad.

Viene el tiempo de controversias en el que los hombres pondrán de manifiesto su inteligencia y su elocuencia, de la que llegarán hasta el alarde y la vanidad. Volverá a ponerse a discusión mi palabra del Segundo Tiempo, y también se discutirán las diversas interpretaciones que a ella se han dado. En verdad os digo: De ese torbellino surgirá la luz y muchos velos quedarán descorridos y la hipocresía será abatida por la verdad.

Es mi divino deseo que los hombres lleguen a la unificación de ideas y de culto espiritual, porque algo tengo reservado para ellos cuando esto sea.

Aquellos profetas de los tiempos pasados no recibieron consagración o autorización alguna en la Tierra, no estaban obligados a tener sumisión ante ninguna autoridad y sólo se concretaban a obedecer los dictados de su Señor, que era el que ponía su palabra en los labios de aquellos escogidos por Él.

Llenos de fe y de valor, nada los detenía en su misión de enseñar mi Ley al pueblo y apartarlo del fanatismo religioso, haciéndole comprender la indolencia y los errores de los sacerdotes.

Si meditáis un poco y estudiáis las Escrituras, veréis cómo a través de todos los profetas, una sola fue la esencia que en su palabra entregaron a los hombres. Ellos dieron a la humanidad amonestaciones, revelaciones y mensajes, sin los errores del culto materializado que profesaba el pueblo en aquellos tiempos. Enseñando a obedecer la Ley y la palabra de Dios, ayudaron a la humanidad a ponerse en contacto con su Padre Celestial.

Cuántas veces en la historia del pueblo de Dios, los hombres se interpusieron con sus desobediencias y a pesar de sus errores se cumplió mi palabra. Lo mismo sucederá en este tiempo. No todos serán obedientes a mis mandatos; mientras unos se levanten interpretando justamente mis órdenes, otros queriendo conciliar lo puro y verdadero con lo bajo y carnal, tratarán de pasar sobre mi voluntad, sin comprender que la voluntad divina que es poder y justicia infinita, será la que juzgue todos los actos impuros de quienes hayan profanado mi palabra.

No vengo con mi palabra de este tiempo a borrar lo que dije en el Segundo Tiempo; antes bien, os lo vengo a recordar, porque lo habéis olvidado y a explicarlo, porque no lo habéis comprendido. Os estoy revelando lo que entonces no os dije y que tenía reservado para vosotros en el tiempo presente en que vuestro espíritu está más evolucionado.

Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber. (Juan 16:14-15)

Los que escribieron mi palabra con amor, con sangre y lágrimas, obedecieron a su memoria y a su inspiración, ellos fielmente interpretaron mi voluntad; mas después vinieron otros y mi palabra fue adulterada, su esencia se ha perdido entre ideas y prácticas que no pertenecen a mi doctrina. Y en este tiempo la luz viene a romper todo velo, para dejar ver la pureza de mi verdad.

Los que estudian mi palabra en esta forma, son los que van encontrando la verdad. Ellos serán los discípulos, que se levanten mañana a explicar a la humanidad mi Doctrina. Harán comprender a quienes se han confundido interpretando las escrituras de los tiempos pasados, que para descubrir la verdad de mis revelaciones es menester no detenerse en el significado material de las palabras, sino buscar el sentido espiritual que es la esencia, que es la verdad y la vida.

Con esta lección quedaréis capacitados para explicar a los que buscan la interpretación de mis pasados mensajes, la forma de descubrir espiritualmente la esencia de cada enseñanza, pasaje o ejemplo, la verdad que es una sola.

Ahora se abre una nueva Era delante de vuestra vista, mas no un nuevo camino. Yo no he venido a destruir vuestra simiente ni a confundiros con palabras extrañas. No os digo que desconozcáis el mensaje espiritual que os dejé en los tiempos pasados, sólo vengo a continuar mi lección comenzada, la cual había dejado en su segunda parte.

Después de mi partida en el Segundo Tiempo, Juan, mi discípulo, contempló en sus éxtasis la época en que estáis viviendo, los peligros en que la humanidad se vería envuelta, las calamidades que azotarían al mundo, las luchas y contiendas de los hombres y la paz que después de todo esto vendría. También le fue revelada la forma en que debería quedar escrita aquella revelación o profecía, para que se diera a conocer en toda la tierra.

Si el libro de las profecías de Juan, ha sido visto por algunos como misterio impenetrable y por otros considerado bajo una interpretación errónea, se debe a que la humanidad no ha alcanzado aún la espiritualidad necesaria para comprender lo que ahí está representado y puedo deciros también que ni siquiera fue entendido por el profeta a quien se le inspiró.

El hombre que contempló, el Cordero, el león, el libro, las estrellas, los ancianos, los candeleros y cuando su vista absorta miró, sólo eran figuras y formas existentes en la Tierra conocidas por el hombre, las cuales fueron tomadas como símbolos, para representar con ellas enseñanzas profundas y divinas, pero mi Divinidad en todo su esplendor nadie puede contemplarla, porque soy infinito, no tengo principio ni fin.

Juan oyó y vio, y al escuchar que se le ordenaba que escribiese, al punto obedeció, más comprendió que aquel mensaje era para los hombres que vendrían mucho tiempo después de él.

Hoy os encontráis en este tiempo que os fue profetizado, y esta Doctrina como luz de una nueva Era, tiene la virtud de enseñar a leer en ese libro que por tanto tiempo estuviera cerrado a vuestra comprensión. Se acerca la hora en la que llegaréis a descifrar todo aquello que por tanto tiempo mirasteis oculto tras el velo del misterio.

¿No creéis en verdad, que si Juan hubiese comprendido el significado de la revelación que había recibido, en lugar de legaros un libro de figuras y símbolos, os hubiese explicado con claridad su contenido? Reconoced que si hubiera explicado con entera claridad esa revelación, ¿qué hombre de aquel tiempo hubiera podido comprenderla y por lo tanto creído en la verdad de la profecía?

Fue mi voluntad que aquel libro permaneciera sellado y sólo su existencia y parte de su contenido os fuese revelado, para que llegado este tiempo Yo viniera a explicaros esa revelación.

Al fin vuestra evolución espiritual os permitirá comprender, el verdadero sentido de las enseñanzas que os he dado a conocer, y cuya luz os conducirá a una morada perfecta en la eternidad.

Si la humanidad se hubiese preocupado por estudiar y analizar las profecías del Primero y Segundo Tiempos, nada de cuanto ahora acontece le sorprendería, ni le confundiría, porque ya todo estaba pronosticado.

Quiero que mis nuevos discípulos conozcan el sentido de aquellas revelaciones.

Las Escrituras de los tiempos pasados podrían revelaros lo que hoy os repito, pero el hombre se ha atrevido a falsear mis verdades para difundirlas adulteradas. Y ahí tenéis una humanidad espiritualmente enferma, cansada y sola.

El hombre, en su materialismo, ha encontrado la conveniencia de modificar la palabra que os di en tiempos pasados. Mas mi Obra es perfecta y no radica en palabras materiales. Preparaos y descubriréis siempre mi verdad; entonces encontraréis que mi semilla os la he dado en abundancia en todos los tiempos, para que vosotros también la entreguéis en esa forma.

¿Cómo pueden presentir la gracia de este tiempo, aquellos que envueltos en fanatismo religioso, quitan toda libertad al espíritu y le privan de toda expresión natural? Todo espíritu guarda en sí mismo grandes dones, puesto que él ha sido antes que el mundo, pero si él se encuentra encadenado y privado de expresar lo que encierra, tendrá que vivir incomprendido y confundido; tendrá que vivir de presentimientos de lo espiritual y de reminiscencias de su propio pasado, ocultando y callando todo, por el temor que sobre lo espiritual le han infundido fanáticas creencias. Así no podrá sentir mi presencia si le sorprende hasta la palabra espíritu. ¿Cómo podrá tener fe en la resurrección del espíritu, que es la reencarnación? ¿Cómo podrá creer en estas manifestaciones que ahora miráis?

No vengo a provocar una leve contienda, sino una gran guerra de ideas, en la que brillarán los inspirados.

No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; (Mateo 10:34,35)

Venid al Maestro y aprended de Él para que destruyáis las malas interpretaciones que sobre las Escrituras de los tiempos pasados os han enseñado. Esas erróneas interpretaciones han sido espesos velos que no os han dejado mirar la verdad.

Os han hablado del Anticristo, al que se refiere en revelación mi discípulo Juan y en vuestra confusión, habéis atribuido esa personalidad a muchos de vuestros hermanos, tanto del pasado, como del presente. Hoy os digo: que ese Anticristo como lo ha concebido la humanidad, ni ha existido ni existirá. Anticristo, es todo aquel que no ama, porque Cristo es el amor del Creador. Ved entonces como vuestro mundo se encuentra lleno de Anticristos cegados por el materialismo.

Yo os digo, que más os vale estar llenos de incertidumbres y de negaciones, que llenos de afirmaciones falsas o de mentiras que pasáis por verdades. Menos mal os hace la negación sincera que nace de la duda o de la ignorancia, que la afirmación hipócrita de una falsedad. Es mejor la duda limpia, que tiene hambre de comprensión, que la firme creencia de un mito cualquiera.

Es mejor la incertidumbre desesperada, que a gritos pide la luz, que la firmeza fanática o idólatra. Hoy abundan por doquiera los increyentes, los desconfiados y los amargados. Son rebeldes que muchas veces ven más claro que los demás, que no sienten el ritualismo, ni les convencen las afirmaciones que han escuchado de quienes dirigen espiritualmente a los hombres; porque todas aquellas complicadas teorías no llenan su corazón sediento de aguas puras que calmen su angustia. Esos que juzgáis rebeldes, muchas veces tienen en sus preguntas más luz que los que, creyéndose sabios o grandes, las contestan. Sienten, ven, palpan, oyen y entienden con más claridad, que muchos que se dicen maestros en las lecciones divinas.

Habéis creído al pie de la letra en la venida de hombres que a sí mismos se llamarán cristos y habéis acabado por creer y comprender que esos serán los falsos cristos.

¿Quiénes son los falsos cristos? Todos aquellos que pregonando superioridad y virtud y diciendo ser difusores del bien, hagan todo lo contrario.

Y así disputáis sobre el temido y terrible fin del mundo que suponíais a la puerta de cada una de vuestras guerras. También os digo ahora, que ese fin que esperáis, no vendrá; mis palabras del Segundo Tiempo se referían a un mundo materializado y científico que no me honra, ni me ama, ni me reconoce.

Persistís en querer entender al revés los símbolos ú os apegáis a ellos de tal manera, que os confundís y al fin no sabéis qué pensar. Dejad de pensar tanto, purificad vuestro espíritu y vuestro corazón y venid a Mí. Yo os daré la luz y os revelaré lo que debéis saber, tanto para vuestro mejoramiento material, como para vuestra ascensión espiritual.

Aún habláis de la justicia terrible de Dios, de la ira de Jehová, del «ojo por ojo y del diente por diente» del día del juicio en que Yo seré el juez vengador.

¿Cuántos días de juicio habéis tenido durante vuestra existencia? En mi Espíritu no puede existir la ira, entonces, ¿cómo podría manifestarla? En Mí sólo existe la armonía. Los que se cobran ojo por ojo y diente por diente, sois vosotros. Mí justicia es amorosa y sois vosotros los que pedís la oportunidad de purificaros, pues Yo no os castigo.

Muchos se han levantado por el mundo reconociendo que este es el tiempo del cumplimiento de aquellas profecías, mas debo deciros que no todos han comprendido el sentido de las Escrituras, cuando les dan una interpretación material, semejante a la que los judíos dieron en aquel tiempo al advenimiento del Mesías y su Reino.

¿Por qué materializasteis el sentido divino de aquellas revelaciones? En parábola y en sentido figurado he hablado a los hombres en los tiempos pasados, porque ni los espíritus ni las mentes estaban capacitadas para recibir la luz en plenitud, era indispensable entonces traducir e interpretar espiritualmente aquel lenguaje, aquellas figuras y parábolas, hasta encontrar el sentido verdadero de ellas.

Ya que los hombres no supieron dar la interpretación verdadera y justa a las revelaciones que se les han hecho desde los primeros tiempos, hoy vengo en Espíritu para ser Yo quien les dé la definición clara y la interpretación justa a cuanto les he enseñado.

¡Cómo han falseado la verdad de mi justicia todos los que van predicando una doctrina de temores, de castigos y de ignorancia! Más, ¿sabéis el por qué de esa actitud? Porque necesitan tener supremacía sobre los demás, porque no conocen la humildad y en cambio tienen mucha vanidad para nombrarse poseedores de la verdad y predilectos sobre los demás.

Predican la ignorancia y atemorizan para no perder su lugar de privilegiados.

Sólo mi luz y mi piedad podrán salvar a las grandes multitudes, del abismo y las tinieblas hacia donde son conducidas.

Yo repruebo a quienes prediquen una fe ciega, una fe sin conocimiento, una fe adquirida por temores y supersticiones.

No escuchéis las palabras de quienes atribuyen a Dios todos los males que aquejan a la humanidad, todas las plagas, hambres y pestes, llamándolas castigos o ira de Dios. Esos son los falsos profetas.

Apartaos de ellos porque no me conocen y quieren enseñar a los hombres cómo es Dios.

Ahí tenéis el fruto de la mala interpretación que se ha dado a las escrituras de los tiempos pasados, cuyo lenguaje divino no ha sido encontrado todavía en el fondo del lenguaje humano con que fueron escritas las revelaciones y las profecías. Muchos van hablando del fin del mundo, del juicio final, de la muerte y del infierno, sin saber un átomo de la verdad.

El concepto sobre mi Divinidad, sobre la vida espiritual y sobre la finalidad de vuestra existencia irá tomando el cauce verdadero, porque cada hombre será un buen intérprete de cuanto os fue dicho en parábola y en sentido figurado por vuestro Maestro, por sus enviados y profetas.

Aquel lenguaje sólo en parte fue comprendido por los hombres; era la lección que les estaba asignada de acuerdo con su capacidad espiritual y mental, pero ellos, queriéndolo saber todo llegaron a turbarse y a confundirse, dando interpretaciones materiales a lo que sólo podía analizarse en forma espiritual.

Ya está la luz nuevamente brillando en cada espíritu y podéis, por lo tanto, penetrar en el fondo de aquellas y de estas revelaciones, mas no olvidéis que si en verdad aspiráis a conocer el sentido o esencia de mi palabra, tendréis que penetrar en el estudio de estas revelaciones; analizándolas espiritualmente y entonces ella se simplificará; su significado aparecerá diáfano, claro y sencillo. Los misterios quedarán destruidos y con ello la ignorancia, y entonces la Tierra comenzará a devolver al valle espiritual seres luminosos y no seres oscuros envueltos en el velo de la ignorancia.

Conocedme todos para que ninguno me niegue, conocedme para que vuestro concepto sobre Dios esté fundado en la verdad y sepáis que donde se manifieste el bien, ahí estoy Yo.

El bien no se confunde con nada. El bien es verdad, es amor, es caridad, es comprensión.

El bien es preciso, exacto, determinado. Conocedlo para que no os equivoquéis. Cada uno de los hombres podrá ir por diversos caminos; pero si todos ellos coinciden en un punto, que es el bien, llegarán a identificarse y a unirse. No así cuando se empeñen en engañarse a sí mismos, dándole cariz de malo a lo bueno y disfrazando de bueno a lo malo, como acontece entre los hombres de este tiempo.

Meditad sobre esta enseñanza, y entonces juzgad, pero antes recordad que cuando estuve entre los hombres, os dije que «mi Reino no es de este mundo», dándoles a comprender que mi morada es espiritual. Al hablarles de la vida espiritual lo hice por medio de parábolas, ya que no hubiesen podido comprender si les hubiese descrito en toda su grandeza y verdad el Reino de los Cielos.

Erróneamente la humanidad ha tomado en forma literal mis parábolas y enseñanzas en sentido figurado, porque en su imaginación han dado formas materiales o humanas a todo lo divino.

A causa de la interpretación material que las mentes humanas han dado a mis revelaciones, muchas creencias sobre la vida espiritual están tan alejadas de la verdad.

¿Cómo podrán los hombres dar así una justa interpretación a lo que he llamado Reino de los Cielos? ¿Cómo podrán conocer mi justicia, mientras crean que existe un infierno como el que su imaginación a forjado? Y, ¿cuándo podrán aceptar y comprender que la ley de la reencarnación no es una simple teoría, ni una falsa creencia de unos cuantos hombres, sino una ley de eterna justicia y de amorosa compensación, a través de la cual el espíritu se purifica, se perfecciona, se modela y eleva?

Oídme nuevamente, humanidad: Este es el Tercer Tiempo en el que me he presentado para deciros que no he venido a borrar una sola de mis palabras reveladas por Mí cuando estuve en la Tierra, sino a borrar de vuestro corazón todas las interpretaciones erróneas que a mis enseñanzas habéis dado.

Cuando renunciéis a vuestro fanatismo que es lo que os ciega y os impide mirar la verdad, comenzaréis a comprender esta Doctrina y ante vosotros miraréis surgir pleno de luz, el contenido de mis revelaciones, tanto de este tiempo, como de los tiempos pasados. Entonces llamaréis justicia perfecta a lo que hoy llamáis misterio y sabréis dar su valor eterno a lo inmutable y su justa importancia a lo humano, que es pasajero.

¿Dónde está vuestro análisis que no os sirve para comprender las lecciones más sencillas? Os he traído de nuevo la luz para que analicéis lo que antes no habíais logrado comprender.

Analizad mis enseñanzas que son claras y sencillas, más no tratéis de analizar primero lo infinito porque os equivocaréis.

Así como aprendéis en el mundo a leer, aprended a analizar la enseñanza del espíritu y su lenguaje de amor.

Preparad vuestro entendimiento para que analicéis con rectitud mi palabra, ya os he dicho que quienes analicen espiritualmente mi palabra, serán los que den una justa interpretación a las lecciones que en esta Era y en los tiempos pasados os ha revelado vuestro Señor. El que lea en mi libro y al analizar lo haga en el sentido espiritual, ese será el que se acerque a la verdad.

Los buenos discípulos, los perseverantes, los fieles, serán los que analicen esta Doctrina. Ellos también serán humildes, pero a pesar de su sencillez asombrarán a sus hermanos con la sabiduría de sus interpretaciones.

Cuán pocos son los que en verdad saben entender mis divinas lecciones, y éstos pocos son los que las analizan con el espíritu. Mas tened en cuenta, que la divina revelación no os la he traído en una sola vez, sino que os la he ido aclarando en cada una de mis lecciones.

Si en ocasiones os habéis confundido y sobre una errónea interpretación habéis acumulado otras, es natural que ahora no comprendáis con claridad ni deis el justo análisis a la enseñanza espiritual del Tercer Tiempo.

Escuchad esta palabra, analizadla y comprenderéis que ella viene a ayudaros a despojaros de todo lo superfluo, porque esas influencias no dejan en libertad a vuestro espíritu.

¡Cuántos prodigios y cuánta caridad podréis sembrar en vuestro camino cuando os preparéis como Yo os he enseñado! No necesitaréis libros de ciencia o filosofías para saber ni para enseñar, os bastará estudiar y analizar las enseñanzas que os he dado en los Tres Tiempos.

Estudiad mi palabra con el ahínco con que estudiáis las lecciones de la Tierra y analizándolas descubriréis que lo que creíais insondable, estaba reservado a vuestro espíritu. En estos tiempos el velo de muchos misterios se está descorriendo, muchos secretos saldrán a la luz de la verdad y por ello seré mejor amado y comprendido por mis hijos.

¿Comprendéis por qué siempre os estoy diciendo que analicéis mi palabra y que la estudiéis? Porque solamente en esa forma podrá penetrar en vuestro ser la luz de la persuasión. Entonces sí habrá una transformación total en vuestra manera de sentir, de pensar y de practicar.

Quiero que lleguéis a comprender la importancia que tiene el estudio y análisis de mi palabra, ya que cada frase encierra cuando no una revelación, una profecía; cuando no un juicio, una lección para vuestro espíritu.

El análisis que hagáis de mi palabra y el cumplimiento que le deis, será la mejor obra espiritual que dejéis a las generaciones venideras; ellas os lo agradecerán y Yo os bendeciré.

Todo cuanto en ellas es fue revelado, tiene un sentido divino, aunque os parezca que en algunas ocasiones os están hablando de la vida humana. Buscad su esencia y encontraréis que siempre os están mostrando la vida espiritual.

No os detengáis, demasiado en analizar la letra, que es lo superficial, porque ella puede llevaros a la confusión, penetrad al significado de la palabra y ahí hallaréis la verdad. Procurad que vuestro análisis sea sencillo, como lo es mi palabra, y no compliquéis lo que es diáfano, puro y natural. La mirada humana se detiene siempre en lo exterior; no analiza, de ahí provienen las interpretaciones injustas y erróneas del hombre.

El cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica. (2 de Corintios 3:6)

Oración y meditación es lo que se requiere para el estudio de las lecciones divinas. Quien así busque mi luz, en verdad os digo que pronto la hallará. Ya os he enseñado que con oración se adquiere sabiduría. El discípulo que de esta manera analice mi palabra y que en esta forma consulte a su Maestro, será el que siempre acierte con la verdad y nunca se confunde.

Analizad mi palabra, a fin de que podáis espiritualizaros, porque si no penetráis al fondo de esta doctrina, podréis caer en un nuevo fanatismo. Comprended, discípulos, que en la espiritualidad no tiene cabida el fanatismo, ni el prejuicio, la idolatría o la superstición.

Unificad vuestro análisis y vuestra interpretación de mi palabra, para que vuestro culto y vuestras obras sean las mismas en todos. Analizad mi palabra para que podáis alimentaros con su esencia; para que podáis encontrar mi presencia y sentir mi caricia divina.

Al analizar, procurad ir más allá de la forma de la palabra, y procurad interpretar todo lo que halléis de simbólico o alegórico, buscando la simplificación y la espiritualidad en vuestros análisis, observaciones y estudios; pensando siempre que mañana tendréis que participar de este mensaje a vuestros hermanos, a quienes se lo daréis ya analizado, para que más pronto lo comprendan.

Apartad con tiempo todo símbolo y toda imagen material, pero conservad el sentido de ellos.

Comprended el escaso valor que tienen las formas, si las comparáis con la esencia eterna de lo espiritual. También procurad penetrar poco a poco en esta sabiduría, para que no os parezca imposible la práctica de mis lecciones.

Es menester que analicéis mi palabra, porque si no lo hacéis, veréis misterios en donde el Maestro os habló con claridad y perfección. Dios no tiene misterios para el hombre. Lo que ha sucedido es que unas veces no habéis querido penetrar a la luz y otras, deseáis conocer las revelaciones antes de su debido tiempo. El cieno en que el hombre ha caído es el motivo de que muchas de mis enseñanzas no las haya sabido interpretar debidamente, a pesar de ser ya tiempo de que las comprendiera.

No necesitaréis conocer la ciencia para contestar al científico ni saber teología para responder al teólogo. Una palabra de luz lo ilumina todo y Yo quiero que de vuestros labios broten palabras de luz.

Sólo desde un punto de vista espiritual lograréis encontrar la interpretación justa y verdadera de mi palabra, lo mismo de la que os envié a través de los profetas, que aquellas que os legué por conducto de Jesús, o ésta enseñanza que os entregué por medio de los portavoces del Tercer Tiempo.

A todos los que den a la profecía un sentido material, tendrá que acontecerles lo que al pueblo Judío, que esperaba en el Mesías prometido a un rey poderoso de la tierra, y cuando me vio humilde y manso, no creyó en Mí a pesar de las obras que hice ante sus ojos.

No vayáis en este tiempo a imitar al pueblo judío del Segundo Tiempo, que por ser tradicionalista, conservador y fanático, no pudo comer el pan del Reino de los Cielos que el Mesías le trajo y a quien estaba esperando por siglos y siglos, y llegada la hora no pudo reconocerle porque su materialidad no le dejó ver la luz de la verdad.

De las sectas y religiones del mundo

De las diversas religiones y sectas en el mundo

¿Cuál es la verdadera religión? ¿En dónde está la verdadera sabiduría? Yo os digo: En Dios. Quien me ame y ame a su hermano, ha encontrado la verdad y ha cumplido con la Ley.

Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana. La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo. (Santiago 1: 26-27)

El vacío que los hombres sienten dentro de sus diferentes religiones en este tiempo, se debe a que su espíritu tiene hambre y sed de espiritualidad; no le bastan los ritos y las tradiciones; ansía conocer mi verdad.

¡Cuán poco le dan los hombres a su espíritu a través de sus cultos religiosos! ¡Cuánta sed, cuánta hambre y qué necesidad tan grande de luz tiene el espíritu de la humanidad!

Yo no vengo hablando en contra de ninguna de las religiones, porque todas ellas son benditas en Mí, pero también, debéis comprender, que Yo como Maestro debo señalar los errores que el hombre ha venido cometiendo, para que algún día lleguéis a enmendarlos, porque si Yo no os ayudase a encontrar la verdad, ¿cuándo la hallaríais vosotros solos?

Mi Doctrina del Segundo Tiempo reveló a los hombres la vida espiritual, pero los hombres, en vez de analizar mis lecciones y de cumplir mis preceptos, crearon religiones en torno a mi Doctrina concretándose al cumplimiento de ritos y ceremonias materiales, que no dan luz al espíritu del hombre y sí lo alejan del sendero de su cumplimiento. La Cristiandad se dividió en sectas que no se aman entre sí, que humillan, desprecian y amenazan con falsos juicios a sus hermanos. Yo os digo que son cristianos sin amor, por lo tanto no son cristianos porque Cristo es amor.

¿No creéis que si unas y otras hubiesen comprendido mi Doctrina la hubiesen aplicado a la práctica llevando a la reconciliación y a la paz a los pueblos? Pero no ha sido así. Todas ellas se han mantenido distanciadas unas de otras, distanciando y dividiendo espiritualmente a los hombres, quienes se ven como enemigos o como extraños. Cada quien busca medios y argumentos para demostrar a los demás que él es el poseedor de la verdad y que los demás están equivocados; pero ninguno tiene la fuerza ni el valor para luchar por la unificación de todos, ni tiene la buena fe para descubrir que en cada creencia y en cada culto existe algo de verdad.

¿Entonces las religiones no son la verdad? A lo cual Yo os digo que, si ellas fuesen la verdad, sólo existiría una, porque una sola es la verdad. Cada una encierra una parte de esa suprema luz, todas son caminos que conducen al espíritu y lo acercan a la fuente del saber.

Comprended mi lección, cada religión es una forma de entender la verdad; pero no la verdad misma, por eso veis las diferencias que entre unas y otras existen. De mi Ley, que es semejante a un árbol, los hombres han cortado ramas que son las sectas y las religiones, las cuales por haber quedado desprendidas del árbol han perdido la savia, su sombra ha sido escasa y entre su follaje no existen nidos de amor ni frutos de buen sabor.

Las religiones duermen el sueño de los siglos, sin dar un paso hacia adelante y cuando despiertan es sólo para agitarse en su interior sin atreverse a romper el cerco que se han creado con sus tradiciones. Las distintas religiones han venido sembrando en el corazón del hombre un falso temor hacia el conocimiento espiritual, lo que ha ocasionado que huyan de mis revelaciones y que se vayan hundiendo en las tinieblas de la ignorancia, argumentando que la vida espiritual es un misterio impenetrable.

Inútiles y vanos serán los esfuerzos que las religiones hagan por conservar a sus fieles en la rutina de antiguas creencias y métodos fuera de tiempo, porque nadie podrá detener la luz divina que penetra al fondo de los entendimientos, despertando al espíritu a una Era de revelaciones, de divinas confidencias, de esclarecimientos de dudas y misterios, de liberación espiritual.

Tampoco nadie podrá detener el torrente que habrá de formar la humanidad cuando se levante en pos de su libertad de pensamiento de espíritu y de verdadera fe.

Nadie crea que Yo vengo a arrebatar sus adeptos, fieles o seguidores a las distintas religiones, no, pero ha llegado la hora en que un nuevo tiempo hace su entrada, removiendo lecciones olvidadas, borrando costumbres, creencias y tradiciones inútiles, purificando y despojando al espíritu de toda falsedad, para entregarle el verdadero pan del espíritu que siempre ha cambiado por el rito.

…Aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio… (Mateo 9: 13)

¡Cuántos hay en el mundo que se dedican a guiar espiritualmente a través de las diversas religiones y sectas que existen, y que en lugar de guiar a sus hermanos por la senda de la verdad, los hacen perderse entre tinieblas y los arrojan a los abismos de la ignorancia!

A quienes se dicen ateos no les reclamaré el haberme arrojado de su corazón, sino a los que, falseando la verdad, han mostrado un Dios que muchos no han podido aceptar.

No serán las religiones las que se unifiquen porque sus diferencias no se lo permiten; serán los hombres los que se unan en la Ley de amor, de, justicia y de verdad que solamente procede de Dios.

Al final de la lucha, los hombres ya en paz consigo mismos y con sus semejantes, comprenderán que para alcanzar la meta del saber y experimentar la verdadera paz, es indispensable vivir en comunión con la Ley Divina, que precisamente procede del amor del Creador. Al mismo tiempo comprenderán que no es necesario profesar tantas y tan diversas religiones para poderse conservar en el bien y en la moral, sino que, para lograr entre todos la verdadera armonía y tener una moral que esté más allá de lo simplemente humano basta con llevar en el corazón la palabra que llamáis Doctrina de Cristo y que para abrazarla tendréis que vivirla y amarla con sencillez y humildad. ¡Pero sobre todo practicarla!

La Ley y Doctrina que legué a la humanidad en tiempos pasados, se encuentra oculta y ha sido sustituida por ritos, cultos exteriores y tradiciones.

A esta humanidad le recuerdo las mismas palabras que dije al pueblo judío en aquel tiempo, cuando le hice ver que por cumplir con antiguas y ya inútiles tradiciones, se había olvidado de la Ley.

Respondiendo él, les dijo: ¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición? (Mateo 15:3)

Aquella palabra de vida que sellé con obras de amor y con sangre en la cruz, ya no vive en el corazón de los hombres, está encerrada y muda en los libros envejecidos y empolvados. Y ahí tenéis una humanidad cristiana que ni conoce ni comprende ni sabe imitar a Cristo. Concluid por comprender: ¿Por qué si todos decís que amáis a un solo Dios verdadero, por qué no os amáis y os respetáis los unos a los otros?

De la Doctrina Cristiana

De la Doctrina Cristiana

Han pasado cerca de dos mil años, desde que vine a entregaros mi Doctrina, y a pesar del tiempo transcurrido, aún no ha sido conocida por toda la humanidad, pero a su tiempo habrá de surgir llena de esplendor desde el fondo de los mismos corazones, que antes fueron para ella como un sepulcro. La Doctrina que vengo a enseñaros no es nueva, no digáis que con mi advenimiento, ha surgido una nueva religión en la Tierra. Si os parece extraña mi Doctrina, os digo qué vosotros sois los extraños.

He aquí una página más del Libro de la Vida, escrita por mi caridad; he venido a hablarle a vuestro espíritu porque en todos los tiempos me he comunicado con la humanidad.

Porque tanto Yo como mi Ley, somos inmutables y eternos. Cada vez que vengo a vosotros os encuentro más distantes, más manchados y por lo tanto, más extraviados del camino.

En torno a mi Doctrina, se han creado misterios y dogmas y Yo os digo que el misterio no existe y la ignorancia sí. Esta es mi Doctrina de todos los tiempos. Mirad que teniendo la verdad delante de vuestros ojos, no la habéis comprendido. ¿Cómo podréis vivirla si no la conocéis?

Cuando la humanidad comprenda la verdad de esta enseñanza, su justicia y los infinitos conocimientos que revela, desechará de su corazón todo temor, todo perjuicio y la tomará como norma de su vida.

Yo no he venido a infundiros temor; he venido a inspiraros amor.

Y se admiraban de su doctrina, porque su palabra era con autoridad. (Lucas 4:32)

No deseo esclavizaros con mi enseñanza, porque en ella no existen dogmas, sentencias ni anatemas; quiero que lleguéis a Mí por amor, por méritos, por fe, por convencimiento.

Si verdaderamente penetráis en el sentido de Mi Doctrina, veréis cómo mi palabra de ahora es la explicación y aclaración de cuanto dije en aquel Segundo Tiempo, a través de Jesús.

Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber. (Juan 16:14-15)

¿Por ventura creéis que venga Yo a negarle poder a la Doctrina que en el Segundo Tiempo os traje como mensaje de amor? No, os la vengo a traer nuevamente, porque la habéis encerrado en libros y no la lleváis en el corazón.

Hay quienes juzgan fuera de época mi Doctrina, y esto es porque su materialidad no les permite descubrir el sentido eterno de mis lecciones. Para muchos hombres, Jesús es el personaje de una hermosa y antigua leyenda; cuyos ejemplos no pueden imitarse y ser llevados a la práctica en estos tiempos de materialismo; a lo que Yo os digo, que la palabra y las obras de Jesús el Cristo, no han pasado ni pasarán jamás, porque no pertenecen a una época ni a una nación, ya que la esencia de su Obra en el mundo es el verdadero amor y la humildad y sus enseñanzas, las que necesita la humanidad para su adelanto espiritual.

Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió. (Juan 7:16)

Ya veréis cómo este mundo de ahora, materialista, hostil y egoísta, se transformará, porque mi Doctrina, a veces fuerte como la tempestad y en ocasiones suave como la brisa, arrasará lo impuro y dará vida a la buena simiente para que, los hombres establezcan su futuro sobre cimientos de amor y de armonía.

Sin embargo, no será comprendida al instante; el mundo volverá a juzgarme, esta humanidad volverá a poner la cruz sobre mis hombros; mas ya sé que deberá pasar mi Doctrina por sobre todas estas ingratitudes, para que sea reconocida y amada.

De todo os prevengo porque ya os he dicho que habrá lucha y que mi Doctrina será combatida en muchas formas. Muchos serán los que traten de hacerla desaparecer, mas para que mi Doctrina desaparezca antes tendrá que dejar de existir el último de los espíritus, o sea, el último de los hombres sobre este mundo. Ciertamente mi Doctrina conmoverá al mundo, mas cuando la lucha haya cesado, se sentirá en la Tierra la verdadera paz, aquella que viene de mi Espíritu. Sólo seguirán sufriendo los necios, los reacios de entendimiento y duros de corazón.

La Ley y Doctrina que legué a la humanidad en tiempos pasados, se encuentran ocultas y han sido sustituidas por ritos, cultos exteriores, tradiciones y ceremonias. Mi palabra es como un libro, ha abierto ante vosotros sus páginas para mostraros la sencillez del más allá. Los tiempos en que los hombres cumplían en forma religiosa, olvidándose de la Ley, pasarán porque eso es prevaricar. Mi Doctrina pierde todo su sentido si no la lleváis a la práctica, y por lo tanto, quien la lleve tan sólo en la memoria o en los labios, sin aplicarla a sus obras, está prevaricando.

Veía a los prevaricadores, y me disgustaba, porque no guardaban tus palabras. (Salmos 119:158)

Con cuánta dulzura y amor enseñaron a la humanidad los primeros maestros del Cristianismo. La fuerza de su palabra estuvo en la verdad de sus obras, con las cuales convertían e invitaban a la espiritualidad. Los llamo maestros, porque enseñaron según mi ejemplo. Si alguien ha querido enseñaros obligándoos a creer sin comprender el sentido de mis enseñanzas, ése no es un buen maestro, menos si hace uso de la fuerza privando a sus hermanos de la libertad de pensar, de creer y razonar.

¡Cuánto temor veo en muchos corazones cuando se trata de renunciar a esos hábitos, que habéis creado dentro de mi Doctrina! Y cómo sentís lastimado vuestro corazón cuando se os habla de ellos, sin que queráis comprender que por cumplir con esas tradiciones, abandonáis el verdadero cumplimiento de mi Ley. ¡Cuántos ritos le habéis mezclado, cuántas impurezas, hasta haber llegado a deformarla!

Qué equivocados se encuentran los hombres cuando piensan en Dios a través de la liturgia y las ceremonias. Dios no es ni puede ser lo que el hombre ha edificado en la Tierra.

Mi palabra no detiene la evolución de vuestro espíritu, por el contrario, lo liberta de temores y de prejuicios y le hace contemplar el camino de luz que le espera. Son los hombres los que provocan tempestades. El materialismo, el egoísmo, el orgullo y el amor al mundo, son las fuerzas que se levantan en contra de esta revelación, que no es nueva ni distinta a la que os he traído en los tiempos pasados. La Doctrina que ahora he venido a revelaros, y a la que dais el nombre de Espiritualismo, es la esencia de la Ley y de la Doctrina que en el Primero y Segundo Tiempos os fueron reveladas.

Mas si es de Dios, no la podréis destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios. (Hechos 5:39)

El sentido y finalidad de mi Doctrina es la salvación moral y espiritual de la humanidad. Esta palabra, sencilla y humilde en su forma, pero profunda en su sentido espiritual, volverá a confundir a los sabios en su soberbia y en su vanidad, y les demostrará que a la Doctrina de Cristo, el Salvador, nadie podrá extinguirla, porque Él es la Vida.

¿Veis cómo mi semilla no está perdida? A vosotros que dudáis de ello, os digo que busquéis con la meditación esa semilla, sin esperar a que sea el dolor el que os ponga frente a la verdad.

Cuando la Humanidad conozca mi Enseñanza y penetre en su sentido, depositará en ella su confianza y se afirmará su fe en este certero camino, que es guía para todo ser que quiera vivir en la justicia, en el amor y en el respeto hacia sus semejantes. Cuando Mi Doctrina se asiente en el corazón de los hombres, se iluminará la vida del hogar, fortaleciendo a los padres en la virtud, a los matrimonios en la fidelidad, a los hijos en la obediencia y colmará de sabiduría a los maestros, hará magnánimos a los gobernantes e inspirará a los jueces, para que hagan verdadera justicia; los científicos se verán iluminados y esta luz les revelará grandes secretos para el bien de la humanidad y para su evolución espiritual. Así empezará una nueva era de paz y de progreso.

Muchos aún tendrán que andar de religión en religión, hasta que su espíritu se eleve en conocimientos y lleguen a comprender que la Ley única, la Doctrina Universal y eterna del espíritu, es la del amor, a la cual todos llegarán. Yo los esperaré con los brazos abiertos, tal como estuve en la cruz.

Comed el pan espiritual según lo ofrecen las diferentes religiones; conoced lo que es la ciencia; y escuchad diferentes teorías humanas; pero ahora oídme a Mí: si después de escuchar mi última palabra mi Doctrina no os satisface, id y buscad la verdad en otro sendero. Aquí debe convenceros la luz, el amor, la elevación de mi enseñanza, porque Yo no quiero esclavos del espíritu.

Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. (Galatas 5:1)

La religión cristiana que conocéis en estos tiempos, no es siquiera un reflejo de la Doctrina que mis apóstoles practicaron y enseñaron.

Nuevamente os digo que en aquellos discípulos podéis encontrar modelos perfectos de humildad, de amor, de caridad y elevación. Ellos sellaron con sangre la verdad que pronunciaron sus bocas. De vosotros no pedirá ya sangre la humanidad, para creer en vuestro testimonio; pero os pedirá verdad.

El Templo espiritual

El verdadero Templo de Dios

En aquel Segundo Tiempo dije a mis discípulos. ¿Veis cuán grande, majestuoso y opulento es el templo de Jerusalén? pues de él no quedará ni piedra sobre piedra. Mi palabra se cumplió, porque toda la idolatría y profanación que en él se hacían, las borré con mi doctrina. Yo prometí reedificarlo en tres días, que precisamente se cumplen en este Tercer Tiempo, en que vengo a levantar en el corazón de la humanidad el nuevo Templo, el nuevo santuario construido en lo más puro del espíritu del hombre.

…que dijeron: Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres días reedificarlo (Mateo 26:61)

Por eso os digo que vosotros sois mi Templo, ese santuario que existe en vuestro espíritu y que es donde busco vuestra adoración, donde quiero que mi voz encuentre eco, donde quiero que se levante mi altar y donde Yo pueda habitar por siempre.

Abrid las puertas de vuestro santuario para que Yo penetre a lo más puro de vuestro ser. No vengo a buscar los templos de cantera, vengo en pos del Templo en vuestro espíritu y corazón para morar en él, cuando en vosotros exista la espiritualidad.

Cada quien lleva en su interior un Templo y también vuestro hogar es santuario, porque en él mora la familia humana que es semejante a la familia espiritual. Ahí en el seno del hogar está mi mejor Templo.

El verdadero Templo interior, en el que se levante un altar de amor a mi Divinidad, es un santuario que no será construido con piedras, sino con oraciones, obras de caridad y testimonios verdaderos. No busquéis un lugar determinado para rendirme culto, basta vuestra presencia en cualquier sitio para que sea sagrado, porque en vosotros estoy Yo.

El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. (Hechos 17:24-25)

Vuestro planeta, siendo un átomo en medio de la inmensidad del Universo, tiene por misión ser una imagen de aquel templo armonioso.

Mirad que mi enseñanza, a la vez que es profunda, es sencilla y clara. Ahora estoy levantando un santuario en el corazón de mis hijos, pero en esta edificación he de contar con la ayuda de todos vosotros.

¿A qué santuario se refiere Dios vuestro Padre? Al de vuestro espíritu, que en este tiempo le contemplo en ruinas, mas Yo os ayudaré en su restauración.

¿Quiénes formarán los cimientos de este santuario? Con vuestra unión, formaréis el Templo: Unos por su firmeza, serán cimientos; los que alcancen mayor elevación, serán los muros, otros con su caridad serán escalinatas; y otros más, con su don de palabra, se asemejarán a las campanas que con sus voces llaman a las multitudes. Habrá quienes, por su inspiración, simbolizarán altas torres y cúpulas del recinto; y los que por su amor a la humanidad sean como puertas siempre abiertas al necesitado, al sediento, al enfermo, al incomprendido.

Nadie debe profanar este Templo, ni permitir que en él penetren la idolatría, la codicia, el egoísmo ni la hipocresía.

Mas Yo llegaré a mi Templo para arrojar de allí a los mercaderes como lo hice en el Segundo Tiempo en el templo de Jerusalén y les diré una vez más: «No hagáis de la casa de oración una casa de mercado». ¿Dónde está la mentira? Donde han convertido mi Obra en mercadería, donde han interpretado mal mi palabra dada en todos los tiempos.

Si consideráis que la Creación es un templo donde Yo habito, ¿no teméis que Jesús se presente ahí empuñando el látigo y arroje a los mercaderes y a los que la profanen? ¿De qué os servirían cánticos, oraciones y ritos, si en vuestro interior sólo ocultaseis bajas pasiones? Tengo sed de vuestro amor, no del incienso. Menos lágrimas y más luz, es lo que deseo que haya en vuestra existencia.

Comprended ahora por qué mis apóstoles de aquel tiempo no construyeron templos materiales y sí levantaron templos de fe, de virtud y amor en los corazones, lo hicieron con sus palabras y obras. Cuando, hablaban de la Doctrina de Cristo, levantaban santuarios en el espíritu de las multitudes.

¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? (1ª Corintios 3:16)

El culto espiritual en las religiones

El culto espiritual, en las diferentes religiones

Esta humanidad, que en algunas fases se ha desarrollado, espiritualmente vive en un profundo letargo; porque no ha logrado escudriñar su interior donde existe el verdadero templo. Ese santuario se encuentra desierto, no arde su lámpara, su altar está sin ofrenda, mas Yo os pregunto: ¿A qué se debe todo esto? Porque ha mucho tiempo que el hombre se alimenta con cultos externos, sustituyendo con ello lo que debería ser completamente espiritual.

¿No creéis que ya es tiempo de que los hombres eleven a su Dios, a su Creador, un culto y un tributo digno del que lo recibe y de quien lo ofrece? Si estudiáis u observáis los diferentes reinos de la naturaleza, hallaréis en ellos un número infinito de ejemplos, lecciones y parábolas dignas de que las imitéis; no quiero deciros que los seres inferiores sean vuestros maestros, pero sí os digo que la naturaleza, la vida entera, es un libro cuyo autor es Dios. Ese libro lo he abierto delante de los hombres para que en él contemplen mi perfección, mi amor y mi justicia, no en palabra sino en obra.

No me ofrezcáis las flores o los frutos de vuestros huertos, porque ellos son mi obra y ningún mérito hacéis con dármelos. No es mi voluntad que hagáis imágenes con vuestras propias manos y después las adoréis. Lo que anhelo que me ofrezcáis, es un santuario que llegue hasta Mí, formado con vuestras obras de amor, oraciones y palabras nacidas de vuestro corazón y entregadas en mi nombre a los espíritus hambrientos de verdad: Este es el culto que os pido.

¡Ah, hijos míos de todas las creencias, no deis muerte a los más nobles sentimientos del espíritu, ni tratéis de conformarlo con prácticas y cultos externos! Mirad: Si una madre, no tiene nada material que ofrecer a su amado y pequeño hijo, lo estrecha contra su corazón, lo bendice con todo su amor, le cubre de ósculos, lo mira dulcemente, lo baña con sus lágrimas, pero jamás trata de engañarlo con actos vacíos de amor.

Mirad la magnificencia de lo que os rodea: Las altas montañas simbolizando altares en perpetuo homenaje al Creador, el astro sol como inmensa lámpara alumbrando la vida de los seres; lo majestuosos del mar, la belleza de las flores, el canto armonioso de las aves, elevando al Padre sus trinos que son como plegarias, y en medio de ese esplendor, vuestro espíritu en éxtasis, ante el concierto de la palabra divina.

Mi doctrina os enseña un culto perfecto, espiritual y puro hacia el Padre, porque el espíritu de la humanidad ha llegado, sin darse cuenta, ante los umbrales del templo del Señor, donde penetrará para sentir mi presencia, para oír mi voz a través de su conciencia y verme en la luz que a su mente desciende. Mas, ¿por qué habéis de ofrecerme las riquezas materiales si de antemano sabéis que todo es mío? Dadme lo que no poseo aún: vuestro amor.

Mi enseñanza ha venido a iluminar vuestro entendimiento y ahora sabéis que la obra, los sentimientos y la limpidez de corazón, son la mejor forma de rendir culto al Padre.

Tampoco quiero que encerréis vuestro culto en recintos materiales, porque aprisionaréis vuestro espíritu y no lo dejaréis abrir sus alas, para conquistar la eternidad. El altar que os dejo para que celebréis en él el culto que Yo espero, es la vida, sin limitación alguna, más allá de todas las religiones, de todas las iglesias y las sectas, porque existe en lo espiritual, en lo eterno, en lo divino.

Habéis penetrado en el tiempo del Espíritu, el de las grandes revelaciones, en el que desaparecerá de todo culto la materialización, la impostura y la imperfección, en que todo hombre, a través de su espíritu, reconocerá a su Dios que es Espíritu, y por ese camino encontrará la forma de la comunicación perfecta.

¿Para qué me sirve, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y de sebo de animales gordos; no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos. ¿Quién demanda esto de vuestras manos, cuando venís a presentaros delante de mí para hollar mis atrios? No me traigáis más vana ofrenda; el incienso me es abominación; luna nueva y día de reposo, el convocar asambleas, no lo puedo sufrir; son iniquidad vuestras fiestas solemnes. Vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas solemnes las tiene aborrecidas mi alma; me son gravosas; cansado estoy de soportarlas. (Isaías 1:11-14)

Las imperfecciones en el culto de los hombres desaparecerán a medida que la espiritualidad penetre en los corazones y que el espíritu, cansado de falsos dioses, busque mi presencia y mi palabra; no me llamarán ya en las riberas de los ríos, ni en las montañas, ni en el valle o el desierto, me buscarán en el fondo de su espíritu, y ahí formarán un templo en donde me amarán.

Oración, Padre nuestro

Explicación espiritual de la oración del Padre nuestro

Escucha Oh Dios, mis palabras; considera mi gemir. Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío, y Dios mío, porque a ti orare. (Salmos 5:2)

Humanidad, volved a Mí, empezad por orar como Yo os enseñé, para que sintáis la paz de mi llegada; orad espiritualmente, delante de Mí, sintiendo aquellas frases que os enseñé y que dicen: ¡Padre nuestro que estás en los cielos! ¡Cuántas veces estas palabras, que son una invocación para mi presencia, las habéis pronunciado sin sentirlas!

Al deciros que os elevéis espiritualmente, no borro de vuestro corazón aquella oración modelo, sólo quiero que en vez de hablarme con los labios lo hagáis, con el pensamiento y que en lugar de concretaros a repetir una por una las frases que componen esa oración, os inspiréis en ellas para que los pensamientos que forméis en vuestro espíritu, lleven, como el Padre Nuestro, amor, humildad, fe, respeto, conformidad y confianza en el Padre.

En el Segundo Tiempo mis apóstoles me preguntaron cómo debían orar, y les enseñé la oración perfecta, que vosotros llamáis el ¡Padre Nuestro! Ahora os digo a vosotros: inspiraos en esa oración, en su sentido, su humildad, en su fe y esencia, para que vuestro espíritu se comunique con el mío, porque no deben ser ya los labios materiales los que pronuncien aquellas benditas palabras, sino el espíritu el que me hable con su propio lenguaje. En este tiempo he venido a explicaros el sentido espiritual de esta oración.

Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis. Vosotros, pues, oraréis así… (Mateo 6:5-9)

¡Padre nuestro!

Cuando me llamáis Padre, cuando ese nombre brota de vuestro ser, en el cielo se escucha vuestra voz y al arcano le arrancáis un secreto, pero no dejéis que sean solamente los labios los que me llamen Padre, porque muchos hacéis esto maquinalmente. Quiero que cuando digáis Padre nuestro, dejéis que esa oración brote de lo más puro de vuestro ser, meditando cada una de sus frases para que luego quedéis inspirados y en perfecta comunión Conmigo. Nadie se avergüence de llamar Padre a Dios, al Creador, porque ése es su verdadero nombre.

Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé? Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros. (Éxodo 3:13-14)

¡Qué estás en los cielos!

Ciertamente, Yo habito en los cielos; mas no en aquel lugar determinado que habéis imaginado. Yo habito en los cielos de la luz, del poder, del amor, del saber, de la justicia, de la felicidad, de la perfección y la armonía. Estoy en el Más Allá, sí; pero Más Allá del pecado humano, del materialismo, y de la soberbia, de la ignorancia y de la pequeñez; porque os hablo de tal forma que vuestros sentidos me perciban y vuestra mente me comprenda, no porque llegue Yo de otros mundos o moradas, ya que mi Espíritu habita en toda la Creación.

Unos dicen que Dios está en los cielos, pero no saben lo que dicen ni comprenden lo que creen. El Cielo es la felicidad suprema a dónde llega un espíritu por el camino de su perfeccionamiento, en donde no existe el pecado ni el dolor.

Mucho habéis luchado y mucho tiempo habéis necesitado para transformar vuestras creencias y conceptos, y aún tendréis que esforzaros más para alcanzar la meta espiritual a que os he destinado y que es la de conocer a vuestro Padre, amarle y rendirle culto a través del espíritu; hasta entonces comenzaréis a presentir la verdadera gloria del espíritu, aquel estado de elevación, de armonía, de paz y bienestar que son el paraíso verdadero a donde todos habréis de llegar.

¡Santificado sea tu nombre!

Deberéis de santificar mi nombre con vuestras buenas obras, con la regeneración de vuestra vida, con la obediencia a mi Ley y practicando el amor y el perdón entre vosotros. Entonces sí podéis decir que habéis entendido mi Doctrina y comprendido mi voluntad.

Obras, palabras y oraciones, son los medios que debéis de emplear para cumplir con la misión de servir y amar a vuestros hermanos. Cuando miréis en cada semejante un hermano, cuando hagáis desaparecer la diferencia entre unos y otros y os perdonéis de corazón, entonces sí estaréis santificando mi nombre.

No queráis hacer grandes obras sin estar preparados; procurad alcanzar mayor espiritualidad, pues así, una palabra, una oración o una obra de caridad, podrán hacer mayores prodigios que aquellos que en vuestra vanidad pudieseis haber deseado realizar.

…sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros; (1ª De Pedro 3-15)

¡Venga a nos tu reino!

Desde tiempos pasados os he dicho que mi “Reino no es de este mundo”, y de cierto os digo que espiritualmente tampoco es la Tierra vuestra morada. El Reino del Padre está en su luz, en su perfección, en su santidad; ésa es vuestra verdadera morada, ésa es vuestra heredad. Recordad que os he dicho que sois los herederos del Reino de los cielos. Quien juzgue extraño que Yo deje mi Reino por venir en busca de pecadores, de cierto no me conoce. Dejo a los justos, porque ellos están a salvo y todo lo poseen, vengo hacia los desheredados, los perdidos, porque también son mis hijos, a quienes amo como a los justos y porque quiero llevarles a mi Reino.

Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí. (Juan 18-36)

Comprended que del Reino de la paz, vengo al valle de lágrimas; de la mansión de los justos, desciendo a conversar con los pecadores. No traigo corona ni cetro de rey, vengo lleno de humildad a comunicarme con vosotros.

¡Hágase Señor tu voluntad!

¿Cómo se hace la voluntad de Dios? Primero, logrando vuestra armonía interior y luego armonizando con toda mi Obra. Os digo esto porque si os juzgaseis con sinceridad, prevalece más vuestra voluntad que la mía.

Sé, desde antes de que elevéis vuestra plegaria, lo que me vais a pedir, lo que os hace falta, y sólo os concedo aquello que es para vuestro bien, porque vosotros mismos no sabéis qué es lo que os conviene. Si confiáis en Mí y estáis conformes con mi voluntad, Yo os daré lo que os hace falta y vuestro corazón os hará notar que lo que habéis recibido es lo justo, lo que necesitáis, y me concederéis razón para regir vuestro destino.

Orad con humildad y dejad que en vosotros se haga mi voluntad, porque no siempre lo que pedís es lo justo, lo noble o lo bueno. Ahí Yo seré quien os dé lo que os convenga, para que tengáis una vida apacible y feliz.

Quiero que aprendáis a orar, a conversar con vuestro Padre Celestial, meditando y sintiendo todo aquello que queráis comunicarme, con aquel fervor y verdad con que os enseñó Jesús; mas no imitéis a los que diariamente repiten una y más veces: Hágase Señor tu voluntad, así en la tierra como en el cielo, y en realidad no saben lo que dicen, porque en verdad no están conformes con mi voluntad.

Aprended a pedir y también a esperar, sabiendo que nada escapa a mi caridad; confiad en que mi voluntad se manifieste en cada una de vuestras necesidades y pruebas.

Orad en los momentos de prueba, con una oración breve pero limpia y sincera, y os sentiréis confortados, y cuando logréis estar en armonía con vuestro Señor, podré deciros que mi voluntad es la vuestra y vuestra voluntad es la mía.

Ahora os enseño la oración espiritual, la que no brota de los labios, sino de lo más profundo de vuestro espíritu y que con humildad y confianza me dice: «Señor, hágase en nosotros vuestra voluntad».

Porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre. (Marcos 3:35)

¡El pan nuestro de cada día!

Recordad que os dije: «No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra de Dios», queriendo enseñaros con ello que en vuestro ser existe una naturaleza a la cual no podréis alimentar tan sólo con lo que en este mundo poseéis, sino que tendréis que buscar para satisfacerle aquello que existe más allá de lo material, es decir, de lo que sólo se encuentra en la región perfecta de donde procede el espíritu de vuestro Padre.

Sé que existe en vosotros hambre y sed que no son materiales, y para reconfortaros, os ofrezco el agua y el pan para vuestro espíritu.

Aquí me tenéis nuevamente en el Tercer Tiempo, vengo a entregaros el pan de la vida eterna del cual comerá la humanidad.

En el Segundo Tiempo, Yo fui a los corazones, en otras ocasiones, ellos me buscaron; pero en todos los casos, mi amor como ahora, es el pan de vida eterna, que les entregué en la esencia de mi palabra.

Fue en una de esas veces, cuando el Maestro realizó el milagro de los panes y de los peces, como una demostración de que cualquier pan alcanzará cuando sea repartido con amor y sin distinciones, porque la conformidad y la fraternidad serán también un sustento.

El pan con que representé mi cuerpo, fue tan sólo un símbolo. Hoy os digo, tomad el pan de mi palabra, bebed el vino de su esencia y os sustentaréis eternamente.

Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer. Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. (Juan 6:31-33)

¡Perdónanos nuestras deudas!

Yo os enseñé la oración del Padre Nuestro, para que inspirados en ella, recurrieseis a vuestro Padre en vuestras necesidades y tuvieseis siempre presente la promesa de la venida de su Reino; para que a Él acudieseis en demanda de perdón, consultando con vuestra conciencia si antes ya habíais perdonado en la misma forma a vuestros deudores.

Recordad aquel ejemplo de oración que os di en el Huerto de los Olivos, al invocar ante el Padre el perdón para la humanidad. Se postró el cuerpo de Jesús ante el Padre Celestial, mas no ante imagen alguna, y elevé mis palabras a los cielos, las mismas que legué a la humanidad.

Cuántas veces me habéis prometido perdonar a vuestros hermanos, sea cual fuere la ofensa que os hiciesen, me habéis pedido fuerzas para poder cumplir y os las he dado; mas cuán pocas veces habéis cumplido con vuestras promesas.

Vuestra conciencia que pide y espera de vosotros obras perfectas, será la que no os deje tranquilos hasta que sepáis practicar con vuestros hermanos el verdadero perdón.

Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador, Y grande en misericordia para con todos los que te invocan. (Salmos 86:5)

¡No nos dejes caer en tentación!

La tentación os inspira odio, rencor, bajas pasiones y materialismo y el hombre que es débil por naturaleza, sucumbe ante sus propias obras insanas e indignas.

Mas no por ello culpéis de vuestras faltas y caídas a determinado ser que personifique esa fuerza; pensad que para cada tentación existe una virtud en vuestro espíritu, para combatir el mal.

Os enseñé en aquel tiempo a vencer las tentaciones del mundo y a la muerte, haciendo que el amor y la verdad salieran triunfantes. Ahora quiero que me imitéis, que arrojéis de vuestro corazón las pasiones, para que ahí, en vuestro interior, se aloje la paz de mi Espíritu Divino y me invitéis a tener en vosotros mi santuario. Mas cuando hayáis vencido el mal, os sorprenderéis al comprender que la tentación la habéis formado con vuestras pasiones, tendencias, debilidades y pecados.

Comprended que si queréis dominar vuestras pasiones y rechazar la atracción que el mundo ejerce sobre vosotros, en mi palabra podéis encontrar la luz y la fuerza para hacerlo.

Yo sólo os digo: velad y orad, para que no caigáis en tentación.

Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. (Mateo 26:41)

¡Líbranos de todo mal!

¿De qué sirve que Yo os sane y aparte vuestro dolor, si no apartáis de vosotros vuestros errores, pecados, vicios e imperfecciones? No es el dolor el origen de vuestros males, sino vuestros pecados. ¡He ahí el origen del dolor! Combatid el pecado, apartadlo de vosotros y seréis sanos, mas eso a vosotros corresponde hacerlo, Yo sólo os enseño y os ayudo.

El mal, que es el conjunto de todos los pecados humanos, de los vicios y de la ignorancia, ha imperado por mucho tiempo sobre los hombres, mas es mi voluntad que ellos mismos destruyan ese poder. Para ello Yo les ayudaré, les prestaré mi espada, para que con ella venzan al mal. Ese poder caerá destrozado, su influencia será rechazada de todos los corazones, sus voces serán desoídas y sus indicaciones ya no serán obedecidas. El espíritu se emancipará y estará sobre el pecado, la materia se doblegará por fin y las pasiones llegarán a ser contenidas.

Humanidad: ¿Os parece imprevisto el dolor, la miseria y el caos que os envuelve en este tiempo? Si estáis sorprendidos, es porque no os interesasteis por mis profecías y no os preparasteis. Todo estaba previsto y todo estaba anunciado, pero faltasteis a la fe y ahora apuráis las consecuencias como un cáliz muy amargo.

A quienes me piden con verdadera angustia que os libre de cuanto os acecha, amenaza y aflige, a todos estos Yo os digo como lo hice en aquel tiempo: «¿Qué puede temer el que está Conmigo?» No os alejéis de Mí y os sentiréis seguros en cualquier tiempo y en cualquier sitio. Si teméis, es que, o no estáis en el camino, o estando en él, habéis debilitado en vuestra fe.

¿Y quién es aquel que os podrá hacer daño, si vosotros seguís el bien? (1ª De Pedro 3-13)

Si queréis que una ley más elevada, venga en vuestra ayuda, no sólo para libraros del dolor, que es lo que más teméis, sino también a inspiraros los nobles pensamientos y buenos sentimientos, orad, llamadme, e id luego a vuestro camino a luchar para ser cada vez mejores, para ser fuertes en las pruebas, en una palabra, para llegar a pagar con amor la deuda que tenéis con vuestro Padre y con vuestros semejantes. No desmayéis ante la lucha, ni os desesperéis si aún no contempláis ningún resultado de vuestra labor. Reconoced que vuestra misión es luchar hasta el fin; y solamente así cumpliréis con una mínima parte en esta obra de regeneración y de espiritualidad entre vuestros hermanos.

Vosotros podéis hacer mucho. Con un poco de buena voluntad apartaréis las ruinas, los escombros de un pasado de errores y profanaciones, dejando de ello sólo la luz de una experiencia larga y dolorosa. Si os esforzáis por conduciros por el el camino de los buenos sentimientos, para que vuestra mente se ocupe en las virtudes y vuestros labios sean el fiel instrumento de la verdad e inspiración que germine en vuestro espíritu. Yo os bendeciré y os haré vislumbrar la luz de aquel reino de paz que entre todos construiréis. En esa forma os libraréis de muchas tentaciones.

La oración espiritual

¿Qué es la oración espiritual y cómo se hace?

Ha llegado el momento del silencio y de vuestra comunicación Conmigo, para que así como se confunden en el mar las olas, vosotros os unáis a mi Espíritu Divino; silencio no solamente en los labios, sino también en vuestro templo interior porque es con vuestro espíritu con quien deseo conversar y el momento es solemne.

Hace mucho tiempo que no habláis Conmigo porque hasta la oración, que es el lenguaje que debe emplear vuestro espíritu para hablar con su Señor, ha sido olvidado. Es un idioma desconocido para los hombres de este tiempo. La verdadera oración no es practicada en este tiempo por la humanidad, de ahí que haya tenido que formar oraciones para repetirlas maquinalmente cuantas veces le es necesario.

Yo os digo que la oración es el idioma del espíritu, a través de ella vuestro corazón me habla, se queja, me pide, llora y se fortalece; pero a veces, cuando vuestro ser se encuentra lleno de gozo o se siente inundado de paz, entonces la oración se convierte en un himno espiritual que llega hasta la altura de mi Reino y al cielo le arrancáis un secreto.

Debéis practicar la oración en cualquiera que sea la condición en que os encontréis, con el fin de que sepáis invocar mi ayuda en los trances más difíciles de vuestra vida, sin perder la serenidad, la fe en mi presencia, la confianza y el dominio sobre vosotros mismos.

La verdadera oración, es permitir que vuestro espíritu se eleve libremente hacia Dios vuestro Padre, en entregaros con plena confianza y fe en aquel acto; en recibir en vuestro corazón las sensaciones recogidas por el espíritu; en aceptar con verdadera humildad la voluntad del Padre. La oración es baluarte, arma y escudo del espíritu, refugiaos siempre en ella y no seréis débiles, ya que es el medio revelado a vuestro espíritu para llegar hasta Mí con vuestras interrogaciones, inquietudes, anhelos de luz y con vuestra gratitud.

La oración es una gracia que Dios ha entregado al hombre para que le sirva de escala para elevarse, de arma para defenderse, de libro para instruirse y de bálsamo para ungirse y sanar de todo mal. En la oración encontraréis la forma de prevenir algún peligro, de resolver un problema, de solucionar una confusión.

En aquella hora de bendita comunicación espiritual, se aclararán todos vuestros sentidos y os sentiréis más dispuestos e inclinados a hacer el bien. Los padres de familia se inspirarán a través de la oración para conducir a sus hijos. La salud la recibirán los enfermos por medio de la oración. Los gobernantes resolverán sus grandes problemas, y el hombre de ciencia recibirá las revelaciones también por medio de este bendito don.

No olvidéis que más tengo que daros que vosotros que pedirme, y que mientras vosotros estáis pidiendo al Padre que os dé, Yo os estoy pidiendo que sepáis recibir. Debo deciros que el día que sepáis llegar con vuestras peticiones hasta la altura de lo espiritual, vuestra dicha al recibir mi caridad será incomparablemente mayor, porque el que sabe pedir, tendrá naturalmente que saber recibir. Recordad la lección en la que os dije: Pedid, pedid que se os dará. Ahora vengo a deciros: Aprended a pedir.

Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan? (Lucas 11: 9-13)

¿Qué podéis presentarme, ya sea en vuestro corazón o en vuestro espíritu que Yo no contemple? ¿Qué sufrimiento, anhelos, inquietudes o secretos podéis ocultarme? Ninguno. Entonces aprended a orar espiritualmente, a confesaros interiormente delante de Mí, a confiar en mi providencia y en mi caridad para que dejéis penetrar en vuestro corazón esa paz que tanta falta le hace.

Vosotros pedís para ahora mismo. Yo os doy para el futuro. Vosotros pensáis en vuestro mejoramiento material. Yo pienso en vuestro perfeccionamiento espiritual.

Practicad diariamente la oración espiritual, porque además de penetrar en una comunión íntima con vuestro Maestro y de experimentar una paz infinita en aquellos instantes, ella, representa la mejor ocasión para que recibáis mis divinas inspiraciones, en ellas encontraréis la explicación de todo aquello que no hayáis comprendido o que hayáis entendido mal.

En la oración hallaréis consuelo, inspiración y fuerza, ella os dará la dulce satisfacción de poder hablar íntimamente con Dios, sin testigos ni mediadores; Dios y vuestro espíritu, reunidos en ese dulce momento de confidencias, de comunicación espiritual y de bendiciones.

Intercesión y gratitud

¿Os duele verdaderamente la situación que atraviesa la humanidad? ¿Siente vuestro corazón el dolor de las naciones que se destrozan con la guerra? En los instantes de vuestra oración la guerra se apacigua, los corazones descansan, las madres encuentran consuelo y los niños refugio.

Los hogares que viven en paz, deben orar por los hogares destrozados. Las viudas que han encontrado la resignación y consuelo, acompañen en pensamiento a las que van sin rumbo enloquecidas de dolor.

Si anheláis paz para un pueblo, no es necesario que vayáis hasta él, haced la paz en vuestro corazón y en vuestro hogar y esto bastará para que reflejéis en el espíritu de ese pueblo la concordia y la unificación. Que vuestras penas no os hagan olvidar a los que viven en continua desesperación y angustia. Grandes son vuestras aflicciones y dificultades en la vida diaria, mas no podéis compararlas con aquellas que agobian a algunos de vuestros hermanos.

Debéis aprender a entender a quien lleva oculta una herida y a sentir los sufrimientos de aquellos que, por estar distantes, no podéis contemplar. Entre estos últimos debéis de considerar a los que habitan otros pueblos y naciones, a los que moran en otros mundos o en el más allá. No temáis si algún día os olvidáis de vosotros y sólo os acordáis de los demás, porque nada habréis perdido. Sabed que quien ora por los demás, lo está haciendo por sí mismo.

En este tiempo de gran lucha espiritual, acompañad a los hombres con vuestra oración. Si los veis llorar, no unáis vuestro llanto a la causa que a ellos hace llorar, pero llorad por ellos. Pensad en que hay muchos de vuestros hermanos que no oran y sí sufren. Cuando paséis junto a un extraño a quien no podáis dirigir palabra alguna, pero sintáis conmovido vuestro corazón y vuestro espíritu eleve su oración, presentándome el sufrimiento de aquel hermano vuestro, Yo le daré lo que necesita, porque habéis depositado en Mí su dolor.

Quiero también enseñaros a cumplir vuestros deberes para con vuestros hermanos, quienes gobiernan en el mundo: Si queréis que sus determinaciones sean favorables y justas para sus pueblos, debéis ayudarlos con la oración. A quienes comprendan mi palabra y la practiquen en su vida, os encargo orar por todos los que en su materialismo alteran el sentido de la verdad, y que orgullosos y fuertes se ríen de los que aún, acordándose de Dios, elevan a Él sus preces. Creen tener en sus manos el destino de la humanidad ignorando que también se encuentran bajo mi divina justicia. Ellos necesitan como nadie de vuestras oraciones y de vuestra ayuda espiritual.

A estos hombres perdonadles todo el dolor que os causan y ayudadles con vuestros pensamientos limpios a razonar. No hagáis en torno a ellos más densa la niebla que les rodea, porque cuando tengan que responder de sus actos, también llamaré a responder a quienes en vez de orar por ellos, sólo les enviaron tinieblas con sus malos pensamientos. ¡Por ello quiero que veléis, por eso quiero que oréis, que perdonéis y que améis!

Tened piedad por aquellos que se han hundido en el cieno del vicio; otros, porque no conocen la luz de la verdad y otros porque viven huérfanos de amor o porque tienen hambre y sed de justicia y de paz. Por ellos rogad; pero sobre todo, haced algo que alivie su dolor o mejore su vida. Entonces sí, estaréis entendiendo mi Doctrina, comprendiendo mi sacrificio e interpretando mi voluntad.

Si la humanidad estuviera unida en la verdadera oración y confiara en ella, bastarían unos momentos cada día de meditación, para detener la maldad y el dolor manifestado en tantas y diversas formas.

No sólo oréis cuando os encontréis atravesando por alguna prueba dolorosa, orad también cuando estéis en paz, porque será entonces cuando vuestro corazón y pensamiento puedan ocuparse de los demás. Tampoco pidáis solamente por los que os han hecho bien o por aquellos que no os hayan causado ningún daño, pues ello, siendo meritorio, no lo es tanto como si veláis por los que en alguna forma os hubiesen causado perjuicios. Sabed orar, no sólo en vuestras horas de congoja, sino también en vuestros momentos de alegría. A Mí sólo me ofrecéis lágrimas, penas y tristezas; pero en vuestras alegrías me olvidáis, cuando vuestro corazón esta de fiesta, entonces me cerráis sus puertas.

Cuando elevéis una oración de gratitud, acompañadla de obras que confirmen aquel sentimiento. Esta es la forma a través de la cual podéis ofrecer a vuestro Padre un verdadero tributo de adoración, de amor, de humildad, y de obediencia.

Si así lo hacéis humanidad, Yo haré que este mundo se levante limpio de su lepra, también haré surgir vida de la muerte; lograré que del odio broten frutos de reconciliación y que de la locura surja la razón.

El poder de la oración

¡Si los hombres de este tiempo comprendiesen el poder de la oración, cuántas obras sobrehumanas, realizarían! Pero viven una época de materialismo, en el que hasta lo divino tratan de materializarlo para tocarlo y poderlo ver.

Si tuvieseis una fe grande y un conocimiento mayor sobre la fuerza de la oración, cuántas obras de caridad haríais con vuestro pensamiento; pero no le habéis concedido todo el poder que ella tiene y es por eso que muchas veces no os dais cuenta de lo que rechazáis en un momento de sentida y verdadera oración.

Aprended a orar, porque con la oración podréis hacer mucho bien. Es la oración escudo y arma contra todas las acechanzas, con ella, os defenderéis; pero sabed que esa arma no debe herir ni lastimar a nadie, porque su única misión es brillar en las tinieblas.

Os digo que oréis, porque aquel que no ora, se entrega a pensamientos superfluos, materiales y a veces insanos, con lo cual, sin darse cuenta fomenta y alimenta las guerras homicidas; mas cuando oráis, vuestro pensamiento como si fuera espada de luz, rasga los velos de oscuridad y los lazos de la tentación que hoy están aprisionando a muchos seres, satura de espiritualidad el ambiente y contrarresta las fuerzas del mal.

Orad, pero con verdadera fe en el poder de la oración, con una fe tan grande que supere la fuerza de las armas con que vuestros hermanos combaten en la vida y destruyen la paz de sus semejantes. El pensamiento y el espíritu, unidos para orar, crean en el hombre una fuerza superior a toda fuerza humana.

¿No os he enseñado que hasta los elementos desatados pueden escuchar vuestra oración y apaciguarse? Si ellos obedecen a mi voz, ¿Por qué no han de obedecer la voz de los hijos de Dios, cuando ellos se hayan preparado? Todos los que han alcanzado milagros, todos los que han dado pruebas de poder espiritual, así han orado. Así lo hicieron los patriarcas de los primeros tiempos: de espíritu a Espíritu; así oró Moisés en el desierto y Daniel en el foso de los leones.

Así vine Yo en Jesús, a fortalecer al hombre en el conocimiento de la oración verdadera, probando ante sus ojos el poder de la oración espiritual. Jesús oró en el desierto ante la multitud y multiplicó los panes y los peces, maravillando a los hombres. Oró ante el sepulcro de Lázaro y dio pruebas de que la oración nacida de la fe y de la caridad, da salud y vida. Oró ante sus discípulos, revelándoles el poder que el hombre adquiere cuando sabe, ponerse en comunicación con su Padre.

Este estado de elevación no es privilegio tan sólo de algunos seres, es un don que está latente en todo espíritu, pero siempre me ha sido grato servirme de aquellos que han sabido hacer uso de esa gracia. Dos requisitos tan sólo necesitáis para haceros dignos de tal caridad: el primero es vuestra manera de vivir, recta, útil, inspirada siempre en el bien y en la caridad, y una fe que os haga superiores a todo cuanto haya en la Tierra, que os dé fuerza para que, llegado el instante os aleje de un peligro, os eleve por sobre toda miseria, os haga insensibles al dolor y os ayude a vencer aún a la misma muerte.

En verdad os digo, que con bondad y fe, lograréis hacer obras poderosas y sobrehumanas, con las que deis en este tiempo el mejor de los testimonios sobre la fuerza de la oración y del amor. Este será el tiempo en el que los hombres se den cuenta del poder de la oración y para que ella, tenga verdadera fuerza y luz, es menester que con amor la elevéis a Mí.

No olvidéis que para que la oración resulte efectiva, vuestra fe tiene que ser firme, grande, que la caridad sea la esencia de vuestra elevación. Si al orar, vuestra mente está limpia y se ha alejado de todo el materialismo que la rodea, Yo os concederé lo que pidáis para vuestros hermanos. Veréis entonces con admiración cómo en vuestros labios se desborda el consuelo para el que sufre. Vuestra labor será fructífera y bendita porque estaréis practicando mi lección de amor.

Si todos los hombres orasen, nunca perderían la senda de luz trazada por Mí. Por la oración, sanarán los enfermos y volverá la salud y la paz a los espíritus. En la oración, el débil se fortalece, el cobarde se reviste de valor, el ignorante se ilumina, el torpe se despeja. Por la oración se logra la paz, se adquiere sabiduría, se obtiene salud, se comprende lo profundo, se ilumina la mente y se fortalece el espíritu.

¡Cuán diferente es la conducta del que se olvida de orar y de velar! Voluntariamente renuncia a defenderse con las mejores armas que en el hombre he puesto, que son la fe, el amor y la luz del saber.

Os inspiro la verdadera lucha en contra del mal y os revelo cuál es el arma más poderosa e invencible, para que triunféis, aconsejándoos que primero limpiéis vuestro corazón para que luego os elevéis hacia Mí, os llenéis de luz y de fortaleza, para luego enviar vuestros pensamientos como destellos luminosos entre los pueblos sin paz y los hombres sin esperanza.

El materialismo

El materialismo, en la vida de la humanidad

¡Cuánto se ha rebajado la humanidad en su materialismo, cuánto ha tenido que llorar por su indiferencia hacia lo elevado, hacia lo puro y verdadero!

¡Hasta dónde se ha hundido el hombre en su materialismo, llegando a negar a quien todo lo ha creado! ¿Cómo ha podido la mente humana ofuscarse a tal grado? ¿Cómo ha podido vuestra ciencia negarme y profanar la vida y la naturaleza, como lo ha hecho?

Hoy, muchos hombres juzgan fuera de época, mi Doctrina, porque su materialidad no les permite descubrir el sentido eterno de mis lecciones. ¿Por ventura es una prueba de adelanto y de civilización el negar mi existencia, mi amor y mí justicia? No estáis entonces más adelantados que los hombres primitivos, que supieron descubrir en cada elemento y en cada maravilla de la naturaleza la obra de un ser divino, superior, sabio, justo y poderoso, al que atribuyeron todo bien y por eso lo adoraron.

Os enseñé a dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César, mas para los hombres de ahora, sólo existe el César y a su Señor nada tiene que ofrecerle. Si al menos le dieseis al mundo lo justo, vuestras penas serían menores; pero el César que habéis puesto delante de vuestras acciones, os ha dictado leyes absurdas, os ha convertido en esclavos y os quita la vida sin daros nada en compensación.

Ya disteis mucho tiempo vuestro tributo al César, ahora dadme lo que es mío; ya gozasteis mucho con las satisfacciones del mundo y ya es tiempo de que preparéis vuestro viaje a la eternidad, porque nadie sabe si ha de volver o no a este mundo.

Yo sé por qué os hablo en esta forma, porque mi mirada descubre a aquellos hombres que necesitan que así les hable. Son los materialistas, los que no ven más allá de donde alcanzan sus ojos a mirar, sin creer que más allá de su mente y de sus sentidos es donde comienza la eternidad, la verdad y la sabiduría. Ved a la humanidad perdiéndose en los vicios, en la perversidad y en el crimen; ved a los hombres consagrados a una vida de materialismo y egoísmo; las mujeres se han familiarizado con el pecado que reina en todas partes, pierden su virtud y su delicadeza, el hogar que es el templo del hombre, es profanado porque de él desaparece la luz, el calor y la paz.

Este desastre proviene de la materialización en que ha caído la humanidad. Si habéis relegado al espíritu a último término y antepuesto a él las pasiones de la materia y las ideas de la muerte, natural es que hubieseis llegado a obtener el resultado que hoy estáis mirando.

Hasta ahora, sólo lo que habéis encontrado con la mente y palpado con los sentidos, es lo que para vosotros existe; pero vendrá el momento en que comprendáis que los verdaderos valores existen en vuestro ser espiritual, que no habéis querido reconocer.

Si Yo os he hablado que debéis de apartaros de la lujuria y de materialismo, siempre me he referido a bajas pasiones, a vicios, a frivolidades o al uso de lo superfluo y de lo malo. El amor al mundo, la codicia por el terreno, el deseo de la carne, el deleite de todos los bajos deseos, el egoísmo, el amor por si mismo y el orgullo, han sido la fuerza con que habéis creado una vida según vuestra inteligencia y vuestra voluntad humana, cuyos frutos os he dejado recoger para que vuestra experiencia llegue a ser absoluta.

Buscad vuestro progreso dentro de la vida humana, mas nunca os dejéis dominar por desmedidas ambiciones, porque entonces perderéis vuestra libertad y os esclavizará el materialismo.

En este tiempo tendrán que oírme los orgullosos y los necios, los materializados y los incrédulos, y en su corazón que ha sido como tierra estéril para mi simiente, volveré a sembrar hasta que de las rocas broten flores. Sé que los materializados se escandalizarán al conocer esta Doctrina; pero su conciencia les dirá que mi palabra sólo habla de la verdad.

Os hablo así, porque nadie mejor que Yo conoce la evolución de vuestro espíritu y sé que esta humanidad, a pesar de su gran materialismo, de su amor por el mundo y de sus bajas pasiones desarrolladas hasta el máximo, sólo en apariencia vive aferrada a la carne y a la vida material. Yo sé que en cuando sienta en su espíritu el toque amoroso de mi amor, vendrá presto a Mí para despojarse de su carga y seguirme por el camino de la verdad que, sin darse cuenta, mucho desea recorrer.

Las pruebas por las que atraviesa vuestro mundo, son las señales del final de una Era, son el ocaso o la agonía de un tiempo de materialismo, porque materialismo ha habido en vuestra ciencia, en vuestras ambiciones y en vuestros afectos. Materialismo ha habido en vuestro culto hacia Mí y en todas vuestras obras.

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