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Atributos espirituales

Dones y facultades del espíritu

No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales. (1a corintios 12:1)

El libro del saber se abre para revelaros cuántos dones y atributos poseéis, muchos de ellos todavía desconocidos por vosotros. El hombre ignora quién es, por lo que no sabe cuánto atesora en su espíritu. Se ha concretado a desarrollar sus facultades humanas, pero las del espíritu las ha ignorado por su falta de interés en lo que es elevado y noble.

Ya descubriréis en vuestro ser algo más que los órganos de vuestro cuerpo y ellos son los dones, facultades, potencias y atributos del espíritu, los cuales han dormido en el hombre por muchos siglos. Ni sustancia ni forma les encontraréis, por lo que os digo, que no será vuestra ciencia la que os descubra estas facultades porque pertenecen al espíritu.

¿Cómo han de descubrir los hombres los dones que su espíritu tiene, si su corazón está ansioso de poseer tan sólo las riquezas de la Tierra? Nadie se sorprenda de estas revelaciones, comprended que estáis aproximándoos a la plenitud de los tiempos.

La luz de mi Espíritu ha venido a revelaros todos los dones que se ocultan en el fondo de vuestro ser, todo lo que desde vuestro origen habéis llevado con vosotros sin presentirlo. Os he hecho saber que ya es tiempo de que os conozcáis verdaderamente, de que os encontréis a vosotros mismos y conozcáis vuestra heredad para que seáis grandes de espíritu.

Esos dones son: la videncia, el presentimiento, la intuición, el sueño profético, inspiración, clarividencia, curación, análisis, palabra, libre albedrío, sensibilidad, revelación, comunicación de espíritu a Espíritu y profecía. Los dones fueron depositados en vuestro espíritu desde el instante de vuestra formación.

Hay, sí, diversidad de dones espirituales, mas el Espíritu es uno mismo. Hay también diversidad de ministerios, mas el Señor es uno mismo. Pero los dones visibles del Espíritu Santo se dan a cada uno para la utilidad. Así el uno recibe del Espíritu Santo el don de hablar con profunda sabiduría; otro recibe del mismo Espíritu el don de hablar con mucha ciencia; a éste le da el mismo Espíritu una fe o confianza extraordinaria; al otro la gracia de curar enfermedades por el mismo Espíritu; a quién el don de hacer milagros, a quién el don de profecía, a quién discreción de espíritus, a quién don de hablar varios idiomas, a quién el de interpretar las palabras, o razonamientos… Porque así como el cuerpo humano es uno, y tiene muchos miembros, y todos los miembros, con ser muchos, son un solo cuerpo, así también el cuerpo místico de Cristo. (1ª de Corintios:12:4 al 12)

Por medio de ellos confirmarán los hombres que un nuevo tiempo se ha abierto ante la humanidad.

Desarrollo de los dones

No hay nuevos dones en este tiempo para vuestro espíritu, todo lo lleváis en vosotros desde el instante en que brotasteis de Mí.

Todos poseéis los dones del espíritu, que están comenzando su desarrollo en este Tercer Tiempo, por la evolución que han alcanzado los espíritus. La intuición, la videncia, la revelación, la profecía y la inspiración, se están manifestando en forma clara entre la humanidad y es ello el anuncio de un nuevo tiempo, es la luz del libro de los Siete Sellos, abierto en este tiempo en su sexto capítulo.

Los atributos del espíritu son inmutables porque son virtudes de mi Divinidad, son fuerzas eternas. Mas comprended que, según hayáis vivido, así será mayor o menor la pureza que podáis demostrar a través del desarrollo de vuestros dones.

Los dones y potencias que poseéis, no los habéis podido aprovechar debido a vuestra ignorancia; más si en alguno de mis hijos se han manifestado en forma espontánea o natural, no ha faltado quien lo juzgue anormal o le atribuya poderes ocultos y perversos.

Con lo que ahora os he dicho, podréis ya comprender que no os será posible, en una sola existencia, desarrollar en toda su capacidad los dones de que está formado vuestro espíritu, porque siendo ellos parte de un ser que pertenece a lo eterno, que es parte de lo infinito, es natural que en una vida tan efímera, como es la vida del hombre en la Tierra, no alcancéis a mirar el desarrollo completo de algunos de vuestros dones.

Sin embargo, debo aclararos que no por saber que en la presente existencia no podréis alcanzar el máximo desarrollo de vuestros dones, vayáis a flaquear en vuestro ahínco de lograr vuestra evolución. Por el contrario, pensad que si en una sola existencia pudieseis contemplar el desarrollo completo de vuestros dones espirituales, éstos serían muy pequeños.

Ha llegado el tiempo que os profetizó Joel; mas debo advertiros, que esos dones que ahora habéis visto surgir de vuestro ser, no os fueron dados hasta ahora, han venido sufriendo una transformación junto con vosotros desde el principio de vuestro espíritu y ahora, en este tiempo, Yo os envié a la Tierra a recoger el fruto de vuestra evolución.

Y después de esto sucederá que derramaré yo mi Espíritu Divino sobre toda clase de hombres; y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos tendrán sueños misteriosos, y tendrán visiones vuestros jóvenes. (Joel 2: 28)

No se debe lucrar con los dones

A todos les he dado en su principio los mismos dones, pero mientras algunos han sabido elevarse y ser grandes por medio del desarrollo de su virtud, otros se han estacionado y otros se han extraviado.

¡Ay, de los que busquen la adulación, las vanidades y el dinero! ¡Ay, de aquellos que se crean dioses, porque solo provocarán gran confusión! No olvidéis que los poderes divinos sólo están con los humildes y que nunca descienden para halagar las vanidades humanas.

Hay quienes creen conocerse porque al saber los muchos dones que el hombre posee en su espíritu, se yerguen ante los ignorantes, se envanecen de su propia grandeza, se enseñorean y al fin acaban perdiéndose entre las tinieblas de su orgullo. No saben que el espíritu tiene en la conciencia el arcano de Dios y que para penetrar en él hay que hacerlo con respeto.

No hagáis ostentación de vuestros dones y conocimientos de la verdad que lleváis. Yo os digo, que, si eso hicierais, os expondríais a ser sometidos a grandes pruebas por vuestros hermanos.

¿Por qué hay quienes apartándose de los principios de espiritualidad que les he trazado, de dar amor y caridad sin interés alguno, van vendiendo los servicios que hacen a través de dones que nada les costaron?

Debo deciros que si os interesa que vuestras obras tengan valor delante de Mí, no tendréis que pedir nada en cambio de ellas a vuestros hermanos.

He venido a revelaros los dones espirituales que poseéis y a enseñaros el uso que de ellos debéis hacer, para que nunca los toméis para hacer obras que no estén dentro de mi Ley porque entonces en vez de entregar luz, sembraríais tinieblas y confusión.

Yo no vine a maravillar o a sorprender a los hombres con aquello que sirviera sólo para asombro de su entendimiento, como algunos que se hacen admirar de los hombres como seres superiores, haciendo aparentes milagros y que, sin embargo, no son capaces de convertir a un pecador.

Yo no he venido a enseñaros ciencias superfluas o sorprendentes; Yo os he revelado mi existencia y el porqué de la vuestra. Os he descubierto que el fuego que da vida y todo lo anima, es el amor; es el principio de donde han brotado todas las naturalezas.

Estudiad bien estás lecciones para que no vayáis a buscar a los falsos profetas y videntes de este mundo y en ellos creáis. No olvidéis que sois mis hijos y si sabéis vivir en armonía Conmigo, no necesitaréis preguntar a vuestros hermanos ni consultar los libros ni los astros, porque Yo hablo a vuestro espíritu por medio de la conciencia y si la escucháis os regiréis con sabiduría y sabréis vivir cumpliendo con mi voluntad.

Así como en todos los tiempos la vida del hombre se ha dividido en Eras o Edades, y cada una de ellas se ha significado por algo, ya sea por sus descubrimientos, por las revelaciones divinas que dentro de ella han recibido los hombres, por el desarrollo del sentido de lo bello, a lo cual llamáis arte, o por su ciencia; así os digo, que este tiempo se significará por el desarrollo de los dones del espíritu, esa parte de vuestro ser por la que debíais haber empezado a cultivaros, para evitaros tantos males y errores.

Fe, amor y espiritualidad, son las tres virtudes que harán invencibles a los soldados y apóstoles del Tercer Tiempo. Esas virtudes estuvieron presentes en todos aquellos siervos, que desde los primeros tiempos testificaron mi existencia, mi presencia, mi Ley y mi verdad.

Entre esos siervos podéis encontrar a los patriarcas, a los profetas, a los apóstoles y a los mártires; pero no han sido ellos los únicos en la historia de la humanidad, ha habido muchos más, que en diversos caminos han venido a desempeñar su misión y a testificar mi verdad, resistiendo todo género de ataques, burlas, persecuciones y calumnias. Mas su fe, su indulgencia para quienes les han herido, su amor constante y fiel hacia sus hermanos, amor inspirado en su Señor, les ha hecho vencer al dolor, la injusticia y la muerte.

¿Cómo podríais explicaros la resignación de los mártires ante sus verdugos? ¿Cómo podríais concebir la paciencia y la serenidad ante las persecuciones de todos los que me han amado y seguido? Preparación espiritual es lo que necesitáis, mas cuando estéis practicando mi Palabra, causaréis conmoción en la vida de vuestros hermanos, porque se manifestará en vosotros el espíritu con todos sus dones y potencias.

Virtudes, potencias y atributos

VIRTUDES, POTENCIAS Y ATRIBUTOS

Reconoced en vosotros la semejanza que tenéis Conmigo, para que en cada una de vuestras obras esté mi Imagen.

Abrid vuestros ojos, penetrad con la mirada espiritual y contemplad mi esplendor. Mirad cómo se abre la puerta que dejará pasar a los SIETE ESPÌRITUS que he confiado a la humanidad, siete virtudes, las cuales es mi Voluntad que alienten siempre en vosotros: el amor, la humildad, la paciencia, el orden, la serenidad, la perseverancia y la caridad. Todas ellas elevan, purifican y perfeccionan al espíritu. Dejad que aniden en vuestro corazón y experimentaréis la felicidad. Ése es vuestro tesoro, la herencia que buscabais, las virtudes que estaban ocultas y olvidadas.

Debo deciros que aún son débiles vuestros cimientos, porque no vivís de acuerdo con mi Ley: sólo sobre una verdadera moral y una virtud acrisolada, podréis levantar vuestro templo interior.

Las virtudes han sido menospreciadas, pero ha llegado el tiempo en que comprendáis que sólo ellas os salvarán y llenarán de satisfacciones. Si ponéis de vuestra parte todo vuestro amor para que ellas florezcan, tendréis el mérito de haber preparado el camino para el advenimiento de las nuevas generaciones, que traerán al mundo un mensaje de felicidad.

Voy a convertir los corazones en fuentes de caridad inagotable, a llenar de inspiración las mentes y de verbo los labios, voy a daros la potestad para disipar las tinieblas y vencer el mal. Entonces veréis surgir en vosotros las virtudes que permanecían ignoradas en el espíritu. ¿Quién cerrará la puerta al que llame, poseyendo tales atributos? ¿Qué caminos podrán parecerle escabrosos y largos, a quien goce de mi fortaleza? ¿Qué tiempos podrán parecerle inclementes, si sobre los mismos elementos tiene potestad?

Es mi Voluntad llevaros a vivir en otros planos, donde vibraréis en armonía con los espíritus elevados, para que sigáis escalando la montaña de la elevación espiritual sin deteneros. Cuando os levantéis dispuestos a seguirme, no volveréis a ser indolentes ni apuraréis ya el cáliz de amargura, amaréis la vida y estaréis unidos a todos vuestros hermanos.

Yo recibo a los que elevan a Mí un canto de esperanza y fe. Bendito sea el que tenga por ideal seguir mis pasos y engrandecer su espíritu.

Me habéis encontrado dentro de vosotros, en la morada donde siempre he habitado; habéis descubierto allí un santuario, el cual guarda un altar de amor, una ofrenda de humildad y una lámpara cuya flama no apagarán ni las más violentas tempestades: la fe.

Hoy Cristo os dice: el milagro de transformarse por mi Palabra, se hace realidad a través de la fe. Para alentaros en esta virtud y probaros la verdad de mi Palabra, realizaré ante vosotros esas obras que llamáis milagros o prodigios y que son el premio para quienes saben penetrar con paso firme en mi camino.

La fe es una fuerza que levanta, transforma e ilumina; por ella puede el hombre remontarse hasta la altura del Creador; es la mirada espiritual que ve más allá del corazón y la mente y descubre la verdad.

Fortaleced vuestro espíritu en mis Enseñanzas y comprobaréis que cuando existe fe, no puede haber cansancio, temor ni cobardía. Cuando seáis firmes en esa virtud, no necesitaréis palpar con los sentidos de la carne, la presencia del mundo espiritual que vibra sin cesar en torno de vosotros, porque entonces será el espíritu el que la perciba con su sensibilidad sutil.

Tened fe, aunque sea del tamaño del grano de la mostaza, y veréis grandes prodigios. Hoy os digo como en el Segundo Tiempo: ordenad a una montaña que cambie de lugar y seréis obedecidos. Mandad que la furia de los elementos cese, y lo veréis realizado; decid en mi Nombre a un enfermo que sane y se verá libre de enfermedad. Pero no es suficiente que digáis: Tengo fe. Con ello no basta. La fe es indispensable, pero debéis revestiros de fortaleza y llevar mi Palabra no solo en los labios, sino en vuestras obras.

En verdad os digo que lo imposible no existe. Cuando estéis enfermos, habladme con verdadera fe y confianza, y Yo, que habito en cada uno de vosotros, que sé lo que necesitáis y sentís, os daré según sea mi Voluntad.

Volverán a hablar los mudos y a ver los ciegos, a caminar los paralíticos y a resucitar los muertos. Estos milagros serán espirituales para unos y materiales para otros. Sorprenderé a los hombres de ciencia, y al preguntar éstos, cómo han logrado mis enviados el prodigio, por toda respuesta declararán que ha sido por medio de la oración y la fe.

Cuando sintáis el temple necesario para tomar la cruz, id a los hogares y llevad mi Palabra, cruzad los caminos y surcad los mares. Yo iré delante de vosotros preparando el sendero.

Os dejo como antorchas entre la humanidad. Por vuestras obras se encenderá la fe en muchos corazones.

He aquí entre vosotros a los hijos de la duda junto a los hijos de la fe; los que me desconocen y los que me siguen: unos apegados al materialismo y otros esforzándose por lograr la espiritualidad. He aquí la primera causa de vuestra división en este tiempo.

Yo soy el consuelo y la luz del mundo. Os sigo en vuestra fe o en vuestra duda, porque sé que el que me niegue, al fin será conmigo, abrumado por el peso de la verdad. Pero Yo os digo, que más vale estar llenos de incertidumbres y negaciones, que de afirmaciones falsas o mentiras que toméis como verdades. Menos daño os hace la negación sincera, que nace de la duda o la ignorancia, que la afirmación hipócrita de una falsedad. Es mejor la duda limpia, de quien tiene hambre de saber y comprensión, que la firme creencia en un mito cualquiera. Es mejor la Incertidumbre desesperada que a gritos pide la luz, que la firmeza fanática.

Hoy abundan por doquiera los increyentes, los desconfiados y amargados. Son rebeldes que muchas veces ven más claro que los demás: que no sienten el ritualismo, ni les convencen las afirmaciones de quienes dirigen espiritualmente a la humanidad: porque sus complicadas teorías no llenan su corazón sediento de aguas puras que calmen su angustia. Ésos que juzgáis rebeldes, tienen en sus preguntas más luz que los que, creyéndose grandes o sabios, las contestan. Sienten, ven, palpan, oyen y entienden con más claridad, que muchos que se dicen maestros en las lecciones divinas.

La contienda se aproxima. Lucharán la fe de unos, contra el escepticismo de otros; la moral de unos, contra la maldad de otros. Y como en los tiempos pasados, mi caridad estará con los hijos que confíen en Mí, para ayudarlos a realizar obras prodigiosas, en espera de que los desobedientes a mi Ley, comprendan su error.

En estos tiempos ya no debéis ser los hombres de fe ciega, que no razonan ni analizan. Vuestro espíritu ha crecido y quiere saber, quiere profundizarse en todo conocimiento, el tiempo es propicio y os he enviado mi Luz como Espíritu de Verdad, para esclarecer y explicar todos los misterios, como os lo había prometido en el Tiempo pasado.

Vuestra fe será verdadera cuando esté cimentada en la verdad. No caminéis entre la duda y la fe, porque nunca podrán ser firmes vuestros pasos ni sólidas vuestras determinaciones. Tampoco me pidáis pruebas para creer, porque no sabéis en qué forma mi Justicia podrá probaros.

No os deis por vencidos, no os confeséis nunca fracasados, no os dobleguéis ante el peso de vuestros sufrimientos, tened siempre encendida ante vosotros la lámpara de vuestra fe: esta virtud y vuestro amor os salvarán.

El que tiene fe, lleva paz y bondad en su corazón, es rico espiritualmente y de nada carecerá su materia, porque nadie ha sido nunca defraudado en su fe.

Mi Doctrina no sólo enseña a tener fe en el poder del Padre, sino a que tengáis fe en vosotros. Quien sea mi verdadero discípulo, recibirá siempre la luz y la fuerza de su Señor.

Tener fe y practicar el amor y la espiritualidad, harán invencibles a los apóstoles del Tercer Tiempo. Esos atributos estuvieron presentes en todos mis siervos, que desde los primeros tiempos testificaron mi Existencia, mi Ley y mi Verdad.

La serenidad y la paz es de los hombres de fe, de los conformes con la voluntad de su Padre, los que en lugar de pedir me dan gracias, porque el que pide, no ha reconocido que le he dado lo suficiente, y el que me da gracias, es que está convencido de que tiene más de lo que merece.

Sed humildes, sencillos, modestos, pero revelad siempre una fe firme y un celo inquebrantable para defender mi Doctrina. Venid a Mí, humanidad. Yo soy el Consolador prometido que en este tiempo de caos os ha traído un mensaje de paz. Por lo mucho que habéis llorado y sufrido, derramo en vosotros mi Consuelo y mi Amor.

¡Cómo se ensombrece el camino del que apaga su lámpara de fe o pierde la confianza en Mí! Vosotros, que estáis velando, orad por el mundo que duerme.

Soy el defensor de los débiles que oran en medio de su impotencia e ignorancia. Soy la esperanza que calma al que sufre; soy el dulce Pastor que acaricia suavemente a la oveja que gime en su dolor y la consuela.

Ayer pensabais en la muerte, porque habíais perdido la esperanza y la fe; no había en vuestro ser la luz que os guiara por el sendero de la vida verdadera.

Hoy os digo: no debilitéis en la fe ni en la esperanza. Tened siempre presente que en Mi habéis tenido vuestro principio y que el fin, lo tendréis también en Mí que soy la eternidad, porque no existe la muerte del espíritu.

Alimentad siempre en vosotros la esperanza de un mañana mejor. No os dejéis invadir por la melancolía y la desesperación: buscad en Mí la respuesta a vuestras dudas y pronto os sentiréis iluminados por una nueva revelación; la luz de la fe y la esperanza se encenderá dentro de vuestro espíritu. Entonces seréis baluarte de los débiles.

Quiero que estéis fuertes, que no retrocedáis al primer tropiezo, ni temáis a ningún enemigo. Os preparo para que hagáis prodigios y convirtáis a vuestros hermanos en mis seguidores.

Preparaos, id en mi Nombre a propagar esta Doctrina, enjugad el llanto de los que sufren, dad valor al débil, levantad al caído y rescatad al perdido. Llevad la luz por doquiera. Muchos me reconocerán en su vida humana y otros, cuando se encuentren en el Valle Espiritual.

Calla vuestro labio y no se queja el espíritu en este instante, toda la amargura la convertís en esperanza en Mí y en perdón para vuestros hermanos. Pero Yo no vengo sólo a traeros bellas esperanzas, sino a concederos grandes realidades.

Mirad cómo los hombres, viviendo en el tiempo de la luz, van tropezando y cayendo como si caminasen en tinieblas. Ha vuelto el caos, porque la virtud no existe y donde no hay virtud, no puede haber verdad. Mirad sus heridas, sentid su desconsuelo, asomaos a su espíritu y si tenéis amor y caridad hacia ellos, si probáis su cáliz de amargura, lloraréis de dolor y os sentiréis llenos de piedad. Surgirá entonces en vuestro corazón, un impulso noble y elevado que os moverá a ser los sembradores incansables de esta simiente en el mundo.

¿Sabéis cuál es la virtud por la cual pueden alcanzar los hombres mayor gracia? La caridad, porque ella ennoblece su corazón y da ocasión al espíritu para desbordarse de amor hacia sus semejantes. Muchas veces la entregaréis secretamente, sin ostentación, pero habrá ocasiones en que tenga que ser vista por vuestros hermanos para que aprendan a impartirla.

¿Queréis conquistar espíritus? Llegad a ellos con el bálsamo de mi Palabra y la unción de vuestra caridad. Los campos están llenos de miseria, dolor y enfermedad, que sólo esperan una semilla y un poco de riego para florecer. Dad a la humanidad el secreto de la salud y la felicidad, decidle que es menester que vuelva a la sencillez, a la pureza de pensamientos y a la oración, y en esa práctica encontrará todo cuanto pueda desear. Siempre que extendáis vuestra mano para entregar caridad, descenderá mi efluvio y percibiréis que el ambiente se satura de exquisito perfume, que emanará de vuestras buenas obras. No habrá uno de vosotros, por duro que sea su corazón, que en esos instantes no se dulcifique.

Yo traigo para la humanidad, una enseñanza que la llevará a la realización de obras de verdadera caridad, de utilidad espiritual, obras por las cuales serán los hombres recordados y bendecidos por las generaciones futuras. Sólo la huella de las obras que encierran verdad, será imperecedera en el mundo, porque se aproxima la hora del juicio en que toda obra que no esté fincada sobre cimientos de verdad, será destruida.

Formad un pueblo unido, fraternal y amante de la verdad y las buenas prácticas, que sepa regocijarse con la llegada de nuevos hermanos, que les dé la bienvenida con una sonrisa en los labios, con verdadera caridad en el corazón y con una oración en el espíritu. Les daréis la enseñanza que habéis acumulado, les enseñaréis el verdadero sendero, el que Yo os he trazado. No Importa que vuestros conocimientos aún no sean muy profundos, si vuestra caridad es grande, haréis verdaderos prodigios.

He querido formar con vosotros una verdadera familia, en la que todos os améis y ayudéis en vuestros sufrimientos, para que aprendáis a hacer caridad. Y cuando ese sentimiento se haya desarrollado y madurado en vuestro corazón, sepáis levantaros en el camino de la lucha a ofrecer sus frutos a los necesitados de amor y de luz.

Dad oportunidad a vuestro espíritu de que se recree en la contemplación de las bellezas del espíritu y en la práctica de las Leyes Divinas. No toméis la vida humana ni el trabajo material como los únicos medios para tener bienestar. No os encerráis en el amor de vuestra familia, porque vuestras tierras son más extensas. El egoísmo no es semilla de Dios, mientras éste exista, el dolor perdurará.

El discípulo que cimiente su labor en la práctica de la caridad verdadera, que además de llevar el alivio a los males del cuerpo, encienda la luz de la fe e imparta conocimientos espirituales, aquél que olvidado de sí mismo, consagre unos instantes al servicio de sus semejantes, ése hará sentir mi Doctrina y mi Presencia en sus hermanos, a través de sus obras: su parcela será fértil y su cosecha buena y abundante.

Es necesario que aprendáis a mirar fuera de vosotros, más allá de vuestros afectos; haced que la bondad despierte en vuestro corazón para que podáis cumplir con el máximo mandamiento de amaros, que está escrito en vuestra conciencia.

La verdadera caridad, es la mejor dádiva que podáis entregar a los necesitados. El que siente piedad por el que sufre, ése merece llamarse siervo de Dios.

Hay muchos espíritus que sufren, infinidad de seres que esperan una mano compasiva que los sane, una palabra de consuelo o un ejemplo que los redima. Yo os he donado con un caudal de bienes espirituales, para que calméis el hambre de amor, de sinceridad y justicia que padece la humanidad.

Aprended a dar sin esperar recompensa alguna, haced la caridad y seguid adelante. Todo lo que hagáis en mi Nombre lo veréis realizado y en ello tendréis el mejor pago.

La compensación existe en toda mi Obra. Quien da, recibe; quien niega, al fin tendrá que perecer de necesidad. Cuanto más deis, más veréis multiplicada vuestra heredad; cuanto más améis, más grandes seréis en la virtud. Quiero que comprendáis mi Doctrina, cuyos cimientos son el amor y la caridad.

Si no tenéis en lo material, nada que compartir con vuestros hermanos, dejad que vuestro espíritu ofrezca de lo mucho que posee, mas reconoced que cuando sea necesario que vuestra caridad se dé en forma material, no dejéis pendiente el cumplimiento de este deber.

Ved cómo cuanto os rodea, cumple con la misión de dar. Los elementos, los astros, todos los seres, desde lo más grande hasta lo imperceptible, tienen el don y el destino de dar. ¿Por qué queréis libraros de esta obligación si sois los más dotados de la gracia Divina de amar? Dad sin condición, siempre tendréis algo que dar.

Es necesario que intiméis con el que sufre y lo comprendáis. Sentid el dolor de los demás y dejad de ser indiferentes a las pruebas por las que atraviesa la humanidad, sin hacer distinciones de color, lengua o ideología. Debéis contemplar en cada uno de vuestros semejantes, la imagen de vuestro Padre, que es Universal.

Os estoy acercando al culto espiritual, simple y sencillo, para que en vez de perderos en prácticas externas, os concretéis a cumplir con lo esencial, que es la caridad.

Vengo a invitaros para que brilléis Conmigo, para que seáis la luz del mundo, mis colaboradores en esta divina tarea, para que preparéis la sementera con piedad y misericordia, como Yo os he enseñado.

El mundo se encuentra cansado de palabras, doctrinas y filosofías, hambriento de amor, por eso os digo que una obra de caridad, aunque sea pequeña, pero sincera, sentida y verdadera, podrá más que mil sermones o discursos de bellas palabras, pero vacías y faltas de verdad y amor.

A todos os he dado el pan, sin embargo, a unos los contemplo satisfechos y a otros hambrientos. Es porque no compartís el fruto de vuestro trabajo ni vuestro hogar, con los demás. Cuidaos de entregar una caridad aparente, no llevéis en vuestro corazón el egoísmo. Haced cuanto bien podáis, sin interés personal. Tenéis que olvidaros de vosotros, para pensar en los demás.

Pedidme y Yo haré prodigios entre la humanidad. Si me pedís fuerza, llevadla. Si necesitáis bálsamo, recibidlo. Si tenéis un problema grave, Yo os concedo la solución. Si me presentáis pobrezas, llevad las llaves del trabajo y el pan de cada día. Si tenéis amargura, enjugad en mi manto vuestras lágrimas, sentid mi Caricia y levantaos a la vida espiritual con nuevas fuerzas.

No pongo limites a nadie, mi Obra la daréis a conocer de acuerdo con vuestra preparación. La práctica de la caridad será para vosotros la mejor experiencia y por esa virtud, os elevaréis hasta la cumbre de la espiritualidad.

A vuestro paso vais a encontrar cuadros de miseria y dolor, vais a cruzaros con los muertos vivientes, con los poseídos por seres en tiniebla, con los que tienen el corazón empedernido y han caído, víctimas de sus pasiones. Llegad hasta ellos, no temáis al contagio ni a las malas influencias. No olvidéis que estáis protegidos por mi gracia. Id a su encuentro y por medio de vuestros consejos y oraciones, hacedlos llegar al Doctor de los doctores. Entonces ellos, vosotros y Yo, seremos uno en esa hora de comunión espiritual.

Discípulos: Los que sabéis de privaciones, de frío y orfandad, que vibráis junto con la humanidad que tiene hambre y sed de justicia, venid a Mí y juntos visitemos en espíritu a los enfermos, a los tristes, a los pobres y olvidados del mundo y llevemos el alivio a sus necesidades.

No dejéis para el último momento la práctica de la caridad, no sea que lleguéis con muy escasos méritos, ante la puerta del Reino del Espíritu y no podáis entrar.

Bienaventurado el que se desprenda de lo que lleva en su alforja, porque la caridad que entregue a su hermano le será multiplicada.

Os dejo esta lección que encierra ley y justicia, para que imitando a vuestro Maestro, llevéis la paz donde esté la guerra y la caridad donde exista el egoísmo. Sed en la vida de vuestros hermanos, como estrellas que guíen sus pasos.

He venido una vez más a los humildes, porque son los que entienden mejor mis Palabras.

Estos pobres a quienes no ha deslumbrado el falso brillo del mundo, son los que tienen intuición, los que presienten, los que sueñan, los que dan testimonios espirituales; Yo los he buscado para abrir ante sus ojos el libro de la sabiduría, colmando así sus anhelos de saber; les he hecho sentir mi Presencia y la proximidad del Mundo Espiritual, como un premio a su esperanza y a su fe.

La humildad es luz del espíritu, la carencia de ella es oscuridad en él. La vanidad es fruto de la ignorancia. El que lleva en su ser verdadera modestia y humildad espiritual, es grande por sus virtudes.

En este tiempo asombraré nuevamente al mundo con mi humildad, de la que os he dado las primeras pruebas, buscando en vosotros la sencillez y el recogimiento, para manifestar mi Mensaje.

Esta forma de comunicación, es una prueba de humildad que he dado a mis hijos. A Cada paso os enseño esta virtud, porque es una de las que más debe practicar el espíritu. A unos les he dado un origen humilde en el mundo, para que imiten en su vida al Maestro, a otros, les he proporcionado comodidades materiales y abundancia, para que también imiten a Cristo Jesús, que siendo Rey, supo dejar su solio para venir a servir a los pobres, a los enfermos y a los pecadores.

Nunca consideréis inferior a nadie, porque todos, después de lograr los méritos necesarios, llegaréis a la mayor altura espiritual.

¿Cuándo seréis capaces de descender de vuestro trono para confundiros con los pobres y necesitados, a darles calor y sustento? En verdad os digo, que tan grande es el mérito del que sabe descender de su posición para servir a sus semejantes, sean los que fueren, como del que se eleva desde su vida humilde e ignorada hasta la altura de los justos, por el camino del amor.

Cuando tendáis la mano a vuestro hermano, no os sintáis superiores a él, sensibilizad vuestro corazón y sabed ser comprensivos. No sólo goza el que recibe la prueba de afecto, la ayuda o el consuelo, sino también el que lo da, porque sabe que sobre él, hay Uno que le ha dado pruebas de amor y humildad. Mientras más deis, más tendréis en vuestra alforja. En cambio, si nada compartieseis de lo que habéis recibido del Padre, vuestro espíritu quedará desnudo y el corazón vacío.

Tened siempre presente que todos sois iguales ante Mí, que tuvisteis el mismo principio y llegaréis al mismo fin, aunque exteriormente cada destino sea diferente.

Amad, para que seáis amados; perdonad, para que seáis dignos de ser perdonados. Estad dispuestos a inclinaros ante aquéllos que han sido vuestros siervos, para que os probéis en vuestra humildad; pero no confundáis la humildad con la pobreza material, porque vais a encontrar a muchos pobres que llevan soberbia en su corazón.

El orgullo y la vanidad, pertenecen al mundo, son propios de la materia y con ellos baja el hombre al sepulcro. El espíritu sólo conserva lo que puede llevar a las alturas, lo que puede resplandecer en la luz.

He puesto grandeza en el hombre, pero no la que él busca en el mundo, la grandeza de que os hablo está en el amor, en la humildad y la caridad.

Destruid vuestro orgullo, para que os volváis humildes ante vuestros hermanos; en la humildad encontraréis el triunfo del espíritu y en la vanidad, su derrota.

Rechazad la adulación, porque es arma que destruye vuestros sentimientos nobles, espada que puede dar muerte a la fe que he encendido en vuestro corazón.

No seáis frívolos ni vanidosos, no améis los primeros lugares, como lo hacían los fariseos, para enseñorearse ante el pueblo y recibir honores. Sed humildes delante de los que se sienten superiores, y aquél que ante vosotros se considere pequeño, hacedle comprender que no es menos que vos.

Todos seréis grandes cuando alcancéis la verdadera humildad, cuando practiquéis el verdadero amor.

¿De qué podéis envaneceros si nada es vuestro en la Tierra? Yo todo os lo confié, en la misma forma en que lo hace con sus labradores el que da sus tierras a sembrar: reparte entre ellos la responsabilidad del cultivo y el cuidado de su campiña, para luego, al recoger la cosecha, dar a cada quien la parte que le corresponde.

Mientras los pueblos tuvieron por ideal el trabajo, la lucha y el progreso, supieron de la abundancia, del esplendor y el bienestar; mas cuando el orgullo les hizo sentirse superiores, cuando su ideal de superación fue cambiado por la ambición insaciable de desearlo todo para sí, comenzaron a destruir paso a paso cuanto habían construido, y acabaron por hundirse en el abismo; por lo cual os digo, que es justo que surja en el mundo un pueblo de grandes ideales, el cual, consciente siempre de sus buenas obras, no se envanezca de ellas.

Del verdadero conocimiento de mi Doctrina nacerá en vosotros la humildad, porque os sentiréis pequeños ante vuestro Creador y, a pesar de ello, tan agraciados y donados por Él, que no osaréis levantar vuestra mirada al Padre, si consideráis que se encuentra impura.

Cuanto más pequeños os creáis, más grandes seréis. No está la grandeza en la soberbia y la vanidad. No busquéis para vuestra envoltura un trono, ni un nombre que os distinga de los demás, sed uno más entre los hombres.

Sed humildes ante vuestro Señor y seréis grandes en espíritu. Los hombres os dirán que, mientras Yo os hago postreros, ellos os harán primeros y grandes en la Tierra, más no les creáis.

Los que alcancen la mayor comunicación espiritual con mi Divinidad serán los más humildes. En este camino de humildad, existen placeres, satisfacciones y tesoros de gran valor para el espíritu. Bienaventurado el que sepa estimarlos.

El Tabernáculo y la Ley están en vuestro corazón. A vosotros, mis pequeños, os revelaré lo que los sabios no han llegado a comprender.

Aprended a ser los últimos, para que seáis los primeros ante Mí. Os quiero humildes de corazón, sencillos y virtuosos. No os dejéis seducir por las falsas glorias de la Tierra, que sólo sirven para desviar al espíritu del camino recto. Buscad siempre el sitio donde podáis ser útiles y no el que os haga aparecer como notables. Haced que la verdadera modestia os acompañe siempre.

Experimentad en vuestro corazón el gozo de sentiros amados por vuestro Padre, quien no ha venido nunca a humillaros con su grandeza, sino a manifestaros su humildad perfecta.

Si os he hecho primeros, no os convirtáis en postreros, ocupad vuestro lugar y conservad esta gracia hasta el final de vuestro destino.

Vengo a enseñaros a bendecir de corazón y espíritu a todo y a todos. ¿Qué pasaría si los hombres se bendijesen aun sin haberse visto nunca? Reinaría la paz perfecta en la Tierra y sería inconcebible la guerra. Para que ese milagro se realice, es menester la perseverancia en la virtud.

Sólo debe hablar de virtud quien la haya practicado en su camino y sepa sentirla. Mi discípulo deberá ser limpio de corazón y espíritu en la Tierra, para serlo después en el Valle Espiritual.

Cuando seáis fuertes de espíritu, sabréis descender a los abismos a rescatar a los perdidos, sin temor de quedaros ahí: mientras más grande sea el abismo en que hayan caído vuestros hermanos, mayor deberá ser vuestra paciencia y caridad para ellos; podréis cruzar por lagos de fango sin mancharos y navegar por mares tempestuosos, sin temor a zozobrar.

¿No os creéis capaces de realizar grandes acciones el mañana? ¿No creéis que las nuevas generaciones den a mi Doctrina una mejor interpretación y un fiel cumplimiento? Comprended que si no fuese así, no os estuviese hablando, aconsejando y enseñando.

No os impacientéis. No queráis que mis Palabras se cumplan de inmediato. Algunas de ellas se realizarán pronto y otras, a lo largo del tiempo.

Haced que la sinceridad y la verdad sean siempre en vuestros actos, que la humildad sea siempre en vuestra vida. Veréis entonces cómo la verdadera virtud, habitará en vuestro corazón y vuestros hermanos podrán testificar que sois mis discípulos.

¡Mi paz sea con vosotros!