Archivos por Etiqueta: tentaciones de Jesús

Las tentaciones de Jesús

7-176-2
A la luz de la Enseñanza del LVV nos explica que Jesús se adentró al desierto como una preparación antes de iniciar su misión. Esa misión como bien tenemos cierto fueron tres años de adoctrinamiento espiritual, donde el pueblo de Israel conoció en Jesús el verbo y el amor divinos de Yo Soy el que Soy, o sea nuestro Padre-Dios.
Jesús según las Escrituras se adentro al desierto por cuarenta días. Israel a su salida de Egipto hacia la conquista de la tierra prometida, fue adentrado por cuarenta años. En la revelación de Juan, Apocalipsis, la Mujer Vestida de Sol perseguida por el dragón, a semejanza paso por 1270 días en el desierto; en aquel lugar fue alimentada y protegida hasta dar a luz. Por la Sabiduría de Cristo como Espíritu de Verdad en el Libro de la Vida Verdadera, se nos declara que quien daría a luz… sería a su pueblo Trinitario Mariano en el Tercer Tiempo.
El desierto simbólicamente ha significado la purificación, la depuración, la preparación hacia el cumplimiento. Israel paso por cuarenta años para depurarse de su idolatría de Egipto,… hacia el conocimiento del Dios Verdadero. El pueblo Israelita del Tercer Tiempo ha tenido necesidad espiritualmente de depurarse de la idolatría actual. De prepararse en la Enseñanza de nuestro Padre en Su manifestación como Espíritu Santo. De purificarse de muchas tentaciones que ha llevado en sí y prevalecido en él mismo… tentaciones del mundo, del corazón, del espíritu.
Jesús nos enseñó al retirarse al desierto, de la necesidad de una preparación hacia un fin noble espiritual. Preparación de la mente, del corazón, del espíritu, de la purificación de aquello de lo que aún nos tienta. Cada uno de nosotros conocemos lo que nos tienta aún, de lo que todavía es tiniebla en nuestro pensamiento, de lo insano en nuestro corazón, y lo que aún es lucha en nuestro espíritu. Conocemos ello, y la Conciencia es como una luz, como un juez que nos hace sentir la realidad que existe en nuestro ser.
El Maestro no era sólo Divino por ser el mismo Espíritu Divino del Padre, sino también era humano a semejanza de cualquiera de nosotros. Jesús Hombre conoció de las debilidades humanas, como de sus luchas, de sus ocupaciones y necesidades. Conoció el tener un padre, una Madre en lo humano; del trabajo, de la faena por conseguir el pan de cada día. Jesús fue lo divino de Dios humanizado.
Jesús conoció de la tentación con que nosotros convivimos en el día a día. El cómo somos tentados y caemos. Conoció de su fuerza, del cómo el espíritu sucumbe ante ella. Siendo en Él la virtud divina, pero a la vez humano como lo dice la Enseñanza, no fueron tentaciones bajas lo que anido en Su naturaleza humana. Cuántas veces demostró Su poder que procedía de Su virtud, y nunca se dio gloria a Sí mismo, sino a la fuerza del amor divino que procedía de Dios. Cuántas veces Él no se permitió llamar ejércitos celestiales a que Le salvaren del yugo y egoísmo humano, y no lo hizo procurando así servir a la Voluntad divina a pesar de Su sufrimiento y dolor. Cuántas veces bendijo el pan de los hombres, y si acaso era necesario, el multiplicarlo agradeciendo a la Caridad divina del Padre. Cuántas veces Jesús glorificó al Padre y no a Sí mismo.
Jesús podía haberse eternizado entre los hombres. Ser glorificado día y noche por la humanidad. A la vez que ella no hiciere esfuerzo alguno para conseguir el pan de cada día; así como por Su caridad ella sanar sus dolencias materiales y espirituales. El espíritu de la humanidad hubiese tenido un Rey divino y humano a la vez, que por Su poder todo le concediera. Tendría ella quien le sirviere, y así una humanidad aletargada por la bondad divina que no haría mérito para conquistar las altas moradas espirituales.
Sí, el corazón humano de Jesús sentía, amaba a la humanidad. No eran tentaciones mezquinas las que tuvo en Su pensamiento y corazón, sino la posibilidad de eternizarse humanamente por amor a ella. Mas dando mucho más valor a la Voluntad divina, Él saliendo del desierto tuvo por buen término el de llevar a cabo, para el fin con que fue enviado aunque en ello significaría un cáliz muy amargo. ¿Acaso Jesús ya en Su adoctrinamiento no pidió que se le apartare ese cáliz? Sí, el dolor de Su carne era real, lo que sentía Su corazón humano tan real como el de cualquiera de nosotros. Su pensamiento humano lo fue, como el de cualquiera de nosotros pidiendo al Padre el no pasar por un trance tan amargo. Al final, lo humanizado de Él se concedió humildemente darle más valor a la Voluntad divina y en ella, Jesús nos dio a entender que el hombre no conoce aún del todo los designios de Dios, pero sí la esperanza de que en Él está la gloria de todo espíritu,… hasta que sienta por sí mismo el proclamar: «Todo está consumado». En esas palabras cuánto ya habrá alcanzado en su luz, en su poder y potestad.