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De los símbolos, ritos y más…

De los símbolos, tradiciones, rutina, idolatría y más…

En el Primer Tiempo conocisteis los símbolos: El tabernáculo o santuario que guardaba el arca donde estaban guardadas las tablas de la ley. Cuando aquellos símbolos hubieron cumplido su misión, mi voluntad los borró de la tierra, los ocultó de la vista de los hombres para que el mundo no cayera en idolatría, pero el sentido o esencia de aquellas lecciones la dejé escrita en la conciencia de mis siervos. En el Segundo Tiempo, después de consumado el sacrificio de Cristo, hice desaparecer el símbolo más grande del cristianismo: la cruz, junto con la corona, el cáliz y todo cuanto podía haber sido objeto de fanática adoración por parte de la humanidad.

Bien está que al iniciaros en cada una de las tres revelaciones que a la humanidad he entregado, se os hayan sido permitidos algunos símbolos y algunos actos para facilitar vuestra comprensión y asimilación de las divinas enseñanzas, mas no para que las conservaseis perpetuamente y mucho menos para que les adoraseis. Esa ha sido siempre la causa de vuestro estancamiento espiritual y la razón por la cual he venido en todos los tiempos a rescataros del camino incierto para conduciros al verdadero sendero de la luz.

Los símbolos religiosos deberán desaparecer, por que es menester que el hombre no me limite, para que su obra sea digna del Padre. Los símbolos son imágenes caídas que ya no deben existir en el culto de la humanidad en su edad de luz.

No profanéis más lo divino, porque en verdad os digo, que es mucha la ingratitud con que os mostráis ante Dios, cuando hacéis esas prácticas externas que habéis heredado de vuestros primeros hermanos y en las que os habéis fanatizado.

El símbolo de la cruz

El mundo cristiano adoptó como símbolo la cruz, porque en aquel madero Jesús derramó su sangre y expiró en cuanto hombre, consumando en ella su obra de redención. Desde entonces, la cruz quedó como símbolo de amor y de perdón divinos. Ella ha sido estandarte de luchas de ideas entre la humanidad; y ahora que ha pasado una Era desde aquel sacrificio, me presento nuevamente en el mundo, ya no como hombre sino en Espíritu y en verdad os digo, que ya no es necesaria para Mí esa cruz.

Ya no la cargaré sobre mis hombros, ya no veréis al Rabí ensangrentado y coronado de espinas, con su cuerpo flagelado, mojando con su sangre los pedruscos del camino. Ya no contemplaréis sus ojos abatidos por el sufrimiento, inspirando piedad a unos y terror a otros. No le veréis llegar a la cima del monte, para ser clavado en su cruz entre los malhechores.

La cruz, que era afrenta y vergüenza para el que en ella moría, quedó convertida en el símbolo del sacrificio por amor. Esto no lo imaginaron siquiera quienes me persiguieron y escogieron para Mí la muerte mas ignominiosa, para dejar satisfecha su crueldad, porque las turbas necesitaban acusar y condenar al que nada había hecho contra ellas, a quien fue para todos bondad, consuelo y perdón. El hombre estaba en un abismo desde el cual no concebía el bien, el amor que Yo vine a mostrarle con mi sacrificio.

En el Segundo Tiempo la humanidad me dio una cruz de madera a cuyo martirio los hombres me sentenciaron, pero sobre mi Espíritu llevé otra más pesada y más cruenta: la de vuestras imperfecciones y la de vuestra ingratitud.

En este tiempo no he venido como hombre, y no será sobre Mí la cruz, ahora soy Yo quien coloca sobre vuestro corazón, una cruz de amor para que sigáis mis pasos. Esa cruz pertenece a los grandes por el espíritu, a los que llegan a sentirse saturados por el fuego del verdadero amor.

El madero horizontal es el pecado del mundo, que se interpone al madero vertical. Este asciende y señala las alturas, mas el pecado es siempre la barrera para elevarse a lo divino.

¿De qué sirve que el símbolo del cristianismo, o sea la cruz, se encuentre por millones en la Tierra, si los hombres no son de buena voluntad, ni se aman los unos a los otros? Yo no os juzgaría si de la Tierra hicieseis desaparecer hasta la última cruz con que simbolizáis vuestra fe cristiana, y en cambio, sustituyeseis ese símbolo con el amor verdadero de los unos hacia los otros; porque entonces vuestra fe y vuestro culto exterior pasarían a ser culto y fe del espíritu, que es lo que Yo espero de vosotros.

¡Si al menos vuestros cultos y vuestros símbolos tuviesen la fuerza para impedir vuestras guerras, para no dejaros caer en el vicio, para manteneros en paz! Pero, mirad como estáis pasando por sobre todo lo que decís que es sagrado; mirad cómo estáis pisoteando lo que habéis tenido como divino.

¡Más os valiera, vuelvo a deciros, no tener un solo templo, ni un altar, ni un símbolo o imagen en toda la Tierra!, pero que supieseis orar con el espíritu, que supieseis amar a vuestro Padre, y creer en Él sin necesidad de representantes, y que os amaseis como os he enseñado en mi Doctrina. Entonces estaríais a salvo, estaríais caminando en la senda trazada con mis huellas de sangre, huellas con las que vine a sellar la verdad de mis enseñanzas.

El mundo me desconoció como Jesús, me enclavó en el madero y más tarde convirtió la cruz en objeto de idolatría y ante él se postró para implorar perdón. Hoy os encontráis alimentando el materialismo, el odio y la mala voluntad. La humanidad se encuentra hoy viviendo en la tercera altura de la perversidad.

No hagáis el símbolo de la cruz materialmente, puesto que me encuentro crucificado en vosotros mismos.

En vez de recordarme en los tormentos y en la agonía de Jesús, ¿por qué no os acordáis de mi resurrección, plena de luz y gloria?

Los hombres no han comprendido la grandeza de aquella lección, y por doquiera levantan la imagen del crucificado, que representa una vergüenza para esta humanidad, la cual sin amor ni respeto hacia Aquél a quien dice amar, le sigue crucificando e hiriendo diariamente al herir el corazón de sus hermanos, por quienes dio el Maestro su vida.

A Jesús el Cristo, lo vio sufrir la humanidad y si su enseñanza y testimonio es creído por vosotros, ¿para qué seguirlo crucificando en vuestras esculturas? ¿No os bastan los siglos que lleváis de exhibirlo como la víctima de vuestra maldad?

De las conmemoraciones y tradiciones

Sabed, mis nuevos discípulos, que vuestro homenaje y vuestro tributo al Señor deben de ser constantes, sin esperar fechas o días determinados para ofrecerlos, como constante es el amor de vuestro Padre para vosotros; mas si queréis saber cómo debéis recordar cada día mis obras de amor, sin caer en fanatismo, Yo os lo diré: vuestra vida debe ser un continuo homenaje a quien lo ha creado todo, amándoos los unos a los otros.

Recordad en vuestras conmemoraciones, que Yo, el Divino Maestro, por amor hacia vosotros, dejé el Reino Espiritual, haciéndome hombre para habitar con vosotros, que dejé mi Reino para mostrarme en vuestro mundo como un ser al servicio del necesitado; que estando en Cristo, el Padre de todo lo creado, llegué entre vosotros, para ser el más humilde y para consagraros toda mi vida.

No perseveró la humanidad en mi enseñanza y prefirió tomar mi nombre para crear religiones según su interpretación y conveniencia. Yo abolí tradiciones y le enseñé la Doctrina del amor, y hoy venís a Mí, para presentarme ritos vanos y ceremonias que en nada benefician al espíritu. Si no existe espiritualidad en vuestras obras, no puede haber verdad y lo que no tiene verdad no llega a vuestro Padre.

Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición. (Marcos 7:9)

Dejad de ser los conservadores de tradiciones y ritos fanáticos. Practicad mi palabra con pureza, porque os he dicho que ella será el eslabón espiritual que unificará a los pueblos y a las razas, porque mi palabra de amor es Ley universal.

Buscadme con el espíritu, sin deteneros en rutinarias tradiciones, ni ritos simbólicos. Buscadme en vuestro corazón y en él me hallaréis, porque el corazón ama, sufre y siente.

Significado del pan y el vino

En el Segundo Tiempo, doce discípulos estuvieron Conmigo en la última cena; ahora invito a toda la humanidad a tomar el pan del espíritu, cuya explicación os doy ahora. Cuando Jesús celebró con sus discípulos aquella pascua, según la tradición de aquel pueblo, les dijo: Algo nuevo vengo a revelaros, tomad de este vino y comed este pan, que representan mi sangre y mi cuerpo, y haced vosotros esto en memoria mía. A medida que los siglos pasaron, los pueblos divididos en religiones, dieron diferente interpretación a mi palabra.

Hoy vengo a deciros cuál fue mi sentir en aquella hora, en aquella cena, donde cada palabra y cada acto de Jesús, fue lección de un libro de profunda sabiduría y de infinito amor. Si tomé el pan y el vino, fue para haceros comprender que ellos son semejantes al amor, que es el sustento y la vida del espíritu, y si os dije: «Haced esto en memoria mía», quise decir que amaseis a vuestros hermanos con un amor semejante al de Jesús, entregándoos como verdadero sustento a la humanidad.

Jesús no sólo os entregó su palabra; sus enseñanzas y obras no fueron tan solo parábola o sentido figurado. Si a sus discípulos, por encontrarse doctrinados, les representó con pan y con vino su cuerpo y su sangre, al siguiente día delante de un pueblo, entregó su cuerpo y derramó toda su sangre, para dar a comer el pan de vida eterna, el del amor perfecto, a toda la humanidad.

Hoy no vengo a representar mi cuerpo y mi sangre con el pan y el vino, ni vengo como hombre a derramar mi sangre y a entregaros mi cuerpo en una cruz; éste es otro tiempo. Ahora vengo en Espíritu, y es a vuestro espíritu al que hablo de su misión espiritual, porque ya está capacitado para comprender las enseñanzas pasadas y también las nuevas revelaciones. Estoy preparando mi Templo en vuestro corazón. Como hombre tuve forma, como Dios no la tengo; he aquí que no hay más cuerpo en Mí que mi verdad, ni más vino que el de mi amor.

¡Si supieseis guardar en vuestro corazón todas mis palabras, cuán ricos seríais de los tesoros del espíritu, cuán fuertes e iluminados; pero es frágil vuestra memoria y vuestro corazón! Dejad que mi palabra y su esencia, que son el símbolo de mi cuerpo y de mi sangre, y que son la imagen del pan y del vino que ofrecí a mis discípulos en la última cena, penetren en vuestro espíritu.

En este Tercer Tiempo, ya no habéis menester de símbolos, porque mi cuerpo y mi sangre que son amor, os los estoy ofreciendo espiritualmente en mi enseñanza. Ahora quiero que vuestro corazón sea pan y vino para vuestro hermano, amándolo, iluminándolo, resucitándolo a la verdad y al amor.

En ningún tiempo he venido como ministro, nunca he celebrado ritos ante vosotros. Yo sólo he sido el Maestro que os ha dado sus lecciones en sentido figurado. Todo rito que de estas enseñanzas hagáis será estéril, si en vuestra vida no lleváis a la práctica mis enseñanzas y ejemplos; he ahí lo difícil para vosotros, mas en ello es donde existe el mérito. Quiero que toméis de mi palabra su esencia que es el alimento de todo espíritu. En ella encontraréis el pan de la vida, el vino de la alegría espiritual, el fruto del verdadero amor.

Vengo borrando formas, ritos y tradiciones, para que os concretéis al cumplimiento de la Ley y no hagáis lo que en los tiempos pasados que os entregasteis con todo vuestro entusiasmo a las tradiciones y festines, haciendo a un lado la Ley.

Ahí se ha mostrado débil el hombre, incapaz de vencer con voluntad los prejuicios que lo agobian. Ahí se ha visto que es esclavo de torcidas interpretaciones.

El hombre es esclavo de la voluntad de otros, víctima de anatemas, de condenas y amenazas. Mas, ¿qué se ha logrado con ello? Que abandone todos sus anhelos por comprender y alcanzar el más elevado conocimiento que el hombre debe poseer, impedirse a sí mismo el poder llegar a esclarecer lo que absurdamente ha considerado siempre un misterio: La vida espiritual.

Cuando los escribas y los fariseos observaron los actos de Jesús y los encontraron que diferían de los suyos, dijeron que la Doctrina que predicaba, iba en contra de la Ley de Moisés. Es que ellos estaban confundiendo la Ley con las tradiciones, mas Yo les probé que no había venido a transgredir la Ley que el Padre había revelado a Moisés, sino a darle cumplimiento con palabras y obras.

Es menester que lleguéis a comprender que hay seres en los que las creencias, las tradiciones y las costumbres han echado raíces tan hondas, que no os será fácil arrancarlas en el primer momento en que les doctrinéis. Tened paciencia y en el transcurso de los años lo lograréis.

De las supersticiones

Ahora he venido a despojaros del fanatismo y supersticiones, a recordaros el culto espiritual hacia vuestro Padre. Es necesario que hagáis un minucioso examen de vuestras prácticas para que vayáis destruyendo todo vestigio de idolatría, de fanatismo religioso, de supersticiones y creencias impropias de esta obra.

Quiero que el conocimiento de todo lo fundamental dentro de mi Obra sea poseído por todos, que el fanatismo y la idolatría desaparezcan; que no existan las supersticiones entre vosotros; que lleguéis a ofrecerme el culto más sencillo, exento de ritos y de inútiles ceremonias, para practicar solamente mi verdad.

De los ritos

Conoced la Ley, amad el bien, practicad el amor y la caridad, conceded a vuestro espíritu la santa libertad de elevarse hacia su morada y me estaréis amando. ¿Queréis un modelo perfecto de cuanto deberéis hacer y de lo que debéis ser para llegar a Mí? Imitad a Cristo, amadme en Él, buscadme a través de Él, venid a Mí por su divina huella. Mas no me améis en su forma corpórea o en su imagen, ni cambiéis por ritos o formas la práctica de sus enseñanzas, porque os eternizaréis en vuestras diferencias, en vuestra enemistad y en vuestro fanatismo.

Si amáis, no necesitaréis cultos materiales ni ritos, porque llevaréis la luz que ilumina vuestro templo interior, ante el cual se romperán las olas de todas las tormentas que os pudiesen azotar y se destruirán las tinieblas de la humanidad.

De tiempo en tiempo la humanidad fue evolucionando en sus creencias y en el conocimiento de lo espiritual, perfeccionando su culto iluminado por inspiraciones divinas. Sin embargo, todavía en este tiempo muchos de mis hijos solo me sienten a través de formas, ritos, imágenes y símbolos. Es que el espíritu distraído aún con las tradiciones, se conforma con lo poco que alcanza con su escasa elevación, pero ha llegado para él la hora de la inquietud ante los misterios, experimentando necesidades y atravesando pruebas como nunca las había encontrado en su camino; entonces despertará y se levantará a preguntar, a escudriñar como ya lo hizo cuando quiso conocer el por qué de la vida en la Tierra.

De las ofrendas

En los tiempos pasados recibí de vuestro espíritu todas las ofrendas que me presentó, aun cuando en ellas hubiese mucho de ignorancia y de imperfección. Ahora sólo lo que sea puro, sincero, verdadero, podrá llegar a Mí.

¿Miráis cuan bellas son esas flores de vuestros huertos, que a veces me ofrecéis? De cierto os digo que ni esa ofrenda debo recibir en este tiempo, porque esas flores no son obra vuestra, sino mía y lo que a Mí debéis ofrecer, son las flores espirituales de vuestro corazón, es decir, vuestras buenas obras, vuestras oraciones limpias, vuestras virtudes. No os engañéis más, ya no tratéis de suplir con lo exterior lo que debe ser profundamente espiritual. No temáis, derribar el cerco, no temáis enfrentaros a la verdad. La gloria es sólo de los valerosos y fervientes.

Cuando destruyáis todo fanatismo y toda idolatría en vuestro corazón y aprendáis a orar de espíritu a Espíritu, habréis llegado ante el verdadero altar del Señor, aquel que no es de este mundo. En ese altar podréis depositar vuestra ofrenda, que será la de vuestras buenas obras, y que ante Mí será más hermosa que las flores de vuestros jardines, porque las buenas obras de vuestro espíritu nunca se marchitarán.

Cuando os hablo de cultos y de ofrendas, con la claridad con que manifiesto mi palabra, ¿sentís dolor porque os aparto de vuestras pasadas creencias? Es que en mi palabra existe un bálsamo y una luz que no deja que en ningún entendimiento surja alguna confusión ni se lastime ningún corazón. No me sentiré ofendido si no me ofrecéis altares ni flores o si no me encendéis lámparas, porque lo que he buscado todo tiempo en el corazón del hombre, es el altar espiritual.

Las flores son las ofrendas de los huertos y de los valles, cuya fragancia y perfume, llega hasta Mí como un tributo de amor. No usurpéis entonces a los valles y a los huertos sus ofrendas. No encendáis más lámparas que la de la fe en mi Divinidad, porque de nada os servirá encender lamparillas de aceite si está en tinieblas vuestro corazón.

Os he dicho: concentraos en el fondo de vuestro corazón para que contempléis, no con los ojos de la materia sino con los del espíritu, lo infinito e insondable. Entonces, ante tanta gracia recibida de mi caridad no pretenderéis demostrar vuestra gratitud con ofrendas materiales.

De los cánticos

Os he traído el culto sencillo, aquel que no tiene ritos ni ceremonias y que sin embargo se eleva más allá del humo del incienso, más allá del eco de los cánticos: el culto del amor, de la caridad y de la fraternidad.

¿De qué os sirven cánticos, oraciones y ritos, si en vuestro interior sólo ocultaseis bajas pasiones? Tengo sed de vuestro amor, no del incienso. Menos lágrimas y más luz, es lo que deseo que haya en vuestra existencia.

Vengo a vosotros, ya que no sabéis llegar hasta Mí, y os enseño que la oración más agradable que llega al Padre, es aquélla que en silencio se eleva de vuestro espíritu. No son los cánticos ni las palabras las que halagan a mi Divinidad.

Ved en cuántas confusiones ha caído esta humanidad, pero ha llegado la luz de un nuevo día y con ella nada podrá ocultarse ni empañarse.

Entre la humanidad existen muchos incrédulos que no se satisfacen con la esencia de mi palabra los que no sintiendo una fe verdadera en mi manifestación espiritual, me buscan en el materialismo, en los cánticos y rezos materiales, en los ritos y en las ceremonias, porque aún sus espíritus no se han fortalecido en la verdad y por esta causa se alejan de Mí.

A vosotros os digo: no quiero que el mañana por vuestra falta de preparación os vayáis a sentir como huérfanos y vayáis a imitar a las multitudes que se reúnen en sus templos de cantera y se conforman con ceremonias y cánticos materiales.

Del fanatismo

Muchos han vivido en la ignorancia, alimentando el fanatismo religioso y por ello poco han adelanto en la evolución de su espíritu.

El fanatismo domina la vida de los hombres, fanatismo religioso, fanatismo por sus razas, fanatismo por la gloria y el poder del mundo y fanatismo por sí mismos. Es menester que destruyáis vuestra ignorancia, de la cual proviene el fanatismo religioso, la idolatría y la superstición.

Ved cómo la mala simiente se ha multiplicado entre vosotros, hasta casi ocultar la verdadera semilla. La mentira, la superstición, la hipocresía, el lucro, las malas influencias, el fanatismo y todas las impurezas, han sido la mala hierba que ha cundido entre la humanidad a la cual quisiera ver libre de toda lacra.

Analizad mi palabra, a fin de que podáis espiritualizaros, porque si no penetráis al fondo de esta Doctrina, podréis caer en un nuevo fanatismo. Comprended, discípulos, que en la espiritualidad no tiene cabida el fanatismo, ni el prejuicio, la idolatría o la superstición. Espiritualismo quiere decir elevación; espiritualidad significa libertad del espíritu, porque quien la alcanza, se ha desmaterializado, se ha emancipado de las pasiones de la carne, ha pasado por el sacrificio y por la renunciación bien entendida.

De la rutina

Mientras las religiones permanezcan sumergidas en su sueño y no rompan su rutina, no habrá despertar en el espíritu, ni conocimiento de los ideales espirituales; y por lo tanto, no podrá haber paz entre los hombres, ni aparecerá la caridad; no podrá brillar la luz que resuelve los graves conflictos humanos.

El hombre se ha estancado moral y espiritualmente, ha forjado un culto hacia Mí y una forma de vivir que cree son las mejores, y ha caído en una rutina que hastía y fatiga su espíritu, fanatizándolo en ritos y ceremonias materiales. En cambio ved el nivel de evolución en que se encuentran los reinos que forman la Naturaleza material, ved su orden, su armonía y su perfección.

¿Por qué os olvidáis que he venido lleno de amor a perdonar vuestras faltas y a daros oportunidad de empezar una nueva vida? ¿Por qué caéis en rutina, si os estoy preparando para que transitéis por el camino de evolución, en donde estáis descubriendo nuevos y vastos horizontes y alicientes sin fin para el espíritu?

No debiera sorprenderos este tiempo envueltos en rutina y menos ocupados en lo superfluo.

No os hundáis en la rutina, comprended cuando ha llegado el tiempo de dar un paso más en el sendero. No os adelantéis a darlo, mas tampoco os retardéis en hacerlo. La forma de no estacionaros, es la de apegaros a mi palabra, apartándoos de todo acto exterior con el que quisierais sustituir al verdadero cumplimiento de mi enseñanza.

De la penitencia

Sólo la regeneración y el ideal de perfeccionamiento os podrán hacer volver al camino de la verdad. Quiénes sintiéndose intérpretes de la Ley de Dios os digan que a vuestra perversidad y rebeldía le esperan sufrimientos infernales y que sólo demostrando vuestro arrepentimiento, mortificando e hiriendo vuestras carnes y presentando a Dios ofrendas materiales, Él os perdonará y os llevará a su Reino, en verdad os digo que están en confusión. La única penitencia que os pido, es que dominéis el egoísmo, para que sirváis con pureza y buena voluntad a vuestros semejantes.

Haced comprender a vuestros hermanos que no necesitan mortificar o lacerar su cuerpo para conmover a mi Espíritu, para despertar mi piedad o mi caridad. Quienes se procuran sufrimientos y penitencias corporales, es porque no tienen la menor noción de cuáles son las ofrendas más agradables para Mí; ni tienen idea de mi amor ni de la misericordia de vuestro Padre.

¿Creéis que sea necesario para Mí, ver en vuestros ojos las lágrimas y en vuestro corazón el dolor, para apiadarme de vosotros? Eso sería atribuirme dureza, insensibilidad, indiferencia, egoísmo, y, ¿concebís estos defectos en el Dios que amáis? Ya no es el tiempo de penitencias, ni de ceremonias o ritos para poderos comunicar conmigo, para poder creer que me estáis glorificando y agradando.

De la idolatría

Y habló Dios todas estas palabras, diciendo: Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso,… (Éxodo 20:1-5)

El materialismo ha envuelto a la humanidad. De muchos corazones se ha borrado mi Nombre, los hombres se olvidan de orar, que es la forma espiritual de conversar con Dios. Mi Doctrina y mis ejemplos a través de Jesús se han olvidado y quienes tratan de perseverar en mis lecciones y de cumplir con mi Ley, lo hacen por medio de cultos idólatras, buscándome a través de formas e imágenes hechas por la mano del hombre. ¿Es así como debe cumplirse mi Ley?

No deseo el sacrificio de vuestras vidas, ni que me ofrezcáis las flores o los frutos de vuestros huertos, porque ellos son mi obra y ningún mérito hacéis con dármelos. No es mi voluntad que hagáis imágenes con vuestras propias manos y después las adoréis, ni que edifiquéis otra torre de Babel, llenos de vanidad y de soberbia. Lo que anhelo que me ofrezcáis, es un santuario que llegue hasta Mí, formado con vuestras obras de amor, oraciones y palabras nacidas de vuestro corazón y entregadas en mi Nombre a los espíritus hambrientos de verdad: Este es el culto que os pido.

¿No decís que soy Omnipotente, que estoy en todas partes, que doquiera os escucho? Es por eso que siempre os he dicho que doquiera que estéis me tenéis con vosotros. Entonces, ¿por qué si soy omnipotente me buscáis en objetos hechos por vuestras manos? ¿Por qué tenéis que penetrar en determinados recintos para decir: aquí está el Señor, porque ésta es su casa, cuando sabéis que soy universal? ¿Por qué os dejáis deslumbrar con festines y ornamentos si sabéis que en el esplendor de la Naturaleza y en el santuario interior de vuestro espíritu habito y me manifiesto Yo?

Os estoy doctrinando para que os apartéis del materialismo y dejéis de ser los fanáticos e idólatras; para que no adoréis ni rindáis culto a objetos materiales hechos por las manos humanas. No quiero que existan en vuestro corazón raíces de idolatría, de fanatismo, de cultos falsos; no me presentéis ofrendas que no llegan a Mí, sólo os pido vuestra regeneración y vuestro cumplimiento en la espiritualidad.

Recordad al profeta Elías que dio testimonio del Dios verdadero en el Primer Tiempo. El pueblo de Israel cayó en idolatría y adoraba a un dios pagano. Elías, para convencerle de su error y de su impiedad, dijo a los sacerdotes del ídolo en presencia del pueblo congregado en un monte: «Haced vosotros un holocausto con leña y colocad sobre él a la víctima. Yo formaré igualmente otro holocausto. Invocad los nombres de vuestros dioses y Yo invocaré el nombre de mi Señor y el Dios que enviare fuego para consumir a la víctima, ese será reconocido como el Dios verdadero».

El ídolo permaneció sordo a las súplicas de sus sacerdotes; Elías les decía: «Gritad más alto para que vuestro dios os oiga, para que despierte, pues tal vez está durmiendo». Cuando los idólatras consideraron inútiles sus esfuerzos, el profeta se entregó a la oración rogando a su Señor que se mostrase como el Dios viviente y verdadero. Acababa Elías de pronunciar su oración, cuando descendió un rayo del cielo y consumió a la víctima del holocausto.

Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja. Viéndolo todo el pueblo, se postraron y dijeron: ¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios! (1ª de Reyes 18: 38-39)

El pueblo reconoció la impostura de los sacerdotes de Baal y al mismo tiempo reconoció que Jehová, el Dios de Elías, era el único y verdadero.

Los ídolos de ellos son plata y oro, Obra de manos de hombres. Tienen boca, mas no hablan; tienen ojos, mas no ven; orejas tienen, mas no oyen; tienen narices, mas no huelen; manos tienen, mas no palpan; tienen pies, mas no andan; no hablan con su garganta. Semejantes a ellos son los que los hacen, y cualquiera que confía en ellos. (Salmos 115:4-8)

La insensatez de la idolatría

Los formadores de imágenes de talla, todos ellos son vanidad, y lo más precioso de ellos para nada es útil; y ellos mismos son testigos para su confusión, de que los ídolos no ven ni entienden. ¿Quién formó un dios, o quién fundió una imagen que para nada es de provecho? He aquí que todos los suyos serán avergonzados, porque los artífices mismos son hombres. Todos ellos se juntarán, se presentarán, se asombrarán, y serán avergonzados a una.

El herrero toma la tenaza, trabaja en las ascuas, le da forma con los martillos, y trabaja en ello con la fuerza de su brazo; luego tiene hambre, y le faltan las fuerzas; no bebe agua, y se desmaya. El carpintero tiende la regla, lo señala con almagre, lo labra con los cepillos, le da figura con el compás, lo hace en forma de varón, a semejanza de hombre hermoso, para tenerlo en casa. Corta cedros, y toma ciprés y encina, que crecen entre los árboles del bosque; planta pino, que se críe con la lluvia. De él se sirve luego el hombre para quemar, y toma de ellos para calentarse; enciende también el horno, y cuece panes; hace además un dios, y lo adora; fabrica un ídolo, y se arrodilla delante de él. Parte del leño quema en el fuego; con parte de él come carne, prepara un asado, y se sacia; después se calienta, y dice: ¡Oh! me he calentado, he visto el fuego; y hace del sobrante un dios, un ídolo suyo; se postra delante de él, lo adora, y le ruega diciendo: Líbrame, porque mi dios eres tú. No saben ni entienden; porque cerrados están sus ojos para no ver, y su corazón para no entender. No discurre para consigo, no tiene sentido ni entendimiento para decir: Parte de esto quemé en el fuego, y sobre sus brasas cocí pan, asé carne, y la comí. ¿Haré del resto de él una abominación? ¿Me postraré delante de un tronco de árbol? De ceniza se alimenta; su corazón engañado le desvía, para que no libre su alma, ni diga: ¿No es pura mentira lo que tengo en mi mano derecha? (Isaías 44:9-20)

En verdad os digo que el mundo ignora muchas lecciones espirituales de mi Doctrina, porque en lugar de buscar la interpretación de mis enseñanzas para luego practicarlas, se ha conformado con ritos y tradiciones. Por eso es que las grandes pruebas han surgido entre la humanidad y aparecen conflictos a los que los hombres no encuentran solución.