No es un nuevo Evangelio

Profetizado fue por el Maestro que enviaría al Consolador, al Espíritu de Verdad, para recordarnos y explicar lo que nos entregó en el pasado. No es un nuevo Testamento el que se nos da en este tiempo, ni una nueva palabra y ni si acaso un nuevo Evangelio. Es la misma Ley que le entregó a Moisés, la misma palabra en nombre de Yavé que entregaron los profetas. Es la misma Doctrina que entregó Cristo en Jesús, al dar ejemplo de cómo debía cumplirse la Ley,… por medio del amor.
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Es el mismo Evangelio que nuestro Padre ha venido dando de tiempo en tiempo, donde los máximos Mandamientos siguen siendo Ley espiritual: Amar a Dios al amarnos los unos a los otros.
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La humanidad aquella que se llama Cristiana, ha leído las Escrituras y en torno a ellas ha fundado religiones, y de las veces, cada una tiene un concepto distinto de las mismas Escrituras. Se acerca el tiempo en que lo presente, lo que fue entregado por el Espíritu de Verdad sea guía en las religiones para comprender lo pasado. Antes su entendimiento tendrá que resquebrajarse, tendrá que bajar de su pedestal, para dar principio a su espíritu y por él, en su humildad reconocer su equivocación al interpretar erróneamente lo antiguo.
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Hoy la comunidad Cristiana aún no ha reconocido el Evangelio presente, y es por la forma literal de comprender lo pasado. Tan de cierto así aconteció cuando vino el Mesías en Jesús. Le negaron, porque el entendimiento de los grandes doctores de la Ley tuvieron una interpretación también literal, de lo que fue entregado por los antiguos enviados de Dios.
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Siendo el mismo Evangelio de tiempo en tiempo, el Padre-Maestro sólo ha venido ampliando Su sabiduría conforme nuestra evolución espiritual. A que el espíritu comprenda más a fondo la finalidad de su existencia humana. A que él tenga una idea mucho más clara y precisa de su ser, de dónde proviene y a dónde va conforme su ser evoluciona. Tenga una comprensión más extensa de sus atributos espirituales, que son lo que le hace semejante al Espíritu Divino. Así como posea una noción más justa de lo que es la Justicia divina, porque ella no pierde ni castiga a ningún espíritu, sólo deja que cada quien reciba la cosecha de su siembra;… pero no sólo eso, que siendo inexorable, ella también tiene como luz y caridad divinas, el que cada espíritu restituya o enmiende sus faltas y errores por medio del amor.
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Es Cristo el que revela lo que ha de venir, que teniendo la esencia de Su sabiduría, la hace así conocer. Recordar que Él dijo, que la letra mata más el espíritu vivifica. Pues si la humanidad en la necedad de su razonamiento sólo ve la letra tendrá que equivocar; a ella le es necesario adentrarse con el espíritu, porque él tiene una luz más allá de su entendimiento, la Conciencia.
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