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La oración espiritual

¿Qué es la oración espiritual y cómo se hace?

Ha llegado el momento del silencio y de vuestra comunicación Conmigo, para que así como se confunden en el mar las olas, vosotros os unáis a mi Espíritu Divino; silencio no solamente en los labios, sino también en vuestro templo interior porque es con vuestro espíritu con quien deseo conversar y el momento es solemne.

Hace mucho tiempo que no habláis Conmigo porque hasta la oración, que es el lenguaje que debe emplear vuestro espíritu para hablar con su Señor, ha sido olvidado. Es un idioma desconocido para los hombres de este tiempo. La verdadera oración no es practicada en este tiempo por la humanidad, de ahí que haya tenido que formar oraciones para repetirlas maquinalmente cuantas veces le es necesario.

Yo os digo que la oración es el idioma del espíritu, a través de ella vuestro corazón me habla, se queja, me pide, llora y se fortalece; pero a veces, cuando vuestro ser se encuentra lleno de gozo o se siente inundado de paz, entonces la oración se convierte en un himno espiritual que llega hasta la altura de mi Reino y al cielo le arrancáis un secreto.

Debéis practicar la oración en cualquiera que sea la condición en que os encontréis, con el fin de que sepáis invocar mi ayuda en los trances más difíciles de vuestra vida, sin perder la serenidad, la fe en mi presencia, la confianza y el dominio sobre vosotros mismos.

La verdadera oración, es permitir que vuestro espíritu se eleve libremente hacia Dios vuestro Padre, en entregaros con plena confianza y fe en aquel acto; en recibir en vuestro corazón las sensaciones recogidas por el espíritu; en aceptar con verdadera humildad la voluntad del Padre. La oración es baluarte, arma y escudo del espíritu, refugiaos siempre en ella y no seréis débiles, ya que es el medio revelado a vuestro espíritu para llegar hasta Mí con vuestras interrogaciones, inquietudes, anhelos de luz y con vuestra gratitud.

La oración es una gracia que Dios ha entregado al hombre para que le sirva de escala para elevarse, de arma para defenderse, de libro para instruirse y de bálsamo para ungirse y sanar de todo mal. En la oración encontraréis la forma de prevenir algún peligro, de resolver un problema, de solucionar una confusión.

En aquella hora de bendita comunicación espiritual, se aclararán todos vuestros sentidos y os sentiréis más dispuestos e inclinados a hacer el bien. Los padres de familia se inspirarán a través de la oración para conducir a sus hijos. La salud la recibirán los enfermos por medio de la oración. Los gobernantes resolverán sus grandes problemas, y el hombre de ciencia recibirá las revelaciones también por medio de este bendito don.

No olvidéis que más tengo que daros que vosotros que pedirme, y que mientras vosotros estáis pidiendo al Padre que os dé, Yo os estoy pidiendo que sepáis recibir. Debo deciros que el día que sepáis llegar con vuestras peticiones hasta la altura de lo espiritual, vuestra dicha al recibir mi caridad será incomparablemente mayor, porque el que sabe pedir, tendrá naturalmente que saber recibir. Recordad la lección en la que os dije: Pedid, pedid que se os dará. Ahora vengo a deciros: Aprended a pedir.

Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan? (Lucas 11: 9-13)

¿Qué podéis presentarme, ya sea en vuestro corazón o en vuestro espíritu que Yo no contemple? ¿Qué sufrimiento, anhelos, inquietudes o secretos podéis ocultarme? Ninguno. Entonces aprended a orar espiritualmente, a confesaros interiormente delante de Mí, a confiar en mi providencia y en mi caridad para que dejéis penetrar en vuestro corazón esa paz que tanta falta le hace.

Vosotros pedís para ahora mismo. Yo os doy para el futuro. Vosotros pensáis en vuestro mejoramiento material. Yo pienso en vuestro perfeccionamiento espiritual.

Practicad diariamente la oración espiritual, porque además de penetrar en una comunión íntima con vuestro Maestro y de experimentar una paz infinita en aquellos instantes, ella, representa la mejor ocasión para que recibáis mis divinas inspiraciones, en ellas encontraréis la explicación de todo aquello que no hayáis comprendido o que hayáis entendido mal.

En la oración hallaréis consuelo, inspiración y fuerza, ella os dará la dulce satisfacción de poder hablar íntimamente con Dios, sin testigos ni mediadores; Dios y vuestro espíritu, reunidos en ese dulce momento de confidencias, de comunicación espiritual y de bendiciones.

Intercesión y gratitud

¿Os duele verdaderamente la situación que atraviesa la humanidad? ¿Siente vuestro corazón el dolor de las naciones que se destrozan con la guerra? En los instantes de vuestra oración la guerra se apacigua, los corazones descansan, las madres encuentran consuelo y los niños refugio.

Los hogares que viven en paz, deben orar por los hogares destrozados. Las viudas que han encontrado la resignación y consuelo, acompañen en pensamiento a las que van sin rumbo enloquecidas de dolor.

Si anheláis paz para un pueblo, no es necesario que vayáis hasta él, haced la paz en vuestro corazón y en vuestro hogar y esto bastará para que reflejéis en el espíritu de ese pueblo la concordia y la unificación. Que vuestras penas no os hagan olvidar a los que viven en continua desesperación y angustia. Grandes son vuestras aflicciones y dificultades en la vida diaria, mas no podéis compararlas con aquellas que agobian a algunos de vuestros hermanos.

Debéis aprender a entender a quien lleva oculta una herida y a sentir los sufrimientos de aquellos que, por estar distantes, no podéis contemplar. Entre estos últimos debéis de considerar a los que habitan otros pueblos y naciones, a los que moran en otros mundos o en el más allá. No temáis si algún día os olvidáis de vosotros y sólo os acordáis de los demás, porque nada habréis perdido. Sabed que quien ora por los demás, lo está haciendo por sí mismo.

En este tiempo de gran lucha espiritual, acompañad a los hombres con vuestra oración. Si los veis llorar, no unáis vuestro llanto a la causa que a ellos hace llorar, pero llorad por ellos. Pensad en que hay muchos de vuestros hermanos que no oran y sí sufren. Cuando paséis junto a un extraño a quien no podáis dirigir palabra alguna, pero sintáis conmovido vuestro corazón y vuestro espíritu eleve su oración, presentándome el sufrimiento de aquel hermano vuestro, Yo le daré lo que necesita, porque habéis depositado en Mí su dolor.

Quiero también enseñaros a cumplir vuestros deberes para con vuestros hermanos, quienes gobiernan en el mundo: Si queréis que sus determinaciones sean favorables y justas para sus pueblos, debéis ayudarlos con la oración. A quienes comprendan mi palabra y la practiquen en su vida, os encargo orar por todos los que en su materialismo alteran el sentido de la verdad, y que orgullosos y fuertes se ríen de los que aún, acordándose de Dios, elevan a Él sus preces. Creen tener en sus manos el destino de la humanidad ignorando que también se encuentran bajo mi divina justicia. Ellos necesitan como nadie de vuestras oraciones y de vuestra ayuda espiritual.

A estos hombres perdonadles todo el dolor que os causan y ayudadles con vuestros pensamientos limpios a razonar. No hagáis en torno a ellos más densa la niebla que les rodea, porque cuando tengan que responder de sus actos, también llamaré a responder a quienes en vez de orar por ellos, sólo les enviaron tinieblas con sus malos pensamientos. ¡Por ello quiero que veléis, por eso quiero que oréis, que perdonéis y que améis!

Tened piedad por aquellos que se han hundido en el cieno del vicio; otros, porque no conocen la luz de la verdad y otros porque viven huérfanos de amor o porque tienen hambre y sed de justicia y de paz. Por ellos rogad; pero sobre todo, haced algo que alivie su dolor o mejore su vida. Entonces sí, estaréis entendiendo mi Doctrina, comprendiendo mi sacrificio e interpretando mi voluntad.

Si la humanidad estuviera unida en la verdadera oración y confiara en ella, bastarían unos momentos cada día de meditación, para detener la maldad y el dolor manifestado en tantas y diversas formas.

No sólo oréis cuando os encontréis atravesando por alguna prueba dolorosa, orad también cuando estéis en paz, porque será entonces cuando vuestro corazón y pensamiento puedan ocuparse de los demás. Tampoco pidáis solamente por los que os han hecho bien o por aquellos que no os hayan causado ningún daño, pues ello, siendo meritorio, no lo es tanto como si veláis por los que en alguna forma os hubiesen causado perjuicios. Sabed orar, no sólo en vuestras horas de congoja, sino también en vuestros momentos de alegría. A Mí sólo me ofrecéis lágrimas, penas y tristezas; pero en vuestras alegrías me olvidáis, cuando vuestro corazón esta de fiesta, entonces me cerráis sus puertas.

Cuando elevéis una oración de gratitud, acompañadla de obras que confirmen aquel sentimiento. Esta es la forma a través de la cual podéis ofrecer a vuestro Padre un verdadero tributo de adoración, de amor, de humildad, y de obediencia.

Si así lo hacéis humanidad, Yo haré que este mundo se levante limpio de su lepra, también haré surgir vida de la muerte; lograré que del odio broten frutos de reconciliación y que de la locura surja la razón.

El poder de la oración

¡Si los hombres de este tiempo comprendiesen el poder de la oración, cuántas obras sobrehumanas, realizarían! Pero viven una época de materialismo, en el que hasta lo divino tratan de materializarlo para tocarlo y poderlo ver.

Si tuvieseis una fe grande y un conocimiento mayor sobre la fuerza de la oración, cuántas obras de caridad haríais con vuestro pensamiento; pero no le habéis concedido todo el poder que ella tiene y es por eso que muchas veces no os dais cuenta de lo que rechazáis en un momento de sentida y verdadera oración.

Aprended a orar, porque con la oración podréis hacer mucho bien. Es la oración escudo y arma contra todas las acechanzas, con ella, os defenderéis; pero sabed que esa arma no debe herir ni lastimar a nadie, porque su única misión es brillar en las tinieblas.

Os digo que oréis, porque aquel que no ora, se entrega a pensamientos superfluos, materiales y a veces insanos, con lo cual, sin darse cuenta fomenta y alimenta las guerras homicidas; mas cuando oráis, vuestro pensamiento como si fuera espada de luz, rasga los velos de oscuridad y los lazos de la tentación que hoy están aprisionando a muchos seres, satura de espiritualidad el ambiente y contrarresta las fuerzas del mal.

Orad, pero con verdadera fe en el poder de la oración, con una fe tan grande que supere la fuerza de las armas con que vuestros hermanos combaten en la vida y destruyen la paz de sus semejantes. El pensamiento y el espíritu, unidos para orar, crean en el hombre una fuerza superior a toda fuerza humana.

¿No os he enseñado que hasta los elementos desatados pueden escuchar vuestra oración y apaciguarse? Si ellos obedecen a mi voz, ¿Por qué no han de obedecer la voz de los hijos de Dios, cuando ellos se hayan preparado? Todos los que han alcanzado milagros, todos los que han dado pruebas de poder espiritual, así han orado. Así lo hicieron los patriarcas de los primeros tiempos: de espíritu a Espíritu; así oró Moisés en el desierto y Daniel en el foso de los leones.

Así vine Yo en Jesús, a fortalecer al hombre en el conocimiento de la oración verdadera, probando ante sus ojos el poder de la oración espiritual. Jesús oró en el desierto ante la multitud y multiplicó los panes y los peces, maravillando a los hombres. Oró ante el sepulcro de Lázaro y dio pruebas de que la oración nacida de la fe y de la caridad, da salud y vida. Oró ante sus discípulos, revelándoles el poder que el hombre adquiere cuando sabe, ponerse en comunicación con su Padre.

Este estado de elevación no es privilegio tan sólo de algunos seres, es un don que está latente en todo espíritu, pero siempre me ha sido grato servirme de aquellos que han sabido hacer uso de esa gracia. Dos requisitos tan sólo necesitáis para haceros dignos de tal caridad: el primero es vuestra manera de vivir, recta, útil, inspirada siempre en el bien y en la caridad, y una fe que os haga superiores a todo cuanto haya en la Tierra, que os dé fuerza para que, llegado el instante os aleje de un peligro, os eleve por sobre toda miseria, os haga insensibles al dolor y os ayude a vencer aún a la misma muerte.

En verdad os digo, que con bondad y fe, lograréis hacer obras poderosas y sobrehumanas, con las que deis en este tiempo el mejor de los testimonios sobre la fuerza de la oración y del amor. Este será el tiempo en el que los hombres se den cuenta del poder de la oración y para que ella, tenga verdadera fuerza y luz, es menester que con amor la elevéis a Mí.

No olvidéis que para que la oración resulte efectiva, vuestra fe tiene que ser firme, grande, que la caridad sea la esencia de vuestra elevación. Si al orar, vuestra mente está limpia y se ha alejado de todo el materialismo que la rodea, Yo os concederé lo que pidáis para vuestros hermanos. Veréis entonces con admiración cómo en vuestros labios se desborda el consuelo para el que sufre. Vuestra labor será fructífera y bendita porque estaréis practicando mi lección de amor.

Si todos los hombres orasen, nunca perderían la senda de luz trazada por Mí. Por la oración, sanarán los enfermos y volverá la salud y la paz a los espíritus. En la oración, el débil se fortalece, el cobarde se reviste de valor, el ignorante se ilumina, el torpe se despeja. Por la oración se logra la paz, se adquiere sabiduría, se obtiene salud, se comprende lo profundo, se ilumina la mente y se fortalece el espíritu.

¡Cuán diferente es la conducta del que se olvida de orar y de velar! Voluntariamente renuncia a defenderse con las mejores armas que en el hombre he puesto, que son la fe, el amor y la luz del saber.

Os inspiro la verdadera lucha en contra del mal y os revelo cuál es el arma más poderosa e invencible, para que triunféis, aconsejándoos que primero limpiéis vuestro corazón para que luego os elevéis hacia Mí, os llenéis de luz y de fortaleza, para luego enviar vuestros pensamientos como destellos luminosos entre los pueblos sin paz y los hombres sin esperanza.

La oración

LA ORACIÓN

Me preguntáis en qué consiste la oración y Yo os digo: en permitir que vuestro espíritu se eleve libremente a Mí con plena confianza y fe, para recibir en el corazón y la mente el efluvio Divino. Ése es el medio que he concedido al hombre para acercarse a su Creador.

Aprended a orar y meditar a la vez, para que surja en vosotros el conocimiento de la verdad. Con la oración se adquiere sabiduría y a través de ella descubre el hijo el lenguaje para conversar con su Dios.

Velad siempre, pues no basta un instante de oración para salvarse, sino una vida de perseverancia, paciencia y obras elevadas.

Cuando el espíritu logra armonizar con la mente y alcanza la comunicación con el Padre, se siente inspirado para esparcir el bien, para llevar un destello de luz al necesitado, una gota de bálsamo al enfermo, un hálito de vida al que desfallece.

¡Cuántos hombres han encontrado en medio de la guerra el secreto de la oración, aquélla que nace del corazón como un llamado imperioso, como una imploración, y cuando han visto realizado el milagro, han sabido que la forma de hablar a Dios no requiere de palabras, sino de elevación espiritual!

Cuando oréis, buscadme en el infinito, más allá de todo lo que es material y cuando retornéis a vuestro mundo, miraréis disipadas vuestras dudas y podréis derribar los obstáculos que no os permitían mirar con claridad el futuro. Entonces no seréis ya azotados por las vicisitudes, porque estaréis aprendiendo a comunicaros y a vivir en armonía conmigo.

¿Por qué aprisionáis a vuestro espíritu con pensamientos materiales, cuando él tiene un mundo de luz más allá de todo lo terreno? ¿Por qué sujetáis al espíritu a la vida humana, cuando él tiene un espacio infinito para desenvolverse?

No habéis logrado penetrar todavía en esos mundos del pensamiento y del espíritu, porque os ha faltado elevación. Cuando aprendáis a orar, podréis llegar espiritualmente a los umbrales de la eternidad, donde no pasa el tiempo y todo es paz y beatitud. Yo os digo que entonces seréis semejantes a los ángeles.

La oración no es sólo petición o intercesión, sino elevación y contemplación; si la practicáis así, vuestro espíritu penetrará en el éxtasis, que es el estado más alto que podréis alcanzar, para fundiros en mi Espíritu que es fuente de vida.

¿Qué podéis ocultarme que no conozca? Abridme vuestro corazón y si al elevaros llegáis a perder la noción del tiempo, esa será señal de espiritualidad. Toda la naturaleza eleva un himno de amor a su Creador, mas de cierto os digo que halaga más a mi Espíritu vuestra oración, por sencilla que sea. Todo lo creado tiene una ofrenda para Mí. También Yo tengo un presente de amor para cada una de mis criaturas.

Os estoy enseñando una forma de prepararos que os permita realizar cada día obras inspiradas en nobles sentimientos.

Examinaos diariamente y veréis cómo mejora vuestra forma de pensar, de vivir, de hablar y de sentir.

Yo contemplo los balbuceos del hombre que intuye la verdadera forma de orar. Él siente mi Presencia al elevarse, sabe que escucho su sollozo cuando llora y su alegría interior al darme gracias. Me habla entonces en un lenguaje cuya hermosura no se encuentra en ninguno de vuestros idiomas.

Cuando abráis vuestros ojos a la luz de un nuevo día, aproximaos a Mí a través del pensamiento; inspiraos en mi Doctrina para formular vuestros propósitos y levantaos a luchar llenos de fortaleza y de fe.

La oración verdadera es aquélla que nace espontánea del corazón. Ése es el lenguaje que Yo entiendo, el de la verdad y la sinceridad.

Os estoy enseñando que la oración debe ser breve y sentida, sencilla en la forma y profunda en su fondo: aquélla que brota de lo más puro de vuestro espíritu. En ella hallaréis consuelo, inspiración y fuerza. Yo os daré la dulce satisfacción de hablar íntimamente conmigo, sin testigos ni mediadores: Dios y vuestro espíritu, reunidos en ese momento de confidencias y comunión espiritual.

Todos aquellos que han alcanzado prodigios y han dado pruebas de poder espiritual, así han orado. Así lo hizo Jesús en el Huerto de los Olivos y ante el sepulcro de Lázaro. Ahora os digo: orad en el huerto de la espiritualidad, para que os saturéis de mi Fuerza y podáis resistir el peso de vuestra cruz. Entonces comprenderéis la oración de Jesús en sus horas de agonía y cómo venció a la muerte.

Cuando penetréis espiritualmente en el silencio de vuestro santuario interior, ahí me encontraréis y en ese estado de elevación el espíritu se saturará de conocimientos. A ese santuario sólo tendréis acceso cuando os hayáis preparado.

¿Qué sabéis del poder de la oración y de la fuerza del pensamiento? El espíritu y la mente, unidos al orar, crean en el hombre un poder superior a toda fuerza humana. La oración os hará fuertes e insensibles al dolor.

Se acerca el tiempo en que sabréis dar al espíritu el lugar que le corresponde, porque vendrá a vosotros una Era de verdadera oración, de culto libre de misticismo en el que sabréis velar por la limpidez de mi Doctrina. El discípulo ya no podrá equivocarse, porque antes de emprender una obra interrogará al Maestro para hacer sólo la voluntad Divina. Así podrá descubrir dentro y fuera de él, mundos desconocidos, luces y verdades que rodean su existencia.

Hoy sólo escucha las voces de la naturaleza y del mundo, mañana podrá percibir mensajes del Reino Espiritual; más tarde oirá la voz de su Señor en una comunicación sin limites, de ESPÍRITU A ESPÍRITU.

He visto que para orar buscáis la soledad, y hacéis bien en ello cuando tratéis de lograr la inspiración; mas también os digo que podéis elevaros en cualquier situación en que os encontréis. Invocad mí ayuda en los trances difíciles, sin perder la serenidad y la confianza en vosotros; tened fe en que mi presencia os acompañará.

Practicad la oración, aun cuando ésta dure solamente cinco minutos; pero no sólo os concretéis a orar, sino salid de vuestro santuario interior y dejad en vuestros hermanos una prenda de verdadera fraternidad, un beneficio o un mensaje.

Yo soy poder, por lo tanto, una de vuestras oraciones, uno de vuestros pensamientos, puedo transformarlo en algo tangible y visible ante vuestros hermanos.

De cierto os digo que si ya estuvieseis unidos en espíritu, bastaría vuestra oración para detener a las naciones que se preparan para lanzarse unas contra otras; destruiríais los odios, seríais como espada invisible venciendo a los fuertes y como poderoso escudo defendiendo a los débiles.

Éste es el tiempo en que los hombres van a comenzar a conocerse espiritualmente. Ya se encuentran ante el Arcano, donde hallarán la explicación de los misterios que hasta hoy no han podido descifrar.

Pedid y se os dará. El hijo tiene derecho a pedir a su Padre, y Él, a su vez, tiene el deber de atender al hijo.

Aprended a sentir y a vivir las penas de aquéllos que, por estar distantes, no podéis mirar, de quienes habitan en otras comarcas o naciones, de los que moran en otros mundos o en el Valle Espiritual. No temáis si en vuestra oración os olvidáis de vosotros y sólo pedís por los demás. Sabed que quien ora por sus semejantes, lo hace por él mismo.

Yo entiendo lo que cada uno de vosotros me hace presente, sin necesidad de palabras ni pensamientos. El lenguaje del espíritu está más allá de vuestros idiomas. ¿Cómo va a expresar la materia lo que siente el espíritu? Siempre hablará mejor al Padre una lágrima que nadie ve, un dolor que me ofrecéis en silencio y apuráis con paciencia, o el fruto de vuestras obras calladas.

La pobreza espiritual de los hombres y sus tropiezos en la Tierra, provienen de la forma imperfecta de orar, por eso es necesario que este conocimiento lo llevéis a toda la humanidad.

Tiempo es aún de que meditéis y os preparéis, porque el mundo llegará a interrogaros y no sólo escudriñará mi Palabra, sino los beneficios que ella ha dejado en vosotros.

Cuando enseñéis a orar, debéis probar la verdad, la fuerza y la eficacia de la oración espiritual. Vais a sanar al enfermo con vuestra elevación, a llevar la paz donde impere la discordia, a salvar a quien se encuentre en peligro. Entonces sí seréis creídos y querrán imitaros; vuestra enseñanza despertará la fe en los corazones, maravillados ante la verdad de las pruebas; cuando eso sea, abriré los caminos y haré el llamado a las multitudes.

Trabajad unidos y haced todo lo que os he encomendado, mas velad y orad para que no caigáis en tentación; si no lo hacéis así, vosotros mismos destruiréis vuestra obra.

Educad al entendimiento, enseñándolo a despojarse de toda idea superflua en el instante de vuestra comunión espiritual. Antes de tomar una determinación o si os sentís abatidos, elevaos en oración, para que recibáis de vuestro Padre la iluminación que os permita distinguir con claridad lo que os conviene. En los momentos de dificultad decidme, como os enseñé en el Segundo Tiempo: ¡Padre, hágase tu Voluntad!

Doquiera podréis comunicaros con vuestro Señor, no importa el lugar donde os encontréis, ya sea en la cumbre de una montaña o en la profundidad de un valle; en la inquietud de una ciudad, en la paz del hogar o en medio de la lucha.

Si me buscáis en el interior de vuestro santuario, en el silencio de vuestra elevación, veréis abrirse las puertas del recinto universal e invisible, el cual lleváis en el espíritu.

Uníos en oración todos los que anheláis alcanzar una vida mejor y todos los que vivís atormentados por la confusión que reina en el mundo. Id preparándoos para la llegada de mi Reino entre vosotros: sed precursores y emisarios de mi Paz.

Dejad por unos instantes la Tierra y venid a Mí en espíritu. Por muchos siglos ha equivocado la humanidad la forma de practicar la oración desconociendo los deleites que ella proporciona, como fuente de salud y bienestar.

¡Ah, si los hombres de este tiempo comprendiesen el poder de la oración, cuántas obras sorprendentes realizarían!

Mis siervos de los tiempos pasados, Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, dieron pruebas imborrables del poder de la oración, quedando su forma de orar como un ejemplo para todas las generaciones. Ellos sabían que llevaban en el fondo de su ser el templo del Señor. El camino que eligieron para aproximarse a Mí fue el de la fe. Una fe en mi Presencia, en mi Justicia, en mi Providencia y mi Amor.

Sin la fuerza de la oración, no podréis resistir las pruebas ni ayudar a vuestros hermanos.

Dos requisitos tan sólo necesitáis para que vuestra oración os acerque verdaderamente a Mí: Vuestra manera de vivir, recta, útil, inspirada siempre en el bien y una fe, de tal manera grande, que os dé fuerza para libraros de los peligros y elevaros sobre toda miseria humana.

Pedid por la humanidad antes que por vosotros. Ella es como un náufrago en medio de un mar de tinieblas y tribulaciones que, en su confusión, no encuentra el faro que ha de iluminarla para ponerse a salvo. Ese faro lo lleva dentro de sí, es la conciencia.

Habéis elevado vuestro pensamiento a Mí en el silencio de la noche, para pedirme la paz y el bálsamo de curación para la humanidad. Os he visto llorar por el dolor ajeno, benditos seáis. ¡No sabéis cuánto alcanza el mundo por vuestra oración!

Orad no sólo en vuestras horas de congoja, sino también en los momentos de alegría. A Mí nada más me ofrecéis lágrimas, penas y tristezas, pero en vuestras alegrías me olvidáis.

Velad siempre, sed como las aves que anuncian el nuevo día, despertad a los que duermen, para que ellos reciban la luz y escuchen la voz del Creador.

Yo os permitiré penetrar en los lugares de dolor, miseria y confusión, para que en ellos seáis mis emisarios y entreguéis la paz y la concordia. Si en esa labor espiritual lleváis el ideal de armonía y fraternidad que os he enseñado, seréis como un ejército que combatirá por la salvación de la humanidad.

Entrad con paso firme en el tiempo de vuestros hechos, en el tiempo de vuestra lucha, pero hacedlo con la sencillez con que enseñé a las multitudes cuando me siguieron al desierto, al valle o a la montaña.

Cuando veáis desatados los elementos, orad por todos, no penséis sólo en vosotros. Pedid por la paz, pues grandes desastres os amenazan, mas no queráis penetrar en mis altos Juicios. Dejad que Yo, con sabiduría y amor, corte de raíz los malos árboles y toque con rigor a las instituciones que han tomado el camino torcido. Ese tiempo está cercano. Yo os prevengo para que viváis alerta y contempléis el cumplimiento de estas profecías.

¿No os dais cuenta de que algo superior está impidiendo que se desencadene en vuestro mundo la guerra más inhumana de todas las que habéis sufrido? ¿No comprendéis que en ese milagro influyen millones de oraciones de hombres, mujeres y niños que, con su espíritu preparado, combaten la influencia de la guerra? Seguid orando y velando. Poned en ese acto toda la fe de que seáis capaces, y sobre la guerra, el dolor y la miseria, tended un manto de paz y caridad con vuestros pensamientos, como un escudo que proteja a vuestros hermanos.

Todo lo que no esté a vuestro alcance, confiadlo al Mundo Espiritual y los seres de luz completarán vuestra obra: así todo será orden, armonía y espiritualidad.

Estad alerta, la lucha se acerca y el adversario se aproxima. No será el faraón del Primer Tiempo ni el césar del Segundo, los que traten de reduciros a la esclavitud temerosos de vuestro desarrollo y de vuestra luz, serán las tinieblas de todos los siglos las que os amenacen y envuelvan: para esa lucha os he dado una espada de luz.

Yo os he preparado y fortalecido para ese tiempo, os he enseñado a orar de ESPÍRITU A ESPÍRITU, para que uséis la oración como arma y protección.

¿Qué puede deteneros en vuestro camino? ¿Qué temores abrigáis? Orad y destruiréis los obstáculos, tened fe y lo difícil lo haréis posible.

Oración, meditación y elevación, son elementos que deben incorporarse a vuestra vida diaria, como parte esencial de ella, para que alcancéis la serenidad y la paz.

Los velos que os habían impedido comprender el significado de mis Enseñanzas, serán descorridos y contemplaréis en el interior del Tabernáculo Eterno, el Arcano del Señor, de donde brota la verdadera sabiduría: en él está todo el pasado, el presente y el futuro de los seres, ahí está el maná del espíritu, el pan de vida eterna, del cual os dije a través de Jesús: “quien de él comiere, no morirá jamás”.

En el Segundo Tiempo, uno de mis discípulos me preguntó cómo debían orar y les enseñé la manera de elevarse al Padre. Ahora os digo: inspiraos en esa oración, en su sentido, humildad y fe, para que vuestro espíritu se comunique con el mío. En aquella oración os enseñé una forma sencilla de hablarme, de elevar a Mí una plegaria de amor, de respeto, conformidad y confianza.

Yo no borro de vuestro corazón aquella oración modelo, sólo os enseño que en vez de hablarme con los labios lo hagáis con el pensamiento y os inspiréis en ella para formular vuestras propias oraciones: que sea el espíritu el que hable con su propio lenguaje. Si la esencia de esa oración se hubiera practicado en verdad, de generación en generación, los hombres habrían alcanzado mayor espiritualidad, su comunicación espiritual conmigo les hubiera servido para edificar un mundo más justo, más hermoso y elevado que el que han creado con su apego a los bienes del mundo.

Yo os enseñé la palabra poderosa, maestra, aquella que verdaderamente os acerca a Mí al pronunciarla con unción y respeto, con elevación y amor, la palabra PADRE; entonces las distancias desaparecen, los espacios se acortan, porque en ese instante de comunicación de ESPÍRITU A ESPÍRITU, ni Yo estoy lejos de vos, ni vosotros os encontraréis lejos de Mí. Orad así y recibiréis en abundancia el beneficio de mi Amor.

¡Cuán distinta es vuestra forma actual de orar si la comparáis con la que empleabais antes de oír esta palabra! Hoy vivís la Era de la oración espiritual.

Aún sois párvulos y no siempre acertáis a comprender mi Lección, mas por lo pronto habladme con el corazón, con vuestro pensamiento y Yo os responderé en lo más profundo de vuestro ser. Mi mensaje se manifestará en vuestra conciencia con una voz clara, sabía y amorosa, la cual poco a poco iréis percibiendo y a la que más tarde os acostumbraréis.

Bienaventurados los que practican en esa forma la oración, porque ellos sienten mi Presencia. Pero Yo recibo todas las oraciones, sea cual fuere la forma: sólo veo en ellas la necesidad y el amor con que me buscáis.

Mañana, cuando ya vuestra oración no sea para pedir que sane vuestros males, sino para recrearos en vuestra comunión conmigo, el espíritu viajará por regiones desconocidas para la mente. A unas llevaréis la luz, de otras traeréis mensajes, de otras más recibiréis fortaleza y deleites para el espíritu. Ésta es la comunicación que el Padre espera del espíritu de sus hijos: la ofrenda de amor que hasta ahora no habéis querido darle.

Penetrad al éxtasis espiritual y entonces lograréis que despierten los sentidos superiores, que surja la intuición, la inspiración brille, el futuro se presienta y la mirada espiritual palpe lo distante y logre lo que antes os parecía inalcanzable.

Lejos estáis todavía de haber alcanzado la perfección, mas id tras ella sin deteneros, soñad con lo elevado de vuestra misión y haced de la verdad vuestro ideal. En mi Espíritu existen dones y misiones que han estado esperando la hora de vuestra preparación, para fortalecer vuestro espíritu y convertiros en profetas y maestros.

María, vuestra Madre Celestial, es poseedora de dones y gracias que vosotros conocéis. Orad ante ella, buscad su ayuda y su intercesión y en verdad os digo que por ese camino, presto llegarán a Mí vuestras peticiones.

Es tiempo de orar. Los hogares que viven en paz deben orar por los que se encuentran destrozados. Las viudas que han encontrado resignación y consuelo, deben acompañar a las que van sin rumbo soportando su dolor. Bendecid con la oración y enviad pensamientos de luz a vuestros hermanos.

Cuando oréis, consagrad ese momento a la comunión con el Padre, olvidad vuestros cuidados y dejad que vuestra voluntad sea la mía. Abandonaos en el Amor Divino y realizaréis prodigios como mis discípulos en el Segundo Tiempo.

No dejéis pendiente nada en el mundo. Amad a la humanidad como a vuestra propia familia. Orad por todos, por distantes que estén. Sanad a los enfermos. Dejad con vuestra vida una estela de luz. Velad, para que recibáis mi Inspiración y entreguéis el mensaje a vuestros hermanos.

No os dé vergüenza llorar. Todos sois niños delante de Mí. Dejad correr las lágrimas, haced que salga el dolor y penetre la alegría. Esas lágrimas hablan más que todas las palabras y dicen más que todos los pensamientos. En ellas hay sinceridad, humildad, gratitud, contrición y promesas.

Al que sienta el dolor de su semejante, al que viva la aflicción de su hermano, le será concedido que sean mitigadas sus pruebas.

Siempre que necesitéis un confidente, un amigo bondadoso, buscadme y depositad en Mí vuestras penas; Yo os aconsejaré el mejor camino y os daré la solución que buscáis.

Son pocos los que saben orar para gozar y muchos los que oran para llorar; a éstos les digo: haced de vuestras tristezas un canto de fe y esperanza tan grande, que podáis sorprenderos al ver cómo vuestro llanto se convierte en un himno de amor y de paz.

¡Mi Paz sea con vosotros!

La oración sentida

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La oración es el lazo, el vínculo que nos une espiritualmente con nuestro Padre. El lenguaje que no necesita palabras, y en ocasiones ni pensamientos hechos expresión. Sólo el sentir del corazón, que es el Templo que tanto nuestro Padre y el hijo comparten a la vez. Sí, habrá tantas ocasiones como se lo permita nuestro espíritu,… el sólo sentir su oración. Y de las veces ocurre cuando él está en paz,… o cuando a pesar de sus adversidades y pruebas, él se permite relacionarse así con su Padre.
Esa oración es maravillosa, porque el hijo no pide nada al Padre; desde el interno de su Templo siente esa caricia mientras va pasando el tiempo. Esa oración no está aún extendida entre el espíritu de la humanidad; mas llegará el tiempo que lo sea, y entonces una vibración aún no conocida por ella se sentirá en su mundo.
Que tiempos serán aquellos que ya esperan en que los espíritus sientan esa vibración, será semejante a la que sintió el apóstol Juan. Entonces el Cristo, el amor y verbo divinos de Dios tendrá en bien dar a conocer lo que le corresponde al espíritu en esa etapa. Grandes verdades tendrán que relucir de la única Verdad de Su verbo, que serán lecciones que vendrán de la comunicación de Espíritu a espíritu. Pues el Maestro así le concedió a su apóstol en virtud de su elevación espiritual. Él vino a entregarle a Juan.
Parece distante ese tiempo, mas el Maestro también declaró, que Su apóstol se adelantó muchos siglos de lo que otros han necesitado para evolucionar. La nobleza de su corazón, la bondad de sus pensamientos, la pureza de su existencia, y la oración sentida, hicieron que él evolucionase en corto tiempo.
El espíritu de la humanidad debe comprender que el Séptimo Sello, puede y debe ser abierto no sólo por la caridad del Padre, sino por el anhelo de quienes moran este mundo. Ese Sello habla de la culminación de los tiempos, donde el reino del espíritu empieza para no tener fin. Si antes de ese Sello se significó por la carne y el materialismo, cuando éste sea abierto y percibido por el espíritu, se significará por la elevación y la espiritualidad del mismo espíritu. En la armonía del espíritu con la materia. En esa armonía donde la humanidad da al César lo que es, y a su espíritu lo que le corresponde.
La humanidad debe darse la oportunidad de sentir su oración. Quien así la procura, su ser se ennoblece y los dones empiezan a florecer. Las virtudes se hacen más manifiestas; el Séptimo Sello empieza ya a resplandecer desde su interno. Semejante es al apóstol Juan, que estando en el Quinto Sello, que la representa Cristo en Jesús en ese tiempo y en esta morada,… Juan en su interno ya vislumbraba el Séptimo Sello en su ser. Si la humanidad quiere acortar el Sexto Sello, el de la purificación y la restitución, lo puede hacer, el ejemplo lo tiene en Juan.

La oración espiritual

Libro de la Vida Verdadera

La oración espiritual

La oración es el medio espiritual que he inspirado al hombre para comunicarse con mi Divinidad, por eso, ella se manifestó desde un principio en vosotros como un anhelo, como una necesidad del espíritu, como un refugio en las horas de prueba. 9-261-22

La oración es una gracia que he entregado al hombre para que le sirva de escala para elevarse, de arma para defenderse, de libro para instruirse y de bálsamo para ungirse y sanar de todo mal. 2-39-12

La oración es el medio revelado a vuestro espíritu para llegar hasta Mí con vuestras interrogaciones, con vuestras inquietudes y vuestros anhelos de luz. A través de esa comunicación podréis disipar vuestras dudas y descorrer el velo que oculte algún misterio. 9-276-18 Leer Más

La oración espiritual

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La oración es el lenguaje espiritual, la puerta que llega y abre el Arcano divino de nuestro Padre. El sendero donde nuestro espíritu va al encuentro de su Creador. La luz que ilumina y que rasga las tinieblas de nuestro ser.

Nuestro espíritu puede tender un lazo espiritual por medio de la oración; en esos momentos nos hacemos uno con Quién nos dio vida y eternidad.

En la oración nuestro espíritu encuentra la luz que necesita para alumbrar su camino material y espiritual, para su adelanto espiritual, su fortaleza ante las tentaciones, es la mirada que discierne la sabiduría espiritual. Leer Más