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Los vicios y las bajas pasiones

Los vicios y las bajas pasiones

Existen en este mundo, muchos enfermos del espíritu, del corazón, de la mente, y del cuerpo, presos de los vicios a causa del abuso que han hecho del don del libre albedrío.

El hombre debiendo ser el señor en el mundo, ha pasado a ser un siervo ultrajado y humillado. Ha quedado el espíritu sometido a las debilidades e inclinaciones de la materia, de las bajas pasiones y de los vicios.

El hombre se ha hecho doblemente culpable, no solamente porque no hace ningún esfuerzo para que caiga la venda que le impide el conocimiento de las enseñanzas más elevadas, sino porque no se ha desligado de los lazos de la materia que lo llevan a los placeres corporales, en oposición a los placeres espirituales; y es por eso que se ha esclavizado bajo el imperio de las pasiones, dejando que su espíritu se asemeje al paralítico que nada hace por sanarse.

Si os hablo así, no es porque venga a exigiros la suprema perfección, sino a pediros que hagáis un esfuerzo por alcanzarla. ¿De qué sirve que Yo os sane y aparte vuestro dolor, si no apartáis de vosotros vuestros errores, pecados, vicios e imperfecciones?

No solamente los adultos corren atraídos por los placeres del mundo, y de los vicios; también los adolescentes y hasta los niños, ha llegado el veneno acumulado a través de los tiempos. Y quienes han logrado escapar de tan funesta influencia de maldad, ¿qué hacen por los que se han perdido? ¡Juzgarles, censurarles y escandalizarse de sus actos!

Mas Yo os digo que si queréis habitar en ese abismo de materialidad y de ignorancia, si sólo deseáis recoger el sabor de los frívolos placeres y de las bajas pasiones, cuando menos no culpéis a Dios de vuestros dolores.

Si entre risas, placeres y vanidades, los hombres se olvidan de Mí y hasta me niegan, ¿por qué se acobardan y tiemblan cuando están recogiendo la cosecha de lágrimas que atormenta a su espíritu y a su cuerpo? Entonces blasfeman diciendo que Dios no existe. Es valiente el hombre para pecar, decidido para salirse fuera del camino de mi Ley; mas Yo os aseguro que es demasiado cobarde cuando se trata de restituir y de saldar sus deudas.

Sin embargo, Yo os fortalezco en vuestra cobardía, os protejo en vuestras flaquezas, os despierto de vuestro letargo, enjugo vuestras lágrimas y os doy nuevas oportunidades, para que recuperéis la luz perdida y volváis a encontrar el camino olvidado de mi Ley.

¡Ay de los que son valientes para beber vino, y hombres fuertes para mezclar bebida! (Isaías 5:22)

Yo os di el don del libre albedrío y he respetado esa bendita libertad concedida a mis hijos; pero también puse en vuestro ser la luz divina de la conciencia, para que guiados por ella encaucéis vuestros dones; y Yo os digo que en la lucha del espíritu y la materia, ha sufrido el espíritu una derrota, una caída dolorosa, que poco a poco lo ha ido alejando más y más de la fuente de la verdad.

Mas su derrota no es definitiva, es pasajera, porque del fondo del abismo se levantará cuando ya no pueda soportar su hambre, su sed, su desnudez y sus tinieblas.

Que no sea más la materia dueña y señora, ni cárcel ni verdugo, dejad que vuestro espíritu se libere, que rechace las inclinaciones inmundas, como quien ahuyenta al lobo que a cada paso le acecha.

Si los hombres rindiesen tributo a la verdad, al amor, a la justicia y al bien, que son atributos de mi Espíritu, ¿creéis que en el mundo existiera el dolor, la guerra, el hambre, la confusión, los vicios y la muerte? De cierto os digo, que nada de ello habría en vuestra vida y sí habría paz, salud del espíritu y del cuerpo, habría fortaleza y bienestar.

Por eso vengo en ayuda de los que han equivocado el camino y no los sentencio porque aún pueden arrepentirse y evitar nuevas caídas.

Yo sí creo en vosotros, conozco la simiente que hay en cada hijo mío, porque Yo lo formé, porque le di vida con mi amor.

Yo sí espero del hombre, sí creo en su salvación, en su dignificación, en su elevación y su regeneración.

Ni la muerte, ni la falta de amor podrá destruir el lazo que os une a Mí. Meditad: si Yo estoy en vosotros, ¿a dónde me habéis llevado cuando pecáis?

El Amor de Dios para quienes han cometido errores

Sé de la lucha que existe en vuestro espíritu, de las debilidades de vuestro corazón, ya que a veces no encontráis fuerzas para dejar las insanas pasiones y los vicios, es cuando eleváis vuestra súplica a vuestro Dios pidiéndole venga en vuestro auxilio.

Pues aquí estoy, soy el inseparable amigo del corazón humano. Si me buscáis como consejero, recibiréis sanos y amorosos consejos. Si necesitáis alivio para vuestros males, me tenéis como doctor, fortaleciendo vuestro espíritu.

Pero os digo; invocadme con respeto cuando en medio de los vicios os encontréis, sabiendo que hacéis daño a vuestro espíritu y causáis degeneración a vuestro cuerpo.

Es necesario que comprendáis que he venido a romper las cadenas que os han convertido en esclavos del dolor, a liberaros de sufrimientos que vosotros mismos os habéis forjado y que habéis hecho más duraderos porque repetís vuestros errores e imperfecciones. Pero si vosotros sois necios en el mal, Yo soy constante en mi amor; y si fueseis a los antros del fango o del más profundo abismo de vuestras pasiones, ahí llegaré a buscar a los perdidos para llevarlos al Reino de la Luz y de la verdadera paz.

Quiero que el incomprendido por la humanidad se sienta comprendido por Mí. Muchos quienes se encuentran presa de los vicios, se preguntan: ¿Cómo es posible que Dios ponga sus ojos en nosotros, si ve que vivimos en un mundo de cieno y de pecado, lo cual nos hace indignos de tanta gracia? A lo cual Yo os respondo, que mi poder hace brotar lirios y rosas de entre el mismo fango, de donde nadie podría imaginar que surgiera una flor de tan maravillosa pureza.

Vengo como vuestro Padre a atender toda súplica, a recoger vuestras lágrimas, a curar vuestras dolencias, a hacer que os sintáis perdonados y absueltos de vuestras manchas para que rehagáis vuestra vida.

Cuando el hombre se aleja de la senda del bien, por falta de oración, pierde su fortaleza moral, su espiritualidad y queda expuesto a la tentación, y en su debilidad, da cabida a los pecados, y éstos enferman el espíritu, el corazón, la mente y el cuerpo.

Mas Yo, he venido como Doctor al lecho del enfermo y he puesto en él todo mi amor y mi cuidado. ¿Cómo será posible que lleguéis a pensar que Yo os niegue. ¿Por qué negáis la gracia de mi amor divino, cuando lleváis en vuestro ser un fragmento, de mi propia Divinidad?

¿No habéis visto como los rayos del sol, llegan hasta la más infecta charca, elevándola a los espacios, purificándola y convirtiéndola finalmente en nube que habrá de pasar sobre los campos, fecundándolos?

¿Os parece extraño que os procure con tanto afán? Es que no tenéis verdadero conocimiento de lo que es mi amor por vosotros, o de lo que significáis para Mí, porque os habéis formado un concepto muy pobre respecto de vuestro Padre.

Yo os escucho en silencio, no necesito que tengáis que mover vuestros labios. No soy el pecador que está escuchando a otro pecador.

Lo que me confesáis, sólo Yo lo sé. Mas este confidente que tenéis en Mí nunca publicará vuestras faltas, ni mucho menos os delatará. Vosotros no debéis mirar a Dios a un Juez terrible, sino al Padre de amor perfecto.

La Ley del Padre es de amor, de bondad, es un bálsamo que da consuelo y fortaleza al pecador, para que pueda soportar la restitución de sus faltas. Que siempre da oportunidad generosa al que delinque, de regenerarse, mientras vuestras leyes por el contrario, humillan y castigan al que se ha equivocado y muchas veces al inocente, al débil. En vuestra justicia hay dureza, venganza y falta de piedad.

La Ley de Dios es de dulce persuasión, de infinita justicia y de suprema, rectitud.

Vosotros mismos sois vuestros jueces, en cambio Yo soy vuestro defensor incansable; pero es necesario que sepáis que existen dos maneras de pagar vuestros agravios: una con el amor y otra penosamente con el dolor.

Yo soy el divino Juez, que no aplica jamás una sentencia mayor a la falta cometida. Cuántos de los que se acusan delante de Mí, los encuentro limpios. En cambio, cuántos pregonan limpidez y los encuentro perversos y culpables. A ellos vengo a detener en su veloz carrera, inspirándoles el verdadero arrepentimiento. En verdad, en verdad os digo, que hay más amor en los pecadores arrepentidos, que en aquellos que se han tenido siempre por buenos.

El verdadero arrepentimiento

No queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. (2ª de Pedro 3:9)

Cuando un hombre llega a creer que sus faltas no tienen perdón, se aparta de Dios. ¡Ah, si supiera que un instante de sincero arrepentimiento puede salvarle conduciéndole a su restitución que por muy lejos que crea estar de mi Divinidad, un solo paso le separa y ese paso es el de su verdadero arrepentimiento!

Seréis el hijo pródigo que retorna arrepentido a la casa paterna, y os recibiré con amor para haceros recuperar vuestra heredad.

Yo consuelo al que se arrepiente sinceramente, perdono sus faltas y le ayudo a restituir el mal causado. Sabed que el que no se arrepiente no llega a Mí, porque sólo del verdadero arrepentimiento puede surgir la regeneración, la enmienda y la purificación. Mas, ¿cómo podéis arrepentiros verdaderamente, si no conocías la magnitud de vuestras faltas? He tenido que venir a los hombres para hacerles comprender lo que significa ante la Divina Justicia, vivir en la degeneración moral, ser presa de los vicios en sus diversas formas, arrebatar la vida a un semejante, destruir la fe, engañar a un espíritu, traicionar un corazón, profanar la inocencia, causar una deshonra, despojar a un hermano de lo que es suyo, mentir, humillar y tantas imperfecciones que pasan inadvertidas a vosotros, porque os habéis familiarizado con todo ello.

Debéis de comprender la magnitud de vuestras faltas, y la trascendencia de vuestros errores que antes os parecía que carecían de importancia.

Si entre la falta cometida y sus naturales consecuencias, se interpone un arrepentimiento sincero, el dolor no os llegará, porque entonces ya seréis fuertes para soportar con resignación la prueba.

Quiero escuchar de vosotros una frase de arrepentimiento, vuestra sincera confesión, para consolaros y aconsejaros como Padre y ser vuestro mejor amigo. Pero apartad de vuestro corazón la creencia de que podéis dejar para el último momento vuestro arrepentimiento, confiando en la misericordia de Dios y pensad que lo único que vuestro espíritu recogerá en aquel momento de justicia, será lo que a lo largo de su existencia en la Tierra haya sembrado.

No olvidéis que si he venido a deciros que ninguno de vosotros se perderá, también os he dicho que toda deuda deberá quedar saldada, y toda falta borrada del Libro de la Vida. A vosotros toca elegir el camino para llegar a Mí.

Ciertamente, Dios es amor y no existe falta por grave que sea que no perdone, pero debéis saber precisamente que de ese amor divino procede una justicia que es inexorable. No olvidéis que el amor del Padre os perdona, pero que la mancha a pesar del perdón, queda impresa en vuestro espíritu y que vosotros tendréis que lavarla con méritos, correspondiendo así al amor que os perdonó.

Es el hombre el que dicta con sus obras su sentencia, terribles sentencias algunas veces, y es vuestro Señor el que os da su ayuda, para que encontréis la forma en que podáis soportar vuestra expiación.

En verdad os digo, que si queréis evitaros una restitución demasiado dolorosa, arrepentíos en tiempo oportuno y con una regeneración sincera, tened una vida limpia y sana, libre de todo materialismo y vicios.

Elevad una oración inspirada en el amor a Dios, en vuestro propio dolor o en el arrepentimiento por las faltas cometidas, también en acción de gracias por los bienes recibidos, eso acercará vuestro espíritu a Dios, vuestro Padre Creador. Una hermosa oportunidad de restituir y saldar vuestras deudas os ha ofrecido mi justicia; no desaprovechéis ni uno solo de los días de vida que os he confiado.

Yo vengo a servirme del pecador, pero no del obstinado, sino del pecador arrepentido y cuando os habéis arrepentido ¿qué habéis recibido? Paz, tranquilidad espiritual, sosiego en vuestro espíritu, gracias y virtudes de vuestro Dios.

La lucha contra los vicios

La carne en su debilidad es caprichosa y sensual; ama lo bajo y por lo tanto hay que gobernarla con amor. ¿Quién podría cumplir mejor esa misión sino el espíritu dotado de fuerza, luz, inteligencia y voluntad? Para que el adelanto y la evolución del espíritu alcanzara a tener méritos ante Dios y ante sí mismo le fue concedido el libre albedrío o sea la libre voluntad para elegir el camino del bien o del mal, ascendiendo o descendiendo por sí mismo.

¿Cuándo venceréis en esta lucha interior? La fortaleza sólo la podréis encontrar en vosotros mismos.

Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. (Mateo 26:41)

De un lado están la buena voluntad, la razón, la justicia y la caridad; del otro lado se alzan las insanas pasiones humanas; pero será la luz la que triunfará sobre las tinieblas. Si Yo supiera que no habría de ser así, no os permitiría que os empeñaseis en una lucha inútil y estéril para vuestro espíritu.

¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? (Santiago 4:1)

Voluntad para vencer el mal es lo que necesitáis, y esa fortaleza para vuestro espíritu viene a dárosla mi palabra. La batalla más grande y noble, en la que quiero veros vencedores, es la que vais a sostener en contra de vosotros mismos, para llegar a dominar vuestras pasiones y tantos vicios que han enfermado a vuestro espíritu, mente y cuerpo. Es una lucha de potencia a potencia.

Al hablaros de lucha, Yo me refiero a la que debéis desarrollar para vencer vuestras debilidades y pasiones. Esa lucha es las única que permito a los hombres para que dominen su egoísmo y su materialidad, a fin de que el espíritu tome su verdadero sitio iluminado por la conciencia. Esa batalla interior sí la autorizo, mas no aquella que hacen los hombres con el deseo de engrandecerse, cegados por la ambición y la maldad.

Yo he dejado que así acontezca por razón del libre albedrío que os he dado, porque detrás de toda la perversidad, de todas las tinieblas y de la ofuscación de los hombres, hay una luz divina: la conciencia que no se pierde y no se perderá jamás, porque la conciencia es mi propia voz. Por eso os invito a que os apartéis de tantas tentaciones y vicios que acechan vuestro paso en este tiempo. Orad por el mundo, donde tantas mujeres se pierden, muchos santuarios se profanan y donde tantas lámparas se apagan a temprana edad.

¿Cuál sería el mérito de los hijos de Dios, si no lucharan? ¿Qué haríais si vivieseis llenos de felicidad, como lo deseáis en el mundo? ¿Rodeados de comodidades y riquezas, podríais esperar el progreso espiritual? Estaríais estancados porque no existe el mérito donde no hay lucha.

¡Con qué satisfacción se yergue el espíritu después de librar una batalla y salir vencedor en ella! ¿Qué satisfacción podrían experimentar aquellos que sin mérito alguno recibiesen algún bien de su Padre? Esos no sabrían estimar lo que recibieron, ni sabrían conservarlo, ya que ningún esfuerzo o sacrificio les costó obtenerlo; pero el que ha conquistado la salud y la paz, después de grande lucha, no se expone a perderla, la cuida y vela por ella. El que a base de renunciaciones y sacrificios recupera la salud no vuelve a ponerla en peligro, porque sabe cuánto le costó lograrla.

Yo, con sólo quererlo ya seréis limpios, ¿pero qué mérito tendría que Yo fuera quien os purificara? ¡Que cada quien restituya sus faltas a mi Ley, eso sí tiene mérito, porque entonces sabréis evitar en lo futuro las caídas y errores, porque el dolor os lo recordará!

Dejad que la conciencia haga su voluntad por sobre lo que piense vuestra mente y espíritu, ya que es ella la que verdaderamente se da cuenta de la misión que sobre el espíritu pesa. Mirad que si en lugar de seguir los dictados de la conciencia, os inclináis a obedecer los impulsos de la carne, pronto retornaréis al camino de la lucha estéril, al mundo de las frivolidades y de la vanidad, en donde vuestro espíritu se sentirá vacío y triste.

Armonía de espíritu, mente y cuerpo.

Venid a Mí y sanad de vuestros males, haced que vuestra fe y regeneración, obre el milagro de devolveros la salud y de alcanzar vuestra salvación. El milagro no está en Mí, sino en vosotros, mas no olvidéis que ya no es mi túnica la que habréis de tocar para recibir el prodigio, sino que debéis llegar ante mi Espíritu por medio de vuestra regeneración, fe y elevación espiritual.

Esta elevación la alcanzaréis cuando la materia y el espíritu vivan en armonía y caminen unidos por el sendero de la evolución espiritual. Buscad siempre que exista armonía entre lo espiritual y lo material, o sea que aprendáis a dar a Dios lo que es de Dios y al mundo lo que a él corresponde.

Muchos seres se preguntan: ¿Es menester desconocer al cuerpo y al mundo, para lograr que nuestro espíritu se liberte? A lo cual Yo les respondo: el mérito no consiste en desconocer a la materia, sino en encontrar la armonía entre el espíritu y el cuerpo que le sirve de envoltura. Mas, ¿cómo alcanzar esa armonía si antes el espíritu no se deja conducir por la conciencia?

De la falta de armonía en el hombre, es de donde han surgido esas grandes tempestades, de las cuales, la mayoría de las veces ha salido derrotado el espíritu. Mas cuando la materia, doblegada al fin por la persuasión y la confianza de que el espíritu se encamine hacia su gran final, tome mansamente la misión que le corresponde y ya no prive a su espíritu de lo que a él le pertenece, habrá logrado la armonía y la paz entre el espíritu, la mente y el cuerpo.

Esa paz y esa alegría, se deben al triunfo del espíritu sobre la materia, triunfo logrado a costa de una inmensa lucha, de una cruenta batalla interior; ahí, en esa renunciación de lo nocivo, veréis morir algo que habita en vuestro interior, sin que sea él vuestra vida; sino tan sólo una insana pasión.

La naturaleza material, parece ser la más opuesta a la naturaleza espiritual; sin embargo, cuando en vosotros lleguen a armonizar ambas, llegaréis a ver que vuestra naturaleza material es como un espejo limpio que refleja en toda su belleza lo espiritual y aun lo divino.

Cuando en el ser humano haya perfecta armonía entre las tres naturalezas de que está formado, habrá semejanza con la armonía que existe en Dios, porque en él existirá una sola voluntad, la de alcanzar la cumbre de su perfección espiritual.

Yo soy la luz de éste y de todos los mundos, quiero que os vistáis con esa luz. Mi palabra es bálsamo de curación; sanaos con ella escuchándola, y sobre todo, poniéndola en práctica. ¿Por qué si lleváis a Dios en vosotros, estáis enfermos, sufrís y lloráis? Examinaos a vosotros mismos y corregid cuanto haya que corregir, limpiad todo cuanto haya que limpiar. Yo os dije: “Limpiad el vaso por dentro y por fuera”, o sea que vuestro ser interior armonice en voluntad e inspiración con vuestra parte material o humana.

Doblegad la materia con amor, usad la energía si es necesario, pero cuidad de que no os ciegue el fanatismo, para que no obréis con crueldad en ella. Haced de vuestro ser una sola voluntad.

Yo modelo vuestra vida interior, aquella que escondéis a los hombres, pero que ante Mí no la podéis ocultar. Vosotros modelad vuestro exterior de tal manera, que su faz sea un reflejo fiel de vuestro espíritu; entonces existirán en vuestros actos sinceridad y verdad.

¡Cuántos han encontrado su salud en este camino, porque a tiempo supieron descubrir el origen de sus males y pusieron toda su fe y su voluntad en luchar hasta vencer! ¡Cuántos también se han alejado tristes, confusos o decepcionados, sin haber conseguido lo que deseaban porque nunca se interesaron por descubrir la causa de sus sufrimientos y tuvieron que alejarse sin haber alcanzado el bien que buscaban! Esos son los que viven sin luz espiritual, los que ignoran la causa de sus sufrimientos y el valor que tiene la salud o la paz.

Por eso os digo: Vivid una sana espiritualidad ya que esta no consiste en apartarse de lo que pertenece a la vida material, sino en armonizar con toda la creación, y con vosotros mismos.

El mal está en el hombre y en la mujer, ¡la solución también!

Por causa del libre albedrío habéis caído en faltas. También os digo que por ese don podéis corregir a tiempo vuestros errores.

Os he otorgado el don del libre albedrío y os he dotado de conciencia. El primero para que os desarrolléis libremente dentro de mis leyes y la segunda, para que sepáis distinguir el bien del mal, para que ella como juez perfecto os diga cuándo cumplís o faltáis a mi Ley.

Encontráis contradictorio con el amor del Creador vuestro peregrinar por esta vida llena de amarguras y vicisitudes, en la cual imitáis a los niños cuando están descontentos o enfermos. Vivís en un continuo llorar por vuestros sufrimientos, mas éstos son el resultado natural de vuestras desobediencias y faltas a la Ley, y del mal uso que habéis hecho de la libertad que mi amor os ha dado.

¿Qué os ha dejado vuestro libre albedrío, cuando lo habéis empleado para perseguir y buscar los placeres materiales? Sólo dolor y desengaños.

Si el hombre o la mujer no detienen a tiempo sus insanas inclinaciones caerán en un abismo y en una fatiga total, en ese caos de odios, de placeres, de ambiciones no satisfechas, de pecado, de adulterio, de profanación a las leyes espirituales y humanas, encontrarán una muerte pasajera para su espíritu y corazón; pero de esa muerte, Yo haré que se levante a la vida verdadera. Yo haré que tengan su resurrección y en esa nueva vida, luchen por el renacimiento de grandes y nobles ideales, por el resurgimiento de todos los principios y de todas las virtudes, que son atributos y patrimonio del espíritu.

Aquellos que del fango, de la escoria o del egoísmo, se levanten a una vida de regeneración de su espíritu y de su cuerpo, los mostraré como un ejemplo de que mi Doctrina tiene luz y gracia para regenerar a los pecadores.

Dejad que el mundo vea que practicáis las buenas obras, mas no con el fin de recibir homenajes, sino tan sólo con el de dar buenos ejemplos y enseñanzas y dar testimonio de mi verdad.

¡Cuántos ejemplos dignos de ser imitados, podéis recoger de vuestros hermanos de otros tiempos! Su obra es como un libro abierto. Y vosotros, ¿no queréis dejar escrito vuestro ejemplo? Yo tomaré vuestras obras que encuentre dignas, para presentarlas a vuestros descendientes. No recogeréis, hoy que vivís en materia, gloria ni veneración. Sed humildes y dejad que otros valoricen vuestras obras.

Escribid vosotros también vuestra historia, la cual quiero que sea imborrable por los buenos ejemplos que dejéis a las generaciones venideras.

Presentad delante de vuestros hijos buenos ejemplos que les sirvan de ayuda en su camino para continuar su ascensión hacia Mí. No porque los miréis en la infancia de la materia les concedáis poca importancia.

Trabajad para que tengáis paz, luchad intensamente en este tiempo para que dejéis un ejemplo de trabajo, de obediencia y de fe.

Hombres y mujeres: huid de los vicios para que vuestra sangre sea semilla fértil y los frutos del mañana sean agradables. Desde ahora moralizad vuestra vida, reconstruid vuestros hogares y unificad vuestra familia.

Haced cuanto esté de vuestra parte, que Yo no os pediré más de lo que podáis hacer.

Cuán distinta es mi justicia de como la concebís vosotros, cuando creíais que vendría mi cetro a exterminaros por desobedientes a mi Ley. He llamado a los que más se han manchado para confiarles hermosas misiones y nobles cargos que les dignifiquen ante los demás y los salven de sus errores.

¡Si formaseis propósitos de verdadera enmienda, cuánto bien os haríais y cómo recobraríais la salud y la paz perdida!

Del mal uso del libre albedrío, han provenido todos los errores, caídas y pecados de la humanidad; pero son errores pasajeros ante la justicia y la eternidad del Creador, porque luego se impondrá la conciencia sobre las flaquezas de la materia y sobre la debilidad del espíritu. Con ello vendrá el triunfo de la luz, que es sabiduría, sobre las tinieblas, que son ignorancia; será el triunfo del bien, que es amor, justicia y armonía, sobre el mal, que es egoísmo, libertinaje, injusticia.

Así como el hombre, con su regeneración puede crearse un mundo de paz espiritual, semejante a la paz de mi Reino, también con su perversidad puede rodearse de una existencia que sea como un infierno de vicios, de maldades y remordimientos.

Quiero que cada uno comprenda mi palabra y se arrepienta de sus errores; que seáis los pecadores arrepentidos ante mi presencia, que vengáis en silencio. Yo no publicaré vuestras faltas ni os delataré, sino que os aconsejaré como el mas fiel de vuestros amigos. No toméis más los frutos prohibidos, ni lo que no os pertenece, no hagáis obras que os deshonren en la vida. Sed el varón o la mujer que viva con toda honradez y rectitud, como Yo os he enseñado.

Si una debilidad os hizo pecar, arrepentíos ahora de vuestra falta. Dejad que mi caridad os limpie, mas quiero que vuestro arrepentimiento sea de limpio corazón.

Yo os ayudo, os consuelo y os dirijo, mas a vosotros toca hacer el resto. También os oculto el libro de vuestro pasado, pues si contemplarais sus páginas, lloraríais de pena y enfermaríais de tristeza. En muchos, sería tan grande su horror y su amargura, que se considerarían indignos de perdón y redención.

Ahí, en esas tinieblas, también brilla mi amor, impidiéndoos una agonía terrible y sin fin. Mas si conocieseis las páginas futuras del libro de vuestra vida, ¡cómo sonreiríais de dicha!

Reclamo divino

No sólo os reclamaré por lo que los hombres hayan hecho de las vidas ajenas; también les reclamaré de lo que hayan hecho de su propia vida y de su cuerpo. Muchas veces abreviáis vuestra existencia envejeciendo prematuramente, consumidos muchas veces por causas de los vicios e insanas pasiones.

Los hombres y mujeres aman a su cuerpo, halagan sus vanidades y consienten sus debilidades; aman las riquezas de la tierra, a las cuales les sacrifican su paz y su futuro espiritual. Rinden culto a la carne, llegando a veces a la degeneración y hasta a la muerte por ir tras de los placeres insanos.

Os enseñé a dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César, mas para los hombres de hoy sólo existe el César y a su Señor nada tiene que ofrecerle. Y si al menos le dieseis al mundo lo justo, vuestras penas serían menores; pero el César que habéis puesto delante de vuestras acciones, os ha dictado leyes absurdas, os ha convertido en esclavos y os quita la vida sin daros nada en compensación.

Cuando a través de vuestra conciencia descubráis el origen de vuestras aflicciones y pongáis todos los medios para combatirlo, sentiréis en plenitud la divina fuerza, ayudándoos a vencer en la batalla y a conquistar vuestra libertad espiritual.

No temáis llegar al valle espiritual pensando en todo lo que habéis pecado, si dejáis que el dolor os lave, que el arrepentimiento brote del corazón. Si lucháis por reparar vuestras faltas llegaréis dignos y limpios ante mi presencia y nadie, ni vuestra conciencia, se atreverá a mencionar vuestras pasadas imperfecciones.

Sé lo fuerte que es el mundo y sus tentaciones, por eso vuestros propósitos deben ser más fuertes aún, para que en medio de la lucha y de las pruebas vuestra voluntad no debilite.

Veo que venís a confiarme una pena para que os libre de ella, y en verdad voy a concedéroslo, mas esto será cuando comprendáis que el mal no hay que curarlo superficialmente, sino en su origen; que además de orar y de pedir es menester la enmienda, la reflexión, la regeneración y la armonía de vuestro ser.

Orad para que recibáis mi luz y por medio de ella lleguéis a descubrir las causas o el origen de vuestras pruebas y vicisitudes. Pedid para que en vuestra humildad os sintáis fortalecidos, pero antes poned toda vuestra voluntad en evitar todo cuanto os pudiese perjudicar, en el espíritu como a vuestro cuerpo.

A quienes han mancillado el honor de la mujer

A vosotros varones que habéis mancillado el honor de las mujeres, haciéndolas caer en vuestras redes insanas, buscando en ellas las fibras sensibles y débiles, os pregunto: ¿por qué hoy despreciáis a las mismas que ayer indujisteis a la perdición?

¿Por qué decís que amáis, cuando no es amor lo que sentís? ¿Por qué procuráis que caigan otras y nada os detiene? Pensad, ¿qué sentiría vuestro corazón si lo que hacéis con esas flores deshojadas lo hiciesen con vuestra madre, con vuestra hermana o con la mujer amada y por lo tanto, respetada? ¿Habéis pensado alguna vez en las heridas que causasteis a los padres de aquéllas a quienes cultivaban con tanto amor?

¡A la mujer se le ama con el amor que eleva, no con la pasión que envilece!

¿Cuántas serán vuestras víctimas? ¿Cuál será vuestro final? En verdad os digo, que tenéis muchas víctimas sacrificadas en el torbellino de vuestras pasiones.

No sólo asesinan los que quitan la vida del cuerpo, también los que destrozan el corazón con el engaño. Los que matan los sentimientos del corazón, la fe, el ideal, son asesinos del espíritu. Y cuántos de estos van libres, sin presidio y sin cadenas.

Ved cuantos hogares destruidos, cuántas mujeres en el vicio y cuantos niños sin padre. ¿Cómo podrán existir en esos corazones, la ternura y el amor? ¿No juzgáis que quien ha dado muerte a la felicidad de esos seres y ha destruido lo que es sagrado, es un criminal?

La redención es para todos. ¿Por qué no ha de redimirse hasta el más pecador? Por eso os digo, varones: trabajad Conmigo para salvar a las que habéis llevado a la perdición. Toda mujer fue niña, toda mujer fue virgen, por lo tanto debéis llegar a su corazón por el camino de la sensibilidad.

Vuestra alegría será grande cuando miréis que la virtud retorna a aquéllas que la habían perdido. Y esos espejos que fueron limpios y que hoy se encuentran empañados, debéis hacer que reflejen nuevamente la claridad y la belleza de su espíritu.

La lucha espiritual

LA LUCHA ESPIRITUAL

He venido a manifestarme espiritualmente, para explicar a la humanidad el origen del bien y del mal y la forma de luchar en la gran batalla del Tercer Tiempo.

Vengo a poneros alerta y hago sensible a vuestro espíritu, para que aprendáis a recibir todo lo benéfico que a vosotros llegue y a rechazar y combatir lo nocivo, hasta que alcancéis el pleno desarrollo espiritual.

El hombre tiene como dones espirituales el libre albedrío y la conciencia. Todos están dotados de virtudes y pueden hacer uso de ellas, pero a la vez que la materia se desarrolla, se desenvuelven las pasiones, las malas inclinaciones, y éstas luchan contra las virtudes. Yo así lo he permitido, porque sin lucha no hay méritos y así lo necesita el hombre para ascender en el camino espiritual. ¿Cuál sería el mérito de los hijos de Dios, si no lucharan por superarse? ¿Qué harían si viviesen en un mundo pleno de felicidad, rodeados de comodidades y riquezas? ¿Podrían lograr adelanto y progreso espiritual? No, porque estarían estancados y entregados al ocio y donde no hay lucha, no hay méritos.

Escuchad: Existen fuerzas invisibles a la mirada humana e imperceptibles a la ciencia del hombre, que influyen constantemente en vuestra vida. Las hay buenas y malas, unas os dan la salud y otras os provocan enfermedades, las hay luminosas y también oscuras. ¿De dónde surgen esas fuerzas? Del espíritu, discípulos, de la mente y los sentimientos.

Todo espíritu encarnado o desencarnado, al pensar, emana vibraciones; todo sentimiento ejerce una influencia. Podéis estar seguros de que el mundo está poblado de esas vibraciones.

Ahora podréis comprender que donde se piensa y se vive en el bien, tienen que existir fuerzas e influencias saludables, y que donde no se respetan las leyes y normas que señalan la justicia y el amor, habrán de manifestarse las fuerzas malignas. Unas y otras invaden el espacio y luchan entre sí e influyen en la sensibilidad de los hombres y si éstos saben distinguir, toman las buenas inspiraciones y rechazan las malas influencias. Pero si son débiles y no están preparados en la práctica del bien, no podrán hacer frente a esas vibraciones y estarán en peligro de convenirse en esclavos del mal y de vivir bajo su dominio.

Yo que conozco vuestro principio, di a los hombres desde los primeros tiempos armas para luchar contra las fuerzas del mal; pero las despreciaron, prefirieron la lucha del mal contra el mal en la que nadie triunfa, porque todos resultan vencidos.

Escrito está que el mal no prevalecerá: al final de los tiempos será el bien el que triunfe.

Si me preguntáis cuáles fueron las armas con las que doté a la humanidad para luchar contra las fuerzas o influencias del mal, os diré que son la oración, la perseverancia en la Ley, la fe en mi Palabra, el amor de los unos a los otros. Con esas armas destruiréis las malas influencias y las transformaréis en vibraciones de luz.

Los caminos del hombre se encuentran llenos de peligros y tentaciones, es por eso que a pesar de que los espíritus brotaron de Mí, llenos de luz y con armas y medios para defenderse y vencer las adversidades, caen abatidos bajo las fuerzas del imperio del mundo y de la materia.

Mi Doctrina es un rayo de luz que toca el corazón y llega hasta lo más sensible del hombre. Necesitáis voluntad de vencer el mal y mi Palabra viene a daros la fuerza necesaria. Quiero veros vencedores en la batalla más grande y noble, la que vais a sostener en contra de vuestros defectos, de vuestras pasiones, del egoísmo y la maldad en todas sus formas. En vuestro interior y de potencia a potencia, libraréis esa lucha.

No sólo en vuestro mundo encontraréis la guerra del bien contra el mal, también en el Valle Espiritual se desarrollan grandes batallas y su influencia se traduce en ofuscación y perversidad.

Así como en el aire contaminado llega a vosotros el germen de una enfermedad, invisiblemente y en silencio llegan las malas influencias espirituales, perturbando la mente y haciendo flaquear al espíritu.

Llenad el espacio de pensamientos puros y cada uno de ellos, será como una espada que irá luchando para destruir las tinieblas que amenazan invadir el mundo. La fe que pongáis en la fuerza de la oración os ayudará a salir victoriosos.

Esa gran batalla está a vuestras puertas, aprestad todas vuestras armas. En esa lucha todos tendréis vuestra parte: gobernantes, ministros, hombres de ciencia, grandes y pequeños, todos.

Cristo, el príncipe guerrero, ha levantado ya su espada; es menester que ella, como una hoz, arranque el mal de raíz y con sus destellos haga la luz en el Universo. ¡Ay del mundo y de vosotros si vuestro labio calla! Sois simiente espiritual de Jacob y a él le prometí que en vosotros serian salvas y benditas todas las naciones de la Tierra. Quiero uniros en una sola familia, para que seáis fuertes y llevéis esta semilla por todos los caminos.

En este tiempo el cincel de mi Amor esculpirá las rocas más endurecidas; los que más se alejaron, los que más se perdieron, serán los más ardientes en amarme y seguirme.

La guerra de que os hablo, será distinta a todas las que ha sufrido la humanidad: guerra de ideas, de filosofías y doctrinas, de creencias y religiones.

Será la lucha de la luz de la verdad contra todo lo falso, impuro e imperfecto. Habrá rivalidad de ideologías y serán puestas a prueba la fe y las creencias de los hombres. Aquéllos que hayan levantado su obra sobre arena movediza, la verán caer y será el tiempo en que los fuertes deberán sostener a los débiles.

La ola del materialismo se levantará y convertirá en mar embravecido de penalidades, desesperación y angustia. En ese mar de pasiones y de injusticia de los hombres, sólo una barca flotará: la de mi Ley. ¡Dichosos los que se encuentren fuertes cuando ese tiempo llegue! Pero, ¡ay, de los que duerman! ¡Ay de los que han fincado su fe sobre cimientos de fanatismo, porque serán fácil presa de esas olas tempestuosas!

¿No presentís la batalla, oh, humanidad? Mi Luz está en todos, mas sólo la ven los que oran, los que se preparan. Mi espíritu os está hablando por inspiración, por intuición y a través de sueños, mas ¿por qué sois sordos a todo llamado espiritual? ¿Por qué sois indiferentes a toda señal Divina?

Esa lucha de ideas, ese encuentro entre credos e ideologías, es indispensable para que salgan a la superficie todas las lacras y errores que se han acumulado en el fondo de cada culto e institución. Después de esa tempestad, vendrá una depuración moral y espiritual en los hombres; verán surgir la verdad, la conocerán, la sentirán dentro de sí y ya no podrán volver a alimentarse de apariencias y falsedades.

En esa gran batalla, sólo la justicia y la verdad prevalecerán, muchas iglesias desaparecerán, algunas quedarán en pie. En unas resplandecerá la verdad, otras presentarán sólo impostura. Mas la hoz de mi Justicia seguirá cortando todo árbol que no produzca buenos frutos. Toda simiente que exista en la Tierra, será seleccionada. Será una lucha más terrible que las que han originado las ambiciones del poder terrenal. La paz huirá de los corazones, las mentes se ofuscarán por el fanatismo, y las voces de la conciencia y la razón tratarán de ser acalladas.

Los hombres verán caer de su pedestal a los ídolos, a los falsos dioses y a los grandes templos que han sido orgullo y vanidad de las religiones.

Vosotros estaréis preparados para trabajar por la salvación de la humanidad, con verdadero amor, que se manifestará en pensamientos, palabras y obras. Ante el torbellino desatado no huiréis, ni buscaréis las catacumbas para ocultaros, antes bien, permaneceréis serenos en medio del huracán. Sed fuertes. Cuando esa batalla pase y las heces amargas hayan sido bebidas, el cáliz vacío será llenado con el vino de la vida y habrá un renacimiento en todos los espíritus. En esa contienda de doctrinas e ideas, surgirá mi Enseñanza, como aparece la luz del faro en una noche de tormenta.

Nuevamente os digo que la guerra entre los hombres no ha terminado, porque vendrá la lucha de credos y religiones de que os he hablado, en la que cada quien dirá ser el único poseedor de la verdad. ¿Cuánto tiempo durará esa contienda? No lo podéis saber, pero de cierto os digo, que será el suficiente para que hasta la última de mis criaturas despierte y se dé cuenta del tiempo en que vive.

Una sola puerta quedará abierta para la salvación de los hombres: la de la espiritualidad. El que quiera salvarse tendrá que abandonar su orgullo, su falsa grandeza, su egoísmo, sus bajas pasiones.

Es menester que todo vuelva a su primitiva verdad, que todo lo que ha salido de su cauce, a él retorne y que todo lo que se haya manchado se purifique. Entonces veréis estremecerse las instituciones humanas y a los elementos de la naturaleza agitarse y poner a prueba la fe de la humanidad. Sólo la oración podrá daros la fuerza necesaria para sosteneros en esa lucha contra el mal.

Después, surgirán hombres con grandes inspiraciones y ésas serán las señales precursoras del establecimiento de la Doctrina Espiritual en la Tierra.

Mi Ley será el arca de salvación en ese tiempo. Cuando las aguas del diluvio de maldades, de dolores y miserias se hayan desatado, hombres de otras naciones llegarán a esté país atraídos por su espiritualidad, su hospitalidad y paz, y cuando hayan conocido esta revelación y tengan fe en mi nueva venida como Espíritu Santo, les nombraré también Israelitas por el espíritu. Entre esas multitudes estarán mis emisarios, a quienes haré retornar a sus pueblos para llevar a sus hermanos el mensaje de mi Palabra.

El buen soldado no debe huir de la batalla, no debe amedrentarse por los rumores de guerra. En esa contienda Universal que se aproxima, seréis luchadores infatigables, vuestra causa será la justicia y vuestras armas el amor, la buena voluntad y la caridad. Hace tiempo ya, sin daros plena cuenta de ello, estáis luchando contra el mal.

La maldad os rodea, mas llegará el tiempo que os he anunciado en el cual la tentación será atada, para que sea sólo mi Luz la que os guíe. Esa tempestad pasará y nuevamente veréis en el firmamento la señal del Pacto con los hombres: mi Luz Divina en plenitud, que se manifestará en todos los espíritus. La voz del Espíritu Santo dirá a todos sus hijos: Yo soy la paz, vengo a establecer con vosotros un nuevo Pacto de Alianza con mi Espíritu. En ese tiempo quedaréis rescatados de las cadenas de la ignorancia.

Un nuevo tiempo de paz y bienandanza ofreceré a la nueva humanidad formada por seres regenerados, despojados de materialismo; en ella vendrán a reencarnar los espíritus que han sido preparados por Mí, para volver a los caminos del mundo a sembrar la virtud y la verdad en cumplimiento a mi Ley.

En esa lucha, no estaréis solos. Vuestro Dios lucha antes que vosotros y siempre. Al ser retenidas las fuerzas del mal, la humanidad será libre, rehará su vida y la fe reinará para siempre en su corazón.

Estoy fortaleciendo a vuestro espíritu para esa lucha, porque grande será la batalla. Yo os digo que cuando se desate la persecución en contra vuestra, surgirán nuevos apóstoles llenos de fe y valor. Ellos serán los que proclamen que en verdad he estado entre vosotros en este tiempo y serán precursores y profetas en sus pueblos. De entre ellos surgirán los que escriban mis Inspiraciones, los que analicen mi Doctrina y los que contemplen visiones espirituales que les revelen el futuro.

Todos se sorprenderán cuando en medio del torbellino escuchen una voz serena y firme: la de mis discípulos, cumpliendo su misión de fraternidad espiritual.

El hombre de este tiempo está librando ya en su interior la batalla espiritual más grande que ha tenido la humanidad, porque su desarrollo científico y mental están en pugna con la evolución que su espíritu ha logrado. Se niega a oír la voz de la conciencia y trata de ahogar sus impulsos de liberación espiritual.

Mi Reino se acerca, pero quiero reinar sobre vivos y no sobre muertos. Quiero ser amado, comprendido y obedecido.

Juan, mi discípulo, recibió muchas inspiraciones para vosotros que son luz para el espíritu y respuestas a interrogaciones sobre acontecimientos del pasado y del futuro. En su revelación vio la lucha espiritual de este tiempo, cuyas guerras fratricidas sólo son un reflejo de la gran lucha que se está librando en el espacio espiritual, donde vuestros ojos materiales no penetran, y también en la mente y en el corazón humanos. Son los avisos de que se acerca un nuevo tiempo: la apertura del Séptimo Sello y el triunfo de la justicia. El mal no prevalecerá, porque será abatido por el bien.

Así os estoy preparando para los tiempos difíciles en los que debéis orar por los necesitados. Si los veis que lloran, llorad con ellos, porque son vuestros hermanos; que vuestras lágrimas de amor sean bálsamo y consuelo. Si los miráis preocupados, no participéis de su intranquilidad, porque vosotros sois los hijos de la paz. Dejad caer esa paz que es fruto del amor, como un rocío de gracia en todos ellos.

Quiero que este pueblo, doctrinado en forma espiritual por Mí, penetre sereno, consciente, celoso y humilde en ese tiempo, y que su presencia sea un rayo de luz entre la humanidad.

¡Mi paz sea con vosotros!

La lucha espiritual del hombre

La_lucha_espiritual del hombre

En nuestro espíritu está la potestad para salir avante en las pruebas. No habrá mérito verdadero en nuestro espíritu sin haber vencido sus propias tentaciones, así como las debilidades de su carne.

Cuanto más hemos anhelado acercarnos a lo espiritual, más tentados y probados somos. Es la lucha de nuestro espíritu que refleja la verdadera semejanza con su Dios y la de nuestra carne, criatura hecha del polvo de este mundo. Nuestro espíritu siempre buscará lo verdadero, lo que lo eleva a la Luz divina; la carne buscará lo del mundo, porque a él pertenece.

En esta lucha, existen los méritos que nos son necesarios para llegar al Cielo verdadero del espíritu. No se puede dar un paso hacia la perfección espiritual sin haber vencido lo del mundo. Leer Más