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Reclamo divino

Reclamo Divino

Os habéis acostumbrado tanto a vuestra forma de vivir, que el mal existente manifestado en diversas formas, os resulta tan familiar, que ya no os detenéis a reflexionar sobre las causas que lo originan. Ya no bendecís el día en que vivís, ni apreciáis la vida que os rodea.

¡El mundo se agita en medio de una tempestad, ha perdido su rumbo, y se encuentra cansado de palabras, doctrinas y filosofías! El mundo de lo que se encuentra hambriento hasta la angustia y sediento hasta la muerte, es de verdadero amor, pero es muy frágil su lucha, por lograrlo, y se ha conformado con vivir, buscando lo necesario para el sustento de su cuerpo, olvidando en el fondo de su ser a su espíritu.

La humanidad vive siempre preocupada por los bienes de la Tierra; contemplo a la mayoría que se conforma con un poco de tranquilidad en el corazón, un techo seguro, un poco de salud corporal, el calor de los suyos y un puñado de monedas.

El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto. También esto es vanidad. (Eclesiastés 5:10)

Meditáis la forma de disimular vuestros continuos fracasos; y ponéis ante vuestro rostro una máscara sonriente para fingir que sois felices y hacéis alarde de fuerza y de valor para ocultar el miedo que tenéis ante el abismo que habéis abierto bajo vuestros pies.

Veo muchas lágrimas y escucho sollozos. Contemplo vuestro sufrimiento y las cadenas de pobreza y privaciones que tenéis. El desengaño que aflige a vuestro corazón, es porque os habéis convencido que en el mundo no existe justicia ni caridad.

Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. (Apocalipsis 21:4)

¡Pobres pueblos de la Tierra, esclavizados los unos, humillados los otros y despojados los demás por sus mismos conductores y representantes!

Ya vuestro corazón no ama a quienes os rigen en la Tierra, porque vuestra confianza ha sido defraudada; ya no confiáis en la justicia de vuestros jueces, ya no creéis en promesas, en palabras ni en sonrisas. Habéis visto que la hipocresía se ha apoderado de los corazones y que ha establecido en la Tierra su reinado de mentiras, falsedades y engaños.

La justicia engrandece a la nación; mas el pecado es afrenta de las naciones (Proverbios 14:34)

¡Pobres pueblos!, que llevan sobre sus hombros el trabajo como un fardo insoportable. Ese trabajo que ya no es aquella bendita ley por medio de la cual el hombre obtiene cuanto le es necesario para subsistir, sino que se ha convertido en una lucha desesperada y angustiosa para poder vivir. Y ¿qué obtienen los hombres a cambio de dejar su fuerza y su vida? Un remedo de pan, un cáliz de amargura.

En verdad os digo que este no es el sustento que Yo deposité en la Tierra para vuestro deleite y conservación, ése es el pan de la discordia, de las vanidades, de los sentimientos inhumanos, en fin, es la prueba de la escasa o nula elevación espiritual de quienes os conducen por la vida humana.

Veo que os arrebatáis el pan los unos a los otros; que los ambiciosos no pueden ver que los demás posean algo, porque lo quisieran para sí; que los fuertes se apoderan del pan de los débiles y éstos se concretan a ver comer y gozar a los poderosos.

 Inclina mi corazón a tus testimonios, y no a la avaricia. (Salmos 119:36)

¿En dónde está la diferencia entre la humanidad de ahora y la humanidad de aquellos días? ¿Cuál es el adelanto moral de esta humanidad? ¿Cuál es el desarrollo de sus más nobles sentimientos?

En verdad os digo que en la época en que el hombre vivió en cuevas también se arrebataban de la boca el alimento los unos a los otros; y los más fuertes se llevaban la mayor parte; también el trabajo de los débiles fue en provecho de los que se imponían por la fuerza, y se mataban hombres con hombres, tribus con tribus y pueblos con pueblos.

Hace dos mil años, ¿quién de los humanos se imaginaba al mundo actual que habéis hecho con la fuerza de vuestra inteligencia? Las grandes naciones se levantan llenas de orgullo pregonando su poderío, amenazando al mundo con sus armas, haciendo alarde de inteligencia y de ciencia, sin darse cuenta de lo frágil que es el mundo falso que han creado, pues bastará un débil toque de mi justicia para que ese mundo artificioso desaparezca.

Hoy escucho a los hombres hablar de ley, de justicia, de paz, de igualdad y de fraternidad; mas en verdad os digo, que en donde no exista amor verdadero, no podrá haber verdad, ni justicia y mucho menos paz.

¡Cuánto dolor contemplo en vuestro mundo! La niñez ya conoce la amargura y pronto endurece su corazón, las doncellas se marchitan en plena juventud, los vicios toman fuerza entre los hombres, se atenta contra la vida, las religiones se desconocen y se desgarran entre sí, la discordia y el materialismo ha invadido lo más íntimo de la vida de los hombres. El pecado se ha multiplicado, ofuscando la mente y el corazón.

Vengan pronto tus misericordias a encontrarnos, porque estamos muy abatidos. Ayúdanos, oh Dios de nuestra salvación, por la gloria de tu nombre; y líbranos, y perdona nuestros pecados por amor de tu nombre. (Salmos 79:8-9)

¡Millones de enfermos pueblan la Tierra! Niños que andan abandonados a sus propias fuerzas, multitudes de ancianos incomprendidos, viudas y mujeres desamparadas que ignoran las delicias del calor de un verdadero hogar, seres recluidos en el olvido. Y la guerra, como un tétrico cortejo, que va dejando el luto en cada pueblo.

No encuentro verdadero arrepentimiento, porque hay tanta afinidad con el mal, que ya os parece lo más natural en vuestra vida. ¿Mas cómo podríais arrepentiros verdaderamente, si no habéis comprendido la magnitud de vuestras faltas? He tenido que venir a los hombres, para recordarles lo que significa ante la Divina Justicia, arrebatar la vida a un semejante, destruir la fe, engañar a un espíritu, traicionar un corazón, profanar la inocencia, causar una deshonra, despojar a un hermano de lo que es suyo, mentir, humillar y tantas imperfecciones que pasan inadvertidas a vosotros, porque os habéis familiarizado con todo ello.

Yo os pregunto, humanidad, ¿no os habéis cansado de vivir en esta forma? Porque veo que permanecéis indiferentes ante la marcha de vuestro mundo.

Para muchos hombres, Jesús es el personaje de una hermosa y antigua leyenda; cuyos ejemplos no pueden imitarse y ser llevados a la práctica en estos tiempos de materialismo; a lo que Yo os digo, que la palabra y las obras de Jesús no han pasado ni pasarán jamás, porque no pertenecen a una época ni a una nación, ya que la esencia de su Obra en el mundo es el amor y la humildad, y sus enseñanzas, las que necesita la humanidad para su adelanto espiritual.

A través de Jesús os enseñé a dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César, mas para los hombres de hoy, sólo existe el César y a su Señor nada tienen que ofrecerle. Si al menos diéseis al mundo lo justo, vuestras penas en él serían menores, pero el César os ha dictado leyes absurdas, os ha convertido en sus esclavos y os quita la vida sin daros nada en compensación.

Ved cuán distinta es mi Ley, que no esclaviza al cuerpo ni al espíritu, sólo os convence con amor y os guía con dulzura; todo os lo da a cambio de nada, todo os lo premia y lo compensa a lo largo del camino.

El corazón de los hombres se ha convertido en una inmensa tumba donde están enterradas las virtudes que mi Doctrina les ha enseñado. Existe podredumbre y soledad, como en un cadáver dentro de su sepulcro; pero mí voz ha venido a despertar en su tumba a ese muerto a la verdad, al amor, a la luz. Mi voz, resonando en su espíritu, le está diciendo: no durmáis, éste es el tercer día, en el que debéis resucitar, el Tercer Tiempo destinado al espíritu para su restitución y elevación, con lo cual dejará toda deuda saldada y concluida su misión sobre la Tierra.

Las familias no viven en armonía. Muchos matrimonios se separan, los hermanos aún llevando la misma sangre, se pelean, las madres lloran porque su consejo no es oído por los hijos; la ciudad desolada me presenta el vacío de su vida. La esposa me muestra su corazón incomprendido por su compañero.

En este tiempo, el mundo se desconoce: hermano con hermano se da muerte; las mujeres olvidan su pudor y dignidad; los padres desconocen a sus hijos y los hijos a sus padres; el valor de una vida no es suficientemente estimado. Los hombres siguen distintos ideales y no hay unificación en ellos. Los gobernantes de las naciones no se comprenden.

¿Comprendéis el tiempo en que vivís? Meditad en todo esto, y no juzguéis, para que no tenga que repetiros mis palabras de aquel tiempo: «El que se encuentre libre de pecado, que arroje la primera piedra”. No quiero que os sintáis lastimados con esta verdad, Yo sé que a veces soy brisa de primavera que acaricia y a veces vendaval de otoño que azota.

En algunos contemplo la dureza de la roca y la frialdad del mármol, mas de esos corazones haré brotar agua y ternura, porque Yo sí creo en la humanidad aunque ella me olvide. Pero a pesar de todo, no permitiré que esta humanidad, a quien tanto amo, vaya más allá en su materialismo y en sus errores.

Cuando el dolor de muchos hombres, es grande y su jornada penosa, ha sido mi voluntad acercarme a vosotros para ayudaros a encontrar vuestra heredad, ya que esta ola de materialismo ha creado entre la humanidad una necesidad espiritual tan grande, como es comer, beber y dormir; y hace que surja del fondo de su corazón, esta pregunta: ¿Cuándo viviremos en la moral? ¿Cuándo habrá respeto mutuo entre padres e hijos y esposos? ¿Cuándo habrá inocencia en los niños, pureza en las doncellas, rectitud en los varones, dignidad en los ancianos, justicia en los jueces, amor en los gobernantes y respeto a la Creación? En una palabra: ¿Cuándo habrá amor y comprensión de unos a otros?

Yo os digo: Cuando el orden de vuestra vida cambie y aprendáis a mirar fuera de vosotros mismos, cuando desaparezcan el egoísmo, la soberbia, el orgullo y la vanidad. Cuando seáis útiles a los demás, cuando desaparezca la maldad, y la mentira ya no sea tomada como verdad, cuando reconozcáis que no debéis de disponer de la vida de un semejante, ni de vuestra propia vida. Cuando comprendáis que no sólo son asesinos los que quitan la vida del cuerpo, sino aquellos que matan la fe, roban la honra y matan los sentimientos; cuando os perdonéis los unos a los otros. Cuando entendáis que el que no es causante de la guerra, es responsable de la paz, cuando oréis sin distinción de razas o credos. Si así lo hiciereis, Yo haré que este mundo se levante limpio de su lepra, también haré surgir vida de la muerte; lograré que del odio broten frutos de reconciliación y que de la locura surja la razón.

Sólo la Espiritualidad salvará de su caos a esta humanidad, no esperéis otra solución. ¡Oh pueblos y naciones de la Tierra! ¡Podréis hacer tratados de paz, pero mientras esa paz no tenga por base la luz de la conciencia, seréis necios, porque estaréis edificando sobre arena! Cuando los hombres de paz y buena voluntad abunden en la Tierra, veréis florecer mi doctrina y mis leyes endulzarán vuestra vida. Los tiempos de paz, concordia y bienestar, volverán sin despreciar vuestra civilización y vuestra ciencia. Os dejo esta lección, para que a través de ella miréis hacia el pasado buscando vuestro principio, examinéis vuestro presente y después miréis hacia el futuro que os espera, pleno de sabiduría, de trabajo, de lucha y de compensaciones divinas.

La Justicia

LA JUSTICIA

Estáis viviendo el fin de los tiempos: Era de juicio, de restitución y restauración, en la que recogeréis la cosecha de las siembras pasadas, la consecuencia de vuestras obras.

Antes que Juez, soy Padre amoroso. Yo perdono vuestras faltas a mi Ley y cubro con mi Manto la desnudez del espíritu. Ya sabéis que mi Justicia es inexorable, pero tenéis en Mí al Padre más tierno, paciente y comprensivo; a un Juez que os llama a solas sin delataros, que habla al corazón y os da una nueva oportunidad para reparar las faltas cometidas y concluir vuestra obra.

Hoy llegan ante Mí los enfermos, los vencidos, los pobres de espíritu, y mientras unos bendicen mi Voluntad, otros se rebelan y atribuyen sus sufrimientos a un castigo divino, porque no saben valorizar mi Justicia perfecta.

 ¡Qué distinta sería vuestra vida si en vez de inconformidad e incomprensión, reconocieseis los beneficios que el Padre os brinda! Yo a todos amo y a nadie castigo: es mi Amor el que encauza y perfecciona al espíritu. Si no corregís vuestros errores, la conciencia será quien juzgue si sois dignos de recibir mi perdón. Mi Justicia será al fin comprendida en este tiempo.

Cierto es que debéis saldar ante Mí toda deuda pendiente, mas el tributo o la ofrenda que me deis, será en beneficio vuestro. Si me ofrecéis pureza o me presentáis obras meritorias, ésas serán las galas que enaltezcan a vuestro espíritu; si os arrepentís y reparáis vuestras faltas, la paz será vuestro galardón.

Si permito que apuréis el mismo cáliz de amargura que disteis a beber a vuestro hermano, es porque sólo así comprendéis el mal que habéis causado; mas podéis evitarlo con arrepentimiento y buenas obras, devolviendo una honra o una vida, el pan o la alegría, que alguna vez hubieseis hurtado.

Todavía la cizaña se multiplicará un poco, la mala yerba crecerá y cundirá en la Tierra. Pero pronto vendrá la siega y entre la mala yerba estará el trigo, que será conservado en mis graneros para volverlo a sembrar, cuando la tierra sea propicia, mientras la cizaña será atada en gavillas y arrojada al fuego.

Se acerca la hora en que el juicio en plenitud se haga sentir en todo el mundo. Cada obra, palabra y pensamiento serán juzgados. Desde los grandes de la Tierra que gobiernan los pueblos hasta los más pequeños, serán pesados en la balanza Divina. Todo lo que habéis profanado con vuestras faltas, tenéis que restaurarlo.

Mi Presencia y poder se harán sentir cual nunca los había manifestado. Después del caos, todo volverá a su cauce. Los hombres vendrán a buscarme y descubrirán que mi Palabra se adapta a todas las edades y culturas, porque es sabiduría eterna. El momento de reconciliación será también de Divino perdón para los hijos pródigos que regresan a la casa paterna. Yo no puedo daros sentencia mayor al peso de vuestras faltas, por lo cual nada debéis temer de Mí sino de vosotros. Todo el dolor que sufre la humanidad es obra suya; el espíritu va a despertar ante el resultado de su cosecha: él será su propio juez.

En la hora del juicio muchos me dirán: Señor, perdóname, tenía sobre mis ojos una venda de oscuridad. Yo les perdonaré y haré saber que en esta Era nadie ignora mi Ley y mi Doctrina. Todo el que toma el camino equivocado y se olvida de la luz que lleva en su conciencia, no imagina el juicio a que se hace merecedor.

Pero no confundáis justicia con venganza, ni restitución con castigo: mi Juicio es un acto de amor que os lleva a la luz, a la paz y a la felicidad. Yo sólo permito que recojáis los frutos de vuestra siembra y reconozcáis por su sabor si son buenos o nocivos, si sembrasteis bien o mal.

Todas las instituciones han sido profanadas por los hombres, mas ha llegado la hora en que sus obras sean juzgadas. Ese juicio es a Mí a quien corresponde hacerlo, a vosotros toca velar y cumplir mis Preceptos de amor y perdón.

Tenéis gobernantes en cuyo corazón no se alberga la rectitud ni la magnanimidad, porque van tras el ideal mezquino del poder y la riqueza. Hombres que se dicen representantes míos y no conocen el amor a sus semejantes y jueces que confunden la justicia con la venganza y utilizan la ley con fines perversos.

Los hombres del poder han olvidado que existe un dueño de todas las vidas y ellos las toman como si les perteneciesen; las multitudes claman pan y justicia y no son escuchadas.

A los que hoy llevan a sus pueblos al abismo, que siembran y propagan los vicios y han creado un reinado de injusticia, les daré por restitución combatir la maldad, destruir la perversidad y cortar de raíz el árbol del mal. Dentro de ese juicio estaréis muchos de vosotros que me escucháis, que perseguisteis a Elías, desconocisteis a Moisés, sacrificasteis a Jesús y disteis muerte a los profetas y apóstoles.

Encuentro enriquecido al que hurta y sorprende la buena fe de los demás; al tirano, ensalzado y rodeado de adulaciones; al que se ha manchado con la sangre de su hermano, absuelto, y a los que son víctimas de la crueldad humana, humillados y desconocidos. Yo permito a los que sembraron de espinos el camino de la vida, que vengan ahora a recogerlos. Estáis en el tiempo de la mayor purificación para el espíritu. Mi juicio ha sido abierto y si sus consecuencias son penosas para vosotros, no olvidéis que antes que Juez soy Padre que os amo y que la ternura de María, vuestra intercesora, os envuelve con su manto Divino.

¿Quién ha comprendido verdaderamente el origen y significado del dolor? El hombre no encuentra en la ciencia ni en las religiones respuestas satisfactorias a sus preguntas y ha tratado de buscar por sí mismo la verdad. Mucho tendrá que aprender todavía en este mundo. ¿Cuándo entenderéis que el dolor existe a causa de vuestro pecado y que es el hombre el que se sentencia y castiga? Ya llegaréis a comprender que la injusticia no existe en vuestro destino y entonces exclamaréis: Yo he sido injusto conmigo.

Hoy vengo a deciros: Aprovechad el sufrimiento, que es para vuestro espíritu una bendición. La vida es el maestro que modela y el dolor el cincel que perfecciona. Mas debo deciros que no sólo el dolor purifica. ¡Cuántos seres existen en mi Reino a quienes ha purificado el amor, sin haber experimentado el sufrimiento!

Aprended a bendecir vuestro dolor lo mismo que a vuestras alegrías. Dejad que vuestro espíritu esté conforme con su restitución. No olvidéis que por uno que sufra bendiciéndome, muchos alcanzarán clemencia. Bendecid con el espíritu, con el pensamiento y el corazón y vuestra influencia llegará a vuestros hermanos, aunque estén muy distantes.

En verdad os digo que os he dado más de lo que habéis merecido, porque soy vuestro Padre que os ama y perdona siempre. Buscad mi Amor y mi Sabiduría, antes que mi Justicia.

¿Teméis al dolor? Desechad el pecado, y el dolor nada podrá contra vosotros. Tendréis otras pruebas, pero ya no será el sufrimiento sólo por vosotros, sino comenzaréis a padecer por amor a los demás. ¡Cuántos han encontrado la salud en este camino, porque descubrieron a tiempo la raíz de sus males!

Alegraos de que vuestros sufrimientos sean temporales y desaparezcan pronto. El tiempo de expiación y purificación es pasajero para quien toma las pruebas con fortaleza y elevación. Estoy probando a vuestro espíritu en distintas formas. En esta tarea me sirvo de todo y de todos, lo mismo tomo como instrumento a un justo que a un malvado, todos sois mis siervos.

Ya lo sabéis: la hoja del árbol no su mueve sin mi Voluntad; lo mismo estoy en las grandes como en las pequeñas obras de la Creación.

Cuando sintáis que el dolor penetra en vuestro corazón, conversad con vuestro espíritu, examinad la pena y encontrad de dónde proviene; escuchad la voz de la conciencia y de esa meditación extraeréis un tesoro de luz y de paz. Ese conocimiento os servirá de experiencia y lección. Entonces comprenderéis el porqué de muchas pruebas.

Llevad vuestro dolor con paciencia, no desperdiciéis sus enseñanzas: él os purifica y borra vuestras manchas.

Meditad, sabed luchar, sufrir y esperar: amad siempre. Sed hombres de fe y buena voluntad y seréis grandes espíritus.

Todos llegaréis a Mí, unos primero, otros después, según sea el camino que cada quien haya elegido.

El ejemplo del Maestro en el Segundo Tiempo, transformó la vida de los hombres; su muerte y resurrección les abrió los ojos a la luz de la verdad. El culto a la Divinidad dio un gran paso hacia la perfección, porque mi Amor hizo que ellos tuvieran un nuevo concepto de la Justicia Divina. Como si un nuevo Dios hubiese aparecido delante de aquel pueblo, sus palabras y obras hicieron ver al mundo toda la verdad de mi Doctrina.

Ahora he venido en espíritu a deciros que ninguno se perderá, pero también os recuerdo que toda falta deberá ser borrada del Libro de la Vida. Si habéis caído en desobediencia, debéis levantaros por vuestro propio esfuerzo.

El mundo cristiano tomó como símbolo la cruz, porque Jesús, en aquel madero, consumó su obra de redención. Desde entonces la cruz simboliza el amor y el perdón Divinos y ha sido estandarte en la lucha de ideas entre la humanidad.

El hombre en su vida lleva una cruz a cuestas. Mi Palabra os enseña a soportarla con amor, a hacerla ligera y aun considerarla necesaria. Quien ama su cruz, ama su destino, porque sabe que ella lo sostiene, lo eleva y lo conduce a Mí.

El que es inconforme con el peso de su misión, no podrá tener tranquilidad en su corazón, mas los que llevan la cruz con paciencia no deben dejarla a la medianía del camino, porque sentirán que les hace falta.

Si en aquel tiempo vine a humanizarme para redimiros, ahora serán vuestros méritos los que os eleven a Mí.

Sois un pueblo que conoce el dolor y que tiene la misión de vencerlo, llevando su cruz con abnegación. Quiero que mi Paz se manifieste a través de vuestro espíritu, de vuestra mirada, de vuestra sonrisa. Estoy con vosotros para fortaleceros y protegeros contra el sufrimiento; cuando os sintáis iluminados y preparados, quiero veros consolando a los que sufren.

Todos tenéis una herida en el corazón. Sé de la fatiga de los que han luchado en la Tierra y cuya existencia es como una pesada carga. Sé del vacío de los que han quedado solos en el mundo: a todos vengo a dar compañía, tranquilidad y bálsamo en sus penas.

Cada corazón es una prueba viviente de mi Justicia y Sabiduría. A veces en un miserable se oculta el espíritu del que en otro tiempo llevó cetro y corona; en un presidiario, el que privó de libertad a un pueblo.

Toda vuestra existencia es una lección infinita de amor y justicia.

Si a los reyes les he quitado el cetro, es porque los quiero humildes: si reclamo los actos de los gobernantes, es porque deseo que siembren el amor, la paz y la rectitud en el corazón de los pueblos.

Os amo y os quiero perfectos. Todas las obras pasadas y aparentemente olvidadas por Mí, serán valorizadas, pero antes que juzgaros con rigor, os doy un tiempo propicio para vuestra elevación.

Vuestro deber es reparar hasta la última falta. Nadie, ni vuestro Padre Celestial, ni vuestros hermanos en la Tierra o en el Valle Espiritual, harán lo que sólo a vosotros os corresponde.

No toméis nunca como castigos las pruebas de vuestra vida, soportadlas con amor sabiendo que son lecciones y experiencias que ilustran y fortalecen al espíritu. Si mi Justicia se manifiesta en mayor grado cada día, es porque vuestra falta de armonía con la Ley es más grande también.

La fe y la humildad harán menos penosa vuestra jornada, pero si en las pruebas surgiere la rebeldía e incredulidad, el dolor se presentar á una y otra vez, hasta que aprendáis la lección. Yo sembré de bendiciones esta morada: la práctica de mis Leyes de Amor y Justicia, solamente os brinda paz y bienandanza.

El Espíritu Divino es Amor, en Él no cabe la ira. ¡Cuántas imperfecciones me habéis atribuido por falta de estudio! Si los profetas os hablaron de la “ira santa del Señor”, ahora os digo que aquella expresión debéis interpretarla como Justicia Divina. La ira es sólo una flaqueza humana.

Vengo a hablaros como Maestro, no como juez; en lugar de juicio quiero derramar consuelo y enseñanza entre vosotros.

Me presento como defensor y vengo a libraros de vuestro fardo de errores, a convenceros de que toméis el buen sendero, para que alcancéis la verdadera libertad del espíritu. No os confundáis sí un mismo Dios os juzga, ama y perdona; no os extrañe que del corazón del Padre surja el juicio más severo y, a la vez, la más dulce intercesión por sus hijos.

No debéis temer al juicio de la humanidad, sino al de vuestro Dios. Si vosotros cumplieseis con mi Ley, los jueces del mundo no serían necesarios, ni existiría el castigo injusto ni habría tribunales. Cada uno sabría encauzar sus propios actos y todos seríais guiados por Mí.

He aquí al Juez perfecto entre vosotros, manifestando su omnipotencia y sabiduría. Os estoy juzgando ciertamente, pero mi Amor y Mi perdón se manifiestan en cada uno de vosotros. Debéis reconocer que antes que todo soy Padre y he venido a salvaros.

Habéis llegado a comprender que el culto que debéis rendirme no consiste en sacrificar a la materia, sino en ofrecerme obras meritorias del espíritu. Vuestro espíritu ha sido dotado de fuerza y las pruebas que os envío no son mayores a la potestad y energía que poseéis. Tened paciencia en vuestra vida, no desesperéis en vuestras penas, porque no sabéis qué deudas de pasadas existencias estáis saldando ahora.

Éste es el tiempo que marca el final de la maldad y el principio del bien. ¿Quién de vosotros no desea la verdadera paz en el mundo? ¿Quién no anhela el reinado del amor y la virtud en el corazón de los hombres? Yo aliento en vosotros la esperanza de un cambio en vuestra vida. Cuando la humanidad esté preparada, mi Voz amorosa vibrará en toda conciencia y los hombres palparán mi Poder, mi Justicia y mi Sabiduría.

Mi juicio es Universal. Las obras de todas las criaturas son pesadas en este tiempo en mi Balanza. Al fin estáis presenciando el día del Señor.

Temíais su llegada, porque creíais que en el espíritu de Dios existía la ira y la venganza. Si el mundo solloza, no es que su Padre le haya dado ese fruto amargo, él sólo va recogiendo la cosecha de sus obras.

Mi Palabra revelada en este tiempo, hará que los hombres comprendan el verdadero sentido de la justicia y que en el futuro las leyes humanas estén basadas en mí Doctrina.

Cuando os detengáis para escuchar el juicio de vuestra conciencia, de cierto os digo que estaréis ante mi Presencia. Ese momento de quietud, de serenidad y luz, no llega al mismo tiempo a todos; unos penetran pronto en aquel examen de sí mismos, otros, tardarán en hacerlo.

No os avergüence llorar delante de Mí, varones, que las lágrimas no sólo son del niño o de la mujer. Bienaventurados los que lloran, porque mi mano enjugará su llanto y mi Palabra consolará su corazón. Ya sabéis que el arrepentimiento sincero lava las manchas, corrige vuestros errores y os da paz.

Estáis ya bajo mi Juicio. Debéis permanecer fuertes, porque la tempestad se ha desencadenado y las tentaciones os acechan. Dejad a Sodoma y Gomorra, ciudades pecadoras, y no volváis a ellas vuestro rostro: porque si ya os liberasteis, no debéis volver a caer en su seno, no sea que después no tengáis fuerzas para romper las cadenas de la tentación. Id sin deteneros en pos de la ciudad de la paz, que llegará a establecerse en vuestro corazón cuando el tiempo sea llegado.

La batalla final se está librando y es necesario que tengáis armas para combatir y escudo para defenderos. Este juicio no es como el mundo lo había imaginado, pero ya el hombre sabe que se encuentra dentro de él. Todo aquel que haya despertado, dé la voz de alerta y testifique mi Presencia entre la humanidad.

Estoy iluminando a los espíritus que tienen el destino de levantarse a testificar con sus obras mi Manifestación. Cuando ellos se encuentren reunidos en torno a mi Ley, la Tierra y los astros se conmoverán.

Yo soy la fuente del saber y os revelaré grandes misterios, para que cimentéis vuestro futuro en la ciencia del bien, en la justicia y en el amor.

Y cuando lleguéis al Más Allá y os presente el libro donde están anotadas todas vuestras obras, el espíritu se regocijará si la balanza de mi Justicia se inclina con el peso de vuestros méritos. Al final, os fundiréis con mi Espíritu Divino, de quien habéis brotado y al que tenéis que retornar limpios y puros. Mirad cuán dulce es la Palabra de vuestro Juez; en vez de sentencia os brindo mi Perdón.

¡Mi paz sea con vosotros!

¿Qué es la Justicia divina?

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¿Qué es la Justicia inexorable de Dios? El sólo permitir que el espíritu saboree el fruto de sus obras y hechos, dulce o amargamente. Si es necesario que el espíritu saboree penosamente por miles de años el fruto de sus obras y hechos, Él lo permitirá,… sí, por miles de años.
Si en una existencia terrenal un espíritu se aleja de la luz por su propia voluntad y por ello sufre, llora y se lamenta, Dios permitirá que en toda una existencia así sea. Si en una familia hay discordias, malos sentimientos, agravios, vejaciones y esa familia no hace algo por remediar sus males y acercarse a la luz… por más doloroso sea para el Padre, Él permitirá que así suceda, por cuanto tiempo perdure.
El espíritu tiene todo para ser en la luz, no le falta nada, mas que voluntad. Cada uno de nosotros tendría razón de reclamarle al Padre, si algo le faltase a nuestro ser espiritual… pero como nos dio un algo de todo lo que posee Su Divino Espíritu… el reclamo es vano, infundado, injustificado.
Dios nunca se impondrá por la violencia, la muerte, la destrucción; sólo llega el momento en que su Justicia se manifieste… dejar que el espíritu recoja el desprecio que tiene por la vida, el amor, la hermandad entre naciones. Sí, dejará que el espíritu recoja su desprecio a la luz y al bien.
Si su mundo se conmueve hasta sus cimientos; si la Naturaleza se muestra hostil e implacable, aún arrancando existencias… es sólo la manifestación de la Justicia divina, el dejar que el espíritu recoja el fruto de su insensatez y de su soberbia.
Quienes están en este mundo han necesitado el maestro dolor,… rechazaron el maestro amor. Y hoy como antes ese maestro dolor se hace presente una y otra vez, y se seguirá manifestando hasta que el espíritu despierte de su falsa grandeza.
Nuestro Padre nos quiere grandes e incluso nos concederá parte de Su creación para regirla… pero no así, donde en nuestro espíritu todavía existe el caos y la insensatez. Pues el maestro dolor está para hacernos reflexionar, el considerar que no estamos en el camino verdadero. Porque en el camino verdadero se manifiesta el amor, el orden, el bien, el libre albedrío con armonía en todo, hacia las leyes naturales y espirituales.
Ese maestro dolor estará presente, por cuanto tiempo así lo necesite nuestro ser espiritual… porque el dolor traerá al otro maestro, el del amor. Sí, cuando haya Conciencia en los diversos caminos de nuestro existir. Nada nos falta para tener una existencia bienaventurada, sino sólo anhelarlo y obrar porque así sea. En nuestro ser está todo para que esto sea posible y más que ello, un hecho de los unos a los otros.