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¿Existió Moisés y Jesús?

Normalmente todos quienes elegimos el sendero espiritual en el Cristianismo, en algún momento nos ha interesado la historia del pueblo de Israel, el pueblo de Dios. Esa historia está contenida sin lugar a dudas en muchos libros, donde se ha plasmado su origen, sus luchas, sus grandes errores y aciertos, uno de aquellos libros es la Biblia. Leer Más

Cristo y Jesús

¿Quién es Cristo, quién fue Jesús?

No es la primera vez que los hombres luchen por definir una revelación divina o por alcanzar claridad en algo que a su mente se presenta como un misterio. Ya en el Segundo Tiempo, después de mi predicación en el mundo, los hombres deliberaron sobre la personalidad de Jesús, queriendo saber si era o no divino, si era Uno con el Padre o era una persona diferente; juzgaron y escudriñaron en todas formas mi Doctrina.

Ahora volveré a ser objeto de análisis, de discusiones, de luchas y de escrutinio. Se juzgará si al presentarse el Espíritu de Cristo, éste se encontraba independiente del Espíritu del Padre, y habrá otros que digan que es el Espíritu Santo el que ha hablado y no el Padre ni el Hijo.

Si Cristo es el Amor, ¿podéis creer que Él sea independiente de Jehová, si Yo soy el Amor? Si el Espíritu Santo es la Sabiduría, ¿creéis que ese Espíritu sea independiente a Cristo si Yo soy la sabiduría? ¿Pensáis que el Verbo y el Espíritu Santo sean distintos entre sí?

Por el nombre de Cristo conocisteis a quien manifestó el amor de Dios entre los hombres, mas cuando Él vino a la Tierra, antes ya se había manifestado como Padre, por lo tanto no debéis de decir que Cristo nació en el mundo, quien nació fue Jesús, el cuerpo donde se albergó Cristo.

Meditad y concluiréis por comprenderme, aceptando que antes que Jesús, ya era Cristo, por eso cuando Él se manifestó a través de Jesús, os turbasteis y os confundisteis; y aun mirando sus prodigios no le creísteis, porque es infinito su poder para que lo comprenda vuestra limitada razón. Por eso es que unos me niegan, otros se confunden y otros más me estudian y analizan de acuerdo con su manera de pensar y de entender. Pocos, muy pocos son los que algo alcanzan a comprender a Cristo, os digo esto porque encuentro poco amor en los corazones, ya que no os amáis ni entre hermanos. Cristo, al que una multitud rechazó, es el mismo que ahora viene a manifestarse a vosotros, porque fue el cuerpo el que destrozaron los hombres, mas no al Verbo que por Él habló.

Fue Cristo el que vino a vosotros y es Cristo el que os habla, mas no tratéis de separarme de Dios, ni mirarme fuera de Él, porque Yo soy y he sido siempre Uno con el Padre. Por lo tanto os digo que el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo, son un solo Dios.

En el principio era el Verbo, y el Verbo era Dios. (Juan 1:1)

Cristo fue uno con el Padre, porque el Verbo que se hizo hombre para ser oído en el mundo, siempre ha estado en Dios. La verdadera esencia de mi enseñanza la han ocultado los hombres para mostraros un Cristo que ni siquiera es imagen del que vino a daros tantos ejemplos a través de Jesús.

Cristo, el Verbo de Dios, fue el que habló por boca de Jesús, el hombre limpio y puro. Jesús, el hombre, nació, vivió y murió, mas, por lo que toca a Cristo, Él no nació, ni creció en el mundo, ni murió; porque Él es la voz del Amor, el Espíritu del amor, la palabra divina, la expresión de la sabiduría del Creador, que ha estado siempre en el Padre.

Jesús nació y murió en la pobreza, pureza y perfección y hubierais deseado que permaneciese eternamente en la Tierra, por ello lo habéis querido perpetuar en imágenes fabricadas por la mano del hombre; debéis comprender que desapareció su forma humana para dejar tan sólo la esencia purísima de su palabra y de sus obras, que fueron la expresión perfecta del divino amor.

Hay quienes han atribuido a Jesús las debilidades de todos los hombres, gozando con arrojar sobre el hombre divino y sin mancha, el cieno que llevan en su corazón. ¿No pensáis que el cuerpo de Cristo es la materialización de un pensamiento sublime de amor de vuestro Padre? Entonces Cristo os amó con el Espíritu, no con la carne. Mi verdad nunca podrá ser falseada porque ella contiene una luz y una fuerza absolutas.

¿Por qué Jesús llamándose el hijo de Dios, no había de llamar hermanos a los hombres cuando ellos también son hijos de Dios? ¿Cuándo tendréis la elevación suficiente que os permita dar su justo sentido a lo divino y a lo humano? Comprended que es la única forma de que sepáis dónde están los errores y dónde brilla la verdad.

Dos naturalezas hubo en Jesús, una material, humana, creada por mi voluntad en el seno virginal de la Virgen María, a la que llamé el Hijo del Hombre, y la otra divina, el Espíritu, el cual fue nombrado el Hijo de Dios. En ésta fue el Verbo Divino del Padre, el cual habló en Jesús; la otra fue tan sólo material y visible.

Sólo en cuanto hombre nací y morí, porque en cuanto Dios no tuve principio ni tendré fin. Jesús nació de la pureza del amor del Padre hacia la humanidad, tomando forma humana en el seno de una casta doncella, previamente escogida por el Creador.

En los tiempos pasados, un pueblo fue preparado para recibir en su seno la presencia del Hijo de Dios; el anhelo de que llegara, nacía de su dolor, de su tristeza, por la esclavitud y la humillación en que había caído; y la promesa del Señor a aquel pueblo fue cumplida. Si un hombre justo, limpio y puro le había sido prometido como Salvador, natural era que su cuerpo proviniese de un seno casto; y así fue, pues María, aquella que fue llamada bendita entre las mujeres, fue una flor celestial trasplantada a la Tierra por voluntad de Dios, para que dejara en el corazón manchado y triste de los hombres, el perfume de su ternura maternal, de su divino consuelo.

Fue Jesús humana criatura, pero concebida sin mancha, ni impureza, para servir de instrumento a Dios, encarnado en Él, el Verbo, que es la divina palabra. A la edad de treinta años, cuando se hallaba Jesús en plenitud, el Cristo que habitó en él, manifestó su gloria, su verdad y su amor.

Era el mismo Dios que vino al mundo para dar su Ley y su enseñanza a través de una envoltura. Hoy quisierais saber como fue formado el cuerpo de Jesús, a lo que Yo os digo: Debéis saber que aquel cuerpo fue engendrado y concebido por obra del amor infinito que os tengo.

En verdad os digo, que Jesús nada tuvo que venir a aprender de los hombres, porque entonces no hubiese sido Yo el Maestro Divino, sino el discípulo del hombre. Si alguien os ha dicho que Jesús el Cristo fue instruido por teólogos, teósofos o sabios, no está diciendo la verdad. Las lecciones del Cielo no se vienen a aprender al mundo, y lo que Cristo enseñó, fue la verdad que existe en el reino eterno del espíritu.

Dicen los hombres en sus libros, que Jesús estuvo entre los Esenios buscando su saber, mas quien todo lo sabía y fue antes que los mundos, nada tenía que aprender de los hombres; no podía lo divino aprender de lo humano. Donde quiera que estuve fue para enseñar. ¿Puede haber en la Tierra alguien más sabio que Dios? Cristo vino del Padre a traer a los hombres la sabiduría divina. ¿No os dio prueba de ello vuestro Maestro cuando a los doce años de edad, dejó absortos a los teólogos, a los filósofos y a los doctores de la Ley de aquel tiempo?

¿Qué tenía que aprender de ellos quien en su infancia confundió a los doctores de la ley? Aquel tiempo, del cual los hombres nada saben, fue tan sólo un tiempo de espera.

Y se maravillaban los Judíos, diciendo: ¿Cómo sabe éste letras, sin haber estudiado? (Juan 7:15)

Sólo Yo puedo revelaros lo desconocido. Así puedo deciros que en vano los hombres de ahora tratan de conocer la juventud de Jesús. Escudriñan e imaginan, mas sólo se conoce mi niñez y el tiempo de mi predicación. A vosotros os digo: Jesús, antes de levantarse a anunciar el Reino de los Cielos, nada aprendió de los hombres.

Hoy vengo en Espíritu y no podrá la humanidad llamarme el hijo del carpintero, mas en verdad os digo, que ni en aquel tiempo hubo justicia para llamarme así. Escrito esta que una virgen concebiría y en su seno tomaría carne el Verbo. José el patriarca, fue en la senda de la virgen y del niño, sólo un ángel guardián visible a los ojos de los hombres; en cambio María, fue la encarnación del amor maternal divino y Madre de Jesús, que es la parte humana de Cristo.

Y Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. (Mateo 1:16)

Si Yo hubiese deseado que me adoraseis en la figura de Jesús, os hubiese dejado su cuerpo, para que le rindierais culto, pero si concluida su misión hice desaparecer aquella materia, ¿Por qué los hombres le adoran? Yo os revelé que mi Reino no es material, mas a pesar de ello los hombres aún quieren retenerme en la Tierra, y me presentan las riquezas y el poderío de un reino que es pasajero y limitado. Si el cuerpo de Jesús no brotó de la tierra, ¿por qué había de rendirle tributo como todos los hombres? Él os había dicho: Mi reino no es de este mundo.

Desaparecida de la Tierra aquella forma humana, sólo quedó flotando en las conciencias la esencia divina del Verbo, que habló en Jesús. Eso es lo que debéis de buscar, la esencia, el sentido espiritual de aquel mensaje de vida y amor.

Ved que Yo, siendo el Verbo, no sólo soy palabra sino también obra; prueba de ello os di encarnando en aquel tiempo para vivir con vosotros y daros ejemplo. Fui hombre en verdad, mas aquel cuerpo no tuvo en su formación el más leve pecado ni la más ligera mancha. Fue un verdadero templo, de cuyo interior brotó el Verbo de Dios. Aquel que levantó a los humildes y con una palabra sanó a los enfermos, aquel que bendijo a los niños y se sentó a la mesa de los pobres, es el que ahora viene, es el mismo Verbo. Es la luz de la verdad que visteis aparecer por oriente y cuyo resplandor está iluminando al occidente.

Cristo desapareció como hombre y ha aparecido como Espíritu triunfante, sin materia, todo amor; es la revelación constante de la misericordia divina delante de la humanidad.

Significado de la salvación por la sangre de Jesús el Cristo

He aquí al Cordero que voluntariamente se inmoló, para que su sangre cayera en todos sus hijos, trazando con su huella el camino de la evolución espiritual de la humanidad.

Vengo a deciros cuál es la esencia de aquel sacrificio.

Aquí está de nuevo mi palabra, no la palabra del hombre que no ha sabido explicar aquel mensaje, sino mi palabra que viene a enseñaros la esencia inmortal de mi Doctrina y de mis obras, explicación divina con la que los hombres sabrán el valor espiritual de aquella sangre derramada en el Calvario por amor a la humanidad.

En mi sangre lavaréis todas vuestras manchas porque, ¿qué significa mi sangre? Sino mi amor.

Si el polvo de la tierra bebió aquel líquido que fue vida en el cuerpo del Maestro, fue para que comprendieseis que mi Doctrina habría de fecundar la vida de los hombres con el divino riego de su amor, de su sabiduría y de su justicia.

El mundo, incrédulo y escéptico de las palabras y ejemplos del Maestro, combate mi enseñanza diciendo: ¿Por qué si Jesús derramó su sangre por salvar del pecado a la humanidad, el mundo no se ha salvado? ¿En dónde está el poder de aquella sangre de redención?

Muchos han sido los hombres que han aceptado que todas las lágrimas de este mundo han sido causadas por un pecado de los primeros pobladores y en su torpeza para analizar la parábola, han llegado a decir que Cristo vino a lavar con su sangre toda mancha. Si tal afirmación hubiera sido cierta, ¿por qué a pesar de que aquel sacrificio ya fue consumado, los hombres siguen pecando y también sufriendo?

Mi sangre fue derramada para que reinara la paz y la justicia entre los hombres, mas no he sido bien comprendido; si hubieseis aprovechado esa lección habríais alcanzado mayor grado de evolución y la luz que he derramado en el transcurso de los tiempos, iluminaría plenamente a vuestro espíritu.

Os digo una vez más, que en Mí será salva toda la humanidad. Aquella sangre derramada en el Calvario es vida para todo espíritu, mas no es la sangre en sí, puesto que ella cayó en el polvo de la tierra, sino el amor divino que en ella está representado. Cuando os hable de mi sangre, ya sabéis cuál es y qué significado tiene.

Existen quienes dicen: ¿Qué relación tiene el dolor de Jesús con vuestra salvación? Su dolor no puede darnos la gloria. Y el Espíritu de Verdad os dice: Yo fui entre los hombres a través de Jesús, como esas plantas de olor que perfuman las manos del que les arrancó la vida.

Aquel madero que me disteis y que Yo acepté, fue prueba de mi amor por vosotros y prueba también de que os salvaríais con mi ejemplo. ¿Por qué creéis que, si Yo hubiese sabido que mi sacrificio iba a ser inútil, os lo hubiese ofrecido? ¿No recordáis que os he dicho que en la Obra del Padre no se pierde ni una semilla? Cuando el costado del Maestro fue abierto, quise que en él vieseis la puerta que se abría para que todos moraseis en la eternidad, y el primero en contemplar esa puerta, fue el soldado que hundió su lanza en el cuerpo de Jesús.

He venido a trazaros el camino que ha de conduciros a vuestra salvación, en medio de este mar anchuroso de maldad. Comprended que esa sangre no ha cesado de derramarse ni por un instante sobre vosotros, sobre vuestro ser, para trazar con su huella el camino de vuestra evolución.

Sin embargo, el mundo está pidiendo una vez más mi sangre y voy a dársela, pero no aquélla que vivifica el cuerpo, sino la que le da vida eterna al espíritu. En mi luz enviaré vida y salud a los hombres, ella será como un sol que hará llegar su calor a los fríos corazones de esta humanidad.

En el Segundo Tiempo fue mi sangre, de mi sacrificio, la que se derramó en los corazones para iluminar a los espíritus.

Por eso os digo que me busquéis en todas las formas en que me necesitéis, ya sea como Dios; como Padre, como Juez, como Maestro, como hermano, como amigo, como doctor, lo que quiero es vuestra paz y vuestra salvación, humanidad amada.

El Divino Maestro

EL DIVINO MAESTRO

Venid a Mí. Soy Cristo, el amor eterno, el faro luminoso que desde el principio alumbra todos los senderos.

Los profetas anunciaron la venida del Mesías y mantuvieron encendida la esperanza en los corazones. Cuando fue llegado el tiempo, me mostré al mundo a través de Jesús. ¡No todos los que me escucharon aceptaron que fuese el Verbo Divino, cuya presencia abarca todas las Eras! ¿Cómo iban a reconocer al Salvador en el humilde nazareno, sencillo y amoroso, si ellos lo esperaban arrogante y soberbio?

Ahora sabéis por qué Jesús, aun diciendo que nada podía hacer si no era Voluntad de su Padre, en realidad todo lo podía, porque fue obediente y porque se hizo siervo de la Ley y de los hombres. Él sabía que esa humildad, esa unidad con el Padre, lo hacía todopoderoso ante la humanidad. ¡He ahí la transfiguración que da el amor, la humildad y la sabiduría!

¿Quiénes me reconocieron en aquel tiempo? Los pecadores, a quienes perdoné, los hambrientos y sedientos de justicia, los ansiosos de verdad, de espiritualidad, a quienes manifesté mi Sabiduría y mi Amor. ¿Quiénes no me reconocieron? Los poderosos de la Tierra, los teólogos, los fariseos, y para muchos que no creyeron ni me reconocieron, mi Palabra fue causa de confusión.

Yo os digo en verdad que no sólo descendí para dar vista a los ciegos, limpiar a los leprosos o resucitar a los muertos. Vine en busca del espíritu adormecido de los hombres, para levantarlo a la verdadera vida y entregarle el más preciado tesoro: la verdad.

Cuando Jesús tuvo que enfrentarse a las preguntas y juicios de los incrédulos, dio cátedra de verdadero saber, porque en Él brillaba la luz del Padre y de sus labios brotaba la palabra poderosa que no se aprende en el mundo.

Hoy os habla el Verbo, el mismo que habló en Jesús en aquel tiempo, porque el Verbo es omnipresente; lo mismo se manifestó por boca de profetas y apóstoles, como ahora lo hace por estos portavoces. Y cuando hayáis penetrado en el tiempo de la elevación, lo hará directamente a través de vuestro espíritu.

Jesús hombre, nació, vivió y murió; mas respecto a Cristo, Él no nació en el mundo, ni murió, porque Él es el Espíritu del amor, la Palabra Divina, la Sabiduría y la Vida eterna.

Nuevamente vengo a mostrar mi mansedumbre y mi amor. En aquel tiempo, para daros pruebas de humildad en Jesús, hube de llamarme “el Hijo del Hombre”. Ahora, no es Jesús de Nazaret el que se presenta delante de vosotros, es Cristo, el Maestro en Espíritu, el que se manifiesta con gran majestad.

La noche en que nació Jesús, fueron los corazones de los humildes y sencillos pastores de Belén, los que rebosaban de alegría al saber de la llegada del Salvador. Mientras mi Espíritu se llenaba de gozo por haber venido a morar entre los hombres, los que tenían en sus manos las profecías que hablaban del Mesías, dormían profundamente, insensibles a mi Presencia, ajenos a los acontecimientos de ese tiempo. Ahí empezó mi calvario.

Me limité en aquel cuerpo, viví como hombre, cumplí las Leyes Divinas y humanas y sentí los rigores de esa vida; trabajé para labrar el pan, pero sobre todos esos deberes, entregué al mundo mi Mensaje de amor y sabiduría.

Aquella carne en que viví, fue obra del Espíritu Santo. Este misterio pertenece a mis Íntimos juicios. Yo os digo en verdad que las Obras Divinas no pueden ser juzgadas por la mente humana.

Ya sabéis que el Espíritu Divino es inmortal, mas aquella carne fue limitada, sensible al dolor físico y mortal por naturaleza; por eso elegí ese medio para manifestarme al mundo y ofrecerle mi vida, mi ejemplo y mi sacrificio verdadero, y enseñarle el camino que conduce a la salvación.

Os había sido prometido el Salvador en un hombre justo, limpio y puro, era natural que su cuerpo proviniese de un seno casto. La promesa fue cumplida en María, llamada bendita entre las mujeres, quien dejó en la humanidad su ejemplo y su ternura. Aquel pueblo tuvo conocimiento de que el Mesías había sido concebido por gracia Divina.

Dejad de escudriñar la encarnación de Jesús; ese estudio no os revelará la sutileza de ese cuerpo: perfecto, pero humanizado y sensible.

Si todas las maravillas de la naturaleza, son la materialización de pensamientos Divinos, ¿no pensáis que en aquel cuerpo se plasmó un pensamiento sublime del amor del Padre?

Jesús consagró su infancia y su juventud a la oración y a la caridad, en tanto llegaba la hora de anunciar la proximidad del Reino de los Cielos. Jesús niño dejó asombrados a los doctores de la Ley; Jesús predicador os legó grandes revelaciones para todos los tiempos; Jesús redentor, selló sus palabras con su sangre y su sacrificio.

Buscad la esencia de mi Palabra de aquel tiempo y decidme si ella puede proceder de alguna doctrina o ciencia humana. Yo vine a enseñar lo que no era conocido en la Tierra; si hubiese tomado la sabiduría de los hombres, de aquellos maestros hubiese entresacado a mis discípulos y no de hombres rudos e ignorantes para formar mi apostolado.

Me preguntáis qué puedo deciros de las doctrinas y filosofías de aquellos pueblos y Yo os digo que son inspiraciones del espíritu, pero no mi suprema verdad.

Durante mi predicación, supe estrechar la mano del amigo, me recreé con la gallardía y nobleza del mancebo y con la pureza de corazón de la doncella. Me llené de satisfacción al contemplar la abnegación y el sacrificio de las madres y la fortaleza de los hombres. Os enseñé el amor a Dios y el cumplimiento de su Ley; os dije cómo debíais amar a vuestros padres, a vuestros hermanos y a vuestros hijos; os hablé del amor entre esposos; os mostré el camino limpio del trabajo, del respeto y la caridad de los unos a los otros. Os invité a vivir en perfecta comunión con el Padre y en armonía con la naturaleza. Cuando los pequeñuelos venían a Mí y me abrían su corazón para pedirme alguna gracia, Yo les acariciaba y bendecía. Y cuando mis discípulos trataban de apartarlos, creyendo que con su presencia me faltaban al respeto, hube de decirles: Dejad a los niños que vengan a Mí, porque es menester que tengáis su pureza y sencillez, para que seáis dignos de penetrar al Reino de los Cielos.

¡Ah, si los hombres hiciesen mi Voluntad imitando a Jesús, qué grandes y hermosas serían las manifestaciones de vuestro espíritu, en obras, palabras y pensamientos!

En aquel tiempo fui el Sembrador y aún sigo cultivando mi Simiente. Después vendré por el fruto para deleitarme eternamente y no volveré a decir: “Tengo hambre” o “Tengo sed”, porque al fin seré amado por mis hijos como Yo les amo.

Mi Palabra de ahora no borrará la que os di en aquel tiempo. Pasarán las Eras, mas las palabras de Jesús no pasarán. Hoy vengo a explicaros el contenido espiritual de las enseñanzas que no lograsteis comprender.

A través de Jesús os enseñé a dar a Dios el culto que a Él corresponde y también al mundo un tributo: el cumplimiento de sus leyes. Para los hombres de hoy nada más existen deberes materiales y a su Señor nada tienen que ofrecerle; si al menos dieseis al mundo lo justo, vuestras penas serían menores, pero habéis dictado leyes que os han convertido en esclavos y os debilitan sin daros nada a cambio.

Yo vine a probaros la fuerza del amor, mi Doctrina y ejemplos quedaron impresos en vuestra conciencia; con amor vencí al dolor y a la muerte. Jesús, el Cristo, en su perfección, dominó la materia y por eso realizó los milagros que conocéis. Era el Espíritu el que a través de aquel cuerpo se manifestaba. Evolucionad, para que también dobleguéis a la materia y vuestro espíritu se manifieste a través de ella.

Jesús os enseñó a practicar la caridad y la mansedumbre, a gozar de vuestras sanas alegrías, a perdonar a vuestros enemigos, a respetar a vuestros semejantes, a huir de la mentira y amar la verdad.

Cuando bendije unos cuantos panes y peces y los hice repartir, la escasa provisión alcanzó para todos. Ése fue un milagro de amor, una lección inmortal para la humanidad materializada de todos los tiempos.

Cuántos milagros de amor y cuántos prodigios de fe hizo Jesús entre las multitudes! Hoy os digo que no existe milagro que no tenga una razón lógica y natural. Nada hay sobrenatural ni contradictorio en la creación.

Conoced la Ley, amad el bien, conceded a vuestro espíritu la santa libertad de elevarse espiritualmente y me estaréis amando. ¿Queréis un modelo perfecto de cuanto debéis hacer para llegar a Mí? Imitad a Jesús, amadme en Él, buscadme a través de Él: venid a Mí por su Divina huella, mas no cambiéis por formas o ritos la práctica de sus Enseñanzas, amadme en el Maestro de sabiduría.

Jamás ofrecí a los pobres una moneda porque no la tuve, sin embargo, Yo les brindaba la salud que a ningún precio habían encontrado y les llevaba al camino de la luz, del consuelo y la alegría.

Muchos de los que fueron en busca de Jesús con la esperanza de recibir riquezas del mundo o poderes temporales, se sintieron defraudados al ver que el Rey que los profetas habían anunciado que salvaría a aquel pueblo, no llevaba corona ni cetro y sus manos estaban vacías.

Si queréis meditar sobre mi manifestación en cuanto hombre, recordad mis Enseñanzas, mis Obras, para que reconozcáis la lección de amor que os di al hacerme semejante a vosotros, después, mediante la práctica de las virtudes, os elevaréis para ser semejantes a Mí.

Fue hasta después de mi ascensión, cuando los hombres comenzaron a comprender que el Cristo anunciado por los profetas era el que había hablado en Jesús. Por eso vuelvo a deciros que Cristo no nació en vuestro mundo, porque Él es antes de todos los mundos; quien nació fue Jesús, el hombre, el cuerpo bendito que fue mi instrumento e intérprete, para que la humanidad pudiese verme y escucharme.

Discípulos amados: Hoy es otro lugar del mundo donde me presento, pero sois el mismo pueblo, los mismos espíritus. Ahora no me rodean aquellos discípulos amados, hoy son muchedumbres a las que estoy preparando. A vosotros que sois mis nuevos discípulos, os digo: Lo que veáis que hago con vosotros, hacedlo con vuestros hermanos, nunca os creáis los primeros sino los últimos. Si en aquel tiempo los hombres se maravillaron de la humildad en que nací, en este tiempo también se sorprenderán cuando sepan el medio humilde que elegí para entregaros mi Palabra.

Cristo es el AMOR; ese amor no está ni antes ni después de ninguna otra potencia, está fundido en todas, para formar lo absoluto, lo divino, lo perfecto.

El que os habla, es el mismo Maestro que en el Segundo Tiempo os prometió un reinado de paz, de amor, de ventura y justicia. Soy el mismo Cristo que ha manifestado la verdad a través de los tiempos, porque mis Lecciones son eternas e inmutables. Así como una sola es la verdad, una sola es la esencia Divina que os he dado en las diferentes Eras, así la llaméis Ley, Doctrina o Revelación.

Mi Doctrina os enseña que mientras más se posee, más se está obligado a dar, y que mientras mayor se es, más humilde se debe ser. En este Tiempo el triunfo será de quienes imiten a Jesús en sus obras, porque las armas con que lucharéis, serán las mismas que os mostró en aquel tiempo.

Si os dije: “Yo soy la luz del mundo”, quiero que vosotros seáis también un faro de luz en la vida de vuestros hermanos, que vuestra presencia sea benéfica siempre y vuestra influencia saludable, que vuestros pensamientos sean limpios y vuestros sentimientos sanos. Ya veréis entonces cuán fácil es la vida, qué llevadera la lucha en la Tierra y qué grato servir a vuestros semejantes. Entonces habréis llegado a ser, por méritos, LOS HIJOS DE LA LUZ.

Mientras estéis en el mundo, recordadme en la cruz perdonando, bendiciendo y sanando a mis verdugos, para que en vuestro camino bendigáis a quienes os ofendan y hagáis todo el bien que podáis a quienes os hayan causado mal. Quien obre así, será mi discípulo y sus dolencias serán breves, porque Yo le fortaleceré en las pruebas.

Yo me mostré en aquel tiempo como el Dios de las obras, no sólo de las palabras. Ahora os digo: La sangre del Cordero no sólo trazó el sendero de evolución a los seres de este mundo, sino también a los del valle espiritual. Cumplida la misión de amor de Jesús, su cuerpo fue sepultado para dar término a su misión en cuanto hombre, pero las entrañas de la tierra no podían guardar aquel cuerpo que no les pertenecía; aquellas células que sólo vibraron para amar, se esparcieron en el infinito para caer después como lluvia de vida sobre toda la humanidad.

La Tierra no conserva ninguna huella material de su paso, porque fue mi Voluntad borrar toda señal; quise que el recuerdo de mi Palabra quedase plasmado en la conciencia de mis hijos, que el camino de amor, de luz y sacrificio que os tracé, quedase grabado en el espíritu, en lo más puro de cada hombre.

Os he recordado lecciones de aquel tiempo, para que las unáis a mis nuevas Revelaciones y con ellas iluminéis a la humanidad.

Después de mi partida los hombres me reconocieron, mi semilla germinó y se extendió a otras naciones, mis perseguidores fueron después mis discípulos.

Con cuánta dulzura y amor propagaron mi Doctrina los primeros maestros del Cristianismo. La fuerza de su palabra estuvo en la verdad de sus obras. El testamento que les confié fue para los hombres de todas las razas. De ese pueblo surgieron apóstoles y mártires que hicieron vida ejemplar, que supieron sembrar la semilla de amor que iluminó la vida de la humanidad. Una nueva Era se iniciaba, un camino claro se abría para todos: la senda que conduce a la perfección.

La Doctrina de Jesús conmovió las raíces más profundas del corazón humano, jamás fue tan clara la Ley de Dios, ni tan comprensible para todos. Al hombre le parecía vivir en un mundo antes desconocido, porque viendo no miraban y oyendo no escuchaban. Pero llegué a darles la vista y el oído, la voz, la voluntad y el entendimiento, para que su espíritu se liberara de las ataduras de la carne y pudiera cumplir su alta misión.

Hoy os digo, que si no podéis hacer obras perfectas como las que hice en Jesús, al menos os esforcéis en vuestra vida por acercaros a ellas. A Mí me basta contemplar un poco de buena voluntad para imitarme y algo de amor a vuestros semejantes, para que os ayude y manifieste mi Gracia y mi Poder en ese momento. Cuando entre vosotros empiecen a surgir aquéllos que, impasibles ante la injuria, amen y perdonen al que les ha herido, entonces estaréis en el principio del reinado de Cristo.

Cuando el hombre, cansado de luchar y sufrir, sienta que ya no tiene fuerzas para salvarse a sí mismo, verá maravillado que del fondo de su misma flaqueza, de su desesperación y desengaño, surge una fuerza desconocida que emana del espíritu, el que, al liberarse, se levantará de su mundo de vanidades, egoísmo y mentira, para decir: Ahí está Cristo, Él vive, en vano hemos querido destruirle, vive y viene a salvarnos con su amor.

Casi veinte siglos han transcurrido desde que el mundo dejó de escucharme, sin saber que ni un instante me he apartado de él ni he dejado de hablarle un solo momento.

“Amaos los unos a los otros”, fue el último mandamiento que dejé a mis discípulos de aquel tiempo. En él, reuní todos los preceptos, todas las máximas y proverbios, para que supieseis que el amor es la fuerza que rige la vida.

Ya sabéis que Cristo, el Amor Divino, es el mismo Padre. Jesús fue el hombre perfecto que os trajo mi Mensaje de Sabiduría. Él fue la más alta expresión de la espiritualidad: por eso es llamado EL DIVINO MAESTRO.

¡Mi paz sea con vosotros!

La Divinidad de Jesús

Libro de la Vida Verdadera

La Divinidad de Jesús

Cuando pensáis en los tormentos que padecí en la cruz, os horrorizáis de que la maldad humana hubiera llegado a esos extremos de crueldad y Yo os digo, que ese dolor y el cáliz que entonces bebí, no fue la mayor amargura. 6-170-1

El dolor más grande para Mí fue ver que, estando entre mis hijos, ellos no querían darse cuenta de quién era Yo, el de estar revelándoles la verdad con palabras llenas de luz, y ver que las rechazaban y me negaban, y el de estar derramando mi amor en sus corazones, mientras ellos se burlaban de Mí y de sus labios brotaban blasfemias en contra mía. 6-170-2

El último suspiro que exhalé en la cruz, fue el perdón divino que broto de mi Corazón sobre tanta miseria y muerte, pero mi pasión no terminó al exhalar aquel suspiro; os había dicho que Yo era la Vida y mi Espíritu en la eternidad siguió recibiendo las ingratitudes de todos los hombres. 6-170-3

Discutieron sobre si Yo era o no el Mesías Prometido; analizaron mis obras para ver si eran la confirmación de lo que las profecías habían anunciado y mientras unos llegaban al convencimiento de que Yo era el Prometido, otros, los materialistas, los que sólo rendían culto a la materia, los que habían interpretado las profecías según sus ambiciones humanas y sus conveniencias, ésos siguieron negándome. 6-170-4

¡Cuán ciegos estuvieron aquellos que habiendo escuchado mis palabras de vida y habiendo visto mis obras poderosas, no pudieron llegar a comprender que sólo Dios era capaz de llevarlas a cabo! 6-170-5

Hoy podéis decir que la humanidad ha reconocido a Cristo como el Mesías que el Padre había prometido a la humanidad desde los primeros tiempos. Sin embargo, no cesan los hombres de negarme, de desconocerme y de ofrecerme a cambio de mi amor, la hiel y el vinagre de sus ingratitudes. 6-170-6

Hoy ya no dudan de Jesús, pero muchos discuten y aún niegan mi Divinidad. Unos me atribuyen gran elevación espiritual; otros, afirman que Yo también voy caminando por la senda de la evolución del espíritu, para poder llegar al Padre; mas si así fuese, no hubiera venido a deciros: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. 6-170-7

Conozco vuestras reflexiones, vuestras filosofías. Sé que para vosotros, sólo encarna un espíritu que necesita de esa prueba para lograr su elevación y perfeccionamiento, y esto os impide el creer que el Verbo Divino se hiciera hombre. Sé que no concebís que el Ser Divino pudiera llegar a sentir dolor y por eso la humanidad al ver que Jesús lo experimentó, niega que Él pudiese ser la Divinidad prometida. 6-170-8

¡Ah, mis hijos amados!, si pudieseis llegar a comprender que la encarnación del Verbo sobre la Tierra es la más grande expresión del Amor divino; fue un anhelo de humildad ante vosotros y una lección en mi deseo de limitarme, de hacerme pequeño, para que me sintieseis más vuestro y vosotros más cerca del Padre. 6-170-9

Pero de aquel gran dolor, ¡que poco es lo que sabéis! Sólo pensáis en lo material, en la carne que sufre, en la angustia del espíritu; pero no llegáis a comprender que mientras no exista armonía entre las criaturas humanas y su Padre Celestial, tendrá que existir entre vosotros el dolor, y ¿qué dolor podréis sufrir que no se refleje en vuestro Padre? 6-170-10

No penséis que Yo venga a defenderme de vuestros juicios, ni a pediros que no me despojéis de esa Esencia Divina que me estáis negando. Yo he venido en esta Era para decir al hombre que sea su espíritu el que me juzgue. 6-170-11

Basta ya de que sea vuestra pequeña razón humana la que quiera leer y penetrar en el gran Libro de la Vida, el cual fue escrito por el Espíritu Divino para vuestro espíritu, porque éste será el que alcance la inmortalidad y no la materia. 6-170-12

Santidad es…

santidad es

Santidad, es hablar de la perfección de nuestro espíritu que ha logrado en su largo peregrinaje desde que nació del Seno divino hasta que vuelve a Él.

Santidad es lograr una luz pura en nuestro espíritu sin tener el menor átomo de oscuridad que opaque aquella luz.

Santidad es hacer nuestra la Voluntad divina, aceptarla y llevarla a la práctica estemos encarnados o en espíritu.

Santidad es un principio de humildad, es reconocer que el único Santo a través de todos los tiempos ha sido nuestro Padre, y que nosotros hemos equivocado nuestros senderos al desobedecerle. Leer Más

El amor y el perdón

El amor y el perdon

La certeza de nuestro espíritu es que Cristo es amor y perdón; así lo demostró en Su existencia material, en Jesús. Si las cadenas abrían Su carne, la ternura brotaba de Sus ojos; si la burla hería Su corazón, brotaba Su palabra en forma de caricia; si el clavo hería Su diestra, con Su siniestra bendecía a la humanidad.

Si nuestro Padre nos mostró el ejemplo divino del amor y del perdón, Su hija humanidad así ha de seguirle.

Todos nosotros hemos tenido la necesidad del amor y del perdón; todos han llegado a necesitar también de nuestro amor y de nuestro perdón. Leer Más