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El culto espiritual en las religiones

El culto espiritual, en las diferentes religiones

Esta humanidad, que en algunas fases se ha desarrollado, espiritualmente vive en un profundo letargo; porque no ha logrado escudriñar su interior donde existe el verdadero templo. Ese santuario se encuentra desierto, no arde su lámpara, su altar está sin ofrenda, mas Yo os pregunto: ¿A qué se debe todo esto? Porque ha mucho tiempo que el hombre se alimenta con cultos externos, sustituyendo con ello lo que debería ser completamente espiritual.

¿No creéis que ya es tiempo de que los hombres eleven a su Dios, a su Creador, un culto y un tributo digno del que lo recibe y de quien lo ofrece? Si estudiáis u observáis los diferentes reinos de la naturaleza, hallaréis en ellos un número infinito de ejemplos, lecciones y parábolas dignas de que las imitéis; no quiero deciros que los seres inferiores sean vuestros maestros, pero sí os digo que la naturaleza, la vida entera, es un libro cuyo autor es Dios. Ese libro lo he abierto delante de los hombres para que en él contemplen mi perfección, mi amor y mi justicia, no en palabra sino en obra.

No me ofrezcáis las flores o los frutos de vuestros huertos, porque ellos son mi obra y ningún mérito hacéis con dármelos. No es mi voluntad que hagáis imágenes con vuestras propias manos y después las adoréis. Lo que anhelo que me ofrezcáis, es un santuario que llegue hasta Mí, formado con vuestras obras de amor, oraciones y palabras nacidas de vuestro corazón y entregadas en mi nombre a los espíritus hambrientos de verdad: Este es el culto que os pido.

¡Ah, hijos míos de todas las creencias, no deis muerte a los más nobles sentimientos del espíritu, ni tratéis de conformarlo con prácticas y cultos externos! Mirad: Si una madre, no tiene nada material que ofrecer a su amado y pequeño hijo, lo estrecha contra su corazón, lo bendice con todo su amor, le cubre de ósculos, lo mira dulcemente, lo baña con sus lágrimas, pero jamás trata de engañarlo con actos vacíos de amor.

Mirad la magnificencia de lo que os rodea: Las altas montañas simbolizando altares en perpetuo homenaje al Creador, el astro sol como inmensa lámpara alumbrando la vida de los seres; lo majestuosos del mar, la belleza de las flores, el canto armonioso de las aves, elevando al Padre sus trinos que son como plegarias, y en medio de ese esplendor, vuestro espíritu en éxtasis, ante el concierto de la palabra divina.

Mi doctrina os enseña un culto perfecto, espiritual y puro hacia el Padre, porque el espíritu de la humanidad ha llegado, sin darse cuenta, ante los umbrales del templo del Señor, donde penetrará para sentir mi presencia, para oír mi voz a través de su conciencia y verme en la luz que a su mente desciende. Mas, ¿por qué habéis de ofrecerme las riquezas materiales si de antemano sabéis que todo es mío? Dadme lo que no poseo aún: vuestro amor.

Mi enseñanza ha venido a iluminar vuestro entendimiento y ahora sabéis que la obra, los sentimientos y la limpidez de corazón, son la mejor forma de rendir culto al Padre.

Tampoco quiero que encerréis vuestro culto en recintos materiales, porque aprisionaréis vuestro espíritu y no lo dejaréis abrir sus alas, para conquistar la eternidad. El altar que os dejo para que celebréis en él el culto que Yo espero, es la vida, sin limitación alguna, más allá de todas las religiones, de todas las iglesias y las sectas, porque existe en lo espiritual, en lo eterno, en lo divino.

Habéis penetrado en el tiempo del Espíritu, el de las grandes revelaciones, en el que desaparecerá de todo culto la materialización, la impostura y la imperfección, en que todo hombre, a través de su espíritu, reconocerá a su Dios que es Espíritu, y por ese camino encontrará la forma de la comunicación perfecta.

¿Para qué me sirve, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y de sebo de animales gordos; no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos. ¿Quién demanda esto de vuestras manos, cuando venís a presentaros delante de mí para hollar mis atrios? No me traigáis más vana ofrenda; el incienso me es abominación; luna nueva y día de reposo, el convocar asambleas, no lo puedo sufrir; son iniquidad vuestras fiestas solemnes. Vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas solemnes las tiene aborrecidas mi alma; me son gravosas; cansado estoy de soportarlas. (Isaías 1:11-14)

Las imperfecciones en el culto de los hombres desaparecerán a medida que la espiritualidad penetre en los corazones y que el espíritu, cansado de falsos dioses, busque mi presencia y mi palabra; no me llamarán ya en las riberas de los ríos, ni en las montañas, ni en el valle o el desierto, me buscarán en el fondo de su espíritu, y ahí formarán un templo en donde me amarán.

El verdadero Templo

EL VERDADERO TEMPLO

Vengo a levantar dentro de vosotros, el Templo del Espíritu Santo, ese recinto que será indestructible, porque no habrá vendaval capaz de derribarlo.

Hasta ahora la humanidad no ha construido el verdadero templo para amar a su Señor. Muchos cultos y ritos ha establecido y diferentes religiones ha fundado, pero el templo del espíritu, de cimientos inconmovibles, no lo ha levantado hasta ahora.

Cuando ese santuario sea edificado sobre la piedra inalterable y eterna del amor, de la verdad y la justicia, se desvanecerán todas vuestras diferencias de credos y reinará la paz.

Ese templo será concluido, cuando la armonía entre mis discípulos sea verdadera. Su base estará en la Tierra y sus cúspides tocarán el Cielo. Cuando esté cimentado, lo hallaréis en todo el Universo. Tened confianza en esa obra y trabajad sin deteneros.

Quiero que en vuestro altar interior, arda siempre la llama de la fe y que comprendáis, que con vuestros pensamientos y obras, estáis poniendo los cimientos del gran santuario. Tengo a prueba y en preparación a toda la humanidad dentro de sus diversas ideas, porque a todos les daré parte en la construcción de mi templo.

Dejad que hable así, aunque parezca imposible cuanto os digo. Yo sé lo que ha de ser de este mundo en el futuro, ese mañana que se prolongará hasta la eternidad y que vosotros no podéis concebir.

Comprended ahora por qué mis apóstoles de aquel tiempo no construyeron altares materiales y sí levantaron templos de fe, de virtud y amor, con sus palabras y ejemplos. Cuando posaban sus manos en los enfermos, éstos sanaban, cuando hablaban de la Doctrina de Cristo, elevaban santuarios en el corazón de las multitudes.

Discípulos: Ahí donde habéis penetrado espiritualmente, está el templo del Espíritu Santo. Os habéis preparado con humildad, os reconocéis como hermanos, os amáis en mi Divinidad y habéis alcanzado la gracia de percibir mi Presencia. Allí escucharéis el eco de mi Voz.

¿Podríais decirme cuál es la esencia de cada una de las tres lecciones, sobre las que os he inspirado para la construcción de mi Templo? Si, pueblo, bendito seáis, porque todos interiormente contestáis a mi pregunta y os acercáis a la verdad. Los cimientos del santuario fueron los preceptos de mi Ley en el Primer Tiempo, los altos muros fueron el amor y la caridad que en mi Doctrina os traje como Maestro. Las cúpulas, las columnas y el altar con que habrá de quedar concluida esta Obra, son la sabiduría, la espiritualidad y la elevación que en este tiempo mi Espíritu, en su mensaje de luz, os ha inspirado.

Si antes los hombres trataban de encontrar su salvación construyendo templos materiales, y pretendían alcanzar la purificación de su espíritu en la práctica de cultos exteriores, vosotros no permanezcáis ya en ese estancamiento, porque se aletargarían en vuestro ser las facultades que poseéis para contemplar la grandeza de vuestro Dios. Os vais olvidando de adorarme en imágenes, figuras y símbolos, porque habéis comprendido que la imagen real del Creador la lleváis en vosotros, puesto que tenéis algo de las potencias y atributos de la Divinidad, como son la vida, el amor, la conciencia, la voluntad, la razón, la eternidad espiritual.

Devolved a vuestro espíritu, toda la gracia de que fue revestido en el principio y que habéis ido dejando en jirones en el camino a través de los tiempos. Quiero que lleguéis a ser el santuario en donde Yo pueda morar eternamente. Concentraos en el fondo de vuestro ser para que contempléis con los ojos del espíritu lo insondable, lo infinito. Entonces, ante tanta gracia recibida de mi mano, no pretendáis demostrar vuestra gratitud con dádivas materiales: vuestros sentimientos y obras de amor, serán el mejor agradecimiento.

Las flores son las ofrendas de los huertos y los valles, cuya fragancia y perfume llegan hasta Mí, no les robéis su tributo de amor. Encended la flama de la fe en mi Divinidad, porque de nada os servirá que hagáis arder lamparillas de aceite, si está en tinieblas vuestro corazón.

Mi Templo ha de ser como un árbol, cuyas ramas se extiendan amorosamente por todo el Universo, en donde vendrán a trinar aves de distinto canto, las cuales al unir sus voces, formarán un concierto armonioso, dulce y perfecto, para elevarlo a su Creador. Ahí me buscará vuestro espíritu, ya como Padre, como Maestro o como Doctor.

Os estoy enseñando un culto sencillo, sin ritos y ceremonias y que sin embargo se eleva más allá del humo del incienso, más allá del eco de los cánticos: el culto del amor, de la caridad y la fraternidad. Si creéis en Cristo y amáis todas sus obras, reconoced que esta sencillez y espiritualidad que ahora vengo a inspiraros, es la misma que con palabras y obras prediqué en el Segundo Tiempo, ¿por qué entonces os habéis apartado tanto de aquella sencillez sin la cual no puede existir la espiritualidad?

Ha llegado el tiempo en que del culto imperfecto no quede ni piedra sobre piedra, en el que el único templo estará en el interior del hombre, el altar en su corazón, la ofrenda en sus obras, la lámpara en su fe y la campana en su voz que despertará los espíritus dormidos.

Cuando miréis en este tiempo la destrucción de todo culto externo que la humanidad ha levantado, veréis a muchos preguntar angustiados: ¿Por qué Dios permite esto? Ellos se harán la misma pregunta que se hizo el pueblo judío cuando fue destruida su ciudad; y será mi pueblo el que responda, el que revele a los hombres que un nuevo tiempo ha aparecido y una nueva semilla está presta a extenderse.

Ya veréis como muchos de los que hoy os parece que no tienen culto alguno, llevan en lo más íntimo de su ser un altar indestructible: los principios inmortales de la vida espiritual. Ante ese altar interior se habrán de postrar espiritualmente los hombres a llorar sus faltas, sus malas obras y sus ofensas, arrepentidos sinceramente de su desobediencia a la Ley.

Vengo a levantar en vuestro corazón el Templo del Espíritu Santo, mas cuando haya sido terminado, no tendrán razón de ser los recintos, los templos y santuarios de cantera junto a sus símbolos y tradiciones. Entonces sentiréis mi Grandeza y mi Presencia.

Si queréis encontrarme, buscadme en el silencio y la humildad de vuestro templo interior y ahí estaréis en comunicación con mi Espíritu.

He venido espiritualmente sobre la nube simbólica que forman vuestros pensamientos al elevarse a Mí, para edificar en el corazón de la humanidad el verdadero templo.

Mi campiña es infinita, ¿cómo puede haber quien crea que ella se encuentra limitada a estos recintos donde escucháis mi Palabra? Mis campos de labranza espiritual están en toda la Tierra, dondequiera que habite un hombre o exista un espíritu; pero mi campiña se extiende más allá de este mundo y alcanza todas las moradas donde haya necesidad de luz y paz, de cultivo espiritual, purificación y perfeccionamiento.

El Templo del espíritu está en todas partes, sólo será necesaria vuestra preparación para que lo encontréis.

Os he dado el tiempo para que desempeñéis vuestra misión y un campo sin límites para que sembréis en él. No os he marcado sitios determinados ni hora. Nuevamente os digo: “Dios es Espíritu y es necesario que le adoréis en Espíritu y en verdad.”

Cuando haya pasado 1950, no busquéis un lugar determinado para orar o estudiar mi Palabra. Elegid lo mismo un hogar, un valle o el lugar donde estáis labrando vuestro pan. Imitad a mis doce discípulos que supieron hallar el templo doquiera se encontraban, porque lo llevaban en ellos, en su espíritu, y lo grande y solemne de sus actos estaba en su elevación y comunión conmigo.

Nadie podrá descubrir dónde está este pueblo doctrinado, pues él estará en todas partes. Sus enemigos tratarán de destruirlo, pero no podrán, porque nunca lo encontrarán reunido materialmente: su unión, su orden y armonía, serán espirituales.

Mi Palabra os enseñará, vuestra conciencia os guiará y vuestra intuición os dirá en qué instante y en qué lugar debéis explicar mi Palabra y practicar la caridad.

Despertad, daos cuenta del tiempo en que vivís, para que llegado el momento en que los hombres se levanten profanando y borrando todo culto del corazón humano, de vosotros nada tengan que apartar, porque vuestro santuario y vuestro culto es espiritual. Entonces será cuando vuestro espíritu sabrá comunicarse directamente con mi Divinidad, ésa será su liberación.

Estoy reedificando el Templo al que me referí, cuando dije a mis discípulos que contemplaban maravillados el templo de Salomón: “De cierto os digo que de él no quedará piedra sobre piedra, mas Yo en tres días lo reedificaré”. Este es el Tercer Tiempo, el tercer día en el que Yo estoy levantando nuevamente mi Templo.

He aquí la verdad que existe en la iglesia del Espíritu Santo, para que no os confundáis con falsas interpretaciones.

Quiero dejaros de tal manera preparados, que cada uno de vosotros sea como un templo y cada hogar un altar, una casa patriarcal, hospitalaria y llena de caridad. Cuán profunda será entonces vuestra paz, cuán fuerte vuestro corazón para salir adelante en todas vuestras pruebas. El pan estará entonces bendito no sólo por Mí, sino también por vosotros, porque ya habréis aprendido a amasarlo con amor, con fe y paz.

Caminad con paso firme y ascended peldaño por peldaño la escala de elevación. Despojad vuestro culto de errores y materialismo y daréis cada día mayor elevación y libertad a vuestro espíritu.

Si buscáis el mejoramiento moral, la limpidez de vuestra vida, la espiritualidad en vuestro culto, no habrá armas, ideas ni doctrinas que puedan venceros. Construid vuestro templo en el espíritu y él se conservará y sobrevivirá a las vicisitudes y combates de la vida, porque será indestructible.

Si dos o tres de mis escogidos se reúnen y elevan su espíritu a mi Divinidad, Yo estaré con ellos y les inspiraré. En cualquier lugar en que mi invoquéis estaré presente, porque os he prometido que todo ojo pecador y no pecador me verá y todos sentirán mi Presencia.

Tengo a prueba y en preparación a toda la humanidad, para que tome parte en la construcción de mi Templo. Allí, en la serenidad y el silencio, sentirá mi Presencia y Yo recibiré su meditación y oración.

Abrid vuestro corazón y dejad que en su interior se escuche el eco de mi Voz, que es consejo, inspiración y revelación. Llevad a todos mi Doctrina y veréis cómo la humanidad, despertando de corazón en corazón, penetrará en el verdadero Templo que es mi Obra Universal.

¡Mi paz sea con vosotros!