La verdadera caridad
En verdad os digo, que todo lo grande y lo bueno que existe en el espíritu, jamás lo habéis dado porque ni siquiera lo conocéis.
Es menester que conozcáis el significado inmenso de la caridad, porque entonces sabréis las maravillas que hace el verdadero amor. ¡Qué hermoso será vuestro mundo, cuando los hombres hayan descubierto en su espíritu el tesoro bendito con que su Creador les dotó desde el instante mismo de su formación!
Os haré comprender cuánto lleváis en vuestro corazón, para que nunca os sintáis menesterosos ante los verdaderos necesitados. La caridad es una de las flores más bellas del amor y es precisamente los pétalos de esta flor los que quiero que se abran en vosotros para esparcir su esencia entre vuestros hermanos, porque la caridad es reflejo de amor y de sabiduría.
Es necesario que aprendáis a mirar un poco afuera de vosotros, algo más allá de vuestro hogar y de vuestros afectos, para que comprendáis el dolor de los demás.
Si en vuestra vida habéis practicado la caridad, continuad haciéndolo; si no, entonces empezad con el primer necesitado que llame a vuestra puerta, ya sea un enfermo del espíritu o del cuerpo, un corazón desolado, una viuda, un anciano o un niño. No cerréis vuestra mano ante el necesitado, ni le juzguéis indigno de vuestra caridad, porque sea malvado, según vosotros. Mientras más grande sea el abismo en que hayan caído vuestros hermanos, mayor deberá ser vuestra paciencia y vuestra caridad para ellos.
No miréis con indiferencia a los que sufren, no despreciéis a los pobres, impartid la caridad, dejad que mi luz ilumine su vida, que el amor que he depositado en vosotros, llegue a ellos y les dé calor, aliento y esperanza. Yo estoy en todos, lo mismo me oculto en el corazón del poderoso, que en el del pordiosero.
Por eso os digo, que cuando veáis llegar a vuestras puertas al menesteroso, no le neguéis la caridad; porque vuestro Padre será el que esté llamado a vuestro corazón. Si observáis a la niñez, veréis que hay muchos pequeños sin amor, sin ley y sin pan. Sí penetráis entre la juventud, encontraréis la lucha de pasiones, los caminos equivocados; y si miráis entre los hombres y mujeres que han alcanzado la madurez en la vida, encontraréis entre muchos de ellos las tragedias, el vicio, el cáliz amargo, a veces la viudez, la falta de esperanza y de fe, así como de un verdadero aliciente espiritual que les conforte y les sostenga.
Quiero que aprendáis todos los medios y las formas de hacer la caridad para que no me digáis: Padre, ¿cómo queréis que comparta con mis semejantes mi pan o mis monedas si son tan escasos? Si las dieseis sin vanidad ni repulsión, vuestra pobre moneda en parte mitigaría el hambre y la sed de amor de esos espíritus en plena restitución.
Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazareth, levántate y anda. (hechos 3:6)
Si estáis pobres materialmente y por esa causa no podéis ayudar a vuestros semejantes, no temáis, orad y Yo haré que donde no haya nada, brote luz y haya paz. Mas cuando vuestra conciencia os diga que tenéis que despojaros de algo material para entregarlo al necesitado, no queráis sustituir aquella caridad con una oración. No debéis ocultar o disimular vuestro egoísmo con oraciones espirituales, no queráis que aquello que vosotros podéis hacer, lo haga el Padre, ni debéis evadir el cumplimiento de vuestro deber diciendo que con la intención ha sido bastante.
La caridad que hagáis por medio de una moneda, con ser caridad, será la menos elevada que hagáis. ¿Cómo vais a amaros los unos a los otros con la perfección que Yo os enseñé, si no os reconocéis como hermanos? Necesitáis tomar la esencia que lleva el espíritu, para que vuestro amor sea verdadero amor y vuestra caridad sea verdadera caridad; algo más que palabras vanas, que míseras monedas, o el mendrugo de pan que sobra en vuestra mesa y que son los únicos medios que muchos emplean para haceros creer que practican la caridad y que se aman los unos a los otros.
Los hombres han confundido la verdadera caridad olvidando uno de los sentimientos más elevados del espíritu, con el materialismo que se manifiesta en todos sus actos. A los que así entienden la caridad y con esas obras imperfectas tratan de acallar la voz de la conciencia y pretenden hacerme creer que cumplen con una de mis más elevadas enseñanzas, vengo a deciros: Recogeos en vuestra alcoba y en vuestra oración comunicaos conmigo, para que en esa comunión, sintáis en vuestro interior un destello de bondad y gratitud hacia el Padre, y sintiendo el dolor de vuestros semejantes, pidáis por ellos, lo que ya sería un paso hacia la espiritualidad.
No penséis que para practicar la verdadera caridad, ya es suficiente con sentir compasión, como hasta hoy lo habéis hecho; aun queda mucha frialdad que es menester tornar en calor espiritual, para que al fin, surja de vuestro espíritu el sentimiento de amor, que es la fuente de donde brotan la piedad, la caridad y todos los sentimientos nobles y elevados.
Debo deciros que ese sentimiento no ha sido debidamente interpretado. La caridad es un nombre que vosotros le dais a determinadas acciones que lleváis a cabo, las cuales en la mayoría de los casos, no llevan en su fondo piedad o una verdadera intención de aliviar una necesidad.
Quien piense que para acercarse a Mí deberá dedicar su vida tan sólo a dar, sin esperar recibir, a sacrificarse sin ninguna compensación inmediata, está en un error; por que siendo como sois imperfectos y pecadores, el que os busque para pediros será quien venga a favoreceros, porque al utilizaros os da la oportunidad de que os acerquéis a vuestro Padre.
La caridad verdadera de donde nace la piedad, es la mejor dádiva que podréis depositar en los necesitados. Si al dar una moneda, un pan o un vaso con agua, no tuvieseis en vuestro corazón el sentimiento de amor hacia vuestros hermanos, en verdad os digo que nada habréis dado, más os vale no desprenderos de aquello que dais.
Cuidaos de entregar una caridad aparente, llevando en vuestro corazón el egoísmo. Haced cuanto bien podáis sin interés personal alguno. Hacedlo por amor. Sabed que por mucho que poseáis, si no dieseis nada, es como si nada tuvieseis.
Y si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía. (Isaías 58:10)
Tened un conocimiento verdadero de lo que es la caridad, de cómo sentirla y cómo impartirla, para que llegue a ser limpia. La caridad aparente podrá proporcionaros algunas satisfacciones que provengan de la admiración que despertéis y de la adulación que recibáis, pero lo aparente no llega a mí Reino.
Quienes viven esperando de Mí la caridad y pudiendo hacerla en su sendero no la hacen, no han tenido caridad de sus hermanos ni de ellos mismos. Esos son los que han dejado enfriar su corazón, los que han apagado su lámpara, los que se asemejan a débiles pajarillos caídos del nido, o a las hojas secas que en otoño se desprenden de los árboles, para ser llevadas sin rumbo por los vientos.