Los magos de Oriente
Los magos de Oriente
Hace tiempo el Verbo de Dios se humanizó, Jesús fue el rostro de la verdadera naturaleza del Padre. Si antes de Jesús el pueblo Israelita tenía un concepto de Dios vengativo y cruel, Él se vino ha demostrar que no era así. Testificó el verdadero amor divino, aquél que deja Su reino para rescatar a la oveja número cien, que somos cada uno de nosotros. Aquél Rey que se hace Siervo de los hombres, que dulcifica y enseña la conquista del Reino de los Cielos en nuestro propio espíritu.
Hace tiempo que el Autor de la Vida se humanizó, sí el Yo Soy el que Soy, así se mostró a Moisés. Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida. No debemos temer a Quién nos otorgó el existir; antes bien debemos conocerle, y sí así lo deseamos: en Jesús el Maestro, tendremos el verdadero reflejo de cómo piensa, siente y obra nuestro Padre.
Hace tiempo que la humanidad fue testiga del advenimiento divino hecho hombre: Jesús. No fue posible que Él tuviese un hogar donde nacer, la persecución le hizó recorrer grandes distancias hasta encontrar un lugar mucho más cálido que el corazón humano.
Una estrella iluminaba aquella noche, se posaba en el firmamento como una salutación al mundo para entregarle a él como una bendición divina, al Verbo del Creador. Destinado era que ante Su nacimiento humano se acercasen tres hombres,… los magos de Oriente a ofrecerle sus presentes.
Incienso, oro y mirra… Tres hombres que reconocieron la Divinidad de Jesús como hombre, la majestad en Él como Rey,… y también el propósito de Su misión divina culminando ella en Su pasión.
Sin embargo, poco se reconoce que ante el niño llegaron a postrarse la riqueza, el poder y la ciencia. Era la sabiduría del hombre, el poder del hombre, la riqueza del hombre los que llegaron ante Él. Como una profecía aún no cumplida tendrá que consumarse llegado el tiempo.
La humanidad tendrá que inclinar su ciencia, su riqueza, su poder ante su propio espíritu, porque en él se halla también la Divinidad. Ante esa reverencia espiritual de sí mismo, su espíritu pondrá todo lo anterior a su servicio, ya no para denigrarse ni destruirse más,… sino para enaltecerse así misma; reconociendo que así cumple con su destino de honrar su propia existencia humana, con un sentido espiritual elevado de los unos a los otros.
