La Ley espiritual y natural

La Ley espiritual y natural

Al espíritu le rige una Ley, la de causa y efecto. Si su siembra por sus hechos y obras es buena, su cosecha será buena. Por el contrario si su siembra por sus hechos y obras no es buena, su cosecha tampoco lo será. Lo que se siembra se cosecha. La cosecha puede llegar a ser abundante obremos ya sea en el bien o en el mal.

Nuestro Creador sólo recibirá la cosecha buena y en ella, el fruto bueno y abundante. La cosecha mala la quemará. Es decir, sólo de Sus hijos, de cada uno ha de recibir todo lo bueno, lo que no lo es, ha de ser purificado en el fuego de Su justicia.

Siempre el espíritu tendrá ocasión de sembrar y cosechar más y más en lo bueno. Y por conviccion dejar la siembra y cosecha mala. Entonces él mismo se purificará por convicción por el amor y ya no por el dolor.

La Creación está sujeta a una Ley que no le es posible corromperse a sí misma, a la Ley natural. Es el espíritu el que la pertuba, la transtorna, la envicia,… el que ha adulterado aquella Ley. El cuerpo o la materia del espíritu regida por esa Ley natural, él la ha transtornado, enviciado, ha adulterado el orden establecido que guardaba desde su principio. Es lógico que el espíritu al adultear los principios con están regidos su mundo terrenal, la Naturaleza y en su propia carne encuentre la enfermedad, el desorden, la aflicción, el sufrimiento.

Es necesario decir que es el mismo espíritu el que debe volver al orden establecido primigenio. Sólo así su mundo, la Naturaleza, su propia carne volverán a sentir la salud, la belleza, la armonía, el equilibrio…

A ello se acerca el espíritu en esta morada,… a ser el espíritu Conciente de su todo.

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