Nuestra semejanza con el Espíritu Divino

Nuestra semejanza con el Espíritu Divino

Tenemos semejanza a quien llamamos Padre, que es ante todo Espíritu Divino. Lo divino se encuentra en nuestro ser, conformados de virtudes, dones, potencias, facultades espirituales. Todo ello no lo encontraremos en otra criatura, sólo en nosotros.

Poseemos la potencia de la eternidad… La virtud del amor… El don de la inspiración… La facultad del razonamiento por la potencia del pensamiento espiritual. Es un ejemplo de lo que somos como espíritus, porque existe y hay más en nosotros, quienes tenemos la dicha de ser semejantes al Espíritu de nuestro Creador.

Todos nosotros estamos en el Espíritu Divino de Dios, no dentro, no fuera, sólo somos en su Espíritu. Él no está en un lugar determinado, su Ser no está limitado, por lo tanto donde quiera demos un paso allí se encuentra Él. Donde quiera demos un paso, Él se encuentra presente también en nuestra Conciencia.

En el Espíritu Divino está la expresión del Padre, pero también la de la Madre. De su Espíritu surgió lo masculino, pero también lo femenino. En su Espíritu no sólo podemos encontrar la expresión de Su fuerza divina, sino también la de Su ternura divina… En nosotros se encuentra esa dualidad divina, fuerza y ternura; es nuestro ser espiritual el que puede reflejarlo, seamos en lo masculino o femenino.

Somos un ser conformado por tres naturalezas, la divina, la espiritual y la material. La divina que es la Conciencia, la espiritual nuestro espíritu, y la material cuando estamos encarnados, la carne. Es el ser humano el único poseedor de espíritu y Conciencia. Estas dos naturalezas nos acompañarán siempre. Somos espíritu, mas no somos la Conciencia, ella pertenece al Espíritu Divino, a quien llamamos Padre.

De las veces por ignorancia de lo que es lo espiritual, dejamos que nuestro ser sea más carne que espíritu. Bueno, llega el tiempo que en nuestra existencia no sólo predomine más el espíritu, sino que éste obre y actué conforme a la luz divina de la Conciencia, o sea acorde a la voluntad de Quién nos otorgo el existir.

Nuestro pensamiento es una potencia espiritual. Todo cuanto existe en la Creación surgió del pensamiento divino. No pensemos en el mal ni por nosotros mismos ni a los demás, mejor seamos bienechores con esa potencia, nuestro mismo ser lo agradecerá.

En la Creación todo envejece, todo parece desvanecerse con el paso del tiempo. También el ser humano, su carne es un instante. Así lo quizo nuestro Creador, que lo material tuviese un tiempo determinado. No así el espíritu, él es imperecedero en el tiempo, lleva en sí la semilla de la eternidad. En la eternidad él se está desarrollando, va acrecentando sus atributos espirituales. Podrá fenecer su carne, pero él no conocerá el fin, pues también así lo determinó nuestro Creador.

 

 

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