8 Marzo

En esta morada aún estamos lejos del reconocimiento de nuestro ser. Ese reconocimiento que no proviene de la carne, sino del espíritu. Sí, él encarnó y volverá a reencarnar. Es una Ley que aunque intuye la humanidad, no la valora ni la toma en consideración en su apropiada dimensión.
Aunque el ser siempre está presente, mientras necesite una y otra vez volver a esta morada, tendrá una vestidura diferente, algunas veces con vestidura de hombre y otras con la de la mujer. Sin embargo, el ser siempre ha sido, ha traído consigo todo su trayecto del pasado consigo mismo. Y aunque no lo recuerde por el velo de la materia, debería encontrarse y descubrirse a la altura de su meditación, y allí entrever al paso del desarrollo de su elevación espiritual, la certeza que no es la primera ocasión que ha venido a esta Tierra.
Tiempo llegará el que velo de la materia no sea tan densa y por voluntad divina se descorra y allí el ser se vislumbre en sus anteriores existencias. Descubrirá que no siempre ha venido a esta morada con vestidura de mujer, sino también con la del hombre. Comprobará que ha sido injusto consigo mismo, con su propio espíritu. Que la materia le cegó no un instante, sino cantidad de veces.
Todavía la humanidad tropieza, riñe, lidia por sus derechos humanos, es común encontrar esa lucha entre géneros. Esa lucha tiene un origen, el contemplarse desde su naturaleza humana y no espiritualmente. De cierto terminará cuando ella advierta y consideré su naturaleza espiritual de los unos a los otros.
Cierto es, que el Padre a unos concedió la vestidura de mujer, y otros la del hombre. En esa dualidad, unos y otros deberían no sólo crecer y multiplicar la simiente humana, sino desarrollar a la vez la simiente espiritual. Esa semilla que depositó el Creador en cada ser, donde cada atributo divino debería multiplicarse y perfeccionarse.
Humanamente los espíritus han cumplido al henchir la Tierra; pero aún se encuentran lejos de multiplicar de los unos a los otros, su naturaleza espiritual. Pues cuando unos y otros se reconozcan así, harán de esta morada un Edén con igualdad y fraternidad, de unión y fuerza espiritual.
Humanamente el espíritu reconocerá su papel en la Tierra, tanto el que viene con vestidura de mujer, como quien viene con vestidura de hombre. Sin embargo, entre unos y otros habrá una fuerza y una unión espiritual, que no se permitirán el dolor, los trances amargos como hoy se padece.