C.I. 01 Septiembre 1948
CÁTEDRA DEL DIVINO MAESTRO – 037
01. ¡Gloria a Dios en las alturas y paz en la Tierra a los nombres de buena voluntad!
02. Pueblo amado de Israel, que reunido puedes encontrarte en la explanada espiritual, prepárate y abre tu entendimiento plenamente a la luz de mi Espíritu. Abre tu corazón como una fuente para que en ella pueda depositar el torrente de aguas cristalinas que te envío. Deja todo aquello que pertenece al mundo; olvida por un instante que perteneces a la Tierra pasajeramente y entrégate espiritualmente en mi regazo; arrójate en mis brazos divinos y escucha mi Palabra. Mírame con tus ojos espirituales, siénteme con tu corazón, contemplame con tu propia fe, y así podrás recibir en el fondo de tu ser la esencia que vengo derramando.
03. Los Pedestales, creaturas escogidas para que transmitan mi Palabra, no son seres superiores ni divinos, son humanos iguales a vosotros. No miréis en ellos santidad alguna, son espíritus que anhelan mi paz, siguen mi huella, buscan mi Reino, pero son imperfectos y débiles todavía, como vosotros. Por lo tanto, buscadme en el Más Allá y esta mi Palabra que resuena a través de estas materias, dejad que pase por vuestros audífonos a vuestro cerebro y después de cruzar vuestro entendimiento como un rayo de luz, dejad que caiga su esencia en el fondo de vuestro corazón.
04. Mas, ¿en dónde podréis encontrarme en esta Palabra? ¿Acaso en el sentido material, en el eco que resuena o en la expresión humana? No, pueblo. Yo estoy en el fondo, en la esencia de esta Palabra, por eso siempre te digo: Prepárate; por eso siempre envío a Elías, para que él antes visite tu espíritu, prepare tu materia, te levante en el camino y te acerque ante Mí, ya preparado espiritualmente, para que así puedas penetrar en el fondo de mi Palabra, recrearte con mi presencia y después dar testimonio de que he estado contigo, de que tú has estado Conmigo oyendo mi voz, saboreando del pan y del vino en mi propia mesa.
05. Aquél que no sabe prepararse de espíritu y de materia no sentirá mi presencia; sentirá la presencia del Pedestal y escuchará la voz humana, pero la esencia de mi Voz divina no podrá llevarla en su espíritu ni guardarla en su corazón. Preparación os pido, para que así vuestro espíritu sea una fuente limpia donde podáis recibir el torrente de agua cristalina que es mi sabiduría, mi enseñanza y mi amor.
06. Este día es de recordación, de conmemoración. No es una fiesta tradicional para vuestra materia; no es un festín profano, mi pueblo. Es la solemnidad que vuestro espíritu Israelita viene a conmemorar, porque sabéis que sois parte del pueblo de Israel, del pueblo Espiritualista que en los Tres Tiempos ha recibido sobre su espíritu mi Revelación, mi presencia, mi Palabra, mi heredad.
07. En los Tres Tiempos ha recibido mi Ley y ha pactado con mi Divinidad y ahora vengo a entregaros mi lección, mi Palabra, para hacer con ella un festín espiritual, la confirmación de las cosas pasadas, la profecía sobre las cosas venideras, la paz sobre vuestro espíritu y la fortaleza en vuestra Conciencia, para que así marchéis pensando que fuisteis los primeros y los segundos.
08. Conmemoráis aquel día en que la Ley en el Tercer Tiempo, fue una vez más promulgada. El día 1° de septiembre de 1866 fue la voluntad del Padre Eterno revelar a la humanidad, al pueblo de Israel encarnado en la nación Mexicana, que la Tercera Era se abría para el espíritu humano; que una nueva aurora comenzaba a alborear y desde ese instante el Espíritu Santo ha estado vibrando con plenitud. Mis profecías, mis promesas, las profecías de los profetas se han estado cumpliendo, porque este es el Tercer Tiempo en el cual Yo os dije que vendría sobre la nube, rodeado de mis ángeles para enviar rayos de luz a la Tierra.
09. Mi presencia como Espíritu Santo es con el pueblo de Israel desde el año de 1866 a través del entendimiento humano, porque en este tiempo no vine a hacerme hombre. He venido como Espíritu Santo y desde el Más Allá, desde la nube espiritual os he estado enviando mi Rayo universal, para que él tocase el entendimiento de mis escogidos, para transmitir mi Palabra, mi orden, mi Revelación y mi justicia. Y mis ángeles, los espíritus agraciados que me han acompañado en esta mi tercera venida, también desde el Más Allá envían sus hilos fluidicos de luz, de esencia, de espíritus.
10. La Ley que el Padre os entregó en el Primer Tiempo y que fue confirmada por Jesús en el Segundo Tiempo, fue mi voluntad aumentarla en este Tercer Tiempo con mis nuevos Preceptos, para formar con los de Moisés, los de Jesús y de Elías, una sola Ley, el camino, la barca salvadora, el faro luminoso, el báculo para vuestro espíritu, la escala de perfección para el mismo.
11. En este tiempo conocéis vuestra Ley compuesta de Veintidós Preceptos y ello llevareis por las naciones y pueblos; mas cuando los hombres os pregunten si sois Mosaicos, les sabréis explicar. Si os preguntan si sois solamente cristianos sabréis explicarles; si os preguntan si sois solamente adeptos de Elías también podréis explicar. Mas, ¿cómo podréis explicar plenamente estos misterios? Con mi Enseñanza. Por eso aún me encuentro entre vosotros, para depositar en vuestras manos el Gran Libro de la Sabiduría Espiritual.
12. Mirad pueblo, antes de que Moisés se levantara para entregaros la Ley del Padre en Diez Mandamientos en aquel Primer Tiempo, vosotros vivíais dentro de la Ley natural. Desde los primeros tiempos de la humanidad Yo envié al seno de ella, hombres por quienes aconsejé las virtudes de los hombres, por quienes manifesté mi verdad y mi justicia; por quienes os hice temer mi justicia y os di a conocer mi existencia. Os di a comprender mi amor y mi perfección; hombres que os hacían conocer que Yo era Dios del bien y solamente el bien recibía y me agradaba.
13. Hombres por quienes Yo hablé a vuestra Conciencia; mas, una ley concreta, un precepto divino no conocíais; mi Nombre tampoco y, ¿quién era ese pueblo que había sabido mantenerse en el temor del Dios verdadero, que entre los demás pueblos conservaba la intuición de un Dios de justicia y de bondad? ¿Cuál era aquel pueblo que atribuía toda la Creación, todos los beneficios, todas las virtudes a mi existencia, a mi Divinidad?
14. El pueblo de Israel, descendiente de Abraham, de Isaac y de Jacob. Mas ese pueblo había caído en el cautiverio del Egipto, y así no encontraba el ambiente propicio para su culto y su elevación. Por doquier contemplaba los monumentos erigidos a los dioses paganos, los templos en donde el culto idolátrico se efectuaba y a medida que los tiempos pasaban el espíritu de Israel peligraba, próximo estaba a caer también en la idolatría, en el paganismo; presto se hallaba a doblegar su cerviz y su rodilla ante el dios pagano, ante al ídolo, porque el dolor, la servidumbre, la esclavitud y la humillación eran muy grandes sobre su carne y sobre su espíritu.
15. Mas antes que el espíritu de Israel se perdiese, Yo le envié a uno de mis escogidos, hice surgir de su propio seno al varón por quien como Padre me habría de manifestar plenamente. El fue Moisés, dotado de espíritu fuerte, de grande luz. Su espíritu era un rayo potente de mi propia Divinidad. Rayo de ley y de justicia que se levantaba en el seno del pueblo para despertarlo a la libertad, para salvarlo de la esclavitud espiritual y corporal; también para enseñarle a conquistar la paz y la elevación del espíritu por medio de los méritos, de los sacrificios y los holocaustos del espíritu.
16. Y ese hombre con voz potente, obediente y sumiso a todos mis mandatos, inspiró a su pueblo, lo lleno de esperanza y de confianza, encendió la flama de la libertad en cada corazón; inflamó a los espíritus de ansias de conocer a su Dios y de poseer una tierra, un santuario y una ley para el espíritu y para la materia.
17. Ese fue el hombre que os levanto, que os inspiró, Israel, en aquel Primer Tiempo, cuando erais cautivos en el Egipto. Ese fue el hombre que se levantó para pedir vuestra libertad y que recibió la negativa varias veces de labios del faraón que no quería dejaros salir, porque erais un pueblo fuerte. Como erais esclavos y vuestras manos levantaron sus templos y monumentos, no quería perder a esos siervos que no le pertenecían ni en la materia ni en el espíritu; que erais mis hijos, mis escogidos, mi pueblo que había de dar testimonio entre los pueblos del mundo desde aquel Primer Tiempo.
18. Y cuántas veces el Faraón se negó a que dejaréis el Egipto, tantas le dije a Moisés: levántate y adviértele, muéstrale mi poder y dale pruebas de él. Moisés anunció las calamidades que habían de caer sobre Egipto, si el faraón no obedecía al verdadero Dios. Mas no le reconocían, eran reacios y duros.
19. Entonces tuve que manifestarme como justicia reprendiendo la impiedad, la desobediencia, la temeridad del faraón y fueron las calamidades, los dolores, la peste y la muerte que en muchas formas fueron cayendo unas tras otras cual plagas sobre las tierras del Egipto, manifestando con eso Moisés que él y su pueblo eran mis siervos, que su Dios era el verdadero, más fuerte que los dioses paganos y gentiles.
20. Al fin el faraón se doblegó, me temió y dejó marchar a Moisés con su pueblo y una vez que aquel varón congregó a su pueblo en el desierto, lo llevo hasta las faldas del Monte Sinaí. Moisés por revelación e intuición sabía lo que hacía, que era el enviado, el libertador, el legislador, que una grande misión tenía que desempeñar ante la humanidad. Y al llevarlo ante la falda de aquel monte pudo decirle: “Vela y ora, prepárate, limpia tu corazón y arrepiéntete, lava tus vestiduras, penetra en meditación y en oración, que yo voy a la cumbre del monte a orar también y a recibir las órdenes del Señor.”
21. Dejó al pueblo meditando, en oración y en vigilia, en la falda del monte. Él llegó a la cumbre y en la soledad de aquel desierto no estaban las tentaciones, era el silencio que invitaba a la meditación y en prelación pudo quedar, solamente en espera de la revelación divina; velo, oró, inclinó su cerviz sin osar mirar con los ojos de su cuerpo ni con los de su espíritu, la gloria, el arcano que comenzaba a abrirse sobre él y su pueblo.
22. Mas como los días y las noches pasaban y Moisés no era con su pueblo, este desfallecía y creyendo que le traicionaba, pensó en retornar a su esclavitud y olvidándose de la verdadera oración que Moisés les había ordenado, cayó en la idolatría. Recordó los ídolos del Egipto, sus ritos y tradiciones y en la falda del santo monte, hizo festín en torno del becerro de oro.
23. Fue débil el espíritu de Israel, no tuvo perseverancia en lo espiritual, no pudo comprender que el Padre le sujetaba a prueba, que lo estaba sometiendo a una purificación espiritual, para hacerse digno de la gran revelación. Y cuando Moisés, pleno de fuerza y de gozo, descendió con las Tablas, con la Ley suprema que Jehová le había entregado, grande fue su dolor al contemplar a su pueblo con la idolatría. La ira se apodero de él y arrojó las Tablas por tierra.
24. Mas Yo le llamé nuevamente al monte y las Tablas de nuevo le entregué, porque no había de dejar en la medianía del desierto sin Ley al pueblo. Mas éste entonces lloró reconociendo su falta, mesó sus cabellos e inclinó su faz al contemplar que Moisés, lleno de esplendores, descendía del monte. Fue un instante de grande solemnidad espiritual que sorprendió al pueblo de Israel; fue momento de fiesta y de gloria para el Padre y para el pueblo que lo reconocía. El Padre no quería los ritos paganos ni sacrificios inútiles; no quería sangre ni holocaustos materiales; buscaba sólo la oración, la comunicación espiritual del hijo con la Divinidad para poderse manifestar a él.
25. Mirad, pueblo, como el Padre desde los primeros tiempos ha buscado en vosotros la Espiritualidad, la preparación en el corazón que es el santuario en donde Dios mora en verdad y en Espíritu, y desde ese instante supisteis reconocer el nombre de vuestro Padre Jehová, su dulce nombre de Ley, de justicia y de eternidad. Desde ese instante recibisteis la Ley concreta, la Ley escrita que era el camino, el baluarte, el sostén para vuestros pasos espirituales. Entonces comenzó una Era de luz, una Era de Ley, de conocimiento para vuestro espíritu: El Primer Tiempo.
26. He aquí, pueblo, el espíritu de Moisés, aquél que fuera vuestro guía, como vuestro padre, como vuestro camino en el Primer Tiempo. Fue como una estrella en el desierto y guió vuestros pasos inciertos y torpes; fue la voz justiciera para vuestra Conciencia, fue el consejo y la Ley para cada uno de vuestros pasos. Fue el pan cuando el hambre sentisteis; fue el agua cuando la sed se apoderó de vosotros; fue la compañía en la soledad de los desiertos, a él os acogisteis y él os guió hasta las mismas puertas de la tierra prometida que buscabais afanosamente para morar en paz con vuestros hijos, para vivir libremente, para elevar un santuario a mi Divinidad y mostrarlo a los puebles de la Tierra. Mas Yo vine entre vosotros en el Segundo Tiempo, cuando ya habíais vívido una Era en el Primer Tiempo de Moisés, bajo la Ley, que él por mandato del Padre os enseñó y os confió.
27. Yo fui en el Segundo Tiempo el mismo Dios, haciéndose hombre. Vine porque lo que el Padre os enseñó y reveló a través de Moisés no era toda su sabiduría, todo su libro ni toda su heredad que habíais de poseer. Sí, os había entregado una parte solamente de la Obra, aquella que podíais alcanzar a comprender, lo que podíais cumplir dentro de vuestra evolución espiritual que habíais alcanzado en aquellos tiempos.
28. Y cuando habíais andado el camino, cuando habíais evolucionado espiritualmente dentro de aquella Ley, vuestro Dios vino como Maestro, como hombre para enseñaros la segunda parte de su Obra, para abrir entre vosotros una nueva Era, el Segundo Tiempo pueblo. Que fue una vez más para vuestro espíritu como una alborada, porque me esperabais, porque habíais vuelto a caer en el dolor, en la esclavitud, en la miseria; porque no habíais podido perseverar en aquella Ley y fuisteis débiles.
29. Mas contabais con la promesa de que vuestro Señor vendría, y día tras día esperabais el cumplimiento de aquella promesa que vendría una vez más a libertaros, a emanciparos de la esclavitud, de la tentación y de la tiniebla. Mas vine a enseñaros a cumplir con la Ley, a enseñaros como obedecer aquellos preceptos que os había entregado el Padre en el Primer Tiempo y no solamente eso, vine a entregaros una parte más de mi Obra, a confiaros un tiempo más de luz, a manifestarme ya no solamente como Ley y Justicia, sino como Amor para que me sintieseis más cerca, en lo más íntimo de vuestro corazón.
30. Os entregué mi Palabra en sentido figurado y en parábola, en obras y en pensamientos. Cada uno de mis pasos, cada una de mis obras era parte de mi Palabra, de mi Enseñanza y de mi misión. Mis ejemplos, mi vida, mi Palabra, mi pasión, todo en conjunto es la Ley que Jesús el Cristo en el Segundo Tiempo os vino a entregar.
31. Un día de gracia en que el Maestro caminaba seguido de algunos de sus discípulos, les hizo escalar un monte para entregarles su divina Cátedra. Aquellos discípulos escuchaban llenos de embeleso y elevación espiritual. No entreabrían sus labios y sus ojos entrecerrados, dejaban que el espíritu penetrará en el éxtasis y cuando habían alcanzado elevación, todos contemplaron que Jesús se transfiguraba, que no era el hombre que convivía y caminaba en unión de ellos, sino veían que sus plantas no tocaban tierra, que su cuerpo era espiritual y lleno de luz, y de una luz viva y blanca se encontraba rodeado; que a su diestra aparecía otro espíritu y otro más a su siniestra, y en ellos reconocieron la forma de Moisés y la de Elías y ninguno tocaba la tierra.
32. Los apóstoles maravillados frotaban sus ojos, los habrían grandemente para ver si era verdad o era sueño, mas todos contemplando que era verdad, dijeron: “He aquí, es Moisés, Jesús y Elías; vienen como reyes delante de nosotros y hemos de ponerles corona y manto y postrarnos ante ellos.” Mas presto el Maestro les dijo: “No hagáis tal cosa, no pongáis sobre las cosas espirituales, las cosas hechas de materia.”
33. Aquella visión desapareció, pero fue el pasado, el presente y lo venidero para el pueblo escogido de Israel: El Primer Tiempo representado por Moisés; el Segundo Tiempo, presente en aquel instante, representado por Jesús y el Tercer Tiempo, el venidero, el tiempo del Espíritu Santo representado por Elías. Mas el Maestro encargó a aquellos discípulos que no dijesen esas cosas.
34. ¿Por qué encargué eso? Porque aquello no podía ser comprendido por ellos ni por los demás. Mas quedó en el Álbum de Oro que hube de confiarles y aquella revelación, aquella transfiguración, aquella manifestación divina que fue sobre el Monte Tabor, quedó latente en toda la humanidad, presente como una promesa divina.
35. Ahora es el Tercer Tiempo y Elías desciende espiritualmente entre vosotros como representante y como enviado del Padre, y os dice: “He aquí a Elías. Aquél que en el instante de la transfiguración se presentó a la siniestra de Jesús, porque era el tiempo que había de serme confiado, para entregaros las grandes revelaciones del Espíritu Santo, para abrir ante vuestros ojos el nuevo tiempo.”
36. Pueblo amado, no os familiaricéis con la presencia de Elías, no es un espíritu más. Yo os he dicho desde 1866: Elías es espíritu de mi misma Divinidad y por Rayo de Dios lo habéis reconocido desde el Primer Tiempo. Por lo tanto, contempladle come la luz del Espíritu Santo, como el enviado de esta Tercera Era que ha disipado las tinieblas de la esclavitud que envolvían a vuestro espíritu. Porque ha venido también a libertaros, a romper vuestras cadenas, a destruir la idolatría y el fanatismo, a haceros atravesar con planta firme el desierto, las vicisitudes, los contratiempos, los obstáculos del camino espiritual, para llegar a la Tierra Prometida para el espíritu, que es el seno de vuestro Padre Dios.
37. He aquí que contempláis una vez más la Transfiguración, esta manifestación de Jesús, Moisés y Elías es la representación de aquella que sobre el Monte Tabor pudo el Padre revelar a sus discípulos. Hoy no sois tres testigos, sois muchos los que venís a escuchar esta Palabra, a contemplar la representación de aquella revelación divina y la explicación de estos misterios, para que podáis levantaros como los verdaderos trinitarios, los verdaderos Espiritualistas por todo el orbe, explicando a los hombres, interpretándoles el sentido de mi Palabra, el misterio de mis revelaciones.
38. He aquí a Moisés, Jesús y Elías, por quienes el Padre ha entregado vuestra heredad, sus revelaciones máximas, sus leyes, ¡oh, Israel! Y en estos momentos de caos entre la humanidad, de esclavitud espiritual, de cadenas de tinieblas, de dolor, de descontento, de infelicidad entre los hombres, de idolatría, de fanatismo, de ausencia de Espiritualidad, ¡levantaos, Israel! Y en este instante en que desde el Más Allá vibra el Espíritu del Padre, vibra Moisés, vibra la luz de Elías, unificaos con todo el Universo, elevad vuestra oración, pedidle al Padre, que la paz de su Espíritu descienda entre todos los hombres.
39. Vais a escuchar la palabra de Moisés y la de Elías: La misma que vibró en el desierto en el Primer Tiempo, la misma que ha vibrado desde 1866 en este Tercer Tiempo, en vuestra travesía espiritual.
40. Moisés, Elías, aquí está vuestro pueblo, mi pueblo, el que hemos conducido a través de Tres Eras por sobre las arenas del desierto, pasando soledad, amarguras, sed y hambre, todo por la conquista del espíritu, todo por alcanzar la verdad, todo por llegar a la diestra del Padre donde todo será paz, luz y amor eterno.
Habla Moisés:
41. Pueblo, hermano mío: Tú conoces mi palabra, recuerdas mi voz y conoces los desvelos de tu guía. Contemplaste los anhelos de este espíritu a través del desierto; oído o desoído de ti te hablé. Yo obedecía la voz de mi Dios que me enviaba a ti, Él me inspiraba, su fuerza inundaba mi espíritu y ponía palabras en mis labios. La luz de su Espíritu era en mí, para que yo pudiese conocer tu corazón y penetrase hasta lo más profundo de ti. El Señor se dignó entregar por mi conducto la Ley, Diez Mandamientos que fueron explicados por mi palabra y de esos preceptos yo hice leyes y te dije: Modera tus costumbres, conoce la ley moral, la espiritual y la corporal y da cumplimiento a ellas, porque el Señor así lo manda.
42. Yo exhorte al pueblo de Israel a orar, a hacer penitencia y a vigilar cada uno de sus actos. Cuando los pueblos alrededor nuestro acechaban, inspirado por mi Señor, te hablé y tú me contestaste y me amaste, me seguiste y conmigo viviste horas de alegría y también horas de infortunio.
43. La amargura fue también en tus labios, la desesperanza en tu corazón, cuando contemplaste que los días y los años pasaban, y aquella tierra que el Señor te prometía no la contemplabas aún, te levantaste y viniste para decirme: “Moisés, tu palabra es falsa, ¿en dónde está la tierra que nos has prometido? Hemos dejado atrás a nuestros padres, el cansancio nos agobia, nos convertimos en ancianos y esa tierra no hemos contemplado.”
44. Revistiéndome de fortaleza y de calma contemplando con amor vuestro corazón, os decía: “Esperad, perseverad, confiad en el Señor, y su palabra ha de cumplirse.” Y seguíais mis pasos y vencimos los obstáculos, y así caminamos hasta el instante en que fue la voluntad del Padre llamar mi espíritu.
45. En manos benditas confíe la dirección de este pueblo. Fue la voluntad del Señor que no contemplase los umbrales de la tierra prometida, no estaba dado a mí. Nombré a un sucesor y lo puse delante de ti pueblo después de mi partida. Yo contemplé desde mi espíritu penetrar las plantas de mi pueblo escogido en aquella tierra fecunda, bendita, privilegiada y llena de gracia.
46. Muchos desiertos has atravesado después y también has desesperado, y ahora en el Tercer Tiempo contemplo cansado tu corazón y te preguntas: “¿En dónde está la paz? ¿En dónde está el Reino del Señor?” Y este espíritu te dice: En el Mas Allá, en el seno del Padre, en la vida espiritual.
47. Lucha y trabaja, pueblo. Modera tus costumbres, penetra en la vida de recogimiento y de amor a Dios. Aparta de tu corazón los vicios; todo aquello que fuese perjudicial a tu espíritu, apártalo con energía que el Señor te ha dado potestad. Tú vencerás porque tienes en tu mano, todo cuanto has menester para conquistar el Reino del Padre.
48. He aquí a vuestro abnegado Maestro, Cristo, que una vez más en este tiempo viene a vosotros, haciéndose lenguaje comprensible para salvar a la humanidad. ¡Oh, Israel, salva a tu espíritu! ¡Deja que llegue al puerto, deja que llegue a la Tierra Prometida, no lo dejes vagar, no pierdas los instantes! Ve siempre hacia adelante con la fe y la confianza puesta en el Padre, que Él te mira con amor y con piedad; te ha enviado su Verbo divino para que él sea tu guía y tu luz.
49. Ahí tienes a Elías, al enviado de este tiempo, que te ha mostrado también la luz, la claridad del nuevo día; con su mano ha abierto el nuevo libro y en esta alba de gracia que has escuchado la palabra de Jesús, recógela en tu corazón, grábala en tu mente, estúdiala en las horas de tu meditación y comprende lo que Él quiere decirte.
50. Yo te bendigo. La fuerza, la paz, la luz y la perseverancia sean contigo, para que puedas llegar al final de la jornada.
Habla Elías:
51. El Pastor te saluda, te da la bienvenida y mi bendición. Rebaño bendito, preparado te ha dejado mi Padre; mas Elías te dice: Grande ha sido mi lucha para conducirte en el camino de la verdad y de la luz, para que tu espíritu se salve y llegue a aquella tierra espiritual bendita, que mi Padre ha venido a prometeros, si obedecéis sus mandatos y cumplís con su Ley divina.
52. El Maestro ha venido a entregaros el alimento espiritual; los dones y la vestidura de gracia. Mas yo seguiré limpiando vuestros caminos, para que no desfallezcáis y mañana seáis el fuerte de la humanidad.
53. No todos me han querido reconocer y escuchar, pero sois mi rebaño y os digo: Seguid adelante para que cuando el Señor os haga el llamado, le hagáis presente el buen cumplimiento.
Habla el Divino Maestro:
54. Bienaventurado aquél que se haya preparado y lleve en su corazón la lección de este día, para que en el rincón de su alcoba la analice y después a imitación del Maestro, pueda enseñar a los que no tienen esta luz.
55. Es instante de gozo para el pueblo de Israel, que recrea su espíritu con la presencia de mi Divinidad, con la presencia de Moisés y de Elías, en el día de recordación que el pueblo llama el día de la Ley. Porque, así como hoy conmemora con su espíritu, en el Primer Tiempo conmemoró, recordó siempre el día de la promulgación de la Ley en el Monte Sinaí, con festines no solamente del espíritu, sino también de la carne.
56. Mas este pueblo, ya no es el del desierto material del Primer Tiempo, es el pueblo Espiritualista, el discípulo del Espíritu Santo, el que viene a conmemorar la promulgación de la Ley del Tercer Tiempo con su espíritu haciendo fiesta en su corazón. Elevándose a Mí para sentir la paz, el amor y la gracia. Esa gracia de mi Espíritu ha sido una vez más con mi pueblo; la fuerza de Moisés ha quedado impresa en él y la luz de Elías, ha iluminado una vez más su Conciencia.
57. Gozad pensando que sois mis párvulos y mis discípulos, que el Maestro Divino vibrando espiritualmente viene a enseñaros, viene a corregiros con amor y a hojear ante vuestros ojos espirituales el Gran Libro de la Vida, en el cual mucho habéis leído y aprendido, pero que no conocéis aún del todo su esplendor.
58. Un tiempo se ha abierto para vosotros de luz y de sabiduría, tiempo de explicación de las cosas pasadas y de las que han de venir. Un tiempo de revelaciones divinas de Espíritu a espíritu, en el cual no habéis contemplado a vuestro Dios hecho hombre, sino que lo habéis tenido en su Divino Espíritu, en su esencia, y que pasado este tiempo, entonces penetraréis en un tiempo de gracia, de Espiritualidad en el cual todo aquel que se prepare, conversará Conmigo, oirá mi Palabra en forma espiritual, porque dicho está que todo ojo pecador y no pecador me verá.
59. Tiempo en el cual, pueblo, por vuestra preparación y Espiritualidad me tendréis, me escucharéis y seguiréis aprendiendo de Mí; seguiréis recibiendo las grandes revelaciones que guarda mi Arcano para vosotros en los tiempos venideros, porque este mundo seguirá siendo albergue y morada para vuestro espíritu.
60. En la eternidad y en los tiempos venideros seguirá el espíritu caminando hacia adelante, conociendo de mi Obra más y más, sintiendo que el reino del Padre ha tenido por fin, asiento en este mundo material cuando la materia deje de imperar, cuando la tentación haya perdido su trono, cuando el hombre me ame antes que a todas las cosas. Cuando los espíritus se congreguen en este mundo para amarme, para hablar de Mí con preparación y preparen con su sabiduría a otros espíritus que Yo les confié.
61. Y si vosotros por vuestra preparación y Espiritualidad vais a recibir las grandes cosas, Yo os digo: Después del año de 1950 me manifestaré grandemente en las naciones. ¿En qué forma? No lo sabéis, pero os dejo alerta. Mi Mundo Espiritual también se manifestará. Los dones y potencias espirituales se impondrán a los sentidos del cuerpo y a las ambiciones humanas. Y entonces en todo el mundo, en todo lugar brotará la luz, las señales, los testimonies de que la Tercera Era, el tiempo de la gracia es con los hombres.
62. Voy a escuchar vuestra oración en este instante. Voy a ayudaros a elevar vuestro espíritu, voy atraerlo más con mi fuerza hacia Mí. Voy a enviarlo como emisario, con el mensaje de mi Espíritu Divino hacia los pueblos. Y por medio de vuestro pensamiento lo traslado a donde está el dolor, la tiniebla, la miseria, la necesidad, a donde el espíritu clama y me invoca; donde los labios blasfeman, donde hay hambre y sed de justicia, y de pan. Venid a Mí pueblo y velaremos por el mundo y por los mundos, Yo como Padre y vosotros como hermanos.
63. Benditos seáis. En el espíritu y corazón de cada creatura se ha derramado mi paz y mi bendición, habéis sido mis emisarios. De vuestro espíritu elevado, tremolando en los espacios espirituales, ha descendido a los espíritus que moran la Tierra el rocío de paz, la caricia y el ósculo que Israel envía a sus hermanos, en este día en que conmemoráis la Ley.
64. Día en que no permití a mi pueblo que hiciera festines materiales, porque en su mesa desperdiciaría el pan, derramaría los vinos, mientras el pan y el vino hacen falta en el mundo; mientras la niñez y los hombres claman por un mendrugo de pan. He hecho solamente fiesta de paz en vuestro espíritu, para que de ella, que es pan y que es sustento, compartáis con los demás.
65. Cada espíritu y cada corazón están sintiendo este mensaje y esta caricia; Yo contemplo que saben recibir en sí mismos este átomo de luz. Te bendigo pueblo y te digo: ¡Ah!, si estuvieseis ya unificados, si todos formaseis un solo corazón, un solo pueblo, un solo pensamiento, ¡si supieseis que cercano está el momento de mi partida y que amargo va a ser para vuestro espíritu ese tiempo! Sabed uniros en pensamiento y compartid el Pan de Vida Eterna y vuestra paz con vuestros hermanos, Yo por ello os bendigo. Velad por las naciones, por los hombres y pedid por ellos.
66. Si llegara a faltar el pan en vuestra mesa o cuando tuvieses un sufrimiento en vuestra choza, no perdáis la calma, pensad en los millares de creaturas que apuran al cáliz de amargura y solamente pensad, que es una recordación para que veléis por los demás.
67. Vosotros tenéis los enfermeros espirituales que son mis siervos, tenéis el calor de los seres queridos; pero hay muchos que no tienen estas cosas y por ellos pedid, pensad que sois el Israel responsable.
68. Mi paz sea con vosotros.
01 Septiembre de 1948.