A los enfermos
A los enfermos
Quiero hablar a quienes no han sentido sobre su cuerpo mi bálsamo de curación, ni ha llegado a su corazón mi paz.
Venid a Mí enfermos, cansados, tristes y hambrientos de amor, necesitados de salud, Yo os haré sentir el dulce amor de mi caridad. Vengo a apartar vuestra amargura.
En Mí encontrarán el bálsamo, la luz del espíritu y la salud de vuestro cuerpo que tanta falta os hace.
En mi palabra, traigo curación para vuestras dolencias. ¿Qué podrá negar el Padre a su hijo, cuando éste espiritualmente se acerque para solicitar algo para su cuerpo, pequeña y frágil criatura material?
Cuando la enfermedad os agobie, no desesperéis; elevaos en oración a Mí y vuestra verdadera fe y espiritualidad os devolverán la salud del cuerpo.
Sean conmigo los enfermos, los desahuciados, por la ciencia. A todos los sanaré del espíritu y del cuerpo. Mentes, corazones o cuerpos enfermos, os digo: Pedid a vuestro espíritu, que es hijo del Todopoderoso, que vuelva al camino, que sane vuestras dolencias y que os ayude en vuestras flaquezas.
Quiero conversar con mis enfermos y ungirles, haciéndoles sentir el consuelo de mi bálsamo divino; quiero concederles aquello que hace mucho tiempo están esperando.
En los hospitales y doquiera se encuentre un enfermo, me haré sentir y oír, ungiendo y consolando a los enfermos como sólo Yo puedo hacerlo. Un manto de paz y de consuelo pondré sobre el dolor de los que sufren olvidados de sus hermanos y un bálsamo divino derramaré sobre sus males, levantándoles a la vida, para que den testimonio de mi presencia espiritual.
En verdad, os digo, que lo imposible no existe. En casos tan pequeños como vuestros quebrantos de salud, hablad a Dios que habita en cada uno de vosotros, que sabe lo que necesitáis, lo que sentís, y Él os dará según sea su voluntad.
Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados. (Santiago 5:15)
En aquel Tiempo, las multitudes me buscaban más como doctor que como Maestro, porque siempre han creído los hombres, que es más grande el dolor del cuerpo que el del espíritu.
¿Cuándo volveréis a buscarme con aquella fe, con que se acercaban a Mí los enfermos en aquel Tiempo?
Cuando llega un doctor junto a vuestro lecho de enfermo y en él depositáis toda vuestra fe y confiáis a su ciencia vuestra vida, olvidáis que la vida de ambos depende de Mí. Aquella alcoba, en vez de llenarse de luz y saturarse de fuerza y de esperanza, permanece triste y sombría por falta de espiritualidad; por lo que os digo, que no dejéis de orar en ese instante ante vuestro Padre para solicitar de Él la luz sobre el hombre de ciencia y el bálsamo sobre vuestra dolencia.
En mi palabra traigo curación para vuestras dolencias y vengo a depositar mi bálsamo para los enfermos; pero comprended, que este bálsamo no es tan sólo para el cuerpo, sino también para el espíritu.
Me pedís que os sane y de cierto os digo, que nadie mejor que vosotros mismos podéis ser vuestro doctor.
Cuántas veces estáis enfermos sólo porque así lo pensáis, porque a cada paso creéis que os sigue la fatalidad u os acecha el dolor; entonces atraéis con la mente a las tinieblas, de las cuales rodeáis vuestra vida material y vuestra jornada espiritual. Mas aquí me tenéis para encender de nuevo la fe en la vida, en la verdad, en lo eterno, en la paz perfecta y también para enseñaros a atraer la luz hacia vosotros.
La Ley del sabio, es manantial de vida, para apartarse de los lazos de la muerte. (Proverbios 13:14,16)
Yo soy la luz de éste y de todos los mundos, quiero que os vistáis con esa luz. Mi palabra es bálsamo de curación; sanaos con ella escuchándola y poniéndola en práctica. ¿Por que si lleváis a Dios en vosotros, estáis enfermos, sufrís y lloráis? Examinaos a vosotros mismos y corregid cuanto haya que corregir, limpiad todo cuanto haya que limpiar.
Yo os dije: «Limpiad el vaso por dentro y por fuera», o sea que vuestro ser interior armonice en voluntad e inspiración con vuestra parte material o humana.
La práctica de la moral, de la virtud y la espiritualidad os librará de las enfermedades de la materia y del reclamo de la conciencia. En vuestro espíritu existe una fuente de salud, de paz, y un manantial inagotable de bendiciones.
Existen ricos acaudalados que no tienen salud, ni conocen la alegría, y hombres pobres que teniendo salud no saben lo que poseen y viven amargados porque desean caudales o comodidades. No descubro ambiciones nobles en el corazón de los hombres y cuando llegan a tenerlas no persiguen buenos ideales.
Cuando a través de vuestra conciencia descubráis el origen de vuestras aflicciones y pongáis todos los medios para combatirlo, sentiréis en plenitud la divina fuerza, ayudándoos a vencer en la batalla y a conquistar vuestra salud corporal y libertad espiritual.
El que a base de renunciaciones y sacrificios recupera la salud no vuelve a ponerla en peligro, porque sabe cuánto le costó lograrla.
Soy el Doctor que viene en busca del enfermo. Cuando cansados de sufrir se encuentren, y no hallen una mano piadosa que los cure, venid a Mí, orad y penetrad en comunión Conmigo y Yo derramaré el consuelo que necesitan y no juzgaré vuestro pasado.
Aprended a conversar con el Doctor de los doctores, ¡oh, enfermos benditos! Tened siempre verdadera fe, para que el milagro se verifique y haced méritos para que siempre os encontréis dignos de lo que solicitáis.
Enfermos que a lo largo de vuestra vida habéis llevado la cruz del dolor, venid a Mí, Yo os sanaré, y os apartaré toda enfermedad, vengo a consolaros en vuestras aflicciones. ¿Sabéis porque lo puedo hacer? ¡Porque os amo!
La ciencia sola no basta para salvar al mundo de sus dolores.
El verdadero amor puede devolver la salud a un enfermo, por ser el más poderoso de cuantos medios debe conocer el hombre para curar.
Así como la sangre corre por vuestras venas y vivifica todo el cuerpo, así la fuerza de Dios como un torrente de vida, pasa a través de vuestro espíritu. No hay motivo para estar enfermo si cumplís mi la Ley. El amor es el principio y la razón de vuestra existencia, oh humanidad. ¿Cómo podéis vivir sin ese don? El que ama, no conoce el odio que amarga la vida, ni sabe del rencor que destroza el corazón y entristece el espíritu. El que ama tiene dulzura en su palabra, en su mirada y en sus obras, su vida es dulce y su muerte corporal tendrá que ser apacible.