El verdadero amor

¿Qué es el verdadero amor?

Ese vacío que la humanidad me presenta en su espíritu, es el que vengo a llenar con mi amor de Padre.

Deseo explicaros el sentido de aquella máxima, cuyo significado aun no ha sido comprendido. Para vosotros el amor es una bella palabra, pero hasta hoy no habéis penetrado en su verdadero sentido.

En verdad os digo que existe frío en el corazón de los hombres, porque han abandonado el verdadero amor. Es como esos hogares en donde se ha apagado la llama sagrada de los afectos, ya sea entre esposos, entre padres e hijos o entre hermanos. Están juntos sus cuerpos, pero sus espíritus están distantes. ¡Cuán grande es su vacío, cuánta su soledad y qué frío en el interior de aquellos hogares y de esos corazones!

Cuando os hablo de amor, me refiero al lazo divino que une a todos los seres, no me refiero al amor como lo entienden los hombres, donde hay egoísmo o bajas pasiones.

Hoy escucho a los hombres hablar de ley, de justicia, de paz, de igualdad y de fraternidad; mas en verdad os digo, que en donde no existe verdadero amor, no podrá haber verdad, ni justicia y mucho menos paz.

¡Ah, hombres de muchas palabras, de muchos idiomas y de muchas creencias, pero de muy pocas obras de amor! El que ama, no conoce el odio que amarga la vida, ni sabe del rencor que destroza el corazón y entristece el espíritu. El que ama tiene dulzura en su palabra, en su mirada y en sus obras, su vida es dulce y su muerte corporal tendrá que ser apacible.

El amor no se aprende, sino se siente, se lleva dentro. El amor es un compendio de todos los atributos de Dios. El amor es el principio y la razón de vuestra existencia.

Hay muchos que llevan en sí la muerte, y otros que están enfermos tan sólo por no amar a nadie. A pesar de todo esto, Yo sé que en lo más íntimo de cada criatura existe una fibra de amor, que al ser tocada, vibra. Es menester llegar a ella por el camino de la ternura y de la caridad, para que despierte y haga sentir al corazón algo de lo que Dios siente por cada uno de sus hijos: Amor.

A Jesús atribuís muchos milagros y de cierto os digo, que sus obras fueron el efecto natural del amor. Existen muchas formas de hacer el bien, muchas formas de consolar y servir, todas son expresiones del amor, que es sabiduría del espíritu.

El amor que os enseño, nace del espíritu, es puro, limpio, desinteresado, y está más allá del amor por los vuestros, del amor a la patria y a vosotros mismos. Muchas veces no necesita palabras, habla mejor con hechos, y pensamientos.

De todos los afectos humanos, el que más se asemeja al amor divino, es el amor maternal, porque en él existe desinterés, abnegación y el ideal de hacer la felicidad del hijo aun a costa del sacrificio.

Sólo la bondad puede dar paz, alegría, salud, saber; por lo tanto, el que sea abundante en amor, tendrá que ser grande en espíritu. Os he dicho que de la abundancia de buenos sentimientos hablará vuestro corazón.

El amor os dará la sabiduría para entender la verdad que otros buscan inútilmente por el camino de la ciencia. Si lleváis amor en el espíritu, tendréis el cielo dentro de vosotros. Si aprendéis de Mí con amor en el corazón, es imposible que os equivoquéis.

Cuando contemplo a los moradores de este mundo, veo que todos los pueblos conocen mi nombre, que millones de hombres pronuncian mis palabras y sin embargo, no veo amor de los unos a los otros.

Por eso os enseño a amar, para que conozcáis el secreto de la vida. Sed generosos, para que vuestro amor sea un canto que alegre el corazón de los tristes. Sabed también que por los sentimientos del corazón se adquiere sabiduría. El que por amor procura ser útil a sus semejantes, se consagra al bien en cualquiera de las múltiples sendas que ofrece la vida.

Es en vano que los hombres traten de encontrar la solución a sus problemas por otros medios; inútilmente querrán establecer la paz en el mundo, si ella no está cimentada en el amor de los unos hacia los otros. Amad a vuestro Dios y amad a vuestros semejantes, porque en ello radica la comprensión universal.

Cuando os he dicho: «Amadme», ¿sabéis qué es lo que quiero deciros? Amad la verdad, amad la vida, amad la luz, amaos los unos a los otros, amad la vida verdadera.

Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe.

Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.

El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.

Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.

Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; más cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.

Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido. Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor. (1ª de Corintios 13:1-13)

No sentís amor por vuestros semejantes y es por eso que continuamente el dolor os aqueja. Habéis olvidado mi mandamiento que os dice: «Amaos los unos a los otros» el cual os enseña la más grande de todas las sabidurías.

¿Cómo podréis decir que amáis a vuestro Dios, si antes no le habéis amado en vuestros hermanos?

«Amaos los unos a los otros», he ahí mi mandamiento supremo para la humanidad, sin distinción de credo o de religión.

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