De las pruebas y el dolor

De las pruebas y el dolor en el camino de la humanidad

Nunca había estado este camino de evolución tan lleno de dolor y amargura como ahora, sin embargo, hay cálices que todos tienen que beber, unos primero y otros después.

Todos los días de vuestra existencia, es una página del libro, que cada uno de vosotros está escribiendo. Cada día está señalado con una prueba y cada prueba tiene un significado y una razón. A cada paso la vida os hace sentir y pagar con intenso dolor vuestros errores, pero en vez de deteneros a meditar y a reconsiderar vuestros hechos, dejáis que vuestro corazón se endurezca y se envenene más.

No hay pruebas que sean inútiles, no hay prueba que no tenga solución, ni dolor que no deje un rayo de luz en el espíritu. Todas tienen un fin, que es el de perfeccionar a vuestro espíritu.

¡Ah, si comprendieseis cómo el dolor que llega a tocar a la envoltura, es un bálsamo y un alivio para el espíritu! Porque mientras la materia tiene salud y bienestar, el espíritu muchas veces es arrastrado al abismo, o se siente aprisionado dentro de una vida llena de placeres y pasiones desatadas, pero vacía de luz para el espíritu. Hasta que llega el dolor, como una fuerza más poderosa que las pasiones humanas, a detener al hombre en su ciega carrera, haciendo que el espíritu se libere, bendiciendo el dolor y reconociendo que no existe justicia más sabia que la de Dios.

¡Cuánto bien hace el dolor en el espíritu, cuando ese cáliz es bebido con amor y paciencia! Sois como arbustos, que a veces tienen ramas tan secas y enfermas, que necesitan del corte doloroso de la poda, para apartar vuestros males y haceros recobrar la salud. Mi justicia de amor, al arrancar del árbol humano las ramas enfermas que carcomen su corazón, lo eleva. No habéis podido comprender la verdad, y es por eso que cuando él dolor embarga vuestro corazón, os creéis victimas de una injusticia divina, y Yo os digo que en Dios no puede existir ni la menor injusticia.

Estáis cubiertos aún con el velo de la ignorancia, llenos de falsos temores y prejuicios, que no os habéis atrevido a rasgar; por eso; cuando llega una prueba a vuestra vida y no le encontráis alguna causa clara, clamáis diciendo: Pero, ¿qué he hecho yo para que así se me castigue? Sin saber que a veces mi justicia tarda siglos y hasta Eras para llegar a un espíritu.

Mi justicia siempre se presenta y aunque en apariencia llegue tarde o fuera de tiempo, lo cierto es que se manifiesta siempre en forma sabia.

Los juicios de Jehová son verdad, todos justos. (Salmos 19:9)

No creáis que las consecuencias de una desobediencia, se palpan inmediatamente; no, lo que sí os digo es que tarde o temprano tendréis que responder de vuestras obras; a veces llegará a pareceros que ya vuestra falta no tuvo consecuencias en vista de que el tiempo pasa y mi justicia no da señal alguna, pero debéis saber que como Juez soy inexorable y que, llegado vuestro juicio, abriréis vuestros ojos ante la luz de la conciencia.

¡Cuán importante es que esta humanidad llegue al conocimiento de lo que significa la restitución espiritual! Restituir, es devolver a vuestro espíritu su pureza y limpidez que habéis manchado a través de los siglos, con tantas imperfecciones. El tiempo de la restitución y de la purificación tenía que llegar aunque para ello tuvieran que pasar siglos sobre el mundo y vuestro espíritu tuviese que aguardar esa hora. Y ese tiempo ha llegado, es éste, comprendedlo, vividlo y aprovechadlo.

No os canséis de esta vida, no reneguéis de vuestras penas porque no sabéis qué deudas de pasadas existencias estáis saldando. Yo quisiera que siempre fuera el amor del Maestro el que os enseñara el camino y la finalidad de la vida; pero vosotros habéis preferido que sea el dolor el que os enseñe. Ya pasaréis de ese amargo maestro a recibir las lecciones del que os enseña con dulzura.

No huyáis de las pruebas, aprended a hacerles frente. Llamadles justicia, expiación o lecciones, y estaréis en lo cierto y en lo justo. Mas si queréis evitar pasar por el dolor o apurar el cáliz de amargura, podéis lograrlo saldando vuestra deuda con arrepentimiento, con buenas obras, con todo lo que la conciencia os diga que debéis hacer. Así saldaréis alguna deuda de amor, devolveréis una honra, una vida o la paz, la salud, la alegría o el pan, que alguna vez hubieseis robado a vuestros hermanos.

Esa conquista podéis hacerla fácilmente por el amor o penosamente por el dolor. Yo os ayudo, os consuelo y os dirijo, mas a vosotros toca hacer el resto. Bendecid vuestro dolor, no sequéis con coraje vuestras lágrimas, bendecid vuestro pan por pobre que éste sea y lo encontraréis más dulce y sustancioso. Hoy muchos maldicen el dolor, pero mañana lo bendecirán como a un maestro que les enseñó bellas y elevadas lecciones. ¡Hoy es el dolor el que os purifica; mañana será vuestra espiritualidad!

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