La familia
LA FAMILIA
La primera institución en el mundo fue el matrimonio, consagrada por el Padre desde que habitasteis por vez primera la Tierra. A través de los tiempos, mi Ley y mis Revelaciones os han confirmado lo elevado de esa misión, cuyas bases son el amor y la comprensión.
En el hombre y la mujer he derramado dones preciosos para que logren su perfeccionamiento. Quiero que edifiquéis sobre bases firmes el futuro de la humanidad. Yo, que presido vuestros actos, os bendeciré y multiplicaré vuestra simiente.
De la dicha de ser padre, quise participaros y os hice padres de los hombres, para que forjaseis seres semejantes a vosotros, en los que encarnarían los espíritus destinados por Mí. Si en lo Divino y eterno existe amor maternal, quise que en la vida humana existiese un ser que lo representara: la mujer. Sobre el varón y la mujer he derramado sabiduría y amor, he puesto en sus hombros una cruz y les he marcado un destino perfecto.
He ahí dos seres que sólo unidos podrán sentirse completos, perfectos y felices, porque con su armonía formarán una sola carne, una sola voluntad y un solo ideal.
La ley del matrimonio descendió, como una luz que habló a través de la conciencia de los primeros, para que reconociesen que esa unión significa un pacto con el Creador. El fruto fue el hijo, en el que se fundieron la sangre de sus padres como una prueba de su unión indisoluble. Esa dicha que el padre y la madre sienten cuando han dado un hijo al mundo, es semejante a la que el Creador gozó cuando se hizo Padre y dio vida a sus hijos muy amados.
Todos los cargos que os doy son de gran trascendencia y responsabilidad; mientras a unos les concedo la paternidad, a otros los convierto en guías espirituales de una porción o en gobernantes de un pueblo. Bendito aquel que se eleve más allá de la materia y busque en Mí la fuerza y la luz, pues estará en comunicación conmigo y Yo le sostendré en todas sus pruebas, a través del cumplimiento de su misión.
En el Segundo Tiempo por medio de Jesús, gusté de visitar a las familias. Mi presencia en los hogares santificaba aquella unión y bendecía sus frutos. Hablaba a la niñez, a la juventud, a los hombres de edad madura y a los ancianos; al mancebo, a la doncella, al padre de familia, a la esposa y a la madre, porque era menester reconstruirlo todo y dar nuevas luces sobre la forma de vivir en este mundo, que es una etapa de la vida espiritual.
Yo enaltezco al varón y dignifico el lugar de la mujer, santifico el matrimonio y bendigo a la familia. En este tiempo vengo con espada de amor a colocar todas las cosas en su sitio, las cuales fueron puestas fuera de él por el hombre.
Haced de vuestro hogar un segundo templo, de vuestros afectos un segundo culto. Si queréis amarme, amad a vuestra esposa y a vuestros hijos, porque también de ese templo brotarán grandes obras, pensamientos y ejemplos.
El destino de los padres y de los hijos está en Mí, mas a unos y a otros toca ayudarse mutuamente en sus misiones y restituciones.
¡Cuán liviana seria la cruz y llevadera la existencia, si todos los padres y los hijos se amasen! Las pruebas más grandes, serían atenuadas por el cariño y la comprensión. Su conformidad ante la voluntad Divina, la verían recompensada con la paz.
Padres de familia: evitad errores y malos ejemplos. No os exijo perfección, solamente amor y caridad para vuestros hijos. Preparaos de espíritu y materia, porque en el Más Allá, grandes legiones de espíritus esperan el instante de encarnar entre vosotros.
Quiero una nueva humanidad que crezca y se multiplique no sólo en número sino en virtudes, para que contemple cercana la Ciudad prometida y sus hijos alcancen a morar en la Nueva Jerusalén. Quiero que se llene la Tierra de hombres de buena voluntad que sean frutos de amor.
Yo he colocado a la mujer a la diestra del hombre para endulzar su existencia, para llenarla de encanto. Es el hombre en la vida de la mujer, escudo y guardián, porque en él he puesto mi luz, mi Ley, mi Fuerza. Así os he unido en este mundo, trazándoos el camino que debéis seguir.
Mujeres benditas: entre el espíritu del varón y el vuestro no existe diferencia, aunque físicamente seáis distintos y también distinta la misión del uno y de la otra. Tomad como maestro de vuestro espíritu a Cristo y seguidle por la senda trazada con su amor; haced vuestra su palabra y abrazaos a su cruz. Estoy hablando a vuestro espíritu con la misma palabra que entrego a los hombres, porque espiritualmente sois iguales. Sin embargo, cuando vuestro corazón busque un modelo a quien imitar, cuando necesitéis de ejemplos perfectos en qué apoyaros para perfeccionaros en la vida, recordad a María y observadla a lo largo de su jornada en la Tierra.
En mi nuevo apostolado estará la mujer al lado del varón, lo mismo la doncella que la madre, porque vuelvo a deciros que es a vuestro espíritu al que busco.
Desde antes que llegaseis a la Tierra, Yo ya conocía vuestra trayectoria e inclinaciones y, para ayudaros en vuestra jornada, puse en vuestro camino, lo mismo del hombre que de la mujer, a un corazón que con su amor iluminara vuestro sendero. Así he querido ayudaros, para que no estéis solos y lleguéis a ser un báculo de fe, de fuerza moral y de caridad para todos los que os rodean.
No pretexten los padres que por cumplir con los deberes de familia, no puedan hacer el bien a los demás. No me digan los varones que se sienten incapaces para enseñar a practicar mi Ley. A todos os señalo en vuestro camino las ocasiones en que debéis sembrar mi Semilla, sin desatender vuestros deberes. Servidme y Yo os serviré.
Se presentan ante Mí un mancebo y una doncella, para pedirme que su unión sea bendecida y sancionada por mi Amor.
Yo os recibo, hijos míos. Venís a celebrar vuestra unión y os digo: Ha mucho tiempo que estáis unidos espiritualmente, pero es menester que los hombres celebren un acto que atestigüe la comunión, el matrimonio de dos seres, para que sea reconocido y respetado espiritual y humanamente.
No asistís a una ceremonia, venís a recibir una caricia, un consejo de Padre y una enseñanza de Maestro.
Sois dos espíritus, dos corazones, que os uniréis para formar un solo ser y una sola voluntad. Habéis estado distantes en diferentes mundos y al llegar a la Tierra, primero el uno y después la otra, os he probado en vuestro amor y en vuestra paciencia. Habéis sabido cumplir vuestras promesas, venciendo con amor y fe todos los obstáculos.
Estáis ante la presencia de vuestro Señor, que engalana vuestro espíritu y lo fortalece, para que cumpláis con esta delicada misión que os señalo, la más sublime que he dado al hombre en la Tierra.
Vais a penetrar en esa institución de amor, de sacrificio y vida, de obediencia al destino y de renunciaciones en cumplimiento de un ideal. Venís en pos de la luz y ésta la derramo a raudales sobre vosotros, para que vuestro paso sea firme en la nueva senda.
Varón: Los dones que concedí al primer hombre en la Tierra, los he dado a vos: el talento, la voluntad y la energía; también la fuerza y la simiente de vida. Lleváis simbólicamente en vuestra diestra una espada y en la siniestra un escudo, porque la vida terrestre es una lucha en la cual los hombres sois soldados, guardianes de la paz, de la justicia y la virtud, defensores de la humanidad. Yo os hago soldado de esta lucha y pongo a vuestra diestra, junto a vuestro corazón, a una doncella. Ella es espiritual, moral y corporalmente, una flor cultivada por Mí en un jardín codiciado por las pasiones humanas, el cual María, la Madre Divina, cuida y protege siempre, y riega con las aguas cristalinas y puras de su virginidad y castidad.
Me habéis pedido con humildad esta flor y Yo os la entrego con amor. Esto es lo más grande que puede poseer el hombre en esta vida. No estáis ya ligados a vuestros padres, porque para cumplir este destino os alejáis de ellos y quedáis en la senda de la lucha. Vuestros hijos también, cuando sea llegado el tiempo de ir en busca de su destino, se alejarán de vosotros, abandonarán el hogar paterno y sólo quedará cerca del corazón del hombre, la compañera de su vida, la mujer que eligió, la que habrá compartido sus alegrías y sufrimientos, y cuya unión sólo la muerte puede separar. Es mi Verbo de amor el que os está enlazando y dando fuerza a vuestro propósito.
¡Levantad vuestra frente, caminad con paso firme; sed el uno para el otro como un báculo! Sed un manto amoroso que enjugue el llanto, os digo a los dos, porque espiritualmente ambos sois iguales, no existe sexo o diferencia en el espíritu, no está ninguno de los dos antes que el otro.
Ser hombre para un espíritu, es prueba a que os someto. Ser mujer para un espíritu, significa responsabilidad y abnegación. En el hombre está la fuerza y debe usar siempre la comprensión; en la mujer, preparada con ternura y sensibilidad, anidan el amor y el sacrificio: el uno y la otra se complementan. De esa unión, de esa comunión de espíritus y cuerpos, de esa semilla y de esa tierra fecunda, brota la vida como un río inagotable.
Yo os bendigo y os uno con mi abrazo de Maestro, con mi ósculo Divino. Os dejo como un ejemplo, porque llegáis con preparación espiritual y con respeto. El pueblo os sirve de testigo y a él hago responsable de vosotros. Quiero que ellos, con su elevación en este instante, siembren de ventura vuestro sendero, gocen siempre al mirar en vosotros la sonrisa y la paz, y os bendigan en vuestra multiplicación, como Yo os bendigo. Esta es mi Voluntad.
No ha sido la mano de un ministro la que ha sancionado vuestra unión, sino mi Ley eterna, mi Amor.
María os bendice también, os da calor y ternura y os invita a ir por la senda de la virtud paso a paso, con esa humildad y paciencia de que os ha dado ejemplo siempre. Yo os bendigo y os uno.
He aquí, discípulos, mis últimas manifestaciones por el conducto humano. Me preguntáis: -¿Cómo celebraremos en el futuro el acto de la unión matrimonial? Y Yo os contesto: Hacedlo en el seno de vuestra congregación; uníos delante de los que se hayan preparado como apóstoles de esta Doctrina. Mas no os unirán ellos, porque este cargo no lo he conferido a hombre alguno. Yo poseo vuestro destino y vuestra alianza quedará escrita imborrablemente en el Libro eterno.
Vendrán hermanos vuestros de diferentes religiones a escudriñaros, y mientras unos comprenderán la verdad de este acto espiritual, otros se escandalizarán. Pero vosotros demostraréis con vuestras obras virtuosas, que habéis sido bendecidos por Mí y vuestra unión es indisoluble.
Todavía la elevación e intuición del hombre no es tan grande, como para contemplar que dos seres se unen en santo lazo en mi Nombre, sin haber sido unidos por un ministro. Pero ese tiempo vendrá y entonces no habrá duda en el hombre ni en la mujer, cuando se encuentren. Ellos conocerán la hora destinada por Mí y sabrán prepararse, para penetrar con firmeza y confianza en su unión matrimonial, y la sociedad no los juzgará mal por no haber sido sancionada por un ministro ante un altar. Volveréis a ser como en los tiempos patriarcales, en que la unión de los seres sé hacia espiritualmente.
Ese tiempo llegará, mas por ahora, mientras el mundo se eleva en espíritu, practicad como os he enseñado en este día, con la mayor fraternidad, espiritualidad y regocijo.
Cuando los hombres de paz y buena voluntad abunden en la Tierra, veréis florecer mis Divinas instituciones y mis leyes endulzarán vuestra vida. Los tiempos de paz, concordia y bienestar, volverán sin mengua de vuestra civilización y vuestra ciencia. Antes bien os digo, que si el hombre ha descubierto mucho y ha arrancado a la naturaleza sus secretos, aun en medio de su impreparación y carencia de amor y caridad, ¡cuánto más alcanzará, cuando se eleve a Mí y me pida la luz en su ser, para hacer grandes obras en bien de la humanidad! Yo les concederé transformar este mundo en un valle de luz, de redención y bienestar para todos mis hijos, porque quiero que poseáis mi Sabiduría y mi Paz.
Enseñad a los niños a dar sus primeros pasos en su vida. Facilitadles el camino para que ellos puedan elevarse, encontrarme y amarme.
Tened en cuenta que en cada nueva generación que surja entre vosotros, irá siendo mayor el adelanto espiritual. Haced uso de la intuición para guiarles y no les deis malos ejemplos ni frutos vanos.
Yo aconsejo a los padres de familia, que así como se preocupan por el futuro material de sus hijos, lo hagan también por su futuro espiritual, para que cumplan la misión que hayan traído al mundo. Pensad que esos seres, antes de encarnar, ya han orado por vosotros, os han protegido y ayudado en vuestra lucha; ahora os corresponde a vosotros sostenerlos en los primeros pasos que, a través de la carne frágil, van dando en la Tierra. Haced que ellos penetren en el camino de mi Ley. Despertad sus sentimientos, reveladles sus dones e inducidles siempre al bien.
¡Ah, si desde sus primeros pasos en la Tierra escuchasen en los labios de sus padres una doctrina sabia, fortificante y consoladora, cuánto ayudaría esto a su espíritu para guiarlo hacia Mí!
El niño intuye que es impotente para luchar por si mismo y deposita toda su confianza en sus padres. Nada teme cuando se encuentran a su lado, sólo espera y sabe que nada le faltará. Luego va descubriendo que en ellos existe una fuente de saber, de ternura y de vida, y que en su compañía llega a experimentar la felicidad.
Discípulos: explicad mi Palabra y mis Lecciones a la niñez, mi Doctrina no distingue edades ni sexos: es para el espíritu. Simplificadles mi Enseñanza para que esté al alcance de su mente, pero nunca olvidéis que la mejor forma de educarlos, será a través de la virtud de vuestra vida, en la que ellos verán obras de caridad y paciencia, de humildad y espiritualidad. Ésa será la mejor forma de doctrinar.
Explicadles que la oración es el lenguaje en que me habláis de vuestras cuitas y me dais gracias. Habladles de Jesús, de María y de todos los hombres y mujeres que han traído al mundo un mensaje de luz; así les trazaréis el camino que conduce a Mí.
Hoy me escuchan los niños en el mismo lenguaje que vosotros, porque su espíritu es grande y pueden comprenderme, porque no es a la carne a la que vengo a hablar, sino al espíritu. Por eso os repito: No menospreciéis a los niños, ¡hacedlos venir! Su espíritu está hambriento y voy a cultivarlo en igual forma que a vosotros. Son las generaciones del mañana las que han de poner, sobre los cimientos vuestros, una piedra más en la edificación de mi Obra.
Gozad de la presencia de los niños, en quienes habitan ya los espíritus que anuncié a la humanidad para este tiempo y cuya misión de paz y de luz, se manifiesta en sus hechos, desde sus primeros pasos. Velad por que en ellos se cumpla mi Promesa. Ellos son esperanza y cimiento de futuras generaciones y su destino será dar testimonio a los que esperan ansiosamente las señales de que el Reino prometido está cerca.
Debéis preocuparos por transmitir a vuestros hijos, pureza y sensibilidad para el conocimiento espiritual; ellos os lo agradecerán, porque supisteis brindarles un cuerpo exento de pasiones, una mente despejada, un corazón sensitivo y un espíritu despierto al llamado de su conciencia.
En los jóvenes, podréis ver en su energía, en sus ilusiones y ambiciones, la presencia de un espíritu en la plenitud de su lucha en la Tierra, en esa edad en que el espíritu combate sin tregua, contra las pasiones de la carne y los peligros que lo acechan. Para ellos, tened comprensión, sabed ayudarlos y velad para que salgan adelante en su difícil jornada.
He hablado directamente a la juventud para orientarla en el incierto camino de su vida, porque Yo la contemplo como una frágil barquilla en medio de un mar embravecido y, para ayudarla, he presentado ante sus ojos mi Obra, como un faro luminoso que la guíe al puerto de salvación.
La juventud en este tiempo es la que se encuentra más alejada de Mí. Encended en ella el amor a sus semejantes, inspiradles grandes y nobles ideales, porque será la que el mañana, luche por alcanzar una existencia en la que brillen la justicia, el amor y la sagrada libertad del espíritu. Para que broten de vosotros los hijos de la luz, alimentaos sólo de verdad y rechazad todo lo que no encierre pureza. Ya es tiempo de que purifiquéis vuestra simiente, para que forméis una familia fuerte de espíritu y materia. La práctica de la moral, de la virtud y la espiritualidad, os librarán de las enfermedades del cuerpo y del reclamo de la conciencia.
Mi Obra requiere que los discípulos, sepan dar testimonio con la limpidez y verdad de sus actos.
Tened caridad de vuestros hijos. Si pudieseis contemplar por un momento a esos espíritus, os sentiríais indignos de llamaros sus padres. No les deis malos ejemplos, cuidaos de hacer escándalo delante de ellos. Guiadles con celo, enseñadles a cumplir con las leyes del espíritu y de la materia y, si ellos las Infringen, corregidles, porque vosotros como padres me representáis en la Tierra.
El padre de familia me ha buscado para comunicarme sus problemas y preocupaciones, porque sus hijos desconocen su autoridad, le vuelven la espalda y desobedecen el consejo paternal. Debo advertiros que es muy delicado el cargo que lleváis así como pesada vuestra cruz; mas si sabéis apurar con fe y paciencia vuestro cáliz, me iréis imitando en el camino y vuestros hijos no se perderán.
Ved por doquiera los hogares destruidos, las mujeres en el camino del vicio y los niños sin padre. ¿Cómo podrán existir en esos corazones la ternura y el amor? Hay hogares en los cuales los hijos, en su niñez y otros en su juventud, sufren al ser testigos de la división entre sus padres. Yo os estoy dando tiempo para que os arrepintáis de vuestras faltas. Reconstruid con obras, palabras y pensamientos lo que habéis destruido, dando a la honestidad y a la virtud el valor que tienen. Que aquellos que han caído en el vicio, se levanten venciendo las flaquezas de la materia, imponiendo la voluntad y la fuerza del espíritu hasta ponerse a salvo. Huid de los vicios, varones, para que vuestra sangre sea semilla fértil y sus frutos agradables al Padre.
Mujeres: Os estoy preparando para que deis al mundo hijos de paz y buena voluntad. A las que sois estériles, os digo: Orad, no sintáis vergüenza por vuestra expiación. Sed conformes, porque no sabéis si es mi Voluntad, que Yo os sorprenda y haga que sintáis en vuestro seno los latidos de un nuevo ser.
Procread hijos perfectos a imitación de vuestro Creador, que sólo seres perfectos ha formado en su amor Divino.
Afirmad vuestra planta en la senda de mi Ley y dejad brillar en vuestro corazón la flama de la fe. El espíritu tendrá que buscar, como barca salvadora, el verdadero culto del espíritu y su corazón se refugiará en el hogar, que es el segundo templo en la vida del hombre.
Honrad con vuestra vida recta y virtuosa, a quienes por mi Voluntad os dieron la existencia y mañana vuestros hijos lo harán con vosotros.
No solamente me glorificáis con obras espirituales, también vuestras obras humanas lo hacen. ¿Cómo podríais honrar a vuestro Padre celestial, sin antes haberlo hecho con vuestros padres en la Tierra? ¿Cómo tratáis de ver a la humanidad como hermana vuestra, si antes no amáis a vuestra familia?
Los actos y los secretos de los demás, respetadlos, porque no os corresponde juzgarlos.
Yo prefiero hombres caídos en el pecado para levantarlos, que hipócritas que aparentan pureza y sin embargo pecan. Prefiero un gran pecador pero sincero, a la pretensión de una falsa virtud. Si queréis engalanaros, que sea con la sinceridad y la verdad.
No desconozcáis vuestros deberes, pensad que vuestra cruz no es pesada si sabéis llevarla con sumisión y amor. Quiero veros sonreír y vivir en paz, quiero ver en vuestros hogares las más sanas alegrías.
Os he dicho que la mujer es el corazón del hombre. He ahí por qué he santificado el matrimonio, porque en la unión de esos dos seres, espiritualmente iguales pero corporalmente diferentes, se encuentra el estado perfecto.
Haced del hogar un santuario, para que cuando penetren los seres invisibles, que vagan turbados en el Valle Espiritual, encuentren en vosotros la luz y la paz que buscan y se eleven al Más Allá.
Bienaventurado el corazón de la esposa, porque es refugio del hombre. Bendito el corazón de la madre, porque es manantial de ternura para sus hijos; mas también os digo, que son benditas las vírgenes que saben amparar bajo su manto a los necesitados, porque su ternura será como un desposorio y una maternidad que están más allá de lo humano. ¡Cuán pocas han sabido renunciar a los deberes del mundo por cumplir con los del espíritu!
La lucha espiritual de este tiempo la miráis reflejarse en muchos hogares: matrimonios que no comparten las mismas ideas: unos, en los cuales me sigue el varón, otros, en que la mujer arrostra todo por venir en pos de Mí, llena de fe. Concluid por comprender, que todos amáis a un mismo Dios y no riñáis por la diferencia de forma en que unos y otros lo hacéis. Es menester que lleguéis a comprender, que hay seres en los que las creencias, las tradiciones y costumbres, han echado raíces tan hondas, que no os será fácil arrancarlas en el primer momento en que les doctrinéis. Yo os aconsejo tener paciencia.
Si encuentro apagado el fuego del hogar, llamaré al esposo y le diré: ¿Por qué no encendéis el fuego del amor que es la llama que da vida a vuestra unión? ¿Por qué os habéis apartado del camino y habéis arrojado la cruz? ¿No tuvisteis valor para apurar las últimas gotas de acíbar que quedaban en el cáliz? Volved a tomar el camino en que Yo os puse, sólo allí me encontraréis para premiar vuestra fe, vuestra obediencia y fortaleza.
A la esposa la tocaré en las fibras más delicadas del corazón y le preguntaré: Mujer, ¿acaso creéis encontrar, fuera del sendero de vuestro deber, la paz que anheláis? No, no os engañéis. El mérito vuestro consistirá en llevar, con abnegación y paciencia hasta el fin, la cruz que Yo deposité en vuestros hombros.
¡Cuánto padece el Espíritu Divino cuando encuentra en los hogares la desunión, la mala voluntad y la falta de caridad! Si volvéis al camino del amor, al instante sentiréis la paz de mi Presencia. No quedará ningún corazón en quien no me haga sentir, para invitarlo a la reconciliación, al amor y a la paz.
Entre vosotros están los que llegaron como parias y ahora se sientan a mi mesa. Entre la multitud se encuentran los que estaban ciegos y hoy ven la luz; contemplo también a los que eran mudos para la palabra de amor y caridad y que hoy, ya convertidos, son mis servidores; están los que eran sordos y no escuchaban la voz de la conciencia, pero que han recobrado ese don, oyendo la voz del Juez Supremo y han aprendido a oír la queja de los que sufren.
Descubro entre estas multitudes a la mujer adúltera y también a la pecadora arrepentida, ambas acusadas y señaladas por quienes muchas veces me ofenden más que ellas; mas Yo les perdono y les digo que no vuelvan a pecar. Habéis expiado vuestras faltas y Yo os consuelo para que os levantéis fuertes en el camino.
Mujer: Vos llegasteis con los ojos y el corazón cansados de llorar, y cuando creíais no tener más lágrimas, oísteis mi Palabra y vuestras mejillas volvieron a ser surcadas por el llanto: pero ahora fue llanto de esperanza y de ternura. ¿Quién había llegado al fondo de vuestro corazón antes del día en que oísteis mi Voz?
Yo he querido crear entre vosotros una familia unida, fraternal y hospitalaria, para que los viajeros buscadores de paz y caridad, penetren en vuestros hogares, deseosos de compartir el amor que en vosotros he derramado.
En la Tierra tenéis un refugio: vuestro hogar, esa institución es imagen del Universo, de su seno tomaréis fuerzas para luchar. Haced que vuestro hogar tenga algo de templo, que vuestro techo sea acogedor y vuestra mesa fraternal.
Llevad en el espíritu la paz que os habla de luz, de moral y de virtudes. Anhelad llegar a ese estado de elevación y dejad de ser cautivos de las pasiones de la materia. Desde el principio de la humanidad, han sido pocos los que han buscado la paz o los que han permanecido en ella, porque el hombre la busca sólo cuando el dolor lo ha vencido.
Discípulos: A pesar de que muchos de vosotros habéis llegado a la ancianidad con el corazón y la mente llenos de experiencia, al escuchar en este tiempo mi Palabra y recibir mis nuevas Revelaciones, tuvisteis que confesar que ante mi Sabiduría sólo erais párvulos. Como no sabéis el tiempo de vida que os conceda, es menester que os levantéis desde este instante al cumplimiento de vuestra misión, y por larga que sea vuestra jornada, siempre estará llena de alicientes para que lleguéis hasta la meta.
Os he hecho recorrer el camino de la restitución y de la evolución, para que a vuestro paso vayáis dejando toda imperfección y mancha. ¿No veis cómo las aguas de los ríos, ennegrecidas por el cieno, llegan a purificarse en su rauda corriente? De cierto os digo que de igual manera acontecerá con vuestro espíritu. Yo soy vuestro destino, todos volveréis a Mí mediante la obediencia a mi Ley.
Os encargo que cumpláis todo compromiso y promesa que hagáis, para que os reconozcan por la verdad que emana de vuestro espíritu y la sinceridad de vuestro corazón. Nunca rompáis un pacto sagrado, como son el del matrimonio, el de la paternidad y el de la amistad.
Cambiad vuestras ambiciones de poderío y superioridad, por anhelos sanos del espíritu y encontraréis que vuestro trabajo, os proporciona satisfacciones y alegrías legítimas.
He aquí el concierto de mi Palabra impregnado de amor, alentando a vuestro espíritu en su camino. Soy la estrella que os guía hacia la Tierra Prometida.
¡Mi paz sea con vosotros!