La armonía

LA ARMONÍA

Soy vuestro Padre que trabaja incansablemente para lograr que reine la amistad entre todos mis hijos, los que habitan la Tierra y los que moran en otros mundos. Vengo a pediros también vuestra reconciliación Conmigo.

El secreto de la felicidad que os revelé en Jesús se encuentra en el amor, esa fuerza que todo lo mueve os conducirá a la fraternidad.

Aunque vivís en el mundo podéis hacer vida espiritual, porque la espiritualidad no consiste en apartarse de lo que corresponde a la materia, sino en armonizar con las leyes humanas y Divinas. El estado natural del ser humano es el de la bondad, el de la paz interior.

Si os disponéis a hacer mi Voluntad, lograd primero vuestra concordia y luego armonizad con toda mi Obra.

La armonía espiritual con todos los seres os dará grandes conocimientos y propiciará la comunicación con mi Espíritu, acortará distancias y borrará fronteras.

¡Pero cuán lentamente evolucionáis! ¡Cuántos siglos han pasado desde que habitáis este planeta y no habéis alcanzado a comprender vuestra misión espiritual! El espíritu tiene vida eterna, reconocedle sus derechos y vivid en armonía con él.

Estáis viviendo un tiempo de caos, la semilla de la desunión se ha multiplicado en la Tierra. El corazón no está de acuerdo con la mente, el cuerpo no está en paz con el espíritu y ambos no se unifican con la conciencia. Cuando el amor y espiritualidad lleguen a ser la esencia de vuestra vida, mi Sabiduría se desbordará en el espíritu de mis hijos.

En este tiempo no sellaréis con sangre vuestra obra. El mundo no tiene sed de vuestra sangre, su sed es de verdad, de amor y caridad.

Amadme, armonizad con todo y con todos. El sitio y la forma en que viváis os será indiferente, porque lo que importará será vuestra elevación espiritual.

Luchad por identificaros unos con otros, combatid el odio en que habéis vivido, hasta exterminarlo. Procurad que el bien se establezca en el mundo, que vuestra vida se vea ennoblecida por la práctica de mi Doctrina, de la que emanan la Ley de amor y la justicia. Entonces habréis luchado por la más noble de todas las causas y vuestro espíritu se habrá acercado a Mí.

Unificaos en anhelos e ideales con vuestros hermanos de enseñanza, aunque os encontréis distantes: es mi Voluntad que vuestro espíritu se encuentre unido a ellos y todos viváis en comunión Conmigo.

Vengo a preveniros de los peligros que os acechan, porque formáis parte de mis huestes de luz y de paz, las cuales irán siempre unidas a mis ejércitos espirituales. Por cada uno de vosotros irá una multitud de seres invisibles como guardianes y protectores. Todos llevarán la misión de unirse a vosotros para alcanzar el ideal supremo de la paz Universal y de esa unión nacerá una fuerza que os hará invencibles.

No vengo a pedir a los hombres la unificación de costumbres, de leyes materiales o de conocimientos sobre ciencias, pues llegará el día en que la conveniencia hará que los pueblos se unan. Lo que vengo a inspiraros es la armonía espiritual, la unión de pensamientos; quiero que toda la humanidad llegue a conocer y practicar la oración espiritual en la que todos podáis elevaros interiormente y recibir de mi Espíritu el pan de vida eterna.

Fijaos en las aves: en todos los parajes de la Tierra cantan con uniformidad y sencillez. Puedo deciros que todas esas criaturas se conocen y entienden mejor que vosotros. ¿Por qué? Porque viven dentro del camino que les he trazado, mientras vosotros, cuando no invadís los campos que no os pertenecen, os alejáis del verdadero sendero que es el del espíritu y una vez perdidos en el materialismo, no podéis entender la enseñanza espiritual que es Divina y eterna.

Quiero que transforméis la Tierra de valle de lágrimas en un mundo de felicidad, donde os preocupéis por practicar el bien y vivir dentro de mi Ley, que unáis la vida espiritual con la humana de tal manera que no existan fronteras entre una y otra.

En mi Espíritu existe un himno que nadie conoce ni en el cielo ni en la Tierra. Ese canto será escuchado en todo el Universo cuando el dolor, la miseria y el pecado hayan quedado exterminados. Aquellas Divinas notas encontrarán eco en todos los espíritus y en ese canto de armonía y felicidad se unirán el Padre y los hijos. Yo os digo que hasta las piedras hablarán cuando esa armonía ilumine la vida de los hombres.

Cuando exista concordia entre el espíritu, el cuerpo y la conciencia, habrá semejanza con la perfección que existe en Dios, y surgirá una sola voluntad: la de alcanzar la cumbre de la evolución espiritual.

En la lucha entre el espíritu y la materia, la antigua batalla de lo eterno y lo temporal, ¿quién creéis que será el vencedor? Ciertamente el triunfador será el espíritu, quien después de haber sido esclavo del mundo, dominará las pasiones humanas.

En medio de esa contienda, os parece que un poder extraño y malévolo os indujese a cada paso a alejaros de la lucha y os invitara a continuar por la senda de la materialidad. Yo os digo que no hay más enemigo ni más tentación que vuestra debilidad. La materia es sensible a cuanto le rodea, débil para ceder, fácil para caer y entregarse, pero todo aquel que logre dominar sus impulsos y pasiones, brillará espiritualmente.

Ved cómo el hombre lleva dentro de sí mismo a su propio tentador; cuando llegue a vencerlo habrá ganado la batalla.

Cuando el espíritu llega a la Tierra a encarnar, viene animado de los mejores propósitos de consagrar su existencia al Padre, de agradarlo en todo y de ser útil a sus semejantes; pero una vez que se ve aprisionado en la materia, tentado y probado en mil formas, se debilita y cede a las tentaciones, se torna egoísta y termina por amarse a sí mismo sobre todas las cosas y sólo por instantes da oído a la conciencia donde se encuentran escritos el destino y las promesas.

El espíritu se siente atado a la carne, al mundo y al dolor; esos obstáculos son los medios para probar la fe, el amor y la perseverancia en el bien; pero cuando llega a elevarse sobre la materialidad del mundo y la reaciedad de la materia, contempla la vida a través de la verdad y distingue lo real de lo falso.

Éste es el tiempo en que reconoceréis las potencias del espíritu y las facultades de la materia sin confundir unas y otras.

La fuerza del espíritu es superior a la carne. La envoltura es nada más el instrumento que os he dado para vuestro tránsito temporal. La cárcel en que vive el espíritu va a abrir en este tiempo sus puertas y a daros libertad para que viváis en Mí.

Mi Enseñanza no sólo está destinada al espíritu, también debe llegar al corazón, para que tanto la parte espiritual como la corporal puedan armonizar.

Espíritu, mente y sentimientos, encontrarán la verdadera armonía cuando mi Doctrina, como luz de un nuevo día, llegue a despertar a esta humanidad dormida.

Dejad que el impulso generoso y noble de hacer el bien se desborde y manifieste. Es el espíritu quien va a entregar su mensaje, porque ha encontrado preparado y dispuesto a su cuerpo al que se ha unido en una sola voluntad.

Todavía tendréis que limpiar mucho vuestro corazón para que lo hagáis digno depositario de mi Palabra. Cumplid con humildad, respeto y caridad vuestros deberes y entonces recogeréis de las más pequeñas tareas terrestres un fruto de paz y dulzura. Pero además de esos amores, afectos y lazos que os unen, Yo os pido dedicación y tiempo para vuestro espíritu, quien preside todos los actos de vuestro corazón, de vuestra mente y de todo vuestro ser.

Dad a lo Divino el lugar más elevado de vuestro espíritu y a la materia lo que a ella corresponde. Cuando seáis justos en la vida y vuestro paso sea firme, la duda y la incertidumbre desaparecerán, para dar paso a la fe verdadera.

Vuestro cuerpo es como avecilla viajera cuyo vuelo tiene poca duración, ave que sin saber canta su vida temporal y perecedera. En cambio el espíritu es el ave invisible al mundo, blanca y luminosa, que se eleva más y más según va evolucionando; para él no existen las edades, los años ni los siglos, su ideal es alcanzar la armonía con lo eterno.

Formad de espíritu y materia un solo cuerpo y una sola voluntad. Sabed usar el libre albedrío y llevaréis una vida útil y armoniosa.

Cumplid con las leyes divinas y las del mundo: que el espíritu no se interponga en los deberes de la materia ni ésta impida al espíritu el cumplimiento de su misión.

Cuando logréis ese equilibrio, veréis cuán fácil es la existencia y qué llano el camino, y cuando lleguéis a los umbrales de la vida espiritual, no habrá resistencia en el uno ni en la otra: ni deseará el espíritu alargar la vida del cuerpo ni éste retener por más tiempo al espíritu.

Me preguntáis si debéis despreciar la vida material y olvidar todo lo que amáis en la Tierra para servirme mejor, a lo cual os contesto que debéis analizar mi Enseñanza para daros cuenta que tal cosa sería un error.

No os pido que os apartéis de las cosas del mundo, puesto que en él vivís y debéis cumplir sus leyes; sólo os digo que toméis lo indispensable para las necesidades de vuestro cuerpo, de tal manera que el espíritu se sienta libre y cumpla su gran destino.

¿Cómo concebís que os prohíba lo que la vida os ofrece, si he creado la naturaleza para sustento y recreo de mis hijos? De todo podéis tomar, pero hacedlo con medida. Si os he hablado de apartaros del materialismo, me he referido a todo lo superfluo y malo. Lo que hagáis fuera de las leyes que rigen al espíritu o a la materia, es en perjuicio de ambos.

Mi Doctrina ha enseñado siempre al hombre a no ser esclavo del materialismo, pero nunca os he dicho que despreciéis los bienes de la Tierra. Tampoco os quiero ver enfermos, andrajosos o hambrientos. Amad la Tierra y sus maravillas, sus bellezas, sus goces, con ese sentimiento con que debéis amar todo lo que he creado; pero estad preparados para renunciar a todo cuando sea preciso: no olvidéis nunca que vuestro espíritu es pasajero en esta vida y tendrá que retornar a la morada de la que añoráis espiritualmente su paz.

Quiero que aprendáis a armonizar de tal manera vuestra lucha material con vuestra misión espiritual, que podáis tener en el mundo lo necesario y dejéis que el espíritu disponga de tiempo para practicar sus dones y desempeñar su misión. El amor debe ser inspiración y principio de todas vuestras labores.

Yo bendigo vuestra lucha interior porque es signo de que sentís amor por Mí y que habéis encontrado verdad y justicia en mi Palabra.

¿Qué debéis hacer para dar el primer paso firme en la espiritualidad? Meditar profundamente en mi Palabra y después orar con toda vuestra fe. De esa preparación comenzará a surgir una fuerza interior y se iniciará una lucha incesante del espíritu con la envoltura, hasta lograr ser guiados por la voz de la conciencia en perfecta armonía.

Cuando los hombres me amen, sean indulgentes entre sí y exista humildad en el corazón, desaparecerá la bruma que os impide mirar el camino. La materia, espiritualizada por la práctica de mi Doctrina, será como una sierva dócil a los dictados de la conciencia.

El espíritu se hace sentir a través de las manifestaciones humanas, pero nunca usa la violencia para someter a la materia, espera que ésta se una a su voluntad con una obediencia consciente que los lleve a la armonía y al orden.

¿Creéis que es mi Voluntad que el cuerpo sea enemigo del espíritu?  No, me contestáis; pero así ha marchado siempre. Sólo mis Enseñanzas podrán llevaros a la concordia y a la reconciliación interior de vuestro ser.

Ya os he dicho que el espíritu es antes que la materia, como el cuerpo es antes que el vestido. Haced dócil al cuerpo para que no sea un obstáculo para vuestro adelanto, sino el mejor instrumento y colaborador en el desempeño de su misión.

El corazón, la mente y los sentidos, son puerta abierta para que las pasiones del mundo azoten al espíritu. Estad alerta. Yo os exhorto a una penitencia bien entendida, en la que os eximáis de todo lo perjudicial por saludable y placentero que os parezca.

Por ahora os digo: grande es la obra que tenéis que desarrollar por conducto del cuerpo que os he confiado, él es vuestro báculo y debéis conducirlo sabiamente.

Os ha parecido la naturaleza material opuesta a la espiritual, sin embargo, cuando en vosotros lleguen a armonizar ambas, veréis que la parte material es como un espejo límpido que refleja en toda su belleza lo espiritual y aun lo Divino.

Luchad por la armonía y unificación interior para que podáis hacer mi Voluntad. Si hoy sois más materia que espíritu, mañana triunfará lo eterno sobre lo pasajero.

Comprended que cuando el hombre llegue a guiarse por la inspiración de la conciencia y sujete todos sus actos a ese mandato superior, será como si naciera dentro de él un hombre nuevo.

Ajustad cada uno de vuestros actos a lo que os señale la conciencia, para que ellos encierren justicia. Respetad a vuestros gobernantes, responded a sus llamados y trabajad con ellos por el bien de todos.

Respetad las creencias religiosas de vuestros hermanos y cuando penetréis en sus iglesias, descubríos con sincero recogimiento, sabiendo que en todo culto estoy presente. No desconozcáis al mundo por seguirme ni os apartéis de Mí pretextando que tenéis deberes terrenales, aprended a fundir ambas leyes en una sola.

Os acercáis a un tiempo en el que sabréis dar al espíritu en justicia lo que le corresponde y al cuerpo lo que a él pertenece. Tiempo de elevación, de culto libre de fanatismo en el que sabréis orar antes de cada empresa y velar por lo que os he confiado.

Además del reposo después de la lucha, es menester la meditación; elevaos para formular vuestro plan antes de emprender una nueva obra.

Velad por la salud de vuestro cuerpo, buscad su conservación y fortaleza. Mi Doctrina os aconseja que tengáis caridad de vuestro espíritu y de vuestro cuerpo, porque se complementan y necesitan; la espiritualidad bien entendida os dará fuerza y salud y las nuevas generaciones que de vosotros broten, cumplirán su delicada misión.

Ya veis que mi Enseñanza no se concreta solamente al espíritu, sino también a la vida humana, a la moral del hombre para que lleve una vida digna, grata y provechosa.

Recordad que os he dicho que dignifiquéis a la familia, que améis a vuestros padres, que los esposos se amen, que el hombre no vea en la mujer a una sierva sino a una digna compañera; que ésta vea en el hombre a su baluarte, a su escudo; que los padres traigan al mundo hijos sanos a los que guíen por el sendero del bien. No os sorprendáis si os digo nuevamente que si el César os pide tributo, cumpláis con él, porque también es ley que pesa sobre el hombre.

Tomad las herramientas de labranza y arrancad a la tierra sus tesoros y sus frutos de amor. Si atendéis vuestros deberes espirituales os será fácil el trabajo material.

No hagáis ostentación de vuestras virtudes, guardad celosamente vuestras obras, ah donde sólo Yo pueda miradas y vuestro ejemplo de humildad alentará a vuestros hermanos a imitaros.

Sed equitativos y justos, dad lo necesario tanto a vuestro espíritu como a vuestro cuerpo.

De las satisfacciones de la carne participa el espíritu, así como en sus sufrimientos se acrisola. También el ser humano es sensible a los deleites y a las penas del espíritu: mientras están enlazados forman un solo ser.

Existe perfección en la criatura humana, por eso Cristo, el Verbo, vino a encarnar en un cuerpo de hombre semejante al vuestro. Cuando el espíritu tome su verdadero sitio en el hombre, éste tendrá semejanza con Cristo, en su amor y sabiduría.

Para todos llegará el momento en que el espíritu sienta deseo ferviente de triunfar sobre la materia; muchos que lo han hecho, se modelaron en el crisol del sufrimiento y escalaron la altura espiritual. Ellos han sido en la Tierra benefactores, guías y maestros.

El reino del espíritu es infinito y para lograr la elevación que le permita gozarlo y vivirlo, es menester conocer el camino para ascender a él. Mientras el espíritu se encuentra unido a la materia, no puede saber qué altura ha alcanzado.

Hay muchos viajeros extraviados, muchos seres perdidos entre tinieblas de ignorancia, porque son más carne que espíritu, más mentira que verdad. En ellos el vencedor ha sido la materia y el vencido el espíritu; es a estos perdidos a quienes vengo a invitar al banquete del amor, donde mi mesa Celestial espera a todos para librarlos de su amargura y soledad.

Cuando los hombres en vez de discutir mis Leyes las cumplan con obediencia, harán de este mundo un paraíso semejante a aquél que gozaron los primeros hombres con su inocencia y obediencia, antes de que lo mancharan con pensamientos y actos impuros.

Habéis sido formados con perfección. Os he iluminado para que apreciéis la grandeza de mi Creación. También os estoy enseñando a valorizar los elementos de la naturaleza, en los que se manifiestan mi Poder, mi Sabiduría y mi Justicia. En ellos existe una completa armonía.

Cuando la humanidad conozca la verdad y guíe sus pasos hacia ella, encontrará la concordia de la vida espiritual con la naturaleza material que le rodea y no necesitará buscar orientación entre sus hermanos ni consultar los libros ni los astros. Yo hablo al espíritu por medio de la conciencia y el que la escucha, se rige con sabiduría y sabe vivir y cumplir mi Voluntad.

Quiero hacer de vosotros un pueblo fuerte, que se levante luchando y defendiendo la verdad, que aprenda a vivir en armonía con toda la creación y marche al compás de los tiempos para que llegue al final del camino en la hora propicia.

Mirad la magnificencia que os rodea: las montañas simbolizan altares en perpetuo homenaje al Creador, el astro Sol, es como inmensa lámpara alumbrando la vida de los seres, las aves elevan al Padre su canto armonioso como una plegaria, y en medio de ese esplendor, vuestro espíritu se extasía ante la plenitud de la Divina presencia.

El hombre es obra perfecta del Creador. Yo vengo a mostrar al espíritu el camino de su perfeccionamiento, por eso también hablo a la mente, a la razón y aun a los sentidos.

Este tiempo es de sorpresas y revelaciones, en el que todas las potencias y sentidos espirituales despertarán. Escuchad, meditad, ascended de párvulos a discípulos. Estudiad la naturaleza y asomaos al Universo que os habla con voz de maestro, porque en todo estoy presente. Observad con amor y comprobaréis que todo os señala el camino de la verdad.

¡Cuán hermoso ejemplo de armonía os ofrece el Cosmos! Astros luminosos vibran en el espacio alrededor de los cuales giran otros en perfecto orden. Yo soy la estrella que da vida y calor a los espíritus, mas cuán pocos van por su trayectoria y qué numerosos los que giran fuera de su órbita.

La naturaleza que os he confiado es fuente de vida y salud. Tomad de sus elementos y viviréis sin aflicciones; tendréis fuerza, salud, alegría y vuestro espíritu cumplirá mejor su destino.

No vengo a privaros de nada de lo que os brindan los elementos naturales para la conservación de la salud, el sustento y el bienestar; por el contrario, así como os ofrezco el pan del espíritu y os invito a aspirar esencias Divinas, os digo que aprovechéis cuanto os ofrece el mundo, para que logréis la armonía con todo lo que os rodea.

En la creación hay vida y sensibilidad: hasta los minerales perciben el toque Divino. Todas las criaturas se recrean en sí mismas que es como deleitarse en mi Divinidad.

El astro rey es la imagen de un padre que entrega a sus hijos vida, energía, calor y luz. La Tierra es como una madre cuyo regazo es fuente inagotable de caricias; ella tiene el manto que protege al huérfano, el seno que alimenta y el albergue confortable para sus hijos; su arcano ha revelado grandes secretos a los hombres y en su faz se han reflejado siempre la castidad y la belleza.

Mi Doctrina viene a enseñaros a emplear los elementos y fuerzas de la naturaleza para buenos fines, pero cuidaos de convertirlos de amigos y hermanos, en jueces que os castiguen severamente, porque con toda vuestra ciencia no seréis capaces de contenerlos. Cuando el hombre toma esas fuerzas con fines egoístas se convierte en víctima de su temeridad e ignorancia.

Dulcificad vuestro corazón amando a vuestros hermanos y a todo lo creado. Buscad la reconciliación y la paz entre todos sí no queréis que os exterminen los cataclismos que vosotros mismos estáis provocando.

La ciencia y el poder humano han invadido la Tierra, los mares y el espacio, pero esa fuerza y ese saber no armonizan con la naturaleza que es la expresión del Amor Divino y se manifiesta en vida, belleza y perfección.

Cuando la humanidad sea obediente a las leyes naturales, todo volverá a ser paz, abundancia y felicidad.

La Tierra está bendita y es pura, son los hombres los que la han mancillado; si fuera culpable, ya la hubiese destruido y os hubiera enviado a otro mundo. Por eso os digo que debéis trabajar por su restauración para que este planeta os brinde nuevamente la paz, la prosperidad y el progreso verdadero.

La naturaleza puede ser para los hombres lo que ellos quieran: un paraíso pródigo en bendiciones, en caricias y sustento o un desierto árido en donde reinen el hambre y la sed; un maestro de sabias e infinitas revelaciones sobre la vida, el bien y el amor o un juez inexorable ante las profanaciones, desobediencias y errores vuestros.

La naturaleza sorprende al hombre de ciencia al revelarle secretos y misterios que lo maravillan, voces que hablan de una sabiduría y un poder que supera todos los conocimientos humanos. Si queréis buscar mi Presencia dentro de ella, hacedlo; Yo sé que a cada pregunta que le hagáis tendréis una respuesta porque me encuentro en todas y cada una de mis Obras.

El hombre todavía no conoce su morada, la Tierra le reserva aún muchas sorpresas y no le ha dado todo cuanto lleva en su seno. Habéis logrado avanzar en conocimientos científicos, pero os alejáis cada vez más de la vida natural y al mismo tiempo de la espiritual.

Yo os anuncio que de los reinos naturales, brotarán lecciones a torrentes hasta hoy contenidas, de sus entrañas surgirán voces de justicia; en los espacios habrá estremecimientos y los mundos que giran distantes del vuestro enviarán mensajes.

Como si todas las criaturas se dieran cita en este instante para unirse en un homenaje al Padre, así contemplo a todos los mundos y seres unidos ante mi mirada; escucho su voz cuando me invocan y el himno de los que me glorifican.

La naturaleza es un templo del Creador donde todo se eleva a Él para rendirle culto. Ahí, lejos del egoísmo y del materialismo, el hombre podrá recibir directamente y con toda pureza la irradiación Divina.

Por un camino de luz envié a vuestro espíritu a morar en el mundo y por el mismo retornará a Mí. Antes de enviaros a la Tierra os doté de una brújula e hice aparecer una estrella en el infinito, para que guiasen vuestros pasos. Esa brújula es vuestra conciencia y la estrella vuestro destino espiritual. Por eso cuando abandonáis las leyes de armonía que rigen todo lo que os rodea, hasta el polvo de la tierra os parece hostil y no es que la naturaleza se declare en contra vuestra, sino sois vosotros los que no armonizáis con ella.

Sensibilizad vuestro espíritu y vuestros sentidos. Dejad que la materia tome parte en ese concierto y se sature de las emanaciones que la naturaleza le brinda. La vida material es también un manantial de bendiciones, calor y energía; es consuelo y caricia, sustento y paz.

¿Qué es la naturaleza si no una criatura que también evoluciona, se purifica, se desarrolla y perfecciona, a fin de albergar en su seno a los hombres del mañana? ¡Cuántas veces resentís sus transiciones normales y las atribuís erróneamente a castigos de Dios, sin daros cuenta que ella evoluciona al mismo tiempo que vosotros! Pronto tendréis suficientes conocimientos para armonizar de tal manera con todo lo que os rodea, que nada os afecte, que nada os agobie ni enferme, porque habréis logrado elevaros sobre lo material.

Buscad mi Presencia en mis Obras y allí me encontraréis; tratad de oírme y me escucharéis en la voz que surge de todo lo creado, porque Yo me manifiesto lo mismo en un cuerpo celeste, en el furor de una tempestad, que en la dulce luz de una aurora; hago oír mi Voz en el melodioso trino de un ave y me expreso por medio del aroma de las flores. Cada una de mis Manifestaciones, cada obra, os habla a todos de amor, de armonía, de sabiduría…

No sólo de las cosas materiales vive el hombre: el ser encarnado necesita del pan del espíritu. Cuando lleguéis a ser hombres de buena voluntad, vuestra vida llegará a armonizar con la perfección de toda la creación, alcanzaréis la luz del verdadero conocimiento y el fruto de vuestras obras os dará eterna paz.

Quiero que en vuestro espíritu siempre haya luz, inspiración y amor, que la mente y el corazón sean espejo del espíritu y en él se reflejen las virtudes y se traduzcan en ideas y sentimientos nobles. Entonces veréis cuán hermosa es la armonía entre los deberes del espíritu y los del mundo. Al final podréis comprobar que toda la vida con sus pruebas y lecciones tiene una sola meta: el perfeccionamiento, para alcanzar la verdadera dicha.

Tomad de la naturaleza lo necesario para vuestra vida material y elevaos a Mí, en busca del sustento espiritual. Una nueva vida espera a los hombres. No es que la naturaleza vaya a transformarse, sino que la humanidad se espiritualizará y todo lo verá a través del amor, la fe y la caridad. Hoy sentís y juzgáis todo lo que os rodea por medio de una mente materializada y de un corazón egoísta, por eso os parece un valle de pecado y errores. Mas si dejáis que el espíritu se eleve, descubriréis bellezas en todo lo que os rodea y tendréis que confesar ante vuestro Padre que habéis sido sordos, ciegos e insensibles a su Divina Presencia, manifiesta en todo lo que existe.

Cuando el hombre haga mi Voluntad, los elementos se inclinarán ante él como siervos; pero mientras persista en su desobediencia, esos mismos elementos se desencadenarán haciéndole sentir su falta de armonía con lo creado.

Yo sólo os he dado pruebas de amor. Os envié a la Tierra que es semejante a una madre fecunda, amorosa y tierna; os di el fuego de la vida, el aire que es aliento del Creador y el agua, fecundidad y frescura.

¿Cuándo llegaréis a limpiaros interiormente? Empezad por el corazón y la mente que es de donde provienen los malos pensamientos y las malas obras; después surgirá victorioso vuestro espíritu.

¡Ah, si desde que se abren vuestros ojos para contemplar la luz del día, luchaseis por alcanzar el verdadero equilibrio entre el espíritu y el cuerpo, comprenderíais cuán bella es la existencia que el Creador os ha dado y que os conduce a la vida eterna!

A través de mi Palabra presentís la armonía entre el Padre y todo lo creado, comprendéis que soy la esencia que alimenta a todos los seres y que vosotros sois parte de Mí mismo.

Yo os hago saber quiénes sois para que, comprendiéndolo, seáis humanitarios y caritativos no sólo con vuestros semejantes, sino también con los demás reinos y especies, pues todas son mis criaturas.

En ellas encontraréis ejemplos de sabiduría que, aplicados a vuestra vida, os harán recoger buenos frutos. Imitad la armonía con que vive cada especie, su actividad, su gratitud y fidelidad, ya que son criaturas mías que os he dejado por compañía. Cuando cumpláis mi Ley y os dejéis llevar por la voz de la conciencia, como ellas se dejan guiar por el instinto, conoceréis la verdadera paz espiritual que os llevará a la multiplicación de vuestros bienes, a la abundancia y al progreso espiritual y humano.

Cuando el hombre sea grande y elevado gracias al cumplimiento de la Ley y viva en armonía con su espíritu, cuando en su ser exista una sola voluntad, se sentirá unido a la vida Universal y en todo sitio gozará de la presencia del Señor.

Si os atormenta la incertidumbre, retiraos a la soledad de los campos y ahí, en medio de la naturaleza, donde sólo tengáis como testigos a la campiña, a las montañas o al firmamento, interrogad al Maestro, profundizaos en su Palabra y presto vendrá a vosotros su dulce respuesta; entonces os sentiréis inspirados, llenos de un goce espiritual desconocido. Así, dejaréis de ser los hombres de poca fe, sabiendo que toda palabra que viene de Dios encierra verdad; para descubrir su esencia es menester penetrar en ella con recogimiento y pureza como en un santuario.

Entonces confesaréis que en el desierto de esta vida jamás os faltó el maná, que el pozo de Jacob aún vierte aguas cristalinas, pues el Señor hace cada día un milagro para que la humanidad no perezca de hambre o de sed.

Buscad los goces sanos que no perturban al espíritu y en ellos me encontraréis. Mas si podéis sonreír en medio de vuestros sufrimientos, ¡bienaventurados seáis!

¡He aquí mi Presencia! ¡He aquí el poder de mi Espíritu hecho ley en vosotros, con ella estoy unificando a todos mis hijos! Yo haré surgir la flama de amor en todos los corazones para que se fundan en uno solo.

¡Mi paz sea con vosotros!

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