A los discípulos II

A LOS DISCÍPULOS II

Yo he venido en este tiempo para hablar a la humanidad, después vendrá el vuestro; mas si cerraseis vuestros labios y no dieseis a conocer mi Doctrina, las piedras hablarán y los elementos os despertarán.

Ha llegado la hora en que los hombres rompan por sí mismos sus cadenas, arranquen la venda de oscuridad de sus ojos y busquen el camino verdadero.

La humanidad espera la llegada del amigo, del hermano, del consejero que le indique por dónde debe dirigir sus pasos para llegar a puerto seguro. De este pueblo surgirán los heraldos, los profetas de mi Nueva Palabra, los labriegos y sembradores de esta Doctrina de amor y espiritualidad.

Contemplo al hombre espiritualmente ignorante, rodeado de prejuicios que lo acechan y amenazan, pero mi Luz le está despertando.

Ciertamente todo ha evolucionado en su vida: su ciencia, su forma de pensar y vivir, sus conocimientos, sus conquistas y ambiciones; sólo ha descuidado la parte espiritual. No ha querido comprender que el espíritu está sujeto a una superación constante. Por eso vive la humanidad en un estancamiento de hace muchos siglos.

Mientras la naturaleza avanza paso a paso, sin detenerse, dentro de su ley de incesante evolución hacia la perfección, el hombre se ha quedado atrás, estacionado, de ahí las pruebas y tropiezos que encuentra en su camino. Porque en vez de armonizar con el ambiente que le rodea, en vez de enseñorearse de todo por medio de la elevación espiritual, ha alimentado las bajas pasiones, la codicia, el orgullo y el odio y, sin darse cuenta, él mismo se ha castigado.

El que anhele salir de ese estancamiento, que se revista de amor, se sature de caridad y haga acopio de humildad y paciencia; que sea presto en perdonar y oportuno para aliviar las penas de sus hermanos, y verá cómo sus obras conmoverán y estremecerán al más duro y reacio.

Por eso es preciso que pronto llegue mi Doctrina al corazón de la humanidad, no importa que al principio sea origen de rivalidades o luchas. Siempre han chocado la luz y las tinieblas, la verdad y lo falso, el bien y el mal. Así como las sombras de la noche se disipan ante la luz del nuevo día, así se apartará la maldad de los hombres ante mi mensaje de Amor.

Vosotros iréis en busca de vuestro destino, cuando sintáis todo el peso de vuestro cargo. En ese tiempo de entrega, no limitéis la caridad, mas tampoco lleguéis al sacrificio, porque podríais cansaros y abandonar la cruz.

De todo os prevengo y preparo, para que sepáis extender mis Enseñanzas con verdadera limpidez.

Yo quiero hacer de todos vosotros, los discípulos amados que aprendan a corregir sin herir ni juzgar a nadie, aquéllos que sepan curar una herida sin hacerla sangrar, que sepan perdonar sin causar humillaciones. Cuando ya estéis preparados, os enviaré a las naciones como consejeros, como emisarios de paz, como heraldos de la buena nueva, como dignos discípulos de quien tanto os ha enseñado.

La forma de extender esta luz tiene dos aspectos: uno, completamente espiritual a través del pensamiento, de la oración, con lo que iréis estableciendo un ambiente de espiritualidad, y el otro, espiritual y humano, por medio de la palabra, de la presencia material, de la explicación de mi Enseñanza. Recordad el ejemplo de Jesús.

No temáis no ser comprendidos. La Torre de Babel aún está en pie, pero mi pueblo ya está surgiendo en el mundo y tiene la misión de empezar a destruir esa torre de divisiones, diferencias y orgullo.

Mi Luz llegará en el momento oportuno a pueblos, naciones y hogares, cuando ya se le esté esperando, cuando los corazones estén en vigilia, recordando mis promesas: cuando hayan despertado de su profundo sueño de grandeza y materialismo.

No os acobarde perder la vida, discípulos, porque debo deciros que en este tiempo no será con vuestra sangre con lo que deis testimonio de mi Verdad. Los tiempos pasan, las costumbres cambian, los hombres evolucionan. Ahora os pedirán amor, caridad, sinceridad, como pruebas para creer en la verdad de mi Doctrina.

¿Queréis saber cómo lograréis que vuestro testimonio sea tomado como verdadero? Sed sinceros con vosotros, nunca digáis que poseéis lo que no tengáis, ni tratéis de dar lo que no hayáis recibido, Enseñad sólo lo que sepáis, testificad únicamente lo que hayáis visto, mas si os preguntasen algo que no podáis contestar, callad, pero nunca mintáis.

Nuevamente os digo: que vuestro Sí sea siempre Sí y vuestro NO sea siempre NO y así seréis fieles a la verdad. Tampoco juréis, porque quien dice la verdad, no necesita de juramentos para hacerse creer, ya que en sus obras llevan la luz. No juréis por Dios ni por María, tampoco por vuestros padres ni por vuestra vida. Vuelvo a deciros que vuestras obras serán las que den testimonio de vuestras palabras, y unas y otras darán testimonio de Mí.

¿Recordáis a mis apóstoles de aquel tiempo que no se concretaron a dar testimonio con la palabra, sino que con sus hechos, con su vida y su sangre, lo sellaron?

Habrá quienes se sorprendan cuando vean que mis discípulos de este tiempo, cumplen con la ley del trabajo material, cuando miren que tienen esposa o esposo, hijos y familia, y que saben recrearse en la contemplación de los frutos de la naturaleza, a la que aman como a una madre. También se maravillarán cuando vean que han dominado los obstáculos y han hecho brillar la razón, la fraternidad y la justicia.

No os parezca difícil ni menos imposible el establecimiento de mi Doctrina en el mundo, porque Yo he fertilizado las tierras y la semilla que os he confiado es fecunda.

Yo os he anunciado que el reino celestial encontrará asiento en el corazón de los hombres. ¿Quién podrá destruir el templo interior que habéis edificado en vuestro espíritu? ¡Cuán grande es la lucha que os espera!

Pronto llegará al mundo el conocimiento de que el pueblo de Israel ha vuelto a la Tierra, encarnado en distintas naciones y que de él voy a servirme; sabrá que no sois descendientes de aquel pueblo por la sangre, sino por el espíritu y, como en los tiempos pasados, testigo de mi Venida y mis Manifestaciones.

Preparaos cuando estéis a prueba y Yo hablaré por vuestro conducto, y si esa preparación es además de limpia, sencilla y pura, veréis mis prodigios. Los que van a llevar consuelo a los hombres y fuerza a los débiles, deberán estar iluminados por la luz de la experiencia y fortalecidos en la lucha; que no tiemblen ante la desgracia de un semejante, que no huyan del dolor cuando las manos de sus hermanos se tiendan hacia ellos en demanda de caridad.

Es mi Voluntad que en la misma forma en que os doy mi Enseñanza, la transmitáis a vuestros hermanos, sencilla y clara. Nunca discutáis al enseñarla ni censuréis lo que no conocéis a fondo. Haced que vuestros pensamientos sean blancos como lirios y vuestras obras tengan la fragancia de las flores.

Como el que va a una fuente por agua para regar sus tierras, así viene a Mí la humanidad ante la manifestación de mi Palabra. Cada quien tiene una porción, una familia o un pueblo a quien alimentar espiritualmente, y sabe que sólo en Mí puede encontrar el agua cristalina, que haga florecer y fructificar satisfactoriamente sus tierras.

Mi Doctrina necesita hombres de buena voluntad, fuertes y leales, sensibles al dolor ajeno y celosos del cumplimiento a mi Ley, para que sean mis enviados que traspasen fronteras, crucen países y vayan sembrando el conocimiento de este Mensaje Divino; hombres que vayan a explicar el porqué de las pruebas, de mi justicia, de las guerras, de la destrucción y el dolor, que además enseñen la forma segura de encontrar la paz, la salud y la felicidad.

Cuando os hayáis encontrado dentro de vosotros, habréis alcanzado la preparación para dar a conocer mi Enseñanza como maestros. Oiréis la voz de la conciencia, y la venda que os ocultaba la verdad, caerá ante vuestros ojos. No necesitaréis hablar mucho para convencer. Si estáis verdaderamente preparados, vuestra palabra, además de ser sencilla, será breve. No necesitaréis conocer la ciencia para contestar al científico ni saber teología para contestar al teólogo. Una palabra de luz lo ilumina todo y Yo quiero que de vuestros labios broten palabras de luz.

Cada labriego llevará un destello de mi Verbo en sus labios, y en su espíritu el libro de mi Sabiduría que le hará recordar mis Divinas Enseñanzas. Ese libro, inspirado por Mí, será celosamente formado por mis discípulos y en él encontrará el pueblo un baluarte, porque su poder será grande.

Os estoy enseñando para que seáis el buen sabor de la Tierra, para que vayáis a endulzar la vida de los hombres con la buena nueva de que el Maestro, se ha manifestado en este tiempo y ha dejado su palabra como una herencia, para que todos se sustenten de ella y vivan eternamente.

Este cumplimiento espiritual no os impide el desempeño de ninguno de los deberes humanos. Nadie intente complicar la sencillez de mi Doctrina. Entregad la esencia de mi Enseñanza y dejad que en ella se inspiren los hombres.

Velad por vuestra heredad, por vuestros dones, porque estáis destinados a enseñar a la humanidad la Doctrina de la Espiritualidad.

Voy a concederos un tiempo de paz, un tiempo de alejamiento de la vida terrestre, para que podáis estudiar, y entonces, preparados ya, deis principio al cumplimiento de vuestra misión.

El don de intuición os guiará en esos tiempos, para que sepáis a qué sitio y por cuál camino tendréis que ir. No estarán solos los discípulos, sobre ellos irá una legión de Espíritus de Luz en su ayuda, y sobre todos, Elías, el pastor espiritual, iluminará los senderos y cuidará sus ovejas. Mi Voluntad se pondrá de manifiesto en vuestras obras.

Tomad la esencia de esta enseñanza y principiad por sembrar unión en el seno de vuestras familias, luego procurad la armonía entre las congregaciones y, una vez unidos por lazos espirituales, dejad que de vosotros irradie hacia el exterior paz y bienandanza.

Cuando sea recibido mi nuevo mensaje por la humanidad, sentirá un estremecimiento de gozo que la hará encaminarse a la espiritualidad, por medio de la cual se sentirá más próxima a su Señor.

Yo os he dado el idioma Universal con el cual os sabréis entender unos y otros, aquél que expresa el espíritu por medio del amor.

En aquel tiempo, a través de Jesús, no tomé el lenguaje de los sabios, de los filósofos o científicos para hablaros del Reino de los Cielos, tomé de vuestro lenguaje las formas más sencillas, porque son las que mejor expresan las Enseñanzas Divinas. Os hablé en parábolas, tomando las cosas que os eran familiares para que, a través de ellas, conocieseis el sentido de la vida espiritual.

¿Quiénes de los hijos de este pueblo, serán los que lleven esta semilla hasta los confines de la Tierra? No lo sabéis, pero sí os revelo que sois el principio de la siembra en este tiempo. Estoy entresacando a los que he de enviar a las naciones como emisarios de mi Enseñanza.

Esta cruz que pongo en vuestros hombros, no la debéis tomar como un fardo, es una cruz blanca y fácil de llevar; mis huestes espirituales estarán velando por vosotros y si os levantáis en la lucha, abandonando lo que os pertenece en la Tierra, a imitación de mis apóstoles de aquel tiempo, Yo os entregaré todo lo necesario para que vayáis a convertir a la humanidad, como los nuevos intérpretes, videntes y profetas de la verdad.

Cuando ya no oigáis mi Palabra por medio del portavoz, cada uno de vosotros deberá tomar a la congregación que le sea señalada, como a su propia familia, para enseñarla y guiarla. Practicad en vuestros hermanos la caridad, corregidlos con amor y sabiduría, hacedles respirar un ambiente de paz y mi Espíritu se desbordará en bendiciones.

Después de que la Tierra haya sido tocada de un polo a otro y de que toda nación, institución y hogar, hayan sido juzgados hasta su raíz, iréis en mi Nombre a llevar esta Doctrina a todo lugar.

En apariencia serán necesidades materiales las que os guíen a otros lugares, pero la verdad será que fue vuestra misión la que os llevó a mostraros las tierras sin cultivo o a medio cultivar, para que en ellas depositarais la semilla bendita que os he entregado.

Veréis entonces cómo muchos que nunca me escucharon, se levantarán como grandes apóstoles, llenos de fe, de amor y ahínco, olvidando temores y prejuicios, y penetrarán doquiera se abra una puerta para dar testimonio de mi Palabra. No temerán a sectas y religiones, porque antes que considerarlas enemigas, las verán como hermanas.

En el mundo los hombres ya están en espera de la llegada de los apóstoles de la paz y la luz, los que serán sanos de corazón, humildes de espíritu y sabrán esparcir la semilla con gozo y fe. Voy a dejaros en mi lugar. Los labios de los portavoces van a callar, pero quedarán vuestros labios preparados y vuestro espíritu inspirado.

El trabajo en mis tierras es duro pero lleno de satisfacciones. La lucha será grande, intensa, pero fructífera, porque la tierra es fértil en este tiempo, pero antes de vuestra llegada será removida, para que pueda recibir la semilla.

Quiero que la única insignia que ostenten mis emisarios sea la verdad, ella es la llave, el escudo y la espada.

¿Qué necesitáis para enseñar mi Doctrina? Amar. Imposible es que seáis misioneros de Cristo si no tenéis amor en vuestro corazón. Todos llegaréis a Mí y será por amor.

Ahora os toca tomar la cruz que antes dejasteis a otros, debéis vivir vuestra propia pasión, para que alcancéis la más alta elevación del espíritu. Vuestra misión es la de esparcir luz y paz entre vuestros hermanos, como rocío fecundo y vivificante.

A nadie hablaréis con severidad, porque no es así como los convertiréis. Aprenderéis que al pecador no se le injuria para corregir su falta. Observad que si a las fieras les habláis con amor, ellas humillan su cerviz. Si aquél a quien habláis tuviere algunos méritos, decídselo. Si en él encontráis alguna virtud entre muchos defectos, no le habléis de éstos sino de la virtud para estimularlo e impulsarlo al bien. Que sea el amor el que os guíe, a fin de que lleguéis a convertiros en verdaderos mensajeros del Consolador.

Cuando vayáis a convencer al incrédulo, habladle con obras como os he enseñado, pero también con silencio; sed intuitivos mas no inoportunos. Si os preparáis, si sabéis perseverar, vuestra mirada será penetrante y no dejaréis pasar un instante oportuno en el que debáis dar a vuestra obra el último toque con vuestro cincel.

También os digo que no podrá decirse discípulo mío, aquél que tomare mi Palabra como una espada para herir a su hermano o como un cetro para humillarle, así como aquél que se exaltare al hablar de mi Doctrina y perdiere la calma, porque no levantará ninguna simiente de fe. Discípulo preparado será el que al verse atacado en su fe, en lo más sagrado de sus creencias, sepa permanecer sereno, porque será como un faro en medio de la tempestad.

Vuestra materia es frágil y piensa en el descanso, mas para el espíritu el descanso sería su mayor castigo, ya que su premio es la actividad, el trabajo, la lucha: en ello glorifica a su Padre, que nunca descansa, que nunca duerme y nunca se cansa. La fatiga no existe en el espíritu que está en plena evolución, tampoco la noche, el hambre ni la sed.

También os digo: Bastará que vuestro espíritu llegue ya preparado al Más Allá, para que él, sin turbarse, lo comprenda todo y me diga: Padre mío, hoy mis alas se abren para conquistar el infinito y puedo amarlo y comprenderlo todo, con la luz que me entregaste a través de los tiempos: señálame mi tarea, mi misión. ¿Acaso sabéis si vosotros, que hoy os sentís pequeños, iréis a otros mundos como grandes espíritus, como profetas o maestros inspirados en las obras bellas del Universo?

Si anheláis la paz para un pueblo, no es necesario que vayáis hasta él, haced la paz en vuestro corazón o en vuestro hogar y esto bastará para que reflejéis en el espíritu de ese pueblo la concordia y la unificación.

Llegará la hora en que deis testimonio de mi Comunicación. La humanidad me pedirá pruebas para creer, mas Yo le diré: He aquí a estos discípulos a quienes he hecho penetrar en una nueva vida, ellos son la prueba del poder de mi Enseñanza; mi Palabra ha forjado a su espíritu y hoy se encuentran preparados para llevar mi Doctrina a los pueblos de la Tierra.

Hacen falta en el mundo grandes explicadores de mi Doctrina, buenos intérpretes de mis Enseñanzas. Id por todas partes y entregad mi Palabra, mi Amor, mi Sabiduría. Llevad la buena nueva a las naciones, extended el mensaje por doquiera, pero no os disperséis antes de sentiros fuertes, estudiad antes de partir a otras comarcas, para que seáis luz en el camino de vuestros hermanos.

Si vosotros que habéis recibido esta enseñanza, la abrazáis con amor y la dais a conocer como os he enseñado, de cierto os digo que vuestra simiente alcanzará hasta la séptima generación.

Los primeros surcos ya fueron abiertos, la semilla ha caído en su seno. Hoy son unos cuantos los que saben que he estado entre vosotros, pero mañana, el mundo lo sabrá, y cuando analice lo que aconteció alrededor de mi llegada, de mi permanencia y mi partida en este tiempo, confesará que no vine secretamente, ni en silencio, y que desde el oriente hasta el occidente, di pruebas y señales al mundo, cumpliendo así una promesa dada a la humanidad desde la antigüedad.

No os estacionéis ni tampoco caminéis de prisa, medid vuestros pasos y cada uno de ellos afirmadlo en el estudio y la meditación. No sabéis cuándo llegaréis al triunfo en vuestra lucha, porque de generación en generación seguiréis trabajando para lograr que la espiritualidad sea en la humanidad. Vosotros cruzaréis las fronteras y los mares, iréis a provincias, comarcas y naciones a dar a conocer mi Verdad.

He visto a los que en silencio consuelan y sanan a los enfermos, a los que sin alarde saben dar la palabra precisa que salva, orienta y fortalece. ¡Benditos seáis!

¡Cuán pronto veréis que fructifica mi Palabra en muchos pueblos que hoy creéis duros de corazón y muy distantes de la espiritualidad!

En todas las naciones de la Tierra se encuentran diseminados los profetas de mi Doctrina, hombres de espíritu elevado a quienes he dado una espada de luz, para combatir toda falsa teoría o doctrina y así sólo perduren aquéllas que tengan por cimiento el amor y la verdad.

Soy el Padre Universal, mi Amor desciende a todos los corazones. He venido a todos los pueblos de la Tierra, mas si he señalado a esta nación para entregar mi Palabra y mis Revelaciones, es porque la he encontrado humilde, porque he observado las virtudes de sus moradores. He hecho encarnar en ella a espíritus elevados de mi Pueblo, mas no todos están aquí, porque Yo les he enviado a todo el mundo y se comunican conmigo de ESPÍRITU A ESPÍRITU. Llegará el día, en que vosotros os cruzaréis en su camino y vuestra mirada espiritual descubrirá en ellos al hermano, lleno de fortaleza y virtud.

Por eso no os sorprendáis cuando os digan que fuera de esta nación también mi Rayo se ha hecho palabra. Sabed que mi Amor lo abarca todo y que mi Obra restauradora es Universal. Desde el principio tengo preparada la heredad para cada una de las naciones del mundo. ¿Cómo podéis concebir que pudiese descuidar a otras comarcas si todos sois mis hijos? Yo he venido a salvar a todas las criaturas.

La luz ha pasado simbólicamente de oriente a occidente, y ahora este mensaje irá de occidente a oriente, y se fundirán los dos en uno solo en el conocimiento de la verdad. Y cuando os hayáis unificado, reconoceréis que la sabiduría no proviene de los hombres sino del Espíritu Divino.

Este pueblo que estoy doctrinando, no será por ello más grande que los demás, pero sí más responsable por lo que en él he depositado. Cada pueblo trae una misión a la Tierra y vuestro destino, es el de ser entre la humanidad el profeta de Dios, el faro de la fe y el camino de la perfección.

Recordad cómo en el Segundo Tiempo, la simiente que Jesús sembró en aquella nación germinó con más fuerza en otros pueblos, tan sólo por el testimonio de mis apóstoles.

Hombres y mujeres de tierras lejanas, vendrán a vosotros y se convertirán en mis discípulos, mas cuando se sientan llenos de luz, retornarán a sus naciones para llevar a ellas mi Doctrina.

Se avecina el tiempo en que surjan profetas y se levanten pueblos que os sorprendan por su espiritualidad y el desarrollo de sus dones, así comprobaréis que mi Espíritu está sobre todos. También os sorprenderá que la palabra en todos los recintos de esta nación, tiene la misma esencia y el fruto es de igual sabor.

Orad por las naciones, que Yo velaré por vosotros.

¡Despertad! El sol ha aparecido en el horizonte y os invita a la faena. Yo soy ese Sol y mi Venida en este tiempo ha sido un nuevo amanecer para vosotros. Que ninguno dude si podrá o no ser útil en mi campiña.

Os he llamado para que seáis labriegos en mis tierras y que extendáis por todas partes esta semilla, y no puedo equivocarme. No es una obra superior a vuestras fuerzas la que he venido a confiaros, pero mientras mayor seáis en número y más grande vuestra unión, el peso de vuestra cruz será menor. Antes de enviar a vuestro espíritu a este planeta, le fueron mostradas las tierras, se le dijo que vendrá a sembrar la paz, que su mensaje sería elevado, y vuestro espíritu se regocijó y prometió ser fiel y obediente a su misión.

La voz que escucháis es la del Espíritu de Verdad y si ella no fue oída en todas las naciones, fue porque los hombres no estaban preparados, porque fueron soberbios a la voz de mi llamado, dejando que sólo me escuchara el pobre, el hambriento y el desnudo.

He escogido esta nación y me place que de ella salgan mis labriegos a esparcir la semilla. Os estoy preparando para que seáis maestros, mas no jueces de vuestros hermanos. No olvidéis que os dejo como servidores, no como señores.

Hoy estáis desunidos, mas cuando las doctrinas materialistas lleguen a amenazar con destruiros, entonces llegaréis a identificaros todos los que penséis y sintáis con el espíritu. Cuando ese tiempo llegue, Yo os daré una señal para que podáis reconoceros, algo que todos podáis ver y oír en la misma forma. Así, cuando deis testimonio unos a otros, os maravillaréis y exclamaréis: Es el Señor quien nos ha iluminado.

Meditad profundamente en mi Palabra y después orad con toda vuestra fe y vuestras potencias. De esa preparación, comenzará a surgir una fuerza interior que iniciará una lucha incesante con la envoltura. Se enfrentará el espíritu a la materia, tratando de hacer oír la voz de la conciencia y de acallar la voz de la carne, y surgirá la luz…

A vosotros, mis pequeños discípulos, no os toca realizar la transformación de la humanidad, porque es una obra superior a vuestras fuerzas, pero debéis extender este Mensaje Divino, que habrá de apartar a los hombres de los grandes errores en que han vivido.

Esta labor de sembrar la semilla espiritual en tierras áridas, requiere de fe, amor y esfuerzo, como todas las grandes obras, por lo cual os digo, que no debéis dudar ni un instante de la realización de mis planes. Lanzaos a la lucha con preparación, desarrollad vuestros dones, dad brillo a vuestras armas; no rehuyáis las pruebas, porque ellas dan temple y fortaleza al espíritu.

Yo soy el Árbol y vosotros seréis los frutos por los que la humanidad habrá de reconocerme. Cuando en vuestras obras exista dulzura y vida, habréis dado fiel testimonio de Quien os ha doctrinado y agraciado con la savia del amor y la verdad.

No será necesario que hagáis una vida mística para agradarme, ni nadie será obligado a seguirme, porque esas obras no serían recibidas por Mí. Al Padre llegan tan solo las ofrendas de buena voluntad, los impulsos sinceros, el amor espontáneo. Tampoco quiero que me sirváis por temor a un castigo; ya es tiempo de que sepáis que Dios no castiga a sus hijos. Vivid ampliamente vuestra vida, serena y pacientemente, para que demostréis vuestra fe. Nada temáis, Yo estoy con vosotros. Si sois fuertes, podréis ver caer vuestra ciudad piedra tras piedra y no os amedrentaréis; porque dentro de vosotros está el Poder Divino, esa parte de mi Espíritu que hay en vosotros, y con él podéis construir grandes obras en vuestro corazón y en vuestros hermanos, dar alegría a los tristes, enjugar lágrimas, levantar el ánimo al caído… La obra que edifiquéis con fe y amor, será grande e indestructible.

Entonces triunfará mi Doctrina y crecerá el número de los que me siguen, que llevarán un estandarte de paz, unión y buena voluntad.

El que rechazare esta palabra me habrá rechazado a Mí, y el que la aceptare me habrá aceptado, porque en su esencia me he manifestado en este tiempo a los hombres, en ella está presente mi Espíritu; por eso os digo que quien recibiere mi Palabra, ése reconocerá mi Voz, me abrirá las puertas y me tendrá dentro de sí.

Quiero que al final de los tiempos, todos seáis iguales en torno a mi mesa. Por eso, cuando los hombres os admiren, hacedles comprender que todos estáis donados en forma igual.

Llegará el día en que muchos de vosotros saldréis de esta nación, para llevar mi Palabra de amor a otras comarcas. Id como buenos sembradores. Conquistad para Mí el mayor número de corazones que podáis.

En el Primer Tiempo el Padre ungió a Leví, para que de él brotaran los servidores del culto divino y fueran los intérpretes de mi Inspiración y mi Ley, ahora sois vosotros mis servidores, quienes iréis a las naciones a esparcir mi Doctrina, porque mi Obra será reconocida Universalmente.

No os pido que me dediquéis todo vuestro tiempo, porque os he confiado deberes y responsabilidades en la Tierra; pero es menester que comprendáis que el cuerpo humano que tanto amáis, no es sino la envoltura del espíritu, es la materia en la cual se despiertan todas las pasiones y su fin está en este mundo.

Nada tenéis que temer del mundo por ser mis discípulos. No por ser humildes vais a ser indigentes, no confundáis la humildad del espíritu con la pobreza de la materia. No vais a perder vuestros derechos humanos, por el contrario, quien comprende y aplica a su vida la espiritualidad, es dueño de cuanto le rodea, y vive y goza con mayor intensidad que quien sólo ve y siente lo material.

Buscad en este camino la elevación de vuestro espíritu, pero huid de las adulaciones y honores terrestres, sabed que entre vosotros no se destacarán nombres, sino las obras del pueblo en su conjunto. La memoria del que sembró buena simiente será respetada, bendecida y su ejemplo, imitado: ése será su único monumento en la Tierra.

El que persiga los honores y alabanzas del mundo, aquí los tendrá, pero de nada le servirán el día de su entrada en el mundo espiritual. El que vaya en pos de la riqueza material, aquí tendrá su retribución, porque fue a lo que aspiró, mas en el Más Allá no tendrá derecho de reclamar compensación alguna para su espíritu. Y por el contrario, el que siempre haya renunciado a los halagos y favores, el que haya amado limpia y desinteresadamente a su hermano, ése no pensará en recibir galardones, porque no vivió para la satisfacción propia, sino para la de sus semejantes. Para él, ¡cuán grande será la paz y la felicidad cuando llegue al seno del Padre!

Todos buscan en el mundo un horizonte de paz y no lo encuentran, porque no existe fraternidad entre los hombres, sólo les alienta el presentimiento de que, sobre el haz de la Tierra, ha de existir un lugar de paz. Ese punto será esta nación, la cual será vista desde la distancia como una estrella luminosa. Ésa es la responsabilidad de este pueblo, el cual debe prepararse espiritual y materialmente para dar ejemplo de fraternidad, elevación y caridad.

Sed humildes y no hagáis guerra por causa de mi Doctrina. Por conducto vuestro hablaré a la humanidad, porque cada uno de mis escogidos deberá ser un portavoz de mi Doctrina, un emisario de buena voluntad.

Si os conmueve el dolor de los enfermos que han sufrido las inclemencias de la guerra y queréis enviarles un poco de paz y consuelo, buscad al enfermo más próximo, tomadlo como una representación de aquéllos y depositad en él la caridad en nombre mío, y Yo estaré acariciando y sanando a los enfermos en esas naciones.

Vengo depurando a mis discípulos y apartando sus imperfecciones, pero esto no será solamente en vuestras prácticas espirituales, sino también en vuestros hogares. Yo he surgido como un torbellino y mi fuerza hace caer todos los malos frutos, quedando entre el follaje sólo aquéllos que darán buena simiente, porque se acerca el tiempo de prueba en que la humanidad venga a escudriñaros.

Yo he venido una vez más a establecer mi Reino en el espíritu del hombre y a hacer con él un pacto de amor y de justicia, como estaba escrito. En todo el mundo levantaré hombres y mujeres, por los cuales me manifestaré. Entended que he venido a renovar y a purificarlo todo.

Concluiréis por comprender que el dolor, en muchas formas, ha sido el cincel que ha estado modelando a vuestro espíritu para el desempeño de su misión.

El tiempo del despertar para cada espíritu está señalado: Yo os prometo que todo aquel que se prepare, me verá en todo mi esplendor. Pedid y se os dará. Todo lo que deseéis en caridad para vuestros hermanos, pedídmelo. Orad, unid vuestro ruego al del necesitado y os concederé lo que solicitáis.

Muchos de aquéllos en quienes practiquéis la caridad, harán lo que vosotros no pudisteis hacer y, a su vez, a quienes ellos ayuden, harán más de lo que ellos hicieron. Por eso os he dicho que los últimos serán los primeros.

Yo me recrearé con vuestras reuniones, me haré sentir en vuestro corazón y en vuestro espíritu, y me derramaré en caridad en muchas formas, alentando y premiando vuestra fe y espiritualidad.

La luz, el amor y la justicia que existen en mi Doctrina, abrirán caminos, destruirán murallas de ignorancia y borrarán fronteras. Todo quedará preparado para la unificación de los pueblos. Nada pendiente o inconcluso dejará el espíritu sobre la Tierra.

Cuando la unión y la fraternidad sean practicadas entre vosotros, será el tiempo de los grandes prodigios, en que mi Voz será escuchada por toda la humanidad.

¡Mi paz sea con vosotros!

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