El bien y el mal

EL BIEN Y EL MAL

En el hombre hay dos fuerzas que siempre han estado en lucha: su naturaleza humana y su condición espiritual que es eterna.

Desde el principio de los tiempos existieron dos caminos para que el espíritu decidiera tomar uno de ellos: el del bien y la virtud o el del mal.

En esa lucha el espíritu alcanzaría conocimiento, experiencia y méritos.

Yo preparé al espíritu y a la materia con sabiduría y perfección para que formaran un solo ser capacitado para llegar al final de su gran destino. Os he legado un espíritu fuerte y combativo que ha de luchar hasta el fin.

Vengo a enseñaros a que hagáis uso de la razón y la voluntad para que el amor florezca en vuestro corazón y sea vuestro guía; os estoy transformando para que volváis al estado de sencillez que poseíais al principio, al camino verdadero que os señala los medios para evitar el dolor.

El tiempo del despertar del espíritu ha llegado y he venido a llamar a la humanidad, para que se haga digna de retornar a Mí.

Todo ser humano conoce desde sus primeros pasos en la Tierra lo que le beneficia y descubre aquello que lo daña, mas no siempre es firme en mantenerse dentro de mis Mandatos y se deja vencer en la lucha.

El mal es el conjunto de todas las faltas humanas, los vicios y la ignorancia y ha imperado en todos los tiempos sobre los hombres. Es mi Voluntad que ahora ellos mismos destruyan su fuerza. Ese poder caerá al fin, su influencia será rechazada, sus voces serán desoídas y sus provocaciones ya no serán atendidas. El espíritu se emancipará y levantará sobre el mal, la materia se doblegará al fin y las pasiones serán contenidas.

La experiencia, adquirida con mi Luz, llevará a los hombres a la serenidad como fruto de su elevación espiritual y ésa será la tierra fértil donde descenderá mi Simiente.

Para conquistar la gloria tenéis dos caminos a seguir por voluntad propia: el del amor o el del dolor. Yo seré vuestro cirineo en cualquier sendero que elijáis. Esos caminos son los mismos que conocéis desde el principio de vuestra vida en la Tierra: uno estrecho pero lleno de luz, el otro que os ofrece falsos placeres y está sembrado de espinos. Vosotros queréis transitar por el camino estrecho que es el de la virtud, sin abandonar el otro que os lleva al abismo, y esto no es posible.

A los dóciles de espíritu y materia, les basta el amor para dejarse guiar hacia el buen camino, pero a los que se rebelan y alimentan la soberbia, les es necesario el dolor para que éste los lleve a la moderación y al orden.

Yo reinaré entonces en vuestro corazón y os inspiraré desde el infinito. Las diferencias de raza comenzarán a desaparecer, los obstáculos que os parecían insuperables serán al fin vencidos por la razón. En ese tiempo habrá equidad y buen juicio en las obras humanas y cada hombre vivirá en vigilia para que no se trastorne más la paz en el mundo.

He permitido que existan el bien y el mal, para que el hombre, por amor a Mí y por respeto a sí mismo, venza las tentaciones y se aparte de lo que es perjudicial. Si hubiese un solo camino y vosotros, inconscientemente, llevados por la fuerza de las leyes naturales, cumplieseis vuestra misión como lo hacen los astros, los elementos y los seres inferiores, no tendríais ningún mérito en tomar el camino del bien; no habría lucha, alicientes ni experiencias en vuestro espíritu.

El mal lo ha creado la flaqueza y debilidad del espíritu y la materia. Yo he permitido que sea puesta a prueba vuestra virtud y que el dolor sea como un crisol, en el que aprendáis a ser fuertes y perseverantes en la práctica de mi Ley. No os baste no hacer el mal, debéis hacer el bien, para ser dignos de Mí.

El bien no puede mezclarse con ningún sentimiento impuro. El bien es verdad y amor, es comprensión y caridad; siempre es definido y preciso, no admite variaciones. Conocedlo para que no os equivoquéis.

Cada uno de los hombres podrá ir por diversos caminos, pero si todos coinciden en el bien, llegarán a identificarse y unirse entre sí para llegar a Mí.

La meta que la humanidad debe perseguir es la espiritualidad; a través de ella llegará a distinguir el bien del mal. Cuando logre la verdadera elevación espiritual, sabrá escuchar e interpretar debidamente la voz interior, profunda y sabia de la conciencia y, a través de ella, descubrirá que sus errores son el origen de sus aflicciones.

La lucha que las fuerzas del mal han sostenido en contra del bien, os ha parecido interminable, pero ante la eternidad, será como un instante y las faltas cometidas durante el tiempo de imperfección del espíritu, quedarán como una débil mancha que vuestra virtud y mi Amorosa Justicia, se encargarán de borrar para siempre.

He venido a rescatar esa parte de mi Espíritu que está en vosotros y me pertenece. Vengo a declarar la guerra, pero no a la humanidad sino al pecado, al mal, y en esa lucha, debéis permanecer fuertes y usar vuestra prudencia y buen juicio.

Esta Tierra profanada por crímenes y mancillada por la ambición y el odio, tendrá que recobrar su pureza. Este mundo que ha sido escenario de una lucha incesante entre el bien y el mal, mañana será un hogar de paz, fraternidad, comprensión y nobles anhelos: un refugio para los hijos de Dios. Para alcanzar ese ideal, es necesario que los hombres pasen por diferentes pruebas que les hagan despertar de su letargo espiritual.

¿Acaso hay seguridad y paz en algún pueblo de la Tierra o en algún hombre? ¿Por ventura los humanos han puesto su confianza en el triunfo del bien y la justicia? ¿Tienen los hombres un camino seguro para salvarse moral, espiritual y físicamente de la destrucción que amenaza a la humanidad? No, pueblo, los hombres no saben a dónde van ni qué es lo que quieren. El odio, el temor de los unos a los otros, la ambición, el sentirse superiores a los demás, las bajas pasiones, han conducido a la humanidad a un sendero de errores en el que todo es presagio de acontecimientos funestos. Sin embargo, he perdonado sus faltas después de demostrarles que van por un camino equivocado. Yo respeto su libre albedrío, pero mi Justicia hará que recojan el fruto de lo que van sembrando.

Y cuando parezca que todo ha terminado para el hombre y la muerte sea la que haya vencido o el mal el que haya triunfado, de las tinieblas surgirán seres de luz, de la muerte resucitarán a la verdadera vida, y del abismo del mal se levantarán a practicar mi Ley.

En este tiempo, mientras la humanidad llora y se purifica, vosotros estáis siendo preparados por mi Palabra para llevar consuelo y paz a los corazones.

Cuando se unan en oración todos los que sufren, viendo el caos en que se precipita la humanidad, Yo les confiaré mi espada invencible para que corten rama tras rama del árbol del mal, que tantos frutos de muerte ha dado a la humanidad y conviertan ese dolor en gozo y paz.

¿Queréis dejar de sufrir, humanidad? Amad, haced el bien a vuestro paso, reconstruid vuestra vida. ¿Queréis ser grandes y felices? Perdonad siempre. ¿Queréis llorar, deseáis que la amargura os invada, queréis guerras y desolación? Continuad como estáis viviendo, dejad que en vuestra vida se siga enseñoreando el egoísmo, la hipocresía, la vanidad, la idolatría y el materialismo.

Preparaos, porque entre todos tendréis que cuidar lo que os he confiado. Os estoy dando la oportunidad de lavar vuestras manchas por medio de la práctica del amor, en vez de hacerlo por el dolor.

Comprended que si queréis dominar vuestras pasiones y rechazar la atracción que la maldad del mundo ejerce sobre vosotros, en mi Palabra podéis encontrar la luz y la fuerza para hacerlo.

El mal se interpondrá con insistencia a vuestro paso, pero recordaréis a vuestro Maestro venciendo al mundo, al dolor y a la muerte, para que, imitándolo, salgáis victoriosos de la prueba. Buscad en la conciencia vuestra espada para luchar, ahí encontraréis siempre dispuesta el arma infalible: el amor.

En mis Lecciones desciendo de la enseñanza espiritual al consejo, para que os conduzcáis con rectitud dentro de la vida humana. Estoy hablando al corazón del hombre, exhortándolo a la regeneración, haciéndole comprender el daño que causan al cuerpo y al espíritu los vicios, las pasiones. Discípulos: No os familiaricéis con la perversidad, combatidla sin hacer alarde de pureza, tampoco os escandalicéis ante las faltas de vuestros hermanos. Sed discretos, atinados y oportunos en el hablar y firmes en vuestros pensamientos y obras, y el mundo os oirá y prestará atención a vuestras palabras. ¿Será menester que os diga nuevamente que antes de que entreguéis esta Doctrina, tenéis que vivirla?

Concluid entendiendo que el combate final no será de hermanos contra hermanos, sino del bien contra el mal. Yo pondré mi espada de luz en la diestra del hombre, para que se venza a sí mismo y llegue a poseer la Tierra de promisión. Esta nueva Tierra la encontraréis dentro de vuestro espíritu, en medio de la paz. Contemplaréis la transformación de vuestro mundo, antes incierto, hostil y miserable, en una Tierra pródiga y acogedora. Viviréis una existencia en la que habrá espiritualidad, justicia y amor; esto os traerá progreso como resultado de haberos alimentado del verdadero saber. La vida humana será más elevada y al manifestarse mi Espíritu entre los hombres preparados, vendrá un tiempo de revelaciones en todos los órdenes y se verán cumplidos los prodigios y maravillas que os han sido profetizados.

Yo acudo presuroso al escuchar vuestras voces de auxilio cuando lucháis en el mundo como náufragos, a semejanza de aquellos momentos en que, acompañado de mis discípulos, navegaba en el mar de Galilea y las olas encrespadas amenazaban hundir la barca.

La barca salvadora en este tiempo es mi Obra, el mar es la vida, la tempestad son las pasiones, las vicisitudes, las pruebas; vuestro sostén, la fe. ¡Bienaventurado el que se encuentre dentro de esta barca cuando los vientos huracanados se desaten, porque él será salvo!

La semilla del mal, dispersa por toda la Tierra, está fructificando como nunca, mas he de deciros que la buena simiente también está surgiendo por diferentes puntos del planeta.

Os habéis familiarizado en tal forma con la maldad, que aun a los hombres que inventan las armas destructoras los llamáis grandes, porque en un instante pueden segar millares de vidas. Y aún les llamáis sabios. ¿En dónde está vuestra razón? Grande sólo se puede ser por el espíritu ennoblecido, y sabio es el que va por el camino de la verdad.

No os pido obras perfectas porque vivís en el mundo, pero os aseguro que de vuestro corazón surgirán las virtudes, ese prodigio lo hará mi Palabra. Los dones que hay en vuestro espíritu, que en otro tiempo florecieron en los justos y profetas, aparecerán ahora en los grandes pecadores y por esa labor se salvará la humanidad.

Si a los que predican mi Palabra les parece imposible contener el avance del pecado, el desbordamiento del odio y las pasiones, para vuestro Señor no lo es, ni tampoco el retorno de los hombres al bien y a la justicia. Velad y orad, para que las influencias del mal, en las que vibran los malos pensamientos y se agitan los espíritus turbados, no empañen la luz que he hecho llegar a vuestro entendimiento.

Éste es el tiempo en que mi Justicia y mi Luz han aclarado lo que se hallaba envuelto en confusión y errores. Tiempo difícil y de peligros, porque hasta los seres que habitan en la oscuridad se harán pasar por espíritus de luz entre vosotros para haceros caer en error. Yo os doy mi Palabra para que no os desviéis del camino ni os dejéis engañar.

Los tentadores no son solamente seres invisibles, también los tenéis encarnados en hombres que os hablan de doctrinas de aparente luz, pero que van en contra de mi Enseñanza. A ésos, no les escuchéis. Mi Palabra se distingue por su elevación, su esencia y sabor Divino. El árbol por su fruto es reconocido; quien conoce el sabor de mi Palabra, no se equivocará.

Cuando vea a mi pueblo preparado, le haré reconocer que es la hora en que deberá levantarse a la lucha de la luz contra la tiniebla. Si fueseis desconocidos por esa causa, pensad que no es la primera vez que el hombre repudia mi Semilla: desde los primeros tiempos ha cortado ramas del árbol de la vida para plantarlas según su voluntad, desconociendo después cuál fue su origen. Quiero que sepáis que en esencia ese árbol soy Yo.

Esa lucha de que os hablo, también la podéis encontrar en el Valle Espiritual: en él hay grandes batallas y su influencia llega hasta vosotros. No permitáis que el Mundo Espiritual que os ha venido protegiendo, sea reemplazado por seres de escasa luz.

Os he hablado de las fuerzas del mal y, ¿acaso he hecho mención de algún espíritu que las represente? ¿Lo he nombrado por ventura? No, me decís. Mas debo aclararos, que no existe espíritu alguno que sea el origen del mal.

Las antiguas creencias, formas y nombres simbólicos con que los hombres representaron el mal, dándole forma humana y concediéndole existencia espiritual, deben desaparecer, porque sin daros cuenta habéis creado con ellos mitos y cultos supersticiosos, indignos de la evolución espiritual que el hombre debe alcanzar en este tiempo.

Os he dicho que el mal surgió en el hombre por sus debilidades, y que a medida que fue creciendo en número la humanidad, la influencia del mal fue aumentando. Esa fuerza, formada por pensamientos, ideas y sentimientos, comenzó a hacerse sentir en los hombres y éstos llegaron a creer que se trataba de un espíritu que representaba el mal y que influía en ellos.

Ya empezáis a reconocer que ese ser a quien llamáis demonio, no es sino la flaqueza de vuestra carne, la sed de deleites insanos de la materia, el orgullo, la vanidad y todo aquello que mueve a la maldad.

Yo no he venido a infundiros temor, sino a inspiraros amor. Os he enseñado que no os castigo, sólo dejo que recojáis los frutos de vuestra siembra; sí son dulces, serán vuestra felicidad y salvación, si son amargos, os despertarán al arrepentimiento y al deseo de perfeccionaros.

Vuelvo a deciros: en un principio tenía esta Tierra una semejanza con el Reino espiritual, con su paz, sus maravillas y revelaciones. Si este planeta es un crisol de dolor y amargura, ésta ha sido obra humana.

Así como el hombre en la Tierra puede crear para sí un mundo de paz espiritual, semejante a mi Reino, logra también con su perversidad vivir una existencia que es como el infierno que habéis imaginado.

Éste no es tiempo de castigos ni de muerte, sino de reconciliación y resurrección. Más allá os espera mi Gloria que es la paz. Ni oscuridad, ni fuego, ni cadenas, existen en el inmenso valle espiritual. Cuando penetréis en él, os sorprenderéis de que el fuego purificador es el juez inexorable de la conciencia, ante quien presentaréis el fruto de vuestras obras.

En el reino espiritual no pueden existir elementos materiales, el fuego no tiene acción sobre el espíritu.

El verdadero infierno es el de los remordimientos, del pesar de haber faltado a mi Ley; sólo en la purificación del espíritu por el amor, seréis salvos, consolados y perdonados.

No existen en vosotros la muerte ni la condena eterna, porque al concebir mi Espíritu la idea de la creación, sólo sentí amor y de Mí brotó la vida para mis hijos.

Si Yo os he enseñado a perdonar y amar a vuestros enemigos y os he dicho: haced con vuestros hermanos lo que Yo he hecho con vosotros, ¿estaría dándoos ejemplo de ello si castigara a los que no me amaran o no creyeran en Mí?

He aquí a vuestro Maestro mostrándoos nuevamente el camino. No sea el temor el que guíe vuestros pasos ni el que os obligue a cumplir la Ley; sean la fe y el amor los que os impulsen a realizar buenas obras, para que vuestros méritos sean verdaderos.

La conciencia es la luz de Dios y ésta es fuego de amor que consume toda impureza. He aquí el fuego en el que se purifica nuevamente el espíritu.

Voy a hacer sentir mi Presencia, mi Poder y mi Justicia entre los hombres. Voy a poner límite a su maldad. Si los he dejado caminar por la senda del libre albedrío, les enseñaré que todo tiene un límite; si les he dejado colmar sus ambiciones de poderío y grandeza en el mundo, voy a deteneros para que juzguen su obra a través de la conciencia. Mi deber de Padre es daros a cada paso ocasión de perfeccionaros, mostrándoos el camino por medio de amorosas lecciones que vosotros llamáis pruebas.

Practicad la enmienda, el arrepentimiento, la regeneración y la paciencia en las pruebas, y con ello destruiréis el temor supersticioso al castigo que habéis imaginado y, en cambio, construiréis un santuario a mi Divinidad y tendréis un concepto más claro de mi Justicia.

Preparaos espiritualmente todos los que sintáis que en vuestro corazón empieza a germinar esa Divina semilla, para que cuando encontréis en vuestros caminos a otros sembradores, podáis reconocerlos y uniros a ellos en esa obra de amor.

Cuando la sabiduría brille en todos los hombres, ¿quién se atreverá a tornar el bien en mal? ¿Quién dejará lo eterno por lo pasajero? Nadie, porque todos seréis fuertes en la sabiduría Divina.

¡Cuán distintos volverán vuestros espíritus al Más Allá de como vinieron la última vez! Llegaron contritos, temerosos y vacíos de méritos. Ahora podrán retornar sonrientes y su elevación podrá llevarles a la paz de mi Reino.

Yo haré que la palabra que he venido a entregaros en este tiempo sea escrita con claridad, para que en ese libro encuentre la humanidad la explicación de muchas enseñanzas que no había comprendido y la interpretación justa de mi Doctrina.

Quiero levantarme triunfador, como rey de los ejércitos del bien contra el mal y veros en esa lucha como soldados llenos de dignidad espiritual y de satisfacción por el deber cumplido. Ésa será la mayor de las victorias.

¡Mi paz sea con vosotros!

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