Del lucro

7-201-12

En la labor espiritual se puede engañar uno mismo, tener tantas excusas quiera uno para según hacer lo permisible, pero es inaceptable.
Hay quienes labran su tesoro aquí en la Tierra, y se permiten ellos que así se haga con los dones del espíritu. Lo espiritual no espera recompensa material; cuando se anhela o desea que a todos sirva, se da sin pedir algo a cambio. Los poderes del Cielo conocen a quienes se les dará más, conocen el corazón, el pensamiento del discípulo de Cristo. También esos poderes conocen quienes van lucrando, el fin con el cual van formando su tesoro aquí en la Tierra. No son discípulos del Maestro, aunque vayan por el mundo haciendo ostentación de ello.
Un lucro es tener la INTENCIÓN de obtener un beneficio, un provecho de las veces económico principalmente. Sí, una intención.
En lo material se puede desarrollar el intelecto para una ciencia particular, algún talento como el arte o la música y de ello obtener un beneficio, para satisfacer nuestras necesidades materiales, o las terrenales. No obstante desarrollar un don espiritual o el tener un cargo, un liderazgo, cierta presencia predominante en la congregación y de ello, conseguir un beneficio para satisfacer las necesidades del mundo y de lo terreno, eso es lucrar. Porque de las veces se tiene la intención de lograr eso, el de ser alguien distinguido por un don o un cargo, y recibir una retribución material.
Hay bastantes quienes depositan su anhelo en el bien de su Semejante, y también porque la Obra de Cristo prospere entre los hombres. Tienen como cierto que para ello suceda les es necesario los recursos materiales. No tienen una intención de beneficio para uno mismo, sino para el de los demás, para el engrandecimiento de la Obra. Lo que consiguen en recursos lo dan, lo entregan de nuevo a la comunidad, a otros más. Su intención no es el beneficiarse uno mismo, sino el de beneficiar a la comunidad. Eso no es lucro, nunca podría serlo. Ese es un espíritu que no se ve dominado ni por la moneda y de lo que puede obtener de ella para su propio yo. Conoce que los recursos le abren las posibilidades de actuar y obrar para beneficio de otros. Conoce que los recursos materiales obtenidos, le abren muchas posibilidades para una finalidad de llevar la Palabra, la Enseñanza, la Obra de Cristo a muchos más. Ese espíritu no está al servicio de su yo, sino hacia el de los demás.
Unos cuantos o toda una congregación que utilizará esa fuente material para ser benefactor de muchos, o de multiplicar la semilla de Cristo es digno de imitarse.
Hay quienes van formando su tesoro en el Cielo de su propio espíritu, donde su Conciencia les dirá que fueron los buenos labriegos, los buenos administradores tanto en el sentido material y el espiritual. Hay quienes su tesoro lo tuvieron aquí mismo en la Tierra, no hicieron algo de provecho para su espíritu, donde su Conciencia como reclamo les preguntará, ¿qué hicieron de los dones y los talentos depositados? ¿Qué responderán? Sino el de servirse de ellos mismos para su propia satisfacción mundana.
Seamos los buenos administradores ante Quién nos confió grandes dones espirituales. Los que tienen su quehacer material y se ocupan de ella, para satisfacer sus necesidades pertinentes del mundo. Quienes no lucran con los dones del espíritu. Quienes pueden administrar los recursos materiales como es la moneda, para el provecho de los demás; así como también para el agradecimiento en este mundo de la luz de Cristo.

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