Consejo 16

1. Bienvenidos seáis los que venís a recibir la dulzura del Pastor, a cobijaros bajo la sombra del Árbol corpulento, y a descansar en él de la fatiga del mundo.

2. Vengo a consolar vuestro corazón y a entresacaros de la duda que habéis recogido en vuestros caminos, donde acecha el lobo que desea veros alejados de las cosas celestiales.

3. Conoced, amados míos, el lugar que a cada quien le corresponde y que le ha trazado la mano bendita del Señor.

4. No digáis que no es éste el momento en que debéis levantaros a cumplir con Obra tan sublime, no digáis que por sentiros la criatura pequeña no ha llegado la hora en que debáis seguir al Padre.

5. ¿Qué esperáis? No es el destino el que debe llegar a vosotros, sois vosotros los que debéis encaminaros a él, y ese destino son la Ley, el mandato y la voluntad divinos.

6. El Maestro os ha dicho: Si como Maestro me llamáis, Yo os daré mi enseñanza, y si por un instante habéis equivocado el camino y tergiversado el sendero a vuestra propia voluntad, Yo os llevaré a conocer cuál es vuestra voluntad y cuál es la mía.

7. Ved que haciendo vuestra propia voluntad, producís a cada instante un enemigo de vuestro progreso.

8. Espíritus que habéis luchado mucho tiempo para destruir las cadenas de tiempos pasados, mi mano puede abrir los eslabones que os apresan; abrid los ojos a la vida de la gracia, reconoced el mandato del Señor que es puro y Su Ley que es incomparable.

9. Si agradecéis al Creador Su sacrificio, vuestra cruz os será menos pesada, y comprenderéis que no es duro servirle a vuestro Dios a través de vuestra misión y evolución; mas bien, duro es el camino para quien a través de los tiempos, se ha acostumbrado a hacer su propia voluntad.

10. Vuestro Dios contempla con tristeza que el retraso es en vosotros, y que vais acumulando falta tras falta, convocando con vuestros actos el dolor a cada paso, cuando la cruz que el Señor os ha dado es liviana.

11. E injustamente decís: Señor, ¿por qué me has dado una cruz que no puedo soportar? Y el Pastor contesta: Es que no habéis estudiado los veintidós preceptos que os han sido confiados, preceptos que son claros y al alcance de vuestro entendimiento.

12. No sois pequeñas criaturas, no; por muy grande que sea vuestra pena, vosotros sois mayores que ella y llegará a vosotros la hora de la liberación.

13. Mas no queráis libraros de toda lucha, rebaño amado, pues os habéis acostumbrado a hacer vuestra propia voluntad y cuando el dolor hiere vuestra planta, cuando el dolor y la hiel amargan el sabor de vuestros días, levantáis reclamo en contra del Creador.

14. No es buen discípulo del Divino Maestro aquel que va agregando amargura al cáliz de su propia restitución, por no saber comprender que el Señor os ha dado a conocer siempre Su santa y bendita voluntad, y que para cumplir con ella, os ha recomendado ser sumisos y obedientes.

15. Ved cómo a través de los tiempos, el Maestro se ha mostrado sumiso y obediente ante vosotros, y antes de daros Su palabra, os dio Su ejemplo.

16. En el Tercer Tiempo vuestro Maestro también ha sido vuestro Servidor, y ha sido el Amigo que necesitáis, el Consejero que buscáis, y el Doctor que cierra vuestras llagas.

17. Y le habéis pedido que cumpla vuestros caprichos y complazca vuestras necesidades, sin que os hayáis detenido a pensar en que el reclamo del Juez Eterno pueda un día estremeceros.

18. ¿Dónde están la sumisión y la obediencia que al Padre le debéis, rebaño amado?

19. Contemplo que permitís que la Palabra divina se volatilice de vuestro corazón con los vientos huracanados y el pecado del mundo, y esto es porque no habéis permitido que esa dulce enseñanza penetre en lo más profundo de vuestro espíritu.

20. Ved cuán clara es Su enseñanza, y ya debería haber diafanidad en vuestro entendimiento para que reconozcáis, cuando estéis sujetos a prueba, cuál es Obra divina y cuál es obra vuestra.

21. Vuestra carne no llega a comprender el valor que lleva en sí misma, y por instantes quiere perder la perla del espíritu que lleva dentro de sí, y he ahí la lucha y la pugna en vuestro propio corazón.

22. Para vosotros la Obra del Padre no debe tener secreto alguno, porque siempre ha estado abierta para que conozcáis el cumplimiento de vuestra misión, mas recordad que el Padre os ha dicho: No todo el que me dice ¡Padre, Padre!, es digno de llamarse Mi hijo.

23. Cuántas veces con los labios le habéis llamado ¡Padre, Padre!, y vuestro corazón ha protestado, porque aunque en los labios llevéis Su santo nombre, de vuestra Conciencia brota el reclamo por vuestra iniquidad.

24. Si en vez de Pastor queréis llamarme hermano, hacedlo, porque en verdad lo soy, y con mi sincera amistad de hermano os haré conocer cuál es vuestra causa, qué es lo que habéis infringido y por qué os sentís fracasados, aún estando en la Obra del Padre.

25. La amargura, pequeños míos, es en vosotros porque no habéis sabido cuál es vuestra propia verdadera voluntad, y vuestro libre albedrío ha sido para vosotros camino de perdición, porque no habéis querido reconocer el verdadero camino y queréis practicar todo aquello que os está vedado.

26. Habéis querido probar el fruto de la tentación develando sus secretos y, ¡cuán grande ha sido la desilusión!, ¡cuán grande el dolor que habéis recogido!

27. Ha sido por vuestro libre albedrío que habéis intentado conocer todas las formas de la tentación, y habéis querido conocer todo lo que en ella se encuentra y el Padre ha permitido que resbaléis en el fango para que saboreéis el fruto de vuestra curiosidad.

28. Cuando como el hijo necio de la parábola, le pedís al Padre os entregue vuestra heredad para dilapidarla, heredad que es vuestro libre albedrío, vuestra voluntad y vuestros dones, le exigís y le reclamáis diciéndole: ¿Por qué no me dejas saborear aquello que te pedí?

29. Y el sabio Padre, para ejemplo de vosotros mismos, os concede como lección el que se haga según vuestra voluntad, para que veáis que en ella no tenéis la sabiduría.

30. Y en uso de vuestra heredad, habéis salido a los caminos desconocidos, donde existen los grandes espinos que habéis querido pisar; entonces el dolor os hace comprender que nada habéis aprovechado, y en vuestro corazón se abre el recuerdo del Padre amoroso que eternamente os había esperado sin vosotros saberlo.

31. Y cuando como hijo pródigo volvéis al Padre, le hacéis presente el indescriptible dolor de esas heridas que guardáis en vuestro corazón, y Su mano os va cerrando herida tras herida, enjugando lágrima tras lágrima; comprendéis entonces que Su amor y Su perdón son verdaderamente infinitos.

32. Con vuestra mano habéis labrado vuestra propia iniquidad, y aún así todavía os levantáis para decirle al Padre: “¡Señor!, ¿cómo quieres que te sirva si dentro de mí solo hay lepra? Me llamas entre Tus escogidos y privilegiados cuando todavía necesito descanso; no es aún el momento de mi cumplimiento. Padre, necesito limpiarme y prepararme”.

33. ¡Ah, rebaño que así entristeces a Elías! Si se os ha hecho el llamado, es porque la hora de la verdad ha sonado en el reloj de la eternidad.

34. Sabed que en el Padre, como sabiduría perfecta que Él es, no cabe imperfección alguna, y que de su Espíritu Divino brotó el de aquél que ha infringido y desconocido la Ley, mas para regresar a la perfección de dónde brotó, el espíritu debe evolucionar en el sendero en que transita en este planeta.

35. El Padre os ha dicho que nadie le debe seguir por fuerza, os ha dejado en entera libertad para escoger el sendero que mejor queráis y así nadie le puede decir: “Tú con Tu fuerza de Hacedor, con Tu poder me hiciste cumplir Tu voluntad y no me permitiste hacer lo que deseé”.

36. Ved que los elementos de la Naturaleza responden a Su mandato, mas ellos no gozan de libre albedrío como vosotros, y por justicia no conocen restitución, pues están a la orden y al mandato del Señor.

37. Vosotros, espíritus, gozáis del libre albedrío para que podáis tomar el fruto de los distintos árboles y os pregunto: ¿Qué habéis hecho de esa bondad infinita? ¿A dónde habéis arrojado el fruto que no agradó a vuestro paladar?

38. Oíd al menesteroso que al Señor implora: “Señor, he de menester el fruto para los míos que padecen hambre, porque no supe tomar del buen fruto, antes bien la ambición entro en mi corazón en otro tiempo, y no repartí de cuanto tomé; cual avaro, tomé yo solo de aquello que me agradó y ahora me debato en la penuria y la escasez”.

39. Oíd también al hipócrita que se presenta ante Él, como el fariseo de la parábola diciéndole: “Soy limpio ante Tus ojos, porque sigo Tu ley sobre la Tierra”, he aquí al hipócrita ocultando el pecado en su pecho pensando que el Creador no lo ve; y aquel menesteroso que reconoce que ha faltado ante su Creador y que por sumisión ha venido, humillándose, ha encontrado gracia ante su Padre, mas el fariseo hipócrita da testimonio de sí mismo diciendo: “¡Cumplí Tu voluntad!”, y recoge sinsabores como fruto de su acto indigno.

40. Multitudes, no busquéis ser el primero, no imitéis al fariseo hipócrita, no le hagáis presente al Maestro vuestras obediencias ni anunciéis con trompeta por las calles que cumplís la Ley, tanto si sois pecadores como si habéis resistido las tentaciones; dejad que sea yo quien haga presente vuestro verdadero cumplimiento ante el Señor, y quien os ponga la túnica de la gracia.

41. Elías os quiere puros y limpios como lo fuisteis en el primer momento que brotasteis del Seno Divino; esto he venido a recordároslo en los Tres Tiempos.

42. Daos el abrazo fraternal, porque ninguno es más que el otro, a todos os amo por igual como también os ama el Padre; he aquí que para Él no hay primero ni postrero.

43. Todos recibiréis por igual, según sean vuestros méritos, y según ellos sentiréis paz; sed los niños mimados ante la presencia del Padre Eterno.

44. Si veis distinciones entre vosotros, si habláis distintas lenguas y tenéis diferentes tonos en la piel, recordad que la Torre de Babel la habéis hecho vosotros mismos.

45. Sois los hijos nacidos en la Nueva Jerusalén, que es vuestra patria espiritual y no el suelo material de nación alguna; sed los verdaderos seguidores de Cristo que deis testimonio de que la Palabra descendió en esta tierra, y de esta manera que nadie sea extranjero delante de vosotros.

46. No persigáis fines materiales, porque debéis trabajar para vuestro espíritu, porque sois los niños del Eterno, sois los pequeños que debéis morar la Tierra para vuestro adelanto y no para vuestro retraso.

47. Seguidme, rebaño, seguidme; tened caridad del Pastor, para que el Maestro no me reclame: “Pastor, ¿dónde está tu rebaño?, ¿dónde tus ovejas y corderillos? Tú que eres luz del Espíritu Santo, dime, ¿dónde están los entendimientos que iluminaste, y dónde las ovejas que limpiaste?”

48. Decidme, si el Juez se acercara un solo instante para tocar vuestros hogares, ¿serías sumisos y obedientes? He aquí que vuestros labios callan, y os digo, que dejéis que yo os ayude en la gran faena de despertar a vuestro espíritu antes que la justicia del Padre le toque.

49. Rebaño amado, llevad a las comarcas la luz y la fuerza, llevad mi caridad y mi amor para los unos y mi paz para los otros.

50. Hospitales y sanatorios, instituciones donde mora la inocencia y el anciano, lugares de penitencia, caminantes y navegantes, tened mi caridad y mi perdón.

51. Que mi paz de Pastor se con vosotros.

Deja un comentario:

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s