Archivos por Etiqueta: Tres Eras

Los Tres Tiempos

Los Tres Tiempos

Este es el Tercer Tiempo en que mi Espíritu Divino se derrama sobre toda la carne y sobre todo espíritu, en cumplimiento de la profecía que os hice de que todo ojo me contemplaría. (Joel 2:28)

Yo he marcado el tiempo que han durado mis manifestaciones en las Tres Eras. Desde el primer hombre hasta el nacimiento de Jesús fue el tiempo que comprendió la Primera Era de la humanidad. Fue una larga etapa de pruebas, de combates y experiencias para vuestro espíritu que se encontraba en plena evolución. Jesús el Cristo, marcó el principio de la Segunda Era, de ese tiempo hasta el año 1866, en que aparecieron las señales que daban a conocer el principio de una nueva Era, fue lo que abarcó la segunda etapa. Después de ese tiempo, se ha abierto un nuevo ciclo para la humanidad, el tercero, y mi Espíritu en plenitud ha venido a enseñaros a pasar de una etapa a otra y a tomar la simiente, la luz y la gracia que corresponden a este tiempo.

Ahora vengo en Espíritu y en verdad os digo: Hay quienes piensan que en los primeros tiempos estuve más cerca de vosotros que ahora: juzgan erróneamente porque en cada una de mis manifestaciones, me he ido acercando más a vosotros. Recordad que en el Primer Tiempo descendí sobre un monte y desde ahí os envié mi Ley grabada en una piedra; en el Segundo Tiempo, dejé lo alto del monte para descender a vuestros valles, haciéndome hombre para habitar entre vosotros; y en este tiempo para llegar más cerca, he hecho de vuestro corazón mi morada.

Moisés, Jesús y Elías, representan las tres fases en que me he manifestado a vosotros. He ahí los tres enviados por los cuales habéis recibido la Ley y las máximas revelaciones. El brazo de Moisés que sostuvo la Tabla de la Ley y señaló el camino de la tierra prometida; los labios de Jesús que pronunciaron la palabra divina y el profeta Elías que con sus manifestaciones espirituales, abrió las puertas que os conducen al infinito y al conocimiento de lo que llamáis misterio.

En los Tres Tiempos he buscado diferentes formas de comunicación con la humanidad: A través de Moisés en el Primer Tiempo, para guiar vuestros pasos hacia la libertad y la luz. Haciéndome hombre en el Segundo Tiempo, al encarnarse el Verbo y trazar una huella de redención para el mundo. Hoy he venido sobre la nube blanca, como iris de paz, para deciros: Venid en pos de la luz del Espíritu Santo. En el Tercer Tiempo he salido de la tumba del olvido en que la humanidad me ha tenido para resucitarla, porque Yo soy la Vida.

En los Tres Tiempos en que he dividido la evolución de la humanidad, he venido a trazaros con mi luz la misma senda recta y estrecha para la elevación del espíritu, el camino único del amor, la verdad y la justicia. No será el testimonio del Tercer Tiempo el único que os hable de mi amor por la humanidad, serán los hechos y palabras de los Tres Tiempos en los que el Padre se ha manifestado al hombre.

Mi mensaje es para todos y todos le conocerán conforme la hora vaya llegando a cada corazón, a cada pueblo y a cada nación. Cuando alcancéis completo conocimiento de esas divinas revelaciones, haced un libro que esté dividido en tres partes y encontraréis que la primera habla de la Ley, la segunda del Amor y la tercera de la Sabiduría.

Entonces entenderéis, que la Ley es la que conduce, el Amor eleva y la Sabiduría perfecciona. Finalmente comprenderéis que estas revelaciones se os han entregado en perfecto orden iluminando la vida humana. Que la lección de amor se os dio cuando ya teníais un amplio conocimiento de la justicia, y que asimismo la sabiduría os llegará cuando viváis en armonía con las enseñanzas que encierra el verdadero amor.

¡Oh, bendito Tercer Tiempo, eres el portador de todo cuanto el mundo necesita para salvarse de su esclavitud! ¡Bienaventurados quienes aprovechen tu luz porque ellos serán salvos!

Los Tres Tiempos

LOS TRES TIEMPOS

De tiempo en tiempo he descorrido los velos de mi Arcano, de acuerdo con vuestra evolución. Éste en que vivís, es uno más de los viajes de desarrollo que habéis hecho a este mundo para perfeccionaros.

La voz que escucháis, es la misma que oyeron los primeros moradores de la Tierra. El cincel que labró mis mandamientos en el monte Sinaí, es el mismo que ahora viene a grabar en vuestro corazón mis Pensamientos Divinos.

La sangre de vuestro Salvador, que fue resurrección y vida, es la que vierto ahora en la esencia de esta palabra. Y la profecía y potestad con que Elías asombró a los hombres, son las mismas que habéis tenido presentes en este tiempo.

Cuando mis discípulos de aquel tiempo vieron transfigurarse a su Maestro en el monte Tabor, estando Moisés a su diestra y Elías a su siniestra, se sorprendieron ante la visión incomparable que presenté ante sus ojos. Ellos escucharon una voz que les decía: Éste es mi Hijo amado, en quien he puesto mis complacencias, a Él oíd. Hoy vengo a esclareceros el significado de aquella visión: Cada Enviado ha tenido su tiempo para comunicar a la humanidad el Mensaje Divino, las revelaciones y profecías, para ayudaros a cumplir la misión que entregué al espíritu desde que brotó de Mí. ¡Si la humanidad comprendiese que el sentido de aquella manifestación encerraba un mensaje para los hombres de este tiempo, cuán grande sería su adelanto!

Moisés, Jesús y Elías, han iluminado a vuestro espíritu para que lleguéis a contemplar al Padre en todo su esplendor. He ahí a los tres Enviados por los cuales habéis recibido las máximas revelaciones espirituales. Mosaísmo, Cristianismo y Espiritualismo, he ahí tres lecciones y una sola Doctrina: la del amor.

Ahora os invito nuevamente a escalar el monte de perfección, que es mi Obra, por la senda del amor, de la caridad y la humildad. Es el nuevo monte Tabor, en donde se funde mi Enseñanza de los tres tiempos en una sola esencia.

Yo he marcado el tiempo de mis Manifestaciones en las Tres Eras. Desde el primer hombre hasta el nacimiento de Jesús fue la primera Era de la humanidad, una larga etapa de pruebas, luchas y experiencias para vuestro espíritu, en la que os di a conocer la Ley a través de Moisés.

Jesús marcó el principio de la segunda Era y el hombre se conmovió al sentirse cerca del Verbo y recibir de Él su ejemplo perfecto, y su lección de amor. Su estancia en este mundo fue breve, un corto tiempo y tornó al Padre, de donde había venido. Él escogió y preparó a los elegidos para llevar su Palabra hasta los confines de la Tierra. Esa etapa terminó en 1866, cuando aparecieron las señales de la nueva Era, la tercera, un nuevo ciclo en el cual mi Espíritu Santo ha venido a entregaros la simiente, la luz y la gracia, en su sentido espiritual.

Sentid en vuestra vida la presencia de los Enviados del Padre; ellos no han muerto, todos viven para iluminar el camino de los hombres, para que se entreguen con amor al cumplimiento de su misión.

Hoy me manifiesto sobre la nube en cumplimiento de mi Palabra. Vengo lleno de majestad, rodeado de mis emisarios espirituales de gran luz. Yo os prometí al Consolador y he venido a vosotros al haberse cumplido las señales precursoras: cuando la paz se viere amenazada y se oyeren rumores de guerra, cuando todo fuera confusión y dolor y del corazón del hombre hubiere huido el amor y la caridad.

Heme aquí entre vosotros. No tomé forma corpórea. Vengo en espíritu y para que me contempléis y comprendáis, es menester que estéis preparados y dispuestos.

Os dije en aquel tiempo que el templo de Salomón, con ser a los ojos humanos tan regio y magnífico, podía destruirlo y volver a construirlo en tres días. Los hombres no comprendieron el sentido espiritual de aquellas palabras. Ahora os digo: En la Tercera Era, en el tercer día, estoy reedificando mi Templo en vuestro espíritu. He venido a recoger la hoja olvidada de mi Doctrina y os estoy recordando y esclareciendo mi pasada lección.

En el Primer Tiempo, en vuestra infancia espiritual, conocisteis al Padre como Guía y Legislador. Mi voz se escuchó en el Tabernáculo. Envié espíritus iluminados que os indicaron el camino y patriarcas que os dieron ejemplo. En vuestra vida había sencillez y en vuestro corazón candor. Estabais tan cerca de la naturaleza, que en ella sentíais mi Presencia y vuestro espíritu se extasiaba en la contemplación de sus maravillas.

Mis manifestaciones han estado siempre al alcance del entendimiento humano, pero en aquellos primeros pasos del camino de evolución, vuestra comprensión era débil aún.

Escogí a Moisés, quien había de representarme en la Tierra, y por su conducto os hice llegar mis Mandatos.

Moisés: Mira a tu pueblo, es el mismo que guiaste a través del desierto; diseminado y errante va por el mundo. Mientras unos han comprendido que la Tierra de Promisión está en mi seno y a ella se llega por el amor, otros se han adueñado del mundo como si fuese su última morada y su única posesión. Éstos no han creído en el Mesías ni han sentido la presencia del Espíritu de Verdad. Ve a ellos en espíritu y señálales nuevamente el camino de la patria celestial; hoy te digo que el pueblo de Israel surgirá en este tiempo espiritualmente y será una antorcha luminosa en medio de la humanidad.

En la Segunda Era hice encarnar mi Verbo en Jesús de Nazaret, porque el egoísmo y la maldad habían germinado en el corazón y en el entendimiento del hombre. Os di mis Lecciones de amor, para que pudieseis interpretar y cumplir la Ley.

Un mundo nuevo se abrió ante vuestro espíritu. A través de Jesús os mostré todo mi Amor, mi Sabiduría y mi Caridad. Él apuró el cáliz del dolor para enseñaros el camino y rescataros del pecado. Era necesario que os recordase que debéis sufrir por amor, para llegar a Mí.

Mi Enseñanza, elevada y profunda, fue expresada en forma sencilla y simple, para que los hombres la comprendieran.

Fueron doce los discípulos que esparcieron mi Doctrina por el mundo. En este tiempo, doce mil de cada tribu del Israel espiritual, darán a conocer mi Enseñanza a toda la humanidad.

No vengo a desconocer ninguna de las enseñanzas que os legué en aquel tiempo, por el contrario, vengo a recordároslas y a darles su justa explicación. Ahora quiero que vuestro corazón sea pan y vino para vuestros hermanos, para que los iluminéis y resucitéis a la verdad.

Una gran parte de le humanidad se nombra cristiana, pero si en verdad lo fuese, ya habría vencido su materialidad con amor, con humildad y espíritu de paz. Mi Doctrina no está en el corazón de los hombres, está guardada en libros, y Yo por libro os traje mi Vida, mi Palabra y mis Obras.

Del tiempo en que escribí con sangre en vuestra conciencia mi Ley de amor y de justicia, al presente en que vivís, encuentro evolucionado vuestro espíritu, su capacidad de comprensión es mayor y sus facultades y potencias están preparadas para recibir mis nuevas Revelaciones. Mi Doctrina, fue la preparación para que la humanidad hiciese su entrada en el campo espiritual.

Todo cuanto Jesús os enseñó con sus obras, fue la confirmación de la Ley que habíais recibido por medio de Moisés. Mas no todo estaba dicho ni todo estaba revelado. Faltaba que Elías, en cumplimiento a las profecías y a mi Palabra, viniese a preparar nuevamente mi llegada como lo hiciera a través de Juan el Bautista en el Segundo Tiempo. Una vez más fue la voz que clamaba en el desierto, la que preparaba a los hombres para la inminente llegada del Señor, en esta Era.

De todas partes surgieron voces que anunciaban mi llegada. La naturaleza, estremecida en su seno, conmovió la Tierra; la ciencia se abismó ante nuevas revelaciones; el Valle Espiritual se precipitó sobre los hombres. Y a pesar de ello, la humanidad permaneció sorda ante aquellas voces, heraldos de una nueva Era.

Elías, en este tiempo, se ha manifestado como Enviado y Percusor del Espíritu Santo y ha dicho a través del entendimiento humano: “Tened caridad con vuestros hermanos y veréis a mi Padre en todo su esplendor”.

Sólo a vosotros os ha sido revelada la gran misión de Elías, sus atributos y perfección. Él guiará a la humanidad y la hará llegar a Mí. A él fue confiada la llave para abrir la Era de la espiritualidad.

Mi Ley y mi Palabra, con sus revelaciones y profecías, forman el Arca de la Nueva Alianza, en la que se unificará el espíritu de la humanidad. El que penetre en ella con respeto, espiritualidad y amor, encontrará en su fondo mi Sabiduría y todos los dones del espíritu. En vuestros momentos de meditación y estudio, sentiréis llegar a lo más intimo de vuestro ser, una luz superior que lo aclara todo, una influencia paternal que os envuelve y una voz que os hablará con perfección. Será la luz de mi Inspiración que llega a vosotros en una verdadera comunicación espiritual.

Soy el Espíritu de Verdad, la sabiduría Divina que viene a aclarar todos los misterios. He llegado a los hombres en cumplimiento a mi promesa hecha a la humanidad. Estáis viviendo la Era en la cual habrían de realizarse estas manifestaciones, porque ya estáis preparados espiritualmente para recibirlas.

Vengo a manifestarme a través de la conciencia, vengo en la luz que ilumina la mente, en el efluvio que sólo el corazón sabe sentir, en la esencia de mi Palabra que es el pan del espíritu.

Es el tiempo del despertar, de la plenitud espiritual, en el cual todos seréis soldados, todos seréis labriegos, discípulos de mi Doctrina. Estoy abriendo el Libro de la Vida, mostrándoos las nuevas lecciones que os hablan de la proximidad de mi Espíritu y de la Era de paz que os espera después de vuestra purificación.

Os he dejado caminar por todos los senderos, para que probéis los diferentes frutos y, finalmente, os he llamado para deciros: Heme aquí entre vosotros. Nadie es nuevo en este camino, a nadie he sorprendido con mis Revelaciones.

Si en el Segundo Tiempo mi nacimiento en cuanto hombre fue un milagro de amor, y mi ascensión espiritual, después de mi muerte corpórea, fue un prodigio, de cierto os digo que mi comunicación en este tiempo a través del entendimiento humano, es una gracia Divina que he concedido al mundo.

Un humilde rincón de la Tierra fue elegido por Mí para manifestarme; hombres y mujeres sencillos fueron escogidos en este tiempo para que sirviesen de medio para mi comunicación. Aquel primer grupo se convirtió en multitud y más tarde en un pueblo.

La luz de mi Doctrina unirá a la humanidad. Mi Palabra brillará en todo entendimiento y hará desaparecer diferencias de credos y cultos.

Quien no haya conocido antes al Padre como amor, sacrificio y perdón, conózcalo ahora espiritualmente para que le ame y le venere.

Bienaventurado el que crea en esta palabra, porque él llegará a la cima del Monte y habrá reconocido que esta es la forma más sutil y elevada de cuantas ha empleado el Padre para hablar a sus hijos.

Pero no ha de cerrarse el libro con esta página. Yo seguiré escribiendo nuevas e incontables lecciones para vosotros, continuaré derramando luz para que penetréis en mi Palabra y veáis en ella siempre la misma esencia, el mismo amor.

Estad preparados, porque muchos van a negar que me comunico por el entendimiento humano, mas os digo en verdad: Dios ha hablado a través del hombre en las Tres Eras, no es la primera vez que esto acontece. A ellos decidles que, desde el principio de los tiempos, las profecías, inspiraciones y revelaciones dadas a la humanidad, han sido recibidas por mediación humana y han guiado a los hombres de todos los tiempos.

La lección que en este tiempo he venido a daros, es un nuevo testamento que quedará unido a los que habéis recibido en los tiempos pasados, porque los tres forman una sola revelación.

No sintáis ser los iniciadores de esta Obra espiritual, sois los continuadores de esfuerzos anteriores, realizados por vuestros hermanos en Eras pasadas.

Se acerca un tiempo de lucha, una gran batalla necesaria para el establecimiento de mi Doctrina entre la humanidad. Entonces se unificarán en una sola esencia el Antiguo Testamento con el Segundo y el Tercero. A muchos esto les parecerá imposible, pero para Mí es lo más natural, justo y perfecto.

No os extrañe que la fusión de los Tres Testamentos no se lleve a cabo en la nación señalada en el Tercer Tiempo para recibir estas revelaciones; tampoco la unión del Primer Testamento con el Segundo se verificó en Judea.

Si queréis que las nuevas generaciones acepten este mensaje, respetad vosotros los testamentos pasados. Debéis someter a vuestra sensibilidad espiritual, la interpretación y el análisis que los demás hagan de mi Doctrina y, si los veis justos, tomadlos. Si otros se adelantan a vosotros a comprender, sed imparciales y conceded el primer lugar a aquéllos que antes de vosotros, se desvelaron y supieron descubrir, en el fondo de mi Obra, su verdad y su luz.

Hoy, mientras unos me aman en Jehová y desconocen a Cristo, otros me aman en Cristo, ignorando a Jehová; mientras unos reconocen mi existencia como Espíritu Santo, otros por mi Trinidad, discuten y se dividen.

Las pruebas despertarán al mundo. La buena nueva llegará a todos y sabrán que he venido a dejar un testamento más y a juzgar su obra.

El fin de una Era y el principio de otra, ha ocasionado la crisis y el caos que padecéis. Es lo mismo que acontece a un enfermo grave: cuando se acerca el alivio, más parece que es la muerte la que ha llegado. Cuanto mayor sea esta crisis entre la humanidad, mayor será después su salud; en verdad os digo que hace millares de años que os lo había anunciado. Ahora debéis prepararos, fortaleceros en la fe y disponeros a la batalla, y en esta forma saldréis triunfantes.

Para que brote de vuestros labios sólo esencia y verdad, limpiad el vaso por dentro y por fuera, y derramaos en vuestros hermanos sin limitaciones. No seáis avaros; imitadme, que siendo el dueño de todo, todo os lo doy. Sed intermediarios míos ante vuestros hermanos y trabajad incansablemente en la obra de restauración universal.

El egoísmo, la soberbia, el vicio, la mentira y todo cuanto ha ensombrecido vuestra vida, caerán como ídolos rotos a los pies de quienes les rindieron culto, para dar paso a la verdad y a la virtud.

Estáis contemplando el amanecer del nuevo Tiempo en que la claridad espiritual brillará intensamente y transformará vuestra vida. El principio de él será de grandes luchas, de intensos sufrimientos, confusiones y pugnas, pero todo esto habrá de pasar y se hará la paz y, como consecuencia de ella, vendrá el desarrollo del espíritu, que manifestará su adelanto en obras plenas de fe, amor y espiritualidad.

Recordad que os dije: El árbol por su fruto será reconocido. Dejad que mi Palabra pase por vuestro corazón y llegue al espíritu: él os dirá de quién viene este mensaje.

Vengo a llenar de inspiración vuestro entendimiento y a hacer brotar palabras de amor de vuestros labios. No es vuestra mente la que revela al espíritu estas enseñanzas, sino mi Espíritu quien inspira a la mente humana el conocimiento espiritual y Divino. Por eso os digo que en este tiempo, no serán los teólogos, sino mis nuevos discípulos los que aprenderán a estar en contacto conmigo, para escuchar mi Voz y sentir mi Fuerza, para percibir la caricia y el arrullo del Padre.

A este nuevo tiempo le llamarán la Era del Espíritu Santo, el tiempo de la espiritualidad, cuya claridad será vista por todos y bajo cuya luz se unirá la humanidad, no en una religión de hombres que acoja a unos y rechace a otros, que proclame a los suyos su verdad y se la niegue a los demás, sino en una Doctrina que no hace distinciones y que a todos recibe con amor en su seno.

Este tiempo se significará por el desarrollo de los dones del espíritu, los que transformarán radicalmente la vida humana cuando mi Ley se establezca en la Tierra. Pronto reconocerán todos los pueblos que cada una de mis Revelaciones, ha sido un peldaño de la escala espiritual que he tendido, para que ascendáis a Mí.

Paso a paso irán despertando los hombres a una nueva vida llena de promesas: la vida espiritual. Elías irá delante de vosotros como una antorcha iluminando vuestro camino.

Sois creación de mi Caridad infinita y os llevaré hasta el final de vuestro destino. Ninguna obra Divina puede quedar sin concluir.

Os hablo para el presente y para el futuro. Os estoy preparando y despertando con mi Palabra, para que levantéis vuestra planta y llevéis a todos vuestros hermanos mi Obra Divina, mis Revelaciones de los Tres Tiempos, para que seáis los verdaderos trinitarios, porque habéis estado con el Padre en las tres Eras, habéis sido testigos de sus tres manifestaciones, de sus tres revelaciones.

El Valle Espiritual se acercará aún más a los hombres, para darles testimonio de su existencia. Por todos los caminos surgirán señales, pruebas y mensajes, que hablarán insistentemente de que un nuevo Tiempo ha comenzado.

Aquí tuvisteis al enviado del Tercer Tiempo, a Roque Rojas, por cuyos labios habló Elías, quien vino a preparar la llegada de la Nueva Era. Tenéis a los portavoces por cuyo conducto vibra mi Palabra. En otras partes, bajo diversas formas, recibirán mi Mensaje que habrá de ser su preparación espiritual, como lo ha sido para vosotros esta comunicación.

En todos los tiempos he sembrado y cultivado mi Simiente en el corazón de los hombres. No será en vano mi siembra en este tiempo. En el reducido número de corazones que se preparen, yo derramaré mi Gracia a raudales para formar los cimientos de un mundo nuevo.

Mi Reino se acerca a vosotros a grandes pasos, como esos vientos que lo arrasan todo. Así también esta Doctrina llega como un vendaval de luz y de amor que todo lo transforma y conmueve. El Reino del Espíritu Santo, de la elevación espiritual, de la paz y el amor, llegará a establecerse en el corazón del hombre, en la base de todas las instituciones, en el seno de todas las naciones y las razas.

La infancia y adolescencia espiritual ya las habéis pasado y hoy os encontráis en los umbrales de una nueva edad, en la que alcanzaréis la madurez, la plenitud. En corto tiempo se abrirá entre vosotros la Era de la Gracia, en ella me encontraréis, no a través de ritos ni ceremonias ni por el entendimiento del hombre, sino en vuestro propio espíritu.

La Luz del Espíritu Santo, mi Sabiduría, reinará pronto en esta Era iluminando el pensamiento de la humanidad necesitada de espiritualidad, sedienta de verdad y hambrienta de amor. Os estoy iluminando, para que penetréis en el sentido de todo cuanto os he revelado. No os traigo un fruto de distinto sabor, mi Enseñanza es la misma que siempre os he entregado.

En verdad os digo que esta palabra llegará hasta los confines de la Tierra, porque nada es imposible para Mí.

Preparad vuestras pupilas, para que miréis lo que acontece en las regiones espirituales y anunciéis al mundo que he descendido a iluminar a todo espíritu.

Voy a dejar a la humanidad un libro como testamento de mi Amor, en el que cada página será un faro que alumbre su camino, éste lo uniréis a los libros escritos por Moisés, por mis profetas y apóstoles, y a las obras de mis discípulos de todos los tiempos. Este libro estará dividido en tres partes y encontraréis que la primera habla de la Ley, la segunda del Amor y la tercera de la Sabiduría. Entonces comprenderéis que la Ley es la que conduce, el Amor el qué eleva y la Sabiduría la que perfecciona.

Estas revelaciones os han sido entregadas en perfecto orden para iluminar la vida humana: Os di la lección de amor, cuando ya teníais un amplio conocimiento de la Ley y recibiréis la sabiduría plena, cuando viváis en armonía con las enseñanzas que encierra el amor Divino. Así podréis entender lo pasado por lo presente y confirmar lo presente con las enseñanzas de los tiempos pasados, y tendréis todo el conocimiento y la preparación para penetrar en la senda espiritual que conduce a la vida eterna.

La lección que en este tiempo he venido a daros, quedará unida a las anteriores, porque las tres forman una sola revelación. Mi Luz iluminará el entendimiento de los hombres destinados a unir en un solo libro todas mis Enseñanzas. Mis siervos espirituales guiarán la mano de mis elegidos, para que en ese libro no exista mancha alguna.

Reconoced que la Enseñanza entregada a vosotros en tres tiempos, ha tenido los mismos principios y que sólo la forma exterior de mis Manifestaciones ha cambiado. Hoy me presento entre vosotros como Padre, como Hijo y como Espíritu Santo, en esencia, presencia y potencia.

Por diferentes entendimientos os he venido a dar en este tiempo mi nueva Palabra, para que confirméis que lo que he dicho por una boca, lo he ratificado por todas.

Mañana será mi Inspiración la que ilumine a cada espíritu en una comunicación íntima entre el Padre y sus criaturas. Sois los hijos de la luz y no podréis perderos del camino.

Hasta la última de mis Profecías se cumplirá en este tiempo. Os dejo mis Tres Testamentos formando uno solo.

¡Mi paz sea con vosotros!