La guerra de ideas
La guerra de ideas
No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; (Mateo 10:34,35)
Una nueva guerra está próxima a surgir en el mundo. Será una guerra distinta a todas las que la humanidad ha sufrido. Guerra de ideas, de filosofías, de doctrinas, de ideologías, de creencias y de religiones.
Viene el tiempo de controversias en el que los hombres pondrán de manifiesto su inteligencia y su elocuencia, de la que llegarán hasta el alarde y la vanidad. Volverá a ponerse a discusión mi palabra del Segundo Tiempo y también se discutirán las diversas interpretaciones que a ella se han dado. En verdad os digo: De ese torbellino surgirá la luz y muchos velos quedarán descorridos y la hipocresía será abatida por la verdad.
Será grande esa batalla, más terrible que las que han sido originadas por las ambiciones del poder terrenal, porque la paz huirá de los corazones, las mentes se ofuscarán por las tinieblas del fanatismo y no se escuchará la voz de la conciencia y la razón. El fanatismo se removerá hasta su fondo y multiplicará sus fuerzas, levantando templos y haciendo ostentación, unos sucumbirán abrazados a sus ídolos, pero otros abrirán sus ojos a la luz y serán rescatados de ese abismo.
La ola del materialismo se levantará, convirtiéndose en mar embravecida, en mar de penalidades, de desesperación y angustia ante la injusticia de los hombres. Sólo una barca flotará sobre ese mar de pasiones, de codicias y de odios humanos, esa barca es la de mi Ley. ¡Dichosos los que se encuentren fuertes cuando ese tiempo llegue! Pero, ¡ay, de los que duerman! ¡Ay, de los débiles! ¡Ay, de los pueblos que hayan fincado su fe sobre cimientos de fanatismo religioso, porque serán fácil presa de esas olas furiosas!
¡Cuánta confusión habrá entonces! ¡Cuántos que creían tener fe en Mí, se van a convencer de que no era verdadera fe! En muchos hogares y corazones será apagada la lámpara de amor y de esperanza; la niñez y la juventud no tendrán más dios que el mundo, ni más ley que la de la Tierra. Grandes y pequeños, fuertes y débiles, creyentes y profanos, se agitan en un mar de confusiones; pero la poda ya está cerca, y de cierto os digo que todo árbol que no de buen fruto, será cortado.
El dolor, el tiempo y la verdad serán la hoz implacable que corte de raíz la mala hierba, la cual más tarde será arrojada al fuego de la sabiduría, donde todo lo que sea falso, será consumido.
Esa lucha de ideas, ese encuentro entre credos e ideologías, esa batalla, son indispensables para que salgan a la superficie todas las lacras y los errores que se acumulen en el fondo de cada culto y de cada institución. Sólo después de esa tempestad podrá venir una depuración moral y espiritual de los hombres, porque verán surgir la verdad, la conocerán, la sentirán en sí y ya no podrán volver a alimentarse de apariencias ni de falsedades.
El teólogo se verá obligado a consultar su ciencia, el filósofo escudriñará a sus más grandes maestros, y toda secta o religión se conmoverá profundamente ante mis nuevas revelaciones. Entonces surgirá la batalla de ideas, porque mientras unos despierten a la verdad, otros querrán permanecer en su fanatismo y en sus tradiciones y combatirán unos contra otros. En medio de esa lucha deberá escucharse la voz de mis verdaderos discípulos, diciendo a las turbas desenfrenadas: No convirtáis el fruto de la vida en manzana de discordias.
Los científicos, los teólogos, los sabios, los filósofos, todos se aprestarán para esa gran lucha en la cual quedará destruida la mentira y el mal, surgiendo victoriosos el bien y la verdad.
La gran batalla está a vuestras puertas, aprestad todas vuestras armas. En esta lucha todos tendréis vuestra parte, todos aportaréis vuestro grano: Gobernantes, ministros, hombres de ciencia, acaudalados, ricos y pobres, todos.
Encontraréis hombres que piensan diferente de vosotros, que sienten y viven en forma distinta y que además, sus costumbres, sus condiciones, sus leyes, sus doctrinas y sus ritos, tienen raíces muy profundas en su corazón.
Seréis testigos de la lucha de ideas y doctrinas, unas apegándose en parte a mi Ley, otras apartándose por completo de estos principios, Yo permitiré que se enfrenten unas a otras y luchen.
En esa contienda veréis a las grandes religiones usar más de la fuerza y la injusticia que del amor y la caridad. Veréis sus ambiciones por absorber a los débiles.
Esa lucha será inevitable para que surja la luz y brille la verdad. Será hasta entonces cuando os deis cuenta de que la verdad no establece división y que mi Doctrina, teniendo por esencia la verdad, no podía venir a hacer obra de división o de discordia entre los hombres, aunque al principio los obligue a luchar entre sí para alcanzar la luz.
Mi nombre y mi palabra serán tomadas como armas y con ellas se herirán los hombres; mas os digo que, no serán mi nombre ni mi palabra las que hieran o las que den muerte, sino que serán las intenciones con las que los hombres las esgriman.
La derrota será en todos porque la verdad tiene sus propias armas para defenderse que están dentro de la misma verdad.
Así, mientras unos han buscado siempre el apoyo y la ayuda divina para triunfar en la vida, otros, a medida que fueron evolucionando en inteligencia, fueron creciendo en soberbia, creyéndose absolutos, poderosos y sabios. Se consideraron capaces de concebir ideas creadoras y de bastarse a sí mismos.
Espiritualistas y materialistas han existido siempre en esta humanidad, así como la lucha de ideas entre unos y otros, pugnando cada uno por demostrar que posee la verdad.
Mi presencia espiritual en este tiempo viene a pacificaros, a hacer que os reconciliéis, a contestar a todas vuestras interrogaciones y a probaros que ni los que han pugnado por lo espiritual, ni los que proclaman que la única verdad es la que se tiene en la vida material, tienen razón. Los primeros han pecado de fanáticos y los segundos de necios; no se han dado cuenta de que unos y otros llevan una parte de esa verdad, pero que no han sabido armonizarla o conciliarla ni unirla con amor.
Os parece imposible que unos y otros lleguéis a entenderos, no creéis en una unificación de tal magnitud, mas de cierto os digo, que Yo sí sé que esa unión se realizará.
Es menester que todo vuelva a su primitiva verdad y para ello se suscitará la lucha de ideas entre la humanidad. En medio del materialismo que reina en este mundo surgirán hombres con grandes inspiraciones y esas luces serán las señales precursoras del establecimiento del Espiritualismo en la Tierra.