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¿Es la muerte de mi cuerpo, el final de mi vida?

¿Es la muerte de mi cuerpo, el final de mi vida?

En verdad os digo que la muerte no existe, porque Dios, como el Padre Creador es la vida y sus obras no pueden morir.

Muchos hombres, escépticos, sonríen irónicamente cuando se les habla de espiritualidad y del Más Allá; mas llegará la hora de la muerte, aquélla en la que no hay corazón que no tema, ni espíritu que no tiemble ante la presencia inminente de la eternidad. La muerte como la concebís vosotros no existe o sea el dejar de existir, no puede ser la muerte del cuerpo, muerte o fin para el espíritu.

Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven. (Lucas 20:38)

Cuando la humanidad comprenda que el desprendimiento del espíritu al dejar el cuerpo en este mundo, es el paso de transición, indispensable para seguir evolucionando, será entonces cuando deje de temer a lo que llama desconocido.

Ahí donde creéis contemplar la muerte, está la vida; donde miráis el fin, está el principio. Donde creéis que todo es misterio e insondable arcano, está la luz, donde creéis que está la nada, está el todo y donde percibís el silencio, está el concierto divino.

Al espíritu le hace falta un verdadero conocimiento espiritual, para continuar, después de la muerte de su cuerpo su viaje hacia el Más Allá; por eso, vengo a dar al espíritu enseñanzas que parecen fantasías al hombre, lecciones profundas e insondables aún para la imaginación más despierta.

¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde oh, sepulcro tu victoria? (1 Corintios 15:55)

El cuerpo cuando muere, es como la flor cuando se corta que luego se marchita, mas su perfume es como el espíritu que se desprende e inunda de esencia el ambiente.

Ya pronto sabrá el hombre a qué viene el que nace para este mundo, cuál es el sentido, la misión y finalidad de esta vida y sabrá explicarse lo que ha llamado «muerte». Esta humanidad dejará las teorías y los cultos externos para vivir la verdad, y entonces consagrará su existencia al bien, y cuando llegue la hora de dejar este mundo, no llamarán muerte al hecho de cerrar para siempre los ojos del cuerpo, sabiendo que ése es el instante en que el espíritu puede entrar a una vida superior por sus méritos.

Sólo a la materia le corresponde desintegrarse y transformarse en la tierra, después de que haya cumplido su misión junto al espíritu, al que le sirviera como instrumento; pero el espíritu que estuvo en aquel cuerpo, la luz de su esencia divina, la voluntad, los sentimientos, no pueden morir, porque forma parte del espíritu inmortal que animó la vida de aquel ser humano. Ver (Job 19:25-27)

Meditando en todo esto, ¿no pensáis en vuestra partida? ¿No os dais cuenta de que cada día que pasa, es una oportunidad para que vuestro espíritu alcance una morada de mayor elevación? Oíd y entended, porque ahí, donde muchos miran la muerte, está la vida; donde creen que está la tiniebla, está la luz; donde ven la nada, está el todo y donde ven el fin, está la eternidad. Cuántos hombres en su inconciencia, se semejan a los niños que, entregados a sus juegos infantiles, no les preocupa el futuro.

Solamente cuando la muerte del cuerpo les sorprende, es cuando piensan no tan solo en el futuro, sino en el pasado y es cuando su mente se llena de temor, porque inexorablemente tendrá que penetrar en el Más Allá. El temor a lo desconocido, turba su imaginación.

Recordad que no es en el tribunal creado por la imaginación humana donde me veréis en aquella hora de juicio; será en mundos desconocidos donde penetren los espíritus para encontrar una luz más pura y brillante. Los que no buscaron mi verdad llegarán a lugares de expiación en donde restituirán a su espíritu su pureza para después seguir adelante y llegar a Mí, porque ninguno se perderá.

¿A qué teméis después de haber dejado vuestro cuerpo en este mundo, al infierno, al castigo o a mi juicio? ¿Por ventura mi juicio no proviene del amor que os tengo?

¡Cuán decisiva será en ese instante la luz de la conciencia!, porque nadie podrá callar la voz de ese juez que vive unido indisolublemente a vuestro espíritu. Analizaréis todos los actos de vuestra vida y ninguno se sentirá juzgado con exceso de rigor o sobra de benevolencia. Ahí será donde esa luz que puse en vuestro espíritu, desde el principio para que iluminara el camino del espíritu, brillará intensamente.

Ahí se abrirán vuestros ojos espirituales a la verdad y en un instante sabréis interpretar lo que en toda una vida, no lograsteis comprender; ahí sabréis lo que significa ser hijos de Dios y hermanos de vuestros semejantes; ahí comprenderéis el valor de todo lo que hayáis poseído, experimentaréis el pesar y el arrepentimiento por los errores cometidos, por el tiempo perdido, y nacerán de vosotros los más bellos propósitos de enmienda y de reparación.

No debilitéis en la fe, tened siempre presente que el fin de esta jornada llegará; no olvidéis que en Mí habéis tenido vuestro principio y que el fin lo tendréis también en Mí, y ese fin es la eternidad porque no existe la muerte del espíritu.

Y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio. (Eclesiastés 12:7)

En los hombres del mañana habrá tanta espiritualidad y comprensión de la evolución que debe alcanzar su espíritu, que cuando penetren en la agonía y se hallen a un paso de la muerte, consideren ellos y quienes les acompañen en aquel momento como el más hermoso de toda su existencia, aquel que debe ser como la culminación de una vida fecunda y provechosa y puedan decir como su Maestro en la cruz: «Todo está consumado».

Mejor es la buena fama que el buen ungüento; y mejor el día de la muerte que el día del nacimiento. Mejor es ir a la casa de luto que a la casa del banquete; porque aquello es el fin de todos los hombres, y el que vive lo pondrá en su corazón. (Eclesiastés 7:1-2)

¿Quién por incrédulo que sea, no se ha preguntado si existirá en él, algo que sobrevivirá a la materia? En verdad os digo que no hay quien medite un momento en lo insondable. Sobre el misterio de la vida en el Más Allá que parece estar lejos; unos preguntan, otros se confunden y niegan, unos hablan creyendo saberlo todo, y los demás callan y esperan.

Más allá de este mundo, existe un valle espiritual al cual todos penetraréis en espíritu, si cumplís con vuestra misión de amor. ¿Quién no tiene ahí un ser querido? ¿Quién no quisiera volver a contemplar, a quien recuerde como padre, madre, hermano, hijo, esposo, esposa, o amigo?

Yo siempre soy justo en mis determinaciones. ¿Por qué a veces queréis intercalaros en mis altos designios?

Aquellos seres con los cuales tuvisteis vínculos en la Tierra, y que ahora son vuestros hermanos espirituales, están cerca de vosotros.

¿Por qué seguir lamentando que los seres que amasteis en el mundo hayan partido al Más Allá? ¿Por qué les recordáis en su forma humana, si ellos ahora sólo son esencia espiritual? (1ª de Samuel 28:15)

Esos seres que ya dejaron su cuerpo en este mundo, y a quienes todavía llamáis los vuestros, están en la morada que les corresponde según sus obras o méritos que hayan hecho en su vida. Lo que el espíritu cultive, eso será lo que recoja; esa es Mi ley y Mi justicia divina.

Yo os digo, que en la hora suprema de la muerte de vuestro cuerpo, será mi voz quien le diga a vuestro espíritu la verdad de su elevación.

Juzgaos a vosotros mismos: ¿Adónde iréis después de la muerte de vuestro cuerpo?

No digáis que hay solamente un Cielo y una Tierra, y que éstos son lugares determinados, existen millares de mundos; no olvidéis lo que dije a través de Jesucristo: “hay muchas moradas en la casa de mi Padre”.

Aprended a dejar ese cuerpo en el seno de la tierra, cuando la hora llegue, si queréis seguir viviendo para los que amáis y si deseáis que os sientan.

Partid de este mundo sin lágrimas, sin dejar dolor en el corazón de los vuestros. Desprendeos cuando el instante sea llegado, dejando en la faz de vuestro cuerpo una sonrisa de paz que hable de la liberación de vuestro espíritu.

Vivid preparados espiritualmente, velad y orad. Acumulad méritos, y no tendréis confusiones ni turbaciones, porque al dejar la materia, vuestro espíritu batirá sus alas y sabrá volar, como las aves cuando abandonan el nido para emprender su primer vuelo.

El descanso espiritual según lo entiende y lo concibe vuestra materia, no existe; el descanso que espera el espíritu es la actividad, el multiplicarse haciendo el bien, el no desperdiciar un instante. Entonces descansa el espíritu, se aligera de remordimientos y de penas, se recrea haciendo el bien, salda su deuda y descansa amando a su Padre Creador en sus hermanos.

En verdad os digo que el espíritu nunca sentirá fatiga trabajando en mis tierras, por lo tanto el reposo del sepulcro no será para él, aún después de la muerte de su materia, porque en espíritu seguirá trabajando por su elevación y perfeccionamiento.

El descanso no es para el espíritu, porque, sería su peor castigo ya que el mejor premio para el espíritu, es la actividad, la práctica de mis enseñanzas divinas, la lucha por el bien; porque en ello glorifica a su Dios, que nunca descansa. La fatiga no existe en el espíritu que está en plena evolución, tampoco la noche, el hambre ni la sed. El descanso es para el cuerpo, porque éste es frágil.

Aquí en la Tierra sí debe sentirse preso vuestro espíritu, ya que en ella todo es limitado y pasajero. Aquí sí debe cansarse de tanto pecado y tanta impureza como existe en la vida humana. Mas no es un cansancio como el que agobia al cuerpo, sino un hastío de todo lo malo, una repulsión por todo lo impuro, una fatiga de luchar y sufrir muchas veces por frivolidades o causas injustificadas.

El hombre quiere salvarse desconociendo su naturaleza espiritual y eso no puede ser. Mientras vive y se siente fuerte, procura olvidarse de toda idea que le hable de la vida en el Más Allá; no pierde esa intuición, pero se desentiende de ella y sólo cuando siente en sí la agonía, es cuando quisiera en un instante reponer el tiempo perdido; pero entonces ya será tarde porque no todo lo logra el arrepentimiento. Es Ley de justicia divina recoger lo que se ha sembrado, aunque el arrepentimiento le ayudará a que su espíritu no quede turbado ni confundido.

¡Cuánto mal se han hecho los que creen que en el instante de morir su cuerpo, pueden alcanzar la gloria espiritual! Triste equivocación, porque los errores sólo pueden repararse con obras de amor.

Esos espíritus no saben mirar en esta vida más allá de lo que en su imaginación se han forjado. Yo os digo que son pocos los que en esa hora lloran por los males que han causado y que su preocupación es más bien el temor al castigo, a la sentencia o a la condena según ellos la imaginan.

No porque en el último instante de vuestra vida material tengáis junto a vuestro lecho a un confesor que os auxilie espiritualmente, creáis que estáis a salvo. Ni por vuestro arrepentimiento en esa hora, creáis que alcanzaréis la purificación, creyendo haber llegado al final de vuestra evolución. Aprended a amar, a perdonar y bendecir en vuestra vida material; labrad con vuestras obras de amor y caridad hacia vuestros hermanos, la purificación de vuestro espíritu.

¿De qué le sirve a muchos creer en una vida después de ésta, si no emplean su existencia en hacer méritos para la eternidad? Toda su fe se concreta en saber que después de la muerte, su espíritu irá a un y espera el último instante para reponer todo el tiempo perdido y borrar todas sus manchas solamente con un acto de contrición.

Hay quienes piensan: ¿Y si el hombre siempre fuese sano, como moriría? A lo cual os respondo, que no es necesario que vuestro cuerpo esté enfermo para que deje de vivir; basta que el corazón se detenga cuando la hora marcada por Mí haya sonado, para que ese cuerpo deje de latir.

Yo sólo os digo: el sol no sale ni se oculta un instante antes o después del marcado por el Creador. Todo se rige por una ley infalible. Por lo tanto, vosotros no moraréis en la Tierra un segundo más de los marcados en vuestro destino. He aquí por qué mi palabra está sonando para vosotros como el reloj de la eternidad que os aconseja que aprovechéis el tiempo.

Tened piedad de vosotros. Ninguno sabe cuándo llegará el momento en que su espíritu abandone su cuerpo. Nadie sabe si al día siguiente sus ojos se abrirán a la luz. Todos sois del único dueño de todo lo creado y no sabéis cuando seréis recogidos.

No tratéis de rechazar a la muerte cuando por mi voluntad se acerque a vosotros, no busquéis al hombre de ciencia para que os haga el milagro según lo entendéis, de prolongar vuestra existencia en la Tierra, ya que vuestra hora esta marcada por Mí y nada ni nadie podrá intervenir en mis altos designios.

Os digo esto, porque os contemplo indiferentes a mi enseñanza, en cambio, cuando sentís que la muerte se acerca, lloráis porque queréis cumplir y recuperar el tiempo perdido.

Cuántos espíritus, que vagan a vuestro alrededor, quisieran hacerse oír de los hombres, para decirles: «No perdáis vuestro tiempo como yo lo perdí”.

Cuando os veáis separados de los seres que fueron carne de vuestra carne y que partieron al Más Allá, no les olvidéis, comunicaos con ellos por medio de vuestra oración espiritual y ayudadles a trabajar para la elevación de su espíritu.

No lloréis por esos seres, no les faltéis al respeto intentando materializar su voz y su presencia; dejadles comunicarse con vosotros espiritualmente, recibid en vuestro corazón su mensaje y su sano consejo y luego dejadles ir en paz, sólo debéis sentir su presencia espiritual en vuestro corazón.

Tampoco queremos hermanos que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. (1 Tesalonicenses 4:13)

La muerte del cuerpo no os aleja de los seres que os han sido confiados ni os aparta de la responsabilidad espiritual que tenéis sobre de los que fueron vuestros padres, hermanos o hijos. Comprended que la muerte no existe para el amor, para el deber, para los sentimientos; en una palabra, para el espíritu.

No sintáis la necesidad de que ellos se manifiesten en alguna forma material en vuestra vida, porque negaríais la limpidez de la espiritualidad, por lo tanto, todo instante podrá ser propicio para aproximaros a ellos a través de vuestra oración y elevación espiritual, recordad que ellos al igual que vosotros tenéis vida eterna.

No mostréis impaciencia por volver a encontraros con vuestros seres queridos que ya habitan en el Más Allá. Esa impaciencia proviene de la ignorancia depositada en la mente y en el corazón humano que quisiera percibir la forma de esos seres, su faz y su actitud.

Esperad con verdadera virtud espiritual que llegue el momento feliz de ese encuentro y después seguiréis caminando unidos por la misma senda que ha de llevaros a todos a mi Reino. Cuando queráis comunicaros con los seres que habitan en el Más Allá, no fijéis día, hora, ni lugar para evocarlos, hacedlo por el amor que os une a ellos a través de vuestra oración y elevación espiritual y pensad que ellos pertenecen y habitan mas allá de vosotros; y no se encuentran bajo la acción del tiempo.

Sabed acompañar con vuestra oración espiritual al que se desprende de su cuerpo y se despide momentáneamente de vosotros; conducidlo con vuestra oración, hasta los umbrales del Más Allá.

A los seres que les concedo espiritualmente acercarse a vosotros en el instante de vuestra elevación y oración, no los recordéis ya bajo la forma humana que tuvieron.

¿Debemos guardar luto por quienes han muerto?

Dije en aquel tiempo: «Dejad que los muertos entierren a sus muertos». Si analizáis con cuidado y con amor mis palabras, veréis cuánta razón tuve al decíroslo. También os dije que el hombre es idólatra por inclinación y por este culto a sus muertos da una prueba palpable, de su idolatría.

He visto que aún celebráis el día de los muertos, y, ¿por qué? ¿Es acaso la forma en que celebráis la victoria sobre la muerte? No, humanidad; no os equivoquéis, mirad que con ello estáis celebrando el culto a la materia y el amor al mundo.

¿Por qué recordáis más en ese día a los seres que han pasado al Más Allá, si para el espíritu no existen días ni fechas? Vosotros no sois muertos ni tampoco lo están los que en esta vida fueron vuestros padres, hijos, hermanos, parientes o amigos.

También debo deciros que si en lugar de dedicarles según vuestras tradiciones un día a los que pasaron al Más Allá, estuvieseis siempre unidos a ellos por el lazo de la oración, su ser invisible, pero real en vuestra vida y su benéfica influencia, sería sentida por vosotros a lo largo de vuestra existencia, en vuestras luchas, en vuestras pruebas y también en vuestros momentos amables. Y aquellos seres, por su parte, tendrían oportunidad de trabajar en vuestras obras y empresas nobles, con lo cual adquirirían más luz.

Ah, si en vez de llorar la partida de vuestros seres queridos, escuchaseis en el fondo de vuestro corazón su voz espiritual; en vez de luto, que es tiniebla, habría alegría espiritual.

¡Cuántos quisierais tener entre vosotros a los que creéis que han desaparecido para siempre, sin comprender que ellos desean que vosotros estéis con ellos en el Más Allá! Lo que llamáis muerte, separa en apariencia a los que se van de los que se quedan en este mundo, pero un lazo eterno de fe y amor, los une: el de la fraternidad espiritual.

¿Creéis que sea necesario que os diga, que nada tenéis que hacer en los cementerios y que las lágrimas que sobre las tumbas derraméis, son las lágrimas de la ignorancia, de la materialidad y del fanatismo? No toméis mis palabras como un reproche, porque no lo es: Mi deber de Padre es corregiros, ¡recordad que os dije soy Dios de vivos no de muertos!

Bienaventurados los que dan el adiós al cuerpo que depositan en la tierra y no lo vuelven a visitar para contarle sus cuitas, porque ya dejó de latir y no escucha.

¿Verdad que vivís confundidos cuando lloráis ante un cuerpo inerte, mientras olvidáis que un espíritu vive, vibra y palpita?

Si supieseis con qué compasión os ven desde el Más Allá, aquellos seres que ya no están con vosotros cuando os ven actuar y llorar así. ¡Piedad es lo que sienten ante vuestra ignorancia, porque si les pudieseis contemplar, aunque fuese por un solo instante, os quedaríais mudos y asombrados frente a la verdad!

Los altares son crespones negros y las tumbas son una prueba de ignorancia y de idolatría. Yo perdono todas vuestras faltas, mas en verdad debo despertaros. Mi enseñanza será comprendida y llegará el tiempo en que los hombres cambien las ofrendas materiales por pensamientos de amor espiritualmente elevados.

El espíritu del que lloráis, vive y os obstináis en darle por muerto en aquel cuerpo que se desintegró bajo la tierra. Les dais por perdidos, mientras que ellos, llenos de amor os están esperando para daros testimonio de la verdad y de la vida. Les creéis lejanos o insensibles y sordos ante vuestras luchas y penalidades y no sabéis cuántos pedruscos van apartando de vuestro paso y de cuántos riesgos os van librando.

Allí habitan los espíritus de los que fueron vuestros padres, hijos, hermanos, esposos o amigos, los que en espíritu son simplemente hermanos vuestros, pero su amor por vosotros es el mismo o aún mayor, así como su potestad para ayudaros y protegeros.

Orad por ellos, no vayáis a dejar de amarles y recordadles espiritualmente, porque vuestro recuerdo y vuestras oraciones son un dulce consuelo en su lucha. Nunca los imaginéis turbados o habitando entre tinieblas, porque sería tanto como si vosotros os sintieseis capacitados para dictaminar un juicio y una sentencia sobre ellos; y si aquí en la Tierra los humanos suelen ser tan imperfectos e injustos para juzgar las causas de sus semejantes, ¿qué será tratándose de juicios sobre algún espíritu?