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El advenimiento del Espíritu de Verdad

El advenimiento del Espíritu de Verdad

Humanidad: Os prometí volver y no podía dejar de asistir a esta cita con vuestro espíritu.

Recordad que en cierta ocasión dije a las multitudes que me oían: Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de Verdad, Él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. (Juan 16:12-13)

He aquí al Espíritu de Verdad, explicando lo que en el Segundo Tiempo os dijo y que no supisteis interpretar.

Si la humanidad hubiese sabido analizar las profecías del Primero y Segundo Testamentos, no se confundiría hoy ante la realización de ellas; esto fue lo que pasó en el Segundo Tiempo cuando el Mesías nació entre los hombres, lo mismo que acontece ahora que he venido en Espíritu.

No todos me esperabais y menos en la forma en que me he manifestado. Ahora mi palabra os anuncia un nuevo tiempo de revelaciones que vendrán a libertarlos de toda esclavitud.

¡La verdad os hará libres, no más cadenas, ni más cautiverio, humanidad!

En verdad os digo que aquella divina promesa de volver entre vosotros como Espíritu de Consolación, nadie la borró, ni el tiempo, ni el pecado, ni las Edades que sobre los hombres han pasado.

Así como en el Segundo Tiempo mi presencia no fue en la misma forma que en el Primero, también en esta Era mi manifestación es diferente, siendo la misma Doctrina.

Este es un nuevo tiempo, y esa es la causa por la cual estáis recibiendo nuevas lecciones, porque los hechos de los primeros tiempos, según los espera la humanidad, no se repetirán, eso sería como si el tiempo se hubiera estacionado y a la humanidad le estuviera repitiendo la misma lección.

Así vengo a vosotros en este tiempo en el cual mi luz, se manifestará en diversas formas sobre los hombres y volverá a estremecerles, a unos de gozo, a otros de temor, a otros de ira, pero no habrá uno que, llegada la hora de ser conocido mi mensaje, no se conmueva.

Cuando estas palabras lleguen a los oídos de los materialistas, éstos se sonreirán con incredulidad ante mi Doctrina y ante mis profecías, pero nunca el escepticismo del hombre me ha herido.

Llegará mi palabra a los palacios y a las casas humildes, llamando a las puertas de los corazones, haciendo estremecer a los espíritus, sanando y consolando a los enfermos del espíritu o del cuerpo e iluminando las mentes que se encuentren en tinieblas.

Aquél que os enseñó la humildad y en su amor os llamó hermanos, es el mismo que hoy viene a hablaros en este tiempo.

Aquí tenéis ante vosotros desarrollándose aquel tiempo, aquí están cumpliéndose aquellas profecías. ¿Quién puede sorprenderse? Sólo los que han dormido en tinieblas o los que borraron de ellos mismos mis promesas.

¿Quién sino Yo podía ser el Espíritu de Consolación?

En verdad os digo, que si en este tiempo yo hubiese venido en cuanto hombre, vuestros ojos habrían tenido que ver mis heridas frescas y sangrantes aún, porque el pecado de los hombres no ha cesado.

Si por decir la verdad al mundo los hombres vuelven a juzgarme, podrán hacerlo, Yo dejaré que lo hagan. Mas si quieren tocarme y aprenderme, no podrán, porque estoy en Espíritu y ante ellos soy intangible e invisible.

Mañana, cuando ya en calma, los hombres estudien la forma de mi manifestación y la comparen con las profecías contenidas en las Escrituras y analicen el medio en el que me presenté y en el que se desarrolló mi manifestación, la nación que escogí y el pueblo a quien llamé, llegarán a la comprensión absoluta de que todo fue hecho a la perfección y que se fueron cumpliendo fielmente todas las profecías.

En aquel Segundo Tiempo encontré al ciego y le di la vista, al tullido le hice andar, al muerto le resucité; ahora encuentro mayor desolación en el mundo, porque contemplo por millares a los ciegos, a los sordos, a los leprosos y a los muertos del espíritu.

Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche. (1ª de Tesalonicenses 5:2)

De puntillas, como ladrón, he penetrado entre vosotros sorprendiendo vuestro sueño.

En verdad os digo que ya mi luz, como el relámpago, ha cruzado de oriente hacia occidente, sin que el mundo se percatara de ello.

Grande será la transformación que sufra la humanidad en breve plazo: instituciones, principios, creencias, doctrinas, costumbres, leyes y todos los órdenes de la vida humana serán conmovidos desde sus cimientos.

La verdad es que vengo con justicia entre vosotros, mas también lleno de amor, porque nunca os dejaré de considerar como mis hijos.

Yo os amo y vengo a buscar a los que me han olvidado, para renovarles mi promesa, diciéndoles que aún les espera el Reino de los Cielos. No traigo para vosotros nueva doctrina, ni nueva ley, pero sí muchas nuevas revelaciones.

De las señales, antes del advenimiento del Espíritu de Verdad

En el Segundo Tiempo, cuando entre mis discípulos o entre las turbas que me seguían, alguien preguntaba si acaso Yo volvería entre vosotros, no tuve motivo alguno para ocultárselo y les declaré que mi retorno sería en un tiempo de grandes pruebas para la humanidad, el cual sería precedido de grandes acontecimientos y trastornos en los distintos órdenes de vuestra vida.

Mirad cómo la guerra ha envuelto a las naciones más adelantadas, la maldad ha alcanzado su más alto grado de desarrollo. La mentira es tomada como si fuera verdad. La ciencia al revelar grandes misterios a la humanidad, le ha permitido utilizarlos para la destrucción y cuántas actividades impuras ha consagrado el mundo como buenas. Entonces es cuando me presento delante de vosotros para iluminar vuestra mente y deteneros en vuestra carrera hacia el abismo.

Las señales de mi manifestación en esta Era, han sido muy claras; la misma sangre de los hombres derramada a torrentes, empapando la Tierra, ha marcado el tiempo de mi presencia entre vosotros como Espíritu Santo.

Hice aparecer todas las señales que debían anunciar mi advenimiento y también pasaron desapercibidas para los hombres, porque estaban dormidos espiritualmente, entregados al mundo y estacionados en sus religiones.

¿Esperará el mundo nuevas manifestaciones para continuar aguardando mi llegada? ¿Hará lo que el pueblo Judío que tuvo las profecías del advenimiento del Mesías, vio el cumplimiento de ellas, recibió en su seno al Salvador, no lo reconoció y aún continúa esperándolo? La experiencia es muy grande y dolorosa para que esta humanidad, aún se obstine en el materialismo.

Mi presencia sorprende a esta humanidad impreparada para recibirme. Mi manifestación en Espíritu en este Tercer Tiempo, coincide con el mayor materialismo de la ciencia.

Veo las armas con las que los hombres se preparan para combatir mi Doctrina, que son: su ciencia, su filosofía, sus teorías materialistas, su egoísmo, su ambición y su soberbia. Mas Yo poseo una espada que es la verdad cuyo resplandor nadie puede resistir, su luz en este tiempo iluminará a la humanidad y pondrá al descubierto todo lo que sea falso y destruirá la tiniebla.

Estáis tan familiarizados con el pecado, que vuestra vida llega a pareceros lo más natural, normal y licito, tal parece que Sodoma y Gomorra, Babilonia y Roma, hubiesen volcado sobre esta humanidad, toda su perversidad y su pecado.

Aunque parezca absurdo, esta es la hora propicia para que mi palabra encuentre eco en el corazón de los hombres. Recordad a la pagana Roma, hastiada de placer, cansada de gozar de los deleites de la carne, abrió su corazón para recibir mi mensaje.

El momento en que Yo había de venir estaba señalado y esta profecía se ha cumplido. Estaba dicho: «Los hombres escalarán el monte del pecado y el materialismo. Las guerras cundirán de nación en nación como incendio que lo destruye todo. El odio y la mala voluntad crecerán como mala hierba e invadirán los campos». (Mateo 24:6-8)

¿Comprendéis el momento que vivís?

La manifestación del Espíritu de Verdad en la mayor sencillez

Para daros esta lección de caridad y amor no he venido a humanizarme, ni a manifestarme en palacios, entre vanidades y rodeado de lujos. En el humilde barrio de vuestra ciudad, entre los pobres y los humildes, así he llegado a vosotros, como corresponde a quien en otro tiempo os dijo: «Mi Reino no es de este mundo».

A nadie extrañe que no haya aparecido en este tiempo en el seno de alguna iglesia, tampoco en el Segundo Tiempo surgí de religión alguna. ¿Para qué había de manifestarme en regios palacios, entre pompas y ceremonias? De cierto os digo, que quienes me conciban entre lujos y esplendores superfluos, tienen un concepto errado de lo que es mi Divinidad.

¿No creéis que si Yo buscase el esplendor mundano, en lugar de haber nacido en cuanto hombre en un establo, hubiera nacido en el interior del templo de Sión? Os digo esto, porque ha habido muchos que en su interior se preguntan por qué no me manifiesto en el interior de las grandes sinagogas o en las suntuosas iglesias.

No me encontraré donde exista vanidad, materialismo e idolatría; quiero manifestarme en el seno de la más grande sencillez y humildad, donde no existan ritos que os hagan olvidar la esencia de mi Ley. La solemnidad de las liturgias, el esplendor de los ritos religiosos no son los que atraen a mi Espíritu ni significan mi Iglesia.

También en el Segundo Tiempo muchos hombres que soñaban con la presencia del Mesías prometido, se sintieron defraudados cuando contemplaron la humildad de Cristo y por eso me negaron. No pudieron ellos descubrir a través de la pobreza exterior de Jesús la presencia del Reino de los Cielos, del Reino de la Luz y la Verdad.

Los príncipes y los sacerdotes esperaban el nacimiento del Mesías en el seno de su iglesia, sin embargo, no nací entre ellos, porque encontré más limpio el establo de Belén, hallé más amor entre los pastores y más clemencia en el crudo invierno. He ahí por qué los teólogos de aquel tiempo se confundieron y por qué los reyes me persiguieron desde mi nacimiento hasta mi muerte. Hoy vuelven a confundirse los teólogos ante mi advenimiento, porque las profecías no han sido interpretadas con acierto.

Si algunos se confunden porque no vengo entre regios altares o suntuosas ceremonias, quiero recordarles que Yo nada tengo en la Tierra y que cuando vine a morar entre vosotros, viví en la humildad, porque así os enseñé a comprender que mi Reino no es de este mundo y que lo que vengo a buscar son corazones. La corona que visteis en mi cabeza no la puse Yo sino los hombres, y fue de espinas.

Lo que más ha torturado la mente de muchos hombres, es la pobreza y la humildad en que he venido a manifestarme, porque están acostumbrados a lo fastuoso de los ritos y a la riqueza derrochada en los templos materiales. Mas Yo os digo, que así como en aquel tiempo vine a juzgar la vanidad de los hombres haciéndoles presente mi humildad, ahora huyendo de los falsos esplendores, he querido aparecer no solo entre pobres, sino entre pecadores.

No temáis por no poder recibirme entre pompas y galas o con regias ceremonias; vuestra humildad y sencillez son el mejor ambiente que podéis preparar para mi manifestación. Yo quiero espíritus, porque son a los que busco, por los que descendí al mundo en otro tiempo, y por los que os di mi sangre.

Algunos esperan que el Espíritu Santo venga en este tiempo a manifestarse en sinagogas o iglesias; Yo solo os digo que vengo en busca de la humildad y de la sencillez, porque el oro, las riquezas o las vanidades, no halaga a quien es Dueño de toda la creación.

Yo podía haber venido entre relámpagos y tempestades para hacer sentir mi poder, pero entonces, ¡cuán fácil hubiese sido que el hombre confesase que era llegada la presencia del Señor! Más, ¿no creéis que hubiese vuelto el temor a vuestro corazón, y también la idea de lo incomprensible? ¿No creéis que todo sentimiento de amor hacia el Padre se hubiese tomado tan sólo en miedo a su justicia? Y debéis saber que Dios, aunque es fuerza omnipotente, no os vencerá con esa fuerza, no se impondrá por ella, sino por otra potencia, y esa es la del amor.

La presencia de Dios, sobre la nube

Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre… (Daniel 7:13)

¿Sabéis de aquella nube sobre la cual me vieron ascender mis discípulos la última vez que a ellos me manifesté? Pues en verdad quedó escrito que sobre la nube vendría nuevamente y lo he cumplido.

Yo os revelé que mi retorno sería en una nube. Hoy, ya me encuentro entre vosotros y por lo tanto, he cumplido aquella palabra. De cierto os digo, que la nube es la representación de mi presencia en Espíritu. En la misma forma en que me vieron ascender mis discípulos, una vez que dejé concluida mi obra en el Segundo Tiempo, así he descendido en este tiempo entre la humanidad.

No volveréis a verme en cuanto hombre, hoy tenéis que prepararos para contemplarme en Espíritu; así se os dio a entender desde el Segundo Tiempo.

Ahora que vengo en la nube, estoy posándome en vuestro espíritu, por lo tanto mis manifestaciones en este Tercer Tiempo son invisibles a los ojos mortales. Sólo el espíritu con sus sentidos elevados, es el que puede mirar, sentir y comprender mis revelaciones.

Esta manifestación es el cumplimiento de aquella promesa, si a alguno le parece demasiado pobre la forma en que he venido, es porque no ha sabido elevarse espiritualmente para poder contemplar la luz radiante con que mi Espíritu ilumina el nuevo tiempo.

Muchos creen que Yo he de aparecer en cuanto hombre en la Tierra, y eso nunca os lo dije, en cambio, os di a comprender que mi advenimiento, sería espiritual, que vendría sobre la nube.

Elegí la nube como símbolo para que representase mi llegada al mundo en el Tercer Tiempo. ¿No es la nube la mensajera que cruza sobre montes, valles y ciudades? ¿No es ella la que fecunda los campos con su lluvia y brinda su sombra? ¿No surge de ella el relámpago que anuncia la tempestad y el rayo vibrante que estremece?

Mi promesa de volver hecha en el Segundo Tiempo, os la he cumplido. Los apóstoles, en Betania, me vieron ascender de la tierra al infinito, y vosotros me habéis visto retornar del infinito hacia vuestro corazón. ¿No encontráis también en ello una semejanza con las nubes que se levantan del mar y ascienden para ir a derramar su lluvia en otros lugares, donde las tierras sedientas las llaman?

Pronto sabrá la humanidad que la Tercera Era ha llegado y que Yo me he manifestado conforme a lo anunciado; que vine sobre la nube, o sea en Espíritu, para enviar mi Verbo, como un rayo de luz, a esta humanidad, que aún permanece en tinieblas.

La nube espiritual llegará y cubrirá con un manto de paz a los pueblos que la invocan, a los corazones que la esperan. A todos aquellos que tratan de apagar la sed del espíritu con los placeres del mundo, la nube los sorprenderá con el resplandor de su relámpago y el estruendo de su tempestad les llenará de pavor, porque hasta entonces recordarán que existe una justicia divina y que cada hombre es portador de un espíritu que tendrá que responder a Dios de todas sus obras.

Bienaventurados sean los que en este tiempo esperan mi llegada, me reciban en su corazón y crean en mi palabra, porque ellos me verán en la nube celestial rodeado de mis huestes espirituales, y aunque no toque el polvo de la Tierra como en el Segundo Tiempo, sabrán sentir mi presencia espiritual.

Sí, humanidad: vuestra fe os dice que soy Yo el que os habla, aunque sabéis que no he venido a materializarme, porque os dije que vendría en la nube, y así os lo he cumplido.

La comunicación Divina, a través del entendimiento humano

He aquí una página más del Libro de la Vida, escrita por mi caridad; he venido a hablarle a vuestro espíritu porque en todos los tiempos me he comunicado con la humanidad. La forma en que ahora me manifiesto no es nueva; sólo el que se ha materializado podrá parecerle extraña o imposible, en cambio para el que me esperaba, es lo más natural y justo oír la voz de su Padre en sí mismo.

Profetizada estaba esta Era. Escrito está que Yo volvería. Mas he aquí al escuchar mi enseñanza a través del entendimiento humano, muchos tuvieron duda y me negaron, otros no dieron la menor importancia a mi manifestación.

Los tiempos anunciados por las profecías, aquellos en que el Espíritu de Verdad vendría a esclarecerlo todo, son precisamente éstos que vivís. Mas Yo he querido sorprenderos comunicándome bajo esta forma, para poner a prueba vuestra penetración en el sentido de las profecías, donde está dicho que Yo vendría a comunicarme espiritualmente por el entendimiento humano.

Porque mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá; (Isaías 28:10)

Os digo que cualquier forma que Yo hubiese elegido para comunicarme, habría confundido a todos los que no hubiesen estado preparados para recibirme. En cambio, para el que ha sabido mantenerse en vigilia y preparado, cualquier forma que Yo hubiese empleado para mi manifestación no le habría sorprendido, porque a través de cualquier forma me hubiese sentido.

He tenido que humanizarme haciéndoos escuchar mi voz a través del entendimiento humano, para haceros mirar con claridad, todo lo que os habéis obstinado en ver como misterio y que es tan natural como lo es para el cuerpo, nacer, crecer y morir.

¿Por qué juzgáis imposible esta comunicación? ¿Pensáis que el hombre pueda tener más poder que Dios, al lograr con su ciencia la comunicación a distancia entre unos y otros? En este tiempo me ha placido manifestarme a vosotros a través del entendimiento humano. ¿En qué forma mejor podríais comprenderme, si no en ésta, valiéndome de vuestra propia mente y de vuestro lenguaje?

¿Por qué creéis imposible mi comunicación con vosotros si estáis recibiendo la comunicación del universo? ¿Cómo ha de pareceros imposible la vibración de mi Espíritu a través del espíritu humano, si todos estáis llenos de los pensamientos de Dios? ¿Cómo ha de ser imposible que Dios se comunique con vosotros, cuando los ángeles, los mundos, los espacios y todo lo creado están llenos de Él?

Hay quienes se han sorprendido porque me comunico por conducto del hombre, y no aciertan a comprender si ha sido por voluntad de Dios o por voluntad humana. Mas Yo os digo: ha sido vuestro propio Dios quien ha venido a sorprender a la humanidad.

Os he dicho porqué en vez de buscar al sabio, al teólogo o al científico, busqué al humilde, al rudo y sencillo, para manifestarme por él, porque el testimonio del humilde sorprenderá al mundo. ¿En dónde están los limpios de corazón y los justos para manifestarme en ellos?

Si alguien dijese que es imposible que Yo me comunique por este medio con la humanidad, porque soy infinito y no sois dignos de recibirme, os digo: Mas que fijarme en vuestra pequeñez, me manifiesto a vosotros porque me necesitáis. En verdad os digo y no lo olvidéis: que no es imposible que Yo me comunique, a través del entendimiento humano; imposible sería que no pudiera comunicarme.

Si he venido a manifestarme por medio del ser humano, es porque el hombre constituye la obra máxima de cuanto deposité en la Tierra, si le doté de espíritu. ¿Qué mejor intérprete que él podría encontrar mi Espíritu para hablar con la humanidad? Ahí tenéis la razón de por qué en todos los tiempos ha sido el hombre mi mejor conducto para expresaros mis divinos pensamientos.

Me ha placido comunicarme con el hombre y mi determinación es perfecta. Conozco al hombre porque Yo lo he creado. Puedo servirme de él porque para eso lo formé, y puedo manifestar mi gloria por su conducto, porque lo creé para glorificarme en él.

¡Él espíritu del hombre! He ahí mi imagen porque él es inteligencia, vida, conciencia, voluntad, porque posee algo de todos mis atributos y su espíritu pertenece a la eternidad.

Buscad en el testimonio de mis profetas de los primeros tiempos, el anuncio de esta comunicación a través del entendimiento humano y de cierto os digo, que ahí lo encontraréis. Si hasta ahora los hombres no han descubierto esa profecía, es porque leyendo, no han sabido entender ni interpretar la palabra divina.

Yo he venido a desatar la lengua de los hombres en este tiempo, para que me reconozcan por un solo idioma: el espiritual, el del amor. Cumplida quedará entonces la profecía de Isaías cuando dijo: las lenguas se desatarán porque lenguas de fuego vendrán a desatarlas.

Porque en lengua de tartamudos, y en extraña lengua hablara a este pueblo. (Isaías 28:11)

*Mira que viene, se oye ya allá a lo lejos el nombre o Majestad del Señor; está su saña encendida, e insoportable: llenos de indignación sus labios y como fuego devorador su lengua. ( Isaías 30.27)) (*Versión Biblia edición ecuménica de Félix Torres Amat, que al margen comenta lo siguiente: Desde aquí parece que se habla de la venida de Jesu-Christo a juzgar al mundo. (Página 662)

Si mi palabra la hubiese dado en todas las naciones, la mayoría la hubiera rechazado, porque la vanidad, el materialismo y la falsa grandeza de los hombres, no hubieran aceptado una doctrina que habla de espiritualidad, de humildad y de fraternidad.

La humanidad no sabe que he estado entre vosotros, que he venido a manifestarme espiritualmente. Cuando conozca mi mensaje, será porque mi palabra ya habrá dejado de oírse por los labios de mis portavoces.

Inicio y fin de la comunicación Divina (1866-1950)

1866 marca el principio de este tiempo de luz. Yo envié al Profeta Elías para que descorriese el velo del misterio e iniciase el tiempo de mi comunicación como Espíritu Santo entre la humanidad. Elías iluminó a un varón destinado por Mí para que fuese el precursor. Aquel escogido llamado Roque Rojas, fue quien escuchó de espíritu a espíritu la voz del Profeta que le ordenaba en mi nombre, llamar y reunir a sus hermanos, porque una revelación divina estaba a punto de iluminar los destinos de la humanidad. Roque Rojas, manso y humilde como un cordero, obedeció la voz espiritual, respondiendo: «Hágase en mí la voluntad de mi Señor».

Roque Rojas reunió a un grupo de hombres y mujeres de fe y buena voluntad, y ahí, en el seno de sus primeras reuniones, Elías se manifestó a través del entendimiento del enviado, diciendo: «Yo soy Elías el Profeta, el de la transfiguración en el Monte Tabor». Y dio las primeras instrucciones a los primeros discípulos, al mismo tiempo que les anunciaba la Era de la Espiritualidad, y les profetizaba que pronto llegaría el Rayo del Divino Maestro a comunicarse con su pueblo.

Un día en que el humilde recinto de Roque Rojas se encontraba pletórico de adeptos que confiaban en la palabra de aquel varón, descendió Elías a iluminar la mente de su portavoz, e inspirado por Mí, ungió a siete de aquellos creyentes a quienes les dio la representación o el simbolismo de los Siete Sellos.

Más tarde, cuando llegó el instante prometido de mi comunicación, encontré que de aquellos siete escogidos, sólo uno velaba en espera de la llegada del Casto Esposo y ese corazón era el de Damiana Oviedo, la doncella cuyo entendimiento fue el primero en recibir la luz del Rayo divino (1884) como premio a su perseverancia y a su preparación.

Desde entonces y por ese conducto mi palabra iniciada con la manifestación de Elías marcó el tiempo de esta comunicación que es desde 1866 hasta el año de 1950.

No intentéis cambiar esa fecha, ni tratéis por ningún medio de retener la manifestación de mi palabra bajo esta forma ni la del mundo espiritual. Desde ahora os digo, que quienes así lo hicieran ya no estarán iluminados por la luz del Maestro. A unos y a otros desde ahora les digo, que si fuera la única forma en que Yo pudiera manifestarme a su espíritu, no os privaría jamás de ella, pero si la voy a hacer cesar, es señal de que algo más elevado y perfecto os aguarda, algo que vosotros también sabéis: la comunicación de espíritu a Espíritu con vuestro Padre.

Mi palabra es de Rey y no vuelve atrás; porque os he dicho que antes dejaría de alumbrar el astro rey, que mi palabra no se cumpliere, y Yo os he profetizado, os he marcado un tiempo para el final de mi comunicación a través del entendimiento humano.

Pretender hacerme esperar un tiempo más entre vosotros sería necio, sería negarle al Padre su perfección y su justicia y sería negar que he sido Yo, el Inmutable, quien os ha hablado.

¡Ay, de los que habiendo oído mi palabra, la olviden, porque llorarán buscando a su Señor y a su paso sólo encontrarán los falsos cristos, quienes les hablarán en apariencia en la misma forma en que Yo me manifesté, pero con una palabra sin esencia y sin verdad que los llevará a la confusión. ¿No consideráis doloroso que una falsa luz os hiciese perder el camino que mi palabra con tanto amor os trazó? Por eso os hablo mucho, para que quedéis llenos de mi palabra y para que conozcáis su esencia.

Si habéis creído en mi manifestación bajo esta forma, debéis también creer que voy a dejaros de hablar como hasta ahora lo he venido haciendo; y si habéis creído en mi presencia cuando os he doctrinado a través del entendimiento humano, sirviéndome de seres rudos e imperfectos. ¿Cómo no habréis de creer que podréis recibir mi divina inspiración de Espíritu a espíritu?

En el tiempo de mi comunicación, nadie ha callado ni callará mi voz; mas si después de ese tiempo alguno dijera que recibe el rayo divino de mi luz, a sabiendas de que desobedece al Padre y de que engaña a su hermano, no sabrá por dónde le toque mi justicia o en qué momento le sorprenda la justicia humana.

No estoy sentenciando a nadie, me concreto a revelaros a tiempo lo que podréis encontrar como resultado natural de vuestras obras. Os lo digo a tiempo, porque os amo y para que lo evitéis, para que miréis de frente hacia la verdad y no os desviéis del camino.

Desde ahora os digo: que los que quieran hacer creer que me sigo comunicando por su conducto, después del tiempo fijado por Mí, serán negados y llamados impostores y quien se comunique por sus entendimientos será llamado falso cristo; mas los videntes que hiciesen causa común con aquel engaño, serán llamados falsos profetas. ¿Quién creéis que se comunique por estos entendimientos, cuando haya cesado el tiempo de mi comunicación? ¿Por ventura queréis hacerme partícipe de vuestra desobediencia?

Ese deseo de que mi palabra prosiga indefinidamente, de que todo siga como hasta ahora, es una prueba de que el tiempo precioso que les fue confiado, lo han desaprovechado y ahora quisieran un tiempo más, para poder hacer algo. Mas cuando el tiempo señalado haya llegado a su término, nadie podrá hacer variar una determinación divina, porque intentarlo, equivaldría a negarle perfección a lo dispuesto por Dios.

La hora está fijada y mi voluntad es irrevocable. Si Yo no cumpliese mi palabra, dejaría de ser vuestro Padre, porque descendería al plano en que vibran los hombres, que hoy afirman un concepto y mañana se traicionan a ellos mismos.

En los designios de Dios no puede existir variación alguna, porque conociendo el futuro, no puede equivocarse.

Dios todo lo tiene previsto desde el principio, con suma justicia y perfección.

Yo os digo, que hasta las lecciones divinas tienen un término. ¿No partió Moisés una vez que hubo revelado a su pueblo mi Ley? ¿No recordáis que Yo, en Jesús, me elevé de entre los hombres cuando concluí mi misión de Maestro y redentor, luego de deciros, todo está consumado? Así en este tiempo, cuando mi revelación haya sido transmitida y los cerebros preparados hayan dejado manifestar mi mensaje y aquellos a quienes he llamado Plumas de Oro hayan anotado mi palabra y mi Mundo Espiritual haya entregado su mensaje, también os diré: Todo está consumado. Entonces callará esta voz y una nueva etapa se presentará ante los discípulos: la comunicación de espíritu a Espíritu.

Después vendrá el tiempo de la espiritualidad y aunque ya no escuchéis mi palabra, me sentiréis más cerca de vosotros.

Bienaventurados los que permanezcan fieles a mi palabra, porque a ellos llegado el tiempo les tomaré como emisarios y testigos de este Mensaje divino, que a través de mi comunicación por el entendimiento humano deje a la humanidad, como una lección precursora para la verdadera comunicación de espíritu a Espíritu con vuestro Dios Padre Creador.

El Espíritu de Verdad

EL ESPÍRITU DE VERDAD

Os estoy hablando espiritualmente, DESDE LA NUBE que contemplaron en Betania mis discípulos del Segundo Tiempo, en el momento de mi ascensión. Ahora desciendo en la misma forma, en Espíritu, invisible para los ojos humanos. Esa nube es el símbolo del infinito, desde donde os envío un rayo de luz que ilumina el entendimiento de los portavoces.

Cuando alguno de mis discípulos me preguntaba si volvería entre vosotros, no tuve motivo alguno para ocultarlo y les declaré que mi retorno, sería en un tiempo de pruebas para la humanidad, el cual sería precedido de grandes sucesos y trastornos en los distintos órdenes de vuestra vida.

Ahora os digo que todas las señales anunciadas se han manifestado en este tiempo y no ha faltado ninguno de los acontecimientos que os predije.

Aquí tenéis a mi Espíritu comunicándose por vosotros y a mi Mundo Espiritual hablando por vuestra boca.

Cuando llegué, ya los espíritus y corazones habían sido preparados por el espíritu de Elías, el precursor de Dios en todas las Eras. Nadie me esperaba, encontré frío vuestro corazón, apagada la lámpara de amor; estabais durmiendo el sueño de varios siglos. Sólo unos cuantos despertaron ante el llamado del emisario, que se acercó a vosotros para anunciaros que Yo estaba tocando a las puertas de vuestro corazón.

Ved como una a una, las profecías se van cumpliendo. Éste es el tiempo que anunciaron mis profetas y el que Yo os predije en mi Palabra.

Si escudriñáis los acontecimientos que han conmovido a vuestro mundo en el pasado siglo, cuyas fechas quedaron escritas en vuestros anales, comprenderéis que en verdad, cuanto fue anunciado a través de Jesús, tuvo fiel cumplimiento. Cuando mi Rayo estaba próximo a descender al entendimiento humano, la naturaleza se conmovió y los elementos desatados estremecieron a los hombres, despertaron a los pueblos y asombraron a los científicos.

Os profeticé que volvería, cuando la humanidad se encontrase en su mayor altura de maldad y confusión. Es por eso que, al contemplar los hombres que su ciencia y su maldad habían dado un fruto que se encontraba en plena madurez, presintieron que algo Divino estaba por manifestarse. Ese presentimiento se debió a que mi Presencia espiritual habla siempre a cada espíritu y mi Justicia de Padre se estaba manifestando entre la humanidad. ¿Quién de los humanos hace dos mil años, imaginaba al mundo actual que habéis hecho con la fuerza de vuestra inteligencia? Nadie, por eso muchas de las profecías que anunciaron la transformación de este mundo en que vivís, no fueron creídas. Ahora os estoy hablando de las que precederán a la gran batalla espiritual y después al tiempo de paz. La luz de la profecía vuelve a hacerse sentir entre la humanidad.

Quiero que abráis vuestros ojos a la realidad, para que oréis por el mundo. Aquel tiempo que fue anunciado en otras Eras, en que surgiría la batalla del bien contra el mal, es éste; no vayáis a dormir en espera de otra Era. Sois los hijos de la luz a quienes os estoy revelando grandes enseñanzas, para que seáis antorchas de fe entre la humanidad. Profetas, iluminados y videntes, percibieron mi venida en Espíritu, contemplaron el Libro que se abría, para derramar su contenido sobre el entendimiento de los hombres y confirmaron la presencia del Mundo Espiritual cerca de la humanidad. Vieron el nuevo Monte donde el Señor habría de venir a reunir a su pueblo. Mas en verdad os digo que así como vosotros me habéis sentido, así llegarán hombre tras hombre, pueblo tras pueblo, conforme vaya acercándose a cada uno el tiempo de su despertar.

Elías trajo al mundo la revelación de la forma en que vendría a comunicarme con los hombres: iluminó un entendimiento, el de Roque Rojas, para hablar a través de sus labios, en estado de inspiración.

Hoy os anuncio que llegarán ante estas congregaciones, hombres y mujeres de otras razas hablando otras lenguas: a todos recibiréis. En verdad os digo que si en la casa del Señor no hay extranjeros, ni extraños en su mesa, tampoco vosotros, que sois mis hijos, debéis distinguir por esa causa a quienes son vuestros hermanos. Yo seré siempre delante de vosotros. El que esté limpio me verá y ése será su premio; el que lleve manchas en su corazón, también me verá y ésa será su salvación.

Mi Lección de amor ha llegado a todos los hombres para ser conocida bajo muchas formas.

También en este tiempo como aquél en que vine en Jesús, mientras mi Rayo descendía entre mis discípulos para darles mi Mensaje por vez primera, los grandes, los sabios y los teólogos, dormían profundamente. Ése fue un instante de gozo para mi Espíritu, al veros congregados ante el Arca de la Nueva Alianza. Nuevamente os vine a trazar mi huella de amor, a sustentaros con mi Palabra y a engalanar vuestro espíritu con mis Bendiciones.

Fue un día que Elías preparó y esperó mucho, en el que su espíritu se regocijó grandemente. El primero de septiembre de 1866, mi Espíritu vino sobre la nube simbólica a prepararos para recibir la nueva lección. Después, en 1884, principié a daros mi Enseñanza. No llegué en cuanto hombre como en el Segundo Tiempo, sino espiritualmente, limitado en un rayo de luz que posé sobre el entendimiento humano. Ése es el medio elegido por mi Voluntad para hablaros en este tiempo, es ahora la voz humana de estas criaturas la que llega a vuestros oídos y es menester espiritualizarse para encontrar la esencia Divina en mi Palabra, en donde estoy presente.

Desde aquel instante se han estado cumpliendo muchas profecías y promesas hechas por el Padre a los hombres hace miles de años. Un día en que el humilde recinto de Roque Rojas se encontraba pletórico de congregantes, descendió Elías a iluminar la mente de su portavoz, e inspirado por Mí, ungió a siete de aquellos creyentes a quienes les dio la representación de los Siete Sellos, simbólicamente. Más tarde, cuando llegó el instante prometido de mi Comunicación, fue el de Damiana Oviedo el primer entendimiento en recibir la luz de mi Rayo Divino, como premio a su perseverancia y preparación, y por su conducto anuncié los tiempos de prueba que han llegado a vosotros.

Las naciones se encuentran en guerra, y el hambre y la peste se cierne sobre la humanidad. Los elementos de la naturaleza están desatados. Yo dije por conducto del primer portavoz: “Los tiempos cambiarán y cuando veáis que la ciencia humana da grandes señales de adelanto, vosotros debéis hacer penitencia y aprender de Mí, para llevar un mensaje de paz a la humanidad.”

Así como en el Segundo Tiempo encontré regazo de mujer, en este tiempo descansé en el corazón limpio y puro de Damiana Oviedo. Su regazo de doncella fue maternal para aquellas congregaciones y por su conducto preparé a los guías, a los portavoces y a los labriegos. La dejé llegar a los umbrales de la ancianidad y le dije: “Vos, que habéis sido como fuente de amor y habéis dejado encendida en los corazones una antorcha de fe, descansad”. Ella me pidió venir en espíritu a trabajar, porque fue celosa de mi Ley y no quiso que ésta fuese mancillada, y Yo se lo concedí.

Es Damiana la casta doncella que en representación de María, ha venido en este Tiempo a entregaros ternura y caricia. Bienaventuradas las doncellas que caminen por esta huella, porque en ellas derramaré mi Gracia. Y a todos vosotros os digo, que mi anhelo Divino es convertiros en discípulos, porque quiero dejaros como maestros entre la humanidad.

Desde el principio de mi Comunicación por conducto de Damiana Oviedo, la esencia de esta palabra no ha variado jamás, pero, ¿dónde están las primeras lecciones? Aquellos escritos se encuentran ocultos. Es necesario que esas enseñanzas salgan a la luz, para que mañana deis testimonio de cómo fue el principio de esta manifestación. Así llegaréis a poseer el libro completo de mi Enseñanza en este Tiempo y conoceréis mi primera lección, su contenido y el de la última que os entregaré en el año de 1950, cuando esta etapa finalice.

¿Quiénes de los que moran hoy en la Tierra, perciben que una nueva Era ha sido abierta ante la humanidad? Ciertamente sólo quienes han escuchado esta palabra, saben que ha nacido un nuevo tiempo: el del Espíritu Santo. En él sólo he manifestado una parte de mi Obra, mas no será todo mi Mensaje; pues llegará el tiempo en que la humanidad alcanzará mayor perfección y claridad, al comunicarse de ESPÍRITU A ESPÍRITU con el Padre.

Cuando en el segundo Tiempo aparecí por última vez ante mis discípulos, vieron cómo una nube envolvía la silueta del Maestro, elevándolo al infinito. Ahí recibieron la promesa de que Cristo volvería a los hombres, en la misma forma intangible en que lo vieron partir. Entonces comprendieron que el Maestro volvería espiritualmente. Con el mismo solemne silencio con que ascendí en la nube en aquel Tiempo, desciendo ahora sobre vosotros; mas no todos me han visto ni escuchado, porque muy pocos han estado preparados. Soy el Espíritu de Verdad, la sabiduría de Dios, quien llega a vosotros para esclareceros las lecciones pasadas. Ahora os digo que en esta Palabra, he venido a entregar todo lo que corresponde a este tiempo.

He aquí mi resurrección en el tercer día como Espíritu Santo, en que reuniré a todos los hombres en un solo apostolado.

Oíd esta Palabra, penetrad en su sentido y buscad su esencia. Nadie debiera sorprenderse de mi Comunicación y mi Presencia en esta forma, porque fue profetizada por Mí a través de Jesús. Aquí me tenéis, en Espíritu, enviándoos mi Palabra desde la nube luminosa, humanizándola a través de estos portavoces, como una lección preparatoria para la comunicación perfecta a la que todos habréis de llegar.

Hoy os pregunto: ¿Esperará el mundo nuevas manifestaciones y continuará aguardando mi llegada? ¿Hará lo que aquel pueblo que sigue esperándome? Si las señales y pruebas se han cumplido y no he aparecido en la sinagoga ni surgido en iglesia alguna, ¿No presiente el mundo que en algún sitio he de estar manifestándome, porque no puedo faltar a mi Palabra?

Yo soy el Consolador, el Espíritu de Verdad prometido. Desde los tiempos de los patriarcas estaba anunciado este tiempo en que los hombres apurarían el cáliz más amargo. El Consolador había de venir entre vosotros para acompañaros en la hora de prueba.

Mi Promesa en aquel tiempo no fue para un solo pueblo, sino para toda la humanidad, por lo que os digo ahora, que mi Luz no sólo ha descendido entre estos discípulos que me escuchan a través de los portavoces, sino que bajo mil formas me presento en la senda de todos los hombres, para hacerles sentir la llegada de un nuevo tiempo.

La forma que elegí para comunicarme con los hombres de esta Era, a muchos ha sorprendido, atreviéndose aun a juzgarla, sin haber meditado antes en mis revelaciones pasadas.

Yo os digo que cualquier forma que hubiese escogido para comunicarme, habría confundido a todos los que no hubiesen estado preparados para recibirme. En cambio, para el que ha sabido mantenerse en vigila, ninguna forma que Yo hubiese empleado para mi Manifestación le habría sorprendido, porque a través de cualquiera me hubiese sentido.

Todos los que me han creído en este tiempo, sin darse cuenta me estaban esperando espiritualmente.

El Espíritu de Verdad y Consolación, es el mismo Espíritu de Dios que palpitó en Jesús. Soy el mismo de aquel tiempo, vosotros sois los mismos, mi Enseñanza la misma también; sin embargo, vuestra evolución es mayor y por eso buscáis un culto más perfecto para elevarlo a vuestro Creador.

Esta irradiación, lo mismo se manifiesta sobre el espíritu que sobre la materia, lo mismo sobre los mundos que sobre los hombres y todos los seres de la creación. Es espiritual sobre el espíritu, es material sobre la materia, es inteligencia sobre el entendimiento, es amor en los corazones. Es ciencia, talento y reflexión; es intuición y está sobre los sentidos de todos los seres, según su orden, su condición, su especie y su grado de adelanto. Pero en principio es sólo uno: Dios, y su esencia, una sola, el amor. ¿Qué imposible puede haber entonces para que Yo ilumine la mente de estas criaturas y os envíe mi Mensaje espiritual?

En verdad os digo que mi Luz, como un relámpago, ha cruzado de oriente a occidente, sin que el mundo se percatara de ello. Mi Voz ha descendido sobre toda la humanidad. Un nuevo apostolado ha surgido entre este pueblo, formado por corazones sencillos y humildes, pero llenos de amor y fe para seguirme. He venido a reconstruir mi Templo, un templo sin muros ni torres, inmaterial, porque está en el espíritu del hombre.

¡Oh, discípulos! Al ascender mi Rayo Divino, mi Paz quedará en vosotros; mas hoy os dice el Maestro: ¡Alerta, pueblo!, no es éste el tiempo de dormir. Los vientos huracanados os azotarán a cada instante y es menester que permanezcáis firmes. Es tiempo de juicio y meditación. Se hallan desatados en el mundo la peste, el hambre, la guerra, la muerte y todas las calamidades visibles e invisibles. Orad y trabajad en silencio, no apaguéis vuestra lámpara ni escondáis los dones que poseéis. Estad siempre dispuestos a recibir al que llame a vuestra puerta y estaréis imitando a la virgen fiel de mi Parábola, aquélla que supo esperar al Casto Esposo con su lámpara encendida.

Aquí tenéis, discípulos amados, la voz del Espíritu de Verdad, la manifestación espiritual de Dios a través de vuestro entendimiento. Mi Luz se limita en vibraciones que se traducen en palabras de sabiduría y amor.

Benditos sean los que sepan encontrar mi Esencia y la separen de las imperfecciones del lenguaje humano, porque ellos serán mis mejores intérpretes. Dejad que esa esencia quede guardada en vuestro corazón, para que me llevéis con vosotros y en cada uno haya un consejero, un guía, un doctor.

Lecciones ocultas saldrán a la luz y enseñanzas desconocidas os serán reveladas. Muchos misterios se disiparán, mas estas revelaciones sólo las encontraréis en esta palabra, que es espada de luz que destruye las tinieblas.

La espiritualidad que imparte mi Doctrina, os hará escuchar mi Voz en los instantes de soledad o de dolor y os dará fuerzas desconocidas en las horas de prueba. Cuando el murmullo del mundo haya fatigado vuestra mente y sintáis tristeza, escucharéis desde el infinito mi concierto celestial. Y cuando salgáis de vuestro arrobamiento, os preguntaréis: ¿En qué libro he aprendido esto? Y Yo os contestaré: En el libro de mi Sabiduría y de mi Amor.

Vosotros que oís mi Palabra, no sois los únicos que recibís mensajes espirituales. Yo sé en donde se encuentran otros de mis nuevos discípulos, aquéllos que se preparan con amor para recibir, por inspiración, mis Pensamientos Divinos e intuitivamente saben qué tiempo es éste. Sabed que unos han sido preparados en una forma, otros en otra, pero todos coincidirán en la verdad que es una sola. Unos y otros, se reconocerán en la espiritualidad de sus obras de amor y caridad.

No sólo me escuchan quienes concurren a estos recintos, también presencian estas manifestaciones y reciben mi Luz grandes legiones de seres espirituales. Entre ellos se encuentran los que fueron en la Tierra vuestros padres, vuestros compañeros, vuestros hijos: todos vais ascendiendo por la escala de evolución.

En verdad os digo que entre estas multitudes no hay uno solo que haya llegado por casualidad. Nuevamente os aseguro que la hoja del árbol no se mueve sin mi Voluntad. En la vida de cada uno de vosotros, existe una causa por la cual habéis venido de diversos caminos, religiones y doctrinas, para que deis fe de mi Palabra.

Cuando meditéis sobre las enseñanzas que he venido a daros, sobre la Era que vivís y la forma en que me manifiesto, comprobaréis que tanto mi llegada, como el tiempo que durará mi Manifestación y el día en que esta cese, estuvo rodeado de gran número de acontecimientos y hechos sorprendentes, tanto en la vida humana como en el ámbito espiritual.

Extenso os ha parecido el tiempo de mi predicación, de 1884 hasta 1950. Han transcurrido 66 años en los cuales os he confiado mi Caridad y he derramado mis complacencias para que me reconozcáis como amor y estéis capacitados para dar cumplimiento a mi Ley.

Ved los frutos que mi Doctrina está dando. Los enfermos desahuciados por la ciencia, sanan; los perversos se arrepienten, los viciosos se regeneran, los escépticos se hacen fervientes, los materialistas se espiritualizan.

Os he dicho que llegará el día en que con la mirada, con la palabra o el pensamiento, llevaréis a cabo obras sorprendentes. Los pensamientos unificados de una multitud, serán capaces de destruir las malas influencias y derribar a los ídolos de sus pedestales.

Una nueva Era se ha abierto ante la humanidad. En el ambiente espiritual hay gozo y fiesta, porque mi Espíritu se ha derramado sobre todo espíritu y sobre toda carne.

El mañana, mi Doctrina será conocida en todo el orbe, será proclamada como verdadera y será ancla de salvación, puerto acogedor, estrella que guía a los caminantes y reino de paz para el Universo, porque ésta es mi Voluntad.

Desde mi Reino de perfección desciendo a vosotros para que en cada morada sea escuchada mi Voz.

Os he prometido que si dos o tres os reunís en el nombre del Padre, mi presencia será con vosotros y mis Pensamientos Divinos se convertirán en palabras para consolaros y fortaleceros.

El Verbo es vida, amor, verdad, mas de todo ello sólo un átomo puede recibir el portavoz: pero ahí, en ese rayo de luz, podréis encontrar lo infinito, lo absoluto, lo eterno. Para hablaros de Mí, lo mismo puedo hacerlo a través de grandes obras que de pequeñas o limitadas manifestaciones. Yo en todo estoy, todo habla de Mí: tan pequeño es lo grande como grande es lo pequeño. Sólo hace falta que el hombre observe, medite y estudie, para percibirme.

Ante el prodigio de mi Presencia, el sordo ha oído, el ciego ha visto, el corazón endurecido se ha sensibilizado, el espíritu muerto a la vida de la gracia, ha resucitado.

He venido a hablaros por medio de vuestro entendimiento, porque la mente de hombre es el espejo de la razón Divina, el cerebro es el aparato perfecto hecho por el Creador, en el que se manifiesta la inteligencia, que es la luz del espíritu.

Ese aparato es un modelo que jamás podréis igualar con toda vuestra ciencia. Tomaréis su forma y construcción para imitarlo en vuestras creaciones, pero jamás llegaréis a la perfección que tienen las obras de vuestro Padre.

Me estoy comunicando por medio del entendimiento humano, pero es el espíritu el que recibe la luz de mi Inspiración, la que al pasar por la mente se hace idea y al llegara los labios del portavoz se transforma en palabra.

Os estoy hablando de acuerdo con vuestra capacidad, según la preparación de cada congregación. Me ha placido comunicarme por medio del hombre y mi determinación es perfecta. Conozco al hombre porque lo he creado. Lo encuentro digno porque es mi hijo, porque de Mí brotó. Puedo servirme de él porque para eso lo formé, y puedo manifestar mi Gloria por su conducto, porque lo creé para glorificarme en él.

El portavoz, para ser digno de recibir y transmitir mis Pensamientos Divinos, tuvo antes que luchar contra la materialidad y las tentaciones del mundo, renunciar a su propia personalidad y castigar su vanidad; ha hecho una entrega total de su ser en los momentos de prestar su entendimiento a la inspiración Divina, y esto ha permitido que de sus labios broten palabras de sabiduría, de ternura, de justicia y de paz.

Ésta ha sido la forma intermedia elegida por Mí para hablaros, antes de que llegue el tiempo de la comunicación espiritual entre los hijos y el Padre. Os digo intermedia, porque ni vine en cuanto hombre, visible y tangible como en aquel Tiempo, ni absolutamente en espíritu, sino comunicado por medio de entendimientos iluminados por Mí. Las razones que tuve para elegir este medio, fueron mi Amor, mi Justicia y mi deseo de que el espíritu humano llegue a comunicarse directamente con su Padre. Esta forma es tan solo el preludio de la verdadera comunicación espiritual de los hombres con su Creador, cuando llenos del Espíritu de Verdad converséis conmigo, de ESPÍRITU A ESPÍRITU.

Ahora sabéis que el hombre puede reconocer a su Dios, sin necesidad de recurrir a la exaltación de los sentidos para percibir a través de ellos lo espiritual. Es en la sencillez de la forma donde brillan más la verdad y la luz de mi Palabra.

Soy Yo, el Señor, quien os habla, no os extrañe que me comunique con vosotros, porque así lo he hecho desde que formé el primer hombre. Meditad un poco, volved vuestro pensamiento al pasado, repasad la historia y me encontraréis comunicándome a cada paso con la humanidad.

No todos recibirán esta manifestación. El número de mis discípulos destinados a escuchar mi Enseñanza a través del portavoz es muy reducido, mas de cierto os digo, que si estos testigos se saben preparar, la humanidad escuchará mi Palabra a través de sus labios. todos sabrán que el Espíritu Santo estuvo doctrinándoos a través del entendimiento humano.

Bajo formas infinitas puedo comunicarme con los hombres. Si a vosotros lo hago por medio del portavoz humano, a otros les hablo en su conciencia.

No os afirméis en la creencia de que es menester de sitios precisos para mi comunicación, ni de que se requiera de vestiduras especiales o actitudes determinadas para que Yo me manifieste. Días vendrán en que mi inspiración sea con vosotros en cualquier sitio y en cualquier hora, delante de distintas multitudes ante las cuales expresaréis mi Pensamiento con palabras y lenguas que todos entenderán.

Todos los misterios se disiparán a su debido tiempo, que os baste saber por ahora, que entre la naturaleza Divina y la humana, existen muchas otras de las cuales me sirvo para mis altos fines.

Estoy entregándoos este mensaje que a su tiempo llevará al despertar espiritual de las naciones, enseñando a los hombres a distinguir lo espiritual de lo simplemente humano, y a separar lo límpido, lo elevado, lo puro y luminoso, de todo lo que encierre imperfección, impureza o mentira.

Pasará esta etapa de mi comunicación y entonces vosotros, iluminados por la Luz de mi Espíritu Santo, sabréis distinguir claramente en dónde está la esencia de mi Palabra y cuál es la imperfección humana. Y como hacen los labriegos en la Tierra, que al recoger su cosecha de trigo saben separar la paja, así vosotros, apartaréis el trigo de mi enseñanza y lo guardaréis en el granero de vuestro corazón, y la paja, que es la imperfección de los portavoces, quedará en el olvido, mientras la esencia de mis Lecciones permanecerá eternamente en vuestro espíritu.

A los que no acierten a comprender que tan sólo iluminando estos cerebros con un rayo de mi Luz, puedan expresar tanto saber en la palabra y derramar tanta esencia en los que me escuchan, Yo les digo que tampoco el Astro Rey, como llamáis al Sol, precisa de llegar hasta la Tierra para iluminarla, bastándole la luz que desde la distancia envía a vuestro planeta, para bañarlo de claridad, de calor y vida.

Yo os pregunto: ¿Qué pasaría si de pronto contemplaseis mi Luz en todo su esplendor? Os cegaríais. ¿Y si escuchaseis mi Voz en toda su potencia? Perderíais la razón. Si en el portavoz por el que me comunico, descargara todo mi Poder, ¿qué sería de él? Su materia desaparecería. Aceptad que el Padre se limite para ser comprendido, sentido y contemplado por los hombres, porque aun dentro de esta limitación, Él es perfecto, sabio e infinito.

En los instantes en que escucháis mi Palabra, no sólo el espíritu de este pueblo se estremece, sino todos aquellos seres que en el Valle Espiritual necesitan también de la luz Divina; a ellos llegan la esencia y la inspiración de mis Mensajes, porque mi Voz es Universal y su eco alcanza a todos los mundos y moradas donde habite un hijo de Dios. Yo envío a cada mundo un rayo de mi Luz. A vosotros os he hecho llegar esta luz en forma de palabra humana, a otras moradas les llega por medio de inspiración.

Ya os he dicho que vuestro espíritu siempre se ha comunicado conmigo, pero hasta ahora no habéis alcanzado el pleno conocimiento de esa comunicación. Hoy os he convertido en portavoces del Verbo Eterno, para deciros que de esta comunicación a la de ESPÍRITU A ESPÍRITU, hay solamente un paso, para que os esforcéis en alcanzarla. En este tiempo me manifestaré lo mismo en los hombres que en las mujeres, en los jóvenes que en los niños y en los ancianos. Si hubiese mil entendimientos preparados, por los mil al mismo tiempo me comunicaría.

El hombre se ha servido de su ingenio y de su ciencia para transmitir sus pensamientos salvando distancias, ¿Cómo habéis podido pensar que Dios no pudiera comunicaros un mensaje por medio de un aparato humano, sensitivo e Inteligente?

Si encontráis imperfecciones en esta palabra, atribuidlos al entendimiento por el que me comunico, tomando en cuenta que a estos portavoces los he entresacado de los rudos e ignorantes, mas cuando penetréis en el fondo de mi Enseñanza, no vayáis a convertiros en jueces de ellos, sólo Yo podré juzgarlos. Juzgad mi Obra, mas a ellos dejadlos en paz.

He llamado pedestales a estos conductos, porque son la base donde descansa la luz y la fuerza para daros mi Enseñanza. Mañana, vosotros seréis los verdaderos pedestales, los verdaderos portavoces de mi Palabra, la que entregaréis con toda limpidez.

Al cesar de comunicarme en esta forma, habrá terminado esta etapa de preparación. Yo sellaré el entendimiento de los que me han servido y les daré un descanso en la jornada, mas seguirán siendo instrumentos de una manifestación más elevada. Y de la misma manera que el Verbo no volvió a encarnar después de haber sido en Jesús, esta manifestación de mi Espíritu por conducto del hombre no se repetirá. Sólo quedará mi Luz irradiando desde el Infinito, para guiaros espiritualmente por el camino verdadero.

Os estoy liberando del materialismo para que llevéis la buena nueva a los corazones. El Pacto de la Alianza que os une a Mí, nunca podrá ser destruido; en él habrán de reconocerse todos los hijos del Padre como hermanos, no sólo por el origen, sino por el amor.

En este tiempo, mi pacto con vosotros no será sellado con sangre. Ahora quiero que os levantéis por amor, guiados por la conciencia y por el ideal de alcanzar la espiritualidad. En este tiempo, no será la sangre del inocente la que selle esta alianza, sino la irradiación de mi Espíritu y vuestra preparación las que se fundan en un solo rayo de luz.

Guardad la esencia de mi Palabra, para que cuando ya no escucháis esta enseñanza, sintáis que, en lo más profundo de vuestro corazón, resuena la palabra que eleva e invita a penetrar en comunión directa con vuestro Señor.

El tiempo en que os entregue mi Doctrina por conducto del hombre, está señalado. Después, vuestra fe, intuición y confianza en Mí, os dirán que estoy cerca de vosotros, que estoy dentro de vuestro espíritu. Es mi Voluntad que, al cesar mi manifestación y la del Mundo Espiritual, desaparezcan de entre vosotros los nombramientos que habéis tenido y os aproximéis más los unos a los otros, para que nadie se crea superior ni tampoco inferior.

Cuando llegue la hora de cerrar esta etapa de comunicación, ya os habré dado todo lo que necesitáis para vuestra jornada espiritual. Nada os faltará.

Así como en aquel tiempo dije a mis apóstoles que iban a quedarse en el mundo como ovejas entre lobos, a fin de que viviesen siempre alerta, ahora a vosotros os digo que os preparéis, que veléis y oréis, porque habrá quienes se levanten en contra de vosotros, empleando como arma la traición y usando todos los medios para confundiros.

Ninguno será sorprendido: todos sabéis que es tiempo de lucha. Si esta forma de comunicación con vosotros fuese la más elevada que los hombres pudiesen alcanzar, la daría a conocer en toda la Tierra y una vez establecida, no tendría fin. Pero como ésta, a través del portavoz humano, es solamente la preparación para la comunicación perfecta de ESPÍRITU A ESPÍRITU, le he concedido sólo un tiempo y le he marcado su término que será 1950.

¡Qué solemnidad en esa hora postrera! ¡Cuánta luz sobre este pueblo! El Reino de los Cielos se aproximará a vuestro espíritu con su eterna invitación a morar en él. Los espíritus grandes, los fuertes, los seres de Luz, verdaderos sabios en el reino espiritual, estarán presentes en aquellos instantes.

Los precursores, los profetas, los que en otros tiempos trajeron mensajes Divinos a la Tierra, harán acto de presencia, porque mí Palabra ha sido para todos los espíritus. Aquellos seres serán representantes de las distintas moradas que existen en el Universo.

He querido que al final de este tiempo en que me estoy comunicando, forméis una verdadera familia en la que se amen los unos a los otros, que el dolor de uno sea sentido por los demás, como corresponde a verdaderos hermanos que han brotado de un mismo Padre. Cuando alcancéis este ideal, vuestra fuerza será invencible.

Ahora os preparo para que después de mi partida seáis fuertes en las vicisitudes que os acecharán. El Verbo seguirá vibrando espiritualmente en vosotros y os seguiré revelando grandes enseñanzas. Cuando os reunáis a conversar sobre manifestaciones espirituales, sentiréis el calor del Maestro y el dulce peso de su mano que se posará en vuestra cabeza.

Estos recintos han sido humildes albergues consagrados al recogimiento, a la espiritualidad y a la preparación, para recibir el mensaje Celestial. Cuando ya no vibre mi Palabra en ellos, os reuniréis para dar lectura a mis Cátedras, de las cuales entenderéis muchas enseñanzas que antes no alcanzasteis a comprender. Los videntes contemplarán la silueta del Maestro, que como Espíritu Santo os hará nuevas revelaciones. Ahí, en vuestro seno, aliviarán su dolor los enfermos y recobrarán la vida los moribundos, el triste hallará consuelo y el desesperado la calma.

Con el ejemplo de vuestra vida doctrinaréis. He querido daros parte de la labor en esta Obra, para que amando a vuestros hermanos me améis a Mí. Yo haré lo demás.

Mi voz es el cantar de los cantares que vibra en los cielos y cuyo eco es escuchado en la Tierra. Cuando este canto cese de oírse por los labios de mis portavoces, haré que lo sigáis escuchando en lo más recóndito de vuestro corazón, al comunicaros espiritualmente Conmigo.

El discípulo que verdaderamente se prepare, tendrá siempre el testimonio a flor de labio y le será imposible ocultar la verdad que heredó de su Maestro; la luz será en él y todo su ser será un testimonio viviente de mi Palabra y mis Obras.

Trabajad por la unificación de este pueblo, que abarque tanto lo espiritual como lo humano, para que vuestra labor, plena de armonía e igualdad, sea la prueba de que a todos, en diferentes recintos y en diversas comarcas, os doctrinó un solo Maestro: Dios.

Mi palabra dada en el Segundo Tiempo ha llegado hasta los confines de la Tierra; recordad que ésa fue la señal que os di para que mi nueva venida fuese sentida por todos los hombres.

Ahora, mi llamado de amor es precursor de grandes acontecimientos para la humanidad. Estos mensajes son destellos de la sabiduría que se manifestará en el futuro en los hombres. Es el principio del despertar de todos los espíritus, la preparación para la Era de la Espiritualidad, el tiempo en el que os redimiréis en el amor de vuestro Padre.

He vuelto a vosotros en espíritu, vengo a mostrarme con toda sencillez y, para ser creído, os he permitido que me contempléis, unos con la mirada espiritual, otros por medio de la fe, otros en la luz de la conciencia.

La finalidad de mi Doctrina es la salvación moral y espiritual de la humanidad. Para ayudaros en vuestra elevación, mi Espíritu se encuentra irradiando esta luz. Ése es el objeto de mi Mensaje. Pero esta voz no os ha dicho: tenéis que obedecer esta palabra. Yo sólo os aconsejo: buscad la verdad, id en pos del amor, tras de la paz y si esto lo encontráis en mi Enseñanza que escucháis, quedaos, mas sino los habéis sentido aquí, seguid buscando.

En esta Era, es Cristo en Espíritu quien os da su lección, no es Elías: él como precursor sólo preparó los caminos. De cierto os digo que este tiempo de trascendencia en la Tierra, lo es también en todo el Universo y que mientras a vosotros os hablo en esta forma, en otros mundos y valles, me hago sentir también. Mi Espíritu es omnipresente.

De todo os hablaré en esta palabra, porque a mi Doctrina no ha de faltarle un solo capítulo. De todo os Instruiré, para que no tengáis mañana dudas ni incertidumbre alguna.

Encuentro que la humanidad, está practicando el culto a mi Divinidad en distintas formas y os digo que Yo no reconozco religiones que sean mayores o menores, os he enseñado el amor y existe tan solo una verdad. No creáis que es una iglesia o un determinado sacerdote, quien ha de redimir a la humanidad; soy Yo, el sabio y amoroso Pastor, que os cuida, os consuela y os ama, para enseñaros el camino de la verdad.

Quiero que aprendáis a no ser ligeros en vuestros juicios, ni a dejaros llevar fácilmente de la primera impresión. Cuando analicéis mi Palabra o hagáis juicios sobre doctrinas, filosofías, revelaciones espirituales o científicas, reconoced que lo que sabéis, no es lo único que existe y que la verdad que habéis asimilado, es una mínima parte de la Verdad absoluta, que se manifiesta en formas diferentes, muchas de ellas desconocidas para vosotros.

Mi Doctrina originará grandes revoluciones en el mundo; habrá grandes transformaciones en las costumbres e ideas, y hasta en la naturaleza habrá cambios. Todo esto señalará la entrada de una nueva Era para la humanidad. Y los espíritus que en breve tiempo enviaré a la Tierra, hablarán de todas estas profecías para ayudar a la restauración y elevación de este mundo: ellos explicarán mi Palabra y analizarán los hechos.

Para que comprendáis que no soy ajeno a vuestro dolor, os digo en verdad que no existe otro ser más sensible que el Espíritu Divino. ¿Quién dio sensibilidad a los seres? ¿Qué podéis hacer de bueno que no me haga gozar? ¿y qué podéis hacer de malo que no sea para Mí como una herida? He aquí por qué os digo que nuevamente la humanidad me ha crucificado.

Si en ocasiones os repito la misma lección, mirad que siempre os la doy en forma diferente, para que la comprendáis mejor.

Escuchad: una fuente de agua cristalina tendrá que reflejar fielmente la luz del sol, mientras que otra de aguas turbias, no lo podrá hacer. Así es vuestro espíritu; a vosotros toca limpiar la fuente y llenarla luego de agua transparente.

El Reino de los Cielos no será vuestro en un momento, es necesario llegara él paso a paso. La luz del Sol no cubre la Tierra de pronto, va apareciendo lenta y suavemente, sin violencia, hasta despertaros de vuestro sueño con dulzura. Así debe ser vuestro despertar espiritual.

Quiero dejaros en mis últimas cátedras, un sabor celestial en vuestro corazón, para que me recordéis con amor a cada paso y que de vuestra memoria, surjan mis Palabras como voces de alerta, como bendiciones, como inspiración y bálsamo. Entonces evocaréis con emoción este tiempo de enseñanzas, y al llegar a la comprensión de que verdaderamente el Verbo desató el Libro de los Siete Sellos en su sexto capitulo, comprenderéis también que Elías fue mi precursor.

Hoy que el Maestro está con vosotros, mirad en Él al Padre de todos los seres. No me llaméis ya Jesús de Nazaret, ni Rabí de Galilea, ni Rey de los judíos, porque Yo no procedo de ningún pueblo o punto de la Tierra, ni vengo en cuanto hombre, vengo en Espíritu y mi naturaleza es Divina.

Algunos creen que ha sido demasiado elevado lo que he concedido a vosotros en esta Era y suponen que no se podrá ir a más, a lo cual debo deciros que esto que habéis visto y escuchado, es sólo una pequeña visión de lo que en el futuro tendréis, cuando, vencidos todos los prejuicios y liberados el espíritu y la mente, hayáis dado mayores pasos de adelanto.

Mi palabra es Universal, pero si no es escuchada por todo el mundo es por su materialismo, que como venda de oscuridad cubre sus ojos, y su oído espiritual ha perdido la sensibilidad para escuchar mi Verbo.

Cada espíritu es un templo del Señor, cada mente una morada del Altísimo; cada corazón un santuario del Pastor Divino que conduce a sus ovejas hacia la vida eterna. A todos os he hablado. A nadie le he dado de comer aparte ni le he dejado fuera; a todos los he sentado a mi mesa y en ella he repartido por igual el pan y el vino.

No quiero que vayáis a quedaros sin recibir hasta la última de las lecciones que he de entregaros. Os daré a conocer mi Obra de este tiempo desde la primera hasta la última parte, para que os sintáis capacitados para presentar a la humanidad, el testimonio de mi Palabra con obras de amor.

Mi Doctrina en este tiempo conmoverá a la humanidad. La falsedad dejará caer su máscara, la verdad brillará y se impondrá sobre la mentira que envuelve a este mundo.

No es mi última enseñanza ésta que ilumina la Tercera Era: lo espiritual no tiene fin. Mi Ley siempre está brillando como un sol divino en todas las conciencias. El estancamiento o la decadencia, sólo es propia de los humanos y ella es siempre el resultado de sus vicios y flaquezas. Cuando la humanidad finque su vida sobre cimientos espirituales y lleve en sí el ideal de elevación que os inspira mi Doctrina, habrá encontrado el camino del progreso y la perfección y nunca más se apartará de la senda que la conduce a Mí.

¡Mi paz sea con vosotros!