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¿Qué es el Espiritualismo?

¿Qué es el Espiritualismo?

He llamado Espiritualismo a la revelación que os habla de la vida del espíritu, que os enseña a comunicaros directamente, con vuestro Dios, Padre y Creador y os eleva por sobre la vida material.

En verdad os digo que el Espiritualismo no es nuevo, ni pertenece a este tiempo, sino que ha sido una revelación que se ha venido desenvolviendo, de acuerdo con la evolución espiritual de la humanidad.

¿Qué de nuevo viene a enseñaros, si la Doctrina de amor dada por Jesús el Cristo en el Segundo Tiempo os mostró el camino a seguir? Ha venido a haceros entender aquella palabra y a explicárosla con mayor amplitud y enseñaros a practicarla espiritualmente.

Os aseguro que ninguna de mis palabras se perderá y que los hombres de este tiempo, llegarán a saber qué fue lo que os dije en los tiempos pasados. Entonces dirá el mundo cuando conozca el Espiritualismo: en realidad, ya todo lo había dicho Jesús, pero no fue comprendido.

Efectivamente todo lo dije ya, aun cuando de muchas de las verdades reveladas, sólo os manifesté el principio de ellas; os las dejé para que empezareis a entenderlas, porque en aquel tiempo aún no estaba capacitada la humanidad para comprender todo lo que ahora he venido a mostraros en plenitud.

Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de Verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. (Juan 16:12-13)

Es la misma revelación del Primero y Segundo Tiempos. Es la base de todas las religiones, la que he venido a recordar a la Humanidad para que no se olvide de sus principios.

El Espiritualismo viene a destruir costumbres y tradiciones impuestas por los hombres las que han retrasado al espíritu. Espiritualismo es evolución y elevación incesante del espíritu.

El Espiritualismo no viene a borrar una sola de las palabras que Cristo predicó en aquel tiempo, ya que estaría oponiéndose a la verdad. ¿Cómo podría estar esta palabra en contra de aquella, si es el mismo Maestro quien la inspira?

El Espiritualismo carece de formas materiales, no necesita de esas manifestaciones, ni de ritos. El Espiritualismo es universal; la Doctrina o revelación del Espíritu Santo no es sólo para un pueblo, sino para toda la humanidad.

Yo, el Maestro, el Padre, he descendido a través de esta luz hasta vuestro espíritu y por esa causa habéis llamado Espiritualismo a esta revelación, la cual no es una religión, no es una secta, no es una nueva Doctrina, es la Ley de todos los tiempos. Es el amor, el perdón y la luz que Jesús el Cristo dejó al mundo en el Segundo Tiempo. Cuando comprendáis mi enseñanza y la practiquéis, entonces seréis digno de nombraros Espiritualistas.

El Espiritualismo nada tiene que ver con ritos, tradiciones o ceremonias religiosas, está por sobre todo culto externo, por lo que os digo que quien mezcle a mi Doctrina las prácticas aprendidas de sectas o religiones, se convierte en un profanador.

Quien no me comprenda, aún habiéndome escuchado, es porque mezcla a mis enseñanzas sus teorías e ideologías. Es porque confunde el Espiritualismo con credos dogmáticos y costumbres religiosas, impuestas a ellos por sus antepasados.

Se aproxima un tiempo en el que se abrirán vuestros ojos y comprenderéis la verdadera esencia del Espiritualismo. Cuando la humanidad comprenda la verdad de esta enseñanza, su justicia y los infinitos conocimientos que revela, desechará de su corazón todo temor, todo prejuicio y la tomará como norma de su vida.

Sirva esta lección de hoy como voz de alerta para quienes la han escuchado, para que inspirándose en ella, se revistan de energía, de celo, de amor y fe, para romper las redes que por mucho tiempo les han aprisionado y surja en su espíritu la concepción verdadera de lo que significa Espiritualismo y nazca en su corazón el noble ideal de convertirse en verdadero discípulo de esta Doctrina de luz y perfección.

De cierto os digo que en la historia de la humanidad, estará la historia de Espiritualismo, escrita con letras luminosas.

¿No se inmortalizó Israel al libertarse del yugo de Egipto? ¿No se inmortalizaron los Cristianos en su conquista por el amor? ¡Así se inmortalizarán los Espiritualistas en su lucha por la libertad del espíritu!

¿Qué significa ser un buen Espiritualista?

¿Sabéis qué quiere decir Espiritualista? Yo os lo digo en una breve frase: quiere decir discípulo del Espíritu Santo. Es un cristiano puro, quien reconoce y practica la Doctrina de Cristo.

El verdadero Espiritualista no acumulará en abundancia los bienes materiales; pero procurará ser siempre rico de los tesoros del espíritu. Él sabrá siempre lo que tiene y lo que es. Sufrirá como todo mortal, pero nunca se desesperará ni renegará.

No buscará el bien propio, sino sabrá darse enteramente a los demás, vendrá a llenar un hueco en el corazón de la humanidad y ayudará a sus hermanos a perfeccionar su idea respecto a Dios. No construirá templos de piedra, ni levantará altares.

De su palabra y oración, brotará el bálsamo divino que será gozo y liberación de los enfermos del espíritu o del cuerpo. De los verdaderos Espiritualistas, no pedirá ya sangre la humanidad, para creer en su testimonio; pero les pedirá verdad, quien así hable y actúe, será Espiritualista aunque sus labios no lo digan. El Espiritualista será reconocido por su palabra humilde y sencilla en su forma, pero profunda en su sentido.

Recordad que Yo no necesité del bello lenguaje exterior para cautivar el corazón de las multitudes, sino que supe llegar a ellas con el amor, con la verdad, con el bálsamo y la sabiduría. Ese es el ejemplo que quiero que toméis en cuenta e imitéis. Así seréis reconocidos no tanto por vuestras palabras, sino por los buenos ejemplos.

Todos aquellos que sean espirituales en su manera de vivir y rendirme culto, son Espiritualistas. Hombres preparados que contribuirán a la paz de la humanidad.

A vosotros, Espiritualistas, os confío la tarea de derribar esa barrera que la humanidad levantó entre Dios y ella, barrera de falsa fe, de aparente creencia en lo eterno, de materialidades y de cultos superfluos.

Si queréis que vuestros hermanos descubran que sois mis discípulos, daos a conocer por la nobleza de vuestro corazón. Dejad que la humildad se refleje en vuestros actos, que el que es manso de corazón, lo es también de espíritu. El soberbio y vanidoso aparenta ser fuerte, mas en realidad es pobre de espíritu.  

De los falsos Espiritualistas

¡Qué fácil es decir: «Soy espiritualista», pero qué difícil es serlo en verdad!

Cuántos hay que dicen ser Espiritualistas y aún no conocen el poder y la sabiduría del Espiritualismo, ni las potencias y atributos del espíritu y con sus obras van negando mi Doctrina que como luz radiante ilumina espiritualmente a la humanidad.

No queráis ser Espiritualistas sólo por el nombre, sino de obras, porque de falsos seguidores y de falsos discípulos está lleno el mundo.

¿Cómo podéis llamaros Espiritualistas, mientras no sepáis lo que es un espíritu y lo que significa y vale ante Dios? ¿Sois Espiritualistas? Pues necesitáis demostrarlo en vuestro culto limpio hacia Dios, en vuestra vida y en vuestras relaciones de los unos para con los otros.

Meditad en todo lo que os digo, para que cuando digáis que sois Espiritualistas, sea porque verdaderamente vivís lo que vuestros labios predican.

Veía a los prevaricadores, y me disgustaba, porque no guardaban tus palabras. (Salmos 119:158)

No todo el que se dice Espiritualista, verdaderamente lo es. No es el cumplimiento aparente el que hace grandes a los discípulos, aunque delante de sus hermanos aparezcan como los más cumplidos, fervientes y perseverantes.

Quiero entre mis filas soldados firmes y fuertes que sepan defender la verdad, no legiones de fanáticos que en su ignorancia, en vez de honrar mi Obra, la profanen. No os creáis perfectos por llevar el conocimiento de una Doctrina perfecta.

Los buenos sembradores del Espiritualismo, jamás se distinguen por algo exterior o material. Ni hábitos, ni insignias, ni vestiduras especiales ni ninguna forma especial de hablar hay en ellos. No existen jerarquías ni distinciones, sin embargo, sí por algo se distinguen es por su caridad, su espiritualidad, su respeto y verdadero amor a sus semejantes.

¿Para qué os cubrís con túnicas y ornamentos y no revestís mejor vuestro espíritu de pureza? Yo sólo quiero contemplar en vosotros ese ropaje. Vosotros no sigáis en esa tendencia, ni uséis vestidos especiales para distinguiros, porque todo eso es culto idólatra.

Tampoco levantéis altares y símbolos; ni hagáis representaciones de hechos sagrados. Mi Doctrina está libre de todo ritualismo, si así no fuere, perdería su esencia.

Todo lo que entreguéis deberá ser sin temor al mundo; de esta manera todos los que hayan engañado a sus hermanos con manifestaciones ilícitas, reconocerán su error y sólo quedarán a mi servicio los que con buena intención y buena preparación estén dispuestos a entregar a la humanidad mi verdad, mi caridad y mi paz.

Con cuánta dulzura y amor enseñaron a la humanidad los primeros maestros del Cristianismo. La fuerza de su palabra estuvo en la verdad de sus obras, con las cuales convertían e invitaban a la espiritualidad. Los llamo maestros, porque enseñaron según mi ejemplo.

Vosotros, como discípulos de esta Enseñanza, preguntaos con frecuencia si estáis haciendo un esfuerzo por llegar a llamaros dignamente Espiritualistas.

El verdadero Espiritualista no sorprenderá a nadie con poderes misteriosos o facultades extraordinarias.

Quiero que todos vuestros actos sean un destello de la verdad, porque la Doctrina que he venido a entregaros es como el agua cristalina, sencilla en su exterior y profunda en su fondo, por lo que mi Obra nada presentéis confuso ante los hombres, porque todo tiene una explicación clara y una razón de ser.

Os digo que la unión entre los Espiritualistas de todo el mundo, no se hará por medio de la organización de una nueva iglesia, porque su fuerza no es material. Su unión es de pensamiento, de ideal y de obras y de esta manera será invencible, porque tomarán la fuerza espiritual de la fuente eterna que está en mi Espíritu.

Sólo se les podrá distinguir por la espiritualidad en su vida, en sus obras, en su forma de pensar y de comprender las revelaciones divinas. No practican ninguna religión y sin embargo, de ellos se eleva un culto interior, puro y limpio entre su espíritu y el de su Señor.

A los discípulos II

A LOS DISCÍPULOS II

Yo he venido en este tiempo para hablar a la humanidad, después vendrá el vuestro; mas si cerraseis vuestros labios y no dieseis a conocer mi Doctrina, las piedras hablarán y los elementos os despertarán.

Ha llegado la hora en que los hombres rompan por sí mismos sus cadenas, arranquen la venda de oscuridad de sus ojos y busquen el camino verdadero.

La humanidad espera la llegada del amigo, del hermano, del consejero que le indique por dónde debe dirigir sus pasos para llegar a puerto seguro. De este pueblo surgirán los heraldos, los profetas de mi Nueva Palabra, los labriegos y sembradores de esta Doctrina de amor y espiritualidad.

Contemplo al hombre espiritualmente ignorante, rodeado de prejuicios que lo acechan y amenazan, pero mi Luz le está despertando.

Ciertamente todo ha evolucionado en su vida: su ciencia, su forma de pensar y vivir, sus conocimientos, sus conquistas y ambiciones; sólo ha descuidado la parte espiritual. No ha querido comprender que el espíritu está sujeto a una superación constante. Por eso vive la humanidad en un estancamiento de hace muchos siglos.

Mientras la naturaleza avanza paso a paso, sin detenerse, dentro de su ley de incesante evolución hacia la perfección, el hombre se ha quedado atrás, estacionado, de ahí las pruebas y tropiezos que encuentra en su camino. Porque en vez de armonizar con el ambiente que le rodea, en vez de enseñorearse de todo por medio de la elevación espiritual, ha alimentado las bajas pasiones, la codicia, el orgullo y el odio y, sin darse cuenta, él mismo se ha castigado.

El que anhele salir de ese estancamiento, que se revista de amor, se sature de caridad y haga acopio de humildad y paciencia; que sea presto en perdonar y oportuno para aliviar las penas de sus hermanos, y verá cómo sus obras conmoverán y estremecerán al más duro y reacio.

Por eso es preciso que pronto llegue mi Doctrina al corazón de la humanidad, no importa que al principio sea origen de rivalidades o luchas. Siempre han chocado la luz y las tinieblas, la verdad y lo falso, el bien y el mal. Así como las sombras de la noche se disipan ante la luz del nuevo día, así se apartará la maldad de los hombres ante mi mensaje de Amor.

Vosotros iréis en busca de vuestro destino, cuando sintáis todo el peso de vuestro cargo. En ese tiempo de entrega, no limitéis la caridad, mas tampoco lleguéis al sacrificio, porque podríais cansaros y abandonar la cruz.

De todo os prevengo y preparo, para que sepáis extender mis Enseñanzas con verdadera limpidez.

Yo quiero hacer de todos vosotros, los discípulos amados que aprendan a corregir sin herir ni juzgar a nadie, aquéllos que sepan curar una herida sin hacerla sangrar, que sepan perdonar sin causar humillaciones. Cuando ya estéis preparados, os enviaré a las naciones como consejeros, como emisarios de paz, como heraldos de la buena nueva, como dignos discípulos de quien tanto os ha enseñado.

La forma de extender esta luz tiene dos aspectos: uno, completamente espiritual a través del pensamiento, de la oración, con lo que iréis estableciendo un ambiente de espiritualidad, y el otro, espiritual y humano, por medio de la palabra, de la presencia material, de la explicación de mi Enseñanza. Recordad el ejemplo de Jesús.

No temáis no ser comprendidos. La Torre de Babel aún está en pie, pero mi pueblo ya está surgiendo en el mundo y tiene la misión de empezar a destruir esa torre de divisiones, diferencias y orgullo.

Mi Luz llegará en el momento oportuno a pueblos, naciones y hogares, cuando ya se le esté esperando, cuando los corazones estén en vigilia, recordando mis promesas: cuando hayan despertado de su profundo sueño de grandeza y materialismo.

No os acobarde perder la vida, discípulos, porque debo deciros que en este tiempo no será con vuestra sangre con lo que deis testimonio de mi Verdad. Los tiempos pasan, las costumbres cambian, los hombres evolucionan. Ahora os pedirán amor, caridad, sinceridad, como pruebas para creer en la verdad de mi Doctrina.

¿Queréis saber cómo lograréis que vuestro testimonio sea tomado como verdadero? Sed sinceros con vosotros, nunca digáis que poseéis lo que no tengáis, ni tratéis de dar lo que no hayáis recibido, Enseñad sólo lo que sepáis, testificad únicamente lo que hayáis visto, mas si os preguntasen algo que no podáis contestar, callad, pero nunca mintáis.

Nuevamente os digo: que vuestro Sí sea siempre Sí y vuestro NO sea siempre NO y así seréis fieles a la verdad. Tampoco juréis, porque quien dice la verdad, no necesita de juramentos para hacerse creer, ya que en sus obras llevan la luz. No juréis por Dios ni por María, tampoco por vuestros padres ni por vuestra vida. Vuelvo a deciros que vuestras obras serán las que den testimonio de vuestras palabras, y unas y otras darán testimonio de Mí.

¿Recordáis a mis apóstoles de aquel tiempo que no se concretaron a dar testimonio con la palabra, sino que con sus hechos, con su vida y su sangre, lo sellaron?

Habrá quienes se sorprendan cuando vean que mis discípulos de este tiempo, cumplen con la ley del trabajo material, cuando miren que tienen esposa o esposo, hijos y familia, y que saben recrearse en la contemplación de los frutos de la naturaleza, a la que aman como a una madre. También se maravillarán cuando vean que han dominado los obstáculos y han hecho brillar la razón, la fraternidad y la justicia.

No os parezca difícil ni menos imposible el establecimiento de mi Doctrina en el mundo, porque Yo he fertilizado las tierras y la semilla que os he confiado es fecunda.

Yo os he anunciado que el reino celestial encontrará asiento en el corazón de los hombres. ¿Quién podrá destruir el templo interior que habéis edificado en vuestro espíritu? ¡Cuán grande es la lucha que os espera!

Pronto llegará al mundo el conocimiento de que el pueblo de Israel ha vuelto a la Tierra, encarnado en distintas naciones y que de él voy a servirme; sabrá que no sois descendientes de aquel pueblo por la sangre, sino por el espíritu y, como en los tiempos pasados, testigo de mi Venida y mis Manifestaciones.

Preparaos cuando estéis a prueba y Yo hablaré por vuestro conducto, y si esa preparación es además de limpia, sencilla y pura, veréis mis prodigios. Los que van a llevar consuelo a los hombres y fuerza a los débiles, deberán estar iluminados por la luz de la experiencia y fortalecidos en la lucha; que no tiemblen ante la desgracia de un semejante, que no huyan del dolor cuando las manos de sus hermanos se tiendan hacia ellos en demanda de caridad.

Es mi Voluntad que en la misma forma en que os doy mi Enseñanza, la transmitáis a vuestros hermanos, sencilla y clara. Nunca discutáis al enseñarla ni censuréis lo que no conocéis a fondo. Haced que vuestros pensamientos sean blancos como lirios y vuestras obras tengan la fragancia de las flores.

Como el que va a una fuente por agua para regar sus tierras, así viene a Mí la humanidad ante la manifestación de mi Palabra. Cada quien tiene una porción, una familia o un pueblo a quien alimentar espiritualmente, y sabe que sólo en Mí puede encontrar el agua cristalina, que haga florecer y fructificar satisfactoriamente sus tierras.

Mi Doctrina necesita hombres de buena voluntad, fuertes y leales, sensibles al dolor ajeno y celosos del cumplimiento a mi Ley, para que sean mis enviados que traspasen fronteras, crucen países y vayan sembrando el conocimiento de este Mensaje Divino; hombres que vayan a explicar el porqué de las pruebas, de mi justicia, de las guerras, de la destrucción y el dolor, que además enseñen la forma segura de encontrar la paz, la salud y la felicidad.

Cuando os hayáis encontrado dentro de vosotros, habréis alcanzado la preparación para dar a conocer mi Enseñanza como maestros. Oiréis la voz de la conciencia, y la venda que os ocultaba la verdad, caerá ante vuestros ojos. No necesitaréis hablar mucho para convencer. Si estáis verdaderamente preparados, vuestra palabra, además de ser sencilla, será breve. No necesitaréis conocer la ciencia para contestar al científico ni saber teología para contestar al teólogo. Una palabra de luz lo ilumina todo y Yo quiero que de vuestros labios broten palabras de luz.

Cada labriego llevará un destello de mi Verbo en sus labios, y en su espíritu el libro de mi Sabiduría que le hará recordar mis Divinas Enseñanzas. Ese libro, inspirado por Mí, será celosamente formado por mis discípulos y en él encontrará el pueblo un baluarte, porque su poder será grande.

Os estoy enseñando para que seáis el buen sabor de la Tierra, para que vayáis a endulzar la vida de los hombres con la buena nueva de que el Maestro, se ha manifestado en este tiempo y ha dejado su palabra como una herencia, para que todos se sustenten de ella y vivan eternamente.

Este cumplimiento espiritual no os impide el desempeño de ninguno de los deberes humanos. Nadie intente complicar la sencillez de mi Doctrina. Entregad la esencia de mi Enseñanza y dejad que en ella se inspiren los hombres.

Velad por vuestra heredad, por vuestros dones, porque estáis destinados a enseñar a la humanidad la Doctrina de la Espiritualidad.

Voy a concederos un tiempo de paz, un tiempo de alejamiento de la vida terrestre, para que podáis estudiar, y entonces, preparados ya, deis principio al cumplimiento de vuestra misión.

El don de intuición os guiará en esos tiempos, para que sepáis a qué sitio y por cuál camino tendréis que ir. No estarán solos los discípulos, sobre ellos irá una legión de Espíritus de Luz en su ayuda, y sobre todos, Elías, el pastor espiritual, iluminará los senderos y cuidará sus ovejas. Mi Voluntad se pondrá de manifiesto en vuestras obras.

Tomad la esencia de esta enseñanza y principiad por sembrar unión en el seno de vuestras familias, luego procurad la armonía entre las congregaciones y, una vez unidos por lazos espirituales, dejad que de vosotros irradie hacia el exterior paz y bienandanza.

Cuando sea recibido mi nuevo mensaje por la humanidad, sentirá un estremecimiento de gozo que la hará encaminarse a la espiritualidad, por medio de la cual se sentirá más próxima a su Señor.

Yo os he dado el idioma Universal con el cual os sabréis entender unos y otros, aquél que expresa el espíritu por medio del amor.

En aquel tiempo, a través de Jesús, no tomé el lenguaje de los sabios, de los filósofos o científicos para hablaros del Reino de los Cielos, tomé de vuestro lenguaje las formas más sencillas, porque son las que mejor expresan las Enseñanzas Divinas. Os hablé en parábolas, tomando las cosas que os eran familiares para que, a través de ellas, conocieseis el sentido de la vida espiritual.

¿Quiénes de los hijos de este pueblo, serán los que lleven esta semilla hasta los confines de la Tierra? No lo sabéis, pero sí os revelo que sois el principio de la siembra en este tiempo. Estoy entresacando a los que he de enviar a las naciones como emisarios de mi Enseñanza.

Esta cruz que pongo en vuestros hombros, no la debéis tomar como un fardo, es una cruz blanca y fácil de llevar; mis huestes espirituales estarán velando por vosotros y si os levantáis en la lucha, abandonando lo que os pertenece en la Tierra, a imitación de mis apóstoles de aquel tiempo, Yo os entregaré todo lo necesario para que vayáis a convertir a la humanidad, como los nuevos intérpretes, videntes y profetas de la verdad.

Cuando ya no oigáis mi Palabra por medio del portavoz, cada uno de vosotros deberá tomar a la congregación que le sea señalada, como a su propia familia, para enseñarla y guiarla. Practicad en vuestros hermanos la caridad, corregidlos con amor y sabiduría, hacedles respirar un ambiente de paz y mi Espíritu se desbordará en bendiciones.

Después de que la Tierra haya sido tocada de un polo a otro y de que toda nación, institución y hogar, hayan sido juzgados hasta su raíz, iréis en mi Nombre a llevar esta Doctrina a todo lugar.

En apariencia serán necesidades materiales las que os guíen a otros lugares, pero la verdad será que fue vuestra misión la que os llevó a mostraros las tierras sin cultivo o a medio cultivar, para que en ellas depositarais la semilla bendita que os he entregado.

Veréis entonces cómo muchos que nunca me escucharon, se levantarán como grandes apóstoles, llenos de fe, de amor y ahínco, olvidando temores y prejuicios, y penetrarán doquiera se abra una puerta para dar testimonio de mi Palabra. No temerán a sectas y religiones, porque antes que considerarlas enemigas, las verán como hermanas.

En el mundo los hombres ya están en espera de la llegada de los apóstoles de la paz y la luz, los que serán sanos de corazón, humildes de espíritu y sabrán esparcir la semilla con gozo y fe. Voy a dejaros en mi lugar. Los labios de los portavoces van a callar, pero quedarán vuestros labios preparados y vuestro espíritu inspirado.

El trabajo en mis tierras es duro pero lleno de satisfacciones. La lucha será grande, intensa, pero fructífera, porque la tierra es fértil en este tiempo, pero antes de vuestra llegada será removida, para que pueda recibir la semilla.

Quiero que la única insignia que ostenten mis emisarios sea la verdad, ella es la llave, el escudo y la espada.

¿Qué necesitáis para enseñar mi Doctrina? Amar. Imposible es que seáis misioneros de Cristo si no tenéis amor en vuestro corazón. Todos llegaréis a Mí y será por amor.

Ahora os toca tomar la cruz que antes dejasteis a otros, debéis vivir vuestra propia pasión, para que alcancéis la más alta elevación del espíritu. Vuestra misión es la de esparcir luz y paz entre vuestros hermanos, como rocío fecundo y vivificante.

A nadie hablaréis con severidad, porque no es así como los convertiréis. Aprenderéis que al pecador no se le injuria para corregir su falta. Observad que si a las fieras les habláis con amor, ellas humillan su cerviz. Si aquél a quien habláis tuviere algunos méritos, decídselo. Si en él encontráis alguna virtud entre muchos defectos, no le habléis de éstos sino de la virtud para estimularlo e impulsarlo al bien. Que sea el amor el que os guíe, a fin de que lleguéis a convertiros en verdaderos mensajeros del Consolador.

Cuando vayáis a convencer al incrédulo, habladle con obras como os he enseñado, pero también con silencio; sed intuitivos mas no inoportunos. Si os preparáis, si sabéis perseverar, vuestra mirada será penetrante y no dejaréis pasar un instante oportuno en el que debáis dar a vuestra obra el último toque con vuestro cincel.

También os digo que no podrá decirse discípulo mío, aquél que tomare mi Palabra como una espada para herir a su hermano o como un cetro para humillarle, así como aquél que se exaltare al hablar de mi Doctrina y perdiere la calma, porque no levantará ninguna simiente de fe. Discípulo preparado será el que al verse atacado en su fe, en lo más sagrado de sus creencias, sepa permanecer sereno, porque será como un faro en medio de la tempestad.

Vuestra materia es frágil y piensa en el descanso, mas para el espíritu el descanso sería su mayor castigo, ya que su premio es la actividad, el trabajo, la lucha: en ello glorifica a su Padre, que nunca descansa, que nunca duerme y nunca se cansa. La fatiga no existe en el espíritu que está en plena evolución, tampoco la noche, el hambre ni la sed.

También os digo: Bastará que vuestro espíritu llegue ya preparado al Más Allá, para que él, sin turbarse, lo comprenda todo y me diga: Padre mío, hoy mis alas se abren para conquistar el infinito y puedo amarlo y comprenderlo todo, con la luz que me entregaste a través de los tiempos: señálame mi tarea, mi misión. ¿Acaso sabéis si vosotros, que hoy os sentís pequeños, iréis a otros mundos como grandes espíritus, como profetas o maestros inspirados en las obras bellas del Universo?

Si anheláis la paz para un pueblo, no es necesario que vayáis hasta él, haced la paz en vuestro corazón o en vuestro hogar y esto bastará para que reflejéis en el espíritu de ese pueblo la concordia y la unificación.

Llegará la hora en que deis testimonio de mi Comunicación. La humanidad me pedirá pruebas para creer, mas Yo le diré: He aquí a estos discípulos a quienes he hecho penetrar en una nueva vida, ellos son la prueba del poder de mi Enseñanza; mi Palabra ha forjado a su espíritu y hoy se encuentran preparados para llevar mi Doctrina a los pueblos de la Tierra.

Hacen falta en el mundo grandes explicadores de mi Doctrina, buenos intérpretes de mis Enseñanzas. Id por todas partes y entregad mi Palabra, mi Amor, mi Sabiduría. Llevad la buena nueva a las naciones, extended el mensaje por doquiera, pero no os disperséis antes de sentiros fuertes, estudiad antes de partir a otras comarcas, para que seáis luz en el camino de vuestros hermanos.

Si vosotros que habéis recibido esta enseñanza, la abrazáis con amor y la dais a conocer como os he enseñado, de cierto os digo que vuestra simiente alcanzará hasta la séptima generación.

Los primeros surcos ya fueron abiertos, la semilla ha caído en su seno. Hoy son unos cuantos los que saben que he estado entre vosotros, pero mañana, el mundo lo sabrá, y cuando analice lo que aconteció alrededor de mi llegada, de mi permanencia y mi partida en este tiempo, confesará que no vine secretamente, ni en silencio, y que desde el oriente hasta el occidente, di pruebas y señales al mundo, cumpliendo así una promesa dada a la humanidad desde la antigüedad.

No os estacionéis ni tampoco caminéis de prisa, medid vuestros pasos y cada uno de ellos afirmadlo en el estudio y la meditación. No sabéis cuándo llegaréis al triunfo en vuestra lucha, porque de generación en generación seguiréis trabajando para lograr que la espiritualidad sea en la humanidad. Vosotros cruzaréis las fronteras y los mares, iréis a provincias, comarcas y naciones a dar a conocer mi Verdad.

He visto a los que en silencio consuelan y sanan a los enfermos, a los que sin alarde saben dar la palabra precisa que salva, orienta y fortalece. ¡Benditos seáis!

¡Cuán pronto veréis que fructifica mi Palabra en muchos pueblos que hoy creéis duros de corazón y muy distantes de la espiritualidad!

En todas las naciones de la Tierra se encuentran diseminados los profetas de mi Doctrina, hombres de espíritu elevado a quienes he dado una espada de luz, para combatir toda falsa teoría o doctrina y así sólo perduren aquéllas que tengan por cimiento el amor y la verdad.

Soy el Padre Universal, mi Amor desciende a todos los corazones. He venido a todos los pueblos de la Tierra, mas si he señalado a esta nación para entregar mi Palabra y mis Revelaciones, es porque la he encontrado humilde, porque he observado las virtudes de sus moradores. He hecho encarnar en ella a espíritus elevados de mi Pueblo, mas no todos están aquí, porque Yo les he enviado a todo el mundo y se comunican conmigo de ESPÍRITU A ESPÍRITU. Llegará el día, en que vosotros os cruzaréis en su camino y vuestra mirada espiritual descubrirá en ellos al hermano, lleno de fortaleza y virtud.

Por eso no os sorprendáis cuando os digan que fuera de esta nación también mi Rayo se ha hecho palabra. Sabed que mi Amor lo abarca todo y que mi Obra restauradora es Universal. Desde el principio tengo preparada la heredad para cada una de las naciones del mundo. ¿Cómo podéis concebir que pudiese descuidar a otras comarcas si todos sois mis hijos? Yo he venido a salvar a todas las criaturas.

La luz ha pasado simbólicamente de oriente a occidente, y ahora este mensaje irá de occidente a oriente, y se fundirán los dos en uno solo en el conocimiento de la verdad. Y cuando os hayáis unificado, reconoceréis que la sabiduría no proviene de los hombres sino del Espíritu Divino.

Este pueblo que estoy doctrinando, no será por ello más grande que los demás, pero sí más responsable por lo que en él he depositado. Cada pueblo trae una misión a la Tierra y vuestro destino, es el de ser entre la humanidad el profeta de Dios, el faro de la fe y el camino de la perfección.

Recordad cómo en el Segundo Tiempo, la simiente que Jesús sembró en aquella nación germinó con más fuerza en otros pueblos, tan sólo por el testimonio de mis apóstoles.

Hombres y mujeres de tierras lejanas, vendrán a vosotros y se convertirán en mis discípulos, mas cuando se sientan llenos de luz, retornarán a sus naciones para llevar a ellas mi Doctrina.

Se avecina el tiempo en que surjan profetas y se levanten pueblos que os sorprendan por su espiritualidad y el desarrollo de sus dones, así comprobaréis que mi Espíritu está sobre todos. También os sorprenderá que la palabra en todos los recintos de esta nación, tiene la misma esencia y el fruto es de igual sabor.

Orad por las naciones, que Yo velaré por vosotros.

¡Despertad! El sol ha aparecido en el horizonte y os invita a la faena. Yo soy ese Sol y mi Venida en este tiempo ha sido un nuevo amanecer para vosotros. Que ninguno dude si podrá o no ser útil en mi campiña.

Os he llamado para que seáis labriegos en mis tierras y que extendáis por todas partes esta semilla, y no puedo equivocarme. No es una obra superior a vuestras fuerzas la que he venido a confiaros, pero mientras mayor seáis en número y más grande vuestra unión, el peso de vuestra cruz será menor. Antes de enviar a vuestro espíritu a este planeta, le fueron mostradas las tierras, se le dijo que vendrá a sembrar la paz, que su mensaje sería elevado, y vuestro espíritu se regocijó y prometió ser fiel y obediente a su misión.

La voz que escucháis es la del Espíritu de Verdad y si ella no fue oída en todas las naciones, fue porque los hombres no estaban preparados, porque fueron soberbios a la voz de mi llamado, dejando que sólo me escuchara el pobre, el hambriento y el desnudo.

He escogido esta nación y me place que de ella salgan mis labriegos a esparcir la semilla. Os estoy preparando para que seáis maestros, mas no jueces de vuestros hermanos. No olvidéis que os dejo como servidores, no como señores.

Hoy estáis desunidos, mas cuando las doctrinas materialistas lleguen a amenazar con destruiros, entonces llegaréis a identificaros todos los que penséis y sintáis con el espíritu. Cuando ese tiempo llegue, Yo os daré una señal para que podáis reconoceros, algo que todos podáis ver y oír en la misma forma. Así, cuando deis testimonio unos a otros, os maravillaréis y exclamaréis: Es el Señor quien nos ha iluminado.

Meditad profundamente en mi Palabra y después orad con toda vuestra fe y vuestras potencias. De esa preparación, comenzará a surgir una fuerza interior que iniciará una lucha incesante con la envoltura. Se enfrentará el espíritu a la materia, tratando de hacer oír la voz de la conciencia y de acallar la voz de la carne, y surgirá la luz…

A vosotros, mis pequeños discípulos, no os toca realizar la transformación de la humanidad, porque es una obra superior a vuestras fuerzas, pero debéis extender este Mensaje Divino, que habrá de apartar a los hombres de los grandes errores en que han vivido.

Esta labor de sembrar la semilla espiritual en tierras áridas, requiere de fe, amor y esfuerzo, como todas las grandes obras, por lo cual os digo, que no debéis dudar ni un instante de la realización de mis planes. Lanzaos a la lucha con preparación, desarrollad vuestros dones, dad brillo a vuestras armas; no rehuyáis las pruebas, porque ellas dan temple y fortaleza al espíritu.

Yo soy el Árbol y vosotros seréis los frutos por los que la humanidad habrá de reconocerme. Cuando en vuestras obras exista dulzura y vida, habréis dado fiel testimonio de Quien os ha doctrinado y agraciado con la savia del amor y la verdad.

No será necesario que hagáis una vida mística para agradarme, ni nadie será obligado a seguirme, porque esas obras no serían recibidas por Mí. Al Padre llegan tan solo las ofrendas de buena voluntad, los impulsos sinceros, el amor espontáneo. Tampoco quiero que me sirváis por temor a un castigo; ya es tiempo de que sepáis que Dios no castiga a sus hijos. Vivid ampliamente vuestra vida, serena y pacientemente, para que demostréis vuestra fe. Nada temáis, Yo estoy con vosotros. Si sois fuertes, podréis ver caer vuestra ciudad piedra tras piedra y no os amedrentaréis; porque dentro de vosotros está el Poder Divino, esa parte de mi Espíritu que hay en vosotros, y con él podéis construir grandes obras en vuestro corazón y en vuestros hermanos, dar alegría a los tristes, enjugar lágrimas, levantar el ánimo al caído… La obra que edifiquéis con fe y amor, será grande e indestructible.

Entonces triunfará mi Doctrina y crecerá el número de los que me siguen, que llevarán un estandarte de paz, unión y buena voluntad.

El que rechazare esta palabra me habrá rechazado a Mí, y el que la aceptare me habrá aceptado, porque en su esencia me he manifestado en este tiempo a los hombres, en ella está presente mi Espíritu; por eso os digo que quien recibiere mi Palabra, ése reconocerá mi Voz, me abrirá las puertas y me tendrá dentro de sí.

Quiero que al final de los tiempos, todos seáis iguales en torno a mi mesa. Por eso, cuando los hombres os admiren, hacedles comprender que todos estáis donados en forma igual.

Llegará el día en que muchos de vosotros saldréis de esta nación, para llevar mi Palabra de amor a otras comarcas. Id como buenos sembradores. Conquistad para Mí el mayor número de corazones que podáis.

En el Primer Tiempo el Padre ungió a Leví, para que de él brotaran los servidores del culto divino y fueran los intérpretes de mi Inspiración y mi Ley, ahora sois vosotros mis servidores, quienes iréis a las naciones a esparcir mi Doctrina, porque mi Obra será reconocida Universalmente.

No os pido que me dediquéis todo vuestro tiempo, porque os he confiado deberes y responsabilidades en la Tierra; pero es menester que comprendáis que el cuerpo humano que tanto amáis, no es sino la envoltura del espíritu, es la materia en la cual se despiertan todas las pasiones y su fin está en este mundo.

Nada tenéis que temer del mundo por ser mis discípulos. No por ser humildes vais a ser indigentes, no confundáis la humildad del espíritu con la pobreza de la materia. No vais a perder vuestros derechos humanos, por el contrario, quien comprende y aplica a su vida la espiritualidad, es dueño de cuanto le rodea, y vive y goza con mayor intensidad que quien sólo ve y siente lo material.

Buscad en este camino la elevación de vuestro espíritu, pero huid de las adulaciones y honores terrestres, sabed que entre vosotros no se destacarán nombres, sino las obras del pueblo en su conjunto. La memoria del que sembró buena simiente será respetada, bendecida y su ejemplo, imitado: ése será su único monumento en la Tierra.

El que persiga los honores y alabanzas del mundo, aquí los tendrá, pero de nada le servirán el día de su entrada en el mundo espiritual. El que vaya en pos de la riqueza material, aquí tendrá su retribución, porque fue a lo que aspiró, mas en el Más Allá no tendrá derecho de reclamar compensación alguna para su espíritu. Y por el contrario, el que siempre haya renunciado a los halagos y favores, el que haya amado limpia y desinteresadamente a su hermano, ése no pensará en recibir galardones, porque no vivió para la satisfacción propia, sino para la de sus semejantes. Para él, ¡cuán grande será la paz y la felicidad cuando llegue al seno del Padre!

Todos buscan en el mundo un horizonte de paz y no lo encuentran, porque no existe fraternidad entre los hombres, sólo les alienta el presentimiento de que, sobre el haz de la Tierra, ha de existir un lugar de paz. Ese punto será esta nación, la cual será vista desde la distancia como una estrella luminosa. Ésa es la responsabilidad de este pueblo, el cual debe prepararse espiritual y materialmente para dar ejemplo de fraternidad, elevación y caridad.

Sed humildes y no hagáis guerra por causa de mi Doctrina. Por conducto vuestro hablaré a la humanidad, porque cada uno de mis escogidos deberá ser un portavoz de mi Doctrina, un emisario de buena voluntad.

Si os conmueve el dolor de los enfermos que han sufrido las inclemencias de la guerra y queréis enviarles un poco de paz y consuelo, buscad al enfermo más próximo, tomadlo como una representación de aquéllos y depositad en él la caridad en nombre mío, y Yo estaré acariciando y sanando a los enfermos en esas naciones.

Vengo depurando a mis discípulos y apartando sus imperfecciones, pero esto no será solamente en vuestras prácticas espirituales, sino también en vuestros hogares. Yo he surgido como un torbellino y mi fuerza hace caer todos los malos frutos, quedando entre el follaje sólo aquéllos que darán buena simiente, porque se acerca el tiempo de prueba en que la humanidad venga a escudriñaros.

Yo he venido una vez más a establecer mi Reino en el espíritu del hombre y a hacer con él un pacto de amor y de justicia, como estaba escrito. En todo el mundo levantaré hombres y mujeres, por los cuales me manifestaré. Entended que he venido a renovar y a purificarlo todo.

Concluiréis por comprender que el dolor, en muchas formas, ha sido el cincel que ha estado modelando a vuestro espíritu para el desempeño de su misión.

El tiempo del despertar para cada espíritu está señalado: Yo os prometo que todo aquel que se prepare, me verá en todo mi esplendor. Pedid y se os dará. Todo lo que deseéis en caridad para vuestros hermanos, pedídmelo. Orad, unid vuestro ruego al del necesitado y os concederé lo que solicitáis.

Muchos de aquéllos en quienes practiquéis la caridad, harán lo que vosotros no pudisteis hacer y, a su vez, a quienes ellos ayuden, harán más de lo que ellos hicieron. Por eso os he dicho que los últimos serán los primeros.

Yo me recrearé con vuestras reuniones, me haré sentir en vuestro corazón y en vuestro espíritu, y me derramaré en caridad en muchas formas, alentando y premiando vuestra fe y espiritualidad.

La luz, el amor y la justicia que existen en mi Doctrina, abrirán caminos, destruirán murallas de ignorancia y borrarán fronteras. Todo quedará preparado para la unificación de los pueblos. Nada pendiente o inconcluso dejará el espíritu sobre la Tierra.

Cuando la unión y la fraternidad sean practicadas entre vosotros, será el tiempo de los grandes prodigios, en que mi Voz será escuchada por toda la humanidad.

¡Mi paz sea con vosotros!

A los discípulos I

A LOS DISCIPULOS – I

A través de los tiempos y en todos los pueblos de la Tierra han surgido apóstoles del bien, que han manifestado la elevación de su espíritu, a través de diversas misiones que les he encomendado. Todos ellos han sido enviados míos, porque el bien procede de una sola fuente: mi Espíritu.

De esos enviados, unos han sido sembradores espirituales, otros han llevado la luz a la ciencia y otros, con su sentido de lo bello, han llevado mi mensaje de Amor a la humanidad en obras hermosas. A unos les habéis llamado apóstoles, a otros sabios, a unos más genios; mas no ha habido uno que no haya recibido de Mí el mensaje que había de llevar a los hombres.

Discípulos amados: si os preparáis en mi Nombre, Yo os inspiraré palabras y acciones que sorprenderán a la humanidad; vuestra mente iluminada descubrirá en el espíritu y en la naturaleza, todo lo que hay de grande y perfecto en mi Creación, entonces conoceréis plenamente vuestros dones y seréis grandes en obras de amor y caridad.

La práctica de mi Doctrina deberá llevaros al retorno de la vida sencilla, pero a la vez daréis un paso hacia adelante en el conocimiento espiritual. Amad, sed virtuosos y tendréis en vosotros todas mis complacencias.

Voy a confiaros extensas tierras para que las cultivéis y es necesario que estéis fuertes y preparados para no desmayar en el trabajo. Cada uno debe ser un labriego afanoso en la campiña, para lo cual deberá aprender a sembrar, cultivar y cosechar, alentado por mis Enseñanzas.

No temáis retornar a la lucha desnudos, sin calza ni alforja, porque lo que habéis derramado entre vuestros hermanos, Yo os lo devolveré multiplicado y os colmaré de gracias.

Os he llamado labriegos, porque os he dado la semilla, el agua, las tierras y las herramientas de labranza, para que llevéis la esencia de mi Palabra a la humanidad. El sentido figurado en que os hablo es sencillo, para que podáis comprender mis Lecciones.

Es el tiempo de la siega, en el que recogeréis lo que habéis sembrado. Yo os daré un tiempo más para que volváis a sembrar, cuando eso sea, tomad de la buena semilla y cultivadla con amor.

Comprended que más que seguirme vosotros, soy Yo quien os ha seguido a través de los tiempos para señalaros vuestra misión y enseñaros a cumplir mi Ley.

A cada quien le he asignado la porción que debe guiar y esa misión no termina con la muerte del cuerpo. El espíritu, lo mismo en la Tierra que en el Valle Espiritual, sigue sembrando, cultivando y cosechando.

He formado mi nuevo apostolado con hombres y mujeres, ya que no sólo el hombre ha sabido interpretar mi Ley. La mujer, dotada de bellos sentimientos, ha sido siempre colaboradora en mi Obra de redención. También en ella hago descansar en este tiempo la responsabilidad del buen cumplimiento de mis Mandatos. Yo dejo a ambos velando, unidos en esta causa.

Varones y mujeres, niños, jóvenes y ancianos formarán el apostolado de Cristo en este Tiempo, mas de cierto os digo que más que corazones, son espíritus a los que vengo buscando. Aunque no toda la humanidad está escuchando mi Palabra, siente mi Presencia en esta hora trascendental. Los padres de familia en su hogar, los enfermos en su lecho de dolor, los hambrientos de justicia, los castigados por los hombres, los que no llevan paz en su corazón, los ofendidos, los pobres de espíritu, penetrad todos mis hijos en el silencio de mi Santuario, para que escuchéis la voz de vuestro Señor que os dice: La paz sea con vosotros.

Los que enseñen en el mundo mi Doctrina, tendrán que ser conocedores del ser humano, no sólo en lo que corresponde al espíritu, sino también a la materia. Para ser maestros en espiritualidad, tenéis que ser perseverantes, pacientes, estudiosos y observadores. Un consejo para que sea acertado, una palabra para que resuelva un problema, un juicio para que sea recto, una enseñanza para que sea persuasiva, tendrán que provenir de un espíritu acrisolado en la experiencia, fortalecido en la lucha y purificado en el bien.

Todo el que en este tiempo quiera seguirme, tendrá que abandonar algo para ir con paso firme en pos de mi huella. Unos dejarán posesiones materiales, otros olvidarán falsos amores, habrá quienes desciendan de sus altos sitiales y tronos, mientras otros abandonarán sus altares. Detrás, quedarán las pasiones, las vanidades, los malsanos y fugaces placeres.

La vida es una maestra que convierte a los párvulos en discípulos, para que éstos sean consejeros y guías de sus hermanos, con la luz, el saber y la experiencia que os proporciona.

De discípulos os tornaréis en defensores de la verdad, con armas que os harán invencibles: el amor, la caridad, el perdón, la sinceridad, la mansedumbre, el celo por lo justo y lo bueno.

Cuando ya estéis así preparados, cuando hayáis sido pulidos por el fino cincel de mi Justicia y de mi Amor, os enviaré a vuestros hermanos con este mensaje de sabiduría, consuelo y esperanza. ¿Quién podrá resistir la fuerza de la verdad que brote de vuestras palabras? ¿Quién no se sentirá cautivado ante la persuasión de vuestros consejos y ejemplos?

Seréis hombres de buena voluntad, corazones celosos de la pureza de mi Doctrina, para hacerla llegar limpia a la humanidad. Los que se levanten como emisarios llevarán dulzura en su palabra y en sus obras, nunca amargura. Sus ojos sabrán llorar por el dolor ajeno y sus sienes se blanquearán cuando sepan sufrir por sus hermanos. Vivirán y morirán amando, perdonando y bendiciendo y llegarán al final de su camino sin amarguras ni fatiga.

Penetrad con amor en el estudio de mi Doctrina, porque se acerca el tiempo en el que no tendréis más guía que vuestra conciencia, ni más Pastor que mi Espíritu. No os dividáis, formad una sola familia, sólo así podréis ser fuertes. Quiero que convirtáis en amigos a vuestros enemigos y que os hagáis reconocer, sanando enfermos y rescatando perdidos.

No os pido todo vuestro tiempo para el desempeño de esta misión. Me basta con que dediquéis unos minutos del día al estudio de mi Palabra, que realicéis una buena obra o que en alguna forma deis un paso adelante en el camino de superación espiritual.

Desprendeos de lo superfluo, abandonad los entretenimientos inútiles, no engañéis a vuestro corazón ni a vuestros sentidos con falsas bellezas o insanas impresiones. Si vais a hablar de paz, llevadla en vuestro corazón; si vais a hablar de Mí y de mi Obra, estudiad primero para que nunca deforméis la verdad, pero no vayáis a creeros sus únicos poseedores, porque pecaríais de ignorancia y fanatismo. Quiero que al mismo tiempo que prediquéis mi Enseñanza, sepáis encontrar la verdad en vuestros hermanos: unos tendrán mucha luz, otros sólo un átomo, pero en todos encontraréis mi Presencia, porque todos sois mis hijos.

Cuando tratéis de exhortar al bien a un pecador, no lo amenacéis con el dolor en caso de no regenerarse, porque le infundiríais aversión a mi Doctrina. Mostrad al verdadero Dios, que es todo amor, caridad y perdón.

¿No recordáis que os he dicho que seréis el sabor espiritual de la humanidad? ¿Qué más podéis ambicionar en la Tierra que ser consejeros, guías y doctores espirituales de los necesitados?

La caridad es una de las flores más bellas del amor y esa virtud quiero que brille en vosotros, para que derrame su esencia entre vuestros hermanos.

Los espíritus que hoy son pequeños por su escasa evolución, mañana serán grandes mediante su esfuerzo en el camino del bien. Si a vosotros os he hecho primeros, ha sido por vuestra fidelidad, pero conservad esta gracia siempre. Vuestras tierras de labranza son pequeñas aún y corta vuestra siembra. Sed siempre humildes, no deis cabida a la vanidad y seréis grandes delante del Padre.

En el seno de toda religión se encuentran enviados míos, pero no serán ellos los que abran mi Arcano. A los que he enviado para esta misión, reciben mi Sabiduría por inspiración; los que no son mis siervos, han tomado el conocimiento de los libros; mientras unos oran y aman, otros leen y estudian, mas nunca logrará alcanzar la mente, la elevación que obtiene el espíritu. Los primeros cuando hablan, persuaden, conmueven, acarician y sanan; los segundos sorprenden, son admirados, pero no consuelan, ni salvan.

Todo el que abrace su cruz, que ame mi Ley y propague esta semilla, será llamado labriego de mi campiña, apóstol de mi Obra e hijo de este pueblo, aun cuando no me haya oído a través de esta manifestación.

En varias naciones aparecerán profetas hablando de mi Manifestación y de mi Presencia entre vosotros; les debéis reconocer porque son mis enviados. Mas aprended a distinguirlos de los profetas falsos que también surgirán, su palabra será de aparente luz pero en su fondo llevará confusión.

Hoy os digo: Las profecías que contienen mis nuevas Lecciones, se enlazarán con las antiguas, porque todas os hablan de una sola revelación.

Trabajad sin cansaros, enseñad, haced obras que conviertan y, ya que hayáis resucitado a la vida de la gracia, velad por los enfermos, orad por los que no lo hacen y fortaleced a los que atraviesan grandes pruebas.

¡Cuántas oportunidades tenéis a cada paso de ser buenos y útiles para vuestros semejantes! Cada hogar es un campo propicio para sembrar mi semilla; cada ciudad y cada pueblo, son tierras sedientas de caridad y amor. Yo os vengo a convertir en sembradores, para que llevéis el consuelo y la paz a la humanidad.

Mi Doctrina tiende a formar en vosotros, a seres que se distingan por su elevación, virtud y sabiduría. ¡Cuán grande será vuestro gozo y vuestra paz interior, cuando logréis ese adelanto!

Ved al Maestro una vez más rodeado de sus discípulos. Quiero hacer de cada uno de vosotros un apóstol y de cada apóstol, un maestro.

Os he confiado una joya de incalculable valor, para que la hagáis brillar ante la humanidad, no la ocultéis ni os despojéis de ella. Mi Palabra es tesoro Divino que no debéis guardar sólo para vosotros. No os convirtáis en los ricos avaros, porque creyendo tener mucha sabiduría nada tendréis. De cierto os digo que el egoísmo en el espíritu, es ignorancia.

Mi Obra es más blanca que el copo de la nieve y más pura que el agua de vuestros manantiales: así quiero que la conservéis hasta el final de la jornada.

He dejado que los hombres cultiven diversos árboles y he visto que la mayoría de sus frutos, han sido amargos y de ellos han hecho comer a la humanidad. Vengo a confiaros el Árbol de la Vida Eterna cuyo fruto dulcísimo os da salud, alegría y paz.

Los que sueñan con lo eterno, los que aman lo verdadero, los que anhelan elevarse sobre las miserias de la vida humana, los que tienen caridad de su espíritu, los que prefieren el atavío espiritual a las galas del cuerpo, serán los que abracen con fervor esta Obra. No he venido sólo a aliviar vuestros dolores y a libraros de vuestras enfermedades, mi Enseñanza encierra algo más que la liberación del dolor: la vida eterna.

Estoy justificando mi Presencia entre vosotros con mi Enseñanza, alguno dirá: Maestro, es difícil practicar vuestra Doctrina y quizá impropia de esta Era materialista. Mas Yo os digo: eso mismo dijeron en el Segundo Tiempo de mi Palabra y sin embargo los gentiles, los paganos, fueron los que más pronto se convirtieron a ella.

Cada Era ha traído a los hombres nuevas luces para la mente y el espíritu. Disponeos todos a recibir mis Mensajes, porque un nuevo tiempo abre sus puertas y es mucho lo que tenéis que ver y conocer.

Discípulos: vosotros tenéis el deber sagrado de hacer comprender esta Doctrina a los que llamo párvulos. Para ser mis discípulos no es suficiente entender, debéis también dar la mano al que no ha logrado aún interpretar mi Enseñanza. Daos cuenta de que mis párvulos están necesitados de vuestras explicaciones y experiencia.

Yo formaré en este tiempo un pueblo que sea celoso de mi Ley, amante de la verdad y la caridad. Ese pueblo será como un espejo en el que los demás podrán ver reflejados sus errores. No será juez de nadie, pero sus virtudes, obras y cumplimiento, irán tocando al espíritu de todos los que se crucen en su camino e irán señalándoles sus faltas a mi Ley.

Los hombres se preguntarán: ¿Quiénes son éstos que sin tener templos saben orar espiritualmente? ¿Quién ha enseñado a estas multitudes a orar, sin que sientan la necesidad de construir altares para su culto? ¿De dónde han salido estos caminantes y misioneros que, a semejanza de las aves, no siembran ni cosechan, ni hilan y sin embargo subsisten? Yo les responderé: Estas multitudes que gozan haciendo el bien, no han sido enseñadas por maestros o ministros de ningún culto de la Tierra, no existe un solo hombre en vuestro mundo, que sepa enseñar el culto de Dios, bajo la verdadera espiritualidad. No es en el esplendor de las ceremonias, ni en la riqueza o el poder terrenal donde radica la verdad, mi Doctrina busca como templo a los corazones limpios, nobles y sinceros, amantes de lo puro y elevado.

Aquéllos que vean la fructificación de mi Obra, sabrán que el mérito no fue sólo de los últimos, sino una labor en la que los esfuerzos y sacrificios de los primeros, se enlazaron con la labor de los postreros, para llevar al triunfo una Doctrina espiritual encomendada a todos por el Maestro.

Necesitáis ser un pueblo fuerte para que triunféis y nada os dará mayor fuerza, que el cumplimiento de mi Ley. Muchas tentaciones, persecuciones y asechanzas vendrán sobre vosotros, pero de todo ello saldréis triunfantes si confiáis en Mí, si permanecéis unidos y si perseveráis en la práctica de mi Enseñanza.

Los que en este tiempo me hayan recibido en su espíritu, serán responsables de este Divino Legado, el cual será transmitido fielmente de generación en generación, hasta que lleguen aquéllas en quienes habrá de florecer la Doctrina del amor y la sabiduría. A vosotros, que habéis tenido por Maestro al Espíritu Santo, os hago responsables de la paz.

Hoy no me he concretado a hablaros solamente del tiempo presente; mucho me he referido a los tiempos pasados y os he anticipado acontecimientos del futuro: os he descubierto lo que os habían ocultado y he rectificado lo que estaba alterado.

Que no espere el mundo un nuevo Mesías: si os prometí volver, también os di a entender que mi venida sería espiritual. Mi Obra vendrá a coronar el esfuerzo de todos aquellos que han vivido en vigilia, esperando mi retorno; esclarecerá muchos de los misterios que el hombre aún no ha logrado comprender y será un arma poderosa en manos de aquéllos que aman el bien y la justicia.

Dejad ya de vivir en un mundo de incertidumbre. No debéis, ni como hombres ni como espíritus, ignorar la verdad. ¿Cómo queréis triunfar en la lucha material, sin conocer la vida espiritual? ¿Cómo queréis ser sanos, sabios y fuertes, si os obstináis en cerrar los ojos a la luz eterna? ¡No viváis ya a media luz! ¡Despertad y venid a la luz plena! ¡Dejad de ser pequeños y creced espiritualmente!

En este tiempo, como lo prometí a Abraham y a su descendencia, seréis tan numerosos como las estrellas del cielo, como las arenas del mar, y llevaréis mi bendición a hogares, pueblos y países, donde tienen hambre de paz, de justicia y de verdad.

Al ascender del portavoz mi rayo Divino, mi inspiración descenderá sobre vosotros para que comprendáis mi Palabra.

Dejo mi amor entre mi pueblo, como testimonio de mi Presencia.

El que ha recibido simbólicamente la marca espiritual en su frontal en este tiempo, antes ya fue Conmigo en las Eras anteriores: por ello le llamo trinitario, porque lleva la simiente de las tres lecciones.

A ellos he entregado la misión de despertar a la humanidad, de conducirla por el camino de la elevación espiritual que os acerca a Mí y os convierte en verdaderos hermanos.

Estos señalados por mi amor sólo se les distingue por la espiritualidad en su vida, en sus obras, por su forma de pensar y comprender las revelaciones Divinas. No son idólatras ni frívolos: parece que no practican ninguna religión y, sin embargo, de ellos se eleva un culto interior entre su espíritu y el Mío. Diseminados se encuentran en el mundo, cumpliendo con la misión de orar por la paz y trabajar por la fraternidad de los hombres. No se conocen unos a otros, pero intuitivamente van cumpliendo con su destino de hacer luz en la senda de sus hermanos.

Los 144,000 señalados serán soldados de paz, maestros en mi Sabiduría, doctores para sanar todos los males, consoladores y profetas. Recordad el miraje de Juan mi apóstol y resurgid, pueblo, no olvidéis que os he llamado los hijos de la luz. Pero no sólo los marcados la poseerán, cualquiera que siga mis Enseñanzas tendrá los mismos dones e igual potestad.

Sólo Yo sé por qué en todos los tiempos os he señalado, sólo Yo conozco vuestro destino y restitución y es por eso, que siempre mi Justicia os toca, para que permanezcáis alejados de la maldad.

La marca es el signo invisible por medio del cual podrá cumplir su misión el discípulo; quien la lleve con amor, con respeto, celo y humildad, podrá comprobar que es una gracia Divina que le hace superior al dolor, que le ilumina en las grandes pruebas, que le revela profundos conocimientos y donde quiera rompe barreras para seguir su camino, por lo que os digo que un marcado es un mensajero, un enviado y un instrumento mío.

Los señalados con la luz del Espíritu Santo son como barquillas salvadoras, guardianes, consejeros y baluartes. Les he dotado de luz en su espíritu, de fuerza, de bálsamo de curación, de llaves del trabajo y les he preparado para vencer obstáculos que para otros son insuperables.

No es necesario que ostenten títulos del mundo para hacer reconocer sus dones. No conocen ciencias y son doctores, no conocen leyes y son consejeros; son pobres de los bienes de la Tierra y sin embargo, pueden hacer mucho bien a su paso.

No os faltará guía un solo instante, ya que mi Palabra no ha sido vaga o imprecisa, sino una Doctrina definida y perfecta. Sobre vosotros velará siempre el espíritu de Elías, quien vino en este tiempo a despertar al mundo y aparejar los caminos para que la humanidad llegue ante mi Presencia espiritual.

Sed obedientes y escalad paso a paso, hasta llegar a la cúspide de la montaña: ahí espero a los señalados de las doce tribus del nuevo pueblo de Israel, 12,000 de cada tribu, en representación de la humanidad. ¡Cuánto tendréis que crecer en sabiduría, amor y virtud, para que seáis luz en el camino de vuestros hermanos! ¡Qué destino tan hermoso os ha deparado vuestro Padre!

Todos tenéis el mismo origen, todos poseéis los dones del Espíritu Santo y llegaréis al mismo fin, mas os he nombrado mi pueblo, porque sois como hermanos mayores entre la humanidad, que tenéis la misión de llevar la simiente de amor a todo espíritu. De Mí brotasteis como simiente virgen y habréis de volver a mi seno, como semilla multiplicada en número infinito, pero limpia como la original.

Israel llamo al pueblo a quien estoy congregando en torno a mi nueva revelación, porque nadie mejor que Yo sabe qué espíritu mora en cada uno de los llamados de este tiempo. Israel tiene un significado espiritual: es el pueblo de Dios del que formáis parte.

Sois el pueblo espiritual que comprenderá el misterio de la escala que Jacob contempló a través de un sueño. El nombre de este pueblo surgirá nuevamente en la Tierra, en su verdadera esencia espiritual.

Esta porción que formáis, es sólo una mínima parte del pueblo de Dios que está diseminado en el Universo, y al que amo igual que a vosotros.

El mundo verá surgir al Israel espiritual, el que dará testimonio de la reencarnación del espíritu. Al principio, provocará contiendas y originará lucha de ideas, pero luego establecerá la paz, que lo hará permanecer sereno e inmutable.

Los dones de intuición, revelación e inspiración, estarán despiertos en el espíritu del nuevo Israel, porque a través de él serán recibidos mis Mensajes. Los hombres que formen el nuevo pueblo no serán escogidos en la Tierra, sino que por mi amor, ya irán señalados en su espíritu, como seres evolucionados que no podrán perderse en la senda que les he trazado.

Hoy os digo: convertíos en los guías de la humanidad. Dadle este pan de vida eterna, mostradle esta Obra Espiritual, para que las diferentes religiones se espiritualicen en mi Doctrina y el Reino de Dios sea, sobre todos los hombres.

Yo os he enseñado a vivir en armonía conmigo y a ser humildes y sencillos en todos vuestros actos y pensamientos. Sois los indicados para llevar a vuestros hermanos el consuelo, el aliento y el amor de mi Espíritu.

Uníos para que forméis un pueblo fuerte, el nuevo Israel, que sepa abrirse paso a través de persecuciones, vicisitudes y obstáculos. Id en ayuda de la humanidad, preparad su sendero, fortificad su fe y llenad de esperanza su corazón. Hablad íntimamente con vosotros, examinaos, gobernad con amor la envoltura, guiad sus pasos y formad de espíritu y materia, un solo cuerpo y una sola voluntad. Someteos a la Ley: usad el libre albedrío para amar sin límite y hacer una existencia útil y armoniosa. Cumplid con las leyes del espíritu y las del mundo, que ambas Yo las he dictado y son perfectas.

He dispuesto todo para que lleguéis a poseer todos los dones espirituales. He ofrecido a vuestro espíritu el pan de los Ángeles y a vuestra materia, los frutos de la naturaleza creada por Mí. Habéis venido a la Tierra a concluir el trabajo empezado, para perfeccionar vuestro espíritu.

Yo anuncié que mi pueblo surgiría nuevamente en el mundo, cuando la humanidad estuviese bebiendo su mayor cáliz de amargura; por eso estoy enviando a la Tierra a mis emisarios, a mis labriegos, soldados y profetas, porque el tiempo de la lucha se aproxima.

Mi pueblo, vuelvo a deciros, no es sólo éste que me escucha a través de los portavoces, está diseminado en toda la Tierra y sus hijos serán, todos los que den testimonio de mi verdad, todos los que abran brechas de luz al espíritu, todos los que combatan la mala yerba y anuncien el Tercer Tiempo. El que se prepare, oirá mi Voz, porque mi Verbo es Universal.

En esta palabra está mi Ley, porque contiene amor y justicia. En ella está el nuevo maná que os sustenta y os permitirá llegar a la nueva Jerusalén. Esa Ciudad no está en la Tierra, existe en la Mansión Espiritual. A ella llegaré entre vosotros, como en aquel día en que las multitudes cubrían con sus mantos el suelo, cantaban himnos y agitaban palmas; y me recibiréis en vuestro corazón, para celebrar la entrada triunfal del Maestro en Jerusalén. Cuando esto sea, ya no volveré a partir de vuestro seno. El pacto del nuevo pueblo de Israel con mi Espíritu, será para siempre.

Todos los destinos son diferentes, pero os llevan al mismo fin. A unos les están reservadas unas pruebas, a otros unas muy diferentes. Una criatura recorre un camino, otra sigue distinto derrotero. Ni todos habéis surgido a la vida en el mismo instante, ni todos retornaréis en el mismo tiempo. Unos caminan delante, otros detrás de aquéllos, pero la meta a todos os está esperando. Ninguno sabe quién está cerca ni quién viene distante, porque aun sois pequeños para tener ese conocimiento.

He señalado el destino a cada espíritu, su principio y su final están en Mí. Librará una batalla tras otra, mas en todos sus pasos me encontrará y mi Amor le fortalecerá siempre. El Padre no se apartará del hijo y cuando haya retornado al seno Divino, habrá fiesta en los cielos y alegría en este mundo. Entonces, Maestro y discípulo volverán a encontrarse.

Todos estáis iluminados por mi Sabiduría y hasta el más apartado rincón de la Tierra, donde haya un discípulo mío, allí estará mi Espíritu derramando luz y fortaleza, resolviendo problemas y obstáculos. A vosotros sólo os toca hacer una mínima parte de esta obra de regeneración y espiritualidad entre la humanidad. Mañana, dejaréis vuestro puesto y otros vendrán a seguir vuestra labor. Éstos llevarán la Obra un paso más allá y de una generación a otra, se irá cumpliendo mi Palabra. Al final, todas las ramas se unirán al árbol, todos los hombres se unirán en un solo pueblo y la paz reinará en la Tierra.

Os dice esto el Maestro para que no dejéis transcurrir las horas, los días y los años, sin hacer algo que pueda recoger vuestro espíritu mañana, cuando sea la hora llegada de entregar la cosecha.

Permaneced preparados, atentos, para que podáis oír las voces de los que os llaman, de los que os solicitan y para que sepáis resolver sus necesidades espirituales. Quiero hacer de vosotros un pueblo sano de espíritu y materia, porque sois el escogido, el testigo de mis Manifestaciones y habéis venido en esta etapa, a cumplir una delicada misión y a preparar el camino de las nuevas generaciones. Conforme os vayáis transformando, Yo os iré revelando todos los dones y potestades que poseéis. No rehuyáis las pruebas que os envíe, porque ellas son el cincel que esculpe y pule vuestro espíritu. Cuando el discípulo haya alcanzado la gracia de ser maestro, su presencia y sus palabras serán dulces y gratas. Su palabra demostrará que tiene profundo conocimiento de lo que habla y que una Luz Divina le inspira.

Es necesario que surjan en la Tierra los sembradores de la verdad, esparciendo mi Bálsamo por todos los caminos.

Vuestro destino es armonizar con todo lo creado. Ésa es la más grande de todas las leyes, porque en ella encontraréis la comunión perfecta con Dios y con sus obras. En el mundo los hombres se necesitan unos a otros; ninguno está de más y ninguno de menos. Todas las vidas son necesarias unas a otras para complemento y armonía del conjunto. Forjad un pueblo obediente con vuestra unión espiritual, cuya defensa para toda asechanza sea la oración.

Conoced a fondo la responsabilidad que tenéis entre todos los pueblos de la Tierra, para que sepáis cumplir vuestra misión, ahora que el tiempo es propicio. Aprended a perdonar los defectos de vuestros hermanos y si no podéis corregidos, por lo menos tended sobre ellos un velo de indulgencia.

Cuando de lo más profundo de vuestro corazón me digáis: Maestro, soy tu siervo, estoy presto a obedecer tu voluntad; ése será el instante en que verdaderamente comenzaré a manifestarme entre vosotros.

He aquí una más de mis Lecciones; para que la comprendáis mejor, analizadla con el espíritu, más que con la mente.

¡Mi paz sea con vosotros!

De párvulos a discípulos

butterfly on a flower
El espíritu posee muchos dones, y estos sólo pueden florecer a través de la luz de la virtud. Cuanto más virtuoso el espíritu se asemejará cada vez más al Maestro. Esa luz hacía que el Maestro fuera uno con el Padre, esa luz en Él era con la cual prodigó los grandes milagros.
Nosotros aún estamos lejos de asemejarnos a Quién nos vino a mostrar el Camino, la Verdad y la Vida. Sin embargo, nos vino a declarar que Sus discípulos podrían hacer cosas mayores que las que Él hizo. Aún no podríamos del todo llamarnos discípulos, mas nuestro Maestro conoce que Su enseñanza hará ese milagro, de quienes le oyen y le siguen convertirlos de párvulos a discípulos.
Un párvulo aprende; un discípulo práctica. Un párvulo va asimilando, cultivando el sendero de la Espiritualidad; un discípulo tiende armonizar su existencia, dar con certeza al César lo que le pertenece y a su espíritu lo que le corresponde. Un párvulo aún su corazón abraza a unos cuantos; un discípulo abraza con amor espiritual. Un párvulo entiende el poder de la elevación espiritual; un discípulo ya ha comprobado el poder de su elevación espiritual.
Ese es el poder del Maestro, convertir de párvulos a discípulos a quienes le siguen. Pues Él dominó la materia,… se hizo hombre, conoció de las necesidades y las adversidades. Y de cierto, Su elevación espiritual envolvió a todos por el amor espiritual.
Habrá ocasiones que nuestro Dios nos dará prueba del poder de nuestro espíritu, por gracia. Mas espera que no todo lo haga Él, sino que los párvulos vayan adelantando en el camino para ser los discípulos. Entonces seremos como aquellos de Sus profetas antiguos, como aquellos de los apóstoles que siguieron al Maestro, que siendo humanos, dejaron entrever el poder de su espíritu al dar elevación espiritual a su existencia humana. Sensibilidad del pensamiento, sensibilidad del sentimiento; la práctica de la luz de la virtud; el dejar que su ser no estuviese cautivo por lo del mundo, sino mas bien dar a sus espíritus cuanto les era de menester.

Discípulo de Cristo

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Para el espíritu no es imposible ser el discípulo de Cristo. En Jesús nos vino a dar lecciones para todos los tiempos, nos vino a mostrar más el poder de nuestro espíritu. Él fue el testimonio vivo de lo que alcanzará nuestro ser cuando nuestra voluntad sea con el de la Voluntad divina. Podríamos pensar humanamente que nunca alcanzaremos tal grado; sin embargo, nuestro espíritu tiene por intuición que sí lo llegará a conquistar. Él es el que ha traspasado los tiempos, el que ha visto con sus ojos espirituales el cómo hermanos suyos han logrado tal hazaña. Lo que ha contemplado en poder, en sabiduría, en luz,… conoce que también todo esto y más será suyo.

La Espiritualidad no es sola una bella palabra con un gran significado, no, también es la finalidad por el cual cada uno de nosotros estamos en esta morada,… ser y estar en armonía con las tres naturalezas de nuestro ser. La naturaleza material o sea nuestra carne con la naturaleza espiritual que pertenece a nuestro espíritu. Hay una naturaleza en nosotros que nunca se equivoca, aquella por la que Jesús hizo grandes testimonios, la divina.
La Conciencia es la voz de nuestro Padre en nuestro ser, cada uno la tiene. Esa naturaleza no puede corromperse ni mancharse, no puede mentir ni traicionar. Es la voz que ha existido en nosotros desde nuestra formación en el Seno Divino,… la que nos acompañará eternamente.
Jesús era uno con la Conciencia Divina de Dios, pues cuando logremos cada uno de nosotros lo que el Maestro nos enseñó,… el ser uno con la Conciencia Divina, seremos la misma imagen del Maestro.
Discípulos de Cristo en amor, luz, potestad, sabiduría, poder. Seremos una imagen de todo esto y más… Pues ya lo dijo el Maestro: lo que vieses que hago, vosotros haréis cosas mayores.
No somos solamente una pequeña esencia de Dios. Somos la grandeza de Su Espíritu hecho obra. Grandes seres han venido a mostrar la superioridad del espíritu, allí están Elías, Moisés, Daniel, Isaías,… Juan y los demás apóstoles. La Espiritualidad es la llave que abre el camino de los poderes y las grandes bellezas del espíritu. Nuevamente se puede decir que no solamente es una bella palabra, su significado apenas lo está empezando entrever la humanidad.