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¿Qué es la Conciencia?

¿Qué es la Conciencia?

El ser humano está formado de espíritu, conciencia y materia, y es la conciencia mi propia voz, por eso es menester que el hombre sepa que me lleva en sí, que en su espíritu y en la luz de su conciencia tiene la presencia pura de lo divino.

Debéis comprender que no existe ni ha existido un ser humano en quien no haya estado un espíritu animándole, ni ha existido jamás un espíritu que careciese de conciencia.

Es la conciencia la expresión más pura y elevada del espíritu. Es la conciencia, que le hace ser entre todas las criaturas que le rodean, la primera, la más grande y la más noble. Ella es la que eleva al espíritu a una vida superior por sobre la materia y sus pasiones.

Libertad para actuar, o sea, el libre albedrío, y la luz de la conciencia para distinguir el bien del mal, son dos de los mayores dones con que mi amor de Padre heredó a vuestro espíritu. ¿Cómo se puede saber lo que es bueno y lo que es malo? Yo soy la justicia divina y como tal me manifiesto en cada uno de vosotros por medio de la conciencia. Por ella podéis saber si el camino en el que transitáis es lícito o lo habéis equivocado.

Que diferente será la conducta de los que habiendo rechazado de su corazón toda buena simiente, han consagrado su ser a una vida egoísta, a una vida materialista y perversa, cuando han llegado a mirar hacia su interior, cuando han tenido un instante de comunicación con la conciencia, se han contemplado en aquel espejo que nunca se empaña, que nunca miente y se han horrorizado del monstruo que en sí llevan y al cual no pueden reconocer como obra de ellos mismos.

Si por un instante escuchasen la voz de la conciencia y de la razón, ella los derribaría de su pedestal, mas al perverso no le agrada conocerse tal cual es, y cuando por un instante contempla al hombre miserable que lleva dentro, prefiere dirigir su pensamiento a otro punto, no le agrada contemplar y valorizar sus errores. La conciencia nunca se equivoca, porque es mi propia voz, es luz de mi Espíritu Divino, ella es como un espejo en el cual se contempla vuestro espíritu.

El mundo es valle de expiación en el que así como se peca, también se purifica; de cierto os digo que el Más Allá es diferente a lo que en la Tierra conocéis, porque el que llega a él envuelto en pecado e impurezas tiene que sufrir dolores infinitamente más grandes que aquellos que sufrió como humano; porque ya en espíritu, la conciencia se hace oír con más claridad por el espíritu, el cual al encontrarse ante tanta pureza quisiera desaparecer o por lo menos volver al mundo material que dejó, donde según él, no se notaban sus múltiples imperfecciones.

¡Cuán decisiva será en ese instante la voz de vuestra conciencia!, porque nadie podrá callar la voz de ese juez que vive unido indisolublemente a vuestro espíritu. Analizaréis todos los actos de vuestra vida y ninguno se sentirá juzgado con exceso de rigor o sobra de benevolencia.

Y aquel instante puede ser el de la suprema felicidad para el espíritu, o también de mucho dolor, al comprobar sus faltas y ver sus manchas, que le harán desear una nueva materia, como una oportunidad para empezar el camino.

¡Cuán dichoso se sentirá vuestro espíritu en el Más Allá si su conciencia le dice que en la Tierra sembró la semilla del amor! Todo el pasado se hará presente delante de vuestros ojos y cada miraje de lo que fueron vuestras obras, os dará un gozo infinito.

Cuando comprendáis que en la conciencia está vuestro verdadero valor, viviréis en armonía con todo lo creado por vuestro Padre. Entonces, la conciencia embellecerá la pobre vida humana, pero antes será necesario que el hombre se aleje de todas las insanas pasiones, para seguir el sendero de la justicia y la sabiduría.

Al hombre le falta saber mirarse en su interior, examinar sus actos y sus pensamientos. ¿Nada os reclama esa voz interior? ¿Sentís verdadera paz, o vivís engañados con un falso razonamiento? ¡Ah, hombres de la Tierra, hasta cuándo escucharéis el mensaje de esa voz interior de la conciencia que a cada paso se levanta para reprochar vuestros actos indignos!

Cuando el espíritu sienta que está frente a la conciencia, que le reclama sus errores, ése ser se siente sin fuerzas para escucharse a sí mismo, quisiera no haber existido nunca, porque ante sí, en un instante, pasa delante de su mente toda su vida, y de la cual ha llegado por fin a rendir cuentas.

Bendeciré a Jehová que me aconseja; aun en las noches me enseña mi conciencia. (Samos 16:7)

La expresión de la Conciencia

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En el largo peregrinaje del espíritu hacia su perfeccionamiento espiritual, el Padre nunca dejó sin guía a quienes hizo semejantes a su Espíritu Divino. En cada partícula Suya dejó un testimonio viviente de Su presencia, un testimonio de la vida verdadera que cada uno debía conquistar con sus méritos.

Los espíritus sin conocer con certeza a Quién pertenecía aquella Voz, sintieron en su propio ser cada virtud que de Él procedía. ¿De dónde procedía aquella luz? De su Conciencia.

Un sentimiento fue lo que sintieron, un sentimiento desconocido pero que podían palpar en su propio ser. Cada sentir se expandió una y otra vez. Aquella voz sublime les hablaba, no como los hombres acostumbran con el lenguaje material, sino con el idioma del espíritu. Ese idioma que es sentir. ¿Qué lenguaje como acostumbran los hombres existía cuando nuestro Creador, creó a los espíritus? Ninguno. El Padre sentía a cada partícula Suya que brotó de Su seno divino, y cada partícula sentía a su Creador.

La comprensión espiritual de los primeros espíritus fue a semejanza como de aquellos que nacen del vientre de la madre, para iniciar la jornada en la Tierra. Y así como el entendimiento y la comprensión del nacido a su adultez se expande grandemente y va siendo conocedor de todo lo que la vida le ofrece, fue también la de los espíritus.

La Creación como una maravilla ante los ojos del espíritu se expandía más y más, no solamente en su sentido espiritual sino también el material. Y la vida paso a paso fue ofreciendo a los espíritus,… lecciones.

¡Qué hermoso fue ese comienzo! A semejanza cuando el nacido crece y se convierte en niño, va conociendo a sus padres, su entorno, los suyos,… el encanto de la vida. Y, ¡qué hermoso es el entendimiento de los padres!, que por intuición conocen que al hijo le es necesario las lecciones de la vida, para que al paso de su desarrollo humano puedan acrecentar no sólo su entendimiento, sino la comprensión de todas las cosas.

También al paso el entendimiento de los primeros espíritus fue acrecentándose, sus pensamientos multiplicándose en la experiencia de las primeras lecciones. Todo hacia una finalidad, una intención divina del Dador de Vida,… el desarrollo y el perfeccionamiento espiritual a quienes había otorgado la misma Vida.

¡Cuántas lecciones la vida a dado a los espíritus! Y en ella, la Conciencia como una luz divina nunca se ha apartado de cada uno de ellos. El libre albedrío de los espíritus ha dado frutos una y otra vez, no siempre hacia un fin noble, sino egoísta. Sin embargo ese libre albedrío ha dejado una experiencia acumulada a través de los tiempos.

¿Era necesario el dolor en la experiencia de la vida? No, ¿qué padre querría el sufrimiento de quienes ama y llama hijos? El dolor no existió en el comienzo. Este nació y creció conforme el espíritu se fue alejando de la luz de la Conciencia.

Los espíritus en su larga travesía ya han conocido el fruto de su libre albedrío. Son los espíritus que al paso del tiempo han evolucionado muchos de sus atributos espirituales. La vida se ha encargado de entregar una lección de amor en respuesta cuando sus acciones han sido correctas, y también una lección de dolor y sufrimiento cuando sus acciones y obras no son correctas.

Es tiempo que los espíritus dejen de nuevo florecer esa Voz que no obliga, pero sí invita a seguir el sendero del perfeccionamiento espiritual como lo fue desde el principio. Es menester que los espíritus vuelvan a sentir esa Voz bienhechora que existe en cada uno de ellos, y que no es difícil. Ese sentir de bienestar que se siente cuando se hace un bien, una caridad; como cuando el libre albedrío es al servicio de otro y muchos para su beneficio. Como cuando se otorga una caricia al quien va sufriendo. Ese sentir de que se hizo lo correcto cuando se le calma el hambre al que lo padece. Esa sensación inequívoca de paz cuando nuestro ser ha sido participe en la siembra y cosecha de la luz.

La Conciencia

LA CONCIENCIA

Yo doté a vuestro espíritu de fuerza, inteligencia y voluntad. En mi Amor infinito le confié un cuerpo para que, a través de él, encontrase el medio eficaz y perfecto para desarrollarse.

Como Padre previsor, sabiendo que surgiría en el interior del hombre la lucha entre el bien y el mal, encendí en él una luz que a lo largo de la vida fuese su juez interior que valorizara cada una de sus obras, su consejera y guía que lo orientara siempre al bien. Esa Luz es la conciencia.

Ahí tenéis las tres partes que forman al hombre, sus tres naturalezas: cuerpo, espíritu y conciencia, en una unión perfecta, en la que el espíritu triunfará ante las pruebas, las pasiones y tempestades del mundo y llegará a poseer el Reino espiritual.

En la conciencia tenéis la chispa Divina que jamás se apaga, al juez a quien no se puede sobornar, al faro que nunca cambia de sitio, al guía que jamás equivoca el camino. Ante la debilidad de la materia, está la fortaleza del espíritu guiado por esa luz que es Amor, Sabiduría y Justicia.

Si os hubiese negado uno solo de esos atributos, no tendría derecho a reclamar los errores cometidos en vuestra vida; por eso debéis saber que no podría existir un ser humano, que no estuviese dotado de espíritu y conciencia.

¿Por qué no siguió el hombre desde su principio los dictados de esa voz Interior? porque no había evolucionado todavía para comprender y cumplir los mandatos que ella le inspiraba y, en esa forma, dominar las pasiones de la materia.

El que obra mal, no es que carezca de oídos para percibir esa voz: los ha cerrado para no escuchar su propio juicio. No es que no tenga ojos para contemplar el buen camino, voluntariamente se hace ciego para caminar y tomar un sendero que ha creado bajo su voluntad.

Después de mucho luchar, se doblegará la materia ante la verdad eterna. El hombre al fin alcanzará la sensibilidad espiritual que hasta ahora no ha logrado. Hacia ese punto marcháis todos sin daros cuenta, mas cuando miréis en la Tierra el triunfo del bien y la justicia, entenderéis el porqué de tantos combates y pruebas.

No os sintáis débiles, ignorantes o enfermos. No sois pequeños, puesto que lleváis la fuerza y la luz de que os doté: no sois inocentes porque a través de la conciencia os dais cuenta perfecta de lo que hacéis. Y si os sentís enfermos, es porque os habéis alejado de las principales fuentes de vida: la comunicación espiritual conmigo y el contacto con la naturaleza.

¿Quién guía, orienta y aconseja al espíritu durante su libre trayecto en el mundo, para no perderse en el camino? La conciencia.

Cuando el hombre ha descendido al abismo, hasta allí le ha seguido esa voz interior, que pronto se hará oír en el mundo con una fuerza tan grande que no la podéis imaginar.

Os alejasteis de Mí en virtud de vuestro libre albedrío, pero retornaréis inducidos por la conciencia.

Doquiera estéis, me tenéis en vosotros: todos lleváis en lo más íntimo un altar Indestructible. El tabernáculo es el espíritu y el arca la conciencia, ella es como un templo que nadie podrá profanar, en el que habito y de donde sale mi Voz. Allí está mi Ley iluminando al hombre.

No vayáis a transformar ese santuario en tribunal, porque vuestro dolor será muy grande.

Ante ese altar interior lloráis vuestras faltas y malas obras, arrepentidos por la desobediencia a mis Enseñanzas. Allí se destruirá vuestra arrogancia y dejaréis de consideraros superiores por la raza o el poder humano. Entonces vendrán las renunciaciones y la restitución, y, como fruto legítimo de las obras de amor y humildad, la paz.

El hombre nunca ha sabido penetrar en ese santuario, porque al cuidar su personalidad, procura los medios de evadir la voz sabia que le habla en todo momento. Cuando el espíritu sepa elevarse sobre su materialidad, podrá al fin detenerse ante el umbral de ese templo y postrarse, oírse a sí mismo, examinar sus obras y escuchar interiormente mi Voz que le habla como padre, como maestro y como juez.

La hora del examen de conciencia se acerca para toda la humanidad: allí estarán los sabios, los teólogos, los científicos, los poderosos de la Tierra, los ricos y los jueces, preguntándose a sí mismos cuál ha sido la obra espiritual, moral o material que han realizado. Ellos reconocerán que a pesar de la gloria que tuvieron en el mundo, les faltaba algo para llenar el vacío que había en su espíritu, el que sólo puede alimentarse con los frutos de una vida espiritual fecunda.

¿Cuáles son las facultades y atributos que permiten al hombre escuchar la voz de su conciencia? La intuición, la razón y los sentimientos.

Yo os digo: vivid de acuerdo con esa voz interior para que, llegado el instante de vuestro juicio, podáis responder de vuestros actos. De Mí no esperéis castigo. Cada quien es su propio juez. Sed por lo tanto jueces de vuestras acciones, sabiendo que la voz de la conciencia siempre os hablará con verdad. Ella os hará comprender si sois lentos para caminar, si vais de prisa o si estáis estacionados; pero por mucha comprensión que tengáis del valor de vuestras obras, en ese juicio definitivo sólo el Padre, que es el supremo Juez, podrá dar el fallo.

Meditad unos momentos cada día, juzgaos y formad un propósito de mejoraros. Servidme y estaréis en paz con vuestra conciencia.

Si aún haciendo ese diario examen no tomáis el buen sendero, seréis responsables de vuestros errores y tropiezos.

Cuando os alejáis del camino y olvidáis vuestra misión, sentís una inquietud que no os deja punto de reposo. Esa intranquilidad, nace del reclamo de vuestra conciencia, en la que están escritos indeleblemente mi Ley y vuestros cargos. Intimad con ella, es la voz amiga, dejaos conducir por ese guía interno y de cierto os digo que vendrá a vosotros una profunda paz y una satisfacción verdadera.

Los tiempos en que necesitabais de un guía espiritual en el mundo, han pasado; desde ahora, todo el que penetre en este sendero no tendrá más camino que el de mi Ley, ni más guía que su propia conciencia. Pero no por eso dejará de haber varones y mujeres de gran luz y fortaleza, que ayuden con su ejemplo e inspiración a sus hermanos.

No vengo a juzgaros por vuestros actos, sino por la intención con que los realizáis. Estoy en vuestra conciencia y más allá de ella. No vayáis nunca a cerrar vuestros oídos a esa voz, porque podría abrirse un precipicio ante vuestros pies y ya puestos en la pendiente seria difícil que os detuvieseis.

Cuando acariciáis a un niño desvalido, socorráis a un necesitado o protegéis a un indefenso, ¿no habéis escuchado interiormente una voz que os bendice y anima a continuar por esa senda? ¿De dónde proviene ella?, de la conciencia, en la que está la luz del Padre que premia al hijo cuando sabe imitarlo. ¡Dejad que esa voz os dicte siempre la forma en que debéis entregar la caridad, y si en ella va la necesidad de despojaros de algo vuestro, no os duela hacerlo! Tended la mano a quien lo necesite y sentiréis la dicha en vuestro espíritu.

Velad por vuestras obras, palabras y pensamientos; que no sea el hombre el que juzgue vuestras imperfecciones, sino el Maestro el que os corrija.

Fortaleceos en mi Palabra, para que lleguéis a mirar con verdadera caridad a vuestros hermanos y no seáis jueces del pecador, del vicioso, del fanático, porque recordaréis mis Palabras de aquel tiempo: el que se encuentre limpio de culpa, que arroje la primera piedra. Debo deciros que vuestra responsabilidad crece a medida que aumentan vuestros conocimientos, porque vais siendo cada vez más sensibles a los dictados de esa voz que es fuego de amor que consume toda impureza. No vengo a reclamaros: la conciencia será la que señale las faltas o méritos de vuestras obras. Si no queréis caer en errores en la práctica de mi Doctrina, analizad vuestros actos por medio de ese juez infalible; orad y meditad y él os hablará con verdadera sabiduría; si os reclama, buscad la mancha y borradla.

¡Cuán fácil será para los hombres entenderse, cuando penetren en meditación y escuchen la voz de su razón superior, a la que no han querido oír! Ya no tarda mucho la victoria absoluta de la conciencia.

La conciencia no quedará en la Tierra, sino vendrá con el espíritu para mostrarse ante él como un libro de sabias y profundas lecciones. Ella será semejante a una espada de luz que luchará denodadamente, impidiendo que el espíritu se turbe. Cuando él se serene y pueda juzgar su pasado, una sucesión de mirajes pasarán por su memoria espiritual y sabrá distinguir lo justo y provechoso de lo falso e impuro.

Después de analizar todos los actos de vuestra vida, ninguno se sentirá juzgado con exceso de rigor o sobra de benevolencia. Muchas de vuestras obras que en el mundo os habían parecido perfectas, dignas de ser presentadas al Señor, os resultarán pequeñas en ese juicio. ¿Quién hizo justicia entonces? ¿No fue el mismo espíritu quien formuló su juicio?

¡Cuánto anhela el Padre que todos os sintáis delante de Mí como hijos muy amados y no como reos! Siempre que dejáis la Tierra y os presentáis a darme cuenta del cumplimiento de vuestra misión, os sentís abatidos bajo los cargos que os hace la conciencia. Ya es tiempo de que lleguéis entonando un himno de triunfo, para que podáis decir a vuestro Padre: -Señor, todo está consumado.

Mi Lección está siendo escrita en vuestra conciencia: ahí está el arca que guarda mi Ley. Y cuando los tiempos pasen y estas horas de recreo espiritual que tenéis con vuestro Maestro queden distantes, la esencia de mi Palabra vibrará llena de vida en vuestro espíritu, fresca, palpitante de amor y sabiduría.

Mi Voz está llamando a las grandes multitudes, porque para muchos espíritus se está acercando el final de su peregrinaje. Ese abatimiento, ese hastío, esa tristeza que llevan en el corazón, son la prueba de que anhelan ya una morada más alta, un mundo mejor; pero es necesario que la última etapa de su vida en la Tierra, la vivan obedeciendo los dictados de la conciencia, para que la huella de sus pasos sea de bendición para las generaciones venideras.

La conciencia será por fin escuchada y obedecida; los llamados del espíritu serán atendidos; los anhelos espirituales serán tomados en cuenta y respetados, y en todas partes brillará el deseo ferviente de conocer a Dios y sentirlo, de acercarse a Él y no separarse más.

¡Cuán lejos de la realidad se encuentran en estos momentos millones de seres que sólo viven para su presente material! ¿Cómo podrán abrir sus ojos a la realidad? Solamente escuchando esa voz interior que, para ser oída, requiere de la concentración, de la meditación y la oración.

Si escucháis la voz de la conciencia como os he enseñado, vuestra comunión conmigo será eterna: no habrá nada ni nadie que aleje a los discípulos de su Maestro.

Esa voz siempre os guiará al bien, mas si escuchaseis una que os guiase hacia el mal, ésa no es la de vuestra conciencia, es la voz de vuestras pasiones que os inspira la materia.

Confesaos delante de Mí, ante quien no podéis ocultar una sola de vuestras faltas, y sentiréis a través de la conciencia mi Divina absolución. El hombre volverá a oír mi Voz que lo invita a cumplir la Ley para morar conmigo: ése es el único camino para llegar a Mí.

Las puertas del Reino se encuentran abiertas en espera de todo el que quiera penetrar en él. Bendito el que busca estar en paz consigo mismo. Bendito el que siembra la semilla de la paz en su camino.

Tened siempre presente esta enseñanza, elevad la razón a la altura de la conciencia, porque sólo ella conoce la esencia del espíritu. Si así lo hacéis, vuestra existencia en la Tierra será un perpetuo edén.

¡Mi paz sea con vosotros!

La carne y el espíritu

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El espíritu al descender y encarnar por primera vez en una carne terrenal, tuvo la necesidad al paso del tiempo de comprender su naturaleza material.
El ser humano posee tres naturalezas cuando ha encarnado: Su naturaleza divina que es su Conciencia; su naturaleza espiritual representado por su espíritu;… y su naturaleza material siendo ella, su carne terrenal.
Toda criatura terrenal posee instintos, por los cuales tiende a cubrir sus necesidades principales y básicas a la vez. El protegerse, el refugiarse, el satisfacer su necesidad de alimentarse, así como el de la procreación.
Las criaturas terrenales por el estímulo pueden asimilar un comportamiento al estar interactuando en su medio ambiente y con otros organismos. Es como así se desarrollan o evolucionan al paso del tiempo sus instintos, en la finalidad constante de satisfacer sus necesidades naturales. Todos hemos observado el cómo ante un estímulo o impulso nuestras mascotas reaccionan en determinada forma. Un estímulo repetitivo puede hacer que reaccionen en cierta manera o en un comportamiento. Por tanto, podemos entender el adiestramiento, como un estímulo repetitivo en nuestras mascotas en la búsqueda de que reaccionen en una forma determinada, o que vayan asimilando un comportamiento deseado.
No es de extrañarse que ante un estímulo las criaturas en su medio ambiente natural e interacción con otras, hayan aprendido o mejor dicho, asimilado una reacción determinada que les ayudase a satisfacer un instinto natural.
Nuestra carne humana lo es por el espíritu, sin él sería como otras de las tantas criaturas terrenales que existen en su gran diversidad en la madre Naturaleza. Esa carne no tendría un ideal ni un fin elevado en su existencia, se ocuparía tan sólo en cumplir la Ley natural, en satisfacer sus instintos.
¿Qué nos hace diferentes a las demás criaturas terrenales? La Conciencia y el espíritu. Y también muy importante, la consciencia. El espíritu encarnado tiene una luz sabia que le guía en el sendero de su perfeccionamiento espiritual. Esa luz no tiende a la evolución, pues pertenece a la presencia de lo divino en nuestro propio ser; es como una voz que se hace sentir en nuestro espíritu cuando yerra, pero también cuando está en el acierto.
Todas las demás criaturas están desprovistas del espíritu, no así el ser humano, conformado por innumerables atributos como lo son potencias, virtudes, dones, facultades espirituales. Y por último, la consciencia, ese atributo espiritual que al paso del tiempo sí se desarrolla y evoluciona, en ella se encuentra la potencia del pensamiento, y por él, la facultad del razonar. Por la razón reflexionamos, indagamos, cuestionamos, entendemos, deducimos.

Nuestra consciencia se acrecienta cada vez cuando el espíritu se conoce más y más. Se acrecienta con la experiencia de vida del espíritu. Allí se encuentran todo el cúmulo de experiencias de existencias pasadas. Todo cuanto ha comprendido de la vida, de cada morada que ha habitado. De ese aprendizaje que le ha dejado el maestro dolor y el haber obrado en el bien.
Cuando el espíritu se ha dejado dominar por los instintos de su carne, ha dejado de ser, el ser superior para colocarse en el papel de la criatura inferior. Y de las veces, él es el que ha corrompido o hasta pervertido los instintos de su carne. Ya no es el ser espiritual que evoluciona en un sentido elevado, sino bajo y pasional, obedeciendo a los caprichos de su carne. Pero ese capricho no procede o nació de su carne, sino de su propio espíritu que al tiempo hizo de un instinto una perversión, una corrupción.
Es así como el espíritu se mancha, se encuentra en decadencia y contamina por su paso a otros. Pero el hombre, ese ser terrenal conformado por sus tres naturalezas, no está destinado por siempre ser o estar en aquella condición. El dolor, el sufrimiento tiende a despertarle, a hacerle reflexionar su obrar y hacer. Entonces su consciencia le habla por su experiencia acumulada, y la Conciencia como un juez dadivoso le invita a retornar en el camino del bien, del amor y la virtud.
Con carne o sin ella somos y seguiremos siendo el ser con los atributos de la Conciencia y la consciencia,… en una la invitación sabia y perpetua, de una luz que no equivoca al espíritu. En la otra, el cúmulo de experiencia de nuestra eternidad. De cierto en algún momento tendremos un grado de perfeccionamiento espiritual al espiritualizar nuestro ser. De atender las necesidades de nuestro espíritu y carne sin que sea un reflejo de fanatismo, de cadena, sujeción. Sino de armonía entre esas dos naturalezas llegando a comprender, que uno y otra tienen necesidades, las cuales hay que satisfacer a la luz de la Conciencia.

Las moradas y la luz de la Conciencia

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Hay moradas donde también están los hijos de Dios, y no es tanto de ellas su importancia, sino de quienes la habitan. Hay moradas donde nunca necesitaron un Salvador según lo explica Su enseñanza, porque desde un principio amaron la luz que procede de la Conciencia. Por esa luz evolucionaron, desarrollaron sus dones y virtudes, y tienen una gran delantera a comparación de otros hermanos suyos en la Creación.
Aquí en esta morada lamentablemente fue necesario un Salvador, Jesús el Cristo. El Verbo del Cristo es en todas las moradas, mas aquí tuvo que encarnarse para que Él fuese escuchado y visto en lo humano. Él conocía lo que sucedería después, que el espíritu de la humanidad por haber preferido la tiniebla en lugar de la luz, tendría que pasar por el cáliz de la crucifixión.
Cristo dejó las 99 ovejas en Su reino para rescatar a la 100, que está representada por cada uno de nosotros. Descendió a los muertos del espíritu, para resucitarles con Su doctrina de amor a la vida de la gracia. Hoy aún no están salvos, le ha sido necesario al espíritu el purificarse por el maestro dolor, porque por tercera vez rechazaron al Cristo, al Maestro amor.
El Cristo conoce el cáliz de amargura por la que ahora pasan los espíritus. Conoce que el maestro dolor les despertará, les hará reflexionar hacia la luz que otros amaron desde su principio, la luz de la Conciencia.

La atenuación de la purificación por el arrepentimiento

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¿Es posible atenuar el cáliz de amargura por la purificación de las faltas cometidas?
Esta morada es de espíritus faltos de luz, donde la purificación espiritual está presente en cada uno de nosotros. Cada hermano que vemos y se cruza en nuestro camino, ha llevado ya un largo ir y venir en el trayecto de su existencia. No es la primera vez que estamos en este mundo, ya otras veces hemos sido y obrado acertada o equivocadamente en la vida.
Nuestro espíritu lleva en sí la luz de la Conciencia, como un juez le hace sentir su mal proceder. Nadie ha estado exento de esa luz, como voz sabia le ha acompañado desde que surgió del Seno divino. Nuestro espíritu tendría por justificarse de su mal proceder si algo le hubiese faltado desde su nacimiento; mas es semejante a Quién le creó y posee cada atributo de su Espíritu Divino. Nuestro Padre en Su omnisapiencia en los tiempos, ya conocía los senderos por donde habían de caer Sus hijos, por lo tanto en la Conciencia del espíritu marcó con sello indeleble toda falta, cada error, toda equivocación.
El Padre ha develado en este tiempo, que el espíritu se hizo sordo a la voz sabia que lleva en sí. Que siendo la luz que le permitía reconocer el mal por un sentir, se hizo insensible e indiferente.
Por esa insensibilidad el Padre ha tenido de nuevo que recordarle el camino al espíritu. No una sino tres veces ha descendido a quienes les pertenece en esta morada. Recordad que ha dicho, que hay mundos en donde sus moradores no han precisado de un Salvador, que han evolucionado y se han ido perfeccionando dando prioridad a la luz de la Conciencia.
No hay justo alguno en este mundo, eso debemos reconocerlo y aceptarlo. Reconocer que del sendero de luz nos hemos alejado, unos más otros menos; aceptar que nos es necesario obrar en la luz que existe indeleblemente en el espíritu por la Conciencia. En ella está la invitación mas no obligación,… de obrar con justicia, amor, bien y virtud.
Todo espíritu puede adelantar en el camino de su evolución espiritual. Todo espíritu puede ir saldando sus deudas espirituales,… la luz la lleva en sí. Nadie se le ha negado esa luz; a ninguno se le ha despojado de esa voz donde existe como sabiduría el cómo andar en el camino.
No es el dolor el que perfecciona, porque si todavía se presenta en los hijos de Dios, es prueba de lo alejados que están de la verdadera vida. Mas el dolor y la purificación pueden aminorarse, pueden acortarse ante el arrepentimiento sincero. Ese arrepentimiento no es de palabra, nace desde lo más profundo del espíritu, donde ya por convicción ha resuelto obrar en el camino de su existencia conforme a la invitación que le hace su Conciencia. Un arrepentimiento genuino donde ha decidido obrar ya con virtud, luz y bien ante su semejante y por sí mismo.
Parece que un arrepentimiento así todavía no es posible por la mayoría. Mas el Padre no pide aún perfección en las obras de los espíritus, sino una sentida convicción de que es posible obrar así cada día.
Ese arrepentimiento sincero, ese obrar a la luz de la Conciencia hará el milagro, que cada espíritu le llegue el instante de que su existencia sea un Edén, un perpetuo paraíso en el Reino de los Cielos que él mismo edificó en su propio ser.

Conciencia y consciencia

Libro de la Vida Verdadera - Conciencia
El espíritu nació de un pensamiento de amor divino. Sencillo, puro con un todo de los atributos divinos de Quién le daría vida y eternidad. Dos potencias que le hacen semejante en perpetuidad a su Dios. ¿Estaría sólo el espíritu en su largo y eterno peregrinar? No, a cada espíritu le dotó de otra potencia, la Conciencia. En ella el espíritu encontraría la sabia respuesta, la luz que no se empaña, el juez inexorable ante la mancha del espíritu. Siendo el Padre omnipotente, omniabarcante, omnisapiente, en la luz de la Conciencia dejaría Su presencia, Su potencia, Su sapiencia. Esa luz siendo la presencia del Eterno en el espíritu no le era necesario evolucionar. Pues la sapiencia del Creador no evoluciona, todo lo conoce, todo lo sabe. El Padre conocía ya a cada hijo Suyo desde antes de nacer, le sentía,… más también conocía que en el camino de evolución muchos tropezarían con la falta y el error. Esa voz inmutable a cada paso del espíritu le diría el cómo ir en el sendero de su evolución: en la sabiduría del amor,… otra potencia con el cual fue dotado cada espíritu;… pues como lo dice el Padre, ni si acaso al espíritu le era necesario aprender amar, sino sólo sentirlo y manifestarlo. Esa luz como voz le haría percibir a través de un sentir al espíritu, cuando su caminar no fuera el adecuado para él. Así el espíritu detendría su caminar equivocado, y también esa voz a través de un sentir le haría percibir al espíritu la forma de corregir el yerro, por medio del arrepentimiento y la enmienda.
La voz divina de la Conciencia, la presencia del Padre en cada hijo Suyo no evoluciona. Ya que si le fuera necesario la evolución no sería la luz que conoce el error, el pecado, la falta en sí, desde mucho antes de nacer cada hijo Suyo. Si le fuese necesario la evolución, no sería la voz sabia de Dios aconsejando al espíritu en el trayecto de su eternidad; sería como decir que al Padre le era necesario también conocer el error y la falta. Si fuese así, no tendríamos un Padre perfecto, sino alguien que le fue necesario también el desarrollo a través de la evolución espiritual.
No así la consciencia que es parte también del espíritu, pues ninguna otra criatura la posee. Esa consciencia sí precisa de evolución, de desarrollo, de aprendizaje. La consciencia en la eternidad de cada espíritu se va acrecentando. A través de ella el espíritu cada vez mejor se reconoce como un ser espiritual, dotado de todo lo necesario en su transitar hasta alcanzar su perfeccionamiento espiritual. Esa consciencia le hace crecer en su pensamiento, potencia espiritual que también precisa de evolución y desarrollo. El espíritu consciente va acrecentando su saber a través de la experiencia. Esa experiencia adquirida le hace reconocer qué es lo que le da dicha verdadera a su espíritu; por esa consciencia aprende apartarse del yerro y la equivocación.
Cuando el espíritu consciente de sí mismo práctica la luz de su Conciencia, ese espíritu ya no sólo es consciente sino también conciente.Su pensamiento, su razón, su experiencia, el reconocerse él mismo como un ser superior,… todo ello ejercido con la voz sabia de la luz que le acompañó desde su nacimiento, hará que cada hijo de Dios un ser muy superior sobre la Creación. Porque todos los atributos divinos con que fue dotado sabrá respetarlos y no sólo eso, sino llevarlos a un buen cauce, tal como la voz del Padre le encomendó así hacerlo.
Cada espíritu está destinado a ser Conciente y consciente. Su libertad santa para actuar y hacer, hará de cada espíritu un ser semejante a quienes han alcanzado las grandes alturas del Reino de Dios. Pues muchos conocieron en su transitar el yerro, la falta, no escucharon la voz paternal que por medio de la Conciencia el Padre les invitaba a retornar al camino verdadero. Su pensamiento y razón se ofuscaron, sus sentimientos también. ¿Acaso sería siempre así? No, la consciencia del espíritu iría madurando. Así muchos han despertado y en ese despertar se han vuelto responsables, sensatos, lúcidos de gracia para no errar más. Es por ello, que llegará el momento en que cada espíritu sea Conciente obrando sabiamente a la luz de su Conciencia, pero también consciente,… un ser responsable de sus obras y hechos por la experiencia adquirida desde su nacimiento del Seno del Padre, ocupando sus atributos divinos con que fue dotado sólo para el bien suyo, de los demás, del todo.

EL LIBRO DE LA VIDA VERDADERA

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Ley y Conciencia

Libro Cuarto

Capítulo 7

Ley y Conciencia:

Bendigo a Yahvéh que me aconseja; aun de noche mi Conciencia me instruye. Salmos 16:7

Digo la verdad en Cristo, no miento, mi Conciencia me lo atestigua en el Espíritu Santo. Romanos 9:1

Aunque a mí lo que menos me importa es ser juzgado por vosotros o por un tribunal humano. ¡Ni siquiera me juzgo a mí mismo! Cierto que mi Conciencia nada me reprocha; mas no por eso quedo justificado. Mi juez es el Señor. 1 Corintios 4:3-4

No me refiero a tu Conciencia, sino a la del otro; pues ¿cómo va a ser juzgada la libertad de mi Conciencia por una Conciencia ajena? Si yo tomo algo dando gracias, ¿por qué voy a ser reprendido por aquello mismo que tomo dando gracias? 1 Corintios 10:29-30

Vosotros que me estáis oyendo, me preguntáis: “Maestro, ¿cómo puedo saber lo que es bueno y lo que es malo?” A lo cual os respondo: Yo soy la Justicia divina y como justicia me manifiesto en cada uno de vosotros por medio de la Conciencia que es Luz de mi Espíritu Divino. Esa es la voz de Dios dentro del hombre, y como en el hombre existen facultades que lo capacitan para interpretar y entender esa voz, sus llamadas y sus juicios, no podrá justificar que no conoce el camino del bien, que es la Ley del amor y la justicia. ¿Cuáles son esas facultades o atributos que permiten al hombre escuchar la voz de su propio guía y juez? La intuición, la razón, los sentimientos. 8-233-8 Leer Más