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De la ciencia humana

De la ciencia humana

La humanidad de este tiempo ha dado tanta importancia a su ciencia material, que ha llegado a desconocer su vida espiritual.

Ved a los hombres cómo han extendido sus dominios, señorean y cruzan la Tierra, y todos los caminos; ya no hay continentes, tierras, ni mares ignorados, y no conformes con lo que en su planeta poseen como heredad, sondean y escrutan el firmamento en busca de mayores dominios.

Mirad este mundo soberbio, retador y orgulloso de todas las obras de los hombres con las que asombran a las generaciones de este siglo; en su mayoría no creen ni aman la vida espiritual, por lo tanto, no oran ni practican la Ley de Dios. Sin embargo, están satisfechos y orgullosos de poder mostrar un mundo portentoso, de maravillas creadas con el poder de su ciencia.

Pues este mundo maravilloso de los hombres, logrado a través de siglos de ciencia, de luchas, de guerras y lágrimas, por sus propias manos van a destruirlo, porque ya se acerca el instante en que la humanidad se dé cuenta de la inconsistencia y fragilidad de sus obras, a las que ha faltado el amor, la justicia y el verdadero anhelo de perfeccionamiento.

Ya pronto sabréis que nada sois sin Dios, que la fuerza, la vida y la inteligencia sólo de Mí la podéis tomar para hacer una existencia justa y armoniosa.

Os habéis familiarizado en tal forma con la maldad, que aún a los hombres que inventan esas nuevas armas de muerte, les llamáis grandes, porque en un instante pueden destruir millones de seres. Y aun les llamáis sabios. ¿En dónde está vuestra razón, humanidad?

Grande sólo se puede ser por el espíritu y sabio sólo el que va por el camino de la verdad.

Si los hombres sintiesen el verdadero amor para sus hermanos, no deberían de sufrir el caos en que se encuentran, todo en ellos sería armonía y paz; pero ese divino amor no lo entienden y sólo quieren la verdad que llega al cerebro, no la que llega al corazón, y ahí tienen el resultado de su materialismo: una humanidad egoísta, falsa y llena de amargura.

Tras la ciencia han marchado los hombres, y muchas son las maravillas que han descubierto, pero aquélla que da la paz, la salud y la dicha verdadera, ésa no la han podido encontrar, porque está más allá de todo conocimiento humano, precisamente donde el hombre no ha querido llegar. Esa ciencia divina la enseñó Jesús cuando os dijo: Amaos los unos a los otros.

Entonces podréis comprender que la sabiduría del espíritu es superior a la ciencia de la mente, porque la inteligencia humana sólo descubre lo que su espíritu le revela.

Si la ciencia humana os da muestras de su desarrollo, reconoced que ello revela también evolución espiritual.

En todos los tiempos los hombres de ciencia han desmentido y combatido mis revelaciones y manifestaciones espirituales. Mas Yo no los combato, porque Yo soy la Ciencia. Soy quien la inspira al hombre para el bien y recreo de él mismo. En verdad os digo, que quien toma la ciencia para causar males, ése no ha sido inspirado por Mí.

Si censuro la obra de los científicos y reclamo a la ciencia cuando ésta es aplicada insanamente, eso se debe a que esa fuente de vida, esas revelaciones que les he hecho, algunos no las han utilizado para el bien y el adelanto de la humanidad, sino que las han puesto al servicio de la destrucción. Mas todos aquellos que hayan cumplido su misión, que hayan penetrado con humildad, elevación y respeto para descubrir lo que haya sido mi voluntad revelarles, en ellos me he derramado, me he complacido y mirad cuántas obras benéficas han hecho.

Si hay quienes se levantan como enemigos míos, no les contemplo como tales. A los mismos que se tienen por sabios y niegan mi existencia, les miro con piedad. A quienes tratan de destruirme en el corazón de la humanidad, les juzgo ignorantes ya que creen tener el poder o las armas para destruir a quien es el Autor de la Vida.

Aquellos que se dicen sabios, porque han acumulado algunos conocimientos, ignoran que el verdadero sabio no es aquel que se desvela tratando de descubrir la mejor forma de destruir, de dominar, o de aniquilar, sino aquel que se eleva para poder crear y armonizar la vida de los seres, inspirándose en el amor al Dios de todo lo creado y en el amor a todas las criaturas.

Los hombres desafían mi poder y mi justicia, al profanar con su ciencia el templo de la Naturaleza en la que todo es armonía.

La ciencia humana tiene su límite y Dios Creador no lo tiene. La ciencia es luz, pero en manos de muchos hombres se convierte en tinieblas, las cuales quiero que conviertan en luz. Yo les haré triunfar sobre su materialismo para hacerlos poseedor de los bienes espirituales, les haré penetrar en ese arcano de sabiduría que es mi Espíritu, para que en él, calmen su sed de conocimientos y puedan poseer la ciencia de la vida verdadera.

Yo bendigo en mis hijos el anhelo de saber y me es infinitamente grata su ambición de ser sabios, grandes y fuertes; mas lo que no aprueba mi divina justicia, es la vanidad en que muchas veces fincan sus ambiciones, o la finalidad egoísta que en ocasiones persiguen.

Os quiero grandes de entendimiento, sabios en las enseñanzas que os he heredado; pero teniendo siempre por guía a la conciencia en todos vuestros pasos en la vida.

Quiero que lleguéis a unir los frutos de la ciencia con los frutos de amor del espíritu. Yo bendigo la ciencia que los hombres han desarrollado en beneficio de la humanidad. Bendigo la ciencia del hombre, que ha sanado y rescatado de la muerte al que estaba al borde del sepulcro.

¿Soy entonces el enemigo de la ciencia? ¿Soy un obstáculo para el progreso y evolución de mis hijos? Quien así lo cree, es que no sabe interpretar mi palabra, no ha comprendido en su verdad al Padre, porque todo don o facultad que haya en el espíritu del hombre, debe tener desarrollo, porque la evolución es Ley Universal. Todo tiene que perfeccionarse.

La ciencia verdadera, la ciencia del bien, está en Mí y Yo soy quien la inspira a los que me han ofrecido su mente como un depósito para mis revelaciones. Son aquellos hombres que con sacrificio de sí mismos han consagrado su existencia en pos de un descubrimiento, de una revelación que beneficie a la humanidad. Esos hombres sí han abierto caminos de luz, sí han llevado a sus hermanos un mensaje de paz, de salud, de consuelo. Unos han realizado obras completas, otros han sido precursores; pero unos y otros os han enseñado con obras que reflejan amor y elevación del espíritu.

Ciencia y religión

Ciencia y Religión

Desde el principio de los tiempos, los emisarios de la Ley y la Doctrina del espíritu, han encontrado como adversario al hombre de ciencia. Y entre unos y otros se han entablado grandes luchas; y ha llegado el tiempo en que os diga algo sobre estas controversias.

He aquí, que trayendo unos la misión de dar luz a los espíritus, y otros de dar a conocer la ciencia, se han levantado unos en contra de otros a través de los tiempos, sin pensar que no son misiones opuestas, sino que ambas se complementan.

Los hombres de ciencia, llenos de vanidad, han llegado a considerar a las revelaciones divinas como indignas de su atención. No quieren elevarse espiritualmente hasta Dios y cuando no alcanzan a comprender algo de lo que les rodea, lo niegan para no tener que confesar su incapacidad y su ignorancia. Muchos de ellos no quieren creer más que en lo que llegan a comprobar.

No penséis que el cielo sólo ha enviado a quienes os han hablado de espíritu, de amor, de moral; no, también ha enviado a los que os han ofrecido buenos frutos de la ciencia, aquellos conocimientos que hacen luz en la vida de los hombres, que aligeran sus cargas y alivian sus penas. Todos ellos han sido enviados míos.

Mas trayendo unos misiones espirituales y otros misiones científicas, se han levantado en pugna unos contra otros en todos los tiempos, siempre como enemigos, las religiones y la ciencia.

Nuevamente esas dos fuerzas habrán de enfrentarse, hasta que de esa lucha surja la verdad. La lucha será enconada porque a medida que los tiempos pasan, los hombres aman más lo terrenal, en virtud de que su ciencia y sus descubrimientos los hacen sentirse en un reino propio, en un mundo creado por ellos.

¡Cuántos anatemas ha lanzado la religión a la ciencia y cuántas veces ha negado la ciencia a la religión la existencia de la vida espiritual! La religión, fundándose en los males, que la ciencia ha acarreado a la humanidad y la ciencia tomando como arma el fanatismo y las supersticiones que los ministros de las religiones han inculcado a la humanidad. De cierto os digo que a los unos les falta conocer la verdad que la naturaleza encierra y a los otros interpretar debidamente mi Ley.

¡Ay de los que han tomado mi nombre para gobernar espiritualmente a la humanidad si con ello la han estacionado o confundido, porque verán partir de entre sus filas a millares de hombres en busca de la verdad! ¡Ay de los hombres de ciencia, que en vez de hacer liviana la vida, la han hecho más penosa a los hombres, porque entonces verán a los pobres y a los ignorantes realizar prodigios que ellos no serían capaces de hacer con toda su ciencia!

Mas, ¿dónde se hallará la sabiduría? ¿Dónde está el lugar de la inteligencia? (Job 28:12)

En verdad os digo, que la ciencia que los hombres han desarrollado en beneficio de la humanidad, Yo la bendigo. Si la ciencia humana os da muestras de su desarrollo, reconoced que ello revela también evolución espiritual. No vengo a desconocer el saber y la ciencia que los hombres han alcanzado; por el contrario, vengo a iluminar su talento, para que sus obras tengan un fin noble y elevado, porque entonces sí alcanzarán la verdadera grandeza, ya que la ciencia es saber, conocimiento y luz.

Yo no os prohíbo que toméis la ciencia ni la condeno. Sólo he querido que los hombres comprendan a través de mi Doctrina, que hay una ciencia mayor que la que ellos conocen y la cual pueden alcanzar por medio del amor, que es la esencia de todas mis enseñanzas.

Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. (I Corintios 13:2)

¿Soy acaso el enemigo de la ciencia? ¿Soy un obstáculo para el progreso y evolución de mis hijos? Quien así lo creyese, es que no ha sabido interpretar mi palabra, no ha comprendido en su verdad al Padre, porque todo don o facultad que haya en el hombre, debe tener desarrollo, porque la evolución es Ley Universal. Todo tiene que perfeccionarse en mi creación.

Yo bendigo la ciencia del hombre, que ha sanado y rescatado de la muerte al que estaba al borde del sepulcro. Ni antes ni ahora he condenado vuestra ciencia, porque es un camino por el cual el hombre también encuentra mi verdad; quien me busca en todo conocimiento, me encuentra y siente mi presencia y descubre mis leyes. Lo que repruebo es el mal empleo que se haga de lo que sólo fue creado para buenos fines.

Yo bendigo en mis hijos el anhelo de saber y me es infinitamente grata su ambición de ser sabios, grandes y fuertes; mas lo que no aprueba mi justicia, es la vanidad en que muchas veces fincan sus ambiciones o la finalidad egoísta que en ocasiones persiguen. sólo quieren la verdad que llega al cerebro no la que llega al corazón, y ahí tienen el resultado de su materialismo: una humanidad egoísta, falsa y llena se amargura.

Si habéis empleado algunas de vuestras ciencias para analizarme y juzgarme, ¿No os parece más razonable que deberíais usarlas para analizaros a vosotros mismos, hasta conocer vuestra esencia y destruir vuestro materialismo? ¿Por ventura creéis que vuestro Padre no pueda ayudaros por el camino de vuestras buenas ciencias? En verdad os digo, que si supieseis sentir la esencia del amor divino, el saber llegaría fácilmente a vuestro entendimiento sin que tuvieseis que cansar vuestro cerebro, ni agotaros con el estudio de los conocimientos que creéis profundos y que verdaderamente están a vuestro alcance.

Saber, es sentir mi presencia; saber, es dejarse conducir por mi luz y hacer mi voluntad; saber, es comprender la Ley; saber, es amar.

* Sabréis entonces que el saber, cuando no va acompañado de un fin elevado, cuando no está inspirado por la conciencia que es la que aconseja siempre lo mejor, no es verdadera sabiduría sino saber a medias, porque carece de lo esencial, que es ese fin elevado”

¿Dónde están los verdaderos sabios? Necios y torpes han sido también, porque se han llenado de soberbia y superioridad creyendo haber penetrado en el conocimiento de la Creación, cuando en realidad sólo superficialmente la conocen.

¡Cuán pequeños sois, cuando creyéndoos todo poderosos y grandes os resistís a confesar que sobre el límite de vuestro poder y vuestra ciencia está el del que en verdad todo lo sabe y todo lo puede! Entonces, os concretáis a ser materia y sólo materia y parecéis seres insignificantes, porque quedáis sujetos tan sólo a la ley natural que rige a los seres mortales y fugaces, que nacen, crecen y mueren, sin dejar huella de su paso.

¡Oh, profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! (Romanos 11:33)

Avanzan los pueblos creciendo cada vez más en conocimientos científicos, mas Yo os pregunto: ¿Qué sabiduría es esa, que mientras más penetran en ella los hombres, más se alejan de la verdad espiritual, en donde existe la fuente y el origen de la vida?

¿Podría el hombre con toda su ciencia crear algo de lo que Yo he formado? En verdad os digo, que los hombres del poder no todo lo pueden, ni los sabios todo lo saben, ni los teólogos me conocen en verdad.

Os habla el Padre, aquél que no tiene ante quien inclinarse a orar; mas en verdad os digo, que si sobre Mí existiese alguien más grande, ante él me inclinaría, porque en mi Espíritu habita la humildad.

Qué sorpresa siente el espíritu del científico cuando abandona este mundo y llega a presentarse ante la verdad divina. ¡Ahí inclina avergonzado su faz, rogando que su orgullo le sea perdonado! Creía saberlo y poderlo todo, negaba que existiese algo que estuviese más allá de su conocimiento o de su comprensión; pero al hallarse frente al Libro de la Vida, ante la obra infinita del Creador, tiene que reconocer su pequeñez y que revestirse de humildad ante quien es sabiduría absoluta.

¿Por qué no hojear desde aquí ese libro, cuando está permitido y ordenado por Mí? ¿Por qué no prepararse con espiritualidad para llegar hasta él y aprender en sus páginas la lección que ilumina o la revelación que esclarece los misterios?

Que no teman venir a Mí porque sean fríos de corazón o severos para juzgar. Yo tendré una frase de amor para cada quien, una palabra que será como rayo que ilumine aquellos corazones desilusionados por la ausencia de amor. No importa que no crean en Mí, ni me amen, eso no es motivo para que Yo los excluya de mi mesa.

Sé que muchos, en su orgullo, se resistirán a venir a aprender, considerando que todo lo saben; pero bastará que escuchen uno de mis mensajes y Yo le probaré que aún tiene corazón, que no han muerto para el verdadero amor, que delante de Mí sigue siendo mis pequeños y que aún saben llorar.

El hombre no ha descubierto aún la verdadera ciencia, aquella que se logra por el camino del amor. El supremo conocimiento no está reservado a los hombres de mente desarrollada, sino a los hombres de espíritu elevado.

El espíritu y la ciencia

EL ESPÍRITU Y LA CIENCIA

Se acerca el tiempo en que las revelaciones espirituales, descubran al hombre la senda luminosa que lo lleve a conocer los misterios de la Creación. La luz de mi Espíritu le revelará la forma de adquirir la verdadera ciencia, que le permitirá ser reconocido y obedecido por las criaturas que le rodean y por los elementos naturales. Así se cumplirá mi Voluntad de que el hombre llegue a enseñorearse de la Tierra, cuando su espíritu, iluminado por la conciencia, haya impuesto su potestad y su luz sobre las flaquezas de la materia.

Cuando el mundo atraviesa por una Era de desorientación y no comprende los misterios que entraña la vida espiritual, viene la claridad de mi Palabra a iluminarle. Los científicos consagran todo su tiempo y su fuerza mental, para descubrir en la Naturaleza la respuesta a muchas interrogaciones y dudas que la vida les presenta, y ella responde a ese llamado, para dar testimonio de su Creador, que es fuente inagotable de sabiduría y amor.

Mas no confiéis sólo en los conocimientos humanos, porque la luz de la mente es limitada para conducir al espíritu a la presencia de Dios. Bien están los estudios útiles de la ciencia, la dedicación con que habéis penetrado en ella, mas cuando lo hagáis con amor y respeto, para llevar un buen fruto a los labios de vuestros hermanos, vosotros mismos saborearéis su dulzura: Unid los frutos de la ciencia con los del espíritu.

El amor os dará la inspiración para dignificar y superar vuestra ciencia, cuando comprendáis que esos conocimientos son tan solo un destello de mi Sabiduría.

De cierto os digo que después de esta Era de ciencia materializada y egoísta, vendrá un tiempo en que los científicos sabrán penetrar en los arcanos de la naturaleza, preparados espiritualmente con la oración, revestidos de humildad y respeto, inspirados en ideas y propósitos nobles, elevados, humanos.

A grandes pasos se acerca la humanidad hacia el fin de este mundo creado por la ciencia del hombre, de este mundo falso y superficial, y será el hombre quien por su propia mano destruya la obra que su orgullo y su codicia construyeron. Luego vendrá el silencio, la meditación y con ello, la regeneración y los propósitos e ideales elevados. Ante los hombres, se abrirá una nueva Era y en ella penetrará la humanidad purificada en el dolor y acrisolada por la experiencia. Un nuevo mundo se presentará ante ellos, un mundo guiado por el espíritu, iluminado por la conciencia, encauzado por mi Ley.

Existen muchas formas de hacer el bien, de consolar y servir, y todas son expresiones del amor, que es sabiduría del espíritu. Unos podrán ir por el camino de la ciencia, otros por el del espíritu, algunos por el del sentimiento, y el conjunto de todos formará la armonía espiritual: Yo hablo a vuestra conciencia, a vuestro espíritu y a vuestra razón.

Contemplo un mundo transformado por la ciencia humana, ésta es su Era, el tiempo de su reinado. ¡Una nueva Babel ha sido levantada, una nueva torre de soberbia y vanidad; desde su altura desafían los hombres mi Poder y humillan a los débiles! Ese no es el camino para llegar a Mí, no porque Yo desconozca la ciencia, ya que ella es sabiduría que he puesto en la mente humana, sino por el mal uso que de ella se ha hecho.

Os confié la ciencia como un árbol al que deberíais cultivar con amor, respeto y celo, para que de él brotasen frutos de buen sabor. ¿Creéis haber cultivado bien ese árbol? No, porque sus frutos han sido de destrucción y de dolor, y en lugar de dar vida han sembrado la muerte.

¡Qué equivocada está la ciencia humana! Mas a pesar de ello, Yo la bendigo, cuando está encauzada para beneficio de la humanidad.

Ahora vengo a hablaros del espíritu, de una vida superior, que está más allá de todo lo que es materia. Este es el tiempo en que se hablará mucho de espíritu y ciencia. La ciencia no es sólo privilegio de los que se preparan materialmente para estudiarla, porque es luz que brota del espíritu y está en todos mis hijos. Por eso no penséis que mi Palabra tiene por sistema juzgar mal vuestras obras o condenar lo que haya logrado vuestra ciencia. No, discípulos, no soy Yo quien os dice que estáis a un paso del abismo, son los hechos, los resultados de vuestra falta de espiritualidad.

Si los hombres de ciencia que mueven y transforman el mundo, estuviesen inspirados en el bien, ya habrían descubierto todo cuanto les tengo reservado y no esa mínima parte con la que tanto se han envanecido.

Salomón fue llamado sabio, porque sus juicios, consejos y sentencias, estaban revestidos de sabiduría. Mas ese varón siendo rey, se postraba humildemente a su Señor pidiendo sabiduría, poder y protección, reconociendo que sólo era mi siervo y ante Mí depositaba su cetro y su corona. Si así hiciesen los sabios, los científicos, los gobernantes, ¡cuán grande sería su sabiduría!, ¡cuántas enseñanzas aún desconocidas, les revelaría mi Arcano!

Ya veis cómo vosotros, humildes materialmente, habéis recibido muchas lecciones que no os han revelado los sabios ni los científicos.

Ahora bien, ¿a qué llaman los hombres sobrenatural, si todo en Mí y en mi creación es natural? ¿No serán más bien las obras imperfectas de los hombres las sobrenaturales, ya que lo natural sería que siempre obrasen bien, procediendo de quien vienen y poseyendo los atributos que en sí llevan? Llamáis sobrenatural a todo lo que desconocéis o miráis envuelto en misterio, pero cuando vuestro espíritu conquiste con méritos su elevación, encontrará que todo en la Creación es natural. En mi Obra perfecta, es el pecado el antinatural. Si unos siglos atrás se hubieran anunciado a la humanidad los adelantos y descubrimientos que en estos tiempos ha logrado el hombre, hasta los científicos habrían dudado y hubieran considerado como sobrenaturales tales maravillas. Ahora que habéis evolucionado, aunque os maravilláis, los contempláis como obras naturales.

Espiritualistas y materialistas han existido siempre en la humanidad, así como también la lucha de ideas entre unos y otros, pugnando cada uno por demostrar que posee la verdad. Mi Presencia espiritual en este tiempo ha venido a contestar todas vuestras interrogaciones y a probaros que ni los que han luchado por la espiritualidad ni los que proclaman como única verdad el conocimiento material, tienen razón; los primeros han pecado de fanáticos y los segundos de necios. No se han dado cuenta de que unos y otros llevan una parte de esa verdad, que no han sabido armonizar, conciliar y unir con amor.

Cuando mi Palabra llegue a todos mis hijos, en los hombres de ciencia será como un rayo de luz que ilumine su mente. Y cuando descubran la alianza que existe entre Dios y el hombre, habrán dado un paso de adelanto que será en beneficio de las nuevas generaciones, porque todo marchará en perfecta armonía. Hombres y acontecimientos evolucionan hacia la perfección, sin detener su marcha. Escuchando mi Enseñanza podréis comprender y hasta presentir, el caos de ideas que se aproxima.

Cuando ya no sea la mente la que lleve al espíritu a observar o a profundizar en la ciencia, sino el espíritu el que eleve y guíe a la mente, el hombre descubrirá lo que ahora le parece inescrutable y que, sin embargo, está destinado a conocer, al espiritualizar su inteligencia. Entonces veréis que en el conocimiento de la vida, en la experiencia acumulada, está la verdadera ciencia, en la que está la luz eterna del espíritu.

El hombre ha desarrollado su ciencia y siente que ha llegado a un límite, mas no es que el conocimiento pueda tener límites, es que me he interpuesto en el camino del científico, para hacerlo meditar sobre su obra, hacerle oír la voz de su conciencia y esperar su rectificación.

Cuando el hombre aplique su ciencia al bien de sus hermanos, la naturaleza desbordará sobre él sus secretos y como sierva quedará a sus pies; la Fuente de la Vida, le revelará grandes misterios, para que edifique un mundo fuerte en la ciencia del bien, en la justicia y en el amor.

Al hombre le fue revelado el principio de ciencias, cuyo don todos poseéis. Esta Doctrina es una ciencia superior que os enseña a perfeccionar al espíritu; no tiene límites, es Universal, en ella encontraréis el verdadero conocimiento de la vida espiritual y de la vida material. Hoy os digo que materia y espíritu no son fuerzas opuestas, entre ambas debe existir armonía.

Yo he enviado grandes espíritus a la Tierra para que os revelen la vida espiritual, aquélla que se encuentra sobre la naturaleza, más allá de vuestra ciencia. Y por medio de esas revelaciones, ha sido presentida la existencia de un Ser universal, creador, omnipotente y omnipresente, quien reserva una existencia al hombre después de su muerte corpórea: la vida eterna del espíritu.

La ciencia es luz, vida, salud y paz, ¿es esto el fruto de vuestra ciencia? No, humanidad, por eso os digo que mientras no dejéis que la luz de la conciencia detenga la reaciedad de vuestro entendimiento, vuestras obras no podrán tener un principio elevado, espiritual; nunca pasarán de ser obras humanas.

La ciencia verdadera, la del bien, está en Mí y Yo soy quien la inspira a los que me han ofrecido su mente como un depósito para mis Revelaciones.

La prueba de que vuestro adelanto científico no ha tenido por móvil el amor de los unos a los otros, es la degeneración moral de los pueblos, es la guerra fratricida, es el hambre y la miseria que reinan por doquiera, es la ignorancia espiritual.

Recordad que soy el principio y el fin. Yo he dado luz a los hombres y me he recreado en sus obras cuando las han puesto al servicio del bien, del desarrollo del espíritu y la mente, mas cuando han puesto sus dones al servicio del mal y de la vanidad, entonces han torcido la senda y me han desconocido. Pero mi Voluntad ha sido servirme de ellos para llevar a cabo mis planes Divinos, tomándolos como instrumentos de mi Justicia.

Analizad la ciencia de estos tiempos y veréis que sus frutos son amargos, porque el hombre ha penetrado sin respeto en mis Arcanos y sólo cree en lo que ve y en lo que palpa, mas todo lo que está más allá de su comprensión, lo niega.

Cuando la humanidad creía que sólo existía lo que sus ojos alcanzaban a descubrir, concebía a un Dios limitado, pero a medida que su mente fue profundizando en las diferentes ciencias, su universo se fue ensanchando ante su vista, y la grandeza y omnipotencia de Dios fueron creciendo ante le inteligencia maravillada del hombre. Por eso he traído a vosotros en este tiempo una enseñanza que esté de acuerdo con la evolución que habéis alcanzado.

El desarrollo de la ciencia humana, es prueba de que el espíritu ha evolucionado y en cada Era ha ido dejando la huella de su adelanto. Día llegará en que las mismas ciencias colaboren con el progreso del espíritu, porque todo está destinado a ese fin.

La ciencia no se detendrá en su camino y el científico penetrará en mi Doctrina para estudiarla y se maravillará con mis Revelaciones, e inspirado por ellas, hará obras benéficas que llevarán al adelanto y al progreso al espíritu.

Señalados están aquéllos que van a morar el mundo en el tiempo de gracia, y lo que fue valle de lágrimas, campo de destrucción y de muerte, será convertido en valle de paz.

Será el tiempo propicio para el desarrollo y florecimiento de los dones. Entonces la ciencia no se interpondrá al avance del espíritu y Yo le concederé penetrar aún más en mis Arcanos, donde le esclareceré grandes misterios, para beneficio de la humanidad.

En todos los tiempos los hombres de ciencia han desmentido y combatido mis Revelaciones y manifestaciones espirituales. Mas Yo no combato la ciencia, porque YO SOY LA CIENCIA. Soy quien la inspira al hombre para beneficio y recreo de él mismo. En verdad os digo que quien toma la ciencia para causar mal, ése no ha sido inspirado por Mí.

Mientras los científicos tratan de explicarlo todo a través de sus conocimientos materiales, Yo revelo a los humildes la vida espiritual, la vida esencial, en la cual está el por qué, la razón y la explicación de todo lo que existe.

La ciencia va a detenerse. Muchos sabios se confundirán y encontrarán inútil su saber, porque el conocimiento adquirido no les habrá conducido al bienestar y a la paz del espíritu. Cuando lleguen a esa conclusión, me buscarán, anhelarán conocer la esencia y la finalidad de la vida espiritual y me pedirán, humildemente, penetrar en mis Arcanos, y Yo les concederé ir hasta donde sea mi Voluntad.

Os quiero grandes de entendimiento, sabios en las enseñanzas que os he inspirado teniendo siempre por faro a vuestra conciencia en todos vuestros pasos: entonces veréis desarrollarse las virtudes en vuestro espíritu y también contemplaréis cómo llega la salud y la fuerza a vuestra materia. El Árbol de la Ciencia según lo han cultivado los hombres no se encuentra dando buenos frutos a la humanidad, mas Yo voy a daros el agua cristalina del amor, para que lo reguéis y veáis cuán diferente va a ser la cosecha de ese mismo árbol.

Antes de que descubráis en mi Enseñanza el secreto para cultivar el Árbol de la Ciencia, éste será azotado por fuertes huracanes que harán caer hasta el último de sus malos frutos y lo dejarán limpio. Después de ese vendaval, comenzará a brillar en vuestro espíritu una nueva luz, la cual se reflejará en todas las sendas de la vida humana: el día en que los hombres inspiren su ciencia y su progreso en el amor, harán de este mundo un paraíso lleno de vida, luz y salud, nunca antes soñado.

Cuando la vida del hombre se desarrolle en un ambiente de paz, su ciencia será más profunda y su inspiración más elevada.

Concebid una humanidad que consagre su ciencia y talento al servicio de ella misma, que sin fanatismo ni idolatría rinda culto agradable a Dios, que los placeres sean saludables y sus goces sanos al cuerpo y al espíritu; así tendréis un mundo nuevo, moral, científico y espiritualmente elevado.

Y cuando la espiritualidad sea en el corazón de la humanidad, verá que su pensamiento se eleva hacia otros mundos y los sentirá penetrar en su corazón. Entonces habrá alcanzado una elevación tan grande que le permitirá sentir la presencia del Reino de los Cielos.

¡Mi paz sea con vosotros!