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El materialismo

El materialismo, en la vida de la humanidad

¡Cuánto se ha rebajado la humanidad en su materialismo, cuánto ha tenido que llorar por su indiferencia hacia lo elevado, hacia lo puro y verdadero!

¡Hasta dónde se ha hundido el hombre en su materialismo, llegando a negar a quien todo lo ha creado! ¿Cómo ha podido la mente humana ofuscarse a tal grado? ¿Cómo ha podido vuestra ciencia negarme y profanar la vida y la naturaleza, como lo ha hecho?

Hoy, muchos hombres juzgan fuera de época, mi Doctrina, porque su materialidad no les permite descubrir el sentido eterno de mis lecciones. ¿Por ventura es una prueba de adelanto y de civilización el negar mi existencia, mi amor y mí justicia? No estáis entonces más adelantados que los hombres primitivos, que supieron descubrir en cada elemento y en cada maravilla de la naturaleza la obra de un ser divino, superior, sabio, justo y poderoso, al que atribuyeron todo bien y por eso lo adoraron.

Os enseñé a dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César, mas para los hombres de ahora, sólo existe el César y a su Señor nada tiene que ofrecerle. Si al menos le dieseis al mundo lo justo, vuestras penas serían menores; pero el César que habéis puesto delante de vuestras acciones, os ha dictado leyes absurdas, os ha convertido en esclavos y os quita la vida sin daros nada en compensación.

Ya disteis mucho tiempo vuestro tributo al César, ahora dadme lo que es mío; ya gozasteis mucho con las satisfacciones del mundo y ya es tiempo de que preparéis vuestro viaje a la eternidad, porque nadie sabe si ha de volver o no a este mundo.

Yo sé por qué os hablo en esta forma, porque mi mirada descubre a aquellos hombres que necesitan que así les hable. Son los materialistas, los que no ven más allá de donde alcanzan sus ojos a mirar, sin creer que más allá de su mente y de sus sentidos es donde comienza la eternidad, la verdad y la sabiduría. Ved a la humanidad perdiéndose en los vicios, en la perversidad y en el crimen; ved a los hombres consagrados a una vida de materialismo y egoísmo; las mujeres se han familiarizado con el pecado que reina en todas partes, pierden su virtud y su delicadeza, el hogar que es el templo del hombre, es profanado porque de él desaparece la luz, el calor y la paz.

Este desastre proviene de la materialización en que ha caído la humanidad. Si habéis relegado al espíritu a último término y antepuesto a él las pasiones de la materia y las ideas de la muerte, natural es que hubieseis llegado a obtener el resultado que hoy estáis mirando.

Hasta ahora, sólo lo que habéis encontrado con la mente y palpado con los sentidos, es lo que para vosotros existe; pero vendrá el momento en que comprendáis que los verdaderos valores existen en vuestro ser espiritual, que no habéis querido reconocer.

Si Yo os he hablado que debéis de apartaros de la lujuria y de materialismo, siempre me he referido a bajas pasiones, a vicios, a frivolidades o al uso de lo superfluo y de lo malo. El amor al mundo, la codicia por el terreno, el deseo de la carne, el deleite de todos los bajos deseos, el egoísmo, el amor por si mismo y el orgullo, han sido la fuerza con que habéis creado una vida según vuestra inteligencia y vuestra voluntad humana, cuyos frutos os he dejado recoger para que vuestra experiencia llegue a ser absoluta.

Buscad vuestro progreso dentro de la vida humana, mas nunca os dejéis dominar por desmedidas ambiciones, porque entonces perderéis vuestra libertad y os esclavizará el materialismo.

En este tiempo tendrán que oírme los orgullosos y los necios, los materializados y los incrédulos, y en su corazón que ha sido como tierra estéril para mi simiente, volveré a sembrar hasta que de las rocas broten flores. Sé que los materializados se escandalizarán al conocer esta Doctrina; pero su conciencia les dirá que mi palabra sólo habla de la verdad.

Os hablo así, porque nadie mejor que Yo conoce la evolución de vuestro espíritu y sé que esta humanidad, a pesar de su gran materialismo, de su amor por el mundo y de sus bajas pasiones desarrolladas hasta el máximo, sólo en apariencia vive aferrada a la carne y a la vida material. Yo sé que en cuando sienta en su espíritu el toque amoroso de mi amor, vendrá presto a Mí para despojarse de su carga y seguirme por el camino de la verdad que, sin darse cuenta, mucho desea recorrer.

Las pruebas por las que atraviesa vuestro mundo, son las señales del final de una Era, son el ocaso o la agonía de un tiempo de materialismo, porque materialismo ha habido en vuestra ciencia, en vuestras ambiciones y en vuestros afectos. Materialismo ha habido en vuestro culto hacia Mí y en todas vuestras obras.

La verdadera caridad

La verdadera caridad

En verdad os digo, que todo lo grande y lo bueno que existe en el espíritu, jamás lo habéis dado porque ni siquiera lo conocéis.

Es menester que conozcáis el significado inmenso de la caridad, porque entonces sabréis las maravillas que hace el verdadero amor. ¡Qué hermoso será vuestro mundo, cuando los hombres hayan descubierto en su espíritu el tesoro bendito con que su Creador les dotó desde el instante mismo de su formación!

Os haré comprender cuánto lleváis en vuestro corazón, para que nunca os sintáis menesterosos ante los verdaderos necesitados. La caridad es una de las flores más bellas del amor y es precisamente los pétalos de esta flor los que quiero que se abran en vosotros para esparcir su esencia entre vuestros hermanos, porque la caridad es reflejo de amor y de sabiduría.

Es necesario que aprendáis a mirar un poco afuera de vosotros, algo más allá de vuestro hogar y de vuestros afectos, para que comprendáis el dolor de los demás.

Si en vuestra vida habéis practicado la caridad, continuad haciéndolo; si no, entonces empezad con el primer necesitado que llame a vuestra puerta, ya sea un enfermo del espíritu o del cuerpo, un corazón desolado, una viuda, un anciano o un niño. No cerréis vuestra mano ante el necesitado, ni le juzguéis indigno de vuestra caridad, porque sea malvado, según vosotros. Mientras más grande sea el abismo en que hayan caído vuestros hermanos, mayor deberá ser vuestra paciencia y vuestra caridad para ellos.

No miréis con indiferencia a los que sufren, no despreciéis a los pobres, impartid la caridad, dejad que mi luz ilumine su vida, que el amor que he depositado en vosotros, llegue a ellos y les dé calor, aliento y esperanza. Yo estoy en todos, lo mismo me oculto en el corazón del poderoso, que en el del pordiosero.

Por eso os digo, que cuando veáis llegar a vuestras puertas al menesteroso, no le neguéis la caridad; porque vuestro Padre será el que esté llamado a vuestro corazón. Si observáis a la niñez, veréis que hay muchos pequeños sin amor, sin ley y sin pan. Sí penetráis entre la juventud, encontraréis la lucha de pasiones, los caminos equivocados; y si miráis entre los hombres y mujeres que han alcanzado la madurez en la vida, encontraréis entre muchos de ellos las tragedias, el vicio, el cáliz amargo, a veces la viudez, la falta de esperanza y de fe, así como de un verdadero aliciente espiritual que les conforte y les sostenga.

Quiero que aprendáis todos los medios y las formas de hacer la caridad para que no me digáis: Padre, ¿cómo queréis que comparta con mis semejantes mi pan o mis monedas si son tan escasos? Si las dieseis sin vanidad ni repulsión, vuestra pobre moneda en parte mitigaría el hambre y la sed de amor de esos espíritus en plena restitución.

Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazareth, levántate y anda. (hechos 3:6)

Si estáis pobres materialmente y por esa causa no podéis ayudar a vuestros semejantes, no temáis, orad y Yo haré que donde no haya nada, brote luz y haya paz. Mas cuando vuestra conciencia os diga que tenéis que despojaros de algo material para entregarlo al necesitado, no queráis sustituir aquella caridad con una oración. No debéis ocultar o disimular vuestro egoísmo con oraciones espirituales, no queráis que aquello que vosotros podéis hacer, lo haga el Padre, ni debéis evadir el cumplimiento de vuestro deber diciendo que con la intención ha sido bastante.

La caridad que hagáis por medio de una moneda, con ser caridad, será la menos elevada que hagáis. ¿Cómo vais a amaros los unos a los otros con la perfección que Yo os enseñé, si no os reconocéis como hermanos? Necesitáis tomar la esencia que lleva el espíritu, para que vuestro amor sea verdadero amor y vuestra caridad sea verdadera caridad; algo más que palabras vanas, que míseras monedas, o el mendrugo de pan que sobra en vuestra mesa y que son los únicos medios que muchos emplean para haceros creer que practican la caridad y que se aman los unos a los otros.

Los hombres han confundido la verdadera caridad olvidando uno de los sentimientos más elevados del espíritu, con el materialismo que se manifiesta en todos sus actos. A los que así entienden la caridad y con esas obras imperfectas tratan de acallar la voz de la conciencia y pretenden hacerme creer que cumplen con una de mis más elevadas enseñanzas, vengo a deciros: Recogeos en vuestra alcoba y en vuestra oración comunicaos conmigo, para que en esa comunión, sintáis en vuestro interior un destello de bondad y gratitud hacia el Padre, y sintiendo el dolor de vuestros semejantes, pidáis por ellos, lo que ya sería un paso hacia la espiritualidad.

No penséis que para practicar la verdadera caridad, ya es suficiente con sentir compasión, como hasta hoy lo habéis hecho; aun queda mucha frialdad que es menester tornar en calor espiritual, para que al fin, surja de vuestro espíritu el sentimiento de amor, que es la fuente de donde brotan la piedad, la caridad y todos los sentimientos nobles y elevados.

Debo deciros que ese sentimiento no ha sido debidamente interpretado. La caridad es un nombre que vosotros le dais a determinadas acciones que lleváis a cabo, las cuales en la mayoría de los casos, no llevan en su fondo piedad o una verdadera intención de aliviar una necesidad.

Quien piense que para acercarse a Mí deberá dedicar su vida tan sólo a dar, sin esperar recibir, a sacrificarse sin ninguna compensación inmediata, está en un error; por que siendo como sois imperfectos y pecadores, el que os busque para pediros será quien venga a favoreceros, porque al utilizaros os da la oportunidad de que os acerquéis a vuestro Padre.

La caridad verdadera de donde nace la piedad, es la mejor dádiva que podréis depositar en los necesitados. Si al dar una moneda, un pan o un vaso con agua, no tuvieseis en vuestro corazón el sentimiento de amor hacia vuestros hermanos, en verdad os digo que nada habréis dado, más os vale no desprenderos de aquello que dais.

Cuidaos de entregar una caridad aparente, llevando en vuestro corazón el egoísmo. Haced cuanto bien podáis sin interés personal alguno. Hacedlo por amor. Sabed que por mucho que poseáis, si no dieseis nada, es como si nada tuvieseis.

Y si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía. (Isaías 58:10)

Tened un conocimiento verdadero de lo que es la caridad, de cómo sentirla y cómo impartirla, para que llegue a ser limpia. La caridad aparente podrá proporcionaros algunas satisfacciones que provengan de la admiración que despertéis y de la adulación que recibáis, pero lo aparente no llega a mí Reino.

Quienes viven esperando de Mí la caridad y pudiendo hacerla en su sendero no la hacen, no han tenido caridad de sus hermanos ni de ellos mismos. Esos son los que han dejado enfriar su corazón, los que han apagado su lámpara, los que se asemejan a débiles pajarillos caídos del nido, o a las hojas secas que en otoño se desprenden de los árboles, para ser llevadas sin rumbo por los vientos.

Ciencia y religión

Ciencia y Religión

Desde el principio de los tiempos, los emisarios de la Ley y la Doctrina del espíritu, han encontrado como adversario al hombre de ciencia. Y entre unos y otros se han entablado grandes luchas; y ha llegado el tiempo en que os diga algo sobre estas controversias.

He aquí, que trayendo unos la misión de dar luz a los espíritus, y otros de dar a conocer la ciencia, se han levantado unos en contra de otros a través de los tiempos, sin pensar que no son misiones opuestas, sino que ambas se complementan.

Los hombres de ciencia, llenos de vanidad, han llegado a considerar a las revelaciones divinas como indignas de su atención. No quieren elevarse espiritualmente hasta Dios y cuando no alcanzan a comprender algo de lo que les rodea, lo niegan para no tener que confesar su incapacidad y su ignorancia. Muchos de ellos no quieren creer más que en lo que llegan a comprobar.

No penséis que el cielo sólo ha enviado a quienes os han hablado de espíritu, de amor, de moral; no, también ha enviado a los que os han ofrecido buenos frutos de la ciencia, aquellos conocimientos que hacen luz en la vida de los hombres, que aligeran sus cargas y alivian sus penas. Todos ellos han sido enviados míos.

Mas trayendo unos misiones espirituales y otros misiones científicas, se han levantado en pugna unos contra otros en todos los tiempos, siempre como enemigos, las religiones y la ciencia.

Nuevamente esas dos fuerzas habrán de enfrentarse, hasta que de esa lucha surja la verdad. La lucha será enconada porque a medida que los tiempos pasan, los hombres aman más lo terrenal, en virtud de que su ciencia y sus descubrimientos los hacen sentirse en un reino propio, en un mundo creado por ellos.

¡Cuántos anatemas ha lanzado la religión a la ciencia y cuántas veces ha negado la ciencia a la religión la existencia de la vida espiritual! La religión, fundándose en los males, que la ciencia ha acarreado a la humanidad y la ciencia tomando como arma el fanatismo y las supersticiones que los ministros de las religiones han inculcado a la humanidad. De cierto os digo que a los unos les falta conocer la verdad que la naturaleza encierra y a los otros interpretar debidamente mi Ley.

¡Ay de los que han tomado mi nombre para gobernar espiritualmente a la humanidad si con ello la han estacionado o confundido, porque verán partir de entre sus filas a millares de hombres en busca de la verdad! ¡Ay de los hombres de ciencia, que en vez de hacer liviana la vida, la han hecho más penosa a los hombres, porque entonces verán a los pobres y a los ignorantes realizar prodigios que ellos no serían capaces de hacer con toda su ciencia!

Mas, ¿dónde se hallará la sabiduría? ¿Dónde está el lugar de la inteligencia? (Job 28:12)

En verdad os digo, que la ciencia que los hombres han desarrollado en beneficio de la humanidad, Yo la bendigo. Si la ciencia humana os da muestras de su desarrollo, reconoced que ello revela también evolución espiritual. No vengo a desconocer el saber y la ciencia que los hombres han alcanzado; por el contrario, vengo a iluminar su talento, para que sus obras tengan un fin noble y elevado, porque entonces sí alcanzarán la verdadera grandeza, ya que la ciencia es saber, conocimiento y luz.

Yo no os prohíbo que toméis la ciencia ni la condeno. Sólo he querido que los hombres comprendan a través de mi Doctrina, que hay una ciencia mayor que la que ellos conocen y la cual pueden alcanzar por medio del amor, que es la esencia de todas mis enseñanzas.

Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. (I Corintios 13:2)

¿Soy acaso el enemigo de la ciencia? ¿Soy un obstáculo para el progreso y evolución de mis hijos? Quien así lo creyese, es que no ha sabido interpretar mi palabra, no ha comprendido en su verdad al Padre, porque todo don o facultad que haya en el hombre, debe tener desarrollo, porque la evolución es Ley Universal. Todo tiene que perfeccionarse en mi creación.

Yo bendigo la ciencia del hombre, que ha sanado y rescatado de la muerte al que estaba al borde del sepulcro. Ni antes ni ahora he condenado vuestra ciencia, porque es un camino por el cual el hombre también encuentra mi verdad; quien me busca en todo conocimiento, me encuentra y siente mi presencia y descubre mis leyes. Lo que repruebo es el mal empleo que se haga de lo que sólo fue creado para buenos fines.

Yo bendigo en mis hijos el anhelo de saber y me es infinitamente grata su ambición de ser sabios, grandes y fuertes; mas lo que no aprueba mi justicia, es la vanidad en que muchas veces fincan sus ambiciones o la finalidad egoísta que en ocasiones persiguen. sólo quieren la verdad que llega al cerebro no la que llega al corazón, y ahí tienen el resultado de su materialismo: una humanidad egoísta, falsa y llena se amargura.

Si habéis empleado algunas de vuestras ciencias para analizarme y juzgarme, ¿No os parece más razonable que deberíais usarlas para analizaros a vosotros mismos, hasta conocer vuestra esencia y destruir vuestro materialismo? ¿Por ventura creéis que vuestro Padre no pueda ayudaros por el camino de vuestras buenas ciencias? En verdad os digo, que si supieseis sentir la esencia del amor divino, el saber llegaría fácilmente a vuestro entendimiento sin que tuvieseis que cansar vuestro cerebro, ni agotaros con el estudio de los conocimientos que creéis profundos y que verdaderamente están a vuestro alcance.

Saber, es sentir mi presencia; saber, es dejarse conducir por mi luz y hacer mi voluntad; saber, es comprender la Ley; saber, es amar.

* Sabréis entonces que el saber, cuando no va acompañado de un fin elevado, cuando no está inspirado por la conciencia que es la que aconseja siempre lo mejor, no es verdadera sabiduría sino saber a medias, porque carece de lo esencial, que es ese fin elevado”

¿Dónde están los verdaderos sabios? Necios y torpes han sido también, porque se han llenado de soberbia y superioridad creyendo haber penetrado en el conocimiento de la Creación, cuando en realidad sólo superficialmente la conocen.

¡Cuán pequeños sois, cuando creyéndoos todo poderosos y grandes os resistís a confesar que sobre el límite de vuestro poder y vuestra ciencia está el del que en verdad todo lo sabe y todo lo puede! Entonces, os concretáis a ser materia y sólo materia y parecéis seres insignificantes, porque quedáis sujetos tan sólo a la ley natural que rige a los seres mortales y fugaces, que nacen, crecen y mueren, sin dejar huella de su paso.

¡Oh, profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! (Romanos 11:33)

Avanzan los pueblos creciendo cada vez más en conocimientos científicos, mas Yo os pregunto: ¿Qué sabiduría es esa, que mientras más penetran en ella los hombres, más se alejan de la verdad espiritual, en donde existe la fuente y el origen de la vida?

¿Podría el hombre con toda su ciencia crear algo de lo que Yo he formado? En verdad os digo, que los hombres del poder no todo lo pueden, ni los sabios todo lo saben, ni los teólogos me conocen en verdad.

Os habla el Padre, aquél que no tiene ante quien inclinarse a orar; mas en verdad os digo, que si sobre Mí existiese alguien más grande, ante él me inclinaría, porque en mi Espíritu habita la humildad.

Qué sorpresa siente el espíritu del científico cuando abandona este mundo y llega a presentarse ante la verdad divina. ¡Ahí inclina avergonzado su faz, rogando que su orgullo le sea perdonado! Creía saberlo y poderlo todo, negaba que existiese algo que estuviese más allá de su conocimiento o de su comprensión; pero al hallarse frente al Libro de la Vida, ante la obra infinita del Creador, tiene que reconocer su pequeñez y que revestirse de humildad ante quien es sabiduría absoluta.

¿Por qué no hojear desde aquí ese libro, cuando está permitido y ordenado por Mí? ¿Por qué no prepararse con espiritualidad para llegar hasta él y aprender en sus páginas la lección que ilumina o la revelación que esclarece los misterios?

Que no teman venir a Mí porque sean fríos de corazón o severos para juzgar. Yo tendré una frase de amor para cada quien, una palabra que será como rayo que ilumine aquellos corazones desilusionados por la ausencia de amor. No importa que no crean en Mí, ni me amen, eso no es motivo para que Yo los excluya de mi mesa.

Sé que muchos, en su orgullo, se resistirán a venir a aprender, considerando que todo lo saben; pero bastará que escuchen uno de mis mensajes y Yo le probaré que aún tiene corazón, que no han muerto para el verdadero amor, que delante de Mí sigue siendo mis pequeños y que aún saben llorar.

El hombre no ha descubierto aún la verdadera ciencia, aquella que se logra por el camino del amor. El supremo conocimiento no está reservado a los hombres de mente desarrollada, sino a los hombres de espíritu elevado.

Significado del verdadero perdón

Significado del verdadero perdón

En verdad os digo, que esta humanidad no conoce aún la fuerza del perdón y los milagros que él obra. Cuando tenga fe en mi palabra, se convencerá de esta verdad.

¿No quisierais al menos una vez en vuestra existencia, llevar a la práctica este sublime mandamiento, a fin de que os deis cuenta de los milagros que él opera, tanto en el que entrega el perdón, como el que lo recibe?

Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. (Mateo 5:23)

Cuando al ser ofendido devolvéis el golpe y ambos se arrepienten, no retengáis por orgullo vuestra mano, sed el primero en tenderla como prueba de humildad, y no temáis humillaros, porque Yo os digo que el que se humillare en el mundo, será ensalzado en el más allá.

Destruid vuestro orgullo, la humildad es el triunfo, la vanidad es la derrota, aunque en el mundo lo apreciéis de diferente manera. Daos la mano unos a otros en prueba de amistad, mas hacedlo con sinceridad. ¿Cómo queréis ser hermanos si aún no sabéis ser amigos? Aprended a perdonar los defectos de vuestros hermanos y si no podéis corregirlos por lo menos tended sobre ellos un velo de indulgencia.

De cierto os digo que si los hombres se perdonaran, ¡cuánta paz habría entre la humanidad! ¡Cuántos seres han pasado por este mundo llamándose cristianos y no fueron capaces de otorgar durante toda su vida un sólo perdón!

Os habla aquél que en la cruz, agonizante, maltrecho y torturado por la turba, elevó sus ojos al infinito, diciendo: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen».

Habéis perdido el derecho de repetir aquella frase, por eso ahora vengo con nuevas lecciones, para que no sean palabras ni oraciones las que se graben en vuestro entendimiento, sino la esencia de mi enseñanza la que penetre en vuestro corazón y espíritu. Cuando sepáis recibir el golpe en la mejilla derecha y en señal de perdón, de amor y de humildad, presentéis la izquierda a vuestro ofensor, ya podéis confiar en que comenzáis a ser mis discípulos.

Hasta que surja el perdón entre los hombres, cesarán sus guerras fratricidas y surgirá la unión de todas las naciones. Mi palabra la tomáis siempre en su sentido material, sin deteneros a comprenderla en su significado espiritual. Yo os digo que, así como podéis ser tocados en la mejilla, lo podréis ser en el corazón. En vuestra parte moral o también podréis ser tocados en vuestro espíritu.

Cuando conozcáis vuestras manchas y errores, comprenderéis el amor con que os perdono y os espero, entonces no tendréis más que decir: «Si mi Padre me ha perdonado, después de ofenderlo tanto, obligado estoy a perdonar a mis hermanos».

Vosotros solicitáis mi perdón constantemente, porque a cada paso me ofendéis, y Yo os perdono. En cambio: ¿Vosotros habéis perdonado a quien os ha ofendido? Yo consuelo al que se arrepiente sinceramente, perdono sus faltas y le ayudo a restituir el mal causado. Sabed que el que no se arrepiente no llega a Mí, porque sólo del arrepentimiento puede surgir la regeneración, la enmienda y la purificación.

El perdón que proviene del amor verdadero, sólo mi Doctrina lo enseña y él posee una fuerza poderosa para convertir, regenerar y transformar al malo en bueno y al pecador en virtuoso.

Pero no porque de antemano os sintáis perdonados, vayáis a hacer mal uso de este perdón. Aprended a perdonar a quien os haya herido. Yo dije a Pedro que si setenta veces siete era ofendido por su hermano, el mismo número de veces debería perdonarlo; dándole a entender con ello, que debería hacerlo siempre, lo mismo con los pequeños que con los grandes agravios.

Si Cristo volviese en este tiempo a la Tierra, hecho hombre, ya no diría como en el Calvario: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen», porque ahora recibís en pleno la luz de la conciencia y el espíritu ha evolucionado mucho. ¿Quién ignora que Yo soy el dador de la vida, que por lo tanto, nadie puede tomar la de su hermano? Si el hombre no puede dar la existencia, tampoco está autorizado para tomar lo que no puede devolver. He aquí, que cuando os doy mi palabra de perdón, se hace luz en las tinieblas.

Y guiaré a los ciegos por camino que no sabían, les haré andar por sendas que no habían conocido; delante de ellos cambiaré las tinieblas en luz, y lo escabroso en llanura. Estas cosas les haré, y no los desampararé. (Isaías 42:16)

¿Qué es la verdad?

¿Qué es la verdad?

Muchos hombres proclaman cada uno su propia bondad, pero hombre de verdad, ¿quién lo hallará? (Proverbios 20:6)

Desde que Cristo vino a hablaros de la verdad, cuántos han tratado de hablar de ella, mas Yo os pregunto: ¿También me han imitado en el amor, en la mansedumbre y en la caridad?

Una sola verdad y una sola moral, es la que se ha revelado a los hombres, a través de enviados, profetas y siervos; ¿por qué tienen los pueblos diferentes conceptos acerca de la verdad, de la moral y de la vida?

Bienaventurados los que busquen incansablemente la verdad y aún más, aquellos que habiéndola encontrado no la reserven para sí, sino que la lleven ante la humanidad, para iluminar con su luz el camino de sus hermanos. La Verdad es una y es eterna, sin embargo, mirad a los hombres pregonando diferentes verdades. ¡Cuánto se han falseado en la Tierra mis enseñanzas!

Esa verdad, falseada a través de los tiempos por la humanidad, será restablecida y su luz resplandecerá con tanta fuerza que les parecerá a los hombres como si fuese algo nuevo, siendo la misma luz que siempre ha iluminado el camino de evolución a los hijos de mi Divinidad.

Todo lo que es justo, sano y bueno, encierra verdad, que es la que Yo he proclamado a través de los tiempos. Ha llegado la hora en la que debéis volver a amar la verdad, o sea en la que volveréis a reconocer lo justo y lo bueno; puesto que habiendo nacido de Mí, tendréis que llegar a aspirar a lo elevado, a lo eterno y a lo puro.

El discípulo espiritual debe buscar siempre la esencia de mis obras, para que descubra la verdad en mis mensajes divinos. Veréis entonces cuan sencillo es encontrar el sentido de todo aquello que unos envuelven en el misterio y otros complican con sus teologías.

Después de haber caminado mucho, la humanidad aún permanece dividida espiritualmente. ¿Es que a cada pueblo se le ha dado a conocer una verdad diferente? No, la verdad es una sola. No será ya el cerebro él señor del mundo, sino el colaborador del espíritu, quien le guiará y le iluminará. Buscad con afán la verdad, buscad el sentido de la vida, amad fortaleciéndoos en el bien, y veréis cómo paso a paso irá cayendo de vuestro ser todo lo que es falso, impuro o imperfecto. Sed cada día más sensibles a la luz de la divina gracia, entonces podréis preguntar directamente a vuestro Señor todo aquello que queráis saber y que sea necesario a vuestro espíritu, para alcanzar la suprema verdad.

El vanidoso, el materialista, el indolente, no puede conocer la verdad mientras no destruya las murallas dentro de las cuales vive, es necesario que se sobreponga a sus pasiones y flaquezas para mirar de frente mi luz.

Bendito el que busca la verdad porque es un sediento de amor, de luz y de bondad. Buscad y encontraréis, buscad la verdad y ella os saldrá al encuentro. Meditad e interrogad al Arcano y Él os contestará, porque jamás Dios vuestro Padre, ha permanecido callado o indiferente ante aquel que anhelosamente le interroga.

Cuántos que andan buscando la verdad en libros, entre los sabios y ciencias diversas, acabarán por encontrarla en sí mismos, ya que en el fondo de cada hombre he depositado una semilla de la eterna verdad.

A veces, para hallar la verdad, es preciso renunciar a cuanto se posee, renunciar aún a sí mismo. Sólo en mi verdad podréis descubrir vuestra hermandad, mas si estáis distantes de ella, tendréis que olvidaros hasta de que sois hermanos.

Observad las religiones y veréis que ninguna está dando pruebas de evolución, de desarrollo o perfeccionamiento, cada una es proclamada como la suprema verdad y quienes la profesan, creyendo encontrar y conocer todo en ella, no se esfuerzan en dar un paso, hacia adelante.

La verdad absoluta no la posee ningún hombre ni está contenida en ningún libro. Esa divina claridad, esa fuerza omnipotente, ese amor infinito, esa sabiduría absoluta, esa justicia perfecta está en Dios. Él es la única verdad.

El mundo va a estremecerse con la luz de mis nuevas revelaciones y los hombres conocerán la verdad.

Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. ( Juan 8:32)

La verdad es el Amor Divino, manifestado en el Universo.

El que no conoce la verdad, no conoce a Dios.

El verdadero amor

¿Qué es el verdadero amor?

Ese vacío que la humanidad me presenta en su espíritu, es el que vengo a llenar con mi amor de Padre.

Deseo explicaros el sentido de aquella máxima, cuyo significado aun no ha sido comprendido. Para vosotros el amor es una bella palabra, pero hasta hoy no habéis penetrado en su verdadero sentido.

En verdad os digo que existe frío en el corazón de los hombres, porque han abandonado el verdadero amor. Es como esos hogares en donde se ha apagado la llama sagrada de los afectos, ya sea entre esposos, entre padres e hijos o entre hermanos. Están juntos sus cuerpos, pero sus espíritus están distantes. ¡Cuán grande es su vacío, cuánta su soledad y qué frío en el interior de aquellos hogares y de esos corazones!

Cuando os hablo de amor, me refiero al lazo divino que une a todos los seres, no me refiero al amor como lo entienden los hombres, donde hay egoísmo o bajas pasiones.

Hoy escucho a los hombres hablar de ley, de justicia, de paz, de igualdad y de fraternidad; mas en verdad os digo, que en donde no existe verdadero amor, no podrá haber verdad, ni justicia y mucho menos paz.

¡Ah, hombres de muchas palabras, de muchos idiomas y de muchas creencias, pero de muy pocas obras de amor! El que ama, no conoce el odio que amarga la vida, ni sabe del rencor que destroza el corazón y entristece el espíritu. El que ama tiene dulzura en su palabra, en su mirada y en sus obras, su vida es dulce y su muerte corporal tendrá que ser apacible.

El amor no se aprende, sino se siente, se lleva dentro. El amor es un compendio de todos los atributos de Dios. El amor es el principio y la razón de vuestra existencia.

Hay muchos que llevan en sí la muerte, y otros que están enfermos tan sólo por no amar a nadie. A pesar de todo esto, Yo sé que en lo más íntimo de cada criatura existe una fibra de amor, que al ser tocada, vibra. Es menester llegar a ella por el camino de la ternura y de la caridad, para que despierte y haga sentir al corazón algo de lo que Dios siente por cada uno de sus hijos: Amor.

A Jesús atribuís muchos milagros y de cierto os digo, que sus obras fueron el efecto natural del amor. Existen muchas formas de hacer el bien, muchas formas de consolar y servir, todas son expresiones del amor, que es sabiduría del espíritu.

El amor que os enseño, nace del espíritu, es puro, limpio, desinteresado, y está más allá del amor por los vuestros, del amor a la patria y a vosotros mismos. Muchas veces no necesita palabras, habla mejor con hechos, y pensamientos.

De todos los afectos humanos, el que más se asemeja al amor divino, es el amor maternal, porque en él existe desinterés, abnegación y el ideal de hacer la felicidad del hijo aun a costa del sacrificio.

Sólo la bondad puede dar paz, alegría, salud, saber; por lo tanto, el que sea abundante en amor, tendrá que ser grande en espíritu. Os he dicho que de la abundancia de buenos sentimientos hablará vuestro corazón.

El amor os dará la sabiduría para entender la verdad que otros buscan inútilmente por el camino de la ciencia. Si lleváis amor en el espíritu, tendréis el cielo dentro de vosotros. Si aprendéis de Mí con amor en el corazón, es imposible que os equivoquéis.

Cuando contemplo a los moradores de este mundo, veo que todos los pueblos conocen mi nombre, que millones de hombres pronuncian mis palabras y sin embargo, no veo amor de los unos a los otros.

Por eso os enseño a amar, para que conozcáis el secreto de la vida. Sed generosos, para que vuestro amor sea un canto que alegre el corazón de los tristes. Sabed también que por los sentimientos del corazón se adquiere sabiduría. El que por amor procura ser útil a sus semejantes, se consagra al bien en cualquiera de las múltiples sendas que ofrece la vida.

Es en vano que los hombres traten de encontrar la solución a sus problemas por otros medios; inútilmente querrán establecer la paz en el mundo, si ella no está cimentada en el amor de los unos hacia los otros. Amad a vuestro Dios y amad a vuestros semejantes, porque en ello radica la comprensión universal.

Cuando os he dicho: «Amadme», ¿sabéis qué es lo que quiero deciros? Amad la verdad, amad la vida, amad la luz, amaos los unos a los otros, amad la vida verdadera.

Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe.

Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.

El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.

Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.

Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; más cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.

Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido. Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor. (1ª de Corintios 13:1-13)

No sentís amor por vuestros semejantes y es por eso que continuamente el dolor os aqueja. Habéis olvidado mi mandamiento que os dice: «Amaos los unos a los otros» el cual os enseña la más grande de todas las sabidurías.

¿Cómo podréis decir que amáis a vuestro Dios, si antes no le habéis amado en vuestros hermanos?

«Amaos los unos a los otros», he ahí mi mandamiento supremo para la humanidad, sin distinción de credo o de religión.

De las pruebas y el dolor

De las pruebas y el dolor en el camino de la humanidad

Nunca había estado este camino de evolución tan lleno de dolor y amargura como ahora, sin embargo, hay cálices que todos tienen que beber, unos primero y otros después.

Todos los días de vuestra existencia, es una página del libro, que cada uno de vosotros está escribiendo. Cada día está señalado con una prueba y cada prueba tiene un significado y una razón. A cada paso la vida os hace sentir y pagar con intenso dolor vuestros errores, pero en vez de deteneros a meditar y a reconsiderar vuestros hechos, dejáis que vuestro corazón se endurezca y se envenene más.

No hay pruebas que sean inútiles, no hay prueba que no tenga solución, ni dolor que no deje un rayo de luz en el espíritu. Todas tienen un fin, que es el de perfeccionar a vuestro espíritu.

¡Ah, si comprendieseis cómo el dolor que llega a tocar a la envoltura, es un bálsamo y un alivio para el espíritu! Porque mientras la materia tiene salud y bienestar, el espíritu muchas veces es arrastrado al abismo, o se siente aprisionado dentro de una vida llena de placeres y pasiones desatadas, pero vacía de luz para el espíritu. Hasta que llega el dolor, como una fuerza más poderosa que las pasiones humanas, a detener al hombre en su ciega carrera, haciendo que el espíritu se libere, bendiciendo el dolor y reconociendo que no existe justicia más sabia que la de Dios.

¡Cuánto bien hace el dolor en el espíritu, cuando ese cáliz es bebido con amor y paciencia! Sois como arbustos, que a veces tienen ramas tan secas y enfermas, que necesitan del corte doloroso de la poda, para apartar vuestros males y haceros recobrar la salud. Mi justicia de amor, al arrancar del árbol humano las ramas enfermas que carcomen su corazón, lo eleva. No habéis podido comprender la verdad, y es por eso que cuando él dolor embarga vuestro corazón, os creéis victimas de una injusticia divina, y Yo os digo que en Dios no puede existir ni la menor injusticia.

Estáis cubiertos aún con el velo de la ignorancia, llenos de falsos temores y prejuicios, que no os habéis atrevido a rasgar; por eso; cuando llega una prueba a vuestra vida y no le encontráis alguna causa clara, clamáis diciendo: Pero, ¿qué he hecho yo para que así se me castigue? Sin saber que a veces mi justicia tarda siglos y hasta Eras para llegar a un espíritu.

Mi justicia siempre se presenta y aunque en apariencia llegue tarde o fuera de tiempo, lo cierto es que se manifiesta siempre en forma sabia.

Los juicios de Jehová son verdad, todos justos. (Salmos 19:9)

No creáis que las consecuencias de una desobediencia, se palpan inmediatamente; no, lo que sí os digo es que tarde o temprano tendréis que responder de vuestras obras; a veces llegará a pareceros que ya vuestra falta no tuvo consecuencias en vista de que el tiempo pasa y mi justicia no da señal alguna, pero debéis saber que como Juez soy inexorable y que, llegado vuestro juicio, abriréis vuestros ojos ante la luz de la conciencia.

¡Cuán importante es que esta humanidad llegue al conocimiento de lo que significa la restitución espiritual! Restituir, es devolver a vuestro espíritu su pureza y limpidez que habéis manchado a través de los siglos, con tantas imperfecciones. El tiempo de la restitución y de la purificación tenía que llegar aunque para ello tuvieran que pasar siglos sobre el mundo y vuestro espíritu tuviese que aguardar esa hora. Y ese tiempo ha llegado, es éste, comprendedlo, vividlo y aprovechadlo.

No os canséis de esta vida, no reneguéis de vuestras penas porque no sabéis qué deudas de pasadas existencias estáis saldando. Yo quisiera que siempre fuera el amor del Maestro el que os enseñara el camino y la finalidad de la vida; pero vosotros habéis preferido que sea el dolor el que os enseñe. Ya pasaréis de ese amargo maestro a recibir las lecciones del que os enseña con dulzura.

No huyáis de las pruebas, aprended a hacerles frente. Llamadles justicia, expiación o lecciones, y estaréis en lo cierto y en lo justo. Mas si queréis evitar pasar por el dolor o apurar el cáliz de amargura, podéis lograrlo saldando vuestra deuda con arrepentimiento, con buenas obras, con todo lo que la conciencia os diga que debéis hacer. Así saldaréis alguna deuda de amor, devolveréis una honra, una vida o la paz, la salud, la alegría o el pan, que alguna vez hubieseis robado a vuestros hermanos.

Esa conquista podéis hacerla fácilmente por el amor o penosamente por el dolor. Yo os ayudo, os consuelo y os dirijo, mas a vosotros toca hacer el resto. Bendecid vuestro dolor, no sequéis con coraje vuestras lágrimas, bendecid vuestro pan por pobre que éste sea y lo encontraréis más dulce y sustancioso. Hoy muchos maldicen el dolor, pero mañana lo bendecirán como a un maestro que les enseñó bellas y elevadas lecciones. ¡Hoy es el dolor el que os purifica; mañana será vuestra espiritualidad!

Reclamo divino

Reclamo Divino

Os habéis acostumbrado tanto a vuestra forma de vivir, que el mal existente manifestado en diversas formas, os resulta tan familiar, que ya no os detenéis a reflexionar sobre las causas que lo originan. Ya no bendecís el día en que vivís, ni apreciáis la vida que os rodea.

¡El mundo se agita en medio de una tempestad, ha perdido su rumbo, y se encuentra cansado de palabras, doctrinas y filosofías! El mundo de lo que se encuentra hambriento hasta la angustia y sediento hasta la muerte, es de verdadero amor, pero es muy frágil su lucha, por lograrlo, y se ha conformado con vivir, buscando lo necesario para el sustento de su cuerpo, olvidando en el fondo de su ser a su espíritu.

La humanidad vive siempre preocupada por los bienes de la Tierra; contemplo a la mayoría que se conforma con un poco de tranquilidad en el corazón, un techo seguro, un poco de salud corporal, el calor de los suyos y un puñado de monedas.

El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto. También esto es vanidad. (Eclesiastés 5:10)

Meditáis la forma de disimular vuestros continuos fracasos; y ponéis ante vuestro rostro una máscara sonriente para fingir que sois felices y hacéis alarde de fuerza y de valor para ocultar el miedo que tenéis ante el abismo que habéis abierto bajo vuestros pies.

Veo muchas lágrimas y escucho sollozos. Contemplo vuestro sufrimiento y las cadenas de pobreza y privaciones que tenéis. El desengaño que aflige a vuestro corazón, es porque os habéis convencido que en el mundo no existe justicia ni caridad.

Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. (Apocalipsis 21:4)

¡Pobres pueblos de la Tierra, esclavizados los unos, humillados los otros y despojados los demás por sus mismos conductores y representantes!

Ya vuestro corazón no ama a quienes os rigen en la Tierra, porque vuestra confianza ha sido defraudada; ya no confiáis en la justicia de vuestros jueces, ya no creéis en promesas, en palabras ni en sonrisas. Habéis visto que la hipocresía se ha apoderado de los corazones y que ha establecido en la Tierra su reinado de mentiras, falsedades y engaños.

La justicia engrandece a la nación; mas el pecado es afrenta de las naciones (Proverbios 14:34)

¡Pobres pueblos!, que llevan sobre sus hombros el trabajo como un fardo insoportable. Ese trabajo que ya no es aquella bendita ley por medio de la cual el hombre obtiene cuanto le es necesario para subsistir, sino que se ha convertido en una lucha desesperada y angustiosa para poder vivir. Y ¿qué obtienen los hombres a cambio de dejar su fuerza y su vida? Un remedo de pan, un cáliz de amargura.

En verdad os digo que este no es el sustento que Yo deposité en la Tierra para vuestro deleite y conservación, ése es el pan de la discordia, de las vanidades, de los sentimientos inhumanos, en fin, es la prueba de la escasa o nula elevación espiritual de quienes os conducen por la vida humana.

Veo que os arrebatáis el pan los unos a los otros; que los ambiciosos no pueden ver que los demás posean algo, porque lo quisieran para sí; que los fuertes se apoderan del pan de los débiles y éstos se concretan a ver comer y gozar a los poderosos.

 Inclina mi corazón a tus testimonios, y no a la avaricia. (Salmos 119:36)

¿En dónde está la diferencia entre la humanidad de ahora y la humanidad de aquellos días? ¿Cuál es el adelanto moral de esta humanidad? ¿Cuál es el desarrollo de sus más nobles sentimientos?

En verdad os digo que en la época en que el hombre vivió en cuevas también se arrebataban de la boca el alimento los unos a los otros; y los más fuertes se llevaban la mayor parte; también el trabajo de los débiles fue en provecho de los que se imponían por la fuerza, y se mataban hombres con hombres, tribus con tribus y pueblos con pueblos.

Hace dos mil años, ¿quién de los humanos se imaginaba al mundo actual que habéis hecho con la fuerza de vuestra inteligencia? Las grandes naciones se levantan llenas de orgullo pregonando su poderío, amenazando al mundo con sus armas, haciendo alarde de inteligencia y de ciencia, sin darse cuenta de lo frágil que es el mundo falso que han creado, pues bastará un débil toque de mi justicia para que ese mundo artificioso desaparezca.

Hoy escucho a los hombres hablar de ley, de justicia, de paz, de igualdad y de fraternidad; mas en verdad os digo, que en donde no exista amor verdadero, no podrá haber verdad, ni justicia y mucho menos paz.

¡Cuánto dolor contemplo en vuestro mundo! La niñez ya conoce la amargura y pronto endurece su corazón, las doncellas se marchitan en plena juventud, los vicios toman fuerza entre los hombres, se atenta contra la vida, las religiones se desconocen y se desgarran entre sí, la discordia y el materialismo ha invadido lo más íntimo de la vida de los hombres. El pecado se ha multiplicado, ofuscando la mente y el corazón.

Vengan pronto tus misericordias a encontrarnos, porque estamos muy abatidos. Ayúdanos, oh Dios de nuestra salvación, por la gloria de tu nombre; y líbranos, y perdona nuestros pecados por amor de tu nombre. (Salmos 79:8-9)

¡Millones de enfermos pueblan la Tierra! Niños que andan abandonados a sus propias fuerzas, multitudes de ancianos incomprendidos, viudas y mujeres desamparadas que ignoran las delicias del calor de un verdadero hogar, seres recluidos en el olvido. Y la guerra, como un tétrico cortejo, que va dejando el luto en cada pueblo.

No encuentro verdadero arrepentimiento, porque hay tanta afinidad con el mal, que ya os parece lo más natural en vuestra vida. ¿Mas cómo podríais arrepentiros verdaderamente, si no habéis comprendido la magnitud de vuestras faltas? He tenido que venir a los hombres, para recordarles lo que significa ante la Divina Justicia, arrebatar la vida a un semejante, destruir la fe, engañar a un espíritu, traicionar un corazón, profanar la inocencia, causar una deshonra, despojar a un hermano de lo que es suyo, mentir, humillar y tantas imperfecciones que pasan inadvertidas a vosotros, porque os habéis familiarizado con todo ello.

Yo os pregunto, humanidad, ¿no os habéis cansado de vivir en esta forma? Porque veo que permanecéis indiferentes ante la marcha de vuestro mundo.

Para muchos hombres, Jesús es el personaje de una hermosa y antigua leyenda; cuyos ejemplos no pueden imitarse y ser llevados a la práctica en estos tiempos de materialismo; a lo que Yo os digo, que la palabra y las obras de Jesús no han pasado ni pasarán jamás, porque no pertenecen a una época ni a una nación, ya que la esencia de su Obra en el mundo es el amor y la humildad, y sus enseñanzas, las que necesita la humanidad para su adelanto espiritual.

A través de Jesús os enseñé a dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César, mas para los hombres de hoy, sólo existe el César y a su Señor nada tienen que ofrecerle. Si al menos diéseis al mundo lo justo, vuestras penas en él serían menores, pero el César os ha dictado leyes absurdas, os ha convertido en sus esclavos y os quita la vida sin daros nada en compensación.

Ved cuán distinta es mi Ley, que no esclaviza al cuerpo ni al espíritu, sólo os convence con amor y os guía con dulzura; todo os lo da a cambio de nada, todo os lo premia y lo compensa a lo largo del camino.

El corazón de los hombres se ha convertido en una inmensa tumba donde están enterradas las virtudes que mi Doctrina les ha enseñado. Existe podredumbre y soledad, como en un cadáver dentro de su sepulcro; pero mí voz ha venido a despertar en su tumba a ese muerto a la verdad, al amor, a la luz. Mi voz, resonando en su espíritu, le está diciendo: no durmáis, éste es el tercer día, en el que debéis resucitar, el Tercer Tiempo destinado al espíritu para su restitución y elevación, con lo cual dejará toda deuda saldada y concluida su misión sobre la Tierra.

Las familias no viven en armonía. Muchos matrimonios se separan, los hermanos aún llevando la misma sangre, se pelean, las madres lloran porque su consejo no es oído por los hijos; la ciudad desolada me presenta el vacío de su vida. La esposa me muestra su corazón incomprendido por su compañero.

En este tiempo, el mundo se desconoce: hermano con hermano se da muerte; las mujeres olvidan su pudor y dignidad; los padres desconocen a sus hijos y los hijos a sus padres; el valor de una vida no es suficientemente estimado. Los hombres siguen distintos ideales y no hay unificación en ellos. Los gobernantes de las naciones no se comprenden.

¿Comprendéis el tiempo en que vivís? Meditad en todo esto, y no juzguéis, para que no tenga que repetiros mis palabras de aquel tiempo: «El que se encuentre libre de pecado, que arroje la primera piedra”. No quiero que os sintáis lastimados con esta verdad, Yo sé que a veces soy brisa de primavera que acaricia y a veces vendaval de otoño que azota.

En algunos contemplo la dureza de la roca y la frialdad del mármol, mas de esos corazones haré brotar agua y ternura, porque Yo sí creo en la humanidad aunque ella me olvide. Pero a pesar de todo, no permitiré que esta humanidad, a quien tanto amo, vaya más allá en su materialismo y en sus errores.

Cuando el dolor de muchos hombres, es grande y su jornada penosa, ha sido mi voluntad acercarme a vosotros para ayudaros a encontrar vuestra heredad, ya que esta ola de materialismo ha creado entre la humanidad una necesidad espiritual tan grande, como es comer, beber y dormir; y hace que surja del fondo de su corazón, esta pregunta: ¿Cuándo viviremos en la moral? ¿Cuándo habrá respeto mutuo entre padres e hijos y esposos? ¿Cuándo habrá inocencia en los niños, pureza en las doncellas, rectitud en los varones, dignidad en los ancianos, justicia en los jueces, amor en los gobernantes y respeto a la Creación? En una palabra: ¿Cuándo habrá amor y comprensión de unos a otros?

Yo os digo: Cuando el orden de vuestra vida cambie y aprendáis a mirar fuera de vosotros mismos, cuando desaparezcan el egoísmo, la soberbia, el orgullo y la vanidad. Cuando seáis útiles a los demás, cuando desaparezca la maldad, y la mentira ya no sea tomada como verdad, cuando reconozcáis que no debéis de disponer de la vida de un semejante, ni de vuestra propia vida. Cuando comprendáis que no sólo son asesinos los que quitan la vida del cuerpo, sino aquellos que matan la fe, roban la honra y matan los sentimientos; cuando os perdonéis los unos a los otros. Cuando entendáis que el que no es causante de la guerra, es responsable de la paz, cuando oréis sin distinción de razas o credos. Si así lo hiciereis, Yo haré que este mundo se levante limpio de su lepra, también haré surgir vida de la muerte; lograré que del odio broten frutos de reconciliación y que de la locura surja la razón.

Sólo la Espiritualidad salvará de su caos a esta humanidad, no esperéis otra solución. ¡Oh pueblos y naciones de la Tierra! ¡Podréis hacer tratados de paz, pero mientras esa paz no tenga por base la luz de la conciencia, seréis necios, porque estaréis edificando sobre arena! Cuando los hombres de paz y buena voluntad abunden en la Tierra, veréis florecer mi doctrina y mis leyes endulzarán vuestra vida. Los tiempos de paz, concordia y bienestar, volverán sin despreciar vuestra civilización y vuestra ciencia. Os dejo esta lección, para que a través de ella miréis hacia el pasado buscando vuestro principio, examinéis vuestro presente y después miréis hacia el futuro que os espera, pleno de sabiduría, de trabajo, de lucha y de compensaciones divinas.

¿Qué es el espíritu?

¿Qué es el espíritu?

He aquí el Libro de la Vida abierto ante vosotros, para que no vayáis entre tinieblas. Hoy vengo a mostraros una página más profunda de ese conocimiento. Si Yo os doté de espíritu lo más natural y justo es que le muestre algo más de lo que pueda enseñarle la Naturaleza.

¿Creéis que eternamente va a ser un enigma para el hombre la vida del espíritu? Existen quienes sienten temor, desconfianza, confusión y no ha faltado quien sienta horror por la palabra espíritu, sin recordar que dentro de sí lleva uno que le ha dado su Creador, quien también es Espíritu.

Decidme: ¿Quiénes sois? ¿Qué sois? ¿Quién creéis ser? ¿Qué sentís ser? ¿Acaso la materia que desciende al sepulcro o el espíritu que se eleva hacia la eternidad? Vuestro espíritu es una chispa brotada del Espíritu Divino, es chispa de luz, semilla de amor, germen de vida.

El cuerpo es sólo un estuche, pero en su interior existe una esencia, como un agradable perfume, y, ¿no creéis que sea injusto que este perfume o esencia pura esté encerrada, cuando su aroma puede embalsamar toda una estancia? La cual debe ser vuestro hogar, mañana será el mundo, después el espacio sin fin.

El espíritu del hombre es mi obra maestra. Nada existe en la creación material que sea mayor que vuestro espíritu, ni el astro rey con su luz, ni la Tierra con todas sus maravillas, porque él es partícula divina, que ha brotado del Espíritu Divino.

Mirad cómo los hombres de Ciencia, escudriñando el cuerpo humano, se han maravillado de su perfección; y si ese cuerpo, que es un ser pasajero en esta vida, encierra tan prodigiosa perfección, ¿imagináis la grandeza del espíritu, cuya naturaleza es inmortal?

Cuando habéis tenido un instante de meditación, sin daros cuenta habéis penetrado en comunión con la vida espiritual y sentís la sensación de lo eterno y de que algo de aquella eternidad vive y palpita en vuestro ser. Así fue como en los primeros tiempos la humanidad descubrió que en sí llevaba un ser, una naturaleza que no era de este mundo, sino que pertenecía a otra morada; y eso no la atemorizó, por el contrario, la llenó de esperanza, porque vio que su vida no se limitaba a la breve existencia en esta Tierra; presintió que su espíritu, al desprenderse del cuerpo, se elevaría hacia una mansión en la que hallaría un goce que en este mundo no había encontrado, una satisfacción justa para su ideal elevado.

El espíritu es antes que el cuerpo, como el cuerpo es antes que el vestido. Esa materia que poseéis es tan sólo una vestidura pasajera del espíritu. No sólo sois mentes que hoy piensan y mañana no; no sólo sois materias que hoy palpitan y pronto dejan de existir; para Mí, ante todos sois espíritus eternos, hijos de Dios.

¿Qué es la materia sin el espíritu? Un conjunto de células inanimadas. El espíritu es la vida de la materia, pero uno y otro proceden de Dios. Yo soy como un sol, vosotros sois como una chispa de él. Fuisteis creados pequeños para que crecieseis por vuestros méritos desarrollando vuestros dones. Fuisteis puros en un principio, pureza que más tarde manchasteis con vuestros errores.

Todos sois semejantes al brillante en su origen, al cual hay que pulir con cuidado y con mucho amor, para que dé hermosos destellos. ¿Acaso os creéis indignos de ser comparados con el brillante?

No sólo sois sustancia sin también esencia, porque debéis saber que donde termina el hombre, no es el final en el camino del espíritu. Si el hombre careciese de espíritu y fuese un ser absolutamente material, su misión y su destino terminarían con su último aliento de vida.

Muchas son las verdades que el hombre se ha atrevido a negar, sin embargo, la creencia de la existencia de su espíritu, no ha sido de las que haya combatido más, porque el hombre ha sentido y ha llegado a comprender que negar a su espíritu, sería tanto como negarse a sí mismo.

El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. (Juan 6:63)

Qué hermoso será para vuestro espíritu, si al llegar su último instante en la Tierra, su conciencia, llena de paz, pueda hablarle a su Padre y decirle: «Señor, todo está consumado».

A la humanidad

A la humanidad

Humanidad, infinitamente amada por Mí, sosegad vuestra mente agitada por las vicisitudes y azares de la vida.

¡Cuánto lucháis tratando de libraros de la oscuridad en que vivís, a pesar de encontraros en pleno tiempo de la luz! Grande es vuestra lucha y por eso os sentís cansada. Si soy vuestro Padre, pensad que necesariamente tengo que sentir lo que los hijos sientan, sólo así comprenderéis que mientras cada uno de vosotros sufre y siente su propio dolor, el Espíritu Divino sufre con el dolor de todas sus criaturas.

Como una prueba de esta verdad vine al mundo a hacerme hombre y a cargar una cruz que representó todo el dolor y el pecado del mundo. Y si en cuanto hombre cargué sobre mis hombros el peso de vuestras imperfecciones, y si sentí todo vuestro dolor, ¿podría en cuanto Dios mostrarme insensible ante las penas de mis hijos?

Es que los hombres han perdido la semilla de amor que, sin saberlo, llevan en lo más puro de su corazón, tan dentro que ellos mismos no alcanzan a descubrir. Os amo, y si un paso os alejáis de Mí, ese mismo doy Yo para acercarme a vosotros. Si me cerráis las puertas de vuestro templo, Yo llamaré a ellas hasta que abráis para penetrar en él.

Soy el necio peregrino que llama incesantemente a vuestra puerta y no os deja dormir. Soy la sombra que os sigue por doquier, ¿qué queréis? Mi amor es infinito.

Yo soy vuestro Creador y me pertenecéis. Si os busco es porque os amo y no quiero que ninguno pierda la felicidad que para todos tengo preparada. Como ladrón he venido a sorprenderos, mas si algo he venido a buscar, es a vuestro espíritu. Si os he visto cargando una pesada cruz, no habría Yo de venir a aumentar su peso con mi juicio, antes bien he venido a ayudaros a llevarla.

Ni uno solo de vuestros sollozos deja de escucharse en el Cielo, ninguna oración deja de hallar eco en Mí, ninguna de vuestras aflicciones o trances difíciles pasan desapercibidos para mi amor de Padre. Todo lo sé, lo escucho, lo veo y en todo estoy. ¿Os parece extraño que os procure con tanto afán? Es que no tenéis verdadero conocimiento de lo que es mi amor por vosotros, o de lo que significáis para Mí, porque os habéis formado un concepto muy pobre, respecto de vuestro Padre.

Si descendí al mundo haciéndome hombre, fue para mostraros en los ejemplos de aquel sacrificio, el cumplimiento de la misión señalada por mi Divinidad. Os digo que esa sangre fue vertida para trazar el sendero de restitución a todos mis hijos, y que si alguno no hubiera alcanzado ese beneficio, por él sólo me haría hombre nuevamente y daría mi sangre por salvarle.

¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido. Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento. (Lucas 15-4-7)

Vengo cual Padre cariñoso a daros mi perdón porque aún sois débiles. Ved que soy amor infinito, sublime y santo, que a todos amo. Humanidad: Yo sólo sé deciros que lo que es mío no lo dejaré perder; y vosotros sois míos. Os amo desde antes que fueseis y os amaré eternamente.

He ahí que vosotros nacisteis por amor, existís por amor, sois perdonados por amor y seréis en la eternidad por amor.

“Sed tengo,” os digo nuevamente, sed de vuestra elevación y de vuestro amor, mas nadie acerca a mis labios el agua que pueda apagarla; mas bien soy Yo, quien tiene que conservar abierta y fresca la herida del costado para que no deje de manar agua de vida sobre el mundo.

Vengo a vosotros como el divino Doctor de los doctores que se acerca a los enfermos del espíritu y del cuerpo para devolverles la salud perdida. Soy el que viene a resucitar a aquellos que han muerto a la verdad y a la vida verdadera. Mi caridad está dispuesta a enjugar las lágrimas de los que mucho han llorado, a todos los ungiré con su solo bálsamo, que es el del amor.

Amad, como el Padre os ama y os seguirá amando en todos los tiempos.

¿Quién es Dios?

¿Quién es Dios?

Yo amo a los que me aman, Y me hallan los que temprano me buscan. (Proverbios 8:17)

Humanidad: ahora os sentís muy distantes de la paz, y de la armonía, y tenéis razón, porque es muy diferente en cada hombre el concepto sobre Dios, sobre la vida, y la verdad, que tal parece que son muchos dioses y que existe un dios para cada hombre.

Yo no os digo: Venid al Padre para que le conozcáis, sino: Conoced al Padre para que vengáis a Él. Quien no le conozca, no podrá amarlo, y quien no le ame, no sabrá ir a Él. Soy el Dios de la humanidad, de las religiones, de las ciencias, y de todos los mundos. Todo lo creado es un reflejo de la verdad. Yo estoy manifestado en todo como Creador, como fuerza, como vida, perfección y armonía. ¿Y quién puede mantener esa armonía en el universo sino Dios?

Ya comprenderéis que Dios no es complicado, misterioso, ni confuso, porque lo perfecto es simple y sencillo. Veréis entonces, cómo ese Dios que los hombres creen inaccesible, e incomprensible, desaparecerá para que en su lugar surja el Dios verdadero, cuyo corazón está eternamente abierto para sus hijos.

No existe forma precisa bajo la cual podáis imaginar a vuestro Dios, porque si la tuviese, sería un ser limitado como lo es el ser humano y entonces ya no sería Dios. Unos dicen que Dios está en los cielos y otros, que habita en el más allá; pero no saben lo que dicen, ni conocen lo que creen. Ciertamente que habito en los cielos, pero no en el lugar determinado que habéis imaginado; Yo habito en los cielos de la luz, del poder, del amor, de la sabiduría, de la justicia, de la felicidad y de la perfección.

Yo estoy en el más allá, sí; pero más allá del pecado humano, más allá del materialismo, de la soberbia y de la ignorancia. ¡Cuán pobre es aún la mente humana al buscar la verdad en las doctrinas complicadas que ella misma se forja!

Estudiad la Naturaleza y ved cómo todo obedece a un solo principio, y sigue un mismo orden y todo armoniza en una sola Ley. Contemplad al Universo que os habla también con voz de Maestro, ya que en todo estoy presente. Observad con amor o al menos con interés, y comprobaréis que todo señala el camino de la verdad. En todo está mi amor, como sello indeleble del Autor de la Vida.

Aquel Dios a quien los hombres creyeron vengativo, cruel, rencoroso e inflexible, será sentido en lo más profundo del corazón, como un Padre que perdona a cambio de las ofensas, como el Padre que persuade con ternura al pecador y como el juez que en vez de condenar al que ha faltado gravemente, le proporciona una nueva oportunidad de salvación.

El amor de Dios es inalterable, inmutable y eterno, por eso quienes crean que el Espíritu Divino puede verse poseído por la ira, o por la cólera, cometen grave error; esas flaquezas sólo son concebibles en los seres humanos cuando les falta la elevación del espíritu y el dominio sobre las pasiones.

Todo es bendito por Mí a toda hora, en todo instante. De Mí no ha brotado ni brotará maldición o abominación alguna; por eso sin contemplar justos ni pecadores, hago descender sobre todos mi bendición, mi ósculo de amor y mi paz. Cada vez que vuestros labios o vuestro pensamiento me dice: Padre, no me niegues tu perdón, estáis probando vuestra ignorancia, vuestra confusión y lo poco que me conocéis. ¿Decirme a Mí que me apiade de vuestro dolor? ¿Pedirme que tenga misericordia de mis hijos? ¿Suplicarme a Mí, que perdone vuestros pecados, a Mí que soy el amor, la clemencia, la caridad, el perdón y la piedad? Eso sería atribuirme dureza, insensibilidad, indiferencia, egoísmo, y ¿Concebís estos defectos en el Dios que amáis?

En verdad os digo, que los hombres del poder no todo lo pueden, ni los sabios todo lo saben, ni los teólogos me conocen en verdad. ¿Comprendéis ahora por qué os digo que muy poco sabéis de Mí?

Así como he encontrado en cada corazón de la humanidad una cruz y una tumba, de cierto os digo que en todos habrá un Tercer día, en el cual he de resucitar lleno de luz y de gloria.

La verdad absoluta no la posee ningún hombre ni está contenida en ningún libro. Esa divina claridad, esa fuerza omnipotente, ese amor infinito, esa sabiduría absoluta, y justicia perfecta está en Dios. ¡Él es la única verdad!

El hombre, ha llegado ha formarse en su corazón la idea de que nadie es digno de mirar, ni oír, ni sentir a Dios. Con decir que Yo soy infinitamente grande para aproximarme a la humanidad, quien diga que Yo soy muy grande para fijarme en criaturas tan pequeñas como es el hombre, niega lo más hermoso que mi Espíritu os ha revelado: la humildad.

El Tercer Testamento

¿Qué es el Tercer Testamento?

Estoy legando a la humanidad un nuevo libro, un nuevo Testamento: mi palabra del Tercer Tiempo, la voz divina que ha hablado al hombre al desatarse el Sexto Sello. Nadie se sorprenda de estas revelaciones, comprended que estáis aproximándoos a la plenitud de los tiempos. En aquél Segundo Tiempo (Segundo Testamento) mi presencia en cuanto hombre, sólo fue creída por unos cuantos corazones. Sin embargo, la humanidad tomó después el nacimiento de Jesús el Cristo, como el comienzo de una nueva Era; así en este tiempo, el principio de mi comunicación con vosotros o sea mi advenimiento en cuanto Espíritu Santo, será tomado como el principio de la Tercera Era, el Tercer Tiempo, El Tercer Testamento.

Humanidad: os prometí volver y no podía dejar de asistir a esta cita con vuestro espíritu. Han pasado muchos siglos desde el día en que os di mi palabra a través de Jesús. He regresado en virtud de la promesa que os hice.”

 “Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de Verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber.” (Juan 16:12-15)

 “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.” (Juan 14:26) 

Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. (Joel 2:28)

Este es el Tercer Tiempo en que mi Espíritu Divino se derrama sobre toda carne y sobre todo espíritu, en cumplimiento de la profecía que os hice de que todo ojo me contemplaría.

Nos dará vida después de dos días; (Dos tiempos) en el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él. (Oseas 6:2)

De cierto os digo, que los hombres no han comprendido el sentido espiritual de aquellas palabras, (Oseas 6:2) porque el tiempo no pasa sobre Mí, ya que Yo soy la eternidad. Heme aquí en la Tercera Era, en el tercer día, ahora estáis en el tiempo en que he venido a resucitaros.

Es el Tercer día, en el que debéis resucitar, el Tercer Tiempo destinado al espíritu para su restitución y elevación.

Vengo a entregaros mi palabra, que como un concierto celestial llega a daros vida, cual cantar de los cantares que vibra en los Cielos y cuyo eco es escuchado en la Tierra.

¿Os dije que resucitaría al tercer día de entre los muertos? Pues con ello también os hablé en sentido figurado de los acontecimientos futuros. Aquí me tenéis en Espíritu al iniciarse el Tercer Tiempo comunicándome por el entendimiento humano.

y le matarán; mas al tercer día resucitará. Y ellos se entristecieron en gran manera. (Mateo 17:23)

Creed que, así como Jesús resucitó al tercer día de entre los muertos, hoy en el Tercer Tiempo, he resucitado nuevamente de entre los hombres, muertos a la fe y a la gracia, para venir a enseñaros a través del entendimiento humano las bellezas de la vida espiritual.

Este es el tercer día en el que vengo a resucitar mi palabra entre los muertos. Este es el Tercer Tiempo en el que me aparezco ante el mundo en forma espiritual, para decirle: éste es el mismo Cristo que visteis expirar en la cruz, que ahora viene a hablaros porque Él vive y vivirá y será por siempre.

Hoy me manifiesto para recordar a la humanidad, mis enseñanzas pasadas y también para anunciarles mis nuevas revelaciones.

Mi Palabra en este tiempo os habla sobre la vida espiritual, y es porque ya habéis llegado en vuestra evolución a aquel capítulo del Libro de la Vida, que muestra al espíritu los misterios no revelados. Humanidad, he aquí mi presencia divina con vosotros, no hecho hombre como en el Segundo Tiempo, sino espiritualmente.

Heme aquí presente, visible a toda mirada espiritual, derramando luz en los senderos del espíritu, para que comprendáis todo lo que ha sido revelado a través de los tiempos.

Bienaventurados los que así me reciban en su corazón y crean en mi palabra, porque ellos me verán en la nube celestial rodeado de mis huestes espirituales, y aunque no toque el polvo de la Tierra como en el Segundo Tiempo, sabrán sentir mi presencia espiritual; entonces unirán este nuevo mensaje, al que no estaba completo porque faltaba agregarle mis revelaciones como Espíritu Santo.

Finalmente comprenderéis que estas revelaciones se os han entregado en perfecto orden iluminando la vida humana. Que la lección de amor se os dio cuando ya teníais un amplio conocimiento de la justicia. La misma sabiduría os llegará cuando viváis en armonía con las enseñanzas que encierra el verdadero amor.

Cuando alcancéis completo conocimiento de esas divinas revelaciones, haced un libro que esté dividido en tres partes y encontraréis que la primera habla de la Ley, la segunda del amor y la tercera de la sabiduría. Entonces comprenderéis, que la ley es la que conduce, el amor eleva y la sabiduría perfecciona.

Este es el Tercer Testamento del único Dios que se ha manifestado a los hombres en tres formas o fases distintas, y por lo tanto tenéis una lección más que añadir a las anteriores. Mucho tenéis que estudiar, pero no temáis, porque la enseñanza de este tiempo os hará comprender mejor la de los tiempos pasados. Así pasó con los que rigiéndose por la ley de Moisés, estudiaron a los profetas y comprendieron el fondo de las enseñanzas hasta que vino Jesús el Cristo.

Faltaba revelar a los hombres mucho más de lo que se les había enseñado, para que pudieran comprender el sentido de aquellas lecciones; y entonces le fue anunciada a la humanidad una nueva Era y una nueva manifestación de mi Espíritu. Y el cumplimiento de aquella promesa lo estáis viendo realizado en esta palabra de luz, que es sabiduría para vuestro espíritu Y consuelo para vuestro corazón. ¿Quién sino Yo, podía ser el Espíritu de la Verdad y de la Consolación?

Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas pasaron. (Apocalipsis21-4)

¿Cómo se recibió el Tercer Testamento?

Buscad en el testimonio de mis profetas de los primeros tiempos, el anuncio de esta comunicación a través del entendimiento humano y de cierto os digo, que ahí lo encontraréis. Si hasta ahora los hombres no han descubierto esa profecía, es porque leyendo, no han sabido entender ni interpretar la palabra divina.

¿Por qué os sorprendéis, humanidad, del prodigio que he venido a mostraros en este tiempo, al comunicarme por medio del entendimiento del hombre? Mayores obras hice en los tiempos pasados y las creísteis. La forma que elegí para comunicarme con los hombres de este tiempo a muchos ha sorprendido, atreviéndose aun a juzgarla sin antes haber meditado en mis pasadas revelaciones.

He aquí una página más del Libro de la Vida, escrita por mi caridad; he venido a hablarle a vuestro espíritu porque en todos los tiempos me he comunicado con la humanidad. La forma en que ahora me manifiesto no es nueva; sólo el que se ha materializado podrá parecerle extraña o imposible, en cambio para el que me esperaba, es lo más natural y justo.

Me ha placido comunicarme con el hombre y mi determinación es perfecta. Conozco al hombre porque Yo lo he creado. Puedo servirme de él porque para eso lo formé, y puedo manifestar mi gloria por su conducto, porque lo creé para glorificarme en él.

Así hablé a los patriarcas de los primeros tiempos; así inspiré a Moisés a quien convertí en portavoz de mi palabra, ahora os he hablado, como en otro tiempo hablé a los pueblos por boca de los profetas, me comuniqué con ellos de Espíritu a espíritu, porque esta comunicación la he establecido con los hombres desde el principio de la humanidad.

¡El hombre! He ahí mi imagen porque él es inteligencia, vida, conciencia, voluntad, porque posee algo de todos mis atributos y su espíritu pertenece a la eternidad.

Si he venido a manifestarme por medio del ser humano, es porque el hombre constituye la obra máxima de cuanto deposité en la Tierra, si le doté de espíritu, ¿qué mejor intérprete que él podría encontrar mi Espíritu para hablar con la humanidad? Ahí tenéis la razón de por qué en todos los tiempos ha sido el hombre mi mejor conducto para expresaros mis divinos pensamientos.

En verdad os digo y no lo olvidéis: que no es imposible que Yo me comunique, a través del entendimiento humano; imposible sería que no pudiera comunicarme.

¿Por qué creéis imposible mi comunicación con vosotros si estáis recibiendo la comunicación del universo? ¿Cómo ha de pareceros imposible la vibración de mi Espíritu a través del espíritu humano, si todos estáis llenos de los pensamientos de Dios? ¿Cómo ha de ser imposible que Dios se comunique con vosotros, cuando los ángeles, los mundos, los espacios y todo lo creado están llenos de Él?

En este tiempo me ha placido manifestarme a vosotros a través del entendimiento humano. ¿En qué forma mejor podríais comprenderme, si no en ésta, valiéndome de vuestra propia mente y de vuestro lenguaje?

Hay quienes se han sorprendido porque me comunico por conducto del hombre, y no aciertan a comprender si ha sido por voluntad de Dios o por voluntad humana. Mas Yo os digo: ha sido vuestro propio Dios quien ha venido a sorprender a la humanidad.

¿En dónde están los limpios de corazón y los justos para manifestarme en ellos? Si alguien dijese que es imposible que Yo me comunique por este medio con la humanidad, porque soy infinito y no sois dignos de recibirme, os digo: Más que fijarme en vuestra pequeñez, me manifiesto a vosotros porque me necesitáis.

Este es un medio del cual me he valido en todos los tiempos para hablar al hombre, y debéis notar que siempre ha venido la divina palabra por conductos humildes, sencillos y en apariencia rudos.

“Porque en lengua de tartamudos, y en extraña lengua hablará a este pueblo, a los cuales les dijo: Este es el reposo dad reposo al cansado; y este es el refrigerio; mas no quisieron oír. La palabra pues de Jehová, les será mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito ahí, otro poquito allá, hasta que vayan y caigan de espaldas, y sean quebrantados, enlazados y presos. (Isaías 28:11-13)

En la Ley está escrito: En otras lenguas y con otros labios hablaré a este pueblo; y ni aún así me oirán, dice el señor. (1ª de Corintios 14:21)

¿Cuándo se recibió el Tercer Testamento?

1866 Marca el principio de este tiempo de luz. Yo envié al Profeta Elías para que descorriese el velo del misterio e iniciase el tiempo de mi comunicación como Espíritu Santo entre la humanidad.

Respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad Elías viene primero, y restaurará todas las cosas. (Mateo 17-11)

Elías iluminó a un varón destinado por Mí para que fuese el precursor. Aquél escogido llamado Roque Rojas, fue quien escuchó de espíritu a Espíritu la voz del profeta que le ordenaba en mi Nombre, llamar y reunir a sus hermanos, porque una revelación divina estaba a punto de iluminar los destinos de la humanidad, Roque Rojas, manso y humilde como un cordero, obedeció la voz espiritual, respondiendo: «Hágase en mí la voluntad de mi Señor». Roque Rojas reunió a un grupo de hombres y mujeres de fe y buena voluntad, y allí, en el seno de sus primeras reuniones, Elías se manifestó a través del entendimiento del Enviado, diciendo: «Yo soy Elías el Profeta, el de la transfiguración en el Monte Tabor».

Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías hablando con él -Jesús el Cristo- (Mateo 17:3)

Y dio las primeras instrucciones a los primeros discípulos, al mismo tiempo que les anunciaba la Era de la Espiritualidad y les profetizaba que pronto llegaría el Rayo del Divino Maestro a comunicarse con su pueblo.

Ese primero de septiembre de 1866, fue el nacimiento de una nueva Era, la aurora de un nuevo día: El Tercer Tiempo que se abrió ante la humanidad. Mi Espíritu vino sobre la nube simbólica a prepararos para recibir la nueva lección. Después en 1884, principié a daros mi enseñanza. No llegué en cuanto hombre, sino espiritualmente.

Roque Rojas trajo al mundo la misión de ser el primer entendimiento por el cual el profeta Elías llamó a los primeros labriegos del Tercer Tiempo, y entre aquellos primeros en recibir cargos, se levantó una doncella con la espiritualidad y la entrega necesaria para que en ella se consumase el prodigio de mi comunicación por el entendimiento humano. Desde entonces y por ese conducto mi palabra iniciada con la manifestación de Elías marcó el tiempo de esta comunicación que será desde 1866 hasta 1950.

¿En dónde se recibió el Tercer Testamento?

Así como en los tiempos pasados, los lugares de Jerusalén y de Roma, fueron para la humanidad tierras de promisión y fuentes de gracia en donde el Señor se manifestó, a esta nación empequeñecida y humillada, -La Nación Mexicana- le he señalado una elevada misión para este tiempo; deberá de estar preparada, porque tanto el eco de mi manifestación, como el rumor de mis prodigios y el fervor de los testigos, atraerán la atención de la humanidad.

Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del hijo del hombre. (Mateo 24: 27)

Yo fui quien señaló en aquel tiempo el lugar y la hora para mi advenimiento en cuanto hombre; también Yo he marcado el lugar y el tiempo en que vendría entre los hombres en la Tercera Era. Todo fue preparado con perfecta justicia y sabiduría.

Una nueva tierra había de, ser testigo de mi nueva venida; el occidente habría de iluminarse con el resplandor de mi presencia. Escuchad: Hace tiempo en el norte de vuestras tierras habitaba una gran tribu, de la cual surgió un profeta inspirado por mi luz. El levantó y condujo a aquel pueblo en pos de una hermosa tierra, donde deberían fundar su ciudad. Ante tan grata promesa, aquellas tribus se levantaron con la esperanza de merecer aquella gracia. Atravesaron selvas, cruzaron desiertos y escalaron sierras; nada los detuvo, y cuando a su paso encontraron obstáculos, su fe les ayudó a vencerlos hasta llegar al lugar profetizado, que era, como en el Primer Tiempo, una imagen de Canaán, la «tierra prometida» a los Israelitas, la tierra que manaba leche y miel.

Ved cómo la hoja del árbol no se mueve sin mi voluntad y nada es ajeno a mis designios y planes divinos.

Aquella tribu inspirada en la fe de una promesa que llegó a ver cumplida, levantó su ciudad, y en ella elevó a su Dios su culto primitivo, formó sus hogares y dio esplendor a su imperio, que en su magnificencia se semejó al de Salomón.

Fue aquella tierra, según las promesas, tierra de bonanza y de prosperidad. El varón era fuerte, la mujer dulce y tierna, y ambos eran hermosos; mas llegó el tiempo en que ese pueblo había de conocer el nombre y la obra de Cristo, su Señor, llegando a ellos la buena nueva en labios de hombres extraños que venían del otro lado del mar. Muy grande fue la misión de quienes trajeron a estas tierras la luz de mi Doctrina; mas en verdad os digo, que fueron muy pocos los que supieron cumplir con la ley de amor, de caridad y humanidad, que mis enseñanzas aconsejaban, porque en su mayoría aquellos hombres se dejaron poseer de la codicia, olvidando todo principio de fraternidad, haciendo correr a torrentes la sangre inocente, para adueñarse de cuanto sus ojos contemplaban.

Los invasores derribaban los ídolos de aquel pueblo, haciendo que éste blasfemara en contra del Dios que aquellos venían a revelarles con tanta injusticia y con tanta crueldad. ¿Podían aquellos reconocer a través de actos tan inhumanos a Cristo, el Dios del amor, Aquél que a nadie quita la vida, sino que antes da la Suya para salvar al mismo que le ha ofendido?

Aquellas tribus cayeron bajo la esclavitud y el dominio del fuerte, como en el Primer Tiempo Israel había caído bajo el yugo de Faraones y Césares. Fueron tiempos de dolor, de amargura y de lágrimas, los que vinieron sobre aquel pueblo, y fue entonces cuando su clamor, resonando en los cielos, atrajo sobre sí como un manto de infinita ternura, el amor de la Virgen María, la ternura divina, la dulce Madre del universo.

Por su sensibilidad, ese pueblo estaba destinado a ser Mariano, porque al reconocer y amar esa divina verdad, encontró la escala espiritual que conduce a Mí a los espíritus.

Y ese pueblo, ¿cuál es? Es el vuestro, el cual después de sus luchas y de su larga jornada ha contemplado la llegada del Tercer Tiempo, con mi nuevo advenimiento.

No elegí a última hora a esta nación para mi nueva manifestación, todo había sido previsto desde la eternidad. Este suelo, esta raza, vuestros espíritus, han sido preparados por Mí, así como el tiempo de mi presencia también había sido marcado por mi voluntad.

Así como Cristo en aquel tiempo buscó el pesebre para nacer en cuanto hombre, hoy encontré este rincón de la Tierra dispuesto a oírme.

Esta parte de la Tierra en que vivís, ha sido ahora la destinada para recibir el cumplimiento de mis promesas y designios. Aquí he venido a daros el tercero y último de mis testamentos.

¡Oh, nación bendita donde he hecho llegar mi rayo de luz convertido en verbo!

La presencia del profeta Elías, antes de la manifestación del Espíritu de Verdad

He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. Él hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición. (Malaquías 4:5-6)

En el año de 1866 brilló una estrella como aquella que anunció el nacimiento del Mesías. Pocos la contemplaron porque el mundo estaba durmiendo.

Esa estrella fue el Profeta Elías, y con su manifestación a través del entendimiento humano, se abrió una nueva Era espiritual. Con su luz vino a iluminar el camino para guiar a los hombres y anunciarles un tiempo de grandes revelaciones.

Elías abrió la puerta de una nueva Era, ha aparejado los caminos del Señor, os ha preparado para que recibáis las primicias de mi revelación.

Elías ha venido como precursor en este tiempo para preparar mi llegada; ha venido como profeta para anunciaros la nueva Era con sus combates y sus pruebas, pero también con la sabiduría de sus revelaciones. Viene con su carro de luz a invitaros a penetrar en él y llevaros a la mansión espiritual donde reina la paz. Confiad en él como en el buen pastor, seguidle espiritualmente como el pueblo de Israel siguió a Moisés en el Primer Tiempo.

Este es el tiempo confiado a Elías para que despierte a la humanidad, él es el precursor que llegará de pueblo en pueblo, de nación en nación, de hombre en hombre, para decirles como lo hizo en aquel tiempo Juan el Bautista, en las orillas del Jordán, cuando les hablaba a las multitudes diciéndoles que se prepararan porque el reino de Dios ya estaba cerca. Ahora les dirá con su voz espiritual que penetren en recogimiento, porque la presencia del Señor como Espíritu Santo es con los hombres.

Y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos, se ha acercado… Y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados. Al ver él que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo, les decía: ¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento. (Mateo 3:2-8)

La Manifestación de la Virgen María, en el Tercer Tiempo

Escudriñad las profecías de los tiempos pasados y comprobaréis que estaba anunciada mi nueva manifestación, mas cuando tuvisteis la comunicación de La Virgen María, vuestra Madre Celestial, todavía existen quienes se preguntan: ¿También la presencia de María estaba anunciada? De cierto os digo, que si interpretaseis bien las profecías de Juan el Apóstol, encontraréis que la manifestación de La Virgen María, la ternura divina, había de ser también en este tiempo.

Cuando Juan, mi discípulo, se encontraba en su retiro solitario en la isla de Patmos donde recibió las grandes revelaciones de los tiempos venideros, donde penetró espiritualmente en el Más Allá, contemplando los grandes misterios del Señor encerrados en símbolos, representados por figuras, allí también contempló la figura la Virgen María. En esa gran revelación confiada por el Padre a Juan para los hombres de las eras venideras, ahí él, después de una gran señal, contempló a una Mujer Vestida de Sol y la luna debajo de sus pies y una corona formada sobre su sien por doce estrellas.

Aquella mujer sentía dolores de parto y cuando aquél dolor era más intenso, vio Juan a la maldad en forma de dragón acechándola, esperando solamente el nacimiento del hijo para devorarlo. Y el Maestro os dice: Si esa revelación, dada por el Padre a Juan, hablaba de los tiempos venideros, Yo os digo: Él vio a María en el Tercer Tiempo, próxima a dar a luz al pueblo Mariano y a la maldad acechando al pueblo del Señor. Juan contempló también que en el instante del nacimiento se entablaba una gran batalla de ángeles contra el dragón que simboliza la maldad humana, una batalla que es la que ahora tenéis, porque el pueblo Mariano ha nacido, ya ha surgido sobre el haz de la Tierra y hoy se encuentra recibiendo su escudo y su espada de amor para penetrar en la gran batalla final. Eso significa esta revelación.

Los que conocen a María, no la conocen en su verdad. La miran solamente como mujer, la contemplan solamente como madre humana y en torno a Ella han creado cultos, ritos, festines y fanatismos. Por esa adoración idolátrica se han olvidado del cumplimiento de las leyes del Señor, de la palabra del Maestro y de amarse los unos a los otros.

Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento…(Apocalipsis 12: 1-17)

La presencia de los seres de luz, llamados ángeles, en el Tercer Tiempo

Y le dijo: De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre. (Juan 1:51) (Génesis 28:12)

Y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, (2ª Tesalonicenses1:7)

Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras. (Mateo 16-27)

Esas legiones espirituales de que os he hablado, forman también parte de mis bendiciones que os envío. Mis mensajeros y siervos, en el instante de recibir la inspiración divina, se apresuran a ayudar a sus hermanos que habitan la Tierra, ese planeta convertido por los hombres en valle de lágrimas.

Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro. (Mateo 24:31)

Abrid vuestros ojos y dulcificad vuestros sentidos para que percibáis a ese mundo invisible que vibra en torno vuestro. Os habéis empeñado en ignorar esa vida espiritual que palpita sin cesar dentro, fuera y sobre de vosotros, sin imaginaros que estáis tan íntimamente ligados a ella, como lo estáis al aire que respiráis.

Mientras que mi arcano pleno de revelaciones y de misericordia, sólo espera la hora en que la humanidad vuelva su mirada al Padre, mostrándose limpia y humilde, para derramar en ella cuanto le tengo reservado, de cierto os digo que habéis estado desafiando siempre mi justicia, y que en este tiempo os he aceptado el desafío. Vengo en son de guerra, mi poder es grande, mis huestes numerosas y mis armas invencibles. Al final Yo venceré, mas no me levantaré sobre los muertos, sino delante de los vivos; a nadie humillaré, todos levantarán su faz para ensalzar mi nombre.

En la Biblia, se nos habla de un nuevo pacto* o Testamento

(*) La misma palabra griega significa tanto pacto como testamento (Hebreos 9:15) Versión Reina Valera Revisada en 1960 (página 1116)

Pacto: La Palabra testamentum se usa con frecuencia en Latín, para expresar la palabra Hebrea berith, que significa pacto. (Diccionario de la Biblia. por W.W. Rand de Editorial Caribe, apartado 1307 San José Costa Rica (página 484)

La palabra testamento, en griego, diatheke, equivalente a la hebrea berith, significa pacto. (página 684) del mismo diccionario de editorial Caribe.

Pacto: En Hebreo Berith, en Griego Diatheke; estos términos, son comúnmente traducidos como <pacto>, aunque también en algunas ocasiones por <alianza> o <testamento>. Nuevo diccionario bíblico ilustrado Vila/Escuain de editorial Clie (1985) (página 869)

El Mediador de un nuevo pacto

Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas. Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera procurado lugar para el segundo. Porque reprendiéndolos dice: He aquí vienen días, dice el Señor, en que estableceré con la casa de Israel y la casa de Judá un nuevo pacto. No como el pacto que hice con sus padres el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos no permanecieron en mi pacto, y yo me desentendí de ellos, dice el Señor. Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré; y seré a ellos por Dios, y ellos me serán a mí por pueblo. Y ninguno enseñará a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; porque todos me conocerán, desde el menor hasta el mayor de ellos. Porque seré propicio a sus injusticias. Y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades. Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer. (Hebreos 8:6-13)

Pero el entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado. Y aun hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos. Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará. Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. (2 Corintios 3: 14-17)

En el Primer Tiempo (Primer Testamento) pacté con Abraham y sus generaciones; aquel pacto lo olvidaron los hijos de aquel pueblo. Pacté con Moisés, quien sacó de la esclavitud a Israel, y con el paso de los tiempos nuevamente los hombres se olvidaron del pacto.

En el Segundo Tiempo vine al mundo, mi pacto con los hombres lo sellé con mi sangre, y ese pacto de amor tuvo validez suficiente para enseñar a mis hijos el camino por el que la humanidad de todos los tiempos puede redimir todos sus pecados. Porque Yo, en Jesús, vencí a la muerte, triunfé sobre las tinieblas, convertí el dolor en pasión divina y abrí el camino de la luz a los espíritus.

Hoy vengo a hacer con vosotros nueva alianza, porque no os encuentro unidos ni en Mí, ni en vosotros mismos, y es mi voluntad que en este Tercer Tiempo, en el seno del Sexto Sello, forméis la alianza de amor y fraternidad en Mí.

Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna. Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador. Porque el testamento con la muerte se confirma; pues no es válido entre tanto que el testador vive. (Hebreos 9:15-17)

Y nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber dicho: este es el pacto que haré con ellos Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré. (Hebreos 10:15-16)

El cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, más el espíritu vivifica. (2ª Corintios 3:6)

Este es el nuevo pacto que hacéis con mi Divinidad. Esta revelación es el Arca de la Nueva Alianza.

En este tiempo, mi pacto con vosotros no será sellado con sangre, como lo fue en Egipto cuando mi pueblo marcó las puertas de sus casas con sangre de cordero primogénito, o como después en el Segundo Tiempo (Segundo Testamento) lo hizo Jesús, el Cordero de Dios, al sellar con su sangre un pacto espiritual entre el Maestro y sus discípulos.

Ahora quiero que os levantéis por amor, guiados por la luz de la conciencia y por el ideal de espiritualidad, para que no sea la sangre del inocente la que selle este pacto de alianza; deberá ser la luz de mi Espíritu y vuestra luz, las que se fundan en una sola claridad, en un solo rayo de luz.

Al cumplir el espíritu de la humanidad con el pacto que tiene celebrado con su Padre, Yo cumpliré a mi vez hasta la última de mis promesas, abriré mi arcano y lo desbordaré sobre de mis hijos en sabiduría, en paz y en revelaciones. Siempre que vuestro concepto sobre lo divino ha estado alejado de la realidad, he venido en vuestra ayuda para destruir fantasías e irrealidades y haceros penetrar en la verdadera senda.

Inútiles y vanos serán los esfuerzos que las religiones hagan por conservar a sus fieles en la rutina de antiguas creencias y métodos fuera de tiempo, porque nadie podrá detener la luz divina que penetra al fondo de los entendimientos, despertando al espíritu a una Era de revelaciones, de divinas confidencias, de esclarecimientos de dudas y misterios, de liberación espiritual.

Tampoco nadie podrá detener el torrente que habrá de formar la humanidad cuando se levante en pos de su libertad de pensamiento de espíritu y de fe.

Nadie crea que Yo vengo a arrebatar sus adeptos, fieles o seguidores a las distintas religiones, no, pero ha llegado la hora en que un nuevo tiempo hace su entrada, removiendo lecciones olvidadas, borrando costumbres, creencias y tradiciones inútiles, purificando y despojando al espíritu de toda falsedad, para entregarle el verdadero pan del espíritu que siempre ha cambiado por el rito, En torno a esta luz se unirán los hombres, se reconciliarán los pueblos, se perdonarán los enemigos y por ella se comprenderá la esencia de la Doctrina que hace casi dos mil años vine a enseñaros con palabras y obras.

¿Por qué el Tercer Testamento?

Porque la humanidad no ha logrado aún penetrar al fondo de las revelaciones de los dos primeros tiempos, -Primero y segundo Testamentos- mas en éste Tercer Tiempo –Tercer Testamento- mi palabra os hará comprender, interpretar y practicar mis enseñanzas anteriores uniéndolas a las presentes.

Muchos se preguntan por qué he vuelto a la Tierra, si ya os había doctrinado con mi palabra en el Segundo Tiempo; (Segundo Testamento) es que habéis olvidado mi Ley y os he encontrado naufragando en un mar de ignorancia y de maldad. La misma sangre de los hombres derramada a torrentes, empapando la Tierra, ha marcado el tiempo de mi presencia entre vosotros como Espíritu Santo. Mirad la guerra, el hambre, la peste y la muerte como un tétrico cortejo que va de pueblo en pueblo sembrando el luto, la desolación y el exterminio.

Prometí a la humanidad volver en otro tiempo y aquí me tenéis cumpliendo mi promesa. Tenía que venir nuevamente para concluir una enseñanza que a través de dos Eras os había venido revelando y cuya última parte había sido reservada para este Tercer Tiempo. ¡Muy grande es el atraso moral y espiritual en el que encuentro a la humanidad! No solamente los adultos corren atraídos por los placeres del mundo y de la carne; también los adolescentes y hasta los niños, a todos les ha llegado el veneno acumulado a través de los tiempos.

Así encuentro a la humanidad desconociéndose, destruyéndose, dándose muerte; confundiendo al espíritu con la materia, a lo divino con lo humano, y a la luz con la tiniebla. ¿Comprendéis el momento en que vivís? ¿Comprendéis el por qué de mi Tercer testamento?

¿Qué no presentís el ambiente de lucha? ¿Nada os revela vuestro espíritu? Todo os habla de caos. Si es la mente humana, sólo concibe armas para la destrucción; si es el corazón, no da albergue a sentimientos de fraternidad y si al odio. La salud no existe en un solo cuerpo, todos se encuentran contaminados de la enfermedad y de la peste; los niños nacen con una carga de dolor; los padres desconocen a sus hijos y los hijos a sus padres; los esposos se separan, las mujeres pierden su virtud sin darle valor alguno; los hombres profanan lo más sagrado; las religiones se desconocen y se desgarran entre sí y los vicios toman fuerza entre los hombres. Mientras, mi palabra con un dulce reclamo os despierta, os invita a la regeneración y a que os libréis de perecer en ese mar tempestuoso. Sólo mi palabra puede resolver los profundos problemas y endulzar la existencia del espíritu en su jornada de pruebas y amarguras. Por eso he venido a entregaros mi Tercer Testamento.

Mas, ¿cómo podríais arrepentiros verdaderamente, si no conocéis la magnitud de vuestras faltas? He tenido que venir a los hombres, para hacerles comprender lo que significa ante la Divina Justicia, arrebatar la vida a un semejante, destruir la fe, engañar a un espíritu, traicionar un corazón, profanar la inocencia, causar una deshonra, despojar a un hermano de lo que es suyo, mentir, humillar y tantas imperfecciones que pasan inadvertidas a vosotros, porque os habéis familiarizado con todo ello.

Vine a sorprenderos precisamente en el tiempo anunciado por Jesús y los profetas de mi nuevo advenimiento; ahora al cumplirse mi promesa, miraréis el pecado en su mayor altura de perversidad, las ambiciones y los odios humanos manifestándose en guerras, como resultado de las tinieblas que envuelven al espíritu de la humanidad en este tiempo.

¿Quién de vosotros puede imaginar cómo es el fondo de ese abismo que con tanto odio y perversidad habéis abierto? Nadie, nadie puede imaginar las tinieblas ni el dolor acumulado durante siglos, milenios y Eras en ese inmenso cáliz de amargura. ¿Y aún habrá quienes pregunten por qué he venido?

Deducid quién es el que os está hablando y ya no tendréis necesidad de preguntar por qué he venido nuevamente hacia los hombres, porque la respuesta la llevaréis en vosotros mismos.

Debéis saber que Yo he venido, no sólo para que sepáis que soy grande, sino también para que todos vosotros lo seáis. En esta Era voy a probaros el poder que poseéis como herencia o don que deposité en vosotros; no es poder de la materia, sino del espíritu, porque el hombre no es poderoso, grande, ni sabio por la carne, lo es por el espíritu.

Cuando Cristo terminó su obra, dijo: «Todo está consumado», es decir, aquella lección había tocado a su fin. Sin embargo, antes había prometido volver entre los hombres porque aún les tenía reservadas nuevas lecciones. Hoy se abre ante vuestro espíritu este libro y veréis brotar de él nuevas enseñanzas; porque lo que no comprendisteis en aquellos tiempos, hoy lo comprenderéis. He aquí mi tercera lección: El Tercer Testamento.

No todo está escrito en la Biblia

¿Creéis por ventura, que lo que escribieron mis apóstoles del Segundo Tiempo, fue todo lo que Yo dije cuando estuve con vosotros? En verdad os digo que no. Fijaos en lo que os dice Juan, mi discípulo: «Hay tantas obras que Jesús realizó, que si se escribiesen cada una de ellas, pienso que en el mundo no cabrían los libros que para ello deberían escribirse». (Juan 21:25)

Hoy sabéis que lo que os dije en el Segundo Tiempo, no era todo lo que habría de enseñaros; que la lección no estaba concluida y que os tenía reservado un tiempo de gracia en el que había de reanudar mis enseñanzas, y a daros la explicación de mis palabras dadas en aquel tiempo en que habité entre vosotros y que no han sido comprendidas.

La palabra que habéis recibido, es el Tercer Testamento que he legado a vuestro espíritu, ya que en el mundo sólo eran conocidas las dos primeras partes de este libro, (La Biblia) la primera revelada a través de Moisés y los profetas, la segunda, aquella que os di en Jesús el Cristo; mas no poseíais la tercera, que es la que en este tiempo os ha enviado mi Espíritu.

Si os dije que volvería, es que tenía algo más que deciros y que en aquel tiempo aún no os lo podía revelar porque no lo hubieseis comprendido.

En este tiempo vengo a esclarecer con la luz de mi Espíritu, lo que era misterio para la humanidad. He aquí al Maestro recordando a sus hijos, hechos de otros tiempos, relacionándolos con obras del tiempo presente, para que comprendáis mejor mis enseñanzas pasadas.

Bienaventurados los que así me reciban en su corazón y crean en mi palabra, porque ellos me verán en la nube celestial rodeado de mis huestes espirituales, y aunque no toque el polvo de la Tierra como en el Segundo Tiempo, sabrán sentir mi presencia espiritual; entonces unirán este nuevo mensaje al que no estaba completo porque faltaba agregarle mis revelaciones como Espíritu Santo.

En cierta ocasión hablé a las multitudes que me oían: «Aún tengo muchas cosas que deciros, más por ahora no os las diré, porque no las comprenderíais». Ahora que vuelve a escucharse mi voz en el mundo, os digo: «Este es el tiempo en el que podréis comprender lo que callé entonces». Escuchad y analizad.

 

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