Archivos en la Categoría: LIBRO ROSA

Atributos espirituales

Dones y facultades del espíritu

No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales. (1a corintios 12:1)

El libro del saber se abre para revelaros cuántos dones y atributos poseéis, muchos de ellos todavía desconocidos por vosotros. El hombre ignora quién es, por lo que no sabe cuánto atesora en su espíritu. Se ha concretado a desarrollar sus facultades humanas, pero las del espíritu las ha ignorado por su falta de interés en lo que es elevado y noble.

Ya descubriréis en vuestro ser algo más que los órganos de vuestro cuerpo y ellos son los dones, facultades, potencias y atributos del espíritu, los cuales han dormido en el hombre por muchos siglos. Ni sustancia ni forma les encontraréis, por lo que os digo, que no será vuestra ciencia la que os descubra estas facultades porque pertenecen al espíritu.

¿Cómo han de descubrir los hombres los dones que su espíritu tiene, si su corazón está ansioso de poseer tan sólo las riquezas de la Tierra? Nadie se sorprenda de estas revelaciones, comprended que estáis aproximándoos a la plenitud de los tiempos.

La luz de mi Espíritu ha venido a revelaros todos los dones que se ocultan en el fondo de vuestro ser, todo lo que desde vuestro origen habéis llevado con vosotros sin presentirlo. Os he hecho saber que ya es tiempo de que os conozcáis verdaderamente, de que os encontréis a vosotros mismos y conozcáis vuestra heredad para que seáis grandes de espíritu.

Esos dones son: la videncia, el presentimiento, la intuición, el sueño profético, inspiración, clarividencia, curación, análisis, palabra, libre albedrío, sensibilidad, revelación, comunicación de espíritu a Espíritu y profecía. Los dones fueron depositados en vuestro espíritu desde el instante de vuestra formación.

Hay, sí, diversidad de dones espirituales, mas el Espíritu es uno mismo. Hay también diversidad de ministerios, mas el Señor es uno mismo. Pero los dones visibles del Espíritu Santo se dan a cada uno para la utilidad. Así el uno recibe del Espíritu Santo el don de hablar con profunda sabiduría; otro recibe del mismo Espíritu el don de hablar con mucha ciencia; a éste le da el mismo Espíritu una fe o confianza extraordinaria; al otro la gracia de curar enfermedades por el mismo Espíritu; a quién el don de hacer milagros, a quién el don de profecía, a quién discreción de espíritus, a quién don de hablar varios idiomas, a quién el de interpretar las palabras, o razonamientos… Porque así como el cuerpo humano es uno, y tiene muchos miembros, y todos los miembros, con ser muchos, son un solo cuerpo, así también el cuerpo místico de Cristo. (1ª de Corintios:12:4 al 12)

Por medio de ellos confirmarán los hombres que un nuevo tiempo se ha abierto ante la humanidad.

Desarrollo de los dones

No hay nuevos dones en este tiempo para vuestro espíritu, todo lo lleváis en vosotros desde el instante en que brotasteis de Mí.

Todos poseéis los dones del espíritu, que están comenzando su desarrollo en este Tercer Tiempo, por la evolución que han alcanzado los espíritus. La intuición, la videncia, la revelación, la profecía y la inspiración, se están manifestando en forma clara entre la humanidad y es ello el anuncio de un nuevo tiempo, es la luz del libro de los Siete Sellos, abierto en este tiempo en su sexto capítulo.

Los atributos del espíritu son inmutables porque son virtudes de mi Divinidad, son fuerzas eternas. Mas comprended que, según hayáis vivido, así será mayor o menor la pureza que podáis demostrar a través del desarrollo de vuestros dones.

Los dones y potencias que poseéis, no los habéis podido aprovechar debido a vuestra ignorancia; más si en alguno de mis hijos se han manifestado en forma espontánea o natural, no ha faltado quien lo juzgue anormal o le atribuya poderes ocultos y perversos.

Con lo que ahora os he dicho, podréis ya comprender que no os será posible, en una sola existencia, desarrollar en toda su capacidad los dones de que está formado vuestro espíritu, porque siendo ellos parte de un ser que pertenece a lo eterno, que es parte de lo infinito, es natural que en una vida tan efímera, como es la vida del hombre en la Tierra, no alcancéis a mirar el desarrollo completo de algunos de vuestros dones.

Sin embargo, debo aclararos que no por saber que en la presente existencia no podréis alcanzar el máximo desarrollo de vuestros dones, vayáis a flaquear en vuestro ahínco de lograr vuestra evolución. Por el contrario, pensad que si en una sola existencia pudieseis contemplar el desarrollo completo de vuestros dones espirituales, éstos serían muy pequeños.

Ha llegado el tiempo que os profetizó Joel; mas debo advertiros, que esos dones que ahora habéis visto surgir de vuestro ser, no os fueron dados hasta ahora, han venido sufriendo una transformación junto con vosotros desde el principio de vuestro espíritu y ahora, en este tiempo, Yo os envié a la Tierra a recoger el fruto de vuestra evolución.

Y después de esto sucederá que derramaré yo mi Espíritu Divino sobre toda clase de hombres; y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos tendrán sueños misteriosos, y tendrán visiones vuestros jóvenes. (Joel 2: 28)

No se debe lucrar con los dones

A todos les he dado en su principio los mismos dones, pero mientras algunos han sabido elevarse y ser grandes por medio del desarrollo de su virtud, otros se han estacionado y otros se han extraviado.

¡Ay, de los que busquen la adulación, las vanidades y el dinero! ¡Ay, de aquellos que se crean dioses, porque solo provocarán gran confusión! No olvidéis que los poderes divinos sólo están con los humildes y que nunca descienden para halagar las vanidades humanas.

Hay quienes creen conocerse porque al saber los muchos dones que el hombre posee en su espíritu, se yerguen ante los ignorantes, se envanecen de su propia grandeza, se enseñorean y al fin acaban perdiéndose entre las tinieblas de su orgullo. No saben que el espíritu tiene en la conciencia el arcano de Dios y que para penetrar en él hay que hacerlo con respeto.

No hagáis ostentación de vuestros dones y conocimientos de la verdad que lleváis. Yo os digo, que, si eso hicierais, os expondríais a ser sometidos a grandes pruebas por vuestros hermanos.

¿Por qué hay quienes apartándose de los principios de espiritualidad que les he trazado, de dar amor y caridad sin interés alguno, van vendiendo los servicios que hacen a través de dones que nada les costaron?

Debo deciros que si os interesa que vuestras obras tengan valor delante de Mí, no tendréis que pedir nada en cambio de ellas a vuestros hermanos.

He venido a revelaros los dones espirituales que poseéis y a enseñaros el uso que de ellos debéis hacer, para que nunca los toméis para hacer obras que no estén dentro de mi Ley porque entonces en vez de entregar luz, sembraríais tinieblas y confusión.

Yo no vine a maravillar o a sorprender a los hombres con aquello que sirviera sólo para asombro de su entendimiento, como algunos que se hacen admirar de los hombres como seres superiores, haciendo aparentes milagros y que, sin embargo, no son capaces de convertir a un pecador.

Yo no he venido a enseñaros ciencias superfluas o sorprendentes; Yo os he revelado mi existencia y el porqué de la vuestra. Os he descubierto que el fuego que da vida y todo lo anima, es el amor; es el principio de donde han brotado todas las naturalezas.

Estudiad bien estás lecciones para que no vayáis a buscar a los falsos profetas y videntes de este mundo y en ellos creáis. No olvidéis que sois mis hijos y si sabéis vivir en armonía Conmigo, no necesitaréis preguntar a vuestros hermanos ni consultar los libros ni los astros, porque Yo hablo a vuestro espíritu por medio de la conciencia y si la escucháis os regiréis con sabiduría y sabréis vivir cumpliendo con mi voluntad.

Así como en todos los tiempos la vida del hombre se ha dividido en Eras o Edades, y cada una de ellas se ha significado por algo, ya sea por sus descubrimientos, por las revelaciones divinas que dentro de ella han recibido los hombres, por el desarrollo del sentido de lo bello, a lo cual llamáis arte, o por su ciencia; así os digo, que este tiempo se significará por el desarrollo de los dones del espíritu, esa parte de vuestro ser por la que debíais haber empezado a cultivaros, para evitaros tantos males y errores.

Fe, amor y espiritualidad, son las tres virtudes que harán invencibles a los soldados y apóstoles del Tercer Tiempo. Esas virtudes estuvieron presentes en todos aquellos siervos, que desde los primeros tiempos testificaron mi existencia, mi presencia, mi Ley y mi verdad.

Entre esos siervos podéis encontrar a los patriarcas, a los profetas, a los apóstoles y a los mártires; pero no han sido ellos los únicos en la historia de la humanidad, ha habido muchos más, que en diversos caminos han venido a desempeñar su misión y a testificar mi verdad, resistiendo todo género de ataques, burlas, persecuciones y calumnias. Mas su fe, su indulgencia para quienes les han herido, su amor constante y fiel hacia sus hermanos, amor inspirado en su Señor, les ha hecho vencer al dolor, la injusticia y la muerte.

¿Cómo podríais explicaros la resignación de los mártires ante sus verdugos? ¿Cómo podríais concebir la paciencia y la serenidad ante las persecuciones de todos los que me han amado y seguido? Preparación espiritual es lo que necesitáis, mas cuando estéis practicando mi Palabra, causaréis conmoción en la vida de vuestros hermanos, porque se manifestará en vosotros el espíritu con todos sus dones y potencias.

Del llamado fin del mundo

Del llamado fin del mundo

Muchos discuten sobre el temido y terrible fin del mundo que suponíais a la puerta de cada una de vuestras guerras. Os digo ahora, que ese fin que esperáis, no vendrá; mis palabras del Segundo Tiempo se referían a un mundo materializado y científico que no me honra, ni me ama, ni me reconoce. La Tierra no está manchada, está bendita y es pura; son los hombres los que han manchado su corazón.

Si la Tierra hubiese pecado, ya la hubiese destruido y os hubiera enviado a habitar a otro mundo, mas en ella no encuentro mancha. El mundo material, el planeta, no está próximo a su desintegración, pero el fin de ese mundo de errores y pecados, de tinieblas y mala ciencia, llegará con la luz de mi Doctrina, y sobre sus escombros Yo levantaré un nuevo mundo de progreso y de paz.

Os digo que estáis en el final de un mundo y en el principio de otro. El planeta seguirá siendo el mismo, la Naturaleza la misma, la luz también la misma, pero la forma de vivir de la humanidad será otra, sus finalidades, sus luchas y sus ideales, serán distintos. Habrá justicia, habrá verdad. ¿Cómo habéis podido creer que en el día del juicio resuciten los cuerpos de los muertos y se unan a sus espíritus para penetrar en el Reino de Dios? ¿Cómo podéis interpretar así lo que en otros tiempos se os enseñó?

Ahí tenéis el fruto de la mala interpretación que se ha dado a las Escrituras de los tiempos pasados, cuyo lenguaje divino no ha sido encontrado todavía en el fondo del lenguaje humano con que fueron escritas las revelaciones y las profecías. Muchos van hablando del fin del mundo, del juicio final, de la muerte y del infierno, sin saber un átomo de la verdad.

Cuando el dragón de vuestras pasiones haya sido muerto por vuestras armas de luz, un mundo nuevo aparecerá delante de los hombres, un mundo nuevo, siendo el mismo, pero el cual parecerá más hermoso, porque entonces los hombres sabrán tomarlo para su bienestar y progreso, infiltrando a todas sus obras un ideal de espiritualidad. Los corazones se ennoblecerán, las mentes tendrán luz, el espíritu sabrá manifestar su presencia. Todo lo bueno prosperará, todo lo elevado servirá de simiente a las obras humanas.

Sobre las ruinas de un mundo creado y destruido por una humanidad materialista, se levantará un nuevo mundo cuyos cimientos serán la experiencia y tendrá por finalidad el ideal de su elevación espiritual.

Grande será la transformación que sufra la humanidad en breve plazo: instituciones, principios, creencias, doctrinas, costumbres, leyes y todos los órdenes de la vida humana serán conmovidos desde sus cimientos. El mundo que desaparecerá será el mundo de maldad que habéis creado, en el cual los fuertes oprimen a los débiles, del que ha huido la inocencia hasta de los niños en el que los padres desconocen a los hijos y los hijos a los padres.

Este mundo en el que los principios e instituciones más sagradas han sido profanadas por los hombres, y en el cual unos a otros, en vez de amarse como hermanos, se matan. Para que esta nueva Babel desaparezca, es menester que su maldad sea cortada de raíz como mala hierba. El dolor será grande, pero en ese cáliz se purificarán los impuros y abrirán sus ojos los ciegos. La muerte detendrá la carrera de muchos, mas no será para exterminarles, sino para conducirles a la verdadera vida.

De las obras malas de la humanidad nada quedará, más sobre los escombros de vuestro pasado, Yo haré surgir un mundo nuevo como un gran reino en donde la humanidad sea como una extensa familia que viva en paz, que ame, que sienta y piense en mi Ley de amor.

Cesarán las confusiones, desaparecerán las encrucijadas, se disiparán los misterios, y una luz brillante, pero a la vez dulce y suave, porque es la del Espíritu Divino, dirá a los hombres que mucho buscaron, dudaron y se atormentaron: He aquí la verdad.

A grandes pasos se acerca la humanidad hacia el fin de ese mundo creado por la ciencia del hombre, de ese mundo falso y superficial; y será el hombre quien por propia mano destruya la obra que su orgullo y su codicia construyeron. Luego vendrá el silencio, la meditación y con ello la regeneración, los propósitos y los ideales elevados.

Ante los hombres se abrirá una nueva Era, y en ella penetrará una humanidad purificada en el dolor y acrisolada en la experiencia. Un nuevo mundo levantarán los hombres, pero será un mundo guiado por el espíritu, iluminado por la conciencia y encauzado por el camino de mi Ley.

Cristo y Jesús

¿Quién es Cristo, quién fue Jesús?

No es la primera vez que los hombres luchen por definir una revelación divina o por alcanzar claridad en algo que a su mente se presenta como un misterio. Ya en el Segundo Tiempo, después de mi predicación en el mundo, los hombres deliberaron sobre la personalidad de Jesús, queriendo saber si era o no divino, si era Uno con el Padre o era una persona diferente; juzgaron y escudriñaron en todas formas mi Doctrina.

Ahora volveré a ser objeto de análisis, de discusiones, de luchas y de escrutinio. Se juzgará si al presentarse el Espíritu de Cristo, éste se encontraba independiente del Espíritu del Padre, y habrá otros que digan que es el Espíritu Santo el que ha hablado y no el Padre ni el Hijo.

Si Cristo es el Amor, ¿podéis creer que Él sea independiente de Jehová, si Yo soy el Amor? Si el Espíritu Santo es la Sabiduría, ¿creéis que ese Espíritu sea independiente a Cristo si Yo soy la sabiduría? ¿Pensáis que el Verbo y el Espíritu Santo sean distintos entre sí?

Por el nombre de Cristo conocisteis a quien manifestó el amor de Dios entre los hombres, mas cuando Él vino a la Tierra, antes ya se había manifestado como Padre, por lo tanto no debéis de decir que Cristo nació en el mundo, quien nació fue Jesús, el cuerpo donde se albergó Cristo.

Meditad y concluiréis por comprenderme, aceptando que antes que Jesús, ya era Cristo, por eso cuando Él se manifestó a través de Jesús, os turbasteis y os confundisteis; y aun mirando sus prodigios no le creísteis, porque es infinito su poder para que lo comprenda vuestra limitada razón. Por eso es que unos me niegan, otros se confunden y otros más me estudian y analizan de acuerdo con su manera de pensar y de entender. Pocos, muy pocos son los que algo alcanzan a comprender a Cristo, os digo esto porque encuentro poco amor en los corazones, ya que no os amáis ni entre hermanos. Cristo, al que una multitud rechazó, es el mismo que ahora viene a manifestarse a vosotros, porque fue el cuerpo el que destrozaron los hombres, mas no al Verbo que por Él habló.

Fue Cristo el que vino a vosotros y es Cristo el que os habla, mas no tratéis de separarme de Dios, ni mirarme fuera de Él, porque Yo soy y he sido siempre Uno con el Padre. Por lo tanto os digo que el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo, son un solo Dios.

En el principio era el Verbo, y el Verbo era Dios. (Juan 1:1)

Cristo fue uno con el Padre, porque el Verbo que se hizo hombre para ser oído en el mundo, siempre ha estado en Dios. La verdadera esencia de mi enseñanza la han ocultado los hombres para mostraros un Cristo que ni siquiera es imagen del que vino a daros tantos ejemplos a través de Jesús.

Cristo, el Verbo de Dios, fue el que habló por boca de Jesús, el hombre limpio y puro. Jesús, el hombre, nació, vivió y murió, mas, por lo que toca a Cristo, Él no nació, ni creció en el mundo, ni murió; porque Él es la voz del Amor, el Espíritu del amor, la palabra divina, la expresión de la sabiduría del Creador, que ha estado siempre en el Padre.

Jesús nació y murió en la pobreza, pureza y perfección y hubierais deseado que permaneciese eternamente en la Tierra, por ello lo habéis querido perpetuar en imágenes fabricadas por la mano del hombre; debéis comprender que desapareció su forma humana para dejar tan sólo la esencia purísima de su palabra y de sus obras, que fueron la expresión perfecta del divino amor.

Hay quienes han atribuido a Jesús las debilidades de todos los hombres, gozando con arrojar sobre el hombre divino y sin mancha, el cieno que llevan en su corazón. ¿No pensáis que el cuerpo de Cristo es la materialización de un pensamiento sublime de amor de vuestro Padre? Entonces Cristo os amó con el Espíritu, no con la carne. Mi verdad nunca podrá ser falseada porque ella contiene una luz y una fuerza absolutas.

¿Por qué Jesús llamándose el hijo de Dios, no había de llamar hermanos a los hombres cuando ellos también son hijos de Dios? ¿Cuándo tendréis la elevación suficiente que os permita dar su justo sentido a lo divino y a lo humano? Comprended que es la única forma de que sepáis dónde están los errores y dónde brilla la verdad.

Dos naturalezas hubo en Jesús, una material, humana, creada por mi voluntad en el seno virginal de la Virgen María, a la que llamé el Hijo del Hombre, y la otra divina, el Espíritu, el cual fue nombrado el Hijo de Dios. En ésta fue el Verbo Divino del Padre, el cual habló en Jesús; la otra fue tan sólo material y visible.

Sólo en cuanto hombre nací y morí, porque en cuanto Dios no tuve principio ni tendré fin. Jesús nació de la pureza del amor del Padre hacia la humanidad, tomando forma humana en el seno de una casta doncella, previamente escogida por el Creador.

En los tiempos pasados, un pueblo fue preparado para recibir en su seno la presencia del Hijo de Dios; el anhelo de que llegara, nacía de su dolor, de su tristeza, por la esclavitud y la humillación en que había caído; y la promesa del Señor a aquel pueblo fue cumplida. Si un hombre justo, limpio y puro le había sido prometido como Salvador, natural era que su cuerpo proviniese de un seno casto; y así fue, pues María, aquella que fue llamada bendita entre las mujeres, fue una flor celestial trasplantada a la Tierra por voluntad de Dios, para que dejara en el corazón manchado y triste de los hombres, el perfume de su ternura maternal, de su divino consuelo.

Fue Jesús humana criatura, pero concebida sin mancha, ni impureza, para servir de instrumento a Dios, encarnado en Él, el Verbo, que es la divina palabra. A la edad de treinta años, cuando se hallaba Jesús en plenitud, el Cristo que habitó en él, manifestó su gloria, su verdad y su amor.

Era el mismo Dios que vino al mundo para dar su Ley y su enseñanza a través de una envoltura. Hoy quisierais saber como fue formado el cuerpo de Jesús, a lo que Yo os digo: Debéis saber que aquel cuerpo fue engendrado y concebido por obra del amor infinito que os tengo.

En verdad os digo, que Jesús nada tuvo que venir a aprender de los hombres, porque entonces no hubiese sido Yo el Maestro Divino, sino el discípulo del hombre. Si alguien os ha dicho que Jesús el Cristo fue instruido por teólogos, teósofos o sabios, no está diciendo la verdad. Las lecciones del Cielo no se vienen a aprender al mundo, y lo que Cristo enseñó, fue la verdad que existe en el reino eterno del espíritu.

Dicen los hombres en sus libros, que Jesús estuvo entre los Esenios buscando su saber, mas quien todo lo sabía y fue antes que los mundos, nada tenía que aprender de los hombres; no podía lo divino aprender de lo humano. Donde quiera que estuve fue para enseñar. ¿Puede haber en la Tierra alguien más sabio que Dios? Cristo vino del Padre a traer a los hombres la sabiduría divina. ¿No os dio prueba de ello vuestro Maestro cuando a los doce años de edad, dejó absortos a los teólogos, a los filósofos y a los doctores de la Ley de aquel tiempo?

¿Qué tenía que aprender de ellos quien en su infancia confundió a los doctores de la ley? Aquel tiempo, del cual los hombres nada saben, fue tan sólo un tiempo de espera.

Y se maravillaban los Judíos, diciendo: ¿Cómo sabe éste letras, sin haber estudiado? (Juan 7:15)

Sólo Yo puedo revelaros lo desconocido. Así puedo deciros que en vano los hombres de ahora tratan de conocer la juventud de Jesús. Escudriñan e imaginan, mas sólo se conoce mi niñez y el tiempo de mi predicación. A vosotros os digo: Jesús, antes de levantarse a anunciar el Reino de los Cielos, nada aprendió de los hombres.

Hoy vengo en Espíritu y no podrá la humanidad llamarme el hijo del carpintero, mas en verdad os digo, que ni en aquel tiempo hubo justicia para llamarme así. Escrito esta que una virgen concebiría y en su seno tomaría carne el Verbo. José el patriarca, fue en la senda de la virgen y del niño, sólo un ángel guardián visible a los ojos de los hombres; en cambio María, fue la encarnación del amor maternal divino y Madre de Jesús, que es la parte humana de Cristo.

Y Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. (Mateo 1:16)

Si Yo hubiese deseado que me adoraseis en la figura de Jesús, os hubiese dejado su cuerpo, para que le rindierais culto, pero si concluida su misión hice desaparecer aquella materia, ¿Por qué los hombres le adoran? Yo os revelé que mi Reino no es material, mas a pesar de ello los hombres aún quieren retenerme en la Tierra, y me presentan las riquezas y el poderío de un reino que es pasajero y limitado. Si el cuerpo de Jesús no brotó de la tierra, ¿por qué había de rendirle tributo como todos los hombres? Él os había dicho: Mi reino no es de este mundo.

Desaparecida de la Tierra aquella forma humana, sólo quedó flotando en las conciencias la esencia divina del Verbo, que habló en Jesús. Eso es lo que debéis de buscar, la esencia, el sentido espiritual de aquel mensaje de vida y amor.

Ved que Yo, siendo el Verbo, no sólo soy palabra sino también obra; prueba de ello os di encarnando en aquel tiempo para vivir con vosotros y daros ejemplo. Fui hombre en verdad, mas aquel cuerpo no tuvo en su formación el más leve pecado ni la más ligera mancha. Fue un verdadero templo, de cuyo interior brotó el Verbo de Dios. Aquel que levantó a los humildes y con una palabra sanó a los enfermos, aquel que bendijo a los niños y se sentó a la mesa de los pobres, es el que ahora viene, es el mismo Verbo. Es la luz de la verdad que visteis aparecer por oriente y cuyo resplandor está iluminando al occidente.

Cristo desapareció como hombre y ha aparecido como Espíritu triunfante, sin materia, todo amor; es la revelación constante de la misericordia divina delante de la humanidad.

Significado de la salvación por la sangre de Jesús el Cristo

He aquí al Cordero que voluntariamente se inmoló, para que su sangre cayera en todos sus hijos, trazando con su huella el camino de la evolución espiritual de la humanidad.

Vengo a deciros cuál es la esencia de aquel sacrificio.

Aquí está de nuevo mi palabra, no la palabra del hombre que no ha sabido explicar aquel mensaje, sino mi palabra que viene a enseñaros la esencia inmortal de mi Doctrina y de mis obras, explicación divina con la que los hombres sabrán el valor espiritual de aquella sangre derramada en el Calvario por amor a la humanidad.

En mi sangre lavaréis todas vuestras manchas porque, ¿qué significa mi sangre? Sino mi amor.

Si el polvo de la tierra bebió aquel líquido que fue vida en el cuerpo del Maestro, fue para que comprendieseis que mi Doctrina habría de fecundar la vida de los hombres con el divino riego de su amor, de su sabiduría y de su justicia.

El mundo, incrédulo y escéptico de las palabras y ejemplos del Maestro, combate mi enseñanza diciendo: ¿Por qué si Jesús derramó su sangre por salvar del pecado a la humanidad, el mundo no se ha salvado? ¿En dónde está el poder de aquella sangre de redención?

Muchos han sido los hombres que han aceptado que todas las lágrimas de este mundo han sido causadas por un pecado de los primeros pobladores y en su torpeza para analizar la parábola, han llegado a decir que Cristo vino a lavar con su sangre toda mancha. Si tal afirmación hubiera sido cierta, ¿por qué a pesar de que aquel sacrificio ya fue consumado, los hombres siguen pecando y también sufriendo?

Mi sangre fue derramada para que reinara la paz y la justicia entre los hombres, mas no he sido bien comprendido; si hubieseis aprovechado esa lección habríais alcanzado mayor grado de evolución y la luz que he derramado en el transcurso de los tiempos, iluminaría plenamente a vuestro espíritu.

Os digo una vez más, que en Mí será salva toda la humanidad. Aquella sangre derramada en el Calvario es vida para todo espíritu, mas no es la sangre en sí, puesto que ella cayó en el polvo de la tierra, sino el amor divino que en ella está representado. Cuando os hable de mi sangre, ya sabéis cuál es y qué significado tiene.

Existen quienes dicen: ¿Qué relación tiene el dolor de Jesús con vuestra salvación? Su dolor no puede darnos la gloria. Y el Espíritu de Verdad os dice: Yo fui entre los hombres a través de Jesús, como esas plantas de olor que perfuman las manos del que les arrancó la vida.

Aquel madero que me disteis y que Yo acepté, fue prueba de mi amor por vosotros y prueba también de que os salvaríais con mi ejemplo. ¿Por qué creéis que, si Yo hubiese sabido que mi sacrificio iba a ser inútil, os lo hubiese ofrecido? ¿No recordáis que os he dicho que en la Obra del Padre no se pierde ni una semilla? Cuando el costado del Maestro fue abierto, quise que en él vieseis la puerta que se abría para que todos moraseis en la eternidad, y el primero en contemplar esa puerta, fue el soldado que hundió su lanza en el cuerpo de Jesús.

He venido a trazaros el camino que ha de conduciros a vuestra salvación, en medio de este mar anchuroso de maldad. Comprended que esa sangre no ha cesado de derramarse ni por un instante sobre vosotros, sobre vuestro ser, para trazar con su huella el camino de vuestra evolución.

Sin embargo, el mundo está pidiendo una vez más mi sangre y voy a dársela, pero no aquélla que vivifica el cuerpo, sino la que le da vida eterna al espíritu. En mi luz enviaré vida y salud a los hombres, ella será como un sol que hará llegar su calor a los fríos corazones de esta humanidad.

En el Segundo Tiempo fue mi sangre, de mi sacrificio, la que se derramó en los corazones para iluminar a los espíritus.

Por eso os digo que me busquéis en todas las formas en que me necesitéis, ya sea como Dios; como Padre, como Juez, como Maestro, como hermano, como amigo, como doctor, lo que quiero es vuestra paz y vuestra salvación, humanidad amada.

A los enfermos

A los enfermos

Quiero hablar a quienes no han sentido sobre su cuerpo mi bálsamo de curación, ni ha llegado a su corazón mi paz.

Venid a Mí enfermos, cansados, tristes y hambrientos de amor, necesitados de salud, Yo os haré sentir el dulce amor de mi caridad. Vengo a apartar vuestra amargura.

En Mí encontrarán el bálsamo, la luz del espíritu y la salud de vuestro cuerpo que tanta falta os hace.

En mi palabra, traigo curación para vuestras dolencias. ¿Qué podrá negar el Padre a su hijo, cuando éste espiritualmente se acerque para solicitar algo para su cuerpo, pequeña y frágil criatura material?

Cuando la enfermedad os agobie, no desesperéis; elevaos en oración a Mí y vuestra verdadera fe y espiritualidad os devolverán la salud del cuerpo.

Sean conmigo los enfermos, los desahuciados, por la ciencia. A todos los sanaré del espíritu y del cuerpo. Mentes, corazones o cuerpos enfermos, os digo: Pedid a vuestro espíritu, que es hijo del Todopoderoso, que vuelva al camino, que sane vuestras dolencias y que os ayude en vuestras flaquezas.

Quiero conversar con mis enfermos y ungirles, haciéndoles sentir el consuelo de mi bálsamo divino; quiero concederles aquello que hace mucho tiempo están esperando.

En los hospitales y doquiera se encuentre un enfermo, me haré sentir y oír, ungiendo y consolando a los enfermos como sólo Yo puedo hacerlo. Un manto de paz y de consuelo pondré sobre el dolor de los que sufren olvidados de sus hermanos y un bálsamo divino derramaré sobre sus males, levantándoles a la vida, para que den testimonio de mi presencia espiritual.

En verdad, os digo, que lo imposible no existe. En casos tan pequeños como vuestros quebrantos de salud, hablad a Dios que habita en cada uno de vosotros, que sabe lo que necesitáis, lo que sentís, y Él os dará según sea su voluntad.

Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados. (Santiago 5:15)

En aquel Tiempo, las multitudes me buscaban más como doctor que como Maestro, porque siempre han creído los hombres, que es más grande el dolor del cuerpo que el del espíritu.

¿Cuándo volveréis a buscarme con aquella fe, con que se acercaban a Mí los enfermos en aquel Tiempo?

Cuando llega un doctor junto a vuestro lecho de enfermo y en él depositáis toda vuestra fe y confiáis a su ciencia vuestra vida, olvidáis que la vida de ambos depende de Mí. Aquella alcoba, en vez de llenarse de luz y saturarse de fuerza y de esperanza, permanece triste y sombría por falta de espiritualidad; por lo que os digo, que no dejéis de orar en ese instante ante vuestro Padre para solicitar de Él la luz sobre el hombre de ciencia y el bálsamo sobre vuestra dolencia.

En mi palabra traigo curación para vuestras dolencias y vengo a depositar mi bálsamo para los enfermos; pero comprended, que este bálsamo no es tan sólo para el cuerpo, sino también para el espíritu.

Me pedís que os sane y de cierto os digo, que nadie mejor que vosotros mismos podéis ser vuestro doctor.

Cuántas veces estáis enfermos sólo porque así lo pensáis, porque a cada paso creéis que os sigue la fatalidad u os acecha el dolor; entonces atraéis con la mente a las tinieblas, de las cuales rodeáis vuestra vida material y vuestra jornada espiritual. Mas aquí me tenéis para encender de nuevo la fe en la vida, en la verdad, en lo eterno, en la paz perfecta y también para enseñaros a atraer la luz hacia vosotros.

La Ley del sabio, es manantial de vida, para apartarse de los lazos de la muerte. (Proverbios 13:14,16)

Yo soy la luz de éste y de todos los mundos, quiero que os vistáis con esa luz. Mi palabra es bálsamo de curación; sanaos con ella escuchándola y poniéndola en práctica. ¿Por que si lleváis a Dios en vosotros, estáis enfermos, sufrís y lloráis? Examinaos a vosotros mismos y corregid cuanto haya que corregir, limpiad todo cuanto haya que limpiar.

Yo os dije: «Limpiad el vaso por dentro y por fuera», o sea que vuestro ser interior armonice en voluntad e inspiración con vuestra parte material o humana.

La práctica de la moral, de la virtud y la espiritualidad os librará de las enfermedades de la materia y del reclamo de la conciencia. En vuestro espíritu existe una fuente de salud, de paz, y un manantial inagotable de bendiciones.

Existen ricos acaudalados que no tienen salud, ni conocen la alegría, y hombres pobres que teniendo salud no saben lo que poseen y viven amargados porque desean caudales o comodidades. No descubro ambiciones nobles en el corazón de los hombres y cuando llegan a tenerlas no persiguen buenos ideales.

Cuando a través de vuestra conciencia descubráis el origen de vuestras aflicciones y pongáis todos los medios para combatirlo, sentiréis en plenitud la divina fuerza, ayudándoos a vencer en la batalla y a conquistar vuestra salud corporal y libertad espiritual.

El que a base de renunciaciones y sacrificios recupera la salud no vuelve a ponerla en peligro, porque sabe cuánto le costó lograrla.

Soy el Doctor que viene en busca del enfermo. Cuando cansados de sufrir se encuentren, y no hallen una mano piadosa que los cure, venid a Mí, orad y penetrad en comunión Conmigo y Yo derramaré el consuelo que necesitan y no juzgaré vuestro pasado.

Aprended a conversar con el Doctor de los doctores, ¡oh, enfermos benditos! Tened siempre verdadera fe, para que el milagro se verifique y haced méritos para que siempre os encontréis dignos de lo que solicitáis.

Enfermos que a lo largo de vuestra vida habéis llevado la cruz del dolor, venid a Mí, Yo os sanaré, y os apartaré toda enfermedad, vengo a consolaros en vuestras aflicciones. ¿Sabéis porque lo puedo hacer? ¡Porque os amo!

La ciencia sola no basta para salvar al mundo de sus dolores.

El verdadero amor puede devolver la salud a un enfermo, por ser el más poderoso de cuantos medios debe conocer el hombre para curar.

Así como la sangre corre por vuestras venas y vivifica todo el cuerpo, así la fuerza de Dios como un torrente de vida, pasa a través de vuestro espíritu. No hay motivo para estar enfermo si cumplís mi la Ley. El amor es el principio y la razón de vuestra existencia, oh humanidad. ¿Cómo podéis vivir sin ese don? El que ama, no conoce el odio que amarga la vida, ni sabe del rencor que destroza el corazón y entristece el espíritu. El que ama tiene dulzura en su palabra, en su mirada y en sus obras, su vida es dulce y su muerte corporal tendrá que ser apacible.

Los Tres Tiempos

Los Tres Tiempos

Este es el Tercer Tiempo en que mi Espíritu Divino se derrama sobre toda la carne y sobre todo espíritu, en cumplimiento de la profecía que os hice de que todo ojo me contemplaría. (Joel 2:28)

Yo he marcado el tiempo que han durado mis manifestaciones en las Tres Eras. Desde el primer hombre hasta el nacimiento de Jesús fue el tiempo que comprendió la Primera Era de la humanidad. Fue una larga etapa de pruebas, de combates y experiencias para vuestro espíritu que se encontraba en plena evolución. Jesús el Cristo, marcó el principio de la Segunda Era, de ese tiempo hasta el año 1866, en que aparecieron las señales que daban a conocer el principio de una nueva Era, fue lo que abarcó la segunda etapa. Después de ese tiempo, se ha abierto un nuevo ciclo para la humanidad, el tercero, y mi Espíritu en plenitud ha venido a enseñaros a pasar de una etapa a otra y a tomar la simiente, la luz y la gracia que corresponden a este tiempo.

Ahora vengo en Espíritu y en verdad os digo: Hay quienes piensan que en los primeros tiempos estuve más cerca de vosotros que ahora: juzgan erróneamente porque en cada una de mis manifestaciones, me he ido acercando más a vosotros. Recordad que en el Primer Tiempo descendí sobre un monte y desde ahí os envié mi Ley grabada en una piedra; en el Segundo Tiempo, dejé lo alto del monte para descender a vuestros valles, haciéndome hombre para habitar entre vosotros; y en este tiempo para llegar más cerca, he hecho de vuestro corazón mi morada.

Moisés, Jesús y Elías, representan las tres fases en que me he manifestado a vosotros. He ahí los tres enviados por los cuales habéis recibido la Ley y las máximas revelaciones. El brazo de Moisés que sostuvo la Tabla de la Ley y señaló el camino de la tierra prometida; los labios de Jesús que pronunciaron la palabra divina y el profeta Elías que con sus manifestaciones espirituales, abrió las puertas que os conducen al infinito y al conocimiento de lo que llamáis misterio.

En los Tres Tiempos he buscado diferentes formas de comunicación con la humanidad: A través de Moisés en el Primer Tiempo, para guiar vuestros pasos hacia la libertad y la luz. Haciéndome hombre en el Segundo Tiempo, al encarnarse el Verbo y trazar una huella de redención para el mundo. Hoy he venido sobre la nube blanca, como iris de paz, para deciros: Venid en pos de la luz del Espíritu Santo. En el Tercer Tiempo he salido de la tumba del olvido en que la humanidad me ha tenido para resucitarla, porque Yo soy la Vida.

En los Tres Tiempos en que he dividido la evolución de la humanidad, he venido a trazaros con mi luz la misma senda recta y estrecha para la elevación del espíritu, el camino único del amor, la verdad y la justicia. No será el testimonio del Tercer Tiempo el único que os hable de mi amor por la humanidad, serán los hechos y palabras de los Tres Tiempos en los que el Padre se ha manifestado al hombre.

Mi mensaje es para todos y todos le conocerán conforme la hora vaya llegando a cada corazón, a cada pueblo y a cada nación. Cuando alcancéis completo conocimiento de esas divinas revelaciones, haced un libro que esté dividido en tres partes y encontraréis que la primera habla de la Ley, la segunda del Amor y la tercera de la Sabiduría.

Entonces entenderéis, que la Ley es la que conduce, el Amor eleva y la Sabiduría perfecciona. Finalmente comprenderéis que estas revelaciones se os han entregado en perfecto orden iluminando la vida humana. Que la lección de amor se os dio cuando ya teníais un amplio conocimiento de la justicia, y que asimismo la sabiduría os llegará cuando viváis en armonía con las enseñanzas que encierra el verdadero amor.

¡Oh, bendito Tercer Tiempo, eres el portador de todo cuanto el mundo necesita para salvarse de su esclavitud! ¡Bienaventurados quienes aprovechen tu luz porque ellos serán salvos!

¿Qué es el Espiritualismo?

¿Qué es el Espiritualismo?

He llamado Espiritualismo a la revelación que os habla de la vida del espíritu, que os enseña a comunicaros directamente, con vuestro Dios, Padre y Creador y os eleva por sobre la vida material.

En verdad os digo que el Espiritualismo no es nuevo, ni pertenece a este tiempo, sino que ha sido una revelación que se ha venido desenvolviendo, de acuerdo con la evolución espiritual de la humanidad.

¿Qué de nuevo viene a enseñaros, si la Doctrina de amor dada por Jesús el Cristo en el Segundo Tiempo os mostró el camino a seguir? Ha venido a haceros entender aquella palabra y a explicárosla con mayor amplitud y enseñaros a practicarla espiritualmente.

Os aseguro que ninguna de mis palabras se perderá y que los hombres de este tiempo, llegarán a saber qué fue lo que os dije en los tiempos pasados. Entonces dirá el mundo cuando conozca el Espiritualismo: en realidad, ya todo lo había dicho Jesús, pero no fue comprendido.

Efectivamente todo lo dije ya, aun cuando de muchas de las verdades reveladas, sólo os manifesté el principio de ellas; os las dejé para que empezareis a entenderlas, porque en aquel tiempo aún no estaba capacitada la humanidad para comprender todo lo que ahora he venido a mostraros en plenitud.

Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de Verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. (Juan 16:12-13)

Es la misma revelación del Primero y Segundo Tiempos. Es la base de todas las religiones, la que he venido a recordar a la Humanidad para que no se olvide de sus principios.

El Espiritualismo viene a destruir costumbres y tradiciones impuestas por los hombres las que han retrasado al espíritu. Espiritualismo es evolución y elevación incesante del espíritu.

El Espiritualismo no viene a borrar una sola de las palabras que Cristo predicó en aquel tiempo, ya que estaría oponiéndose a la verdad. ¿Cómo podría estar esta palabra en contra de aquella, si es el mismo Maestro quien la inspira?

El Espiritualismo carece de formas materiales, no necesita de esas manifestaciones, ni de ritos. El Espiritualismo es universal; la Doctrina o revelación del Espíritu Santo no es sólo para un pueblo, sino para toda la humanidad.

Yo, el Maestro, el Padre, he descendido a través de esta luz hasta vuestro espíritu y por esa causa habéis llamado Espiritualismo a esta revelación, la cual no es una religión, no es una secta, no es una nueva Doctrina, es la Ley de todos los tiempos. Es el amor, el perdón y la luz que Jesús el Cristo dejó al mundo en el Segundo Tiempo. Cuando comprendáis mi enseñanza y la practiquéis, entonces seréis digno de nombraros Espiritualistas.

El Espiritualismo nada tiene que ver con ritos, tradiciones o ceremonias religiosas, está por sobre todo culto externo, por lo que os digo que quien mezcle a mi Doctrina las prácticas aprendidas de sectas o religiones, se convierte en un profanador.

Quien no me comprenda, aún habiéndome escuchado, es porque mezcla a mis enseñanzas sus teorías e ideologías. Es porque confunde el Espiritualismo con credos dogmáticos y costumbres religiosas, impuestas a ellos por sus antepasados.

Se aproxima un tiempo en el que se abrirán vuestros ojos y comprenderéis la verdadera esencia del Espiritualismo. Cuando la humanidad comprenda la verdad de esta enseñanza, su justicia y los infinitos conocimientos que revela, desechará de su corazón todo temor, todo prejuicio y la tomará como norma de su vida.

Sirva esta lección de hoy como voz de alerta para quienes la han escuchado, para que inspirándose en ella, se revistan de energía, de celo, de amor y fe, para romper las redes que por mucho tiempo les han aprisionado y surja en su espíritu la concepción verdadera de lo que significa Espiritualismo y nazca en su corazón el noble ideal de convertirse en verdadero discípulo de esta Doctrina de luz y perfección.

De cierto os digo que en la historia de la humanidad, estará la historia de Espiritualismo, escrita con letras luminosas.

¿No se inmortalizó Israel al libertarse del yugo de Egipto? ¿No se inmortalizaron los Cristianos en su conquista por el amor? ¡Así se inmortalizarán los Espiritualistas en su lucha por la libertad del espíritu!

¿Qué significa ser un buen Espiritualista?

¿Sabéis qué quiere decir Espiritualista? Yo os lo digo en una breve frase: quiere decir discípulo del Espíritu Santo. Es un cristiano puro, quien reconoce y practica la Doctrina de Cristo.

El verdadero Espiritualista no acumulará en abundancia los bienes materiales; pero procurará ser siempre rico de los tesoros del espíritu. Él sabrá siempre lo que tiene y lo que es. Sufrirá como todo mortal, pero nunca se desesperará ni renegará.

No buscará el bien propio, sino sabrá darse enteramente a los demás, vendrá a llenar un hueco en el corazón de la humanidad y ayudará a sus hermanos a perfeccionar su idea respecto a Dios. No construirá templos de piedra, ni levantará altares.

De su palabra y oración, brotará el bálsamo divino que será gozo y liberación de los enfermos del espíritu o del cuerpo. De los verdaderos Espiritualistas, no pedirá ya sangre la humanidad, para creer en su testimonio; pero les pedirá verdad, quien así hable y actúe, será Espiritualista aunque sus labios no lo digan. El Espiritualista será reconocido por su palabra humilde y sencilla en su forma, pero profunda en su sentido.

Recordad que Yo no necesité del bello lenguaje exterior para cautivar el corazón de las multitudes, sino que supe llegar a ellas con el amor, con la verdad, con el bálsamo y la sabiduría. Ese es el ejemplo que quiero que toméis en cuenta e imitéis. Así seréis reconocidos no tanto por vuestras palabras, sino por los buenos ejemplos.

Todos aquellos que sean espirituales en su manera de vivir y rendirme culto, son Espiritualistas. Hombres preparados que contribuirán a la paz de la humanidad.

A vosotros, Espiritualistas, os confío la tarea de derribar esa barrera que la humanidad levantó entre Dios y ella, barrera de falsa fe, de aparente creencia en lo eterno, de materialidades y de cultos superfluos.

Si queréis que vuestros hermanos descubran que sois mis discípulos, daos a conocer por la nobleza de vuestro corazón. Dejad que la humildad se refleje en vuestros actos, que el que es manso de corazón, lo es también de espíritu. El soberbio y vanidoso aparenta ser fuerte, mas en realidad es pobre de espíritu.  

De los falsos Espiritualistas

¡Qué fácil es decir: «Soy espiritualista», pero qué difícil es serlo en verdad!

Cuántos hay que dicen ser Espiritualistas y aún no conocen el poder y la sabiduría del Espiritualismo, ni las potencias y atributos del espíritu y con sus obras van negando mi Doctrina que como luz radiante ilumina espiritualmente a la humanidad.

No queráis ser Espiritualistas sólo por el nombre, sino de obras, porque de falsos seguidores y de falsos discípulos está lleno el mundo.

¿Cómo podéis llamaros Espiritualistas, mientras no sepáis lo que es un espíritu y lo que significa y vale ante Dios? ¿Sois Espiritualistas? Pues necesitáis demostrarlo en vuestro culto limpio hacia Dios, en vuestra vida y en vuestras relaciones de los unos para con los otros.

Meditad en todo lo que os digo, para que cuando digáis que sois Espiritualistas, sea porque verdaderamente vivís lo que vuestros labios predican.

Veía a los prevaricadores, y me disgustaba, porque no guardaban tus palabras. (Salmos 119:158)

No todo el que se dice Espiritualista, verdaderamente lo es. No es el cumplimiento aparente el que hace grandes a los discípulos, aunque delante de sus hermanos aparezcan como los más cumplidos, fervientes y perseverantes.

Quiero entre mis filas soldados firmes y fuertes que sepan defender la verdad, no legiones de fanáticos que en su ignorancia, en vez de honrar mi Obra, la profanen. No os creáis perfectos por llevar el conocimiento de una Doctrina perfecta.

Los buenos sembradores del Espiritualismo, jamás se distinguen por algo exterior o material. Ni hábitos, ni insignias, ni vestiduras especiales ni ninguna forma especial de hablar hay en ellos. No existen jerarquías ni distinciones, sin embargo, sí por algo se distinguen es por su caridad, su espiritualidad, su respeto y verdadero amor a sus semejantes.

¿Para qué os cubrís con túnicas y ornamentos y no revestís mejor vuestro espíritu de pureza? Yo sólo quiero contemplar en vosotros ese ropaje. Vosotros no sigáis en esa tendencia, ni uséis vestidos especiales para distinguiros, porque todo eso es culto idólatra.

Tampoco levantéis altares y símbolos; ni hagáis representaciones de hechos sagrados. Mi Doctrina está libre de todo ritualismo, si así no fuere, perdería su esencia.

Todo lo que entreguéis deberá ser sin temor al mundo; de esta manera todos los que hayan engañado a sus hermanos con manifestaciones ilícitas, reconocerán su error y sólo quedarán a mi servicio los que con buena intención y buena preparación estén dispuestos a entregar a la humanidad mi verdad, mi caridad y mi paz.

Con cuánta dulzura y amor enseñaron a la humanidad los primeros maestros del Cristianismo. La fuerza de su palabra estuvo en la verdad de sus obras, con las cuales convertían e invitaban a la espiritualidad. Los llamo maestros, porque enseñaron según mi ejemplo.

Vosotros, como discípulos de esta Enseñanza, preguntaos con frecuencia si estáis haciendo un esfuerzo por llegar a llamaros dignamente Espiritualistas.

El verdadero Espiritualista no sorprenderá a nadie con poderes misteriosos o facultades extraordinarias.

Quiero que todos vuestros actos sean un destello de la verdad, porque la Doctrina que he venido a entregaros es como el agua cristalina, sencilla en su exterior y profunda en su fondo, por lo que mi Obra nada presentéis confuso ante los hombres, porque todo tiene una explicación clara y una razón de ser.

Os digo que la unión entre los Espiritualistas de todo el mundo, no se hará por medio de la organización de una nueva iglesia, porque su fuerza no es material. Su unión es de pensamiento, de ideal y de obras y de esta manera será invencible, porque tomarán la fuerza espiritual de la fuente eterna que está en mi Espíritu.

Sólo se les podrá distinguir por la espiritualidad en su vida, en sus obras, en su forma de pensar y de comprender las revelaciones divinas. No practican ninguna religión y sin embargo, de ellos se eleva un culto interior, puro y limpio entre su espíritu y el de su Señor.

La guerra de ideas

La guerra de ideas

No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; (Mateo 10:34,35)

Una nueva guerra está próxima a surgir en el mundo. Será una guerra distinta a todas las que la humanidad ha sufrido. Guerra de ideas, de filosofías, de doctrinas, de ideologías, de creencias y de religiones.

Viene el tiempo de controversias en el que los hombres pondrán de manifiesto su inteligencia y su elocuencia, de la que llegarán hasta el alarde y la vanidad. Volverá a ponerse a discusión mi palabra del Segundo Tiempo y también se discutirán las diversas interpretaciones que a ella se han dado. En verdad os digo: De ese torbellino surgirá la luz y muchos velos quedarán descorridos y la hipocresía será abatida por la verdad.

Será grande esa batalla, más terrible que las que han sido originadas por las ambiciones del poder terrenal, porque la paz huirá de los corazones, las mentes se ofuscarán por las tinieblas del fanatismo y no se escuchará la voz de la conciencia y la razón. El fanatismo se removerá hasta su fondo y multiplicará sus fuerzas, levantando templos y haciendo ostentación, unos sucumbirán abrazados a sus ídolos, pero otros abrirán sus ojos a la luz y serán rescatados de ese abismo.

La ola del materialismo se levantará, convirtiéndose en mar embravecida, en mar de penalidades, de desesperación y angustia ante la injusticia de los hombres. Sólo una barca flotará sobre ese mar de pasiones, de codicias y de odios humanos, esa barca es la de mi Ley. ¡Dichosos los que se encuentren fuertes cuando ese tiempo llegue! Pero, ¡ay, de los que duerman! ¡Ay, de los débiles! ¡Ay, de los pueblos que hayan fincado su fe sobre cimientos de fanatismo religioso, porque serán fácil presa de esas olas furiosas!

¡Cuánta confusión habrá entonces! ¡Cuántos que creían tener fe en Mí, se van a convencer de que no era verdadera fe! En muchos hogares y corazones será apagada la lámpara de amor y de esperanza; la niñez y la juventud no tendrán más dios que el mundo, ni más ley que la de la Tierra. Grandes y pequeños, fuertes y débiles, creyentes y profanos, se agitan en un mar de confusiones; pero la poda ya está cerca, y de cierto os digo que todo árbol que no de buen fruto, será cortado.

El dolor, el tiempo y la verdad serán la hoz implacable que corte de raíz la mala hierba, la cual más tarde será arrojada al fuego de la sabiduría, donde todo lo que sea falso, será consumido.

Esa lucha de ideas, ese encuentro entre credos e ideologías, esa batalla, son indispensables para que salgan a la superficie todas las lacras y los errores que se acumulen en el fondo de cada culto y de cada institución. Sólo después de esa tempestad podrá venir una depuración moral y espiritual de los hombres, porque verán surgir la verdad, la conocerán, la sentirán en sí y ya no podrán volver a alimentarse de apariencias ni de falsedades.

El teólogo se verá obligado a consultar su ciencia, el filósofo escudriñará a sus más grandes maestros, y toda secta o religión se conmoverá profundamente ante mis nuevas revelaciones. Entonces surgirá la batalla de ideas, porque mientras unos despierten a la verdad, otros querrán permanecer en su fanatismo y en sus tradiciones y combatirán unos contra otros. En medio de esa lucha deberá escucharse la voz de mis verdaderos discípulos, diciendo a las turbas desenfrenadas: No convirtáis el fruto de la vida en manzana de discordias.

Los científicos, los teólogos, los sabios, los filósofos, todos se aprestarán para esa gran lucha en la cual quedará destruida la mentira y el mal, surgiendo victoriosos el bien y la verdad.

La gran batalla está a vuestras puertas, aprestad todas vuestras armas. En esta lucha todos tendréis vuestra parte, todos aportaréis vuestro grano: Gobernantes, ministros, hombres de ciencia, acaudalados, ricos y pobres, todos.

Encontraréis hombres que piensan diferente de vosotros, que sienten y viven en forma distinta y que además, sus costumbres, sus condiciones, sus leyes, sus doctrinas y sus ritos, tienen raíces muy profundas en su corazón.

Seréis testigos de la lucha de ideas y doctrinas, unas apegándose en parte a mi Ley, otras apartándose por completo de estos principios, Yo permitiré que se enfrenten unas a otras y luchen.

En esa contienda veréis a las grandes religiones usar más de la fuerza y la injusticia que del amor y la caridad. Veréis sus ambiciones por absorber a los débiles.

Esa lucha será inevitable para que surja la luz y brille la verdad. Será hasta entonces cuando os deis cuenta de que la verdad no establece división y que mi Doctrina, teniendo por esencia la verdad, no podía venir a hacer obra de división o de discordia entre los hombres, aunque al principio los obligue a luchar entre sí para alcanzar la luz.

Mi nombre y mi palabra serán tomadas como armas y con ellas se herirán los hombres; mas os digo que, no serán mi nombre ni mi palabra las que hieran o las que den muerte, sino que serán las intenciones con las que los hombres las esgriman.

La derrota será en todos porque la verdad tiene sus propias armas para defenderse que están dentro de la misma verdad.

Así, mientras unos han buscado siempre el apoyo y la ayuda divina para triunfar en la vida, otros, a medida que fueron evolucionando en inteligencia, fueron creciendo en soberbia, creyéndose absolutos, poderosos y sabios. Se consideraron capaces de concebir ideas creadoras y de bastarse a sí mismos.

Espiritualistas y materialistas han existido siempre en esta humanidad, así como la lucha de ideas entre unos y otros, pugnando cada uno por demostrar que posee la verdad.

Mi presencia espiritual en este tiempo viene a pacificaros, a hacer que os reconciliéis, a contestar a todas vuestras interrogaciones y a probaros que ni los que han pugnado por lo espiritual, ni los que proclaman que la única verdad es la que se tiene en la vida material, tienen razón. Los primeros han pecado de fanáticos y los segundos de necios; no se han dado cuenta de que unos y otros llevan una parte de esa verdad, pero que no han sabido armonizarla o conciliarla ni unirla con amor.

Os parece imposible que unos y otros lleguéis a entenderos, no creéis en una unificación de tal magnitud, mas de cierto os digo, que Yo sí sé que esa unión se realizará.

Es menester que todo vuelva a su primitiva verdad y para ello se suscitará la lucha de ideas entre la humanidad. En medio del materialismo que reina en este mundo surgirán hombres con grandes inspiraciones y esas luces serán las señales precursoras del establecimiento del Espiritualismo en la Tierra.

La Naturaleza protesta

La Naturaleza protesta

La naturaleza es vuestra hermana, porque es parte de la divina Creación a la cual habéis lastimado y profanado tanto, que os hace un justo reclamo.

Las estaciones se hacen inclementes, aparecen y se multiplican las plagas. Es que vuestros pecados y errores crecen produciendo enfermedades y la ciencia insensata y temeraria no reconoce el orden de lo dispuesto por el Creador.

Es que habéis roto la armonía que existe entre la vida espiritual y la vida material, provocando con ello ese caos en que os vais hundiendo.

¿Acaso vais a esperar que sean los elementos desatados los que vengan a despertaros de vuestro sueño?

Con ello la Naturaleza no busca la destrucción de quienes la profanan, sólo busca la armonía entre el hombre y todas las criaturas. Si cada vez manifiesta mayor su reclamo, es porque las faltas de los hombres y su falta de armonía con las leyes es mayor también.

Muchos aún atribuyen estas manifestaciones a simples fenómenos de la Naturaleza, mas llegará el momento en que los ministros de las religiones y los hombres de ciencia y del poder, se pregunten llenos de temor: ¿Será en verdad la justicia del Señor que llama a nuestras puertas? ¿Será el tiempo de su presencia entre nosotros?

Los elementos se desatan despertando de su sueño a los hombres de ciencia, pero éstos, obstinados en su grandeza, siguen su obra destructora entre la humanidad.

Sólo cuando los elementos manifiestan mi justicia, es cuando se estremecen los hombres, mas no porque comprendan que es la voz de mi justicia la que les habla, sino porque temen por su vida o por sus bienes terrenales. Si la humanidad no está en armonía con la ley universal que rige toda la Creación, vendrá aún más un descontrol que se manifestará en la fuerza de los elementos.

Os advierto que estáis llegando a colmar la medida que permite mi justicia a vuestro libre albedrío, estáis provocando demasiado a la Naturaleza y como sois los pequeños que se sienten grandes, viene esta palabra para advertiros del peligro en que os encontráis.

Mas debéis de tener cuidado, ¡oh pueblos de la Tierra! Porque si continuáis provocando a los elementos, si los pequeños conocimientos que tenéis los seguís aplicando al mal, recibiréis, cuando menos lo esperéis, la respuesta dolorosa y justiciera.

Para haceros comprender el error en que vivís, brotarán volcanes, el fuego surgirá para exterminar la mala hierba. Los vientos se desencadenarán, la Tierra se estremecerá y las aguas arrasarán comarcas y naciones. De esta manera manifestarán los elementos su resentimiento con el hombre, porque él ha ido destruyendo uno tras otro los lazos de fraternidad que lo ligan con la Naturaleza que lo rodea.

Un nuevo diluvio se desatará el cual lavará la Tierra de la perversidad humana, derribará de sus altares a los falsos dioses, destruirá piedra por piedra los cimientos de esa torre de soberbia y de iniquidad y borrará toda doctrina falsa y toda absurda filosofía; mas este nuevo diluvio no será de agua como en aquel tiempo, porque la mano del hombre ha desatado en su contra todos los elementos tanto visibles como invisibles. Él mismo dicta su sentencia, se castiga y se hace justicia.

Los elementos sólo esperan la hora de desencadenarse sobre el mundo para lavar y purificar la Tierra. La fuerza de ellos, será la voz que despierte a los hombres que se obstinan en vivir en tinieblas y no será que Yo venga a juzgarlos, serán ellos los que caigan en la justicia por sus propios actos.

Por ahora aún tendrán que ser tocados por los elementos en muchas formas, hasta que se convenzan de que existen fuerzas superiores, ante las cuales el materialismo del hombre es muy pequeño. Todos los elementos y fuerzas de la Naturaleza se harán sentir sobre la Tierra, en donde los seres humanos no han sabido vivir en armonía con la vida que les rodea.

El sol se sentirá como de fuego, los campos que ayer fueron fértiles quedarán estériles y las aguas se contaminarán.

Yo os anuncio que veréis presentarse sobre este mundo las más grandes calamidades, que serán la consecuencia del egoísmo y la ambición humanas, de la falta de amor y de caridad, del materialismo y de las bajas pasiones. Verá este mundo la presencia de grandes terremotos. Las aguas saldrán de su cauce y partes del mar se convertirán en tierra y otras tierras serán invadidas por las aguas. Los hombres saldrán de sus comarcas y aun de sus países en busca de salvación.

En verdad, tres cuartas partes de la Tierra serán tocadas, a ellas el dolor les lavará.

Y mirarán a la tierra, y he aquí tribulación y tinieblas, oscuridad y angustia; y serán sumidos en las tinieblas. (Isaías 8:22)

El dolor será tan grande entre la humanidad, que el pan no será suficiente para alimentar a los hombres y la tierra, hoy fecunda, por un tiempo se volverá estéril.

Humanidad: ¿Queréis que sea siempre el dolor el que os ponga frente a la realidad? Aún estáis a tiempo de deteneros en esta carrera de materialismo y de maldad.

Si así lo hacéis, Yo os digo que después de este gran caos volverán las naciones a recobrar la calma y los elementos naturales se aquietarán. Después de esa noche de tempestad en que vive este mundo, aparecerá el iris de la paz y todo volverá a sus leyes, a su orden y a su armonía. Veréis de nuevo el cielo limpio y los campos fecundos, las aguas en su corriente volverán a ser puras y el mar será clemente; habrá frutos en los árboles y flores en los prados y las cosechas serán abundantes. Y el hombre, que habrá sido purificado y sano, volverá a sentirse digno y verá preparado su camino para la ascensión y retorno a Mí.

Cuando hayáis pasado estas pruebas de mi amor perfecto, será el renacimiento espiritual y material de la humanidad. Entonces los hombres al transitar en el sendero de la virtud y la espiritualidad, se asombrarán al comprender que esta vida es la misma que les ofrecí desde el principio, que nada en ella ha cambiado; sabrán que el planeta que les confié como morada pasajera, sigue siendo pródigo en bendiciones, que la madre Tierra misericordiosa como el Autor de la Vida, les sigue ofreciendo su seno para alimentarlos con su amor, porque ésa es la misión que el Padre les ha confiado. El sol será el mismo que enviará siempre su calor vivificante, como un símbolo de la presencia del Señor. Será en ese tiempo, cuando los hombres comprendan que han sido sus malas obras las que han amargado su existencia.

En lo material también palparéis la transformación, los ríos serán abundantes, las tierras estériles serán fértiles, los elementos volverán a su cauce, porque habrá armonía entre el hombre y las leyes dictadas por el Autor de la Vida.

¿Cuál es el pueblo de Dios?

¿Cuál es el pueblo de Dios?

Está profetizado que en este tiempo aparecerá en la Tierra el nuevo pueblo de Dios, el pueblo de Israel y mi palabra habrá de cumplirse, mas no os confundáis creyendo que se trata del pueblo Judío cuando menciono al nuevo pueblo de Israel, ya que el pueblo de que os hablo estará formado por todas las razas y todos los idiomas. Su unión no es material, sino espiritual, así como también su misión es espiritual.

De cierto os digo que el pueblo de Dios es infinito, que todos pertenecéis a él espiritualmente, por lo tanto, ese pueblo no puede limitarse a una nación o a una raza. El pueblo de Israel, llamado por los profetas y los patriarcas de los primeros tiempos, «el Pueblo de Dios», es un símbolo de la familia universal, un pueblo formado por seres sabiamente escogidos para mis designios y al cual he tomado como instrumento para hacer llegar mis lecciones a la humanidad como un libro abierto ante los hombres, libro que habla de evolución espiritual y material, de revelaciones divinas, de profecías, de interpretaciones humanas, de aciertos y de errores de ese pueblo, de esplendor y de decadencia, de libertad y de esclavitud, de luz y de tinieblas. Este pueblo no tendrá más Tierra Prometida en el mundo, su misión es la de ir buscando a los perdidos y reanimando a los débiles para enseñarles el camino del desierto, detrás del cual están las puertas de la Nueva Jerusalén, la ciudad espiritual, en donde habitaréis eternamente con vuestro Maestro.

Israel ha vuelto en este tiempo y está diseminado por todo el mundo para cumplir su misión espiritual. Es el pueblo más antiguo, el primogénito y por lo mismo el primero en comunicarse Conmigo. Su espíritu ha evolucionado conforme a la Ley que fue dada a todo espíritu al ser enviado a la Tierra.

Muchas sendas torcidas enderezaré sirviéndome de la rectitud de mis buenos discípulos. La presencia espiritual del pueblo de Dios, llamado en la Tierra, «Israel», se hará sentir entre la humanidad y muchos llegarán a comprender que lo que se había interpretado en forma material, tiene un elevado sentido espiritual.

Ese pueblo ha resurgido pleno de luz sobre la Tierra, para recibir en su espíritu las nuevas revelaciones que habrá de llevar a las naciones. Ved como ahora ya no es tan sólo la tribu de Leví la encargada de velar por la Ley divina, sino una multitud de espíritus a los que se unirán todos los que despierten con el anhelo de formar parte del Pueblo de Dios.

A todos los que sintáis en vuestro espíritu el anhelo de espiritualidad, de libertad, de elevaros hacia Mí, por el camino del amor, de la caridad y de la justicia, os declaro pertenecientes a mi pueblo y seréis soldados de la verdad; mas para lograrlo necesitáis velar y orar luchando contra vuestras flaquezas, para que el testimonio que deis de mi Doctrina, sea verdadero.

Mi pueblo no hablará solamente de mis enseñanzas, sino que con sus obras deberá enseñar a la humanidad como se cumple y se respeta mi Ley. Sabrá dar sin egoísmo cuanto de su Señor haya recibido y mostrará su celo por la verdad y pureza del tesoro que se le ha confiado.

El verdadero pueblo de Israel, no usa vestidos especiales, no es fanático ni idólatra, lleva el templo en su corazón, no tiene jerarquías, la verdad está en sus obras, no en sus palabras. Está libre de todo materialismo, tiene como guía la conciencia y no lucra con la enseñanza divina.

Mis escogidos están diseminados sabiamente en todas las naciones; todos tienen un encargo mío que cumplir. Los hijos del pueblo de Dios, los hijos verdaderos de Israel, son los que aman la verdad, los que cumplen la Ley, los que aman a Dios en sus hermanos.

El pueblo de Dios se encuentra disperso en diferentes pueblos y naciones; Yo vine a buscarlo para reunirlo. Parte de ese pueblo lo encontré en este rincón de la Tierra y mirando que sus espíritus me aguardaban, que su corazón estaba forjado en el dolor y era capaz de sentir mi presencia, les envié al Profeta Elías para prepararlos, a fin de que fueran mis nuevos discípulos.

Ya no debéis creer que el pueblo de Dios es el pueblo Israelita. Hice que aquella raza se dispersara por todo el mundo, porque en verdad, Israel no es una raza, es un pueblo espiritual al que estáis llamados todos a pertenecer.

Si mi pueblo de Israel fuera de este mundo, ¿creéis que Yo hubiese permitido su expulsión de la Judea, dejando que sus tribus se perdieran entre las naciones? ¿Creéis que si ésa fuera la verdad, habría Yo permitido que el templo de Salomón fuese destruido y profanado y la ciudad de Jerusalén arrasada e incendiada hasta no quedar de ella piedra sobre piedra?

Meditad en todo esto, para que comprendáis que el Reino espiritual no puede tener sus cimientos en este mundo. Por eso os dije a través de Jesús: Mi reino no es de este mundo.

Los que crean que el verdadero pueblo de Israel fue aquel del Primer Tiempo, están en error; aquel fue solamente la imagen de lo que con el transcurso del tiempo habría de ser el verdadero pueblo de Dios en el que tendrán que fundirse todos los hombres amando a su Padre en sus propios hermanos. El que viva de esta manera, será hijo del pueblo de Dios, no importa el lugar de la Tierra en que habite, la sangre que lleve o el idioma que hable. Ese será mi discípulo porque estará dando testimonio de mi verdad.

La simiente que confié a Jacob, está en el espíritu y no en la materia como los hombres han supuesto falsamente.

Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres y has vencido. (Génesis 32:28)

Yo os digo que, si la herencia que los primeros patriarcas legaron a Israel, hubiera sido material, aún estuviera dando profetas, emisarios e iluminados; en cambio, ved que aquel pueblo lleva consigo cadenas de miseria espiritual y material, sabiendo que ya no puede esperar la llegada de un Mesías, porque ha comprendido que aquél que le fuera prometido estuvo en el seno de su pueblo y no fue reconocido.

He aquí al Maestro recordando a sus hijos, hechos de otros tiempos, relacionándolos con obras del tiempo presente, para que comprendáis mejor mis enseñanzas. Quiero que esta Doctrina se extienda por el mundo, que ilumine a la humanidad para que despierte ante una vida que ignoraba, y se levante a formar en el mundo un solo hogar, una sola familia. Ese será el verdadero pueblo de Israel, el pueblo de Dios en el que desaparecerán diferencias de linajes, castas y tribus, porque serán todos, ramas que proceden de un solo tronco, donde todos cumplan con mi Ley que os dice: Amaos los unos a los otros.

Israel tiene un significado espiritual y ese nombre os lo doy a vosotros para que tengáis presente que formáis parte del pueblo de Dios, porque Israel no representa ningún pueblo de la Tierra, sino a un mundo de espíritus. Ese nombre surgirá de nuevo en la Tierra, pero libre de equivocaciones, en su verdadera esencia que es espiritual.

Venid a Mí pueblos y naciones del mundo. Vengan hombres de todas las razas, mi Ley os espera en el Reino de la paz, para que forméis un solo pueblo: el Pueblo de Dios.

Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. (Jeremías 31-33)

Las enfermedades de la humanidad… y su curación

Las enfermedades de la humanidad… y su curación

¡La salud es inmortal, porque es un bien que brota del Espíritu Divino!

Gran parte de la humanidad se encuentra enferma, del espíritu, de la mente y del cuerpo.

Existen ricos acaudalados que no tienen salud, ni conocen la alegría, y hombres pobres que teniendo salud no saben lo que poseen y viven amargados porque desean caudales o comodidades. No descubro ambiciones nobles en el corazón de los hombres y cuando llegan a tenerlas no persiguen aquel ideal por buenos caminos.

Ahora que he vuelto la humanidad, encuentro a unos ciegos, a otros paralíticos, leprosos a muchos, y a otros poseídos por espíritus turbados. A todos os voy a sanar, y en verdad os digo que ninguno perecerá, mas también debo de advertiros que debéis estar preparados, porque los milagros de este tiempo, mas que en vuestro cuerpo, vengo a hacerlos en vuestro espíritu.

¡Ved cómo también el espíritu puede ser un paralítico! ¡Si Yo os dijese que el mundo está lleno de paralíticos, de ciegos, de sordos y enfermos del espíritu! El espíritu que vive encerrado y sin libertad para desarrollarse, es un ser que no crece, ni en sabiduría, ni en fuerza, ni en virtud, por lo que ha permanecido enfermo.

Volverán a hablar los mudos, a ver los ciegos, a andar los paralíticos y a resucitar los muertos. Estos prodigios serán en lo espiritual para unos y también en lo material para otros.

Yo resucitaré a todos los muertos, pero como no todo ha de hacerlo el Maestro; he venido a enseñar a mis nuevos discípulos a curar las enfermedades del espíritu, de la mente y del cuerpo.

Debéis saber que Yo he venido, no sólo para que sepas que soy grande, sino también para que todos vosotros lo seáis. En esta Era voy a probaros el poder que poseéis como herencia o dones que deposité en vosotros; no es poder de la mente, sino del espíritu, porque el hombre no es poderoso, grande, ni sabio por la mente, lo es por el espíritu.

Por eso vengo a preparar a mis nuevos discípulos, para que alcancen mediante su fe y caridad, potestad sobre las enfermedades del cuerpo y del espíritu.

Quiero que os preparéis para que seáis en breve doctores del espíritu y del cuerpo; mas sabed que es más importante ante Mí el que sana al espíritu, que el que sólo cura el dolor del cuerpo.

Comprended que ya no es tiempo de que viváis en la ignorancia, hoy vivís en la Era de la Luz.

La curación atenuante o definitiva de la materia, según el Señor lo disponga, sólo podrá ser alcanzada por medio de la purificación, por la regeneración y cumplimiento del espíritu.

Veréis muertos a la fe y a la virtud, resucitar a la vida; enfermos de lacras morales que se limpian y ciegos que abren sus ojos a la verdad.

Por lo tanto, os digo estad preparados, porque a vosotros llegarán, hermanos vuestros con problemas graves, enfermos incurables, viudas, huérfanos, en busca de soluciones y salud espiritual y material.

¿Sabía el hombre de la antigüedad en qué forma se verificaba el contagio de alguna enfermedad, o cuál era la causa de la propagación de una epidemia? No, la ignoraban, de aquella ignorancia surgieron las supersticiones y los cultos misteriosos. Pero llegó un día en que la inteligencia del hombre iluminada por la luz del Creador, descubrió la causa de sus males físicos y comenzó a luchar por encontrar la forma de recuperar la salud. Entonces, lo que había sido oculto e invisible al hombre de ciencia, llegó a serle comprensible, con lo que la humanidad adquirió un conocimiento que los hombres de los tiempos pasados no tuvieron.

En la misma forma llegaréis a conocer el origen y la influencia de las fuerzas del bien y del mal sobre la humanidad; y cuando ese conocimiento sea del dominio público, no habrá quien al escuchar esta enseñanza, dude de la verdad de mi Doctrina.

Si la luz de mi Espíritu ha iluminado al hombre de ciencia para que descubra el origen de los males del cuerpo, a lo que llamáis enfermedad, también os ilumina a vosotros para que descubráis con vuestra sensibilidad espiritual el origen de todos los males que aquejan la vida humana, así sean los que turban al espíritu, como a los que ofuscan la mente o atormentan al corazón.

El origen de las enfermedades

La humanidad se encuentra enferma y decadente, por haberse alejado de la fuente divina. Es semejante al hijo pródigo que ha derrochado su herencia, ha hecho mal uso de su libre albedrío y ahora sufre sus consecuencias. (Lucas 15:11-32)

El amor es el principio y la razón de vuestra existencia, oh humanidad, ¿cómo podéis vivir sin ese don? Creedme, hay muchos que llevan en sí la muerte, y otros que están enfermos tan sólo por no amar a nadie.

El odio, el rencor, el materialismo, la ambición, las guerras, las bajas pasiones los vicios, la infidelidad, la falta de perdón y de no practicar el verdadero amor entre unos y otros han originado que vuestro espíritu se enferme y con ello también vuestra mente y corazón. ¡Esa es la causa de vuestra enfermedad!

Es la herencia funesta de todas las generaciones pasadas, la que con sus ambiciones, vicios y enfermedades, está dando sus frutos en este tiempo. Es el árbol del mal que ha crecido en el corazón de los hombres, árbol que ha sido fecundado con pecados, cuyos frutos siguen tentando a la mujer y al hombre, haciendo caer día a día a nuevos corazones.

Bajo la sombra de ese árbol yacen hombres y mujeres sin fuerzas para librarse de su influencia; ahí han quedado virtudes rotas, honras manchadas y muchas vidas truncas.

Todo ha sido profanado por el hombre, no sólo su espíritu; las aguas están contaminadas, el aire está viciado y saturado de enfermedades y de muerte y Yo os pregunto: ¿Con qué doctrinas y en qué tiempo pensáis purificaros? ¿Cuándo llegaréis a limpiar vuestro espíritu y mente si sólo vuestro cuerpo queréis lavar? ¿Qué lograríais con ello? Engañaros a vosotros mismos. Limpiad primero el corazón y la mente que es de donde provienen todos los malos pensamientos y las malas obras. El ser encarnado necesita pan espiritual, para llegar a sentirse aunque sea por unos momentos lo que es: espíritu.

¡Ay de vosotros escribas, y fariseos, hipócritas! porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia. ¡Fariseo ciego! Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera esté limpio: (Mateo 23: 25-26)

El desaseo, el desorden, la falta de higiene moral y corporal, la pereza, la negligencia y la inmoralidad, han traído al hombre como consecuencia las enfermedades.

Si comprendieseis que son vuestras malas costumbres y vuestra indolencia por espiritualizar vuestra vida material, las que os acarrean males y enfermedades de toda índole, no exigiríais que os entregáramos medicamentos materiales; no ha existido en vosotros la preparación para que podamos entregar el fluido espiritual que sanaría todos esos males.

El origen de las enfermedades del cuerpo se encuentra oculto en lo profundo del espíritu, ahí donde los hombres de ciencia no han podido penetrar, y donde el Mundo Espiritual de Luz penetra a cada instante y en donde vosotros debéis aprender a penetrar.

Pero cuanto más sea la espiritualidad en esta humanidad, así como su regeneración y enmienda espiritual y humana, mayor irá siendo su emancipación de todas estas cosas, y se irá acercando a los principios de los tiempos, en los cuales no se había desarrollado tanto la ciencia médica porque no era necesaria, ya que no eran frecuentes las enfermedades, las dolencias físicas no aquejaban todavía al género humano.

Ahora tenéis nuevas y grandes enfermedades que son producto de la complicación en vuestras costumbres y en vuestra vida, y son prueba de la degeneración a que ha llegado la raza humana.

La salud espiritual y física serán, por el contrario, signo de regeneración.

El Señor ha puesto en su Creación, todos los elementos necesarios para la vida y para la salud; pero el mundo se aparta del camino del bien; camino donde se encuentran la vida y la salud.

Es, por lo tanto, hermanos míos, imperativo para la humanidad, reconocer las virtudes que encierran los elementos, para que recupere la salud en esa fuente inagotable que es el amor divino presente en toda la Creación, para que recupere esa salud que es la Naturaleza, el sol, el agua, el campo, los alimentos naturales y sencillos, el trabajo saludable, el ejercicio moderado, las buenas costumbres, el afecto, y todos esos placeres propios del espíritu, tanto interiores como exteriores.

Si esto enseñáis a la humanidad, veréis a un hombre renovado, que al tomar el camino del bien, retornará a la vida y a la salud.

También el mundo espiritual en tinieblas, los espíritus enfermos, los espíritus obsesores, están saturados de influencias maléficas, influencias malsanas que depositan en los seres encarnados, enfermándoles a su vez.

Esos espíritus que han sido tradicionalmente espíritus enfermos, manejan a su antojo a las materias y ejercen un efecto de sugestión sobre aquellos que les han dado cabida, a través de los hilos fluídicos que todo espíritu posee.

Existen fuerzas invisibles a la mirada humana e imperceptibles a la ciencia del hombre, que influyen constantemente en vuestra vida. Las hay buenas e insanas, las hay de luz y también obscuras.

De aquel mundo invisible que palpita y vibra en vuestro propio mundo, parten influencias que tocan a los hombres, ya sea en su mente, en sus sentimientos o en su voluntad, convirtiéndolos en siervos sumisos, en esclavos, en instrumentos, y en víctimas. Por doquiera surgen manifestaciones espirituales y sin embargo, el mundo sigue sin querer darse cuenta de lo que rodea a su espíritu.

Son seres ya sin cuerpo, que en su turbación buscan cuerpos ajenos para expresarse a través de ellos, pero por su turbación y su influencia lo único que logran es perturbar la paz, nublar la mente o enfermar a aquellos a quienes se acercan.

De ese desequilibrio provienen las enfermedades, los errores y las bajas pasiones que atormentan al hombre hasta vuestros días.

Esos espíritus son el símbolo de la enfermedad, los habitantes de las sombras, los que no saben ni lo que es vida ni lo que es muerte.

Cuando a través de vuestra conciencia descubráis el origen de vuestras aflicciones y pongáis todos los medios para combatirlo, sentiréis en plenitud la divina fuerza, ayudándoos a vencer en la batalla y a conquistar vuestra salud y libertad espiritual.

Hay hombres y mujeres que arrastran enfermedades incurables, y que han buscado el alivio en manos de muchos médicos, que han llamado a muchas puertas, que han ido de comarca en comarca, de puerta en puerta y no han encontrado la vida que se les va; lo que esos enfermos necesitan no es otra cosa que la regeneración espiritual y moral, que les proporciona orden en su vida y paz, porque las lacras que están en sus espíritus, se manifiestan en enfermedades físicas.

Cuando esos hombres y mujeres enfermos, descubran a través de vuestra palabra el origen de sus males, cuando se regeneren, se espiritualicen, se moralicen, ordenen sus vidas y se eleven sobre el camino firme de la verdad y del bien, como jirones caerán de sus espíritus y de sus cuerpos todas las dolencias, todas las miserias y todas las lacras.

Ya podrán verter sobre de ellos los hombres del saber humano medicina tras medicina, que no encontrarán su salud.

Preparación espiritual, para saber curar

Es necesario que comprendáis que la sabiduría del espíritu es superior a la ciencia de la mente, porque la inteligencia humana sólo descubre lo que su espíritu le revela. Os hago esta advertencia, porque muchos de vosotros diréis: «¿Cómo voy a curar a los enfermos, si ignoro la ciencia de curar?»

El don espiritual de curación no está fuera del alcance de vosotros, pues el Señor os ha traído una doctrina y una enseñanza accesibles, practicables y comprensibles; mas para desarrollar tanto el don de curación como los demás dones del espíritu, precisáis de buena voluntad, fe y amor.

Tened caridad y verdadera comprensión de vuestros hermanos, tened fe, sabed orar y con esos méritos haceos dignos de mi gracia y en verdad os digo, que entonces veréis cómo es posible hacer prodigios.

Preparación espiritual es lo que necesitáis, mas cuando estéis practicando mi Palabra, causaréis conmoción en la vida de vuestros hermanos, porque se manifestará en vosotros el espíritu con todos sus dones y potencias.

Discípulos amados: Entregad el bálsamo de curación a los enfermos, hacedlo con amor, con verdadera preparación espiritual, para que logréis que ellos experimenten el consuelo divino.

Disponed vuestro corazón y ennobleced vuestros sentimientos. Desarrollad el don de curación con que os he enriquecido espiritualmente ya que tendrán que llegar enfermos muchos de los caminantes y otros agobiados por el cansancio. Enfermedades conocidas y desconocidas les aquejarán; mas Yo os doy un solo bálsamo para todas las dolencias, ya sean del espíritu o del cuerpo. Ese bálsamo para que obre prodigios necesita de la verdadera caridad, que tiene por base la oración. Debéis aprender a corregir sin lastimar ni juzgar, a curar una herida sin hacerla sangrar y a perdonar sin causar humillaciones.

Hallaréis a vuestro paso muchos enfermos que no serán curados por la ciencia. En cambio, entre vosotros encontraréis la forma de obtener curación a sus males. Los sanaréis con vuestro amor, por la influencia buena que ejerzáis; por la regeneración que les inspiréis y por el conocimiento de mi Doctrina que les transmitáis y encontrarán que el bálsamo está en la paz del espíritu y en el cumplimiento de los deberes, en el amor de los unos hacia los otros.

No dejéis que sea solamente el enfermo el que por su dolor se haga merecedor a mis beneficios, debéis unir a sus méritos los de vuestra caridad y en ambos se manifestará mi gracia. Doquiera que estéis, debéis hacer méritos para que cada vez que intercedáis por vuestro hermanos, seáis dignos de pedirme lo que hayáis menester, en favor de vuestros semejantes.

Enseñadle a cada quien, hermanos míos, a ser doctor de sí mismo, por medio de la oración espiritual, para que obtenga la comunicación directa con el Divino Espíritu que es el Doctor de los doctores, para que en los momentos de prueba sepa encontrarle y pedirle consejo y remedio para todos sus males, tanto del espíritu como de la materia.

¿Qué pueden pedir los hijos que sea para su bien, que el Padre no les conceda? Esto os ha dicho el Señor, y os decimos también nosotros lo mismo: ¿Qué nos podréis pedir en beneficio vuestro que no os concedamos?

Haced que en el momento de vuestro trabajo espiritual, cuando vayáis a impartir bálsamo a los enfermos, vuestra mente esté clara y despejada y vuestro corazón se limpie y tenga buenos sentimientos, para que sintáis toda la ternura, caridad y preocupación por el semejante enfermo, por el hermano caído, por el hermano que sufre, sangra y llora.

Si queréis que en vosotros se desborde el don de curación, es menester que vuestro corazón sienta el dolor de los demás, y que vuestro espíritu se despoje de todo egoísmo, despojando a la vez de pasiones a su materia, consciente de que lleváis un don precioso. Identificaos con nosotros, y el Mundo Espiritual de Luz llegará por medio de vuestra inspiración, como emisarios del Doctor de los doctores, para hacer sentir en los enfermos, la emanación sana, la emanación limpia y pura, llena de consuelo y luz, que brote de nuestros espíritus, las cuales fundidas con vuestras propias emanaciones saludables y benéficas, obrarán el prodigio en los necesitados. Mientras más se limpie vuestro espíritu, mientras más se sature de amor, mientras más adquiera el conocimiento verdadero de la vida espiritual, más sanas, saludables y benéficas serán vuestras emanaciones.

¿Veis cómo entonces, en vosotros se encuentra el secreto de la salud de vuestros hermanos así como de la vuestra?

En vuestro espíritu existe una fuente de salud y de paz, un manantial inagotable de bendiciones.

Cada uno de vosotros puede ser un doctor de sí mismo y de los demás, al tener una intuición, un conocimiento y una espiritualidad amplios, para resolver todos los casos difíciles y curar todas las enfermedades.

Llegará el día en que vosotros ya preparados, vayáis a la humanidad con vuestras pupilas abiertas y vuestra intuición desarrollada, para penetrar con respeto en el interior de los corazones y descubrir su dolor, su pobreza espiritual y con mi enseñanza podréis calmar su necesidad y alentar a su espíritu.

Conservad la preparación espiritual y material, porque no sabéis el momento en que necesitéis hacer una obra de caridad y será muy grato para Mí, haceros depositarios del bálsamo de la paz o de lo que más falta les haga a vuestros hermanos. Comprended lo hermoso de la misión que habéis venido a cumplir en vuestra restitución, para que os abracéis de vuestra cruz, con todo el amor de que seáis capaces.

Cuando encuentro que alguno de vosotros está ocupado en la ejecución de una buena obra, elevado en oración, pidiendo por algún hermano necesitado y me hace presente su corazón lleno de angustia por el dolor de su semejante, mi divino amor deposita en aquél una gota de mi bálsamo de curación y le concedo el prodigio que ha estado pidiendo.

A los que creyendo pertenecer a este mundo, vivan turbados y confundidos en su espíritu, ayudadlos con amor a salir de su gran error. No uséis la violencia, pero llenad de ternura y de compasión vuestro corazón para tratar a todos los seres.

El fluido y el bálsamo como medios de curación.

Os vamos a hablar ahora, de la curación fluídica y comenzaremos por preguntaros: ¿Qué cosa es ese fluido espiritual que cura a los enfermos? El fluido espiritual, hermanos míos que brota de nuestros espíritus para derramarse en curación, en beneficio y salud para los enfermos, no es otra cosa que el fluido universal que viene de la misma Divinidad.

Os hemos dicho que Dios es la fuente de la salud, que de su Espíritu proviene todo bien, todo bienestar, toda paz, toda salud; y de estos atributos nos ha colmado, tanto a los seres espirituales como a las criaturas humanas.

De nuestro espíritu y de vuestro ser brotan emanaciones espirituales que son en su origen benéficas, pero hay que saber algo, hermanos: según la índole y la tendencia del espíritu, según los sentimientos de su corazón, así son las emanaciones que brotan de él.

Si el espíritu es bueno, si ha permanecido en él su principio que es el bien, que es Dios, de ese espíritu brotará emanación de paz, de luz, de salud y bienestar; si por el contrario, ese espíritu, por los tropiezos del camino, por las tentaciones, por las tempestades y por las pasiones se tornase en espíritu en tinieblas, en un espíritu al servicio del mal, entonces de él sólo podrán emanar las enfermedades espirituales, la turbación, las mala influencias y la tiniebla.

Sucede en el espíritu justamente lo que acontece en la materia. De una materia enferma brota el contagio para las sanas, de un ser humano sano brota y emana salud, porque no solo transmitís la enfermedad, también se transmite la salud, y ésta es más poderosa que la enfermedad, y aunque pasajeramente pueda ser vencida la salud, al final ella acaba por vencer.

Vosotros gozáis del don bendito del fluido que está en todo vuestro ser y que es vuestro principio vital: la fuerza de vuestro espíritu; con él podéis sanar a los enfermos, pues con las emanaciones de vuestro espíritu podéis levantar a los desahuciados, a todos aquéllos que envueltos están por enfermedades extrañas e incomprensibles para la ciencia humana. Mas ese don no ha encontrado en vosotros todavía su máximo desarrollo, y vuestro don curativo espiritual ha encontrado muchos obstáculos debido a que no tenéis fe, a que carecéis de la confianza absoluta en ese don.

Si os entregáis con fe y absoluta confianza, con amor y espiritualidad al desarrollo de ese don, contemplaréis como en breve tiempo, se realizarán ante vuestros ojos los verdaderos prodigios profetizados y prometidos por el Padre.

El desarrollo de los dones espirituales requiere de vosotros esfuerzo, aún más abnegación y sacrificio, mayor entrega, espiritualidad y preparación, porque si no contribuís vosotros de esa manera, no podréis alcanzar un buen desarrollo de esos dones que latentes se encuentran dentro de vosotros. Para que el don curativo florezca, se desenvuelva y se manifieste ampliamente entre vosotros sin necesidad de recursos materiales o de acudir a la ciencia humana, tendréis que poner más espíritu, más corazón: en una palabra, más amor.

No infrinjáis las leyes humanas; sanad a los enfermos con la palabra, con la oración y con el fluido. Se abre ante vosotros una nueva etapa de buenas obras y de espiritualidad. Los científicos no podrán mofarse de vosotros, la justicia humana no os sancionará y las religiones tendrán que concederos que poseéis potestad espiritual.

Muchos enfermos han sanado sin necesitar mas que el fluido espiritual, mas esos casos no han abundado; es vuestro deber hacer que esos casos se multipliquen, para que todo enfermo que se acerque a vosotros, tenga la dicha de experimentar en su espíritu y en su materia el verdadero fluido espiritual, para sentirse saturado de esas emanaciones.

Lo que necesitáis, para poder derramar ese fluido verdadero en los enfermos, es mayor preparación espiritual, mayor desarrollo de vuestros sentimientos y de vuestras virtudes.

Son los espíritus los que se encuentran enfermos por el pecado, por el vicio, por el fanatismo y las tinieblas; por los desengaños, por las ambiciones; es ahí, en el espíritu enfermo, donde deben caer la gota de bálsamo y el fluido curativo, y es en vuestra oración y en vuestra palabra donde irá ese vuestro fluido como rocío que envuelva a esos espíritus y a sus materias.

Id a vuestros hermanos como Jesús en el Segundo Tiempo, llevando antes que mi palabra, el bálsamo. Y, ¿cuál es el bálsamo, oh discípulos? ¿Acaso el agua de los manantiales bendecida y transformada en medicina para los enfermos? No, ese bálsamo de que os hablo está en vuestro corazón, ahí lo he depositado como esencia preciosa y sólo el amor puede abrirlo para que brote como un torrente; cuando queráis derramarlo sobre algún enfermo.

No serán vuestras manos las que unjan al enfermo, sino vuestro espíritu y corazón inundado de amor, de caridad y de consuelo, el que lo haga cuando en él se encuentren los sentimientos elevados del amor. Y ahí donde vosotros dirijáis vuestro pensamiento, se obrará el prodigio.

Fluido llamáis a esa fuerza con que los seres de luz, sanan vuestras dolencias físicas o morales. Y en verdad, en ese fluido está el bálsamo; es el mismo con el que Jesús dio vista al ciego, movimiento al paralítico, habla al mudo, con él curó al leproso y resucitó al muerto.

Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole, y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado. Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré. Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará. Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe. Entonces Jesús dijo al centurión: Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora. (Mateo 8:5-13)

Llevad a vuestros hermanos, en mi palabra de consuelo de luz y amor, el bálsamo que os he confiado.

También podéis visitar a los enfermos y ungirles con vuestro amor en mi Nombre, que en vuestra fe hallaréis la potestad para curar y vuestra caridad será el mejor bálsamo. Nadie dude de sí tendrá don para hacerlo o no.

El hombre desahuciado por la ciencia, volverá a la salud y a la vida, al contacto de ese bálsamo.

A vosotros os he entregado dones, uno de ellos es el de la curación espiritual, para que podáis cumplir una de las misiones más hermosas entre la humanidad, ya que vuestro planeta es el valle de lágrimas, donde siempre se encuentra el dolor. Por medio de ese don, tenéis un vasto campo para sembrar el consuelo y ese bálsamo lo he depositado en vuestro ser, en las fibras más tiernas de vuestro corazón.

Entregad ese bálsamo que no está en vuestras manos, porque él se desborda en miradas de compasión, de consuelo, de comprensión, pasa a través de los buenos pensamientos y se convierte en sanos consejos y en palabras de luz.

Grabad bien en vuestro corazón, que no será con actos exteriores e impresionantes con los que tratéis de persuadir a vuestros hermanos, debe ser con la esencia espiritual de mi Doctrina. Podéis impresionar a aquellos que vienen con su fardo de sufrimientos en busca de consuelo y que en su anhelo de encontrar alivio a su dolor ni siquiera reparan en la forma con que reciban el bálsamo; pero, pensad que ellos abrirán sus ojos y comprenderán que no les fue entregado en toda su pureza el bálsamo que de Mí recibieron los labriegos. En verdad os digo que la siembra hecha en esa forma, dará muchos frutos vanos.

Cuando seáis llamados para curar al enfermo, practicad la caridad y cuidad de que vuestras obras sean espirituales, elevadas y libre de todo materialismo.

Analizad, hermanos, que si el fluido benéfico verdadero brota del espíritu, él, entonces, buscará al espíritu, no a la materia del enfermo; ni siquiera os es necesario que vuestras manos materiales toquen o unjan al enfermo. El fluido espiritual bien puede darse en una mirada, en un pensamiento de amor, o en una palabra de consuelo; la forma mas material de entregar la curación fluídica es tocando al enfermo, y es más espiritual el usar la palabra, palabra que contenga esencia, consuelo y bálsamo.

El cumplimiento espiritual y material en la curación

Trabajad sin cansaros; enseñad, haced obras que conviertan; y ya que habéis resucitado, velad por los que creyendo vivir, han muerto a la fe y a la esperanza. Los que ahora sois fuertes y los que estáis sanos, velad por los enfermos. Orad por los que no oran y fortaleced a los que atraviesan por grandes pruebas.

Dejad de preocuparos tan sólo de vosotros y comenzad a preocuparos por vuestros semejantes. Quiero que descubráis el supremo deleite que se alcanza aliviando el dolor ajeno.

Elevad vuestro espíritu y pensad en los enfermos del mundo, a los que podéis contar por millones y sobre todos ellos derramad el bálsamo de vuestra oración.

Con vuestra paz, la luz espiritual y el bálsamo, formaréis en vosotros un solo ser, de tal manera, que con vuestra palabra, con vuestro pensamiento, y vuestra mirada transmitiréis salud, paz y fortaleza y en muchos casos, vuestra sola presencia emanará estas virtudes.

Pero no creáis que os bastará con saber que Yo os he concedido estos dones, además debéis comprender que necesitáis el poder para manifestarlos, y es indispensable conquistarlo con la fe en Mí, con la caridad hacia vuestros semejantes, con la limpidez de sentimientos y el desinterés. Quien no obre bajo estos principios, aunque esté donado por Mí, nada bueno entregará; porque esos dones sólo florecen y se prodigan a través de sentimientos nobles, puros y elevados.

Ciertamente hay muchos que a pesar de que no están preparados espiritualmente, van dejando huella de prodigios a su paso, pero no son ellos los que van entregando, soy Yo que tengo caridad de los necesitados, de los enfermos, de los pobres de espíritu y de los hombres de buena fe, y entonces, aquellos labriegos se atribuyen a sí mismos mis prodigios.

El labriego que haga su labor en la práctica de una caridad verdadera, bien entendida, que además de llevar el alivio a los males del cuerpo, encienda la luz de la fe en Dios, e imparta conocimientos espirituales; aquel que olvidado de sí mismo, consagre algunos instantes al servicio de sus semejantes, ese hará sentir el Espiritualismo en sus hermanos, hará sentir mi presencia a través de sus obras y por consiguiente su parcela será fértil y su cosecha buena y abundante.

Dad, siempre tenéis algo que dar. No imitéis a los ricos avaros; no arrojéis a los enfermos, a los menesterosos, juzgándolos imprudentes. No despreciéis a los hambrientos. Si sabéis penetrar en su corazón, descubriréis su dolor y sentiréis piedad de ellos.

Yo os he dado en el amor, el bálsamo para curar todos los males. ¿Teméis ser censurados porque al hacer la caridad me imitáis? ¿Qué teméis de esta humanidad injusta y egoísta que nada sabe de Mí? Venid y refugiaos en mis leyes inmutables, bebed mi esencia y sentíos llenos del Espíritu de Verdad.

Yo os hablaré de Espíritu a espíritu y os guiare en el camino; pero quiero que antes que lleguéis a la humanidad como maestros, lleguéis como doctores. Buscad antes la herida, la llaga o enfermedad y curad sus dolores, los cuales están en el espíritu.

Si queréis apartar de vuestro hermano las manchas que lleva en su espíritu, antes tenéis que desmancharos; si queréis ser perdonados, antes tenéis que perdonar.

Aprended todo esto y en vuestro camino seréis reconocidos como mis discípulos. Habrá quienes al contemplar vuestro don curativo quieran comprar vuestro secreto, unos con buena fe, otros con fines de lucro; mas a ellos diréis que el secreto para sanar el dolor del hermano es la caridad, y ese don todos lo poseen.

Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo. Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. (Hechos 8: 18-20)

A vosotros, os digo que no olvidéis ese don divino, ya que por medio de él haréis luz en los espíritus, llevaréis consuelo a los que sufren y convertiréis a muchos, al salvarlos de sus aflicciones.

En vuestras manos espirituales ha depositado el Señor, con su palabra y su Doctrina, la fuente de la salud, el gran milagro, el gran don, la maravilla, el don precioso que vosotros todavía no habéis desarrollado y que se encuentra latente en vosotros; desarrolladlo, ponedlo en práctica y experimentad, que muy pronto obtendréis los grandes frutos.

Cuando vayáis a experimentar el alcance de vuestro don curativo, iniciad vuestro trabajo sobre una caridad sentida y profunda; que vuestro corazón se encuentre vibrando de ternura y compasión por todos los enfermos, ausentes y presentes, sin distinción alguna. Y pensad también, en aquellos enfermos que ya no tienen cuerpo, son las legiones de seres confundidos que vagan por los espacios, para que a ellos llegue también el bálsamo que brota de vuestro espíritu, porque os encontraréis entregando curación no por vuestra materia, sino por vuestro espíritu.

Debéis aprender a ungir al enfermo y a resucitar al que ha muerto a la vida de la gracia; pero si hay quienes aún dentro de este camino buscan riquezas, galas y honores, es que no saben con cuánto dolor se purifican esas manchas.

El que sólo busca lo que pertenece al mundo no es Conmigo. Los bienes de la Tierra los obtenéis con vuestro trabajo material, mas los bienes del espíritu sólo los alcanzáis con la preparación y el cumplimiento espiritual.

En cuanto a los poseídos y a los confundidos en su mente humana, también podéis curarlos, porque tenéis esa facultad y debéis ponerla al servicio de esos seres que han caído en la desesperación y en el olvido. Libertadlos y manifestad esta potestad ante los incrédulos.

Los poseídos se libertarán de sus obsesiones, de sus perseguidores y opresores, ante la palabra, la oración y la potestad de mis nuevos discípulos.

Este es el tiempo en que la luz divina brillará en plenitud en mis seguidores, los cuales manifestarán los dones del espíritu, demostrando que no necesitan de los bienes terrenales ni de las ciencias materiales para hacer la caridad y obrar prodigios. Ellos curarán en mi Nombre, sanarán a los enfermos desahuciados y levantarán de su lecho a los muertos a la vida de la gracia. Su oración tendrá la potestad de aplacar los vientos, de apaciguar los elementos y combatir las epidemias y las malas influencias.

Os convierto en labriegos y os doy mi semilla de amor para que la sembréis en los enfermos, en los tristes, en los delincuentes, y si alguno se siente indigno de recibirla, hacedlo llegar a Mí que Yo sabré dignificarlo, para que no se sienta menospreciado. Evocad a vuestra Madre celestial y su amor divino os ayudará en esta lucha y a todos os conducirá a Mí.

Cuando las grandes epidemias se desaten y los hombres de ciencia por su falta de amor y caridad no logren curar a los que sufren, surgirán los labriegos, llevando con amor su misión de curar y consolar a sus hermanos. Y el mundo espiritual uniéndose a ellos, impartirá sus beneficios entre la humanidad agobiada por el dolor.

Apartad de vuestro corazón el horror que pudierais sentir por los que sufren enfermedades que vosotros llamáis asquerosas y rechazad la repulsión que pudieseis experimentar al encontraros frente al homicida o al que ha enloquecido en los vicios. Tendedles vuestra mano, dedicadles las frases más sentidas. Orad por ellos. Sólo Yo sé lo que se esconde en cada una de esas existencias, sólo Yo conozco las causas de su caída.

Tenéis la ayuda de vuestro Padre y del Mundo Espiritual de Luz; no desmayéis en la lucha, que no os atemorice el no tener pan, ni el contagio de las enfermedades por muy repugnantes que os pudieran parecer; no se os pide que derraméis vuestra sangre ni que paséis hambre.

Los milagros en las curaciones

En aquel Segundo Tiempo sané a multitud de enfermos. Curé ciegos, leprosos, poseídos, sordos, paralíticos y mudos. Todos eran enfermos del cuerpo, mas, por el milagro hecho en sus cuerpos resucitó su espíritu.

Pero, así como muchos negaron, también muchos creyeron aquella palabra que penetraba hasta lo más escondido del corazón; aquella forma de sanar dolencias y males incurables, tan sólo con una caricia, con una mirada de compasión infinita, con una palabra de esperanza; aquella enseñanza que era la promesa de un mundo nuevo, de una vida de luz y de justicia, no pudo borrarse de muchos corazones, los cuales comprendieron que aquel hombre divino era la verdad del Padre, el amor divino de Aquél a quien los hombres no conocían y por lo tanto, no podían amar.

Cristo en su perfección, dominó la materia y por eso hizo el milagro de dar vista a los ciegos y hacer andar a los paralíticos. Vosotros debéis evolucionar para que vuestro espíritu pueda dominar a la materia y manifestarse a través de ella.

Jesús les respondió: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois? (Juan 10:34)

Esto es lo que vine a enseñaros cuando habité en el mundo con vosotros, y esto vengo ahora a recordaros. Si a través de Jesús, tocando con mi mano sané a los enfermos, también en este tiempo vengo a tocarlos para devolverles la salud y hacerlos entrar de nuevo en el milagro de la vida.

Hoy no tengo manos para tocar vuestro cuerpo enfermo, porque vengo en Espíritu, mas el espíritu también puede tocaros con su amor y haceros sentir su presencia.

A Jesús atribuís muchos milagros y de cierto os digo, que sus obras fueron el efecto natural del amor, de esa divina fuerza que estando latente en cada espíritu, vosotros aún no la sabéis usar, porque no habéis querido conocer la virtud del amor.

¿Qué existió en todos los prodigios que realizó Jesús, sino amor?

Para que el amor de Dios se manifestara a la humanidad, era necesaria la humildad del instrumento, y Jesús fue siempre humilde, y como de ello vino a dar ejemplo a los hombres, os dijo que sin la voluntad de su Padre Celestial, nada podría hacer. Con estas palabras Jesús os dio una lección de humildad.

Él sabía que esa humildad, esa unidad con el Padre, le hacía todopoderoso ante la humanidad. Ahora vengo primero a dar luz al espíritu, a despertarle, a darle libertad, a encender su fe y a sanarle de todo mal para que después él se encargue de fortalecer y sanar su cuerpo.

¿No creéis que de tiempo en tiempo debo encontraros más adelantados y que por lo tanto mis lecciones tienen que ser cada vez más elevadas?

¡Oh, inmensa y hermosa transfiguración que da el amor, la humildad y la sabiduría!

Ahora sabéis porque Jesús, aun diciendo que nada podía hacer si no era por la voluntad de su Padre, en realidad todo lo podía, porque fue obediente, porque fue humilde, porque se hizo siervo de la Ley y de los hombres, y porque supo amar.

Conociendo vosotros algunas de las virtudes del amor espiritual, no lo sentís y por eso no podéis comprender el porqué de todo lo que llamáis milagro, o misterio, y que son las obras que hace el divino amor.

¿Qué enseñanzas os dio Jesús que no fuesen de amor? ¿Qué ciencia, prácticas o conocimientos misteriosos empleó para dejaros sus ejemplos de poder y sabiduría? Sólo la dulzura del amor con la cual todo se puede hacer. Nada hay contradictorio en las leyes del Padre, sencillas por sabias y sabias por estar saturadas de amor.

Entended al Maestro, Él es vuestro Libro. ¿He de volver a hacer las obras que llamáis milagros como en el Segundo Tiempo, para ser creído? ¿Tendré que dar vista al ciego, movimiento al paralítico y devolver la vida a Lázaro, para despertar vuestra fe? En verdad os digo: que en este tiempo, muchos ciegos han visto la luz, muchos tullidos han caminado y muchos muertos se han levantado a la vida de la gracia.

Grande será el asombro de esta humanidad materializada cuando hasta su misma ciencia y sus observaciones le demuestren la verdad de muchos de aquellos hechos que no querían aceptar; entonces sorprendida dirá: Fue verdad; mas todo aquello que hoy llamáis milagro, no es más que la materialización de un mensaje divino, mensaje cuya voz os habla incesantemente de algo que está más allá de vuestra razón, de algo que viene directamente de mi Espíritu al vuestro.

He ahí por qué Jesús os asombró con las obras que llamáis milagros. Comprended que nada hay sobrenatural ni contradictorio en lo divino que vibra en toda la Creación.

Os enseñé a curar. Jesús era el bálsamo, Él era salud, su palabra sanaba al que la escuchaba. Su mirada impartía consuelo infinito al que la recibía. Aún su túnica, cuando era tocada por la fe de los que a Él llegaban cargados de amarguras y dolencias, les devolvía la paz, y hasta su sangre, cayendo sobre el rostro del centurión le devolvió a sus ojos la luz perdida.

Esos milagros sólo el amor y la caridad, que es hija de ese amor, los pueden realizar. Con ellos podréis curar.

En aquel Segundo Tiempo, las multitudes me buscaban más como doctor que como Maestro, porque siempre han creído los hombres, que es más grande el dolor del cuerpo que el del espíritu. Jesús era complaciente y dejaba que los enfermos se acercarán a Él; sabía que ese dolor era el camino que atraía a los hombres hacia la luz de su palabra.

Cuando los ciegos volvían a ver, y los leprosos se limpiaban, cuando los paralíticos abandonaban su lecho y los poseídos se liberaban de sus influencias y obsesiones, eran testimonios vivientes de que Jesús era el Doctor de los doctores.

¿Cuándo volveréis a buscarme con aquella fe, con que se acercaban a Mí los enfermos en el Segundo Tiempo? Es necesario que os diga que tengo sed de vuestra fe y que cuando depositéis en Mí vuestra confianza, os haréis merecedores de los grandes prodigios que tengo reservados para vosotros.

Yo no desconozco a los hombres de ciencia, puesto que la misión que desempeñan se las he dado Yo, pero muchos de ellos han faltado a la oración, a la caridad y a la elevación de espíritu para ser los verdaderos doctores de la humanidad. Ya les hablaré también a ellos, mas mi voz será de justicia cuando vean a mis discípulos sanando por medios espirituales las enfermedades que la ciencia no ha sabido curar, y cuando los hombres se curen los unos a los otros por medio de su don espiritual, los materialistas abrirán sus ojos ante esa revelación y dirán: Ciertamente, más allá de nuestra ciencia existe una sabiduría y un poder superior al nuestro.

¡Cuántos casos de conversión presenciaréis! ¡Cuántas curaciones milagrosas en enfermos del cuerpo o del espíritu! ¡Cómo os recrearéis contemplando a vuestros hermanos que hasta entonces habrían caminado como parias, manifestar también los dones que vosotros les enseñasteis a descubrir en su ser! Ellos que se habían creído desheredados al contemplar vuestros dones, confirmarán que todos sois herederos míos y que lo que os doy jamás os lo quito, aunque a veces llegue a retenéroslo, a través de mis leyes perfectas de amor. El tiempo de los milagros está en la eternidad. Yo soy un milagro infinito de amor para todos mis hijos.

De la ciencia en las curaciones

En vosotros no ha arraigado la ciencia; os miro humildes y por eso os he escogido. Os he dado mi palabra, para que poseáis la verdadera ciencia, porque los conocimientos que tienen los hombres no pueden curar el mal que aqueja a la humanidad. Esa luz, esa ciencia de la que tanto se envanece el hombre, ni convierte corazones, ni salva espíritus.

Daos cuenta de que todos los tesoros y poderes de los hombres no podrán comprar un átomo de paz y que también el don de curación se ha apartado de los doctores, quienes no podrán comprar una sola gota de mi bálsamo con su ciencia, mientras su corazón no se despeje del egoísmo. Cuando ese tiempo esté en plenitud, las fuerzas espirituales de luz, envolverán a los hombres, habrá manifestaciones, acontecimientos y señales nunca vistos; los soberbios hombres de la ciencia se encontrarán asombrados y habrá ocasiones en que lloren de impotencia, convencidos de su pequeñez.

Los hombres de ciencia no aciertan a curar tanto mal; las enfermedades se hacen más y más complicadas, y se convierten en un caos para la ciencia médica. ¿Tendremos entonces que recomendar a los hombres en ciertos casos, que acudan a la ciencia humana?

Yo no os prohíbo que toméis la ciencia ni la condeno. Sólo deseo que los hombres comprendan a través de mi Doctrina, que hay una ciencia mayor que la que ellos conocen y la cual pueden alcanzar por medio del amor, que es la esencia de todas mis enseñanzas.

Hay cuerpos que sanan con medicinas materiales, otros que no pueden curarse porque el espíritu es el que está enfermo.

Hay casos en que simplemente el fluido espiritual puede sanar al enfermo, en otros casos, os veréis en la necesidad de recurrir a medicamentos materiales y si hay casos así, dispuestos por Dios que tienen que resolverse por medio los hombres de ciencia, ¿habréis incurrido en profanación?

No, hermanos, el pensar que eso sea profanación u ofensa al Padre es ignorancia y fanatismo, fanatismo que se manifiesta cuando pensáis que el acudir al médico humano es prueba de poca fe. Muchas veces, habéis tenido que recurrir a vuestros hermanos los hombres de ciencia y aún continuaréis haciéndolo, mas si queréis recibir a través de ellos el verdadero bálsamo, y que con su inteligencia os entreguen algo limpio y puro que ataque directamente vuestro mal, penetrad en oración elevándoos al Padre, invocad al Mundo Espiritual en nombre del Señor y pedid que la luz de la Divinidad ilumine aquella mente de ese hombre de ciencia.

Cuando llega un doctor junto a vuestro lecho de enfermo y en él depositáis toda vuestra fe y confiáis en su ciencia vuestra vida, olvidáis que la vida de ambos depende de Mí. Os olvidáis en ese instante de orar ante vuestro Padre para solicitar de Él la luz sobre el hombre de ciencia y el bálsamo sobre vuestra dolencia. Aquella alcoba, en vez de llenarse de luz y saturarse de fuerza y de esperanza, permanece triste y sombría por falta de espiritualidad.

El advenimiento del Espíritu de Verdad

El advenimiento del Espíritu de Verdad

Humanidad: Os prometí volver y no podía dejar de asistir a esta cita con vuestro espíritu.

Recordad que en cierta ocasión dije a las multitudes que me oían: Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de Verdad, Él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. (Juan 16:12-13)

He aquí al Espíritu de Verdad, explicando lo que en el Segundo Tiempo os dijo y que no supisteis interpretar.

Si la humanidad hubiese sabido analizar las profecías del Primero y Segundo Testamentos, no se confundiría hoy ante la realización de ellas; esto fue lo que pasó en el Segundo Tiempo cuando el Mesías nació entre los hombres, lo mismo que acontece ahora que he venido en Espíritu.

No todos me esperabais y menos en la forma en que me he manifestado. Ahora mi palabra os anuncia un nuevo tiempo de revelaciones que vendrán a libertarlos de toda esclavitud.

¡La verdad os hará libres, no más cadenas, ni más cautiverio, humanidad!

En verdad os digo que aquella divina promesa de volver entre vosotros como Espíritu de Consolación, nadie la borró, ni el tiempo, ni el pecado, ni las Edades que sobre los hombres han pasado.

Así como en el Segundo Tiempo mi presencia no fue en la misma forma que en el Primero, también en esta Era mi manifestación es diferente, siendo la misma Doctrina.

Este es un nuevo tiempo, y esa es la causa por la cual estáis recibiendo nuevas lecciones, porque los hechos de los primeros tiempos, según los espera la humanidad, no se repetirán, eso sería como si el tiempo se hubiera estacionado y a la humanidad le estuviera repitiendo la misma lección.

Así vengo a vosotros en este tiempo en el cual mi luz, se manifestará en diversas formas sobre los hombres y volverá a estremecerles, a unos de gozo, a otros de temor, a otros de ira, pero no habrá uno que, llegada la hora de ser conocido mi mensaje, no se conmueva.

Cuando estas palabras lleguen a los oídos de los materialistas, éstos se sonreirán con incredulidad ante mi Doctrina y ante mis profecías, pero nunca el escepticismo del hombre me ha herido.

Llegará mi palabra a los palacios y a las casas humildes, llamando a las puertas de los corazones, haciendo estremecer a los espíritus, sanando y consolando a los enfermos del espíritu o del cuerpo e iluminando las mentes que se encuentren en tinieblas.

Aquél que os enseñó la humildad y en su amor os llamó hermanos, es el mismo que hoy viene a hablaros en este tiempo.

Aquí tenéis ante vosotros desarrollándose aquel tiempo, aquí están cumpliéndose aquellas profecías. ¿Quién puede sorprenderse? Sólo los que han dormido en tinieblas o los que borraron de ellos mismos mis promesas.

¿Quién sino Yo podía ser el Espíritu de Consolación?

En verdad os digo, que si en este tiempo yo hubiese venido en cuanto hombre, vuestros ojos habrían tenido que ver mis heridas frescas y sangrantes aún, porque el pecado de los hombres no ha cesado.

Si por decir la verdad al mundo los hombres vuelven a juzgarme, podrán hacerlo, Yo dejaré que lo hagan. Mas si quieren tocarme y aprenderme, no podrán, porque estoy en Espíritu y ante ellos soy intangible e invisible.

Mañana, cuando ya en calma, los hombres estudien la forma de mi manifestación y la comparen con las profecías contenidas en las Escrituras y analicen el medio en el que me presenté y en el que se desarrolló mi manifestación, la nación que escogí y el pueblo a quien llamé, llegarán a la comprensión absoluta de que todo fue hecho a la perfección y que se fueron cumpliendo fielmente todas las profecías.

En aquel Segundo Tiempo encontré al ciego y le di la vista, al tullido le hice andar, al muerto le resucité; ahora encuentro mayor desolación en el mundo, porque contemplo por millares a los ciegos, a los sordos, a los leprosos y a los muertos del espíritu.

Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche. (1ª de Tesalonicenses 5:2)

De puntillas, como ladrón, he penetrado entre vosotros sorprendiendo vuestro sueño.

En verdad os digo que ya mi luz, como el relámpago, ha cruzado de oriente hacia occidente, sin que el mundo se percatara de ello.

Grande será la transformación que sufra la humanidad en breve plazo: instituciones, principios, creencias, doctrinas, costumbres, leyes y todos los órdenes de la vida humana serán conmovidos desde sus cimientos.

La verdad es que vengo con justicia entre vosotros, mas también lleno de amor, porque nunca os dejaré de considerar como mis hijos.

Yo os amo y vengo a buscar a los que me han olvidado, para renovarles mi promesa, diciéndoles que aún les espera el Reino de los Cielos. No traigo para vosotros nueva doctrina, ni nueva ley, pero sí muchas nuevas revelaciones.

De las señales, antes del advenimiento del Espíritu de Verdad

En el Segundo Tiempo, cuando entre mis discípulos o entre las turbas que me seguían, alguien preguntaba si acaso Yo volvería entre vosotros, no tuve motivo alguno para ocultárselo y les declaré que mi retorno sería en un tiempo de grandes pruebas para la humanidad, el cual sería precedido de grandes acontecimientos y trastornos en los distintos órdenes de vuestra vida.

Mirad cómo la guerra ha envuelto a las naciones más adelantadas, la maldad ha alcanzado su más alto grado de desarrollo. La mentira es tomada como si fuera verdad. La ciencia al revelar grandes misterios a la humanidad, le ha permitido utilizarlos para la destrucción y cuántas actividades impuras ha consagrado el mundo como buenas. Entonces es cuando me presento delante de vosotros para iluminar vuestra mente y deteneros en vuestra carrera hacia el abismo.

Las señales de mi manifestación en esta Era, han sido muy claras; la misma sangre de los hombres derramada a torrentes, empapando la Tierra, ha marcado el tiempo de mi presencia entre vosotros como Espíritu Santo.

Hice aparecer todas las señales que debían anunciar mi advenimiento y también pasaron desapercibidas para los hombres, porque estaban dormidos espiritualmente, entregados al mundo y estacionados en sus religiones.

¿Esperará el mundo nuevas manifestaciones para continuar aguardando mi llegada? ¿Hará lo que el pueblo Judío que tuvo las profecías del advenimiento del Mesías, vio el cumplimiento de ellas, recibió en su seno al Salvador, no lo reconoció y aún continúa esperándolo? La experiencia es muy grande y dolorosa para que esta humanidad, aún se obstine en el materialismo.

Mi presencia sorprende a esta humanidad impreparada para recibirme. Mi manifestación en Espíritu en este Tercer Tiempo, coincide con el mayor materialismo de la ciencia.

Veo las armas con las que los hombres se preparan para combatir mi Doctrina, que son: su ciencia, su filosofía, sus teorías materialistas, su egoísmo, su ambición y su soberbia. Mas Yo poseo una espada que es la verdad cuyo resplandor nadie puede resistir, su luz en este tiempo iluminará a la humanidad y pondrá al descubierto todo lo que sea falso y destruirá la tiniebla.

Estáis tan familiarizados con el pecado, que vuestra vida llega a pareceros lo más natural, normal y licito, tal parece que Sodoma y Gomorra, Babilonia y Roma, hubiesen volcado sobre esta humanidad, toda su perversidad y su pecado.

Aunque parezca absurdo, esta es la hora propicia para que mi palabra encuentre eco en el corazón de los hombres. Recordad a la pagana Roma, hastiada de placer, cansada de gozar de los deleites de la carne, abrió su corazón para recibir mi mensaje.

El momento en que Yo había de venir estaba señalado y esta profecía se ha cumplido. Estaba dicho: «Los hombres escalarán el monte del pecado y el materialismo. Las guerras cundirán de nación en nación como incendio que lo destruye todo. El odio y la mala voluntad crecerán como mala hierba e invadirán los campos». (Mateo 24:6-8)

¿Comprendéis el momento que vivís?

La manifestación del Espíritu de Verdad en la mayor sencillez

Para daros esta lección de caridad y amor no he venido a humanizarme, ni a manifestarme en palacios, entre vanidades y rodeado de lujos. En el humilde barrio de vuestra ciudad, entre los pobres y los humildes, así he llegado a vosotros, como corresponde a quien en otro tiempo os dijo: «Mi Reino no es de este mundo».

A nadie extrañe que no haya aparecido en este tiempo en el seno de alguna iglesia, tampoco en el Segundo Tiempo surgí de religión alguna. ¿Para qué había de manifestarme en regios palacios, entre pompas y ceremonias? De cierto os digo, que quienes me conciban entre lujos y esplendores superfluos, tienen un concepto errado de lo que es mi Divinidad.

¿No creéis que si Yo buscase el esplendor mundano, en lugar de haber nacido en cuanto hombre en un establo, hubiera nacido en el interior del templo de Sión? Os digo esto, porque ha habido muchos que en su interior se preguntan por qué no me manifiesto en el interior de las grandes sinagogas o en las suntuosas iglesias.

No me encontraré donde exista vanidad, materialismo e idolatría; quiero manifestarme en el seno de la más grande sencillez y humildad, donde no existan ritos que os hagan olvidar la esencia de mi Ley. La solemnidad de las liturgias, el esplendor de los ritos religiosos no son los que atraen a mi Espíritu ni significan mi Iglesia.

También en el Segundo Tiempo muchos hombres que soñaban con la presencia del Mesías prometido, se sintieron defraudados cuando contemplaron la humildad de Cristo y por eso me negaron. No pudieron ellos descubrir a través de la pobreza exterior de Jesús la presencia del Reino de los Cielos, del Reino de la Luz y la Verdad.

Los príncipes y los sacerdotes esperaban el nacimiento del Mesías en el seno de su iglesia, sin embargo, no nací entre ellos, porque encontré más limpio el establo de Belén, hallé más amor entre los pastores y más clemencia en el crudo invierno. He ahí por qué los teólogos de aquel tiempo se confundieron y por qué los reyes me persiguieron desde mi nacimiento hasta mi muerte. Hoy vuelven a confundirse los teólogos ante mi advenimiento, porque las profecías no han sido interpretadas con acierto.

Si algunos se confunden porque no vengo entre regios altares o suntuosas ceremonias, quiero recordarles que Yo nada tengo en la Tierra y que cuando vine a morar entre vosotros, viví en la humildad, porque así os enseñé a comprender que mi Reino no es de este mundo y que lo que vengo a buscar son corazones. La corona que visteis en mi cabeza no la puse Yo sino los hombres, y fue de espinas.

Lo que más ha torturado la mente de muchos hombres, es la pobreza y la humildad en que he venido a manifestarme, porque están acostumbrados a lo fastuoso de los ritos y a la riqueza derrochada en los templos materiales. Mas Yo os digo, que así como en aquel tiempo vine a juzgar la vanidad de los hombres haciéndoles presente mi humildad, ahora huyendo de los falsos esplendores, he querido aparecer no solo entre pobres, sino entre pecadores.

No temáis por no poder recibirme entre pompas y galas o con regias ceremonias; vuestra humildad y sencillez son el mejor ambiente que podéis preparar para mi manifestación. Yo quiero espíritus, porque son a los que busco, por los que descendí al mundo en otro tiempo, y por los que os di mi sangre.

Algunos esperan que el Espíritu Santo venga en este tiempo a manifestarse en sinagogas o iglesias; Yo solo os digo que vengo en busca de la humildad y de la sencillez, porque el oro, las riquezas o las vanidades, no halaga a quien es Dueño de toda la creación.

Yo podía haber venido entre relámpagos y tempestades para hacer sentir mi poder, pero entonces, ¡cuán fácil hubiese sido que el hombre confesase que era llegada la presencia del Señor! Más, ¿no creéis que hubiese vuelto el temor a vuestro corazón, y también la idea de lo incomprensible? ¿No creéis que todo sentimiento de amor hacia el Padre se hubiese tomado tan sólo en miedo a su justicia? Y debéis saber que Dios, aunque es fuerza omnipotente, no os vencerá con esa fuerza, no se impondrá por ella, sino por otra potencia, y esa es la del amor.

La presencia de Dios, sobre la nube

Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre… (Daniel 7:13)

¿Sabéis de aquella nube sobre la cual me vieron ascender mis discípulos la última vez que a ellos me manifesté? Pues en verdad quedó escrito que sobre la nube vendría nuevamente y lo he cumplido.

Yo os revelé que mi retorno sería en una nube. Hoy, ya me encuentro entre vosotros y por lo tanto, he cumplido aquella palabra. De cierto os digo, que la nube es la representación de mi presencia en Espíritu. En la misma forma en que me vieron ascender mis discípulos, una vez que dejé concluida mi obra en el Segundo Tiempo, así he descendido en este tiempo entre la humanidad.

No volveréis a verme en cuanto hombre, hoy tenéis que prepararos para contemplarme en Espíritu; así se os dio a entender desde el Segundo Tiempo.

Ahora que vengo en la nube, estoy posándome en vuestro espíritu, por lo tanto mis manifestaciones en este Tercer Tiempo son invisibles a los ojos mortales. Sólo el espíritu con sus sentidos elevados, es el que puede mirar, sentir y comprender mis revelaciones.

Esta manifestación es el cumplimiento de aquella promesa, si a alguno le parece demasiado pobre la forma en que he venido, es porque no ha sabido elevarse espiritualmente para poder contemplar la luz radiante con que mi Espíritu ilumina el nuevo tiempo.

Muchos creen que Yo he de aparecer en cuanto hombre en la Tierra, y eso nunca os lo dije, en cambio, os di a comprender que mi advenimiento, sería espiritual, que vendría sobre la nube.

Elegí la nube como símbolo para que representase mi llegada al mundo en el Tercer Tiempo. ¿No es la nube la mensajera que cruza sobre montes, valles y ciudades? ¿No es ella la que fecunda los campos con su lluvia y brinda su sombra? ¿No surge de ella el relámpago que anuncia la tempestad y el rayo vibrante que estremece?

Mi promesa de volver hecha en el Segundo Tiempo, os la he cumplido. Los apóstoles, en Betania, me vieron ascender de la tierra al infinito, y vosotros me habéis visto retornar del infinito hacia vuestro corazón. ¿No encontráis también en ello una semejanza con las nubes que se levantan del mar y ascienden para ir a derramar su lluvia en otros lugares, donde las tierras sedientas las llaman?

Pronto sabrá la humanidad que la Tercera Era ha llegado y que Yo me he manifestado conforme a lo anunciado; que vine sobre la nube, o sea en Espíritu, para enviar mi Verbo, como un rayo de luz, a esta humanidad, que aún permanece en tinieblas.

La nube espiritual llegará y cubrirá con un manto de paz a los pueblos que la invocan, a los corazones que la esperan. A todos aquellos que tratan de apagar la sed del espíritu con los placeres del mundo, la nube los sorprenderá con el resplandor de su relámpago y el estruendo de su tempestad les llenará de pavor, porque hasta entonces recordarán que existe una justicia divina y que cada hombre es portador de un espíritu que tendrá que responder a Dios de todas sus obras.

Bienaventurados sean los que en este tiempo esperan mi llegada, me reciban en su corazón y crean en mi palabra, porque ellos me verán en la nube celestial rodeado de mis huestes espirituales, y aunque no toque el polvo de la Tierra como en el Segundo Tiempo, sabrán sentir mi presencia espiritual.

Sí, humanidad: vuestra fe os dice que soy Yo el que os habla, aunque sabéis que no he venido a materializarme, porque os dije que vendría en la nube, y así os lo he cumplido.

La comunicación Divina, a través del entendimiento humano

He aquí una página más del Libro de la Vida, escrita por mi caridad; he venido a hablarle a vuestro espíritu porque en todos los tiempos me he comunicado con la humanidad. La forma en que ahora me manifiesto no es nueva; sólo el que se ha materializado podrá parecerle extraña o imposible, en cambio para el que me esperaba, es lo más natural y justo oír la voz de su Padre en sí mismo.

Profetizada estaba esta Era. Escrito está que Yo volvería. Mas he aquí al escuchar mi enseñanza a través del entendimiento humano, muchos tuvieron duda y me negaron, otros no dieron la menor importancia a mi manifestación.

Los tiempos anunciados por las profecías, aquellos en que el Espíritu de Verdad vendría a esclarecerlo todo, son precisamente éstos que vivís. Mas Yo he querido sorprenderos comunicándome bajo esta forma, para poner a prueba vuestra penetración en el sentido de las profecías, donde está dicho que Yo vendría a comunicarme espiritualmente por el entendimiento humano.

Porque mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá; (Isaías 28:10)

Os digo que cualquier forma que Yo hubiese elegido para comunicarme, habría confundido a todos los que no hubiesen estado preparados para recibirme. En cambio, para el que ha sabido mantenerse en vigilia y preparado, cualquier forma que Yo hubiese empleado para mi manifestación no le habría sorprendido, porque a través de cualquier forma me hubiese sentido.

He tenido que humanizarme haciéndoos escuchar mi voz a través del entendimiento humano, para haceros mirar con claridad, todo lo que os habéis obstinado en ver como misterio y que es tan natural como lo es para el cuerpo, nacer, crecer y morir.

¿Por qué juzgáis imposible esta comunicación? ¿Pensáis que el hombre pueda tener más poder que Dios, al lograr con su ciencia la comunicación a distancia entre unos y otros? En este tiempo me ha placido manifestarme a vosotros a través del entendimiento humano. ¿En qué forma mejor podríais comprenderme, si no en ésta, valiéndome de vuestra propia mente y de vuestro lenguaje?

¿Por qué creéis imposible mi comunicación con vosotros si estáis recibiendo la comunicación del universo? ¿Cómo ha de pareceros imposible la vibración de mi Espíritu a través del espíritu humano, si todos estáis llenos de los pensamientos de Dios? ¿Cómo ha de ser imposible que Dios se comunique con vosotros, cuando los ángeles, los mundos, los espacios y todo lo creado están llenos de Él?

Hay quienes se han sorprendido porque me comunico por conducto del hombre, y no aciertan a comprender si ha sido por voluntad de Dios o por voluntad humana. Mas Yo os digo: ha sido vuestro propio Dios quien ha venido a sorprender a la humanidad.

Os he dicho porqué en vez de buscar al sabio, al teólogo o al científico, busqué al humilde, al rudo y sencillo, para manifestarme por él, porque el testimonio del humilde sorprenderá al mundo. ¿En dónde están los limpios de corazón y los justos para manifestarme en ellos?

Si alguien dijese que es imposible que Yo me comunique por este medio con la humanidad, porque soy infinito y no sois dignos de recibirme, os digo: Mas que fijarme en vuestra pequeñez, me manifiesto a vosotros porque me necesitáis. En verdad os digo y no lo olvidéis: que no es imposible que Yo me comunique, a través del entendimiento humano; imposible sería que no pudiera comunicarme.

Si he venido a manifestarme por medio del ser humano, es porque el hombre constituye la obra máxima de cuanto deposité en la Tierra, si le doté de espíritu. ¿Qué mejor intérprete que él podría encontrar mi Espíritu para hablar con la humanidad? Ahí tenéis la razón de por qué en todos los tiempos ha sido el hombre mi mejor conducto para expresaros mis divinos pensamientos.

Me ha placido comunicarme con el hombre y mi determinación es perfecta. Conozco al hombre porque Yo lo he creado. Puedo servirme de él porque para eso lo formé, y puedo manifestar mi gloria por su conducto, porque lo creé para glorificarme en él.

¡Él espíritu del hombre! He ahí mi imagen porque él es inteligencia, vida, conciencia, voluntad, porque posee algo de todos mis atributos y su espíritu pertenece a la eternidad.

Buscad en el testimonio de mis profetas de los primeros tiempos, el anuncio de esta comunicación a través del entendimiento humano y de cierto os digo, que ahí lo encontraréis. Si hasta ahora los hombres no han descubierto esa profecía, es porque leyendo, no han sabido entender ni interpretar la palabra divina.

Yo he venido a desatar la lengua de los hombres en este tiempo, para que me reconozcan por un solo idioma: el espiritual, el del amor. Cumplida quedará entonces la profecía de Isaías cuando dijo: las lenguas se desatarán porque lenguas de fuego vendrán a desatarlas.

Porque en lengua de tartamudos, y en extraña lengua hablara a este pueblo. (Isaías 28:11)

*Mira que viene, se oye ya allá a lo lejos el nombre o Majestad del Señor; está su saña encendida, e insoportable: llenos de indignación sus labios y como fuego devorador su lengua. ( Isaías 30.27)) (*Versión Biblia edición ecuménica de Félix Torres Amat, que al margen comenta lo siguiente: Desde aquí parece que se habla de la venida de Jesu-Christo a juzgar al mundo. (Página 662)

Si mi palabra la hubiese dado en todas las naciones, la mayoría la hubiera rechazado, porque la vanidad, el materialismo y la falsa grandeza de los hombres, no hubieran aceptado una doctrina que habla de espiritualidad, de humildad y de fraternidad.

La humanidad no sabe que he estado entre vosotros, que he venido a manifestarme espiritualmente. Cuando conozca mi mensaje, será porque mi palabra ya habrá dejado de oírse por los labios de mis portavoces.

Inicio y fin de la comunicación Divina (1866-1950)

1866 marca el principio de este tiempo de luz. Yo envié al Profeta Elías para que descorriese el velo del misterio e iniciase el tiempo de mi comunicación como Espíritu Santo entre la humanidad. Elías iluminó a un varón destinado por Mí para que fuese el precursor. Aquel escogido llamado Roque Rojas, fue quien escuchó de espíritu a espíritu la voz del Profeta que le ordenaba en mi nombre, llamar y reunir a sus hermanos, porque una revelación divina estaba a punto de iluminar los destinos de la humanidad. Roque Rojas, manso y humilde como un cordero, obedeció la voz espiritual, respondiendo: «Hágase en mí la voluntad de mi Señor».

Roque Rojas reunió a un grupo de hombres y mujeres de fe y buena voluntad, y ahí, en el seno de sus primeras reuniones, Elías se manifestó a través del entendimiento del enviado, diciendo: «Yo soy Elías el Profeta, el de la transfiguración en el Monte Tabor». Y dio las primeras instrucciones a los primeros discípulos, al mismo tiempo que les anunciaba la Era de la Espiritualidad, y les profetizaba que pronto llegaría el Rayo del Divino Maestro a comunicarse con su pueblo.

Un día en que el humilde recinto de Roque Rojas se encontraba pletórico de adeptos que confiaban en la palabra de aquel varón, descendió Elías a iluminar la mente de su portavoz, e inspirado por Mí, ungió a siete de aquellos creyentes a quienes les dio la representación o el simbolismo de los Siete Sellos.

Más tarde, cuando llegó el instante prometido de mi comunicación, encontré que de aquellos siete escogidos, sólo uno velaba en espera de la llegada del Casto Esposo y ese corazón era el de Damiana Oviedo, la doncella cuyo entendimiento fue el primero en recibir la luz del Rayo divino (1884) como premio a su perseverancia y a su preparación.

Desde entonces y por ese conducto mi palabra iniciada con la manifestación de Elías marcó el tiempo de esta comunicación que es desde 1866 hasta el año de 1950.

No intentéis cambiar esa fecha, ni tratéis por ningún medio de retener la manifestación de mi palabra bajo esta forma ni la del mundo espiritual. Desde ahora os digo, que quienes así lo hicieran ya no estarán iluminados por la luz del Maestro. A unos y a otros desde ahora les digo, que si fuera la única forma en que Yo pudiera manifestarme a su espíritu, no os privaría jamás de ella, pero si la voy a hacer cesar, es señal de que algo más elevado y perfecto os aguarda, algo que vosotros también sabéis: la comunicación de espíritu a Espíritu con vuestro Padre.

Mi palabra es de Rey y no vuelve atrás; porque os he dicho que antes dejaría de alumbrar el astro rey, que mi palabra no se cumpliere, y Yo os he profetizado, os he marcado un tiempo para el final de mi comunicación a través del entendimiento humano.

Pretender hacerme esperar un tiempo más entre vosotros sería necio, sería negarle al Padre su perfección y su justicia y sería negar que he sido Yo, el Inmutable, quien os ha hablado.

¡Ay, de los que habiendo oído mi palabra, la olviden, porque llorarán buscando a su Señor y a su paso sólo encontrarán los falsos cristos, quienes les hablarán en apariencia en la misma forma en que Yo me manifesté, pero con una palabra sin esencia y sin verdad que los llevará a la confusión. ¿No consideráis doloroso que una falsa luz os hiciese perder el camino que mi palabra con tanto amor os trazó? Por eso os hablo mucho, para que quedéis llenos de mi palabra y para que conozcáis su esencia.

Si habéis creído en mi manifestación bajo esta forma, debéis también creer que voy a dejaros de hablar como hasta ahora lo he venido haciendo; y si habéis creído en mi presencia cuando os he doctrinado a través del entendimiento humano, sirviéndome de seres rudos e imperfectos. ¿Cómo no habréis de creer que podréis recibir mi divina inspiración de Espíritu a espíritu?

En el tiempo de mi comunicación, nadie ha callado ni callará mi voz; mas si después de ese tiempo alguno dijera que recibe el rayo divino de mi luz, a sabiendas de que desobedece al Padre y de que engaña a su hermano, no sabrá por dónde le toque mi justicia o en qué momento le sorprenda la justicia humana.

No estoy sentenciando a nadie, me concreto a revelaros a tiempo lo que podréis encontrar como resultado natural de vuestras obras. Os lo digo a tiempo, porque os amo y para que lo evitéis, para que miréis de frente hacia la verdad y no os desviéis del camino.

Desde ahora os digo: que los que quieran hacer creer que me sigo comunicando por su conducto, después del tiempo fijado por Mí, serán negados y llamados impostores y quien se comunique por sus entendimientos será llamado falso cristo; mas los videntes que hiciesen causa común con aquel engaño, serán llamados falsos profetas. ¿Quién creéis que se comunique por estos entendimientos, cuando haya cesado el tiempo de mi comunicación? ¿Por ventura queréis hacerme partícipe de vuestra desobediencia?

Ese deseo de que mi palabra prosiga indefinidamente, de que todo siga como hasta ahora, es una prueba de que el tiempo precioso que les fue confiado, lo han desaprovechado y ahora quisieran un tiempo más, para poder hacer algo. Mas cuando el tiempo señalado haya llegado a su término, nadie podrá hacer variar una determinación divina, porque intentarlo, equivaldría a negarle perfección a lo dispuesto por Dios.

La hora está fijada y mi voluntad es irrevocable. Si Yo no cumpliese mi palabra, dejaría de ser vuestro Padre, porque descendería al plano en que vibran los hombres, que hoy afirman un concepto y mañana se traicionan a ellos mismos.

En los designios de Dios no puede existir variación alguna, porque conociendo el futuro, no puede equivocarse.

Dios todo lo tiene previsto desde el principio, con suma justicia y perfección.

Yo os digo, que hasta las lecciones divinas tienen un término. ¿No partió Moisés una vez que hubo revelado a su pueblo mi Ley? ¿No recordáis que Yo, en Jesús, me elevé de entre los hombres cuando concluí mi misión de Maestro y redentor, luego de deciros, todo está consumado? Así en este tiempo, cuando mi revelación haya sido transmitida y los cerebros preparados hayan dejado manifestar mi mensaje y aquellos a quienes he llamado Plumas de Oro hayan anotado mi palabra y mi Mundo Espiritual haya entregado su mensaje, también os diré: Todo está consumado. Entonces callará esta voz y una nueva etapa se presentará ante los discípulos: la comunicación de espíritu a Espíritu.

Después vendrá el tiempo de la espiritualidad y aunque ya no escuchéis mi palabra, me sentiréis más cerca de vosotros.

Bienaventurados los que permanezcan fieles a mi palabra, porque a ellos llegado el tiempo les tomaré como emisarios y testigos de este Mensaje divino, que a través de mi comunicación por el entendimiento humano deje a la humanidad, como una lección precursora para la verdadera comunicación de espíritu a Espíritu con vuestro Dios Padre Creador.

La evolución espiritual

La evolución espiritual

Hoy se abre al mundo una nueva etapa en la que el hombre buscará mayor libertad para su pensamiento, en la que pugnará por romper las cadenas de esclavitud que su espíritu ha arrastrado. Es el tiempo en que veréis a los pueblos traspasar las barreras del fanatismo en busca de sustento espiritual y de luz verdadera, y os digo que todo aquel que por un instante llegase a experimentar la felicidad de sentirse libre para meditar, para escudriñar y practicar, jamás volverá voluntariamente a su cautiverio, porque ya sus ojos contemplaron la luz, y su espíritu se extasió ante las revelaciones divinas.

No es que lo divino y lo espiritual estén sujetos al tiempo material, ni que la evolución de vuestro espíritu se mida con el reloj o el calendario; es que estando vosotros en materia y siendo pequeños para experimentar la terminación de una etapa espiritual o la llegada de una nueva Era, tengo que humanizar y materializar hasta cierto límite lo espiritual para ponerlo a vuestro alcance.

Mi Ley es un camino de justicia y amor al cual estoy volviendo a llamar a los hombres. En esa Ley existe el principio y el fin de todo lo creado; es mi voluntad que todo viva en armonía, y que vosotros dentro de esta Creación, evolucionéis espiritualmente como evolucionan los diferentes reinos de la Naturaleza, para que alcancéis el progreso de vuestro espíritu.

Cuando la primera lección haya sido comprendida y después ejecutada, os rendirá un fruto agradable, el cual os estimulará para dar el siguiente paso. No dejéis que los años pasen inútilmente sobre vosotros, procurad en cada día dar un paso más hacia adelante, en el sendero espiritual. Caminad con paso firme, nadie vaya de prisa sólo por sentirse adelante de los demás, porque su tropiezo sería muy doloroso.

Ciertamente quiero despertar con mi palabra vuestro interés por la vida espiritual, mas entended lo que os digo: para llegar a alcanzar aquella vida, debéis llegar a ella por la evolución de vuestro espíritu y no sólo por la de la mente. Que se unan el espíritu, la inteligencia, el corazón, los sentidos y todas vuestras potencias, y alcanzaréis la elevación necesaria, pero si el espíritu se confía y se entrega a la capacidad del entendimiento, entonces su penetración será limitada, como lo es todo lo humano.

Si evolucionáis constantemente, ¿por qué había de traeros siempre la misma lección? Esa es la razón por la que mi arcano os revela en cada Era, lecciones más profundas. ¿Por qué si la humanidad ha visto el desarrollo de la ciencia y el descubrimiento de lo que antes no hubiese creído, se resiste a la evolución natural del espíritu? ¿Por qué se obstina en lo que lo estaciona y aletarga? Porque no ha querido asomarse a la vida eterna.

¡Cuán lentamente evoluciona el hombre! ¡Cuántos siglos han pasado desde que él vive en la Tierra y aún no ha alcanzado a comprender su misión espiritual y su verdadero destino!

¿Por qué no os revelé todo desde un principio para evitaros tropiezos, errores y caídas? Y os digo: no podríais haber comprendido mis revelaciones estando carentes de evolución y desarrollo espiritual. Entonces os era suficiente el conocimiento de mi Ley, como el camino recto que había de llevaros hasta la fuente de inagotable sabiduría y eterna revelación. Mi sabiduría he venido enseñándola a lo largo del tiempo y de las Eras, ya que siendo tan grande, no podríais conocerla en un instante.

Ahora os encontráis en aptitud de sentir y comprender mis enseñanzas, por elevadas que sean; no así en el Primer Tiempo cuando para simbolizar la patria del espíritu tuve que entregar al pueblo una tierra, y para enseñarles la Ley hube de grabarla en una piedra.

Yo no os culparé ni os reclamaré de lo que hicisteis cuando vuestros pasos los dabais entre las tinieblas de ignorancia, de pequeñez y de materialidad; mas ahora que tenéis conocimiento completo de lo que es mi Ley, si persistís en lo ilícito o en lo impuro, responderéis de vuestros hechos ante Dios, quien se manifestaría inexorable para vosotros en vuestra misma conciencia.

¿Qué se espera del hombre evolucionado espiritualmente? Se espera el dominio sobre sí mismo, la manifestación de sus potencias y dones. Comprended que la inteligencia del hombre cada vez tendrá que ser mayor y por lo tanto, se encontrará más capacitado para comprender la Obra de Dios. En cuanto al espíritu, ese no puede permanecer inactivo, su anhelo de evolución es como un instinto que lo lleva a la elevación, al continuo esfuerzo por perfeccionarse en las sendas trazadas por las leyes divinas.

Evolución: palabra que estará en los labios de la humanidad cuando se ocupe de su espíritu, porque significa progreso, elevación, transformación y perfeccionamiento.

De la ciencia humana

De la ciencia humana

La humanidad de este tiempo ha dado tanta importancia a su ciencia material, que ha llegado a desconocer su vida espiritual.

Ved a los hombres cómo han extendido sus dominios, señorean y cruzan la Tierra, y todos los caminos; ya no hay continentes, tierras, ni mares ignorados, y no conformes con lo que en su planeta poseen como heredad, sondean y escrutan el firmamento en busca de mayores dominios.

Mirad este mundo soberbio, retador y orgulloso de todas las obras de los hombres con las que asombran a las generaciones de este siglo; en su mayoría no creen ni aman la vida espiritual, por lo tanto, no oran ni practican la Ley de Dios. Sin embargo, están satisfechos y orgullosos de poder mostrar un mundo portentoso, de maravillas creadas con el poder de su ciencia.

Pues este mundo maravilloso de los hombres, logrado a través de siglos de ciencia, de luchas, de guerras y lágrimas, por sus propias manos van a destruirlo, porque ya se acerca el instante en que la humanidad se dé cuenta de la inconsistencia y fragilidad de sus obras, a las que ha faltado el amor, la justicia y el verdadero anhelo de perfeccionamiento.

Ya pronto sabréis que nada sois sin Dios, que la fuerza, la vida y la inteligencia sólo de Mí la podéis tomar para hacer una existencia justa y armoniosa.

Os habéis familiarizado en tal forma con la maldad, que aún a los hombres que inventan esas nuevas armas de muerte, les llamáis grandes, porque en un instante pueden destruir millones de seres. Y aun les llamáis sabios. ¿En dónde está vuestra razón, humanidad?

Grande sólo se puede ser por el espíritu y sabio sólo el que va por el camino de la verdad.

Si los hombres sintiesen el verdadero amor para sus hermanos, no deberían de sufrir el caos en que se encuentran, todo en ellos sería armonía y paz; pero ese divino amor no lo entienden y sólo quieren la verdad que llega al cerebro, no la que llega al corazón, y ahí tienen el resultado de su materialismo: una humanidad egoísta, falsa y llena de amargura.

Tras la ciencia han marchado los hombres, y muchas son las maravillas que han descubierto, pero aquélla que da la paz, la salud y la dicha verdadera, ésa no la han podido encontrar, porque está más allá de todo conocimiento humano, precisamente donde el hombre no ha querido llegar. Esa ciencia divina la enseñó Jesús cuando os dijo: Amaos los unos a los otros.

Entonces podréis comprender que la sabiduría del espíritu es superior a la ciencia de la mente, porque la inteligencia humana sólo descubre lo que su espíritu le revela.

Si la ciencia humana os da muestras de su desarrollo, reconoced que ello revela también evolución espiritual.

En todos los tiempos los hombres de ciencia han desmentido y combatido mis revelaciones y manifestaciones espirituales. Mas Yo no los combato, porque Yo soy la Ciencia. Soy quien la inspira al hombre para el bien y recreo de él mismo. En verdad os digo, que quien toma la ciencia para causar males, ése no ha sido inspirado por Mí.

Si censuro la obra de los científicos y reclamo a la ciencia cuando ésta es aplicada insanamente, eso se debe a que esa fuente de vida, esas revelaciones que les he hecho, algunos no las han utilizado para el bien y el adelanto de la humanidad, sino que las han puesto al servicio de la destrucción. Mas todos aquellos que hayan cumplido su misión, que hayan penetrado con humildad, elevación y respeto para descubrir lo que haya sido mi voluntad revelarles, en ellos me he derramado, me he complacido y mirad cuántas obras benéficas han hecho.

Si hay quienes se levantan como enemigos míos, no les contemplo como tales. A los mismos que se tienen por sabios y niegan mi existencia, les miro con piedad. A quienes tratan de destruirme en el corazón de la humanidad, les juzgo ignorantes ya que creen tener el poder o las armas para destruir a quien es el Autor de la Vida.

Aquellos que se dicen sabios, porque han acumulado algunos conocimientos, ignoran que el verdadero sabio no es aquel que se desvela tratando de descubrir la mejor forma de destruir, de dominar, o de aniquilar, sino aquel que se eleva para poder crear y armonizar la vida de los seres, inspirándose en el amor al Dios de todo lo creado y en el amor a todas las criaturas.

Los hombres desafían mi poder y mi justicia, al profanar con su ciencia el templo de la Naturaleza en la que todo es armonía.

La ciencia humana tiene su límite y Dios Creador no lo tiene. La ciencia es luz, pero en manos de muchos hombres se convierte en tinieblas, las cuales quiero que conviertan en luz. Yo les haré triunfar sobre su materialismo para hacerlos poseedor de los bienes espirituales, les haré penetrar en ese arcano de sabiduría que es mi Espíritu, para que en él, calmen su sed de conocimientos y puedan poseer la ciencia de la vida verdadera.

Yo bendigo en mis hijos el anhelo de saber y me es infinitamente grata su ambición de ser sabios, grandes y fuertes; mas lo que no aprueba mi divina justicia, es la vanidad en que muchas veces fincan sus ambiciones, o la finalidad egoísta que en ocasiones persiguen.

Os quiero grandes de entendimiento, sabios en las enseñanzas que os he heredado; pero teniendo siempre por guía a la conciencia en todos vuestros pasos en la vida.

Quiero que lleguéis a unir los frutos de la ciencia con los frutos de amor del espíritu. Yo bendigo la ciencia que los hombres han desarrollado en beneficio de la humanidad. Bendigo la ciencia del hombre, que ha sanado y rescatado de la muerte al que estaba al borde del sepulcro.

¿Soy entonces el enemigo de la ciencia? ¿Soy un obstáculo para el progreso y evolución de mis hijos? Quien así lo cree, es que no sabe interpretar mi palabra, no ha comprendido en su verdad al Padre, porque todo don o facultad que haya en el espíritu del hombre, debe tener desarrollo, porque la evolución es Ley Universal. Todo tiene que perfeccionarse.

La ciencia verdadera, la ciencia del bien, está en Mí y Yo soy quien la inspira a los que me han ofrecido su mente como un depósito para mis revelaciones. Son aquellos hombres que con sacrificio de sí mismos han consagrado su existencia en pos de un descubrimiento, de una revelación que beneficie a la humanidad. Esos hombres sí han abierto caminos de luz, sí han llevado a sus hermanos un mensaje de paz, de salud, de consuelo. Unos han realizado obras completas, otros han sido precursores; pero unos y otros os han enseñado con obras que reflejan amor y elevación del espíritu.

Los vicios y las bajas pasiones

Los vicios y las bajas pasiones

Existen en este mundo, muchos enfermos del espíritu, del corazón, de la mente, y del cuerpo, presos de los vicios a causa del abuso que han hecho del don del libre albedrío.

El hombre debiendo ser el señor en el mundo, ha pasado a ser un siervo ultrajado y humillado. Ha quedado el espíritu sometido a las debilidades e inclinaciones de la materia, de las bajas pasiones y de los vicios.

El hombre se ha hecho doblemente culpable, no solamente porque no hace ningún esfuerzo para que caiga la venda que le impide el conocimiento de las enseñanzas más elevadas, sino porque no se ha desligado de los lazos de la materia que lo llevan a los placeres corporales, en oposición a los placeres espirituales; y es por eso que se ha esclavizado bajo el imperio de las pasiones, dejando que su espíritu se asemeje al paralítico que nada hace por sanarse.

Si os hablo así, no es porque venga a exigiros la suprema perfección, sino a pediros que hagáis un esfuerzo por alcanzarla. ¿De qué sirve que Yo os sane y aparte vuestro dolor, si no apartáis de vosotros vuestros errores, pecados, vicios e imperfecciones?

No solamente los adultos corren atraídos por los placeres del mundo, y de los vicios; también los adolescentes y hasta los niños, ha llegado el veneno acumulado a través de los tiempos. Y quienes han logrado escapar de tan funesta influencia de maldad, ¿qué hacen por los que se han perdido? ¡Juzgarles, censurarles y escandalizarse de sus actos!

Mas Yo os digo que si queréis habitar en ese abismo de materialidad y de ignorancia, si sólo deseáis recoger el sabor de los frívolos placeres y de las bajas pasiones, cuando menos no culpéis a Dios de vuestros dolores.

Si entre risas, placeres y vanidades, los hombres se olvidan de Mí y hasta me niegan, ¿por qué se acobardan y tiemblan cuando están recogiendo la cosecha de lágrimas que atormenta a su espíritu y a su cuerpo? Entonces blasfeman diciendo que Dios no existe. Es valiente el hombre para pecar, decidido para salirse fuera del camino de mi Ley; mas Yo os aseguro que es demasiado cobarde cuando se trata de restituir y de saldar sus deudas.

Sin embargo, Yo os fortalezco en vuestra cobardía, os protejo en vuestras flaquezas, os despierto de vuestro letargo, enjugo vuestras lágrimas y os doy nuevas oportunidades, para que recuperéis la luz perdida y volváis a encontrar el camino olvidado de mi Ley.

¡Ay de los que son valientes para beber vino, y hombres fuertes para mezclar bebida! (Isaías 5:22)

Yo os di el don del libre albedrío y he respetado esa bendita libertad concedida a mis hijos; pero también puse en vuestro ser la luz divina de la conciencia, para que guiados por ella encaucéis vuestros dones; y Yo os digo que en la lucha del espíritu y la materia, ha sufrido el espíritu una derrota, una caída dolorosa, que poco a poco lo ha ido alejando más y más de la fuente de la verdad.

Mas su derrota no es definitiva, es pasajera, porque del fondo del abismo se levantará cuando ya no pueda soportar su hambre, su sed, su desnudez y sus tinieblas.

Que no sea más la materia dueña y señora, ni cárcel ni verdugo, dejad que vuestro espíritu se libere, que rechace las inclinaciones inmundas, como quien ahuyenta al lobo que a cada paso le acecha.

Si los hombres rindiesen tributo a la verdad, al amor, a la justicia y al bien, que son atributos de mi Espíritu, ¿creéis que en el mundo existiera el dolor, la guerra, el hambre, la confusión, los vicios y la muerte? De cierto os digo, que nada de ello habría en vuestra vida y sí habría paz, salud del espíritu y del cuerpo, habría fortaleza y bienestar.

Por eso vengo en ayuda de los que han equivocado el camino y no los sentencio porque aún pueden arrepentirse y evitar nuevas caídas.

Yo sí creo en vosotros, conozco la simiente que hay en cada hijo mío, porque Yo lo formé, porque le di vida con mi amor.

Yo sí espero del hombre, sí creo en su salvación, en su dignificación, en su elevación y su regeneración.

Ni la muerte, ni la falta de amor podrá destruir el lazo que os une a Mí. Meditad: si Yo estoy en vosotros, ¿a dónde me habéis llevado cuando pecáis?

El Amor de Dios para quienes han cometido errores

Sé de la lucha que existe en vuestro espíritu, de las debilidades de vuestro corazón, ya que a veces no encontráis fuerzas para dejar las insanas pasiones y los vicios, es cuando eleváis vuestra súplica a vuestro Dios pidiéndole venga en vuestro auxilio.

Pues aquí estoy, soy el inseparable amigo del corazón humano. Si me buscáis como consejero, recibiréis sanos y amorosos consejos. Si necesitáis alivio para vuestros males, me tenéis como doctor, fortaleciendo vuestro espíritu.

Pero os digo; invocadme con respeto cuando en medio de los vicios os encontréis, sabiendo que hacéis daño a vuestro espíritu y causáis degeneración a vuestro cuerpo.

Es necesario que comprendáis que he venido a romper las cadenas que os han convertido en esclavos del dolor, a liberaros de sufrimientos que vosotros mismos os habéis forjado y que habéis hecho más duraderos porque repetís vuestros errores e imperfecciones. Pero si vosotros sois necios en el mal, Yo soy constante en mi amor; y si fueseis a los antros del fango o del más profundo abismo de vuestras pasiones, ahí llegaré a buscar a los perdidos para llevarlos al Reino de la Luz y de la verdadera paz.

Quiero que el incomprendido por la humanidad se sienta comprendido por Mí. Muchos quienes se encuentran presa de los vicios, se preguntan: ¿Cómo es posible que Dios ponga sus ojos en nosotros, si ve que vivimos en un mundo de cieno y de pecado, lo cual nos hace indignos de tanta gracia? A lo cual Yo os respondo, que mi poder hace brotar lirios y rosas de entre el mismo fango, de donde nadie podría imaginar que surgiera una flor de tan maravillosa pureza.

Vengo como vuestro Padre a atender toda súplica, a recoger vuestras lágrimas, a curar vuestras dolencias, a hacer que os sintáis perdonados y absueltos de vuestras manchas para que rehagáis vuestra vida.

Cuando el hombre se aleja de la senda del bien, por falta de oración, pierde su fortaleza moral, su espiritualidad y queda expuesto a la tentación, y en su debilidad, da cabida a los pecados, y éstos enferman el espíritu, el corazón, la mente y el cuerpo.

Mas Yo, he venido como Doctor al lecho del enfermo y he puesto en él todo mi amor y mi cuidado. ¿Cómo será posible que lleguéis a pensar que Yo os niegue. ¿Por qué negáis la gracia de mi amor divino, cuando lleváis en vuestro ser un fragmento, de mi propia Divinidad?

¿No habéis visto como los rayos del sol, llegan hasta la más infecta charca, elevándola a los espacios, purificándola y convirtiéndola finalmente en nube que habrá de pasar sobre los campos, fecundándolos?

¿Os parece extraño que os procure con tanto afán? Es que no tenéis verdadero conocimiento de lo que es mi amor por vosotros, o de lo que significáis para Mí, porque os habéis formado un concepto muy pobre respecto de vuestro Padre.

Yo os escucho en silencio, no necesito que tengáis que mover vuestros labios. No soy el pecador que está escuchando a otro pecador.

Lo que me confesáis, sólo Yo lo sé. Mas este confidente que tenéis en Mí nunca publicará vuestras faltas, ni mucho menos os delatará. Vosotros no debéis mirar a Dios a un Juez terrible, sino al Padre de amor perfecto.

La Ley del Padre es de amor, de bondad, es un bálsamo que da consuelo y fortaleza al pecador, para que pueda soportar la restitución de sus faltas. Que siempre da oportunidad generosa al que delinque, de regenerarse, mientras vuestras leyes por el contrario, humillan y castigan al que se ha equivocado y muchas veces al inocente, al débil. En vuestra justicia hay dureza, venganza y falta de piedad.

La Ley de Dios es de dulce persuasión, de infinita justicia y de suprema, rectitud.

Vosotros mismos sois vuestros jueces, en cambio Yo soy vuestro defensor incansable; pero es necesario que sepáis que existen dos maneras de pagar vuestros agravios: una con el amor y otra penosamente con el dolor.

Yo soy el divino Juez, que no aplica jamás una sentencia mayor a la falta cometida. Cuántos de los que se acusan delante de Mí, los encuentro limpios. En cambio, cuántos pregonan limpidez y los encuentro perversos y culpables. A ellos vengo a detener en su veloz carrera, inspirándoles el verdadero arrepentimiento. En verdad, en verdad os digo, que hay más amor en los pecadores arrepentidos, que en aquellos que se han tenido siempre por buenos.

El verdadero arrepentimiento

No queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. (2ª de Pedro 3:9)

Cuando un hombre llega a creer que sus faltas no tienen perdón, se aparta de Dios. ¡Ah, si supiera que un instante de sincero arrepentimiento puede salvarle conduciéndole a su restitución que por muy lejos que crea estar de mi Divinidad, un solo paso le separa y ese paso es el de su verdadero arrepentimiento!

Seréis el hijo pródigo que retorna arrepentido a la casa paterna, y os recibiré con amor para haceros recuperar vuestra heredad.

Yo consuelo al que se arrepiente sinceramente, perdono sus faltas y le ayudo a restituir el mal causado. Sabed que el que no se arrepiente no llega a Mí, porque sólo del verdadero arrepentimiento puede surgir la regeneración, la enmienda y la purificación. Mas, ¿cómo podéis arrepentiros verdaderamente, si no conocías la magnitud de vuestras faltas? He tenido que venir a los hombres para hacerles comprender lo que significa ante la Divina Justicia, vivir en la degeneración moral, ser presa de los vicios en sus diversas formas, arrebatar la vida a un semejante, destruir la fe, engañar a un espíritu, traicionar un corazón, profanar la inocencia, causar una deshonra, despojar a un hermano de lo que es suyo, mentir, humillar y tantas imperfecciones que pasan inadvertidas a vosotros, porque os habéis familiarizado con todo ello.

Debéis de comprender la magnitud de vuestras faltas, y la trascendencia de vuestros errores que antes os parecía que carecían de importancia.

Si entre la falta cometida y sus naturales consecuencias, se interpone un arrepentimiento sincero, el dolor no os llegará, porque entonces ya seréis fuertes para soportar con resignación la prueba.

Quiero escuchar de vosotros una frase de arrepentimiento, vuestra sincera confesión, para consolaros y aconsejaros como Padre y ser vuestro mejor amigo. Pero apartad de vuestro corazón la creencia de que podéis dejar para el último momento vuestro arrepentimiento, confiando en la misericordia de Dios y pensad que lo único que vuestro espíritu recogerá en aquel momento de justicia, será lo que a lo largo de su existencia en la Tierra haya sembrado.

No olvidéis que si he venido a deciros que ninguno de vosotros se perderá, también os he dicho que toda deuda deberá quedar saldada, y toda falta borrada del Libro de la Vida. A vosotros toca elegir el camino para llegar a Mí.

Ciertamente, Dios es amor y no existe falta por grave que sea que no perdone, pero debéis saber precisamente que de ese amor divino procede una justicia que es inexorable. No olvidéis que el amor del Padre os perdona, pero que la mancha a pesar del perdón, queda impresa en vuestro espíritu y que vosotros tendréis que lavarla con méritos, correspondiendo así al amor que os perdonó.

Es el hombre el que dicta con sus obras su sentencia, terribles sentencias algunas veces, y es vuestro Señor el que os da su ayuda, para que encontréis la forma en que podáis soportar vuestra expiación.

En verdad os digo, que si queréis evitaros una restitución demasiado dolorosa, arrepentíos en tiempo oportuno y con una regeneración sincera, tened una vida limpia y sana, libre de todo materialismo y vicios.

Elevad una oración inspirada en el amor a Dios, en vuestro propio dolor o en el arrepentimiento por las faltas cometidas, también en acción de gracias por los bienes recibidos, eso acercará vuestro espíritu a Dios, vuestro Padre Creador. Una hermosa oportunidad de restituir y saldar vuestras deudas os ha ofrecido mi justicia; no desaprovechéis ni uno solo de los días de vida que os he confiado.

Yo vengo a servirme del pecador, pero no del obstinado, sino del pecador arrepentido y cuando os habéis arrepentido ¿qué habéis recibido? Paz, tranquilidad espiritual, sosiego en vuestro espíritu, gracias y virtudes de vuestro Dios.

La lucha contra los vicios

La carne en su debilidad es caprichosa y sensual; ama lo bajo y por lo tanto hay que gobernarla con amor. ¿Quién podría cumplir mejor esa misión sino el espíritu dotado de fuerza, luz, inteligencia y voluntad? Para que el adelanto y la evolución del espíritu alcanzara a tener méritos ante Dios y ante sí mismo le fue concedido el libre albedrío o sea la libre voluntad para elegir el camino del bien o del mal, ascendiendo o descendiendo por sí mismo.

¿Cuándo venceréis en esta lucha interior? La fortaleza sólo la podréis encontrar en vosotros mismos.

Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. (Mateo 26:41)

De un lado están la buena voluntad, la razón, la justicia y la caridad; del otro lado se alzan las insanas pasiones humanas; pero será la luz la que triunfará sobre las tinieblas. Si Yo supiera que no habría de ser así, no os permitiría que os empeñaseis en una lucha inútil y estéril para vuestro espíritu.

¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? (Santiago 4:1)

Voluntad para vencer el mal es lo que necesitáis, y esa fortaleza para vuestro espíritu viene a dárosla mi palabra. La batalla más grande y noble, en la que quiero veros vencedores, es la que vais a sostener en contra de vosotros mismos, para llegar a dominar vuestras pasiones y tantos vicios que han enfermado a vuestro espíritu, mente y cuerpo. Es una lucha de potencia a potencia.

Al hablaros de lucha, Yo me refiero a la que debéis desarrollar para vencer vuestras debilidades y pasiones. Esa lucha es las única que permito a los hombres para que dominen su egoísmo y su materialidad, a fin de que el espíritu tome su verdadero sitio iluminado por la conciencia. Esa batalla interior sí la autorizo, mas no aquella que hacen los hombres con el deseo de engrandecerse, cegados por la ambición y la maldad.

Yo he dejado que así acontezca por razón del libre albedrío que os he dado, porque detrás de toda la perversidad, de todas las tinieblas y de la ofuscación de los hombres, hay una luz divina: la conciencia que no se pierde y no se perderá jamás, porque la conciencia es mi propia voz. Por eso os invito a que os apartéis de tantas tentaciones y vicios que acechan vuestro paso en este tiempo. Orad por el mundo, donde tantas mujeres se pierden, muchos santuarios se profanan y donde tantas lámparas se apagan a temprana edad.

¿Cuál sería el mérito de los hijos de Dios, si no lucharan? ¿Qué haríais si vivieseis llenos de felicidad, como lo deseáis en el mundo? ¿Rodeados de comodidades y riquezas, podríais esperar el progreso espiritual? Estaríais estancados porque no existe el mérito donde no hay lucha.

¡Con qué satisfacción se yergue el espíritu después de librar una batalla y salir vencedor en ella! ¿Qué satisfacción podrían experimentar aquellos que sin mérito alguno recibiesen algún bien de su Padre? Esos no sabrían estimar lo que recibieron, ni sabrían conservarlo, ya que ningún esfuerzo o sacrificio les costó obtenerlo; pero el que ha conquistado la salud y la paz, después de grande lucha, no se expone a perderla, la cuida y vela por ella. El que a base de renunciaciones y sacrificios recupera la salud no vuelve a ponerla en peligro, porque sabe cuánto le costó lograrla.

Yo, con sólo quererlo ya seréis limpios, ¿pero qué mérito tendría que Yo fuera quien os purificara? ¡Que cada quien restituya sus faltas a mi Ley, eso sí tiene mérito, porque entonces sabréis evitar en lo futuro las caídas y errores, porque el dolor os lo recordará!

Dejad que la conciencia haga su voluntad por sobre lo que piense vuestra mente y espíritu, ya que es ella la que verdaderamente se da cuenta de la misión que sobre el espíritu pesa. Mirad que si en lugar de seguir los dictados de la conciencia, os inclináis a obedecer los impulsos de la carne, pronto retornaréis al camino de la lucha estéril, al mundo de las frivolidades y de la vanidad, en donde vuestro espíritu se sentirá vacío y triste.

Armonía de espíritu, mente y cuerpo.

Venid a Mí y sanad de vuestros males, haced que vuestra fe y regeneración, obre el milagro de devolveros la salud y de alcanzar vuestra salvación. El milagro no está en Mí, sino en vosotros, mas no olvidéis que ya no es mi túnica la que habréis de tocar para recibir el prodigio, sino que debéis llegar ante mi Espíritu por medio de vuestra regeneración, fe y elevación espiritual.

Esta elevación la alcanzaréis cuando la materia y el espíritu vivan en armonía y caminen unidos por el sendero de la evolución espiritual. Buscad siempre que exista armonía entre lo espiritual y lo material, o sea que aprendáis a dar a Dios lo que es de Dios y al mundo lo que a él corresponde.

Muchos seres se preguntan: ¿Es menester desconocer al cuerpo y al mundo, para lograr que nuestro espíritu se liberte? A lo cual Yo les respondo: el mérito no consiste en desconocer a la materia, sino en encontrar la armonía entre el espíritu y el cuerpo que le sirve de envoltura. Mas, ¿cómo alcanzar esa armonía si antes el espíritu no se deja conducir por la conciencia?

De la falta de armonía en el hombre, es de donde han surgido esas grandes tempestades, de las cuales, la mayoría de las veces ha salido derrotado el espíritu. Mas cuando la materia, doblegada al fin por la persuasión y la confianza de que el espíritu se encamine hacia su gran final, tome mansamente la misión que le corresponde y ya no prive a su espíritu de lo que a él le pertenece, habrá logrado la armonía y la paz entre el espíritu, la mente y el cuerpo.

Esa paz y esa alegría, se deben al triunfo del espíritu sobre la materia, triunfo logrado a costa de una inmensa lucha, de una cruenta batalla interior; ahí, en esa renunciación de lo nocivo, veréis morir algo que habita en vuestro interior, sin que sea él vuestra vida; sino tan sólo una insana pasión.

La naturaleza material, parece ser la más opuesta a la naturaleza espiritual; sin embargo, cuando en vosotros lleguen a armonizar ambas, llegaréis a ver que vuestra naturaleza material es como un espejo limpio que refleja en toda su belleza lo espiritual y aun lo divino.

Cuando en el ser humano haya perfecta armonía entre las tres naturalezas de que está formado, habrá semejanza con la armonía que existe en Dios, porque en él existirá una sola voluntad, la de alcanzar la cumbre de su perfección espiritual.

Yo soy la luz de éste y de todos los mundos, quiero que os vistáis con esa luz. Mi palabra es bálsamo de curación; sanaos con ella escuchándola, y sobre todo, poniéndola en práctica. ¿Por qué si lleváis a Dios en vosotros, estáis enfermos, sufrís y lloráis? Examinaos a vosotros mismos y corregid cuanto haya que corregir, limpiad todo cuanto haya que limpiar. Yo os dije: “Limpiad el vaso por dentro y por fuera”, o sea que vuestro ser interior armonice en voluntad e inspiración con vuestra parte material o humana.

Doblegad la materia con amor, usad la energía si es necesario, pero cuidad de que no os ciegue el fanatismo, para que no obréis con crueldad en ella. Haced de vuestro ser una sola voluntad.

Yo modelo vuestra vida interior, aquella que escondéis a los hombres, pero que ante Mí no la podéis ocultar. Vosotros modelad vuestro exterior de tal manera, que su faz sea un reflejo fiel de vuestro espíritu; entonces existirán en vuestros actos sinceridad y verdad.

¡Cuántos han encontrado su salud en este camino, porque a tiempo supieron descubrir el origen de sus males y pusieron toda su fe y su voluntad en luchar hasta vencer! ¡Cuántos también se han alejado tristes, confusos o decepcionados, sin haber conseguido lo que deseaban porque nunca se interesaron por descubrir la causa de sus sufrimientos y tuvieron que alejarse sin haber alcanzado el bien que buscaban! Esos son los que viven sin luz espiritual, los que ignoran la causa de sus sufrimientos y el valor que tiene la salud o la paz.

Por eso os digo: Vivid una sana espiritualidad ya que esta no consiste en apartarse de lo que pertenece a la vida material, sino en armonizar con toda la creación, y con vosotros mismos.

El mal está en el hombre y en la mujer, ¡la solución también!

Por causa del libre albedrío habéis caído en faltas. También os digo que por ese don podéis corregir a tiempo vuestros errores.

Os he otorgado el don del libre albedrío y os he dotado de conciencia. El primero para que os desarrolléis libremente dentro de mis leyes y la segunda, para que sepáis distinguir el bien del mal, para que ella como juez perfecto os diga cuándo cumplís o faltáis a mi Ley.

Encontráis contradictorio con el amor del Creador vuestro peregrinar por esta vida llena de amarguras y vicisitudes, en la cual imitáis a los niños cuando están descontentos o enfermos. Vivís en un continuo llorar por vuestros sufrimientos, mas éstos son el resultado natural de vuestras desobediencias y faltas a la Ley, y del mal uso que habéis hecho de la libertad que mi amor os ha dado.

¿Qué os ha dejado vuestro libre albedrío, cuando lo habéis empleado para perseguir y buscar los placeres materiales? Sólo dolor y desengaños.

Si el hombre o la mujer no detienen a tiempo sus insanas inclinaciones caerán en un abismo y en una fatiga total, en ese caos de odios, de placeres, de ambiciones no satisfechas, de pecado, de adulterio, de profanación a las leyes espirituales y humanas, encontrarán una muerte pasajera para su espíritu y corazón; pero de esa muerte, Yo haré que se levante a la vida verdadera. Yo haré que tengan su resurrección y en esa nueva vida, luchen por el renacimiento de grandes y nobles ideales, por el resurgimiento de todos los principios y de todas las virtudes, que son atributos y patrimonio del espíritu.

Aquellos que del fango, de la escoria o del egoísmo, se levanten a una vida de regeneración de su espíritu y de su cuerpo, los mostraré como un ejemplo de que mi Doctrina tiene luz y gracia para regenerar a los pecadores.

Dejad que el mundo vea que practicáis las buenas obras, mas no con el fin de recibir homenajes, sino tan sólo con el de dar buenos ejemplos y enseñanzas y dar testimonio de mi verdad.

¡Cuántos ejemplos dignos de ser imitados, podéis recoger de vuestros hermanos de otros tiempos! Su obra es como un libro abierto. Y vosotros, ¿no queréis dejar escrito vuestro ejemplo? Yo tomaré vuestras obras que encuentre dignas, para presentarlas a vuestros descendientes. No recogeréis, hoy que vivís en materia, gloria ni veneración. Sed humildes y dejad que otros valoricen vuestras obras.

Escribid vosotros también vuestra historia, la cual quiero que sea imborrable por los buenos ejemplos que dejéis a las generaciones venideras.

Presentad delante de vuestros hijos buenos ejemplos que les sirvan de ayuda en su camino para continuar su ascensión hacia Mí. No porque los miréis en la infancia de la materia les concedáis poca importancia.

Trabajad para que tengáis paz, luchad intensamente en este tiempo para que dejéis un ejemplo de trabajo, de obediencia y de fe.

Hombres y mujeres: huid de los vicios para que vuestra sangre sea semilla fértil y los frutos del mañana sean agradables. Desde ahora moralizad vuestra vida, reconstruid vuestros hogares y unificad vuestra familia.

Haced cuanto esté de vuestra parte, que Yo no os pediré más de lo que podáis hacer.

Cuán distinta es mi justicia de como la concebís vosotros, cuando creíais que vendría mi cetro a exterminaros por desobedientes a mi Ley. He llamado a los que más se han manchado para confiarles hermosas misiones y nobles cargos que les dignifiquen ante los demás y los salven de sus errores.

¡Si formaseis propósitos de verdadera enmienda, cuánto bien os haríais y cómo recobraríais la salud y la paz perdida!

Del mal uso del libre albedrío, han provenido todos los errores, caídas y pecados de la humanidad; pero son errores pasajeros ante la justicia y la eternidad del Creador, porque luego se impondrá la conciencia sobre las flaquezas de la materia y sobre la debilidad del espíritu. Con ello vendrá el triunfo de la luz, que es sabiduría, sobre las tinieblas, que son ignorancia; será el triunfo del bien, que es amor, justicia y armonía, sobre el mal, que es egoísmo, libertinaje, injusticia.

Así como el hombre, con su regeneración puede crearse un mundo de paz espiritual, semejante a la paz de mi Reino, también con su perversidad puede rodearse de una existencia que sea como un infierno de vicios, de maldades y remordimientos.

Quiero que cada uno comprenda mi palabra y se arrepienta de sus errores; que seáis los pecadores arrepentidos ante mi presencia, que vengáis en silencio. Yo no publicaré vuestras faltas ni os delataré, sino que os aconsejaré como el mas fiel de vuestros amigos. No toméis más los frutos prohibidos, ni lo que no os pertenece, no hagáis obras que os deshonren en la vida. Sed el varón o la mujer que viva con toda honradez y rectitud, como Yo os he enseñado.

Si una debilidad os hizo pecar, arrepentíos ahora de vuestra falta. Dejad que mi caridad os limpie, mas quiero que vuestro arrepentimiento sea de limpio corazón.

Yo os ayudo, os consuelo y os dirijo, mas a vosotros toca hacer el resto. También os oculto el libro de vuestro pasado, pues si contemplarais sus páginas, lloraríais de pena y enfermaríais de tristeza. En muchos, sería tan grande su horror y su amargura, que se considerarían indignos de perdón y redención.

Ahí, en esas tinieblas, también brilla mi amor, impidiéndoos una agonía terrible y sin fin. Mas si conocieseis las páginas futuras del libro de vuestra vida, ¡cómo sonreiríais de dicha!

Reclamo divino

No sólo os reclamaré por lo que los hombres hayan hecho de las vidas ajenas; también les reclamaré de lo que hayan hecho de su propia vida y de su cuerpo. Muchas veces abreviáis vuestra existencia envejeciendo prematuramente, consumidos muchas veces por causas de los vicios e insanas pasiones.

Los hombres y mujeres aman a su cuerpo, halagan sus vanidades y consienten sus debilidades; aman las riquezas de la tierra, a las cuales les sacrifican su paz y su futuro espiritual. Rinden culto a la carne, llegando a veces a la degeneración y hasta a la muerte por ir tras de los placeres insanos.

Os enseñé a dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César, mas para los hombres de hoy sólo existe el César y a su Señor nada tiene que ofrecerle. Y si al menos le dieseis al mundo lo justo, vuestras penas serían menores; pero el César que habéis puesto delante de vuestras acciones, os ha dictado leyes absurdas, os ha convertido en esclavos y os quita la vida sin daros nada en compensación.

Cuando a través de vuestra conciencia descubráis el origen de vuestras aflicciones y pongáis todos los medios para combatirlo, sentiréis en plenitud la divina fuerza, ayudándoos a vencer en la batalla y a conquistar vuestra libertad espiritual.

No temáis llegar al valle espiritual pensando en todo lo que habéis pecado, si dejáis que el dolor os lave, que el arrepentimiento brote del corazón. Si lucháis por reparar vuestras faltas llegaréis dignos y limpios ante mi presencia y nadie, ni vuestra conciencia, se atreverá a mencionar vuestras pasadas imperfecciones.

Sé lo fuerte que es el mundo y sus tentaciones, por eso vuestros propósitos deben ser más fuertes aún, para que en medio de la lucha y de las pruebas vuestra voluntad no debilite.

Veo que venís a confiarme una pena para que os libre de ella, y en verdad voy a concedéroslo, mas esto será cuando comprendáis que el mal no hay que curarlo superficialmente, sino en su origen; que además de orar y de pedir es menester la enmienda, la reflexión, la regeneración y la armonía de vuestro ser.

Orad para que recibáis mi luz y por medio de ella lleguéis a descubrir las causas o el origen de vuestras pruebas y vicisitudes. Pedid para que en vuestra humildad os sintáis fortalecidos, pero antes poned toda vuestra voluntad en evitar todo cuanto os pudiese perjudicar, en el espíritu como a vuestro cuerpo.

A quienes han mancillado el honor de la mujer

A vosotros varones que habéis mancillado el honor de las mujeres, haciéndolas caer en vuestras redes insanas, buscando en ellas las fibras sensibles y débiles, os pregunto: ¿por qué hoy despreciáis a las mismas que ayer indujisteis a la perdición?

¿Por qué decís que amáis, cuando no es amor lo que sentís? ¿Por qué procuráis que caigan otras y nada os detiene? Pensad, ¿qué sentiría vuestro corazón si lo que hacéis con esas flores deshojadas lo hiciesen con vuestra madre, con vuestra hermana o con la mujer amada y por lo tanto, respetada? ¿Habéis pensado alguna vez en las heridas que causasteis a los padres de aquéllas a quienes cultivaban con tanto amor?

¡A la mujer se le ama con el amor que eleva, no con la pasión que envilece!

¿Cuántas serán vuestras víctimas? ¿Cuál será vuestro final? En verdad os digo, que tenéis muchas víctimas sacrificadas en el torbellino de vuestras pasiones.

No sólo asesinan los que quitan la vida del cuerpo, también los que destrozan el corazón con el engaño. Los que matan los sentimientos del corazón, la fe, el ideal, son asesinos del espíritu. Y cuántos de estos van libres, sin presidio y sin cadenas.

Ved cuantos hogares destruidos, cuántas mujeres en el vicio y cuantos niños sin padre. ¿Cómo podrán existir en esos corazones, la ternura y el amor? ¿No juzgáis que quien ha dado muerte a la felicidad de esos seres y ha destruido lo que es sagrado, es un criminal?

La redención es para todos. ¿Por qué no ha de redimirse hasta el más pecador? Por eso os digo, varones: trabajad Conmigo para salvar a las que habéis llevado a la perdición. Toda mujer fue niña, toda mujer fue virgen, por lo tanto debéis llegar a su corazón por el camino de la sensibilidad.

Vuestra alegría será grande cuando miréis que la virtud retorna a aquéllas que la habían perdido. Y esos espejos que fueron limpios y que hoy se encuentran empañados, debéis hacer que reflejen nuevamente la claridad y la belleza de su espíritu.

De la Navidad

De la Navidad

Humanidad: en estos días en que conmemoráis el nacimiento de Jesús, es cuando dejáis llegar la paz a vuestro corazón y cuando parecéis una familia unida y feliz. Sé que no todos los corazones sienten una alegría sincera al recordar mi llegada al mundo en aquel tiempo, muy pocos son los que se entregan a la meditación y al recogimiento, dejando que la alegría sea interior y que la fiesta de recordación sea en el espíritu.

Hoy, como en todos los tiempos, los hombres han hecho de las conmemoraciones, fiestas profanas y pretextos para buscar placeres de los sentidos, muy alejados de lo que deben ser los goces del espíritu. Si los hombres tomasen este día para consagrarlo al espíritu, meditando en el amor divino, del que fue prueba absoluta el hecho de hacerme hombre para vivir con vosotros, de cierto os digo que vuestra fe, brillaría en lo más alto de vuestro ser, y sería la estrella que os señalara el camino que conduce a Mí, vuestro espíritu quedaría de tal manera saturado de bondad, que a vuestro paso iríais desbordando caridad, consuelo y ternura en los necesitados.

Os sentiríais más hermanos, perdonaríais de corazón a vuestros ofensores; os sentiríais embargados de ternura ante la vista de los desheredados, de esos niños sin padres, sin techo y sin amor. Pensaríais en los pueblos sin paz, donde la guerra ha destruido todo lo bueno, lo noble y sagrado de la vida humana. Entonces, la oración brotaría límpida hacia Mí, para decirme: “Señor, ¿qué derecho tenemos a la paz, mientras hay tantos hermanos nuestros que padecen intensamente?”

Mi contestación hacia vosotros, es esta: Ya que habéis sentido el dolor de vuestros hermanos y habéis orado y habéis tenido caridad, reuníos en vuestro hogar, sentaos a vuestra mesa y gozad esa hora bendita, porque Yo estaré allí presente, no temáis estar contentos si sabéis que en ese instante hay muchos que sufren, pues de cierto os digo, que si vuestra alegría es sana, de ella se desprenderá un hálito de paz y de esperanza, que irá flotando como nubecilla de amor sobre los necesitados.

Ninguno piense que vengo a borrar de vuestro corazón la fiesta más pura que celebráis en el año, cuando conmemoráis la Natividad de Jesús. Sólo vengo a enseñaros a dar al mundo lo del mundo y al espíritu lo del espíritu, porque si tantas fiestas tenéis para celebrar hechos humanos, ¿por qué no le dejáis esta fiesta al espíritu, para que él, convertido en niño, se acerque a ofrecerme su presente de amor, para que adquiera la sencillez de los pastores para adorarme y la humildad de los sabios para inclinar su cerviz y presentar su ciencia ante el dueño de la sabiduría verdadera?

No vengo a contener la alegría que en estos días envuelve la vida de los hombres. No es tan sólo la fuerza de una tradición, es que mi caridad os toca, mi luz os ilumina, mi amor como un manto, os cubre. Entonces sentís el corazón lleno de esperanza, de alegría, de ternura, de necesidad de dar algo, de vivir y amar, sólo que esos sentimientos y esas inspiraciones no siempre los dejáis expresar con su verdadera elevación y pureza. Porque aquella alegría la desbordáis en placeres del mundo, sin dejar que el espíritu, que fue por quien vino el Redentor al mundo, viva ese instante, penetre en esa luz, se purifique y se salve, porque aquel divino amor, que se hizo hombre, está presente eternamente en el camino de cada ser humano, para que en él encuentre la vida.

¡Alegraos, oh humanidad, al menos por esa noche, ya que no sabéis retener por siempre esa paz! Alegraos con sana alegría del corazón. Que es ternura y retorno a la bondad. Aquella noche marcó el momento en que nació el hombre en quien vino a encarnarse el Verbo, pero mi Espíritu estuvo tan cerca de los hombres, como lo estuvo antes y como lo está ahora. Noche Buena llamáis a esa noche, los que recordáis cuando Jesús llegó al mundo. Bajo el influjo de ese recuerdo, los seres se acercan, se evoca al ausente, se perdonan las ofensas, se reunen las familias, se visitan los amigos y se inunda de paz el corazón.

Quiero que la humanidad sienta mi presencia espiritual, deseo que la niñez se regocije en Mí, que la juventud se detenga un instante a recordar al que se hizo hombre por amor a la humanidad y que los ancianos que recuerdan los días felices de su niñez, sientan en su espíritu mi paz. Quiero estar con vosotros, tan cerca de vuestro corazón, que sintáis verdaderamente mi presencia. Quiero que vosotros y Yo seamos uno en la armonía y ternura de esta noche; que tengáis presente que Yo soy vuestra luz primera, la promesa divina, el Maestro incansable que trabaja para hacer de vosotros espíritus perfectos, dignos de Dios.

Quiero estar con vosotros, aunque sea una hora tan solo, pero de tal manera que os sea imposible separaros de Mí; mirad que vengo a llenaros de ternura, de esperanza y de bálsamo, y quiero que recordéis que en una noche como ésta vine al mundo, para enseñaros con mi vida y ejemplos el camino que conduce al Reino de los Cielos. Acercaos a Mí, para que recibáis en vuestro corazón la esencia de esta palabra, y vuestra oración, que en silencio se escapa de vuestro corazón, se una a todos los cantos de los cielos y de la Tierra en esta hora solemne.

No hay uno de vosotros, por duro que sea vuestro corazón, que en estos instantes no se dulcifique; mas os digo también que, para poder pensar en los demás, es menester olvidarse de sí mismo; entonces sí, ellos, vosotros y Yo, seremos uno en esta hora de comunión espiritual.

Sabed que Yo soy vuestro y vosotros míos. Recordad que os probé mi amor viniendo a vivir entre vosotros, naciendo en la pobreza, luchando entre abrojos y muriendo en la ignominia. De Mí no podéis decir que no os comprendo, porque no sólo he visto vuestros dolores sino que los he vivido.

Pensad que los verdaderos necesitados representan a Jesús, que Él viene en cada uno de ellos para deciros: “Sed tengo”, sed de que os améis los unos a los otros. ¿Será posible que el corazón de los hombres no se conmueva ante los grandes cuadros de dolor y de miseria que presenta esta humanidad? Sí, sí es posible; Yo veo a los que no padecen miseria, acariciar con su mirada las riquezas que poseen, con más cariño que a los seres, hijos de Dios. Me habéis acompañado en estos breves momentos a visitar a los necesitados, por ello, benditos seáis; no creáis que me olvido de los ricos y de los poderosos, porque aunque en apariencia no me necesitan, Yo soy quien mejor sabe su miseria y sus amarguras, y quien mejor conoce sus desgracias; pero hoy creen tenerlo todo; entonces, ¿para qué acudir a Mí si soy, según ellos, el Cristo de los enfermos, de los parias, de los tristes? No saben que mi misión es salvarlos del falso esplendor para darles la verdadera y eterna felicidad.

Esta es la conmemoración más tierna de cuantas hacéis de vuestro Maestro; el corazón de los niños rebosa de júbilo y el de los mayores se inunda de paz y de esperanza en el Salvador. Vosotros, los que tenéis la gracia de escuchar esta palabra, sois de los pocos que conmemoráis esta fiesta sin ritos, celebrándola en lo más puro del corazón. Así no podréis caer en profanación. Es que a vuestro entendimiento ha llegado la comprensión de que la mejor conmemoración, la más agradable ante el Señor, es la que hacéis cuando aplicáis a vuestra vida los ejemplos del Maestro, cuando vivís su Doctrina.

Quiero que todos sientan mi presencia. Si al menos en estos días de recordación los hombres supieran sensibilizar y espiritualizar su corazón, podrían encontrarme en cualquier sitio, en el camino de cada criatura, en los hogares, en los lugares donde hay dolor, pero aún debo esperar, no todos saben sentirme en su corazón; sin embargo, dejo en el sendero de cada uno de mis hijos un presente de amor. En este día en que los hombres conmemoran aquel amanecer en que el Mesías niño iniciaba su jornada sobre la Tierra, quiero que toda la humanidad sienta mi presencia espiritual. Quiero que la niñez se regocije en Mí, que la juventud se detenga un instante a recordar Al que se hizo hombre por amor para salvaros, y los ancianos que derraman sus lágrimas meditando en estas enseñanzas y rememorando los días felices de su niñez, sientan en su corazón mi paz.

Alegrías y tristezas tendrán que mezclarse recordando el maternal regazo que os meciera, el amor y las caricias de vuestros padres, la dichosa, pero fugaz infancia y luego todo lo que habéis ido perdiendo en el mundo: padres, niñez, alegrías, inocencia. Tendréis que recordar cómo se han enfriado muchos corazones para amarme y amar en el mundo a los suyos. Me decís: Es la noche en que recordamos cada año aquella en que llegasteis a nuestro mundo para traernos un mensaje de amor, y Yo os respondo, que aquella hora marcó el momento en que nació el hombre en quien vino a encarnarse el Verbo, pero que mi Espíritu tan cerca estuvo entonces de los hombres, como lo estuvo antes y como está ahora.

Pero mientras no llevéis una vida diaria apegada en todo a la ley, a la verdad y al amor de los unos hacia los otros, al menos procurad estar unidos espiritualmente en esta noche de recordación. Buscadme todos, venid todos a Mí, pero venid mansos y humildes, esperándolo todo de la caridad de vuestro Señor. Nadie venga con grandeza o vanidad, porque os digo que os prefiero menesterosos y pecadores, pero humildes, tratando de lavar vuestras manchas en las aguas cristalinas de mi perdón.

¡Ah, si pudieseis venir Conmigo en espíritu y contemplar desde aquí toda la miseria de la humanidad! Si los poderosos, los ricos y los que viven rodeados de comodidades quisiesen estar Conmigo esta noche, Yo les llevaría en espíritu a los lugares de dolor y de pobreza que ellos no quieren ver. Entonces les diría: Dejad por un momento vuestra fiesta y recorramos juntos los sitios donde viven vuestros hermanos los pobres, veamos cómo viven ellos esta noche bendita de tristezas para unos y de festines para otros. No temáis, les diría, que sólo unos instantes os pido, y luego podréis retornar a vuestro festín y a vuestra alegría; entonces les llevaría de sitio en sitio y les mostraría a una madre anciana, que en la soledad de su mísera alcoba llora la pérdida de sus hijos, que eran su esperanza, los cuales le fueron arrebatados por la guerra.

Esa mujer vive sólo de recuerdos y de oraciones; mientras hay muchos que llegan a embriagarse de placer, ella apura su cáliz de amargura. Su espíritu sólo espera la hora de dejar este mundo y penetrar en la eternidad, porque su esperanza en los hombres hace tiempo que ha muerto. Después les mostraría a la niñez, vagando entre la humanidad que no respeta la vida de su semejante, no ama ni comprende al necesitado.

Yo haría que esos hombres escuchasen las interrogaciones tan profundas de los niños, que en su inocencia humana se preguntan el por qué de tanta injusticia, de tanto odio, egoísmo, y crueldad. Luego les llevaría hasta aquellos lugares, donde se ahogan los ayes y lamentos del enfermo, del que ha visto doblarse su cuerpo, como se quiebra una rama cuando azota el huracán; son los enfermos, los vencidos, los olvidados. Más tarde haría que las puertas de las cárceles nos dieran paso, para que contemplaran los millares de seres que han caído en las tinieblas del cautiverio por falta de amor, de caridad, de luz, de justicia, de paz. Y así, de sitio en sitio, les presentaría en un solo cuadro toda la miseria y el dolor que han producido las ambiciones, la codicia, el odio, el materialismo y la sed insaciable de poder de los envanecidos que creyéndose poderosos, no lo son, ni dejan poseer a nadie lo que a cada quién en justicia le corresponde.

Pero no les llamo, porque sé que, aunque en su conciencia se escucha mi voz, se hacen sordos a ella. Mas vos, que me estáis escuchando, que sabéis de privaciones, de soledad, de frío y de orfandad también, y que por lo tanto vibráis junto con esa humanidad que llora su hambre y sed de justicia, venid a Mí, y juntos visitemos en espíritu a los enfermos, a los tristes, a todos los pobres y olvidados del mundo. Venid, para que veáis cómo extiendo mi manto y lo uno al vuestro para cubrir amorosamente a toda la humanidad; venid para que escuchéis mi voz espiritual diciendo a los que lloran: No lloréis más, no estéis tristes, despertad a la fe y a la esperanza que son luz en el sendero de la vida; de cierto os digo que si volvéis a orar y a velar con fe verdadera, estos días de dolor para la humanidad serán acortados.

Sí, desde ahí, desde el asiento donde reposáis para escucharme, podéis dejar que vuestro espíritu se acerque a mi morada, para que contemple, comprenda y sienta mejor la tragedia de los hombres, de sus hermanos. ¿Veis aquellas muchedumbres, que llenas de animación se encuentran? Son soldados que han dado breve tregua a su combate para ofrendarme unos minutos de oración y de recuerdo; pero su alegría y animación son ficticios, comen y beben para calmar sus penas, mas en su corazón hay un gran dolor.

Sufren, sufren mucho y sobre todo en esta noche que es para ellos de tortura; cada recuerdo es una espina, cada nombre o cada rostro que evocan es una herida.

Mientras vosotros tenéis paz a pesar de vuestras pobrezas, mientras vosotros podéis ver a vuestros padres, hijos y esposas, ellos tienen que resistir la amargura de no poderles estrechar y la angustia de pensar que tal vez no volverán a mirarlos. Muchos, muchos de ellos sufren segando vidas, destruyendo hogares y ciudades, sembrando dolor luto y lágrimas, y entonces creen haber perdido todo derecho a volver al hogar, a la paz, al seno de los suyos. Yo sé que muchos de ellos no son culpables, no llevan odio ni perversidad en el corazón; sé que son víctimas, son esclavos e instrumentos de los verdaderos malvados. Sólo Yo puedo rescatarlos, sólo mi amor puede cubrirles, están solos en el mundo.

Vos, que no podéis imaginar lo que esa prueba significa, pero que hoy por mi palabra habéis sido tocados en vuestras fibras más sensibles, enviadles vuestros pensamientos llenos de caridad y de luz; porque en verdad os digo, que ellos, sin saber por qué, se sentirán fortalecidos y alentados a orar y a esperar que al fin la guerra fratricida cese y en vez del ronco estruendo del combate, sus oídos vuelvan a escuchar aquellas dulces frases que dicen: “Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”. Orad, y con ello haced que el mundo espere la luz de un nuevo día; que los hombres recuerden mi promesa, aquella que habla de tiempos mejores, de espiritualidad y bienandanza.

También a vosotros os digo: Vamos ahora al corazón de los niños y busquemos a aquéllos a quienes todo les falta. Miradles, duermen, en su sueño no hay reproches para nadie, aunque su lecho es muy duro. La mesa hoy no tuvo pan, sin embargo, descansan confiados en el nuevo día. Visten harapos, mas no sienten vergüenza, porque son inocentes y sonríen aunque a sus cuerpos les falte calor. Son ángeles en la Tierra, porque en sus sonrisas sin maldad reflejan algo de la pureza de los cielos. ¡Oh, inocencia! ¡Cubridles con vuestro fino manto porque de ellos es el reino de los cielos!. Llamáis todos Noche Buena a esta noche, y Yo derramo una lluvia de bendiciones sobre todos.

Llega hasta Mí el gozo espiritual con que recordáis en estos días la noche bendita en que el Verbo se hizo hombre para habitar entre vosotros. Mas Yo os pregunto, humanidad: ¿Creéis que sólo esta noche sea digna de llamarse Buena? ¿No podéis con un poco de amor, hacer buenas todas las noches y los días de vuestra existencia, con el fin de que vieseis que toda la vida, sin excepción de un instante es buena?

La familia, un tesoro divino

¡La familia, un tesoro divino!

He instituido desde el principio de los tiempos el hogar, formado por el varón y la mujer, y en él he derramado sabiduría y amor. He puesto sobre ambos una cruz, un destino perfecto. Las bases de ese hogar son el amor, la comprensión mutua. Y esa institución bendita no es mi voluntad que se desconozca o se profane, a pesar de las tempestades que azotan y amenazan por doquier.

Yo bendigo a todos aquellos que saben encontrar en el calor de su hogar los mejores goces de su existencia, procurando con su cariño de padres a hijos, de hijos para con sus padres, y de hermanos con hermanos formar un culto, porque en su unión y paz se asemejan a la armonía que existe entre el Padre Universal y su familia espiritual.

¡Cuán liviana sería la cruz y llevadera la existencia si todos los padres y los hijos se amasen! Las pruebas más grandes serían atenuadas por el cariño y la comprensión; su conformidad ante la voluntad divina la verían recompensada con la paz.

Haced de vuestro hogar un segundo templo, de vuestros afectos un segundo culto. Si queréis amarme, amad a vuestra esposa y amad a vuestros hijos, porque también de ese templo brotarán grandes obras, pensamientos y ejemplos.

Procurad que vuestro hogar tenga algo de templo, que sea un pequeño reino, un oasis en el desierto árido y hostil de vuestra vida.

Quiero que forméis hogares creyentes del Dios único, hogares que sean templos en donde se practique el amor, la paciencia y la abnegación. En ellos debéis ser maestros de los niños, a quienes debéis rodear de ternura y comprensión.

Enaltezco al varón y el lugar de la mujer, santifico el matrimonio y bendigo la familia.

En el hombre está la fuerza y debe éste usar siempre la comprensión. En la mujer, preparada con ternura y sensibilidad, anida el amor y el sacrificio, y así, ambos se complementan. De esa unión, de esa comunión de espíritus y cuerpos, brota la vida como un río inagotable. De esa semilla y de esa tierra fecunda, surge la simiente que no tiene fin.

A los padres de familia

Yo digo a los padres de familia que así como se preocupan por el futuro material de sus hijos, lo hagan también por su futuro espiritual.

Contemplo a los niños sin alegría, sin paz, llenando del saber material su entendimiento, sin haber aprendido nada de las leyes y virtudes espirituales.

Padres de familia, evitad errores y malos ejemplos; no os exijo perfección, solamente amor y caridad para con vuestros hijos.

Os recomiendo a los niños y os encargo que les conduzcáis por el camino certero. Congregadlos, habladles de Mí con amor y con ternura.

Velad por todos los niños a quienes pueda vuestro corazón brindar un latido de amor.

Enseñad a la niñez a orar por la humanidad, su oración inocente y pura como el perfume de las flores, se elevará hasta Mí y llegará también a los corazones que sufren.

Formad en el corazón de vuestros hijos un santuario de espiritualidad.

Cultivad el corazón de la niñez bendita para que desde su tierna infancia se amen los unos a los otros y sepan reconocer el camino del amor y de la justicia.

Vuestra ternura y vuestra inteligencia para conducirles, vuestra sabiduría para guiarles y corregirles, vuestro amor para dulcificar sus pasiones, serán el cincel que pulimente y dé forma a la parte moral y espiritual de esas generaciones.

Dad mi enseñanza a los niños, simplificándola y poniéndola al alcance de su mente, pero nunca olvidéis que la mejor forma de explicar mis lecciones, es a través de la virtud y ejemplos de vuestra vida, en la que ellos verán vuestras obras de caridad y de paciencia. Vuestra humildad y espiritualidad, será la mejor forma de doctrinar.

Haced que vuestros hijos reconozcan las consecuencias del bien y del mal.

Reclamo divino a familias

Amaos y vivid en paz en vuestro hogar, porque Yo he contemplado que de cinco que forman una familia, dos están contra tres y tres contra dos. Los hermanos, llevando una misma sangre, se sienten distantes, no se aman, ni se comprenden.

Contemplad el dolor por doquier, la niñez abandonada, la juventud penetrando en el fango, la infidelidad en los esposos. Es que los hombres han perdido la semilla de amor, que sin saberlo, llevan en lo más puro de su corazón, tan dentro que ellos mismos no alcanzan a descubrir.

Por eso he venido a dignificar la familia y el hogar, porque hace tiempo que habéis roto esa bendita armonía.

Niñez bendita

Dedico algunas de mis palabras a la niñez, a la cual exhorto para que se fortalezca en la virtud y huya de la corriente de maldad que ha arrastrado a tantos corazones al precipicio.

A los pequeños que me escuchan les digo: no vayáis a dejaros llevar por los malos ejemplos de vuestros mayores, no os apartéis del camino de sumisión, obediencia y buenos sentimientos. No os dejéis contaminar, huid de la influencia del mal. Confiad en Mí y dejad que mi luz os guíe, iluminando el sendero de vuestra evolución.

Niñez bendita, conozco vuestra oración y entiendo vuestro lenguaje; no os toman en cuenta porque os juzgan pequeños y débiles, sufriendo el espíritu que en vos se oculta.

A la juventud

Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento. (Eclesiastés 12:1)

Mientras el hombre es niño aun, ora y piensa en Dios; lo mismo hace cuando ha traspuesto la cumbre de la montaña de su vida y comienza a hundirse como el sol en el ocaso. Pero cuando su corazón es como una ave, que está ansiosa de volar y su carne vibra al contacto de las tentaciones del mundo y se siente fuerte, entonces se aleja de las lecciones divinas.

Huid de los vicios para que vuestra sangre sea semilla fértil y los frutos del mañana sean agradables.

Doncellas, sólo Yo os comprendo; vuestro corazón se ha abierto a la vida como la corola de las flores; soñáis con el amor, con la ternura, con la dicha y os digo: No soñéis más, despertad que mucho tenéis que prepararos para que cumpláis con la sublime misión que os espera.

Apartaos de tantas tentaciones que acechan vuestro paso. Orad por las ciudades pecadoras, donde tantas mujeres se pierden, donde tantos santuarios se profanan y donde tantas lámparas se apagan.

Especialmente le hablo a las doncellas, las que mañana habrán de iluminar con su presencia la vida de un nuevo hogar; que sepan que el corazón de la esposa y el de la madre, son lámparas que iluminan ese santuario, así como el espíritu es quien ilumina el templo interior.

Desde ahora disponeos para que vuestra vida nueva no os sorprenda; desde ahora id preparando la senda por la que habrán de caminar vuestros hijos.

No está el hombre ligado a sus padres, porque para cumplir este destino, se aleja de ellos y queda en la senda de la lucha. Sus hijos también, cuando es llegado el tiempo de ir en busca de su destino, se alejarán y abandonarán el hogar paterno, y sólo quedará cerca del corazón del hombre, la compañera de su vida, la mujer que eligió, la que ha compartido sus alegrías y sufrimientos, y cuya unión sólo la muerte puede separar.

A todos os digo: Velad por las rosas y los lirios que son el corazón de la juventud y de los niños y mañana os deleitaréis con el florecimiento de su virtud. Para ellos, tened comprensión y sabed ayudarlos, para que salgan adelante en la difícil jornada de la vida.

Ha mucho tiempo que se os dijo: “Honrad a vuestro padre y a vuestra madre”; y la mejor forma de honrarlos es llevando una vida recta y virtuosa. Honrad con vuestra vida a quienes por mi voluntad os dieron la existencia, y mañana vuestros hijos os honrarán.

Si sois hijos, entended y estimad la bondad de vuestros padres. Si sois padres, sabed comprended a vuestros hijos. Si sois esposos conoceos y amaos el uno al otro; mas si aun no lo sois y esperáis a quien se una a vuestro destino, preparaos para recibirle, para comprenderle.

Os hablo de los ancianos, de aquellos que ha tiempo dejaron la primavera de la vida y ahora sienten el frío del invierno. Con la vejez va faltándoles la fuerza, la energía, la salud; el trabajo se hace pesado, los miembros se tornan torpes y ya no se les solicita para desempeñarlo.

Así, los ancianos se ven excluidos de la lucha de los demás, se ven abandonados, y su corazón abatido tiene que hundirse en la tristeza y tiene que conocer la necesidad, la miseria, el hambre, la soledad. Os hablo de ellos, porque necesitan también de vuestra ayuda y consuelo. Amadles y tendréis derecho a sentaros en la gran mesa del banquete espiritual, donde os diré: Bienaventurados vosotros que a imitación del Maestro supisteis comprender a todos los que sufren.

Ancianidad

Os habéis doblegado bajo el peso del tiempo y de las luchas, vuestros labios callan, vuestro corazón está triste; mucho habéis aprendido en la vida, no podéis aspirar a las glorias del mundo, porque vuestra juventud quedó atrás y sólo ponéis vuestra esperanza en la vida que más allá de la muerte espera a vuestro espíritu. Os sentís inútiles porque vuestros hermanos creen que para nada servís, porque no ayudáis materialmente, pero sabéis que en vuestro corazón arde una luz y existe un libro.

Conversad Conmigo, mirad cómo os envuelve mi amor. Esperad tranquilamente la hora del llamado, no os inquietéis, ahí os espera la vida verdadera, ¡la juventud eterna!

¡Ah, si supieseis vivir con la sencillez de las aves que viven amándose y que cuando sienten que el invierno se aproxima, emprenden el vuelo en busca de mejores climas, pero dejando preparados sus nidos en los árboles para que sirvan de hogar a sus hermanos! El invierno de vuestra vida es la vejez, pero no miréis en ese invierno la frialdad de la muerte y del fin sin comprender que siempre después del invierno llega la primavera con sus renuevos, sus trinos y sus perfumes.

Corona de honra es la vejez, que se halla en el camino de justicia. (Proverbios 16:31)

…Y la hermosura de los ancianos es su vejez. (Proverbios 20:29)

Del matrimonio

He instituido desde el principio de los tiempos el hogar, formado por el varón y la mujer, y en él he derramado sabiduría y amor. He puesto sobre ambos una cruz, un destino perfecto. Las bases de ese hogar son el amor, la comprensión mutua. Y esa institución bendita, no es mi voluntad que se desconozca o se profane, a pesar de las tempestades que azotan y amenazan por doquier.

En un principio el ser humano fue dividido en dos partes, creando así los dos sexos, el uno, el hombre, el otro, la mujer; en él fuerza, inteligencia, majestad; en la otra ternura, gracia, belleza. El uno, la simiente, la otra, la tierra fecunda. He ahí dos seres que sólo unidos pueden sentirse completos, perfectos y felices, porque con su armonía formarán una sola carne, una sola voluntad y un solo ideal. A esa unión, cuando es inspirada por la conciencia y por el amor, se le llama matrimonio.

Cuando vine en Jesús al mundo, penetré en el hogar de muchos matrimonios unidos por la ley de Moisés, y, ¿cómo encontré a muchos de ellos? Riñendo, destruyendo la simiente de paz, de amor y de confianza; miré guerras y discordias en sus corazones, en su mesa y en su lecho. Penetré también en el hogar de muchos otros que sin haber sido su matrimonio sancionado por la ley, se amaban y vivían como hacen las alondras en el nido, acariciando y protegiendo al ser querido.

Cuando estuve en la Tierra, gustaba de visitar los matrimonios y las familias. Mi presencia en los hogares santificaba aquellas uniones y bendecía sus frutos.

Ahora que me encuentro nuevamente entre vosotros, os pregunto: ¿Qué habéis hecho del matrimonio? ¡Cuán pocos podrán contestar satisfactoriamente! Mi institución sagrada ha sido profanada, de aquella fuente de vida, brota muerte y dolor. Sobre la blancura de la hoja de esa ley, están las manchas y las huellas del hombre y la mujer. El fruto que debiera ser dulce, es amargo, y el cáliz que beben los hombres es de hiel.

Yo sé que en este tiempo, existen problemas en el seno de los matrimonios, a los que sólo les encuentran una solución: el distanciamiento o la separación. Muchas veces al estar juntos en su alcoba, sus espíritus viven distantes uno de otro. Las atenciones y la ternura de otras veces, han dejado paso a las palabras violentas y a las frases hirientes; entonces la flama de la fe, que debe arder en el corazón, se estremece y se apaga azotada por la tempestad de las pasiones y de los sentimientos exaltados.

¿Habéis olvidado vuestros juramentos? ¿Por qué faltáis a vuestras promesas? ¿Por ventura no es una burla a mi ley y a mi Nombre? El pacto que habéis hecho Conmigo, no es un compromiso material, es un cargo espiritual que habéis aceptado contraer con vuestro Padre, con aquél que ha hecho todo lo creado.

Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios. (Hebreos 13:4)

Nunca rompáis un pacto sagrado, como son el del matrimonio, el de la paternidad y el de la amistad.

Todo el que se une en matrimonio ante mi Divinidad, aun cuando su unión no esté sancionada por ningún ministro, hace un pacto Conmigo, pacto que queda escrito en el libro de Dios, en donde están anotados todos los destinos. ¿Quién podrá borrar de ahí esos dos nombres entrelazados? ¿Quién podrá en el mundo desatar lo que en mi ley ha sido unido?

¡Cuántos hay que viviendo bajo un mismo techo no se aman, y al no amarse no están unidos, están distantes espiritualmente! Mas no hacen pública su separación, por temor a un castigo divino o a las leyes humanas o al juicio de la sociedad y eso, no es un matrimonio; en esos seres no hay unión ni hay verdad. Sin embargo, visitan los hogares y los templos, van por los caminos y el mundo no los juzga porque saben ocultar su falta de amor. En cambio, ¡cuántos que se aman tienen que esconderse, ocultando su unión y sufriendo incomprensiones e injusticias!

Si cada matrimonio pensara que la unión definitiva de dos seres no es confirmada por ningún papel, ministro o juramento, sino por la afinidad espiritual de dos seres que comprenden su misión y deciden enfrentarla haciendo que donde había dos sólo exista uno, el mundo no vería tantos fracasos de parejas que no se aman, que no se respetan, que no se miman, que no se ayudan.

Todavía la evolución del hombre no es tan grande como para contemplar que dos seres se unen en Nombre mío. Pero ese tiempo vendrá y entonces no habrá duda en el hombre ni en la mujer cuando se encuentren, ellos conocerán la hora destinada por Mí y sabrán prepararse para penetrar con firmeza y confianza en su unión matrimonial, y la sociedad no los juzgará mal por no haber sido sancionada por un ministro ante un altar.

La unión del uno con la otra significa pacto con el Creador. El fruto de esa unión es el hijo, en el que se funde la sangre de sus padres, como prueba que lo que una la voluntad de dos seres ante Dios, no podrá ser desatado en el mundo.

Esa dicha que el padre y la madre experimentan cuando han dado un hijo al mundo, es semejante a la que el Creador experimentó cuando dio vida a sus hijos. A través de los tiempos, mi Ley y mis revelaciones han hablado a la humanidad de lo sublime de esa misión.

Yo he colocado a la mujer a la diestra del hombre para endulzar su existencia, para llenarla de encanto. Es el hombre en la vida de la mujer, escudo, guardián; porque en él he puesto mi luz, mi Ley, mi fuerza. Así os he unido en este mundo trazándoos el camino que debéis seguir.

¿El amor humano es ilícito y abominable delante de Dios y sólo aprueba el amor espiritual? No, bien está que al espíritu le corresponden los más elevados y puros amores, mas también en la materia deposité un corazón para que amase y le di sentidos para que a través de ellos amase cuanto le rodea.

El amor humano es bendecido por Mí cuando está inspirado por el amor del espíritu. Desde la antigüedad se os ha dicho que el hombre es la cabeza de la mujer; no por ello debe sentirse menospreciada, porque ahora le digo que ella es el corazón del hombre. He ahí por qué he instituido y bendecido el matrimonio, porque en la unión de esos seres, espiritualmente iguales pero corporalmente diferentes, se encuentra el reflejo del estado perfecto.

A los varones:

A la mujer que os diere por esposa la cuidaréis, la honraréis y en ella haré fructificar vuestra simiente. No tratéis mal a vuestra esposa, tened caridad, ella es parte de vosotros mismos.

A la mujer se le ama con el amor que eleva, no con la pasión que envilece. Entonces veréis cual es la obra que mancha y cuál la que redime. Veréis las maravillas que hace el verdadero amor.

Sea bendito tu manantial, y alégrate con la mujer de tu juventud, como cierva amada y graciosa gacela. Sus caricias te satisfagan en todo tiempo, y en su amor recréate siempre. (Proverbios 5:18-19)

Debéis ser dulces y comprensivos y encender el fuego del amor que es la llama que debe dar vida a vuestra unión.

Yo contemplo entre vosotros hogares destrozados, en los que habéis desatendido vuestros deberes y os habéis creado fuera de ellos nuevas obligaciones, sin importaros el dolor y el abandono de los vuestros. Ved por doquiera cuántos hogares destruidos, cuántas mujeres en el vicio y cuántos niños sin padre. ¿Cómo podrá existir en esos corazones, la ternura y el amor? ¿No juzgáis que quien ha dado muerte a la felicidad de esos seres y ha destruido lo que era sagrado, es un criminal?

¿Y por qué, hijo mío, andarás ciego con la mujer ajena, y abrazarás el seno de la extraña? (Proverbios 5:20)

Para que te guarden de la mala mujer, de la blandura de la lengua de la mujer extraña. No codicies su hermosura en tu corazón, ni ella te prenda con sus ojos; (Proverbios 6:24-25)

No sólo asesinan los que quitan la vida del cuerpo, también los que destrozan el corazón con el engaño. Los que matan los sentimientos del corazón, la fe, el ideal, son asesinos del espíritu. Y cuántos de éstos van libres, sin presidio ni cadenas.

Desde ahora moralizad vuestra vida, reconstruid vuestros hogares y unificad vuestra familia. Que el padre vaya en busca de su hijo que huyó de su hogar y los hijos busquen a quien les abandonó; que la esposa vuelva a los brazos del compañero y que el esposo que había renunciado a sus deberes, busque a la compañera y construyan una nueva y mejor existencia.

Enaltezco al varón y el lugar de la mujer a la diestra de él, santifico el matrimonio y bendigo la familia.

Bienaventurado el corazón de la esposa, porque es refugio del hombre. Bendito el corazón de la madre, porque es manantial de ternura para sus hijos. Es grande la misión espiritual de la mujer, es delicado su corazón, su mente, su seno, todas sus fibras son delicadas. Sólo así puede ser capaz de desempeñar tan noble misión.

Del amor con que os he dado la vida, pocas pruebas o señales dan los hombres. De todos los afectos humanos, el que más se asemeja al amor divino es el amor maternal, porque en él existe desinterés, abnegación y el ideal de hacer la felicidad del hijo aun a costa del sacrificio.

De la dicha de ser Padre quise que el hombre participara, y así le hice padre de hombres para que forjase seres semejantes a él, en los que palpitaran los espíritus que Yo enviara. Y si en lo divino y eterno existe el amor maternal, el amor de María la madre universal, quise que en la vida humana existiese un ser que la representara y ese ser es la mujer.

Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de la vida de tu vanidad que te son dados debajo del sol, todos los días de tu vanidad; porque esta es tu parte en la vida, y en tu trabajo con que te afanas debajo del sol. (Eclesiastés 9:9)

La verdadera paz

La verdadera paz

¡Qué distantes se encuentran los hombres de comprender la paz espiritual que reinará en el mundo! Ellos tratan de imponerla por medio de la fuerza y de amenazas, es el fruto de su ciencia, de la cual hacen alarde.

La paz que firman las naciones, es falsa porque no hay en sus palabras amor ni buenos propósitos. Detrás de esa aparente paz, está el rencor, el anhelo de venganza y la guerra acechando.

La paz verdadera no podrá levantarse sobre cimientos de temor o de conveniencias materiales. La paz tiene que nacer del amor, de la fraternidad, esa paz que el mundo en apariencia logra no será duradera porque no es verdadera. Yo la destruiré con mi espada de justicia, como destruyo todo lo que es falso. Esa paz de que os hablo será aparente, porque se fundará en el temor de unos para otros; la verdadera paz no puede brotar de corazones impuros, la verdadera paz, vendrá después, y descenderá del Reino de los Cielos al corazón de la humanidad.

Hace cerca de dos mil años que repetís aquella frase que escucharon los pastores de belén: «Paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad», mas, ¿cuándo habéis puesto en práctica la buena voluntad para haceros merecedores de la paz? En verdad os digo, que más bien habéis hecho lo contrario. Habéis perdido el derecho de repetir aquella frase.

En el Segundo Tiempo os dije: «Más fácil es que un camello entre por el ojo de una aguja que un rico al Reino de los cielos», y ahora lo estáis mirando. Quisieran los poderosos poder comprar con sus riquezas la paz y no lo logran.

Así la humanidad comprenderá que los bienes espirituales son indispensables en la vida del hombre, bienes que no se pueden adquirir con monedas, sino con espiritualidad.

La humanidad necesita paz en su espíritu, tranquilidad en su corazón, pero esa riqueza no se consigue por la fuerza, ni se compra a ningún precio. Es una gracia que se alcanza mediante la constancia en el bien. No hay paz en la Tierra, ni aun en aquellos días que consagráis a recordar la natividad y la pasión de Jesús el Cristo. Yo propongo al mundo la paz, pero la soberbia de las naciones engrandecidas con su falso poder y su falso esplendor, rechaza todo llamado de la conciencia, para dejarse arrastrar sólo por sus ambiciones y odios.

Por sobre vuestros sufrimientos Yo os haré sentir mi paz, esa gracia divina, que no consiguen gozar los poderosos, a pesar de todos sus caudales.

Mejor es un bocado seco y en paz, que casa de contiendas llena de provisiones. (Proverbios 17:1)

Vosotros no privéis a vuestro corazón de todas aquellas alegrías sanas que aunque fugaces, las podéis disfrutar, comed en paz vuestro humilde pan y de cierto os digo que lo encontraréis más dulce y substancioso.

Vosotros atraed la paz con la regeneración, con la oración y la práctica de mi Doctrina. Si anheláis paz para las naciones en guerra, haced la paz en vuestro corazón o en vuestro hogar y esto bastará para que reflejéis en el espíritu de esos pueblos la concordia y la unificación.

Yo os digo que el secreto consiste en llevar una vida tranquila, sencilla, en vivir con amor, en cultivar en vuestro hogar la simiente de la virtud.

En el seno de otras congregaciones, lo mismo en esta nación, que en otros países, existen hombres que oran por la paz, que anhelan el bienestar para su semejantes, y para lograr su ideal, trabajan afanosamente.

Mirad que os trato como Maestro justo y amoroso, que pone a vuestro alcance todos los medios para que alcancéis la paz que debéis conquistar.

¡Cultivad la paz y amadla, porque de ella cuán necesitada se encuentra la humanidad! No os dejéis perturbar por las vicisitudes de la vida, para que os conservéis siempre fuertes y prestos a dar lo que poseéis. Esa paz que es patrimonio de todo espíritu, ha huido en este tiempo para dar paso a la guerra y torturar naciones, destruir instituciones y anonadar a los espíritus.

Es que el mal se ha enseñoreado del corazón humano, el odio, la ambición insana, la codicia desenfrenada se extienden haciendo daño, pero cuán breve será ya su reinado. Yo os anuncio para vuestra alegría y tranquilidad, que ya está próxima vuestra liberación que en pos de ese ideal trabajan multitud de seres anhelosos de respirar un ambiente de fraternidad, de pureza y de salud.

Desde el principio de la humanidad han sido pocos los que han buscado la paz o los que han permanecido en ella una vez que la han alcanzado, porque el hombre sólo la busca cuando el dolor lo ha vencido. Por eso veis como después de cada una de vuestras guerras inhumanas, fratricidas e injustas, se levantan millares de seres sedientos de la paz, que antes no supieron estimar, porque no se habían dado cuenta del valor que tiene ese don divino.

Quienes aún disfruten de algo de paz, tienen el deber de orar para ayudar espiritualmente a los que sufren los rigores y calamidades de la guerra.

Voy a proponer nuevamente la paz a los hombres, confiándoles un tiempo más para que alcancen ese supremo bien del espíritu. Mas si desaprovechan esta ocasión, sus dolores y amarguras aumentarán.

¿Estáis esperando que el mundo forje su paz? ¿Con qué simiente podrá formarla, si en el espíritu ahora pesa más la ley de los hombres, que la de Dios?

Mi paz dejo entre vosotros, saboreadla, disfrutad de ella hasta el punto en que vuestra vida os lo permita, porque el reino de paz no ha descendido aún entre los hombres. Hoy vivís un tiempo de caos, de perturbaciones, mas Yo he venido a traeros el antídoto de todo mal y os prometo en cumplimiento a mi palabra de los tiempos pasados, que la paz vendrá como aurora radiante a iluminar vuestro espíritu y que de este tiempo de dolores no quedará huella.

La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. (Juan 14:27)

Sólo Yo puedo daros la verdadera paz, porque sólo en Mí existe.

¿Reconocéis ahora que verdaderamente no habéis logrado vivir como hermanos en mi ley? ¿Comprenderéis por qué os dije desde aquel tiempo que mi mandamiento supremo es: Amaos los unos a los otros?

No he venido en este tiempo a borrar de vuestro corazón aquella máxima ni a sustituirla por otra. Ella es inconmovible e inmutable, sólo os la explico para que comprendáis todo su alcance y conozcáis su contenido que es mi sabiduría.

Aun cuando en el presente os parezca imposible cimentar la paz entre la humanidad, Yo os digo que la paz se hará y aún más, que el hombre practicará la espiritualidad.

De las guerras

De las guerras

¡Cuán lejos de la armonía ha vivido el hombre, desde que inició su tránsito sobre la Tierra!, de ello dan prueba sus incesantes tropiezos, el inagotable cáliz de sufrimientos que ha padecido, su falta de paz. Mirad la guerra, el hambre, la peste y la muerte, como un tétrico cortejo que va de pueblo en pueblo sembrando el luto, la desolación y el exterminio. ¡Cuánto daño se hacen los hombres con sus guerras fratricidas!

Los días, los meses y los años pasan sin tener un poco de paz en el corazón, viviendo en constante zozobra bajo amenaza de sus propios hermanos convertidos en enemigos. ¿Es vivir esto o por lo menos, luchar por un ideal elevado? No, los hombres se matan por sus humanas ambiciones que valen mucho menos que su vida, pero no quieren conocer el precio de una vida, no quieren saber que la existencia de un hombre es sagrada y que sólo puede disponer de ella Aquél que la creó.

¿Veis a los pueblos en eternas pugnas? ¿Veis esas guerras que son la negación más rotunda del amor que os enseñé? De esas guerras movidas por ambiciones humanas y de esas divergencias de credos, ¡cuánta miseria y cuánta amargura ha caído sobre la humanidad! Mirad los campos de batalla en donde sólo se escucha el estruendo de las armas y los ayes angustiosos de los heridos. Montañas de cadáveres mutilados que ayer fueron cuerpos fuertes de hombres jóvenes. ¿Imagináis a éstos, cuando por última vez estrecharon entre sus brazos a la madre, a la esposa o al hijo? Quién no haya bebido ese cáliz, ¿podrá imaginar el dolor de esas despedidas?

Millares de padres, de esposas y de hijos angustiados han visto partir a los seres amados hacia los campos de guerra, de odios, de venganza, obligados por la codicia y el orgullo de unos cuantos hombres sin luz y sin amor para sus semejantes. Esas legiones de hombres jóvenes y fuertes, no han podido volver al hogar porque quedaron destrozados en los campos de batalla; más ahí la tierra, la madre tierra, más misericordiosa que los hombres que gobiernan a los pueblos y que creen ser dueños de la vida de sus semejantes, ha abierto su seno para recibirles y cubrirles amorosamente.

Ved las caravanas de hombres de todas edades, de mujeres y de niños, huyendo de la destrucción, buscando fatigosamente un lugar de protección y de paz. Sus pies ya están destrozados y sangrantes; su corazón ya no resiste más dolor; pero aún les queda en lo más íntimo de su ser, ¡un destello de esperanza!

¿Por qué se desatan las guerras? Porque los hombres no escuchan los dictados de la conciencia, hacen mal uso de su libre albedrío y viven empeñados en conservar sus filosofías y doctrinas, no quieren contemplar la verdad. ¿No creéis que la división de la humanidad en pueblos y razas, es algo primitivo? ¿No meditáis que si vuestro adelanto en vuestra civilización de la que tanto os enorgullecéis, fuese verdadera, no estaría aún imperando la ley de la fuerza y la maldad?

Del Oriente al Occidente se levantarán las naciones desconociéndose y del Norte hacia el Sur también se levantarán para encontrarse todas en la encrucijada, con cuyo choque se producirá una inmensa hoguera en la que arderá el odio, se extinguirá el orgullo y se consumirá la mala hierba.

¿Por qué Dios permite las guerras? ¿Qué fuerza mueve a los hombres para desconocerse y destruirse, siendo que emanaron de la fuente límpida del Padre? ¿Cuáles son esas fuerzas y por qué Dios con su infinito poder, no ha detenido? ¿Por qué permite la maldad entre la humanidad? He permitido que el dolor, la destrucción y la muerte se dejen sentir en vuestra vida, para que esos frutos tan amargos os hagan comprender la clase de árbol que cultivasteis.

«Si para Dios no hay imposibles, ¿por qué no detiene la guerra y crea un nuevo mundo lleno de paz?» Yo os digo que así como en el hombre está la guerra también está la paz.

¿Cuál será la deuda de esos hombres delante de Dios y cómo tendrán que pagarla? Eso sólo Yo lo sé, pero de cierto os digo, que ninguno escapará a la ley de restitución.

¡Ay de los que han matado, y más aún de los que han aconsejado u ordenado matar!

Tarde o temprano, el malo será castigado… ( Proverbios 11:21)

Mi justicia siempre llega y aunque en apariencia llegue tarde o fuera de tiempo, lo cierto es que se manifiesta siempre en forma sabia, perfecta e inexorable. Mientras vuestros hermanos siguen destrozando el mundo que Dios les dio para vivir; velad y orad por ellos porque no saben lo que hacen, porque de saberlo, tiempo ha que con sus lágrimas, con su sangre y aun con su vida, estarían reconstruyendo todo lo que han destruido.

Ya se ha desatado en el mundo una nueva contienda: Naciones enteras luchan con el afán de vencer a sus enemigos, otros buscan la superioridad para avasallar pueblos y tener esclavos, y otros para que su raza demuestre que es la más elevada entre todas, y no comprenden en su ceguedad el abismo que a todos espera. Mirad cómo la buena simiente ha sido arrasada por la maldad, unas naciones destruyen a las otras, las que hoy son fuertes, mañana quedarán aniquiladas.

Ahora veis sólo guerras y clamáis que es castigo de Dios, cuando os he enseñado que Dios es Padre amoroso y que no castiga, y que los acontecimientos se suceden por causa de los mismos hombres.

Desde el principio de la humanidad, han sido pocos los que han buscado la paz o los que han permanecido en ella una vez que la han alcanzado, porque el hombre sólo la busca cuando el dolor lo ha vencido.

Por eso veis cómo después de cada una de vuestras guerras inhumanas, fratricidas e injustas, se levantan millares de seres sedientos de la paz, que antes no supieron estimar, porque no se habían dado cuenta del valor que tiene ese don divino. No esperéis que se multipliquen las lamentaciones en la Tierra y aumenten los rumores de guerra para levantaros; orad y haced obras de caridad en cada día, que con esto contrarrestaréis la fuerza del mal.

En verdad os digo que allí, en medio de los ejércitos que combaten por ideales y ambiciones terrestres, he descubierto en los instantes de reposo a los hombres de paz y de buena voluntad, convertidos en soldados por la fuerza. De su corazón se escapan los suspiros cuando mi Nombre brota de sus labios y las lágrimas corren por sus mejillas con el recuerdo de los suyos: padres, esposas, hijos o hermanos. Entonces su espíritu sin más templo que el santuario de su fe, sin más altar que su amor, ni más luz que la de su espíritu, se eleva hacia Mí en demanda de perdón por las muertes que involuntariamente ha ocasionado con sus armas. Me buscan para pedirme con todas las fuerzas de su ser que les permita retornar a su hogar o que, al menos, si han de caer bajo el golpe del enemigo, que cubra con mi manto de misericordia a los que dejan en la Tierra.

A todos los que buscan en esa forma mi perdón, Yo los bendigo, porque ellos no tienen la culpa de matar, otros son los asesinos que habrán de responderme, llegada la hora de su juicio, de cuanto hayan hecho de las vidas humanas. Orad por la paz de las naciones. He hablado a los hombres a través de la conciencia, a los que gobiernan estos pueblos y he visto que su corazón es reacio, que de él no retiran su odio y su ambición. Mirad la estela de dolor que va dejando la guerra y los hombres no quieren despertar de su letargo, mas pronto surgirán en el mundo sucesos que conmuevan a la humanidad y la hagan cambiar de ruta.

Orad para que ayudéis a los representantes de las naciones que se reúnen para resolver los conflictos entre los pueblos. ¿Creéis que todos ellos tienen un concepto diferente para cada solución? No, ellos se engañan. Son los intereses materiales los que les hacen pasar sobre sus propias convicciones. Cuán fácil sería la solución de todos los conflictos, si cada quien obrase de acuerdo con la conciencia.

Contemplad a vuestros hermanos, a los que llamáis poderosos; quieren triunfar matando, quieren levantar su nuevo reino sobre escombros, ruinas y cadáveres.

Orad, humanidad, y pensad en la soberbia y la ambición que germina en los cerebros de los hombres que han llevado a la ruina, a la desolación y a la muerte a otros hombres que no tienen ninguna culpa. Pero si en vez de piedad, sentís cólera o desprecio hacia quienes causan tantos sufrimientos a la humanidad, en verdad os digo, que os despojáis de toda elevación espiritual y de toda comprensión. Cuando logréis elevar vuestros sentimientos por encima de tanta miseria humana, brotará de vosotros la más sentida y sincera petición en favor de vuestros hermanos y esa vibración de amor, esa pureza de vuestros sentimientos, serán las espadas más poderosas que destruyan las tinieblas, que las guerras y las pasiones de los hombres han venido formando.

Cuántas y espantosas guerras esperan a la humanidad, mucho más aterradoras que las que han pasado, en las que el furor de los elementos desencadenados, se confundirá con el estruendo de las armas; el mundo será pequeño para contener en su seno tanta destrucción. Todo ello traerá como consecuencia que los hombres, habiendo llegado al máximo de su dolor y desesperación, se dirijan suplicantes al Dios verdadero, al que no quisieron llegar por el camino del amor, para pedirle su divina paz. Entonces Yo, Cristo, el Verbo, resucitaré en los corazones, porque ese tiempo será el tercer día, en el cual cumpliré mi promesa de salvación al reconstruir el templo como os lo prometí.

Sólo la espiritualidad salvará de su caos a esta humanidad, no esperéis otra solución, ¡oh pueblos y naciones de la Tierra! ¡Podréis hacer tratados de paz, pero mientras esa paz no tenga por base la luz de la conciencia, seréis necios, porque estaréis edificando sobre arena!

Profecías en el LVV

Profecías en el LVV

No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno. (1 Tesalonicenses 5: 20-21)

Se aproxima a toda la humanidad una prueba muy grande, tanto que en toda la historia de sus siglos y edades no ha tenido semejanza, es un tiempo de gran tribulación, en el que no valdrá a los hombres todo su poder, su oro, ni su sabiduría para contener el peso de la divina justicia. Surgirán acontecimientos que a los orgullosos y engrandecidos les parecerán absurdos e ilógicos.

Se acerca esa hora, en que veréis que los pueblos se conmueven ante acontecimientos extraños y sorprendentes.

Grande será la trasformación que sufra la humanidad en breve plazo: instituciones, principios, creencias, doctrinas, costumbres, leyes y todos los órdenes de la vida humana serán conmovidos desde sus cimientos.

Una conmoción de orden espiritual será entre la humanidad como está profetizado y entonces los hombres despertarán para volver a Mí. Los caminos están siendo preparados, pruebas y acontecimientos extraordinarios sacudirán al mundo y serán voces de justicia que llamen a los hombres a la regeneración.

Todo esto habrá de surgir en los hombres cuando el hambre y la sed les hayan llevado hasta los límites de su resistencia, cuando abatida su soberbia se confiesen arrepentidos delante de su Señor, cuando desciendan de sus tronos y de sus sítiales, donde me han ignorado. y desde donde me han juzgado y negado; para que arrepentidos de sus errores, vuelvan sus ojos hacia Mí y me hablen como hijos a un Padre que les ha estado esperando por siglos para colmarlos de su amor.

La humanidad se encuentra dividida espiritualmente en religiones, sectas, doctrinas e ideologías y Yo demostraré el poder de mi palabra uniéndolas. Antes que esto sea, el mundo se depurará y los espíritus se estremecerán como los bosques al soplo del huracán.

Todo a su tiempo se cumplirá, porque todo lo que se ha profetizado ha tenido siempre una profunda razón de ser, aunque los hombres han dudado cuando aquel anuncio les ha sido revelado mucho tiempo antes de su cumplimiento.

Buscad en aquellas escrituras y encontraréis la historia anticipada de todo lo que ahora estáis viviendo en el mundo.

Aun hay acontecimientos que están aún por venir y que no fueron anunciados en aquellos tiempos, porque esas profecías, las tiene reservadas el Señor para darlas a conocer en este tiempo.

Humanidad, ¿queréis que sea el dolor quien os siga enseñando a lo largo de vuestra vida? Yo quiero que sea el amor del Maestro el que os muestre el camino y la finalidad de la vida; pero vosotros preferís que sea el dolor el que os enseñe. Ya pasaréis de ese amargo maestro a recibir las lecciones del que os enseña con dulzura.

Yo os anuncio que veréis presentarse sobre este mundo las más grandes calamidades, que serán la consecuencia del egoísmo y la ambición humanas, de la falta de amor y de caridad, del materialismo y de las bajas pasiones. Verá este mundo la presencia de grandes terremotos. Las aguas saldrán de su cauce y partes del mar se convertirán en tierra y otras tierras serán invadidas por las aguas. Los hombres saldrán de sus comarcas y aun de sus países en busca de salvación.

En verdad, tres cuartas partes de la Tierra serán tocadas, a ellas el dolor les lavará.

Y mirarán a la tierra, y he aquí tribulación y tinieblas, oscuridad y angustia; y serán sumidos en las tinieblas. (Isaías 8:22)

Pronto principiará un tiempo de grandes acontecimientos para el mundo. La Tierra se estremecerá, y el sol hará caer sobre este mundo, rayos candentes que quemarán su superficie.

El dolor será tan grande entre la humanidad, que el pan no será suficiente para alimentar a los hombres, y la tierra, hoy fecunda, por un tiempo se volverá estéril.

Se desatarán las epidemias y gran parte de la humanidad perecerá. Serán enfermedades extrañas y raras, ante las cuales la ciencia será impotente.

Veréis las guerras más terribles y habrá pugna entre diferentes religiones y doctrinas; veréis el hambre, la peste y la muerte arrasar naciones y ciudades, marcando todo ello el final de una Era.

Todo el dolor causado por los hombres, se reunirá en un solo cáliz que será bebido por los que lo originaron; y los que nunca se conmovieron ante el dolor, ahora se estremecerán en su espíritu y en su materia.

El poder material quedará aniquilado, la ciencia confundida, la soberbia humillada y las pasiones retenidas.

Los hombres de ciencia enfermarán, de otros callará su lengua, muchos cegarán y a otros se les trastornará su cerebro. Los sabios dudarán de su sabiduría, los hombres de ciencia al creer encontrar la meta, hallarán un arcano insondable. Los elementos se volverán en contra de los malos científicos. Los hombres de ciencia serán tocados por Mí. Muchas enfermedades extrañas aparecerán y no sabrán curarlas; serán impotentes para calmar el dolor.

Cuando todo esto sea y el hombre de ciencia con todo su poder, se sienta impotente y pequeño para contener las fuerzas desatadas, que siembran justicia por doquiera, retrocederá horrorizado de su obra, y al fin exclamará: «¡Señor, eres Tú, es tu presencia, es tu voz, es tu justicia la que está manifestándose!”

Hoy os parecen muy lejanas todas estas profecías, sin embargo su cumplimiento está próximo.

Muchas calamidades sufrirá el mundo; pero esos sufrimientos serán para bien de la humanidad, tanto en lo material como en lo espiritual; serán como un «hasta aquí» a la carrera desenfrenada de maldades, egoísmos y lujuria de los hombres. Así vendrá un equilibrio, porque las fuerzas del mal no podrán prevalecer sobre las fuerzas del bien. La purificación tiene apariencia de castigo sin serlo, porque viene siempre a tocar lo más sensible, lo más delicado y querido; pero en realidad es medio de salvación para el espíritu alejado o perdido del camino. Quien juzga materialmente, no puede encontrar nada útil en el dolor; quien juzga que lleva consigo un espíritu que vive eternamente, extrae, del mismo dolor, luz, experiencia, temple y regeneración.

El tiempo pasa y llegará un instante en que esas grandes pruebas comiencen a aparecer y huya del mundo hasta el último resto de paz, que no retornará hasta que la humanidad haya encontrado el camino de mi Ley, escuchando esa voz interior que le dirá a cada momento: ¡Dios existe! ¡Dios está en vosotros! ¡Reconocedlo, sentidlo, reconciliaos con Él!

Buenas y agradables profecías

Porque un momento será su ira (justicia) pero su favor dura toda la vida. Por la noche durará el lloro Y a la mañana vendrá la alegría (Salmos 30:5)

Yo os digo que aunque es cierto que a este mundo le esperan pruebas muy grandes, los días de dolor le serán acortados, porque será tan grande su amargura, que ello hará que los hombres despierten, vuelvan sus ojos hacia Mí y escuchen la voz de la conciencia que les pedirá el cumplimiento de mi ley.

La madre tierra, que desde los primeros tiempos ha sido profanada por sus hijos, volverá a ataviarse con sus galas más hermosas y los hombres no la volverán a llamar valle de lágrimas, ni la convertirán en campo de sangre y de muerte.

Veréis de nuevo el cielo limpio y los campos fecundos, las aguas en su corriente volverán a ser puras y el mar será clemente; habrá frutos en los árboles y flores en los prados y las cosechas serán abundantes. Y el hombre, que habrá sido purificado y sano, volverá a sentirse digno y verá preparado su camino para su ascensión y retorno a Mí.

La misma Naturaleza que a veces os parece hostil, la veréis amable en sus distintas estaciones. Los montes y valles, ostentarán exuberancia y belleza. Los árboles se cargarán de buenos frutos y la salud, el bienestar y la paz, envolverán la vida humana.

Entonces los hombres al transitar en el sendero de la virtud y la espiritualidad, se asombrarán al comprender que esta vida es la misma que les ofrecí desde el principio, que nada en ella a cambiado, sabrán que el planeta que les confié como morada pasajera, sigue siendo pródigo en bendiciones, que la madre Tierra misericordiosa como el Autor de la Vida, les sigue ofreciendo su seno para alimentarlos con su amor, porque esa es la misión que el Padre le ha confiado. El sol será el mismo, que enviará siempre su calor vivificante, como un símbolo de la presencia del Señor. Y después de ese gran caos, volverán las naciones a recobrar la calma y los elementos naturales se aquietarán. Después de esa noche de tempestad en que vive este mundo, aparecerá el iris de la paz y todo volverá a sus leyes, a su orden y armonía.

En lo material también palparéis la transformación, los ríos serán abundantes, las tierras estériles serán fértiles, los elementos volverán a su cauce, porque habrá armonía entre el hombre y las Leyes dictadas por el Autor de la Vida.

La ciencia no se detendrá en su camino, y el científico penetrará con respeto en mi Doctrina para estudiarla y se maravillará con mis revelaciones, e inspirado por ellas hará obras benéficas que llevarán el adelanto y el progreso, de la Humanidad.

Es en ese tiempo de espiritualidad, que ahora os anuncio, los hombres pondrán su fuerza mental al servicio del espíritu, y la misma ciencia se inclinará ante su luz.

Haré que las banderas de las naciones, destrozadas por el combate, se unan todas hasta formar un estandarte de paz. Os hablo de esta manera, porque soy el Dios de la paz, el Padre que quiere la alegría en el corazón de sus hijos.

La misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron (Salmos 85:10)

Haré que este mundo se levante limpio de su lepra, también haré surgir vida de la muerte; lograré que del odio broten frutos de reconciliación y que de la locura surja la razón.

Ahora os parece inalcanzable tanta paz y tanto bienestar material y espiritual, porque miráis toda la confusión que reina en torno a vosotros, confusión que irá creciendo más y más en todos los órdenes de la vida humana. Mas luego que esta noche tempestuosa deje asomar la luz de la nueva aurora, la misma Tierra sentirá que sus nuevos moradores vienen a sembrar la vida verdadera con obras nobles, que vienen a restaurar y reconstruir, y que los destructores, los profanos y los impíos ya se ausentaron para encontrar su purificación. ¡Bendito sea ese instante, en que los hombres, al fin abran los ojos del espíritu a la luz de la verdad, porque su pasado será perdonado y un nuevo sol brillará en su vida, transformándola, regenerándola y ennobleciéndola!

Yo os prometo que borraré las fronteras y acercaré los unos a los otros. Las coronas y los cetros caerán, el poderío desaparecerá y la riqueza también, porque ya es tiempo que dejen de existir esas diferencias. Llegará el día en que todos poseeréis por igual la Tierra. Iréis de un polo al otro, sin que nadie os lo impida. Desaparecerá la hipocresía, la mala voluntad y la vanidad, para dar lugar al amor y a la concordia. Y ese lamento que se eleva hasta Mí, por la viudez, la orfandad, la escasez de pan, la ausencia de paz y de alegría, se cambiará por un himno de amor y de reconocimiento que brotará de todos mis hijos.

De las obras malas de la humanidad nada quedará, mas sobre los escombros de vuestro pasado, Yo haré surgir un mundo nuevo como un gran reino en donde la humanidad sea una extensa familia que viva en paz, que ame, que sienta y piense en mi ley de amor. Sobre las ruinas de un mundo creado y destruido por una humanidad materialista, se levantará un nuevo mundo, cuyos cimientos serán la experiencia y tendrá por finalidad el ideal de su elevación espiritual.

Entonces volverá la moral al seno del hogar, habrá verdad en vuestras instituciones y espiritualidad en vuestras costumbres.

Pensad en el adelanto de una humanidad cuya moral proceda de la espiritualidad; imaginad una humanidad sin límites ni fronteras, compartiendo fraternalmente todos los medios de vida que la Tierra ofrece a sus hijos.

Este mundo será como un pequeño santuario en medio del universo, desde el cual los hombres eleven su espíritu al infinito, en una comunicación llena de humildad y amor con su Padre Celestial.

Los hombres, sin apartarse de sus deberes, de sus misiones en el mundo, pondrán al servicio de mi causa divina su ciencia, su fortaleza, su talento y su corazón. Buscarán los goces sanos, los que sean saludables para su espíritu y su materia. Lucharán por su regeneración y por su libertad, no se contaminarán, no tomarán lo que no les sea necesario. Será entonces cuando desaparezca de la Tierra la maldad, la frivolidad; entonces el espíritu habrá alcanzado el dominio absoluto sobre su envoltura, y habitando todavía en una materia hará una vida espiritual de amor, de fraternidad y de paz.

Entonces podréis ver las primeras luces del Gran Día anunciado por profetas y enviados tiempo ha; podréis sentir cómo desciendo en Espíritu a hablaros de la vida eterna que a todos os espera, porque todos estáis destinados a ella.

Porque he aquí que Yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento. (Isaías 65:17)

Esa sí será vida para los hombres, porque dentro de ella respirarán paz, gozarán de libertad y se sustentarán solamente con aquello que encierre verdad.

¡Entonces comprenderéis, porque la he llamado vida!

Concebid una humanidad que consagre su ciencia y su talento, al servicio de ella misma, que sin fanatismo ni idolatría, rinda culto agradable a Dios; que aun los placeres sean saludables y sus goces sanos al cuerpo y al espíritu y tendréis un mundo nuevo, moral, científico y espiritualmente elevado. Se respetará la vida del semejante y no se dispondrá de la propia, porque comprenderán aquellos hombres que no son dueños de sí mismos y que el único dueño de todo soy Yo.

La conciencia será escuchada y obedecida, los llamados del espíritu serán entendidos, los anhelos y derechos espirituales serán tenidos en cuenta y respetados y en todas partes brillará el anhelo de conocer a Dios, de sentirlo, de acercarse a Él y de mirar su verdad.

¿Os parece una fantasía mi palabra? Es que no os podéis dar cuenta de que estáis en el final de una etapa material y en el principio de una era espiritual.

Nuevas generaciones poblarán la Tierra y recogerán los frutos de la experiencia y de la evolución tanto espiritual como material, que sus antepasados hayan dejado, porque de todo el pasado seleccionarán los buenos frutos.

Desde ese día, el hombre abominará la guerra, arrojará de su corazón el odio y el rencor, perseguirá al pecado y comenzará una vida de restauración y de reconstrucción. Muchos se sentirán inspirados por una luz que antes no contemplaron y se levantarán a crear un mundo de paz.

Cuando todas estas profecías se cumplan y los hombres busquen en las Escrituras algún indicio de ellas, se sorprenderán al encontrar a cada paso el indicio claro de todo cuanto vuestros ojos han contemplado en este tiempo y en los que están por venir. Entonces la humanidad dirá: En verdad ésta es la Tercera Era, la nueva manifestación del Señor.

Profecía a siete naciones

Profecía recibida el 1o. De enero de 1945

He aquí mi presencia entre vosotros, ¡oh siete naciones! ¡Siete cabezas que os habéis levantado en el mundo delante de Mí!

INGLATERRA: Yo os ilumino. Mi justicia grandemente os tocará todavía, mas os doy la fuerza, toco vuestro corazón y os digo: Vuestras ambiciones caerán, vuestros poderíos os serán quitados y a nadie le serán dados.

ALEMANIA: Toco en este instante vuestra soberbia y os digo: Preparaos, porque vuestra semilla no perecerá. Nuevas tierras me habéis pedido y los hombres se han interpuesto en mis altos juicios. Yo toco vuestra cerviz y os digo: Tomad mi fuerza y confiad en Mí que Yo os salvaré; mas si en Mí no confiareis y os entregaseis a vuestra soberbia, caeréis y seréis esclava del mundo; mas esa no es mi voluntad, porque es el tiempo en que vengo derribando a los señores y libertando a los esclavos y cautivos. Tomad mi luz y levantaos.

RUSIA: Mi Espíritu todo lo contempla. No será vuestro el mundo. Yo seré quien, reine sobre todos vosotros. No lograréis borrar mi nombre, porque Cristo que os habla, reinará sobre todos los hombres. Desmaterializaos y preparaos para una nueva vida, porque si así no fuere, Yo quebrantaré vuestro orgullo. Os entrego mi luz.

ITALIA: No sois ya el Señor de los tiempos pasados; hoy el escarnio, la esclavitud y la guerra os han destruido. Una gran purificación estáis atravesando por vuestra degeneración. Mas os digo: Regeneraos, apartad vuestro fanatismo e idolatría y reconocedme como el Señor de los señores. Yo derramaré nuevas inspiraciones y luz entre vosotros. Tomad mi bálsamo y perdonaos los unos a los otros.

FRANCIA: Me hacéis presente vuestro dolor. Vuestro lamento llega hasta la altura de mi solio. Yo os recibo. Ayer os levantasteis como señor, ahora sólo me presentáis las cadenas que arrastráis. No habéis velado ni orado; os habéis entregado a los placeres de la materia, y el dragón ha hecho presa de vosotros. Mas Yo os salvaré, porque el clamor de vuestras mujeres y el llanto de los niños llega a Mí. Queréis salvaros, y Yo os doy mi mano, pero en verdad os digo: Velad, orad y perdonad.

ESTADOS UNIDOS: En este instante también os recibo. Contemplo vuestro corazón, no de piedra, sino de metal, de oro. Vuestro cerebro de metal lo encuentro endurecido. No encuentro amor en vosotros, no descubro espiritualidad sólo veo grandeza, ambiciones y codicia.

Seguid, mas os pregunto: ¿Cuándo mi simiente va a enraizar profundamente en vosotros? ¿Cuándo derrumbaréis vuestro becerro de oro y vuestra torre de Babel, para edificar el verdadero templo del Señor? Yo os toco la conciencia, desde el primero al último y os perdono. Os ilumino para que en la hora suprema, cuando la prueba llegue a la culminación, no se ofusque vuestra mente, sino que penséis con claridad y recordéis que Yo soy antes que vos.

Os doy luz, fuerza y potestad. No os intercaléis en mis altos juicios, porque si desobedecieseis mis mandatos o traspasaseis el límite que señalo, el dolor, la destrucción, el fuego, la peste y la muerte serán con vos.

JAPON: Os recibo y os hablo. He penetrado en vuestro santuario y todo lo he contemplado. No queréis ser postrero, siempre habéis querido ser primero y en verdad os digo: Esa simiente no es grata delante de Mí. Es menester que apuréis el cáliz de amargura, para que se purifique vuestro corazón. Es necesario que vuestra lengua se mezcle con las otras lenguas; es menester que el mundo se acerque a vosotros. Cuando el mundo se encuentre preparado y limpio, os llevará simiente que Yo le he de entregar, porque a nadie contemplo preparado.

No contemplo en vosotros la simiente espiritual de mi Divinidad. Mas Yo prepararé el camino. Pronto habrá caos de ideas en el mundo, confusión de ciencias y teorías, y después de ese caos llegará la luz a vosotros.

Yo a todas os preparo y perdono y hago que penetréis en el camino certero. Cuando el momento sea marcado y llegue la paz a las naciones, no seáis reacios, no os intercaléis en mis altos juicios, ni os opongáis a mi voluntad. Si las naciones firmaron, vos no las traicionéis, porque entonces Yo descargará mi justicia sobre vosotros.

¡Siete naciones! ¡Siete cabezas! Os ha recibido el Padre. Ante vosotras, bajo vuestro dominio, se encuentra el mundo. Vosotros me responderéis de él. Sea la luz del libro de los siete sellos en cada una de las naciones, para que los hombres se preparen conforme es mi voluntad.

¿Es la muerte de mi cuerpo, el final de mi vida?

¿Es la muerte de mi cuerpo, el final de mi vida?

En verdad os digo que la muerte no existe, porque Dios, como el Padre Creador es la vida y sus obras no pueden morir.

Muchos hombres, escépticos, sonríen irónicamente cuando se les habla de espiritualidad y del Más Allá; mas llegará la hora de la muerte, aquélla en la que no hay corazón que no tema, ni espíritu que no tiemble ante la presencia inminente de la eternidad. La muerte como la concebís vosotros no existe o sea el dejar de existir, no puede ser la muerte del cuerpo, muerte o fin para el espíritu.

Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven. (Lucas 20:38)

Cuando la humanidad comprenda que el desprendimiento del espíritu al dejar el cuerpo en este mundo, es el paso de transición, indispensable para seguir evolucionando, será entonces cuando deje de temer a lo que llama desconocido.

Ahí donde creéis contemplar la muerte, está la vida; donde miráis el fin, está el principio. Donde creéis que todo es misterio e insondable arcano, está la luz, donde creéis que está la nada, está el todo y donde percibís el silencio, está el concierto divino.

Al espíritu le hace falta un verdadero conocimiento espiritual, para continuar, después de la muerte de su cuerpo su viaje hacia el Más Allá; por eso, vengo a dar al espíritu enseñanzas que parecen fantasías al hombre, lecciones profundas e insondables aún para la imaginación más despierta.

¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde oh, sepulcro tu victoria? (1 Corintios 15:55)

El cuerpo cuando muere, es como la flor cuando se corta que luego se marchita, mas su perfume es como el espíritu que se desprende e inunda de esencia el ambiente.

Ya pronto sabrá el hombre a qué viene el que nace para este mundo, cuál es el sentido, la misión y finalidad de esta vida y sabrá explicarse lo que ha llamado «muerte». Esta humanidad dejará las teorías y los cultos externos para vivir la verdad, y entonces consagrará su existencia al bien, y cuando llegue la hora de dejar este mundo, no llamarán muerte al hecho de cerrar para siempre los ojos del cuerpo, sabiendo que ése es el instante en que el espíritu puede entrar a una vida superior por sus méritos.

Sólo a la materia le corresponde desintegrarse y transformarse en la tierra, después de que haya cumplido su misión junto al espíritu, al que le sirviera como instrumento; pero el espíritu que estuvo en aquel cuerpo, la luz de su esencia divina, la voluntad, los sentimientos, no pueden morir, porque forma parte del espíritu inmortal que animó la vida de aquel ser humano. Ver (Job 19:25-27)

Meditando en todo esto, ¿no pensáis en vuestra partida? ¿No os dais cuenta de que cada día que pasa, es una oportunidad para que vuestro espíritu alcance una morada de mayor elevación? Oíd y entended, porque ahí, donde muchos miran la muerte, está la vida; donde creen que está la tiniebla, está la luz; donde ven la nada, está el todo y donde ven el fin, está la eternidad. Cuántos hombres en su inconciencia, se semejan a los niños que, entregados a sus juegos infantiles, no les preocupa el futuro.

Solamente cuando la muerte del cuerpo les sorprende, es cuando piensan no tan solo en el futuro, sino en el pasado y es cuando su mente se llena de temor, porque inexorablemente tendrá que penetrar en el Más Allá. El temor a lo desconocido, turba su imaginación.

Recordad que no es en el tribunal creado por la imaginación humana donde me veréis en aquella hora de juicio; será en mundos desconocidos donde penetren los espíritus para encontrar una luz más pura y brillante. Los que no buscaron mi verdad llegarán a lugares de expiación en donde restituirán a su espíritu su pureza para después seguir adelante y llegar a Mí, porque ninguno se perderá.

¿A qué teméis después de haber dejado vuestro cuerpo en este mundo, al infierno, al castigo o a mi juicio? ¿Por ventura mi juicio no proviene del amor que os tengo?

¡Cuán decisiva será en ese instante la luz de la conciencia!, porque nadie podrá callar la voz de ese juez que vive unido indisolublemente a vuestro espíritu. Analizaréis todos los actos de vuestra vida y ninguno se sentirá juzgado con exceso de rigor o sobra de benevolencia. Ahí será donde esa luz que puse en vuestro espíritu, desde el principio para que iluminara el camino del espíritu, brillará intensamente.

Ahí se abrirán vuestros ojos espirituales a la verdad y en un instante sabréis interpretar lo que en toda una vida, no lograsteis comprender; ahí sabréis lo que significa ser hijos de Dios y hermanos de vuestros semejantes; ahí comprenderéis el valor de todo lo que hayáis poseído, experimentaréis el pesar y el arrepentimiento por los errores cometidos, por el tiempo perdido, y nacerán de vosotros los más bellos propósitos de enmienda y de reparación.

No debilitéis en la fe, tened siempre presente que el fin de esta jornada llegará; no olvidéis que en Mí habéis tenido vuestro principio y que el fin lo tendréis también en Mí, y ese fin es la eternidad porque no existe la muerte del espíritu.

Y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio. (Eclesiastés 12:7)

En los hombres del mañana habrá tanta espiritualidad y comprensión de la evolución que debe alcanzar su espíritu, que cuando penetren en la agonía y se hallen a un paso de la muerte, consideren ellos y quienes les acompañen en aquel momento como el más hermoso de toda su existencia, aquel que debe ser como la culminación de una vida fecunda y provechosa y puedan decir como su Maestro en la cruz: «Todo está consumado».

Mejor es la buena fama que el buen ungüento; y mejor el día de la muerte que el día del nacimiento. Mejor es ir a la casa de luto que a la casa del banquete; porque aquello es el fin de todos los hombres, y el que vive lo pondrá en su corazón. (Eclesiastés 7:1-2)

¿Quién por incrédulo que sea, no se ha preguntado si existirá en él, algo que sobrevivirá a la materia? En verdad os digo que no hay quien medite un momento en lo insondable. Sobre el misterio de la vida en el Más Allá que parece estar lejos; unos preguntan, otros se confunden y niegan, unos hablan creyendo saberlo todo, y los demás callan y esperan.

Más allá de este mundo, existe un valle espiritual al cual todos penetraréis en espíritu, si cumplís con vuestra misión de amor. ¿Quién no tiene ahí un ser querido? ¿Quién no quisiera volver a contemplar, a quien recuerde como padre, madre, hermano, hijo, esposo, esposa, o amigo?

Yo siempre soy justo en mis determinaciones. ¿Por qué a veces queréis intercalaros en mis altos designios?

Aquellos seres con los cuales tuvisteis vínculos en la Tierra, y que ahora son vuestros hermanos espirituales, están cerca de vosotros.

¿Por qué seguir lamentando que los seres que amasteis en el mundo hayan partido al Más Allá? ¿Por qué les recordáis en su forma humana, si ellos ahora sólo son esencia espiritual? (1ª de Samuel 28:15)

Esos seres que ya dejaron su cuerpo en este mundo, y a quienes todavía llamáis los vuestros, están en la morada que les corresponde según sus obras o méritos que hayan hecho en su vida. Lo que el espíritu cultive, eso será lo que recoja; esa es Mi ley y Mi justicia divina.

Yo os digo, que en la hora suprema de la muerte de vuestro cuerpo, será mi voz quien le diga a vuestro espíritu la verdad de su elevación.

Juzgaos a vosotros mismos: ¿Adónde iréis después de la muerte de vuestro cuerpo?

No digáis que hay solamente un Cielo y una Tierra, y que éstos son lugares determinados, existen millares de mundos; no olvidéis lo que dije a través de Jesucristo: “hay muchas moradas en la casa de mi Padre”.

Aprended a dejar ese cuerpo en el seno de la tierra, cuando la hora llegue, si queréis seguir viviendo para los que amáis y si deseáis que os sientan.

Partid de este mundo sin lágrimas, sin dejar dolor en el corazón de los vuestros. Desprendeos cuando el instante sea llegado, dejando en la faz de vuestro cuerpo una sonrisa de paz que hable de la liberación de vuestro espíritu.

Vivid preparados espiritualmente, velad y orad. Acumulad méritos, y no tendréis confusiones ni turbaciones, porque al dejar la materia, vuestro espíritu batirá sus alas y sabrá volar, como las aves cuando abandonan el nido para emprender su primer vuelo.

El descanso espiritual según lo entiende y lo concibe vuestra materia, no existe; el descanso que espera el espíritu es la actividad, el multiplicarse haciendo el bien, el no desperdiciar un instante. Entonces descansa el espíritu, se aligera de remordimientos y de penas, se recrea haciendo el bien, salda su deuda y descansa amando a su Padre Creador en sus hermanos.

En verdad os digo que el espíritu nunca sentirá fatiga trabajando en mis tierras, por lo tanto el reposo del sepulcro no será para él, aún después de la muerte de su materia, porque en espíritu seguirá trabajando por su elevación y perfeccionamiento.

El descanso no es para el espíritu, porque, sería su peor castigo ya que el mejor premio para el espíritu, es la actividad, la práctica de mis enseñanzas divinas, la lucha por el bien; porque en ello glorifica a su Dios, que nunca descansa. La fatiga no existe en el espíritu que está en plena evolución, tampoco la noche, el hambre ni la sed. El descanso es para el cuerpo, porque éste es frágil.

Aquí en la Tierra sí debe sentirse preso vuestro espíritu, ya que en ella todo es limitado y pasajero. Aquí sí debe cansarse de tanto pecado y tanta impureza como existe en la vida humana. Mas no es un cansancio como el que agobia al cuerpo, sino un hastío de todo lo malo, una repulsión por todo lo impuro, una fatiga de luchar y sufrir muchas veces por frivolidades o causas injustificadas.

El hombre quiere salvarse desconociendo su naturaleza espiritual y eso no puede ser. Mientras vive y se siente fuerte, procura olvidarse de toda idea que le hable de la vida en el Más Allá; no pierde esa intuición, pero se desentiende de ella y sólo cuando siente en sí la agonía, es cuando quisiera en un instante reponer el tiempo perdido; pero entonces ya será tarde porque no todo lo logra el arrepentimiento. Es Ley de justicia divina recoger lo que se ha sembrado, aunque el arrepentimiento le ayudará a que su espíritu no quede turbado ni confundido.

¡Cuánto mal se han hecho los que creen que en el instante de morir su cuerpo, pueden alcanzar la gloria espiritual! Triste equivocación, porque los errores sólo pueden repararse con obras de amor.

Esos espíritus no saben mirar en esta vida más allá de lo que en su imaginación se han forjado. Yo os digo que son pocos los que en esa hora lloran por los males que han causado y que su preocupación es más bien el temor al castigo, a la sentencia o a la condena según ellos la imaginan.

No porque en el último instante de vuestra vida material tengáis junto a vuestro lecho a un confesor que os auxilie espiritualmente, creáis que estáis a salvo. Ni por vuestro arrepentimiento en esa hora, creáis que alcanzaréis la purificación, creyendo haber llegado al final de vuestra evolución. Aprended a amar, a perdonar y bendecir en vuestra vida material; labrad con vuestras obras de amor y caridad hacia vuestros hermanos, la purificación de vuestro espíritu.

¿De qué le sirve a muchos creer en una vida después de ésta, si no emplean su existencia en hacer méritos para la eternidad? Toda su fe se concreta en saber que después de la muerte, su espíritu irá a un y espera el último instante para reponer todo el tiempo perdido y borrar todas sus manchas solamente con un acto de contrición.

Hay quienes piensan: ¿Y si el hombre siempre fuese sano, como moriría? A lo cual os respondo, que no es necesario que vuestro cuerpo esté enfermo para que deje de vivir; basta que el corazón se detenga cuando la hora marcada por Mí haya sonado, para que ese cuerpo deje de latir.

Yo sólo os digo: el sol no sale ni se oculta un instante antes o después del marcado por el Creador. Todo se rige por una ley infalible. Por lo tanto, vosotros no moraréis en la Tierra un segundo más de los marcados en vuestro destino. He aquí por qué mi palabra está sonando para vosotros como el reloj de la eternidad que os aconseja que aprovechéis el tiempo.

Tened piedad de vosotros. Ninguno sabe cuándo llegará el momento en que su espíritu abandone su cuerpo. Nadie sabe si al día siguiente sus ojos se abrirán a la luz. Todos sois del único dueño de todo lo creado y no sabéis cuando seréis recogidos.

No tratéis de rechazar a la muerte cuando por mi voluntad se acerque a vosotros, no busquéis al hombre de ciencia para que os haga el milagro según lo entendéis, de prolongar vuestra existencia en la Tierra, ya que vuestra hora esta marcada por Mí y nada ni nadie podrá intervenir en mis altos designios.

Os digo esto, porque os contemplo indiferentes a mi enseñanza, en cambio, cuando sentís que la muerte se acerca, lloráis porque queréis cumplir y recuperar el tiempo perdido.

Cuántos espíritus, que vagan a vuestro alrededor, quisieran hacerse oír de los hombres, para decirles: «No perdáis vuestro tiempo como yo lo perdí”.

Cuando os veáis separados de los seres que fueron carne de vuestra carne y que partieron al Más Allá, no les olvidéis, comunicaos con ellos por medio de vuestra oración espiritual y ayudadles a trabajar para la elevación de su espíritu.

No lloréis por esos seres, no les faltéis al respeto intentando materializar su voz y su presencia; dejadles comunicarse con vosotros espiritualmente, recibid en vuestro corazón su mensaje y su sano consejo y luego dejadles ir en paz, sólo debéis sentir su presencia espiritual en vuestro corazón.

Tampoco queremos hermanos que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. (1 Tesalonicenses 4:13)

La muerte del cuerpo no os aleja de los seres que os han sido confiados ni os aparta de la responsabilidad espiritual que tenéis sobre de los que fueron vuestros padres, hermanos o hijos. Comprended que la muerte no existe para el amor, para el deber, para los sentimientos; en una palabra, para el espíritu.

No sintáis la necesidad de que ellos se manifiesten en alguna forma material en vuestra vida, porque negaríais la limpidez de la espiritualidad, por lo tanto, todo instante podrá ser propicio para aproximaros a ellos a través de vuestra oración y elevación espiritual, recordad que ellos al igual que vosotros tenéis vida eterna.

No mostréis impaciencia por volver a encontraros con vuestros seres queridos que ya habitan en el Más Allá. Esa impaciencia proviene de la ignorancia depositada en la mente y en el corazón humano que quisiera percibir la forma de esos seres, su faz y su actitud.

Esperad con verdadera virtud espiritual que llegue el momento feliz de ese encuentro y después seguiréis caminando unidos por la misma senda que ha de llevaros a todos a mi Reino. Cuando queráis comunicaros con los seres que habitan en el Más Allá, no fijéis día, hora, ni lugar para evocarlos, hacedlo por el amor que os une a ellos a través de vuestra oración y elevación espiritual y pensad que ellos pertenecen y habitan mas allá de vosotros; y no se encuentran bajo la acción del tiempo.

Sabed acompañar con vuestra oración espiritual al que se desprende de su cuerpo y se despide momentáneamente de vosotros; conducidlo con vuestra oración, hasta los umbrales del Más Allá.

A los seres que les concedo espiritualmente acercarse a vosotros en el instante de vuestra elevación y oración, no los recordéis ya bajo la forma humana que tuvieron.

¿Debemos guardar luto por quienes han muerto?

Dije en aquel tiempo: «Dejad que los muertos entierren a sus muertos». Si analizáis con cuidado y con amor mis palabras, veréis cuánta razón tuve al decíroslo. También os dije que el hombre es idólatra por inclinación y por este culto a sus muertos da una prueba palpable, de su idolatría.

He visto que aún celebráis el día de los muertos, y, ¿por qué? ¿Es acaso la forma en que celebráis la victoria sobre la muerte? No, humanidad; no os equivoquéis, mirad que con ello estáis celebrando el culto a la materia y el amor al mundo.

¿Por qué recordáis más en ese día a los seres que han pasado al Más Allá, si para el espíritu no existen días ni fechas? Vosotros no sois muertos ni tampoco lo están los que en esta vida fueron vuestros padres, hijos, hermanos, parientes o amigos.

También debo deciros que si en lugar de dedicarles según vuestras tradiciones un día a los que pasaron al Más Allá, estuvieseis siempre unidos a ellos por el lazo de la oración, su ser invisible, pero real en vuestra vida y su benéfica influencia, sería sentida por vosotros a lo largo de vuestra existencia, en vuestras luchas, en vuestras pruebas y también en vuestros momentos amables. Y aquellos seres, por su parte, tendrían oportunidad de trabajar en vuestras obras y empresas nobles, con lo cual adquirirían más luz.

Ah, si en vez de llorar la partida de vuestros seres queridos, escuchaseis en el fondo de vuestro corazón su voz espiritual; en vez de luto, que es tiniebla, habría alegría espiritual.

¡Cuántos quisierais tener entre vosotros a los que creéis que han desaparecido para siempre, sin comprender que ellos desean que vosotros estéis con ellos en el Más Allá! Lo que llamáis muerte, separa en apariencia a los que se van de los que se quedan en este mundo, pero un lazo eterno de fe y amor, los une: el de la fraternidad espiritual.

¿Creéis que sea necesario que os diga, que nada tenéis que hacer en los cementerios y que las lágrimas que sobre las tumbas derraméis, son las lágrimas de la ignorancia, de la materialidad y del fanatismo? No toméis mis palabras como un reproche, porque no lo es: Mi deber de Padre es corregiros, ¡recordad que os dije soy Dios de vivos no de muertos!

Bienaventurados los que dan el adiós al cuerpo que depositan en la tierra y no lo vuelven a visitar para contarle sus cuitas, porque ya dejó de latir y no escucha.

¿Verdad que vivís confundidos cuando lloráis ante un cuerpo inerte, mientras olvidáis que un espíritu vive, vibra y palpita?

Si supieseis con qué compasión os ven desde el Más Allá, aquellos seres que ya no están con vosotros cuando os ven actuar y llorar así. ¡Piedad es lo que sienten ante vuestra ignorancia, porque si les pudieseis contemplar, aunque fuese por un solo instante, os quedaríais mudos y asombrados frente a la verdad!

Los altares son crespones negros y las tumbas son una prueba de ignorancia y de idolatría. Yo perdono todas vuestras faltas, mas en verdad debo despertaros. Mi enseñanza será comprendida y llegará el tiempo en que los hombres cambien las ofrendas materiales por pensamientos de amor espiritualmente elevados.

El espíritu del que lloráis, vive y os obstináis en darle por muerto en aquel cuerpo que se desintegró bajo la tierra. Les dais por perdidos, mientras que ellos, llenos de amor os están esperando para daros testimonio de la verdad y de la vida. Les creéis lejanos o insensibles y sordos ante vuestras luchas y penalidades y no sabéis cuántos pedruscos van apartando de vuestro paso y de cuántos riesgos os van librando.

Allí habitan los espíritus de los que fueron vuestros padres, hijos, hermanos, esposos o amigos, los que en espíritu son simplemente hermanos vuestros, pero su amor por vosotros es el mismo o aún mayor, así como su potestad para ayudaros y protegeros.

Orad por ellos, no vayáis a dejar de amarles y recordadles espiritualmente, porque vuestro recuerdo y vuestras oraciones son un dulce consuelo en su lucha. Nunca los imaginéis turbados o habitando entre tinieblas, porque sería tanto como si vosotros os sintieseis capacitados para dictaminar un juicio y una sentencia sobre ellos; y si aquí en la Tierra los humanos suelen ser tan imperfectos e injustos para juzgar las causas de sus semejantes, ¿qué será tratándose de juicios sobre algún espíritu?

« Entradas Anteriores