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La reencarnación

LA REENCARNACIÓN

Yo soy luz, sencillez y verdad. No veáis misterios donde todo es claridad. Voy revelando mi Sabiduría al espíritu, a medida que avanza y se espiritualiza.

Os digo que no existe un solo ser que haya venido al mundo, sin haber vivido antes en otras moradas. El espíritu no nace al mismo tiempo que la envoltura, ni el principio de la humanidad fue el del espíritu.

La existencia del hombre en la Tierra es sólo un instante en la eternidad, un soplo de vida que alienta por un tiempo al ser humano y luego se aparta, para después volver y poseer un nuevo cuerpo.

Para vuestro desarrollo y perfeccionamiento, tenéis que habitar este mundo cuantas veces os sea necesario. Para que el espíritu sea grande, sabio y virtuoso, es menester que viva muchas experiencias.

Una sola existencia en el mundo no es suficiente para conocer todo lo que tengo que revelaros. Si la ciencia humana no la podéis asimilar sin recorrer un extenso camino, menos podréis poseer el conocimiento espiritual sin una completa evolución.

Así podréis conocer, en diferentes etapas, la riqueza y la pobreza, la salud y la enfermedad; el egoísmo y la soberbia y también el perdón, la nobleza y la generosidad.

Habéis tenido existencias de bienestar y complacencias, de esplendor y placeres, otras de vicisitudes y fracasos. Unas os han servido de experiencia, otras de expiación; algunas para el desarrollo de la mente, otras para el de los sentimientos, y ésta que ahora tenéis, para la elevación del espíritu.

Todo lo habéis conocido y poseído, por eso, si muchos de vosotros miráis que no tenéis riquezas ni esplendores, ni títulos, no lo lamentéis, porque era necesario que perdieseis lo superfluo. Si os hubiera dado todo en esta vida, ya no estaríais deseando ascender un escalón más. En esa forma, lo que no habéis alcanzado en una existencia, lo buscáis en la siguiente y lo que no obtenéis en aquélla, os lo ofrecerá otra más elevada, y así hasta el infinito en el camino sin fin del espíritu. Ésta es la razón de vuestras reencarnaciones. Nacisteis de la mente paterna y materna de Dios, inocentes y limpios; pero no es lo mismo ser puros y sencillos, que grandes y perfectos; como si comparáis a un niño que acaba de nacer, con un hombre experimentado.

La idea de la muerte o del castigo eterno, queda destruida ante esta revelación y tanto el espíritu como el corazón humano, se elevan para glorificar la bondad Divina, cuando comprenden esta verdad.

La carne es de este mundo y en él queda, mientras el espíritu se levanta libre de sus ataduras y vuelve a la vida de donde brotó. Lo que habéis llamado la resurrección de la carne, es la reencarnación del espíritu y si unos creen que es una teoría humana y otros que es una nueva revelación, Yo os digo que este conocimiento principié a darlo al mundo desde los orígenes de la humanidad, pruebas de ello podréis encontrarlas en el texto de las Escrituras, que son un testimonio de mis Obras.

También os digo que éste es el tiempo de la resurrección de los muertos, porque mi Luz viene a encender la fe de los que perecen entre tinieblas de remordimientos, desesperación y amargura.

En aquel tiempo dije a Nicodemo, que me había buscado de buena fe: Lo que es nacido de la carne, carne es, y lo nacido del espíritu, espíritu es. No os sorprendáis si os digo que os es necesario nacer otra vez. ¿Quién comprendió aquellas palabras? Yo os di a conocer en ellas que una vida humana no es suficiente para entender una sola de mis lecciones, ni para apreciar la sabiduría que encierra la existencia, que es una enseñanza constante de belleza, armonía y perfección.

El hombre era pequeño en un principio. Su inteligencia estaba de acuerdo con la vida primitiva que llevaba, pero Yo quise que se desarrollara por sí mismo, que conociera el camino del bien y el del mal, y descubriese dentro de él su esencia espiritual, que supiera de dónde viene y a dónde va y que reconociera las facultades y potencias que le habrían de conducir al estado perfecto.

Sólo al cuerpo le corresponde desintegrarse después de que ha cumplido su misión, pero la luz de la inteligencia, la razón, la voluntad, los sentimientos, no mueren jamás, porque forman parte del espíritu que tiene vida inmortal.

He principado por haceros saber quiénes habéis sido y quiénes sois ahora, para después daros una idea de quiénes seréis el mañana.

En todos los tiempos, aun en los más remotos de la historia de la humanidad, habéis tenido grandes ejemplos de hombres de espíritu elevado. ¿Cómo podríais explicaros esto, si antes no hubiesen ellos pasado por diferentes reencarnaciones que les ayudasen a evolucionar? Por eso veis que el adelanto del hombre de este tiempo es mayor que en las Eras anteriores, porque es el espíritu el que ha recogido un cúmulo de experiencias.

Todo el que ha sido llamado para cumplir una misión, está a tiempo de comprender estas lecciones. No es la primera vez que su espíritu cruza por este planeta o recibe la luz de una revelación Divina; pero su pasado se oculta tras el velo de la materia.

En el Más Allá, los espíritus también gozan de libre albedrío. Algunos se desvían del camino, mientras otros perseveran en el bien y logran elevarse, pero llegado el instante marcado, los que están destinados a encarnar, descienden a la Tierra, unos para cumplir una noble misión, otros para expiar faltas anteriores y pasar por una restitución. Según queráis ver esta vida, así se os presentará: como un paraíso para algunos o un valle de lágrimas para otros. Pero al comprender la misericordia del Padre, sólo veréis una existencia maravillosa sembrada de bendiciones y enseñanzas para el espíritu.

La decadencia, la vejez y la muerte, no pertenecen al espíritu, sino la evolución, la experiencia y el desarrollo, logrados a través de la lucha y las pruebas.

Si observáis vuestra vida a través de los tiempos, encontraréis que la lucha del espíritu ha sido constante desde el principio, necesaria para vuestro adelanto, como indispensable es el fuego para acrisolar el oro. Pero las repetidas reencarnaciones no dan la perfección absoluta al espíritu por muy elevado que se encuentre. Aún estará esperándolo el Valle Espiritual con sus moradas en número infinito, para adquirir nuevas enseñanzas, revelaciones y maravillas.

Cuando hayáis recorrido el camino y lleguéis a los umbrales de lo puro y perfecto, estaréis comprendiendo el porqué de vuestra existencia y habitaréis verdaderamente en la luz.

No hace falta que os diga cuándo fue vuestro nacimiento espiritual, ni cuándo la primera vez que pisasteis el polvo de este mundo, como tampoco es necesario que os revele cuántas veces habéis estado en él, ni quiénes habéis sido en otras encarnaciones. Mi Doctrina no viene a descubriros lo que os está reservado hasta el final del camino. Mi Obra viene sólo a mostraros el sendero por el cual podéis llegar por medio de la elevación a la cumbre del saber espiritual.

A las generaciones venideras si les será dado, por gracia de mi Espíritu, la facultad de recordar sus vidas anteriores, conocer su pasado, porque esto será útil a su espíritu. Si no os lo he concedido a vosotros, es porque todavía descubro vuestra fragilidad.

Mientras evolucionáis en diferentes vidas, miráis que mi Obra permanece inmutable, inalterable, a través de los tiempos. Es que Yo siempre os manifiesto mi Amor de Padre, mi Paciencia sin límites, mis Obras y Ejemplos.

Mi Palabra está revelando al mundo la verdad, la justicia y el amor que existen en el prodigio de la reencarnación, sin embargo, el hombre la combatirá y le dará un cariz de doctrina falsa y extraña. A vosotros os bastará con saber que es verdad, para que una luz se encienda en vuestro corazón y admiréis mi amorosa Justicia. Comparad las teorías y diversas interpretaciones que las religiones han dado a estas enseñanzas e inclinaos por aquélla que sea más clara y encierre mayor justicia. De cierto os digo que ésta es una de las revelaciones que más conmoverá al espíritu en este tiempo.

Sabios y teólogos tendrán que rectificar sus conocimientos ante la verdad que estoy revelándoos. Éste es el tiempo en que la humanidad abrirá sus ojos a la luz de mi Sabiduría, luz que he hecho Doctrina para que a través de ella resucitéis espiritualmente a la vida verdadera.

He dado la oportunidad al espíritu para que no se limite nunca en la pequeñez de la materia a su efímera existencia, porque siempre encontrará una puerta abierta que le presenta el Padre para su salvación. Así el espíritu demuestra su gran superioridad sobre la carne y todo lo terreno, venciendo a la muerte, sobreviviendo a un cuerpo y a cuantos le sean confiados; vencedor del tiempo, de los escollos y las tentaciones. La materia tampoco desaparece: se desintegra y se confunde con los elementos de la naturaleza, de donde la hago surgir nuevamente para dotarla de espíritu.

Mi juicio en cada uno de mis hijos, por medio de la reencarnación, es perfecto e inexorable. Sólo Yo sé juzgaros, porque cada destino es incomprensible para los hombres.

Y después de tantas luchas y vicisitudes y tanto caminar, llegarán los espíritus ante Mí, llenos de sabiduría por la experiencia adquirida, purificados por el dolor, elevados por los méritos, pero sencillos y gozosos como niños.

Antes de daros estas revelaciones, os fueron necesarias muchas vidas, para que al pediros la lección anterior, vuestro espíritu supiese contestar y cuando le hiciese nuevas revelaciones, las comprendiera.

El hombre engendra hijos de su carne, pero Yo soy quien distribuye los espíritus en las familias, en los pueblos, en las naciones, en los mundos y en esa justicia impenetrable para el humano, se manifiesta mi Amor. ¡Por cuántas pruebas tendréis que pasar! ¿Quién puede saber si ese leproso que os ha tendido su mano y del cual os habéis apartado, fue en otra encarnación vuestro padre o vuestro hijo?

Éste es el tiempo en que haré encarnar en la Tierra a todos los espíritus que forman mi pueblo, para que con obras de amor y caridad den a la humanidad testimonio de la verdad sobre la vida espiritual. Vosotros venís a testificar mi Presencia: es una de las misiones que siempre habéis tenido.

Vengo a enseñaros que el amor Divino no tiene limitaciones y que a través de la reencarnación se manifiesta mi Justicia. Por medio de esta ley, no existe falta, por grave que sea, que merezca el castigo eterno.

Mas para llegar a Mí tendréis que reparar todos vuestros errores.

Con cuánto temor escuchan algunos de vosotros mi Palabra. Es que saben que está inspirada por el Espíritu de Verdad y entre los presentes hay quienes supieron del fin de Sodoma y Gomorra y que más tarde vieron la destrucción de Jerusalén. Por eso os he dicho que aquéllos y vosotros sois los mismos.

Sobre esta enseñanza descansará la primera lección que deis a vuestros futuros discípulos. Les haréis escalar paso a paso desde el primer tramo del camino de evolución.

Esta revelación estremecerá al mundo, hará revolución entre los hombres y en ella encontrarán la explicación de muchas dudas y la fuerza espiritual para llegar al fin de la jornada, porque es Ley de Amor.

¡Mi paz sea con vosotros!

La oración

LA ORACIÓN

Me preguntáis en qué consiste la oración y Yo os digo: en permitir que vuestro espíritu se eleve libremente a Mí con plena confianza y fe, para recibir en el corazón y la mente el efluvio Divino. Ése es el medio que he concedido al hombre para acercarse a su Creador.

Aprended a orar y meditar a la vez, para que surja en vosotros el conocimiento de la verdad. Con la oración se adquiere sabiduría y a través de ella descubre el hijo el lenguaje para conversar con su Dios.

Velad siempre, pues no basta un instante de oración para salvarse, sino una vida de perseverancia, paciencia y obras elevadas.

Cuando el espíritu logra armonizar con la mente y alcanza la comunicación con el Padre, se siente inspirado para esparcir el bien, para llevar un destello de luz al necesitado, una gota de bálsamo al enfermo, un hálito de vida al que desfallece.

¡Cuántos hombres han encontrado en medio de la guerra el secreto de la oración, aquélla que nace del corazón como un llamado imperioso, como una imploración, y cuando han visto realizado el milagro, han sabido que la forma de hablar a Dios no requiere de palabras, sino de elevación espiritual!

Cuando oréis, buscadme en el infinito, más allá de todo lo que es material y cuando retornéis a vuestro mundo, miraréis disipadas vuestras dudas y podréis derribar los obstáculos que no os permitían mirar con claridad el futuro. Entonces no seréis ya azotados por las vicisitudes, porque estaréis aprendiendo a comunicaros y a vivir en armonía conmigo.

¿Por qué aprisionáis a vuestro espíritu con pensamientos materiales, cuando él tiene un mundo de luz más allá de todo lo terreno? ¿Por qué sujetáis al espíritu a la vida humana, cuando él tiene un espacio infinito para desenvolverse?

No habéis logrado penetrar todavía en esos mundos del pensamiento y del espíritu, porque os ha faltado elevación. Cuando aprendáis a orar, podréis llegar espiritualmente a los umbrales de la eternidad, donde no pasa el tiempo y todo es paz y beatitud. Yo os digo que entonces seréis semejantes a los ángeles.

La oración no es sólo petición o intercesión, sino elevación y contemplación; si la practicáis así, vuestro espíritu penetrará en el éxtasis, que es el estado más alto que podréis alcanzar, para fundiros en mi Espíritu que es fuente de vida.

¿Qué podéis ocultarme que no conozca? Abridme vuestro corazón y si al elevaros llegáis a perder la noción del tiempo, esa será señal de espiritualidad. Toda la naturaleza eleva un himno de amor a su Creador, mas de cierto os digo que halaga más a mi Espíritu vuestra oración, por sencilla que sea. Todo lo creado tiene una ofrenda para Mí. También Yo tengo un presente de amor para cada una de mis criaturas.

Os estoy enseñando una forma de prepararos que os permita realizar cada día obras inspiradas en nobles sentimientos.

Examinaos diariamente y veréis cómo mejora vuestra forma de pensar, de vivir, de hablar y de sentir.

Yo contemplo los balbuceos del hombre que intuye la verdadera forma de orar. Él siente mi Presencia al elevarse, sabe que escucho su sollozo cuando llora y su alegría interior al darme gracias. Me habla entonces en un lenguaje cuya hermosura no se encuentra en ninguno de vuestros idiomas.

Cuando abráis vuestros ojos a la luz de un nuevo día, aproximaos a Mí a través del pensamiento; inspiraos en mi Doctrina para formular vuestros propósitos y levantaos a luchar llenos de fortaleza y de fe.

La oración verdadera es aquélla que nace espontánea del corazón. Ése es el lenguaje que Yo entiendo, el de la verdad y la sinceridad.

Os estoy enseñando que la oración debe ser breve y sentida, sencilla en la forma y profunda en su fondo: aquélla que brota de lo más puro de vuestro espíritu. En ella hallaréis consuelo, inspiración y fuerza. Yo os daré la dulce satisfacción de hablar íntimamente conmigo, sin testigos ni mediadores: Dios y vuestro espíritu, reunidos en ese momento de confidencias y comunión espiritual.

Todos aquellos que han alcanzado prodigios y han dado pruebas de poder espiritual, así han orado. Así lo hizo Jesús en el Huerto de los Olivos y ante el sepulcro de Lázaro. Ahora os digo: orad en el huerto de la espiritualidad, para que os saturéis de mi Fuerza y podáis resistir el peso de vuestra cruz. Entonces comprenderéis la oración de Jesús en sus horas de agonía y cómo venció a la muerte.

Cuando penetréis espiritualmente en el silencio de vuestro santuario interior, ahí me encontraréis y en ese estado de elevación el espíritu se saturará de conocimientos. A ese santuario sólo tendréis acceso cuando os hayáis preparado.

¿Qué sabéis del poder de la oración y de la fuerza del pensamiento? El espíritu y la mente, unidos al orar, crean en el hombre un poder superior a toda fuerza humana. La oración os hará fuertes e insensibles al dolor.

Se acerca el tiempo en que sabréis dar al espíritu el lugar que le corresponde, porque vendrá a vosotros una Era de verdadera oración, de culto libre de misticismo en el que sabréis velar por la limpidez de mi Doctrina. El discípulo ya no podrá equivocarse, porque antes de emprender una obra interrogará al Maestro para hacer sólo la voluntad Divina. Así podrá descubrir dentro y fuera de él, mundos desconocidos, luces y verdades que rodean su existencia.

Hoy sólo escucha las voces de la naturaleza y del mundo, mañana podrá percibir mensajes del Reino Espiritual; más tarde oirá la voz de su Señor en una comunicación sin limites, de ESPÍRITU A ESPÍRITU.

He visto que para orar buscáis la soledad, y hacéis bien en ello cuando tratéis de lograr la inspiración; mas también os digo que podéis elevaros en cualquier situación en que os encontréis. Invocad mí ayuda en los trances difíciles, sin perder la serenidad y la confianza en vosotros; tened fe en que mi presencia os acompañará.

Practicad la oración, aun cuando ésta dure solamente cinco minutos; pero no sólo os concretéis a orar, sino salid de vuestro santuario interior y dejad en vuestros hermanos una prenda de verdadera fraternidad, un beneficio o un mensaje.

Yo soy poder, por lo tanto, una de vuestras oraciones, uno de vuestros pensamientos, puedo transformarlo en algo tangible y visible ante vuestros hermanos.

De cierto os digo que si ya estuvieseis unidos en espíritu, bastaría vuestra oración para detener a las naciones que se preparan para lanzarse unas contra otras; destruiríais los odios, seríais como espada invisible venciendo a los fuertes y como poderoso escudo defendiendo a los débiles.

Éste es el tiempo en que los hombres van a comenzar a conocerse espiritualmente. Ya se encuentran ante el Arcano, donde hallarán la explicación de los misterios que hasta hoy no han podido descifrar.

Pedid y se os dará. El hijo tiene derecho a pedir a su Padre, y Él, a su vez, tiene el deber de atender al hijo.

Aprended a sentir y a vivir las penas de aquéllos que, por estar distantes, no podéis mirar, de quienes habitan en otras comarcas o naciones, de los que moran en otros mundos o en el Valle Espiritual. No temáis si en vuestra oración os olvidáis de vosotros y sólo pedís por los demás. Sabed que quien ora por sus semejantes, lo hace por él mismo.

Yo entiendo lo que cada uno de vosotros me hace presente, sin necesidad de palabras ni pensamientos. El lenguaje del espíritu está más allá de vuestros idiomas. ¿Cómo va a expresar la materia lo que siente el espíritu? Siempre hablará mejor al Padre una lágrima que nadie ve, un dolor que me ofrecéis en silencio y apuráis con paciencia, o el fruto de vuestras obras calladas.

La pobreza espiritual de los hombres y sus tropiezos en la Tierra, provienen de la forma imperfecta de orar, por eso es necesario que este conocimiento lo llevéis a toda la humanidad.

Tiempo es aún de que meditéis y os preparéis, porque el mundo llegará a interrogaros y no sólo escudriñará mi Palabra, sino los beneficios que ella ha dejado en vosotros.

Cuando enseñéis a orar, debéis probar la verdad, la fuerza y la eficacia de la oración espiritual. Vais a sanar al enfermo con vuestra elevación, a llevar la paz donde impere la discordia, a salvar a quien se encuentre en peligro. Entonces sí seréis creídos y querrán imitaros; vuestra enseñanza despertará la fe en los corazones, maravillados ante la verdad de las pruebas; cuando eso sea, abriré los caminos y haré el llamado a las multitudes.

Trabajad unidos y haced todo lo que os he encomendado, mas velad y orad para que no caigáis en tentación; si no lo hacéis así, vosotros mismos destruiréis vuestra obra.

Educad al entendimiento, enseñándolo a despojarse de toda idea superflua en el instante de vuestra comunión espiritual. Antes de tomar una determinación o si os sentís abatidos, elevaos en oración, para que recibáis de vuestro Padre la iluminación que os permita distinguir con claridad lo que os conviene. En los momentos de dificultad decidme, como os enseñé en el Segundo Tiempo: ¡Padre, hágase tu Voluntad!

Doquiera podréis comunicaros con vuestro Señor, no importa el lugar donde os encontréis, ya sea en la cumbre de una montaña o en la profundidad de un valle; en la inquietud de una ciudad, en la paz del hogar o en medio de la lucha.

Si me buscáis en el interior de vuestro santuario, en el silencio de vuestra elevación, veréis abrirse las puertas del recinto universal e invisible, el cual lleváis en el espíritu.

Uníos en oración todos los que anheláis alcanzar una vida mejor y todos los que vivís atormentados por la confusión que reina en el mundo. Id preparándoos para la llegada de mi Reino entre vosotros: sed precursores y emisarios de mi Paz.

Dejad por unos instantes la Tierra y venid a Mí en espíritu. Por muchos siglos ha equivocado la humanidad la forma de practicar la oración desconociendo los deleites que ella proporciona, como fuente de salud y bienestar.

¡Ah, si los hombres de este tiempo comprendiesen el poder de la oración, cuántas obras sorprendentes realizarían!

Mis siervos de los tiempos pasados, Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, dieron pruebas imborrables del poder de la oración, quedando su forma de orar como un ejemplo para todas las generaciones. Ellos sabían que llevaban en el fondo de su ser el templo del Señor. El camino que eligieron para aproximarse a Mí fue el de la fe. Una fe en mi Presencia, en mi Justicia, en mi Providencia y mi Amor.

Sin la fuerza de la oración, no podréis resistir las pruebas ni ayudar a vuestros hermanos.

Dos requisitos tan sólo necesitáis para que vuestra oración os acerque verdaderamente a Mí: Vuestra manera de vivir, recta, útil, inspirada siempre en el bien y una fe, de tal manera grande, que os dé fuerza para libraros de los peligros y elevaros sobre toda miseria humana.

Pedid por la humanidad antes que por vosotros. Ella es como un náufrago en medio de un mar de tinieblas y tribulaciones que, en su confusión, no encuentra el faro que ha de iluminarla para ponerse a salvo. Ese faro lo lleva dentro de sí, es la conciencia.

Habéis elevado vuestro pensamiento a Mí en el silencio de la noche, para pedirme la paz y el bálsamo de curación para la humanidad. Os he visto llorar por el dolor ajeno, benditos seáis. ¡No sabéis cuánto alcanza el mundo por vuestra oración!

Orad no sólo en vuestras horas de congoja, sino también en los momentos de alegría. A Mí nada más me ofrecéis lágrimas, penas y tristezas, pero en vuestras alegrías me olvidáis.

Velad siempre, sed como las aves que anuncian el nuevo día, despertad a los que duermen, para que ellos reciban la luz y escuchen la voz del Creador.

Yo os permitiré penetrar en los lugares de dolor, miseria y confusión, para que en ellos seáis mis emisarios y entreguéis la paz y la concordia. Si en esa labor espiritual lleváis el ideal de armonía y fraternidad que os he enseñado, seréis como un ejército que combatirá por la salvación de la humanidad.

Entrad con paso firme en el tiempo de vuestros hechos, en el tiempo de vuestra lucha, pero hacedlo con la sencillez con que enseñé a las multitudes cuando me siguieron al desierto, al valle o a la montaña.

Cuando veáis desatados los elementos, orad por todos, no penséis sólo en vosotros. Pedid por la paz, pues grandes desastres os amenazan, mas no queráis penetrar en mis altos Juicios. Dejad que Yo, con sabiduría y amor, corte de raíz los malos árboles y toque con rigor a las instituciones que han tomado el camino torcido. Ese tiempo está cercano. Yo os prevengo para que viváis alerta y contempléis el cumplimiento de estas profecías.

¿No os dais cuenta de que algo superior está impidiendo que se desencadene en vuestro mundo la guerra más inhumana de todas las que habéis sufrido? ¿No comprendéis que en ese milagro influyen millones de oraciones de hombres, mujeres y niños que, con su espíritu preparado, combaten la influencia de la guerra? Seguid orando y velando. Poned en ese acto toda la fe de que seáis capaces, y sobre la guerra, el dolor y la miseria, tended un manto de paz y caridad con vuestros pensamientos, como un escudo que proteja a vuestros hermanos.

Todo lo que no esté a vuestro alcance, confiadlo al Mundo Espiritual y los seres de luz completarán vuestra obra: así todo será orden, armonía y espiritualidad.

Estad alerta, la lucha se acerca y el adversario se aproxima. No será el faraón del Primer Tiempo ni el césar del Segundo, los que traten de reduciros a la esclavitud temerosos de vuestro desarrollo y de vuestra luz, serán las tinieblas de todos los siglos las que os amenacen y envuelvan: para esa lucha os he dado una espada de luz.

Yo os he preparado y fortalecido para ese tiempo, os he enseñado a orar de ESPÍRITU A ESPÍRITU, para que uséis la oración como arma y protección.

¿Qué puede deteneros en vuestro camino? ¿Qué temores abrigáis? Orad y destruiréis los obstáculos, tened fe y lo difícil lo haréis posible.

Oración, meditación y elevación, son elementos que deben incorporarse a vuestra vida diaria, como parte esencial de ella, para que alcancéis la serenidad y la paz.

Los velos que os habían impedido comprender el significado de mis Enseñanzas, serán descorridos y contemplaréis en el interior del Tabernáculo Eterno, el Arcano del Señor, de donde brota la verdadera sabiduría: en él está todo el pasado, el presente y el futuro de los seres, ahí está el maná del espíritu, el pan de vida eterna, del cual os dije a través de Jesús: “quien de él comiere, no morirá jamás”.

En el Segundo Tiempo, uno de mis discípulos me preguntó cómo debían orar y les enseñé la manera de elevarse al Padre. Ahora os digo: inspiraos en esa oración, en su sentido, humildad y fe, para que vuestro espíritu se comunique con el mío. En aquella oración os enseñé una forma sencilla de hablarme, de elevar a Mí una plegaria de amor, de respeto, conformidad y confianza.

Yo no borro de vuestro corazón aquella oración modelo, sólo os enseño que en vez de hablarme con los labios lo hagáis con el pensamiento y os inspiréis en ella para formular vuestras propias oraciones: que sea el espíritu el que hable con su propio lenguaje. Si la esencia de esa oración se hubiera practicado en verdad, de generación en generación, los hombres habrían alcanzado mayor espiritualidad, su comunicación espiritual conmigo les hubiera servido para edificar un mundo más justo, más hermoso y elevado que el que han creado con su apego a los bienes del mundo.

Yo os enseñé la palabra poderosa, maestra, aquella que verdaderamente os acerca a Mí al pronunciarla con unción y respeto, con elevación y amor, la palabra PADRE; entonces las distancias desaparecen, los espacios se acortan, porque en ese instante de comunicación de ESPÍRITU A ESPÍRITU, ni Yo estoy lejos de vos, ni vosotros os encontraréis lejos de Mí. Orad así y recibiréis en abundancia el beneficio de mi Amor.

¡Cuán distinta es vuestra forma actual de orar si la comparáis con la que empleabais antes de oír esta palabra! Hoy vivís la Era de la oración espiritual.

Aún sois párvulos y no siempre acertáis a comprender mi Lección, mas por lo pronto habladme con el corazón, con vuestro pensamiento y Yo os responderé en lo más profundo de vuestro ser. Mi mensaje se manifestará en vuestra conciencia con una voz clara, sabía y amorosa, la cual poco a poco iréis percibiendo y a la que más tarde os acostumbraréis.

Bienaventurados los que practican en esa forma la oración, porque ellos sienten mi Presencia. Pero Yo recibo todas las oraciones, sea cual fuere la forma: sólo veo en ellas la necesidad y el amor con que me buscáis.

Mañana, cuando ya vuestra oración no sea para pedir que sane vuestros males, sino para recrearos en vuestra comunión conmigo, el espíritu viajará por regiones desconocidas para la mente. A unas llevaréis la luz, de otras traeréis mensajes, de otras más recibiréis fortaleza y deleites para el espíritu. Ésta es la comunicación que el Padre espera del espíritu de sus hijos: la ofrenda de amor que hasta ahora no habéis querido darle.

Penetrad al éxtasis espiritual y entonces lograréis que despierten los sentidos superiores, que surja la intuición, la inspiración brille, el futuro se presienta y la mirada espiritual palpe lo distante y logre lo que antes os parecía inalcanzable.

Lejos estáis todavía de haber alcanzado la perfección, mas id tras ella sin deteneros, soñad con lo elevado de vuestra misión y haced de la verdad vuestro ideal. En mi Espíritu existen dones y misiones que han estado esperando la hora de vuestra preparación, para fortalecer vuestro espíritu y convertiros en profetas y maestros.

María, vuestra Madre Celestial, es poseedora de dones y gracias que vosotros conocéis. Orad ante ella, buscad su ayuda y su intercesión y en verdad os digo que por ese camino, presto llegarán a Mí vuestras peticiones.

Es tiempo de orar. Los hogares que viven en paz deben orar por los que se encuentran destrozados. Las viudas que han encontrado resignación y consuelo, deben acompañar a las que van sin rumbo soportando su dolor. Bendecid con la oración y enviad pensamientos de luz a vuestros hermanos.

Cuando oréis, consagrad ese momento a la comunión con el Padre, olvidad vuestros cuidados y dejad que vuestra voluntad sea la mía. Abandonaos en el Amor Divino y realizaréis prodigios como mis discípulos en el Segundo Tiempo.

No dejéis pendiente nada en el mundo. Amad a la humanidad como a vuestra propia familia. Orad por todos, por distantes que estén. Sanad a los enfermos. Dejad con vuestra vida una estela de luz. Velad, para que recibáis mi Inspiración y entreguéis el mensaje a vuestros hermanos.

No os dé vergüenza llorar. Todos sois niños delante de Mí. Dejad correr las lágrimas, haced que salga el dolor y penetre la alegría. Esas lágrimas hablan más que todas las palabras y dicen más que todos los pensamientos. En ellas hay sinceridad, humildad, gratitud, contrición y promesas.

Al que sienta el dolor de su semejante, al que viva la aflicción de su hermano, le será concedido que sean mitigadas sus pruebas.

Siempre que necesitéis un confidente, un amigo bondadoso, buscadme y depositad en Mí vuestras penas; Yo os aconsejaré el mejor camino y os daré la solución que buscáis.

Son pocos los que saben orar para gozar y muchos los que oran para llorar; a éstos les digo: haced de vuestras tristezas un canto de fe y esperanza tan grande, que podáis sorprenderos al ver cómo vuestro llanto se convierte en un himno de amor y de paz.

¡Mi Paz sea con vosotros!

El amor

EL AMOR

Escucho a los hombres hablar de ley, de justicia, de paz, de igualdad y fraternidad. Y Yo os digo, que donde no haya amor, no habrá verdad ni justicia y mucho menos paz.

El amor es la esencia de mi Espíritu, de él surgió toda la Creación: es el principio y fin de toda mi Obra.

¡Con cuánta ternura desciendo entre vosotros, sin detenerme a juzgar vuestras faltas! En mi Amor se lava el que lleva alguna mancha, se redime el pecador y despierta el que duerme.

¡Amadme siempre, no cambiéis del amor a la frialdad! Quiero contemplaros siempre creyentes, siempre elevados espiritualmente.

Un solo idioma os doy para que extendáis mi Palabra: el del amor espiritual, el cual será entendido por todos los hombres. Un lenguaje dulce al oído y grato al corazón, que irá derribando piedra por piedra la torre de Babel, porque todos os entenderéis como hermanos.

Yo os digo que en la medida que améis, será la fuerza y la luz que poseáis. Levantaos a una vida útil y fecunda. Ayer no erais capaces de dirigir vuestros propios pasos, ahora podréis guiar multitudes.

La vida de Jesús, que estuvo tan cerca de vosotros en aquel tiempo, ha sido un ejemplo para los hombres de todas las Eras. En una frase sencilla, os dejó el más grande precepto, que encierra el secreto de la felicidad: amaos los unos a los otros. Llegará la hora en que todos los hombres se unifiquen en la verdad de este mandamiento.

Mi Doctrina os hace sentirme próximo, como un Padre amoroso y no como un Dios lejano, que es como me contempla la mayor parte de la humanidad.

Mi Amor se extiende sobre vosotros, como la alondra que abre sus alas para cubrir a sus polluelos.

Quien no me ama con elevación y pureza, carece del verdadero saber; en cambio el que lo hace con todas las potencias de su espíritu, ése llevará en sí la luz de la sabiduría y sentirá que es dueño de su destino.

El amor y la sabiduría jamás están separados, pues el uno es parte de la otra. ¿Cómo es que el hombre pretende apartarlos, si ambos son la llave que abrirá las puertas del Arcano, para poder penetrar en la esencia de mi Palabra? Quien me ame en verdad, llegará a ser el sabio que comprenda primero al mundo y después abarque al Universo. En el amor está mi Sabiduría, mi Fuerza y mi Verdad.

En todos los tiempos habéis tenido guías en el mundo que os han enseñado, a través de la sabiduría, la fuerza del amor. Han venido a daros ejemplo de virtud y humildad, al cambiar su vida de errores y pecados, por una existencia consagrada al bien y a la caridad.

Si me tenéis por poderoso, mi Poder está fincado en el amor. Si me reconocéis como Juez, mi Justicia se basa también en el amor. Si sabéis que soy eterno, mi Eternidad proviene del amor, que es vida y hace inmortales a los espíritus.

Saturaos de amor, sentidlo espiritualmente para que así lo manifestéis a vuestros hermanos. Todo será renovado, para que las nuevas generaciones encuentren la tierra preparada para el cumplimiento de su misión espiritual.

Ya os encontráis en el tiempo en que los hombres sienten la inquietud de conocer la vida espiritual.

Espiritualizaos y no necesitaréis de los bienes de la Tierra para impartir la caridad. Ved cómo de este pueblo de menesterosos y humildes, he entresacado a mis discípulos, convirtiéndolos en consejeros, doctores y confidentes de los que sufren. De su amor ha brotado inagotablemente el bálsamo de curación, de sus labios antes torpes, ha surgido la palabra de luz que orienta, regenera y convence.

Yo os he enseñado el amor desinteresado. Os he mostrado mi Amor de padre, de amigo y de hermano. Así quiero que os améis, que sintáis por vuestro semejante verdadera caridad, que levantéis al caído, que perdonéis siempre. No escojáis a quiénes amar, hacedlo con todos sin distinción alguna.

Quiero que también me améis en la obra perfecta de mi Creación: en el agua cristalina de los arroyuelos, en el verdor de los campos, en el aire que acaricia vuestras mejillas, en el firmamento saturado de estrellas. Bendecidlo todo en el nombre del Padre Creador. Bendecir es sentir el bien, es impregnarlo todo de pensamientos de amor.

Si los rayos del sol os han quemado, venid a descansar bajo la sombra de este árbol. Aquí vengo a revelaros el poder del amor que redime, purifica y da paz, el que aproxima a los unos y a los otros: el que os acerca al Creador para fundiros en la armonía Universal, en la que se unirán todos los seres en una sola familia.

Hoy he venido a revelaros un amor que está más allá de lo humano, más allá del amor por los vuestros, por la patria y por vosotros, el que unirá a todos los hombres, a todos los espíritus y a todos los mundos.

Por medio de él, lograréis la comunicación con todos los seres; ante él, desaparecerán las diferencias de razas, lenguas y linajes y aun las que existen en la escala de evolución espiritual. Quiero que vuestro amor llegue a ser Universal, que germine primero en vosotros y después lo llevéis a todo lo creado.

Mucho os he hablado de amor, mas grabad en vuestro corazón la lección de este día: El amor Universal.

Acercaos a Mí, hijos amados, descansad de vuestro peregrinaje. Mis brazos se abren para estrecharos: descansad en ellos. Llegáis ante el Padre en busca de calor. Soy vuestro confidente, depositad en Mí vuestras cuitas, amarguras e inquietudes; me complazco escuchando hasta el más íntimo latido de vuestro corazón. Mucho habéis bebido el cáliz de amargura, ahora tomad leche y miel que vengo a ofreceros en esta Palabra.

¿Por qué os hablo así, hijos míos? Porque os amo, porque quiero ver en vuestra faz la sonrisa y en vuestro espíritu la paz. Vengo a consolaros, a sanaros y a perdonaros. Lo mismo tengo caridad para el ferviente que para el incrédulo.

Venid a Mí si estáis cansados. Vengo a libraros del pesado fardo que lleváis, para que carguéis en su lugar la cruz del cumplimiento de mi Ley de Amor.

Al enfermo que ha perdido toda esperanza de salud, lo sano y lo levanto a la vida verdadera. Derramo en él el bálsamo, aquél que sana todos los males y brota del amor. Sanad en Mí, olvidad pesares y amad.

Quien tiene amor, lo tiene todo: quien dice amor, lo dice todo. Niñez bendita: conozco vuestra oración y escucho vuestro lenguaje. No os toman en cuenta los mayores, porque os juzgan pequeños y débiles, ignorando al espíritu que habita en vosotros. Dejad que los niños vengan a Mí, os vuelvo a decir. Dejad que los jóvenes se acerquen al Maestro a recibir la lección.

Doncellas: Yo os comprendo. Vuestro corazón se ha abierto a la vida, como se abre la corola de las flores. Soñáis con el amor, con la ternura y la dicha. A esto os digo: bien está que soñéis, pero debéis prepararos para cumplir la sublime misión que os espera. Mucho tenéis que fortaleceros para cumplir vuestro destino: la maternidad; pero si vuestro corazón ama, hallaréis el báculo y el consuelo para vuestra jornada.

Ancianidad: os encontráis doblegada bajo el peso del tiempo y de la lucha. Vuestros labios callan, vuestro corazón se entristece. Mucho habéis aprendido en el camino de la vida, pero no podéis aspirar ya a las glorias del mundo, porque la juventud quedó atrás y sólo ponéis la esperanza en la vida espiritual. Os sentís inútiles, pero sabéis que en vuestro corazón arde una luz y existe un libro: el de vuestra experiencia. Conversad conmigo, mirad cómo os envuelve mi Amor. Tiempo ha que estoy llamando a vuestra puerta, reconoced mi Voz por su dulzura, no os aletarguéis y al abrir encontréis que estáis al final del camino y que vuestro tiempo ha terminado. Esperad con preparación la hora del llamado, pero no os inquietéis; en el Más Allá os espera una nueva vida: la juventud eterna. Lo que habéis labrado espiritualmente en la Tierra lo guardaré en mi granero, como parte de vuestra cosecha.

Pecadores: llorad ante el Maestro, para que vuestras lágrimas de arrepentimiento os purifiquen; pero que ese llanto sea verdadero, como lo fue en Magdalena y se convierta en amor como el de aquella pecadora arrepentida.

Humanidad: buscad la gloria en mi Amor, porque de él se derivan todas las virtudes. Sólo la bondad puede daros paz, alegría y verdadero saber. Velad y orad. Mi Amor os acompaña eternamente. Venid a Mí, hambrientos y sedientos de justicia, enfermos, pobres de espíritu e incomprendidos. Venid los tristes que anhelan la ternura, los que habéis sufrido el maltrato de vuestros semejantes. Yo os haré sentir la ternura de mi Palabra y apartaré vuestro dolor para convertiros en los hijos de la paz y de la fe. A todos recibo.

No penséis que sois débiles, sois el mismo pueblo de los tiempos pasados. Pueblo fuerte, valeroso, barquilla salvadora para el náufrago; buen compañero de viaje, amigo y ejemplo para vuestros hermanos. A vosotros os he confiado siempre la misión de amar.

El cincel de mi Palabra pule y da forma a vuestro corazón. Estoy escribiendo en él la palabra amor, aquélla que será vuestra mejor defensa y os llevará a todos al Reino de la luz.

Yo soy vuestro Padre y en mi Amor infinito no distingo a ninguno de vosotros. No hay seres desamparados sobre la Tierra. No debéis temer a la miseria, ésta es pasajera si sabéis orar y tener paciencia como Job. Volverá la abundancia y no tendréis palabras con qué darme gracias.

Hay quienes me dicen: Padre, ¿cómo podré ser tu discípulo si soy un ser insignificante que vive sólo entregado al trabajo material? A ellos les digo: Aun dentro de ese trabajo aparentemente sin importancia, podéis amar a vuestros semejantes, si lo hacéis con el deseo de servirlos. Cuando cada hombre trabaje con la idea de hacer el bien y de unir su esfuerzo al de los demás, desaparecerá la miseria y será hermosa la vida de mis hijos.

Todos debéis saber que nadie puede bastarse a sí mismo, porque necesita de los demás. Todos estáis ligados íntimamente a una misión Universal que debéis cumplir unidos, pero no sólo por deberes materiales, sino por altos ideales, por verdadero amor. El fruto será entonces en beneficio de todos.

Soy el sembrador de amor y vosotros mis tierras de labranza. Quiero que aprendáis a amar, que ese sentimiento convertido en piedad os lleve a los enfermos, a los necesitados de consuelo, a los que han perdido la fe.

Preparad vuestro corazón a semejanza de una fuente. Recibid mi Amor que es como agua cristalina y desbordadlo a través de vuestras obras.

Me preguntáis cómo he podido descender hasta vosotros. ¡Ah, hijos míos! ¿No habéis visto alguna vez a una madre descender a la sórdida prisión donde un hijo implora su presencia? Sólo ella podría deciros cómo escuchó la voz del hijo extraviado que la llamaba, esperando sentir su ternura y confiando en que alcanzaría su perdón.

Si las aves en los campos, las flores en los valles y aun las rocas en las entrañas de la tierra, reciben el efluvio de amor y vida de su Padre, ¿cómo podéis pensar que os niegue la gracia de mi Amor, cuando lleváis en vuestro ser un fragmento de mi Espíritu?

Yo, en quien se resumen todos los amores. ¿Podría permanecer insensible al clamor de vuestro espíritu? Vengo a daros todo lo necesario para vuestro bien. Quiero que aprendáis a conversar conmigo.

Vengo a escuchar vuestras peticiones y hasta la más débil de vuestras quejas. Mas no penséis que sólo a vosotros he venido, porque el clamor de la humanidad llega a la altura de mi Solio como un grito angustioso, implorando ayuda. Yo desciendo hacia todos.

Vienen a oírme los que han burlado las leyes Divinas y humanas, lo que han apagado la fe de los corazones. Mi palabra ha tocado la fibra más sensible de su corazón y se han regenerado. Es el milagro del amor, no tan solo de la palabra, porque cuántas veces los hombres han hablado en forma más florida que estos humildes portavoces, pero la esencia de estas palabras, sólo del Amor Divino puede brotar.

Cuando Yo debiera ser vuestro primer amor, me dejáis al último, porque los amores terrenos, las ilusiones y pasiones, os alejan de Mí.

Habéis creído amarme sobre todo lo creado y tendréis que convenceros de que me habéis dejado como vuestro último amor.

¡Oh, humanidad, creación bendita, si supieseis cómo os ama vuestro Padre! Os perdéis y vengo en busca de vosotros; me buscáis y os abro las puertas de salvación; me llamáis y respondo al instante. Mas si no me sentís, ni me escucháis, ni me veis, es que no os habéis preparado.

¿Hasta cuándo haréis uso del poder del amor? Muchas de las obras que el hombre me muestra y a las cuales ha consagrado su vida, su fuerza y su orgullo, no tienen como principio el amor y la justicia, y toda obra que no tenga esas bases, será destruida y sólo dejará como fruto la luz de la experiencia.

Ved que os amo infinitamente, porque Yo sé que detrás de un pecador, está un espíritu que necesita luz y que al encontrarme, ya no se perderá jamás.

¡Levantaos, humanidad, éste es el camino y la razón de vuestra vida!

¡Uníos pueblos con pueblos, amaos todos! ¡Cuán delgado es el muro que divide un hogar de otro, y sin embargo cuán distantes espiritualmente se encuentran sus moradores! Y en las fronteras de vuestras naciones. ¡Cuántas condiciones para dejar pasar al que llamáis extranjero! Y si esto hacéis entre humanos, ¿qué habéis hecho con los que se encuentran en el Valle Espiritual? Habéis puesto entre ellos y vosotros un velo de olvido o una densa niebla que os mantiene separados. A ellos, amadlos también.

He alimentado a vuestro espíritu con el pan de los ángeles y a vuestra materia con los frutos de la naturaleza. Habéis tenido oportunidad de venir a la Tierra a concluir una labor empezada, para perfeccionar vuestro espíritu. Todo os lo he dado, porque os amo y quiero que estéis conmigo en la vida de perfección.

Este mensaje de amor y caridad, que os he traído en el tiempo propicio para vuestra salvación, en su oportunidad lo daréis a conocer a la humanidad.

Al espíritu le corresponden los más elevados y puros amores, mas también en la materia deposité un corazón para que amara y le di sentidos para que a través de ellos gozara de cuanto le rodea. El amor humano es bendecido por Mí, cuando está inspirado por el espíritu. Por eso os he dicho que de las uniones plenas de comprensión espiritual, brotarán buenos frutos.

El amor es el idioma universal del espíritu, pero también el amor humano habla con pensamientos y hechos, sin necesidad de palabras. Si esto hacen ahora los hombres, ¿cómo será su lenguaje espiritual cuando se hayan perfeccionado?

Yo confié al espíritu la vida humana para poner a prueba su amor: para eso formé al hombre y a la mujer. Sólo unidos en el amor podrán ser fuertes y felices y para ello instituí el matrimonio.

Vuestro espíritu se sirve de la materia para amar en el mundo, pero si amáis sólo por la ley de la naturaleza, vuestro amor será pasajero, limitado: mas si lo hacéis espiritualmente, ese sentimiento se asemejará al del Padre, que es eterno e infinito.

Del amor que os he dado, pocas pruebas me presentáis. De todos los afectos humanos el que más se acerca al amor Divino es el maternal, porque en él existen el desinterés, la abnegación y el sacrificio.

No os extrañéis si mi Amor, a pesar de vuestras imperfecciones, os siga por doquier. Todos sois mis hijos. En este mundo habéis tenido un reflejo del amor Divino en el amor de vuestros padres: a ellos respetad y obedeced.

Amad, humanidad, aunque sea a vuestra manera, pero amad siempre. Quiero igualdad entre mis hijos, como la prediqué en el Segundo Tiempo, pero no como la conciben los hombres: Yo les inspiro la igualdad por el amor, haciéndoles comprender que todos son hermanos, hijos de un mismo Padre.

Es verdad que el camino que os he trazado no es una senda placentera, sino una vida de renunciaciones, pero no es de sacrificio. Entregar amor y caridad no significa dolor, sino alegría y vida para el espíritu. Yo os ofrezco ese deleite para que conozcáis el verdadero placer espiritual.

Amad a vuestros semejantes, con el mismo amor que he venido a enseñaros sabiendo que procedéis de Mí, que habéis sido formados de la misma esencia. Así como en el principio habéis estado en el Padre, en el final también lo estaréis.

De vuestras obras buenas tomo sus méritos, aun de aquéllas que consideráis muy pequeñas, porque sólo Yo puedo juzgar su verdadero valor. El que ama y sirve a la humanidad, me está amando y sirviendo.

En vuestro mundo, donde tanto se ha combatido el bien, donde se ha profanado lo más sagrado y se ha rechazado lo lícito y justo, se establecerá la Ley del amor y el hombre tendrá su justa compensación al recobrar el supremo don del espíritu: la paz.

Venid a Mí los que traéis una pena escondida en el corazón. Meditad y orad para que os fortalezcáis en el propósito de perdonar, si os sentís ofendidos.

El perdón, que nace del amor, posee una fuerza poderosa para convertir, regenerar y transformar al pecador en virtuoso.

Aprended a perdonar y tendréis en vuestro mundo el principio del reinado de la paz. Si mil veces fuese necesario perdonar, mil veces debéis hacerlo. Una reconciliación oportuna, evita que apuréis el cáliz de amargura.

Si vuestro hermano os ofendió, perdonadle, tal vez no sepa lo que ha hecho. En cambio, si vosotros que lleváis la luz de mi Enseñanza aún ofendéis, no podréis decir que sois inocentes.

¿Por qué os hacéis justicia y ocupáis mi lugar de Juez? El único que sabe aquilatar vuestras obras, es el Padre. Si queréis apartar de vuestro hermano las manchas que lleva en su espíritu, antes tenéis que desmancharos. Si queréis ser perdonados, antes debéis perdonar.

No miréis enemigos sino hermanos en todos los que os rodean. No pidáis castigo para nadie; sed indulgentes para que deis ejemplo y no haya remordimiento en vuestro espíritu. Cerrad vuestros labios y dejad que Yo juzgue vuestra causa.

En verdad os digo, que la humanidad en este tiempo no conoce la fuerza del perdón y los milagros que obra. Cuando tenga fe en mi Palabra, se convencerá de esta verdad.

En Jesús, el mundo vio a un padre que todo lo da por sus hijos, sin pedir nada a cambio; un padre que perdona con infinito amor las más grandes ofensas, sin ejercer nunca venganza y en lugar de quitarle la vida al hijo que le ofende, le perdona y le traza el camino de su redención.

Yo dije en la cruz: ¡Perdónales, Padre, que no saben lo que hacen! Hoy vuelvo a decir al hombre, que aún no sabe lo que hace.

¡Cuántos milagros se operaron bajo el influjo del perdón del Maestro! Es que su perdón era verdadero y su juicio perfecto. Pero ya os he dicho que debéis comprender que mi Perdón no os evita las consecuencias de vuestras faltas, porque los errores son vuestros. Mi Perdón os estimula, os consuela, para que al fin vengáis a Mí y os reciba en mi regazo. No olvidéis que la mancha a pesar del perdón, queda impresa en vuestro espíritu y vosotros tendréis que lavarla con méritos, para corresponder así a mi amoroso perdón.

Muchos que han recibido una ofensa, se han ofuscado y han devuelto golpe por golpe. Los ha vencido la tentación. Otros, cuando han sido ofendidos, han callado sus labios y contenido sus impulsos, y me han dicho: Señor, me han ofendido, pero antes que vengarme, he perdonado. Mas Yo he descubierto en ellos el deseo de que mi Justicia se descargue sobre su hermano. Estos, se encuentran en plena lucha. Pero los que a imitación de Jesús, al ser ofendidos, se elevan a Mí con sincero amor y me dicen: -Señor, perdónales, me han herido, pero te pido les entregues tu caridad; éstos, han vencido y Yo les bendigo.

Cuando sepáis recibir el golpe en la mejilla derecha y en señal de perdón, amor y humildad, presentéis la izquierda a vuestro ofensor, ya podéis confiar en que comenzáis a ser mis discípulos. Hasta que surja el perdón entre los hombres, cesarán sus guerras fratricidas y nacerá la unión entre las naciones.

Bendito aquél que soporte con fortaleza la humillación y sepa perdonar a quien lo ha ofendido, porque Yo lo justificaré, mas ¡Ay, de los que juzgan los actos de sus hermanos, porque ellos a su vez serán juzgados!

Ahora bien, cuando al ser ofendido devolvéis el golpe y ambos se arrepienten, no retengáis por orgullo vuestra mano, sed el primero en tenderla como prueba de humildad. Y no temáis humillaros, porque Yo os digo el que tal cosa hiciere en el mundo, será ensalzado en el cielo.

No sabéis si ese perdón sea el precio de vuestra salvación. Hoy vengo a deciros: ¿No quisierais al menos una vez en vuestra existencia, llevar a la práctica el perdón, a fin de que os deis cuenta de los milagros que él opera? En verdad os digo que en el mismo instante en que otorguéis el perdón a quien os haya ofendido, sentiréis mi paz en plenitud, porque en ese momento vuestro espíritu se habrá unido al mío y Yo extenderé mi manto para cubriros con mi Amor.

No juzguéis a vuestro hermano, antes conoceos vosotros mismos, y si encontráis alguna mancha, limpiadla. Sólo tendrá derecho a juzgar aquél que lo haga con amor y sepa corregir y enseñar. Sólo Yo puedo juzgaros, porque en vuestro mundo no encuentro a un solo justo que sepa hacerlo.

Si el asesino de vuestro padre se viera perseguido por la justicia humana y llamara a vuestra puerta pidiéndoos protección, ¿le concederíais albergue sin delatarle, en señal de perdón? Ésa es la prueba que pido ahora, al que quiera ser discípulo del Espíritu Santo en este tiempo.

Yo bendeciré a mis discípulos cada vez que perdonen y colmaré de bendiciones a quienes hayan sido perdonados por vosotros.

El acto de perdonar encierra nobleza, amor y comprensión. Ya sabéis entonces cómo debéis comportaros en vuestra vida, si queréis ser verdaderamente los hijos de la luz.

El perfeccionamiento del espíritu se alcanza en la práctica del amor, que es un compendio de todos los atributos de mi Divinidad.

El amor debe brotar natural y espontáneamente, germinar y florecer. Así como los frutos de la tierra llevan dentro la semilla como germen de vida, así en el espíritu el amor es germen de eternidad. He ahí que vosotros nacisteis y existís por amor y sois perdonados por amor.

A los hombres que quieren ser poderosos por la fuerza material, voy a demostrarles que sólo por la bondad, que es emanación del amor, se puede ser grande en verdad. La verdadera paz está cimentada en el amor.

El corazón del pecador es más sensible al toque de mi Palabra. Ha pecado, porque en su vida le ha faltado amor, pero cuando ha escuchado mi Voz que le perdona y sana sus heridas, siente el llamado Divino y experimenta la presencia de su Maestro. Así van por el mundo muchos hombres que buscan una luz redentora, un consuelo para su pena, una frase que alivie su dolor. Buscan a alguien que los encamine a una vida mejor, mas no lo encuentran en el mundo y se encierran en si mismos. Esos corazones sólo los abre la llave del amor que Yo poseo y vengo a confiar a todo aquel que me diga: – Maestro, quiero seguirte.

Dejad que el Maestro os guíe en todos vuestros actos, palabras y pensamientos. Seguid su ejemplo y el amor Divino se manifestará en vosotros. ¡Oh, varones y mujeres del mundo, que habéis olvidado lo único que puede haceros sabios y felices: el amor, que todo lo inspira, que todo lo puede y lo transforma! Vivís dentro del dolor, porque no practicáis el amor que vengo a enseñaros. Hay quienes me aman y no lo saben; otros creen amarme y de ello hacen alarde, y no me aman.

He aquí el camino, venid por él y os salvaréis. En verdad os digo, que no es menester haberme escuchado en este tiempo para alcanzar la salvación. todo hombre que en su vida practique mi Ley, dará testimonio de Mí con sus obras y Yo le recibiré.

No espere vuestro espíritu recoger en el mundo recompensa a sus buenas obras, porque no habéis venido a la Tierra a recibir amor, sino a sembrarlo. Toda semilla que sembréis con amor, la recibiréis multiplicada.

Amad, desechad el odio, sed clementes con vuestros semejantes; practicad la caridad y me estaréis sirviendo. Voy a hacer llegar a todas las naciones mi Doctrina.

Todo está dispuesto para que mis designios se realicen y la prueba más grande de mi Poder, será la de transformar el egoísmo y el odio de los hombres en sincero amor.

¡Mi paz sea con vosotros!

La Ternura Divina

LA TERNURA DIVINA

Con cuánto gozo me recibe vuestro corazón. Es que antes vuestra Madre Divina os ha preparado con su amor.

El ejemplo de María y el de Jesús, están unidos en la obra de redención, y ya que ahora los hombres no han sabido establecer la alianza con su Señor, el nombre de María será el símbolo de su unificación: en Ella se hará la Nueva Alianza en este tiempo.

Debéis saber que si Cristo es el Verbo de Dios, María es la Ternura Divina y desde el infinito, junto a la cruz que nuevamente me habéis preparado, Ella extiende su amor sobre vosotros y os dirige su mirada maternal plena de perdón.

Sobre María, su concepción, su pureza y su maternidad, ¡cuántas teorías y confusiones han creado los hombres!

María encarnó en el Segundo Tiempo para representar la maternidad Divina; fue ejemplo de humildad, abnegación y amor. Muchos han desconocido su virtud, su virginidad; si estudiaran las escrituras y analizaran su encarnación, llegarían a saber que María es esencialmente Divina, su espíritu es Uno con el Padre y el Hijo. ¿Por qué juzgarla humana si es la hija predilecta, anunciada a la humanidad desde el principio de los tiempos, como la criatura pura en quien encarnaría el Verbo Divino?

Hoy vengo en espíritu y no podrá llamarme la humanidad el hijo del carpintero, ni en aquel tiempo hubo justicia para juzgarme así. José, el patriarca, fue en la senda de la virgen y del niño, sólo un ángel guardián visible a los ojos de los hombres.

Muchos siglos han pasado desde que me hice hombre y habité entre vosotros, y todavía vuestra mente no alcanza a comprender la verdad sobre la concepción de María, sobre mi naturaleza humana y mi Espíritu Divino. Mas cuando dejéis a vuestro espíritu elevarse a las regiones de la luz, iluminados por una sabiduría superior a la de vuestra razón y vuestra ciencia, sabréis por el espíritu toda la verdad.

Yo he venido en este tiempo a descorrer el velo de muchos misterios, mediante el conocimiento de las enseñanzas espirituales.

No sólo Yo me he manifestado ahora, también Ella, vuestra dulce Madre; porque éste es el último tiempo en que Dios se ha materializado a través del entendimiento humano, para ser oído y sentido por el hombre.

Sobre la cima de la montaña, donde se encuentra el Maestro, también está María, la Madre Universal. Buscadla y hallaréis en Ella la escala que os conducirá a la perfección.

Hoy conoceréis su voz de Madre, que es arrullo, calor y protección para todas sus criaturas. María es el arca que encierra muchos dones y gracias no reveladas aún.

El mensaje de María es como un manto de consuelo y de ternura, en este tiempo de tribulaciones que atraviesa la humanidad. En el Segundo Tiempo hubo de venir a la Tierra para dar a conocer la esencia maternal, ofreciendo su seno virginal para que en ella encarnara el Verbo. Mas no terminó allí su misión. Más allá de este mundo está su morada, desde la cual extiende su manto sobre todos sus hijos.

El amor de María es vuestro baluarte; con Ella os reunís como los hijos se congregan en torno a la madre. Oíd su dulce Palabra, conmoveos y arrepentíos, para que penetre en vosotros su luz y su Ternura. Una vez así preparados, prometed ante Cristo, ante María y delante de Elías, que formaréis un solo cuerpo y una sola voluntad, que lucharéis incansablemente por arrancar de vuestro corazón el egoísmo, el odio y fanatismo. Si cumplís esa promesa, ante el Arca de la Nueva Alianza, Yo haré que sea menos doloroso vuestro paso por el mundo.

Desde el principio de los Tiempos os fue profetizada la venida del Mesías; también María os fue anunciada y prometida.

El amor eterno, cuya esencia está en el Padre, encarnó en María, la doncella que era flor de pureza e inocencia.

Los que niegan su maternidad Divina, desconocen una de las más hermosas revelaciones que el hombre ha recibido.

Los que reconocen la divinidad de Cristo y niegan la de María, no saben que se están privando de poseer la esencia más tierna y dulce que existe en mi Espíritu. ¿No consideráis justo que al que crea en Mí y me ame, también deba hacerlo con todo lo que Yo amo?

María sabía quien era y cuál la misión de su Hijo. Y en vez de hacer ostentación de aquella gracia, se declaraba tan solo una sierva del Altísimo, un instrumento de los designios del Señor.

María, mujer, es la representación del amor maternal. María, espíritu, es la Ternura Divina que descendió a la Tierra para dar a los hombres su ejemplo de elevación y humildad. En la eternidad, sus brazos abiertos esperan amorosamente la llegada de sus hijos, ella es ejemplo de pureza, obediencia y humildad. Cada una de esas virtudes, es un peldaño en la escala por donde Yo descendí al mundo para hacerme hombre en el seno de aquella mujer. Esa escala es la misma que os presento ahora, para que a través de ella ascendáis hasta Mí, transformándoos de hombres en espíritu de luz.

Cuando María escuchó las palabras que le anunciaban que en su seno concebiría al Mesías, sólo hubo en su corazón sumisión y gozo, porque sabía que en ella debían cumplirse los designios del Padre: recibir en su seno la semilla Divina.

Su obra fue callada y humilde, por eso fue grande como mujer y como madre: aceptó su gran destino, sin ninguna vacilación, por amor a la humanidad; pasó por el mundo en silencio, llenando de paz los corazones, intercediendo por los necesitados, derramando su perdón y piedad sobre los hombres y orando por todos.

El Maestro le dedicó una de sus ultimas palabras: Madre, ¡he ahí a tu hijo! Y a Juan, el discípulo: Hijo, ¡he ahí a tu madre! Con estas expresiones dejó a Juan en representación de la humanidad y preparó en el corazón de los hombres un santuario de amor y de respeto para María, la Madre amantísima. Ella quedó entre los discípulos por un tiempo, hasta que empezaron a extender la buena nueva por el mundo; fue entonces cuando María volvió al seno del Padre, de donde había venido.

María es parte de mí Espíritu. ¿No habéis reconocido en mi Palabra su ternura y su gracia? En esta Palabra hablan el Padre y la Madre, unidos en una perfecta conjunción Divina.

EI espíritu de María es un ejemplo perfecto de sumisión y mansedumbre. En Ella se cumplieron las profecías que anunciaban que el Mesías nacería de una virgen y, después de cumplida su misión en la Tierra, quedó como Madre espiritual de la humanidad.

Mujeres del mundo: imitad a María, evocad el tiempo en que vivió en la Tierra como mujer y como madre, entonces sentiréis vuestro espíritu lleno de fortaleza.

Ella es el modelo perfecto para vosotras, pues vuestra misión es noble y delicada hasta el sacrificio. La mujer despierta al amor el corazón del niño, encauza los sentimientos del hijo por la senda del bien, enjuga sus lágrimas y lo consuela en sus sufrimientos. Es la madre quien enseña al hombre la primera oración, revelándole la existencia del Creador. La sombra de la madre acompaña al hombre hasta el final de la jornada, como María acompañó al hijo amado hasta el pie de la cruz, donde recibió sus despojos.

El que cree en la pureza de María, reconoce que Ella fue elegida por voluntad Divina para ser un ejemplo de ternura y castidad. Vosotros, los nuevos discípulos ante la cátedra Divina, ¿pensáis que os vaya a dejar solos cuando cese mi Manifestación a través del portavoz? No, hijos míos, vuestra madre os sostendrá en la prueba. En los días en que os sintáis solos y me creáis ausente, aunque esté más cerca que nunca de vosotros, su amor os ayudará a sentiros fuertes y a penetrar en el verdadero sentido de mi Enseñanza.

Yo soy semilla de eternidad, María es el riego Divino. He ahí al Padre y a la Madre velando por su Obra; junto a la Palabra del Maestro está su Palabra de Madre; ante la presencia del Juez, Ella es la intercesora.

Amadla e invocad su nombre y sentiréis su Presencia. En verdad os digo que María vela por vosotros y os acompaña eternamente.

Si la buscáis en la soledad de la noche, allí en el Cosmos, encontraréis su imagen. Si la buscáis en la fragancia de las flores, allí la hallaréis y en el corazón de vuestra madre también la tendréis. María es la esencia femenina Universal que podréis descubrir en todas las obras de la Creación. Ya podréis comprenderme cuando os hablo de mi Amor hecho hombre y de mi Ternura hecha mujer. En verdad os digo que doquiera se manifieste mi Espíritu, ahí estarán presentes el amor y la dulzura de María.

En este tiempo os envío mi Luz, para que levantéis en vuestro corazón un santuario y dediquéis vuestra más tierna ofrenda a vuestra Madre Divina, entonces llevaréis dignamente el nombre de Marianos.

En aquel tiempo, Juan, mi discípulo, vio en forma de símbolos los grandes misterios Divinos. Después de una gran señal, contempló a una mujer vestida de sol y la luna debajo de sus pies y sobre su sien había una corona formada por doce estrellas. Aquella mujer sentía dolores de parto y cuando el dolor era más intenso, vio Juan a la maldad en forma de dragón acechándola, esperando sólo el nacimiento del hijo para devorarlo. Era María en el Tercer Tiempo, próxima a dar a luz al pueblo Mariano y la maldad acechándolo en el momento de su nacimiento.

Hoy os digo: el pueblo Mariano ha surgido ya sobre el haz de la Tierra y se encuentra recibiendo su escudo y su espada de amor, para penetrar en la gran batalla.

¿Veis cómo la misión de María no terminó en el Segundo Tiempo? A Ella le está reservada una nueva Era, en la que hablará de ESPÍRITU A ESPÍRITU a la humanidad.

Habéis reconocido que esta palabra viene de Mí y buscáis también el calor y la ternura del amor maternal. ¿No habéis percibido en esta Enseñanza del Maestro la caricia y el amor de la Madre? Sí buscáis a María, la encontraréis en mi Palabra, la que os bendice y acaricia a cada instante.

En Mí hablan el Padre y la Madre, en Mí hablan todos los amores. Si me buscáis en mi Verbo que he derramado en todos los tiempos, encontraréis todo lo que ambicionáis. No habrá vacío en vuestro corazón, en Mí encontraréis al Padre, al amigo, al hermano, al maestro, más también a la madre. Yo soy el amor perfecto, el amor de los amores.

Vosotros buscáis a María como intercesora, la invocáis en vuestras penas y su amor desciende sobre todo el género humano.

Amparaos en su ternura. Yo le he confiado a la humanidad como una hija y Ella siempre ha velado por su salvación. Los ojos que se han preparado para mirar desde la Tierra los Valles Espirituales, la ven descender de la escala de perfección a vuestro mundo llena de gracia, y los corazones sensibilizados por mi Palabra sienten su presencia. Doncellas, esposas y madres, que tenéis el corazón traspasado por el dolor, por la ausencia de un ser amado, nombrad a María, vuestra dulce consejera, amadla con el pensamiento, recibidla en el espíritu y seréis consoladas.

Cuando os levantáis por los caminos para predicar mi Enseñanza, tropezaréis con duros corazones que han cerrado su puerta, para no dejar penetrar ni el amor de María ni su nombre. Para muchos esa esencia sublime no existe. ¿Qué haréis? ¿Vais por la fuerza a derribar aquella puerta para hacer penetrar la Enseñanza Mariana en ellos? ¡No!

Os he dicho que solamente vais a exponer mi Obra, a presentar mi Lección, pero hablaréis en una forma tan elevada, con tanto corazón y tanta verdad, que muchos de aquellos espíritus reacios se convertirán y dirán: En verdad, el espíritu de la Madre flota en el universo, la Doctrina es clara y comprensible, como una fuente de vida que invita a beber, pero nadie está obligado a tomar de ella.

María, a los pies de Jesús en el madero, estuvo sin exhalar una sola queja ni un reproche para esta humanidad. Por eso ante el Padre fue grande como mujer y como Espíritu, porque es la esencia de la maternidad Universal que existe en Dios. En esta hora bendita dejo ese amor impreso en vosotros, porque sois el pueblo Mariano del Tercer Tiempo, que hará reconocer a la humanidad presente y de los tiempos futuros, la existencia de ese amor, de esa fragancia, de esa ternura infinita, de esa intercesión y de esa virginidad incomprendida por los hombres.

A Ella, que está en Mí y en toda la creación, mi Voz le dice: ¡Quedad siempre como Madre Universal! Y a vosotros, que representáis a la humanidad de éste y de otros tiempos, os digo: ¡He ahí a vuestra Madre!

¡Mi paz sea con vosotros!

El Divino Maestro

EL DIVINO MAESTRO

Venid a Mí. Soy Cristo, el amor eterno, el faro luminoso que desde el principio alumbra todos los senderos.

Los profetas anunciaron la venida del Mesías y mantuvieron encendida la esperanza en los corazones. Cuando fue llegado el tiempo, me mostré al mundo a través de Jesús. ¡No todos los que me escucharon aceptaron que fuese el Verbo Divino, cuya presencia abarca todas las Eras! ¿Cómo iban a reconocer al Salvador en el humilde nazareno, sencillo y amoroso, si ellos lo esperaban arrogante y soberbio?

Ahora sabéis por qué Jesús, aun diciendo que nada podía hacer si no era Voluntad de su Padre, en realidad todo lo podía, porque fue obediente y porque se hizo siervo de la Ley y de los hombres. Él sabía que esa humildad, esa unidad con el Padre, lo hacía todopoderoso ante la humanidad. ¡He ahí la transfiguración que da el amor, la humildad y la sabiduría!

¿Quiénes me reconocieron en aquel tiempo? Los pecadores, a quienes perdoné, los hambrientos y sedientos de justicia, los ansiosos de verdad, de espiritualidad, a quienes manifesté mi Sabiduría y mi Amor. ¿Quiénes no me reconocieron? Los poderosos de la Tierra, los teólogos, los fariseos, y para muchos que no creyeron ni me reconocieron, mi Palabra fue causa de confusión.

Yo os digo en verdad que no sólo descendí para dar vista a los ciegos, limpiar a los leprosos o resucitar a los muertos. Vine en busca del espíritu adormecido de los hombres, para levantarlo a la verdadera vida y entregarle el más preciado tesoro: la verdad.

Cuando Jesús tuvo que enfrentarse a las preguntas y juicios de los incrédulos, dio cátedra de verdadero saber, porque en Él brillaba la luz del Padre y de sus labios brotaba la palabra poderosa que no se aprende en el mundo.

Hoy os habla el Verbo, el mismo que habló en Jesús en aquel tiempo, porque el Verbo es omnipresente; lo mismo se manifestó por boca de profetas y apóstoles, como ahora lo hace por estos portavoces. Y cuando hayáis penetrado en el tiempo de la elevación, lo hará directamente a través de vuestro espíritu.

Jesús hombre, nació, vivió y murió; mas respecto a Cristo, Él no nació en el mundo, ni murió, porque Él es el Espíritu del amor, la Palabra Divina, la Sabiduría y la Vida eterna.

Nuevamente vengo a mostrar mi mansedumbre y mi amor. En aquel tiempo, para daros pruebas de humildad en Jesús, hube de llamarme “el Hijo del Hombre”. Ahora, no es Jesús de Nazaret el que se presenta delante de vosotros, es Cristo, el Maestro en Espíritu, el que se manifiesta con gran majestad.

La noche en que nació Jesús, fueron los corazones de los humildes y sencillos pastores de Belén, los que rebosaban de alegría al saber de la llegada del Salvador. Mientras mi Espíritu se llenaba de gozo por haber venido a morar entre los hombres, los que tenían en sus manos las profecías que hablaban del Mesías, dormían profundamente, insensibles a mi Presencia, ajenos a los acontecimientos de ese tiempo. Ahí empezó mi calvario.

Me limité en aquel cuerpo, viví como hombre, cumplí las Leyes Divinas y humanas y sentí los rigores de esa vida; trabajé para labrar el pan, pero sobre todos esos deberes, entregué al mundo mi Mensaje de amor y sabiduría.

Aquella carne en que viví, fue obra del Espíritu Santo. Este misterio pertenece a mis Íntimos juicios. Yo os digo en verdad que las Obras Divinas no pueden ser juzgadas por la mente humana.

Ya sabéis que el Espíritu Divino es inmortal, mas aquella carne fue limitada, sensible al dolor físico y mortal por naturaleza; por eso elegí ese medio para manifestarme al mundo y ofrecerle mi vida, mi ejemplo y mi sacrificio verdadero, y enseñarle el camino que conduce a la salvación.

Os había sido prometido el Salvador en un hombre justo, limpio y puro, era natural que su cuerpo proviniese de un seno casto. La promesa fue cumplida en María, llamada bendita entre las mujeres, quien dejó en la humanidad su ejemplo y su ternura. Aquel pueblo tuvo conocimiento de que el Mesías había sido concebido por gracia Divina.

Dejad de escudriñar la encarnación de Jesús; ese estudio no os revelará la sutileza de ese cuerpo: perfecto, pero humanizado y sensible.

Si todas las maravillas de la naturaleza, son la materialización de pensamientos Divinos, ¿no pensáis que en aquel cuerpo se plasmó un pensamiento sublime del amor del Padre?

Jesús consagró su infancia y su juventud a la oración y a la caridad, en tanto llegaba la hora de anunciar la proximidad del Reino de los Cielos. Jesús niño dejó asombrados a los doctores de la Ley; Jesús predicador os legó grandes revelaciones para todos los tiempos; Jesús redentor, selló sus palabras con su sangre y su sacrificio.

Buscad la esencia de mi Palabra de aquel tiempo y decidme si ella puede proceder de alguna doctrina o ciencia humana. Yo vine a enseñar lo que no era conocido en la Tierra; si hubiese tomado la sabiduría de los hombres, de aquellos maestros hubiese entresacado a mis discípulos y no de hombres rudos e ignorantes para formar mi apostolado.

Me preguntáis qué puedo deciros de las doctrinas y filosofías de aquellos pueblos y Yo os digo que son inspiraciones del espíritu, pero no mi suprema verdad.

Durante mi predicación, supe estrechar la mano del amigo, me recreé con la gallardía y nobleza del mancebo y con la pureza de corazón de la doncella. Me llené de satisfacción al contemplar la abnegación y el sacrificio de las madres y la fortaleza de los hombres. Os enseñé el amor a Dios y el cumplimiento de su Ley; os dije cómo debíais amar a vuestros padres, a vuestros hermanos y a vuestros hijos; os hablé del amor entre esposos; os mostré el camino limpio del trabajo, del respeto y la caridad de los unos a los otros. Os invité a vivir en perfecta comunión con el Padre y en armonía con la naturaleza. Cuando los pequeñuelos venían a Mí y me abrían su corazón para pedirme alguna gracia, Yo les acariciaba y bendecía. Y cuando mis discípulos trataban de apartarlos, creyendo que con su presencia me faltaban al respeto, hube de decirles: Dejad a los niños que vengan a Mí, porque es menester que tengáis su pureza y sencillez, para que seáis dignos de penetrar al Reino de los Cielos.

¡Ah, si los hombres hiciesen mi Voluntad imitando a Jesús, qué grandes y hermosas serían las manifestaciones de vuestro espíritu, en obras, palabras y pensamientos!

En aquel tiempo fui el Sembrador y aún sigo cultivando mi Simiente. Después vendré por el fruto para deleitarme eternamente y no volveré a decir: “Tengo hambre” o “Tengo sed”, porque al fin seré amado por mis hijos como Yo les amo.

Mi Palabra de ahora no borrará la que os di en aquel tiempo. Pasarán las Eras, mas las palabras de Jesús no pasarán. Hoy vengo a explicaros el contenido espiritual de las enseñanzas que no lograsteis comprender.

A través de Jesús os enseñé a dar a Dios el culto que a Él corresponde y también al mundo un tributo: el cumplimiento de sus leyes. Para los hombres de hoy nada más existen deberes materiales y a su Señor nada tienen que ofrecerle; si al menos dieseis al mundo lo justo, vuestras penas serían menores, pero habéis dictado leyes que os han convertido en esclavos y os debilitan sin daros nada a cambio.

Yo vine a probaros la fuerza del amor, mi Doctrina y ejemplos quedaron impresos en vuestra conciencia; con amor vencí al dolor y a la muerte. Jesús, el Cristo, en su perfección, dominó la materia y por eso realizó los milagros que conocéis. Era el Espíritu el que a través de aquel cuerpo se manifestaba. Evolucionad, para que también dobleguéis a la materia y vuestro espíritu se manifieste a través de ella.

Jesús os enseñó a practicar la caridad y la mansedumbre, a gozar de vuestras sanas alegrías, a perdonar a vuestros enemigos, a respetar a vuestros semejantes, a huir de la mentira y amar la verdad.

Cuando bendije unos cuantos panes y peces y los hice repartir, la escasa provisión alcanzó para todos. Ése fue un milagro de amor, una lección inmortal para la humanidad materializada de todos los tiempos.

Cuántos milagros de amor y cuántos prodigios de fe hizo Jesús entre las multitudes! Hoy os digo que no existe milagro que no tenga una razón lógica y natural. Nada hay sobrenatural ni contradictorio en la creación.

Conoced la Ley, amad el bien, conceded a vuestro espíritu la santa libertad de elevarse espiritualmente y me estaréis amando. ¿Queréis un modelo perfecto de cuanto debéis hacer para llegar a Mí? Imitad a Jesús, amadme en Él, buscadme a través de Él: venid a Mí por su Divina huella, mas no cambiéis por formas o ritos la práctica de sus Enseñanzas, amadme en el Maestro de sabiduría.

Jamás ofrecí a los pobres una moneda porque no la tuve, sin embargo, Yo les brindaba la salud que a ningún precio habían encontrado y les llevaba al camino de la luz, del consuelo y la alegría.

Muchos de los que fueron en busca de Jesús con la esperanza de recibir riquezas del mundo o poderes temporales, se sintieron defraudados al ver que el Rey que los profetas habían anunciado que salvaría a aquel pueblo, no llevaba corona ni cetro y sus manos estaban vacías.

Si queréis meditar sobre mi manifestación en cuanto hombre, recordad mis Enseñanzas, mis Obras, para que reconozcáis la lección de amor que os di al hacerme semejante a vosotros, después, mediante la práctica de las virtudes, os elevaréis para ser semejantes a Mí.

Fue hasta después de mi ascensión, cuando los hombres comenzaron a comprender que el Cristo anunciado por los profetas era el que había hablado en Jesús. Por eso vuelvo a deciros que Cristo no nació en vuestro mundo, porque Él es antes de todos los mundos; quien nació fue Jesús, el hombre, el cuerpo bendito que fue mi instrumento e intérprete, para que la humanidad pudiese verme y escucharme.

Discípulos amados: Hoy es otro lugar del mundo donde me presento, pero sois el mismo pueblo, los mismos espíritus. Ahora no me rodean aquellos discípulos amados, hoy son muchedumbres a las que estoy preparando. A vosotros que sois mis nuevos discípulos, os digo: Lo que veáis que hago con vosotros, hacedlo con vuestros hermanos, nunca os creáis los primeros sino los últimos. Si en aquel tiempo los hombres se maravillaron de la humildad en que nací, en este tiempo también se sorprenderán cuando sepan el medio humilde que elegí para entregaros mi Palabra.

Cristo es el AMOR; ese amor no está ni antes ni después de ninguna otra potencia, está fundido en todas, para formar lo absoluto, lo divino, lo perfecto.

El que os habla, es el mismo Maestro que en el Segundo Tiempo os prometió un reinado de paz, de amor, de ventura y justicia. Soy el mismo Cristo que ha manifestado la verdad a través de los tiempos, porque mis Lecciones son eternas e inmutables. Así como una sola es la verdad, una sola es la esencia Divina que os he dado en las diferentes Eras, así la llaméis Ley, Doctrina o Revelación.

Mi Doctrina os enseña que mientras más se posee, más se está obligado a dar, y que mientras mayor se es, más humilde se debe ser. En este Tiempo el triunfo será de quienes imiten a Jesús en sus obras, porque las armas con que lucharéis, serán las mismas que os mostró en aquel tiempo.

Si os dije: “Yo soy la luz del mundo”, quiero que vosotros seáis también un faro de luz en la vida de vuestros hermanos, que vuestra presencia sea benéfica siempre y vuestra influencia saludable, que vuestros pensamientos sean limpios y vuestros sentimientos sanos. Ya veréis entonces cuán fácil es la vida, qué llevadera la lucha en la Tierra y qué grato servir a vuestros semejantes. Entonces habréis llegado a ser, por méritos, LOS HIJOS DE LA LUZ.

Mientras estéis en el mundo, recordadme en la cruz perdonando, bendiciendo y sanando a mis verdugos, para que en vuestro camino bendigáis a quienes os ofendan y hagáis todo el bien que podáis a quienes os hayan causado mal. Quien obre así, será mi discípulo y sus dolencias serán breves, porque Yo le fortaleceré en las pruebas.

Yo me mostré en aquel tiempo como el Dios de las obras, no sólo de las palabras. Ahora os digo: La sangre del Cordero no sólo trazó el sendero de evolución a los seres de este mundo, sino también a los del valle espiritual. Cumplida la misión de amor de Jesús, su cuerpo fue sepultado para dar término a su misión en cuanto hombre, pero las entrañas de la tierra no podían guardar aquel cuerpo que no les pertenecía; aquellas células que sólo vibraron para amar, se esparcieron en el infinito para caer después como lluvia de vida sobre toda la humanidad.

La Tierra no conserva ninguna huella material de su paso, porque fue mi Voluntad borrar toda señal; quise que el recuerdo de mi Palabra quedase plasmado en la conciencia de mis hijos, que el camino de amor, de luz y sacrificio que os tracé, quedase grabado en el espíritu, en lo más puro de cada hombre.

Os he recordado lecciones de aquel tiempo, para que las unáis a mis nuevas Revelaciones y con ellas iluminéis a la humanidad.

Después de mi partida los hombres me reconocieron, mi semilla germinó y se extendió a otras naciones, mis perseguidores fueron después mis discípulos.

Con cuánta dulzura y amor propagaron mi Doctrina los primeros maestros del Cristianismo. La fuerza de su palabra estuvo en la verdad de sus obras. El testamento que les confié fue para los hombres de todas las razas. De ese pueblo surgieron apóstoles y mártires que hicieron vida ejemplar, que supieron sembrar la semilla de amor que iluminó la vida de la humanidad. Una nueva Era se iniciaba, un camino claro se abría para todos: la senda que conduce a la perfección.

La Doctrina de Jesús conmovió las raíces más profundas del corazón humano, jamás fue tan clara la Ley de Dios, ni tan comprensible para todos. Al hombre le parecía vivir en un mundo antes desconocido, porque viendo no miraban y oyendo no escuchaban. Pero llegué a darles la vista y el oído, la voz, la voluntad y el entendimiento, para que su espíritu se liberara de las ataduras de la carne y pudiera cumplir su alta misión.

Hoy os digo, que si no podéis hacer obras perfectas como las que hice en Jesús, al menos os esforcéis en vuestra vida por acercaros a ellas. A Mí me basta contemplar un poco de buena voluntad para imitarme y algo de amor a vuestros semejantes, para que os ayude y manifieste mi Gracia y mi Poder en ese momento. Cuando entre vosotros empiecen a surgir aquéllos que, impasibles ante la injuria, amen y perdonen al que les ha herido, entonces estaréis en el principio del reinado de Cristo.

Cuando el hombre, cansado de luchar y sufrir, sienta que ya no tiene fuerzas para salvarse a sí mismo, verá maravillado que del fondo de su misma flaqueza, de su desesperación y desengaño, surge una fuerza desconocida que emana del espíritu, el que, al liberarse, se levantará de su mundo de vanidades, egoísmo y mentira, para decir: Ahí está Cristo, Él vive, en vano hemos querido destruirle, vive y viene a salvarnos con su amor.

Casi veinte siglos han transcurrido desde que el mundo dejó de escucharme, sin saber que ni un instante me he apartado de él ni he dejado de hablarle un solo momento.

“Amaos los unos a los otros”, fue el último mandamiento que dejé a mis discípulos de aquel tiempo. En él, reuní todos los preceptos, todas las máximas y proverbios, para que supieseis que el amor es la fuerza que rige la vida.

Ya sabéis que Cristo, el Amor Divino, es el mismo Padre. Jesús fue el hombre perfecto que os trajo mi Mensaje de Sabiduría. Él fue la más alta expresión de la espiritualidad: por eso es llamado EL DIVINO MAESTRO.

¡Mi paz sea con vosotros!

Libre albedrío

EL LIBRE ALBEDRÍO

En el espíritu del hombre, la criatura predilecta, he puesto mi Luz Divina y lo he cultivado con amor infinito.

Os hice libres para que fueseis semejantes al correr de las aguas, al crecer de las plantas y al cantar de las aves; no para que tomaseis los caminos del mal, sino el de vuestro perfeccionamiento por medio del amor y la perseverancia en el cumplimiento de la Ley.

La razón para dotaros de libre albedrío fue el amor. Quise sentirme amado por mis hijos, pero no por ley sino por sentimiento espontáneo que brotara libremente de vosotros.

Yo podía haberos obligado a cumplir mis Mandatos, pero en ello no habría mérito alguno. He dejado que las pruebas de la vida sabiamente os marquen el camino con su certera enseñanza, en las que el dolor, como un maestro, os guíe y la luz de la conciencia os lleve a conocer y a aceptar vuestro destino.

En mi Amor infinito os di libertad y permití que escudriñaseis mis Obras; dejé que tomaseis de todo lo creado y a pesar de que habéis abusado de esa libertad, hoy vengo a haceros sentir mi Caricia y mi Perdón.

Concedí al hombre libertad de pensar y actuar, para que se sintiese dueño de sus actos y cumpliera la Ley por convicción; quise que sus méritos fueran legítimos.

Estáis en la Era de la luz, tiempo en que habréis de romper las cadenas que os han atado y en el que podréis extender las alas de vuestro espíritu para volar libremente hacia el infinito en busca de la verdad.

¿Quiénes son los que han forjado en el mundo las cadenas para los espíritus? ¿Quiénes los que cautivan y atemorizan a los hombres con amenazas y anatemas? Los malos ministros y guías espirituales de la humanidad, quienes se dejan sorprender por el materialismo para conducir por falsos caminos al espíritu del hombre.

Meditad profundamente sobre la finalidad de mi nueva manifestación y quedaréis convencidos de que vengo a liberaros de los señores del mundo y también de las cadenas de la ignorancia y del fanatismo.

Os concedí la libertad del espíritu desde el instante en que brotasteis de Mí. Siempre he venido a proponeros mi Ley de Amor, nunca a imponerla. Jamás he castigado a un espíritu porque no me ame o porque no cumpla mis Mandatos. Yo nunca castigo a mis hijos, solamente los pruebo, los amonesto y les proporciono los medios para su redención.

En aquel tiempo en que me humanicé en Jesús, no obligué a los que me escucharon a que creyeran en Mí ni opuse resistencia cuando me juzgaron. Dejé que hicieran su voluntad para después hacer la mía sobre ellos.

Espiritualidad es libertad. Los que me escuchan ahora y han comprendido el sentido de esta Doctrina, se sienten libres para luchar contra todo prejuicio y dar testimonio de que éste, es el tiempo en que Dios ha venido a establecer nuevamente comunicación entre Él y el hombre.

Muchos me escuchan con júbilo en su corazón, pero hay quienes al oír mi Palabra se sienten invadidos por una gran tristeza; éstos son los que, a semejanza de los israelitas en Egipto, recuerdan su esclavitud y traen aún en su ser las señales del látigo, pero Yo contemplo su hambre de libertad y de luz y esto es lo que vengo a ofrecerles.

No os sintáis siervos o esclavos: sed libres para amar y trabajar dentro de mi Obra. Yo soy la luz que ilumina los caminos y vosotros los caminantes que elegís la senda. Podéis libremente escoger el camino, pero mi deber de Padre es mostraros el verdadero, el más corto, aquél que ha estado siempre iluminado por mi Luz.

El hombre ha vivido en el atraso porque teme pensar y creer por sí mismo. Prefiere someterse al criterio de otros, privándose así de su libertad para conocerme.

Cuando los hombres sometan su libertad a la conciencia y obren de acuerdo con la voluntad Divina, sentirán que la carga de la vida se hace ligera y que nada fatiga al cuerpo ni al espíritu.

Debéis saber que el libre albedrío y la influencia de la materia, representan una prueba a la que está sujeto vuestro espíritu. Si él ha sido vencido en todos los tiempos, su derrota no es definitiva, porque del fondo del abismo en que ha caído, se levantará cuando no pueda soportar más su hambre, su sed y su desnudez. Mas el dolor será su salvación y la voz de su conciencia lo mantendrá velando y buscando su regeneración. Entonces resurgirá fuerte y luminoso, ferviente e inspirado, utilizando nuevamente sus dones y potencias, pero ya no con la libertad de aplicarlos al bien o al mal, sino consagrándolos tan solo al cumplimiento de las Leyes Divinas.

Todo lo creado por Mí es perfecto, armonioso y bello. Las flores de los campos me ofrecen su aroma: ése es su destino del cual no podrían apartarse porque les falta el espíritu y por lo tanto el don de la libertad.

Las aves me brindan sus cantos, mas no podían hacer algo distinto pues para eso fueron creadas y no poseen libre albedrío.

Cuando el hombre sea obediente a mi Ley de Amor como las aves y las flores, hará uso correcto del libre albedrío y no se desviará del sendero del perfeccionamiento. El espíritu ocupará el lugar que le corresponde y la materia también; ambos escucharán la voz de la conciencia y dejarán conducirse por ella; la armonía que existirá entonces en el hombre, será la misma que hay en todo lo creado.

He dado a mis hijos libertad para obrar y luz en la conciencia para tomar el buen camino, dones que están en el espíritu antes del nacimiento del hombre y después de su transición a la vida espiritual.

Mi Luz les ha hecho comprender que el espíritu es libre de creer, de ascender o descender, de acercarse o alejarse de Mí, porque es la forma de acumular méritos verdaderos ante su Padre.

No es éste un nuevo derrotero, sino una parte del camino que siempre os he trazado. Estudiad, penetrad en mis Palabras y reconoceréis que encierran verdad.

Quiero contemplar un pueblo sin ritos, reglamentos ni dogmas, que sepa conducirse por el camino recto y que viva dentro de mi Doctrina perfecta.

Vengo a libraros nuevamente de la esclavitud, de las tentaciones y los vicios que son como el faraón tirano y cruel que os ha cargado de cadenas. Esta nueva liberación mañana la celebrará la humanidad, pero no con festines sino con verdadero amor espiritual.

Hoy todavía el hombre necesita de ministros, de jueces y maestros, mas cuando sus condiciones espirituales y morales se hayan elevado, no necesitará ya de esos báculos ni de esas voces, porque dentro de él lleva un juez, un guía y un maestro.

A vuestro paso encontráis a los pequeños seres inferiores y decís: Padre, ¿por qué a ellos no les permites pecar y en cambio a tus hijos espirituales, que somos nosotros, si nos dejas hacerlo? ¡Ah, pequeños, que osáis formular tan insensatas preguntas a vuestro Señor! ¿Qué no miráis que esas criaturas sólo tienen una morada que es la Tierra y es justo que en ella tengan su gloria y su gozo? ¿No estáis viendo que las induce a cumplir su destino una fuerza que es la ley de la naturaleza? Si viven dentro de esa ley, tienen que gozar de cuanto ella encierra que es amor, bienestar, actividad y vida.

Yo os he sorprendido también envidiando la felicidad y la paz en que viven esas criaturas. Os he visto desear la alegría que existe en los nidos donde las aves han formado su hogar y os he oído decir: ¿Acaso esos seres merecen mayores bendiciones que los hijos de Dios? Estudiad mis Enseñanzas y encontraréis la respuesta.

El destino de los seres inferiores está en la Tierra; ahí empieza y ahí termina. En cambio, el destino del espíritu principió en Mí y no terminará en el mundo, porque cuando penetre en la vida espiritual, irá de una mansión a otra descubriendo nuevos mundos de sabiduría, amando y gozando más.

Vosotros los hombres tenéis la oportunidad de conocer algo que está más allá de la naturaleza material: la vida espiritual. Por eso vengo a señalaros el camino que debéis transitar dentro del libre albedrío. Siempre os diré que ese camino es de perfección, que no termina con la muerte corporal sino que se prolonga más allá de vuestra vida en el mundo.

Si analizáis estas enseñanzas, concluiréis por reconocer que todo vive, camina y crece bajo un mandato supremo. Llegaréis a descubrir también, que en medio de la creación surge el hombre, distinto a todas las demás criaturas, porque en él existen la razón, el libre albedrío y la voluntad.

Yo permití que la Ciencia descubriera que en toda la creación hay energía, movimiento y evolución y, ¿podría haberlo hecho el hombre si hubiera carecido de libertad para investigar, estudiar y meditar? ¿Podríais también haber reconocido esta comunicación espiritual si os hubieseis sentido vedados para estas manifestaciones?

A nadie he obligado a que abandone el camino que haya elegido. Al que ha querido escudriñar, se lo he permitido; al que ha deseado deleitarse se lo he consentido; mas a todos les he mostrado mi Ley, la única, para que no se extravíen de la senda señalada por Mí.

Ved cómo del mal uso del libre albedrío han provenido todos los errores, caídas y pecados de la humanidad; pero son equivocaciones pasajeras ante la justicia y la eternidad del Creador, porque después se impondrá la conciencia sobre las flaquezas de la materia y sobre la debilidad del espíritu.

Hoy los pueblos comen las migajas de la mesa de los reyes y señores, mientras éstos se engrandecen acumulando riquezas con el pan de sus siervos; pero siendo duros los mendrugos de los pobres, no son tan amargos como los manjares que comen los poderosos. Unos y otros son víctimas, por eso ha sido menester que venga a liberarlos.

¿Recordáis el cáliz de amargura que bebía Israel cuando gemía en la esclavitud de Egipto? Fue necesario que surgiera Moisés para llevarlo a la liberación. ¿Recordáis también cuando el pueblo se encontraba cautivo y humillado en su misma patria, y cómo estaban las demás naciones a la llegada del Mesías? También en este tiempo será preciso que antes de la liberación conozcan los hombres la miseria, la opresión y la injusticia, para que al fin se levanten a buscar una vida mejor.

Así como vuestro cuerpo para vivir busca el aire, el sol, el agua y el pan, también el espíritu necesita del ambiente propicio, de la luz y del sustento propios de él. Cuando se ve privado de libertad para buscar ese alimento, se debilita, se marchita y entorpece.

¡Ved cómo también el espíritu puede ser un paralítico! El mundo esta lleno de ellos, así como de ciegos, sordos y enfermos del espíritu. Si carecieseis de libertad para desarrollaros, no creceríais en sabiduría, en fuerza ni en virtud.

Cuando esta humanidad se despoje de su materialismo y comience a reconocer cuán alejada de Mí ha vivido, dirá desde lo más profundo de su corazón: ¡Cuán necios y torpes hemos sido al entregarnos voluntariamente a las pasiones para ser esclavos de ellas!

Yo he dado libertad al hombre, he iluminado su horizonte y le he apartado barreras y obstáculos que le impedían crecer, pero por tantos beneficios tiene también grandes responsabilidades.

Os dejo libres, caminad por donde mejor queráis, pero pensad que os conviene más transitar por la senda del amor y la verdad. Si mi Palabra a través del portavoz no os convence, buscadme donde me sintáis plenamente en vuestro corazón.

No temáis a la lucha por sembrar y extender esta enseñanza, ya muchos pueblos respetan el derecho sagrado de pensar libremente. Más tarde conocerán los hombres la libertad de espíritu, que hasta ahora no ha experimentado la humanidad.

Llegará el momento en que la confusión sea grande en el mundo y después de ese tiempo de pruebas, principiará el hombre a practicar la libertad espiritual.

La planta de los hombres pisoteará sus ídolos de ayer; desengañados destruirán sus recintos de vanidad, de pompa y falso esplendor. Los autores de obras doctrinarias que han confundido a la humanidad, las llevarán por sí mismos al fuego. Nadie podrá detener el torrente que habrá de formar la humanidad cuando se levante en pos de su libertad de pensamiento y espíritu.

Yo os anuncio que vendrán tiempos propicios para la espiritualidad. Hoy solamente encontráis obstáculos y cadenas que os impiden pensar, mas llegará la hora de la liberación espiritual para todos y entonces vuestro pensamiento y palabra serán como una corriente de agua cristalina que ha de bañar los campos de esta humanidad.

Ya está próxima vuestra liberación. En pos de ese ideal trabajan multitud de seres anhelosos de respirar un ambiente de fraternidad, pureza y salud.

He venido a librar de su yugo a los espíritus, comenzando por derrumbar tronos e imperios y hacer caer cetros y coronas. Sed libres, no busquéis aquí vuestro reino ni vuestra gloria; no hagáis de los humildes vuestros siervos ni seáis esclavos de la frivolidad. Aquí no está el reino de vuestro espíritu ni su galardón.

Israel se inmortalizó por liberarse del yugo del faraón; los cristianos por predicar la doctrina del amor. Así se inmortalizarán ahora los que practiquen la espiritualidad.

Todo el que se prepare sentirá mi Presencia en su espíritu y, al fin, el hombre obedecerá mi Ley, entenderá el libre albedrío y hará obras justas.

Cuando améis la verdad, será bella vuestra existencia y cuando logréis esa santa libertad que he venido a otorgaros, viajaréis con el pensamiento a través de mundos, espacios y cielos.

Es mi Espíritu el que habla al Universo. Vengo a hacer luz en donde visteis misterios en otro tiempo: es la aurora de un nuevo día para todos los hombres. Vengo a salvaros de falsos temores, a destruir vuestras dudas y a haceros libres de entendimiento y espíritu. Ésta es mi Voluntad.

¡Mi paz sea con vosotros!

La Conciencia

LA CONCIENCIA

Yo doté a vuestro espíritu de fuerza, inteligencia y voluntad. En mi Amor infinito le confié un cuerpo para que, a través de él, encontrase el medio eficaz y perfecto para desarrollarse.

Como Padre previsor, sabiendo que surgiría en el interior del hombre la lucha entre el bien y el mal, encendí en él una luz que a lo largo de la vida fuese su juez interior que valorizara cada una de sus obras, su consejera y guía que lo orientara siempre al bien. Esa Luz es la conciencia.

Ahí tenéis las tres partes que forman al hombre, sus tres naturalezas: cuerpo, espíritu y conciencia, en una unión perfecta, en la que el espíritu triunfará ante las pruebas, las pasiones y tempestades del mundo y llegará a poseer el Reino espiritual.

En la conciencia tenéis la chispa Divina que jamás se apaga, al juez a quien no se puede sobornar, al faro que nunca cambia de sitio, al guía que jamás equivoca el camino. Ante la debilidad de la materia, está la fortaleza del espíritu guiado por esa luz que es Amor, Sabiduría y Justicia.

Si os hubiese negado uno solo de esos atributos, no tendría derecho a reclamar los errores cometidos en vuestra vida; por eso debéis saber que no podría existir un ser humano, que no estuviese dotado de espíritu y conciencia.

¿Por qué no siguió el hombre desde su principio los dictados de esa voz Interior? porque no había evolucionado todavía para comprender y cumplir los mandatos que ella le inspiraba y, en esa forma, dominar las pasiones de la materia.

El que obra mal, no es que carezca de oídos para percibir esa voz: los ha cerrado para no escuchar su propio juicio. No es que no tenga ojos para contemplar el buen camino, voluntariamente se hace ciego para caminar y tomar un sendero que ha creado bajo su voluntad.

Después de mucho luchar, se doblegará la materia ante la verdad eterna. El hombre al fin alcanzará la sensibilidad espiritual que hasta ahora no ha logrado. Hacia ese punto marcháis todos sin daros cuenta, mas cuando miréis en la Tierra el triunfo del bien y la justicia, entenderéis el porqué de tantos combates y pruebas.

No os sintáis débiles, ignorantes o enfermos. No sois pequeños, puesto que lleváis la fuerza y la luz de que os doté: no sois inocentes porque a través de la conciencia os dais cuenta perfecta de lo que hacéis. Y si os sentís enfermos, es porque os habéis alejado de las principales fuentes de vida: la comunicación espiritual conmigo y el contacto con la naturaleza.

¿Quién guía, orienta y aconseja al espíritu durante su libre trayecto en el mundo, para no perderse en el camino? La conciencia.

Cuando el hombre ha descendido al abismo, hasta allí le ha seguido esa voz interior, que pronto se hará oír en el mundo con una fuerza tan grande que no la podéis imaginar.

Os alejasteis de Mí en virtud de vuestro libre albedrío, pero retornaréis inducidos por la conciencia.

Doquiera estéis, me tenéis en vosotros: todos lleváis en lo más íntimo un altar Indestructible. El tabernáculo es el espíritu y el arca la conciencia, ella es como un templo que nadie podrá profanar, en el que habito y de donde sale mi Voz. Allí está mi Ley iluminando al hombre.

No vayáis a transformar ese santuario en tribunal, porque vuestro dolor será muy grande.

Ante ese altar interior lloráis vuestras faltas y malas obras, arrepentidos por la desobediencia a mis Enseñanzas. Allí se destruirá vuestra arrogancia y dejaréis de consideraros superiores por la raza o el poder humano. Entonces vendrán las renunciaciones y la restitución, y, como fruto legítimo de las obras de amor y humildad, la paz.

El hombre nunca ha sabido penetrar en ese santuario, porque al cuidar su personalidad, procura los medios de evadir la voz sabia que le habla en todo momento. Cuando el espíritu sepa elevarse sobre su materialidad, podrá al fin detenerse ante el umbral de ese templo y postrarse, oírse a sí mismo, examinar sus obras y escuchar interiormente mi Voz que le habla como padre, como maestro y como juez.

La hora del examen de conciencia se acerca para toda la humanidad: allí estarán los sabios, los teólogos, los científicos, los poderosos de la Tierra, los ricos y los jueces, preguntándose a sí mismos cuál ha sido la obra espiritual, moral o material que han realizado. Ellos reconocerán que a pesar de la gloria que tuvieron en el mundo, les faltaba algo para llenar el vacío que había en su espíritu, el que sólo puede alimentarse con los frutos de una vida espiritual fecunda.

¿Cuáles son las facultades y atributos que permiten al hombre escuchar la voz de su conciencia? La intuición, la razón y los sentimientos.

Yo os digo: vivid de acuerdo con esa voz interior para que, llegado el instante de vuestro juicio, podáis responder de vuestros actos. De Mí no esperéis castigo. Cada quien es su propio juez. Sed por lo tanto jueces de vuestras acciones, sabiendo que la voz de la conciencia siempre os hablará con verdad. Ella os hará comprender si sois lentos para caminar, si vais de prisa o si estáis estacionados; pero por mucha comprensión que tengáis del valor de vuestras obras, en ese juicio definitivo sólo el Padre, que es el supremo Juez, podrá dar el fallo.

Meditad unos momentos cada día, juzgaos y formad un propósito de mejoraros. Servidme y estaréis en paz con vuestra conciencia.

Si aún haciendo ese diario examen no tomáis el buen sendero, seréis responsables de vuestros errores y tropiezos.

Cuando os alejáis del camino y olvidáis vuestra misión, sentís una inquietud que no os deja punto de reposo. Esa intranquilidad, nace del reclamo de vuestra conciencia, en la que están escritos indeleblemente mi Ley y vuestros cargos. Intimad con ella, es la voz amiga, dejaos conducir por ese guía interno y de cierto os digo que vendrá a vosotros una profunda paz y una satisfacción verdadera.

Los tiempos en que necesitabais de un guía espiritual en el mundo, han pasado; desde ahora, todo el que penetre en este sendero no tendrá más camino que el de mi Ley, ni más guía que su propia conciencia. Pero no por eso dejará de haber varones y mujeres de gran luz y fortaleza, que ayuden con su ejemplo e inspiración a sus hermanos.

No vengo a juzgaros por vuestros actos, sino por la intención con que los realizáis. Estoy en vuestra conciencia y más allá de ella. No vayáis nunca a cerrar vuestros oídos a esa voz, porque podría abrirse un precipicio ante vuestros pies y ya puestos en la pendiente seria difícil que os detuvieseis.

Cuando acariciáis a un niño desvalido, socorráis a un necesitado o protegéis a un indefenso, ¿no habéis escuchado interiormente una voz que os bendice y anima a continuar por esa senda? ¿De dónde proviene ella?, de la conciencia, en la que está la luz del Padre que premia al hijo cuando sabe imitarlo. ¡Dejad que esa voz os dicte siempre la forma en que debéis entregar la caridad, y si en ella va la necesidad de despojaros de algo vuestro, no os duela hacerlo! Tended la mano a quien lo necesite y sentiréis la dicha en vuestro espíritu.

Velad por vuestras obras, palabras y pensamientos; que no sea el hombre el que juzgue vuestras imperfecciones, sino el Maestro el que os corrija.

Fortaleceos en mi Palabra, para que lleguéis a mirar con verdadera caridad a vuestros hermanos y no seáis jueces del pecador, del vicioso, del fanático, porque recordaréis mis Palabras de aquel tiempo: el que se encuentre limpio de culpa, que arroje la primera piedra. Debo deciros que vuestra responsabilidad crece a medida que aumentan vuestros conocimientos, porque vais siendo cada vez más sensibles a los dictados de esa voz que es fuego de amor que consume toda impureza. No vengo a reclamaros: la conciencia será la que señale las faltas o méritos de vuestras obras. Si no queréis caer en errores en la práctica de mi Doctrina, analizad vuestros actos por medio de ese juez infalible; orad y meditad y él os hablará con verdadera sabiduría; si os reclama, buscad la mancha y borradla.

¡Cuán fácil será para los hombres entenderse, cuando penetren en meditación y escuchen la voz de su razón superior, a la que no han querido oír! Ya no tarda mucho la victoria absoluta de la conciencia.

La conciencia no quedará en la Tierra, sino vendrá con el espíritu para mostrarse ante él como un libro de sabias y profundas lecciones. Ella será semejante a una espada de luz que luchará denodadamente, impidiendo que el espíritu se turbe. Cuando él se serene y pueda juzgar su pasado, una sucesión de mirajes pasarán por su memoria espiritual y sabrá distinguir lo justo y provechoso de lo falso e impuro.

Después de analizar todos los actos de vuestra vida, ninguno se sentirá juzgado con exceso de rigor o sobra de benevolencia. Muchas de vuestras obras que en el mundo os habían parecido perfectas, dignas de ser presentadas al Señor, os resultarán pequeñas en ese juicio. ¿Quién hizo justicia entonces? ¿No fue el mismo espíritu quien formuló su juicio?

¡Cuánto anhela el Padre que todos os sintáis delante de Mí como hijos muy amados y no como reos! Siempre que dejáis la Tierra y os presentáis a darme cuenta del cumplimiento de vuestra misión, os sentís abatidos bajo los cargos que os hace la conciencia. Ya es tiempo de que lleguéis entonando un himno de triunfo, para que podáis decir a vuestro Padre: -Señor, todo está consumado.

Mi Lección está siendo escrita en vuestra conciencia: ahí está el arca que guarda mi Ley. Y cuando los tiempos pasen y estas horas de recreo espiritual que tenéis con vuestro Maestro queden distantes, la esencia de mi Palabra vibrará llena de vida en vuestro espíritu, fresca, palpitante de amor y sabiduría.

Mi Voz está llamando a las grandes multitudes, porque para muchos espíritus se está acercando el final de su peregrinaje. Ese abatimiento, ese hastío, esa tristeza que llevan en el corazón, son la prueba de que anhelan ya una morada más alta, un mundo mejor; pero es necesario que la última etapa de su vida en la Tierra, la vivan obedeciendo los dictados de la conciencia, para que la huella de sus pasos sea de bendición para las generaciones venideras.

La conciencia será por fin escuchada y obedecida; los llamados del espíritu serán atendidos; los anhelos espirituales serán tomados en cuenta y respetados, y en todas partes brillará el deseo ferviente de conocer a Dios y sentirlo, de acercarse a Él y no separarse más.

¡Cuán lejos de la realidad se encuentran en estos momentos millones de seres que sólo viven para su presente material! ¿Cómo podrán abrir sus ojos a la realidad? Solamente escuchando esa voz interior que, para ser oída, requiere de la concentración, de la meditación y la oración.

Si escucháis la voz de la conciencia como os he enseñado, vuestra comunión conmigo será eterna: no habrá nada ni nadie que aleje a los discípulos de su Maestro.

Esa voz siempre os guiará al bien, mas si escuchaseis una que os guiase hacia el mal, ésa no es la de vuestra conciencia, es la voz de vuestras pasiones que os inspira la materia.

Confesaos delante de Mí, ante quien no podéis ocultar una sola de vuestras faltas, y sentiréis a través de la conciencia mi Divina absolución. El hombre volverá a oír mi Voz que lo invita a cumplir la Ley para morar conmigo: ése es el único camino para llegar a Mí.

Las puertas del Reino se encuentran abiertas en espera de todo el que quiera penetrar en él. Bendito el que busca estar en paz consigo mismo. Bendito el que siembra la semilla de la paz en su camino.

Tened siempre presente esta enseñanza, elevad la razón a la altura de la conciencia, porque sólo ella conoce la esencia del espíritu. Si así lo hacéis, vuestra existencia en la Tierra será un perpetuo edén.

¡Mi paz sea con vosotros!

La Justicia

LA JUSTICIA

Estáis viviendo el fin de los tiempos: Era de juicio, de restitución y restauración, en la que recogeréis la cosecha de las siembras pasadas, la consecuencia de vuestras obras.

Antes que Juez, soy Padre amoroso. Yo perdono vuestras faltas a mi Ley y cubro con mi Manto la desnudez del espíritu. Ya sabéis que mi Justicia es inexorable, pero tenéis en Mí al Padre más tierno, paciente y comprensivo; a un Juez que os llama a solas sin delataros, que habla al corazón y os da una nueva oportunidad para reparar las faltas cometidas y concluir vuestra obra.

Hoy llegan ante Mí los enfermos, los vencidos, los pobres de espíritu, y mientras unos bendicen mi Voluntad, otros se rebelan y atribuyen sus sufrimientos a un castigo divino, porque no saben valorizar mi Justicia perfecta.

 ¡Qué distinta sería vuestra vida si en vez de inconformidad e incomprensión, reconocieseis los beneficios que el Padre os brinda! Yo a todos amo y a nadie castigo: es mi Amor el que encauza y perfecciona al espíritu. Si no corregís vuestros errores, la conciencia será quien juzgue si sois dignos de recibir mi perdón. Mi Justicia será al fin comprendida en este tiempo.

Cierto es que debéis saldar ante Mí toda deuda pendiente, mas el tributo o la ofrenda que me deis, será en beneficio vuestro. Si me ofrecéis pureza o me presentáis obras meritorias, ésas serán las galas que enaltezcan a vuestro espíritu; si os arrepentís y reparáis vuestras faltas, la paz será vuestro galardón.

Si permito que apuréis el mismo cáliz de amargura que disteis a beber a vuestro hermano, es porque sólo así comprendéis el mal que habéis causado; mas podéis evitarlo con arrepentimiento y buenas obras, devolviendo una honra o una vida, el pan o la alegría, que alguna vez hubieseis hurtado.

Todavía la cizaña se multiplicará un poco, la mala yerba crecerá y cundirá en la Tierra. Pero pronto vendrá la siega y entre la mala yerba estará el trigo, que será conservado en mis graneros para volverlo a sembrar, cuando la tierra sea propicia, mientras la cizaña será atada en gavillas y arrojada al fuego.

Se acerca la hora en que el juicio en plenitud se haga sentir en todo el mundo. Cada obra, palabra y pensamiento serán juzgados. Desde los grandes de la Tierra que gobiernan los pueblos hasta los más pequeños, serán pesados en la balanza Divina. Todo lo que habéis profanado con vuestras faltas, tenéis que restaurarlo.

Mi Presencia y poder se harán sentir cual nunca los había manifestado. Después del caos, todo volverá a su cauce. Los hombres vendrán a buscarme y descubrirán que mi Palabra se adapta a todas las edades y culturas, porque es sabiduría eterna. El momento de reconciliación será también de Divino perdón para los hijos pródigos que regresan a la casa paterna. Yo no puedo daros sentencia mayor al peso de vuestras faltas, por lo cual nada debéis temer de Mí sino de vosotros. Todo el dolor que sufre la humanidad es obra suya; el espíritu va a despertar ante el resultado de su cosecha: él será su propio juez.

En la hora del juicio muchos me dirán: Señor, perdóname, tenía sobre mis ojos una venda de oscuridad. Yo les perdonaré y haré saber que en esta Era nadie ignora mi Ley y mi Doctrina. Todo el que toma el camino equivocado y se olvida de la luz que lleva en su conciencia, no imagina el juicio a que se hace merecedor.

Pero no confundáis justicia con venganza, ni restitución con castigo: mi Juicio es un acto de amor que os lleva a la luz, a la paz y a la felicidad. Yo sólo permito que recojáis los frutos de vuestra siembra y reconozcáis por su sabor si son buenos o nocivos, si sembrasteis bien o mal.

Todas las instituciones han sido profanadas por los hombres, mas ha llegado la hora en que sus obras sean juzgadas. Ese juicio es a Mí a quien corresponde hacerlo, a vosotros toca velar y cumplir mis Preceptos de amor y perdón.

Tenéis gobernantes en cuyo corazón no se alberga la rectitud ni la magnanimidad, porque van tras el ideal mezquino del poder y la riqueza. Hombres que se dicen representantes míos y no conocen el amor a sus semejantes y jueces que confunden la justicia con la venganza y utilizan la ley con fines perversos.

Los hombres del poder han olvidado que existe un dueño de todas las vidas y ellos las toman como si les perteneciesen; las multitudes claman pan y justicia y no son escuchadas.

A los que hoy llevan a sus pueblos al abismo, que siembran y propagan los vicios y han creado un reinado de injusticia, les daré por restitución combatir la maldad, destruir la perversidad y cortar de raíz el árbol del mal. Dentro de ese juicio estaréis muchos de vosotros que me escucháis, que perseguisteis a Elías, desconocisteis a Moisés, sacrificasteis a Jesús y disteis muerte a los profetas y apóstoles.

Encuentro enriquecido al que hurta y sorprende la buena fe de los demás; al tirano, ensalzado y rodeado de adulaciones; al que se ha manchado con la sangre de su hermano, absuelto, y a los que son víctimas de la crueldad humana, humillados y desconocidos. Yo permito a los que sembraron de espinos el camino de la vida, que vengan ahora a recogerlos. Estáis en el tiempo de la mayor purificación para el espíritu. Mi juicio ha sido abierto y si sus consecuencias son penosas para vosotros, no olvidéis que antes que Juez soy Padre que os amo y que la ternura de María, vuestra intercesora, os envuelve con su manto Divino.

¿Quién ha comprendido verdaderamente el origen y significado del dolor? El hombre no encuentra en la ciencia ni en las religiones respuestas satisfactorias a sus preguntas y ha tratado de buscar por sí mismo la verdad. Mucho tendrá que aprender todavía en este mundo. ¿Cuándo entenderéis que el dolor existe a causa de vuestro pecado y que es el hombre el que se sentencia y castiga? Ya llegaréis a comprender que la injusticia no existe en vuestro destino y entonces exclamaréis: Yo he sido injusto conmigo.

Hoy vengo a deciros: Aprovechad el sufrimiento, que es para vuestro espíritu una bendición. La vida es el maestro que modela y el dolor el cincel que perfecciona. Mas debo deciros que no sólo el dolor purifica. ¡Cuántos seres existen en mi Reino a quienes ha purificado el amor, sin haber experimentado el sufrimiento!

Aprended a bendecir vuestro dolor lo mismo que a vuestras alegrías. Dejad que vuestro espíritu esté conforme con su restitución. No olvidéis que por uno que sufra bendiciéndome, muchos alcanzarán clemencia. Bendecid con el espíritu, con el pensamiento y el corazón y vuestra influencia llegará a vuestros hermanos, aunque estén muy distantes.

En verdad os digo que os he dado más de lo que habéis merecido, porque soy vuestro Padre que os ama y perdona siempre. Buscad mi Amor y mi Sabiduría, antes que mi Justicia.

¿Teméis al dolor? Desechad el pecado, y el dolor nada podrá contra vosotros. Tendréis otras pruebas, pero ya no será el sufrimiento sólo por vosotros, sino comenzaréis a padecer por amor a los demás. ¡Cuántos han encontrado la salud en este camino, porque descubrieron a tiempo la raíz de sus males!

Alegraos de que vuestros sufrimientos sean temporales y desaparezcan pronto. El tiempo de expiación y purificación es pasajero para quien toma las pruebas con fortaleza y elevación. Estoy probando a vuestro espíritu en distintas formas. En esta tarea me sirvo de todo y de todos, lo mismo tomo como instrumento a un justo que a un malvado, todos sois mis siervos.

Ya lo sabéis: la hoja del árbol no su mueve sin mi Voluntad; lo mismo estoy en las grandes como en las pequeñas obras de la Creación.

Cuando sintáis que el dolor penetra en vuestro corazón, conversad con vuestro espíritu, examinad la pena y encontrad de dónde proviene; escuchad la voz de la conciencia y de esa meditación extraeréis un tesoro de luz y de paz. Ese conocimiento os servirá de experiencia y lección. Entonces comprenderéis el porqué de muchas pruebas.

Llevad vuestro dolor con paciencia, no desperdiciéis sus enseñanzas: él os purifica y borra vuestras manchas.

Meditad, sabed luchar, sufrir y esperar: amad siempre. Sed hombres de fe y buena voluntad y seréis grandes espíritus.

Todos llegaréis a Mí, unos primero, otros después, según sea el camino que cada quien haya elegido.

El ejemplo del Maestro en el Segundo Tiempo, transformó la vida de los hombres; su muerte y resurrección les abrió los ojos a la luz de la verdad. El culto a la Divinidad dio un gran paso hacia la perfección, porque mi Amor hizo que ellos tuvieran un nuevo concepto de la Justicia Divina. Como si un nuevo Dios hubiese aparecido delante de aquel pueblo, sus palabras y obras hicieron ver al mundo toda la verdad de mi Doctrina.

Ahora he venido en espíritu a deciros que ninguno se perderá, pero también os recuerdo que toda falta deberá ser borrada del Libro de la Vida. Si habéis caído en desobediencia, debéis levantaros por vuestro propio esfuerzo.

El mundo cristiano tomó como símbolo la cruz, porque Jesús, en aquel madero, consumó su obra de redención. Desde entonces la cruz simboliza el amor y el perdón Divinos y ha sido estandarte en la lucha de ideas entre la humanidad.

El hombre en su vida lleva una cruz a cuestas. Mi Palabra os enseña a soportarla con amor, a hacerla ligera y aun considerarla necesaria. Quien ama su cruz, ama su destino, porque sabe que ella lo sostiene, lo eleva y lo conduce a Mí.

El que es inconforme con el peso de su misión, no podrá tener tranquilidad en su corazón, mas los que llevan la cruz con paciencia no deben dejarla a la medianía del camino, porque sentirán que les hace falta.

Si en aquel tiempo vine a humanizarme para redimiros, ahora serán vuestros méritos los que os eleven a Mí.

Sois un pueblo que conoce el dolor y que tiene la misión de vencerlo, llevando su cruz con abnegación. Quiero que mi Paz se manifieste a través de vuestro espíritu, de vuestra mirada, de vuestra sonrisa. Estoy con vosotros para fortaleceros y protegeros contra el sufrimiento; cuando os sintáis iluminados y preparados, quiero veros consolando a los que sufren.

Todos tenéis una herida en el corazón. Sé de la fatiga de los que han luchado en la Tierra y cuya existencia es como una pesada carga. Sé del vacío de los que han quedado solos en el mundo: a todos vengo a dar compañía, tranquilidad y bálsamo en sus penas.

Cada corazón es una prueba viviente de mi Justicia y Sabiduría. A veces en un miserable se oculta el espíritu del que en otro tiempo llevó cetro y corona; en un presidiario, el que privó de libertad a un pueblo.

Toda vuestra existencia es una lección infinita de amor y justicia.

Si a los reyes les he quitado el cetro, es porque los quiero humildes: si reclamo los actos de los gobernantes, es porque deseo que siembren el amor, la paz y la rectitud en el corazón de los pueblos.

Os amo y os quiero perfectos. Todas las obras pasadas y aparentemente olvidadas por Mí, serán valorizadas, pero antes que juzgaros con rigor, os doy un tiempo propicio para vuestra elevación.

Vuestro deber es reparar hasta la última falta. Nadie, ni vuestro Padre Celestial, ni vuestros hermanos en la Tierra o en el Valle Espiritual, harán lo que sólo a vosotros os corresponde.

No toméis nunca como castigos las pruebas de vuestra vida, soportadlas con amor sabiendo que son lecciones y experiencias que ilustran y fortalecen al espíritu. Si mi Justicia se manifiesta en mayor grado cada día, es porque vuestra falta de armonía con la Ley es más grande también.

La fe y la humildad harán menos penosa vuestra jornada, pero si en las pruebas surgiere la rebeldía e incredulidad, el dolor se presentar á una y otra vez, hasta que aprendáis la lección. Yo sembré de bendiciones esta morada: la práctica de mis Leyes de Amor y Justicia, solamente os brinda paz y bienandanza.

El Espíritu Divino es Amor, en Él no cabe la ira. ¡Cuántas imperfecciones me habéis atribuido por falta de estudio! Si los profetas os hablaron de la “ira santa del Señor”, ahora os digo que aquella expresión debéis interpretarla como Justicia Divina. La ira es sólo una flaqueza humana.

Vengo a hablaros como Maestro, no como juez; en lugar de juicio quiero derramar consuelo y enseñanza entre vosotros.

Me presento como defensor y vengo a libraros de vuestro fardo de errores, a convenceros de que toméis el buen sendero, para que alcancéis la verdadera libertad del espíritu. No os confundáis sí un mismo Dios os juzga, ama y perdona; no os extrañe que del corazón del Padre surja el juicio más severo y, a la vez, la más dulce intercesión por sus hijos.

No debéis temer al juicio de la humanidad, sino al de vuestro Dios. Si vosotros cumplieseis con mi Ley, los jueces del mundo no serían necesarios, ni existiría el castigo injusto ni habría tribunales. Cada uno sabría encauzar sus propios actos y todos seríais guiados por Mí.

He aquí al Juez perfecto entre vosotros, manifestando su omnipotencia y sabiduría. Os estoy juzgando ciertamente, pero mi Amor y Mi perdón se manifiestan en cada uno de vosotros. Debéis reconocer que antes que todo soy Padre y he venido a salvaros.

Habéis llegado a comprender que el culto que debéis rendirme no consiste en sacrificar a la materia, sino en ofrecerme obras meritorias del espíritu. Vuestro espíritu ha sido dotado de fuerza y las pruebas que os envío no son mayores a la potestad y energía que poseéis. Tened paciencia en vuestra vida, no desesperéis en vuestras penas, porque no sabéis qué deudas de pasadas existencias estáis saldando ahora.

Éste es el tiempo que marca el final de la maldad y el principio del bien. ¿Quién de vosotros no desea la verdadera paz en el mundo? ¿Quién no anhela el reinado del amor y la virtud en el corazón de los hombres? Yo aliento en vosotros la esperanza de un cambio en vuestra vida. Cuando la humanidad esté preparada, mi Voz amorosa vibrará en toda conciencia y los hombres palparán mi Poder, mi Justicia y mi Sabiduría.

Mi juicio es Universal. Las obras de todas las criaturas son pesadas en este tiempo en mi Balanza. Al fin estáis presenciando el día del Señor.

Temíais su llegada, porque creíais que en el espíritu de Dios existía la ira y la venganza. Si el mundo solloza, no es que su Padre le haya dado ese fruto amargo, él sólo va recogiendo la cosecha de sus obras.

Mi Palabra revelada en este tiempo, hará que los hombres comprendan el verdadero sentido de la justicia y que en el futuro las leyes humanas estén basadas en mí Doctrina.

Cuando os detengáis para escuchar el juicio de vuestra conciencia, de cierto os digo que estaréis ante mi Presencia. Ese momento de quietud, de serenidad y luz, no llega al mismo tiempo a todos; unos penetran pronto en aquel examen de sí mismos, otros, tardarán en hacerlo.

No os avergüence llorar delante de Mí, varones, que las lágrimas no sólo son del niño o de la mujer. Bienaventurados los que lloran, porque mi mano enjugará su llanto y mi Palabra consolará su corazón. Ya sabéis que el arrepentimiento sincero lava las manchas, corrige vuestros errores y os da paz.

Estáis ya bajo mi Juicio. Debéis permanecer fuertes, porque la tempestad se ha desencadenado y las tentaciones os acechan. Dejad a Sodoma y Gomorra, ciudades pecadoras, y no volváis a ellas vuestro rostro: porque si ya os liberasteis, no debéis volver a caer en su seno, no sea que después no tengáis fuerzas para romper las cadenas de la tentación. Id sin deteneros en pos de la ciudad de la paz, que llegará a establecerse en vuestro corazón cuando el tiempo sea llegado.

La batalla final se está librando y es necesario que tengáis armas para combatir y escudo para defenderos. Este juicio no es como el mundo lo había imaginado, pero ya el hombre sabe que se encuentra dentro de él. Todo aquel que haya despertado, dé la voz de alerta y testifique mi Presencia entre la humanidad.

Estoy iluminando a los espíritus que tienen el destino de levantarse a testificar con sus obras mi Manifestación. Cuando ellos se encuentren reunidos en torno a mi Ley, la Tierra y los astros se conmoverán.

Yo soy la fuente del saber y os revelaré grandes misterios, para que cimentéis vuestro futuro en la ciencia del bien, en la justicia y en el amor.

Y cuando lleguéis al Más Allá y os presente el libro donde están anotadas todas vuestras obras, el espíritu se regocijará si la balanza de mi Justicia se inclina con el peso de vuestros méritos. Al final, os fundiréis con mi Espíritu Divino, de quien habéis brotado y al que tenéis que retornar limpios y puros. Mirad cuán dulce es la Palabra de vuestro Juez; en vez de sentencia os brindo mi Perdón.

¡Mi paz sea con vosotros!

La Ley

LA LEY

En todas las Eras me he manifestado a vosotros para daros a conocer mis mandamientos. Ley, amor, sabiduría: he ahí las tres fases en las cuales me he mostrado al hombre para que llegue a poseer plena firmeza en su camino de evolución y un completo conocimiento de su Creador. Esas tres fases son distintas entre sí, pero todas proceden de un mismo principio y en su conjunto son la perfección absoluta.

En ninguna Era ha carecido el hombre del conocimiento de mi Ley; jamás le ha faltado un destello en el espíritu, una intuición en su mente o un presentimiento en su corazón.

La Ley espiritual que os sirve de norma y de guía, es la misma que os fue revelada en el monte Sinaí. El pan espiritual que os sustenta, está contenido en la palabra que os di por conducto de Jesús. Y en este tiempo he hecho descender, desde el infinito, la inspiración, para que no os desviéis nunca más del sendero de la verdad.

De lección en lección he llevado a la humanidad a la comprensión de que la Ley se resume en un solo mandamiento: Amad. De esa Ley brotan todas las demás. Si queréis saber si estáis cumpliendo mis Mandatos, preguntaos si vais recogiendo en el mundo una cosecha de amor.

Cuando os digo amad, ¿sabéis qué es lo que quiero expresaros? Amad la verdad, el bien, la belleza, la justicia; amad la vida verdadera: la vida espiritual.

Yo os he enseñado: Amarás a Dios más que a tus padres y a tus hijos, de todo corazón y espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo. Y os dije también: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os aborrecen y orad por los que os ultrajan y persiguen, para que seáis reconocidos como hijos de vuestro Padre. Si así lo hiciereis, sentiréis la paz en vuestro corazón, vuestras penas serán leves y los elementos, clementes con vosotros.

Ésta es Ley espiritual, eterna; ella no sufrirá cambio alguno. Sólo lo humano cambia y se transforma, lo Divino es inmutable.

La Enseñanza que es estoy entregando, contiene la misma esencia que inspiré a Moisés y que os confirmé a través de Jesús. Mi Palabra de justicia es fuerza que levanta al débil, al tímido, al cobarde, y lo convierte en valeroso, decidido y ferviente; es ley que guía y conduce por la senda de la verdad: maná que sustenta y, también, paz y bienandanza para los hombres de buena voluntad.

Mi Ley no esclaviza, mi Palabra libera. El que en Mí cree y me sigue, no es esclavo de las pasiones terrestres, deja de ser del mundo y se convierte en dueño de sí mismo, vence las tentaciones y el mundo queda a sus pies.

El camino recto está trazado con luz, amor y virtud, es el camino de la Ley. Los senderos torcidos retardan más la jornada, pero al final todos llegaréis a Mí.

El hombre terminará reconociendo que su espíritu está sujeto a evolución, llegará a presentir su grado de adelanto o retraso y a buscar la forma de lograr su verdadero progreso, comprenderá que no debe concretarse a vivir para él ni darle importancia solamente a la vida material.

Entonces volverá sus ojos a mi Ley y, a través de ella, llegará al conocimiento de la Doctrina que en este tiempo os he esclarecido y comprenderá que ella es Universal.

Nada hay contradictorio en la Ley del Padre, sencilla por sabia y sabia por estar saturada de amor. Amar fue el fin para el que fuisteis creados.

Amar a vuestro Padre y en Él, a todos vuestros hermanos: he ahí la Ley. Mi palabra es el camino. Siempre os he enseñado a vivir dentro del bien y la justicia.

Si desde los primeros tiempos hubieseis sido sumisos y obedientes a mis Mandatos, todas mis Revelaciones y Lecciones os hubiesen llegado a través de la conciencia. Pero cuando vi a la humanidad cautiva de las pasiones y de la ambición de los bienes del mundo, sorda a mi Voz y ciega para seguir la luz espiritual, que siempre alumbra su camino, tuve que dejarles mi Ley en el Primer Tiempo.

Os envié a Abraham, ejemplo de obediencia y fe, a un Isaac virtuoso y a un Jacob fiel y lleno de fortaleza. Del tronco de esa generación que supo conservar la intuición de un Dios de justicia y de bondad, formé al pueblo de Israel. De su seno hice surgir un varón fuerte de espíritu, para entregar por su conducto la Ley a los hombres. El varón fue Moisés, libertador y legislador, quien con fe inquebrantable y gran amor al Señor y a su pueblo, condujo a las muchedumbres a una tierra propicia para construir un santuario y elevar un culto grato al Dios viviente e invisible.

En Moisés contempló la humanidad un reflejo de mi Majestad, vio en él justicia, rectitud, fortaleza inquebrantable; fe, obediencia y caridad.

Aquel enviado fue como una estrella en el desierto, como un índice que guía; fue pan, cuando el hambre se dejó sentir y agua que calmó la sed; fue amable compañía en la soledad de los desiertos y conductor del pueblo hasta las puertas mismas de LA TIERRA PROMETIDA.

¿Creéis acaso que cuando aquella revelación fue llevada a otros países, a tierras de gentiles y paganos, fue creída por todos? No. Muchos no concebían que aquella Ley fuese Divina: pero cuando manifestó su esencia espiritual y su justicia, los grandes incrédulos la aceptaron.

Hubo épocas en que el pueblo de Dios supo interpretar espiritualmente todo cuanto pasaba a su alrededor, porque vivía dentro de la Ley, me amaba y hacía una vida sencilla y virtuosa; las fibras de su corazón eran sensibles, como lo era su espíritu. Aquel pueblo vivía en continua comunicación espiritual con su Señor. Escuchaba la voz humanizada de su Creador, sabía recibir mensajes del mundo espiritual, de los seres iluminados a quienes llamaba ángeles; y en el reposo de la noche, en la paz de su corazón y por medio del don de los sueños, recibía mensajes, avisos y profecías, a los cuales daba crédito y obediencia.

Los patriarcas y los justos de aquellos tiempos os enseñaron, con su ejemplo, a ser felices en la Tierra gozando de los bienes naturales y cumpliendo con la Ley espiritual. Dios no sólo estaba en sus bocas, sino se albergaba en su corazón; la Ley no era para ellos nada más un escrito, sino algo viviente; era natural que su existencia estuviera llena de prodigios.

Por esa Ley encontró su salvación aquel pueblo, alcanzó complacencias y dicha sobre la Tierra y esperanza en el Más Allá. Pero llegó el día de la adulteración y de la familiarización con mis Mandamientos y nuevamente el mal cundió, hasta llegar a pesar más que el bien. ¡Cuántas pruebas atravesó aquel pueblo por su desobediencia! Cuando aquellos preceptos comenzaron a torcerse y se crearon nuevos caminos dentro del mío, hube de venir como Mesías hecho hombre, para enderezar las sendas y comunicarlas con el camino de verdad, para atraer a los hombres a la sabiduría y al bien e invitarlos al camino de la justicia y del amor. Mi Doctrina vino a unir entonces a todos los pueblos en una sola Ley.

Ciertamente Yo combatí las tradiciones de aquel pueblo, porque era el principio de un nuevo tiempo en que el hombre debía recibir enseñanzas más elevadas. Pero nadie podrá decir que Jesús desconoció la Ley de Moisés, porque con su sacrificio y ejemplo os enseñó a darle cumplimiento.

Jamás fue tan clara la Ley de Dios como en los labios de Jesús. Por eso el mundo se conmovió hasta sus raíces y se entregó a su Enseñanza. Era la segunda parte del gran libro de mi Sabiduría en que os enseñé una forma de vivir más elevada; se abría una nueva Era de luz que transformaría la vida de la humanidad.

Yo vine a enseñaros el verdadero cumplimiento de la Ley, para que convirtieseis este mundo en un gran templo donde vuestra vida fuese una constante ofrenda de amor a su Padre.

En el amor a Dios y a vuestros semejantes, resumí toda la Ley.

Ahora quiero veros caminar celosamente dentro de mis Mandatos, libres de errores, para que dejéis a vuestros descendientes una buena simiente, un ejemplo claro, un sendero luminoso.

Si decís en la Tierra que con mi Ley y mi Doctrina os he traído religiones, os digo que ante Mí sólo existe un culto que es el del amor: el que presentáis al Autor de la Vida, a vuestros hermanos y a todo lo creado. Las religiones se transforman según el desarrollo moral y espiritual de quienes las profesan, pero la Ley es eterna e inmutable.

La Divina máxima de amaros unos a otros, será la Ley que una a los hombres, que les ilumine para que se amparen, se ayuden y reconozcan, sin diferencia de razas o credos.

Todo lo que existe vive dentro de una Ley y el que la desobedece se ve juzgado por ella para que reconozca su error.

No os culparé ni os reclamaré de lo que hicisteis cuando dabais vuestros primeros pasos entre la niebla de la ignorancia, mas ahora que tenéis conocimiento pleno de lo que es mi Ley, si persistís en desconocerla, me manifestaré inexorable en vuestra conciencia. Cuando cumpláis con sus preceptos, viviréis en un mundo de paz y llegaréis a ser como una sola familia, regida por el amor, el respeto y la justicia.

La existencia del hombre, separada de la Ley de Dios, es vacía y sin cimientos firmes. Reconoced que una sola es la verdad, una sola la Doctrina y una sola la voz que os ha hablado en todos los tiempos. Esa voz única, eterna, que a través de diversas expresiones os ha manifestado mis Mandamientos, os muestra el camino en el que encontraréis la salud, la felicidad y la vida eterna.

Por eso vengo a recordaros la Ley, la que no puede ser borrada de vuestra conciencia, ni olvidada por vuestro corazón, ni discutida, porque fue dictada por la Mente Universal.

En este tiempo, a imitación de Moisés, atravesáis el desierto de la vida humana. Yo os invito a subir al monte de vuestra elevación para que recibáis nuevamente mi Voz en vuestra conciencia; después comenzaréis a mirar la “Tierra prometida” que se encuentra en la perfección del espíritu.

Mi manifestación en este tiempo, es una nueva invitación a que toméis el camino de la Ley. Hoy puedo deciros nuevamente: No vengo a abolir la Ley sino a darle cumplimiento.

No os estacionéis en vuestra forma de amarme y rendirme culto. No seáis conservadores de hábitos, formas o tradiciones. Buscad siempre vuestro perfeccionamiento. Pero no toquéis la Ley, no la alteréis ni la cambiéis: ella siempre os encaminará a la perfección; venid a Mí por el camino de la fraternidad.

Debéis comprender que no vengo a complicar vuestra vida con mi Palabra, sino a simplificarla. Mi Ley no ata al cuerpo ni al espíritu. Para agradarme, no es menester que os olvidéis de los bienes del mundo ni de vuestros deberes, porque mientras estéis en materia, debéis satisfacer las necesidades humanas; lo que vengo a enseñaros es a tomarlo todo dentro de la Ley, en beneficio de vuestro espíritu, a comprender que el camino de la felicidad no es una fantasía sino una realidad y la forma de transitar por él es hacer obras lícitas; lo que el espíritu cultive, eso será lo que recoja: ésa es la Ley y la Justicia.

El tiempo del despertar del espíritu ha llegado y quiero que os acerquéis a la ciudad bendita, “la Nueva Jerusalén” que os he prometido.

Tened fe en mi Palabra y haréis maravillas. Esta luz despertará de su sueño a la humanidad.

Poned en práctica mi Ley; no existen obstáculos que os impidan su cumplimiento. No vengo a pediros obras perfectas, porque aún os contemplo débiles, pero si perseveráis, todos llegaréis a Mí.

Éste es el tiempo en el que he venido a fundir en una sola Ley los mandamientos de Moisés, la doctrina de amor de Jesús y la enseñanza espiritual que os estoy revelando como un faro luminoso, como una barca salvadora.

Mi Palabra siempre os aconseja el bien y la virtud: Que no habléis mal de vuestros hermanos ni causéis su deshonra; que no menospreciéis a los que sufren enfermedades contagiosas; que no protejáis las guerras y la división, ni tengáis ocupación vergonzosa que quebrante la moralidad y proteja los vicios; que no maldigáis nada de lo creado, ni toméis lo ajeno sin permiso del dueño, ni propaguéis supersticiones. Que visitéis a los enfermos, perdonéis a los que os ofenden, protejáis la virtud, deis buenos ejemplos y me estaréis amando y al mismo tiempo amando a vuestros hermanos.

No sólo con hablar de mi Doctrina estaréis cumpliendo la Ley, sino poniéndola en práctica. Tampoco será suficiente que seáis los grandes analizadores de mi Obra para nombraros mis apóstoles, porque más grande será el humilde que no sabiendo expresar mi Palabra, practique el amor y la caridad entre sus hermanos.

Muchos gustáis de aprender de memoria los preceptos de la Ley y los nombres de las virtudes espirituales, mas Yo os digo: es menester que todo lo sintáis. Saber no es sentir. El que quiera poseer mi Verdad, debe sentirla en lo más profundo de su corazón. Yo os digo que ni elevación ni sabiduría tendrá, ni hará grandes obras, quien no ame con toda la potencia de su espíritu.

La Doctrina que vengo a revelaros y a la que dais el nombre de espiritualismo, es la esencia de la Ley que os entregué en los tiempos pasados, su práctica cambiará la faz del mundo y transformará la vida de los hombres materializados.

Cuando la humanidad comprenda la verdad de esta Enseñanza, su Justicia y los infinitos conocimientos que revela, desechará de su corazón todo temor, todo prejuicio y la tomará como norma de su vida.

Ésta es mi Doctrina que os enseña la forma más práctica y sencilla de dar cumplimiento a la Ley. Comprended que son vuestra ignorancia y pequeñez las que os hacen mirar complicado lo que es simple, y misterioso lo que es diáfano.

Hoy me acerco nuevamente a vosotros para borrar formas, ritos y tradiciones, para que os concretéis al cumplimiento de la Ley y no hagáis ya lo que en los tiempos pasados: entregaros a las tradiciones y festines y olvidaros de la Ley.

Os digo en verdad que no debéis aferraros a lo que os fue revelado en los tiempos pasados, como si fuera la última palabra de mi Doctrina.

Yo me he acercado nuevamente a los hombres a darles mi Enseñanza y puedo deciros que mi última palabra no está dicha. Buscad siempre en mi Libro de sabiduría la nueva página: cada revelación confirma la anterior y todas coinciden entre sí.

¿Queréis un modelo perfecto para llegara Mí? Imitad a Cristo, amadme en Él, venid a Mí por su Divina huella; mas no me améis en su forma corpórea o en su imagen, ni cambiéis por ritos o formas sus Enseñanzas. Amadme en Cristo, en su Espíritu, en su Doctrina, y estaréis cumpliendo con la Ley eterna, porque en ella están resumidos la justicia, el amor y la sabiduría, que siempre he manifestado a la humanidad.

Cuando comprendáis que habéis venido a este mundo a recoger experiencias de vidas pasadas y a poner en práctica la Ley de amor y caridad, comprenderéis la armonía que existe en todo lo creado. Esa Ley no pertenece sólo al espíritu. Meditad sobre la vida que os rodea compuesta de elementos y organismos en número infinito y llegaréis a comprender que cada cuerpo, cada ser, marcha por el camino que le he trazado, guiado por una fuerza en apariencia extraña y misteriosa: esa fuerza es el Amor del Padre, que da vida a cada una de sus criaturas.

Además de mis Preceptos para el espíritu, la vida humana tiene leyes que debéis cumplir para estar en armonía con ella; la naturaleza también exige de vosotros su tributo. Dad a cada ley el cumplimiento que corresponda y me estaréis glorificando.

Cumplid con la Ley aun cuando tengáis que sacrificar vuestro corazón o cambiar las costumbres establecidas en este mundo.

Vengo a limpiar este planeta de su maldad, para que surja una nueva humanidad la cual sabrá dar cumplimiento a mi Ley. Se amarán unos a otros, comerán el fruto del Árbol de la Vida, calmarán la sed de su espíritu en la fuente de la gracia y mi Espíritu Santo los iluminará como el astro rey. Entonces el género humano me alabará y bendecirá.

Aún os falta un breve tiempo para comprender muchas de mis Lecciones. Apartad vuestros titubeos, fortaleced vuestros propósitos y levantaos sobre las bases firmes que os señala mi Ley. No os olvidéis que os he enseñado a simplificar prácticas, culto y creencias, apartándoos de toda rutina.

El cumplimiento de mi Ley no es un sacrificio. Practicar el amor y la caridad no significa dolor, sino alegría y vida para el espíritu. Quien cumple mis Mandatos, encuentra la verdadera felicidad, la paz, la sabiduría y la grandeza espiritual.

Mi Obra irá creciendo hasta que al fin todos los espíritus se unifiquen en mi Enseñanza y esta morada se convierta en un mundo de perfección. Mientras la humanidad no edifique su futuro sobre los cimientos firmes de mi Ley, no podrá tener paz ni luz en su espíritu.

Ya os he dicho que no seréis únicamente vosotros los que en este tiempo recibáis la iluminación de mi Espíritu sino toda la humanidad, pues llegará el instante en que, reunidos todos los mensajes recibidos bajo diferentes formas, constituyan una sola fuerza espiritual en este mundo: la herencia de la gran verdad.

Mis mandamientos no se impondrán por la fuerza, el hombre los aceptará como una invitación al bien. Mi voz en este día es de amor y de justicia, la misma que escuchasteis en el Sinaí. Hoy, como en aquel día, contemplo la incredulidad de muchos.

La lucha de mis discípulos de esta Era para lograr que se establezca mi Ley, será mayor que nunca y para que llegue a reinar en el mundo la espiritualidad, de la cual proviene toda justicia, antes habrán de beber los hombres el cáliz de amargura.

Entonces quedará destruido para siempre el becerro de oro, abolidos los sacrificios inútiles, no serán ya objeto de lucro los bienes espirituales y el hombre, ya alcanzada la evolución plena de su espíritu, sabrá valorizar los dones y atributos con que le he agraciado desde su formación.

Es estrecho el sendero, eso ha mucho lo sabéis. Nadie ignora que mi Ley y mi Enseñanza son estrictas y limpias para que alguien pensara en reformarlas a su conveniencia y voluntad.

El camino espacioso y la puerta amplia no serán los que lleven a vuestro espíritu a la luz, a la paz y a la perfección. El camino amplio, del libertinaje y la desobediencia, es el que los hombres egoístas siguen, buscando huir de su responsabilidad espiritual y del juicio de su conciencia.

Os confío un gran cargo y espero vuestra comprensión: basad todos vuestros actos en la Ley, que es rígida y estricta y así, preparados, caminad con seguridad y firmeza. Sentid temor de infringir mis Mandamientos, de no obrar conscientemente, mas también tened confianza porque Yo soy guía y sostén en la senda de cada uno de vosotros.

Sed celosos siempre de mi Enseñanza. Mi Ley y mi Palabra jamás se contradicen: en lo Divino todo es orden, armonía y perfección.

La Ley es inmutable; el hombre es el que pasa, con sus culturas, civilizaciones y leyes, quedando de todo ello solo lo que el espíritu ha construido con obras de amor y caridad. Después de cada jornada, de cada prueba, al interrogar a Padre, contemplará la piedra inconmovible de mi Ley y el libro siempre abierto que contiene la Doctrina del Espíritu.

Pero escuchad: La parte exterior de la revelación del Padre en el Sinaí, fue la piedra que sirvió como medio para que en ella se grabara la Divina Ley. Lo exterior en la comunicación con los hombres a través de Jesús, fue la forma humana de Cristo, y en este tiempo, la parte exterior de la comunicación ha sido el portavoz, por lo que esta forma, como la de los tiempos pasados, tendrá su fin.

Mi Doctrina y mi Ley son una preparación para que penetréis en la vida espiritual.

Vigilad vuestras obras y vivid en oración y preparación, para que seáis fuertes ante las tentaciones. En el principio vuestros pasos serán vacilantes como los de un niño que empieza a caminar, pero después os iréis fortaleciendo, adquiriendo conocimientos hasta alcanzar el desarrollo de los dones, cuyo valor es inapreciable. Id paso a paso por el camino que os he trazado. La lucha es incesante. A veces beberéis cálices amargos, mas también recogeréis grandes satisfacciones al experimentar en vuestro espíritu la paz de vuestro Señor.

Han pasado muchos milenios sobre el hombre en la Tierra y aún no ha sabido ser feliz en ella, ¿por qué? Porque no ha querido encontrar esa felicidad en el sendero verdadero.

A todos os digo: Quiero que comprendáis esta gran verdad: Ni Dios ni la naturaleza tienen misterios para el hombre. Es la flaqueza y la debilidad ante las lecciones divinas, lo que ha incapacitado al hombre para practicar mi Ley y poder penetrar en mi Arcano.

La Ley os encamina al perfeccionamiento. ¿De qué os sirve decir que creéis en Mí si vuestros pensamientos y obras revelan todo lo contrario?

Día llegará en que os heredaré mi Gloria para que veáis que soy el Padre que está en vosotros y que vosotros estáis en Mí, y a esta alianza la llamaré la alianza de la paz. Entonces se cumplirá la Ley, me reconoceréis como único Señor, no habrá distinción entre vosotros, porque todos os amaréis como un solo hombre, como un solo ser. Y si queréis, si vosotros hacéis el esfuerzo, si deseáis ser los verdaderos trabajadores de mi campiña, hoy mismo podremos establecer esa alianza de paz. No creáis que para ello debéis dejar este planeta, no, lo que necesitáis es voluntad y amor al Padre.

La mesa está puesta, os invito a sentaros; venid y tomad vuestros lugares, dejadme conduciros y serviros. Tomad conmigo el pan de la verdad, alumbraos con la antorcha del amor; dejad caer la venda que cubre vuestros ojos, romped los lazos de las pasiones y permitid que mi Luz os ilumine.

El escudo invisible de mi Ley os protegerá contra las asechanzas y los peligros; llevaréis en vuestras palabras una espada invisible de amor para vencer a los adversarios; un faro de luz alumbrará la ruta en medio de las tormentas; un prodigio constante estará a vuestro alcance siempre que necesitéis de él.

Venid conmigo, Yo os invito; saturaos de bendiciones; entregadme vuestras penas y tristezas, y sentidme, que Yo estoy siempre con vosotros.

¡Mi paz sea con vosotros!

El bien y el mal

EL BIEN Y EL MAL

En el hombre hay dos fuerzas que siempre han estado en lucha: su naturaleza humana y su condición espiritual que es eterna.

Desde el principio de los tiempos existieron dos caminos para que el espíritu decidiera tomar uno de ellos: el del bien y la virtud o el del mal.

En esa lucha el espíritu alcanzaría conocimiento, experiencia y méritos.

Yo preparé al espíritu y a la materia con sabiduría y perfección para que formaran un solo ser capacitado para llegar al final de su gran destino. Os he legado un espíritu fuerte y combativo que ha de luchar hasta el fin.

Vengo a enseñaros a que hagáis uso de la razón y la voluntad para que el amor florezca en vuestro corazón y sea vuestro guía; os estoy transformando para que volváis al estado de sencillez que poseíais al principio, al camino verdadero que os señala los medios para evitar el dolor.

El tiempo del despertar del espíritu ha llegado y he venido a llamar a la humanidad, para que se haga digna de retornar a Mí.

Todo ser humano conoce desde sus primeros pasos en la Tierra lo que le beneficia y descubre aquello que lo daña, mas no siempre es firme en mantenerse dentro de mis Mandatos y se deja vencer en la lucha.

El mal es el conjunto de todas las faltas humanas, los vicios y la ignorancia y ha imperado en todos los tiempos sobre los hombres. Es mi Voluntad que ahora ellos mismos destruyan su fuerza. Ese poder caerá al fin, su influencia será rechazada, sus voces serán desoídas y sus provocaciones ya no serán atendidas. El espíritu se emancipará y levantará sobre el mal, la materia se doblegará al fin y las pasiones serán contenidas.

La experiencia, adquirida con mi Luz, llevará a los hombres a la serenidad como fruto de su elevación espiritual y ésa será la tierra fértil donde descenderá mi Simiente.

Para conquistar la gloria tenéis dos caminos a seguir por voluntad propia: el del amor o el del dolor. Yo seré vuestro cirineo en cualquier sendero que elijáis. Esos caminos son los mismos que conocéis desde el principio de vuestra vida en la Tierra: uno estrecho pero lleno de luz, el otro que os ofrece falsos placeres y está sembrado de espinos. Vosotros queréis transitar por el camino estrecho que es el de la virtud, sin abandonar el otro que os lleva al abismo, y esto no es posible.

A los dóciles de espíritu y materia, les basta el amor para dejarse guiar hacia el buen camino, pero a los que se rebelan y alimentan la soberbia, les es necesario el dolor para que éste los lleve a la moderación y al orden.

Yo reinaré entonces en vuestro corazón y os inspiraré desde el infinito. Las diferencias de raza comenzarán a desaparecer, los obstáculos que os parecían insuperables serán al fin vencidos por la razón. En ese tiempo habrá equidad y buen juicio en las obras humanas y cada hombre vivirá en vigilia para que no se trastorne más la paz en el mundo.

He permitido que existan el bien y el mal, para que el hombre, por amor a Mí y por respeto a sí mismo, venza las tentaciones y se aparte de lo que es perjudicial. Si hubiese un solo camino y vosotros, inconscientemente, llevados por la fuerza de las leyes naturales, cumplieseis vuestra misión como lo hacen los astros, los elementos y los seres inferiores, no tendríais ningún mérito en tomar el camino del bien; no habría lucha, alicientes ni experiencias en vuestro espíritu.

El mal lo ha creado la flaqueza y debilidad del espíritu y la materia. Yo he permitido que sea puesta a prueba vuestra virtud y que el dolor sea como un crisol, en el que aprendáis a ser fuertes y perseverantes en la práctica de mi Ley. No os baste no hacer el mal, debéis hacer el bien, para ser dignos de Mí.

El bien no puede mezclarse con ningún sentimiento impuro. El bien es verdad y amor, es comprensión y caridad; siempre es definido y preciso, no admite variaciones. Conocedlo para que no os equivoquéis.

Cada uno de los hombres podrá ir por diversos caminos, pero si todos coinciden en el bien, llegarán a identificarse y unirse entre sí para llegar a Mí.

La meta que la humanidad debe perseguir es la espiritualidad; a través de ella llegará a distinguir el bien del mal. Cuando logre la verdadera elevación espiritual, sabrá escuchar e interpretar debidamente la voz interior, profunda y sabia de la conciencia y, a través de ella, descubrirá que sus errores son el origen de sus aflicciones.

La lucha que las fuerzas del mal han sostenido en contra del bien, os ha parecido interminable, pero ante la eternidad, será como un instante y las faltas cometidas durante el tiempo de imperfección del espíritu, quedarán como una débil mancha que vuestra virtud y mi Amorosa Justicia, se encargarán de borrar para siempre.

He venido a rescatar esa parte de mi Espíritu que está en vosotros y me pertenece. Vengo a declarar la guerra, pero no a la humanidad sino al pecado, al mal, y en esa lucha, debéis permanecer fuertes y usar vuestra prudencia y buen juicio.

Esta Tierra profanada por crímenes y mancillada por la ambición y el odio, tendrá que recobrar su pureza. Este mundo que ha sido escenario de una lucha incesante entre el bien y el mal, mañana será un hogar de paz, fraternidad, comprensión y nobles anhelos: un refugio para los hijos de Dios. Para alcanzar ese ideal, es necesario que los hombres pasen por diferentes pruebas que les hagan despertar de su letargo espiritual.

¿Acaso hay seguridad y paz en algún pueblo de la Tierra o en algún hombre? ¿Por ventura los humanos han puesto su confianza en el triunfo del bien y la justicia? ¿Tienen los hombres un camino seguro para salvarse moral, espiritual y físicamente de la destrucción que amenaza a la humanidad? No, pueblo, los hombres no saben a dónde van ni qué es lo que quieren. El odio, el temor de los unos a los otros, la ambición, el sentirse superiores a los demás, las bajas pasiones, han conducido a la humanidad a un sendero de errores en el que todo es presagio de acontecimientos funestos. Sin embargo, he perdonado sus faltas después de demostrarles que van por un camino equivocado. Yo respeto su libre albedrío, pero mi Justicia hará que recojan el fruto de lo que van sembrando.

Y cuando parezca que todo ha terminado para el hombre y la muerte sea la que haya vencido o el mal el que haya triunfado, de las tinieblas surgirán seres de luz, de la muerte resucitarán a la verdadera vida, y del abismo del mal se levantarán a practicar mi Ley.

En este tiempo, mientras la humanidad llora y se purifica, vosotros estáis siendo preparados por mi Palabra para llevar consuelo y paz a los corazones.

Cuando se unan en oración todos los que sufren, viendo el caos en que se precipita la humanidad, Yo les confiaré mi espada invencible para que corten rama tras rama del árbol del mal, que tantos frutos de muerte ha dado a la humanidad y conviertan ese dolor en gozo y paz.

¿Queréis dejar de sufrir, humanidad? Amad, haced el bien a vuestro paso, reconstruid vuestra vida. ¿Queréis ser grandes y felices? Perdonad siempre. ¿Queréis llorar, deseáis que la amargura os invada, queréis guerras y desolación? Continuad como estáis viviendo, dejad que en vuestra vida se siga enseñoreando el egoísmo, la hipocresía, la vanidad, la idolatría y el materialismo.

Preparaos, porque entre todos tendréis que cuidar lo que os he confiado. Os estoy dando la oportunidad de lavar vuestras manchas por medio de la práctica del amor, en vez de hacerlo por el dolor.

Comprended que si queréis dominar vuestras pasiones y rechazar la atracción que la maldad del mundo ejerce sobre vosotros, en mi Palabra podéis encontrar la luz y la fuerza para hacerlo.

El mal se interpondrá con insistencia a vuestro paso, pero recordaréis a vuestro Maestro venciendo al mundo, al dolor y a la muerte, para que, imitándolo, salgáis victoriosos de la prueba. Buscad en la conciencia vuestra espada para luchar, ahí encontraréis siempre dispuesta el arma infalible: el amor.

En mis Lecciones desciendo de la enseñanza espiritual al consejo, para que os conduzcáis con rectitud dentro de la vida humana. Estoy hablando al corazón del hombre, exhortándolo a la regeneración, haciéndole comprender el daño que causan al cuerpo y al espíritu los vicios, las pasiones. Discípulos: No os familiaricéis con la perversidad, combatidla sin hacer alarde de pureza, tampoco os escandalicéis ante las faltas de vuestros hermanos. Sed discretos, atinados y oportunos en el hablar y firmes en vuestros pensamientos y obras, y el mundo os oirá y prestará atención a vuestras palabras. ¿Será menester que os diga nuevamente que antes de que entreguéis esta Doctrina, tenéis que vivirla?

Concluid entendiendo que el combate final no será de hermanos contra hermanos, sino del bien contra el mal. Yo pondré mi espada de luz en la diestra del hombre, para que se venza a sí mismo y llegue a poseer la Tierra de promisión. Esta nueva Tierra la encontraréis dentro de vuestro espíritu, en medio de la paz. Contemplaréis la transformación de vuestro mundo, antes incierto, hostil y miserable, en una Tierra pródiga y acogedora. Viviréis una existencia en la que habrá espiritualidad, justicia y amor; esto os traerá progreso como resultado de haberos alimentado del verdadero saber. La vida humana será más elevada y al manifestarse mi Espíritu entre los hombres preparados, vendrá un tiempo de revelaciones en todos los órdenes y se verán cumplidos los prodigios y maravillas que os han sido profetizados.

Yo acudo presuroso al escuchar vuestras voces de auxilio cuando lucháis en el mundo como náufragos, a semejanza de aquellos momentos en que, acompañado de mis discípulos, navegaba en el mar de Galilea y las olas encrespadas amenazaban hundir la barca.

La barca salvadora en este tiempo es mi Obra, el mar es la vida, la tempestad son las pasiones, las vicisitudes, las pruebas; vuestro sostén, la fe. ¡Bienaventurado el que se encuentre dentro de esta barca cuando los vientos huracanados se desaten, porque él será salvo!

La semilla del mal, dispersa por toda la Tierra, está fructificando como nunca, mas he de deciros que la buena simiente también está surgiendo por diferentes puntos del planeta.

Os habéis familiarizado en tal forma con la maldad, que aun a los hombres que inventan las armas destructoras los llamáis grandes, porque en un instante pueden segar millares de vidas. Y aún les llamáis sabios. ¿En dónde está vuestra razón? Grande sólo se puede ser por el espíritu ennoblecido, y sabio es el que va por el camino de la verdad.

No os pido obras perfectas porque vivís en el mundo, pero os aseguro que de vuestro corazón surgirán las virtudes, ese prodigio lo hará mi Palabra. Los dones que hay en vuestro espíritu, que en otro tiempo florecieron en los justos y profetas, aparecerán ahora en los grandes pecadores y por esa labor se salvará la humanidad.

Si a los que predican mi Palabra les parece imposible contener el avance del pecado, el desbordamiento del odio y las pasiones, para vuestro Señor no lo es, ni tampoco el retorno de los hombres al bien y a la justicia. Velad y orad, para que las influencias del mal, en las que vibran los malos pensamientos y se agitan los espíritus turbados, no empañen la luz que he hecho llegar a vuestro entendimiento.

Éste es el tiempo en que mi Justicia y mi Luz han aclarado lo que se hallaba envuelto en confusión y errores. Tiempo difícil y de peligros, porque hasta los seres que habitan en la oscuridad se harán pasar por espíritus de luz entre vosotros para haceros caer en error. Yo os doy mi Palabra para que no os desviéis del camino ni os dejéis engañar.

Los tentadores no son solamente seres invisibles, también los tenéis encarnados en hombres que os hablan de doctrinas de aparente luz, pero que van en contra de mi Enseñanza. A ésos, no les escuchéis. Mi Palabra se distingue por su elevación, su esencia y sabor Divino. El árbol por su fruto es reconocido; quien conoce el sabor de mi Palabra, no se equivocará.

Cuando vea a mi pueblo preparado, le haré reconocer que es la hora en que deberá levantarse a la lucha de la luz contra la tiniebla. Si fueseis desconocidos por esa causa, pensad que no es la primera vez que el hombre repudia mi Semilla: desde los primeros tiempos ha cortado ramas del árbol de la vida para plantarlas según su voluntad, desconociendo después cuál fue su origen. Quiero que sepáis que en esencia ese árbol soy Yo.

Esa lucha de que os hablo, también la podéis encontrar en el Valle Espiritual: en él hay grandes batallas y su influencia llega hasta vosotros. No permitáis que el Mundo Espiritual que os ha venido protegiendo, sea reemplazado por seres de escasa luz.

Os he hablado de las fuerzas del mal y, ¿acaso he hecho mención de algún espíritu que las represente? ¿Lo he nombrado por ventura? No, me decís. Mas debo aclararos, que no existe espíritu alguno que sea el origen del mal.

Las antiguas creencias, formas y nombres simbólicos con que los hombres representaron el mal, dándole forma humana y concediéndole existencia espiritual, deben desaparecer, porque sin daros cuenta habéis creado con ellos mitos y cultos supersticiosos, indignos de la evolución espiritual que el hombre debe alcanzar en este tiempo.

Os he dicho que el mal surgió en el hombre por sus debilidades, y que a medida que fue creciendo en número la humanidad, la influencia del mal fue aumentando. Esa fuerza, formada por pensamientos, ideas y sentimientos, comenzó a hacerse sentir en los hombres y éstos llegaron a creer que se trataba de un espíritu que representaba el mal y que influía en ellos.

Ya empezáis a reconocer que ese ser a quien llamáis demonio, no es sino la flaqueza de vuestra carne, la sed de deleites insanos de la materia, el orgullo, la vanidad y todo aquello que mueve a la maldad.

Yo no he venido a infundiros temor, sino a inspiraros amor. Os he enseñado que no os castigo, sólo dejo que recojáis los frutos de vuestra siembra; sí son dulces, serán vuestra felicidad y salvación, si son amargos, os despertarán al arrepentimiento y al deseo de perfeccionaros.

Vuelvo a deciros: en un principio tenía esta Tierra una semejanza con el Reino espiritual, con su paz, sus maravillas y revelaciones. Si este planeta es un crisol de dolor y amargura, ésta ha sido obra humana.

Así como el hombre en la Tierra puede crear para sí un mundo de paz espiritual, semejante a mi Reino, logra también con su perversidad vivir una existencia que es como el infierno que habéis imaginado.

Éste no es tiempo de castigos ni de muerte, sino de reconciliación y resurrección. Más allá os espera mi Gloria que es la paz. Ni oscuridad, ni fuego, ni cadenas, existen en el inmenso valle espiritual. Cuando penetréis en él, os sorprenderéis de que el fuego purificador es el juez inexorable de la conciencia, ante quien presentaréis el fruto de vuestras obras.

En el reino espiritual no pueden existir elementos materiales, el fuego no tiene acción sobre el espíritu.

El verdadero infierno es el de los remordimientos, del pesar de haber faltado a mi Ley; sólo en la purificación del espíritu por el amor, seréis salvos, consolados y perdonados.

No existen en vosotros la muerte ni la condena eterna, porque al concebir mi Espíritu la idea de la creación, sólo sentí amor y de Mí brotó la vida para mis hijos.

Si Yo os he enseñado a perdonar y amar a vuestros enemigos y os he dicho: haced con vuestros hermanos lo que Yo he hecho con vosotros, ¿estaría dándoos ejemplo de ello si castigara a los que no me amaran o no creyeran en Mí?

He aquí a vuestro Maestro mostrándoos nuevamente el camino. No sea el temor el que guíe vuestros pasos ni el que os obligue a cumplir la Ley; sean la fe y el amor los que os impulsen a realizar buenas obras, para que vuestros méritos sean verdaderos.

La conciencia es la luz de Dios y ésta es fuego de amor que consume toda impureza. He aquí el fuego en el que se purifica nuevamente el espíritu.

Voy a hacer sentir mi Presencia, mi Poder y mi Justicia entre los hombres. Voy a poner límite a su maldad. Si los he dejado caminar por la senda del libre albedrío, les enseñaré que todo tiene un límite; si les he dejado colmar sus ambiciones de poderío y grandeza en el mundo, voy a deteneros para que juzguen su obra a través de la conciencia. Mi deber de Padre es daros a cada paso ocasión de perfeccionaros, mostrándoos el camino por medio de amorosas lecciones que vosotros llamáis pruebas.

Practicad la enmienda, el arrepentimiento, la regeneración y la paciencia en las pruebas, y con ello destruiréis el temor supersticioso al castigo que habéis imaginado y, en cambio, construiréis un santuario a mi Divinidad y tendréis un concepto más claro de mi Justicia.

Preparaos espiritualmente todos los que sintáis que en vuestro corazón empieza a germinar esa Divina semilla, para que cuando encontréis en vuestros caminos a otros sembradores, podáis reconocerlos y uniros a ellos en esa obra de amor.

Cuando la sabiduría brille en todos los hombres, ¿quién se atreverá a tornar el bien en mal? ¿Quién dejará lo eterno por lo pasajero? Nadie, porque todos seréis fuertes en la sabiduría Divina.

¡Cuán distintos volverán vuestros espíritus al Más Allá de como vinieron la última vez! Llegaron contritos, temerosos y vacíos de méritos. Ahora podrán retornar sonrientes y su elevación podrá llevarles a la paz de mi Reino.

Yo haré que la palabra que he venido a entregaros en este tiempo sea escrita con claridad, para que en ese libro encuentre la humanidad la explicación de muchas enseñanzas que no había comprendido y la interpretación justa de mi Doctrina.

Quiero levantarme triunfador, como rey de los ejércitos del bien contra el mal y veros en esa lucha como soldados llenos de dignidad espiritual y de satisfacción por el deber cumplido. Ésa será la mayor de las victorias.

¡Mi paz sea con vosotros!

El espíritu

EL ESPÍRITU

Mi Palabra os señala el camino espiritual al que debéis penetrar con todo vuestro amor.

Antes de haber sido creados, estabais en Mí, en donde todo vibra en perfecta armonía, donde se encuentra la esencia de la vida y la fuente de la sabiduría. Por eso os he dicho que este planeta no es vuestra verdadera morada.

Vengo a estremeceros con los recuerdos de vuestro pasado espiritual, cuando no habitabais aún en ese cuerpo que ahora tenéis, que es crisol y lección para el espíritu.

Os hago meditar en la vida espiritual, oculta tras el velo de la materia, para deciros: esa vida os espera nuevamente para que la gocéis en plenitud después de vuestro peregrinaje, experiencias y evolución.

Y os preguntáis: ¿Qué es el espíritu? ¿Cómo debe prepararse para penetrar en la morada en que habrá de habitar eternamente? ¿Qué evolución debe alcanzar y qué relación tiene con los demás seres y aun con la misma Divinidad?

El espíritu es chispa de luz, semilla de amor y germen de vida; tiene sentidos superiores por medio de los cuales puede sentir, ver y comprender lo elevado para alcanzar su perfeccionamiento; posee la conciencia, la inteligencia y la voluntad, la razón y los sentimientos. Por eso el espíritu es, entre las criaturas del mundo, un ser superior que posee todo lo necesario para su progreso. A través de la mente, es como un espejo que refleja la Luz y el Poder de mi Divinidad. Cuanto más elevado es el espíritu y más evolucionada la mente, tendrá que reflejar mayores revelaciones.

El amor, la verdad y la sabiduría, corresponden al espíritu, porque éste fue creado para amar y conocer a su Padre. Sois parte de Él y estáis revestidos de su gracia. Fuisteis puros en el principio y así debéis retornar al Creador.

Yo soy como un sol y vosotros como un reflejo de él. Os formé pequeños para que crecieseis mediante el desarrollo de vuestros dones. La formación de todos ha sido la misma, por lo que sois hermanos en éste y en los demás mundos: todos habéis sido ungidos y lleváis mi bendición.

No sólo sois mentes que hoy piensan y mañana desaparecen; no sois sólo cuerpos que hoy palpitan y luego dejan de existir. Para Mí sois espíritus eternos. Las potencias, sentidos y virtudes que poseéis, hablan de la esencia superior a la que pertenecéis y son un testimonio viviente de la Perfección Divina.

Sólo a la materia corresponde desintegrarse después de cumplir su misión, pero el espíritu que estuvo en aquel ser, la luz de su inteligencia, la razón, la voluntad y los sentimientos, no mueren jamás, porque todo ello forma parte del espíritu inmortal.

Si por un momento pudieseis contemplaros interiormente, quedaríais asombrados de saber quiénes sois y sentiríais un profundo respeto hacia vosotros. Mas si no podéis ver al espíritu, tened fe en él por sus manifestaciones y así, no seguirá siendo ya vuestra materia prisión ni obstáculo para su elevación.

Os he hablado del fuego del Espíritu Santo. De Él nacieron todos los espíritus, limpios y puros: mas si en su camino han llegado a mancharse con la desobediencia, viene de nuevo mi Fuego Divino, mi Amor sobre ellos, a borrar sus manchas y devolverles su pureza original.

Estoy revelando lo que estaba oculto a vuestra interpretación, porque no quiero que ignoréis lo que es fundamental: la inmortalidad del espíritu, su camino ascendente y su final en Mí. Todo lo creado volverá a la fuente de donde procede.

Así como os dije en aquel tiempo, mi Reino no es de este mundo, a vosotros os digo: vuestro reino tampoco está en la Tierra, está más allá de todo lo que muere, de todo lo que cambia, más allá de vuestra mente, en vuestro espíritu.

Las puertas del Reino están abiertas para todo aquel que quiera recibir sus beneficios.

Qué hermoso es el despertar del hombre cuando se pregunta: ¿Quién vibra dentro de mí? ¿De dónde nace la inspiración y quién me impulsa a hacer el bien?

Hoy vengo a deciros quiénes sois, porque aún no os conocéis. Estoy iluminando vuestro espíritu para que penetre en lo insondable por medio de la elevación y la inspiración.

Si los hombres de ciencia que han escudriñado el cuerpo humano, se maravillan de su perfección, ¿imagináis su asombro cuando conozcan la grandeza del espíritu cuya naturaleza es inmortal?

Os asombráis de la inmensidad del mar, de las dimensiones de vuestro planeta y de todo el Universo, pero considerad que sois más que todas esas maravillas, porque poseéis un espíritu que puede transportarse en un instante más allá de esos límites y que, cuando se encuentre purificado y habite en el Reino del Padre, le serán mostradas todas las moradas.

Nadie como el hombre podrá representar mejor a mi Espíritu: su mente es un reflejo de la razón Divina, su corazón es la fuente donde guardo el amor, en su conciencia está mi Luz.

Sois como piedras preciosas que en este tiempo brillarán para hacer luz en el mundo. Para Mí tenéis un inmenso valor. Despertad y dejad que mi cincel os pulimente para que, ya preparados, podáis trabajar diligentemente dando testimonio de mi Enseñanza con verdaderas obras de amor.

Yo seré quien descubra ante vosotros las virtudes, dones, bellezas y poderes que se encuentran ocultos en vuestro ser, ya que estáis recogiendo los últimos frutos de una Era.

Admiráis la inocencia de un ave o la fragancia de una flor, pero no observáis vuestro propio espíritu, ese ser dotado de belleza y gracia que es luz y vida eterna, inteligencia y amor; y de todo esto carecen las aves y las flores. Buscad la belleza del espíritu, ella será en vosotros como un espejo que refleja fielmente la faz del Creador. Con esto no os digo que descuidéis vuestro cuerpo, pero no os afanéis tanto por vuestra imagen exterior.

Quiero que conozcáis vuestras facultades, para que sepáis amarme y vuestro culto sea digno de Mí, así me sentiréis dentro y fuera de vosotros.

Es necesario que os purifiquéis para que los frutos de vuestro corazón sean limpios y agradables, que obedezcáis mis inspiraciones y vuestro trabajo espiritual sea desinteresado.

Para rescataros he tenido que acercarme a vosotros: hoy tendréis que elevaros por la virtud para llegar a Mí.

Los hombres han preparado muchos caminos para llegar al Padre. Yo lo he permitido para que prueben los frutos de su materialidad y sepan que llevan dentro de sí un ser que es parte del Creador. Elevaos y traspasad los umbrales de lo mundano para que os acerquéis a Mí.

No seáis más el verdugo del espíritu, no sea la materia quien lo gobierne. Dejadle que se libere, que rechace las inclinaciones insanas, como quien ahuyenta al lobo que le persigue.

Destruid las barreras que os separan de Mí, los que se aman pueden comunicarse salvando las mayores distancias. Yo os amo y vosotros estáis aprendiendo a amarme, ¿qué os impide acercaros a vuestro Señor?

El espíritu es como las semillas del mundo: nacen, crecen, florecen y fructifican. Pero no todos los seres germinan al mismo tiempo, aun cuando hayan sido sembrados en el mismo instante. Comprended y aplicad este conocimiento al pasado, presente y futuro de la humanidad, de ello obtendréis grandes conclusiones, revelaciones y respuestas a las preguntas y dudas de los hombres.

Tiempos llegarán en que la mente y el corazón humano, purificados en las pruebas y acrisolados en la espiritualidad, perciban por intuición la voz del espíritu.

El libro del saber se abre para revelaros cuántos dones y atributos poseéis, muchos todavía desconocidos para vosotros. Tenéis sentidos superiores que os permiten comprender la esencia de mis Enseñanzas, que os hacen sensibles para percibir mi Presencia.

Si sólo fuese el instinto el que guiase los actos de vuestra vida, no tendría por qué haberos revelado mi Ley y mi Enseñanza, ni hubiese tenido que venir como Redentor a salvaros. Pero no dependéis del instinto, dones propios del espíritu gobiernan vuestros actos.

A muchas fases de la vida material les habéis concedido mayor importancia que a vuestro adelanto y perfeccionamiento espiritual y con ello habéis creado un mundo falso y vacío. Mas ha llegado la hora en que debéis interesaros por lo esencial y cuando eso sea, habréis dado vida y verdadero sentido a vuestra existencia.

Quienes buscan la verdad utilizando sus ojos materiales o su mente, no dan tres pasos sin que hayan tropezado o encontrado un abismo. El camino certero sólo con espiritualidad puede recorrerse. Pero debéis dar su justo lugar en la vida a los elementos que forman vuestro ser, comprendiendo que lo más importante es el espíritu y después de él, ocupando un lugar digno, se encuentran los sentimientos y la mente. El cuerpo es simplemente un punto de apoyo mientras habitáis la Tierra, pero no debe ser el timón de vuestra vida. ¿Acaso un ciego puede guiar al que no lo es?

No creáis que es indispensable al espíritu para su evolución, el cuerpo humano y el mundo material. Yo sólo le he proporcionado esos elementos para su perfeccionamiento. Observad que todo está relacionado con la vida que os espera. El espíritu es semilla de eternidad.

Cuando el hombre se encuentra espiritualmente a sí mismo, siente la presencia de su Padre. Sólo el espíritu despierto y elevado puede penetrar al Reino de la verdad; el humano, por sus conocimientos no lo logrará. Cuando lleguéis a convertiros en hombres de buena voluntad, vuestra vida armonizará con todo lo creado y el fruto de vuestras obras os dará la paz.

Tengo hambre de vuestra espiritualidad. Ciertamente quiero despertar vuestro interés por lograr una vida superior, mas para alcanzar ésta se requiere de la evolución espiritual, no sólo de la mente.

Cuando se unan al espíritu la inteligencia, los sentimientos y todas vuestras potencias, alcanzaréis la elevación necesaria para cumplir vuestra misión. El hombre está llamado a engrandecer su espíritu y buscar la perfección. Esa materia que poseéis, también alcanzará espiritualidad; cuando eso sea, las condiciones de vida de la humanidad cambiarán y de ella brotarán facultades espirituales hasta hoy desconocidas para vosotros.

Toda la existencia humana ha evolucionado, su ciencia, su forma de pensar y de vivir, sus conquistas y ambiciones; sólo ha descuidado la parte espiritual. Es muy poco el trigo que ha germinado y mucha la mala hierba que ha dejado crecer.

Educad vuestro espíritu de tal manera, que se convierta en un buen observador y analizador; acostumbrad vuestra mente a la meditación; elevaos por medio de la oración sensibilizando vuestro corazón para que podáis recibir mis Mensajes y aprendáis el lenguaje espiritual de la vida que os rodea.

El reino del espíritu es infinito y para alcanzar la elevación que os permita vivirlo y gozarlo, es menester conocer el camino y tener luz para ascender por él, sin menospreciar la vida material.

Cuando el hombre sepa que es más esencia espiritual que materia, la ofrenda que presentará a su Señor emanará de la parte eterna de su ser.

Y me preguntáis: ¿Cómo son las mansiones espirituales y la vida de los seres perfectos? Y Yo os digo: no preguntéis lo que no podéis comprender por ahora. Practicad mis Leyes, esto os hará ascender por la escala de perfección desde la cual podréis ir contemplando, conociendo y admirando cuanto tiene reservado el Padre para vuestra felicidad.

Vuestro espíritu, habiendo sido morador del Valle Espiritual, poco ha conservado de su esencia y casi nada sabe de aquella vida.

A veces, admirando las maravillas de la creación, exclamáis asombrados: Señor, cuán grande es tu poder, sin imaginaros que todo lo que os rodea no es sino un pálido reflejo de lo que es la vida luminosa del espíritu.

Los ojos de vuestro cuerpo lo más que han alcanzado a contemplar, son las estrellas más próximas; vuestra ciencia no os ha llevado mucho más lejos y vuestro espíritu, que es el que podría abolir las distancias y descubrir lo invisible al hombre, se deja llevar por el materialismo del mundo y en vez de elevarse, se rebaja, en vez de admirar, duda.

¡Qué grande es vuestra responsabilidad ante Mí! ¿Hasta cuándo vuestros méritos os harán dignos de habitar moradas más perfectas que ésta en que vivís?

Sabed que vuestra felicidad depende de vosotros. Enseñad a los hombres, que en el fondo de su ser, donde creen llevar sólo amarguras, odios y remordimientos, existe una luz que nadie puede apagar: vuestro espíritu.

Si entendéis todas estas lecciones, por reacia que sea vuestra materia y fuertes vuestras pasiones, tendrá que nacer la sumisión hacia el espíritu y ése será el principio para lograr la armonía que debe existir en el hombre para llamarse dignamente hijo mío.

Quiero que en este tiempo alcancéis tal sensibilidad, que baste con que un pensamiento mío se vea reflejado en vuestra mente, para que lo obedezcáis.

No ambicionéis el descanso después de la vida terrenal, porque la dicha perfecta se encuentra sólo en la actividad. La pereza es egoísmo y esa imperfección es de la carne, no del espíritu.

Quienes se empeñen en ignorar una vida superior, morarán en la Tierra caminando sin rumbo, tropezando y cayendo, sin darse cuenta que en el fondo de su ser tienen la llave de la eternidad y la lámpara que puede iluminar el camino que conduce a la sabiduría y a la felicidad.

A veces pensáis que os hablo demasiado del espíritu y que me olvido de vuestras necesidades humanas, a lo cual os digo nuevamente: Buscad el Reino de Dios y su justicia y lo demás se os dará por añadidura.

Cuando eso sea, vendrá a vosotros la paz, la serenidad y el deseo de amar y perdonar.

Salid de vuestro estancamiento, vuestra misión es renovaros constantemente. Nunca se detendrá en la eternidad vuestro desarrollo, porque estáis sujetos a la Ley de perfeccionamiento.

La vida es una constante lección, una lucha incesante, no un goce absoluto. La paz está en la perfección espiritual. El Universo no tiene otra misión que la de enseñar.

Penetrad en la luz de la eterna aurora para que no volváis a vivir en la oscuridad. A semejanza de la noche es la vida del espíritu materializado.

Semejante a la aurora es la existencia de aquél que busca lo perfecto.

Todos al brotar de Mí, fuisteis dotados de una vestidura limpia y pura. ¿Quién ha logrado conservar intacta esa gracia hasta su retorno?

¿Quién ha salido victorioso de todos los combates y tentaciones? Muy pocos; la mayoría viste andrajos y muchos están desnudos. Procurad ataviaros con la vestidura blanca de la virtud aunque a vuestra materia la vistáis modestamente.

Sólo con la práctica de mis Enseñanzas podréis conservar limpia esa vestidura hecha de luz; es tan delicada, que hasta una mirada que refleje maldad hacia vuestros semejantes, puede imprimir en ella una mancha. Ya podéis comprender que si cometéis faltas mayores, no serán sólo manchas las que dejéis, sino jirones los que le arranquéis.

Ahora he venido a vestiros nuevamente, derramando mi Luz sobre todos como un inmenso manto. Por esa Luz el mundo os reconocerá.

Siempre estoy con mis hijos, mas vosotros no siempre estáis Conmigo. Por eso cuando llegáis ante la manifestación de mi Palabra, os digo, sed bienvenidos.

Venid al festín que vuestro Padre os tiene preparado, para que de Él toméis las lecciones que os corresponden y forméis vuestra heredad.

Aquí, en esta mesa os espero a todos. Ante mi Presencia desaparecen razas, castas y linajes: todos me pertenecéis por igual, todos lleváis un espíritu como joya de valor incalculable y es a él a quien vengo buscando. Al final os fundiréis con mi Espíritu, porque de Él habéis brotado y a Él tendréis que volver, puros y dignos. ¡Este es vuestro tiempo! ¡Despertad, levantaos, venid a Mí!

¡Mi paz sea con vosotros!

El Creador

EL CREADOR

Percibid el silencio con que el universo saluda y rinde culto a su Señor. Todo entra en dulce sumisión, en profunda adoración, en grata contemplación.

Desde que el hombre estuvo consciente de que poseía facultades que lo diferenciaban de las demás criaturas, tuvo la idea de que le estaba reservado un destino más alto; fue naciendo dentro de su ser la intuición de un Dios, un Ser Supremo y, al mismo tiempo, la existencia de su propio espíritu y la necesidad de elevar un culto o tributo a aquel Ser de quien se sentía proceder.

A través de los tiempos fue formando en su mente una imagen de ese Dios, según su grado de evolución. Así llegó a ver en cada elemento de la naturaleza una divinidad y cuando se desencadenaban sus fuerzas, creía ver en ellas la venganza de los dioses.

Pasado el tiempo fue comprendiendo que Dios es el origen de la vida, de la verdad y del bien; el principio de la fuerza, de la luz y la esencia de las cosas. Entendió entonces que en la fuerza, está la chispa creadora y vivificante, en la luz la razón de ser y el conocimiento de la verdad, y en la esencia el fluido que une las cosas entre sí y les transmite su valor real.

Os habla el Creador, Aquél que no tiene ante quién inclinarse, os digo que si sobre Mí existiese alguien más grande, ante él lo haría, porque en mi Espíritu habita la humildad que siempre os he enseñado.

Yo soy la fuerza que todo lo rige, la potencia y sabiduría que se manifiestan en la naturaleza, como un reflejo de mi Perfección.

El hombre es un destello Divino, una imagen de Dios.

Necesariamente los hijos tendrán que parecerse al Padre, del que brotaron; esa semejanza está en el espíritu, el cual está dotado de los atributos Divinos y tiene vida eterna. El cuerpo humano sólo es una vestidura fugaz.

Hoy vengo a vosotros para que me reconozcáis como el Dios único, Creador de todos los seres; a deciros que quiero hacer de cada uno de vosotros un discípulo y heredero mío.

Éste es el tiempo en que el hombre me buscará espiritualmente, porque reconocerá que Dios es Espíritu Universal. Yo soy el amor, y quien me busque deberá inspirarse en él. El amor es principio y fin en el destino de toda criatura. Ante esa fuerza que todo lo mueve, lo ilumina y vivifica, desaparece la muerte, se esfuma el pecado, se desvanecen las pasiones, se lavan las impurezas y se perfecciona todo.

Soy la Luz, la Verdad y la Vida. Soy el Libro abierto. Desde el principio de la humanidad los hombres han buscado el origen de la vida y el porqué de cuanto les rodea; para ello han empleado la inteligencia. De ahí han surgido sus ciencias y filosofías, pero como la mente humana es limitada para abarcar la verdad que sólo el espíritu puede comprender, ha sido poco lo que la ciencia ha logrado descubrir acerca del origen de la vida. Y es que los hombres no han buscado esa luz en la esencia espiritual, y Yo soy Espíritu. El que quiera encontrar la fuente de la vida, la luz de la verdad y el origen de todo lo creado, habrá de buscarme con el espíritu a través de la oración. El que eso haga, le serán reveladas las enseñanzas que otros no han descubierto en el transcurso de los siglos.

Cuando vuestra inteligencia os lleve al principio, y descubráis cómo nacen y se transforman las criaturas, os maravillaréis al encontrar la explicación de muchas de mis lecciones. Ahí encontraréis que Dios se manifiesta en todo, desde los seres imperceptibles a vuestra mirada hasta los astros mayores. ¿Quién si no Yo puede mantener la armonía en el Universo?

De ese modo comprenderéis que el hombre no es creador de vida, que él tan solo emplea y transforma lo que le he dado para su conservación y recreo.

Yo soy la vida y estoy en todo, por eso nada muere. Analizad, para que no quedéis atados a la forma; preparad vuestro espíritu y me encontraréis en la esencia.

La verdad absoluta no la posee ningún hombre ni está contenida en libro alguno. Esa Divina claridad y esa fuerza omnipotente, están en Mí. Yo soy la verdad.

No pretendáis conocer mis íntimos designios, porque ahí no podéis penetrar. Yo no tengo límite, soy esencia infinita y omnipotencia. Mi Espíritu llena el Universo y al mismo tiempo habita en cada espíritu; para reconocerme y sentirme, es menester identificarse conmigo practicando el bien, amándoos y siendo justos.

Mientras los hombres han querido ver en Mí a un Dios distante, remoto, Yo me he propuesto demostrarles que estoy más cerca de ellos que las pestañas de sus ojos, que conozco hasta lo más íntimo de sus pensamientos. Soy la Luz que ilumina vuestra mente con inspiraciones e ideas elevadas, el espíritu que os anima, la conciencia que os juzga.

Doquiera que os encontréis, ahí estoy.

Así lograréis comprender que mi fuerza se manifiesta en todo lo que es vida, y veréis cómo el concepto de ese Dios que los hombres habían creído distante, inaccesible e incomprensible, desaparecerá, para que en su lugar surja el Dios verdadero, presente en todo sitio y en todo instante. Yo tengo mi santuario en vuestro corazón y os he dado la llave para que podáis abrirlo.

Ha pasado el tiempo en que el hombre adorara a Dios en diversas formas como fueron los astros, los elementos y los ídolos hechos por sus manos. Ahora se siente grande y enaltece de tal manera su personalidad, que se avergüenza de proclamar a Dios y lo designa con otros nombres para no comprometer su vanidad, para no descender del pedestal en que se ha colocado. Por eso me llama Inteligencia Cósmica, Arquitecto del Universo; pero a vosotros os he enseñado a que me digáis Padre. ¿Por qué siendo mis hijos, creen rebajarse al nombrarme Padre?

Si creéis en Mí, si me amáis y queréis seguirme, no importa el nombre que me deis, entre los muchos que tenéis para designarme. Lo esencial es que me sintáis en vuestro ser en la medida que vuestra capacidad espiritual lo permita.

Cuando me conozcáis verdaderamente, me amaréis con más perfección y me diréis humildemente: Dios mío, Padre mío. Al brotar ese nombre del fondo del espíritu, en el cielo se escuchará vuestra voz y le arrancaréis sus secretos al Arcano.

A través de las Eras habéis querido humanizar el amor de Dios dándole diversas formas, pero Yo os digo: no le busquéis tan pequeño, tratad de encontrarlo en la grandeza del Espíritu Santo, dueño de todo lo que ha sido, de lo que es y será. Yo, vuestro Dios, no tengo forma, porque si la tuviera, sería un ser limitado como lo sois vosotros. ¿Qué forma puede tener el Espíritu universal, que no tiene principio ni fin?

Dejad lo insondable en la intimidad de mi Arcano y cuando la muerte corpórea deje en libertad a vuestro espíritu, descorreré un velo más del libro infinito de revelaciones, para que conozcáis al Padre y a vosotros y os extasiéis ante la contemplación de un mundo maravilloso que no será el último que habitéis.

Vosotros no podéis representar ni definir lo infinito, porque es imposible abarcarlo todo con una mente limitada; tampoco vuestro lenguaje puede expresar lo Divino ni definir mi Grandeza con términos humanos. Por eso os digo que no tratéis de encerrar a Dios en palabras y alegorías que nunca podrán daros una idea de la verdad.

Con imágenes, símbolos o vagas definiciones de Dios, sólo lograréis hacer que vuestros hermanos me nieguen o permanezcan en la ignorancia.

A medida que comprendáis el sentido de vuestra vida, el destino del espíritu y el porqué de la evolución, iréis penetrando en el camino espiritual; iréis olvidando las formas que me atribuisteis y de vosotros se irán borrando las falsas creencias y conceptos erróneos, que por tantos siglos ha alimentado la humanidad.

Buscadme en lo infinito con la sensibilidad de vuestro espíritu, mas no pretendáis mirarme. Juan mi discípulo del Segundo Tiempo, no contempló en su visión a mi Espíritu en toda su magnitud. Sólo presenté a su pupila espiritual figuras que encerraban un profundo simbolismo que él no alcanzó a interpretar.

¿Quién podrá analizar la esencia de mi Ser? Mi Espíritu es infinito y no habita en un lugar determinado, está en todas partes, en lo espiritual, en lo Divino y en lo material. Aún os falta mucho para que alcancéis a concebirme en mi Verdad absoluta, ya no a través de fantasías forjadas por vuestra mente.

No tratéis de imaginar el cielo, porque nunca podréis concebirlo en toda su perfección. Cuando os libertéis de todo lo material, sentiréis como si rompieseis las cadenas que os ataban, como si una gran muralla se derrumbase ante vuestra vista, como si una espesa bruma se disipase. Entonces contemplaréis un horizonte sin límites y un firmamento desconocido, profundo y luminoso, que será una de tantas moradas que vosotros habitaréis.

Unos decís: Dios está en los cielos; otros: Dios habita en el Más Allá; pero no sabéis lo que decís ni comprendéis lo que creéis. Ciertamente Yo habito en los cielos, mas no en el lugar que habéis imaginado. Yo me encuentro en los cielos de la luz, del poder, del amor, del saber; en los cielos de la justicia, de la felicidad y la perfección.

Estoy en el Más Allá, sí, pero más allá del pecado humano, más allá del materialismo, de la soberbia y la ignorancia; por eso os digo que voy a vosotros, hacia vuestra pequeñez, porque os hablo en tal forma, que vuestros sentidos puedan percibirme y vuestra mente comprenderme; no es que llegue de otros mundos o moradas: mi Espíritu habita en toda la creación.

Tenéis que esforzaros para alcanzar la meta espiritual que os he trazado: la de conocer a vuestro Padre, amarle y rendirle culto a través de vuestro espíritu; hasta entonces comenzaréis a presentir la verdadera gloria, el estado de elevación, armonía y paz, que son el paraíso a donde habréis de llegar todos.

Yo estoy en todo lo creado, por encima de todas las sabidurías, soy la verdad, nada hay contradictorio en Mí.

Soy actividad inagotable, y ante ese ejemplo, debéis ser incansables en el cumplimiento de vuestra labor. Comprended que el trabajo es una bendición y que por medio de él os acercaréis más a Mí. Os digo que no tengo un sitio determinado en el infinito, porque mi presencia está en todo lo que existe, por eso cuando elevéis vuestra mirada, hacedlo como algo simbólico, porque vuestro planeta gira sin cesar y en cada movimiento os presenta nuevos cielos y alturas. Ese infinito del que os hablo no lo podréis medir jamás con vuestra mente.

Vuestro espíritu es mi templo, mi morada. Vuestra conciencia es la intérprete de mi Voz de Justicia. Eso os demuestra que no sois absolutos, sino que procedéis de un Ser omnipotente y debéis de someteros a su Voluntad.

Los hombres que estudian a Dios no están de acuerdo con los científicos. ¿Quiénes están en la verdad? La religión y la ciencia han estado siempre en pugna, sin comprender que una y otra deben vivir en perfecta armonía. Científicos y religiosos tienen diferente misión entre la humanidad, mas debieran imitar la obra Divina, armonizando unos con otros, como los demás seres de la creación. Yo soy la ciencia, el principio y fin de todas las cosas, el Alfa y la Omega, la Luz que lo ilumina todo.

Mientras las criaturas humanas discuten mi Divinidad y mi Doctrina, existen mundos en donde soy amado con perfección. Todavía no os he revelado todo cuanto tengo reservado a vuestro espíritu.

Si todos los hombres rindiesen culto a la verdad, al amor y a la justicia, que son atributos de mi Espíritu. ¿Creéis que en el mundo podría existir el dolor, la guerra, el hambre y la muerte? Nada de ello amenazaría vuestra vida y sí en cambio habría paz y salud en el espíritu y el cuerpo. Soy para vosotros maestro, amigo, doctor y consejero.

Depositad en Mí vuestras penas, secad vuestras lágrimas y confiadme vuestras esperanzas y anhelos: hacedme vuestro confidente.

Nadie puede ocultarse a mi mirada, puesto que soy omnipresente. Yo os seguiré por doquiera que vayáis, como vuestra sombra; ningún pensamiento escapa a mi Divinidad ni existe obra oculta o ignorada por Mí. Lo mismo estoy en los espíritus justos que habitan mansiones elevadas, que en aquéllos cuya turbación espiritual les hace crear y habitar mundos de oscuridad.

Soy perfecto y espero de vosotros perfección, para ello os doy el tiempo necesario.

Os di la Ley en el Primer Tiempo sobre el monte Sinaí a través de Moisés; en la Segunda Era me transfiguré en el monte Tabor para mostraros mis planes Divinos. Ahora me presento sobre la montaña de la elevación espiritual para invitaros a llegar hasta Mí, en donde encontraréis sabiduría y amor.

¿Quién se manifiesta en este tiempo entre vosotros, el Padre, el Hijo o el Espíritu Santo? Yo os contesto: vuestro Dios. Si en el Segundo Tiempo os dije: Quien conoce al Hijo, conoce al Padre, hoy en Espíritu os digo: Quien escuchó a Jesús, recibió a Jehová y al Espíritu Santo. No miréis tres dioses, sino un solo Espíritu que se manifiesta en plenitud. En esta palabra encontraréis al Maestro, descubriréis al Padre y sentiréis la presencia del Espíritu Santo.

Así como es una sola la verdad, una sola es la esencia que os he entregado a través de los tiempos, así la llaméis Ley, Doctrina o Revelación.

En mi Espíritu existe un número infinito de fases y atributos, mas por haberme manifestado en tres formas a través de tres tiempos, os he llamado trinitarios. Ahora ya sabéis unir esas tres revelaciones en una sola, mirando en ella a un solo Dios, que lo mismo puede manifestarse hoy como Juez, mañana como Maestro y más tarde como Padre.

Yo estoy sobre el tiempo, sobre todo lo creado. Mi Divino Espíritu no está sujeto a evolución. Los tiempos me pertenecen. Vosotros sí tenéis principio, sí estáis sujetos a leyes de evolución y sentís sobre vuestro ser el paso del tiempo. No digáis entonces que el Padre pertenece a una era, Cristo a otra y el Espíritu Santo a otra.

El Padre, es el poder absoluto, el Creador universal, el Increado, el Eterno, que no pertenece a ninguna era, sino los tiempos pertenecen a Él. Cristo, es la manifestación del amor de Dios. Y el Espíritu Santo es la sabiduría que se está derramando en vosotros, porque ya estáis capacitados para comprender sus revelaciones.

Ved en mis manifestaciones, a través de los tiempos, a un solo Dios que os ha doctrinado por medio de múltiples lecciones.

Todo esto puede resumirse así: Tres potencias y un solo Dios, una sola voluntad.

Si el Espíritu Divino fue en Jesús, éste fue hombre y Dios: hombre por su naturaleza material y Dios por su naturaleza espiritual. En cuanto hombre, tuvo manifestaciones propias del ser humano: sentía y sufría como hombre; mas el conocimiento que tenía de su misión le hacía sobreponerse a sus necesidades materiales y a las tentaciones. Todo lo que no estaba en armonía con su misión, era evitado por Él. Así, a través de aquel varón justo y puro, se manifestó Dios como hombre.

Cuando Jesús concluyó su misión, su Espíritu volvió al Padre, llevando en sí la huella de la vida humana, las pruebas a que se sometió en cuanto hombre. Por eso es que el Hijo, siendo el Amor del Padre, tiene algo de vosotros, por lo cual os sentís comprendidos, sabiendo que vivió en vuestro mundo y pisó el mismo polvo que vosotros.

Os formé a imagen y semejanza mía y si soy trino y uno, en vosotros existe también esa trinidad: un solo ser formado por tres naturalezas: la material, el cuerpo, la espiritual el espíritu y la Divina, la conciencia.

Ved cuánto amor hay en vuestro Dios, que siendo omnipotente no se detiene en limitarse, para que podáis comprenderlo y sentirlo, que se multiplica en vosotros para mostraros que no sólo es Hacedor y Juez, sino al mismo tiempo Padre. Ahora comprenderéis que mientras cada uno de vosotros sufre su propio dolor, el Espíritu Divino siente el de todas sus criaturas.

El verdadero concepto del Amor de Dios no es conocido aún en la Tierra, a pesar del mensaje que os envié a través de Jesús. Pero si Yo supiese que el hombre no habría de salvarse, no vendría a él con el amor con que siempre le he buscado. Es imposible la separación entre el Creador y sus criaturas; no es posible que haya distancia entre Cristo y los hombres, así como no puede existir un cuerpo sin cabeza ni el Sol sin planetas.

El Arcano que os estoy revelando es mi propio Espíritu, el cual se encuentra más allá de la escala de Jacob. Yo no estoy en la escala, porque soy perfecto, en ella sólo están los seres que evolucionan y caminan en pos de la perfección.

No debéis decir que Cristo nació en el mundo, quien nació fue Jesús, el cuerpo que albergó a Cristo. Antes que Jesús, ya era Cristo, porque Él es el Amor de Dios.

¿Quién os está hablando de Cristo, discípulos? Él mismo, el Verbo, quien viene a vosotros nuevamente: no dudéis de mi Presencia por la humildad con que me presento. La ostentación no puede estar conmigo.

El que llama a vuestras puertas no viene con regios atavíos. Llega con vestidura de caminante en busca de albergue.

El espíritu de Dios es como un árbol infinito en el que las ramas son los mundos y las hojas los seres que los habitan. Si es una misma savia la que pasa del tronco a las ramas y de éstas a las hojas, ¿no pensáis que hay algo de eterno que os une a todos entre sí y os funde con el Creador?

De esta manera os muestro que entre Dios y el hombre existe una relación íntima. Amadme, aun cuando no podáis imaginar cómo soy. Yo no tengo forma, soy simplemente el amor, la sabiduría, la belleza, la fuerza…

No me limitéis en la forma de Jesús. Si queréis recordarme o meditar sobre mi manifestación en cuanto hombre, hacedlo, practicando mis Enseñanzas. Concebidme infinito, para que reconozcáis la prueba de amor que os di, haciéndome semejante a vosotros; después, mediante la práctica de las virtudes, haceos semejantes a Mí.

Ved que no hay forma precisa bajo la cual podáis imaginar a vuestro Dios. Estoy en todo, lo mismo en lo espiritual y eterno que en la naturaleza material.

Mi Doctrina hará evolucionar el concepto que de mi Espíritu ha tenido la humanidad.

Escuchad la voz de la sabiduría que torna la ignorancia en luz; oíd ese dulce coloquio de amor que hace grata la existencia del hombre en el conocimiento de la vida y la eternidad.

Si creéis que me semejo a un rico avaro que todo lo quiere para sí, porque todo lo cuido y lo guardo celosamente, en verdad os digo que lo creado no ha sido para Mí, sino para vosotros. Yo sólo quiero vuestra felicidad para que la gocéis cuando entréis en la vida espiritual.

Yo soy quien todo lo hace, sin Mí nada existiría; pero así como he dado vida a los espíritus, les he participado de mi Obra, de mi Trabajo, de mi Creación.

Todavía os sentís distantes de la paz y la armonía, y tenéis razón, porque es tan diferente en cada hombre el concepto sobre la vida eterna, que parece fuesen diversos dioses y existiese uno para cada hombre.

La comunión entre el hombre y Dios puede verificarse también por medio del conocimiento del Universo, en el que se manifiestan mi Grandeza y mi Poder.

El ideal de muchos es llegar a conocer y amar a Dios, pero no han sabido buscarme donde habito verdaderamente. Recordad lo que dije en aquel tiempo a la mujer de Samaria: “Dios es espíritu y es necesario que le adoren en espíritu y en verdad”.

Ha llegado la hora en que me sintáis como Espíritu, dejando atrás vuestro materialismo.

No me imaginéis tocado con corona y ostentando cetro, buscadme en lo infinito, en donde no existen formas, porque como Dios no las tengo.

Soy Luz, Amor y Justicia; todo el que manifieste en su vida estos atributos, estará comprendiéndome y representando a su Señor. No creáis que me presento sólo en los que me buscan con pureza y perfección. Yo vengo a todos. Cada quien me busca según su capacidad y evolución.

No quiero que analicéis mi Espíritu o me estudiéis a la manera de los científicos, porque caeríais en grandes confusiones. Os he enseñado a elevar el espíritu por medio de la oración, para que consultéis con humildad y respeto a vuestro Padre; entonces el Arcano se abrirá y os dejará contemplar cuanto esté reservado a vosotros y sentiréis llegar al entendimiento la Luz Divina que lo explica todo. Yo soy el Dador, aquél que tiene más que daros que vosotros que pedirme, Yo sé de las necesidades de la materia y del espíritu y sé de vuestras aflicciones.

Mi palabra es bálsamo de curación, sanad de vuestros males poniéndola en práctica. Cada palabra es una gota de la fuente de vida.

Siempre que realicéis una buena obra sentiréis mi Paz. Es que en esos instantes os habréis unido a Mí.

Recordad que os ha bastado pronunciar la palabra Padre, para que todo vuestro ser se estremezca y el corazón se sienta invadido por el consuelo que os da mi Amor. Sabed que cuando me llaméis con ternura, también mi Espíritu se estremecerá de gozo.

El destino del hombre no es sufrir. No os he enviado a padecer, sino a perfeccionaros para llegar a Mí.

¡Ah, humanidad, que me tenéis tan cerca y no me sentís! Me percibe el que lleva la paz y pureza en el corazón; aunque de cierto os digo que estoy en todos los hombres por mucho que hayan pecado. El que ha sido, no morirá jamás, y quien existe me lleva en sí por siempre.

Estáis en la consumación de los tiempos. Ya vuestro espíritu no está sujeto a la vida material: él ha penetrado en la eternidad.

No temáis al futuro por no conocerlo, no lo veáis con incertidumbre, pensad que Yo estoy en el tiempo y soy la eternidad.

Entre Dios y sus criaturas existen lazos que nunca podrán romperse, si los hombres se sienten lejos de su Padre, es por su falta de espiritualidad o de fe. Ni la muerte, ni la falta de amor, podrán destruir esos lazos que los unen a Mí.

Nadie puede huir de mi Presencia. No existe morada o sitio alguno donde podáis ocultaros de Mí. Doquiera vayáis, ahí estaré y en donde os encontréis, estaréis conmigo.

Meditad: si estoy en vosotros, ¿a dónde me lleváis cuando pecáis? Os hablo así para remover la ceniza que hay en vuestro corazón, hasta encontrar en él una chispa de luz.

Yo haré oír mi Voz a todos en su conciencia, una voz de Padre, de Maestro y de Juez, que penetrará en los corazones haciéndoles latir de amor.

La obra espiritual constructiva es la que espera a las futuras generaciones. Cuando el hombre viva consagrado a esta noble y elevada misión, sentirá que ha encontrado la armonía con su Creador.

Hoy me complazco en saberos seguros transitando por mi Senda. Mañana será el gozo Universal cuando todos viváis en el hogar espiritual, que hace tiempo espera vuestra llegada.

He aquí mi lección, cristalina como el agua, para que calméis vuestra sed. Discípulos: para las grandes obras se necesitan mentes elevadas y corazones dispuestos: desarrollad vuestros atributos y sed grandes.

Formad un pueblo de paz, un ejército al servicio del bien.

¡Mi paz sea con vosotros!

El principio

EL PRINCIPIO

Yo soy el increado. Soy Espíritu eterno y mi presencia universal lo llena todo. En ningún sitio del universo existe el vacío, todo está saturado de Mí.

Antes de crear los mundos, cuando no había surgido a la vida criatura alguna, ya os amaba, porque se hallaban latentes en Mí todos los principios, elementos y naturalezas que iban a alentar a los seres nacidos de mi Ser.

Mi inspiración tomó forma bajo la fuerza del amor. Y principió la vida. Primero fueron los espíritus, creados a mi imagen y semejanza, y después la naturaleza material. Como un manantial inagotable fue mi seno. El espacio espiritual se pobló de criaturas y en ellas se manifestó mi Amor, mi Poder y mi Sabiduría.

Todo estuvo dispuesto para aquellos espíritus que iban a tomar forma corpórea y a habitar mundos materiales, en los cuales encontrarían una morada perfecta. Fue mi Voluntad que disfrutaran de cuanto poseía, que supieran amarme y recibir mis Caricias. Así, a cada paso y en cada obra, descubrirían la huella de su Padre.

Como buen sembrador preparé la tierra y deposité la semilla de vida para fecundarla y hacerla germinar. De la unión del espíritu y la materia surgió el hombre y sobre él dejé un destello Divino: la conciencia.

La vida entonces quedó ante el hijo como un libro abierto, en cuyas páginas encontraría respuesta a sus preguntas: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy?

Entonces dije al espíritu encarnado: he ahí vuestra morada, recorred los caminos, bebed de las fuentes, saboread los frutos y me conoceréis: ése es vuestro reino temporal, sois el señor de la Tierra.

El hombre tuvo ante sí un camino de bendiciones, una senda plena de bellezas que le señalaba un destino. Desde entonces todo vive para el fin a que fue creado, todo camina hacia la perfección girando en torno un principio, a una ley.

Al final de ese camino de luchas y experiencias quedaría Yo, en espera del retorno de mis hijos, cuando éstos, logrado su perfeccionamiento, me presentaran un fruto maduro, digno, como fue la simiente que lo originó.

Así fue el principio de vuestra vida material que ha quedado muy atrás para vosotros, porque los tiempos lo han ocultado. Si hoy con toda vuestra ciencia no alcanzáis a calcular la antigüedad de la Tierra o el tiempo en que apareciera en ella el hombre, menos vais a poder medir las diferentes etapas de la creación ni saber lo que ha ocurrido en otros mundos, en otras moradas insondables para vosotros. Esa labor dejádmela a Mí, que os lo revelaré todo, porque soy el tiempo y la vida.

Penetrad en mis Enseñanzas con amor y descubriréis que ellas son el camino de la sabiduría.

Decís que mi Espíritu es invisible, sin embargo, Yo me manifiesto ante vosotros en infinidad de formas. El Universo es una expresión material de lo Divino: todo cuanto os rodea es un reflejo de la vida espiritual que está más allá de esta morada.

Cada una de mis Obras tiene por principio el amor y la justicia. Todo cuanto percibís por medio de vuestros sentidos o vuestra mente, encierra esos atributos, mas nunca hallaréis en ellos impureza o imperfección.

De mi Espíritu proceden las tres naturalezas: la Divina, la espiritual y la material. Como Hacedor de todo, puedo hablaros en forma Divina y al mismo tiempo comprensible a vosotros.

Si la naturaleza material es Obra mía, puedo materializar mi Voz y convertirla en palabra para que me escuche el hombre.

Los primeros humanos conservaron por un tiempo la impresión que su espíritu traía del Valle Espiritual, un estado de pureza e inocencia que les permitió sentir la caricia de la naturaleza, un calor de amistad y una armonía entre todas las criaturas.

Cuando surgieron en su vida las pasiones y la lucha por subsistir, se vieron obligados a buscar por medio de la ciencia lo que habían perdido por falta de espiritualidad.

Así comenzó el desarrollo de espíritu y materia, guiados por la luz de la conciencia. ¿Quién reveló al hombre los misterios de la carne? La materia misma. ¿Quién los misterios de la ciencia? La mente. Mas la idea de Dios sólo pudo revelársela el espíritu.

La semilla humana se reprodujo: el hombre y la mujer poblaron la faz de la Tierra. Yo me manifesté entre ellos desde el principio de su vida, llegando a materializarme ante su pequeñez: lejos estaban de sentir y comprender la fuerza del Amor Divino, esencia del espíritu y principio de todo lo creado. Creían en Dios, pero sólo le atribuían fuerza y justicia.

Ellos intuyeron que su Creador les ordenaba siempre el bien, como una ley natural dentro de la cual debían vivir; pero, desviados del buen sendero a causa del libre albedrío, hube de enviarles seres dotados de virtud y sabiduría, para que les hicieran volver al camino del que se hablan apartado. El mensaje de mis enviados venía a salvar de errores a los hombres, quienes se habían formado de su Padre un concepto equivocado al juzgarlo como un Dios temible y vengativo. Por esa razón, cuando creían haberme ofendido, buscaban la forma de desagraviarme, ofreciéndome holocaustos y sacrificios. Pero aquellas ofrendas no siempre estuvieron inspiradas en el amor sino en el temor. Por eso me buscaban como Dios, pero no como Padre o Maestro.

Si desde aquel tiempo en que los hombres tuvieron conocimiento del bien y del mal, hubieran cultivado con amor el árbol de la ciencia, ¡cuán distintos hubieran sido los frutos cosechados!

¡Ved cuánto bien han hecho al género humano, a través de los tiempos, quienes han tomado esos frutos con fines nobles!

En este tiempo, el árbol de la ciencia se sacudirá ante una fuerza incontenible y dejará caer sus frutos sobre la humanidad. Mas, ¿quiénes habrán desatado esos elementos si no los hombres?

Bien está que los primeros seres hayan conocido el dolor a fin de que despertasen a la realidad, naciesen a la luz del conocimiento y se ajustaran a una ley; pero el hombre evolucionado, consciente y desarrollado de éste tiempo, ¿por qué se atreve a profanar el árbol de la ciencia y a desconocer los frutos del árbol de la vida? Es que ha dejado de orar y se ha olvidado de cuanto corresponde al espíritu; una vez consagrado a la vida humana, su mayor ambición ha sido acumular bienes materiales para sentirse fuerte. Es así como, persiguiendo una gloria efímera, se ha hundido en un abismo de debilidades y errores.

Yo quiero que el hombre tenga ambiciones, que luche por ser grande, fuerte y sabio, poseedor de los bienes eternos del espíritu; mas ello requiere de la práctica de las virtudes: la caridad, la humildad, el perdón y la nobleza; en una palabra: el amor.

Cuando la paz entre los hombres esté a punto de establecerse y comprendan el valor que tienen la oración y las virtudes, sabrán que Yo soy el árbol de la vida en cuyas ramas, extendidas hasta el infinito, verán los brazos del Maestro abiertos como en la cruz donde vertí mi sangre por amor a la humanidad.

Para que el hombre llegue a alcanzar el verdadero conocimiento sobre el significado del árbol de la vida, antes habrá lucha, conmoción y perturbaciones en su mente y espíritu. Mi Doctrina, clara y persuasiva, mostrará al mundo el camino del retorno y, uno tras otro, los hombres vendrán a Mí, mas ya no agobiados bajo el peso de sus errores, sino mirando a las alturas con la fe en el corazón y la satisfacción de haber cumplido mis Leyes.

La puerta está abierta y mi Espíritu dispuesto a recibir al hijo en mi seno Divino. Ahora que el hombre está preparado para oír la voz de la conciencia y recibir de ella sus revelaciones, tiene a su alcance el camino que lo conduce al Reino prometido, al mundo infinito del espíritu, el de la sabiduría: al paraíso de la verdadera dicha espiritual, el cielo del amor y de la perfección. Ése será el fruto del árbol de la vida, que al final saboreará después de su gran lucha por alcanzarlo.

La vida es un árbol con un número incontable de ramas, de las cuales no hay dos iguales, en las que cada una cumple su misión. Si un fruto se malogra, es desprendido del árbol, y si una rama se desvía, es podada; porque del árbol de la vida sólo frutos de vida deben brotar.

Toda ciencia que haya causado mal y toda religión que no haya hecho brillar la luz de la verdad, podéis considerarlas como ramas por las cuales no corre la savia del árbol de la vida: ellas serán cortadas.

Tiempo es de que comprendáis que el origen del hombre no es el pecado, sino el resultado de una ley natural, que no sólo él cumple, sino todas las criaturas.

Crecer y multiplicarse es ley Universal: lo mismo brotaron los astros de otros mayores, que la semilla humana se multiplicó. Jamás os he dicho que, por ese hecho, unos y otros hayan ofendido al Creador.

Lo que mancha al hombre y aleja a su espíritu del camino de evolución, son las bajas pasiones, los vicios, porque van en contra de la Ley.

Meditad para que encontréis la verdad, y así dejéis de llamar pecado a lo que ha sido tan solo una Ley del Creador; entonces podréis santificar la existencia de vuestros hijos y guiarlos con ejemplos de amor.

Creced y multiplicaos. Éste es el tiempo en que debéis entenderlo también espiritualmente, llenando el universo de pensamientos elevados y buenas obras, creciendo en sabiduría y ejerciendo el bien.

Multiplicaos en espiritualidad: amaos los unos a los otros sin distinción de razas, clases, credos o mundos y retornad al Padre llenos de méritos.

Cada espíritu nació de un pensamiento mío, por eso sois obra perfecta del Padre.

Nazco en vuestra conciencia, crezco en vuestra evolución y me manifiesto en plenitud en vuestras obras de amor, para que digáis con gozo: ¡El Señor es conmigo!

Todos procedéis de Mí. Todos tenéis un solo origen, porque de un solo Espíritu habéis brotado.

¡El hombre! He ahí mi imagen, porque en él hay vida, inteligencia, voluntad y conciencia; porque posee algo de todos mis Atributos y su espíritu tiene naturaleza eterna. A veces sois más pequeños de lo que os creéis, y otras, más grandes de lo que podéis imaginar.

El envanecido cree ser grande sin serlo; es pequeño porque sólo ambiciona las riquezas superfluas de su vida material, sin llegar a descubrir los verdaderos valores del espíritu. Mas aquél que se alimenta con el pan de vida eterna, que cumple con sus deberes espirituales y en el mundo aprovecha los beneficios que le ofrece la naturaleza, ése sabe vivir y aunque aparentemente nada posea, disfruta de las riquezas del Reino.

En todos los tiempos me he manifestado a los hombres. Desde el principio del mundo les hablé para revelarles mi Ley, también para corregirles. Buscadme en todo cuanto os rodea y ahí me veréis: en los seres animados, en la hoja del árbol movida por la brisa o en el perfume de una flor; en la tierra, en el aire, en la luz. Todo habla de Mí y os descubre la meta hacia donde debéis conducir vuestros pasos. En todo lo creado encontraréis la belleza y el amor con que he rubricado todas mis Obras.

Cuando hayáis alcanzado la perfección, os mostraré mi sonrisa que será como una aurora infinita en todo el universo, porque habrá desaparecido de vosotros toda mancha, dolor e imperfección.

¡Mi paz sea con vosotros!

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