México, la nación grande

México, la nación grande

Sobre tu suelo bendecido sonó la hora de la presencia divina; el tiempo parecía distante y sin embargo, llegó como el rayo que surge del Oriente para posarse en Occidente.

Eres la nación predilecta, en ti se cumplieron profecías y todavía otras más son por cumplirse. Los corazones de quienes te habitan en su mayoría son generosos, conocen de esa cualidad que otras naciones les es difícil llevar a cabo,… ese lazo familiar.

El Eterno cumplirá Sus promesas sobre ti, así lo dice. Tu suelo llora, se lamenta, gime ante la crueldad de unos y la ingratitud de otros. De cierto no hay pueblo sin purificación, aún tú también bebes el cáliz de la amargura. Mas no te ha olvidado tú, Su segunda Jerusalén sobre la Tierra. Llora, lamentate por un instante más,… Él vendrá como rocío de paz, para que la compartas por doquier.

No se endurezca tu corazón, que Israel ore por tu corazón;… grandes luces vendrán, refulgirán para beatitud de la Tierra. La tiniebla tiene poder, pero no vencerá al Juez. Que tu nombre resuene por doquier, que miren hacia acá, que también ha de resonar cuando Su pueblo sea descubierto.

Unos bendecirán al pueblo, tendrán por razón de que así tenía que ser; otros con desprecio te rechazarán. El Maestro conoce del rechazo, y aún así, no hubo quién impediera Su voluntad.

Hay quienes gustan de las contiendas fratricidas, otros el dejar morir de hambre a pueblos enteros. No conocen lo que hacen, si lo supiesen pronto detendrían sus manos, su hacer. Van hacia el precipicio espiritual, sus ojos no ven, sus oídos no escuchan,… sólo caminan y no se detienen. Detrás de ellos van muchos, cegados por la opulencia que no podrán llevar.

Sí, el Eterno ya conoce Su triunfo, lo ha decretado desde antes de la fundación del mundo. Conoce que ha de llegar, conoce el cómo llegará, conoce el día. Podrá hacer la tiniebla por un tiempo su voluntad, lo cierto es que será atada. Su resplandor divino será como el sol que al medio día no deja sombra por doquier. Ese resplandor no cegará al espiríitu, mas bien él se sentirá confortable entre esa luz.

Tú, Su segunda Jerusalén ya está determinado el tiempo, la victoria sobre las tinieblas. Este mundo volverá a oír al Maestro decir desde lo divino: ¡Hija mía,… todo está consumado! ¡En tus manos encomiendo mi Espíritu!

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