¿Por qué sufro Padre?

¿Por qué sufro Padre?

Todos los espíritus están en la morada que les correponde por sus méritos alcanzados,… o por su falta aún de virtud.

No hay justo en esta morada, todos han necesitado de la purificación de los unos a los otros. Nadie por el velo de la materia conoce el grado de sus equivocaciones desde que inició su jornada en este Valle.

El egoísmo también es maestro, en el fondo de él se halla el maestro dolor. Muy en el fondo de él, están las pruebas que harán reflexionar a los espíritus su falta de amor. Si el egoísmo de los demás a tocado la puerta del corazón, no se debe esgrimir la misma espada para herir.

Todo tiempo es momento decisivo para los espíritus, una prueba del maestro dolor puede presentarse, y si ellos esgrimen, empuñan la misma espada, en el trancurrir del tiempo se hacen de la Ley de causa y efecto,… la de volver restituir y el volver purificar. No se hacen merecedores de una morada aún mayor en luz y sabiduría, pues aún su vestidura por la virtud está vedada por la tentación.

El Maestro ya había enseñado que el que espada mata a hierrro muere… Y de cierto, es lo que ha sucedido en esta morada terrenal,… no hay justo alguno ante la mirada divina. Todos se han hecho acredores del hierro de su Semejante.

El Eterno conoce que no todos tienen las mismas deudas, que unos más otros menos. Mas la humanidad tiene que comprender que el egoísmo toca a unos y otros, que puede llegar con la intensidad mayúscula por el sólo hecho de que todos conviven en una morada, donde la virtud es pisoteada. ¿Acaso las guerras fratricidas no toca a todos por igual? Sí, ese maestro toca unos y otros, sin fijar su mirada si unos deben más u otros no tanto.

Si el egoísmo de otros toca el corazón y se siente como braza que quema, hay que tener la mirada en el Eterno, que el corazón no se vuelva duro, ni el espíritu pronuncie su enojo, su exasperación. Calma del corazón, serenidad para orar, bendición sentida para el Semejante, y si se esgrime la espada, que sea el de la sensibilidad.

El Maestro fue sensible ante quienes le torturaron; conocía Él su final, conocía que la prueba, que la falta de virtud de la humanidad, su falta de amor le harían perecer. Él fue el Noble entre los nobles, el Virtuoso sobre los virtuosos, la Santidad sobre los santos,… y aún así, sin culpa alguna, conoció y bebió el cáliz de la ingratitud del egoísmo.

Enseñó que en esta morada hasta el Justo, ha llorado y ha sufrido. Mas no blandió la misma espada para los demás, sino otra, el de la sensibilidad,… acaso no dijo: ¡Padre, perdónalos porque no saben lo hacen!

Sí, el egoísmo tocará los corazones, no una vez, sino tantas… Mas cada vez se vuelvan sensibles, con esa luz del espíritu de dejar la causa al Padre, con verdadera sensibilidad del corazón y del espíritu,… y éste no se aparte del camino de la luz, él tendrá que observar, como todo se va sosegando, como en el sendero paso a paso se va apartando el maestro dolor.

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