La sensibilidad espiritual

La sensibilidad espiritual

La sensibilidad espiritual, da ese instante propicio de adentrarse en el Semejante en apacibilidad. Gran cantidad de espíritus han sido jueces de sus hermanos, sin conocer el porqué han caído.

El Maestro sí conocía cada ser que se le acercó, fue apacible con el pecador, con aquellos que se sentían indignos ante Dios. Fue duro ante quienes se consideraban justos, y mucho más si anidaban en ellos la vanidad, menospreciando al que caía.

Por ello, nadie debería presentarse en el Más Allá con la seguridad de que nunca ha pecado, de que nunca ha faltado ante el Eterno y ante el hermano, porque el dolor puede sorprenderle al conocer ante la luz de la Conciencia la veracidad de sus obras.

Cuántos pecadores se le acercaron al Maestro, y Él les acarició, les brindó las más bellas sabidurías de Su reino; a pesar de sus pecados, ellos sentían la necesidad de su Dios. Cuántos otros se sentían los agraciados del Eterno, los justos entre los justos, y para ellos fueron Sus más enérgicas palabras.

Ser sensible es considerar que cada espíritu ha recorrido una existencia muy vasta, que ha tenido aciertos, pero también errores. Que ha caído y se ha levantado; que ante algunas situaciones ha obrado gravemente, y ha tenido también el instante de su arrepentimiento, y por éste el pedir, el suplicar la ocasión para resarcir sus faltas.

¿Acaso no fue sensible el Maestro, después de Su pasión al descender a los abismos donde tantos le esperaban? Sí, fue a donde otros tantos espíritus le esperaban, de diversidad de estados espirituales. Él no miró el pecado, sólo la necesidad de ellos.

Así es como cualquier espíritu puede asemejarse en algo a su Maestro, al no mirar, no escandalizarse con el pecado de su Semejante, sino sólo considerar su necesidad espiritual.

El Maestro entregó Su enseñanza, en ella estaba Su testimonio de dar al espíritu conforme su necesidad. A unos les entregó de una forma, a otros de otra manera; no juzgó a quiénes no le creyeron, le persiguieron, o hasta le martirizaron. Conocía que ellos en este Valle o en el Más Allá se darían cuenta de cuánto hicieron, y más que condenarles, sólo mostró Su amor. Ellos, ante ese testimonio de Sensibilidad divina, se propusieron a seguir al Maestro, y porqué no,… hasta ofrecer si fuera necesario su existencia en otra oportunidad por amor a sus hermanos.

Sí, el amor del Maestro salva, redime, regenera, libera… Ese amor divino hace que Sus legiones espirituales se engrandezcan cada vez más.

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