Nuestro ser espiritual

Nuestro ser espiritual

Nuestro origen es Divino, como todo lo que hay en la Creación es de origen Divino. No hay nada en ella que no le pertenezca al Autor de la Vida, hasta el último de nuestros cabellos. Nos falta conocernos más en el sentido espiritual, ya que la humanidad, la gran mayoría es un desconocido ante sí mismo. Conoce mucho de su mundo, de la Naturaleza, de su carne, pero sigue siendo una interrogante cuanto se refiere a su ser más primordial y significativa,… su espíritu.

Sólo un ser espiritual se puede cuestionar las grandes intorrogantes de la humanidad,… ¿quién soy?, ¿de dónde provengo, a dónde voy?, ¿qué es la vida?, ¿cuál es la finalidad de mi existencia? Etc. Donde quiera encontremos alguien razonando estas interrogantes, estaremos frente a otro ser espiritual. Sino es así, solamente es una criatura como lo puede ser un ave, un gato, un oso,… criaturas que se guían por sus instintos naturales para satisfacer sus necesidades basicas como el de encontrar alimento, el de protegerse, el de la procreación.

Este Valle terrenal sólo es un paso para el espíritu; aquí experimenta lo que atesora su ser. No siempre ese paso a sido acorde a la virtud, al bien, al amor, sino a otras fuerzas creadas por él mismo, como la envidia, el resentimiento, el rencor, la venganza. Nuestro Creador recibirá lo que realmente vale para nosotros y multiplicado, lo que no lo deberemos exterminar de nuestro propio ser.

Cada quien lleva en sí una luz inmaculada, una luz que nunca se ha manchado con la falta o pecado del espíritu. Esa luz le acompaña desde su nacimiento del Seno divino. Es una luz que sí es Juez severo, pero a la vez invita al espíritu como Padre amoroso a que purifique sus yerros, su mal con el bien. Esa luz es,… la Conciencia.

Nuestro espíritu se irá perfeccionando, somos a semejanza de una semilla que tiene todo lo necesario para ser árbol al pasar el tiempo. Nuestro ser tiene todo lo necesario para seguir engrandeciendose, desarrollando sus atributos espirituales. Llegará el tiempo en que seremos a semejanza de un árbol grande, frondoso, y no sólo eso, sino que de sombra y fruto bueno, a quienes se acerquen a nuestro ser.

Todo espíritu lleva en sí la potencia del amor. Ni si acaso hay que aprender amar, sino sentirlo y eso cada quien en su eternidad lo ha sentido, lo ha manifestado. Por esa potencia desaparecen los grandes yerros del espíritu, ella hace posible la práctica de la caridad,… medios por los cuales puede saldar sus deudas espirituales, cualesquiera que fueran.

Cada espíritu lleva en sí la potencia de la eternidad, o sea de la existencia eterna. Mas el Maestro y en Él, nuestro Padre-Creador anhela que conquistemos la Vida Eterna, aquella que sólo se logra con la luz de nuestros hechos y obras. Si nos habla en Su enseñanza de muerte espiritual, es porque nuestras obras y hechos son de tiniebla, o sea alejados de la luz.

Nos es necesario en nuestra existencia eterna, conquistar la Vida Eterna, a ello nos dirigiremos cuando dejemos obrar en la tiniebla y obremos por voluntad propia en la luz.

Todas las criaturas tienen por guía su instinto natural, y nuestra carne no es la excepción. Sin espíritu nuestra carne sería igual como las demás criaturas, guiandose por su instinto para satisfacer sus necesidades más primarias y elementales,… el comer, el refugiarse, el tiempo llegado de reproducirse, el sobrevivir.

Las criaturas y la Creación toda están sujetas a la voluntad divina, no así el espíritu, el único ser que tiene libre albedrío, que es la elección de elegir por sí mismo su camino, su destino. Como él no esta sujeto a la voluntad divina, se le ha entregado una Conciencia, y en ella la voz de su Creador, que siempre le va invitar, mas no obligar que en su camino y destino lo haga a través del amor, del bien, la virtud, la luz.

Mas el espíritu al paso del tiempo ha acallado aquella Voz divina que lleva en sí, y ha atendido, ha cedido mas a la voz de su carne, y en ella a sus instintos. Es por ello, que nuestro Padre-Creador de tiempo en tiempo le ha entregado al espíritu una Ley espiritual, que le sirva de guía en su existencia material. Es necesario que el espíritu medite y se cultive en la Ley, porque al ser el único que no está sujeto a la Voluntad divina, sí lo está para recibir el fruto de sus obras y hechos.

Deja un comentario: