El sentido figurado

El sentido figurado

De lo alto viene la grandeza del espíritu; mas nadie debe imaginar lo alto como un lugar determinado, porque no existe como tal. Es tiempo que la humanidad tenga un mejor entendimiento de las cosas espirituales, porque no tienen forma alguna.

Es llegada la hora en que el espíritu le de su justa dimensión a lo que Cristo el Verbo del Eterno, presente desde la fundación de este valle ha entregado como lección, como enseñanza espiritual. El Verbo se ha servido de la apariencia de las cosas terrenales, para Sus parábolas, Sus alegorías.

Cuántas veces el Maestro lo sublime, lo elevado, lo divino lo hizó descender a lo humano, y aún así, no fue entendido en su magnitud. Era comprensible que sucediera así, por el alejamiento del espíritu de lo que a él le pertenecía espiritualmente.

Ni el Eterno está sentado perpetuamente en un trono material, ni el Cielo o lo que Él ha enseñado como Infierno son lugares materiales, físicos. Si el Eterno, según ha comprendido el Cristianismo, estuviese sentado con forma humana,… ¿no estaría limitado como el hombre lo está? ¿Acaso no se nos ha dicho que Dios es Espíritu? Sí, así lo manifestó el Maestro. Su Espíritu no tiene forma alguna, pues es Esencia como todos quienes surgieron de Su seno divino.

Es tiempo que los espíritus vayan comprendiendo que tampoco el Cielo ni el Infierno son lugares determinados, sino estados espirituales de ellos mismos. En uno la paz, en el otro la pesadumbre. En uno la gloria del espíritu, en el otro su penalidad. En uno su dicha, en el otro su padecimiento. En uno su bienaventuranza, en el otro su maldición. En uno la conquista de su Vida Eterna, en el otro aún su padecer en la muerte espiritual.

Cada espíritu tiene la elección de erigir el estado espiritual por su libre albedrío. Mas cabe señalar, que desde tiempos remotos no es el estado del Cielo que la humanidad ha edificado de los unos a los otros. Ha sido otra edificación donde el egoísmo de los unos a los otros, ha creado ese estado que le hace sufrir, llorar, lamentarse, que le hace mesar sus cabellos, crujir sus dientes ante la magnitud de ella misma, por todo lo que ha sido capaz al alejarse de la Ley.

Es el espíritu el que puede ser bendición en su sendero o maldición. Uno y otro le traerá diferente sabor,… el uno agradable para él, el otro tan amargo como la hiel.

Qué importante es que la humanidad le de su justa dimensión a las enseñanzas del Maestro, presente desde los primeros tiempos.

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