Dos celebraciones… tres lecciones
Dos celebraciones cercanas… tres lecciones
La semana pasada de la fecha de esta publicación tuve un sueño algo peculiar.
Era de madrugada, tenía ya mucho sueño, apago la tele y ya ni quise ver el celular del cansancio que sentía. Me dormí y al momento empecé a sentir la sensación de elevarme; lo curioso es que ya no sentía mi cansancio. Y dije voy elevarme, y en el sueño parecía que dejaba la Tierra, porque veía ya las cosas abajo alejarse y veía las estrellas, pero al mismo tiempo permanecía en el mismo lugar. Entonces en esa elevación que sentía todo cambio, ya no era el lugar donde era mi cuarto. Habían cerros grandes verdosos, era de noche, había muchos árboles grandes, y yo empezaba a volar por todo ese lugar. Todo el lugar estaba iluminado por una luz que no sabía de dónde provenía; pero hacía notar nítidamente cada cosa.
Me gustaba la sensación que sentía, entonces apareció un árbol enorme, muy grande en altura, lo curioso de este árbol que todo él estaba adornado con figuras del día de los muertos, volaba y lo rodeaba, y mientras lo hacía me decía entre mí, ya se acerca esa celebración… Entonces un poco alejado de ese árbol, apareció otro árbol muy grande también en altura y éste estaba adornado con figuras de Navidad, iluminado por una luz propia; lo rodee también y era hermoso el como lo contemplaba, y decía en mí… ya próximo está también la Natividad.
Entonces deje de ver el lugar para voltear hacia arriba, el cielo… oscurecido por la noche, sin embargo veía un cumulo de estrellas palpitantes, todas muy juntas unas de otras, blancas, destellantes… y a lado de todas esas estrellas, delineado con líneas onduladas en color dorado veía una cruz, y en ella un crucificado… el Maestro. La figura de Su pasión delineada.
Allí desperté,… y volví a sentir nuevamente el cansancio de mi materia y me dormí.
—————————-
Nuestro Maestro hace mención en Su enseñanza, que no debemos olvidar a quienes nos pertenecieron en nuestra existencia, recordarles con cariño; hacer oración por ellos, y algo muy importante que no nos sintamos lejanos unos de otros. Ellos SON, ESTÁN, VIVEN,… podrá desaparecer y fundirse la carne con la Naturaleza material, pero el espíritu no, a él le corresponde la eternidad.
Bastantes hemos hecho del día muertos una celebración material, grande, ostentosa, adornada,… y de las veces un ritual. En el fondo de esa celebración se encuentra sin lugar a dudas, el recuerdo, el sentimiento de nostalgia, de la tristeza por los que han partido.
Ante el Creador nuestro Padre, nadie puede dejar de existir, cada espíritu posee la potencia de la eternidad. En esa eternidad todos vamos experimentando la VIDA sin fin. Todos vamos y estamos en el sendero del perfeccionamiento espiritual.
Nuestra oración con ellos. Aunque como lo dice nuestro Maestro, una gran cantidad de hermanos nuestros en el Valle espiritual, que han alcanzado una luz significativa a nosotros nos ven como los verdaderos muertos,… sí, alejados de la luz y de Dios. ¿Acaso ellos no oran por nosotros? Sí. Tanto unos y otros deberíamos inspirarnos lo que realmente es valioso en la eternidad de nuestros espíritus.
Hay otra celebración cercana ya, la Natividad de Jesús… Es una celebración de las más puras que tenemos nosotros como humanidad al evocar ese hecho divino. De las que nuestro Maestro dice, no abolirá.
Ante esa celebración el espíritu de la humanidad su corazón se ennoblece; olvida por unos instantes lo cotidiano de sus quehaceres materiales, para refugiarse en el calor de los suyos. ¡Cuántos sentimientos en forma de oración ante esa celebración se funden de los unos a los otros, por la paz y la fraternidad del mundo! Por unos instantes el espíritu visualiza la posibilidad de una fraternidad universal.
Poco a poco el espíritu de la humanidad apreciará esta celebración, que dividida en creencias y en fe, surgirá de entre ella una sola fe, que la conduzca con perfección hacia el Reino prometido.
La tercera lección…
Nuestro Maestro nos hace mención que no todas las moradas donde habitan los hijos de Dios necesitaron de un Salvador. Que en muchas de esas moradas, los espíritus se guiaron por la luz de la Conciencia. Sin embargo, también existen las moradas como la nuestra, donde Sus hijos hicieron caso omiso a la luz de la Conciencia.
Nos hicimos sordos a aquella luz, que invita lo noble, lo bueno, lo virtuoso. Cada vez nos volvimos más materiales, más pasionales, más instintivos, y al final más faltos de luz espiritual. Nuestro espíritu descendió tanto al abismo que nos convertimos en la oveja número cien.
Y he aquí que el Padre dejó Su reino para descender a los abismos y rescatar a la cien, o sea cada uno de nosotros. Nuestra falta de luz espiritual, nos hizo ciegos para reconocer nuestro Pastor, el Padre que se acercaba al hijo para acariciarle, enseñarle el camino verdadero, mostrarle su verdadero ser,… y le crucificamos.
¿Esta morada, es la única que ha crucificado al Pastor Divino? No, otras tantas lo han hecho, y ante ellas está presente el Crucificado, como una luz que desde lo más elevado invita al espíritu a penetrar en la luz de su Conciencia, pues allí está el Maestro esperando, para seguir mostrando a cada espíritu el camino verdadero, la verdad, la vida verdadera.