Dios no hace nada

El Dios de los Israelitas es el que mostró Jesús en Su verdadera naturaleza. Ese Dios que sana, salva, perdona, redime… El que sufrió y padeció a través de la carne, a quien conocemos como el Unigénito; el lapidado, bofeteado, mofado, injuriado; el que aún en la cruz devolvió la vista al ciego. Ese Dios que después de Su crucifixión, se apareció para dar aliento a los apóstoles, para que ellos siguieran entregando la Buena Nueva.
Aquellos apóstoles encontraron también el padecer, la burla, el escarnio, y la mayoría de ellos… su misma pasión en la que dejaron su existir. ¿Por qué no los salvó Dios? El espíritu de la humanidad no se encuentra en lo espiritual sino en lo material. Ha materializado de tiempo en tiempo su ser más esencial. Esa materialización de su ser hizo que tampoco reconociera al Creador en Jesús.
El mismo Creador de todo permitió que se le hiciera cuanto los hombres quisieron,.. algunos le amaron, otros los más le despreciaron. No vino en aquel tiempo a obligar con látigo a que le reconocieran o amaran, no, en el libre albedrío de los hombres, que es del espíritu, el que dio VIDA a todo, dejó que esa libertad de obrar se hiciera evidente.
¿Qué es de aquellos que a través de los tiempos han sucumbido, han perecido por el egoísmo de los unos a los otros? VIVEN, ESTÁN, SON. La carne podrá perecer, morir,… no así el espíritu de todos ellos.
En la santa libertad del espíritu tendrá que reconocer su error, su extravío, su maldad. Tendrá que reconocer que su obrar y su actuar no fue en la potencia del amor. Tendrá que reconocer que de tiempo en tiempo su egoísmo fue el que predomino de los unos a los otros. Puede morir en carne extraviado, confundido, todavía con el deseo de venganza, pero todo ello no será eterno. Llegará el instante en que la potencia del amor sea más fuerte en cada espíritu y por el se reconozcan los unos a los otros.
El hombre no debe mirar el instante de una existencia humana, perecedera, efímera, pasajera, debe comprender que su espíritu está más allá del tiempo. Que todos los que sufren, lloran, se lamentan tiene un porqué.
Que quienes abusan del poder, que quienes doblegan a los hombres, que quienes gustan del dominio sobre los demás han sucumbido ante sí mismos. Éstos le han dado prioridad a la carne, a sus deseos mezquinos,… han preferido un pedazo de metal, de tierra, de bajeza instintiva. Pero para ellos también habrá redención espiritual, porque nadie se pierde ante el Creador.
Unos y otros, no falta ninguno que habite en esta Tierra que sufra y llore de alguna forma. Es natural que suceda, porque todos prefieren el pensamiento y sentimiento insano, que el pensamiento y sentimiento elevado en el amor. ¿Qué hombre, qué mujer desde la antigüedad hasta la actualidad no ha sentido por un instante el amor? Todos; no hay ninguno que por su espíritu no pueda manifestar el amor, demostrarlo, llevarlo a cabo en su existencia.
Ha tenido más fuerza el egoísmo de los unos a los otros en este mundo, que el amor.
Podrá si así lo quiere el hombre exterminarse de los unos a los otros, sucumbir antes sus armas más letales; pero su ser más esencial no sucumbirá, él sin importar el tiempo tendrá que redimirse por el amor.
No es el que el Creador no haga nada… deja que Sus creaturas saboreen si así lo permiten el cáliz amargo de su santa libertad. El que doblega, asesina, arrebata se extravió en sí mismo. Éste y todos los que así han actuado tendrán que redimir a su ser, libertarse de todo el yugo y la sangre que derramaron, ¿cómo? Siempre han existido dos caminos, el del amor o del dolor.
Cada uno decide en su tiempo el cómo reparar sus errores… por eso, no es de extrañarse encontrar una y otra vez a través de los tiempos quienes lloran y se lamentan. Nuevamente es necesario decir, en esta morada llamada Tierra, la gran mayoría no es salvo de sí mismo. No es una morada aún donde los unos de los otros se manifiesten el amor, son otras fuerzas opuestas a él lo que revelan desde sus espíritus.
Nadie muere, todos están aprendiendo una lección que al tiempo los harán despertar de su sombrío obrar.