C.I. 11 Enero 1948
CÁTEDRA DEL DIVINO MAESTRO – 041
01. Pueblo amado, llegáis incansablemente bajo la sombra del árbol, trayendo como única ofrenda vuestro corazón, porque sabéis que él es mi altar y mi santuario. Limpio o manchado, lo traéis delante de Mí. Al que me lo ofrece limpio lo bendigo, porque puedo morar de lleno en él; y al que me lo presenta manchado, pero con humildad se confiesa indigno y pecador, lo bendigo también, porque en mi amor se lava y se hace digno. Y así os preparáis unidos en un sólo pensamiento ante mi llegada, para dar la bienvenida al Rayo que se desprende de mi Espíritu y cuyo efluvio penetra en lo más profundo de vuestro ser.
02. Vuestra fe y preparación han obrado el milagro de mi constante presencia entre vosotros. Cuando unos han flaqueado, otros han sido fuertes; pero siempre he encontrado un corazón por el cual se han hecho dignos los demás.
03. El número de mis discípulos se ha acrecentado y su preparación ha aumentado. La fuerza espiritual de Israel se ha desarrollado y ya se hace sentir sobre la Tierra. Me acerco de puntillas a cada corazón para escudriñar su interior y mientras en unos encuentro amor, buenos propósitos, ahínco, conformidad en las pruebas y obediencia a mis mandatos, en otros encuentro la duda, la incertidumbre, la falta de fe y de esperanza, la confusión, el desaliento y las tempestades del espíritu y de la carne.
04. Para todos tengo comprensión; no llego como Juez sino como Amigo a traeros todos los bienes que hay en Mí, para que podáis tomar el camino con paso firme, y no vertiginoso ni indolente y después de mi partida podáis, sin vanidad ni alarde, sin hipocresía ni falsedad, presentaros ante el necesitado y hacerle oír mi Palabra, la cual si entregáis como Yo os la he dado, bastará para hacer ver al ciego, andar al paralítico, limpiarse el leproso, regenerarse el oprimido por el vicio, y calmarán en ella la sed y el hambre de los que anhelan mi Verdad.
05. Si almacenáis mi Palabra en vuestro espíritu y de ahí hacéis que ella brote convertida en caricia, en mirada, en oración y en buenos sentimientos, veréis grandes prodigios. Por este camino descubriréis la esencia de vuestro espíritu, que es joya valiosa para el Padre, pero incomprendido todavía por vosotros porque no os habéis espiritualizado.
06. Cuando estéis ya libres de mixtificaciones y materialismos y, hayáis logrado una profunda preparación, alcanzaréis a mirar más allá de vuestros sentidos y de vuestro talento, lo desconocido y lo incomprendido.
07. Mi Enseñanza lo abarca todo. En su fondo podéis encontrar luz para el espíritu, normas para vuestra jornada humana, un consejo y un precepto para cualquier instante de la vida. Sabéis que soy Divino y por amor a vosotros me he materializado, pero de este límite no debo pasar, mas bien vosotros debéis elevaros hasta Mí, por la escala de la oración en busca de mis brazos paternales.
08. He venido en este tiempo para trazaros una vez más el camino empañado por las imperfecciones humanas. Vengo a limpiar mi Ley y mi Doctrina de todo lo que los hombres le han añadido, para que podáis contemplarlas en toda su pureza y sencillez. Ya estuve como Maestro entre vosotros en el Segundo Tiempo, mas no os enseñé ninguna doctrina complicada ni culto idólatra.
09. Yo os hablé en parábolas, tomando como ejemplo las cosas de la Naturaleza, como la espiga del trigo, como la higuera, la montaña, el río o la ribera del mar, el desierto, o el niño, porque la Naturaleza es un libro de saber divino que abrí en aquel tiempo para revelaros el sentido de la vida humana y también de la vida espiritual; mas no os enseñe ritos, ni os ordené que construyerais templos de cantera.
10. Vine a vuestro corazón y os enseñé la oración perfecta. Yo oré con vosotros en el desierto para mostraros que no estabais solos y que la presencia del Padre es siempre en el momento de prueba. Os ensené a orar en la cumbre de la montaña y ahí lejos de las sinagogas y del pecado, elevasteis vuestro espíritu como Yo os enseñe. También en el huerto os enseñé a orar en el momento de prueba, para acatar la voluntad del Padre sea cual fuere, ella siempre es perfecta.
11. Si en aquel Segundo Tiempo en que vuestro espíritu no había alcanzado la evolución que ahora tiene, os vine a traer lecciones de tan elevada Espiritualidad, ¿esperabais que, en este tiempo de mi tercer advenimiento en cuanto Dios, os hiciese retroceder con mis nuevas enseñanzas? ¿Podíais esperar que Yo os ordenara erigir altares y hacer con vuestras manos mi propia imagen? No pueblo amado.
12. Heme aquí, presente en estos recintos que son rinconcillos de humildad y de pobreza, pues bien sabéis que para manifestarme, no me son necesarias estas cuatro paredes con su techumbre, ni el asiento en donde reposa el Portavoz. Mas todo esto he concedido a vosotros porque es necesario apartaros del ruido del mundo, y penetrar en recogimiento y elevación.
13. He venido en este tiempo a recordaros el cumplimiento de la Ley, porque la habéis olvidado para dar cumplimiento a las tradiciones, como hicisteis en tiempos pasados. Ahora vengo a borrar las tradiciones, no la Ley; pues, así como en aquel tiempo os dije: No vengo a borrar Ley que Moisés entregó, sino a darle cumplimiento. Ahora os digo: No vengo en contra de la Doctrina que Jesús os enseñó, vengo a consumar mi Obra entre vosotros.
14. He venido a apartaros de los caminos inciertos, diciéndoos: Esta es mi Doctrina; no perdáis el tiempo en ritos. Amaos los unos a los otros. Orad, y que vuestra oración sea una comunión perfecta con vuestro Padre, para que sintáis su presencia en vuestra vida. Llevándome en vosotros, ¿qué os podrá hacer falta?
15. No estáis exentos del dolor ni de la muerte; pues todo ello es natural en vuestro destino. El dolor es un cáliz del que no debéis huir. Si él nunca llega a vuestros labios, dad gracias a vuestro Señor; mas si no fuese así, preparaos a apurarlo con paciencia. Sabed que el licor de ese cáliz purifica, ilumina, tranquiliza la Conciencia, detiene el paso en la carrera desenfrenada. ¿Y la muerte? Es sólo la cesación de la existencia humana, el descanso del cuerpo; mas para el espíritu es el nuevo día, su liberación, el regreso del destierro a la verdadera patria.
16. Los que como vosotros, han echado raíces profundas en la Tierra sentís dolor al pensar que un día dejaréis esta vida para penetrar en la morada eterna y vuestro corazón, amedrentado y triste se aferra más a esta existencia. Y por ventura, ¿es ése un signo de Espiritualidad? No, esta es prueba de la materialización del espíritu. Mas el Maestro ha venido a enseñaros a tomar esta vida en su verdadero sentido, para que después enseñéis a todos con amor, con alegría, porque tiene semejanza con mi reino. Ella es libro y es parábola, es substancia y esencia. Encierra belleza y amor, bondad y caricia para las criaturas que dentro de ella viven.
17. Y todo lo ha creado el Padre para beneficio y recreo vuestro; por eso, mientras poseáis esta existencia, extraed de ella todo lo bello, toda la esencia y todo bien para vuestro espíritu. Y estad siempre preparados, para el viaje al Más Allá, porque nadie sabe la hora, lo mismo puede ser al principiar del camino, que a la mitad o al final de él. Es menester que preparéis la alforja y el cayado, para que emprendáis el camino con verdadera consciencia.
18. Vosotros sois mi verdadera imagen con vida, con inteligencia, razón y conciencia; imagen con espíritu, con voluntad propia, con amor; imagen con simiente, atributos, potencias y sentidos, para que podáis imitarme y ser en la Tierra el espejo de mi faz. ¿Cómo podréis amarme, rendirme culto agradable y cumplirme debidamente, si no me conocéis? Tengo sed y hambre de amor y de comprensión.
19. Yo siempre he recibido vuestros tributos, siempre he recibido con amor vuestras ofrendas, y me he dejado acariciar por vuestro espíritu; siempre he escuchado vuestras súplicas; mas, ¿sabéis si todo ello ha sido digno de un Dios que es todo perfección? No temáis, que no vengo a ofenderos, ni a pediros un culto imposible.
20. Ya sabéis que lo que espero de vosotros es el amor a vuestro Dios de espíritu a Espíritu; y el amor entre vosotros de corazón a corazón. El amor, que ha sido para el hombre tan difícil de practicar, y que es tan sencillo para vuestro Dios.
21. Habéis desarrollado el talento, habéis perfeccionado el lenguaje; vuestras pasiones, ambiciones y vanidades habéis desarrollado, dejando las virtudes latentes y dormidas. A ellas he venido a despertar, buscando las fibras sensibles, que no han muerto en vuestro corazón.
22. Vosotros que me habéis creído, porque habéis abierto vuestro oído para escucharme; que me habéis comprendido, porque habéis estudiado mi Palabra, me estáis rodeando. Entre vosotros puedo contemplar al filósofo, también al que dirige multitudes, al grande pecador, al hombre sencillo, al paria, a la abnegada madre, a las mujeres abandonadas, a las flores deshojadas en el camino de le vida; a la niñez y a la ancianidad. Con estos corazones he formado mi familia.
23. Y ahora que habéis llegado a comprender por medio de mi Palabra, el sentido de la vida universal y el infinito amor de vuestro Padre, habéis comprendido también cuán grande es vuestra responsabilidad y cuán significativa vuestra presencia en medio del Universo. Y entonces me decís: “¡Señor qué dicha tan grande es existir, crecer, conocer y amar!”
24. Mirad cuánto ha llegado a desarrollar el hombre su ciencia en el Tercer Tiempo. ¿Acaso la ciencia es abominable ante Mí? ¿He venido Yo como enemigo de ella? No, pueblo. No puedo ser enemigo de la ciencia, porque Yo soy la Ciencia misma; porque Yo soy el principio y fin de todas las cosas.
25. Mas sí soy el enemigo más poderoso de las malas ciencias, de aquellas que llevan al dolor o a la muerte, a la confusión, a la falsa grandeza y al abismo. Yo soy amigo de los buenos científicos, de aquellos que se sacrifican arrancando a la Naturaleza sus secretos en beneficio de la humanidad; de los que han consagrado su vida, consultando con humildad y amor a los arcanos, con el ideal de salvar a los hombres. De los que han sido desconocidos en el mundo, y muertos en la cruz de la pobreza y de su propio sacrificio como Yo. Ellos están Conmigo. Por eso no abominéis la ciencia, porque Yo os entregué ese árbol para que lo cultivaseis.
26. Estáis saboreando en este tiempo los frutos del árbol de la ciencia. Pocos son los frutos de amor y muchos los frutos amargos. Yo me recreo contemplando la ciencia de mis hijos, pues es una prueba que dan al Padre de lo que Él les confió. Llegará el instante en que todos, los que fueron grandes por la ciencia, comprenderán que lo fueron por Mí, quien les puso en el principio del camino y les dio su heredad. Yo les perdonaré su orgullo y juzgaré todas sus obras.
27. Vosotros, en este tiempo de la luz, seréis testigos de las grandezas de la ciencia. No seréis malos jueces, para que cuando el mundo os escuche, solo reciba verdad y luz. Enseñad con la sencillez con que Yo os he enseñado, mas a nadie diréis que sois maestros. Yo os prepararé infinitas oportunidades para que practiquéis mi Enseñanza y levantéis grande cosecha.
28. Recibid mi Palabra con atención y ella será imborrable; aparentemente la olvidaréis, pero cuando menos esperéis, brotará de lo más profundo de vuestro ser, semejante a un granero que guarda el trigo que tendréis que sembrar el mañana.
11 de Enero 1948.