C.I. 08 Febrero 1948
CÁTEDRA DEL DIVINO MAESTRO – 040
01. Pueblo bendito de Israel: Os habéis despertado con el eco de mi Palabra, os habéis levantado del extenso camino, de las lejanas naciones, de los lejanos poblados y comarcas, atravesando vicisitudes, amarguras, con la intención de encontrar a vuestro Padre. Habéis logrado la finalidad de vuestra lucha, habéis coronado en parte vuestro sacrificio, porque habéis llegado a encontrar la presencia de Aquél a quien vosotros buscasteis. Mas ahora que habéis llegado ya ante el Maestro, habéis reconocido que solamente estáis en el primer paso, que no habéis logrado todavía la meta, que no habéis escalado la cumbre de la montaña en donde vuestro Padre ya se adelantó a esperaros.
02. Entonces preparáis vuestra potencia y sentidos para poder recoger y almacenar el fruto de esta Palabra, la substancia de esta Palabra, la esencia y el bálsamo que encierra ella misma, y los unos habéis abierto vuestro corazón como un libro en limpio, para que en él mi mano bendita vaya escribiendo la Enseñanza que a vosotros toca y los otros no lo habéis hecho así.
03. Otros habéis presentado el entendimiento y en vuestro entendimiento también he escrito, ¿para qué, mi pueblo? Para que cuando las fibras sensibles de vuestro corazón se hayan sensibilizado, en verdad, puedan sentir, puedan comprender lo que escrito está con vuestro entendimiento, por mi mano. Porque mi Palabra Israel no quedará solamente en vuestra memoria, no quedará escrita solamente en los papiros, ella penetrará hasta lo más profundo de vuestra Conciencia y allí buscará en verdad su morada de donde nunca más saldrá. Saldrá solamente para multiplicarse en amor, en caridad, en luz y en paz para vuestros Semejantes; pero no saldrá jamás para dejar vacío el corazón, sino que esa simiente se multiplicará para salvación de vuestro espíritu y redención también de los demás.
04. Discípulos muy amados de Cristo: Nunca, en todos los tiempos, se había presentado delante de los hombres mi Enseñanza en esta forma; nunca se había escuchado la Palabra de Cristo con la extensidad con que os la vengo entregando en este Tercer Tiempo, con la claridad con que ahora os la entrego como si Yo fuese un ser humano.
05. He venido en este tiempo pueblo, a ayudaros a comprender mis primeras lecciones, la enseñanza que os entregué en aquel lejano tiempo para vuestra carne, pero que no es lejano para vuestro espíritu. Vengo a ayudaros a comprender también la Doctrina que os entregué en aquel Segundo Tiempo, Doctrina que brotó de la misma Ley, que el Padre por conducto de Moisés os entregó en el Primer Tiempo. Recordad, dos de los preceptos que el Padre os confío en aquel Primer Tiempo y entonces reconoceréis que la Enseñanza de Jesús dada en el Segundo, toda brotó de aquellos dos preceptos: Amar a Dios antes que a todo lo creado o Amar a Dios sobre todas las cosas, y después, Amar a tu Semejante y hermano.
06. Mas la Enseñanza que en este tiempo y a través del entendimiento humano os vengo a entregar, es la continuación de aquellas dos pasadas enseñanzas. Si no hubiera vuelto Yo entre vosotros, mi Obra estaría incompleta, mi Obra no estaría consumada, mas Yo por eso, a través de mis profetas y a través de mi Palabra en aquel tiempo, os anuncié mi regreso, mi Tercer Advenimiento en cuanto a Cristo, y lo he venido a cumplir.
07. ¿Por qué no me presenté en este tiempo en el seno de alguna iglesia? ¿Por qué no busque el seno del Cristianismo? Porque en verdad os digo, la Iglesia, el Templo, mi Obra y mi Santuario los forman los corazones limpios. No son las cuatro paredes, no son las regias techumbres, no son los regios altares bruñidos de oro, no son los grandes ritos ni las grandes ceremonias, no son las solemnidades religiosas los que atraen mi Espíritu o forman mi Iglesia o mi Santuario.
08. Mi Templo está en la limpidez del corazón de los hombres, mi Obra descansa en verdad y en espíritu en la unificación y en la Espiritualidad, y por eso, en esta forma he venido a sorprender por tercera vez al mundo.
09. También en aquel Segundo Tiempo los príncipes y sacerdotes me esperaban a Mí, al Mesías, en el seno de su iglesia. Allí esperaban que el Redentor del mundo naciera y se levantara en verdad; mas Yo no pude nacer entre ellos, porque en verdad, más limpio estaba el establo de Belén, más amor encontré entre los pastores, más clemencia bajo el cruento invierno. Los teólogos de aquel tiempo se confundieron; los sacerdotes y los reyes me persiguieron y me negaron desde el instante de mi nacimiento, hasta el instante de mi muerte.
10. Hoy también el teólogo ya se ha confundido por este mi tercer advenimiento y el teólogo se seguirá confundiendo, porque las promesas hechas por Cristo en el Segundo Tiempo de venir entre los suyos una vez más, no lo han comprendido ni han interpretado el fondo de mi Palabra.
11. Yo no he desconocido mi Templo, no he desconocido en verdad los fundamentos de mi propia Doctrina. He venido a cumplir palabra por palabra y promesa por promesa, mas no como el teólogo lo ha interpretado, sino según mi voluntad y según mi verdad.
12. Os he hecho el llamado a vosotros porque os conozco, porque soy el que os ha dado la misión desde el primer instante de vuestra creación y con vosotros he formado mi Templo, el Templo del Espíritu Santo y entre vosotros, reunidos y congregados por la mano de Elías en este Tercer Tiempo, he formado el Templo del Espíritu Santo y, ¡aquí me tenéis!, cumpliendo mis promesas, trabajando y luchando entre vosotros.
13. Desde los primeros instantes he sido puesto en duda. Ha sido puesto en evidencia mi presencia y mi Palabra, habéis dudado. Pocos habéis creído en mi verdad y a través de mi jornada en este Tercer Tiempo seguiré siendo puesto en duda hasta el último momento, hasta el último instante, pero os he dado pruebas. He dado testimonio de Mí mismo entre vosotros y en esta forma, he levantado la fe y la esperanza en el corazón de mi pueblo.
14. Hoy son grandes las muchedumbres que se levantan. No son doce hombres como en aquel Segundo Tiempo, pero de cierto os digo, con ser tan grandes las muchedumbres, todas forman un solo cuerpo y una sola voluntad; no alcanzan todavía a tener la fe de aquellos hombres ni la Espiritualidad de aquellos doce. Por eso ellos en verdad, se levantaron como un torbellino y ellos después de mi partida conmocionaron al mundo en verdad y en espíritu. Y vosotros después de mi partida, ¿qué vais a hacer mis hijos?
15. Bien sabéis, desde el primero hasta el postrero, qué estoy haciendo dentro de mis últimos tres años, de estos tres instantes que marcan el final del tercer advenimiento de vuestro Dios, en forma materializada entre los hombres. Eternamente estaré entre vosotros, eternamente os hablare al corazón, a la Conciencia y a los sentidos. Eternamente mi inspiración vibrará sobre cada creatura, sobre cada corazón. Eternamente estaré dentro y fuera de vosotros, como siempre lo he estado. Mas, ¿quiénes serán aquellos que en verdad se preparen para sentir mi presencia, para oír mi voz divina, para recibir mi inspiración celestial, para recibir limpiamente mis mandatos y mis designios? ¿Quién podrá alcanzar para el año de 1950, tiempo marcado para mi partida, la verdadera Espiritualidad para poderse comunicar con mi Espíritu Divino, ya sin necesidad del Pedestal?
16. Para esto os vengo preparando, para que desde ahora mi pueblo amado vayáis preparándoos, vayáis practicando más y más la verdadera oración, la que siempre os ha enseñado Cristo, tanto en el Segundo Tiempo como en este Tercer Tiempo. La oración de los cinco minutos de espíritu a Espíritu, la oración sincera y profunda, la oración espiritual; no la que habéis grabado en vuestra mente, sino la que brote de lo más profundo de vuestro ser.
17. Vengo alba tras alba depurando vuestro entendimiento, perfeccionando vuestros análisis para que vuestra comprensión sea grande, para que el culto que rendáis a mi Espíritu Divino en estos tres últimos años, de mi presencia entre vosotros a través del entendimiento humano, se recree con un culto respetuoso, espiritual y perfecto entre los hijos que el Maestro enseñó. Para que vosotros podáis en estos últimos instantes recrearos en vosotros mismos, ofreciéndome el fruto de la Enseñanza, el culto verdadero y digno de mi Divinidad, que es todo Espíritu.
18. Hace tiempo pueblo amado que no levantáis altares en vuestro camino, altares materiales. Hace tiempo que en verdad ya no me ofrecéis las lamparillas o antorchas. Hace tiempo que las ofrendas florales no las depositáis en el ara santa del altar, y, ¿acaso con esto me habéis ofendido?
19. Hace tiempo que en verdad no me ofrecéis penitencias ni ayunos materiales, ni sacrificios materiales tampoco y, ¿acaso os he reclamado por la ausencia de estas cosas? No, porque ni hoy, ni ayer ni nunca, he buscado en el corazón de los hombres el altar material. He buscado solamente el culto espiritual y puro en el corazón de los hombres.
20. No he venido nunca a esperar que me ofrezcáis la flor, porque esa es la ofrenda del huerto, del valle y de los campos. Esa no es vuestra ofrenda. Si vosotros llegareis ofreciéndome las flores, de cierto os digo, seríais usurpadores, porque los campos es lo que me brindan, la fragancia de sus flores, la esencia de ellas mismas, oh, Israel.
21. No he venido a contemplar iluminado el santuario con la flama de las antorchas o lamparillas, sino la fe de vuestro corazón, de vuestro espíritu en mi propia Divinidad, pues, ¿de qué sirve que encendáis una lámpara a mi Divinidad, si está en tinieblas vuestro corazón y exento de fe?
22. No son estas palabras para los primeros, son para los párvulos, para los postreros, son para aquellos que en corto tiempo tienen que llegar a la cúspide de la Espiritualidad y de la preparación. Son también para que los primeros enseñen estas palabras a los postreros, porque os digo, para 1950 vosotros seréis el ejemplo de los demás. Hoy no podéis serlo, porque todavía vuestro culto y costumbres se encuentran contaminados, porque todavía no habéis comprendido y por lo mismo no habéis podido practicar la Doctrina perfecta, limpia y pura que he traído para vosotros en este Tercer Tiempo.
23. Su nombre lo dice: ESPIRITUALISMO TRINITARIO MARIANO. Espiritualidad ante la Trinidad Sagrada y ante la pureza de vuestra Madre. Lentamente, paso a paso, pero con firmeza llegaréis a la comprensión y a la Espiritualidad, para que entonces el Maestro pueda tomar en su mano este espejo y mostrarlo a la humanidad, sin alarde ni vanidad, sin grandeza material. Sino haciendo el llamado a los hombres de toda secta, de toda doctrina y de todo linaje para que puedan contemplar su Conciencia y su corazón en este espejo; para que puedan entonces comprender la hora en que se encuentran viviendo, para que puedan entonces también con vosotros despojarse de todo lo superfluo, y encontrar, una vez que se despojen de todo ello, a su Dios, a su Maestro y Doctor.
24. Antes de iniciarse entre vosotros el año de 1948, mucho os pude preparar a través de todos mis Pedestales, diciéndoos: Preparaos, porque los tiempos cambiaran, porque habrá reformas dentro de vuestra práctica, no en mi Obra que es limpia e inmutable, pero sí en vuestras prácticas, en vuestras costumbres, en vuestros hábitos y rutina.
25. Ahora no os sorprendáis. Os lo anuncié y ahora lo estoy cumpliendo. Mas todo en verdad, lo que haga dentro de mi Palabra será para gloria de mi Espíritu y será también para Espiritualidad de vosotros mismos, para que el mundo no os juzgue, para que el mundo no os señale como los hijos irrespetuosos, como los hijos blasfemos, como los familiarizados y acostumbrados con mi presencia. Como los hombres y malos discípulos que han atraído a su Maestro a convivir con sus costumbres superfluas; para que el mundo no os juzgue de materializados, los envueltos en ritos y ceremonias.
26. Sino que el mundo pueda contemplar entre vosotros el verdadero respeto, la Espiritualidad y la comunión directa con mi Espíritu; para que ellos puedan despertar, abrir sus ojos a la luz y decir: Señor, ¡cuánto te hemos ofendido!, ¡cuán cegados podemos encontrarnos a través de los siglos y del tiempo! Así entonces pueblo, podréis vosotros darle al hombre, el pan y el pez, no la piedra ni la serpiente, porque en verdad os digo, eso Israel, nunca lo daréis.
27. Mas si habéis dado la una cosa por la otra, o habéis dado la verdad mezclada con la mentira, Yo os digo, no más lo haréis. Lo puro, no lo entregaréis manchado nunca, y, ¿qué es en verdad esa pureza? Es mi Doctrina, es mi Palabra, es mi Obra bendita, la cual como vosotros sabéis a través de los tiempos, no admite mancha, no puede contaminarse con la palabra superflua del hombre.
28. No podéis entregar la palabra limpia con vuestros labios y desmentirla con vuestros hechos. Todo aquel que se levante con su cruz a seguirme tiene que entregar verdad con todo su ser, hasta donde le sea posible, hasta donde las fuerzas y potencias de su espíritu y carne se lo permitan. Verdad, siempre verdad, y cuando no podáis entregarla, entonces ocultaos en el confín hasta que nuevamente la preparación sea entre vosotros y podáis a la luz del medio día entregar mi dulce, mi santa Enseñanza. No siempre estáis preparados, mas ojalá que siempre lo estuvieseis, porque en todo momento puede presentarse la ocasión de trabajar y cumplir. En el momento menos esperado puede presentarse la prueba, la ocasión y el necesitado y allí debéis estar, vosotros como un centinela velando siempre.
29. Entre vosotros pueden encontrarse en gran número los padres y madres de familia. Mi Palabra ha vibrado en vuestra Conciencia y sabéis cuán grande es vuestra responsabilidad. El peso de la cruz ha sido grave, sí, mis hijos. Habéis traído a esta Tierra a los nuevos herederos, a las futuras generaciones y habéis alcanzado a comprender que con haberlos traído al mundo no habéis terminado de cumplir.
30. La Ley del Padre, dada a los primeros moradores de esta Tierra fue creced y multiplicaos. Hoy en la Tercera Era viene Cristo y encuentra la humanidad evolucionada, encuentra al espíritu de los hombres en su tercera altura de luz y les dice: ¡Creced y multiplicaos!, pero hoy no solamente, creced y multiplicaos en carne, sino en virtudes, en amor, en espíritu, porque esa es la Ley desde el principio hasta el fin, para que entonces vosotros podáis estar satisfechos de vuestra obra y llegar ante el Padre para decirle: ¡Señor, aquí está nuestro cumplimiento corporal y espiritual!
31. Se acerca 1950, oh padres de familia, ¿qué vais hacer después de ese instante con vuestros hijos? ¿En dónde estará el Maestro que los pueda enseñar? ¿En dónde estará el Maestro que los pueda guiar espiritualmente por la senda del amor, por la senda salvadora? ¿En dónde los congregaréis en verdad, en el día dedicado para el descanso corporal y para la práctica espiritual? ¿Qué podréis vosotros hacer por ellos para salvarlos de la tentación, de los abismos, de las acechanzas? ¿Acaso vais a creer que mi presencia ya no es con la congregación en estos recintos después de mi partida? ¿Acaso vais a volver la espalda a mis recintos y os vais a alejar? ¿Vais a penetrar en la frialdad, en el hastío y en el olvido? ¿O vais a caer con los vuestros en otro camino, en otras sectas y caminar hacia atrás?
32. De cierto os digo: Estos lugares no desaparecerán, estos lugares en verdad os digo serán sitios sagrados, bendecidos por mi Divinidad, por vuestra presencia y Espiritualidad para que las reuniones de vuestros corazones sean por siempre aquí, para que todos reunidos y congregados podáis escuchar la lectura de mis palabras, de mis Cátedras divinas. Para que podáis entonces escuchar el análisis que mi Mundo Espiritual dio también a mis divinas Cátedras, a mis frases, a mis inspiraciones, para que con estas enseñanzas vosotros siempre podáis vivir y siempre podáis también guiar a los vuestros. Los videntes contemplarán mi presencia, mi fuerza divina; mi bálsamo, como un rocío de gracia caerá sobre todos.
33. Los enfermos, los hambrientos y sedientos de justicia, los pecadores, los obstinados, los encadenados por los vicios, los abandonados, todos en verdad os digo, al penetrar en vuestra congregación, en vuestra reunión bendita, sentirán la fuerza y presencia de algo grandioso, de algo sobrenatural, de algo divino. Ellos aprenderán a orar, aprenderán a comunicarse de espíritu a Espíritu y también darán testimonio como vosotros mismos, en verdad.
34. La unificación que os vengo pidiendo ahora no se romperá después, cada día será mayor y todos con obediencia y sumisión a los mandatos que os deje como herencia, como legado divino, vosotros trabajaréis dentro de mi Ley, dentro del amor, dentro de la Espiritualidad. Los hombres y las mujeres, los ancianos y los niños, todos sabrán trabajar, todos sabrán sanar al enfermo, consolar al triste, ayudar a todo aquel que necesite ayuda. Todos sabrán por los caminos sembrar la paz, destruir las guerras y las discordias, sabrán sembrar de bendiciones los caminos, las comarcas, los mares y los valles.
35. Entonces os levantaréis por todos los lugares de la Tierra, aparentemente movidos por causas materiales, pero en el fondo reconociendo siempre que es mi mano la que os guía, la que os levanta, la que os sorprende en el sendero, para llevar el pan, la Buena Nueva, el sustento espiritual a los hombres.
36. Por eso más y más os vengo dotando de potestad y os vengo pidiendo también la práctica de esta potestad, para que os vayáis reconociendo a vosotros mismos, para que vosotros mismos vayáis teniendo el testimonio de que Yo os he entregado una verdad. Y no, cuando mi ausencia sea entre vosotros, contempléis vuestras manos vacías, vuestro corazón vacío, vuestra mente conservando una que otra de mis divinas palabras y entonces la cobardía, la falta de fe, el recelo ante la humanidad, el temor invada vuestro corazón y espíritu, y caigáis en el letargo. ¡No, mi pueblo amado!
37. Ese tiempo no sorprenda a los postreros mucho menos a los primeros. Sino sea tiempo de gracia la iniciación del tiempo de gracia entre vosotros mismos. El primer paso hacia la verdadera Espiritualidad, cuando ya vosotros no tengáis necesidad de las cosas materiales para verme, para creerme o para sentirme, para adorarme o rendirme culto. Sino entonces ya despojados de todo fanatismo, de toda idolatría y mixtificación, de toda cosa innecesaria a vuestro espíritu, podáis levantaros sencillos y limpios en verdad, entregando solamente mi Enseñanza en pensamiento, en palabra y en hechos. Vosotros tenéis que ser el ejemplo de todo Israel.
38. El Templo del Medio Día y el Templo de la Fe, desde un principio han sido puestos en verdad, como un ejemplo, como un manantial de fuerza y enseñanza, de vida y de bálsamo, de simiente y de aguas cristalinas para toda la humanidad, y hoy, mas que nunca tendréis que dar ejemplo, no solamente los guías, los labriegos, sino el mismo pueblo, esa multitud que se congrega tan solo para escuchar mi Palabra. Ellos también tienen que dar el ejemplo, ejemplo de Espiritualidad, de respeto, de recogimiento, de unificación, de obediencia. Ejemplo de acatamiento a mis mandatos divinos, ejemplo de moral y virtud en su camino, ejemplo de sinceridad, de hospitalidad, de ternura, de caridad y caricia para todos por igual, ejemplo de elevación espiritual.
39. Esa es vuestra misión pueblo. Desde el primero hasta el postrero de los Templos del Medio Día y de La Fe, hoy más que nunca ligados pueden encontrarse a entregar el ejemplo a todo Israel, porque día tras día estoy haciendo el llamado a los Guías de multitudes, a los Pedestales y Facultades, Piedras Fundamentales, y a todos los Componentes de mis recintos. Para que puedan acercarse a estas fuentes, a beber las aguas cristalinas de ellas mismas, para que con estas aguas puedan dar vida y riego aquellas sus parcelas, a sus campos y aquellos sus viñedos, y cuando la hora suprema llegue para todo Israel, todos podáis entregar un sólo fruto al Padre, y ese fruto que sea de pureza, de verdad y de amor.
40. Que el Padre no pueda contemplar ni una mancha, un defecto en ese fruto, porque el Padre recibirlo no podrá; pero aún es tiempo de que deis el ejemplo, aún es tiempo de que vosotros depuréis vuestros frutos, vuestra simiente, vuestras prácticas, para que de este modo deis el buen ejemplo a los demás.
41. Que no levantéis vuestra planta haciendo alarde de perfección, de pureza, de triunfo, porque estáis muy lejos todavía del triunfo. Porque no estáis caminando al compás de mi Palabra, vais con paso demasiado lento y la palabra del Padre marcha en verdad con paso firme día tras día, y vosotros no queréis salir del estancamiento, vosotros no queréis dejar muy atrás las costumbres superfluas.
42. Vosotros queréis todavía alimentaros de la rutina, del letargo, cuando los tiempos ya no lo permiten, cuando los tiempos y los elementos, el dolor y la guerra, los conflictos y el caos os dicen a cada instante: ¡Despertad, levantaos y trabajad! Limpios no os veo por dentro y por fuera de vuestro corazón. Dejad que éste se llene con ese vino que es la sangre del Maestro para que se desborde en vida, en verdad y en esencia en todos vuestros hermanos.
43. Sí, mi pueblo amado: ¡Despertad y levantaos! Estudiad mi dulce Palabra y encontraréis en el fondo de ella, caricia y amor. Dejad que mi Palabra llegue a vuestro corazón y sentiréis que esa Palabra viene solamente de un Padre no de un Juez, viene de un Padre que os ama y que os busca, que os corrige, extiende la mano a cada instante para daros la salvación, que os levanta cuando os tropezáis, que os sana cuando os habéis herido.
44. Ni tan siquiera he venido en este día a ordenaros algo. No he venido a mandaros algo, solamente he venido a daros la caricia, a daros el bálsamo, a iluminaros una vez más el sendero, para que ni uno de vuestros pasos se desvié; a buscar donde está vuestro mal, vuestra dolencia. A escucharos para encontrar vuestras necesidades y entonces poderos colmar de beneficios y allanar vuestro camino. A escuchar vuestras palabras, a recibir vuestra oración, a hacer que por vuestros méritos alcancen los vuestros, a haceros dignos delante de mi propia Divinidad.
45. No he venido a entregar órdenes ni mandatos, porque recordad que en alba de gracia el Maestro los retuvo, y pudo haberos dicho en verdad: Quedo en espera del cumplimiento de mis órdenes para poder entregaros nuevas. Y pudo haber dicho al cuerpo de Pedestales: Preparaos y haceos dignos todos, para que por vuestro conducto pueda entregar mis mandatos en el presente año.
46. Mas, ¿cuándo podré entregar mis nuevos mandatos Israel? Cuando todos, del primero hasta el postrero, se levanten a cumplir; cuando podáis decirme: «¡Señor, Señor, con ahínco hemos tratado de cumplir tus mandatos!” Entonces Yo me complaceré entre vosotros, abriré mi Arcano sacrosanto y os entregaré, lo que retenido se ha hallado para Israel. Porque lo que he derramado entre vosotros, es un átomo celestial de lo que guardado tengo. ¿Por qué no se ha derramado estas gracias divinas, estas gracias espirituales entre vosotros? Por la falta de obediencia, por la falta de comprensión y por la falta de Espiritualidad; porque mientras pueda encontrar manchado vuestro corazón, no puede ser el asiento de mis gracias divinas.
47. Muchas veces os he permitido la paz del universo, la paz de la nación, la solución de los grandes conflictos y del caos que pesan sobre el universo, y no he podido cumplir mi Palabra porque vosotros no me habéis cumplido. Y entonces decís: ¡Padre, Padre!, ¿qué acaso tu Corazón no se conmueve con tanto dolor? Sí, mi pueblo. Tan se conmueve que en aquel Segundo Tiempo vine a daros toda mi vida, toda mi sangre, mi Palabra y todo para poderos redimir.
48. ¿Es acaso lo que me estáis pidiendo una vez más, Israel? Es que, ¿acaso queréis que nuevamente descienda de mi Solio para hacerme hombre, para dejarme llevar por los hombres con un madero a cuestas hasta la cumbre de la montaña? ¿Queréis contemplar nuevamente a través de mis llagas y heridas, hasta el último de mis huesos? ¿Queréis que la última gota de mi sangre escape de mi cuerpo y caiga en la tierra del Calvario, sin que vuestro corazón se abra para recibirla?
49. Ese tiempo ha pasado, ahora os toca a vosotros. No que derraméis vuestra sangre, no que seáis blasfemado por todo el pueblo y las multitudes, no que hagáis sacrificio corporal entre la humanidad; sino levantaros con enmienda, con recogimiento, con Espiritualidad, venciendo vuestras propias pasiones, doblegando la reaciedad de vuestra carne, unificando vuestra voluntad a mi Voluntad. Redimiendo vuestro propio hogar, vuestra propia familia, derramando paz y buen ejemplo en el camino, practicando la Doctrina del Maestro dentro y fuera del recinto, como Yo os la he enseñado.
50. Unificando vuestro corazón con los corazones de aquellos que en verdad representan a mi Divinidad en otros recintos, Amándoos los unos a los otros, porque si no os Amáis los unos a los otros, no sois mis discípulos, ni estáis practicando mi Enseñanza en verdad, y entonces estáis imitando a los fariseos de aquel Segundo Tiempo. Decís: ¡Padre, Padre!, pero en vuestro fondo no me creéis, no me obedecéis ni me seguís. No mis hijos amados.
51. Que estas palabras no vengan con frecuencia a vuestros oídos y a vuestro corazón; que ya pueda el Maestro iniciar entre vosotros la última etapa de su Palabra, con palabra llena de ternura, con palabra llena de bálsamo, llena de caricia entre vosotros mismos, pero no de reclamo ni de corrección. Mas qué queréis si así lo vais pidiendo en el camino, así lo necesitáis, así el Maestro tiene que llegar entre vosotros porque no os dejaré manchados, ciegos ni confundidos.
52. Voy delatar a vuestra carne y vuestros actos delante de vuestra Conciencia, no a los unos delante de los otros. Porque Yo soy el velo que en verdad os defiende de vuestros enemigos y jueces, pero que todos vuestros actos los pone al descubierto delante de vuestra Conciencia. Día tras día así con mi Palabra, vendré despertando más y más a vuestro juez interior, que es vuestra Conciencia para que ella os juzgue en medio de la noche y durante el día, para que no os deje reposar ni por un instante y os recuerde siempre que todo discípulo de Cristo, que se dice Espiritualista Trinitario Mariano, en este tiempo tiene que levantarse con fe, con obediencia, con ahínco y con preparación, a cumplir al Padre entre sus propios hermanos.
53. ¿Me habéis comprendido Israel? Ved como os defiendo de las acechanzas y del frío, ved como incansablemente os estoy hablando de mi partida, como en aquel Segundo Tiempo pude hacerlo con mis apóstoles.
54. Encontrábase Jesús rodeado de sus discípulos en aquel Segundo Tiempo. Todos ellos, menos uno, eran mayores de edad que el Maestro. Los unos podían encontrarse en la edad madura y los otros ya en la ancianidad. Solía haber un pequeño, menor que Jesús, que era Juan. El Maestro les hablaba de su próxima partida, y aquellos hombres podían preguntarse a sí mismos: «¿Cómo es que habla de partir, si nosotros estamos más próximos que Él del final? ¿Cómo es que a cada instante Él nos esté entregando su despedida, si es más joven que nosotros mismos?»
55. Y es que el Maestro les hablaba en sentido figurado de su muerte próxima, y ellos no alcanzaban a comprender cómo aquel hombre toda vida, toda salud, todo amor y fortaleza podía morir para el mundo. No alcanzaban a concebir que Aquél que vino del Padre pudiera también morir, y por instantes se confundían; pero Jesús seguía hablando de su partida, seguía dando su adiós, seguía haciendo que aquellos corazones se familiarizaran con su partida, para que entonces comprendieran que tenían que aprovechar el tiempo, que tenían que espiritualizarse, que tenían que almacenar en lo más profundo de sus corazones toda aquella simiente preciosa, que era la única herencia que les estaba confiando para después de esa partida.
56. Y ellos le decían: «Señor, si alguien quisiere levantar su mano para darte muerte no lo permitiremos. Ningún puño se interpondría ante nuestras armas». Mas Jesús les decía: «Lo que escrito está tendrá que ser y la voluntad del Padre se consumará; pues antes pasaría el Sol y la Tierra que no cumplirse la palabra del Padre.” Doblaban su cabeza entristecidos y pensaban: «¿Qué haremos después de que Él ya no se encuentre entre nosotros? ¿Cómo podremos nosotros luchar entre la humanidad, como Él lo ha hecho? ¿Cómo podremos darle la vista al ciego, limpiar al leproso y convertir a los hombres y mujeres pecadores? ¿Cómo podremos resucitar al muerto como Él lo ha hecho, y hablar incansablemente con esa pureza y perfección con que se ha manifestado? ¿Qué haremos después de su partida? El Maestro les decía: «Vosotros quedaréis en mi lugar, vosotros seréis como ovejas entre lobos, pero si creéis en Mí y estáis siempre en el camino que os he trazado; no pereceréis jamás.”
57. Esto a ellos les daba vida y entonces se afirmaban en el propósito de no salir jamás de aquel camino trazado por aquella Palabra, hasta que el instante se aproximó y entonces ellos pudieron contemplar cómo el pueblo se conmocionaba, cómo el pueblo se levantaba los unos vitoreando a Jesús, los otros desconfiando de Él, y los otros levantándose en conspiración y persecución.
58. Se amedrentaban los corazones de aquellos hombres discípulos del Maestro y entonces flaqueando por unos momentos su confianza y su fe, miraron a Jesús como a un hombre y para sí mismos decían: “¿Porque Jesús con su santo poder no detiene el avance de esa plebe? ¿Por qué Jesús con su santo poder no hace callar las bocas de los hombres, Él que hace callar las bocas de aquellos poseídos por espíritus inmundos?”
59. Cuando en el Huerto de los Olivos lo contemplaron orar y sudar sangre, pudieron decir: “¿Cómo es posible que el Hombre Dios, que Jesús el enviado del Eterno Padre, pueda amedrentarse delante de los hombres que le persiguen y presto están para prenderlo?» Y más tarde cuando Él cayó en las garras del dolor, cuando todos los pecados del mundo cayeron sobre el Cordero Inmolado, entonces los Apóstoles pudieron preguntarse a sí mismos: «Señor, ¿por qué te has dejado aprender como cualquier malhechor, si en Ti no hay pecado alguno, ni causa que perseguir? ¿Por qué te has dejado aprehender?»
60. Fue el instante en que también ellos se dispersaron, pues pensaron que, si Él habiendo hecho actos piadosos lo prendieron, qué suerte podrían correr ellos entre las garras de los hombres, y se ocultaron. Mas, Jesús seguía dando su Enseñanza; no era solamente el Dios, que había querido ser también Hombre, y como Hombre quería también dar su ejemplo de perfección entre los hombres. Quería sentir el dolor no solamente divino sino humano. Quería sentir todas las angustias de los hombres, toda la soledad; quería recibir en su cuerpo bendito todas las ingratitudes, todas las blasfemias para poder entonces entregar la última de sus páginas de aquel Segundo Tiempo.
61. Llegó la última hora, el último instante del Maestro y desde lo alto de aquel madero sacrosanto, buscó con sus ojos benditos a sus discípulos, a aquellos hombres que habían vivido con Él, aquellos que lo habían amado, aquellos que en verdad lo habían acompañado atravesando los caminos, penetrando en las aldeas, en las provincias, en las comarcas y en las ciudades, a aquellos hombres que por tres años habían estado cerca de su regazo y Corazón, y no los encontró.
62. En el último momento sus ojos corporales no los pudieron contemplar; se habían ocultado ante la ira, ante la ceguedad de las plebes, se habían ocultado en el confín. Solamente Juan el más pequeño, era el que estaba en unión de la Madre del Maestro y a él pudo dejar sus últimos mensajes para los apóstoles y para todo el género humano, al discípulo en representación de toda la humanidad; a la Madre, como Madre Espiritual y Divina de todo el género humano.
63. Después vino la comprensión, más tarde solamente vibro el Espíritu Santo, cuando solos podían encontrarse los discípulos guardando luto al Maestro, como si dentro de ellos hubiera partido un hombre. Sollozando a cada instante, unidos todos en el llanto, en la ausencia, en el dolor, buscando el consuelo de aquella Madre que trajo al mundo al Unigénito; así dejaban pasar los días y las noches, no había consuelo para sus corazones, no había con que llenar el infinito vacío que Jesús, el Maestro amado, había dejado en ellos mismos.
64. Y, ¡he aquí que el Maestro en su Espíritu Divino, se hizo visible a los ojos de la humanidad! Visitó a su Madre, visito a una de las mujeres, ellas dieron testimonio y los apóstoles dudaron. Mas el Maestro quería dar testimonio de que después de su partida Él seguía con ellos reanimándolos, levantándolos a la lucha, porque ellos ahora habían quedado en mi lugar.
65. Mas los discípulos dormían en su letargo, entregados al luto, al dolor, a la soledad. No podían comprender que tenían que levantarse y así se reunían en un sitio o en otro, lejos de las miradas de los judíos, lejos de las miradas del mundo, por temor de ser tomados también cuales prisioneros.
66. Encontrábanse los apóstoles reunidos en una choza humilde. No estaba Tomás entre ellos y cuando aquellos discípulos podían encontrarse entregados a los recuerdos, a través de la choza atravesó su Maestro, y pudo haberles dicho: “La paz sea con vosotros.”
67. Sorprendidos pudieron levantarse los discípulos al reconocer el eco, al acento de aquella voz única para ellos, en verdad y postrándose ante el Maestro lloraron y de Él sintieron la fuerza.
68. Él dio testimonio de Sí mismo, de que por siempre estaba con los suyos y con su presencia los reanimaba.
69. Ausentose la silueta de Jesús y los apóstoles llenos de alegría y confortación, esperaron la llegada de Tomás. Cuando él llegó le comunicaron la buena nueva y Tomás se burló, se mofó y dijo que era imposible, que Jesús había muerto. Que todos daban testimonio de que hasta la última gota de su sangre había caído al polvo de la tierra, que su cuerpo lacerado y traspasado también había sido en el madero de la cruz, que había bajado a las entrañas de la tierra como todo mortal y era imposible que con ellos hubiera estado.
70. Así hablaba Tomás y la choza cerrada podía encontrase cuando el Maestro nuevamente pudo decirles: “¡La paz sea con vosotros!” Tomás entonces lleno de pavor primero, lleno de arrepentimiento después, pudo contemplar la silueta de Jesús, pero la duda seguía atormentando su propio corazón. Era el discípulo materializado, era el discípulo que no había alcanzado a comprender las gracias del alma, las gracias del espíritu, las gracias de la vida eterna, y pudo decirle el Maestro: “Tomás, acércate, hunde tus dedos en mi llaga.” Y Tomás los hundió y pudo contemplar a través de aquella herida, de aquella profunda llaga que manaba sangre espiritual, la Tierra Prometida. Entonces Cristo contemplo como Tomás, ante sus pies lloró lleno de dolor y de arrepentimiento, y decía:
71. “Señor, Señor, eres Tú.” “Sí Tomás, confieso que soy Yo, porque has visto y como has visto has creído. ¡Bienaventurados aquellos que sin ver han creído!”
72. Así estáis vosotros mi pueblo. Os estoy anunciando a cada instante mi partida. Os estoy desmaterializando. Os estoy depurando en espíritu y en materia a cada momento, para que no seáis después los materializados, los idólatras, los ignorantes, los confundidos, sino que seáis los discípulos espiritualizados del Tercer Tiempo, los verdaderos discípulos del Espíritu Santo, para que cuando llegue la hora de mi partida no digáis:
73. “Maestro, Maestro, ¿cómo es posible que nos dejes? ¿Cómo nos dejas entre la humanidad llena de odio, de guerras, de rencores y de perversidad? ¿Cómo te apartas de nosotros si Tú eres nuestro único bien y salvación?”
74. No, pueblo, no quiere el Padre que en ese instante vayáis a exclamar esto delante del mundo, delante de la humanidad, porque, ¡habrá representantes de las naciones, habrá representantes de las sectas y religiones!, ¡créalo el hombre o no lo crea!
75. En el momento final de mi partida no quiero que el mundo contemple en este Tercer Tiempo, de unos la ira, de los otros el mesar de cabellos y el crujir de dientes. No quiero de vuestros labios en ese instante exclamaciones de desesperación. No quiero que vayáis a gritar: “¿Por qué te vas? ¿Por qué nos dejas?” Quiero recibir de vosotros en el momento final, el recogimiento, el silencio, la serenidad, la Espiritualidad, la verdadera comprensión entre vosotros mismos, de que Yo no he muerto, de que Yo no he partido entre vosotros, sino que sigo estando muy cerca de mis discípulos, de mis hijos amados, como en aquel Segundo Tiempo testimonio dí.
76. Yo he dicho: Todo ojo pecador y no pecador me contemplará, pero analizad estas cosas que son dadas en sentido figurado. No todos los ojos me contemplarán en mi silueta después de 1950. Los unos me sentirán en su corazón; los otros en su propio entendimiento; los otros en las maravillas que haga en su propio camino. Los otros en la oración, los otros en la prueba, y no será menester los ojos corporales ni los ojos espirituales para contemplarme, sino vuestros sentidos corporales y sentidos espirituales, la parte más espiritual de vuestra Conciencia. Ella sea la que me mire, ella sea la que me sienta, ella sea la que me palpe, en espíritu y en verdad, ¡oh, Israel amado!
77. Y así entonces no haya luto en vuestro corazón, ni exista el vacío, la soledad, la congoja ni los sollozos, sino que desde ese instante podáis prepararos más que nunca. Así como lo hacéis vosotros como cuando vuestros padres materiales penetran en la agonía, cuando vosotros contempláis que vuestro padre o madre está entregando sus últimas palabras, está dirigiendo sus últimas miradas a sus pequeños, está dando sus últimos alientos y entonces, todos los hijos en un abrazo estrecho pugnan por reunir sus fuerzas, para suplir las de aquel corazón amado que está partiendo ya.
78. Así, a imitación de estas cosas en el momento de mi partida a través del entendimiento humano, todos deis el último paso a la verdadera unificación. Unificación de Amor de los unos hacia los otros, para que entonces todos reuniendo vuestras fuerzas espirituales y corporales forméis un solo cuerpo y una sola voluntad, y con esa fortaleza supláis la que el Padre os daba con la de su presencia. Para que con esa fuerza corporal y espiritual podáis en ese instante vencer toda negligencia, todo estancamiento y desde ese momento deis el paso con firmeza entre la humanidad. Que si vosotros estáis unidos y firmes, ¡ay, del Universo y del eje del mismo planeta, porque hasta él mismo se conmoverá! Los elementos reconocerán vuestra unificación, las naciones las sentirán también y habrá grandes señales en el cielo y en la tierra, en verdad pueblo.
79. Por eso, desde ahora os voy unificando en pensamiento, en trabajos, en palabra y en enmienda, en todo mis hijos muy amados, para que cuando ese instante llegue, que es muy próximo, la familia de Dios en los Tres Tiempos pueda decir: “Al fin, Señor, nos hemos unido.”
80. Esta ha sido mi Cátedra en esta alba de gracia. Esta ha sido mi Palabra de amor y de enseñanza. Una perpetua caricia desde el principio hasta el final. He dado mi caricia, mi bálsamo, mi consuelo, mi fortaleza desde a vuestros Guías hasta el postrero. Todos habéis recibido la caricia del Padre. Mandatos y órdenes hoy no he entregado, porque retenidos pueden encontrarse; mas os he venido a reanimar desde los primeros hasta el último al cumplimiento de estas órdenes, al cumplimiento de los grandes mandatos que os he entregado y que pesan sobre la Conciencia de cada uno de vosotros.
El Divino Maestro se dirige a los postreros
81. En este instante, postreros, oh, hijos benditos que por vez primera habéis venido al “Templo de La Fe”, voy entregaros unas cortas palabras, palabras de bienvenida, de caricia, de purificación y de amor, palabra de consuelo, de beneficio espiritual y corporal también.
82. Vosotros, pueblo, regocijaos y en el fondo de vuestro corazón recibid a los que por vez primera han venido a mi recinto.
83. Hace tiempo que os esperaba, porque hace muchos años mi Palabra vibrando puede encontrarse entre los hombres, y hasta ahora que está próxima mi partida, vais llegando vosotros. Es tiempo aún en verdad os digo y los mejores frutos cultivados por mi pueblo de Israel, los recibirán los postreros. Los frutos más depurados, mejor cultivados, con mejor sabor y color, serán con los que se alimenten los últimos corazones que lleguen ante mi Obra. Así vosotros vais llegando y escucháis esta palabra que es terminante, que es de justicia y de amor, y decís: «¿Por qué se le habla así a la humanidad?”
84. Yo os digo: Esta palabra viene de Cristo, de aquél Maestro que estuvo en aquel tiempo entre vosotros. ¿Olvidáis acaso, cuál finalidad persiguió Jesús en aquel tiempo? No lo ignoráis. Sabéis que Él entregó su Palabra y sangre para redención de los hombres y en este tiempo os vengo a decir: Esta mi Palabra que os entrego a través del entendimiento humano, es también para redención del mundo.
85. Primero estoy salvando a este pueblo, primero lo estoy rescatando de las tempestades del mar negro, para que él pueda acercarse más y más a la verdad, y tomando de ella él mismo pueda después libertar a los náufragos, porque he hecho penetrar a este pueblo de Israel en una barca salvadora, no para que solamente él a salvo pueda encontrarse, sino para que él salve a sus propios hermanos.
86. ¿No veis como él ha tendido su mano, ha abierto sus labios y os ha invitado a venir? Porque os ha considerado náufragos y él os ha salvado, él os ha hecho penetrar en la barca y os ha traído al puerto de salvación. Si vuestro espíritu lo reconoce, ¡bienaventurados seáis! Si no, volveréis nuevamente entre las aguas del mar que en continua tempestad pueden encontrarse. Mas, Yo os digo: Os entrego en este instante una luz para que, en la mitad de la noche, en la tempestad esa luz pueda descubriros a lo lejos, las tierras de paz, de salvación, para que podáis entonces una vez más venir, acercaros hacia esta fuente, hacia esta casa que os ha dado la bienvenida con tanto amor en esta alba bendita de gracia.
87. Postreros de mi Divinidad, que escuchando estáis mi Palabra en sentido figurado: Serán los corazones los que os den el claro análisis; será mi Mundo Espiritual de Luz el que os explique grandes cosas que hoy no llegáis a comprender. El Maestro os dice: Todo lo que en vuestro corazón me estáis pidiendo, está en el hueco de mi mano. Yo os prometo en verdad dejaros complacidos, os prometo entregaros mi caridad y beneficios. No es una falsa promesa, ni os entrego esta promesa con el fin de seduciros, ni tampoco os voy a entregar mis beneficios a cambio de nada de lo vuestro, porque mi Obra nada de lo que vosotros poseéis necesita.
88. Solamente os voy a entregar el bálsamo, el consuelo, la fuerza para luchar, la verdad, la senda para que vosotros podáis penetrar en ella misma y levantaros fuertes, como hijos de Dios. Os entrego una llave invisible, mi paz y mi bendición, en mi Nombre que soy el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Después de unas bodas, nuestro Divino Maestro se dirige nuevamente al pueblo
89. He aquí pueblo amado, habéis palpado una vez más el cómo vuestro Maestro une dos corazones, une dos vidas, para que así, amándose entre sí, puedan ofrecer al Padre los frutos. Vosotros habéis elevado vuestro espíritu en este instante, y cuánta gracia, cuántas cosas me habéis pedido. De cierto os digo, ellas sean derramadas como un rocío de gracia, en espíritu y en verdad.
90. Una vez más he estado entre mi pueblo. iPreparáos! ¡Velad oh, Israel bendito por la humanidad! Preparad más y más vuestra intuición, para que podáis vosotros conocer el momento que estáis viviendo. Este instante trascendental en que el hombre no sabe lo que quiere ni sabe lo que espera; en que el hombre mide las fuerzas con el hombre y encuentra en sí mismo solamente la flaqueza. No encuentra en el fondo de sí mismo, la fuerza necesaria para no lanzarse en contra del hombre. ¡Dadle la fuerza con vuestra unificación! ¡Dadle la mano con vuestra oración, pueblo!
91. ¡Venced al espíritu de las tinieblas! ¡Venced al espíritu de la guerra con vuestra oración y paz! ¡Velad siempre! ¡Orad siempre! Ya es tiempo de que os olvidéis de vosotros mismos. Ya es tiempo de que no consideréis vuestros dolores muy pequeños en comparación con los grandes conflictos de la humanidad.
92. No dejéis que el dolor siga carcomiendo la buena simiente. No dejéis que los tiempos pasen y entonces, todos aquellos a quienes había de salvar vuestra oración sigan pereciendo. ¡Preparaos! ¡Velad y orad!, que yo os dejo los cinco minutos de oración en el instante de mi partida. En el momento de la ascensión de mi Rayo, penetráis en cinco minutos de oración y os complaceré, derramaré mis gracias y bendiciones en todo el Universo.
93. Haré que el Mundo Espiritual desencarnado se acerque entre vosotros. No todos tomarán materia, solamente un corto número está destinado a tomarla entre vosotros como Facultades. A los otros, los haré penetrar a mis recintos para que escuchen mi Palabra, para que escuchen el trabajo del Mundo Espiritual de Luz.
94. Haré que penetren para que escuchen vuestros pasos, para que contemplen vuestra vida y ellos puedan descubrir la luz, y otros serán preparados en el mundo espiritual, en aquel Valle y no tendrán más acceso en el mundo material, pero vosotros estad siempre en buena preparación para que ellos puedan alcanzar. Ellos os escudriñan, os contemplan y esperan la luz de vosotros. No esperéis que-ellos os venzan y os confundan, no, Israel, porque la luz siempre vencerá a las tinieblas, porque ésta es mi voluntad.
95. Derramo mi paz, derramo en este instante el bálsamo con mi fuerza en las aguas, para que con estas aguas, hagáis prodigios entre la humanidad, hagáis prodigios en mi Nombre Israel bendito; pero el Maestro os dice: No serán las cantidades de agua que me presentéis para su preparación, sino la preparación de vosotros mismos con las cuales podréis hacer grandes prodigios. Con una sola gota de estas aguas preparadas bastará si vosotros estáis preparados.
96. En todo el Universo derramo en este instante mi caricia, mi perdón y mi bendición y durante vuestros cinco minutos de oración pueblo amado, el Maestro, vuestra Santísima Madre, el Mundo Espiritual de Luz y vuestros espíritus, derramaremos la caridad y la paz en todo ser necesitado, ¡porque esta es mi voluntad!
97. ¡Adiós pueblo amado, que la paz de mi Espíritu Santo quede una vez más entre vosotros!
8 febrero de 1948.