¿Existió Moisés y Jesús?

Normalmente todos quienes elegimos el sendero espiritual en el Cristianismo, en algún momento nos ha interesado la historia del pueblo de Israel, el pueblo de Dios. Esa historia está contenida sin lugar a dudas en muchos libros, donde se ha plasmado su origen, sus luchas, sus grandes errores y aciertos, uno de aquellos libros es la Biblia.
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Hay quienes han negado la existencia de quiénes protagonizaron parte de la historia de Israel, como lo puede ser de Moisés, e incluso se ha negado que haya existido la más grande figura del Cristianismo, Jesús el Cristo. Para muchos eruditos son ilustración de un movimiento espiritual, en el cual sirvieron para dar cimiento a una de las principales religiones. Figuras ilustrativas de las cuales se sirvieron los escritores en sus respectivas épocas, para dar forma al Dios de Israel.
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Ante un movimiento presente en la actualidad de los cuales algunos han negado que hayan existido tales personajes, se puede decir que, no tiene una mayor importancia.
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A través de los siglos se pueden encontrar y leer escritos y deducciones, de quiénes han negado la existencia de Dios. Y no es temerario el decir que tantos letrados, se han negado así mismos, ya que les es difícil, les es complicado el entender la palabra espíritu y más que entender, el comprender que ellos son a la vez, lo que rechazan y desaprueban.
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Gran parte de sus deducciones se centran en lo que pueden estudiar, analizar y comprender desde un sentido material, pero no el espiritual. Si lo pueden ver, apreciar, tocar con los sentidos humanos entonces es que existe, si no es posible hacerlo, por lo tanto no existe.
Hay eruditos que afirman que el personaje de Moisés sí existió, pero que era idolatra como la mayoría de sus contemporáneos. Hay quienes afirman que Jesús de Nazaret sí existió, pero que su Doctrina tuvo un comienzo y un aprendizaje con los esenios.
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Hay estudiosos que manifiestan que los milagros acontecidos con Moisés en la liberación del pueblo de Israel de Egipto, no tuvieron un origen espiritual o divino. Sino simplemente fueron manifestaciones de la Naturaleza, momentos oportunos, casuales, que se suscitaron en favor de la liberación de los Israelitas.
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Otros más que declaran que los milagros de Jesús, no tuvieron la posibilidad de haber sucedido o efectuarse, por ir en contra de las mismas leyes naturales. Otros tantos el negarle su Divinidad, el titulo de Mesías porque ante sus ojos y sentidos materiales no se presentó tal cómo ellos lo esperaban.
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Bien conocía el Maestro a los hombres al expresar y dar gracias al Padre por haber ocultado las cosas espirituales y celestiales, a los hombres entendidos de aquel tiempo, y dárselo a conocer a los de entendimiento humildes e iletrados. Pues de la misma forma le plació en Su manifestación como Espíritu Santo, el Maestro comunicarse por entendimientos rudos y faltos de las ciencias de los hombres, para así sorprender de nuevo a los entendidos e ilustrados; para que estos no dijesen que lo manifestado en SABIDURÍA en Su tercer testamento, provenía de ellos mismos.
Es la SABIDURÍA la que se puede hallar en cada manifestación divina, desde Moisés, Jesús o a través de la comunicación por el entendimiento de miles de mujeres y hombres, que sirvieron como Portavoces en Su última manifestación. Es la SABIDURÍA que se puede hallar en los Mandamientos de la Ley; en la Doctrina de Jesús en Sus tres años de predicación; así como en las tantas lecciones del Espíritu Santo, en Su último testamento.
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Esa SABIDURÍA que habla y revela a los hombres, el honrar a los padres, a no codiciar lo ajeno, el no matar, no robar, o el de dar falso testimonio. Esa SABIDURÍA que en otro tiempo revelo a los hombres el amor a los enemigos, el amor de los unos a los otros, el sacrificio por amor. Esa SABIDURÍA que en el último tiempo dio tantas y tantas lecciones, que sirviesen de esclarecimiento de las cosas pasadas. De Amor divino por hacer del hombre y su morada, un remanso de paz y de fraternidad. De Amor divino de iluminar al mismo hombre, para que ya no fuera un misterio ante sí mismo. De Amor divino para encumbrar su ser más esencial, el espíritu a la perfección.
Es la SABIDURÍA la que el espíritu y el entendimiento del hombre pueden entender y comprender al analizar cada Testamento, y mucho más, los dos últimos.
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No importa si hay quienes niegan a Moisés o Jesús, o que en lo presente o futuro nieguen la comunicación divina a través del entendimiento del hombre y la mujer. Lo que no podrán negar es la SABIDURÍA contenida en cada Testamento.
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Ella habla por sí misma, de cómo el hombre aún negando, muy dentro de sí busca y atesora valores imprescindibles como el amor, el perdón, el bien o la virtud. Porque no solamente en la Biblia, o el Último Testamento, encontrará iluminación e inspiración para conducirse en su existencia material o espiritual. Ya que en otras tantas Escrituras hallará ello, como una muestra palpable de que la humanidad desde tiempos remotos en sus distintas culturas y civilizaciones, ha escudriñado, indagado, cuestionado más allá de lo que puede ver y palpar con sus sentidos humanos.
Si existieron o no muchos personajes bíblicos o de otros principios doctrinales de conocimiento o enseñanza espiritual, no es lo importante, sino el MENSAJE que ha prevalecido por siglos. Ese MENSAJE que cuando señala, revela e instruye hacia el amor, la virtud, el bien y la iluminación, tendrá que reconocer el hombre que algo superior se encuentra en él mismo; algo o alguien que a través de los tiempos no le harta o le ha saciado el alimento material, sino ha necesitado para complementar su existencia humana lo esencial,… en sí lo espiritual.