C.I. 16 Enero 1949

CÁTEDRA DEL DIVINO MAESTRO – 030

01. ¡Gloria a Dios en las alturas y paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad!

02. Gloria a Dios en las alturas y pasad mi Espíritu Divino, de la Escala de Perfección a la de Jacob, para enviar desde ahí mi Palabra entre mi pueblo amado de Israel, en que reunidos podéis encontraros en representación de los Siete Sellos, de las doce tribus de mi pueblo amado de Israel. Yo os recibo, os bendigo y perdono; por vosotros envío mi perdón y mi bendición a todo el Universo, en mi nombre que soy el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

HABLA NUESTRO GUÍA ESPIRITUAL

03. ¡Gloria a Dios en las alturas y paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad!

04. Maestro amado, en este día de gracia, Elías se aposenta para hacerte presente al rebaño que me has confiado en los Tres Tiempos. Recíbelos y no contemples su mancha, su iniquidad; porque les he lavado sus lanillas, y los he acercado los unos y los otros en este día.

HABLA EL DIVINO MAESTRO

05. A ellos recibiendo soy, Elías, que preparas el santuario para mi Divinidad en el corazón de mis hijos, mas morando puedo ser en lo más profundo de mi pueblo escogido, para que él conozca que lleva a su Dios en lo más profundo de su ser y que Yo soy la luz de su Conciencia, que soy la paz de su espíritu, que soy el camino interior que ilumina, los pasos que va dando en la senda de su propio destino.

O6. Vos, Elías, como guía espiritual de este Tercer Tiempo, afanosamente reúnes y congregas bajo la sombra de estos humildes y pequeños recintos, a las congregaciones que en su unidad forman el pueblo del Señor. El pueblo que ha de multiplicarse, el pueblo que ha de prepararse para redención de toda la humanidad y en estos tiempos de prueba, de preparación y depuración espiritual, incesantemente tocas a la Conciencia de mis elegidos.

07. Incesantemente derramas tu luz donde se forman las tinieblas y la ignorancia, porque vienes tú en este Tercer Tiempo en nombre y en representación de mi Espíritu Santo y les recibo y puedo contemplar a todos, los unos en espíritu y los otros en materia. Todos son mis niños, todos son mis discípulos, mis párvulos y sobre toda creatura espiritualmente derramo mi esencia, mi sabiduría, mi conocimiento divino.

08. El pueblo se eleva Elías y me haces presente su espíritu, su anhelo espiritual, sus necesidades espirituales, mas no todos obran así. Hay también multitudes que vienen en pos de mi Espíritu, en pos de mi caridad para remediar sólo sus necesidades corporales y terrestres; mas como soy fuente de amor inagotable y como soy fuente de caridad, a los unos y a los otros entrego no conforme a la petición de ellos, sino conforme a mi voluntad, pero dejando satisfecho al espíritu y al corazón. Dentro de lo que el Padre entrega a sus hijos está la enseñanza, está la justicia, está el amor.

09. Elías, revísteles de mi paz, quiero contemplar por sobre todas las cosas, la paz entre mi pueblo; quiero contemplarle fuerte por esta misma paz, lleno de esperanza y confianza en su Señor. Por esa paz que el pueblo experimenta, porque tú eres la luz, eres la paz, eres la purificación espiritual; el fuego de tu espíritu redime, el fuego de tu espíritu extingue todo aquello que no resiste a tu luz ni a tu amor.

10. Elías, te he enviado en este tiempo, para que el fuego de tu espíritu extinga la cizaña y sólo el trigo a tiempo sea cortado, para entregarlo en mi mano divina lleno de paz y de luz. Eleva más el espíritu de este pueblo, llévalo al punto de unificación, llévalo a la meta del cumplimiento y de la Espiritualidad, no dejes que uno solo retroceda.

11. Yo a todos les perdono, a todos les estímulo y los invito; porque quiero que en el tiempo de justicia, en el día señalado por mi mano, en el día de entrega del cumplimiento de Israel al Padre, estén todos y todos tengan paz en la Conciencia, dicha y satisfacción en su espíritu. Y que todos los ojos espirituales puedan contemplar la faz del Padre, que sonríe de amor y de complacencias entre mi pueblo.

12. Sé con ellos, Elías.

HABLA EL GUÍA ESPIRITUAL

13. Bendito seas, Maestro. Tus órdenes que me has confiado, voy a cumplirlas.

14. Pueblo bendito de Israel, ovejas amadas de Elías, yo os he hecho presente en alba de gracia y habéis recibido grandemente, la complacencia del Maestro que entre vosotros se encuentra; mas a vosotros os toca la grande elevación y la preparación de espíritu, porque habéis escuchado del Padre las ordenes que Elías ha recibido en estos instantes.

15. Voy a unificar los corazones de los unos y de los otros. Voy a entregar por doquier de los caminos la paz espiritual; la unificación para que todo el rebaño se levante en cumplimiento de la misión sagrada, que el Padre me ha confiado a mí como pastor y a mis ovejas también.

16. Yo seré incansable por doquier de los caminos; tocaré los corazones de los hombres científicos y letrados, y en aquellas naciones extranjeras donde se desgarran. Yo estaré también muy cerca de la niñez bendita haciéndole reconocer que en este Tercer Tiempo, la luz del Espíritu Santo se está derramando por doquier de los lugares, y así cumpliré conforme me has entregado en este instante, Maestro amado.

17. Yo unificaré a los guías de los recintos, les haré reconocer y en revelación les entregaré el mandato que me habéis entregado desde 1948. Mas los unos se han levantado y los otros durmiendo pueden encontrarse; mas seré incansable tocando aquellos entendimientos y corazones, y ellos se unificarán porque el instante presto está de la justicia del Padre, para que Israel se prepare y no se convierte en el dolor por su culpa, sino que también sea de regocijo.

18. Mas os dice Elías: Velad y orad, luchad y trabajad por la unificación del pueblo de Israel. Contemplad que esta nación mexicana es la niña mimada de los ojos del Padre, que es la Segunda Jerusalén donde ha posado su planta para venirte a entregar sus complacencias, para entregarte alba tras alba el tesoro de valor incalculable. Si no lo habéis aprovechado, no perdáis un instante más, porque corto es el tiempo. En este instante os dejo la preparación a los unos y a los otros, ausentes y presentes, todos recibiréis porque esta es la voluntad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

HABLA EL GUÍA ESPIRITUAL AL DIVINO MAESTRO

19. Maestro amado, he entregado conforme es tu santa voluntad.

HABLA EL DIVINO MAESTRO

20. Bendito seas, Pastor. La paz de tu espíritu la ha sentido el espíritu de mi pueblo, tus alas se han extendido cual alas de la alondra y bajo el calor de ellas les has reunido, y ellos sintiendo ese calor, sienten confianza dentro de mi Obra Espiritualista. El pueblo ha escuchado tu palabra que confirmas con obras benditas y espirituales, con tu lucha infatigable de espíritu en espíritu, de multitud en multitud, de mundo en mundo.

21. Ellos también imitándote a ti, se levantarán como pastores espirituales, ¿en qué forma? Rescatando a los perdidos, levantando con la verdad, con el buen ejemplo a los manchados, dando el buen alimento espiritual a los hambrientos, reuniendo en el aprisco a los descarriados, en el aprisco divino que es mi Ley. Así aprenderán también de ti y la luz con que tú les has iluminado, servirá para que ellos iluminen la senda de sus hermanos.

22. Tu rayo sea en mi solio, Elías y desde ahí seguid velando por las ovejas, porque esta es mi voluntad.

HABLA EL GUÍA ESPIRITUAL

23. Bendito seas, Maestro amado, voy al lugar que me has confiado e incansablemente seguiré luchando y trabajando, para hacerte presente al rebaño alba tras alba. Ellos serán las ovejas sumisas y obedientes a tu mandato, y en corto tiempo Yo les contemplaré unificadas, como es tu voluntad.

24. Ovejas amadas, Elías se aparta de entre vosotros dejando la paz de mi espíritu entre vosotros.

HABLA EL DIVINO MAESTRO

25. Pueblo amado, la paz de mi Espíritu es con vosotros; mi presencia por medio de mi Rayo Universal es con vosotros, es en vuestro propio espíritu, la comunicación de mi Espíritu a través del hombre todavía es con vosotros. Bienaventurados los que han creído en mi Palabra que he entregado a través del entendimiento del hombre. Bienaventurados los que obedezcan mis divinos mandatos y los que se inspiren en esta esencia que he entregado en este tiempo, porque ellos con planta firme penetrarán en el tiempo de la comunicación perfecta con mi Espíritu.

26. Os comunicáis todos con mi Divinidad y Yo recibo tanto de vuestro espíritu, como de vuestro corazón la petición, la queja y la oración para que por medio de ella lleguéis a Mí y arrojándose vuestro espíritu en mi regazo, sienta mi calor y mi consuelo, que son los dones que os fortalecen para proseguir en la dura jornada; en el camino escabroso, apurando el cáliz amargo, porque viviendo estáis pueblo amado, un tiempo de dolor.

27. Atravesando sois por un tiempo de pruebas incesantes y que vosotros sabéis que ellas forman el yunque donde os estáis forjando, el crisol del cual vuestro espíritu saldrá limpio para la lucha final y entonces llenos de mansedumbre, de conformidad y elevación de espíritu, sólo digáis: “Padre, hágase tu voluntad sobre nosotros, envíanos tu fuerza y tu luz para que no desfallezcamos, para seguirte paso a paso en la senda, sin torcer el camino.” 

28. Esa oración llega a Mí, pueblo amado; ni vuestra misma carne conoce cómo habla vuestro espíritu con mi Divinidad, porque no son las ideas ni las palabras que formuláis en vuestra mente las que me hablan, es algo más profundo que no comprende vuestra carne, que no alcanza a comprender vuestra propia razón humana, es algo superior a todas las facultades corporales que tenéis.

29. Ese lenguaje, ese sentimiento puro y elevado de vuestro espíritu, ese sentimiento superior de vosotros mismos es el que Yo recibo, es el que llega a Mí, es el que me comprende; porque es vuestro mismo espíritu el cual se fortalece y se eleva ante Mí y se satura de sabiduría en Mí, para retornar a su cuerpo y a su mundo a proseguir en su lucha con mayor fuerza, con mayor ahínco, con mayor preparación.

30. En este instante me preguntan los discípulos: Maestro Divino, ¿acaso debemos despreciar la existencia material para agradarte a Ti? ¿Debemos dar la espalda a todo aquello que queremos para agradarte y servirte mejor? El Maestro os dice: Como en todos los tiempos, no olvidéis que estáis sujetos a dos manifestaciones de mi Ley, la una divina y la otra la humana, de la cual se derivan todos los órdenes. De los cuales, habéis hecho preceptos, a los cuales llamáis leyes y que rigen vuestra vida durante su existencia humana en lo material y lo moral; y que vosotros, dando cumplimiento a cada uno de esos preceptos, me estáis cumpliendo a Mí.

31. Ninguno de los preceptos de mi Ley que os he entregado, espirituales o materiales son imperfectos, ninguno de ellos encierra impureza, ninguno de ellos confunde. Todos ellos son para el adelanto de vuestro espíritu y el perfeccionamiento también de vuestra materia; son para el sustento espiritual y son también para la conservación y bienestar de la materia. Son para el recreo de vuestro corazón y para el buen recreo espiritual, para los buenos placeres de vuestros sentidos.  

32. Son los preceptos de mi Ley que reparten beneficio a vuestra carne y todo lo que sea beneficio a vuestra materia, es beneficio también a vuestro espíritu; pero esos mismos preceptos rechazan todo lo que sea impureza, todo lo que sean malas costumbres y mal hábito. Todo lo que sea mistificación en las mismas leyes. Todo lo que sea impropio de vuestro espíritu y de vuestra carne. Todo lo que sea innecesario o superfluo por muy grato que sea a vuestro espíritu y a vuestra materia; porque todo lo que esté fuera de mi Ley de justicia y amor, es perjudicial para vuestro espíritu y también para vuestra materia.

33. Este es el conocimiento que el Padre os viene dando para que no caigáis en error, para que no caigáis en fanatismo; para que no alberguéis prejuicios ni ignorancia. Para que deis firmemente a vuestro espíritu lo que a él pertenece, y deis a vuestra materia y a vuestra vida humana, lo que a ella corresponde.

34. Sólo así seréis sencillos y virtuosos en vuestra senda, sólo así daréis testimonio y pruebas al mundo de que mi Ley es universal y es absoluta. De que la Ley espiritual no viene en contra de las leyes materiales instituidas por Mí mismo, porque de Mí brotaron.

35. Todas las leyes y naturalezas en su conjunto, forman una sola Ley, una sola creación y una sola vida. Todas las naturalezas una sola son, todas son: Naturaleza divina, puesto que de Mí todas las cosas han brotado y todas tienen un mismo principio y una misma esencia. Y al terminar su evolución y perfeccionamiento, todas estarán en Mí y todo será esencia de espíritu, todo será vida espiritual, todo será naturaleza espiritual.

36. La luz de mi Espíritu Santo ha descendido a raudales sobre todos los entendimientos, para que podáis comprender todas estas revelaciones; en particular vosotros, que tenéis la palabra viva del Padre a través del entendimiento del hombre.

37. Sin embargo, se levantan ya entre las grandes muchedumbres, en los pueblos distantes de vosotros, en los países extranjeros, los espíritus encarnados presintiendo el Tercer Tiempo, presintiendo mi presencia entre vosotros, recibiendo la inspiración de mi Espíritu Santo. Esos corazones, esos espíritus viven rodeados de dolor, de espinos y de abrojos, pero todo ello lo atravesarán; lo que su espíritu sienta, brotará en palabras y en pensamientos, se traducirá todo ello en obras y ellos serán como precursores y profetas, de la llegada de mi Obra Espiritualista entre la humanidad.

38. Estad alerta, mis hijos, para que no les combatáis a ellos, para que no destruyáis la obra y misión que han de cumplir en aquellas naciones, en aquellos pueblos. Estad preparados para que podáis reconocer quienes son los falsos profetas, para que confirméis los hechos de unos y destruyáis la obra de los otros. Porque es tiempo, pueblo amado, en que todas las fuerzas se levantarán, las unas contra las otras; el bien luchando en contra del mal, la luz en contra de la tiniebla, el saber en contra de la ignorancia, la paz en contra de la guerra, la restauración en contra de la destrucción.

39. No os sorprenda que ambas fuerzas se levanten en todo el orbe, las unas contra las otras; mas vosotros unificaréis el pensamiento bueno, la luz, la fraternidad, la verdad, el amor y vuestras prácticas en mi Obra. Para que con vuestra unión podáis vencer todo el mal, podáis rechazarlo, podáis apartarlo de este mundo y entonces el espíritu del hombre quede libre, sus cadenas queden rotas y la paz del Reino de los Cielos, penetre una vez más hasta lo más profundo de vuestro corazón.

40. Me dais gracias porque me derramo en esencia entre vosotros y Yo os acaricio con mi Palabra y mi amor, discípulos de este tiempo. ¡Ah!, si en todos los lugares las congregaciones me diesen gracias por mi Palabra, si en este tiempo ya todos los que forman mi pueblo de Israel se preparasen con toda elevación para recibir mis revelaciones, Yo estaría presto y alerta esperando sólo el despertar, la buena disposición, el ideal, el ahínco, el propósito de obediencia entre mi pueblo, para desbordar mi Arcano de sabiduría.

41. Según la preparación de cada corazón, de cada espíritu, de dada multitud, de cada recinto, así es la forma en que me manifiesto, así es la forma en que Yo me derramo, porque es el tiempo en que Israel ha de lograr de mi Espíritu Divino toda la gracia, los dones, la luz por méritos propios. Porque no es el Segundo Tiempo en el cual un solo hombre, Jesús, el Dios hecho hombre, echó sobre sus espaldas todos los pecados del mundo, todas las imperfecciones de la humanidad para lavarlos Él con su sacrificio, para rescatarlos a todos con el precio de su sangre.

42. Aquel sacrificio no pudo ser inútil, porque en verdad os digo: Él ha dado y seguirá dando hasta la eternidad los grandes frutos de redención y de amor, y esos frutos son los que en este tiempo vosotros tenéis que dar, porque vosotros tenéis que imitarme en la senda del sacrificio, de la abnegación, del amor desinteresado, del perdón para que así mis hijos, podáis recoger también ese fruto del corazón de toda la humanidad.

43. Hoy es el tiempo en que conocéis como vine Yo en aquel Segundo Tiempo; hoy sabéis con cuánto amor os di la Vida Eterna; hoy sabéis cómo debéis levantaros para hacer grandes obras ante el ojo del Señor, grandes méritos ante el Padre para que alcancéis perdón y gracia. Hoy sabéis que ya no es el tiempo en que descienda de mi trono divino a hacerme nuevamente hombre, a derramar nuevamente mi sangre para redimiros y salvaros del caos en que os encontráis.

44. Que es vuestro espíritu inspirado en mi Espíritu Santo el que ha de levantarse uniéndose, fortaleciéndose en su propio amor, fortaleciéndose a cada instante en mi amor para vencer todo y poder decir al Padre: Tu palabra floreció en mí, tu semilla fructifico en mí; tu sangre con que me sellaste, con que me marcaste en aquel Segundo Tiempo, me ha dado vida espiritual inagotable, y con esa sangre espiritual yo he dado vida a los demás.

45. Ha llegado el tiempo para vosotros, en que el que despierte para el Espíritu Santo, obligado está a despertar al que duerme; en que los postreros que se han levantado con ahínco y con ideal, estimulen a los primeros. Ha llegado el instante ¡oh!, Israel, en que estoy borrando toda frontera, todo lindero y haciendo de vuestras tierras espirituales una sola tierra, uniendo todas vuestras parcelas; porque mi mano divina borrará todo lindero y se formará una sola porción espiritual de la cual Israel me responderá.

46. Despertando están ya los recintos, despertando los espíritus a la luz del medio día que soy Yo, para la luz de Mí Espíritu Santo, que vibra incesantemente en este tiempo sobre de vosotros. De cada congregación Yo levantaré a aquellos llenos de ideal y de ahínco para unirlos no a un recinto, no a un hombre, sino bajo un mandato y por un ideal. Yo de ellos me serviré para despertar a Israel, de ellos me serviré para preparar a mis hijos y en el corto tiempo que os resta de este cumplimiento, podáis todos estar preparados, todos limpios, todos en armonía delante de mi voz de justicia, delante de mi bálsamo, delante de mi tribunal.

47. La palabra que estoy derramando entre vosotros en estos instantes, resonará en todos los ámbitos de Israel, porque de cierto os dice el Maestro: No será mi última Cátedra que os entregue al finalizar 1950, la que os trace el camino de cumplimiento después de ese día. No será una sola Cátedra la que encierre los mandatos para el futuro; son estos tres años que os he confiado, los tres últimos años de preparación, de revelación, de Espiritualidad y de lucha, los que os den la preparación, para que podáis después seguir con planta firme.

48. Porque una sola de mis Cátedras la olvidáis, la supresión de una sola de ellas la borráis de vuestro corazón duro y materializado. Mas la palabra que os entregue gota tras gota, semilla tras semilla, revelación tras revelación, mandato por mandato en estos tres años harán el milagro entre vosotros de vuestra transformación, de vuestra Espiritualidad, de vuestra preparación. Por lo que os digo en verdad y en espíritu, que la palabra limpia y pura que derramé Yo en mis recintos, no será exclusivamente para esos recintos, será para toda la congregación, para todo el pueblo de Israel.

49. De esa palabra disfrutarán todos los espíritus; la orden será sobre de todos, la revelación para todos los espíritus de Israel. No almacenaréis en vuestro corazón ni en vuestros hogares mi Palabra, porque Yo os doy a comprender que la labor que el Padre está haciendo entre vosotros, tenéis vosotros que extenderla a los demás.

HABLA EL DIVINO MAESTRO A LAS PLUMAS DE ORO

50. Plumas de Oro: Grande es vuestra misión, grande es vuestra responsabilidad; mas contemplad que no habéis formado todavía el cuerpo de Plumas de Oro, para que la misión que el Padre os ha confiado, podáis llevarla sobre vuestros hombros, que es una grande y grave cruz, la cual tendréis que sopesar muchos corazones. Mas tendréis que ser ayudados los unos por los otros, para que al instante de entregar Yo mis divinos mensajes, mis revelaciones y órdenes, pronto puedan ser recibidas, escuchadas y conocidas por todo Israel. Y el pueblo entonces, marche al mismo compás y el pueblo en masa despierte, y no al llegar 1950, os tenga a vosotros que reclamar; tenga que reclamar directamente el Maestro a todos aquellos que hayan recibido grandemente de mi Espíritu, y lo hayan guardado para sí.

51. Si todos vosotros queréis cumplir para con el Padre y para con la hermandad, os levantaréis formando un solo cuerpo y una sola voluntad de cumplimiento, de ahínco, de diligencia. Desde mi alto solio os fortalezco y os ilumino para que podáis cumplir, os doy mi caricia paternal.

52. A pruebas tengo sujeto a mi pueblo. Yo os lo anuncié y bajo de esta prueba, los instantes de confusión y los torbellinos se levantan en torno de todos mis hijos; mas enmedio de las confusiones y de los torbellinos hay quienes permanecen serenos y tranquilos, reconociendo que es necesario la tempestad, que es benéfico el efecto de los vientos huracanados. Porque después de estas tempestades, después de estos torbellinos, brillará en oriente el iris de paz; mas los que no contemplen en medio de estas cosas ese iris que se acerca, ellos solo contemplarán tinieblas, destrucción y muerte. Y de su mente y de sus labios no brotarán las palabras de esperanza; pero la luz se hará, la paz vendrá pueblo bendito, después de vuestra lucha.

53. Ni un solo labriego de mi Obra permanecerá inactivo o indiferente. Levantándolos estoy a todos. A los que se han apartado del cumplimiento les estoy tocando incesantemente; a los que se han aletargado dentro del cumplimiento y practican sólo la rutina, les estoy despertando. A los que se han confundido, los que han mezclado mi Obra con cosas impropias, les estoy tocando también. Todo Israel se levantará en estos últimos tiempos para su preparación, para su Espiritualidad, para rendir cuentas a su Señor.

54. Preparaos, pueblo y oíd, en verdad y en espíritu.

PARÁBOLA

55. En una vasta comarca habitaba un anciano. Aquella comarca era rica, poblada se encontraba de montañas, de sierras, de bosques, de extensos valles, de tierras fecundas, valles que esperaban poblarse de hombres y campiñas sedientas, hambrientas de cultivo.

56. El anciano poseía en lo alto de una montaña, un manantial que aún no había brotado. Destinado lo tenía a fecundar los campos, los valles. Era fuerte y todo podía hacerlo, él solo se bastaba para cultivar las grandes tierras, pero quería participar de aquel trabajo a algunos corazones.

57. Se levantó en busca de ellos y entresacando a tres varones, les habló de sus propósitos y aquellos corazones se llenaron de ideal. El anciano les mostró desde lo alto del monte, los sedientos campos, las altas montañas, los grandes valles. Extasiados pudieron quedar aquellos tres varones; mas dijeron al anciano: Señor, muy grandes, muy extensas son las tierras, es menester el agua para regarlas, para darles vida. El anciano les dijo: No temáis, venid que yo os mostraré un manantial que presto va a brotar y ese manantial será inagotable, y cada vez sus aguas serán más abundantes y vosotros tendréis que cuidar de esas aguas.

58. El anciano les mostró el cauce de un río que comenzaba en el manantial y concluía en el mar. Estrecho era el cauce del río, pero profundo; por ese cauce deberían correr las aguas de aquel manantial y ese río habría de regar los sembradíos, los grandes campos de trigo cultivado por aquellos varones.

59. El anciano les dijo: No temáis ser vosotros débiles. Voy a confiaros doce corazones los cuales como labriegos, os ayudarán en la tierra. Vosotros tres encauzaréis las aguas, no pondréis delante de ellas dique alguno; vigilaréis que en el cauce del río no haya obstáculos, que el río no se desborde donde no debe ser, sino que a lo largo debe ir dando vida. Estos doce labriegos han de cultivar bien las tierras, han de conducir la cantidad de agua necesaria para cultivar su labor, y cuando las aguas de este manantial hayan llegado al seno de aquel mar, cuando la cosecha de trigo abundante y dorada en las manos de los labriegos sea, yo entonces, a todos recibiré en la ribera; en la orilla de aquel gran mar os llevaré en una nave al lugar donde habito, a un país lejano y desconocido, en donde vosotros tendréis el verdadero pago por vuestro trabajo, por vuestra labranza.

60. Les mostró a los doce labriegos, los dejo a su cuidado, les llenó de palabras de estímulo y de confianza en él, y entonces a la orden de su voz, el manantial desbordó sus aguas. Grande fue el regocijo en el corazón de aquellos varones y de aquellos labriegos, y al instante se entregaron a su obra.

61. El anciano se ausentó. Los tres varones cuidaban que las aguas no saliesen del cauce y que no hubiese obstáculos al frente. Los labriegos aprendían a sembrar, cultivar el trigo que el anciano les había entregado, y las aguas día tras día aumentaban su fuerza y cantidad. La alegría era en todos ellos viendo que los días pasaban fructuosamente. Los campos y valles empezaban a reverdecer, las aguas eran cristalinas y abundantes, las plantas no se secaban, las fuerzas no les faltaban, que se amaban los unos a los otros y se ayudaban en aquella grande obra.

62. Así transcurrieron unos tiempos; mas comenzó el cansancio a penetrar en los primeros, en los varones. Entonces en ellos se hizo la idea de detener las aguas, de dejarse cada quien una parcela, una tierra, de consagrarle sus esfuerzos, su amor, todo su cultivo, de distribuirse en partes iguales el número de labriegos. Así lo hicieron.

63. Cada uno de ellos tres, pensaban poseer la mejor tierra, la parcela mejor cultivada, los mejores labriegos. Y aquellos labriegos sencillos aceptaron esto por inocencia, porque no habían escuchado los primeros mandatos, las primeras palabras del anciano. La corriente del río fue detenida, frente a ella colocaron las manos de aquellos varones, un fuerte dique y a sus tierras trazaron linderos.

64. Los tiempos pasaron y ellos confiadamente seguían en su labor bajo su voluntad, nada perturbaba la paz de ellos, nada sucedía que pudiese amedrentarles; el río no se desbordaba, las parcelas fructificaban, los labriegos mansamente trabajaban. Mientras, las grandes extensiones de tierras secas, estériles podían encontrarse y el cauce del río donde las aguas ya no corrían, el sequío iba también y a su destrucción.

65. El anciano pacientemente en su morada, esperaba la comprensión de aquellos corazones, la obediencia al recuerdo de sus órdenes, mismo que no acontecía así y entonces, descendió por vez primera a amonestar a aquellos varones. Su amonestación fue de amor invitándoles a seguir cultivando las tierras, inclusive a dejar que el río continuará su carrera vivificando campos y valles hasta llegar al mar. Mas aquellos corazones se habían engrandecido en su propia obra y en su propia parcela, no querían dedicar sus esfuerzos en una obra tan grande; para poder mostrar la propia a los demás y decir: “He aquí, la mía es la más grande.” 

66. Por segunda vez descendió el anciano y entonces les mostró previniéndolos, haciéndoles contemplar que las aguas del manantial aumentaban en su cantidad y en su fuerza; pero continuaron en su letargo.

67. Por tercera vez el anciano descendió y entonces con justicia reclamó y al reclamarles, los labriegos presentes escucharon aquella voz de reclamo, y ellos dijeron a los varones: Levantaos a obedecer el mandato del anciano.

68. Si todo aquello lo estaban haciendo bajo la inspiración del anciano, si él expresamente les había conducido allí, a esas tierras para aquella labor; todo tenían que hacerlo bajo las órdenes de él. Mas aquellos tres varones permanecían en silencio, encerrados en su desobediencia. Entonces el anciano les dejo un plazo, tres días solamente, para que en esos tres días destruyeran el dique que detenía la corriente de las aguas. Para que en esos tres días borrasen los linderos de sus propias parcelas, para que sus parcelas se unieran y los labriegos también, y continuasen la labor, que él les trazo en un principio.

69. El anciano se ausentó para contemplar desde la distancia a los varones. Los varones unidos deliberaron y pudieron decir: Si destruimos el dique por obediencia a la voz del anciano, ¡ay, de nuestras parcelas!, ¡ay, de las tierras!, porque ya no es tiempo. Las aguas se desbordarán y todo lo destruirán; seguiremos trabajando como lo hemos hecho hasta este instante. Y se retiraron a descansar.

70. Mas llegada la noche el manantial abrió su boca más grande que nunca, y arrojó enormes cantidades de agua, torrentes incontenibles de aquel líquido. El cauce del río era insuficiente, la corriente era tempestuosa y al llegar al dique lo destruyó, por sobre de aquel obstáculo las aguas saltaron con grande fuerza, y comenzaron a desbordarse por los campos sembrados y por los campos sin cultivo.

71. Los labriegos despertaron llenos de temor y llorando mesaban sus cabellos, invocaban la presencia del anciano y su voz, porque se sentían causantes de aquel desastre. Llegó el anciano a tranquilizarlos, y les pregunto: ¿Qué ha acontecido entre vosotros? Ellos dijeron: Señor, las aguas se han desbordado, las aguas aumentaron y no respetaron ya más el dique, el obstáculo se ha desbordado hacia los campos y se están anegando los valles. Y el anciano les dijo: ¿Creéis en Mí? -Sí, Señor, dijeron. -¿Dispuestos estáis a obedecerme y a levantaros para salvar lo perdido y para cumplir con mis órdenes? -Sí, anciano, contestaron los varones. El anciano les contestó: Entonces corred, apresurad vuestra planta e id a rescatar todo el trigo que maduro pueda encontrarse; los unos y los otros, id hacia delante y destruid todos los obstáculos que puedan encontrarse en el paso de las aguas. Otros id y avisad a las comarcas para que se levanten, para que los hombres se preparen.

72. Así entonces, aquellos doce labriegos afanosamente trabajaron. Mientras los varones dormían; pero he aquí, que el estruendo de la tempestad les despertó y al despertar, impasibles contemplaban todo y a los labriegos culpaban del desastre, y decían: No podremos evitar el desbordamiento de las aguas, nada podemos hacer ante ésto; sólo hacerles el llamado, para que ellos reúnan sus fuerzas con las nuestras y volvamos a hacer un dique más grande, que impida el desbordamiento del río.

73. Mas los labriegos seguían trabajando rescatando todo el trigo, limpiando de obstáculos el cauce del río y los otros preparando las campiñas, preparando los valles y las tierras, para que pronto las aguas del río les dieran vida. Y así, comenzó a venir la calma en el interior de aquellos doce corazones; su lucha era muy grande y su trabajo también, porque habían perdido mucho tiempo y sólo restaban tres días en los cuales habían que trabajar incesantemente, para poderse presentar delante del anciano.

74. Al tercer día, el anciano pudo presentarse ante los labriegos y contempló que habían cumplido sus órdenes y les dijo: No detengáis vuestra planta, seguid sembrando incansablemente las tierras, todavía son vastas; hay muchos valles sin cultivo, el río todavía no ha conducido las aguas hasta el seno del mar, seguid trabajando, seguid obedeciendo mis palabras. Y así ellos lo hacían y aquellas aguas del manantial que cada vez eran mayores, encontraban el cauce profundo del río y de él no se desbordaban, mansamente salían sólo para dar riego a los sembradores.

75. Así llegó el instante, los doce labradores contemplaron los campos dorados y vieron llenos de alegría que las aguas del río comenzaban a penetrar en el mar, y en ese instante, el anciano ante ellos se presentó preguntándoles: ¿En dónde están mis tres varones? -No lo sabemos señor, contestaron. Ellos estaban ahí también con sus frentes altas diciendo: Señor, ¿ya ves cómo ha llegado el día que nos anunciaste? El día ha llegado, los campos están dorados, fecundos, su cosecha es abundante, las aguas del río no se han desbordado, han dado vida y riego como lo ordenaste, aquí estamos con los labriegos.

76. Entonces el señor les contempló con una mirada tan profunda, que ellos bajaron los ojos a tierra, porque en su interior la Conciencia les reclamó. El anciano les dijo: He aquí mi nave, todo el que íntimamente sienta que ha trabajado y cumplido ante mis órdenes, vendrá a la nave, que yo le conduciré a mi reino. Y aquellos tres varones pudieron decirle al anciano: Señor, nuestros ojos lloran, nuestro corazón nos hace reconocer que no te hemos obedecido, que no te hemos creído, que no te hemos sentido, que no te hemos seguido como nos indicaste. Deja que estos doce labriegos que han trabajado y que han cumplido, que fueron la salvación de las tierras, que fueron la salvación de la cosecha, penetren en tu nave y llévales a tu reino, y sobre nosotros descarga tu justicia.

77. Entonces pudieron contemplar que también los ojos de aquel anciano sabían llorar; era el llanto y el dolor reflejados en aquel semblante divino, algo que taladraba sus corazones. El anciano no se movía; no podía penetrar en su nave para llevar solo a los postreros, dejando a los primeros. Quería hacer festín en su reino llevando a sus labriegos, llevando a los encargados del grande río y del manantial. No podía llegar con unos, dejando a otros; era su dolor tan grande, que permaneció entre los unos y los otros.

78. He aquí mi pueblo, lo que representan estos tres años, que son aquellos tres que os entregué mi Palabra en el Segundo Tiempo. Voy a evitar mi llanto entre vosotros en 1950; porque no quiero llorar de dolor como lloré en mi cruz, al partir de vuestro seno en el Segundo Tiempo. No quiero contemplar que sólo unos de los míos estén Conmigo en aquel instante y los otros huyáis a ocultaros. Quiero que todos estéis, primeros y postreros formando el corazón de un solo hijo del Padre; que el Maestro pueda recibir a todo su pueblo con los brazos abiertos. Que las palabras que broten cual últimas de mis labios divinos a través del entendimiento del hombre, sean de bendición, sean para recibir vuestro cumplimiento, para poder decir: El río que son los espíritus de Israel que confíe a los primeros, han llegado a comunicarse Conmigo de espíritu a Espíritu.

79. Yo envío mi parábola divina a todos los guías de Israel, y a todos les digo: Que les he entregado una potestad, una potestad sobre las multitudes, pero una potestad que no es absoluta, porque el absoluto solamente soy Yo. Que el cargo tan grande que he dejado en todo aquél que es guía entre Israel, no le da la potestad para detener la evolución de los espíritus, para detener el curso de las cosas divinas, de las cosas espirituales, para impedir que los espíritus desempeñen su misión, sus órdenes, su destino.

80. Que ellos no pueden ser el obstáculo o el dique al frente del río. Que a ellos les he colocado sólo para que cuiden de los márgenes del río, para no permitir que las aguas se desborden, para encausarlas siempre, mas no para detenerlas. Porque este río no se detiene, porque este río siempre avanza y su fuerza es invencible. Todo aquello que se convierta en obstáculo o en dique ante la fuerza de estas aguas incontenibles, tendrá que quedar arrasado por las mismas aguas que sobre ellos pasarán. Y si ellos quieren caminar al compás de esa corriente espiritual, es menester comprender el cargo, comprender que la misión, que la potestad está limitada para el guía humano, no así para el Guía Espiritual de todos los espíritus.

81. Si Yo a nadie detengo, si Yo no trunco el destino de ninguno, y si Yo no hago caer a nadie en desobediencia, ¿por qué la mano del hombre ha de interponerse ante mis leyes, ante mis mandatos y ante los destinos trazados por mi Divinidad? Yo les perdono todo lo que haya sido hecho por ellos por ignorancia, por vanidad, por necedad; mas se ha llegado el instante en que mi voz como una campana sonora, la escuchen hasta los muertos.

82. Ha llegado un instante, en que todos deben reconocer que los primeros deben ser postreros en la humildad; en la pequeñez material y grandes sólo por la mansedumbre, por la verdad, por la obediencia. Que delante de Mí no hay un grande, porque Yo dije en aquel Segundo Tiempo: El más pequeño de los que moran allá en mi Reino, es más grande que Juan y a Juan le tenías por el gran profeta, por el iluminado, por el enviado. Y si los más pequeños del Más Allá, son más grandes entre vosotros, ¿cómo puede existir vanidad o presunción de grandeza en mi pueblo? ¿Cómo puede existir superioridad entre mi apostolado, entre mi pueblo bendito de Israel?

83. Yo haré mis hijos, que presto, muy presto, penetréis todos en la humildad; que borréis de vosotros mismos vuestro nombre, vuestro yo, vuestra persona. Que viváis para el Padre y viváis y penséis para los demás, que sólo así podréis pasar a la inmortalidad. Porque todo aquel que se hiciese grande en lo material entre el pueblo, su memoria, sus ejemplos, su historia, será perecedera en el corazón de los hombres, y ni tan siquiera llegará su recuerdo a la tercera generación.

84. Mas todo aquel que fuese mi siervo, que me amase, que fuese humilde por mi ejemplo y trace una huella de luz a las futuras generaciones, él pasará a la inmortalidad, no a la grandeza humana, no entre las vanidades de los hombres, sino a la inmortalidad en mi seno y en el corazón de la humanidad espiritualmente.

85. Alerta guías de Israel, en este Tercer Tiempo vuestros audífonos se han cerrado para Mí y bienaventurados los que se han abierto, porque llegará el tiempo de cumplimiento.

86. Porque no es el hombre el que os ha ordenado, porque no es el hombre el que os habla; si el hombre fuese el que os habla y os ha ordenado, de cierto os digo: Él os habría entregado el materialismo, el retraso, la idolatría y el fanatismo. Y si por aquellos, por los cuales Yo vengo comunicándome os pido perfección, Espiritualidad y pureza, entonces pensad que la perfección, la pureza sólo brotan de Dios; porque Yo a todos entrego mi fuerza y mi luz.

87. A todos entrego el estímulo, para que os levantéis y comencéis llenos de fuerza a levantar a los labriegos, a los borbotones. Ellos formarán un río caudaloso, un río incontenible que fuerzas humanas no podrán detener. El espíritu de Israel está ansioso de liberación, ansioso de Espiritualidad, de verdad y de conocer a su Padre en plenitud; por eso el Padre os dice: Alerta ¡oh!, guías de Israel.

88. Ya se levantan en verdad y en espíritu. Yo estaré con los que se levanten, con los que se inspiren en Mí. Yo estaré con los idealistas, con los labriegos llenos de ahínco, con los que sufren por mi causa; por los que se levantan desinteresadamente, por los que han hecho renunciación de las cosas materiales. De los que no piensan en sí mismos, sino en Israel y por las naciones. Por los que quieren que mi Obra repercuta en todo el mundo, como una Obra del Espíritu Santo. Como una Obra llena de pureza y perfección capaz de redimir en este tiempo científico, en este tiempo materializado, en este tiempo idólatra el espíritu de toda la humanidad. En ellos estaré, en ellos me manifestaré y en ellos me derramaré, ¡créalo el hombre o no lo crea! 

89. Sí, mis hijos, Yo a nadie distinguiré, todo aquel de Israel primero o postrero, atrasado o adelantado, manchado o limpio que se levántese, para decirme desde lo más profundo de su corazón: Maestro, estoy dispuesto a someterme a Ti, estoy dispuesto a seguirte, he despertado al fin. Yo sin distinción alguna, derramaré en él mi gracia, mi fuerza y mi Ley.

90. Estudiad mi parábola, estudiad mis palabras y sabréis cuáles son esos tres días de plazo que os confío, para que al terminar esos días, Yo pueda presentarme y entonces deciros: ¿Qué habéis hecho de mis órdenes? ¿Qué habéis hecho del río, del trigo, de las campiñas? ¿Qué habéis hecho de las aguas que conducíais hacia la mar?

91. Hoy os hablé en parábola. Mañana la realidad vendrá sobre vosotros plena de justicia, en mi Palabra que os entregue al finalizar esta etapa en 1950. Por eso os digo, que mi Palabra no será escuchada sólo por una pequeña congregación; iré de recinto en recinto y de espíritu en espíritu, para que todos podáis llegar con un solo conocimiento, con una sola orden en aquel día de gracia y de justicia.

92. Labriegos: De entre vosotros en breves albas entresacaré para consagrar nuevos Ruiseñores, para que el cuerpo de mis Portavoces en estos últimos tiempos aumente. A través de vosotros por nuevos Portavoces de mi Palabra entregaré a las muchedumbres mi voz, que será campana que despierte a los dormidos, que será la voz que resucite a Lázaro, en verdad y en espíritu.

93. Penetrad en preparación mis labriegos y en meditación también, porque Yo os sorprenderé, porque esa es mi voluntad.

94. En este instante habéis tenido mi Palabra que es de preparación, de alerta y de amor para todo mi pueblo. Velad y orad, porque no habéis penetrado todavía en la culminación de la lucha; porque muchas cosas tenéis todavía que pasar. Muchas cosas tienen que acontecer entre vosotros, porque Israel tendrá que llorar en su propio seno. Los unos llorarán de confusión, los otros de arrepentimiento, los otros por los tiempos perdidos, los otros ante las calumnias y ante el desgarro de sus propios hermanos.

95. Habrá llanto muy grande en el seno de Israel. Habrá instantes de confusión y de desorden; habrá caos y revolución. Yo os lo he dicho muchas veces; mas os preparo para que no temáis, para que en medio de las grandes confusiones, sigáis vosotros con vuestro corazón y espíritu serenos. Para que no dejéis opacar vuestra flama y en medio de los grandes torbellinos, guardéis la grande esperanza, la grande fe en Mí; de que después de esta tempestad, el iris de la paz brillará.

96. Cuando ese iris de paz brille en el oriente espiritual de vosotros, entonces miréis vuestro pasado de luchas, de tinieblas, de incertidumbres muy lejos ya de vosotros. Entonces contemplaréis que os amáis los unos a los otros. Contemplaréis divino el cielo, llano el camino y que estáis unidos en mi Ley, en mi Obra divina. Cuando ésto sea ya en el seno de Israel, os presentaré la lucha universal; presentaré ante vuestros ojos los caminos, los diversos caminos que os conducirán a las naciones, a los corazones, a la mente de los hombres, a las grandes instituciones y doctrinas de la humanidad.

97. Yo os presentaré todos los caminos y todas las sendas de los hombres. Con planta firme por diversos caminos, marchando todos estaréis unidos por el espíritu. Estaréis unidos por mi Causa y tendréis armonía, tendréis fortaleza y temple, porque en el seno de vosotros mucho aprendisteis. Mucho os forjasteis, para luchar después en una obra más grande, que será la Obra Universal de la redención, de la liberación y de la regeneración del mundo.   

98. Si os parece esta Obra superior a vuestras fuerzas, no lo es así, porque cada uno de vosotros en esta Obra, va a desempeñar sólo la parte que os corresponde. La redención del mundo ya no la hará un solo hombre, en este tiempo Israel luchará y Yo le daré el triunfo. La salvación de este pueblo no la dará un hombre, brotará del corazón de todos vosotros por mi inspiración, por mi Palabra.

99. Levantaos una vez más pueblo; dejo esencia en vuestros labios. No seáis juez de los demás; sed benévolos y sed pacientes. Contestad con palabras de luz y de amor a toda interrogación; solucionad todo caso y todo conflicto con verdad, con sinceridad, con amor.

100. La necedad no la contestéis hasta que el necio se despoje de ella, y entonces pregunte con buena voluntad, no hagáis esfuerzos inútiles. No deis pasos que no tengan la debida preparación. Meditad siempre, velad y orad siempre pueblo amado, porque es el tiempo en que las tinieblas, en que los elementos de tiniebla y de confusión, andan desatados por doquier cual nunca. Del espíritu protector de luz que poseéis, es una legión de espíritus de tiniebla que os rodean; es muy grande la lucha de vuestro espíritu y la lucha de vuestro ángel guardián contra aquellos elementos. Velad y orad hoy Israel, para que no caigas en tentación, para que salgáis avante como es mi deseo divino.

101. Así os he preparado y así por conducto vuestro, seguiré preparando a otros. Llegará el instante en que las misivas de un recinto a otro sean los lazos de amor, sean los mensajes de amor. Sea la comunicación por medio de mensajes precursores de la comunicación de pensamientos, de la comunicación de espíritu a espíritu que entre vosotros tendrá que haber en el tiempo de caos, para que los unos y los otros conozcáis mis mandatos y mis palabras. Para ésto os preparo derramando mi gracia, mi fortaleza, mi bálsamo de curación que desciende una vez más entre mi pueblo.

102. No temáis por las cosas de la Tierra, mayores problemas y pruebas tendrá vuestro espíritu. Él se acerca a esta Fuente de amor y de gracia que es mi Espíritu, que es mi Palabra desbordante para solucionar sus conflictos, para iluminarse, para llenarse de fortaleza; conociendo que las cosas terrestres, vosotros las solucionáis con mi fuerza y con mi luz por añadidura.

103. Esta comunicación de mi Espíritu a través del entendimiento del hombre, no tuvo por finalidad el entregar el pan de cada día ni la techumbre, ni el bálsamo de curación para la carne, ni las llaves del trabajo. Eso siempre y en todo tiempo lo encontráis en el mundo. He preparado este planeta como una madre material para vosotros de cuyo seno brota toda vida, todo beneficio material, y que ella con amor y abundancia siempre se desborda en vosotros.

104. Mi comunicación en este tiempo ha sido para sanar a vuestro espíritu, para liberarlo, para elevarlo más hacia Mí, para regenerarlo; para revelarle grandes cosas y descubrirle lo que le ha sido ocultado por las manos de los hombres en todos los tiempos, por lo que el tentador con sus tinieblas, os ha ocultado a través de las Eras.

105. Es lo que he venido a descubrir con las nuevas cosas que os he venido a revelar. Para eso he venido y por eso os hablo y más en estos últimos tiempos, de las cosas que tocan sólo a vuestro espíritu. Mas os doy la fuerza y la unción, para que luchéis también en la vida humana y dentro de ella encontréis lo necesario para vuestra vida, vuestro sustento, vuestra conservación y vuestro bienestar.

106. Llevad todos en este instante mi Palabra, con su esencia de Vida Eterna para vuestro espíritu; llevad en vuestra carne mi fuerza y los dones, para que sigáis luchando en la vida humana. Todo lo contemplo, la última de vuestras penas es presente ante Mí y en este instante mi mano toma vuestra causa, mi manto enjuga vuestras lágrimas, mi báculo es en vuestra diestra, mi ósculo en vuestro frontal.

107. Desde mi alto solio derramó el bálsamo sobre todo enfermo, la luz en todo camino, la paz en todo el camino, la paz en todo corazón. Dentro de mi Ley y en mi Seno divino solucionaréis todos vuestros conflictos.

108. Dentro del camino que os he trazado encontraréis el bálsamo para la salud, encontraréis vuestro bienestar y en las más grandes pruebas que os aflijan, estaré Yo siempre presente para deciros: No temáis, son pequeños guijarros del camino, son abrojos que vais encontrando en la senda espiritual. Mas llegará el instante en que todos os elevéis por sobre de estas cosas, y la paz perfecta y la gloria espiritual, brillen entre vosotros por toda una eternidad.

109. Al ascender mi Rayo divino, elevad vuestro espíritu. Sed todos vosotros como una fuente que derrame su rocío de amor y de paz, sobre el Universo que espera de vosotros. Este mundo que presiente la aparición de lo sobrenatural. Este mundo que siente y escucha el eco de mis pasos que se acercan más y más llenos de justicia, llenos de luz y de amor a todos los pueblos y razas de la Tierra.

110. Velad y orad, mi pueblo, porque son instantes graves para la humanidad, porque son tiempos de prueba para vosotros, ¿qué más podéis hacer por el mundo en estos instantes, si vosotros estáis desunidos? Si no es la hora todavía en que podáis levantaros, para llevar la Buena Nueva al universo. Si no tenéis todavía la Espiritualidad y fortaleza necesaria para enfrentaros a los hombres, para resucitar muertos, para libertar poseídos de cosas invisibles.

111. Mas tenéis el arma de la oración, tenéis esa gracia entre vosotros y haced uso de ella mi pueblo. Yo os concedo que, por los cinco minutos de oración sea el bálsamo en muchos enfermos, la regeneración en muchos pecadores, la liberación en muchos que encadenados pueden encontrarse, la alegría y la paz de los que sea mi voluntad.

112. Si vuestros ojos estas cosas no contemplan, vuestra fe que es fuente, que es gracia, es efectiva entre vosotros. De que es cierto que vuestros espíritus pueden hallarse sobre de los mundos, sobre las naciones llevando un mensaje de paz por medio de vuestro pensamiento, de vuestro deseo, de vuestra oración.

113. Yo hago efectiva esta gracia en vosotros. El Universo sienta vuestra influencia, sienta vuestra presencia y reciba de vosotros caridad.

114. Yo os entrego a todos mi perdón y mi bendición divina.

115. Adiós, pueblo. ¡La paz de mi Espíritu quede entre vosotros!

16 de enero 1949.

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