C.I. 08 Mayo 1949

CÁTEDRA DEL DIVINO MAESTRO – 027

01. Gloria a Dios en las alturas y paz en la Tierra a los hombres buena voluntad.

02. En este día en que desciende mi Espíritu Divino de la Escala de la perfección a la Escala de Jacob, para enviar desde allí mi Rayo universal entre vosotros. Yo os recibo en representación de los Siete sellos y de todo el Universo, os bendigo y perdono con el perdón del Padre Universal pueblo amado de Israel.

03. Pueblo escogido por mi Divinidad a través de todos los tiempos, recréate una vez más con esta Palabra que vengo a entregarte, porque aún es tiempo de que puedas saborearla. Guárdala en lo más profundo de tu espíritu, en ese cofre indestructible, en ese arcano que Yo te he confiado porque mi Palabra es pan de Vida Eterna, y debes llevarla en vuestro alfolí.

04. Se acerca el instante en que no escucharás más estos trinos, en que estos Ruiseñores, estos Portavoces sellen para siempre sus labios para hablar sobre esta comunicación de mi Rayo divino. Entonces no deberás llorar la ausencia de mi Palabra. No tendrás derecho a sentir hambre en el camino, ni a sentir sed ni desnudez, porque en el fondo de vuestro espíritu he depositado con gran perfección, todo cuanto habéis menester a lo largo de vuestra existencia terrestre.

05. De vuestra jornada espiritual debéis tener el conocimiento, la consciencia y la fe en todo ésto que Yo os he entregado, para que no sintáis la falta de estas cosas. Llevándolas en el fondo de vosotros mismos, para que en el tiempo de la confusión universal no seáis los confundidos. Para que cuando llegue el tiempo en que los unos a los otros se arrebaten la fe en Mí; el tiempo en que los hombres arranquen del corazón de los hombres el amor a mi Divinidad, en ese tiempo vosotros os encontraréis firmes, alertas. Preparados para que no dejéis que la humanidad perezca, para que no permitáis que los espíritus se confundan ni queden entre tinieblas.

06. Para que no dejéis que el hambre y la sed del espíritu lleve a la desesperación o el renegar a los hombres, y vosotros seáis entonces, lo que el Padre ha querido siempre que sea su pueblo de Israel: La antorcha, el faro luminoso, la paz, la bienandanza entre la humanidad.

07. Que en ese tiempo de dolores que se acerca para todos los hombres, puedan reconocer el Pan que llevas en vos mismo, el bálsamo con que te he donado. Puedas reconocerme a Mí en mi grandeza, en mi presencia perenne en ti y reconocerte a ti mismo con todos los atributos y potencias que te he confiado.

08. Que en ese tiempo no seas solamente el fuerte de ti mismo, que no sólo pienses en ti. Ni sólo busques la salvación para tu propio espíritu; que no solamente pienses en tu padre, en tu madre o en tus hijos; o que sólo contemples el peligro, el dolor, la acechanza en el camino de los tuyos, de los que te pertenecen por la sangre. Sino que tu espíritu, reconociéndome a Mí, reconociéndose a sí mismo, contemple que su hermandad está en todo el Universo; que tu espíritu es hermano de todos los demás. Que el dolor de todos debe afligirte a ti, aun cuando no les conozcas. Y entonces mi pueblo, será cuando puedas levantarte con firmeza. Cuando sientas cuán grande es la joya que te he confiado; cuando comprendas la magnitud de mi Obra y de cada uno de los dones que te he entregado.

09. Entonces será cuando la humanidad escuche el grito de Israel, no el grito a voz de cuello, sino las obras de amor, las obras prodigiosas, las obras espirituales que hagas entre los hombres y que sean el fiel testimonio de que Yo fui contigo, de que eres el pueblo invencible, inmortal. El que me ha seguido en todos los tiempos y hoy, da testimonio al Universo de que se encuentra presente y firme en la Obra de Dios.

10. Si los hombres con sus armas materiales, con su fuerza, con su codicia en los tiempos pasados te vencieron, te cargaron de cadenas y pesados trabajos; hoy en verdad te has levantado de la esclavitud rompiendo aquellas cadenas materiales. Aboliendo la servidumbre, para dar testimonio de que tú vives, de que eres libre; pruebes a todos que tú, el pueblo esclavizado por las naciones ambiciosas de la Tierra, el pueblo que se ha sentido esclavo, siervo y vasallo, hoy se levanta siendo una vez más el siervo. Pero el siervo libre, el buen hermano, el que se levanta solicito al llamado de los hombres, el que ha olvidado en su propio espíritu las ofensas de los tiempos pasados; el que reconoce que tiene que amar y perdonar imitando así, a su Maestro.

11. Entonces el mundo os reconocerá; pero no os reconocerá como un pueblo superior, no tendrá que ver en vosotros a una raza distinta, porque no he venido a valerme Yo en este tiempo de la sangre, de las razas ni de las lenguas. Yo que conozco vuestro espíritu, le he hecho el llamado, le he atraído, le he despertado; una vez más le estoy preparando y en el instante propicio y oportuno, le enviaré entre la humanidad.

12. Mas para que el mundo reconozca entre vosotros mi presencia, para que el testimonio que deis de Mí sea creído por esta humanidad. Por este mundo que se ha multiplicado en ciencias y grandezas, que se encuentra en su tercera altura de perversidad. Por este mundo que ha evolucionado, que se siente grande y sabio; para que este mundo me crea en vos, ¡cuánto tendréis que padecer! ¡Cuánto tendréis que luchar! ¡Cuán grande tendrá que ser vuestra preparación, vuestro esfuerzo y vuestra purificación!

13. La humanidad de este tiempo es el espíritu alerta, es el espíritu que puede distinguir en dónde está la luz y en dónde se halla la tiniebla; qué cosa es impostura y qué cosa es verdad; dónde hay sinceridad y en dónde la hipocresía. La humanidad de este tiempo, desde la niñez hasta la ancianidad se encuentra alerta, no se le puede engañar. Por eso el hambre y la sed de verdad de los hombres en este tiempo son muy grandes, porque la verdad de entre los hombres se ha apartado; porque la verdad que es luz, que es amor, caridad, fraternidad y paz no existe ya en el mundo. No existe en el corazón de los hombres, no vive en su espíritu.

14. La verdad que es Dios, que es eternidad, que es sublimidad; verdad que vibra sobre los hombres y que la inspiración de ellos no alcanza a atraer, porque el ambiente que le rodea en este tiempo y en este planeta, es ambiente de odio, de perversidad, de división, de materialismo y de ciencias.

15. Es muy grande el hambre y la sed del hombre; busca a través de los caminos esa luz y esa verdad, y encuentra sólo palabras, libros, falsos testimonios, malos ejemplos, egoísmo, hipocresía y mentira. Como el espíritu sabe distinguir, él conoce el sabor de los frutos por su larga experiencia, así va desechando los frutos que en su camino encuentra y no calman su hambre. Los hombres buscan en las diversas fuentes del saber, de la ciencia y en ellos tampoco puede calmar su sed.

16. Cuando el nombre de mi Obra surja entre la humanidad, el hombre acudirá en su búsqueda porque para ese tiempo su hambre y su sed, le habrán puesto en las puertas de la desesperación. Al escuchar el nombre de mi Obra y al tener noticias de mis prodigios de mis hechos, acudirán a vosotros en busca de esa luz, de esa verdad. ¿Sería justo mi pueblo, que para ese tiempo vosotros no hubieseis alcanzado la debida preparación? ¿Por ventura esperáis que para ese tiempo, sin tener vosotros la debida preparación, a pesar de ello Yo haga milagros entre vosotros?

17. Os he enseñado que en el Segundo Tiempo todos los méritos los hice Yo. Bastó la sangre del Cordero Inmolado, para que todos los pecados del mundo quedarán expiados. Los tiempos han cambiado, han pasado; vosotros recibisteis aquella prueba de amor, de perdón del Juez divino, del Padre, del Maestro y ahora como hijos, como siervos, como discípulos, debéis dar el ejemplo a los demás, debéis hacer méritos, debéis también inmolaros por amor a los demás. Que vuestra vida, vuestra lucha, vuestro pensamiento y vuestro ideal sean para la salvación de los demás; que sepáis en este tiempo ser vosotros corderos también, prestaros a la inmolación por amor, prestaros al sacrificio por la redención de los demás.

18. En este tiempo por vuestros propios méritos Yo grandes prodigios haré, grandes milagros espirituales, grandes obras poderosas entre los hombres. Yo soy el que siempre está preparado; Yo soy el que no tiene mancha en el Espíritu, pero quiero que también vosotros os limpiéis por dentro y por fuera. Que vuestro espíritu, pensamiento y corazón se encuentren limpios para el instante del milagro, para aquel instante en que vuestra mano tenga que sanar al enfermo, sea del cuerpo o del espíritu; para el momento en que tengáis que calmar el hambre de las multitudes que os pidan, que os asedien. Que podáis con vuestra palabra llena de esencia, exenta de vanidad, libre de toda hipocresía impartir el Pan de Vida a los espíritus; que podáis confirmar vuestra palabra que es la Mía, con vuestros pensamientos, con vuestras obras, con vuestra vida.

19. De este modo calmaréis esa hambre y esa sed que me presenta la humanidad en este tiempo. Eso es lo que el hombre espera para poderse redimir: Ejemplos de verdad, testimonios verdaderos, predicaciones con obras no solo con palabras; que los hombres puedan escudriñar las obras y encontrar en el fondo de ella verdad, sinceridad y vida. Cuando el mundo encuentre entre vosotros estas cosas, entonces os preguntará en dónde habéis encontrado la verdad, de dónde habéis tomado esa luz, y entonces les diréis: De lo espiritual, del Más Allá, de la comunicación con el Padre por medio del espíritu.

20. Entonces los hombres, también tomando el ejemplo de vosotros, se emanciparán de la vida efímera, se elevarán por sobre todas las miserias y mezquindades humanas, y encontrarán más allá de esta vida humana, más allá de las ciencias terrestres, más allá de esta Naturaleza, lo espiritual, la fuente de luz y de verdad que tanto los hombres han buscado entre ellos, sin encontrarla en este tiempo.

21. Los hombres entonces reconocerán cuán simple, cuán sencilla es la forma de encontrar la verdad, de penetrar en la verdadera comunión con el Espíritu Divino, de alcanzar la luz y la inspiración en el momento deseado; de sentirse bañados por la luz, por el esplendor de la Divinidad; de sentirse acariciados y fortalecidos por el Padre. De sentirse sanados y ungidos por el Doctor Celestial, que sana todos los males con el bálsamo de su amor.

22. El mundo tendrá que aprender estas cosas; la humanidad tendrá que practicar el verdadero culto en esta Tercera Era. Los hombres tendrán qué encontrar en mi Arcano, en mi Fuente inagotable de bendiciones y de bienes, todo cuanto su espíritu sediento busca en este tiempo, pero tendrán que pasar por vosotros, pueblo, tendrán que escuchar vuestro testimonio y aprender de lo mucho que Yo, os he enseñado.

23. Muchos de vosotros tendréis que ir a las lejanas naciones y ser entre aquellos hombres los maestros humildes, mas no los ministros, sino los maestros humildes de esta Doctrina. No llevaréis hábito alguno; vuestra presencia material no será distinguida por sus vestiduras ni por sus ademanes. Vuestra palabra será sencilla, humilde y llana como la del más humilde. El lenguaje florido no estará en vuestros labios jamás, pero la palabra de vida, la palabra de esencia, la que levante, la que estremece, la que resucita al muerto, esa sí estará entre vosotros; porque no será la forma, sino el sentido de vuestra palabra, la esencia que haya en ella, la que obre milagros.

24. Sed entonces, siempre humildes y sencillos. Mirad que Yo en el Segundo Tiempo, no tome el lenguaje florido para hablar a la humanidad; mi Verbo era escuchado y conocido para el más torpe, para el más ignorante. Pueblo, vos sabéis que en el fondo de aquella Palabra humilde y sencilla era donde existía la sabiduría divina, el Pan de Vida; pues Yo vine a enseñar a los hombres, como una vez más lo hago en el Tercer Tiempo.

25. No vine en aquel tiempo a aprender del hombre científico, ni a preguntarle al teólogo y al filósofo, sobre su sabiduría y después enseñar a la humanidad. Si Yo esperé el instante propicio para mi predicación entre los hombres, fue como un ejemplo para vosotros. Desde mi nacimiento hasta el instante de iniciar mi predicación, no me sometí a estudio alguno, ni fui en busca de los Egipcios, ni de los Caldeos, ni de los Griegos; no fui en pos de su sabiduría o su ciencia.

26. Sólo espere el instante de madurez en aquella envoltura aparente, en aquel cuerpo bendito que tome para hacerme hombre entre vosotros, para iniciar mi predicación, mi misión entre los hombres. Mi sabiduría, la palabra que por mis labios brotó, no era palabra del hombre, ni del hombre era mi sabiduría, ni ciencia humana: Era Ciencia divina, era sabiduría del propio Dios. Era Dios que se hacía Maestro a través del hombre, para venir a enseñarles la esencia de la vida, la inmortalidad del espíritu, la senda del bien y del amor, que es la senda perfecta que conduce a Mí. Por eso os dije: Yo Soy el Camino, Yo Soy la Vida.

27. En este Tercer Tiempo no he venido interrogar a los científicos, los teólogos o los filósofos, sobre su propio conocimiento o sabiduría, para poderos hablar. Por eso no he escogido en este tiempo a los hombres de ciencia o los sabios, para comunicarme a través de ellos. Por eso no he permitido que estos varones y mujeres, por cuyo entendimiento me comunico, tomen los libros del saber humano para saturarse de conocimientos humanos.

28. En estos entendimientos por los cuales me comunico, no existe la filosofía humana; no existe la ciencia, ni la teología. Yo les he librado de estas cosas para comunicarme a través de mentes limpias y despejadas, de entendimientos vírgenes, para que a través de ellos pase no la sabiduría del hombre o la ciencia humana, no las teorías del hombre, sino la misma sabiduría de Dios, el Verbo del Padre, que si no es entre vosotros tan perfecto como lo fuera en el Segundo Tiempo, es porque estas carnes por las cuales Yo hablo, no son puras como lo fue Jesús.

29. Cuántas veces os he dicho: «En este tiempo vengo a comunicarme a través del pecador, pero en el instante de mi comunicación, Yo le limpio con mi luz y con mi amor. Su Conciencia también se despierta y se eleva a Mí; su espíritu se arrepiente de toda falta y en medio de esa comunión entre el Padre y el hijo, se hace el milagro de la presencia de mi Palabra a través de vosotros.» Pues esa palabra, esa comunicación aprovechadla.

30. Bienaventurados los que todavía tenéis ocasión de escucharme a través del hombre, porque llevaréis el recuerdo de esto impreso en vuestro espíritu. Seréis testigos entre la humanidad, daréis testimonio entre los hombres de que Yo estuve comunicándome por el entendimiento humano en este Tercer Tiempo.

31. Y si hoy todavía no alcanzáis a estimar en su valor espiritual esta Comunicación divina, día llegará en que vuestro espíritu despierto una vez más, llegue en un instante a decir: «Maestro estuviste comunicándote tan cerca de nosotros. Nos diste pruebas de tan grande humildad, el comunicarte a través de nuestros entendimientos pecadores, y esa prueba de tu amor será inmortal entre nosotros. Si has descendido desde tu Alto Trono, para besar los pies de tus hijos; para lavar los pies hasta de tus apóstoles. Nacer en un establo humilde; comunicarte por un entendimiento y corazón pecador. ¡Qué no tendremos que hacer nosotros, que somos tus siervos! ¡Qué obras de humildad entre nuestros hermanos, entre los demás!

32. Sí, mi pueblo. Mas bienaventurados vosotros cuando hayáis llegado a esa comprensión, cuando lleguéis a sentir la verdadera mansedumbre, el verdadero amor hacia los demás, porque entonces vuestro espíritu se gozará grandemente en Mí.

33. Bien está que mucho habéis gozado en mi Obra, que mucho se ha recreado vuestro espíritu en Mí y en sí mismo; pero todavía pueblo los divinos placeres del espíritu no los habéis alcanzado. Todavía la verdadera vida espiritual no la vivís; todavía no alcanzáis a comprender mi verdadera grandeza. Mi verdadera presencia entre vosotros; pero sois mis discípulos, Yo soy vuestro Maestro y nunca os abandonaré ni vosotros me dejaréis jamás.

34. Sí, al final de 1950 dejaréis de escuchar esta Palabra; pero ya sabéis que tenéis que seguir siendo eternamente mis discípulos, porque no os habéis aprendido la última página del Gran Libro de la Sabiduría de Dios, que es inagotable, que es infinita. Libro que es para vosotros redención, paz para vuestro espíritu, progreso y escala. Ese Libro que será siempre aliciente y gozo espiritual para vosotros. Ese Libro que está abierto desde el principio no se cerrará jamás, que es el Gran Libro de la Sabiduría que estuvo sellado por Siete sellos, los cuales Yo con mi sacrificio en el Segundo Tiempo vine a desatar.

35. Seis de esos Sellos se han desatado, en el Sexto estáis viviendo. La luz del Sexto Candelero ilumina todo el Universo y toda la sabiduría, toda la esencia, toda la profundidad divina contenida en el Sexto Sello, se está desbordando en vuestro espíritu. La luz de mi Palabra, la luz de mi Mundo Espiritual, las pruebas, los acontecimientos de la vida, os están enseñando, se están desbordando en enseñanza, en explicaciones, para que podéis comprender el porqué de las grandes cosas de este tiempo.

36. Cuántos de vosotros al oírme hablar así, os sorprendéis, cuántos también os confundís, cuántos decís en vuestro corazón: “Señor, ¿por qué son estas cosas? ¿Por qué desciendes desde tu alto Solio, en el seno de los pobres, siendo Tú el Rey? ¡Ah, mis hijos! Yo no os he venido a sorprender en este tiempo. Yo desde mi llegada en el Segundo Tiempo, cuando mis plantas divinas pisaron tu propia Tierra, os anuncié este mi advenimiento por medio de parábolas y en sentido figurado, os dije que vendría. Os dije, que estaría Yo nuevamente con vosotros.

37. ¿Por qué no velasteis? ¿Por qué no me estuvisteis esperando? ¿Por qué no repetisteis día a día las palabras de mi promesa? ¿Por qué las olvidasteis? Porque los hombres encargados de repetirlas, los hombres encargados como ministros de mantenerlos despiertos, de mantener encendida la lámpara de la fe y la esperanza en vuestro corazón, ocultaron mis promesas. Guardaron mis profecías, os hicieron olvidar mis palabras y entonces mi presencia os sorprendió. Pueblo, porque no estuvisteis velando ni esperando en este tiempo.

38. Una débil y vaga intuición de vuestro espíritu te hacía esperarme; pero sin saber cómo, sin saber porqué, sin saber a quién. Cuando Yo claramente os dije, no de manera vaga sino en forma rotunda, que habría de volver, que habría de dar señales en todo el universo, que habría de entregar pruebas de mi llegada. Y te di las pruebas y las señales, te envié a mis profetas y vos seguiste durmiendo.

39. En este Tercer Tiempo aconteció lo mismo que en el Segundo, pues antes de que Yo, el Mesías, llegará a la Tierra en aquel Segundo Tiempo te preparé. Yo, a través de los patriarcas te prometí mi llegada; os dije que habría de venir a morar entre vosotros como un príncipe, como un gran soldado de mis ejércitos para salvarte de tu esolavitud.

40. Mis promesas, mis profecías fueron dadas a vos en sentido figurado y aquellas profecías las guardaste, pero el sentido de ellas mismas los hombres lo torcieron. No dieron los ministros, los pastores de la humanidad en aquel tiempo, la debida interpretación a mis promesas. Me esperaron poderoso, pero de poderes terrestres. Me esperaba en aquel tiempo el pueblo Judío como un gran soldado armado con armas invencibles, que habrían de vencer a vuestros propios enemigos por medio de la muerte, del dolor, del exterminio y de la venganza.

41. Yo, en cumplimiento a mis promesas, me hice presente entre vosotros mismos. Llegó el Mesías, llegó el Cristo entre vosotros y entonces vuestros ojos no me reconocieron; los hombres se levantaron negándome. ¿Cómo podía ser el ansiado Mesías, el esperado, el prometido, el que había de levantar a su pueblo de la esclavitud, aquél que había nacido en la humildad de un pesebre? ¿Cómo podía ser el Salvador de Israel, el hijo del carpintero y de María? ¿Cómo podía ser el Príncipe, el gran soldado de los ejércitos, aquél que inclinaba mansamente su cabeza y no osaba levantar la mano para tocar el carrillo de ninguno?

42. He aquí, en aquel tiempo creyendo estar despiertos y esperándome estabais dormidos. Creyendo saber el sentido de mis promesas no las supisteis interpretar y cuando llegué invencible en el amor, incomprensible en la sumisión y en el perdón, no me supisteis comprender. Me negasteis, creísteis que era débil y sangrasteis mi cuerpo. Y al mirar que sangraba entonces dijisteis, que no podía ser aquél que se decía ser el Hijo de Dios, al sangrar su cuerpo como el de cualquier humano.

43. Entonces me juzgasteis y esperasteis a que Yo me defendiera, mi defensa fue mi silencio, porque mi misión había terminado. Todo cuanto tuve que deciros en aquel tiempo ya os lo había dicho; todo cuanto había que entregaros ya lo había entregado, solamente faltaba mi sangre y mi vida humanas. Me llevasteis al cadalso. Me enclavasteis en la cruz. Esperasteis si yo vivía, entonces creeríais que Yo era el Hijo de Dios, si Yo moría como cualquier humano, no podía ser el Hijo de Dios.

44. Mirasteis mi muerte, escuchasteis mi último suspiro y mis últimas palabras, aquellas palabras cuando Yo exclame: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» Y la duda fue grande en vos y dijisteis: No puede ser el Hijo de Dios éste que sangra como cualquier humano. No puede ser el rey de los Judíos. No puede ser mi Señor, no puede ser el Mesías.

45. Sólo unos cuantos corazones creyeron en Mí y me siguieron. Sólo unos cuantos en verdad dejaron que aquella sangre y aquella vida penetrara en lo más profundo de su espíritu, y me amaron, me siguieron y se salvaron. Mas el resto de mi pueblo del que no había velado y esperado, me volvió la espalda. Mas he aquí, cuán cortos fueron los instantes que transcurrieron para que los ojos de los que dormían se abrieran, para que los muertos a la vida espiritual resucitarán; para que aquellos que tanto me negaron se arrepintieran y se levantarán en pos de mi huella, porque entonces les demostré que si como hombre podía morir, también como Hombre y Dios era inmortal.

46. Yo os demostré la inmortalidad de mi Palabra, de aquella Palabra que como semilla sembré en unos cuantos corazones y en unos cuantos floreció, pero bastó que floreciera en algunos, para que aquella simiente se multiplicará. La semilla cristiana de la Palabra de Jesús, de corazón a corazón, de pueblo en pueblo fue cundiendo. Fue borrando las idolatrías, aboliendo el paganismo y el gentilismo. Fue venciendo la incredulidad de este mundo, llevando la paz y la luz de mi Reino a todas las naciones de la Tierra, y en esos instantes todos dijisteis: «Fue el Mesías, fue el hijo de Dios. Fue Jesús, fue el mismo Padre el que a través de aquella envoltura perfecta, nos habló en parábola y en sentido figurado, de las cosas que nuestro espíritu materializado e imperfecto no alcanzó a comprender. Su muerte fue vida; su sangre fue el sustento, fue el vino; su cuerpo, fue el pan.»

47. Sí, pueblo escogido, es menester penetrar muy hondo y muy profundo en Mí para poderme comprender, porque soy Dios. Ahora en este tiempo os dice el Maestro, aquel que empiece a comprender, Yo le permito que profundice más en su espíritu por medio de su amor, de su humildad. Aquel que no comprende todavía los misterios de esta Obra, le entrego la luz para que todo misterio se esclarezca en su espíritu, y todos lleguéis a comprender qué cosa es esta Obra. Porque he venido una vez más a comunicarme a través del entendimiento del hombre; porque en todos los tiempos busqué la humildad, la pobreza de vosotros, y no las galas ni las vanidades humanas.

48. Mi reino no es de este mundo, ni el vuestro tampoco lo es. Mi reino y el vuestro se encuentran en el Más Allá, donde está la mansión eterna, donde está la morada invulnerable, en donde no han de llegar los enemigos a destruir mi Reino. Mi reino es invencible, indestructible y ahí todos llegaréis por el amor, por el cumplimiento de mis leyes divinas, porque así escrito está.

49. No sólo he venido en este tiempo a enseñaros cosas nuevas, he venido a recordaros lo que os dije y enseñé en el Primer Tiempo. He venido a descubriros, lo que los hombres os han ocultado de mi Palabra y de mi Verdad. He venido a enderezar las cosas que ellos han torcido. He venido también a revelaros las cosas que no estaban reveladas a vosotros ni por Dios ni por el hombre; y el conjunto de todo ésto, es mi Palabra.

50. Por eso no habéis menester de los libros; por eso no habéis sentido la tentación de acudir a las teologías, a las escrituras, a los libros hechos por los hombres, porque habéis comprendido que a través de mi Palabra todo lo tenéis. Por eso, una vez más os dice el Maestro: Que vuestro espíritu sea el cofre que guarde celosamente esta Palabra que alimenta a los presentes, pero que la heredo también y os la confío, para los futuros que han de llegar ávidos de esta Palabra, ansiosos, hambrientos de mi presencia, como os he dicho en mi Cátedra de este día. Porque hay sed, hay hambre en el mundo. Hambre y sed del cuerpo y del espíritu, y si el hambre y la sed del cuerpo es terrible, no puede compararse con la sed del espíritu.

51. Preparaos, entonces mis hijos, dejad que el dolor también os purifique, cuando él llegue a vosotros sed mansos y humildes; purificad vuestro espíritu con las buenas obras, amándoos los unos a los otros, y en el instante preparado por mi Divino Espíritu para hablaros por última vez a través del entendimiento humano, mi mirada celestial pueda contemplar preparado al discípulo, firme y consciente de su propia misión; que no tenga Yo que descender a corregiros y sólo descienda en aquel instante postrero a daros mi caricia, mis últimas recomendaciones. A confiar a cada uno de vosotros algo así como una llave espiritual, que os abra la puerta de todos los caminos que os conduzcan dentro de mi Ley, y que os cierren todos los senderos del peligro, de la caída o del abismo.

52. No quiero que en aquel instante, pueblo amado, como última Cátedra de mi Divino Espíritu exhale palabras de dolor o de justicia para vosotros; que no sean mis últimas palabras semejantes a aquellas siete que exhalé en la cruz, porque ¡ay! de vosotros. Mas si en mi última Cátedra mi Palabra fuese en verdad, impregnada de tristeza, que no sea por vosotros sino por los demás; si en mi Palabra existiese el reclamo, no sea para vosotros, sino para el resto del Universo. Sobre vosotros sólo descienda mi voz que os ordene, que os levante, que os bendiga, esta es mi voluntad.

53. Yo seguiré siendo el Árbol en el camino, un árbol invisible a los ojos del cuerpo, pero visible siempre a los ojos del espíritu. Un árbol frondoso, corpulento, cuyas ramas llenas de follaje y de frutos, se brinden siempre pródigas al caminante, y que ese caminante, ya sea Israel, ya sea el Universo, ya sean legiones de espíritus, al pasar por los caminos que conduzcan cerca de aquel árbol, lleguen hasta él y de él coman y se harten. Las ramas de ese árbol seguirán creciendo eternamente y sus frutos, cuidados también por vosotros con vuestra oración, con vuestro celo y buen cumplimiento, serán para todos frutos de vida, de amor y de salvación, frutos que en su exterior y en su interior lleven la alegría y la bienandanza, a todo espíritu que los coma. Si os dijese mi pueblo, que esos frutos sois vosotros, que el Árbol soy Yo.

54. Mirad entonces, cómo tendrá que estar vuestro corazón, lleno siempre de vida, lleno siempre de amor, porque ese amor de vosotros que impartáis a los demás, será transmitido de ellos a otros y así siempre. Y entonces será la multiplicación del fruto en el Árbol de la Vida, todos serán entonces como buenos frutos dulces para los labios ávidos y hambrientos de ellos.

55. Os doy en este instante mi caricia y mi bálsamo, os doy la fuerza y me convierto en báculo y en Cirineo de vosotros. Sí, mis hijos, ¿cómo no he de serlo, si en el Segundo Tiempo encontré como cirineo a un hombre? Sí, un hombre. En el instante de mi padecimiento me compadeció, llegó en mi ayuda. ¡Cómo no he de ser el Cirineo de los hombres, si caéis en el camino de la vida por primera, segunda y tercera vez!

56. Yo siempre os acompañaré hasta el final de vuestra jornada y que el final de ella no sea un abismo; que el final de vuestra jornada no sea una de esas caídas, que lleguéis hasta la cumbre de vuestro propio Gólgota, hasta la culminación de vuestra existencia humana y ahí entonces, me digáis: «Padre, todo se ha consumado.» En ese instante supremo de vuestra vida humana, podáis abrir vuestros brazos como Yo los abrí en el madero santo de la cruz, y con vuestros brazos abiertos perdonéis al que os haya ofendido, entreguéis palabras de inspiración a los que os escuchen y exhaléis el último suspiro bendiciendo a vuestros hermanos.

57. Que vuestra jornada termine en la cumbre de la montaña. Ahí estarán mis brazos abiertos, recibiendo al que haya sido hombre, a la que haya sido mujer, al que fue padre de familia, a la que haya sido madre; al que haya llegado en su edad de niño; al que haya llegado en su edad de anciano; al que haya llegado joven, y así a todos. Que cada uno al llegar a ese instante supremo, pueda escuchar que la voz de su Conciencia le dice: «Habéis cumplido vuestro destino.»

58. Cumplid mis hijos, no temáis al destino, porque en el destino estoy Yo. Afrontadlo, aceptadlo con sumisión y con elevación de espíritu. Gozad con todo aquello que os envié, aun en el mismo dolor, recibidlo con la sonrisa en los labios. Tened confianza en Mí, Yo estoy en todo sitio, Yo soy el Omnipresente, Yo soy Universal, el que Está en todo lugar, Yo soy Inmortal.

59. Si vosotros decís que estáis en el Valle de lágrimas y Yo en mi trono, que soy el Espíritu Divino que goza de las delicias de su Reino, mientras vosotros lloráis y sangráis en el Valle de lágrimas y de sangre estáis en un error. ¡Cuántas veces mientras vosotros sonreís, Yo lloro! ¡Cuántas veces cuando vosotros descansáis, Yo lucho!

60. Soy el Espíritu luchador infatigable, y la dicha de mi Espíritu Divino será perfecta, cuando el último de los espíritus, cuando el último de mis hijos espirituales haya traspasado los umbrales de mi Reino. Entonces la dicha del Padre será perfecta y el himno entonado por todos los espíritus, será escuchado por todo el Universo y las mismas rocas de los mundos materiales se conmoverán con cantares ante Mí, en verdad y en espíritu.

61. ¡Ya veis que todavía mi dicha no es perfecta! ¡Ya veis como Yo no gozo cuando vosotros lloráis! Seguid acrisolando vuestro espíritu, seguidlo perfeccionando y evolucionando día tras día, vida tras vida y escala por escala. Hasta que por fin, después de haber amado mucho, después de haberme servido, después de haber caminado mucho en esta senda, un día os encontréis todos unidos delante de una gran puerta espiritual blanca, más blanca que la nieve, se abra y os dé la bienvenida por toda una eternidad.

62. Os hablo de la vida del espíritu, de la lucha y de las vicisitudes de él. Mas la vida humana es contemplada y amada también por Mí. Y para vuestra vida humana sembrada de prodigios, de maravillas y bendiciones, os entrego una vez más mi luz para que podáis amarla y practicarla con mis leyes, como es mi voluntad. Que todo lo que la vida humana y la vida espiritual os brinden lo aceptéis, porque todo es en beneficio de vuestro cuerpo y de vuestro espíritu; todo es sustento, todo es vida, todo es salud.

63. El dolor no brotó de Mí, las vicisitudes no las preparo mi mano, la enfermedad no ha brotado de mi Espíritu; el germen y el origen de todas esas cosas está en el pecado del hombre. Del pecado del hombre han brotado las vicisitudes, las pruebas, las tinieblas, las enfermedades, la peste, la muerte. Mas en vosotros está el principio de vida que soy Yo, que se encuentra en vuestro espíritu y ese principio de vida que es amor, que es luz, abolirá a la misma muerte, vencerá todos los males y se libertará vuestra carne.

64. Vuestra carne no es inmortal, pero ella podrá llegar triunfante hasta el último instante de su existencia, habiendo sabido vivir sus distintas etapas en esta vida, y de ahí se levantará vuestro espíritu a extender sus alas en medio de la eternidad. Ese es vuestro espíritu y esa es vuestra materia. Hoy unidos pueden encontrarse formando un solo cuerpo y una sola voluntad, hoy forman un solo ser. Mañana han de separarse y cada uno tendrá que rendir su tributo a la parte a donde corresponde: el cuerpo rindiéndole su tributo a la madre Tierra y el espíritu se elevará para rendir tributo al Padre, al Espíritu de donde brotó.

65. Sed sumisos, sed obedientes a las diversas leyes dictadas por mi Espíritu Divino, y seréis entonces felices; tendréis la paz en el espíritu aquí en esta Tierra y llegaréis a poseer la gloria en aquel Más Allá. Una vez más os digo, ya que vosotros habéis estado presente ante esta Palabra, ahora pensad en aquellos que no la han escuchado, en los que no saben que me encuentro entre vosotros. Pensad en los que sufren, pedidme por un enfermo, por un ausente; pedidme por un espíritu que haya pertenecido a un ser querido; pedidme por las naciones que sangran y sufren. Pensad en la niñez sin báculo y sin dirección.

66. Sentid el hambre y la sed de los espíritus de toda la humanidad, que buscan incansablemente la verdad, el amor, la luz. Pensando así mis hijos, inspirándoos en Mí, penetrad en un instante de oración espiritual, y en ese instante en que contemplo conmovido vuestro espíritu, Yo interpretaré vuestro deseo y satisfaré también vuestra petición. Yo derramaré mi Espíritu en caridad y en beneficios, no sólo en un enfermo por el cual me pidáis, no solamente en vuestro hogar, no sólo en este mundo, doquiera que descubra mi mirada divina un ser que sufre, ahí por los cinco minutos de oración que me hagáis presente en este instante, mi Espíritu Divino se desbordará. Yo en este instante recibo y escucho vuestra oración espiritual. Pedid y se os dará.

67. En verdad, pueblo amado habéis orado, todos habéis sabido pedir y con la gracia con que habéis pedido, con esa gracia os doy. Nada miráis que desciende de mi Solio a vuestras manos, pero vuestro espíritu siente en este instante que mi Espíritu se desborda en caricia; que el cáliz de amargura que bebe el Universo, Yo lo colmo de miel para que los hombres endulcen su paladar por breves instantes. En aquellos hogares en donde ha huido la paz por largo tiempo, hoy hago que la paz penetre y ángeles guardianes envío para que cuiden de esa paz.

68. Preparo y abro los senderos, para que el pan de cada día atraviese los caminos, los desiertos y sea en los hombres que padecen también el hambre del cuerpo. A los corazones les doy calma y esperanza; a los espíritus les revisto de mi luz. A los hombres llamados grandes en la Tierra, que conducen naciones, que gobiernan grandes pueblos y países en este mundo, también los ilumino, para que su Conciencia tenga más luz que los demás, para que ellos puedan comunicarse Conmigo y tengan calma, comprensión, consciencia y perdón entre ellos mismos.

69. Así en este instante me derramo en todos los pueblos del Universo y a vosotros, mis hijos, que tanto os he entregado en cada una de mis palabras, Yo también por vuestra presencia bendigo a vuestras familias, bendigo vuestros hogares, vuestras empresas y caminos. Derramo en este instante una prueba en vuestro camino para que creáis en Mí, para que acreciente vuestro amor y vuestra fe, ¿qué prueba será? No lo sabéis.

70. Mas esa prueba llegará para los unos en corto instante y a otros haré esperar, sometiendo también a prueba su fe; pero todos tendréis, no habrá uno que no reciba de mi mano, y al recibir, recordaréis este instante en que os dije: Todos tendréis y daréis gracias infinitas en vuestra oración por el prodigio que me estáis pidiendo, porque se ha desprendido vuestro espíritu volando hasta mi planta y ahí ha llorado; ahí ha depositado su queja; ahí se ha abrazado de mis plantas y de ellas no se quiere apartar. Mas, Yo digo a los espíritus: No temáis volver a vuestro cuerpo y seguir viviendo en él, que en este instante en que vuestro espíritu se ha comunicado Conmigo, lleva el bálsamo para su materia, la cual seguirá dando testimonio, y se levantará sonriendo lleno de paz y de gratitud delante del Padre.

71. Yo os bendigo a todos; os acaricio y os invito una vez más al cumplimiento mi pueblo. Todos sois mis labriegos, mis sembradores de amor, pues todos sois los cultivadores de esta Obra bendita, de esta Obra verdadera, que en este Tercer Tiempo os he dicho: Ella se entrelaza con la Obra que os confié en el Segundo Tiempo y con la del Primer Tiempo, por lo tanto, sois los Trinitarios, los que lleváis en el fondo de vuestro espíritu, la esencia divina de la Trinidad que existe en Dios.

72. Levantaos y seguid curando al enfermo, llevando la luz a los descarriados, aboliendo los vicios. En fin, ¿qué os puede decir el Maestro de lo que es vuestra misión? Yo recibo el cumplimiento de los afanosos. Yo levanto y estímulo a aquellos que se han detenido en el camino y también invito a los que no han trabajado en la senda, para que todos trabajen y recojan el fruto de la paz, recojan el fruto en el corazón de los demás, el fruto de salud, de regeneración, de salvación espiritual.

73. Esta es mi Palabra de este día, que la dejo como un sustento espiritual para todos.

74. Pueblo amado, que la paz de mi Espíritu sea siempre entre vosotros.

8 de Mayo 1949.

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